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La desigualdad le pasa una cara factura a Costa Rica en desarrollo humano

Por: Redacción Nuevo Diario

En 2010 el ingreso del 20 % más rico de la población era 16,7 veces más alto que el del 20 % más pobre, pero para 2016 la diferencia llegó a 19 veces.

La desigualdad ha crecido de manera sostenida en Costa Rica los últimos años, lo que le está pasando una cara factura al país, que se ubica en el puesto 66 a nivel mundial y noveno en Latinoamérica y el Caribe en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, informó hoy una fuente oficial.

«Reducir la desigualdad es un desafío muy grande de Costa Rica para lograr mantener la estabilidad social del país», declaró en una conferencia de prensa la representante auxiliar en Costa Rica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Kryssia Brade.

Los datos del PNUD indican que en 2010 el ingreso del 20 % más rico de la población de Costa Rica era 16,7 veces más alto que el del 20 % más pobre, pero para 2016 la diferencia llegó a 19 veces.

Ese 20 % de la población más rica acumula el 50,7 % del total de ingresos del país, mientras el 20 % más pobre solo tiene el 3,9 % del dinero.

La economista de PNUD, Gabriela Mata, explicó que Costa Rica pasó de ser uno de los países con menor desigualdad de Latinoamérica a ubicarse en la mitad del listado.

«Costa Rica ya no tiene una posición favorable. Esto puede deberse a factores como que los salarios de los profesionales han tendido a crecer y los de los trabajadores no calificados se han estancado», dijo Mata.

Además, detalló, «el sistema fiscal del país no es muy progresivo porque no revierte la desigualdad».

La ONU presentó este martes en Nueva York el informe sobre el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el cual señala que Latinoamérica y el Caribe avanzó en el último año ligeramente con respecto al año anterior y se mantiene no demasiado lejos del de Europa y Asia Central, en 0,756 de un máximo de 1.

Costa Rica es el 66 del mundo y noveno de Latinoamérica y el Caribe con un índice de 0,776, superado en la región por Chile, Argentina, Barbados, Uruguay, Bahamas, Panamá, Antigua y Barbuda, y Trinidad y Tobago.

La representación del PNUD en Costa Rica señaló que pese al lastre de la desigualdad, el país ha mostrado avances significativos en ámbitos como la educación y la salud.

En los últimos 25 años Costa Rica mejoró el IDH 18,8 %, logró aumentar su esperanza de vida en cinco años, subió el promedio de escolaridad en 1,8 años y el ingreso bruto per cápita se duplicó.

Sin embargo, la desigualdad ha sido una piedra en el desarrollo, y no solo en materia económica, sino también en asuntos de género y grupos étnicos como los indígenas y los afrodescendientes.

Mata indicó que las mujeres de Costa Rica tienen en promedio los mismos años de escolaridad y 5 años más de esperanza de vida que los hombres, pero su ingreso per cápita es la mitad que el de ellos.

La tasa de participación de la mujer en la fuerza laboral es del 47 %, inferior al promedio de América Latina que es del 52,8 %.

Otras cifras señaladas por el PNUD son el 20,5 % de hogares pobres, 50.000 niños fuera de sistema educativo, el 70 % de los indígenas tiene al menos una necesidad básica insatisfecha, y las dificultades laborales y educativas que enfrentan los migrantes, refugiados, afrodescendientes y las personas con discapacidad.

«Hay una necesidad de reforzar las políticas universales que son un respaldo al modelo de desarrollo de Costa Rica que ha hecho un esfuerzo por políticas universales de educación, salud y servicios básicos. Es necesario impulsar el empleo decente y reducir la brecha de género», manifestó Kryssia Brade.

Fuente:http://www.elnuevodiario.com.ni/internacionales/centroamerica/422404-desigualdad-le-pasa-cara-factura-costa-rica-desarr/

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Lasso prepara el feriado educativo

Por: Fander Falconi

El candidato Guillermo Lasso acaba de lanzar una propuesta aparentemente original: el ‘voucher’ educativo, usando un anglicismo por vale o cupón que queda bien en idioma de banquero, pero que no suena a lenguaje de estadista. En vez de dar recursos para mejorar la educación pública, dice que dará en forma directa a los padres de familia, para que estos decidan qué educación quieren para sus hijos. Pero no se darán cheques a los padres de familia, sino que darán una subvención al plantel elegido para la educación básica y el bachillerato (con mucha probabilidad privado, y ‘de prestigio’) y una diferencia más bien quedará como deuda a largo plazo para el padre pobre, en forma de ‘voucher’. Es decir, ya no hay que preocuparse por mejorar la educación pública, sino que se darán fondos a la educación privada. De paso, las instituciones financieras van a tener también su tajada de la torta, no faltaba más. Solo falta que sea el Banco de Guayaquil el que maneje este sistema, tal como ahora administra el dinero de las visas a Estados Unidos. Lo malo es que este sistema no solo que no es novedoso, sino que ya fracasó en Chile, en la educación preuniversitaria, durante la dictadura sangrienta de Pinochet. En el caso de los estudios de educación superior, en el gobierno de Ricardo Lagos, en 2005, se promulgó la Ley 20.027 con normas para el financiamiento de estudios de educación superior. La ley abrió paso a un sistema de Crédito con Aval del Estado (CAE) que endeudó a familias pobres durante 20 años, solo por soñar en dar educación universitaria a sus hijos. Los resultados del CAE son alarmantes. A mediados del año pasado, según fuentes oficiales, hubo 120.000 morosos, contra 141.000 que todavía pagaban. Entre los que pagan, hay 123.000 egresados que en promedio mantienen una deuda individual equivalente a $ 8.000, 10 años después. El resto de los que siguen pagando (18.000) son desertores de la educación superior. Pero recuerden que la deserción pocas veces se da por vagancia; puede ocurrir por calamidad doméstica, enfermedad, embarazo y por causas académicas: equivocada elección de la carrera por parte del estudiante, inadecuados métodos de enseñanza y aprendizaje que desestimulan la permanencia, etc. El modelo exitoso de Chile es solo para gente exitosa. El candidato banquero olvida que la educación es un derecho de los ciudadanos, no una demanda de sus clientes. La educación es el derecho que más fomenta la equidad social y la mejor herramienta para salir de la pobreza. La educación volvería a ser, en el supuesto no consentido de que ganara Lasso, una mercancía sujeta a la oferta y la demanda. Como el mercado es manipulable, ya se sabe cuáles serían los ganadores. Mientras Finlandia ha demostrado que una educación pública excelente y gratuita es posible en la práctica, la candidatura de la derecha sueña con desmantelar la educación pública gratuita en todos sus niveles. La Constitución de Montecristi define la educación como un servicio público que se presta mediante instituciones públicas, fiscomisionales y particulares. Parece que Lasso no respetaría a la educación pública. Uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX, el brasileño Paulo Freire, denunció la educación ‘bancaria’ como un mal que debe superarse para dar paso a una educación liberadora y creativa. Ecuatorianas y ecuatorianos quieren avanzar a un nuevo mundo más justo y próspero, no retroceder a un pasado infame.

Fuente: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/lasso-prepara-el-feriado-educativo

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La gratificación pospuesta y la educación

Por: Elaine King

La importancia de la educación y el fortalecimiento del carácter del niño en su futura vida como adulto y la influencia en su éxito económico

La gratificación pospuesta es la capacidad de esperar a fin de obtener algo que una quiere –también se conoce como el control de los impulsos, fuerza de voluntad y autocontrol-.

Durante las primeras etapas de la evolución, los seres humanos no experimentamos la gratificación pospuesta, por lo que ésta va en contra de nuestra naturaleza. Cazábamos cuando teníamos hambre y comíamos lo que matábamos justo allí y en ese momento. La gratificación inmediata es el instinto primario. Esto puede explicar muy bien parte de lo que está ocurriendo en el mundo actual: la satisfacción inmediata y los impulsos de los compradores por adquirir lo que está “de moda” a precios más altos que los del mercado. Debido a nuestra tendencia a comprar lo que queremos, es difícil inspirar a las personas a ahorrar para el futuro.

Felizmente mi familia me enseñó a muy temprana edad la diferencia entre comprar y querer. Siempre me decían: “La espera y la paciencia darán sus frutos al final”. Cada sábado por la mañana, mis padres me daban una mesada –paga– y me recordaban que ahorrase la mitad para un día en que de verdad la necesitara.

Hay estudios que han demostrado que si empiezas a practicar la gratificación pospuesta como, por ejemplo, esperar para jugar a un video juego hasta haber terminado de estudiar para un examen, y haces de esto un hábito, incrementarás tus posibilidades de lograr tus metas a lo largo de tu vida.

La historia de Jared

Julie y Justin se casaron cuando todavía estaban en la universidad, ambos tenían cerca de veinte años. Los dos trabajaron a tiempo completo para pagar su educación. Tuvieron que vender su carro y sus instrumentos musicales para seguir estudiando. Aprendieron a apreciar el valor del dinero.

Luego de graduarse y conseguir trabajos, tuvieron un bebé al cual llamaron Jared. Poco tiempo después, decidieron que también el enseñarían a Jared el valor del dinero. Pensaron que era el mejor regalo que le podían dar. A la edad de cinco años, le dieron una mensualidad con opciones: podía gastar todo de golpe o guardar una parte y comprar algo grande más adelante. Sus padres discutieron los pros y contras de ambas situaciones con él. A los siete años, Jared comenzó a hacer más tareas en el hogar de las que le asignaban para obtener una mayor mensualidad.

Si necesitaba más dinero, por cualquier motivo, tenía que llenar una solicitud para explicar por qué y para qué lo necesitaba. Sus pedidos no siempre eran aceptados; cuando sus razones no eran buenas, no recibía el dinero adicional. Jared fue estimulado para obtener buenas notas en el colegio y fue recompensado cuando lo hizo. A los once años, había ahorrado suficiente dinero para invertir en la bolsa de valores – dinero que planeaba utilizar para su educación universitaria.

Se graduó de la universidad y decidió ir a una escuela de postgrado. Su padre pagó la mitad del costo y Jared pagó la otra mitad. Terminó el programa que normalmente duraba 24 meses en sólo diez y encontró una gran trabajo de inmediato. Poco tiempo después compró un departamento. Su padre ofreció pagar la mitad, pero Jared respondió: “No papá; gracias, ya has hecho suficiente”. Evidentemente, Jared había aprendido lo que le habían enseñado. ¿Cuál es el mensaje? Jared descubrió que ahorrar es un componente muy importante para lograr su independencia y libertad.

Fuente: http://www.diariolasamericas.com/opinion/la-gratificacion-pospuesta-y-la-educacion-n4117489

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EDUCACIÓN SUPERIOR Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

Por: Nelson L Turcios

El desarrollo de los pueblos es transformado cada día por la carrera entre la educación y el desastre.

Educación superior contribuye a promover iniciativa empresarial, desarrollar productividad laboral y fortalecer principios democráticos. Educación superior genera crecimiento económico.

El mundo moderno está progresivamente operando de forma automática y por computadoras. Estos medios de operación están constantemente cambiando la manera como nosotros aprendemos, nos comunicamos, creamos y hacemos negocios. Las nuevas ideas que avivan el proceso de crecimiento económico de las naciones provienen de profesionales expertos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

La educación superior forma profesionales con los conocimientos necesarios para desempeñarse eficientemente en el mundo económico actual. Investigaciones científicas productivas se originan en ambientes intelectuales apropiados. Conocimiento engendra conocimiento. Conocimiento es poder.

Existen oportunidades de empleos en la instalación y mantenimiento de tecnologías, manufactura avanzada y variedad de oficios relacionados con la tecnología con salarios que continúan mejorando. Y estas oportunidades aumentarán; lamentablemente, no tenemos ni la fuerza laboral calificada ni sólidos programas tecnológicos educativos para formar profesionales con las habilidades para llenar las crecientes demandas.

Mejorar la educación de futuras generaciones es fundamental para que adquiera los conocimientos necesarios, para llenar las demandas laborales. Miles de jóvenes salvadoreños ingresarán al mercado laboral en los próximos años. Si oportunidades de educación no se presentan, esto indudablemente aumentará nuestros problemas.

Necesitamos urgentemente ampliar la educación superior y darle el lugar que le corresponde en la agenda nacional. Esta educación debe anclarse en un sistema verificable por el Gobierno, sector empresarial, educadores, estudiantes y consultantes internacionales. Muchos proyectos fracasan porque no incluyen las partes interesadas en la discusión.

Colegios y universidades deben trabajar con el sistema educativo nacional para fortificar la educación desde el kindergarten hasta el 12.º grado con instrucción efectiva en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Esta será una inversión con visión futurística la cual indudablemente será productiva.

El gobierno central no posee los medios económicos para poder establecer y financiar un ambicioso programa tecnológico; sin embargo, puede ayudarse en parte a realizarlo, recuperando dineros saqueados de las arcas nacionales por exgobernantes y funcionarios; colectando eficientemente impuestos; redimiendo contratos y préstamos oscuros; recobrando fondos distribuidos a fundaciones fantasmas; eliminando el drenaje financiero injustificado en la cosa militar y en posiciones diplomáticas innecesarias. Esto solo para mencionar algunas fuentes de malgasto económico.

La responsabilidad social de la empresa privada es considerada la manera más directa para mejorar las perspectivas socioeconómicas de la sociedad donde operan; sin embargo, la filantropía del sector empresarial salvadoreño es la más baja de América Latina. Las grandes empresas que se han beneficiado de la falta de competencia y de jugosos contratos con gobiernos de turno tienen la responsabilidad moral de soportar nuestra educación superior. Esta es también una inversión a largo plazo, la cual nos beneficiaría a todos los salvadoreños.

El sistema bancario nacional y compañías transnacionales que generan ganancias exorbitantes por procesar las remesas de los hermanos lejanos deben contribuir activamente al desarrollo tecnológico de nuestro país. Lápices, cuadernos y bolsones escolares no son más que meramente un autoservicio publicitario promocional. Impuestos municipales a las mencionadas instituciones deben establecerse para sufragar gastos de educación superior.

Con alguna frecuencia, aparecen iniciativas resaltando la imperiosa necesidad de mejorar nuestra educación tecnológica; pero, todo parece ser hablar y hablar, sin acción alguna para activamente tratar de realizarlas. Si no ahora, ¿cuándo? Si no nosotros, ¿quiénes?.

Fuente: http://www.laprensagrafica.com/2017/03/17/educacion-superior-y-crecimiento-economico

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Los retos de la educación panameña

Por: Diogenes Sanches

Panamá es un país de fuertes contradicciones históricas y políticas. En su devenir los poderes coloniales le asignaron una función transitista, que se vería reforzada con la construcción de ferrocarril transístmico y mayormente profundizada con la construcción del canal. A partir de este modelo de desarrollo transitista surgieron otras actividades vinculadas a la misma: el sector portuario, logístico, turístico y el sistema financiero. Sin embargo, nuestro sistema educativo hizo endebles esfuerzos para adecuarse a estas necesidades.

Esta visión sesgada de este modelo sepultó otras posibilidades de desarrollo, como el agropecuario o el industrial. Prueba de ello es el poco interés de los distintos gobiernos de invertir en colegios técnicos o agropecuarios que no respondían a la lógica de desarrollo mercantilista de las élites comerciales; hoy con la transformación curricular estos bachilleres están desapareciendo. Sólo hay que echar una mirada a los colegios técnicos para ver su completo abandono.

Peor fue la falta de idoneidad de los egresados de los colegios agropecuarios, ya que la transformación curricular disminuyó su carga horaria en la especialidad. La educación panameña enfrenta grandes retos que obligan a toda la sociedad a involucrarse en la búsqueda de respuestas a las demandas el país. Entre los ejes que consideramos más apremiantes están los siguientes:

Transformación del sistema educativo: El sistema educativo no resiste más enmiendas, lo que obliga a efectuar una reestructuración de todos sus componentes: desde la gestión administrativa, inversión, descentralización, formación docente, currículum, evaluación, equidad, hasta la selección de las autoridades deben ser ampliamente consultadas, debatidas y sometidas al examen público de especialistas en el tema y no a las imposiciones de quienes detentan el poder político y económico.

Defender el carácter público, gratuito y obligatorio de la educación: La educación es un derecho humano inalienable y no un bien de consumo más, a la libre oferta y demanda del mercado. Es un derecho social que el estado debe resguardar para que todos tengamos acceso a ella y no sea el privilegio de quienes puedan comprar conocimiento. Esta concepción mercantilista está reduciendo la educación a una formación profesional, donde prevalece la lógica irracional del mercado, donde los estudiantes se convierten en clientes y la enseñanza, en mercancía. Rescatar su carácter público y gratuito es una necesidad social, lo que implica, además, que la obligatoriedad de la educación, que actualmente es hasta el noveno grado, debe ser hasta el duodécimo grado. Esto requiere de un cambio constitucional, que debe ser a través de una constituyente que le transfiera al pueblo panameño el poder soberano.

Calidad de la educación: Precisar qué entendemos por calidad de la educación va más allá de una discusión conceptual o ideológica; define lo que antropológica y epistemiológicamente queremos, para mejorar cualitativamente el sistema educativo panameño: calidad de los aprendizajes, calidad de la formación docente, calidad de los programas y planes de estudio, calidad de la infraestructura, que es uno de los graves problemas del sistema por la poca inversión en la misma. Bajo esta premisa, la calidad empieza por formar en el educando a un ciudadano con plena autonomía, iniciativa propia, creatividad, innovador y con capacidad de análisis crítico. ¿Estamos los docentes preparados para formar a este nuevo tipo de ciudadano? ¿Existe la voluntad política del gobierno de facilitar las condiciones para este proceso educativo? ¿Están los estudiantes y padres de familia comprometidos con estos cambios? Quizás cometo la falacia de la pregunta compleja (falacia cuando la persona hace muchas preguntas complejas buscando aquella que no tenga respuesta para aferrarse a ella como prueba o deducción de que un argumento no es válido).

Desburocratizar el sistema educativo: El Meduca es el ministerio más grande, con más de 800,000 estudiantes, 45,000 docentes y 20,000 administrativos. La descentralización educativa que está contemplada en la Ley Orgánica se convierte en letra muerta. Aunado a este problema, la centralización gubernamental asfixia al sistema. Por ejemplo, todos los contratos de nombramientos del Estado debe firmarlos el presidente de la República, desde el trabajador manual y la secretaria hasta los docentes, etc. ¿Cómo es posible que un presidente con tantos compromisos deba firmar el contrato de todos los funcionarios públicos? Esta burocracia absurda provoca que funcionarios demoren 6,7 y 8 meses sin cobrar.

La educación es la mejor inversión social que existe, apostar por ella es apostar por el desarrollo, el progreso, la inclusión social, la liberación de nuestros pueblos.

FILÓSOFO E HISTORIADOR.

Fuente: http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/retos-educacion-panamena/23990252

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Reforma a la educación superior: el camino siempre estuvo a la vista

Por: Juan Manuel Zolezzi

Hace algunos días el Gobierno hizo un anuncio muy importante para el país. Lo que veníamos pidiendo hace años, respecto del fortalecimiento de las universidades del Estado podría ser factible. Los primeros y decisivos pasos ya están dados, con la posibilidad de dividir en dos partes el proyecto de ley de Educación Superior que se encuentra en la Cámara de Diputados.

El objetivo, como han planteado las autoridades ministeriales, es aprobar las dos partes de la iniciativa antes de que concluya el mandato de la Presidenta Michelle Bachelet. Una de ellas contempla los temas de institucionalidad, marco regulatorio y financiamiento. La otra, en tanto, está relacionada con las universidades estatales y debería contemplar temas como gobernanza, fortalecimiento de redes institucionales, trabajo de investigación y financiamiento.

Si bien desde el Ministerio de Educación han anticipado que muy pronto se enviarán las indicaciones, la sola intención de reconocer el rol de las universidades estatales y su aporte al desarrollo del país ya es un buen augurio. No podemos olvidar que desde antes que se iniciara el proceso de Reforma, nuestra propuesta ha sido precisamente esa, pero hubo oídos sordos y falta de voluntad política.

Con una preocupante obstinación, una y otra vez, los responsables de conducir esta tarea optaron por transitar un largo e infructuoso camino, cuyos resultados están a la vista. Conflictos, divisiones y desacuerdos que no solo han retrasado innecesariamente una iniciativa que beneficiará al país en su conjunto, sino que también han generado diferencias entre los distintos protagonistas, muchas veces con intereses más políticos que de contenidos de fondo.

Si bien el Ejecutivo intentó cumplir lo prometido enviando el proyecto al Congreso luego de varios anuncios y postergaciones, en julio de 2016, es decir, poco más de dos años después de iniciado el Gobierno, el proceso simplemente se ha estancado. A la par, las pugnas e incertidumbres derivados de un proyecto cuestionado por la opinión pública y por los actores del sistema, han dado paso a varios cambios en el Ministerio de Educación que además han impactado en los contenidos y plazos de la iniciativa.

 Nuestro propósito como universidades estatales y públicas, nos ha obligado a seguir golpeando una y otra vez las puertas. No podemos callar, ni rendirnos, dado que estamos llamadas a colaborar en la construcción de un país más justo, solidario e inclusivo.

Recordemos que en junio de 2015, Adriana Delpiano sucedió al entonces ministro de Educación Nicolás Eyzaguirre. Un año después, lo mismo ocurrió en la División de Educación Superior, cuando Francisco Martínez fue reemplazado en la jefatura por Alejandra Contreras. Se suma el constante movimiento de un sinfín de asesores y expertos que, cada cierto tiempo, entran y salen de esta repartición, con las negativas consecuencias que implican nuevos cambios a los contenidos y plazos del proceso.

Nuestro propósito como universidades estatales y públicas, nos ha obligado a seguir golpeando una y otra vez las puertas. No podemos callar, ni rendirnos, dado que estamos llamadas a colaborar en la construcción de un país más justo, solidario e inclusivo.

La generación de bienes públicos, el desarrollo de la investigación de frontera, así como la formación de profesionales con el sello de responsabilidad social, no sólo es nuestra gran fortaleza, sino el capital que ha ido construyendo el Estado de Chile con el compromiso y visión republicana de grandes hombres y mujeres, quienes han sabido deponer sus intereses personales, en pro del país.

Sin duda el actual proceso de reforma es la gran oportunidad para que el Estado retome el rol que le corresponde para con sus universidades y ese gran capital que comportan. El país se lo merece y los jóvenes sin oportunidades y con talento, lo demandan.

Fuente:http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/03/21/reforma-a-la-educacion-superior-el-camino-siempre-estuvo-a-la-vista/

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¿Algún día, quienes estudien en escuelas públicas, hablarán inglés?

Nuestro sistema educativo, produce profesionistas casi monolingües: casi hablan, casi leen y casi escriben el español.

 Por: Ángel Verdugo.

Un elemento del Modelo Educativo recién presentado, que para algunos tiene el mayor de los atractivos, es el compromiso del Estado mexicano de ofrecer la enseñanza del inglés, y lograr su aprendizaje por parte del alumnado que acude a nuestras escuelas públicas.

A estas alturas, ¿es posible que haya alguien con dos dedos de frente que piense, que efectivamente, dicho compromiso tiene visos de ser cumplido en, digamos, diez años, veinte quizás?

Las cifras relativas al personal requerido para impartir clases de inglés en los niveles desde preescolar al superior, aunadas al monto de los recursos necesarios para contratarlo, palidecen ante situaciones de otra índole las cuales, si me permite, calificaría como obstáculos culturales.

De entrada, para dejar de lado toda ilusión al respecto, señalemos y aceptemos que somos una sociedad, reacia al aprendizaje de otro idioma. Además, nuestro sistema educativo —tanto en su parte pública como      privada—, produce profesionistas casi monolingües: Casi hablan, casi leen y casi escriben el español.

Hasta hace pocos años, el modelo de desarrollo económico del país estaba centrado en una visión endógena, hacia adentro, que nos inculcó la idea de que México y los mexicanos, nada necesitábamos del exterior, de sus avances y menos de sus ideas las cuales —en una expresión de soberbia e ignorancia supina—, llegamos a calificar de exóticas.

Esta visión, de la necesidad y conveniencia de aprender otro idioma, no es algo que importe para un alto porcentaje de los mexicanos. Es a tal grado el rechazo a aprender otro idioma, que el nivel económico no guarda relación alguna con la comprensión de su importancia y utilidad y, afirmaría, de su actual obligatoriedad.

Si usted domina aceptablemente el inglés, para no hablar del alemán o francés o alguna otra lengua, ¿qué siente al escuchar a nuestros flamantes doctores en esto o lo otro que intentan expresarse en inglés? ¿No siente pena al escucharlos, no sólo por su acento, sino por su paupérrimo vocabulario y errores sintácticos?

¿Recuerda usted el rechazo de los que estudian para delincuentes en alguna escuela normal, que con orgullo hicieron saber que se oponían a la enseñanza del inglés y también, ¡faltaría más!, de computación?

Si dudare de lo que afirmo, le pido haga un remedo de encuesta con los maestros de sus hijos o nietos, si es que asisten a alguna escuela pública. Pregúnteles, por favor, si hablan, leen y/o escriben inglés. Si bien sus respuestas no son, en modo alguno, equiparables a las que daría una muestra elaborada con apego a la estadística, sí son un buen indicador del muy pobre panorama del nivel de conocimiento del inglés del magisterio mexicano.

¿Cómo vencer ese obstáculo? ¿Cómo esperar que maestros anquilosados en lo que se refiere a métodos de enseñanza y a contenidos caducos, de repente abriguen de buena gana la promoción y enseñanza de una lengua extranjera, en este caso, el inglés?

Ahora, recorra las oficinas de la Secretaría de Educación Pública y las de sus delegaciones estatales, y haga el mismo ejercicio y encontrará, muchos políticos y burócratas monolingües, cuyo conocimiento de otra lengua es prácticamente nulo.

Ante esa dolorosa realidad, le pido que haga a los suyos un gran favor: Intente darles la oportunidad para que, desde edad temprana, conozcan el inglés en una escuela particular. El sacrificio que hoy haga usted por ellos, será compensado con creces mañana.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/opinion/angel-verdugo/2017/03/24/1153796

Imagen: http://diario.mx/imagesnotas/2017/03/imp1928571.jpg

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