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Tsotsiles en Puebla: infancias indígenas migrantes y trabajadoras

Tsotsiles en Puebla: infancias indígenas migrantes y trabajadoras

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Miguel Ángel Rodríguez

El 26 de febrero pasado, hace casi un mes, Juan Villoro escribió un artículo memorable sobre la migración europea, pues dio cuenta de nuestra condición de seres ficticios bajo el signo de la pandemia. El modo virtual de nuestras relaciones, de las que “carecemos de suficiente evidencia pública para demostrar que somos reales”, nos sitúa en una pausa ontológica en la que dejamos temporalmente de ser.

El pensador mexicano juega con la ontología y nos descubre, a propósito de la negación del ser, una palabra que revela el angustiante estado de excepción que abandona y reduce a muchos migrantes varados temporalmente en Alemania, por causa de la pandemia (no hay vuelos) y por algunos problemas burocráticos con sus pasaportes (las oficinas están cerradas), digo, los coloca en una situación que no es legal ni ilegal, por lo que el Estado alemán les otorga un documento que pasará a la historia de la migración mundial como el primer reconocimiento oficial a seres de ficción.

Con un extravagante e impronunciable vocablo Fiktionsbescheinigung, que literalmente significa Certificado de ficción, los burócratas germanos despacharon la cuestión. Un papel del gobierno que  “acredita la condición ficiticia de quien lo porta”. Es la expresión más cristalina de las degradantes maneras en que funciona el estado de excepción en el primer mundo, incluyen legalmente a los migrantes para desincluirlos, para recordarles su otredad.

Me pregunto aquí, siguiendo a Juan Villoro, por el eufemismo castellano que nombre la circunstancia ominosa que viven las infancias indígenas migrantes y trabajadoras de nuestro país, y, en particular, por las familias migrantes tsotsiles que, desde hace más de tres lustros, viajan como sombras, en un trajín sin descanso, en un vaivén constante, de Mitontic, Chiapas, a la Ciudad de Puebla.

San Miguel Mitontic es un pueblo prehispánico fundado por los tsotsiles, una comunidad indígena de origen maya en la que el 98.7 por ciento de la población habla la lengua originaria. En la actualidad es un municipio de la Región V de los Altos de Chiapas, misma que está conformada por 18 ayuntamientos: San Cristóbal de las Casas, Mitontic, Teopisca, Altamirano, Chalchihuitán, Chanal, Chamula, Pantelhó, Chenalhó Oxchuc, Las Rosas, Tenejapa, Amatenango, Zinacantán, Aldama, Huxtán, Larráinzar y Santiago. Mitontic es una ciudad con una población de 13 mil 755 habitantes según el último censo de población y vivienda (2020) y suele aparecer entre los diez municipios más pobres del país.

La mayoría de los seres de maíz que migran cíclicamente a las ciudades de México, Yucatán, Oaxaca, Qunitana Roo, Veracruz, Tabasco, Campeche y Puebla no tienen  siquiera un certificado de ficción, un Fiktionsbescheinigung que los acredite como sujetos de derecho en proceso de probar su existencia real, porque existen sin ser valorizados jurídicamente. Vamos, ni siquiera están registrados en alguna dependecia local de Chiapas, y, desde luego, menos aún existe constancia legal de su presencia en la Angelópolis.

Los migrantes viven en un eterno estado de excepción que, con frecuencia, los enfrenta a graves sufrimientos familiares, porque las autoridades del sistema DIF (Desarrollo Integral de la Familia) de los estados y ciudades a las que migran suelen hacer generalizaciones descriptivas y normativas que estereotipan, estigmatizan y criminalizan las estrategias de supervivencia de las familias tsotsiles.

Sin comprender, sin escuchar siquiera los múltiples sentidos que el trabajo infantil migrante adquiere como constructo comunitario sociohistórico entre los pueblos indígenas, porque, como en el caso de Puebla, no cuentan con un traductor tsotsil autorizado que interprete los sentimientos y deseos de los niños y las niñas, con ese juicio universalista y paternal que infantiliza a las poblaciones indígenas y afrodescendientes, las familias tsotsiles son cruelmente separadas hasta por más de medio año. Y ahora pende como espada de Damocles sobre sus vidas un proyecto de ley para erradicar el trabajo infantil en el estado de Puebla, una normatividad de buenas intenciones que, sin embargo, debe dialogar con las otras formas de existencia para conocer el sentido de su verdad, escuchar las voces y significados de los propios niños y niñas tsotsiles y, por supuesto, los argumentos y narrativas de sus padres.

Las acusaciones siempre son las mismas, que no son sino ordinarios lugares comunes: explotación del trabajo infantil y violencia familiar. Vamos a ver, entiendo que se han registrado, lamentablemente, algunos casos que pueden calificar para los delitos arriba señalados, lo que quiero enfatizar es que a partir de esos acontecimientos, más bien extraños entre la población tsotsil que migra a la ciudad de Puebla, el acendrado racismo poblano los ha generalizado y, en consecuencia, los ha validado como “estereotipos contingentes y despectivos” contra ellos. Un lugar común que, entre otras cosas, despoja a los niños y a las niñas de su propia iniciativa, porque los convierte en seres sin voluntad y sin voz y, por si fuera poco, condena a los padres y las madres tsotsiles, que ya cargan en sus vidas con todos los acoplamientos imaginables de desventajas sociales que, a mi parecer, ninguna interseccionalidad ha sido capaz de pensar siquiera, a representar todavía, para acabarla de chingar, el trágico papel de crueles verdugos de su propia progenie.

Como la imagen siniestra y torva de los mexicanos que Donald Trump dibujó al principio de su gobierno para justificar la necesidad del famoso muro fronterizo, un estereotipo que es común escuchar y leer entre los conservadores supremacistas de los Estados Unidos, el mismo molde grotesco que se usó contra los afrodescendientes para criminalizarlos, para negarles los derechos humanos más elementales, una deshumanización tan brutal que encendió, hasta la rabia, la indignación del movimiento de liberación afrodescendiente. Una digna rabia que Martin Luther King inmortalizó el 28 de agosto de 1963 con la maravillosa pieza retórica pronunciada bajo la sombra simbólica de George Washington: “I have a dream”.

Y así podemos hablar pestes de los judíos, los musulmanes, los chinos, los gallegos, los indígenas y afrodescendientes, sin saber, sin comprender un ápice la construcción del sentido y esencia de su verdad, vamos por ahí repitiendo lugares comunes, generalizaciones descriptivas que devienen estereotipos humillantes contra los diferentes, son clichés derivados de la proverbial soberbia occidental y de la pretensión logocéntrica, estandarizada, meritocrática y universalista del proyecto ilustrado y capitalista de desarrollo.

Los alemanes estrenan la palabra Fiktionsbescheinigung para acreditar el ser de ficción de los migrantes varados en Alemania, hasta nuevo aviso existen en un estado de excepción ontológica, se trata a todas luces de un proceso provisional que se resolverá pasada la pandemia. No hace falta decirlo, los indígenas chiapanecos de Mitontic viven en un estado de excepción permanente, no tienen derecho a la salud, ni a la educación, ni a un trabajo digno y bien remunerado, baste decir que el censo de población y vivienda del 2020 registra un elocuente 0.1 por ciento entre la población de 12 años y más no económicamente activa que está pensionada o jubilada. En otras palabras, llegan a la vejez sin tener garantizado los derechos sociales fundamentales, pues nunca fueron registrados formalmente como sujetos de derecho por sus empleadores.

Otros datos que vale la pena consignar son que apenas el 25 por ciento de las viviendas de Mitontic cuentan con agua entubada y, de ellas, menos del 2 por ciento tiene cisterna. No es momento de detenerse a pensar, por la escasez del agua, en el carácter sacro que la Coca-Cola adquirió desde hace años en las tierras tsotstiles, en las que el tóxico líquido aparece como vino de consagrar en todas las ceremonias civiles y religiosas de relevancia social.

Por otra parte, apenas el 6.6 por ciento de ellos tiene servicio de telefonía celular y una tercera parte cuenta con el servicio del seguro popular (censo de población y vivienda 2020). Hablamos de un espacio que suele figurar entre los diez municipios más pobres del país.

Como si fuera posible imaginar más desgracias, la situación económica de la comunidad ha sufrido un deterioro considerable durante los últimos cinco años, especialmente si la evaluamos a la luz de las variaciones en el porcentaje de la población de 12 a 14 años y de 15 a 24 años que asiste y abandona la escuela.

Veamos, mientras durante el 2015 el 72.6 por ciento de estudiantes de ese rango de edad asistía a la escuela, tenemos que para el censo del 2020 ese porcentaje se redujo a un 54.6 por ciento. Un incremento del abandono escolar de 18 puntos porcentuales en cinco ciclos escolares que no puede ocurrir como si nada estuviese pasando, pues si lo comparamos con el promedio nacional de asistencia a la escuela en esa edad de 12 a 14, que asciende a un 90.5 por ciento (2020), hablamos de un incremento radical de la brecha de la desigualdad educativa entre los estudiantes tsotsiles y el resto de los estudiantes mexicanos, son 36 puntos porcentuales de desventaja educativa.

¿Dónde están los miles de niños, niñas y adolescentes tsotsiles que ya no están en las aulas?

Sin embargo, aunque usted no lo crea, no es el escenario peor para la vida de los estudiantes de Mitontic, Chiapas, ni para las altas aspiraciones, siempre nobles y lúcidas, del sistema educativo mexicano, pues, cuando los estudiantes tsotsiles alcanzan los 15 años de edad, el porcentaje de ausencia es una dolorosa tragedia humana y el abandono escolar reduce la matricula de manera crucial. Así encontramos que para el año 2015 solo el 15.2 por ciento de la población entre 15 y 24 años asiste a la escuela, una tendencia a la baja en la asistencia escolar que alcanzó a gatas el 13 por ciento en el 2020. Esto es, 30 puntos porcentuales de desventaja con respecto a la asistencia escolar promedio de los alumnos del país que alcanzó un 45.3 por ciento según el censo del 2020.

De esa manera, durante el 2015, al transitar de la secundaria (72.6) a la preparatoria (15.2)  se observa una reducción brutal del 54.7 por ciento de los estudiantes inscritos en el ciclo educativo anterior. Y lo mismo pasa para el 2020, pues del 54.6 por ciento de la población que asiste a la escuela entre 12 y 14 años desciende drásticamente al 13 por ciento de quienes asisten a la escuela entre los 15 y los 24 años de edad. Se observa aquí, igualmente, un abandono escolar de 41. 6 por ciento. Esa es la dimensión de la deuda que el sistema educativo nacional mantiene con las comunidades indígenas tsotsiles.

¿Dónde están los miles de jóvenes tsotsiles que ya no están en las escuelas?

Como les decía, después de un recorrido de más de 700 kilómetros en un viejo autobús pirata, sin seguro de vida y buena parte del camino viajando de pie, con las criaturas a las espaldas, arriban las endeudadas y fantasmales familias tsotsiles a La Loma, una colonia de alta marginación situada a un lado del Mercado Hidalgo, en la Ciudad de Puebla.  Migran desde hace más de tres lustros, son hombres y mujeres jóvenes, en edad laboral, vienen en busca de mejores horizontes de futuro inmediato. Los primeros migrantes tsotsiles encontraron ahí las mejores condiciones para morar sin sufrir severamente la discriminación, quizá porque mucha de la gente que habita en el vecindario también proviene de otras diferentes culturas indígenas de Puebla, Oaxaca, Chiapas y Guatemala.

El Atlas de los pueblos indígenas de México del 2015 registra la presencia de 554 tsotsiles en el estado de Puebla, la inmensa mayoría en la ciudad capital. Vale la pena tener siempre presente que la mediana de edad de los habitantes de Mitontic, Chiapas, es de 16 años –según el censo de población y vivienda 2020– por lo que hablamos de familias muy jóvenes con hijos e hijas en edad escolar que usualmente migran con ellos, por lo que es muy complejo pensar, como veremos, en una educación formal a la manera tradicional.

Cuando uno pasea por las calles de La Loma es posible encontrar una gran variedad de pequeñas tiendas de abarrotes y una oferta muy plural de alimentos regionales, son negocios atendidos, en su mayoría, por migrantes indígenas del interior del estado que encontraron ahí, cerca del mercado, un buen lugar para construir su casa. Se trata de un fenómeno sociodemográfico creciente que no ha recibido, lamentablemente, la atención estatal que un enfoque de derechos sociales fundamentales y un sentido estricto de justicia social demandan con urgencia.

En ese contexto sombrío emerge un proyecto salvífico que, contra viento y marea, pretende construir un proyecto cooperativo y educativo, un espacio termotópico, una esfera para el cuidado del ser de los niños, niñas y jóvenes tsotsiles migrantes, en donde la pluralidad epistemológica y ontológica de los tsotsiles adquiera carta de naturalización: Yo´on Ixim ( corazón de maíz A.C.).

Samantha, la fundadora de la organización civil, nos platicó a Sandra Aguilera Arriaga y a mí, que fue en el 2014 cuando vio por primera vez a un grupo de indígenas, adultos, niñas y niños, con una indumentaria hermosa, pues eran blusas preciosamente bordadas sobre tela de color morado que usaban las niñas y las mujeres que vendían chicles en las esquinas y grandes cruceros de la ciudad: “¿qué hacen ahí?, ¿cómo es su vida?, ¿cómo es que llegaron a estar así…?” -se interrogaba.

El proyecto cooperativo es el paraguas que cubre y protege al proyecto educativo. Consiste fundamentalmente en la posibilidad de crear un espacio productivo consolidado por mujeres tsotsiles que “participan en un proceso de auto-definición y producción cultural” (Ferreiro, 2016, p.53). Las prendas bordadas se venden en un mercado justo para los saberes y habilidades textiles que, por tradición, practican las indígenas tsotsiles, son tejedoras maravillosas de una selva cósmica. Ahora las mujeres también bordan capas, vestidos, blusas, cachuchas, fundas para celulares, etc., y producen mermeladas de frutas para vender en el Sagrado Mercadito, un dominical centro alternativo de comercio ubicado en San Andrés Cholula. Con ese ingreso pueden dedicarse también a estudiar y, sobre todo, sus hijos conocen y aprenden en la escuelita.

Las artesanas del Corazón de Maíz proponen y crean nuevos diseños textiles que bordan con sus saberes tradicionales, se sienten revaloradas porque pueden alcanzar, con la apropiación del proceso de trabajo, que está vinculado a la recreación de su cultura y cosmovisión, cierta autonomía que les permite, en principio, tomar la decisión de abandonar las calles para vivir, provisoriamente, como son sus propias existencias, la experiencia de la escuela.

En la denominada “escuelita” los profesores comprenden y aprovechan muy bien las ventajas de que los estudiantes tsotsiles hayan sido vendedores en la calle, porque el proyecto educativo reconoce y valora las experiencias y los aprendizajes que los niños, niñas y jóvenes adquieren en el trato diario, en los estados de ánimo que es necesario adivinar en los transeúntes para no despertar la ira del racismo, discriminación clasista y patriarcal. Y no se diga en las habilidades matemáticas, un área en la que, según la opinión de los profesores, suelen desarrollar capacidades y habilidades singulares.

De la misma manera, mientras en otros estudios nacionales e internacionales similares, con los que pretendemos hacer un análisis comparativo, los juicios de algunos profesores insisten en que la lengua originaria es un obstáculo para el mejor aprovechamiento escolar, en la escuelita Yo´on Ixim encontramos que la mayoría de los docentes valoran alto la lengua tsotsil y se encuentran inmersos en su aprendizaje, el cual, podría decirse, es la lengua que prevalece en las actividades escolares. Van más allá, pues una de las profesoras explora con paciencia el intrincado mundo de los sentimientos y las emociones de los y las migrantes tsotsiles, un trabajo de investigación hermenéutica que nació como un problema del aula, de la docencia con niños y niñas tsotsiles.

Podría continuar hablando de la educación prometeica, termotópica y hospitalaria del Corazón de Maíz, pero sería adelantarme un poco al diálogo comunitario que deseamos proponer en el conversatorio de mañana 26 de marzo del 2021 a partir de las nueve de la mañana, es un encuentro para pensar, junto a ellos, con la presencia de los protagonistas, en un mundo donde las infancias indígenas migrantes y trabajadoras, como los tsotsiles de Puebla, puedan alcanzar, lejos de tanta miseria, el ser que son y que les hemos negado secularmente.

Fuente: https://www.educacionfutura.org/tsotsiles-en-puebla-infancias-indigenas-migrantes-y-trabajadoras/

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Boaventura de Sousa Santos. «O vírus é caótico mas não é democrático»

O mais influente sociólogo português no mundo acabou de publicar um novo livro, «O Futuro Começa Agora, da Pandemia à Utopia». Nesta obra defende que o vírus traz uma mensagem. E que é preciso aprender com as mortes que provoca, para que elas não se repitam.

Diz que foi o livro mais rápido que escreveu.

Foi o livro mais rápido que escrevi, porque foi escrito durante a pandemia para tentar responder às perplexidades que o vírus está a causar em mim e a muita gente. Pela surpresa como a pandemia surgiu e se difundiu. E surpresa também por todo o desconhecimento que havia, nomeadamente dos países mais desenvolvidos que, supostamente, têm mais capacidade científica. Verificou-se que eram os que estavam menos preparados para responder à pandemia. Ficamos na posição dos indígenas do século XVI das Américas.

Quando chegaram os portugueses e os espanhóis eram portadores do vírus da varíola, para qual os indígenas não eram imunes. A nossa diferença é que temos capacidade para tomar outras medidas, não houve essa «guerra biológica», e agora vamos ter vacinas. Mas a verdade é que o país mais desenvolvido do mundo, os Estados Unidos da América, habituado a invadir países, quando foi invadido pelo vírus não produzia as coisas mais elementares que eram máscaras, luvas e outras, como ventiladores.

Escreve a certa altura no livro, que concorda com o historiador Hobsbawm, no sentido que os séculos não começam historicamente no seu primeiro ano e acabam no centésimo, mas começam num acontecimento que abre uma era, e terminam num que a muda. No seu entender, o século XXI não começou com a crise financeira, mas com o aparecimento do coronavírus?

 

A covid-19 muda completamente as nossas formas de relacionamento e de relações sociais, muito mais do que podemos imaginar agora. Por enquanto, estamos na fase aguda da pandemia, numa altura em que só se pensa em resolver a emergência sanitária e conseguir as vacinas. Mas sabemos que o modelo de desenvolvimento que temos atualmente, que é extremamente agressivo para a natureza, destabiliza os habitats dos animais selvagens com a desflorestação da Amazónia, a contaminação dos rios, a ampliação da fronteira agrícola. Ao destabilizar esses habitats, muitos dos vírus que circulam entre os animais selvagens, sem problema nenhum, passam para os humanos que não estão imunes. O que significa que vamos entrar numa época de pandemia intermitente.

Não negligencio a importância que teve a crise financeira, há outros que mencionam, também, o derrube das Torres Gémeas, em 2001, como o princípio do século. Foram momentos importantes, mas não tiveram este impacto, dado que a pandemia atingiu rapidamente todo o mundo, colocando a humanidade no mesmo barco no que diz respeito à infeção. Embora neste navio, aqueles que vão nas cabines superiores, da classe média alta para cima, estão em melhores condições de sobreviver. O vírus é caótico, mas não é democrático. Basta ver as taxas de letalidade, nos EUA e no Brasil, em que negros e pobres são a grande percentagem das vítimas mortais da covid-19. No livro, eu comparo dois bairros da região de São Paulo, o Morumbi, de classe média alta, e o Campo Limpo, uma favela em que vive o Guilherme Bolos. Nesse dois locais a taxa de mortalidade varia entre 2% na localidade mais rica e 60% na mais pobre. Não há comparação possível.

No livro usa a metáfora de que o vírus tem uma inteligência e uma mensagem, que não só nós precisamos de traduzir, mas que até expressa uma pedagogia que temos de perceber.

Acho que ele nos está a ensinar qualquer coisa. É uma pedagogia cruel, como escrevo, ensina, matando. Mas está a dar uma lição que é uma mensagem da natureza, a dizer que se continuarmos com este modelo de desenvolvimento temos de nos preparar para mais pandemias. A vida humana do planeta é 0,01% da vida total da Terra. No entanto, desde, pelo menos, o século XIX, as alterações climáticas e outras mais graves são causadas pela ação humana. Não é a mesma coisa do que os meteoritos que destruíram os dinossauros. Se continuamos com este padrão de consumo, a vida humana está cada vez mais precária e difícil. Como digo na segunda parte do livro, o meu computador poderia durar dez anos, o meu telemóvel podia aguentar o mesmo tempo, o meu relógio poderia durar toda a vida, como duravam antes, mas nós estamos na época da obsolescência programada para maximizar o consumo e garantir os lucros dos super-ricos.

 

O vírus está-nos a ensinar que este modelo é extraordinariamente desequilibrado e põe em causa a nossa sobrevivência. No planeta, vivemos numa faixa relativamente pequena, na qual é possível vida humana. Não estou a falar dos esquimós do Polo Norte, mas das populações que estão em zonas que oscilam entre os 20 negativos, com condições, e os 40 a 45 graus positivos. O que está a acontecer é que esta franja está a diminuir em termos de habitabilidade. Há cada vez mais zonas muito frias e zonas muito mais quentes. O aquecimento global é desigual e cria desequilíbrios. A covid-19 emite um sinal de que não só vamos viver com pandemias intermitentes, como também que teremos, se continuarmos neste caminho, vagas crescentes de refugiados ambientais. É por isso que acho que é errada a metáfora inicial de que estamos numa guerra e que o vírus é o inimigo. Precisamos de vírus e bactérias para viver. O nosso inimigo é as condições em que vivemos que fazem com que estes fenómenos se tornem cada vez mais graves.

Critica o filósofo italiano Agamben pela utilização da ideia da generalização do Estado de exceção, e o filósofo esloveno Žižek pela ideia que o vírus “força” a uma passagem para formas de sociedade mais comunistas. Mas, ao mesmo tempo que critica, vai dizendo que a pandemia facilita uma pulsão autoritária e que para resolvermos esta situação temos de conseguir ter outro paradigma civilizacional.

O meu debate com Agamben tem um aspecto que não se fala muito. Se ler Pasolini, como eu li, nele já existe grande parte daquilo que diz Agamben. Ele aliás foi até actor de Pasolini, na sua juventude. A sua ideia de Estado de excepção não está desligada do facto de quando Pasolini morre ter 33 processos contra ele. A Itália daquele momento tinha, de facto, um comportamento de um Estado de exceção permanente. Mas eu, nesta pandemia, quis distinguir o comportamento do Estado português, por exemplo, e dos estados húngaro, do Azerbeijão e da Índia. Aí os governantes usaram a pandemia para aumentar, sem limites, os seus poderes. Houve estados, como o caso do Brasil, que promoveram um genocídio por ausência de políticas sanitárias.

No caso de Zizek, a minha divergência está em que eu acho que precisamos de um novo paradigma, mas não creio que seja o comunista. Sou um homem das epistemologias do sul, regiões em que a palavra comunismo não significa nada, ou pode confundir-se com o comunalismo de Narendra Modi, que ainda é pior, ou a vida comunal dos povos indígenas. Comunismo foi a solução encontrada na Europa, que temos que analisar, e que não a podemos colocar ao nível do nazismo, como faz a extrema-direita, mas que teve os seus problemas e que necessita de ser reinventado. Eu continuo a ser um socialista, mas um socialista intercultural, que tem de saber lidar com pessoas que não se declaram socialistas, mas que têm os mesmos objectivos do que eu.

Faz algum sentido falar que há um Norte ou um Sul global, quando hoje parece que o capitalismo está em todo o lado? Antigamente líamos o Corto Maltese e havia sempre uma ilha escondida em que tudo podia ser diferente, onde se podia reinventar o mundo longe do resto. Hoje isso é possível?

 

Nos meus últimos trabalhos eu distingo três formas de emergência e de soluções alternativas num tempo de transição: uma são as zonas libertadas; outra são as apropriações contra-hegemónicas, isto é começar a lutar pelos direitos humanos a sério, mas não da forma oficial que é uma espécie de política de hegemonia dominante; e a outra ir buscar às raízes, ruínas e sementes, que é o caso de algumas ideias indígenas que não estão nas Constituições da Bolívia e do Equador. São algumas formas de pensar o futuro. Há um Norte, aquele que comanda a globalização, e as três dominações que eu distingo: o capitalismo, o colonialismo e o patriarcado. As últimas duas, embora com relativa autonomia, estão ao serviço da primeira – o capitalismo. Vê-se que na área da tecnologia dominam cinco empresas que estão nos EUA. No sector financeiro, há 25 empresas que dominam, sobretudo norte-americanas, com algumas europeias. Este Norte e Sul não é definido apenas geograficamente, mas nas relações de poder no sistema mundial.

O Norte e o Sul não está em todo o lado? Quando estamos nas cidades dos EUA invadidas por sem-abrigos, não estamos numa espécie de Sul que está no Norte? E quando estamos no Dubai, no meio dessa espécie de Disneylandia do consumo, não estamos num Norte que está no Sul?

Concordo inteiramente consigo. Digo aliás que há um Sul dentro do Norte e um Norte dentro do Sul. Em determinadas zonas de São Paulo quando se está num restaurante de luxo, estamos no Norte, mas andamos meia dúzia de passos e, de facto, estamos no Sul. Mas isso não se esgota aqui, a relação entre um Norte global e um Sul global mostra a existência de centros de poder e de relações de poder. Basta ver o que se está a passar com a chantagem que está a ser feita com as vacinas. Temos uma política de vacinas que é totalmente imperialista, o que levou António Guterres a dizer que as vacinas deviam ser um bem público mundial. Há países que estão a guardar vacinas, o que é totalmente irracional.

Se o mundo não for todo o vacinado, não interessa nada que o Norte esteja completamente vacinado, porque os executivos do Norte vão a Maputo, ou outro lugar qualquer do Sul, e podem apanhar uma nova variante do vírus para o qual não há ainda vacina. Há Norte e Sul, como há esquerda e direita. Mas temos que os redefinir, tanto epistemicamente como do ponto de vista sociológico. Não é de maneira nenhuma um determinismo geográfico, senão não entendíamos a Rússia, a China e a Coreia do Sul, nem a miséria que existe nos EUA.

Depois da pandemia pode haver uma mudança positiva de sociedade, ou é possível um cenário em que as sociedades tornam-se mais autoritárias e piores?

Sou um sociólogo crítico e luto por uma sociedade melhor. Sou objetivo mas não neutro. No meu livro coloco três cenários. O negacionismo, o não se fazer nada. Se isso acontecer vai chegar-se a esta situação que coloca de os estados tornarem-se mais repressivos, e as democracias podem não subsistir. Esta é a possibilidade que é mais provável neste momento. Depois há aquela solução a que eu chamo o gato pardo, alguma coisa muda para que tudo fique na mesma. É o que vemos com Biden e a UE, que dizem que vão fortalecer os sistemas de saúde, vão voltar ao acordo ambiental de Paris, querem fazer a transição energética e digital. Pretendem fazer alguma coisa, mas muito timidamente. A Europa nem sequer conseguiu negociar as vacinas com as multinacionais farmacêuticas. Este é o paradigma do capitalismo mais inteligente.

Se ler os editoriais do Financial Times desde abril do ano passado, lê que é preciso haver um novo «contrato social» entre outras coisas, mas é evidente que não lhes passa pela cabeça alterar o capitalismo financeiro, nem sequer perdoar as dívidas contraídas pelos países mais pobres durante a pandemia. No meu entender, essa via não vai resolver o essencial. O terceiro cenário é a minha utopia, é o que penso que devíamos fazer. No último capítulo falo de como se pode fazer a transição. Se vamos viver numa pandemia intermitente, temos de mudar muita coisa em termos do paradigma social em que vivemos.

Fuente: https://www.wort.lu/pt/sociedade/boaventura-de-sousa-santos-o-v-rus-e-ca-tico-mas-n-o-e-democr-tico-606ea4e6de135b9236bb5c0b

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Dignidad y derechos humanos

Por: Leonardo Díaz

La justificación oficial de un reciente acribillamiento policial de ciudadanos, basado en una “confusión de identidades”.

El respeto a los derechos humanos se fundamenta en un supuesto básico: los seres humanos poseen una dignidad intrínseca por el mero hecho de ser personas.

El reconocimiento de este supuesto no está condicionado por el contexto social o cultural. Este es el motivo por el que prácticas que generan agravio, como la ablación o la violación, son condenables desde el punto ético, aunque dichas prácticas hayan estado arraigadas en tradiciones históricas o culturales.

El reconocimiento de la dignidad intrínseca de los seres humanos tampoco depende de la honorabilidad de los mismos. Si en una sociedad democrática moderna un ciudadano es declarado culpable de infringir una ley, recibe una pena que no implica la degradación de su condición humana, conservando las implicaciones legales y morales de su reconocimiento como persona.

Estos supuestos evidentes, verdades obvias en todo Estado de derecho moderno, no siempre lo son en una sociedad donde algunas veces se piensa que los derechos humanos están condicionados por la honorabilidad social, el estatus jurídico o las prácticas morales de la ciudadanía.

Es la razón por lo que en el imaginario popular dominicano resulta frecuente escuchar afirmaciones donde se estimulan prácticas arraigadas en nuestra historia política como: el maltrato físico, el abuso psicológico y la privación de las libertades civiles si se considera que la persona que sufre los daños “se lo merece” por haber violado la ley o por ser estigmatizado como un paria social.

El problema emerge de nuevo al ser testigos recientes de la incredulidad generada por la justificación oficial de un reciente acribillamiento policial de ciudadanos, basado en una “confusión de identidades”, sin que el supuesto mismo de la justificación haya sido cuestionado: la violación de los derechos humanos queda validada si quienes sufren la misma son sujetos de persecusión penal.

Tampoco se cuestiona muchas veces el “agravante” a una violación de los derechos humanos como supuestamente son: las creencias religiosas de las víctimas, o sus bondades personales. Como si la gravedad del desconocimiento a la dignidad de las personas dependiera de si la víctima es una persona religiosa o antirreligiosa; filántropa o misántropa.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/dignidad-y-derechos-humanos-8931637.html
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Montessori: la metodología donde el niño es protagonista

Por: Educación 3.0

La automotivación o dejar que el estudiante gestione el tiempo en cada tarea son algunas de las características del método Montessori. Nos lo explica International Montessori Institute, un centro de formación especializado en esta pedagogía.

En las escuelas Montessori no hay un maestro que enseña, sino un adulto que ayuda a los estudiantes a aprender a partir de su experiencia, con materiales idóneos y en el entorno adecuado. Se ofrece libertad para desarrollarse y aprender al ritmo individual, en un espacio estimulante y estructurado.

Estos son algunos de los principios de la propuesta pedagógica de María Montessori (1870-1952), basada en la observación científica de niños y niñas. ¿El objetivo? Ayudar al desarrollo de su potencial a partir de sus intereses y posibilidades. 

¿Qué diferencia al método Montessori de la educación convencional?

Montessori

En la pedagogía Montessori se priorizan las necesidades e intereses de los estudiantes, que aprenden a través del descubrimiento y la repetición de ejercicios hasta perfeccionarlos. Además, María Montessori aseguraba que el educador debe «seguir al niño», reconociendo las características del momento del desarrollo en que se encuentra y las diferencias individuales. Estas son algunas de las principales diferencias entre este método educativo y el convencional.

Automotivación: esta metodología busca la automotivación, la cual se consigue diseñando actividades y proponiendo materiales que despierten la curiosidad en el niño y le permitan experimentar la satisfacción del logro.

Grupos de edad: un aula Montessori suele estar organizada por grupos que abarcan hasta 3 años de diferencia. De esta forma, los estudiantes conviven con niños de diferentes edades y ritmos de aprendizaje aprendiendo de manera indirecta.

Enfoque: también se fomenta la colaboración entre compañeros. En el currículo de la etapa infantil se incluyen aprendizajes relacionados con la vida cotidiana, como los cuidados de uno mismo y del entorno, mientras que los contenidos en Primaria se presentan en forma interrelacionada favoreciendo el inicio de la comprensión del mundo y la sociedad.

El tiempo, en manos del niño: mientras que en la escuela tradicional existe un horario fijo donde cada materia se debe llevar a cabo en un tiempo determinado, en el método Montessori se respetan los lapsos de tiempo en que los estudiantes se enfocan en una actividad hasta concluir un ciclo.

Montessori

Un entorno adaptado: los niños y niñas necesitan adaptarse a su entorno, por lo que Montessori veía como fundamental construir un ambiente favorable, tanto físico como psicológico, para que sean capaces de darle sentido al mundo que les rodea. Ese entorno idóneo para su desarrollo se conoce como Ambiente Preparado, un espacio creado para fomentar el desarrollo motor, cognitivo, emocional y social con elementos que se seleccionan por motivos específicos y de acuerdo al nivel educativo.

El maestro como guía: el maestro se denomina guía, representa el papel de facilitador y responde a las necesidades de los niños para que logren desplegar todo su potencial. El conocimiento de las características de desarrollo en cada una de las etapas, la habilidad para observar, así como el dominio de los materiales y un cuidado esmerado hacia al ambiente preparado son fundamentales para que el guía comprenda y responda a las manifestaciones y necesidades del niño.

Por eso, es importante realizar la formación en un centro especializado, como International Montessori Institute, una institución de referencia. Para ello, ofrece todas las herramientas para convertirse en guía Montessori e implantar la pedagogía en las aulas por completo o poco a poco si es en entornos educativos tradicionales. La próxima formación para guía y asistente comienza el 4 de mayo. ¡Inscríbete aquí!

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/montessori-institute/

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Indignación

Por: Elisabeth De Puig 

Nos anima un conservadurismo ciego; sin embargo, promovemos la vulgaridad y la incultura. Negamos a las mujeres el derecho a su cuerpo, resistimos a la educación sexual en las escuelas y nos doblegamos frente al poder de las iglesias.

Todos y todas, al igual que el presidente de la República, estamos indignados por la muerte de la joven pareja cristiana de manos de la Policía. Indignados, pero no sorprendidos. La que nos mueve hoy es la misma vieja indignación que sentimos desde hace decenios frente a la violencia endémica de nuestro país y a la interminable lista de atropellos y desacatos de las autoridades encargadas de velar por nuestra seguridad.

Frente a estas situaciones, que son eslabones de una larga cadena de desafueros, cada presidente ha tenido su librito. El presidente Balaguer removía la mata como si la esencia misma de su gobierno fuera ajena a las arbitrariedades de la época. 

A partir de 2005, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) desarrolló el Plan Nacional de Seguridad Democrática con su gran apuesta Barrio Seguro. Para la ocasión se trajo una moderna y carísima flotilla de motores Harley Davidson para patrullar en sectores de vías angostas.

La incoherente respuesta no funcionó. La vigilancia barrial siguió con motores tradicionales conocidos como “saltamontes”. De acuerdo a las estadísticas, durante el periodo 2004 a 2012 la tasa de violencia fue más alta que en los demás años.

En 2013 el presidente Danilo Medina puso en marcha el Plan Nacional de Seguridad Ciudadana, con el componente de prevención Vivir Tranquilo, y en 2018 se creó la Comisión Nacional de Seguridad Interior con la tarea de crear la estrategia nacional de seguridad ciudadana, que no se implementó. 

En el pasado proceso electoral la seguridad ciudadana fue una de las grandes promesas de campaña. Se insistió en el mejoramiento de las condiciones salariales de los agentes y en el entrenamiento del cuerpo policial. 

Hace poco se anunció la primera fase de la Estrategia Integral de Seguridad Ciudadana. Según lo dado a conocer el plan se concentrará en la política criminal, la seguridad ciudadana y la seguridad nacional.

Como medidas de impacto se informó que se comprarían armas detentadas ilegalmente por particulares, se obligaría a los motoristas a llevar chalecos numerados, se reforzaría la lucha contra la violencia intrafamiliar y se crearía  una “nueva cultura policial”. 

Me da la impresión que el ciudadano de a pie no le ha prestado mucha atención al nuevo plan. Siento que, después de tantas decepciones, se extiende el escepticismo: la gente se siente chiva con cualquier nuevo anuncio o intento de modernización de la Policía. Lo que el pueblo conoce y vive es la ratería, la violencia intrafamiliar, la violencia de la calle, la violencia de la Policía y la violencia de la pobreza.  

Los planes de seguridad ciudadana ambiciosos, integrales, multisectoriales van y vienen, tienen aspectos que funcionan mejor que otros. Incluso se ha tratado de aplicar planes que han funcionado bien en otros países y que, sin embargo, aquí han chocado contra la pared de nuestra realidad y la larga cadena de corrupción y atropellos policiales.

Ni la modernización del modo de vida de amplios sectores de la población, ni el desarrollo turístico, ni los cambios de gobierno han podido poner un freno a una violencia estructural soterrada y endémica, consustancial a la sociedad dominicana de la cual nuestra policía es solamente un reflejo.

La institución policial está hecha a la imagen y semejanza de nuestra sociedad, una sociedad cada vez más fraccionada entre los de arriba y los de abajo.

Es una institución piramidal: los altos mandos se hacen rápidamente millonarios, les siguen los del medio que entran en un sistema de peajes estimulados por los de arriba, que reciben su tajada, y por los mismos ciudadanos que mojan para poder seguir con las actividades delictivas con las que compensan salarios paupérrimos, o simplemente para que los dejen tranquilos.

Abajo, encontramos los recién reclutados, muchas veces con un escaso nivel de instrucción, entrados en las filas de la institución sin filtros reales, muchos de ellos víctimas de la violencia intrafamiliar, provenientes de familias disfuncionales sin modelos de referencia positivo, pero de repente dotados de un arma y a quienes se les pide mano dura en contra del crimen. 

En todo conglomerado humano hay un sistema de dominación social y política que tiende a reproducirse y se expresa en todos los aspectos de la vida social. Quizás valga la imagen del sancocho para ilustrar la República Dominicana de hoy que se compone de una mezcla de elementos variados imbricados unos con otros.

Estamos montados en el tren de la modernidad y de la virtualidad, hablándole un lenguaje del siglo XXI a una población que maneja un escaso vocabulario. Hablamos de empleos de calidad con una lógica económica basada en los bajos salarios. 

Nos anima un conservadurismo ciego; sin embargo, promovemos la vulgaridad y la incultura. Negamos a las mujeres el derecho a su cuerpo, resistimos a la educacion sexual en las escuelas y nos doblegamos frente al poder de las iglesias. No podemos, en la era de la comunicación, predicar la modernidad por un lado y actuar con formas propias del paleolítico por el otro.

Debemos preguntarnos si no es nuestra organización social la que genera las formas de delito que nos indignan. Las diversas redes de tráfico son hoy en día fuentes de enriquecimiento para muchos, hay sectores de poder que las protegen y en ellas participan oficiales y agentes que están supuestos a combatir el delito.

El presidente pidió perdón públicamente y el ministro de Interior y Policía fue personalmente a darles el pésame a los familiares de las víctimas de Villa Altagracia. Estos gestos, como las sanciones, tienen mucho valor. Pero lo fundamental es ir a las raíces del patrón de abusos de la autoridad pública. 

De la misma manera que hay que hacer hincapié en la selección y el entrenamiento de los oficiales y agentes del orden público y en la dignificación de su trabajo, hay que dedicar cuantiosos recursos en la prevención de la violencia social y en la salud psicoemocional de nuestra gente. Entre ella, las fuerzas del orden que salen de las mismas entrañas del pueblo deben estar en la primera fila y más en tiempo de pandemia que exacerba los conflictos.  

Para esto último hay que actuar en la sociedad como conjunto. No podremos cambiar la Policía si no cambiamos la sociedad al mismo tiempo, superando sus injusticias más lacerantes, su corrupción y sus abusos más significativos.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/indignacion-3-8931032.html

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Venezuela – El desafío de Alternativa Popular Revolucionaria.

Por: Luis Bonilla Molina

Introducción

En el año 2020, en medio de la pandemia del COVID-19, se realizaron en Venezuela elecciones para renovar los curules de la Asamblea Nacional. Estas elecciones se efectuaron en medio de unas condiciones materiales especialmente difíciles. Por un lado, las criminales medidas coercitivas sobre el comercio internacional venezolano afectaron todos los ámbitos de la vida nacional, generando un deterioro sin precedentes en las condiciones de vida de la clase trabajadora. Por otro lado, la pérdida de calidad revolucionaria de las políticas públicas entraban abiertamente en contraste con las exigencias populares; salarios por debajo de los cinco dólares mensuales, suspensión de los procesos de contratación colectiva, hiperinflación de más de cuatro dígitos, mega devaluación de la moneda nacional, explosión del proceso migratorio por razones económicas, deterioro significativo de los servicios públicos, eran solo algunos de los elementos que determinaban la vida de obreros, empleados públicos y trabajadores informales.

Paradójicamente, las protestas populares declinaron en medio de una creciente deriva autoritaria del gobierno, soportada en una narrativa de unidad nacional para enfrentar la agresión imperialista. Se vivía un capítulo oscuro en el proceso bolivariano ante la detención y enjuiciamiento de dirigentes obreros, muchos de ellos con una larga tradición clasista. La criminalización de la disidencia le robaba el aroma libertario del proceso constituyente de 1999, algo que había tenido antecedentes durante estos veinte años, pero nunca de estas dimensiones.

Esto tenía un correlato en las relaciones entre los partidos del llamado Gran Polo Patriótico (GPP). El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), organización creada por Hugo Chávez, siempre había mantenido una relación tensa con los restantes partidos políticos del GPP, que se había resuelto casi siempre con acuerdos burocráticos para preservar la unidad. Sin embargo, desde el año 2018 las relaciones al interior del GPP se habían tornado especialmente tensas, debido a las crecientes exigencias de las bases de los partidos políticos de esta alianza (alternativa), para una vuelta a la ruta socialista, revolucionaria y popular del proceso bolivariano y, el abandono del giro de conciliación de clases, así como el freno a la creciente dependencia con las políticas imperiales rusa y china. La falta de diálogo constructivo aceleró el distanciamiento y creó las condiciones para el surgimiento de dos bloques dentro del proceso bolivariano.

Esto no niega la existencia de movimiento social que pugna por zafarse de la polarización ni la existencia efímera de opciones políticas que llaman a conformar un tercer polo. Ciertamente hay una nueva situación política dentro del campo chavista desde el año 2020.

La nueva situación política venezolana demanda una discusión profunda de la izquierda latinoamericana y mundial, que permita actuar como factores de unidad revolucionaria que impulsen el retomar el camino constituyente, la ruta anticapitalista y tomen distancia del neoliberalismo con discurso progresista. No es momento de discursos que justifiquen ni la claudicación de clases ni el aventurerismo ultra izquierdista.

2. Mapa de actores

Se suele hacer política desde los intereses subalternos, las vísceras o las ideas perfectas descontextualizadas de la realidad. Por ello nos parece importante hacer un inventario de las tensiones en proceso bolivariano para poder entender porque surge la Alternativa Popular Revolucionaria (APR) y porque se considera que es el polo progresivo actual. Las correlaciones de fuerza y alineamientos han variado de manera sensible durante los últimos dos años. Por ello, urge una revisión y valoración actualizada de los actores políticos para ver las posibilidades reales de una resignficación del proceso Bolivariano o el terrible posicionamiento de nuevas variantes neoliberales.

Las derechas

En Venezuela las derechas han pasado de ser proyectos políticos vinculados a la agenda neoliberal, a convertirse bien en simples operadores de los dictados del imperio norteamericano y las naciones imperialistas europeas o, en sectores pragmáticos que sobreviven de las dádivas del gobierno venezolano a la espera de que surja una “nueva situación política”.

Los partidos políticos de derecha han perdido toda conexión con el movimiento de masas y tienen una limitada capacidad de movilización circunscrita a centenares de militantes altamente ideologizados, sectarios y confrontados entre sí.

Los cuatro bloques de la derecha están liderados por Juan Guaido, Capriles Radonski, Henry Ramos Allup y María Corina Machado, están estructuralmente divididos por el oscuro manejo del financiamiento obtenido del Grupo de Lima y el asalto a las finanzas petroleras venezolanas en el exterior.

La judicialización y colocación de directivas Ad Hoc por parte del Tribunal Supremo de Justicia ha dejado a los partidos políticos Acción Democrática, Primero justicia y Voluntad Popular en una situación de ilegalidad que les genera mayor dispersión e incapacidad de actuación en el terreno de la acción política.

Surge una nueva derecha dependiente del ejecutivo nacional, con representación en el parlamento, que contribuye a la confusión y el desánimo de las bases de ese sector. El gobierno de Maduro ha logrado limitar a su mínima expresión a la derecha política, quien asfixiada solo le queda apelar a una resolución de la situación venezolana mediante invasión imperialista foránea o una operación militar relámpago. En ese sentido, los restos de la derecha venezolana se convierten en un sector que está en la mira de opciones proclives al aventurerismo militar.

Por supuesto que esto no descarta cualquier modelo de reagrupamiento político que reconecte a la derecha con alguna capacidad de movilización real, pero eso no se ve claramente en el futuro inmediato.

El PSUV y el GPP

El PSUV nunca ha sido un partido político en los términos clásicos. Ha sido más bien una maquinaria política del gobierno, tanto en el periodo de Chávez como en el de Maduro. A pesar que realiza sus congresos y elige sus autoridades por procedimientos sui generis, en realidad el PSUV es una maquinaria electoral, para la organización de la agenda social gubernamental y de control del movimiento social.

Sin embargo, el PSUV es el partido más grande de Venezuela con una base social popular muy importante, algo que le falta al esto de organizaciones. Ha logrado construir un tejido social alrededor de las premisas de la agenda social bolivariana inicial y de unidad contra la intervención norteamericana. No obstante, su militancia ha desarrollado una cultura de postergar la crítica a la burocratización y la deriva neoliberal en tanto se mantenga la amenaza norteamericana. Esto lo ha llevado a desarrollar los cimientos de un policlasismo que no tenía en sus orígenes.

El PSUV ha expresado los equilibrios internos del gobierno, tanto en el pasado como en el presente. La visión de Chávez sobre las características de la alianza cívico-militar determinaron su composición durante años y, en el nuevo periodo de la alianza militar-cívica de Maduro ha construido nuevos equilibrios que dejaron por fuera a actores que no tenían tras de sí influencia real o no compartían el giro de conciliación de clases. El PSUV pasó de una lógica de estructuración donde el centro era Chávez, a un modelo de correlaciones contingentes al estilo del sindicalismo burocrático latinoamericano.

Muchos de los partidos políticos del GPP tienen origen en el proceso Bolivariano, ya sea por rupturas previas o por organización durante el periodo chavista; sin embargo, otros como el Partido Comunista de Venezuela tienen una larga tradición, desde las primeras décadas del siglo XX, así como la experiencia del MRT o los Tupamaros se remonta a los ochenta de ese mismo siglo. El Partido Patria para Todos (PPT) viene de una ruptura con la Causa R precisamente en torno al apoyo a Chávez, mientras que partidos como el de Lina Ron o Nuevo Camino Revolucionario (NCR) se conformaron en medio del proceso Bolivariano. La lógica de funcionamiento de estos partidos, mucho más orgánica, aunque no siempre más democrática, distaba mucho del funcionamiento del PSUV. En consecuencia, nunca se lograron armonizar los mecanismos de funcionamiento y toma de decisiones del GPP; sin embargo, siempre se mantuvo la unidad por razones ideológicas y por el pragmatismo burocrático.

Mientras el PSUV está dirigido fundamentalmente por funcionarios públicos, ymilitantes vinculados a dinámicas gubernamentales, la presión popular de las bases por la rectificación del rumbo gubernamental de los últimos seis años ocurre allí en menor medida respecto a lo que ocurre en el PPT, PCV o Tupamaros; algunos opinan que es silenciada mediante el desarrollo de métodos poco democráticos de debate. La intensidad de las contradicciones por abajo respecto al giro político impuesto por la actual dirección política del proceso bolivariano, presiona de manera desigual a los distintos partidos del GPP.

La dramática situación del mundo del trabajo es resultante de la mayor de las hiperinflaciones conocida en el continente, que ha llevado a emitir billetes de medio millón y un millón de bolívares, así como a la incomparable devaluación de la moneda nacional respecto a otro momento histórico de la República, que se expresa en el hecho que hoy un dólar cueste más de dos millones de bolívares. Mientras esto ocurre, el salario mensual de un trabajador no logra alcanzar los diez dólares lanzando a la pobreza extrema a millones de personas en solo unos años. Todo ello genera una dinámica de cuestionamientos y distanciamientos sin precedentes de los sectores populares con la actual administración gubernamental. Esta presión por debajo logró ser contenida por las direcciones políticas del PPT, PCV, Tupamaros, entre otros en el periodo 2014-2018, pero se hizo insostenible entre el 2018-2020. El acuerdo firmado entre el PCV y el PSUV en 2018 en el cual el gobierno se comprometía a detener y retroceder en las medidas restauradoras que había implementado, resultó imposible de concretar por la agenda de restauración que adelanta el ejecutivo.

Por ello, los acuerdos de reparto de cargos para la asamblea Nacional del 2020 resultaban insuficientes para evitar un dislocamiento de estos partidos. El PCV, PPT, Tupamaros y otras organizaciones dentro y fuera del polo patriótico se van aproximando para la conformación de una alianza electoral social para las elecciones parlamentarias del 2020 que expresara las aspiraciones de sus bases. Esto generó la judicialización e intervención de las directivas y representación de partidos como el PPT, Tupamaros y otros, algo que no se pudo hacer con el PCV.

En la práctica el GPP está desaparecido como órgano de unidad y concertación; su existencia se limita a la formalidad de la conducción del PSUV y las representaciones ad hoc de franquicias vacías.

La APR

La decisión de conformar la Alternativa Popular Revolucionaria como un ensayo electoral unitario sin el PSUV, que fuera incluso más allá de la contienda parlamentaria, catapulta la crisis del GPP. A pesar de la judicialización de muchos partidos, la Alternativa Popular Revolucionaria continúa con candidatos de varias organizaciones, eso sí expresadas solo con la tarjeta del PCV, pero con el apoyo militante de las bases de los partidos intervenidos.

En unas elecciones tan particulares como las del 2020, realizadas en medio de la pandemia, el auge de las sanciones económicas internacionales, la política entre dos aguas del gobierno y la terrible crisis material de la clase trabajadora, la motivación para ir a votar era muy baja, aunque sorprendieron los números de votantes que concurrieron, según los anuncios finales hechos por el Consejo Nacional Electoral. Los resultados mostraron como se imponía, con más del 70%, la alianza del PSUV, mientras, queda en la calle la sensación era que la APR obtuvo más votos de los que aparecieron en el conteo final.

El Bloque oficial conformado por el PSUV, Tupamaro (intervenido), PPT (intervenido), Somos Venezuela, Podemos, MEP (dirección resultante de un litigio), Alianza para el Cambio y ORA obtuvo 68% de los votos, mientras los viejos partidos burgueses de AD-COPEI ahora con directivas cercanas al gobierno obtuvieron cerca del 20% de los votos. La APR con la única tarjeta válida del PCV obtuvo un solo escaño, alrededor del 3% de los votos, no obstante, logro motivar al llamado chavismo revolucionario disidente, una parte importante del mismo voto por la APR.

El precario resultado electoral de la APR desaceleró el proceso unitario y eclipsó parcialmente la potencia del agrupamiento por debajo que había generado en un primer momento. Desde diciembre de 2020 y hasta la fecha de escribir este artículo, la APR no recuperó la iniciativa y lo que si fue evidente fue un relanzamiento del PCV, no siempre con propaganda unitaria, sino fundamentalmente referenciada en su auto percepción de partido de la clase trabajadora.

Sin embargo, voceros del PCV y el PPT como Oscar Figueras y el Negro Rafael Uzcategui respectivamente, señalaron esta semana, que en abril se lanzará la convocatoria al Congreso Fundacional de la APR previsto para Julio de 2021, en una fecha en la cual justamente se calientan motores para una nueva contienda electoral local y regional.

La convocatoria al Congreso fundacional de la APR tiene el desafío de decidir si es una simple alianza de partidos con fines electorales, o se convierte en una plataforma amplia del movimiento social, individualidades, partidos políticos y agrupaciones políticas con actividad más allá de los límites de la democracia parlamentaria. Solo en este último caso se puede convertir en un factor dinamizador del espíritu revolucionario del proceso Bolivariano y los distintos factores del chavismo de base.

La APR es el factor más progresivo en la actual circunstancia del país, por lo cual resulta fundamental participar ampliamente en los debates de su congreso fundacional, las definiciones tácticas y su estrategia centrada en los intereses del mundo del trabajo contra el capital. Ello demanda romper con las definiciones panfletarias que lejos de sumar alejan a los sectores más progresista.

La APR tendría a mi juicio que abrir un debate sobre el ocaso del modelo petrolero mundial y su impacto en una economía alternativa nacional, la crisis ecológica y su expresión en la realidad nacional, la ofensiva neoliberal sobre la educación con expresiones muy concretas de neo privatización y estratificación social que vivimos a nivel mundial en el año 2020, la estrategia feminista y anti patriarcal, la problemática migratoria y el necesario regreso de millones de nacionales lo cual pasa por la recuperación de la economía nacional, entre otras agendas. La APR tiene que superar la propaganda ideológica y entrar en definiciones estructurales anticapitalistas contextualizadas en la realidad de la tercera década del siglo XXI.

La izquierda venezolana esta envejecida, con crisis de identidad rebelde y con grados de Alzheimer. La convocatoria a este Congreso Fundacional de la APR debe servir para relanzar la esperanza y la ilusión socialista y para retomar el camino anticapitalista por parte de amplios sectores del movimiento social. La revolución bolivariana no está muerta, la APR reúne lo mejor de los sueños insumisos del 27 de febrero de 1989.

El movimiento social

La tradición de una parte importante de la izquierda, considera al partido (su partido) como la síntesis de la verdad revolucionaria y ve al movimiento social como el frente de masas. Esto se ha materializado en prácticas de cooptación y pérdida de la autonomía del movimiento obrero y social en general.

En el caso de Venezuela esta tradición ha impedido, entre otros factores, construir una potente y revolucionaria coordinación de movimientos sociales, ni una confederación campesina o central de trabajadores clasista. La experiencia apunta a la construcción de un fuerte movimiento social autónomo en diálogo permanente con las representaciones políticas, pero no subordinada a su lógica de negociación y coaptación.

La Central Socialista Bolivariana de Trabajadores (CSBT) ha devenido en un enorme aparato burocrático de contención y control de luchas, en las antípodas de lo que sería un epicentro del combate y trabajo contra la lógica del capital en el mundo del trabajo.

Sin embargo, nada es solo blanco y negro. Así como al interior de la CSBT subsisten corrientes clasistas minoritarias y arrinconadas, en la calle están surgiendo importantes tejidos de insurgencia. El movimiento comunal, especialmente el larense, es muestra de ello, así como el incipiente movimiento magisterial de base. Las feministas de izquierda comienzan a mostrar un camino autónomo del movimiento anti patriarcal, así como el trabajo comunal en las grandes ciudades.

En la actualidad se gesta de manera subrepticia un movimiento que elude los aparatos de control del gobierno, desarrollando dinámicas de solidaridad y resistencia que hacen pensar en el emerger de un potente movimiento social en el mediano plazo.

Solo una parte de este movimiento social emergente está vinculado actualmente a la APR por lo cual resulta incierta su articulación real a esta nueva estructura. Seguramente ello dependerá de la amplitud y estilos de trabajo sobre los cuales se construyan los puentes entre uno y otro.

La inmensa mayoría del movimiento social actual es de izquierdas, ya que el movimiento estudiantil de derechas se ha visto muy golpeado por las dinámicas migratorias de los últimos años.

FANB

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana constituye hoy el sector organizado hegemónico del proceso bolivariano. No existe asunto gubernamental en el cual la presencia militar no sea determinante. Esto constituye una fortaleza indudable para contener e impedir los intentos de agresión militar imperialista, a pesar que la estrategia militar Bolivariana de resistencia no ha logrado romper con la lógica cuartelaría ni entrado en un proceso constituyente en la toma de decisión. El sostenimiento de la clásica estructura jerárquica alimenta la visión autoritaria sobre la disidencia y la crítica.

Por otra parte, el discurso militar que justifica la alianza con China y Rusia, como parte del proceso de contención del imperialismo se convierte en una pérdida de soberanía y frena la radicalización del proceso, al no desarrollar las Fuerzas Armadas una estrategia de resistencia basada en el armamento popular y la disolución de los cuarteles en los barrios y comunidades.

Mientras los mandos medios y bases militares sufren los estragos de la actual situación material, la estructura jerárquica y disciplinar más vinculada a los beneficios de la burocracia, se convierte a su vez en un elemento para garantizar la unidad de mando.Venezuela804 dos

El protagonismo creciente de los militares y el giro hacia la alianza militar-civil, alimenta la visión corporativa de lo político y se convierte en un elemento que pareciera ser determinante en los próximos meses y años. La contradicción fundamental en este campo viene determinada por el origen popular de los mandos militares y las posibilidades rápidas de ascenso social que derivan del ejercicio del poder, en un Estado como el venezolano que sigue siendo burgués.

Sin embargo, la politización de las Fuerzas Armadas es un salto cualitativo históricamente hablando, que obliga a cualquier iniciativa política a contar con una línea de diálogo y trabajo con el sector militar.

Los ex funcionarios críticos

La prensa burguesa y sectores de la izquierda internacional han dado una exagerada visibilidad a la disidencia de antiguos altos funcionarios del gobierno bolivariano, habidas cuenta de su casi nula incidencia en lo social y lo súper estructural. Como es conocido con la llegada al poder de Nicolás Maduro, luego de la muerte de Hugo Chávez, se produce un desplazamiento de un sector de altos funcionarios que se habían convertido en caras conocidas por las rotaciones que habían tenido en múltiples cargos de alto nivel.

Algunos de ellos representaban el espíritu unitario inicial del proceso revolucionario, mientras otros formaban parte de la lista de empleados quienes jugaron un papel conservador en distintos momentos. Algunos de ellos se unieron a las voces de cuestionamiento y satanización al debate que en año 2009 se dio en el Centro Internacional Miranda sobre las luces y sombras del proceso Bolivariano y contra el híper liderazgo y ahora se presentan como paladines del pensamiento crítico. Otros en cambio que estuvieron en estas jornadas de crítica a la burocratización del proceso bolivariano forman parte de la disidencia de ex funcionarios gubernamentales claramente comprometidos con el proyecto bolivariano inicial. La inmensa mayoría son honestos y éticamente incuestionables, abiertamente diferenciados de quienes son ahora críticos porque perdieron la conexión con los negocios del estado, especialmente del sector petrolero.

Sin embargo, la verdad es que estos ex funcionarios tienen poca o nula capacidad de conexión con el movimiento social concreto. Por lo tanto, su accionar tiene una limitada incidencia en la construcción de correlaciones de fuerzas alternativas, salvo que se produzca una aproximación con el proceso de la APR; de hecho, algunos de ellos llamaron a votar por la APR en diciembre de 2020.

Los emigrantes

Quizá el sector que menos se suele valorar a la hora de hacer análisis y que puede ser determinante en el giro de los acontecimientos es el de los y las emigrantes, aquellos cientos de miles de nacionales que se han visto forzados a partir del país producto de la situación económica y el deterioro de las condiciones materiales de vida. Mientras la oposición habla de seis millones y el gobierno de dos millones lo cierto es que casi no existe un hogar del país que no cuente entre sus miembros a varios que hayan partido, sobre todo población joven.

Venezuela no tiene cultura de ver partir a los hijos en busca de sobrevivencia, cosa que muy pocas veces se logra, disparando las angustias y la rabia contra los factores que consideran desencadenantes de esta situación.Venezuela804 cuatro

Algunos regresan derrotados, para planear una nueva partida, la inmensa mayoría sobrevive fuera en condiciones peores que las de la clase trabajadora de esos países. Aún la izquierda latinoamericana no ha desarrollado una amplia campaña de solidaridad y acompañamiento a la migración venezolana lo cual contribuye a su derechización. El discurso de traidores para aquellos que se marchan en busca de salarios que les permitan cubrir sus necesidades básicas ha impactado en distintos niveles a la izquierda regional que no termina de entender lo que está ocurriendo en Venezuela.

En un país de aproximadamente 32 millones de habitantes y de seis millones de hogares, hablar de una cifra promedio de cuatro millones de migrantes implica referirse a un impacto directo en el imaginario y la conciencia política de más de la mitad de las familias del país.

Desde el proceso bolivariano no se ha construido un discurso que dé cuenta de una perspectiva revolucionaria del fenómeno. La migración puede convertirse en el campo de cultivo para la construcción de un discurso de derechas y base social para proyectos autoritarios en el corto plazo. Por ello, urge no solo abrir un debate al respecto sino el desarrollo de una campaña permanente de la izquierda latinoamericana para acompañar el respeto de los derechos y la inserción laboral de los migrantes venezolanos en los distintos países; esto jóvenes requieren llegar a la conciencia de clase desde el vínculo con sus luchas y no solo por el discurso.

Los sectores despolarizados y los despolitizados

Lo que ha crecido desde la crisis que se abre en el año 2014 con la caída de los precios del petróleo, la parálisis de la perspectiva revolucionaria del proceso y el ciclo restaurador, es la despolitización. Millones de nacionales comienzan a ver, como a finales de los ochenta y los noventa, a la política como un problema y no como una solución. La vuelta soterrada a la anti política se traduce en despolarización silenciosa, algo que puede eclosionar en cualquier momento, orientando el cambio en cualquier dirección.

La anti política tiene varios rostros, desde el asumir formalmente alguna narrativa para sobrevivir, hasta el hastío y refugio en nuevas formas de competencia desde abajo. Despolitización que actúa como un “sálvese quien pueda” que amenaza con eclipsar lo que se había avanzado las dos últimas décadas en tejido social solidario.

En un país donde el movimiento social es muy débil y fragmentado, donde la izquierda es superestructural y no ha logrado fusionarse con el movimiento de masas, la despolitización se convierte en el preludio de la búsqueda colectiva de nuevos caudillismos, incluso ubicados en las antípodas de lo que ha sido el actual liderazgo.

Romper con esta nueva despolitización desde la izquierda pasa por reconstruirse como organizaciones no solo desde la lógica militante sino fundamentalmente desde el movimiento social. No se trata de una reedición del moviementismo, sino de desarrollar la propuesta según la cual cada militante forme parte de una práctica social en curso, no como enclave sino como parte activa. Ello implica la superación de viejos arquetipos partidarios y la lógica de frentes de masas, algo que es más difícil decirlo que hacerlo.

La ultraizquierda

La ultra izquierda es terriblemente minoritaria, súper estructural y con limitada capacidad de autogestión. La izquierda radical que venía de una fuerte diáspora en los ochenta y los noventa del siglo XX, fue incapaz de aprovechar la situación revolucionaria abierta en 1998 para construir organización, tejido social, prensa y medios de comunicación alternativa.

La influencia de la ultra izquierda en gremios y sindicatos es muy débil, prácticamente inexistente en el movimiento indígena y campesino y recién aprendiendo del movimiento ecológico y feminista.

Salvo las excepciones de aporrea.org (2002-2021), otrasvoceseneducacion.org (2016-2021) e insisto-resisto (2021) no existen páginas web con capacidad de generar contenidos propios y expresar un movimiento concreto. Aún estas experiencias son muy limitadas en su radio de influencia.

Marea Socialista, PSL y LUCHAS, entre otros factores de ultra izquierda son muy débiles y fraccionadas. Otras izquierdas de tradición guevarista o nacional popular están en las mismas condiciones.

La posición de la ultra izquierda sobre la APR será fundamental para salir de su aislamiento y fraccionamiento, pero aún no está claro cuál será la posición de la mayoría de ellas. Solo LUCHAS ha expresado públicamente su intención de ser parte de la APR

La clase trabajadora

La situación de la clase trabajadora es dramática ya que no ha logrado construir un polo autónomo de referencia. Actualmente la clase trabajadora está en la peor situación desde las luchas de los años treinta del siglo XX, carente de organizaciones clasistas y con un marco institucional cada vez más cerrado. Las prácticas autoritarias, de judicialización y represión al sindicalismo clasista que se instrumentan desde el Ministerio del Trabajo, dificultan los esfuerzos de organización autónoma. A pesar de la destrucción del salario real y en las peores condiciones de trabajo imaginables, el movimiento de los y las trabajadoras no ha irrumpido aún en el escenario político.

Sin embargo, escamoteos, intentos aislados (petroleros, salud, magisterio, zona del hierro), un movimiento subterráneo de organización en curso, pudieran revertir esta situación. La lucha por un salario mínimo de 300 dólares mensuales, derecho a la sindicalización autónoma, la negociación colectiva, el fuero y la libertad sindical pueden contribuir a la activación del movimiento obrero. Sin embargo, una combinación de miedo y resignación a la situación de sobrevivencia hacen difícil esta tarea.Venezuela804 tres

3. El autismo político de una parte importante de la izquierda latinoamericana

Mientras esto ocurre se produce un deslave de los apoyos al gobierno bolivariano. Factores de izquierda anticapitalista que hasta hace poco daban un apoyo a la revolución bolivariana comienzan a distanciarse y conectarse con las nuevas formas de resistencia. Lo importante es que muchas de estas simpatías encuentran en la APR un vínculo de trabajo político, por lo cual se mantiene apoyo al proceso revolucionario bolivariano.

No obstante, persiste una izquierda acrítica que ha decidido acompañar todo lo que haga el gobierno, sin tomar en cuenta su impacto sobre el mundo del trabajo. Esta izquierda sin conexión con lo que ocurre en Venezuela, podría contribuir mucho más si mantuviera un apoyo a las luces y una crítica a las crecientes sombras de la acción gubernamental. Incluso así podría contribuir a la construcción de un frente revolucionario latinoamericano de cuestionamiento a las medidas coercitivas del imperialismo norteamericano, los imperialismos europeos y el grupo de Lima, que recorra el camino del acompañamiento a la profundización anticapitalista del proceso revolucionario venezolano.

El trabajo de la APR a nivel internacional se convierte clave en este sentido y ello demanda una política internacional de la APR que dé cuenta de la pluralidad de izquierdas que acompañan esta iniciativa. La mayor amplitud en la unidad de acción permitirá fortalecer nacional e internacionalmente a la APR como factor dinamizador del proceso revolucionario bolivariano. Allí el mayor desafío lo tiene el PCV, quien debe construir una lógica amplia de convergencia y derrotar los fantasmas del sectarismo.

4. La Alternativa Popular Revolucionaria (APR) en el escenario post electoral y la convocatoria a su Congreso Fundacional

La APR tiene una gran responsabilidad y posibilidad de convertirse en una opción revolucionaria plural, anticapitalista y revolucionaria de nuevo tipo. Pero dada la correlación de fuerzas que hemos expresado en el análisis de actores, esta no puede ser una organización contra el madurismo y sus claudicaciones, sino para empujar al chavismo de conjunto a la radicalización revolucionaria. En ese sentido debe tener la capacidad de superar la tentación de la política visceral y recuperar el horizonte estratégico. La APR puede generar una despolarización revolucionaria de la situación política venezolana.

Sin embargo, al PSUV no le conviene esta ruptura de la despolarización e intentará colocarle todos los obstáculos. Esta realidad “cantada de antemano” no puede conducir a la APR a centrarse en la mera confrontación al Madurismo olvidando la construcción unitaria en los territorios. La tarea central de la APR es trabajar por la unidad del campo Bolivariano. Unidad no romántica sino en pos de una agenda realmente anticapitalista

Por ello, la lucha contra las sanciones imperialistas y el bloqueo económico debe ser centrales en la recomposición de la unidad. No obstante, esto no implica ceder un ápice a la crítica contra la burocratización, la conciliación de clases y el autoritarismo contra los sectores populares y revolucionarios que actualmente adelante el gobierno. Eso sí construyendo organizaciones, mecanismos y lógicas de independencia de clase. Se trata de una tarea para nada fácil, en la actual coyuntura de la lucha de clases.

5. Retomar el camino de la organización autónoma del movimiento social y la izquierda anticapitalista

La tarea central de la APR es la de acumular fuerzas, en una correlación de fuerzas tan compleja como la que describimos. No se acumula fuerzas con la conciliación, pero tampoco con el enfrentamiento estéril. Cada lucha, cada escenario debe ser construido con una propuesta clara pero también con una construcción sostenida en cada territorio.

Para concluir es necesario insistir en la tarea de convertir a cada militante anticapitalista en un artífice de nuevas experiencias de organización popular, comunitaria, de trabajadores y trabajadoras, feminista, ecológica. Ello pasa por reconstruir la cultura política de la izquierda venezolana

La APR no puede ser una suma de letras, eslogan ni personalidades sino la convergencia de organización de las resistencias anticapitalistas en la actual coyuntura. Si lo logra se estará salvando el futuro de la revolución Bolivariana.

Un desafío solo posible entenderlo y emprenderlo en clave anticapitalista del siglo XXI.

Fuente e Imagen: https://correspondenciadeprensa.com/?p=17991

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La sal y pimienta de los libros de la @SEP_mx

Por: Anel Guadalupe Montero Díaz

En portugués, a los patrones de tejido se les dice “recetas”.

Sin embargo, las personas pueden tejer, coser, construir y cocinar sin necesidad de ambas, pues los patrones y las recetas son secundarios a las faenas o labores humanas ¿cómo aprendemos a hacer? Pues, justamente haciendo, como lo descubrió John Dewey con su propuesta “learning by doing”. También lo sabía mamá Pina, cuando nos decía a todas sus nietas mientras aprendíamos a cocinar: “ahí tantéenle. No estén atenidas a las medidas”, por lo que antes de saber de litros, onzas y medidas, aprendimos a establecer correlaciones con base en la proporción: “tantos” “pizcas”, “cuartillas” y probando la sal después del primer hervor y “corrigiendo” el sazón antes del último.

Como todo quehacer humano, lo más importante es hacerlo. Grandes tejedoras han hecho obras de arte con sus dedos como instrumento principal, sin técnicas y herramientas consideradas “indispensables” por el marketing y la vendimia hoy en día. Igual que Los Beatles, Kurt Cobain, Jimmy Hendrix o Michael Jackson reconocieron públicamente que no sabían leer música, su secreto era componer “de oído”. También Saramago acostumbraba escribir “de trenecito”, cuestión fácilmente arreglada por su secretaria y su corrector de estilo, porque lo importante era lo que tenía que decir, la profundidad de sus ideas y la relevancia de sus argumentos. 

En Educación Básica, desde el Plan 93´el énfasis está en las prácticas sociales del lenguaje. Es decir, primero está el saber hacer. El lenguaje o metalenguaje viene después y este planteamiento tenía una correlación exquisita con los libros de texto, icónicos y atemporales.

No fue cosa menor que docentes, alumnos y padres de familia nos apropiáramos de “los libros del perrito” e hiciéramos nuestra la desventura de “Paco el Chato”. No sucedió de la noche a la mañana, pero parece ser que nadie se ha tomado el tiempo de analizar las condiciones en las que se logró tal proeza.

Chepina Peralta, igual que los creadores del plan 93´, logró una hazaña tan memorable como la anterior: expertas y amateurs veían su programa para tomar nota de sus recetas, porque querían saber, aprender, otras formas de hacer, crear y alimentar a la familia. Mamá Pina nos pedía a sus nietas que escribiéramos todo para luego ponerlo en práctica. Fue la primera vez que vi a mi abu utilizar una báscula de cocina, tazas y cucharas medidoras y aventurarse a comprar ollas no convencionales. Algo tenía doña Chepina, porque una buena cocinera, siempre reconoce a otra, según abu.

El secreto está en el sazón

En la cocina, lo que diferencia a una cocinera de otra, es el sazón. Un plan de estudios con sus correspondientes programas se debería medir por la apropiación cultural que es capaz de lograr en alumnos, maestros y padres de familia, cuestión que desde el plan 93´ningún gobierno ha sido capaz de lograr y este parece no ser la excepción, salvo que el trabajo de elaborar un panfleto disfrazado de libro de texto lo quiere gratis, demeritando el esfuerzo de todos los participantes a costa de los sueldazos de la alta burocracia de los mismos de siempre.

La intuición que se despierta en la cocina (indisociable del sazón) cuando el cocinero sabe lo que hace a fuerza de haberlo hecho muchas veces, desarrollando su talento, tiene que pagarse al precio que vale lo que se aprecia como una inversión, más que un gasto o una insultante donación. Y es que cocinar, igual que diseñar libros de texto, es una forma de arte, pero no todos los funcionarios comprenden a los artistas ni respetan sus creaciones como una forma de trabajo tan serio y en forma como el de la burocracia que ellos representan.

Hoy, amén de que el Plan 2017 y los Programas derivados del mismo no se ajustan a la reforma al artículo tercero, cuyo mandato exige nuevas asignaturas y docentes acordes a ellas, seguimos trabajando con un desfase curricular entre los libros de texto que hoy se pretenden rediseñar sobre esta misma base y los programas de estudio.

¿Y la receta? ¿Qué plan con el Plan?

En cierta forma, un libro de texto es una receta de cocina que representa y da forma a una propuesta didáctica.

Si la pandemia es un parteaguas entre el mundo que consideramos “normal”, que contribuyó a la aparición de esta contingencia sanitaria global, entonces ni los contenidos, ni los maestros ni la escuela puede permanecer impasible ante este reto. Hace un año, el mundo era otro y las amenazas no pasaban de películas de ciencia ficción en un futuro post apocalíptico. Hoy, la frase de Bill Gates en la serie “explain” de Netflix cobra otro sentido: “Este es el inicio de muchas otras pandemias”.

Frente a esto, una receta puede ser no tener recetas. Los profesionales de la educación, como los buenos cocineros, músicos, tejedores o dibujantes, en teoría no las necesitan, pero si el Estado sigue considerándolo parte importante de su tarea, es el momento de aprovechar la coyuntura a favor de los más desprotegidos.

Por ejemplo, en el caso de niños migrantes, un dispositivo con conectividad sólo para tareas escolares y comunicación con sus maestros tendría el potencial de cambiar la vida de estos niños y de equilibrar el campo de juego en buena medida entre sus pares con condiciones socioeconómicas más favorables.

Por ende, un tema a debate urgente retomaría la pregunta: ¿Es hora de que el libro de texto se convierta en un dispositivo móvil? ¿Pueden las colecciones de los libros del Rincón, estar disponibles a través de ese dispositivo para que los padres de familia puedan también leer con y a sus hijos? ¿puede “el libro de texto” tener múltiples posibilidades a través de la conectividad que el Estado brindaría a cada estudiante? ¿qué papel jugaría la escuela y los maestros en esta propuesta?

Para pensarse, sin duda. Entre tanto, descanse en paz, Chepina Peralta. Una sabia cocinera, maestra de muchas más.

¿Usted qué opina, estimado lector?

Fuente e Imagen: https://profelandia.com/la-sal-y-pimienta-de-los-libros-de-la-sep_mx/

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