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La Universidad Venezolana: elementos para el debate sobre la transformación cualitativa de las universidades. (Video)

Por: Luis Bonilla-Molina 

En esta oportunidad Luis Bonilla-Molina expone los elementos de contexto del sistema mundo capitalista y las tensiones existentes en el campo de las alternativas anti capitalistas, sin las cuales es imposible abordar una transformación cualitativa de la universidad.

Contexto y tensiones que construyen una brecha epistémica que es necesario resolver con claridad conceptual y voluntad política transformadora

La Universidad Venezolana: elementos para el debate sobre la transformación cualitativa de las universidades

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El encuentro urgente: pedagogías críticas y educaciones populares

(Escrito para un libro colectivo organizado por la CEIP-H de Argentina)

Por: Luis Bonilla-Molina

  1. Por una crítica del pensamiento crítico

Desde los doce años he militado en las izquierdas políticas y el pensamiento crítico. Una de las cosas que he aprendido durante este tiempo, es la poca capacidad crítica que estos campos tienen para pensarse a sí mismos con apertura de cambio, de reflexionar abiertamente sobre su praxis, paradigmas, pre-conceptos. Es como si en algún punto se llegara a la encrucijada del pecado original, sobre el cual pesa la sentencia qué si nos atrevemos a dudar de algún enunciado o verdad del ayer, ello nos puede conducir al destierro del “paraíso revolucionario”.

Recuerdo mi conflicto cognitivo (que aún persiste), cuando aun siendo adolescente, después de asistir a mi primera escuela de cuadros, cuyo punto central era la dialéctica y el cambio incesante, la última charla versó sobre el peligro del revisionismo. El compañero que habló el respecto me recordó (y aún lo hace) al cura dominico de mi pueblo, hablando sobre los mandamientos y la imposibilidad de modificar la biblia, con esa sentencia que asustaba a los niños de la escuela: “maldito por siempre aquel que ose agregar o quitar una coma a las sagradas escrituras”. ¿El cambio incesante no es una epistemológica de revisión sostenida de todo lo actuado y pensado? Entonces ¿somos exégetas, dialécticos o nos atemoriza el pecado revisionista?

Si ser dialéctico es aprender las citas de cada libro y recitar las leyes y principios del cambio incesante, pero considerar que la última palabra interpretativa del texto la tiene el partido o el buró, eso no es lo mío. Por suerte he aprendido que la dialéctica marxista es otra cosa, es invitación y seducción permanente para pensar el presente con las claves de la historia y la perspectiva actual del mundo del trabajo. Y como todo cambia, es válido revisar, ampliar, suprimir, cuestionar o contradecir enunciados o experiencias que no tienen sentido o resultan contraproducentes en el presente. Entonces estamos metidos en problemas, porque desde esa mirada todo dialéctico es de hecho un revisionista. ¡¡¡Madre enredo epistémico!!!.

Consecuente con esa tribulación del siglo XXI, al estilo mitológico de Prometeo o Lilibeth, en este trabajo intentaremos hacer una revisión crítica de nuestro campo: las educaciones populares y las pedagogías críticas. Estoy seguro que les colegas autores que comparten ideas en este libro abordarán otras aristas del tema, por lo que en mi caso, aspiro contribuir al debate con algunos elementos para avanzar en la unidad programática y de acción de las educaciones populares y las pedagogías críticas, lo cual demanda aproximarnos a las luces, pero también a las sombras de nuestras praxis.

  • Sobre la pluralidad de las educaciones populares y las pedagogías críticas

Hay quienes hablan de la educación popular en singular. En nuestro caso, partiendo de la diversidad de experiencias, recorridos, miradas e hibridaciones metodológicas que ocurren en nuestro continente y en el mundo, preferimos hablar en plural de educaciones populares.

Suele ocurrir que el enfoque que cada colectivo desarrolla termina siendo considerado para cada uno de ellos, como la expresión hegemónica del trabajo de las educaciones populares.  Pero eso no es así, hay muchos caminos, recorridos bifurcados, experiencias que dan identidad propia, encuentros e intermitencias, singularidades, troncos comunes, raíces particulares, en este campo. En las educaciones populares co-existen diversas tradiciones, unas de origen liberal europeo, otras de tradición marxista y/o libertaria, de fusión entre la teología de la liberación y el marxismo latinoamericano, o claramente religiosas, mientras las hay también con epistemología atea y, por supuesto, están los caminos propios de nuestros pueblos originarios, así como de las comunidades del campo y la ciudad. Cada una de ellas tiene su potencialidad y es necesario garantizar que tengan su propio recorrido, que no sean coaptadas por las perspectivas más difundidas. El encuentro respetuoso entre estas miradas hace más potente el campo de las educaciones populares, pero también nos permite potenciar las distintas rutas de apropiación crítica de la realidad a transformar.  Por ello, considero importante de partida, este reconocimiento plural, para propiciar de manera creativa el encuentro activo entre todas las corrientes, algo que aún no termina de suceder.

Algo similar ocurre con las pedagogías críticas. Es un campo con fronteras aún difusas, en el cual se suele asumir como única, la perspectiva de una/o u otro/a investigador/a o colectivo de pedagogías críticas. Las pedagogías críticas son altamente políticas y en consecuencia los enfoques suelen estar hibridados de epistemologías diversas del campo de las izquierdas. Hay pedagogos/as críticas/os que están más influenciados por la visión consejista, o estructuralista, espontaneísta, por algunos de los marxismos, el anarquismo, el campo cultural, la socialdemocracia, e incluso algunas prácticas de las educaciones populares, entre otros. Si no tenemos clara esta precisión, podemos no entender del todo las formulaciones y análisis que desde las pedagogías críticas se hacen en aspectos vinculados a las didácticas, currículo, evaluación, planeación, gestión, formación docente, la pedagogía en general, la filosofía educativa o cualquier otro aspecto.

El que exista este impacto profundo de las narrativas políticas en las pedagogías críticas no es malo, al contrario, dota de una potencia singular al campo; lo que nos interesa subrayar son las limitaciones de presentar este campo como absolutamente unificado. Por supuesto que surgen elementos comunes como el abordaje de la realidad, el tiempo histórico y las asincronías entre el cambio que se inicia y el tiempo opresor que pugna por mantenerse, la transformación, el cambio, la justicia social para mencionar solo algunos aspectos[2].  Eso sí, tomamos distancia de los enfoques academicistas que se asumen de las pedagogías críticas solo en el plano teórico o del discurso, sin vinculación alguna con los procesos y movimientos en defensa de la educación pública, por una educación liberadora y del cambio radical de la sociedad. Las pedagogías críticas implican un profundo compromiso con la praxis transformadora, una militancia con el cambio social.

Por ello no están simple juntar educaciones populares y pedagogías críticas, como si se tratara de piezas de un rompecabezas que tienen la misión de acoplar a la perfección. A veces los bordes no encajan, los colores son disímiles, las imágenes demandan otra pieza y la narrativa final demanda un darles vuelta a los muchos trozos. Todos los que hemos intentado halar los hilos y construir puentes conceptuales conocemos el hermoso desconcierto que produce el encuentro de la diversidad. El orden nos enseña a encajar, a normalizar y estandarizar, ese no es el camino de las educaciones populares y las pedagogías críticas, sino el acompañamiento desde la diferencia y la complementariedad.

Como hemos aprendido en la lucha de clases, el campo de la dominación capitalista disputa las propias conquistas del pueblo y la clase trabajadora e intenta resemantizarlas para colocarlas a su servicio.  Por ello, el capital ha desarrollado su “propia versión” de educación popular y de pensamiento crítico en educación, ya sea como animación socio-cultural, organización comunitaria para el empoderamiento, o críticas a los sistemas escolares para abrir paso a reformas funcionales al sistema.  Esas versiones de “educación popular” con animación socio cultural o de “proyectos de investigación acción” o “informes técnicos críticos” que promueven los organismos multilaterales y las bancas internacionales, en realidad desarrollan el paradigma de sociedad educadora, dinámica privatizadora para la transferencia a los y las ciudadanas(os) de las obligaciones de los Estados nacionales respecto a la educación pública, gratuita, liberadora y de calidad. La pluralidad de la cual hablamos no incluye a los Frankenstein metodológicos generados por el capital.

Otro aspecto importante a subrayar es el riesgo de presentar a una u otra expresión de educación popular y/o pedagogía crítica como la de mayor “pureza”, sobre las restantes, como si fuera posible alcanzar un determinado grado unidimensional de perfección metodológico y en la praxis. No existen las normas APA de las educaciones populares y las pedagogías críticas, ni el manual perfecto, ni la experiencia ejemplar. Reconocerlo es ya una forma de estar atentos al aprendizaje continuo, al crecimiento caóticamente ordenado del encuentro con otras experiencias.

Mucho menos es válido apelar a la costumbre o la primicia como criterios normativos de las pedagogías críticas y las educaciones populares. El desarrollo desigual y combinado, en modo contingente, de las distintas educaciones populares y pedagogías críticas rompe con la dicotomía entre tradición e innovación[3], donde deja de existir un lugar privilegiado, ya sea fundamentado en referentes del pasado, del presente o el mañana y, lo que todos y todas hacemos contribuye al conjunto, porque todas las experiencias están en el terreno de la transformación.  Las educaciones populares y las pedagogías críticas con su temporalidad localizada en los territorios, rompen con la noción lineal de pasado desastroso, presente de luchas y futuro luminoso, desestimando la certeza, ya sea de la tradición o la innovación, para emprender la transformación. Las posibilidades del cambio radical están situadas en territorios en los cuales tradición e innovación son un binomio inseparable; solo los teóricos que comprenden el mundo, pero no lo transforman apuestan por una de estas aristas.

El desafío de propiciar el encuentro entre las educaciones populares y las pedagogías críticas, se inicia con el reto de construir de manera participativa el inventario de diversidades, para identificar las diferencias, pero sobre todo las coincidencias, con el propósito de promover integración dialéctica, marcha compartida, nunca fragmentación. Este reconocimiento pleno propicia la integración consciente de las diversidades. Inventario que entendemos como un registro abierto y en permanente construcción, que dote de identidad propia a cada uno de los esfuerzos y adaptaciones que ocurren sobre el terreno.

Primera idea fuerza: es un reduccionismo epistemológico hablar de educación popular y pedagogía crítica en singular. Si queremos propiciar el encuentro transformador debemos partir de reconocer la diversidad de nuestros campos de trabajo.

  • El esquivo encuentro entre educaciones populares y pedagogías críticas

Se suele asociar pedagogías críticas a resistencias en los sistemas escolares y educaciones populares a todo lo alternativo que en materia educativa está localizado fuera de los ámbitos institucionales. Esto no es del todo cierto, pero esa percepción tiene orígenes históricos.

Los proletarios a través de la historia desarrollaron mecanismos y propuestas de educación para sobrevivir colectivamente, resistir al orden dominante y abrirle paso a un nuevo tipo de sociedad, es decir, se construía praxis educativa y cultura contra hegemónica en los márgenes del sistema. Esta otra educación se expresó no solo sin el reconocimiento oficial, sino abiertamente en contravía al orden (religioso, imperial, de clases), y fue configurando un campo de saberes que se denominaría educación popular. Este campo emergente combinaba la recuperación de los saberes ancestrales y comunitarios, juntándolos con las experiencias novedosas de las resistencias y el conocimiento científico y tecnológico de la época. Ello ocurría en momentos históricos en los cuales la educación escolar era sinónimo de minorías, de élites, de jerarquías, y trabajar en la educación del pueblo representaba un ejercicio de democracia directa, en ese caso de acceso al conocimiento. Era en lo popular donde se aprendía la ciencia más profunda con acento en su utilidad para los comunes.

La vieja escuela, regentada por dogmas, era cuna del acceso elitesco al saber. Esa escuela enseñaba la ciencia y el conocimiento para unos pocos, mientras al pueblo le era negado. Las primeras revoluciones industriales y el modo de producción del capitalismo industrial generaron un cisma en lo que enseñaban las instituciones. La masificación de la escolarización redefiniría muchos de estas coordenadas, obligando a repensar la propia identidad de las educaciones populares; la vigencia del campo educativo popular se replantea orientado a la generación colectiva de alternativas para frenar la reproducción cultural y caminos inéditos para la emancipación y liberación desde lo educativo, sin abandonar la democratización del conocimiento y la ciencia. Todo ello dentro y fuera de las escuelas, en los bordes de las instituciones educativas y por las orillas de los lugares con pupitres.

La alfabetización popular, en las letras, el conocimiento y las ciencias, se convierte en una estrategia central de las educaciones populares, propiciando su encuentro armónico con los saberes populares y comunitarios. Las educaciones populares siguen trabajando con los excluidos de la escolaridad, pero también penetran con sus dinámicas, las rutinas de las aulas.

El campo popular estaba ahora en la escuela y fuera de ella, porque a las escuelas públicas van los hijos e hijas de la clase trabajadora, los campesinos y los proletarios sin pan, pero también queda muchos sin posibilidad cierta de entrar en ella. Mientras unos siguieron tendiendo puentes, otras variantes de las educaciones populares comenzaran a refugiarse en narrativas de saberes versus ciencia, creando una dicotomía que resultaba funcional al discurso anti escuela de los desplazados del poder (especialmente las religiones). Otras variantes de las educaciones populares se quedaron trabajando con aquelles a quienes la masificación le había resultado esquiva por su monoculturismo o excluyente por razones de clase, género o racismo, sin dar la espalda ni a los saberes comunitarios ni a la ciencia de la época.

Como el campo popular está compuesto por hombres y mujeres que viven en un tiempo histórico, con distintas comprensiones y apropiaciones críticas de la realidad, las propias educaciones populares en desobediencia activa a la educación imperante, eran (y son) susceptibles a hibridación conceptual y alienación epocal.  Elementos como la fe, las religiones, tradiciones e incluso las ideologías permeaban (continua esta dinámica entre lo global y lo local) este campo, generando tensiones internas respecto a su teleología estratégica.

Tiempo atrás, la iglesia católica que formaba parte del orden feudal, impulsó iniciativas de educación de la “plebe”, a los colegionarios de la fe pertenecientes a las clases subalternizadas, proceso que algunos erróneamente incluyen en el campo de la educación popular, cuando este proceso era en realidad, educación para soportar la opresión. Esto ocurría en los prolegómenos de la escolarización capitalista, y el propósito de este tipo de “enseñanza” no era subvertir, sino mantener el “orden divino” del mundo, no era pensar con cabeza propia sino repetir el pensamiento dominante. Reconfigurado su rol con los centros de poder, la iglesia replantea su perspectiva de educación comunitaria, como forma de protesta y resistencia al desplazamiento que había sido objeto y, para ello potencia el discurso anti escuela y anti ciencia

En sus orígenes (y aún) la propia escuela capitalista no logra (ni puede del todo) zafarse del modelo educativo reproductor fomentado por las órdenes religiosas. El aprendizaje irreflexivo propio de la catequesis y la memorización carente de pensamiento crítico característico de la educación religiosa serían parte de las herencias del viejo orden que asumirían la escuela moderna y los sistemas escolares del sistema-mundo capitalista. La crítica a esta epistemología reproductora, pero también a la falsificación de la educación popular por parte de iniciativas de adoctrinamiento, estarían presentes en la ontología de las pedagogías críticas.

En el tránsito del feudalismo al capitalismo industrial, el sistema-mundo de dominación necesitaba una reconfigurar de sus correlaciones de fuerzas y composiciones internas.  Una de ellas, la relación del Estado con las instituciones educativas, redefinición que tuvo como epicentro Europa y afectó directamente a las religiones, muy especialmente a la católica. El sistema-mundo capitalista de la primera y segunda revolución industrial necesitaba convertir a las escuelas y universidades en centros de expansión de la ciencia que había hecho posible el “milagro” tecnológico que llevó a su advenimiento, es decir propiciar una ciencia que le sirviera para potenciar la tecnología del modo de producción. Eso implicaba desplazar a la fe como interpretación del mundo y redefinir el papel del ser humano en la sociedad. La ciencia como conductora del conocimiento en las instituciones educativas requería una mirada no teológica o por lo menos laica[4].

Este alejamiento forzoso de los clérigos en la conducción y la docencia en instituciones públicas, pero sobre todo el énfasis científico del conocimiento escolar, trasladó el eje de actuación “educativa” del poder religioso, posibilitando el fortalecimiento de metódicas que se auto presentaban como populares, pero que tenían una epistemología dogmática, anticientífica y anti escuela de las primeras revoluciones industriales. Estas variantes de educación religiosa, generadas debido al desplazamiento de que habían sido objeto los clérigos, se presentó como alternativa y en muchos casos ha sido vista como educación popular. De repente, la iglesia quería mediar y reinterpretar lo que se aprendía en las escuelas, pasó de destructora de los pueblos originarios a paladín de la memoria histórica y, desarrolló desde afuera de lo escolar, propuestas de alfabetización, educación para el trabajo o enseñanza de las artes y oficios, lo cual no siempre era educación popular y en muchos casos en su orientación estratégica era educación al servicio de un centro de poder desplazado de ámbitos de gobierno del Estado burgués.

Esas adaptaciones populares eran en realidad educación con ontología religiosa, epistemología adaptativa, praxis de construcción de nuevas correlaciones de fuerzas y teleología pragmática, en este último caso, para hacer lo que mejor se puede en cada tiempo histórico, con el propósito de preservar los intereses económicos de la fe.  Para ello, desarrollaron una narrativa anti escuela (en realidad anti escuela moderna) acusándola de ser un espacio de pérdida de valores y cohesión familiar, elaboraron un imaginario de reformas restauradoras y una praxis de asalto desde los bordes, para desplazar a las pedagogías escolares de orientación científica.

Los posmodernos, aún sin darse cuenta o proponérselo, abonaron de manera significativa en esa dirección. Décadas atrás, el ataque justificado al positivismo fue utilizado para destruir la noción de ciencia y avanzar en una nueva teologización del mundo educativo revestida de ropajes académicos. La fe reinventada o camuflada con elaboradas narrativas había logrado hegemonizar muchos espacios académicos y escolares, cuyos representantes se asumieron como caballos de Troya para generar un asalto a la razón científica liberadora[5]. Hablar de ciencia se convirtió en una mala palabra en las educaciones populares que tenían su génesis o estaban bajo la influencia de la epistemología religiosa, posmoderna o cualquier otra variante común.

El ataque contra la escuela y lo sistemas escolares tenía una base material y “objetiva”, pues las instituciones educativas se fueron perfilando en mecanismos de reproducción de la cultura burguesa (consumo, ciudadanía, ciencia para producir). Pero no eran solo eso, también se constituían en la representación más extendida de democratización del conocimiento; democratización del conocimiento que podía amenazar al imperio de la fe. En las escuelas había (y hay) resistencia a la dominación., algo que el sistema considera anomalía. Nuevamente, desde los centros de poder religioso se atacó a la escuela como camino para apoderarse de ella, para subordinarla a una ideología de fe, ahora con argumentos eclécticos.

Este discurso anti-escuela empalmaba con las críticas populares sobre el carácter elitista y excluyente de las instituciones educativas, incluso en el periodo post guerras mundiales. De hecho, antes de la pandemia del COVID-19, casi 300 millones de niños, niñas y jóvenes estaban fuera de las instituciones educativas. La exclusión inherente al capitalismo no desmerita el papel democratizador del conocimiento que ocupa la escuela.

Ciertamente la pugna soterrada entre lógica científica, epistemología religiosa y contención capitalista a las luchas populares, no ocultaba que el funcionalismo del mercado trabajaba para que cada día las escuelas tuvieran menos pertinencia social y más adaptación al modo de producción.

La epistemología religiosa anti-científica, cuya praxis ideológica y práctica había contribuido a crear el Frankestein educativo actual, presionaba con un renovado discurso anti escuela para promover modelos de privatización y/o estandarización que le permitieran tomar por asalto las instituciones educativas.  Para este asalto redoblaron los esfuerzos para subalternizar a las educaciones populares, pretendiendo convertirlas, de espacios para la recuperación de los saberes comunitarios, ancestrales, de los pueblos originarios y la democratización del conocimiento científico, a formas de trabajo cuya razón central fuera la crítica a la escuela, la ciencia y, para colocar ciencia y saberes ancestrales como siempre opuestos.

La mano invisible de la fe religiosa en estos procesos ocultaba el hecho histórico, que paradójicamente fue en el periodo de auge religioso de la enseñanza, cuando había mayores niveles de exclusión y de enseñanza elitesca. La tradición histórica de crítica a la escuela capitalista excluyente, empalmó con las nuevas críticas religiosas sobre la escuela que enseñaba ciencia y negaba el papel central de Dios en el mundo; surge una nueva metafísica con narrativa de pobreza que procura un retorno de la escuela a los brazos de la fe.

Se intenta construir una nueva correlación de fuerzas a favor de los centros del poder religioso, con centralidad en la crítica al carácter reproductor de las instituciones educativas, pero omitiendo las resistencias anti capitalistas que se gestan en su seno.  Nace en consecuencia una tradición muy fuerte, que aún hoy persiste, que considera irreconciliable a las educaciones populares con las instituciones educativas.

De hecho, hoy en día muchos colectivos de educaciones populares que cuestionan cualquier aproximación a los sistemas escolares, aún sin saberlo, son herederos de esta tradición. Solo la teología de la liberación logra romper con esta dinámica, planteando una transformación radical de la escuela capitalista en el marco de irrupción de una nueva sociedad de justicia social; sin embargo, en la medida que se debilita este movimiento una parte de su periferia es coaptada por tradiciones conservadoras y restauradoras que mantienen un lenguaje de cambio con énfasis en narrativas anti escuela.

Por otra parte, la transición entre el feudalismo y el capitalismo creó necesidades de educación para la reproducción, pero también generó las condiciones mínimas para el surgimiento de resistencias escolares a la lógica educativa del capital, así como un repensar del campo de las educaciones populares desde las clases explotadas y los/as oprimidas/os por condiciones de raza o género.

La clase obrera industrial que pugnaba porque sus hijos e hijas ingresaran a la nueva escuela moderna, encontró en las educaciones populares (de izquierdas) una herramienta para la organización, la comunicación de saberes, el desarrollo de estrategias comunicacionales masivas y la propia sistematización critica de su praxis. El acercamiento de las clases subalternizadas a las educaciones populares tuvo una epistemología claramente diferenciada de la que se desarrolla paralelamente por los sectores de la iglesia. En el caso de la clase obrera industrial las posibilidades de democratización del conocimiento y los saberes, científicos y comunitarios, que tuvieran utilidad para su realidad concreta y para comprender el mundo en su conjunto, constituyeron los determinantes de su aproximación a las educaciones populares.

El proceso de la Comuna de Paris (1870) fue la culminación de un potente torrente de educación del proletariado insurgente. De esta manera de aprender a partir de la praxis se nutriría la filosofía de su tiempo en general y muy especialmente lo que sería el pensamiento socialista, el socialismo científico en sus vertientes anarquista y marxista. Las educaciones populares desde estas experiencias, se convierten en una herramienta para la lucha de clases, para la insubordinación y la ruptura radical del orden establecido.

La Asociación Internacional del Trabajo (AIT) es la culminación de múltiples y convergentes esfuerzos de educación popular y organización del proletariado. La AIT sería especialmente beligerante contra la epistemología religiosa y sus formas de educación “popular” para la reproducción que fomentaban las iglesias.

En los orígenes de los sistemas escolares burgueses de gran escala, durante la primera y segunda revolución industrial, muchas veces el sistema-mundo capitalista usó la experiencia educativa de las religiones, para apaciguar conflictos dada su confiabilidad y tradición sostenedora del orden, usando su experticia como guardiana auxiliar de la naciente educación de masas. Entre otras cosas, ello es lo que hace que el Manifiesto Comunista (1847-1848, pag.1) plantee que “un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”.

En plena irrupción del proletariado industrial, los comunistas y anarquistas trataron siempre de dejar claro ante la clase trabajadora, los explotados y los oprimidos, el papel regresivo de las religiones y ello se evidencia cuando ocurre la más importante revuelta de inicios de la industrialización. Marx señala en su texto sobre “la Guerra Civil en Francia” (1871) que “una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de la fuerza física del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el “poder de los curas”, decretando la separación de la Iglesia y el Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos al retiro de la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus antecesores, los apóstoles. Todas las instituciones de enseñanza fueron abiertas gratuitamente al pueblo y al mismo tiempo emancipadas de toda intromisión de la Iglesia y del Estado. Así, no sólo se ponía la enseñanza al alcance de todos, sino que la propia ciencia se redimía de las trabas a que la tenían sujeta los prejuicios de clase y el poder del Gobierno” (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm )

Esto significó una partición de aguas, entre la versión de educación del pueblo de las religiones y, las educaciones populares que asumen el proletariado industrial y las clases oprimidas. Dos rieles separados que se encontrarían nuevamente un siglo después, para hibridarse con el surgimiento de la corriente de la Teología de la Liberación, siendo esta última un importante movimiento de resistencia anti sistémica al interior de la propia iglesia católica y otras religiones.

El mismo marxismo no es ajeno al peso de las tradiciones y hereda muchas de las rutinas, costumbres, imaginarios y narrativas del movimiento popular, que como señalamos, cuestionaban el papel elitista de muchas de las instituciones educativas.  Esta tradición, en ocasiones de manera absolutamente errónea, no veía puntos de encuentro entre las educaciones populares y la escuela, algo que era tensionado por el naciente campo socialista. Si revisamos el debate de Marx con Lasalle sobre el Programa del Partido Obrero Alemán (1875) encontramos que el primero postula que la “”educación popular … estará … a cargo del Estado”, algo que a Marx no solo le resultó absolutamente inadmisible, sino peligroso porque en esa coyuntura desarmaría al proletariado de una herramienta autónoma. Sin embargo, Marx plantea que hay que sacar a las escuelas de la égida del capital mediante perspectivas alternativas, una de ellas la que es inherente a las educaciones populares, planteando también tareas revolucionarias para los sistemas escolares. Este debate no queda saldado allí, por el contrario, continúan las interpretaciones a favor o en contra del vínculo entre educaciones populares y educación escolarizada, algo que en muchos lugares de América Latina comienza a superarse, sin que ello oculte la existencia de furibundos defensores de la separación mecánica entre una y otra.

En la post segunda guerra mundial, estos debates volvieron a surgir, a veces abiertos, en la mayoría de los casos entre bastidores. El sistema-mundo capitalista vio en la masificación educativa y ampliación acelerada a escala planetaria de los sistemas escolares, una renovada posibilidad de a) construir mentalidades y prácticas consumistas, b) expansión del modelo de gobernanza burguesa generado en Bretton Woods, c) democratización de las bases del conocimiento científico con la esperanza que se dinamizara la ciencia útil para la ampliación de la tasa de ganancia y el mejoramiento sistemático del modo de producción, d) servir de contención ante los conflictos sociales que pudieran estallar producto de la intensificación de la explotación de la mano de obra.

En ese momento irrumpe con fuerza lo comunitario, la recuperación de los saberes como orientación teleológica de las educaciones populares versus una valoración cientificista de lo escolar que recuperaba lo conservador-reproductor del discurso religioso sobre la escuela; la ciencia anti dialéctica y desvinculada de los intereses de la clase trabajadora y el bienestar del planeta, como otra forma de fe. Es precisamente este el periodo de irrupción de la Teología de la Liberación, que aún con todo lo progresista que es, hereda también una parte de la concepción de la escuela como culpable de la pérdida de influencia social de la fe y las religiones. Es también un momento de insurgencias de los marginados (campesinos, pueblos originarios, comunidades en pobreza extrema de las ciudades para quienes el conocimiento y la ciencia no habían traído bienestar alguno. Muches de quienes insurgen son excluidos de la educación escolar y los derechos humanos fundamentales, lo cual reafirma el discurso anti escuela de una parte importante de las educaciones populares. Pero contrario a muchos de estos señalamientos, una parte importante de la actividad del magisterio latinoamericano de ese momento se hace en vínculo con las luchas sociales de conjunto. Las guerrillas latinoamericanas de los sesenta, del campo y la ciudad, están llenan de maestros y maestras que resisten al carácter reproductor de la escuela, intentando construir alternativas de transición.

Sin embargo, es cierto que el discurso de una parte importante de la izquierda insurreccional de las post guerras mundiales consideraba que había que pensar primero en la toma del poder, en hacer la revolución, antes del abordaje pedagógico crítico en la escuela. La izquierda insurreccional carecía de un claro programa de transición. El todo o nada implicaba un tomar partida por la destrucción de lo escolar, casi con la misma fuerza que se actuaba en la confrontación militar.

Una vez derrotada la experiencia guerrillerista en América latina, emerge en algunas izquierdas el discurso de la pertinencia y de vaciamiento del conocimiento científico escolar. Esto derivo en un comunitarismo escolar desprovisto de reflexión pedagógica, en un sociologismo escolar que pretendía asignarle a la escuela un rol que la excedía: hacer la revolución. Las pedagogías alternativas se concentraron en metódicas o didactismos  que no daban cuenta del carácter integral e integrador del campo de la pedagogía.

El daño del estructuralismo althuseriano fue terrible al derivar sus planteamientos en un reduccionismo de la escuela como simple aparato ideológico del Estado, invisibilizando las contradicciones y resistencias que ocurrían (y ocurren) en su interior. En consecuencia, las alternativas pedagogicas eran vistas como simple reformismo. Esto dio fuerza inusitada a las vertientes de las educaciones populares que negaban la utilidad del trabajo político-pedagógico en las instituciones educativas.

Los planteamientos de los post estructuralistas, especialmente de Giroux sobre la ideología y las resistencias, ocurren en medio de la insurgencia de los marxismos proscritos y marcan un antes y un después. Las relecturas de Gramsci, Rosa Luxemburgo, Anton Paneckok, Malatesta, Marcuse, Trotsky, entre otros, obligan a repensar muchas cosas que se consideraban verdades ciertas en el campo revolucionario.  La escuela es vista como el resto de la sociedad, un espacio en disputa permanente, en la cual, vestido de ropaje pedagógico se está dando contradicciones propias de la lucha de clases. La escuela se convierte en un lugar para la construcción contra hegemónica del mundo, las ideas, la cultura, el conocimiento, los saberes y la ciencia.

A pesar de todo ello, las tradiciones pesan mucho y una parte importante de las militancias en las educaciones populares sigue considerando que su lugar de enunciación es fuera de la escuela y que sus metódicas no son aplicables en las dinámicas pedagógicas de los sistemas escolares.

Casi ciento cincuenta años después, el flujo y reflujo de la lucha de clases ha alejado a una parte importante de los gremios y sindicatos constituidos, de las praxis de educación popular y ha distanciado a los colectivos de educación popular de los gremios docentes. Este desencuentro esta muy vinculado al desprecio de corrientes de las educaciones populares sobre el trabajo alternativo en las aulas, pero también a la burocratización y reivindicacionismo de muchas de las direcciones políticas gremiales. Un renovado programa anticapitalista en educación puede servir de bisagra para rearticular estos sectores-

Y ahí surge otro problema para la articulación. Una parte importante de los colectivos de educación popular y redes de trabajo en pedagogías críticas, no solo no desarrollan su trabajo con una nítida agenda antiburguesa, sino que subsisten gracias a fondos y financiamiento que les otorgan los Estados Nacionales (burgueses), Organizaciones NO Gubernamentales internacionales, la filantropía global  que administra fondos provenientes de grandes capitales. La precaria capacidad de autogestión de fondos limita la capacidad de acción. Aunque estos financiamientos apuntalen proyectos que no están en el discurso oficial, es innegable que esa amplitud tiene sus límites y se convierte en una verja que es necesario saltar. Ciertamente, muchos colectivos de educaciones populares y pedagogías críticas no han desarrollado modelos autogestionarios de funcionamiento, lo cual les obliga a mediar sus demandas o a esconderse en la “agenda comunitaria” para seguir obteniendo estos ingresos. No se cuestiona esa limitante propia de la dominación y opresión burguesa, ni se pretende que quienes tengan financiamiento renuncien a ello, sino que esta realidad debe ser valorada a la hora de establecer análisis.

Otro asunto a valorar ocurre con las pedagogías críticas que han insurgido para llenar el vacío de protagonismo de las educaciones escolares en los espacios escolares. Como lo trabajamos en “Apuntes para la reconstrucción de la historia de las pedagogías críticas” (2020)[6] la génesis de las pedagogías críticas se fundamenta en el pensamiento pedagógico nuestro americano que expresan Simón Rodríguez y Martí, así como en la epistemología anti burocrática de la izquierda radical ante la burocratización de la Unión Soviética y el emerger del fenómeno del Stalinismo. Marcuse en sus “Contribuciones a una fenomenología del materialismo histórico” (1928) y “Sobre la filosofía concreta” (1929) y todo el trabajo de la Escuela de Frankfurt, así como de teóricos marxistas de la talla de Rosa Luxemburgo, Maríategui, Gramsci, Luckács entre otros construirían la apertura epistemológica para entrar al debate de lo educativo con una mirada anti burocrática y relocalizada en los territorios, como escenarios para la generación de conocimiento alternativo. Las resistencias comenzaron a ser vistas no solo en su carácter anti capitalista sino también antiburocrático en el propio campo socialista. Esta necesaria identidad de origen de las pedagogías críticas con los marxismos malditos, agrega dificultad para el encuentro con colectivos de educaciones populares, muchos de los cuales mantienen un encuadre distinto del pensamiento de izquierdas. Lo anti burocrático y anticapitalista de las pedagogías críticas enriquecen las miradas y praxis de resistencia en los espacios escolares, pero contiene un cierto distanciamiento con lo popular que no es de izquierdas o de izquierda ortodoxa.

La praxis de resistencias concretas va diluyendo este distanciamiento. Es imposible hablar de alternativas anticapitalistas en las aulas sin mirar lo que se está haciendo en las educaciones populares. Sin embargo, el peso del discurso de vanguardia, propio una parte importante de las izquierdas, pesa mucho en la forma de mediación con lo popular, lo cual dificulta el necesario encuentro entre pedagogías críticas y educaciones populares.  Estos encuentros y desencuentros tensionan el campo de las pedagogías críticas, repensando su énfasis y planteando la necesidad de encuentro con las educaciones populares.

La identidad de las pedagogías críticas se re-construyen a partir de la idea que es posible trabajar ciudadanía revolucionaria, consumo consciente y tejidos de solidaridad con y desde el trabajo pedagógico en la escuela, a la par que se dialoga e interactúa con la transformación radical de la sociedad. Esto implica una hibridación conceptual y metodológica con las educaciones populares.

Sin embargo, mientras existen pedagogos críticos que por razones de su práctica comunitaria, gremial o militancia social han desarrollado una praxis cruzada e integrada con las educaciones populares, también es cierto que se ha construido una percepción academicista en otros sectores del campo de las pedagogías críticas, quienes valoran lo comunitario y la militancia social de las educaciones populares como carentes de rigurosidad científica y de objetividad investigativa. Esta desviación esconde una epistemología conservadora y reproductora de la separación entre conocimiento y pueblo, así como un cientificismo ramplón que nada tiene que ver con el horizonte estratégico y epistémico de las pedagogías críticas.

En las universidades se ha construido una casta de supuestos pedagogos críticos que pretenden construir un régimen de verdad sobre este campo de pensamiento. Han convertido al pensamiento crítico en una moda que les permite transitar por la carrera profesional con subsidios y premios, sin que su praxis muestre un acompañamiento o militancia en el movimiento social y pedagógico. Insistimos, las pedagogías críticas son una militancia en las resistencias pedagógicas anti sistema y en la militancia política-social por el cambio radical. Esta casta se constituye en un problema para construir campos de encuentro e hibridación entre las educaciones populares y las pedagogías críticas.

Mientras las pedagogías críticas en su conjunto son anticapitalistas, no todas las formas de educaciones populares lo son. Tomar nota de esta diferencia, no para ser selectivos, sino para encontrar distintas formas de mediación y encuentro es una tarea pendiente en el campo de las pedagogías críticas.

Lo que aprendimos con potentes movimientos pedagógicos como el colombiano, es que es posible integrar las pedagogías críticas y las educaciones populares en un horizonte de transformación radical de nuestras sociedades, con tareas de transición para cada etapa. La noción de colectivos pedagógicos que integren a docentes de aula y experiencias de educaciones populares pareciera ser el camino privilegiado para aprender juntes, desde adentro y desde afuera de los sistemas escolares.

En síntesis, tanto en las educaciones populares como en las pedagogías críticas, por distintas razones y causas existen colectivos e individualidades que viven la comodidad del desencuentro. Unificar campos obliga al desprendimiento dolorosos de herencias que no ayudan a la profundización de la perspectiva de los y las trabajadoras en la sociedad y la educación. El sistema lo sabe y alimenta con financiamientos, elogios y paradigmas seudo novedosos la compartimentación de estos campos, para evitar la dialéctica radical de la unidad epistémica de las educaciones populares y las pedagogías críticas.  Este problema sigue teniendo fuerza y seguramente permanecerá por muchos años más, de allí la importancia de develarlo y asumir los debates al respecto.

Segunda idea fuerza: es necesario trabajar el encuentro, hibridación conceptual y metodológica de las pedagogías críticas y las educaciones populares.  Se necesitan la amplia perspectiva anti sistema de las pedagogías críticas en las educaciones populares y se requiere de la epistemología de construcción de conocimientos y experiencias de las educaciones populares en la teoría crítica.

  • Los pobres y explotados están en la escuela y fuera de ella

La Vega es una comunidad popular en Caracas, Venezuela.  En esta parroquia hay experiencias escolares clásicas, otras novedosas como las que desarrolla Fe y Alegría, así como escuelas bolivarianas oficiales que intentaron romper con el modelo educativo reproductor, mientras otras empalmaron con el viejo comunitarismo despedagogizado.  Allí también existen numerosos colectivos de educación popular, algunos de los cuales ni siquiera se reconocen como tales, pero su labor entra dentro de lo que entendemos como el campo de las educaciones populares. En la Vega no hay burgueses, algunas familias pueden encuadrar en lo que definimos como clase trabajadora y la mayoría pertenece a la economía informal, eso sí existe mucha pobreza e incluso pobreza extrema.

En el sector de “Los Mangos” de esa parroquia, existe un hermoso trabajo con los consejos comunales y la construcción de poder popular. Allí laboran las misiones educativas, de carácter oficial que heredaron toda la narrativa anti-escuela del foquismo de izquierda de los sesenta y parte de los setenta que planteaba que no había que resistir en la escuela sino hacer la revolución. Estas experiencias educativas aunque tienen un currículo escolar flexible, a veces parecieran empalmar –sin conocerlo- con el discurso de descolarización de Iván Ilich. Más arriba, en el sector de los Paraparos, otro colectivo, opuesto al gobierno Bolivariano, realiza un espectacular trabajo de educación sexual integral, cuestionando a la escuela por su incapacidad de trabajar estos temas.

En la Escuela Bolivariana del sector se asume que el trabajo de educación popular está más asociado a la construcción de poder popular que a lo educativo, que los comunitarios realizan un hermoso trabajo pero que sus dinámicas no son transferibles a la escuela.  Se reduce el trabajo de la educación popular a algunas prácticas dialógicas instrumentalizadas y la animación socio-cultural se suele confundir con educaciones populares. Cuando le preguntamos a los y las maestras/os si trabajan con la perspectiva de las educaciones populares señalan que sí, que utilizan dinámicas de grupos y hacen algunas sistematizaciones de diálogos.

En la Vega la polarización política es tremenda, por lo cual la escuela con currículo cerrado, performance autoritario, régimen disciplinar suele ser defendido por los sectores más conservadores de la derecha, aunque siempre hay algunos izquierdistas despistados que se suman a este coro. Por otro lado, están las visiones más radicales que hablan de la necesidad de una escuela con pertinencia, que traslada el epicentro de la acción educativa a lo comunitario extra escolar, vaciando a la escuela de la real pertinencia educativa, es decir ciencia, conocimiento y saberes para entender y transformar el contexto.  Lo más importante es que aún, en un territorio tan polarizado, partidarios de las opciones políticas más visibles en disputa coinciden en que la escuela debe cambiar y que están ocurriendo experiencias significativas “del otro lado” comunitario.

En la Vega como en todos los barrios y favelas populares de muestra américa no hay ricos, sino excluidas(os), explotadas(os), marginados(as). No tiene sentido seguir apostando por los desencuentros entre labor pedagógica alternativa dentro y fuera de la escuela. Es hora de sumar esfuerzos y voluntades, llenar las escuelas de educaciones populares e incorporar el pensamiento y acción transformadora d las pedagogías críticas en los comunitarios.

Tercera idea fuerza. Nuestro destino está atado al de los pobres y explotados de la tierra. Dejemos que sea ese compromiso el que nos junte.

  • ¿Qué tienen en común las pedagogías críticas y las educaciones populares? Trabajemos las coincidencias

Hasta ahora hemos postulado y defendido el encuentro dialéctico entre pedagogías críticas y educaciones populares de cara a un horizonte estratégico de cambio radical de la educación, la sociedad y el modo de producción. Hemos alertado sobre los intereses subalternos que se ocultan en el desencuentro y la construcción de falsas barreras. Veamos ahora las coincidencias, que es lo que nos permite juntarnos a trabajar y coordinar mucho más.

Primero, el esfuerzo sostenido desde las experiencias, para vincularnos de manera transformadora a la realidad concreta de nuestros pueblos, docentes, estudiantes, familias, territorios y nichos de resistencia. Se trata de aprender juntes en la medida que impulsamos un cambio radical en nuestras sociedades.

Segundo, la reivindicación de la contradicción como fuente inagotable de conocimiento y brújula para situarnos en los escenarios cotidianos. Es precisamente la forma de situarse ante la contradicción la que le da identidad propia a las educaciones populares y las pedagogías críticas.

Tercero, la justicia social y humana como elementos centrales de un nuevo modelo de sociedad por la que se lucha. Sin embargo, la justicia social es esgrimida por sirios y troyanos, por lo que apelar a ella no es suficiente. La justicia social y humana está determinada por la posibilidad de eliminar las desigualdades propias de la apropiación de las riquezas por parte de una élite para su uso y la destrucción de la naturaleza. En consecuencia, las educaciones populares y las pedagogías críticas asumen en distintos niveles y expresiones, líneas de una agenda anticapitalista para la justicia social.

Cuarto, las metódicas participativas distinguen a las educaciones populares y las pedagogías críticas, no como dinámicas instrumentales, sino como escenarios para la dialogicidad y la construcción compartida de conocimiento, praxis, reflexión y cambio radical.

Quinto, la fuerza del diálogo horizontal sin jerarquías, amos ni dioses, donde todes nos reconocemos un mismo pueblo insumiso, no es una metódica, es una forma de entender el mundo y el encuentro con los, las, les otres. Es nuestra forma de ir prefigurando y construyendo una sociedad de iguales.

Sexto, la alegría. Los(as) pedagogos críticos y las(os) educadorxs populares andamos por la vida desandando la tristeza con un optimismo ilimitado que se muestra con sonrisa, ternura, abrazo, mirada frontal, movimiento y esperanza. Mientras los oficiantes del poder burgués hacen culto a la seriedad y la distancia quienes estamos en este campo desatamos la locura de la informalidad y el contacto. Ahí nos reconocemos antes de hablar, antes de saber quién es el otro, las otras les otres solo con ver, cómo las y los compañeres van por la vida.

Séptimo, la ética multicultural es una forma de construir espacios, mecanismos, prácticas donde las diversidades sean lo común, derrotando las peores exclusiones.

Octavo, la lucha antipatriarcal y los feminismos como centralidad de la actual etapa de la lucha de clases.

Noveno, la lucha por la paz con dignidad, igualdad y justicia social, nunca la paz de los arrodillados y silentes ante la injusticia. Este amor desenfrenado por la paz nos identifica y une.

Décimo, la articulación con otras opresiones. Es imposible trabajar lo educativo como una isla, por el contrario, al resistir a la opresión que se refleja en las dinámicas escolares y comunitarias, surgen vínculos, caminos torrentes que nos conectan a las múltiples opresiones que genera el capitalismo.  Esto es distintivo de nuestros campos.

Décimo primero, la valoración del pensamiento descolonizador y la reivindicación del recorrido comunitario y de nuestros pueblos originarios.

Décimo segundo, la vuelta a la pacha mama, a la cultura ecológica, al reencuentro de la especie humana con el resto de la naturaleza.

Décimo tercero, el desprecio por la razón burocrática, por la razón de Estado.  Ese empeño incesante por la transgresión de normas sin sentido, de rituales fosilizados y de preceptos obsoletos, identifica a nuestros campos.

Décimo cuarto, la dialéctica entre lo global y lo local, entre el impulso del desorden donde estamos actuando y sus ecos en el desorden sistémico. Esa forma de comprender como lo pequeño y lo grande, lo micro y lo macro, están íntimamente vinculados.  El sistema se agrieta por debajo y se rompe estructuralmente. Esa mirada y praxis es común a nuestros campos.

Décimo quinto, la democracia como camino para disolver el poder omnipotente de gobernantes, aquí y allá. La democracia de la calle, de la gente, con rostro y territorio es una preocupación central de las pedagogías críticas y las educaciones populares.

Décimo sexto, la experiencia de participar en las batallas de todes, el compromiso por no quedarnos fuera de ninguna pelea contra el sistema por pequeña o gigante que parezca. Esa identidad insumisa nos une.

Cuarta idea fuerza: somos parte de una misma tradición y un mismo recorrido. Llegó la hora de juntas manos y conciencias.

Epílogo: La tormenta educativa que recién inicia

En la post pandemia el capitalismo cognitivo amenaza con arrasar territorios educativos y experiencias pedagógicas que históricamente han utilizado nuestros pueblos para resistir a la dominación y la exclusión. Se nos anuncia la división del mundo entre tecnófilicos y tecnofóbicos, entre incluidos en la aceleración de la innovación y una nueva ola de marginación que puede desheredar a la mitad de quienes habitamos el planeta.

Lo educativo es y será un lugar privilegiado en la batalla que recién se inicia. Es hora de romper esquemas, aprender juntes, abrirnos cognitivamente a las nuevas expresiones de resistencia y producir una indisoluble unidad entre las educaciones populares y las pedagogías críticas. Yo me anoto en esa apuesta ¿Y tú?


[1] Doctor en ciencias pedagógicas. Co-fundador del Centro Internacional de Investigaciones Otras Voces en Educación. E mail: luisbonillamolina.62@gmail.com

[2] Para quienes quien profundizar mucho más en este tema les recomiendo leer mi trabajo Bonilla-Molina, Luis (2020) Educación anticapitalista: apuntes para la reconstrucción de la historia de las pedagogías críticas. Ediciones Sylone. Viento Sur. España https://www.sylone.org/educacion-anticapitalista-c2x31043135

[3] Existe todo un debate sobre la innovación que no es posible desarrollarlo en este corto artículo. Lo coloco aquí como una provocación para quienes se atrincheran en el cuestionamiento a la innovación para no actualizar narrativas, imaginarios, praxis y definiciones estratégicas conforme el mundo va cambiando.  Ese conservadurismo es muy dañino para el campo de las educaciones populares. Aunque seguramente siempre tendrá quienes defiendan ese punto de vista mi posición es radicalmente contraria.

[4] He insistido en otros trabajos sobre la pérdida de fuerza del laicismo como reclamo histórico del presente.  Ello tenía razón de ser para separar a los oficiales religiosos de la docencia pública, sin negar que quienes lo hicieran tuviera alguna fe pero se sujetaran en las escuelas a la perspectiva científica.  Eso sirvió a medias, pues aún en muchas escuelas de América latina se reza o celebra las festividades religiosas.  El ejemplo del retroceso del laicismo en escuelas del Brasil muestra su ocaso.  En realidad, hoy el llamado a una escuela científica es más revolucionario que el laicismo, pero ello presenta otros problemas que este artículo pretende visibilizar.

[5] Ello no niega ni relativiza los debates sobre la ciencia y el pueblo, la tecnología y la vida, el conocimiento y la ecología, pero tampoco se deja encantar por los discursos anti ciencia que tienen detrás epistemologías de fe que no se atreven a mostrar sus fines subalternos de manera transparente.

[6] Bonilla-Molina, Luis (2020). Educación Anticapitalista: apuntes para la reconstrucción de la historia de las pedagogías críticas.  Ediciones Sylone – Viento Sur. España

*https://luisbonillamolina.wordpress.com/2021/05/18/el-encuentro-urgente-pedagogias-criticas-y-educaciones-populares/

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Orquídeas al viento:Las nuevas generaciones de venezolanos y venezolanas en los procesos migratorios 2014-2020

Por: Luis Bonilla-Molina[1] [2]

(Resultados de investigación como becario de CLACSO)

“Amo, lloro, canto, sueño,

Con claveles de pasión,

Con claveles de pasión”

(Alma llanera, segundo Himno Nacional

de Venezuela)

  1. Introducción:

La orquídea es la flor nacional de Venezuela, representando el colorido y la hermosura de una tierra que es alegría, caribe, sonrisa, rebeldía, cimarronaje, solidaridad, encuentro y mano amiga. El 23 de mayo en las escuelas de Venezuela se celebra el día de la flor nacional, como un signo de identidad criolla. La trilogía conformada por el Araguaney, árbol nacional, el turpial, ave oriunda y, la orquídea, nos muestran un país con imaginario de selva, cascadas, playas, llano y montañas.

Las orquídeas en cautiverio requieren especial cuidado para que puedan sobrevivir, pues tienen un solo cotiledón; crecen hermosas cuando están libres en montículos y bosques. Las orquídeas son un madrigal que ilumina, allí donde el ambiente no está contaminado. Esta flor se suele asociar a los más nobles sueños de la juventud, a la fragilidad de las utopías y, a cómo éstas requieren de un mundo ecológico. La juventud como las orquídeas demandan una sociedad que haga suya la ecología política.

En los últimos años, una cara de los sueños, proyectos y nobles aspiraciones de la juventud tiene rostro de emigración y añoranza por el terruño, mientras la otra de arraigo y resistencia. Son fenómenos complementarios que construyen la identidad tanto del que se va, cómo de quien se queda. La juventud como las orquídeas, multiplican su colorido si conviven junta a las otras. Nos advertía Carmen, una vieja campesina de tres esquinas, en Bramón, Estado Táchira, un territorio de veredas y caminos no descubiertos en la frontera entre Venezuela y Colombia, que las orquídeas se pasman cuando las separan de sus hermanas, que florecen y se tornan más fuertes si se les deja crecer juntas. Como las orquídeas de doña Carmen, la juventud venezolana se ha dividido entre quienes están y se van, retornan y dejan atrás a otres, quienes deben aprender a sobrevivir aquí o allá, sin olvidar su esencia y gentilicio. Hoy nuestramérica y el mundo ha visto lanzar orquídeas venezolanas al viento, muchas veces sin garantías ciertas para que pueden agenciar sus vidas con garantías plenas de derechos.

Venezuela ha sido conmocionada como nación, por la emigración no prevista de cientos de miles de nacionales durante los años 2014-2020. Lo no previsto está signado por el deterioro acelerado de las condiciones materiales de vida de la población venezolana, especialmente de su juventud. El discurso que hace ver como espontáneo y no programado este proceso de emigración, procura presentar a quienes parten como limitados/as en su capacidad de agenciar su propia vida, pero también, como eunucos políticos. Marx en el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859) precisaba que “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general” y, eso es lo que está ocurriendo, un proceso de recualificación política determinada por el deterioro de la calidad de vida, que tiene como una de sus expresiones concretas el fenómeno de la emigración.

La emigración venezolana en general y la juvenil en particular, ocurrida en el periodo 2014-2020, tiene causas multifactoriales que no siempre son trabajadas a la hora de intentar comprender este fenómeno. Se considera necesario analizar por lo menos tres causas estructurales concretas que están en la génesis de esta problemática.

La primera, el permanente asedio de las fuerzas imperialistas contra la revolución Bolivariana. El modelo económico neocolonial, dependiente y rentista de la economía venezolana durante la cuarta República, estuvo asociado a la relación de subordinación del gobierno y la burguesía venezolana a los Estados Unidos.

La Revolución Bolivariana desde sus inicios gubernamentales en 1998, se planteó romper con esta relación de dependencia y trabajar una nítida perspectiva de soberanía nacional y mundo multipolar.

En mayo de 2004, después de la develación de la participación norteamericana en el golpe de Estado de 2002 y ante el descubrimiento de un campamento paramilitar con intenciones conspirativas contra el gobierno nacional, el presidente Chávez formuló la declaración antiimperialista del proceso Bolivariano, que expresaba el quiebre histórico de la relación de sometimiento de la nación del norte sobre Venezuela.

Esto intensificó el asedio norteamericano y de las naciones imperialistas europeas contra la patria de Bolívar, acoso que ha sido constante y previsible. A la Declaración de la administración de Obama, sobre Venezuela como amenaza a la seguridad nacional norteamericana, le siguieron las medidas coercitivas contra Venezuela decretadas por Trump. Las sanciones norteamericanas han tenido un impacto profundo en la calidad de vida de la población venezolana y tienen la intención de frenar y eliminar el espíritu transformador de la revolución Bolivariana. Se destaca la noción de asedio previsible, porque ello implica obligación del liderazgo que conduce una transformación radical, de prever escenarios, salidas, propuestas alternativas que se valoran más allá de sus narrativas por su eficacia política, económica, social.

La segunda, es compleja por las contradicciones dialécticas que contiene y quizá la mejor forma de describirla es usando la metáfora de una marcha del proceso Bolivariano en tres carriles, no siempre paralelos. El primero de los raíles expresa las dinámicas que acompañan la decadencia de la vieja burguesía, hecho que en un país de economía importadora facilitó el surgimiento de nuevos actores de la llamada “burguesía emprendedora nacional”. Este fenómeno tiene hitos importantes entre 1999-2002 (Miquelenismo), 2003-2013 (surgimiento de nuevos actores de la burguesía importadora) y 2013-2020 (consolidación de la idea de burguesía revolucionaria, plasmada en políticas públicas). El segundo de los raíles se construye a partir del emerger desde el Estado, de un proceso de comunalización que apunta a la construcción de un modelo de socialismo del siglo XXI, el cual tuvo su auge entre 2002 y 2007, detenido por las tensiones que se crean entre poder popular embrionario e intereses de la burguesía importadora emergente. El tercero de los raíles lo transita la corriente histórico-social por el cambio radical en Venezuela, que viene de las batallas libertarias del siglo XX, especialmente contra el neoliberalismo. Estos tres carriles han tenido puntos de encuentro en distintos momentos de auge de cada una de estas dinámicas, que son fáciles de identificar por la crispación política que producen estas confluencias, ya sea al interior de las fuerzas bolivarianas o, entre oposición y el llamado chavismo.

La tercera, la cultura del rentismo en general y del rentismo intelectual en particular, que ha menospreciado el talento nacional popular para salir de la crisis y ha preferido construir una ruta de “salvación nacional” con capitalismos emergentes como China, Rusia, Turquía, entre otros. Capitalismos emergentes que están orientados por la ganancia, especulación y usura, no por los intereses del pueblo venezolano; negociar con ellos implicaba redoblar las alertas, nunca colocar puentes y alfombras, entre estos y un sector de la burguesía criolla.  Solo el pueblo salva al pueblo y, eso en Venezuela tiene lectura de Estado comunal, pero la comunalidad y el desembarco en el país de los capitalismos emergentes representan intereses diferentes.

Las intersecciones de estas tres dinámicas crean “detonaciones incesantes”, qué al no ser abordadas desde una perspectiva de lucha de clases, deterioran las condiciones materiales de vida de la población, sirviendo de caldo de cultivo para el escalamiento de los procesos migratorios. La explosión del proceso de emigración ocurre en un contexto de reorientación del proceso Bolivariano, que pareciera ubicarlo progresivamente en las antípodas de su génesis transformadora; la situación de asedio imperial ha logrado frenar el ímpetu revolucionario de una parte importante del liderazgo. Las evidencias parecieran señalar que la actual dirigencia ha optado por la sobrevivencia del día a día, lo cual le hace perder el horizonte estratégico. A pesar de ello, el espíritu y prácticas rebeldes y solidarias de la revolución bolivariana, desde abajo, siguen vivas, resistiendo desde los márgenes de la institucionalidad, a la espera de un reencuentro entre liderazgo institucional y comunidades, o tal vez, de una revolución dentro de la revolución.

El pueblo trabajador resiente esta doble situación. La inflación desmedida y sin precedentes en la historia patria, la caída del poder adquisitivo del salario mínimo y nominal, el deterioro de los servicios básicos, el eclipse de la democracia participativa como lugar de enunciación de las políticas públicas, crean un escenario complejo para un pueblo que demanda que la crisis la paguen los que más tienen.

La derecha apátrida no es una alternativa política, ni siquiera para la clase media alta que ve con recelo su desmedida ambición por el poder y su entrega a intereses foráneos, sin que ello vaya acompañado de una praxis al lado del pueblo. La democracia venezolana, incluso redimensionada por la revolución Bolivariana, requiere de una oposición que este a la altura de sus definiciones, lamentablemente esto no ocurre.

La izquierda marxista es una minoría que no ha logrado construir un polo alternativo de masas. Sin embargo, a finales de 2020, factores de izquierda conformaron la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), con la tarjeta del Partido Comunista de Venezuela (PCV), como estrategia electoral para las elecciones de la Asamblea Nacional de diciembre, 2020, tomando distancia del liderazgo del Partido Socialista de Venezuela (PSUV). La APR es una apuesta por una salida revolucionaria a la crisis del capitalismo dependiente y rentista venezolano. Sus impulsores señalan que la APR va más allá de lo electoral y constituye una estrategia para la reorientación clasista del proceso Bolivariano. La APR está conformada por militantes de partidos intervenidos por decisiones del Tribunal Supremo de Justicia, activistas sociales campesinos y campesinas, colectivos artesanales, feministas, ecologistas, obreros y obreras, grupos culturales, pero falta saber su conexión o no, con el descontento en las bases del chavismo.

Los resultados lectorales del 6D de 2020, al menos en términos electorales, no dieron evidencias de ello. La APR a pesar de estar conformada por más de 200 colectivos sociales no logró superar la histórica votación del PCV, obteniendo solo un curul para la Asamblea Nacional. El gran ganador electoral fue el PSUV, alcanzando la mayoría de escaños del parlamento, mostrando que el discurso alternativo de la izquierda radical y la derecha en diálogo con el gobierno, tiene precaria acogida electoral. Sin embargo, la situación expresada en las elecciones parlamentarias se mostrará de manera más nítida en el año 2021, donde podremos valorar el nuevo cuadro de correlaciones de fuerzas que surge con las elecciones, resultante tanto de votos, como de porcentajes de abstención

Es necesario precisar, que este trabajo tiene como lugar epistémico de enunciación, el latido de compromiso revolucionario, de crítica certera del pueblo bolivariano insumiso. En este sentido, se procura tomar distancia con la cultura de la propaganda polarizada que pretende asaltar el pensamiento crítico, especialmente en las ciencias sociales. Para ello, hemos ido de la comprensión de lo estructural para poder dialogar de una manera más analítica con actores/as migratorios juveniles y, a partir de ello, hibridar teoría y praxis. Este es un fenómeno en pleno desarrollo, no estático, con flujos y reflujos y nuestra intención ha sido poder comprender su estado actual.

  • Antecedentes

“Llevo tu luz y tu aroma en mi piel;

y el cuatro en el corazón.

Llevo en mi sangre la espuma del mar y

tu horizonte en mis ojos”

(Venezuela,

Pablo Herrero Ibarz y

Jose Luis Armenteros Sánchez )

Cabrujas (1987) definía al Estado venezolano como un “disimulo”, como un “truco legal”, afirmación que ampliaría Fernando Coronil en “Estado Mágico, Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela” (2002), especialmente en su dinámica rentista. Esta caracterización se fundamenta en la falta de institucionalización de los procesos, de concreción material de las definiciones jurídicas, las carencias de continuidad en las políticas públicas ante las rotaciones de gobiernos; se trata de una crítica al caudillismo y el mesianismo como sustituciones históricas del Estado nacional.

Luis Brito García en “El verdadero venezolano: mapa de la identidad venezolana” (2017) muestra como ese “disimulo mágico” tiene en la historia visos racistas, al entender “la inmigración como remedio «único» para, entre otras cosas «mejorar la raza»” (2017;167-168).

Históricamente hablando, en Venezuela se ha sobreestimado la inmigración al asociarla al desarrollo nacional, mientras se subestima la emigración al hacerla portadora de incultura y barbarie que debe ser educada y domesticada. En un país con precaria cultura de emigración, esta idea neocolonial subyace en el abordaje del tema y también como una forma de expiar responsabilidades gubernamentales.

Lo extranjero atractivo no es universal, sino asociado a las naciones de tradición imperial o de éxito industrial, mientras se identifica a los “otros” como extranjeros agrestes con los cuales no es recomendable ligarse.  Esto lo vemos en el imaginario socialmente existente sobre las bondades de la inmigración alemana, española, portuguesa e italiana versus al recelo a las inmigraciones sirias, china o colombiana; recelo que es xenofobia vedada, pues como señalé, mientras una inmigración era concebida para mejorar la raza, otra era valorada por su capacidad de aportar trabajo manual. La violencia simbólica hecha xenofobia narrativa no es menos agresiva que la violencia física, sino que son dos caras de la misma moneda.

Como lo trabaja Sergio Caggiano en “lo que no entra en el crisol” (2005), las “virtudes morales” muestran arraigo del racismo en una sociedad. En Venezuela, ello estaba expresado en frases como “colombiano que no lo hace a la entrada lo hace a la salida” para expresar la desconfianza hacia una migración fundamentalmente de mano de obra, del trabajo, que podía rebelarse ante lo injusto. En oposición estaban los discursos sobre la inmigración europea blanca, al señalar “los portugueses e italianos vienen es a trabajar y ayudar al país”. Español empresario y trinitario vendedor ambulante, son construcciones lingüísticas e imaginarios que se vinculan al racismo. Racismo que tiene una enorme carga de endoracismo al estigmatizar al criollo emigrante como incapaz de aportar fuera de las fronteras nacionales.

Esta idea la sostendrían a través del tiempo intelectuales con influencia política de la talla de Gil Fortoul y gobernantes como Eleazar López Contreras y Pérez Jiménez, entre otros. Venezuela es visto por varios teóricos del liberalismo, republicanismo, positivismo y del ideal democrático, como un país al que le beneficia ser receptor de un tipo de inmigración y rechaza esa otra migración. “Los sirios venden baratijas en la calle y fomentan la informalidad mientras los suizos le traen desarrollo a la nación con sus joyerías” o “los asiáticos vienen muertos de hambre y no se casan con venezolanas, los europeos ayudan a la economía y mejoran la raza”, son frases socialmente difundidas que muestran al discurso de la inmigración, mediado por enfoques de clase y raza, cuya comprensión integral demandan una perspectiva de género. Esto forma parte de una epistemología de lo social que sublima lo extranjero y menosprecia lo propio, que deriva en formas veladas o explícitas de racismo y xenofobia.

En esa visión subyace la idea del venezolano como un salvaje y el inmigrante extranjero como el ilustrado que traerá el progreso, mirada que oculta los problemas generados por el papel periférico que le asigna el capitalismo industrial a nuestra región. Carlos Rangel en su libro “Del Buen salvaje al Buen revolucionario” (1976) señalaba que ello ocurría “para intentar excusar o enmascarar el fracaso relativo de Latinoamérica, hija del Buen Salvaje, esposa del Buen Revolucionario, madre predestinada del Hombre Nuevo”. (Rangel,1976;28).

Contra esta relación de lo nacional con lo extranjero se rebeló de manera temprana Simón Rodríguez, en su conocida proclama de “inventamos o erramos”. Una parte importante del pensamiento de izquierdas, desde las primeras células del partido comunista, pasando por el Movimiento Al Socialismo y su “hecho en Venezuela”, intentó colocarse en la otra orilla. Si revisamos los trabajos de Simón Sáez Mérida en las revistas “Al Margen” (décadas de los 70 y 80) y “F27” (década de los 90), Reyes Baena (Revista Pedagógica Nuestra, 1947), Domingo Alberto Rangel (Venezuela país ocupado, 1960), Pedro Duno (Los doce apóstoles. Proceso a la degradación política, 1975), entre otros, encontramos una reafirmación de lo nacional y un encuentro con “lo extranjero” desde lo nacional, que toma distancia del endoracismo. Ludovico Silva (Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos, 1975) es un representante de esas ciencias sociales nacionales, quien, con fuerte identidad nacional, trabaja una epistemología dialéctica entre lo local y lo global. Sin embargo, la construcción del capitalismo rentista va en otra dirección, valorando al talento como otra mercancía que se importa, despojando de cualquier capacidad constructiva al talento nacional; en los procesos migratorios el venezolano es visto como mano de obra que se exporta. Esto lo observamos con Luis Bigott, intelectual afrodescendiente, quien es mencionado en algunos actos públicos, pero su obra estudiada de manera precaria, incluso por el pensamiento descolonial que tanto estimuló.

La idea del mestizo como “mejoramiento de la raza” para la transformación nacional, producto de la mezcla del indígena y el europeo, es sostenida por Arístides Rojas y popularizada por Andrés Eloy Blanco, con su caracterización del venezolano “café con leche”. Pero el mestizo de Andrés Eloy no oculta la influencia de la negritud en su constitución como sujeto histórico, fenómeno que, si será recurrente en la narrativa del poder que ve en la mezcla del criollo con el extranjero de las metrópolis, la mejora “cultural”, convertida en adaptación criolla del racismo. Racismo que emerge en algunas interpretaciones de la emigración. En los últimos años esta perspectiva se muestra con la idea del que emigra como aquel que no logra adaptarse a una situación generalizada de sobrevivencia y por lo tanto no está comprometido con los intereses nacionales.

Para el pensamiento político de las derechas venezolanas, el pueblo es un “Juan Bimba”, a quien hay que “asistir” pero no dar el poder, porque él solo puede ser representado por la clase política blanca o mestiza, descendiente de extranjeros blancos y educada en el arte de gobernar. La infantilización política del pueblo es racismo, sustento de la democracia de las representaciones determinadas por las burguesías blancas o neo mestizas. El pueblo es visto como muchedumbre, hordas, que deben ser educadas para poder participar en el mundo de lo político; el asistencialismo que no empodera, es una forma de racismo. Las tensiones del proceso Bolivariano entre Estado Comunal versus comunas empoderadas de su gestión, ocurre porque en realidad lo comunitario no es aún epicentro del poder político, sino una expresión de la confrontación política y la lucha de clases, cruzada por elementos de racialización.

El ideal espartano de lo militar y ateniense de lo político, hace ver al pueblo como objeto de control y ayuda. Ya sea por la vía de las ideas o de la fuerza, el pueblo debe ser controlado y asistido, es una reedición de la perspectiva griega de democracia donde el pueblo era la élite y el pueblo-esclavo un “no sujeto político”.

El desprecio por lo nacional, en un país donde el capital intenta importar la mayor cantidad de productos para apropiarse de la renta petrolera, construye la idea de un sujeto nacional que nada tiene que mostrar en el exterior. La apropiación del excedente de la renta petrolera, tomada por la burguesía mediante una cultura de las importaciones consumistas, incluye al conocimiento. Para justificar este proceso de apropiación de las ganancias generadas por el extractivismo petrolero, el conocimiento propio aparece devaluado, el nacional como objeto consumista y no como sujeto político creador.

Esto tiene un correlato en las migraciones internas y el símbolo de trabajo, disciplina y progreso que se asigna a migraciones internas del sur-occidente. Un imaginario construido por la oligarquía (godarria) andina, que a su vez es presentada como inculta por los amos del valle; la disociación entre cultura del trabajo y “alta cultura”, es resuelta por el rentismo migratorio que promueve la llegada de colonos extranjeros. Esta concepción resultaba funcional al modelo rentista que se inicia con el extractivismo petrolero en las primeras décadas del siglo XX. Ello implicó una destrucción progresiva de la actividad agrícola y el surgimiento de una burguesía importadora y ensambladora, que, en el periodo de bonanza petrolera de los setenta del siglo XX, generó el modelo cultural y de consumo “´ta barato, dame dos”, dinámica favorecida por la tesis del “buen salvaje consumidor” y de lo extranjero como “progreso” a consumir e imitar en sus formas.

Esto contrastaba con un creciente movimiento intelectual y científico que vivía en los márgenes de ese Estado de “disimulo mágico”. El asedio histórico al pensamiento disidente universitario, ha tenido un capítulo especial contra las ciencias sociales y su capacidad de alerta, denuncia y propuesta. Las ciencias sociales que históricamente aceptó el poder, fueron meros ejercicios de propaganda, de generación de propuestas para el control y el orden social, donde el pensamiento crítico se convierte en no deseado. La idea de tanques de pensamiento con producción teórica crítica de carácter secreto, cuyo uso es opcional para los instalados en el poder, forma parte de este asedio a la libertad de pensamiento en las ciencias sociales. Por ello, el conocimiento del “extranjero” que se promovía en el país, era aquel que sostenía y ampliaba el modelo de dependencia neocolonial rentista, no el que apuntaba a la creación de poder popular.

El nuevo incluido reciente y no programado lo constituyó la inmigración que llegó en las décadas de los setenta y ochenta del siglo XX al país, para escapar de la persecución política en sus países y que en su mayoría empalmó, respetando y colaborando con la construcción de un pensamiento crítico nacional. Pero esta no era la idea del extranjero que promovía el rentismo racista.

Carlos Andrés Pérez en medio de la bonanza petrolera de los setenta del siglo XX, promueve la idea de enviar a miles de venezolanos/as para formarse fuera del país, sin que ello fuera acompañado del desarrollo de una infraestructura propia para la inserción de los “nuevos ilustrados” a su retorno; se trataba en realidad de ir a comprar un modelo cultural para ayudar a fortalecer el consumo rentista en todos sus órdenes, incluido del mundo de las ideas. El estudio de José Egidio Rodríguez (2019)[3] sobre el Programa Gran Mariscal de Ayacucho (PGMA) señala que de los 15.000 becarios formados el exterior entre 1974 y 1996, 10.000 tuvieron como destino EEUU, otro número importante Europa y en un menor porcentaje a algunos países de Asia y América Latina. Esta es la emigración que promovió el Estado, conforme a su modelo rentista racista.

El rentismo es una característica de los Estados petroleros como Venezuela, que se traslada de lo económico a los planos cultural, social, político. El rentismo petrolero ampliamente trabajado por Hazem El Beblawi y Giacomo Luciani (1987) respecto al mundo árabe, ha sido utilizado como categoría de análisis para el conjunto de naciones que estructuran sus sociedades alrededor de la explotación del hidrocarburo, y ha sido trabajado recientemente por Edgardo Lander (2016/2017), Víctor Álvarez (2014), Carlos Mendoza Pottellá (2020), aportando elementos para su comprensión como realidad venezolana.

Si bien el proceso bolivariano expresa un giro nacionalista y anticolonial en su política contra las naciones imperialistas, quedó aún atrapado por una especie de neo iluminismo hacia la izquierda extranjera, buscando luces en lo externo para resolver las tensiones entre empoderamiento comunal versus asistencialismo, entre poder desde arriba y poder desde abajo. Esto se ha mostrado de manera nítida en los encuentros de solidaridad internacional con Venezuela, impulsados desde 2003, que cada vez privilegian más, en cantidad y oportunidad, a la intelectualidad foránea respecto a la nacional. No se trata de promover la xenofobia académica o política, sino de visibilizar la demanda creciente de paridad en los procesos de estudio y comprensión de lo ocurre en el país, tanto en los eventos que se promueven desde la institucionalidad como en la cobertura mediática de los mismos; se trata de reivindicar la voz de los nacionales, quienes piensan el país desde la acción de un proceso de transformación, en la dialéctica del territorio, praxis y pensamiento emancipador y resisten a nuevas formas de colonialismo intelectual. Estamos refiriéndonos a la necesidad de romper con el rentismo racista en el plano de las ideas.

La preocupación desde el poder, por unas ciencias sociales demasiado críticas e “ingobernables”, por un pensamiento alternativo venezolano visto como inestable e impredecible no siempre alineado con el poder, intentó ser resuelto “importando” ideas para oponerlas y eclipsar al cimarronaje intelectual criollo. Esta desvaloración y visión problemática de lo divergente criollo, tendría un efecto directo en la perspectiva oficial sobre el emigrante, que es considerado como problemático desleal o alienado, pretendiendo ocultar con ello las condiciones materiales concretas que dieron origen a la vorágine migratoria de los últimos años.

El marxismo explicado por foráneos para soslayar la experiencia comunitaria anti burocrática venezolana, la mirada descolonial traída de afuera desconociendo la tradición anticolonial de nuestro país, la democracia participativa interpretada por forasteros, se convierten en prácticas e ideas que terminan ocultando la potencialidad del pensamiento revolucionario venezolano, insisto, por su componente de cimarronaje contra toda forma de poder. Expresan también la tradición del extranjero ilustrado.

Para entender lo que ocurre y el abordaje de la emigración venezolana, intentamos aproximarnos desde las contradicciones epistemológicas existentes en la sociedad venezolana, la dialéctica del conflicto cultural y lo que ello expresa en el abordaje institucional, para poder entender el desenfado con el que se ha tratado el fenómeno más importante de los últimos cincuenta años de movilidad humana de venezolanos y venezolanas.

  • La situación nacional antes de Chávez (1980-1998)

Viene bajando el obrero

Casi arrastrando sus pasos

Por el peso del sufrir

Mira que mucho ha sufrir

Mira que pesa el sufrir

(Casas de cartón, Los Guaraguao)

“Para poder entender el presente se hace necesario ampliar los límites de los hechos a estudiar y comprenderlos, en un sentido histórico, de tal manera que puedan reconocerse en los actos sociales concretos precedentes, los fundamentos de lo que hoy se denomina la Revolución Bolivariana” (Bonilla, 2005;102) y en este caso los procesos de emigración

Las crisis de los precios del petróleo y de la deuda externa de comienzos de los ochentas del siglo XX impactó de manera directa a la sociedad venezolana. A partir del llamado “viernes negro” de 1983, las expresiones materiales de la crisis que ello generó, fueron trasladadas a la población trabajadora, produciendo un brutal deterioro del nivel de vida.

Estadísticas del Fondo Monetario Internacional (FMI)[4] estiman que la inflación pasó en ese periodo fue de 9,6% en 1982 a 84,5% en 1990, alcanzando en 1997 el 99,9%. Como lo muestra el trabajo de datosmacro[5], a partir del ranking de Emigrantes por países, la emigración venezolana en el año noventa fue del 0.96%, en plena crisis política, económica y social de ese momento histórico.

La variación del precio del dólar en ese periodo tuvo varios momentos. El primero, antes del viernes negro (1980-1983) ubicado en 4,3 bolívares por dólar; un segundo, entre 1984 y 1993, periodo en el cual fue creciendo de manera sostenida año a año, de 13,55 bolívares por dólar hasta llegar a los 81,18, antesala a traspasar la frontera de los dos dígitos. El tercero, entre 1994 y 2002 que fue de 108,78 a 765 bolívares por dólar.

El desempleo[6] pasó en los noventa de 13% en 1982 a 20,9%. Esto incidía de manera dramática en las posibilidades de alimentación, cobertura de salud y escolar de la población, especialmente de las clases sociales subalternas, trabajadores, campesinos y trabajadores profesionales. El desprecio por la política se convirtió en una forma ciudadana de resistencia, ante un cuadro económico, político y social no conocido en el periodo de la democracia representativa.

El estudio de Matías Riutort (2001) muestra la evolución de la pobreza total en Venezuela, con momentos cruciales en 1982 cuando representaba el 26,4% de la población total, en 1988 donde alcanza 42,5% y se dispara en 1990 a 57,7%, alcanzando en 1997 el 62,5%, antes de la llegada de Chávez al poder.

La caída de los precios del petróleo Brent europeo, referente superior del valor del petróleo venezolano, pasó en agosto de 1989 de estar ubicado en 16, 77 dólares por barril, a 9,82 en 1998. Para un país rentista petrolero como Venezuela esta situación era dramática, afectando de manera sensible a la población trabajadora.

El impacto del brutal deterioro de las condiciones de vida de la población venezolana entre 1980 y 1998 se expresó en la respuesta popular del Caracazo de febrero de 1989, el alzamiento de los militares bolivarianos de 1992 y el amplio apoyo popular a la candidatura de Chávez en 1998.

Hugo Chávez es electo en diciembre de 1998, al cabalgar sobre esta crisis con un discurso centrado en las necesidades del pueblo e impulsando un proyecto de unidad nacional. Como advertimos al estudiar la inteligencia social venezolana “el Chávez que llega a Miraflores, a la par que aprende el arte de gobernar, trata de comprender y asumir las características del Chávez que parió el pueblo” (Bonilla, 2004; 52). Es el drama de un Chávez que trata de estar a la altura y calzar en ese otro Chávez que día a día inventa, crea y construye el pueblo. Chávez es una construcción de la esperanza social rebelde y, el hombre de carne y hueso se fue construyendo al calor del imaginario y la narrativa popular. Esto es muy importante para entender al chavismo y a Chávez, como resultado de un momento histórico concreto, rompiendo con narrativas mesiánicas, sin que ello implique desvalorar el papel del individuo en la historia (Plejanov; 1898[7])

  • El gobierno de Chávez

Es mejor perder el habla

Que temer hablar …

Entonces vamos hombre

Sostén con tu palabra

El corazón del pueblo

Para que no se caiga

(Tu palabra, Alí Primera)

Chávez se convierte en un político revolucionario novedoso que cumple lo que anunció como compromiso en su campaña electoral. Convoca en 1999 al proceso constituyente, modifica el régimen jurídico de la industria petrolera (2001) para garantizar una agenda social amplia, concibe una normativa que permita romper con el latifundio y ello genera una crisis en la alianza policlasista que lo había llevado al poder. Se produce el golpe de Estado de 2002 y la irrupción del poder popular que lo retorna en solo tres días al poder, creando las condiciones para el impulso de un proyecto de socialismo sui generis, en permanente tensión con el emerger de una nueva burguesía importadora.

Los precios del petróleo Brent europeo, comenzaron a repuntar en 1999, ubicándose a finales de ese año en 25,47 dólares por barril. En diciembre de 2005 el petróleo alcanzó la cotización de 52,64 dólares, mientras que en junio de 2008 los 128,33 dólares y en julio de 2011 los 111,62 dólares. Sin embargo, como lo muestra el estudio del economista venezolano Luis Salas, debido a las diferencias de precios entre las distintas cestas petroleras, el promedio de los precios del petróleo venezolano durante el gobierno de Chávez, fue de cincuenta dólares por barril.

Los precios de petróleo, significativamente superiores a los registrados en 1998,  crearon las condiciones materiales para impulsar un proceso de democracia económica y social, que se expresaba en las misiones sociales y educativas, los subsidios a los principales productos de consumo y la cesta básica, así como en la configuración de un imaginario social de igualdad en el estilo de vida de la clase media.

La inflación que en el 2001 había descendió al 12,5%, se elevó a 31,3% en 2003, el año siguiente del golpe de Estado contra Chávez del 2002 y de las turbulencias político-económicas generadas alrededor del mismo. Los datos de la inflación muestran un nuevo descenso el año 2006 a 13,7%; en los años siguientes hasta el 2013 cuando muere Chávez, se registran oscilaciones, entre 18% y 29%. Esta inflación que es alta, se atenúa en sus efectos en el consumidor común por un modelo de redistribución de la riqueza nunca visto antes, que genera mayor capacidad de consumo de los sectores populares, lo cual crea las condiciones de posibilidad para un cambio estructural.

Los datos de CADIVI señalan que la variación del dólar entre 2003 y 2007 escaló de 1.924 a 2.150 en el cambio oficial y a 4.350 Bolívares por dólar en el paralelo, durante el último de estos años. En el 2008 se crea el Bolívar Fuerte como moneda nacional, cuya expresión monetaria era dada por dividir en 1.000 cualquier valor y uso de cambio que se podía efectuar con el antiguo efectivo, es decir, consistía en quitarle tres ceros a la moneda. Ello ubicó el dólar en el año 2008 en 2,15 bolívares en el mercado oficial y en 5,35 bolívares en el paralelo (5.350 entre 1000 del nuevo cono monetario). En los años siguientes ocurre un proceso silencioso de escalamiento que ubicó al dólar en 2014 en 6,30 bolívares por unidad en el mercado oficial y en 144 bolívares en el paralelo; la diferencia entre uno y otro era de 137,7 bolívares por dólar. Una cifra de referencia es el salario mínimo mensual, que en ese año (2014) se ubicaba en 4.883 Bolívares, es decir, 775 dólares mensuales al cambio oficial y 40 dólares mensuales según el cambio del mercado negro o paralelo. El signo distintivo de este periodo es una variación cada vez más importante entre el dólar oficial y el paralelo, entendido este último como el mercado no oficial de divisas.

El desempleo que después del sabotaje petrolero de 2003 había alcanzado 19,1% fue descendiendo de manera sostenida hasta ubicarse en el año 2013 en 9,4%[8]. Sin embargo, estas cifras contienen el empleo con flexibilización laboral que se instauró con las misiones, un tema que será necesario estudiar de manera detallada en algún momento.

El estudio de Claudia Giménez y otros (2010) muestran que la pobreza no extrema en Venezuela descendió de manera sostenida en el gobierno de Chávez, ubicándose en 2007 en menos de 20 puntos, mientras la pobreza extrema en 6%.

La emigración venezolana que en el año 2000 se ubicó en 1,31%, alcanzó en 2010 el 1,96%, una variación de un (1) punto respecto a 1990. Esta migración tuvo oleadas, la primera, entre 2001 y 2004 en la etapa de crisis política que llevó al golpe de Estado contra Chávez y la derrota de esta aventura golpista por la movilización popular; quienes partieron fueron fundamentalmente clase media alta preocupada por el fantasma del comunismo. Con el anuncio de Chávez sobre el rumbo socialista de la revolución, la política de expropiaciones a terratenientes/ latifundistas y el impulso del poder popular entre 2005 y 2009, se produce una segunda ola de emigraciones por razones políticas; Miami, España, Panamá, Colombia, Chile, fueron destinos considerados por este tipo de emigrantes como “ideológicamente seguros”.

La enfermedad de Chávez, a partir de 2011, comienza a configurar una situación inédita que impactó en todos los órdenes de la vida pública venezolana. Chávez había desarrollado un estilo personal y caudillesco de liderazgo, que le convertía en modulador de los distintos equilibrios del poder y, al ser una figura central de la institucionalidad su enfermedad y posterior muerte en el 2013, generaron un vacío político enorme, aún no cubierto hoy

Chávez en la que sería la última decisión de su estilo de liderazgo, designó a Nicolás Maduro Moros como su sucesor. No corresponde trabajar en este artículo las implicaciones de la lógica de sucesión en los límites de la democracia y el socialismo, pero evidentemente ello tendría un impacto en el curso de los acontecimientos futuros. Maduro no representaba a todos los fragmentos del caleidoscopio chavista, y eso generó fricciones y decantaciones en el liderazgo del proceso Bolivariano, especialmente en las capas de alta y media burocracia; se trataba de un reacomodo que tendría impacto en las correlaciones de fuerzas de la lucha de clases. Sin embargo, contrario a muchos pronósticos Nicolás Maduro se ha sostenido en el poder durante ocho años y ha construido nuevas correlaciones de fuerzas.

La elección e inicios del primer gobierno de Maduro están marcados por la crisis mundial de los precios del petróleo, que de manera inmediata golpea a todas las políticas públicas, y ello impactó de manera inmediata y directa en la agenda social.

  • El gobierno de Nicolás Maduro

Hace años que no te veo

Que no te veo

Cajón de Arauca apureño

Cómo te recuerdo aquí,

Óyelo bien

Con cien leguas de por medio

(Simón Díaz, Cajón del Arauca Apureño)

Al presidente Maduro le ha correspondido gobernar en un periodo especialmente difícil. Como lo hemos dicho, la muerte del comandante Chávez creó un importante vacío en el modelo de equilibrios transformadores, que profundizó la disputa entre la vieja y nueva burguesía importadora, con el pueblo en el medio sufriendo los daños colaterales de la disputa. La brutal caída de los precios del petróleo puso en cuestionamiento al rentismo de la economía y la sociedad y, como si esto no fuese poco, arreciaron las iniciativas internacionales contra la revolución Bolivariana, mediante las sanciones del imperio norteamericano y el club de naciones imperiales.

Las nuevas modulaciones para resolver las correlaciones de fuerzas parecieran estar mediadas ahora, por la lógica sindical, de alianzas contingentes para mantener la mayoría del “sindicato-país” en cada coyuntura. Sin embargo, como lo ha mostrado a través del tiempo, en el sindicalismo existe la amenaza permanente del surgimiento de castas de burocracia sindical, con lógica de sobrevivencia a coste de pactos y acuerdos, que terminan desdibujando los proyectos gremiales iniciales; la evolución del sindicalismo que dio origen al Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil es expresión de ello. La apuesta gubernamental durante este periodo, se ha orientado a resolver el día a día, con un horizonte estratégico difuso, con un rumbo que a todas luces desdibuja el proyecto Bolivariano inicial. Es justo señalar que ello pone en evidencia una carencia de vieja data, la falta de una dirección colectiva del proceso, que permita hacer síntesis del caleidoscopio revolucionario Bolivariano y sostener el vínculo con el palpitar popular.

La combinación de factores de agresión imperialistas externos, una derecha apátrida interna y la política “entre dos aguas” del gobierno, crea un peligroso cóctel de crisis multidimensional. Veamos algunos indicadores de este periodo. El precio de la cesta OPEP del petróleo que había estado por encima de los 110 dólares por barril en 2011, descendió en 2014 a 60,23 dólares por barril, en 2015 a 33,67, mientras que 2016 cayó a 26,5 dólares. La decisión de la administración de Obama de declarar en 2015 a Venezuela “amenaza para la seguridad nacional de los EEUU”, se convierte en un ingrediente que afecta de manera especial a la producción y comercio en la actividad petrolera, lo cual en un país de economía rentista petrolera ha significado un impacto directo en las condiciones materiales de vida de la población venezolana.

Si bien a partir de 2017, los precios del petróleo han oscilado entre 62,06 dólares por barril hasta registrar en noviembre de 2020 los 41,41 dólares por barril, esto no ha significado ingresos significativos para Venezuela. Las sanciones a la economía y el comercio venezolano, decretadas en 2018 por la administración de Trump, que se convierten prácticamente en embargo en 2019, vuelven dramática a la situación económica y financiera de Venezuela.

Pero ya antes que ocurrieran las sanciones, a partir del año 2014, la economía comienza a marcar una notable diferencia respecto al comportamiento que se había observado entre 2001 y 2013. Mientras el Producto Interno Bruto (PIB)[9] per cápita del país en 1983, en plena crisis del viernes negro, fue de 4883 U$, cayendo en 1990 a 2.270 U$, no fue hasta 1998 cuando logró repuntar ubicándose en 3970 U$. Es en el 2001 cuando el PIB per cápita logra superar las estimaciones de 1983, al ubicarse en 4964 U$, teniendo una caída en el 2003 a 3266 U$, producto de los efectos del golpe de Estado contra Chávez y la paralización temporal de la industria petrolera.

A partir de ese momento, desde 2004 hasta 2008 el PIB per cápita tuvo un crecimiento sostenido hasta alcanzar en 2008 los 11.079 U$, casi tres veces del alcanzado en 1983. A pesar del efecto de la crisis económica mundial y de la caída de los precios del petróleo, el PIB per cápita en Venezuela en 2009 se ubicó en 9558 duplicando las cifras de 1983. Después de llegar a 12.180 U$ en 2011, el año que Chávez se enfermó, cayó a 6.748 U$ en 2013 cuando muere. El breve repunte de 2015 que llevo el indicador del PIB per cápita a 10.568 U$, fue seguido por una caída sostenida los años siguientes, descenso del cual no se ha podido levantar ubicándose en 2019 en 2.299[10] muy por debajo al de 1983 cuando se inicia la crisis económica en Venezuela y de 1989 cuando el caracazo.

Según la Revista Fortune (2014) Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) era en 2014 la compañía número cuarenta y uno, de las grandes corporaciones del mundo capitalista, con activos estimados en 218.916 millones de dólares e ingresos de 120,979 millones de dólares[11]. Según el informe de riqueza global de Credit Suisse (2014)[12], el total de la riqueza de Venezuela eran ese año de 131 mil millones de dólares. Es difícil de entender el declive de la industria petrolera en solo cinco años; el argumento de culpar de ello solo al bloqueo norteamericano resulta insuficiente, habida cuentas de que otros países sancionados como Irán o Siria no han vivido esta destrucción de su industria petrolera en tan corto tiempo. Este es un balance pendiente para entender el curso de los acontecimientos actuales y el resultado de las disputas inter burguesas en Venezuela.

Paralelo a la caída del PIB, durante este periodo comienza a dispararse de manera inusitada la inflación; según datos del FMI en 2014 fue de 57,3%, en 2015 de 111,8%, en 2016 de 254,4%, en 2017 de 493,6%, en 2018 alcanza la astronómica cifra de 929.789,5%, justamente el año que se inician las sanciones norteamericanas a Venezuela, aunque en términos reales su impacto no fue inmediato. El Banco Central de Venezuela (BCV)[13] reportaría una inflación de 9.585,5% en 2019, mientras no se cuenta aún con una cifra oficial de la inflación estimada al cierre del año 2020.

El precio del dólar en el periodo 2015 al 2018, se mueve de 182 a 243.478 bolívares por dólar. La vuelta al Bolívar como moneda nacional en 2018, implica que se le quitarán nuevamente dígitos, en esta oportunidad dos ceros adicionales a la anterior conversión, lo cual nos permite entender el nuevo momento del valor cambiario. El valor del dólar a inicios del 2019, se ubica en 2504 Bolívares (250.400 entre 100 producto del nuevo cono monetario) y llega en la última semana de noviembre de 2020 a la cifra de 1.200.000,90, es decir, más de un millón de bolívares por dólar, mientras el salario mínimo mensual se ubica en 1.200.000 bolívares; un docente a dedicación exclusiva con más de 20 años de servicio y doctorado, no devenga más del equivalente a 10 dólares mensuales. La involución del poder adquisitivo del salario de los y las trabajadoras/es pareciera proporcional a su estimación nominal[14]. El proceso de entrega de las bolsas de alimentos de los CLAP ha sido criticado, porque solo llegan a quienes cuenten con carnet de la patria[15] y su periodicidad es irregular.

A pesar que el gobierno diseña un programa compensatorio coordinado a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), consistente en una bolsa alimentaria mensual a costo de 150.000 bolívares (casi 10 centavos de dólar), ella apenas alcanza para el consumo de una semana en una familia promedio de cuatro personas y, es incompleta, los rubros que la conforman no incluye proteínas, tampoco frutas, verduras; es apoyo para una alimentación a bases de grasa (aceite), carbohidrato (pasta, arroz, harina), ocasionalmente una o dos latas de sardinas.

Ante las presiones del sector gremial y sindical de los trabajadores por aumento salariales, contratación colectiva, indexación salarial y un salario social realmente efectivo, el gobierno venezolano emite en el año 2018 el memorando 2792[16] que congela los contratos colectivos y los procesos de negociación de aumentos salariales, dejando los aumentos salariales a la discrecionalidad del ejecutivo. Esto confirma una ruta gubernamental, en la que la crisis recae sobre el mundo del trabajo, pulverizando el salario real de los y las trabajadoras/es.

No existen datos oficiales sobre la pobreza y la pobreza extrema en la actualidad, pero con el nivel de remuneraciones de les trabajadores por debajo de 20 dólares mensuales, es decir, menos de un dólar diario, las cifras de pobreza deben ser terribles.

Estas situaciones, drásticas de conjunto, disparan la dinámica migratoria. Se genera un nuevo movimiento emigratorio entre 2013 y 2018, con la característica que en este caso estaba compuesta en su mayoría por profesionales jóvenes y personas de mediana edad, quienes marchaban buscando desarrollo profesional. En los últimos dos años la emigración venezolana ha sido fundamentalmente de clase trabajadora, con un gran componente de juventud. La empresa Datosmacro (2020) señala que la emigración venezolana en 2015 alcanzó el 2,30 de la población, mientras que en 2017 se ubica en 2,24% y en 2019 alcanza el 8,73%, una cifra que indica que son 2.519.780 los/as emigrantes venezolanos/as, de los cuales el 51,7% son mujeres.  Mientras la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)[17]  habla de más de cuatro millones de emigrantes venezolanos/as, el gobierno venezolano menciona cifras que oscilan entre los cuatrocientos mil y seiscientos mil emigrantes.  Por eso, hemos preferido usar la cifra ponderada de datosmacro, que se ubica en el intermedio entre ambas estimaciones. La opacidad de las estadísticas venezolanas impide contar con fuentes oficiales confiables que indiquen metodologías de construcción, por lo cual hay que acudir a estimaciones privadas o de algunas universidades.

No todos quienes se marchan son pobres, algunos/as lo hacen por razones ideológicas o comerciales. En abril de 2020, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó el estudio de la Gran Encuesta Integradas de Hogares (GEIH)[18] de Colombia, que muestra que el 1% de los migrantes venezolanos residentes en ese país (aquellos con más de 5 años de residencia), son emprendedores que generan cada uno un promedio de 3,9 puestos de trabajo en ese país. Por supuesto ello corresponde a quienes tenían sus estatus jurídico resuelto, cultura migratoria y capital para invertir; no es el caso de la mayoría.

Un sondeo hecho para esta investigación, entre 520 familias, ubicadas en distintos Estados y ciudades del país, arrojó que todas tenían por lo menos un familiar en condición de emigrante; algunas de ellas a todes les hijes menores de cincuenta años. El fenómeno de la emigración es valorado con especial dramatismo por parte de quienes se quedan.

Ciertamente la salida masiva y acelerada de población ocurrida en los últimos años tiene una base material en el deterioro, a niveles infrahumanos, del poder adquisitivo del salario de los y las trabajadoras, fenómeno acrecentado a niveles exponenciales por el bloqueo norteamericano a la economía nacional (rentista e importadora) y la crisis política existente. La agenda social del gobierno, es en términos prácticos, cada vez menos efectiva, profundizando con ello los efectos cotidianos del desastre económico.

Cuando iniciamos esta investigación no aparecía en el horizonte el fenómeno del Coronavirus, que ha impactado en la dinámica migratoria nacional. Hoy son miles de venezolanos y venezolanas, quienes regresan al país por las políticas de deportación/expulsión y control migratorio impuestas en algunos países de la región, pero también porque con los confinamientos a los que estaban sometidos no les hacía posible trabajar, en especial a quienes laboran en la economía informal y no reciben ingresos que les permita pagar hospedajes y alimentarse.

El gobierno venezolano habla de unas 200.000 personas que han regresado mediante los vuelos humanitarios y por las fronteras terrestres, un número importante, que de ser cierta esta cifra, equivaldría a una décima parte de quienes han partido. Al retornar a Venezuela se encuentran con antiguas y nuevas dificultades para sobrevivir, en un contexto de cuarentena y toques de queda, cuando la mayoría de quienes retornan son trabajadores informales.

Sin embargo, la pandemia no detuvo la emigración. Muches de quienes regresaron y otros que inician la experiencia, se preparan para partir, en el caso de les primeros/as con experiencia acumulada. De hecho, la primera semana de noviembre 2020, se pudieron observar a miles de ciudadanos partir por los caminos y la frontera colombo-venezolana, especialmente a través de San Antonio del Táchira-Cúcuta.

  • La perspectiva de la investigación

“Unida con lazos (bis),

Que el cielo formó (bis), La América toda.

Existe en nación”

(Himno Nacional de Venezuela,

Himno patriótico del periodo de

independencia nacional)

El propósito de la investigación es realizar una aproximación cualitativa al estado del arte de la migración venezolana entre 2014-2020, especialmente, de la población comprendida entre 18 y 35 años de edad.  Para ello, la comprensión de múltiples factores que inciden en esta emigración masiva, permite un abordaje despolarizado del problema; este no es un tema menor, en un país en el cual muchos de los análisis están sesgados por premisas ideológicas, mientras la mayoría de las familias ven desgarrado sus vínculos y afectos. De la migración por razones políticas de un pequeño sector de la clase media y clase media alta, se pasó a la migración masiva del pueblo trabajador como opción de sobrevivencia. Para el ciudadano común, poder sobrevivir trasciende las posiciones políticas ideológicas, como se fue develando en el estudio que realizamos.

El trabajo coordinado por Gandini, Lozano y Prieto (2019) sobre la crisis migratoria venezolana resultó un referente de especial interés para la investigación, fundamentalmente de las condiciones de partida en los procesos de emigración, que determinarán las posibilidades de regularizar o no la situación jurídica en el país de llegada. Pedone, Mallimaci, Gutiérrez y Delmonte, (2019) y, también Pedone y Mallimaci (2019), en sus estudios sobre la migración, especialmente la venezolana en Argentina, introducen un tema de especial interés para esta investigación: la formación profesional como elemento determinante a la hora de escoger el país al cual emigrar. Sin embargo, el poder acceder a empleo no garantiza que sea en situación de igualdad con los nacionales, ya que en muchos casos es precarizado, con bajos salarios y sin la debida seguridad social al carecer de registros laborales.

La presente investigación tomó en cuenta los estudios de Claudia Pedone sobre trasnacionalismo familiar, siendo especialmente útil sus explicaciones respecto a cómo los “desplazamientos se generan a partir de decisiones que involucran a la mayor parte de los miembros de grupos domésticos extensos” (Pedone,2011:230). La migración venezolana en el periodo estudiado, ha sido parte de una estrategia familiar para la sobrevivencia, el desarrollo profesional y la inserción laboral. Pero ha significado desgarramientos sociales profundos, al separar parejas y replantearse los vínculos con hijos e hijas pequeños, hermanos, padres, así como el sostenimiento de vínculos mediante la comunicación soportada en medios virtuales. La desterritorialización ha creado modelos familiares no conocidos hasta ahora en Venezuela, al menos de carácter masivo y en los sectores populares; hijos, hijas, madres y padres forzados por las circunstancias a vivir en países distintos, dialogando a diario a través del WhatsApp, Skype u otras redes sociales produciéndose interacciones y conflictos desconocidos en el país, al menos como fenómeno social.

La perspectiva interseccional como enfoque que contribuye a valorar “la manera qué convergen distintos tipos de discriminación que apuntan a las estructuras de clase, racismo, género y sexualidad” (Pedone, 2018:53), resulta de especial interés para esta investigación.

Las intenciones de reunificación familiar en el extranjero, como lo señalan Gil Araujo y Pedone (2014), generan nuevas tensiones y preocupaciones familiares, que en el caso de la emigración venezolana tienen la dicotomía de confirmar o quebrar el imaginario del “mejor vivir” en el extranjero. Interesa a este estudio precisar la intención de retorno o las posibilidades y/o características del reagrupamiento familiar en el extranjero, con nuevos incluidos: cultura, parejas, hijes, amigos. En ese contexto se indaga sobre la situación de la emigración femenina, en cuanto a su diálogo trasnacional con los derechos.

Trabajamos con 98 entrevistas estructuradas en profundidad, con población entre 18 y 35 años de edad, de ambos sexos, ubicados en 10 países. Algunas se hicieron de manera presencial y otras por Skype, Zoom y WhatsApp. La selección se hizo a partir de identificar núcleos familiares en 14 estados de Venezuela, que contaban con integrantes en condición de emigrantes. Las preguntas de trabajo procuraban indagar sobre las historias familiares, el número de inmigrantes del núcleo familiar, la autoidentificación de pertenencia a clase social, las causas que llevaron a tomar la decisión de partir del país, las expectativas de vida y desarrollo profesional, la incidencia del tema salarial y de condiciones materiales de vida, el proceso de construcción del proceso migratorio, la elección del destino, el conocimiento de los requisitos para resolver la situación jurídica en el país de acogida, la ruta y medio de emigración, las dinámicas de inclusión y/o rechazo, las expectativas de regreso, entre otros temas.

De los noventa y ocho entrevistados(as) 53 son mujeres y 45 hombres. Aunque la selección fue hecha al azar, estos números se corresponden al informe de macrodatos (2019)[19] que señala que el 51% de emigrantes venezolanos son mujeres. Las mujeres entrevistadas se ubican en 9 países (Argentina 5, Chile 5, Perú 12, Colombia 15, Panamá 5, República Dominicana 1, México 6, Estados Unidos 3, España 1) y los hombres en 10 (Argentina 5, Chile 3, Perú 10, Colombia 16, Panamá 3, México 3, Estados Unidos 1, España 3, Australia 1).

La investigación etnográfica se fundamentó en entrevistas en profundidad, que se complementaron con cinco visitas a la frontera entre San Antonio- Cúcuta y Ureña-Cúcuta en el Estado Táchira, dos visitas al paso de la Guajira en el Estado Zulia, una visita a Darién en Panamá.  Lamentablemente la cuarentena de la pandemia no permitió visitar otras fronteras calientes como la de Colombia con Ecuador. Una cuarta parte de las entrevistas realizadas, requirieron la formulación de nuevas entrevistas en profundidad, para ahondar en el conocimiento de las perspectivas de les emigrantes y su situación actual.

  • La frontera como problema para la emigración

La canción del río que lleva
melodías de espuma,
panoramas de Capacho Borotá y sus brumas,
las campanas de la ¨Ermita¨ La Potrera y La Bermeja,
todos son recuerdos que se anidaron dentro de mí.

(Tierra Tachirense, Chucho Corrales)

Muchos se imaginan las fronteras terrestres entre Venezuela y Colombia como un entramado de carreteras, alcabalas, peajes, donde los emigrantes sellan sus pasaportes y acceden al otro país, con claras distinciones entre la población venezolana y colombiana. Nada más alejado de la realidad. Los siete pasos fronterizos oficiales, pero la Aduana de San Antonio, las Alcabalas de Ureña, Delicias, Puerto Santander, Arauca, Paraguaipoa y la que colinda con la Inírida, son solo una parte de la telaraña de caminos, veredas y pasos temporales que parecieran amarrar los dos territorios.

En el Zulia la Guajira es una sola, no existe eso que los mapas indican como Guajira venezolana y Guajira colombiana; un solo pueblo vive en un territorio que se adentra en las dos naciones. La Guajira expresa la plurinacionalidad de los Estados venezolano y colombiano, un hecho aún no reconocido en el estamento jurídico.

Todo tachirense tiene una familia en el sector de La Parada o en Cúcuta, mientras los y las colombianas/os cuenta con parientes en San Antonio, Capacho, Las Dantas, Rubio, Palmira, Colón, San Cristóbal, La Grita o La Fría. La burocracia gubernamental de Bogotá y Caracas suele desconocer esta dinámica de frontera.

El contrabando ha sido una constante histórica en estos linderos nacionales. En un periodo el café, en otro la caña de azúcar, en la actualidad el combustible, constituyen los artífices centrales de esta dinámica. Todo se comercia a un lado y otro de la frontera, de acuerdo a las fluctuaciones de la moneda y precios en cada país; café, granos galletas, cervezas, línea blanca, todo se pasa de un lado a otro. Las alcabalas suelen ser referenciales, pero las trochas son la verdadera ruta para el ingreso de las mercancías; debajo del puente Simón Bolívar que conecta a las dos naciones, un ejército de hormigas humanas, con bicicletas, carretillas y en los hombros transporta lo que tendría dificultades para justificar en las Aduanas.

Nueve de los veintinueve municipios de Táchira son territorios en permanente disputa entre fuerzas guerrilleras y paramilitares, mientras las fuerzas del orden público a ambos lados del río Táchira no pueden controlar el fenómeno. Los habitantes han aprendido a convivir en esta realidad, en la cual la vida pende de un hilo, ante la disolución práctica de los Estados nacionales.

Antes del cierre de fronteras entre Colombia y Venezuela, más de dieciocho mil vehículos pasaban diariamente la frontera del Táchira al Norte de Santander, mientras por esa vía y por el corredor Boca de Grita-Puerto Santander se contrabandeaban 15 millones de litros de gasolina mensualmente; de retorno ingresaban a Venezuela las mercancías que escaseaban[20]. En estos territorios la legalidad tiene subjetividades muy particulares. La carencia de fuentes de empleos fijos y estables, ha convertido lo ilegal en socialmente aceptado. Miles de familias han vivido del contrabando de combustible y de otros rubros.

En un contexto de ilegalidad normalizada muches jóvenes emigrantes que no tenían sus documentos en regla, especialmente el pasaporte, optaron por usar las rutas de los “ilegales”, por ello, no cuentan en las estadísticas oficiales. Los que, si contaban con pasaporte vigente, tenían que soportar largas colas en un territorio donde todo el mundo es sospechoso.  Este fenómeno tiene contrapartes en todos los puntos de paso fronterizo, lo cual añade drama a quienes deben salir por tierra.

  • Dinámicas complejas de la emigración de jóvenes venezolanos/as

Los que se quedan, los que se van

Algún día volverán…

¿Dónde está Juan?

‘Ta en Panamá.

Valentina

¿Dónde está Luisa?

Está en Suiza

Y Cristina en Argentina

Y La Gorda en Colombia

Y Ramón en Japón oyendo Oscar de León,

Patricia en Canadá,

Esperanza está en Francia,

Antonio, Aurora, Yvette están en USA,

Zurima en India tarareando Simón Díaz

Y Nadia en España y Sofía en Turquía,

Vanesa en México, Fernando está en Chile,

La Gocha en Escocia, Nicanor en Ecuador,

Estrella en Italia friendo empanada,

Carlitos en Alemania, Nataly está en Brasil,

Ana en Dominicana recordando Choroní,

El Cumanés en Arabia, la Maracucha está en Rusia

Manuela en Australia, pero quisiera está en Caracas

(Los que se quedan, los que se van, Desorden Público)

El primer encuentro con rostros humanos de la emigración no fue fácil. Nos encontramos con especiales aprensiones/desconfianza por parte de les sujetos con quienes se dialogó, que en muchos casos se autoperciben como “clandestinos” o en situación migratoria inestable, para quienes “hablar” sobre su cotidianeidad se convierte en un desafío. En el caso de las mujeres sin regularidad jurídica la posibilidad de encuentro con el investigador fue especialmente complicada; ello tiene como base la discriminación, abuso y xenofobia que muchas han sufrido y que a las otras les hace estar en alerta permanente. Las asimetrías de género son patentes en los procesos migratorios de las mujeres. Muchas de ellas narraron intentos de abusos sexuales o agresiones físicas, e incluso cómo fueron víctimas de cámaras ocultas en los lugares donde se vestían en sus trabajos, lo cual evidencia que la persistencia del patriarcado y el machismo están marcando las trayectorias migratorias femeninas en la región.

La movilidad permanente de muchos/as de los/as emigrantes, por razones laborales, de vivienda o por salvaguarda de su integridad física, añadió dificultades a los registros, pero también develó la importancia de la investigación.

  • Las familias migrantes opinan

Las familias de los/as emigrantes entrevistados/as, destacaron que la crisis económica y política fueron los principales factores generadores de la emigración de los últimos tiempos, los cuales perciben que lejos de solucionarse se agravan. Todas las familias con las cuales trabajamos, sin excepción alguna, señalan que estamos en presencia de una profundización de la crisis de gobernabilidad y no ven solución en el horizonte próximo. No poder contar con salario, ni ingresos suficientes para garantizar la comida diaria, fue un factor determinante, no sólo para apoyar, sino en muchos casos para estimular el inicio del proceso emigratorio.

Al tener escindido su núcleo familiar, les familiares de emigrantes que permanecen en el país, tienden a ubicarse en uno de los extremos de la polarización política y el desencuentro, ya sea culpando al bloqueo norteamericano o al gobierno de Nicolás Maduro. Polarización que contradictoriamente toma distancia de los liderazgos visibles de ambos campos.

Como resultado de la polarización política, en la sociedad venezolana se han instalado los relatos de “traidores” o “víctimas” para referirse a quienes emigran, lo cual limita la aproximación desprejuiciada a la complejidad del fenómeno y las consecuencias que ello tendrá en el futuro para la nación venezolana. Esto se puede constatar en los medios de comunicación social, pero también en la cotidianidad de las conversaciones de les ciudadanes sobre el tema. Este abordaje maniqueo no da cuenta de las múltiples facetas de la emigración.

La precariedad en la cual viven millones de venezolanos/as ha generado un traslado de las narrativas de lo político hacia el humor, especialmente el humor negro. Es necesario destacar que esta particular despolitización, por la precaria situación material de sobrevivencia, ha generado respuestas individualistas, pero también solidarias. Mientras el fenómeno del bachaqueo[21] desató estilos y prácticas de usura en la micro política del barrio, también emergieron clubes de intercambio, ventas campesinas a precios justos, ollas comunitarias.

La iniciativa de los CLAP contribuyó a la organización social para enfrentar la crisis y a pesar que en muchos casos también derivó en clientelismo político, marcó una ruta de educación sobre formas de organización desde abajo para enfrentar el actual trance. Sectores a quienes no les llegan las bolsas de alimento de los CLAP o que no resultan suficientes, comenzaron a establecer redes de comercio y consumo solidario, esquivando el binomio de especulación y complicidad con estas prácticas, por parte de comerciantes usureros y sectores de la burocracia.

Treinta y cuatro de les progenitores de les emigrantes entrevistades, no tenían título universitario, pero si un oficio permanente, cuarenta y dos contaban con una titulación universitaria, algunos de ellos docentes y funcionarios públicos activos o jubilados, los restantes veintidós eran trabajadores independientes, algunos de la economía informal y otros pequeños productores del campo. Ochenta y nueve de las familias vivían en distintos contextos urbanos, mientras nueve en medio rural.

  • Críticas a la educación

Tanto las familias como les emigrantes, insistían en que la educación escolar no les había dado herramientas conceptuales y procedimentales para emprender procesos migratorios y que, en consecuencia, se requería una educación para los procesos migratorios como requisito para el desarrollo democrático en el siglo XXI. Todes reconocían que se había ampliado durante los últimos años la cobertura escolar y las oportunidades de estudio, pero tenían críticas a la calidad centradas en a) la actualidad de muchos de los contenidos, especialmente en lo referido a las innovaciones científicas y tecnológicas, b) la precariedad de la infraestructura tecnológica escolar y la conectividad, c) las limitadas posibilidades de inserción laboral en el país al obtener los títulos.

La crisis educativa del COVID-19 es vista como muestra de las limitaciones del aparato escolar para dar respuesta a los nuevos desafíos epocales, Todes los/as entrevistados/as relataron como familiares o hijes de amigos y amigas no habían podido conectarse para estudiar durante la pandemia por problemas de electricidad, conexión a internet, acceso a equipos. Y aquellos que habían podido hacerlo mostraron su inconformidad con el estilo de estudio frente a una pantalla. Plantearon la necesidad de abrir un debate nacional sobre la educación para garantizar una salida nacional a la crisis actual.

  • Causas que motivaron la emigración vistas por les jóvenes

Respecto a las causas que les llevaron a tomar la decisión de partir, cuarenta y cinco de las mujeres señalaron, en primer lugar, razones de sobrevivencia por la dramática situación económica y la crisis política en la que estaban viviendo los últimos años, mientras que seis expresaron que lo hacían para desarrollarse profesional y laboralmente; las dos restantes, adujeron razones ideológicas. En todos los casos la situación económica aparece como primera o segunda causa. Si lo desagregamos por edades, encontramos que quienes señalan razones políticas pertenecen al grupo etario menor de 30 años. Lo que nos interesa subrayar es que el determinante en ambos grupos etarios en las mujeres, ubica la razón de partida en la difícil situación económica. Nathaly, venezolana en Argentina narraba

“La principal fue la condición económica, la no correspondencia en lo que tenía como sueldo y de comprar lo que necesitaba, y no estoy hablando de lujos, estoy hablando de la posibilidad de poder mantenerme a mí misma y pagarme mis gastos. La primera condición por la cual salí es la económica”. (Nathaly, 24 años, Argentina)

Las razones de partida que argumentan los hombres varían de manera importante: veintitrés hombres señalan que lo hacían por razones económicas, para conseguir trabajos con salarios dignos, mientras que dieciocho para vivir en otras culturas, dos para seguir estudiando y dos por razones políticas.  Roberto (31 años, Sao Paulo, Brasil) nos contó

“una cosa es tener diferencias políticas, pero otra la irracionalidad con la cual la oposición y el gobierno resuelven sus diferencias. Al final, ha sido el pueblo quien ha pagado las consecuencias, mientras ambos sectores se presentan como salvadores”. Josefina emigrante en Brasil nos indicaba “… me parece normal que los políticos piensen distinto y eso no me importa, pero es muy arr… que su desencuentro lo pague el pueblo, con enfrentamientos que ya no son de palabra sino a tiros” (Roberto, 31 años, Oaxaca, México)

Por su parte, Sonia quien emigró a Panamá nos relataba:

“Me agotó la demagogia. Inicialmente el tema de las guarimbas me fastidió demasiado, la mugre, todo quemado, la basura, creo que reflejaba la imposibilidad de hablar, de dialogar de ponerse de acuerdo, y también pues comencé paso a paso a no escuchar noticias a eliminar los grupos de WhatsApp, sobre todo para tener sanidad mental, no quería escuchar más a ningún bando, dejé de escribir cosas de orden político en mis redes sociales, porque sentía que no me generaba paz, comencé hacerlo desde el 2018 y me siento muy contenta de haber hechos esto, dejé de vincularme con la escena política de verdad estaba muy agobiada y agotada de todos. Yo estuve muy vinculada a temas políticos durante mucho tiempo y no aguanté la decepción, y para no sentirme frustrada o triste tenía que desvincularme, comencé sencillamente a alejarme gradualmente de este ámbito” (Sonia, 26 años, Panamá)

Noventa y seis de les entrevistades colocaban a la inseguridad y el deterioro de los servicios como la tercera causa de emigrar. Rafael, señalaba que

“es imposible vivir sin salario, sin agua, luz, internet, con policías ladrones y asesinos, teniendo que pagar en dólares todos los trámites para recuperar los servicios” (Rafael, 29 años, Australia,);

Aleja indicaba

“ahora son los mismos empleados que desconectan la línea telefónica o el internet, la luz o el agua, para que las comunidades o los vecinos les paguen en dólares la reconexión. Los bajos salarios están haciendo desaparecer al gobierno, al Estado. Ahora salvase quien pueda” (Aleja, 25 años, Perú,)

Cuarenta de los hombres entrevistados cuestionan abiertamente las políticas gubernamentales en Venezuela, en contraste, cinco las justifican por tensiones geopolíticas, especialmente la injerencia norteamericana contra Venezuela. Para las mujeres la política pareciera tener una comprobación en lo concreto, que no es despolitización, sino una racionalidad más práctica de la dimensión política, menos ideologizada por meta discursos de izquierdas o derechas.

La carencia de efectivo se mostró como un añadido que impactó. Marta nos contó:

“cuando llegué a Argentina, en una oportunidad me acerqué a un cajero a sacar efectivo, solo en ese momento hice conciencia del problema del efectivo en Venezuela, yo lo había naturalizado, para mí era normal no usar el cajero, no tener efectivo, los deje de usar desde el 2016. El problema con el efectivo en mi ciudad comenzó desde el 2015, pero en el caso de nosotros por estar tan cerca de Colombia, se hizo un negocio con el efectivo porque los vendía en frontera, comenzó un calvario. Los bancos comenzaron a limitar el efectivo, todo se empeoró por los cortes de electricidad. Este último año en el 2019, la mayoría de los bancos tenían cerrados los cajeros por que los agredieron en una oportunidad con las guarimbas y no los volvieron habilitar, estos extendieron los horarios, trabajaban hasta los sábados, intentaron ayudar. El tema del efectivo se convirtió en un negocio en frontera y fue un calvario para mí” (Marta, 29 años, Buenos Aires, Argentina)

En el caso de Airam, un emigrante originario de Anzoátegui quien ahora vive en Medellín, nos señalaba que además de las razones expuestas arriba, al ser comerciante debió emigrar porque la inflación descontrolada le llevó a la quiebra.

El pequeño negocio que tenía en el oriente del país, dejó de ser rentable porque los costes de reposición de mercancías eran superiores a la recuperación del capital más ganancias. (Airam, 31 años, Colombia)

  • Costos de la emigración

Emigrar es costoso. Nos informaron las familias que poner en marcha un proceso de emigración implicaba cuantificar los costes de los pasajes (aéreos o por tierra), alimentación en la ruta y para por lo menos por un par de semanas, mientras pueden obtener recursos propios, algún aporte para apoyar al amigo o familiar en cuanto a arriendo o un promedio de 200 dólares mensuales para ubicarse en una habitación humilde. Además, de alguna previsión para cubrir una pequeña emergencia.  Partir demandaba por lo menos 700 dólares para quienes marchaban por tierra y alrededor de 1.500 dólares para quienes lo hicieron por avión. Estimado que no incluye las coimas y los costes de trámite de los documentos de identidad, legalización y apostillado que de conjunto los ubican en unos mil dólares adicionales. En un país, en el cuál el salario más alto no alcanza los 30 dólares mensuales, estas cantidades se convierten en una fortuna.

Conseguir estos recursos se convirtió en esfuerzo familiar colectivo, en el primer reto para la emigración como estrategia colectiva. En algunos casos se tuvieron que vender propiedades, en otros se contrajeron deudas o se embargaron bienes, todo ello con la esperanza de poder recuperar lo invertido con las remesas que enviarían quienes parten. Como lo muestran Solé, Parella y Cavalcanti (2007) y Pedone (2019), esta es una característica del trasnacionalismo familiar en los procesos migratorios

  • Oportunidades de estudio

Cuando les preguntamos a las mujeres sobre las posibilidades de acceder al estudio en su hogar, si había distinciones entre hombres y mujeres, cincuenta y una señalaron que en sus hogares se priorizaba el estudio para las mujeres, una que era igual y la otra que era más fácil para los hombres. En el caso de los varones, al preguntarles sobre este particular, cuarenta y uno señalaron que la prioridad en el apoyo al estudio siempre era para las mujeres, mientras que tres a los varones y, uno que era igual determinado por el esfuerzo que uno u otra hiciera.

La evidencia empírica muestra un mayor número de mujeres en la educación superior y aunque las estadísticas son muy opacas, todo pareciera confirmar esta tendencia histórica. El trabajo de Rosaura Sierra Escalona denominado “Más mujeres graduadas y menos mujeres ocupadas. El dilema de la feminización de la educación superior en Venezuela (1970-2001)”, publicado en Cuadernos del CENDES (2005)[22], mostraba que las mujeres representaban en 1985 el 55,4% del total de inscritos en las Instituciones de Educación Superior (IES) y, que ese porcentaje se había elevado en 2001 a 59,3%. Si bien, este porcentaje variaba por carreras aumentando en las ciencias sociales, humanistas y las medicinas, en las ingenierías y las llamadas ciencias duras disminuía. Una información del 3 de diciembre, de la Federación de Estudiantes Universitarios de Venezuela (FEUV) señala que en el 2020 la matrícula femenina alcanza el 68%[23].

Estos datos parecieran confirmar las informaciones suministradas por les entrevistados. Las razones de esta tendencia, diferente al resto de la región, son de signo variado, entre otras de carácter antropológico que se remontan al protagonismo femenino en la lucha de resistencia y la religiosidad indígena (María Lionza como ejemplo), la representación simbólica de la Negra Matea para el cimarronaje afrodescendiente, el protagonismo femenino en la guerra de independencia (Manuela Sáenz, Juana la Avanzadora, entre otras). Cada día, es más creciente el protagonismo femenino en la organización social, aunque agendas de género como el aborto legal y seguro aún no logran romper el conservadurismo del estamento político.

Sin embargo, cuando les preguntamos sobre la distribución de las tareas del hogar y el trabajo de cuidados, todas las mujeres señalaron que en su mayoría recaía sobre ellas, mientras que treinta y cinco de los hombres confirmaron esta realidad, siete señalaron que se distribuían entre hermanos independientemente del sexo y, los restantes tres no tenían hermanas mujeres, pero indicaban que ese trabajo lo hacía fundamentalmente la madre.

  • Autoidentificación simbólica

Solo uno de les entrevistados poseen alguna propiedad (apartamento, vehículo) en el sitio de emigración.  Sin embargo, todes los entrevistados se auto ubican como clase media y ninguno como pobres. Incluso aquellos que no tienen nada en Venezuela y hoy duermen en un colchón al piso, se consideran clase media. Esto pareciera confirmar el mito extendido de la permanente movilidad social. Vélez, Campos y Fonseca señalan que “de acuerdo con el tipo de movilidad que se desea analizar, se puede distinguir entre movilidad horizontal y movilidad vertical. La primera se refiere a cambios en la posición de un individuo al interior de un mismo estrato socioeconómico. La segunda se define como el paso, ascendente o descendente, de un individuo de un estrato a otro (Sorokin, 1959). En particular, se dice que la movilidad vertical refleja el nivel de “fluidez” entre los estratos sociales (Solís, 2007a)” (2015;5).

A pesar que por los niveles de ingreso y condiciones de vida, muchos de los emigrantes pueden estar ubicados en la clasifican de pobres y sus familias en condiciones de pobreza extrema, todes al unísono se consideran que ascendieron a la clase media y de manera horizontal viven mejor que los que se quedaron, ubicándolos también dentro de la misma clase. Como lo señala Pedone, C. (2018), “en el campo de los estudios migratorios la categoría clase social ha sido abordada de manera periférica, y en temáticas muy puntuales, donde en ocasiones ha dejado de lado otras variables transversales como el género, la edad, la cultura, la etnia/nacionalidad”. En este caso pareciera que el elemento cultural tiene un peso significativo.

El modelo cultural de progreso instalado los últimos años, ha reforzado esa idea de movilidad ascendente y de competencia estratificadora horizontal. Ese ideal es trabajado como alienación incesante por el complejo industrial cultural del siglo XXI a través de la imagen, el sonido, el cine, la televisión, el video clip, la industria del libro, las redes sociales.

El asistencialismo, expresado en empoderamiento para el consumo, durante el proceso bolivariano, con dólares preferenciales para viajar y dotación de línea blanca y televisión a familias con “mi casa bien equipada”, generó un estilo y expectativa de vida que hizo creer a capas de pobres, cuya situación mejoraba por haber elevado el volumen de consumo, que ya eran clase media.

A ello se añade la idea socialmente instalada de los pobres como el nivel más bajo de la sociedad, aquellos a quien “dios aprieta, pero no ahorca”. El discurso del pobre como “pueblo elegido” de la revolución, también construyó la narrativa de culpabilidad de la muchedumbre, las “hordas”, por lo que está ocurriendo en materia política y económica. El auto percibirse como clase media, pareciera ser en muchos casos una posición simbólica de tomar distancia con la responsabilidad por la actual situación del país. Doce de les emigrantes son docentes, quienes renunciaron a sus empleos en Venezuela, por devengar unos salarios por debajo de los 10 dólares mensuales[24], también se autodefinen como clase media.

  • Edad para emigrar

La edad se convierte en un tema relevante a la hora de pensar y avanzar en la emigración como estrategia de sobrevivencia; a los niños, niñas y los mayores de 55 años, las familias de quienes emigraron les consideran con limitaciones para poder alcanzar de manera satisfactoria el proceso emigratorio. También refieren la significación que tienen las condiciones físicas, profesión, oficio o el título a la hora de decidir a quienes apoyar, así como la capacidad de adaptación y empatía. La idea que prevalece es que se queden los mayores, niñas y niñas y quienes tengan alguna enfermedad que demande tratamiento permanente. No obstante, muchas madres solteras, aún con limitaciones tuvieron que partir con sus hijes porque no tenían quien les cuidara.

La nota periodística de PRODAVINCI (2018)[25], con base a los registros en redes sociales, indicaba que 3.186.216 emigrantes que cuentan con una suscripción de Facebook habían partido de Venezuela, una cifra mayor a la que indica macrodatos. Un 10% de estos suscriptores de Facebook regresó en algún momento a Venezuela. Usando análisis de metadatos, la nota señala que 794.000 de los que partieron tenían edades entre los 18 y 24 años de edad, mientras 1.240.000 tenían entre 25 a 34 años y finalmente 592.000 entre 35 y 44 años; es decir el 82,3% de los emigrantes registrados en Facebook eran menores de 44 años. El dato oculto, es la cantidad de niños, niñas y adolescentes menores de edad que acompañaron estos periplos, ya que la evidencia empírica mostró a muchas madres partiendo con sus hijos en brazos o tomados de la mano.

  • Decidir: ¿quien se va?

Algunas familias prefirieron que fueran varios los que emigraran para que se cuidaran y apoyaran entre sí, mientras que para otras la estrategia seleccionada fue la de apoyar a quien consideraban tenía mejores condiciones y capacidades para enfrentar los desafíos del proceso migratorio. Nos comentaron les entrevistades que la idea siempre fue, que quien partiera primero fuera “jalando” a la familia como lo refirieron María y Francisco, de Mérida, padres de tres hijos, uno de ellos con el mismo nombre del progenitor.

En mi casa me pusieron la tarea de ir, asentarme, conseguir trabajo y mandar la plata para que se vinieran mis dos hermanas.  Ellos están pasando mucha roncha … comen una sola vez al día y mis viejos ya no están para eso. Mi mujer me dejó por la situación económica … yo entiendo lo duro que es no poder llevar comida para la casa … pero ahora tengo que ahorrar para mandar platica para donde los viejos y mis hijos. Apenas si he podido reunir para el pasaje de una de mis hermanas, pero espero tenerlas pronto conmigo y así juntos ayudar a la familia. (Francisco, Panamá, 34 años)

Nuevamente el fenómeno del trasnacionalismo familiar impone una cultura migratoria desconocida hasta ahora por muchos venezolanos y venezolanas. Tal vez por ello, cuando se les pregunta a los emigrantes de donde son, responden un poco de allá, un poco de acá … somos de donde este la familia.

  • ¿Para dónde ir?

Ubicar a familiares y/o conocidos que hubiesen partido y estuvieran viviendo en otros países, ocupó una buena parte del tiempo de preparación de la emigración. El abordaje desde las dinámicas de inteligencia social (IS) halló que muchas veces los datos eran contradictorios, mientras unos señalaban que se les había hecho fácil vivir en uno u otro país, otros relataban adversidades y dificultades insoportables. Decantar opiniones para decidir, se convertía en un ejercicio empírico de cruce de variables, de análisis contingentes.

Cuando se indagó respecto al porqué se había escogido un destino y no otro, sorprendió el peso de imaginarios arraigados. Argentina, Chile, Panamá, España, EEUU, Australia son percibidos tanto por hombres como por mujeres, como destinos de alto desarrollo, que demandan titulación universitaria y ofrecen posibilidades de una formación académica de alto nivel. Perú, Ecuador, México, Colombia, República Dominicana son vistos como destinos para “toderos”, es decir para emplearse en distintas áreas. Esto muestra el arraigo de las nociones de extranjero culto y extranjero bávaro como formas de racismo que alimentan el endoracismo. Así lo expresaron Ana, José Luis, Roberto, Gregory, María, Carlos; tomaremos el testimonio de Gregory:

“Escogí México y especialmente Ciudad de México porque aquí no solo puedo hacer las cosas que estudie (periodismo), sino que puedo hacer muchas cosas. Cuando llegué trabaje de transporte de comida rápida, luego en un bar, pero al mes ya estaba trabajando para una revista internacional. Acá se valora mucho que uno pueda hacer muchas cosas a la vez y no solo para lo que estudio” (Gregory, 34 años, Ciudad de México, México)

Estas informaciones son confirmadas por las estadísticas de macrodatos que indican cuáles son los destinos seleccionados por les venezolanes para emigrar, ordenados de mayor a menor: Colombia, Perú, Estados Unidos, España, Chile, Argentina, Italia, Portugal, Canadá, México, Panamá, Reino Unido, Ecuador, Alemania, Australia, Trinidad y Tobago, Francia, Suiza, Países Bajos, Brasil, República Dominicana, Haití, Guyana, Bélgica, Suecia, Costa Rica, Noruega, Austria, Grecia, Dinamarca.

En cuanto a la preparación para la emigración encontramos que 37 de las mujeres viajaron con sus papeles en regla, partidas de nacimiento y títulos apostillados, en contraste con los varones, quienes solo 19 de ellos lo hicieron de esa manera. Todes contaron el drama que significó sortear las redes burocráticas para poder sacar sus pasaportes y apostillar documentos.

Luisana nos contó:

“Que va, en Venezuela todo esta dolarizado y para sobrevivir a las trabas de la burocracia pública hay que pagar aparte. Esto pareciera que ocurre con la complicidad de los funcionarios. De hecho, los gestores dicen que pueden entregar rápido los documentos porque le dan una parte de lo que se les paga a los funcionarios. Últimamente me dicen que está mejorando, pero en el 2018 el que no pagaba aparte todo eso no podía obtener los documentos” (Luisana, 27 años, Perú)

  • Trámites legales para emigrar

Todos los entrevistados coincidieron en señalar que Argentina y México eran los países con mayores facilidades para regularizar la situación migratoria, pero en el segundo de estos países era costoso. Los emigrantes se habían convertido en altamente informados sobre las posibilidades de regularizar situación jurídica y los recaudos requeridos en los distintos países, aunque algunos aún no lo hubiesen hecho.

Eso sí, todes les familiares insistían que había que emigrar con los papeles en orden para poder resolver de manera más expedita el estatus jurídico en el país de llegada. Sin embargo, entre 2014 y 2018 sacar un pasaporte o renovarlo, adquirir una prórroga, legalizar y apostillar documentos era una tarea materialmente imposible: Las causas atribuidas iban de las carencias tecnológicas y trabas vedadas para frenar la emigración por su costo político regional hasta temas de corruptela generalizada por los bajos salarios de los empleados públicos.

En 2019 la situación para acceder a documentos legales mejoró de manera significativa, con la creación de plataformas virtuales para la legalización y apostillado de originales, así como por el establecimiento de tarifas dolarizadas para los trámites de instrumentos migratorios.  Sin embargo, no todes les ciudadanes podían cancelar los altos montos por pasaportes y prórrogas.

Ello conllevó a que una parte importante de emigrantes, desesperados por la situación económica, decidieran partir con sus documentos vencidos o sin ellos, generándoles una situación muy difícil en los países receptores. Los integrantes de las familias que se quedaron en Venezuela, asumieron la tarea de conseguir la cita para renovar pasaporte u obtener prórroga, para quienes no habían partido o quienes deberían regresar si se las otorgaban.

Treinta y tres mujeres emigrantes entrevistadas conocían a través de comentarios y consejos de amigos/as y familiares, las exigencias del país de destino, para solucionar su situación migratoria; en consecuencia. Cuatro de las entrevistadas los buscaron por internet y dieciséis pensaron que al llegar contarían con el tiempo necesario para que les enviaran desde Venezuela los documentos necesarios, algo que no siempre fue posible.

En contraste solo diecinueve de los varones se informaron por distintos medios de los requerimientos para solucionar el estatus jurídico en el país elegido, mientras veintiséis pensaron que eso se resolvería luego.

  • Momento de partida

Respecto al momento de partida, tres emigraron en el 2014, seis en el 2015, doce en 2016, catorce en 2017, cuarenta y uno en el 2018, dieciocho en el 2019 y cuatro en 2020. Estas cifras se corresponden con el escalamiento de la emigración entre 2018 y 2019 y, el freno en 2020 por la situación de cuarentena vivida durante la pandemia.

A pesar de las diferencias en el momento de partida, la tendencia es a producir encuentros familiares, de amigos y conocidos en el exterior. El trasnacionalismo familiar y la idea de patria extendida en el exterior se convierten en factores determinantes de hibridación de los distintos momentos emigratorios.

  • Medio de transporte seleccionado para la emigración

El medio de transporte para poner en marcha la emigración también varió. Cuarenta y una de las mujeres lo hicieron por avión, mientras que once lo hicieron por tierra a través de la frontera con Colombia y una se fue por mar rumbo a Trinidad y Tobago como lugar de transición. En el caso de los varones, treinta y cinco lo hicieron por tierra a través de San Antonio del Táchira, Puerto Santander y la Guajira, mientras diez se fueron en transporte aéreo. En todos los casos, quienes utilizaron el transporte aéreo fueron directo al destino final seleccionado.  Cincuenta de las mujeres que se fueron por tierra, trabajaron por lo menos en un país antes de llegar a sus destinos finales. En el caso de los hombres, los cuarenta y cinco trabajaron en el país de transición.  Para quienes hicieron trabajo temporal en los países de transición, el tiempo que tardaron para llegar a su destino “final” fue entre tres y cinco meses.

De los cincuenta y uno que viajaron por avión, si bien tenían sus papeles migratorios en orden, solo treinta y cinco habían podido apostillar el resto de sus documentos. Para quienes carecían de estos recaudos, eso significó inserción laboral en condiciones de precariedad e inestabilidad, así como en algunos casos limitaciones para poder resolver el estatus migratorio o continuar estudios.

Para quienes tuvieron que emprender el periplo sin pasaporte o prórroga, ello significó que la emigración se tornara en doblemente dramática. La situación irregular de los pasaportes complicó aún más los procesos migratorios, destacando Chile como un país que buscó soluciones, otorgando las llamadas visas de responsabilidad democrática. Esto fue trabajado por Carolina Stefoni Claudia Silva Sebastián Brito en “Migración venezolana en Chile. La (des)esperanza de los jóvenes” (2019)[26], precisando que la migración venezolana en Chile entre 2000 y 2009 fue de 2.342 personas, cifra que contrasta con la de 2017 que alcanza los 74.155, año en el cual las visas otorgadas por el gobierno de ese país alcanzaron el número de 73.386. La investigación citada muestra como la población migrante venezolana es la más joven de Chile, con tendencia a ser cada vez más baja la edad de los jóvenes que llegan a ese país.

  • Los primeros días

Cuando indagamos sobre cómo habían sido los primeros días, todes los que tenían sus papeles en regla iniciaron en la primera semana los trámites migratorios. Destacó la sencillez del proceso para la obtención de DNI en Argentina. Los restantes estaban a la espera que se mejorara el proceso de otorgamiento de prórrogas y pasaportes nuevos para sacarlos en los consulados cuando estuvieran habilitados o retornar brevemente al país a hacerlo. Nathaly comentó:

“Fue una de las cosas que me motivo venirme a Argentina, es que acá es más fácil tener la residencia, lo que hice en Venezuela no fue mucho, me vine sin autenticar mis títulos. Lo único que hice en Venezuela fue apostillar mis antecedentes penales que me solicitan acá para regularizar mi estatus jurídico”.(Nathaly, 34, Argentina)

Berta precisó

“tenía donde llegar, me esperaron en el aeropuerto, habíamos cuadrados mi estadía y el tiempo. Inicialmente estaba clara que no iba a trabajar en mi profesión, cuando estaba en Venezuela busqué mucha información sobre Argentina, vi muchos videos, para informarme. El primer día empecé a solicitar mi residencia. Mis documentos acá en el país me salieron rapidísimo, yo tuve mi documentación a los dos meses y medios, algo provisional, pero empieza a correr el tiempo para solicitar la residencia permanente” (Berta 28, Argentina)

La mayoría, aun los que contaban con título universitario trabajaron en tiendas, textileras, panaderías u otros comercios mientras ubicaban un trabajo más vinculado a sus capacidades y/o titulación. Cuentan que lo primero que hicieron al recibir pago fue hacer un mercado completo, pero todes refieren que sentían una especie de culpa por tener todo aquello de lo que estaba privada su familia.  Sofía nos contó:

Cuando hice el primer mercado me preparé una carne asada con verduras, arroz, frutas y dulce; hacía años que no comía así. Pero cuando fui a comer me sentí horrible … quería tener a mi familia cerca para compartir con ellos … lo que hice fue hacer una video llamada y ponerme a llorar.  Mi mamita me decía que estaba feliz y que comiera, pero la comida no me pasaba. Cuando pude comenzar a enviar dinerito a casa disminuyó el complejo de

culpa, pero todavía me asalta” (Sofía, 29 años, España)

Luis nos comentaba:

Al principio era horrible. Cuando sacaba la cuenta de lo que cuesta aquí un almuerzo o un café pensaban en lo que podría comprar mi familia con ese dinero. Me aterraba ir a comprar algo … era un sentimiento de culpa impresionante. Eso duró unos meses, poco a poco fui entendiendo lo que significaba en términos prácticos la diferencia cambiaria. Aun así, todavía, cuando hablo con mi mamá y me cuenta como está la cosa allá me vuelve la culpa (Luis, Chile, 34 años)

Mientras los hombres venían con la identificación de grupos locales de venezolanos y rápidamente se asociaban a ellos, las mujeres preferían ir haciendo amistades locales. Esta tendencia mostraba estilos diferenciados de adaptación que marcarían los procesos de les emigrantes en los distintos países.

Todes expresaron el choque cultural inicial al encontrarse en países en los cuales la protección social y laboral se diferencia de la que había en Venezuela en el mejor momento del proceso Bolivariano. Algunos añoraban ese “Estado de protección social” y, otros comenzaban a hacer suyo el discurso de la competitividad. Las jornadas laborales extendidas implicaron un cambio en los hábitos y estilos de trabajo, que asumieron en la perspectiva de solucionar la situación económica en la que se encontraban

  • Estatus jurídico de les emigrantes

De les noventa y ocho entrevistades, veinticinco mujeres y siete hombres cuentan con estatus jurídico legal, mientras cinco mujeres lo están tramitando y el resto espera algún documento que le hace falta o no ha podido resolver la renovación del pasaporte vencido.

Quienes viajaron sin documentos actualizados, en su mayoría pudieron acceder a ellos unos meses después de la partida inicial y otros están a la espera que se normalicen las relaciones consulares para poder recibirlos; en este último caso afecta de manera especial el rompimiento de relaciones diplomáticas de muchos países con Venezuela.

Solo quince de les entrevistades, todos hombres, retornaron en algún momento a Venezuela. Doce lo hicieron para resolver algún trámite legal y tres para reencontrarse con sus familias y volver a partir en un par de meses.

  • Derrotando el fantasma del desempleo

Todes les emigrantes entrevistades estaban trabajando cuando conversamos con ellos, ya fuera como profesionales o “toderos”. El intercambio con nacionales comenzaba a generar procesos de estabilidad y adaptación.  No obstante, solo tres hombres se habían sindicalizado, mientras la inmensa mayoría veía eso como una actividad política que le estaba vedada a les extranjeros.

El Informe de la OIT “en busca de trabajo decente. Los derechos de los trabajadores y trabajadoras migrantes” advertía sobre la necesidad que las organizaciones sindicales de cada país trabajaran con les emigrantes debido a que:

A pesar de las experiencias positivas de muchos trabajadores migrantes, una inaceptable cantidad de migrantes debe hacer frente a condiciones de trabajo abusivas y explotadoras, que suelen comprender: trabajo forzoso, bajos salarios, condiciones de trabajo deficientes, prácticamente ninguna protección social, denegación de la libertad sindical y de los derechos sindicales, discriminación y xenofobia, como así también exclusión social, lo cual priva a los trabajadores de las ventajas potenciales dimanadas del hecho de trabajar en otro país. El desarrollo de las instituciones laborales destinadas a proteger a los trabajadores migrantes ha quedado muy rezagado con respecto al crecimiento de las migraciones” (2013;p.2)

Sin embargo, esto sigue siendo un problema. Pocas organizaciones sindicales en los países receptores tienen una clara política de sindicalización de les emigrantes, sobre todo porque en muchos casos las bases afiliadas ven esto como amenaza a su estabilidad laboral y fuentes de trabajo.

El trabajo no sindicalizado es la opción mayoritaria para romper con el riesgo del desempleo, una condición que es impensable para quienes han llegado a estos países. Esta carencia de sindicalización los coloca en situación de desventaja ante la variabilidad de las condiciones de trabajo en los distintos países.

  • Precarización laboral

La noción de trabajo precario y sin contratación legal, emerge como una categoría constante en los relatos de les emigrantes. Zulay nos informó:

“Una semana después haber llegado acá, ya tenía un trabajo que lo conseguí a través de una amiga, como no tenía papeles estaba en negro, me pagaban menos…trabajaba en una fábrica, era como una empresa textil, trabajaba muchísimo de 8:30 am hasta las 6:00 pm, era muy forzado el trabajo. Me dio una bronquitis me retiré y busqué otras opciones. Volví a trabajar en una fábrica textil, pero era peor de esclavizante, comenzaba a las 8 am y salía a las 9 pm. Ahora tengo otro trabajo en un consultorio dental. Todos mis trabajos han sido en negro, es más tranquilo y es como un trabajo a medio tiempo, trabajo solo tres días a la semana por ahora. No descarto trabajar en mi área, estoy pensado en hacer varios cursos en las áreas que más solicitan, trabajo con otros migrantes que ya tiene más tiempo acá, pero es muy rico compartir con ellos, me siento muy afortunada y agradecida este tiempo que ha sido de muchos aprendizajes para mí”. (Zulay, Argentina, 33 años)

Sin embargo, la precarización es vista como el mal menor. “Es preferible contar con un empleo en condiciones sub pagadas y sin protección social que estar desempleados” nos decía Jazmín (23 años, Brasil).

La precarización laboral, la xenofobia, el machismo y el patriarcado se mostraron con fuerza contra los emigrantes, quienes colocaban de relieve la solidaridad con la cual habían sido tratados por nacionales de estos países. Alberto nos decía

“ahora tengo hermanos de vida en Colombia, Ecuador y Perú, porque ellos me cuidaron y apoyaron mucho en mi tránsito. Era gente que no conocía y estuvo dispuesta a tratarme como si nos conociéramos toda la vida” (Alberto, retorno al país y estaba partiendo para Uruguay cuando nos dio la entrevista)

  • Dinámicas de discriminación

La polarización política trasladada a los distintos países, entre madurismo y opositores, junto al impacto de la crisis económica neoliberal de los últimos años que impacto el empleo en esas naciones, fue el caldo de cultivo para el emerger de la xenofobia, el racismo y discriminación contra les venezolanes.

El machismo y la cultura patriarcal se visibilizaron de manera muy particular con las emigrantes venezolanas; Marta (32 años, Perú) contó cómo los piropos hipersexualizados era una constante para las mujeres venezolanas emigrantes y, cómo en un par de veces, la habían tratado como si fuera prostituta. Josefina (27 años, Brasil) contó como estuvo a punto de ser abusada sexualmente en Perú.

Quienes emigraron por tierra, con los papeles en regla manifestaron que no tuvieron mayores dificultades, sin embargo, quienes lo hicieron sin pasaporte o con los papeles migratorios vencidos, se vieron convertidos de la noche a la mañana en ilegales. La situación de ilegales los obligó a contactar con redes solidarias que les enseñaron los caminos y mecanismos para escapar de los controles. También les ayudaron a conseguir empleos sub pagados con patrones que veían en ello un beneficio. Explicaron que hay un sub mundo de las migraciones ilegales con muchas redes de apoyo que alertan contra el mundo criminal de la ilegalidad. Roberto contó

“es increíble pues cuando estaba llegando a Bucaramanga una familia se me acercó con agua y comida y se puso a la orden si necesitaba algo. Me dieron la dirección y eso me pareció extraño. Pero dos días después fui con otro compañero y ellos me trataron muy bien. Me ayudaron a encontrar un empleo en una panadería y luego me dieron un contacto en Bogotá, quien me ayudó a establecerme” (Roberto,31 años, Colombia)

Estas experiencias de paso por corredores no institucionales están creando nuevas redes y entramados migratorios, que pueden terminar afectando a les emigrantes, pero su eliminación dependerá del surgimiento de políticas, mecanismos y apoyos legales a la emigración desde su partida y en los territorios de destino.

  • La vuelta ocasional a casa

La emigración tuvo flujos y reflujos. Algunos tuvieron que regresar para poder subsanar sus papeles migratorios o por situaciones afectivas. Nadie está realmente preparado para irse de su país e iniciar una nueva vida desde cero, pero unes se adaptan mejor que otres.

Solo uno de los entrevistados regresó en un vuelo humanitario. Nos contaba:

“ya no soportaba estar lejos de mis padres y familia, por ello acudí a la embajada y pude volver en un vuelo humanitario. Pero cuando llegué a casa sentí pena al ver lo mucho que había empeorado la situación económica en Venezuela. Por ello, a las seis semanas decidí volver a partir, dejando mis ahorros a mis padres” (Joel, 31, Perú)

La vuelta a casa sin dinero para montar un negocio o vivir sin trabajar durante meses es percibido como una derrota que afectará a toda la familia. Esto está creando una situación emocional que seguramente demandará la atención en el futuro cercano.

Parejas jóvenes separadas, sin posibilidades de comprar una casa o establecerse de manera independiente en el corto plazo, crean un concepto difuso de familia trasnacional que amenaza con la ruptura de los vínculos, fantasma que afecta tanto a hombres como a mujeres.

  • Remesas y pagos

El envío de las remesas se ha convertido en una odisea, porque la banca pública y privada en Venezuela no está facultada para ello y/o no goza de credibilidad para les emigrantes. Compañías como Western Union (WU) que en otros países sirven de intermediarios, no tienen operaciones abiertas en Venezuela. Cuando es posible enviar remesas a quienes se quedan, ello implica hacer “maromas” como lo indicó William quien vive en México. El mecanismo más usado por los encuestados ha sido la triangulación entre las casas de WU ubicadas del lado colombiano, a donde va un familiar o amigo a retirarlas, las convierte en pesos colombianos y de estos en Bolívares, para luego depositar en una cuenta en Venezuela, desde la cual se transfiere al familiar en las distintas ciudades de Venezuela. En menor cantidad otros usan plataformas como Self y PayPal.

Una situación similar la tienen quienes se han quedado y están trabajando en línea desde sus casas, con el agravante que muchos empleadores por el bloqueo norteamericano no quieren tener trato con venezolanos/as. Muchas empresas y en especial las redes sociales no contemplan pagos por tráfico y creación de contenidos a venezolanos/as y, cuando lo logran es porque se registran como usuarios en otros lugares.

En todos los casos expresaron que, a la hora de intentar abrir una cuenta bancaria en el extranjero, la condición de emigrantes venezolanos/as lo hace especialmente complicado. Una suposición de que todo el dinero de les venezolanos/as es mal habido pareciera marcar la lógica bancaria. En Panamá esta situación se hace increíblemente difícil para les emigrantes venezolanos, viéndose obligados a cargar el efectivo obtenido como pago por trabajo o solicitar el apoyo de nacionales para que resguarden los ahorros.  Esto agrega ansiedad e incertidumbre y, manifiestan los entrevistados, debería ser tema de preocupación de los Estados nacionales, para evitar exclusiones

  • ¿Con quién viven les emigrantes?

En el caso de las mujeres treinta y dos tienen edades comprendidas entre 18 y 30 años, mientras que veintiuna están en el rango de 31 a 35 años de edad; 47 de ellas viven solas y 6 habían emigrado con parte importante de su familia, especialmente madre o hermanos/as. En el caso de los varones 14 corresponden a las edades entre 18 y 30 años, mientras que 31 tienen edades entre 31 y 35 años de edad, de ellos, 25 viven con otro integrante del núcleo familiar o con amigos muy cercanos y los restantes 20 solos. La independencia y autonomía de las mujeres pareciera mayor que la de los varones. Esto pareciera confirmar el estudio citado de análisis de los metadatos de los emigrantes que tienen cuenta en Facebook.

Los datos muestran que, así como las mujeres emigran a más temprana edad que los hombres, los hombres tienen mayor dificultad que las mujeres para vivir sin otros integrantes del núcleo familiar.

  • Actitud política de les emigrantes

La polarización política de los padres y madres no tiene necesariamente un correlato en las narrativas de los emigrantes, mucho más interesados en adaptarse y mejorar su calidad de vida en los lugares de destino, que inmiscuirse en los asuntos políticos en origen.

Esto se podría interpretar como una pérdida de cultura solidaria, pero no es así. De hecho, la mayoría de los emigrantes están vinculados a grupos de WhatsApp, Facebook u otras redes sociales para el intercambio y la cooperación entre venezolanos/as en el extranjero. Eso sí, la solidaridad toma distancia del paternalismo, es vista más como ayuda mutua para quienes “se esfuerzan por adaptarse” como lo expresaran Belkis en Chile, Marco en Argentina o Violeta en Panamá.

La mayoría reconocen que tuvieron una u otra opción política en algún momento, pero que ahora lo que les interesa es tratar de resolver la situación económica propia y de la familia.

Para conocer un poco más acerca de su imaginario político, hicimos un ejercicio de silogismos entre palabras y conceptualizaciones. Al preguntarles qué significado tenía para ellos la palabra “política”, sesenta y ocho señalaron que algo que no les interesaba, que estaba vinculado a enfrentamiento y ellos estaban en una situación en la cual el encuentro era lo fundamental. Doce mostraron un absoluto desprecio por el mundo de la política; Martín (Argentina, 30 años) afirmó “Es un término que no quiero escuchar, está prohibido en mi vocabulario”. Dieciocho expresaron que la política era un ejercicio noble y necesario y que esperaban volver al país, donde hubiese condiciones materiales para su ejercicio pleno; todes agregaban que habían aprendido la importancia de la tolerancia y el compartir con otres que pensaran distinto.

Respecto a lo que significaba para ellos la palabra “democracia”, noventa y uno señalaron que era la mejor forma de organizar la sociedad, señalando distintos niveles de déficit en la actualidad venezolana. Cinco, todos hombres, señalaron que los problemas del país (Venezuela) no se podían resolver en democracia, que se necesitaban gobiernos más fuertes, pero cuatro de ellos expresaron tener desconfianza en los militares para esta tarea. Dos señalaron que el mayor enemigo de la democracia venezolana eran las intervenciones extranjeras de cualquier tipo, norteamericana, china, rusa, española, cubana.

En cuanto a la palabra “socialismo”, ella tenía para sesenta y uno de les entrevistades una connotación diferenciada entre lo que se plantea en términos ideales y lo que se había vivido en los últimos años; no ubican al gobierno venezolano actual como socialista. Treinta y dos expresaron que socialismo era desunión y por lo tanto conflicto y que no tenían interés alguno en esa perspectiva política. Cuatro señalaron que había que luchar porque en Venezuela se instaurara un socialismo auténtico y uno prefirió no responder.

  • Reagrupamiento familiar

El que estén concentradas en trabajar y/o estudiar y ahorrar, pareciera mostrar una mayor disposición de las mujeres a reagrupar el núcleo familiar en el exterior, mientras los hombres en su mayoría optan a la ayuda eventual o periódica a través de remesas. Esto no significa que las mujeres no ayuden con remesas a sus familias en Venezuela, sino que tienen una mayor estrategia de ahorro para poder tener capacidad de reunificar el núcleo familiar.

Otro elemento importante es que la migración femenina es más proclive a propiciar y potenciar proyectos migratorios de otros integrantes de la familia, a sacarlos del país, aunque ello no sea al mismo destino donde ellas se encuentran.

Un problema cierto que se plantea para el reagrupamiento es la resistencia que tienen les mayores de cincuenta y cinco años para emprender la partida del país. En el caso de los niños pareciera que el que sus padres puedan contar con ingresos estables, un lugar adecuado donde vivir, cercano a una escuela, son requisitos mínimos para producir el reencuentro.

Todes plantean que el reencuentro ideal sería en Venezuela, pero no ven posibilidades reales que eso ocurra en el corto o mediano plazo. Catorce mujeres plantearon que estaban pensando seriamente en conseguir la ciudadanía en el país que habían llegado y establecerse ahí para el resto de la vida; ellas ven el reagrupamiento como el proceso colectivo de adquirir otra nacionalidad.

Todes insisten que la música es una forma de reagrupamiento familiar y que, en diciembre, las gaitas[27] constituyen una forma de reagrupamiento imaginario. Canciones de Simón Díaz, la Rondalla Venezolana, Ilan Chester, Franco de Vita, entre otros, les conectan con la necesidad de reagruparse pronto.

  • La idea del retorno

Cuando indagamos si pensaban volver pronto a Venezuela, noventa y seis señalaron que no porque no veían arreglo en el país, mientras dos señalaron que ello dependía si podían o no ir a traer a sus familias, mediante alguna medida de reagrupamiento familiar. Contaban que aquellos que volvían era porque no tenían documentos migratorios, no dominaban ningún oficio de libre desempeño o habían partido con el imaginario del turista y no del emigrante que sale para sobrevivir. Cinco de los que no tienen pensado volver, han construido una nueva relación de pareja con nacionales de los países a los que llegaron; dos de ellos dejan atrás esposa e hijos lo cual agrega dramatismo a la situación de los que se quedan.

La publicidad del gobierno que muestra a los emigrantes como traidores, anti patriotas o víctimas del discurso capitalista, así como la victimización que hace la oposición sobre les emigrantes, se convierten en elementos que pesan a la hora de volver. Juan (Chile, 32) nos dice “No quiero volver al país para que me acusen de traidor o anti patriota, cuando la realidad es que salí a buscar cómo sobrevivir y para ayudar a mis padres para que no pasaran hambre” Por su parte, Pedro Luis (Ecuador, 29) aclara “No soy una víctima, ni del gobierno ni de la oposición. Estaba pasando hambre .. y … si me preguntan el por qué … diría que nos cayó una bomba con dos componentes explosivos, por un lado, las sanciones norteamericanas y por otra la ineptitud del gobierno. Salimos huyendo de un gobierno que no ha tenido la inteligencia para presentar alternativas contra la ofensiva gringa y una oposición que pide invasión de fuerzas militares extranjeras. Ambos solo piensan en ellos”.

  • La organización familiar frente a los cuidados

El tema de los cuidados surge como un gran problema nacional asociado al proceso de emigración. Muchos abuelas y abuelos, tíos y tías mayores e incluso hasta vecinos solidarios, han tenido que asumir el cuidado de niños, niñas, adolescentes, ancianos y ancianas, muchos de ellos y ellas con problemas de salud. Las tareas de cuidado han significado una intensificación de la situación material de vida, porque muchas veces las remesas desde el exterior no terminan de llegar y hay que resolver con lo que se tiene.

En Venezuela, el movimiento feminista está planteando la necesidad de avanzar en legislación y políticas gubernamentales de regulación y apoyo a quienes asumen los cuidados, sin embargo, esto aún no se ha concretado en la agenda de políticas públicas. Amparo Micolta León y María Cénide Escobar Serrano advertían en “Si las abuelas se disponen a cuidar, madres y padres pueden emigrar” (2010), respecto este fenómeno en la inmigración colombiana en Venezuela de comienzos del siglo XXI

El cuidado de los hijos en la familia es un trabajo que socialmente se ha camuflado al ser catalogado como una labor femenina, razón por la cual no se ha reconocido ni valorado a las abuelas, quienes, en nuestra cultura, siempre han cuidado de sus nietos y nietas haciendo posible que otras mujeres y también los hombres salgan a trabajar y cumplan con un proyecto de vida personal y familiar. El trabajo que realizan estas abuelas por estar circunscrito al ámbito de la familia y, por ende, corresponder a la esfera de la reproducción social, se lo hace invisible.[28]

Este mismo fenómeno está ocurriendo ahora con la emigración venezolana. Julie Turkewitz precisa que “madres y padres venezolanos, decididos a encontrar trabajo, así como alimentos y medicinas, están dejando a cientos de miles de niños al cuidado de sus abuelos, tías, tíos e incluso hermanos que apenas han pasado la pubertad” (2020)[29]. El trabajo periodístico de Daniela Rojas Díaz advierte que “abuelos sin sus nietos, padres sin sus hijos o niños sin sus progenitores, es lo que se ve actualmente. Tíos, padrinos o ancianos haciéndose cargo de los menores de edad, para ayudar a los padres que tuvieron que partir a otro país buscando una mejor calidad de vida para ellos y para quienes dejaron en Venezuela”[30] (2019).

El trabajo de cuidados en Venezuela no es considerado sujeto a salario, a pesar de su importancia económica. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que “Los servicios públicos de cuidado de niños y niñas, la educación de la primera infancia, los cuidados dirigidos a las personas con discapacidad y los cuidados de larga duración, así como el cuidado de las personas de edad, son otros de los ámbitos que integran la economía del cuidado”[31] (2020).

La emigración venezolana está generando un nuevo fenómeno, el de los cuidados, que en el caso de la población de jóvenes que parten, se refiere a padres, madres y abuelos/as que quedan sin un resguardo debido y que en muchos casos son atendidos por otres sin pago alguno por ello.

 La mayoría de adultos mayores de 60 años, integrantes de los núcleos familiares base de les emigrantes expresan que no quieren irse a comenzar una vida desde cero, que su tiempo para ello ya pasó; una especie de desesperanza y resignación caracteriza a este sector de la población, quienes con amargura trasladan su impotencia en rabia con el mundo de la política. Pero esos abuelos y abuelas que se quedan, que no quieren partir, demandan de cuidados, de atención que no aparecen en la contabilidad de trabajo. Son otro incluido silencioso de los procesos de emigración

  • Volviendo a las causas después de meses y años de emigración

Habíamos pulsado la opinión política de las familias y al entrar en confianza con les emigrantes decidimos indagar sobre la percepción que tenían respecto a las causas de la crítica situación en Venezuela. Sesenta y ocho consideraban que errores del gobierno, falta de preparación para los cargos, la corrupción y la demagogia eran los causantes de la actual situación. Veinticinco indicaron que los problemas con EEUU, especialmente por el bloqueo contra la economía venezolana estaban en el origen de la actual crisis, mientras que cinco identificaban al presidente Maduro como el culpable.  Mayra (Colombia, 29) señalaba:

principalmente pienso que el gobierno debería pensar un poco ante de tomar una decisión, porque en todos los sentidos estamos mal, en la educación, lo político, económico, en la salud … la solución para mí no es aumentar un sueldo o darles bonos a todos, la solución sería brindarle propuesta de trabajos reales, brindar una mejor educación, las escuelas está muy descuidadas, la alimentación. También pienso que son problema que se han venido arrastrado desde hace mucho, pero llegó el momento de resolverlo o vamos a desaparecer como país”.

Se confirma la multidimensionalidad en las causas del proceso emigratorio venezolano, pero lo económico como el factor determinante.

  • Recomendaciones para les venezolanes que deseen emigrar

Las recomendaciones que hacen, quienes ya están en otros países, para aquellos(as) que estén pensando en emigrar son: 1) preparen su mente para entender que no se va de paseo, que se está comenzando una vida desde cero. María nos comenta:

“Que va mi pana, uno cuando se prepara para emigrar no tiene idea de lo difícil que es partir de cero. Uno llega a un sitio donde no tiene nada de lo que está acostumbrado. En mi caso al llegar a Chile no hubo cama sino colchoneta, nada de comida caliente, pan con mantequilla. Se trata de volver a preguntar cuánto cuesta todo, desde una cuchara en adelante. A una nadie lo preparó para esta vaina” (María, 27, Chile)

2) asegúrense al partir de traer todos sus documentos en regla, eso da una ventaja enorme. Carlos nos advertía

“La mayoría de la gente no entiende que esto no es el despelote de Venezuela. Que afuera uno pierde eso que consideraba derechos naturales. Para trabajar y tramitar la ciudadanía uno debe traer todos sus papeles en regla. En mi caso eso significó retrasar mi emigración siete meses, pero valió la pena. To tuve una ventaja con mis compañeros que se vinieron sin apostillar sus títulos y el pasaporte vencido. Conseguí trabajo rápido, pude sacar mi DNI y hasta pude alquilar un apartamento estudio. La gente pregunta y se fija si uno tiene todo en orden. Los documentos en regla abren puertas” (Carlos, 33, Argentina)

3) preparen a los suyos para una larga ausencia, el rencuentro no es tan fácil como se pensaba al partir. Jesús nos contó:

“Yo no sé si mamá y mi papá pensaban que la cosa sería diferente. Yo si lo creía. Yo emigre en agosto y en mi mente estaba en volver para las fiestas de navidad, para comer hallaca, pan de jamón y ponche crema con la familia. Nada que ver. Aquí el trabajo no se detenía, al contrario, era más intenso en diciembre. No tenía plata ahorrada para ir y volver y seguro me despedirían si me iba por un par de semanas. Así que tuve que pasar 24 y 31 trabajando. La llamada no me cayó en la nochebuena y no pude hablar con los viejos. La gente que conocía no me invitó a su casa.  Eso fue como una graduación para endurecer el corazón. Imagino que lo mismo les pasó a mis padres. Hermano hay que prepararse mentalmente para una larga ausencia de casa”. (Jesús, 31, Panamá)

4) trabajar y ahorrar es la clave, quien viene con mentalidad consumista fracasa. Nathaly nos comentó:

“Los venezolanos venimos de ser consumistas, de comprar de todo, incluso lo que no necesitábamos. Aquí cada centavo duele porque cuesta mucho ganarlo. Yo he aprendido mucho, No desperdicio nada y eso me permite hacer economías para poder enviar plata para la casa y ya me he podido comprar las cosas mínimas, que si nevera, lavadora, cocina, cama. Ahorrar es la clave” (Nathaly, 34, Colombia)

5) traigan pocas cosas, despéguense de la idea de muchas cosas materiales y abran la mente. Ricardo nos narró una anécdota de su llegada:

“Cuando fui al aeropuerto llevaba dos maletas un bolso y una mochila. No me habían informado que solo podía embarcar una maleta. Me toco rehacer una sola maleta y el resto lo guardaron mis padres en el carro. Cuando fui a pesar la maleta tenía 33 kilos y solo permitían 25 kilos. Tuve que sacar zapatos, suéter, un muñeco que me acompañó desde la infancia y aun la maleta estaba con sobre peso. Le pedí a mi madre que lo hiciera por mí y la maleta quedó con 24 kilos. Me empezó una taquicardia porque sentía que llevaba poco. Al llegar a Sao Paulo tuve que caminar varias cuadras para llegar a donde me esperaba mi amigo. La maleta no tenía ruedas y sude como un desgraciado.  Quería dejarla botada. Luego, el carro de mi amigo era pequeño y venían con otros compas.  El carro no tenía portamaletas y no cabía adentro. Por suerte mi amigo tenía un mecate y la pudimos amarrar encima.  Los compañeros de mi amigo se rían por lo grande de la maleta. Luego la mayoría de ropa que traje era muy abrigada y no se podía usar aquí. Termine comprando ropa y ahora me pregunto si valió la pena cargar tanto” (Ricardo, 29, Brasil)

6) es posible lograrlo, pero nadie dice que es fácil, sin embargo, vale la pena.

Luisa (Ecuador, 25) agregaba:

“Yo antes no veía la movilidad como algo posible. Mi generación todavía es muy del acomodo, tener algo seguro, pero la nueva generación ya ven el mundo de forma diferente, ellos viven conectados. Para el futuro de Venezuela este proceso de migración es importante, pues nos encontramos con mucha diversidad cultural y eso es una enseñanza que nos ayudará ser una mejor sociedad en el futuro. Yo creo que, si eres joven y tienes la posibilidad de viajar hazlo, porque es divertido, porque aprendes mucho. A veces también somos muy arraigados a la familia y debemos darnos una oportunidad para ampliar los horizontes. Los que se estén preparando para salir háganlo, les va a servir para su crecimiento y el de nuestra sociedad”.

  • Conclusión

Vuelvo a la vieja casa en la callejuela

Donde feliz pasé mis primeros días

En la entrada hay un santo con una vela

Mi guitarra y mi cuatro están todavía

En el cuarto la hamaca y los carricochos

Y  una carta de amor en viejo papel

Hay uno cuantos discos setenta y ocho

De viejos tangos que cantó Carlos Gardel

El barrio de mis andanzas donde viví a plenitud

Donde transcurrió mi infancia mi niñez, mi juventud

Con inquietud y embriagado de añoranza

(Ricardo Cepeda, El barrio de mis andanzas)

Las causas de la emigración venezolana no han desaparecido, por lo cual es previsible que se mantenga la tendencia, aunque haya disminuido la intensidad durante la pandemia del COVID-19. La inflación sigue disparada, la devaluación del Bolívar imparable, la crispación política intensificada, la fragmentación del mundo político de la oposición y el gobierno, todo ello está en la base del proceso de emigración y solo se podría revertir cuando estos indicadores tiendan a la normalización y estabilización.

Esta situación de emigración se ha convertido en un desgarramiento terrible y sin precedentes de la familia venezolana. El creciente desencuentro entre sociedad y representaciones políticas (de izquierda, centro y derecha) está creando las condiciones de posibilidad para el surgimiento de soluciones “outsider” cuya orientación es impredecible.

Paradójicamente, a pesar de los indicadores económicos y sociales, el fenómeno migratorio y la caída del salario de les trabajadores a niveles que no le garantiza siquiera la sobrevivencia, se percibe estabilidad gubernamental; el fantasma de la rebelión popular sigue latente y del alzamiento militar se ha disipado, pero el costo de la estabilidad ha ocurrido en detrimento de la calidad democrática. Las criminales sanciones norteamericanas contra Venezuela amenazan con destruir la noción de lo público en Venezuela y demandan un acuerdo nacional para enfrentarla, donde no se avizora una salida anticapitalista.

Todos los y las jóvenes entrevistados están conectados a otros que preparan sus maletas para emigrar. Esta dinámica está creando y estructurando una nación en el exilio que clama por rencontrarse amigablemente con su terruño. Las nuevas generaciones de jóvenes siguen partiendo en busca de una estabilidad económica pero también emocional. Las orquídeas están adquiriendo nuevas tonalidades en los territorios a donde han llegado a posarse, mientras esperan una ráfaga de reorientación de las políticas públicas en Venezuela, que las lance nuevamente al viento, pero esta vez de retorno.

Por ello, es urgente generar una amplia campaña regional y mundial de denuncia sobre el efecto perverso y profundo de las sanciones norteamericanas sobre Venezuela. Si bien no es la única causa, es imposible recomponer la situación económica, política, social, cultural, tecnológica y migratoria actual, sin que previamente cesen las medidas coercitivas norteamericana y de los imperialismos europeos contra Venezuela.

Acción que debe ser acompañada por un conjunto de políticas públicas del Estado venezolano, en la perspectiva del “golpe de timón” solicitado por el presidente Chávez antes de morir.  Estas políticas públicas pasan por

1.   El retorno a los principios de la democracia participativa y protagónica fundamentados en la democracia popular y de la calle, gestados en el periodo 1989-1998 y plasmados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.

2.   La recuperación de las iniciativas para la construcción de un Estado comunal, que haga suyo el papel conductor del poder popular en la gestión de los asuntos públicos.

3.   La urgente necesidad de volver a la idea que la crisis la paguen quien más tienen y no el pueblo.  Impuesto a las grandes fortunas y ganancia, suspensión del pago de la deuda externa y auditoria ciudadana de la misma, pero también estilos de vida de la dirigencia política que se correspondan a la situación material de la mayoría de la población.

4.   Se requiere un quiebre con el modelo rentista, dependiente y neocolonial de la economía venezolana. Ello no se resuelve sustituyendo la relación de dependencia con la nación norteamericana por la subordinación a naciones capitalistas emergentes, sino por el desarrollo de un aparato productivo nacional, fundamentado en la investigación y la innovación al servicio del pueblo.

5.   Se requiere un acuerdo nacional para construir las condiciones de posibilidad para el retorno a la patria de los cientos de miles de emigrantes que hoy se encuentran dispersos por el mundo. Pero ello solo será posible, si recuperamos el poder adquisitivo del salario de la clase trabajadora y los profesionales, si se detiene la inflación desmedida y se desarrolla una relación entre capital y trabajo a favor del segundo de estos componentes.

6.   Es prioritaria una redefinición del modelo educativo Bolivariano, conservando su compromiso con el pueblo y los territorios, pero con una nítida mirada sobre el presente y la prospectiva. Superar las frases comunes, por procesos de enseñanza-aprendizaje que estimulen el conocimiento realmente transformador. Se requiere de un sistema educativo capaza de actuar de manera comprometida con los intereses de las mayorías en un contexto de aceleración de la innovación científico-tecnológica y de emerger de la cuarta revolución industrial.

7.   Es indispensable educar para la movilidad humana, en un mundo en el cual los procesos migratorios son cada vez más influyentes en las dinámicas sociales. La carencia de una educación para la movilidad humana ha tenido efectos negativos en la forma en la cual se organiza y ejecuta la emigración de muchos compatriotas. Esto debe resolverse de manera inmediata.

8.   Todo esto es sostenible si se hace de manera democrática, en consulta permanente a todo el pueblo, derrotando mediante este ejercicio las tentaciones autoritarias y maniqueas

9.   Es necesario recomponer el diálogo como factor de encuentro en las diferencias, de respeto a la diversidad, para la paz con justicia social. Esto pasa por subrayar las coincidencias, desde una perspectiva soberana y popular. Valoración de las coincidencias que no implica ocultamiento de las diferencias, sino tratamiento respetuoso de las diferencias para construir consensos viables y sostenibles. Esto implica modificar prácticas y culturas instaladas en la oposición política y el gobierno.

Las actuales generaciones de venezolanos debemos garantizarles un país mejor a las nuevas generaciones. Estamos obligados a trabajar de manera conjunta para que la esperanza, seguridad, estabilidad, justicia social, equidad, bienestar y buen vivir creen las condiciones necesarias para que millones de jóvenes venezolanas(os) regresen a la patria a construir de manera compartida una sociedad mejor. Es hora de actuar juntes en esa dirección.

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[1] La tutora de Investigación fue la Dra. Claudia Pedone

[2] Con el acompañamiento de la tutora de investigación Claudia Pedone

[3] Disponible en  https://actualy.es/fundayacucho-de-nuevo-tan-lejos-de-venezuela/

[4] Disponibles en https://www.epdata.es/evolucion-inflacion-venezuela/2983e608-6038-42ac-8bdd-a286af75f568

[5] Disponible en https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion/venezuela

[6] http://www3.eurosur.org/FLACSO/mujeres/venezuela/trab-3.htm

[7] Disponible en https://www.marxists.org/espanol/plejanov/1898/1898-papelindividuohistoria.pdf

[8] http://www.ine.gob.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=507%3Ade-enero-de-1999-a-enero-2013-la-tasa-de-desocupacion-descendio-de-166-a-94&catid=120%3Afuerza-de-trabajo&Itemid=7#:~:text=NOTAS%20DE%20PRENSA-,De%20enero%201999%20a%20enero%202013%2C%20la%20Tasa%20de%20Desocupaci%C3%B3n,6%25%20a%209%2C4%25&text=La%20tasa%20de%20desocupaci%C3%B3n%20en,Nacional%20de%20Estad%C3%ADstica%20(INE).

[9] https://knoema.es/atlas/Rep%c3%bablica-Bolivariana-de-Venezuela/PIB-per-c%c3%a1pita

[10] https://knoema.es/atlas/Rep%c3%bablica-Bolivariana-de-Venezuela/PIB-per-c%c3%a1pita

[11] https://fortune.com/global500/2014/search/

[12] https://www.credit-suisse.com/about-us/en/reports-research/global-wealth-report.html

[13] https://www.dw.com/es/inflaci%C3%B3n-de-venezuela-cerr%C3%B3-en-m%C3%A1s-de-9500-por-ciento-en-2019/a-52261240

[14] Ver en https://www.actualidad-24.com/2017/11/historico-cestaticket-sueldo-minimo-Venezuela.html

[15] Instrumento de identidad que sirve para formar una base de datos de los ciudadanos. Una parte importante de la población se ha resistido a registrarse en el sistema porque argumentan que es un mecanismo de control

[16]https://www.laizquierdadiario.com.ve/IMG/pdf/lineamiento_para_las_negociaciones_colectivas-2.pdf

[17] https://www.acnur.org/noticias/press/2019/6/5cfa5eb64/refugiados-y-migrantes-de-venezuela-superan-los-cuatro-millones-acnur-y.html#:~:text=El%20n%C3%BAmero%20de%20venezolanos%20que,(OIM)%2C%20anunciaron%20hoy.&text=En%20solo%20siete%20meses%20desde,migrantes%20aument%C3%B3%20en%20un%20mill%C3%B3n.

[18] Disponible en https://blogs.iadb.org/migracion/es/migrantes-emprendedores-y-empleo-otra-cara-del-exodo-venezolano/

[19]https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion/venezuela

[20] Documento de trabajo de la gobernación del Estado Táchira

[21] Práctica que se instaló en un sector de la población, de compra y reventa de productos al doble o más del precio original. El bachaqueo se convirtió en una forma de competencia que deshacía el ideario socialista entre quienes lo practicaban. El bachaqueo se convirtió en un fenómeno extendido entre los años 2014 y 2018.

[22] http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1012-25082005000100005

[23] https://www.vtv.gob.ve/fveu-matricula-universitaria-mujeres/

[24] Más allá del umbral de pobreza extrema, con ingreso menor de un dólar diario

[25] https://prodavinci.com/cuantos-son-y-que-perfil-tienen-los-venezolanos-en-el-exilio-una-aproximacion-a-traves-de-facebook/

[26] Capítulo del libro de Gandini, Lozano, Prieto y Otros (2019). Crisis y Migración de la Población Venezolana. Entre la desprotección y la seguridad jurídica en Latinoamérica.

[27] Ritmo musical zuliano (región de Venezuela) que identifica las festividades navideñas de les venezolanes.

[28] En Revista venezolana de estudios de la mujer, Vol. 15, Nº 35, disponible en http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1316-37012010000200006

[29] https://www.nytimes.com/es/2020/03/25/espanol/america-latina/venezuela-migracion-ninos.html

[30] Disponible en https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/las-ausencias-que-cambiaron-a-los-venezolanos/

[31] https://www.ilo.org/global/topics/care-economy/lang–es/index.htm

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Venezuela – El desafío de Alternativa Popular Revolucionaria.

Por: Luis Bonilla Molina

Introducción

En el año 2020, en medio de la pandemia del COVID-19, se realizaron en Venezuela elecciones para renovar los curules de la Asamblea Nacional. Estas elecciones se efectuaron en medio de unas condiciones materiales especialmente difíciles. Por un lado, las criminales medidas coercitivas sobre el comercio internacional venezolano afectaron todos los ámbitos de la vida nacional, generando un deterioro sin precedentes en las condiciones de vida de la clase trabajadora. Por otro lado, la pérdida de calidad revolucionaria de las políticas públicas entraban abiertamente en contraste con las exigencias populares; salarios por debajo de los cinco dólares mensuales, suspensión de los procesos de contratación colectiva, hiperinflación de más de cuatro dígitos, mega devaluación de la moneda nacional, explosión del proceso migratorio por razones económicas, deterioro significativo de los servicios públicos, eran solo algunos de los elementos que determinaban la vida de obreros, empleados públicos y trabajadores informales.

Paradójicamente, las protestas populares declinaron en medio de una creciente deriva autoritaria del gobierno, soportada en una narrativa de unidad nacional para enfrentar la agresión imperialista. Se vivía un capítulo oscuro en el proceso bolivariano ante la detención y enjuiciamiento de dirigentes obreros, muchos de ellos con una larga tradición clasista. La criminalización de la disidencia le robaba el aroma libertario del proceso constituyente de 1999, algo que había tenido antecedentes durante estos veinte años, pero nunca de estas dimensiones.

Esto tenía un correlato en las relaciones entre los partidos del llamado Gran Polo Patriótico (GPP). El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), organización creada por Hugo Chávez, siempre había mantenido una relación tensa con los restantes partidos políticos del GPP, que se había resuelto casi siempre con acuerdos burocráticos para preservar la unidad. Sin embargo, desde el año 2018 las relaciones al interior del GPP se habían tornado especialmente tensas, debido a las crecientes exigencias de las bases de los partidos políticos de esta alianza (alternativa), para una vuelta a la ruta socialista, revolucionaria y popular del proceso bolivariano y, el abandono del giro de conciliación de clases, así como el freno a la creciente dependencia con las políticas imperiales rusa y china. La falta de diálogo constructivo aceleró el distanciamiento y creó las condiciones para el surgimiento de dos bloques dentro del proceso bolivariano.

Esto no niega la existencia de movimiento social que pugna por zafarse de la polarización ni la existencia efímera de opciones políticas que llaman a conformar un tercer polo. Ciertamente hay una nueva situación política dentro del campo chavista desde el año 2020.

La nueva situación política venezolana demanda una discusión profunda de la izquierda latinoamericana y mundial, que permita actuar como factores de unidad revolucionaria que impulsen el retomar el camino constituyente, la ruta anticapitalista y tomen distancia del neoliberalismo con discurso progresista. No es momento de discursos que justifiquen ni la claudicación de clases ni el aventurerismo ultra izquierdista.

2. Mapa de actores

Se suele hacer política desde los intereses subalternos, las vísceras o las ideas perfectas descontextualizadas de la realidad. Por ello nos parece importante hacer un inventario de las tensiones en proceso bolivariano para poder entender porque surge la Alternativa Popular Revolucionaria (APR) y porque se considera que es el polo progresivo actual. Las correlaciones de fuerza y alineamientos han variado de manera sensible durante los últimos dos años. Por ello, urge una revisión y valoración actualizada de los actores políticos para ver las posibilidades reales de una resignficación del proceso Bolivariano o el terrible posicionamiento de nuevas variantes neoliberales.

Las derechas

En Venezuela las derechas han pasado de ser proyectos políticos vinculados a la agenda neoliberal, a convertirse bien en simples operadores de los dictados del imperio norteamericano y las naciones imperialistas europeas o, en sectores pragmáticos que sobreviven de las dádivas del gobierno venezolano a la espera de que surja una “nueva situación política”.

Los partidos políticos de derecha han perdido toda conexión con el movimiento de masas y tienen una limitada capacidad de movilización circunscrita a centenares de militantes altamente ideologizados, sectarios y confrontados entre sí.

Los cuatro bloques de la derecha están liderados por Juan Guaido, Capriles Radonski, Henry Ramos Allup y María Corina Machado, están estructuralmente divididos por el oscuro manejo del financiamiento obtenido del Grupo de Lima y el asalto a las finanzas petroleras venezolanas en el exterior.

La judicialización y colocación de directivas Ad Hoc por parte del Tribunal Supremo de Justicia ha dejado a los partidos políticos Acción Democrática, Primero justicia y Voluntad Popular en una situación de ilegalidad que les genera mayor dispersión e incapacidad de actuación en el terreno de la acción política.

Surge una nueva derecha dependiente del ejecutivo nacional, con representación en el parlamento, que contribuye a la confusión y el desánimo de las bases de ese sector. El gobierno de Maduro ha logrado limitar a su mínima expresión a la derecha política, quien asfixiada solo le queda apelar a una resolución de la situación venezolana mediante invasión imperialista foránea o una operación militar relámpago. En ese sentido, los restos de la derecha venezolana se convierten en un sector que está en la mira de opciones proclives al aventurerismo militar.

Por supuesto que esto no descarta cualquier modelo de reagrupamiento político que reconecte a la derecha con alguna capacidad de movilización real, pero eso no se ve claramente en el futuro inmediato.

El PSUV y el GPP

El PSUV nunca ha sido un partido político en los términos clásicos. Ha sido más bien una maquinaria política del gobierno, tanto en el periodo de Chávez como en el de Maduro. A pesar que realiza sus congresos y elige sus autoridades por procedimientos sui generis, en realidad el PSUV es una maquinaria electoral, para la organización de la agenda social gubernamental y de control del movimiento social.

Sin embargo, el PSUV es el partido más grande de Venezuela con una base social popular muy importante, algo que le falta al esto de organizaciones. Ha logrado construir un tejido social alrededor de las premisas de la agenda social bolivariana inicial y de unidad contra la intervención norteamericana. No obstante, su militancia ha desarrollado una cultura de postergar la crítica a la burocratización y la deriva neoliberal en tanto se mantenga la amenaza norteamericana. Esto lo ha llevado a desarrollar los cimientos de un policlasismo que no tenía en sus orígenes.

El PSUV ha expresado los equilibrios internos del gobierno, tanto en el pasado como en el presente. La visión de Chávez sobre las características de la alianza cívico-militar determinaron su composición durante años y, en el nuevo periodo de la alianza militar-cívica de Maduro ha construido nuevos equilibrios que dejaron por fuera a actores que no tenían tras de sí influencia real o no compartían el giro de conciliación de clases. El PSUV pasó de una lógica de estructuración donde el centro era Chávez, a un modelo de correlaciones contingentes al estilo del sindicalismo burocrático latinoamericano.

Muchos de los partidos políticos del GPP tienen origen en el proceso Bolivariano, ya sea por rupturas previas o por organización durante el periodo chavista; sin embargo, otros como el Partido Comunista de Venezuela tienen una larga tradición, desde las primeras décadas del siglo XX, así como la experiencia del MRT o los Tupamaros se remonta a los ochenta de ese mismo siglo. El Partido Patria para Todos (PPT) viene de una ruptura con la Causa R precisamente en torno al apoyo a Chávez, mientras que partidos como el de Lina Ron o Nuevo Camino Revolucionario (NCR) se conformaron en medio del proceso Bolivariano. La lógica de funcionamiento de estos partidos, mucho más orgánica, aunque no siempre más democrática, distaba mucho del funcionamiento del PSUV. En consecuencia, nunca se lograron armonizar los mecanismos de funcionamiento y toma de decisiones del GPP; sin embargo, siempre se mantuvo la unidad por razones ideológicas y por el pragmatismo burocrático.

Mientras el PSUV está dirigido fundamentalmente por funcionarios públicos, ymilitantes vinculados a dinámicas gubernamentales, la presión popular de las bases por la rectificación del rumbo gubernamental de los últimos seis años ocurre allí en menor medida respecto a lo que ocurre en el PPT, PCV o Tupamaros; algunos opinan que es silenciada mediante el desarrollo de métodos poco democráticos de debate. La intensidad de las contradicciones por abajo respecto al giro político impuesto por la actual dirección política del proceso bolivariano, presiona de manera desigual a los distintos partidos del GPP.

La dramática situación del mundo del trabajo es resultante de la mayor de las hiperinflaciones conocida en el continente, que ha llevado a emitir billetes de medio millón y un millón de bolívares, así como a la incomparable devaluación de la moneda nacional respecto a otro momento histórico de la República, que se expresa en el hecho que hoy un dólar cueste más de dos millones de bolívares. Mientras esto ocurre, el salario mensual de un trabajador no logra alcanzar los diez dólares lanzando a la pobreza extrema a millones de personas en solo unos años. Todo ello genera una dinámica de cuestionamientos y distanciamientos sin precedentes de los sectores populares con la actual administración gubernamental. Esta presión por debajo logró ser contenida por las direcciones políticas del PPT, PCV, Tupamaros, entre otros en el periodo 2014-2018, pero se hizo insostenible entre el 2018-2020. El acuerdo firmado entre el PCV y el PSUV en 2018 en el cual el gobierno se comprometía a detener y retroceder en las medidas restauradoras que había implementado, resultó imposible de concretar por la agenda de restauración que adelanta el ejecutivo.

Por ello, los acuerdos de reparto de cargos para la asamblea Nacional del 2020 resultaban insuficientes para evitar un dislocamiento de estos partidos. El PCV, PPT, Tupamaros y otras organizaciones dentro y fuera del polo patriótico se van aproximando para la conformación de una alianza electoral social para las elecciones parlamentarias del 2020 que expresara las aspiraciones de sus bases. Esto generó la judicialización e intervención de las directivas y representación de partidos como el PPT, Tupamaros y otros, algo que no se pudo hacer con el PCV.

En la práctica el GPP está desaparecido como órgano de unidad y concertación; su existencia se limita a la formalidad de la conducción del PSUV y las representaciones ad hoc de franquicias vacías.

La APR

La decisión de conformar la Alternativa Popular Revolucionaria como un ensayo electoral unitario sin el PSUV, que fuera incluso más allá de la contienda parlamentaria, catapulta la crisis del GPP. A pesar de la judicialización de muchos partidos, la Alternativa Popular Revolucionaria continúa con candidatos de varias organizaciones, eso sí expresadas solo con la tarjeta del PCV, pero con el apoyo militante de las bases de los partidos intervenidos.

En unas elecciones tan particulares como las del 2020, realizadas en medio de la pandemia, el auge de las sanciones económicas internacionales, la política entre dos aguas del gobierno y la terrible crisis material de la clase trabajadora, la motivación para ir a votar era muy baja, aunque sorprendieron los números de votantes que concurrieron, según los anuncios finales hechos por el Consejo Nacional Electoral. Los resultados mostraron como se imponía, con más del 70%, la alianza del PSUV, mientras, queda en la calle la sensación era que la APR obtuvo más votos de los que aparecieron en el conteo final.

El Bloque oficial conformado por el PSUV, Tupamaro (intervenido), PPT (intervenido), Somos Venezuela, Podemos, MEP (dirección resultante de un litigio), Alianza para el Cambio y ORA obtuvo 68% de los votos, mientras los viejos partidos burgueses de AD-COPEI ahora con directivas cercanas al gobierno obtuvieron cerca del 20% de los votos. La APR con la única tarjeta válida del PCV obtuvo un solo escaño, alrededor del 3% de los votos, no obstante, logro motivar al llamado chavismo revolucionario disidente, una parte importante del mismo voto por la APR.

El precario resultado electoral de la APR desaceleró el proceso unitario y eclipsó parcialmente la potencia del agrupamiento por debajo que había generado en un primer momento. Desde diciembre de 2020 y hasta la fecha de escribir este artículo, la APR no recuperó la iniciativa y lo que si fue evidente fue un relanzamiento del PCV, no siempre con propaganda unitaria, sino fundamentalmente referenciada en su auto percepción de partido de la clase trabajadora.

Sin embargo, voceros del PCV y el PPT como Oscar Figueras y el Negro Rafael Uzcategui respectivamente, señalaron esta semana, que en abril se lanzará la convocatoria al Congreso Fundacional de la APR previsto para Julio de 2021, en una fecha en la cual justamente se calientan motores para una nueva contienda electoral local y regional.

La convocatoria al Congreso fundacional de la APR tiene el desafío de decidir si es una simple alianza de partidos con fines electorales, o se convierte en una plataforma amplia del movimiento social, individualidades, partidos políticos y agrupaciones políticas con actividad más allá de los límites de la democracia parlamentaria. Solo en este último caso se puede convertir en un factor dinamizador del espíritu revolucionario del proceso Bolivariano y los distintos factores del chavismo de base.

La APR es el factor más progresivo en la actual circunstancia del país, por lo cual resulta fundamental participar ampliamente en los debates de su congreso fundacional, las definiciones tácticas y su estrategia centrada en los intereses del mundo del trabajo contra el capital. Ello demanda romper con las definiciones panfletarias que lejos de sumar alejan a los sectores más progresista.

La APR tendría a mi juicio que abrir un debate sobre el ocaso del modelo petrolero mundial y su impacto en una economía alternativa nacional, la crisis ecológica y su expresión en la realidad nacional, la ofensiva neoliberal sobre la educación con expresiones muy concretas de neo privatización y estratificación social que vivimos a nivel mundial en el año 2020, la estrategia feminista y anti patriarcal, la problemática migratoria y el necesario regreso de millones de nacionales lo cual pasa por la recuperación de la economía nacional, entre otras agendas. La APR tiene que superar la propaganda ideológica y entrar en definiciones estructurales anticapitalistas contextualizadas en la realidad de la tercera década del siglo XXI.

La izquierda venezolana esta envejecida, con crisis de identidad rebelde y con grados de Alzheimer. La convocatoria a este Congreso Fundacional de la APR debe servir para relanzar la esperanza y la ilusión socialista y para retomar el camino anticapitalista por parte de amplios sectores del movimiento social. La revolución bolivariana no está muerta, la APR reúne lo mejor de los sueños insumisos del 27 de febrero de 1989.

El movimiento social

La tradición de una parte importante de la izquierda, considera al partido (su partido) como la síntesis de la verdad revolucionaria y ve al movimiento social como el frente de masas. Esto se ha materializado en prácticas de cooptación y pérdida de la autonomía del movimiento obrero y social en general.

En el caso de Venezuela esta tradición ha impedido, entre otros factores, construir una potente y revolucionaria coordinación de movimientos sociales, ni una confederación campesina o central de trabajadores clasista. La experiencia apunta a la construcción de un fuerte movimiento social autónomo en diálogo permanente con las representaciones políticas, pero no subordinada a su lógica de negociación y coaptación.

La Central Socialista Bolivariana de Trabajadores (CSBT) ha devenido en un enorme aparato burocrático de contención y control de luchas, en las antípodas de lo que sería un epicentro del combate y trabajo contra la lógica del capital en el mundo del trabajo.

Sin embargo, nada es solo blanco y negro. Así como al interior de la CSBT subsisten corrientes clasistas minoritarias y arrinconadas, en la calle están surgiendo importantes tejidos de insurgencia. El movimiento comunal, especialmente el larense, es muestra de ello, así como el incipiente movimiento magisterial de base. Las feministas de izquierda comienzan a mostrar un camino autónomo del movimiento anti patriarcal, así como el trabajo comunal en las grandes ciudades.

En la actualidad se gesta de manera subrepticia un movimiento que elude los aparatos de control del gobierno, desarrollando dinámicas de solidaridad y resistencia que hacen pensar en el emerger de un potente movimiento social en el mediano plazo.

Solo una parte de este movimiento social emergente está vinculado actualmente a la APR por lo cual resulta incierta su articulación real a esta nueva estructura. Seguramente ello dependerá de la amplitud y estilos de trabajo sobre los cuales se construyan los puentes entre uno y otro.

La inmensa mayoría del movimiento social actual es de izquierdas, ya que el movimiento estudiantil de derechas se ha visto muy golpeado por las dinámicas migratorias de los últimos años.

FANB

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana constituye hoy el sector organizado hegemónico del proceso bolivariano. No existe asunto gubernamental en el cual la presencia militar no sea determinante. Esto constituye una fortaleza indudable para contener e impedir los intentos de agresión militar imperialista, a pesar que la estrategia militar Bolivariana de resistencia no ha logrado romper con la lógica cuartelaría ni entrado en un proceso constituyente en la toma de decisión. El sostenimiento de la clásica estructura jerárquica alimenta la visión autoritaria sobre la disidencia y la crítica.

Por otra parte, el discurso militar que justifica la alianza con China y Rusia, como parte del proceso de contención del imperialismo se convierte en una pérdida de soberanía y frena la radicalización del proceso, al no desarrollar las Fuerzas Armadas una estrategia de resistencia basada en el armamento popular y la disolución de los cuarteles en los barrios y comunidades.

Mientras los mandos medios y bases militares sufren los estragos de la actual situación material, la estructura jerárquica y disciplinar más vinculada a los beneficios de la burocracia, se convierte a su vez en un elemento para garantizar la unidad de mando.Venezuela804 dos

El protagonismo creciente de los militares y el giro hacia la alianza militar-civil, alimenta la visión corporativa de lo político y se convierte en un elemento que pareciera ser determinante en los próximos meses y años. La contradicción fundamental en este campo viene determinada por el origen popular de los mandos militares y las posibilidades rápidas de ascenso social que derivan del ejercicio del poder, en un Estado como el venezolano que sigue siendo burgués.

Sin embargo, la politización de las Fuerzas Armadas es un salto cualitativo históricamente hablando, que obliga a cualquier iniciativa política a contar con una línea de diálogo y trabajo con el sector militar.

Los ex funcionarios críticos

La prensa burguesa y sectores de la izquierda internacional han dado una exagerada visibilidad a la disidencia de antiguos altos funcionarios del gobierno bolivariano, habidas cuenta de su casi nula incidencia en lo social y lo súper estructural. Como es conocido con la llegada al poder de Nicolás Maduro, luego de la muerte de Hugo Chávez, se produce un desplazamiento de un sector de altos funcionarios que se habían convertido en caras conocidas por las rotaciones que habían tenido en múltiples cargos de alto nivel.

Algunos de ellos representaban el espíritu unitario inicial del proceso revolucionario, mientras otros formaban parte de la lista de empleados quienes jugaron un papel conservador en distintos momentos. Algunos de ellos se unieron a las voces de cuestionamiento y satanización al debate que en año 2009 se dio en el Centro Internacional Miranda sobre las luces y sombras del proceso Bolivariano y contra el híper liderazgo y ahora se presentan como paladines del pensamiento crítico. Otros en cambio que estuvieron en estas jornadas de crítica a la burocratización del proceso bolivariano forman parte de la disidencia de ex funcionarios gubernamentales claramente comprometidos con el proyecto bolivariano inicial. La inmensa mayoría son honestos y éticamente incuestionables, abiertamente diferenciados de quienes son ahora críticos porque perdieron la conexión con los negocios del estado, especialmente del sector petrolero.

Sin embargo, la verdad es que estos ex funcionarios tienen poca o nula capacidad de conexión con el movimiento social concreto. Por lo tanto, su accionar tiene una limitada incidencia en la construcción de correlaciones de fuerzas alternativas, salvo que se produzca una aproximación con el proceso de la APR; de hecho, algunos de ellos llamaron a votar por la APR en diciembre de 2020.

Los emigrantes

Quizá el sector que menos se suele valorar a la hora de hacer análisis y que puede ser determinante en el giro de los acontecimientos es el de los y las emigrantes, aquellos cientos de miles de nacionales que se han visto forzados a partir del país producto de la situación económica y el deterioro de las condiciones materiales de vida. Mientras la oposición habla de seis millones y el gobierno de dos millones lo cierto es que casi no existe un hogar del país que no cuente entre sus miembros a varios que hayan partido, sobre todo población joven.

Venezuela no tiene cultura de ver partir a los hijos en busca de sobrevivencia, cosa que muy pocas veces se logra, disparando las angustias y la rabia contra los factores que consideran desencadenantes de esta situación.Venezuela804 cuatro

Algunos regresan derrotados, para planear una nueva partida, la inmensa mayoría sobrevive fuera en condiciones peores que las de la clase trabajadora de esos países. Aún la izquierda latinoamericana no ha desarrollado una amplia campaña de solidaridad y acompañamiento a la migración venezolana lo cual contribuye a su derechización. El discurso de traidores para aquellos que se marchan en busca de salarios que les permitan cubrir sus necesidades básicas ha impactado en distintos niveles a la izquierda regional que no termina de entender lo que está ocurriendo en Venezuela.

En un país de aproximadamente 32 millones de habitantes y de seis millones de hogares, hablar de una cifra promedio de cuatro millones de migrantes implica referirse a un impacto directo en el imaginario y la conciencia política de más de la mitad de las familias del país.

Desde el proceso bolivariano no se ha construido un discurso que dé cuenta de una perspectiva revolucionaria del fenómeno. La migración puede convertirse en el campo de cultivo para la construcción de un discurso de derechas y base social para proyectos autoritarios en el corto plazo. Por ello, urge no solo abrir un debate al respecto sino el desarrollo de una campaña permanente de la izquierda latinoamericana para acompañar el respeto de los derechos y la inserción laboral de los migrantes venezolanos en los distintos países; esto jóvenes requieren llegar a la conciencia de clase desde el vínculo con sus luchas y no solo por el discurso.

Los sectores despolarizados y los despolitizados

Lo que ha crecido desde la crisis que se abre en el año 2014 con la caída de los precios del petróleo, la parálisis de la perspectiva revolucionaria del proceso y el ciclo restaurador, es la despolitización. Millones de nacionales comienzan a ver, como a finales de los ochenta y los noventa, a la política como un problema y no como una solución. La vuelta soterrada a la anti política se traduce en despolarización silenciosa, algo que puede eclosionar en cualquier momento, orientando el cambio en cualquier dirección.

La anti política tiene varios rostros, desde el asumir formalmente alguna narrativa para sobrevivir, hasta el hastío y refugio en nuevas formas de competencia desde abajo. Despolitización que actúa como un “sálvese quien pueda” que amenaza con eclipsar lo que se había avanzado las dos últimas décadas en tejido social solidario.

En un país donde el movimiento social es muy débil y fragmentado, donde la izquierda es superestructural y no ha logrado fusionarse con el movimiento de masas, la despolitización se convierte en el preludio de la búsqueda colectiva de nuevos caudillismos, incluso ubicados en las antípodas de lo que ha sido el actual liderazgo.

Romper con esta nueva despolitización desde la izquierda pasa por reconstruirse como organizaciones no solo desde la lógica militante sino fundamentalmente desde el movimiento social. No se trata de una reedición del moviementismo, sino de desarrollar la propuesta según la cual cada militante forme parte de una práctica social en curso, no como enclave sino como parte activa. Ello implica la superación de viejos arquetipos partidarios y la lógica de frentes de masas, algo que es más difícil decirlo que hacerlo.

La ultraizquierda

La ultra izquierda es terriblemente minoritaria, súper estructural y con limitada capacidad de autogestión. La izquierda radical que venía de una fuerte diáspora en los ochenta y los noventa del siglo XX, fue incapaz de aprovechar la situación revolucionaria abierta en 1998 para construir organización, tejido social, prensa y medios de comunicación alternativa.

La influencia de la ultra izquierda en gremios y sindicatos es muy débil, prácticamente inexistente en el movimiento indígena y campesino y recién aprendiendo del movimiento ecológico y feminista.

Salvo las excepciones de aporrea.org (2002-2021), otrasvoceseneducacion.org (2016-2021) e insisto-resisto (2021) no existen páginas web con capacidad de generar contenidos propios y expresar un movimiento concreto. Aún estas experiencias son muy limitadas en su radio de influencia.

Marea Socialista, PSL y LUCHAS, entre otros factores de ultra izquierda son muy débiles y fraccionadas. Otras izquierdas de tradición guevarista o nacional popular están en las mismas condiciones.

La posición de la ultra izquierda sobre la APR será fundamental para salir de su aislamiento y fraccionamiento, pero aún no está claro cuál será la posición de la mayoría de ellas. Solo LUCHAS ha expresado públicamente su intención de ser parte de la APR

La clase trabajadora

La situación de la clase trabajadora es dramática ya que no ha logrado construir un polo autónomo de referencia. Actualmente la clase trabajadora está en la peor situación desde las luchas de los años treinta del siglo XX, carente de organizaciones clasistas y con un marco institucional cada vez más cerrado. Las prácticas autoritarias, de judicialización y represión al sindicalismo clasista que se instrumentan desde el Ministerio del Trabajo, dificultan los esfuerzos de organización autónoma. A pesar de la destrucción del salario real y en las peores condiciones de trabajo imaginables, el movimiento de los y las trabajadoras no ha irrumpido aún en el escenario político.

Sin embargo, escamoteos, intentos aislados (petroleros, salud, magisterio, zona del hierro), un movimiento subterráneo de organización en curso, pudieran revertir esta situación. La lucha por un salario mínimo de 300 dólares mensuales, derecho a la sindicalización autónoma, la negociación colectiva, el fuero y la libertad sindical pueden contribuir a la activación del movimiento obrero. Sin embargo, una combinación de miedo y resignación a la situación de sobrevivencia hacen difícil esta tarea.Venezuela804 tres

3. El autismo político de una parte importante de la izquierda latinoamericana

Mientras esto ocurre se produce un deslave de los apoyos al gobierno bolivariano. Factores de izquierda anticapitalista que hasta hace poco daban un apoyo a la revolución bolivariana comienzan a distanciarse y conectarse con las nuevas formas de resistencia. Lo importante es que muchas de estas simpatías encuentran en la APR un vínculo de trabajo político, por lo cual se mantiene apoyo al proceso revolucionario bolivariano.

No obstante, persiste una izquierda acrítica que ha decidido acompañar todo lo que haga el gobierno, sin tomar en cuenta su impacto sobre el mundo del trabajo. Esta izquierda sin conexión con lo que ocurre en Venezuela, podría contribuir mucho más si mantuviera un apoyo a las luces y una crítica a las crecientes sombras de la acción gubernamental. Incluso así podría contribuir a la construcción de un frente revolucionario latinoamericano de cuestionamiento a las medidas coercitivas del imperialismo norteamericano, los imperialismos europeos y el grupo de Lima, que recorra el camino del acompañamiento a la profundización anticapitalista del proceso revolucionario venezolano.

El trabajo de la APR a nivel internacional se convierte clave en este sentido y ello demanda una política internacional de la APR que dé cuenta de la pluralidad de izquierdas que acompañan esta iniciativa. La mayor amplitud en la unidad de acción permitirá fortalecer nacional e internacionalmente a la APR como factor dinamizador del proceso revolucionario bolivariano. Allí el mayor desafío lo tiene el PCV, quien debe construir una lógica amplia de convergencia y derrotar los fantasmas del sectarismo.

4. La Alternativa Popular Revolucionaria (APR) en el escenario post electoral y la convocatoria a su Congreso Fundacional

La APR tiene una gran responsabilidad y posibilidad de convertirse en una opción revolucionaria plural, anticapitalista y revolucionaria de nuevo tipo. Pero dada la correlación de fuerzas que hemos expresado en el análisis de actores, esta no puede ser una organización contra el madurismo y sus claudicaciones, sino para empujar al chavismo de conjunto a la radicalización revolucionaria. En ese sentido debe tener la capacidad de superar la tentación de la política visceral y recuperar el horizonte estratégico. La APR puede generar una despolarización revolucionaria de la situación política venezolana.

Sin embargo, al PSUV no le conviene esta ruptura de la despolarización e intentará colocarle todos los obstáculos. Esta realidad “cantada de antemano” no puede conducir a la APR a centrarse en la mera confrontación al Madurismo olvidando la construcción unitaria en los territorios. La tarea central de la APR es trabajar por la unidad del campo Bolivariano. Unidad no romántica sino en pos de una agenda realmente anticapitalista

Por ello, la lucha contra las sanciones imperialistas y el bloqueo económico debe ser centrales en la recomposición de la unidad. No obstante, esto no implica ceder un ápice a la crítica contra la burocratización, la conciliación de clases y el autoritarismo contra los sectores populares y revolucionarios que actualmente adelante el gobierno. Eso sí construyendo organizaciones, mecanismos y lógicas de independencia de clase. Se trata de una tarea para nada fácil, en la actual coyuntura de la lucha de clases.

5. Retomar el camino de la organización autónoma del movimiento social y la izquierda anticapitalista

La tarea central de la APR es la de acumular fuerzas, en una correlación de fuerzas tan compleja como la que describimos. No se acumula fuerzas con la conciliación, pero tampoco con el enfrentamiento estéril. Cada lucha, cada escenario debe ser construido con una propuesta clara pero también con una construcción sostenida en cada territorio.

Para concluir es necesario insistir en la tarea de convertir a cada militante anticapitalista en un artífice de nuevas experiencias de organización popular, comunitaria, de trabajadores y trabajadoras, feminista, ecológica. Ello pasa por reconstruir la cultura política de la izquierda venezolana

La APR no puede ser una suma de letras, eslogan ni personalidades sino la convergencia de organización de las resistencias anticapitalistas en la actual coyuntura. Si lo logra se estará salvando el futuro de la revolución Bolivariana.

Un desafío solo posible entenderlo y emprenderlo en clave anticapitalista del siglo XXI.

Fuente e Imagen: https://correspondenciadeprensa.com/?p=17991

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La Lucha por la Educación Pública: Un Breve Análisis desde América Latina

(Artículo escrito para el suplemento “Plural· de la Revista Viento Sur)

Por: Luis Bonilla-Molina

@Luis_Bonilla_M

Coordinador Internacional del portal Otras Voces en Educación / Premio de Justicia Social otorgado por el Proyecto Democrático Paulo Freire de la Universidad de Chapman, por su trabajo con el sector docente a nivel internacional durante la pandemia 2020.

  1. Introducción

La crisis económica del capitalismo y la reestructuración del modo de producción, derivada esta última del emerger de la cuarta revolución industrial, tienen un capítulo muy dramático en el hecho educativo. Desde el año 2015 veníamos advirtiendo que podía ocurrir un Apagón Pedagógico Global (APG), signado por la virtualidad como ejercicio de centralidad pedagógica a escala planetaria.  Estas afirmaciones se basaban en el estudio de la arquitectura financiera de las grandes corporaciones tecnológicas, el énfasis de éstas en la producción de tecnologías y narrativas educativas digitales y su creciente vínculo con los gobiernos y ministerios de educación. Los hechos confirmaron estos análisis y demostraron la importancia de estudiar el curso de la economía y la trayectoria de colisión del capital tecnológico trasnacional con los sistemas educativos.

El COVID-19 fue utilizado para abrir paso a la virtualidad y la educación en casa como paradigmas emergentes del capitalismo cognitivo. Las grandes corporaciones tecnológicas se habían venido preparando para el paso abrupto y global a la virtualidad, mientras los Ministerios de Educación de la región no dejaban de estar prisioneros de la epistemología capitalista de la primera y segunda revolución industrial, creyendo que solo comprando chatarra tecnológica resolverían el desfase surgido desde la tercera revolución industrial.

Como hemos insistido, desde la tercera revolución industrial y la aceleración de la innovación científica que ella trajo, vinculada al modo de producción y a la sociedad, ha surgido un desencuentro entre lo que quiere el capitalismo cognitivo y lo que realizan los sistemas escolares. Esto no se resuelve con la simple compra de computadores, internet y capacitación para educación en línea. Está surgiendo una paradoja, según la cual el modelo de escuela que sirvió a la reproducción cultural del sistema capitalista, en la primera y segunda revolución, ya no resulta útil para el modelo de reproducción que demanda el capitalismo de las plataformas en el marco del emerger de la cuarta revolución industrial. Lo que ocurrió en materia educativa durante la pandemia del COVID-19, pueden ser solo los relámpagos que anuncian una gran tormenta sobre la escuela pública, la profesión docente y el derecho humano a la educación. Por supuesto que la escuela emancipadora que defendemos y la educación pública vinculada a los intereses de la clase trabajadora dista mucho de cualquiera de estas propuestas.

En el Foro Mundial de Educación (2015) realizado en Incheon, Corea, ante los representantes educativos de más de 150 países, las grandes corporaciones tecnológicas anunciaron que estaban trabajando para un escenario de virtualidad educativa generalizada a escala planetaria, con un horizonte máximo de diez años, algo que de manera cómplice desoyeron los gobiernos neoliberales, para abrirle puertas a un nuevo modelo de privatización y mercantilización educativa.

A comienzos de la pandemia, prácticamente ningún sistema escolar de la región contaba con plataformas propias, arquitectura de la nube independiente, repositorios digitales en formato de la cuarta revolución industrial y mucho menos habían formado a los y las docentes para la complementariedad de la virtualidad con la presencialidad; el día D anunciado por las grandes corporaciones tecnológicas se inició con la explosión global del virus.  La situación de incertidumbre generalizada que azotó a los sistemas educativos creó las condiciones de posibilidad para el desembarco suave de las corporaciones tecnológicas en la vida escolar.  Por ello, cuando en marzo de 2020 se inicia la cuarentena preventiva radical en la región, quienes de inmediato aparecieron con sus “alternativas”, fueron las grandes corporaciones tecnológicas, imponiendo a la fuerza, una acelerada alfabetización en el manejo de plataformas, pensadas con una lógica de nuevos estilos y orientaciones en la reproducción del conocimiento, la castración del pensamiento crítico y el aprendizaje centrado en competencias. No se democratizó la apropiación de los algoritmos, ni se trabajó la comprensión y apropiación crítica de la realidad, sino se puso en marcha un ensayo de apropiación de rutinas para abrirle puertas al modelo de enseñanza que requiere el mundo digital ideado por el capital. La lógica de enseñanza que contienen las plataformas virtuales es un debate urgente en el magisterio.

Estamos aún muy lejos de conocer todo el arsenal educativo construido por las corporaciones del capitalismo cognitivo, para sustentar en el futuro próximo su propuesta de sociedad educadora digital.  Lo que presenciamos durante la pandemia fue solo la construcción de hegemonía sobre una nueva orientación, sobre un horizonte estratégico.  En otro artículo trabajaré los prototipos de escuela, bachillerato y universidad que está construyendo el capitalismo cognitivo con el ánimo de poner en marcha una nueva orientación escolar que elevará de manera exponencial la exclusión educativa que conocimos en las tres primeras revoluciones industriales.

En contravía a los anuncios de distintos sectores políticos, el neoliberalismo educativo sigue vivo y actuando con rostro de sociedad educadora, avanzando en nuevas formas de mercantilización y privatización educativa. En el marco de la pandemia muchos sistemas escolares (Puerto Rico, Panamá, Brasil, Argentina, Colombia, entre otros) avanzaron en acuerdos de largo alcance con corporaciones tecnológicas, para asociar la virtualidad y las mercancías digitales a la praxis educativa de los próximos años; la lucha por el mínimo del 6% del PIB para educación aparece como un botín en disputa por las grandes corporaciones tecnológicas.  La nómina docente, que ocupa una parte importante del presupuesto educativo, está en la mira del capitalismo cognitivo, por ello le abren paso al paradigma de la educación virtual en casa, sembrándolo hoy y, aspirando cosechar frutos de desplazamiento de les docentes en los próximos años.

Por los bordes comenzó a hablarse de la formación docente para el modelo de educación en casa, convirtiendo lo que ocurrió durante la pandemia en un ensayo de lo que la OCDE denominó como la “sociedad educadora en red”. Irene Rigau, seguidora  del Gregorio Luri Medrano (colaborador del Club de Roma) y antigua Consellera de la Educación de la Generalitat de Cataluña, señaló en el Congreso Mundial de Educación de Kairós (2020) que “ante la situación que vivimos el futuro de la escuela puede estar cuestionado”  y que las “posibilidades que tiene la tecnología, podría favorecer la aparición de nuevos profesionales de la enseñanza, contratados por grandes operadores del mercado, del mercado en red, que podrán garantizar visitas a domicilio, asistencia telefónica, consultas en sus despachos, en que la educación en casa, podría ser la tónica más generalizada con el apoyo tecnológico”.  Precisa Rigau que “había un escenario que nos parecía muy distante, el de la sociedad en red, que en estos momentos podría ser realidad, desplazando en muchos países al modelo de escuela como una organización de aprendizaje … en el centro de la comunidad”. Finaliza puntualizando que “la involución y el desmantelamiento de la escuela, facilitará que ésta sea sustituida por redes de aprendizaje”. Las afirmaciones de Rigau, son una nítida expresión de la perspectiva de los corsarios neoliberales quienes se aprestan a tomar por asalto en la post pandemia, el botín que representa el presupuesto destinado por los ministerios de educación a la nómina docente.

La pandemia ha estado signada por una brutal privatización, estratificación y generación de exclusión educativa.  La inmensa mayoría de gobiernos en América Latina abandonaron la responsabilidad de los Estados en garantizar las condiciones mínimas para desarrollar el proceso educativo.  No dotaron a les docentes, estudiantes y familias de dispositivos, acceso a internet, planes de datos y, en un inusitado clímax del paradigma de la sociedad educadora neoliberal, trasladaron a estudiantes, docentes y familias los costes de la continuidad del vínculo pedagógico en pandemia.  Esta nueva forma de privatización educativa ha sido precariamente denunciada y amenaza con instalarse como una constante en la lógica de la educación como bien común.

Este modelo de privatización generó daños colaterales de profundo impacto social global. Apareció el fenómeno de la estratificación educativa entre aquellos estudiantes que tenían acceso a computadores, conexión a internet, planes de datos suficientes y una familia de acompañamiento de emulación forzosa del rol docente, respecto a quienes no poseían estas condiciones tecnológicas y/o de apoyo y quienes tuvieron como alternativas modelos tecnológicos añejos (Radio-TV) o guías de auto aprendizaje, mientras los y las estudiantes de zonas de difícil acceso, indígenas y de pobreza extrema no podían acceder a ninguna de estas opciones.  Esta estratificación pretende construir imaginarios de auto exclusión, al darse cuenta importantes sectores de estudiantes humildes, que el no poseer equipos y condiciones tecnológicas mínimas, conlleva a no poder seguir avanzando en la educación con sello de mundo digital.  Esto pareciera continuar en la fase de salida de pandemia con los anuncios que hacen los ministerios de educación sobre alternancia o los llamados modelos híbridos.

Hoy, los Ministerios de Educación de la región no conocen a ciencia cierta cuál es la matrícula real, quienes permanecen en sus sistemas educativos y quienes han abandonado, o quedado excluidos porque están en la amplia franja de población sin acceso al mundo de la tecnología 3G, 4G o 5G.  La vuelta presencial a las aulas en la post pandemia estará signada por un titánico esfuerzo de los y las docentes para reincorporar a las aulas a quienes quedaron desconectados durante el año 2020.

  • El Covid-19 y las posibilidades de avanzar en la unidad del magisterio. Inventario de Actores

El neoliberalismo educativo ha lanzado una ofensiva planetaria contra la escuela presencial y la educación pública. Enfrentar esta arremetida demanda una articulación y unidad del magisterio sin precedentes. Ello exige un adecuado inventario de actores, situaciones a resolver y afirmación de las potencialidades.   En este artículo me interesa identificar actores que han sido claves en la construcción de resistencias anti neoliberales de distinto signo e intensidad durante el año 2020.  Por un lado, están los sindicatos, por otra las coaliciones en defensa de la educación como derecho humano y finalmente algunas instituciones académicas y científicas.

En el caso de los gremios y sindicatos, es muy importante ubicar su vínculo con corrientes sindicales internacionales; en muchos casos sindicatos militan en varios agrupamientos internacionales, lo cual implica una lectura mucho más fina, imposible de lograr en los límites de extensión de este artículo.

En la región existe un desarrollo desigual de los procesos de instauración de las corrientes sindicales internacionales.  La mayoría de gremios y sindicatos están fuera de algún agrupamiento internacional y en buena medida pesa la orientación política de cada organización para tomar una decisión al respecto. En ocasiones los cambios de orientación política en la dirección de los gremios conllevan a desafiliaciones y/o afiliaciones a una u otra corriente internacional.

La Internacional de la Educación para América Latina (IEAL) agrupa a sindicatos muy numerosos y diversos en sus composiciones políticas, perspectiva de independencia de clase y cultura de movilización unitaria. Destacan la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina(CTERA), la Federación Colombiana de los Trabajadores y Trabajadoras de la Educación (FECODE),  el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación(SUTEP) del Perú, la Unión Nacional de Educadores de Ecuador (UNE), el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE) de México, el Colegio de Profesores de Chile,  y otros tantos sindicatos mucho más pequeños. En unos casos sus métodos de trabajo los ubican en la perspectiva transformadora amplia, mientras que en otros viven profundan tensiones a su interior; en el caso de México, el SNTE, cuestionado por sus vínculos con el PRI y los gobiernos burgueses, aún antes de la conducción por parte de Elba Esther Gordillo, cuenta desde finales de 1978 con una corriente clasista y antiburocrática a su interior, la Coordinadora Nacional de los y las Trabajadores de la Educación (CNTE) que agrupó las fuerzas que lucharon durante la pandemia por  la defensa del magisterio ante el modelo de neo privatización educativa. Algo similar ocurre en el Colegio de Profesores de Chile, con el Movimiento por la Unidad Docente (MUD) y otras corrientes clasistas que tensionan a favor del manejo democrático y clasista del gremio, mientras que en Ecuador, Colombia y Perú fueron la UNE, FECODE y SUTEP de conjunto, quienes lideraron el trabajo de resistencia ante la ofensiva del capital en el 2020. El caso de Argentina es muy particular, dada la multiplicación de gremios de base de distintas orientaciones y las diferencias tácticas que mantienen las grandes centrales sindicales. Es incorrecto hacer una caracterización de la IEAL como si fuera una sola expresión en el terreno de la lucha de clases, cada organización que forma parte de ella debe ser valorada en su actuación en el contexto nacional y ello deriva en una caracterización dinámica del IEAL.

Otro actor regional es la Confederación de Educadores Americanos (CEA),  conformada por una serie de gremios diversos, entre los cuales están la Confederación Nacional de los Trabajadores de los Establecimientos de Enseñanza (CONTEE) de Brasil, el SNTE de México, el Federación de Profesionales Docentes de la Educación Superior de Nicaragua (FEPDES), la Agremiación Federal de Funcionarios de la Universidad de la República (AFFUR) del Uruguay, la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN) de la Argentina, La Confederación de Trabajadores Urbanos (CTU) de Bolivia, el Frente Reformista de Educadores Panameños (FREP), la Federación de Sindicatos de Trabajadores Técnico-Administrativos de Instituciones Públicas de Educación Superior de Brasil (FASUBRA). A decir verdad, su capacidad de incidencia regional fue mínima en la coyuntura del COVID-19, aunque algunas de sus organizaciones como FASUBRA estuvieron muy activas en el marco nacional.

Por otra parte, está la Confederación Sindical de los Trabajadores de las Américas (CSA) vinculada a la AFL-CIO de los Estados Unidos y a la Confederación Sindical Internacional (CSI), de la cual forma parte la Central de los y las Trabajadores Argentinos (Autónoma (CTA-A), a la cual está afiliada la Federación Nacional de Docentes, Investigadores y Creadores Universitarios- Histórica (CONADU-H)  una de las organizaciones de docentes que estuvo muy activa en la unidad internacional en lucha contra el neoliberalismo educativo y combativa a nivel nacional, en el marco de la pandemia.

Producto de una escisión de la CSA en el año 2017 se funda la Alternativa Democrática Sindical (ADS), de la cual forma parte la Central General de Trabajadores de Panamá (CGTP) la cual  estuvo muy presente en las resistencias anti neoliberales en educación durante el año 2020.

Adicionalmente, la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC) es otra de las centrales sindicales regionales. De ella, forman parte organizaciones que fueron muy activas en la resistencia a la ofensiva neoliberal durante la pandemia, especialmente la Asociación de Educadores Veragüenses (AEVE) de Panamá y la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) de Costa Rica. Como en las restantes organizaciones, el movimiento es desigual, unas organizaciones son muy activas, mientras otras no terminan de aparecer en el escenario de la lucha anticapitalista.

La Federación Sindical Mundial (FSM) no suele actuar como un escenario de coordinación de la lucha magisterial, a pesar que algunos de sus sindicatos pertenecen al campo de la educación, entre ellos el Sindicato Unitario Fuerza Magisterial (SINAFUM) de Venezuela. Fue muy débil su incidencia en el magisterio y la actividad gremial docente en el marco de la pandemia. El presidente de la FSM fue invitado al Congreso Mundial de Educación en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo.

Entre la inmensa mayoría de “no alineados” con ninguno de los agrupamientos internacionales y que tuvieron un protagonismo especial en el año 2020, destacan la Federación de Maestros y Maestras de Puerto Rico (FMPR),   Surrey Teachers Association perteneciente al Bristh Columbia Teachers Federation(BCTF) de Canadá,  United Teachers Los Ángeles (UTLA) y el Chicago Teachers Unión (CTU) de Chicago, ambos de los  EEUU, la Asociación de Profesores de la República de Panamá (ASOPROF), el Sindicato Nacional de Docentes de la Enseñanza Superior (ANDES) y SINASEFE, de Brasil, la Asociación Puertorriqueña De Profesores Universitarios (APPU), la Confederación de Maestros Rurales de Bolivia (CONMERB) , la CNSUESIC de universitarios en México, la FERC-CGT de Francia,  de así como una serie de sindicatos locales como SUTEBA el Tigre, Ademis de Buenos Aires,  Amsafe y la COAD de Rosario, el SUTE de Mendoza, Argentina, la Intersindical de Valencia, el USTEC-STEs de Cataluña, España, SITRAIEMS-CDMX de México, la Intergremial de Formación Docente del Uruguay. La Asociación de Profesores Universitarios (APU) de Colombia, el SINDEU de Costa Rica.

Es importante ubicar otros actores regionales no gremiales, quienes trabajan en la defensa de la educación pública. El primero, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) conformado por más de 600 centros de investigación, 99 instituciones asociadas y 82 redes temáticas.  Clacso constituye el más importante tejido de investigadores(as) sociales en la región, con vínculos en los cinco continentes; cuenta con cinco grupos de trabajo sobre educación que enfatizan en el derecho humano a la educación.  El desafío de Clacso continúa siendo el de una mayor articulación con el movimiento social y gremial en educación.

El segundo, la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) que agrupa a dieciocho foros y coaliciones nacionales por el derecho a la educación, nueve redes regionales y cinco organizaciones nacionales. La Clade tiene un enorme potencial, al ser una amplia red de redes del movimiento social organizado.

El tercero, el Consejo de Educación Popular de América Latina (CEAAL), constituido por un centenar de colectivos nacionales y locales de educación popular, concentrado fundamentalmente en trabajo educativo comunitario.

Un cuarto actor es el Centro Internacional de Investigaciones Otras Voces en Educación (CII-OVE) que se ha convertido en un factor de articulación y trabajo unitario entre los distintos actores del movimiento social en defensa de la educación pública. Su capacidad de relacionamiento, diálogo y organización fue fundamental para la realización del I Congreso Mundial en defensa de la Educación Pública y contra el Neoliberalismo Educativo realizado en septiembre de 2020.  La alianza de Otras Voces en educación con la Cooperativa de Educadores y Educadoras, Investigadores e Investigadoras Populares Histórica (CEIP-H) ha potenciado y diversificado el trabajo que vienen realizando.

Finalmente, existen un enjambre de colectivos y movimientos de base, muchos de los cuales no están asociados a ningún corriente nacional o internacional, pero que trabajan de manera sostenida y combativa en defensa del derecho a la educación en todos los niveles. Ellos en sí mismo, representan una capacidad de acción impresionante con los cuales se debe trabajar en mayores niveles de articulación y unidad en la acción.

El Foro Mundial de Educación (FME) del Foro Social Mundial (FSM) que tuvo una presencia muy fuerte a comienzos del siglo XXI, si bien ha perdido empuje continúa siendo un referente del trabajo importante en favor de la inclusión y en defensa de la educación pública.

Lamentablemente, durante la pandemia la universidad pública reaccionó muy lentamente. El asedio de la privatización, la desinversión y el desmantelamiento de programas de investigación y extensión ha pesado mucho en ello. Esto no es nuevo, se reflejó claramente en la precariedad de propuestas y la carencia de debates sustantivos actualizados que vimos en la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) de 2018.  El sector más dinámico de las universidades parecieran ser hoy sus gremios y sindicatos.

  • Situaciones a tomar en cuenta

En un marco de ofensiva global y regional del capital sobre la educación pública, existen un conjunto de situaciones que es importante abordar para construir una correlación de fuerzas favorables, no solo para la defensa del derecho humano a la educación, sino para la construcción de una escuela transformadora y una agenda anticapitalista amplia.

La primera de ellas, la fragmentación de las fuerzas gremiales y sindicales. No considero que esté planteado en el corto ni mediano plazo el impulso de procesos de integración, sino que la prioridad es la unidad de acción. Esta unidad se construye con el diálogo, el reconocimiento de las diversidades y la superación de auto referencias morales, de superioridad ideológica o de otro tipo. Es evidente que todas las organizaciones sindicales y gremiales han alcanzado importantes logros en la batalla contra la mercantilización y la privatización educativa, pero seguramente en el camino también se han cometido errores, fallas e inconsistencias. Se trata de enfatizar en la potencialidad de lucha y la importancia de la unidad de acción partiendo de la independencia de clase. Por ello, la tremenda significación de lo que ocurrió en el Congreso Mundial contra el neoliberalismo educativo, fundamentalmente al expresar la confluencia de sindicatos y gremios, quienes desde distintos lugares de militancia gremial convergieron en la unidad de acción.

La segunda, la dispersión de las iniciativas que atomiza los esfuerzos. Ciertamente, los gremios y sindicatos tienen que abordar pragmáticamente el día a día de la acción reivindicativa, pero ello no puede estar desconectado del combate a las iniciativas nacionales, regionales y globales que lanza el neoliberalismo. Por ejemplo, el capitalismo cognitivo ha lanzado una iniciativa global denominada el Gran Reinicio que contiene las claves de un cambio de 180 grados en materia educativa y ello siendo precariamente discutido y enfrentado por las organizaciones gremiales.

El impacto de las disputas partidarias en lo gremial y sindical sigue siendo una cuestión para abordar.  Desde mi punto de vista esto se resuelve con la democratización de las estructuras y los procesos de toma de decisión, en virtud de la pluralidad de militancias que conforman los gremios y la vocación unitaria que prevalece desde abajo.

Pero quizá la cuestión que más afecta es la idea anti sindical que el neoliberalismo ha venido sembrando desde la década de los ochenta del siglo XX, alimentada por el funcionamiento burocrático y de claudicación de algunas direcciones gremiales.  Urge una cruzada unitaria que coloque en primer plano el gremialismo y sindicalismo docente como herramienta de trabajo y lucha de los y las trabajadores de la educación.  Ello comporta repensar muchas dinámicas y prácticas de los sindicatos docentes para impulsar la horizontalidad en lo que sea posible, la contraloría colectiva del trabajo gremial y la rotación de cargos que rompa con caudillismos; privilegiar la fuerza de lo colectivo en el sindicato.

En el caso de las organizaciones del movimiento social, asociadas a la promoción y defensa del derecho humano a la educación, el mayor problema deriva en el papel que le otorgan al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número cuatro o ODS4. El ODS4 es la agenda global del capitalismo en educación. Aunque su construcción haya convocado a distintos actores sociales y se haya presentado como resultante del consenso mundial en materia educativa, en realidad expresa el consenso de las clases dominantes. El ODS4 tiene un carácter desmovilizador y postula una ruta de estandarización que termina siendo funcional a la mercantilización, privatización y reconversión de la escuela conforme a los parámetros del capitalismo cognitivo.

  • Posibilidades

El Congreso Mundial en Defensa de la Educación Pública y Contra el Neoliberalismo Educativo realizado de manera virtual el 25, 26 y 27 de septiembre de 2020, en el cual hablaron más de 100 organizaciones gremiales y pedagogos críticos de cuatro continentes y que contó con la participación de 11.800 personas fue la materialización de un esfuerzo unitario sin precedentes, para denunciar y articular acciones contra la ofensiva neoliberal en el marco de la pandemia. En este evento participaron gremios y sindicatos de las distintas agrupaciones internacionales del magisterio y de todas las corrientes políticas transformadoras, así como importantes referentes de las educaciones populares, demostrando que es posible construir una agenda de acción mancomunada.

La Coordinación Internacional de los y las Trabajadores de la educación surge como una posibilidad para mantener este espacio y avanzar en nuevas formas de trabajo compartido. La convocatoria a una marcha global por el derecho a la educación en el año 2021 o 2022, puede ser un esfuerzo que contribuya en ese sentido.

Por experiencia sabemos que el movimiento social y las convergencias son como las mareas, lo importante es saber captar la potencialidad radicalmente transformadora de las mismas y actuar en ellas. La invitación es a seguir acompañando y ayudando a producir nuevas mareas anticapitalistas.

Referencias bibliográficas

Bonilla-Molina, L (2017) Apagón Pedagógico Global, Las reformas educativas en clave de resistencia. Viento Sur. Disponible en: https://vientosur.info/wp-content/uploads/spip/pdf/vs147_l_bonilla_molina_apagon_padagogico_global_apg_las_reformas_educativas_en_clave_de_resistencias.pdf

Hernández N., Luis (2015) La larga marcha de la CNTE. Revista el Cotidiano.  Disponible en https://www.redalyc.org/pdf/325/32548630003.pdf

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Discurso en la entrega del Premio de Justicia Social otorgado por el Proyecto Democrático Paulo Freire de la Universidad de Chapman

Discurso en la entrega del Premio de Justicia Social otorgado por el Proyecto Democrático Paulo Freire de la Universidad de Chapman

Luis Bonilla – Molina

Buenas tardes

Quiero agradecer al Proyecto Democrático Paulo Freire por esta importante distinción, especialmente a las profesoras Anaida Colon-Muniz, Lilia D. Monzó, al maestro de pedagogos críticos Peter McLaren y a todo el equipo///

Agradezco a:

  • la Facultad de educación de la Universidad de Chapman por cobijar la iniciativa que me otorga este galardón ///
  • Melody González a quien le tocara la tarea de traducir mis palabras///
  • Por supuesto a los y las compañeros del Fondo en Pro de la Justicia Social del Condado de Orange quienes luchan por los derechos de los y las inmigrantes y que hoy también reciben el premio colectivo de Justicia Social ///
  • A los y las maestras de América Latina y el mundo quienes inspiran nuestro trabajo ///
Agradecer al pueblo venezolano que sufre las consecuencias terribles del criminal bloqueo económico contra nuestra nación por parte de las potencias imperialistas ///

También quiero agradecer a quienes soportan mi ritmo de trabajo, especialmente a Luz y a mis hijos, cuatro de los cuales están hoy regados por el mundo en condición de inmigrantes ///

Recibir un premio tan prestigioso como el que otorga el Proyecto democrático Paulo Freire es motivo de inmensa alegría rebelde. /// Lo entiendo como un reconocimiento al trabajo colectivo, un mensaje de estímulo a los numerosos equipos de trabajo con los cuales estoy vinculado, y muy especialmente al Centro internacional de Investigaciones Otras Voces en Educación (CII-OVE) de Venezuela, a la Cooperativa de Educadores(as) e Investigadores(as) Populares Histórica (CEIP-H) de Argentina, al Movimiento Autónomo por la Emancipación  (MAEEC) de Oaxaca México, la Universidad de Panamá, la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación (CLADE), el Aquelarre de las Insumisas, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)  y los gremios docentes que forman parte del movimiento internacional  en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo, con quienes organizamos en medio de la pandemia, en septiembre de 2020, el Congreso Mundial de Educación. ///

Durante el año 2020 vivimos la más brutal ofensiva de las últimas décadas, del capital contra la educación pública, contra la escuela presencial. /// La pandemia del COVID-19 ha sido usada –y sigue siendo usada- para impulsar un modelo tecnocrático de educación virtual que dejó en solo un año, a millones de seres humanos sin posibilidad de continuidad del vínculo pedagógico. ///

Ahora, desde los foros económicos mundiales y el capital trasnacional, se nos habla de un reseteo o reinico educativo, una adaptación de los procesos de enseñanza aprendizaje a la nueva lógica del capital. /// Reinicio que amenaza a dividir al mundo educativo entre quienes tienen acceso al mundo tecnológico y quienes escasamente pueden acceder a un pupitre. /// El derecho a la educación va mucho más allá del consenso de los poderosos expresado en el ODS-4.

El año 2021 comienza en América Latina con el llamado a la vuelta a las aulas, algo que ya había ocurrido en algunos lugares a finales del 2020. /// Se habla del inicio de un modelo híbrido de enseñanza que combinará la presencialidad con la virtualidad. /// Pero esta vuelta se hace en condiciones terribles de profundización de las diferencias por origen de clase social, pues las escuelas a las cuales asisten los/las/les hijos(as) de los/las trabajadores(as), migrantes, madres de los sectores populares, no cuentan con la infraestructura mínima para enfrentar los desafíos educativos del siglo XXI. ///

La pandemia también nos mostró la importancia de la escuela pública PRESENCIAL y de sus maestros y maestras. La relación pedagógica en las aulas y en las educaciones populares demanda el encuentro, el diálogo y el aprendizaje compartido, algo que hacen millones de docentes en todos los territorios del mundo. /// Ninguna conexión, computadora ni inteligencia artificial puede sustituir el encuentro creativo que ocurre en las escuelas, ni la construcción conjunta de conocimientos. ///

Sin embargo, los y las educadores populares, los y las pedagogas críticas tenemos el reto de abordar de manera crítica nuestros enfoques previos sobre lo tecnológico, lo digital, lo virtual. /// No todas nuestras premisas eran correctas y eso nos invita al cambio /// La educación emancipadora demanda una epistemología crítica del mundo digital, desde la cual aproximarnos creativamente a lo nuevo, rompiendo con la instrumentalización que nos quieren imponer las trasnacionales de la tecnología y los gobiernos con mentalidad capitalista. ///

Este año se celebran los 100 años del nacimiento de Paulo Freire. ///Los trabajos del pedagogo brasileño iluminan a quienes trabajamos la ruptura con la reproducción cultural, tanto en la escuela como fuera de ella. /// Con Freire aprendimos a valorar el diálogo, el encuentro y la importancia de reconocer la voz de las personas explotadas y oprimidas. /// El esfuerzo de alfabetización de Freire sigue siendo monumental; una iniciativa para dominar los códigos del lenguaje escrito en la ruta para subvertir la dominación. ///

Hoy urge una nueva cruzada de alfabetización, tanto de la palabra escrita en clave de comprensión de la realidad opresora para transformarla y conseguir justicia social, como de los algoritmos digitales para evitar la prisión del instrumentalismo del consumo virtual. /// Esto no es fácil por la cultura instalada entre quienes resistimos al capital, de distancia respecto a lo tecnológico. /// Resistir al capitalismo cognitivo exige una alfabetización digital de los sectores explotados y oprimidos y en esa tarea los y las pedagogas críticas tenemos que llevar la iniciativa. ///

Muchos de los análisis críticos de la educación desestiman el impacto de las revoluciones industriales en lo educativo. /// El grueso de la producción teórica alternativa valora a la escuela y las educaciones en el marco de la primera y segunda revolución industrial. /// La reflexión pedagógica crítica sobre el impacto de la tercera revolución industrial era aún incipiente cuando nos sorprendió el inicio de la cuarta revolución industrial, que implica un giro de 180 grados en la dinámica educativa.  /// Esto se vio de manera nítida en la crisis cognitiva que se generó con el paso abrupto a la virtualidad en el contexto del COVID-19. /// Muchos no sabíamos cómo actuar en un contexto tan distinto

Necesitamos un debate renovado sobre la escuela emancipadora en el contexto específico de la tercera década del siglo XXI y en el marco de la cuarta revolución industrial. /// Eso sí, nuestro lugar de enunciación para abordar este tema, tiene que ser el de les pobres, los y las marginadas(os), los excluidos, las feministas que luchan contra el patriarcado, quienes luchan por el derecho a la tierra y el agua, contra el extractivismo, … todo ello en oposición a quienes plantean narrativas educativas funcionales al capital y las grandes corporaciones. ///

Tenemos que pasar de la crítica al currículo reproductor a la descurricularización de las escuelas. /// Y eso es más fácil decirlo que hacerlo, porque el sistema lleva años convirtiéndonos en administradores curriculares, en pedagogos a quienes muchas veces se nos dificulta trabajar sin un currículo preestablecido.  /// Descurricularizar la escuela es liberar los poderes creadores del trabajo compartido en el aula, como antídoto a la liberalización neoliberal.  /// Ello demanda búsquedas urgentes de enfoques didácticos, evaluativos, de planeación, gestión y definiciones curriculares que sean armoniosos entre si y acaben con el Frankenstein de modelos contrapuestos que inundan nuestras escuelas, despedagogizando lo educativo. ///

El modelo de formación docente, de formación de formadores actual … esta caduco.  ///Necesitamos una nueva formación de maestros y maestras que se fundamente en la lógica de los colectivos pedagógicos, del debate, la sistematización, la recuperación de los saberes pedagógicos y el diálogo con todos los integrantes de la escuela. /// Por ello la importancia de generar un encuentro armonioso entre pedagogías críticas y educaciones populares (en plural) para la formación crítica del magisterio. ///

De hecho, es un momento increíble de fusión entre los horizontes teórico-prácticos de las educaciones populares y las pedagogías críticas. /// La unidad del pensamiento educativo alternativo se muestra en lo escolar y lo comunitario, potenciando las posibilidades de encontrar las claves que nos permitan contribuir desde la educación, a cambiar las mentalidades, a transformar el sentido común de la sociedad del consumo, la competencia la mercantilización. /// Parafraseando a Freire decimos que lo importante es cambiar las prácticas de los hombres y mujeres que cambiarán al mundo. ///

La unidad de los gremios, sindicatos y pedagogos críticos en el 2020, para enfrentar al neoliberalismo educativo ha sido profundamente esperanzador.  /// Es posible detener al monstruo de la lógica del capital con la unidad del magisterio.  Están floreciendo caminos de unidad y esperanza en todo mundo. En hora buena. ///

Soy un discípulo de Simón Rodríguez y de Paulo Freire, dos gigantes de las educaciones populares que vivieron en distintos momentos históricos y enfrentaron a los poderosos de su tiempo. /// Ambos coincidieron en reivindicar el amor, la ternura, la risa, el abrazo, el juego libre, la solidaridad, la voz que increpa la injusticia en la educación.  /// Es precisamente desde esa mirada que realmente nos podemos acercar a una noción de justicia social contemporánea. ///

Este premio que me otorga el Proyecto democrático Paulo Freire es un soplo maravilloso de aliento para seguir navegando en el mar de las resistencias anticapitalistas.  Muchas gracias

 

Autor: Luis Bonilla – Molina

Fuente de la Información: https://luisbonillamolina.wordpress.com/2021/02/24/discurso-en-la-entrega-del-premio-de-justicia-social-otorgado-por-el-proyecto-democratico-paulo-freire-de-la-universidad-de-chapman/

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El derecho a la educación hoy

El derecho a la educación hoy

Luis Bonilla-Molina

(Artículo elaborado para la CLADE)

  • Introducción

Estos meses de pandemia han significado un desafío sui generis para las organizaciones y personalidades que defendemos el derecho humano a la educación. La velocidad y novedad de los acontecimientos han retado perspectivas, generado una turbulencia epistémica sin precedentes.

Durante los últimos años se habían ignorado muchas de las advertencias sobre un escenario como el que vivimos con el COVID-19, de impacto profundo de la aceleración científica-tecnológica en la educación. La masividad de la virtualidad y el desembarco de las propuestas educativas digitales se han presentado en oposición a la presencialidad y no, como realmente son, un complemento epocal del trabajo pedagógico en las aulas. Esto por supuesto está asociado a nuevas formas de privatización y mercantilización en curso, tendencias que amenazan con profundizar exclusiones y odiosas segmentaciones.

Les docentes han tenido que asumir contingentemente el desarrollo de modelos de aprendizaje determinados por el acceso o no, a la virtualidad. El sostenimiento del vínculo pedagógico ha demandado un renovado vínculo entre docentes, familias y estudiantes que debe servir para repensar la educación en la post pandemia.

En este contexto se realiza la XI Asamblea de la CLADE.  La Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación constituye la más importante coalición y convergencia de voluntades y experiencias en defensa del derecho a la educación, por ello, esta Asamblea es crucial para fortalecer y ampliar las correlaciones de fuerzas existentes en esta dirección.

  • ¿Qué es el derecho humano a la educación?

La perspectiva que defendemos del derecho a la educación es de carácter amplio y, considera que su cumplimiento pleno está asociado a los avances en los demás derechos; es decir, reivindica su intersectorialidad, interdependencia y complementariedad.

Se reivindica el papel del Estado como garante de este derecho, lo cual implica la obligación que tienen los gobiernos de proporcionar condiciones de igualdad para desarrollar los procesos de enseñanza-aprendizaje, procurando con ello disminuir el impacto en lo educativo de las múltiples asimetrías y exclusiones que caracterizan a las sociedades.

Cuando se quiere verificar cuál es el nivel de cumplimiento de un país, respecto al derecho humano a la educación, existen un conjunto de elementos y parámetros a tomar en cuenta. Estos son:

Primero, que cuente con un marco jurídico para normar el cumplimiento de este derecho, de rango Constitucional y orgánico, desarrollado en leyes y normas especiales, en correspondencia con los preceptos y definiciones alcanzadas en las convenciones internacionales;

Segundo, la capacidad institucional con la que cuente el Estado para instrumentar ese marco jurídico. Los Ministerios de Educación o sus equivalentes, suelen ser las instancias encargadas de instrumentarlo, para lo cual deben contar con instancias y dependencias que garanticen el desarrollo en sus dimensiones de financiamiento, pedagógicas, formación docente, infraestructura y equipamiento, planes y programas, supervisión y gestión, sistema escolar y perfiles profesionales de egreso, calidad y pertinencia.

Desde nuestra perspectiva, la calidad educativa se debe realizar con una praxis de educación emancipadora y liberadora, con pensamiento crítico para potenciar las capacidades de transformación radical de la sociedad, perspectiva de género y anti patriarcal, ética ecológica y solidaridad;

Tercero, que cuente con presupuesto público suficiente para garantizar la inclusión educativa, con un piso mínimo del seis por ciento (6%) del producto interno bruto (PIB) del país. En este aspecto es importante desglosar el uso del presupuesto en educación, para que su ejecución y las prioridades que se determinen, sean el resultado de un amplio consenso social;

Cuarto, la suficiencia del presupuesto es vinculante y se constata por: a) la capacidad para crear y sostener tantas instituciones educativas como se requieran en cada uno de los territorios, adecuadamente equipadas con materiales y equipos acordes para las distintas labores pedagógicas, b) políticas y programas de compensación para disminuir y hacer desaparecer las desigualdades para el aprendizaje de los estudiantes producto de limitaciones preexistentes en el acceso a otros derechos, c) un sistema de remuneración y condiciones de trabajo del personal docente acorde con la elevada y digna labor que realizan, d) un sistema educativo que garantice educación como continuo humano, con expresiones nítidas en la cobertura y prosecución, f)una red de centros de formación docente (inicial y continua) que garantice la adecuada y actualizada calificación de maestras, profesores y personal que coadyuva al proceso educativo, entre otros elementos;

Quinto, el vínculo de la educación con la calidad democrática de un país, las posibilidades de contribuir al buen vivir de los ciudadanos, la paz y la felicidad colectiva. En este sentido, son muy importantes las prácticas y culturas de gestión escolar que se orienten a la transparencia, toma de decisiones compartidas, control social de los procesos pedagógicos y administrativos;

Sexto, la contextualización de la educación, que pasa por la articulación entre conocimientos, procesos de enseñanza-aprendizaje y necesidades de los territorios. Esta contextualización no puede ser un localismo aislacionista, sino un proceso dialéctico entre lo local y lo global;

Séptimo, las posibilidades que tenga la población en edad escolar de inscribirse y permaneceren escuelas, planteles educativos y universidades cercanas al territorio que habitan. La cercanía de los centros educativos a los lugares de vivienda de la población en edad escolar es un determinante muy importante en la accesibilidad;

Octavo, la capacidad de los sistemas escolares para constituir sujetos autónomos, críticos, creativos y vivan la solidaridad y el encuentro como una praxis cotidiana. En este sentido los aprendizajes significativos deben ser aquellos que posibiliten la construcción compartida de una sociedad de justicia social, paz, inclusión, libertad de opinión;

Décimo, el apoyo institucional a las educaciones populares, a las propuestas educativas no convencionales que garantizan llegar con propuestas pedagógicas flexibles y contextualizadas, a sectores de la población en edad escolar que en otras circunstancias no lo haría. La educación continua, encuentra en las educaciones populares, comunitaria, indígena según sus usos y costumbres, y de las diversidades, son expresiones del acceso al derecho a la educación;

Décimo primero, lo que se hace para garantizar la democratización del conocimiento, para que no sean solo las clases burguesas y los instalados en el poder quienes manejen y usen el conocimiento reciente. La democratización del conocimiento está referida tanto a la memoria histórica y la cultura ancestral, como a los elementos teóricos fundantes de las ciencias, el desarrollo de capacidades para construir localidad desde lo común, así como las innovaciones derivadas de la aceleración científico – tecnológica. Nadie tiene el derecho a decidir sobre lo que “conviene” o no enseñar, sino que es el trabajo educativo emancipador, el que posibilita constituir sujetos autónomos, con base al pensamiento crítico, que les permita a les estudiantes y egresados, situarse críticamente ante lo tradicional y lo emergente.

  • El neoliberalismo y el derecho humano a la educación

Desde su aparición, el neoliberalismo desarrolló una ofensiva sin precedentes sobre el derecho humano a la educación. Los ataques al tamaño del Estado y sus compromisos con las agendas sociales, se tradujeron en el plano educativo en una versión manipulada del paradigma de sociedad educadora, impulsando en consecuencia, la transferencia a les ciudadanos, las familias, les docentes y estudiantes, de muchas de las responsabilidades y competencias que se consideraban encargos para los gobiernos.

El neoliberalismo desarrollo su propia versión de la co-responsabilidad ciudadana, instalando la idea que al ser la educación un bien compartido, todes teníamos que aportar económicamente en su sostenimiento, flexibilizando la obligación financiera y presupuestaria de los Estados con el derecho a la educación.

Con discursos elaborados, que en muchos casos tomaban para sí y manipulaban categorías y definiciones que habían pertenecido al campo popular, el neoliberalismo instaló iniciativas de destrucción de lo público en educación.  La privatización, mercantilización, estandarización, cultura evaluativa, el desfinanciamiento y la desactualización programada de la formación docente, constituyeron expresiones de esta ofensiva neoliberal.

Ofensiva que avanzó de manera desigual en la región, gracias a las resistencias estudiantiles, docentes, comunitarias y de la sociedad civil, durante las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado.  Durante las dos décadas del siglo veintiuno, el neoliberalismo uso la calidad y la pertinencia educativa como caballos de Troya para destruir la educación pública, avanzar en las ideas empresariales en educación y abrir paso a modelos como “home School”.

Siendo el campo de las tecnologías informáticas y digitales uno de los sectores con mayores niveles de expansión económica a nivel mundial, los grandes capitales se orientaron a la generación de un modelo híbrido entre presencialidad y virtualidad en la educación, que tenía como primer paso, presionar a los gobiernos para que facilitaran las condiciones para que les estudiantes se dotaran de computadores y conectividad. Mientras tanto, las grandes corporaciones monopolizaban el desarrollo de plataformas virtuales de uso masivo, la arquitectura de la nube, producción de contenidos digitales de quinta generación, así como las propuestas de educación con uso de herramientas informáticas, el acceso a los algoritmos y el manejo de datos personales.

  • El derecho a la educación en la nueva situación de pandemia y post pandemia 

La pandemia del COVID-19 se convirtió en una oportunidad para el impulso de la agenda puesta en marcha por el neoliberalismo educativo. La necesidad que tuvieron la mayoría de Estados del mundo de pasar a un modelo de cuarentena preventiva para proteger la vida de sus ciudadanos, conllevó a una crisis de sentido y orientación de los sistemas escolares. Se hacía necesario garantizar la continuación del vínculo pedagógico y, unos Estados que habían desestimado el impacto de la aceleración científico-tecnológica en los sistemas escolares, terminaron cediendo ante el modelo de educación virtual de las grandes corporaciones tecnológicas.

Es absolutamente falso que los gobiernos no pudieron prever un escenario como este.  En el marco del Foro Mundial de Educación, realizado en el año 2015 en Incheón, Corea del Sur, las grandes corporaciones tecnológicas anunciaron el desembarco masivo de la virtualidad en un horizonte máximo de diez años. Bastaba repasar las cifras públicas de inversión de estas corporaciones para constatar que estaban invirtiendo enormes volúmenes de dinero en esta orientación. Y como el sector empresarial no invierte para perder o dejar congeladas sus mercancías, era previsible el cumplimiento de este anuncio. La mayoría de gobiernos no construyeron plataformas virtuales propias para sus sistemas escolares, ni repositorios de contenidos digitales lo suficientemente dinámicos, versátiles y actualizados, lo cual facilitó el desembarco impune las grandes empresas tecnológicas.

Los escépticos señalaban que se requeriría un acuerdo mundial para producir un evento que garantizara el desembarco global de una iniciativa de este tipo. El COVID-19 posibilitó el surgimiento de las condiciones de posibilidad para este asalto paradigmático.

En las primeras semanas de declaración de cuarentena, las grandes corporaciones desembarcaron amparadas por el paradigma neoliberal de transferencia de las competencias y responsabilidades de los Estados nacionales, a las familias, estudiantes y docentes.  Se produjo en corto tiempo un nuevo modelo de privatización educativa. Fueron las familias, docentes y estudiantes quienes tuvieron que comprar o repotenciar equipos de computación, pagar el acceso a internet y planes de datos, buscar y suscribirse (incluso hasta pagar) plataformas virtuales.  La mayoría de los Estados nacionales se desentendieron de sus obligaciones de garantizar las condiciones mínimas para el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje, e igualdad para realizar el trabajo educativo.

   Esta privatización abrupta se impuso, con terribles consecuencias para el derecho a la educación. Se produjo una odiosa e inequitativa estratificación, primero, entre docentes que tenían o no posibilidades de garantizar continuidad del vínculo pedagógico en escenarios virtuales; segundo, esto fue aún mayor en la población estudiantil, creándose cuatro estratos diferenciados entre quienes a) contaban con acceso a computadoras, internet y una familia de apoyo educativo, b) aun teniendo computadores e internet carecían de apoyos familiares, pues su entorno estaba concentrado en sobrevivir en una situación económicamente tan difícil, c) solo disponían de televisión o radio para relacionarse con un modelo educativo referenciado en el pasado, que afirmaba la idea de estar en las fronteras de múltiples exclusiones, d) finalmente estaban en zonas de difícil acceso, a donde no llega la radio ni la televisión, pero a donde, en muchos casos, tampoco llegaron los prometidos módulos de auto aprendizaje.

Comienzan a mostrarse cifras que evidencian los estragos de este modelo de privatización impuesto en la pandemia del COVID-19. Mientras en Ecuador la Unión Nacional de Educadores (UNE) denuncia que el 75% de les estudiantes no pudieron acceder al modelo de educación virtual en casa, es decir 3.250.000 niños, niñas y jóvenes, en Panamá, gremios docentes como la Asociación de Profesores de la República de Panamá (ASOPROF) y la Asociación de Educadores Veragüenses (AEVE) señalan que un país de menos de 800.000 estudiantes, casi 300.000 quedaron fuera de cualquier posibilidad de continuidad del vínculo pedagógico. Las evidencias empíricas muestran dimensiones preocupantes de este fenómeno en los restantes países de la región. Los datos extra oficiales en el sector universitario muestran un importante decrecimiento de la matrícula durante la pandemia.

Todo esto ocurre, en medio de demandas crecientes por alfabetización digital crítica, por alfabetización en los algoritmos necesarios para crear en el mundo digital. Se cierne un nuevo modelo de conocimiento reproductor, a partir del consumo de materiales y plataformas elaboradas por las grandes corporaciones tecnológicas.

Esto último está muy vinculado al riesgo de producir un modelo de educación bancaria virtual, con el agravante que en muchos casos se está trasladando el modelo frontal de enseñanza a medios tecnológicos.

  • La coyuntura y el horizonte estratégico: es imposible abordar la una sin lo otro

Muchos docentes, autoridades e incluso algunos gremios docentes consideran que en la post pandemia retornaremos a la presencialidad, tal y como estaba en febrero de 2020. Este deseo de volver a la situación conocida ha generado, abandono de una parte importante de los cuestionamientos que se le hacían al carácter reproductor de la ideología dominante por parte la escuela y, un retiro silencioso de iniciativas que procuraban el emerger de una educación emancipadora y liberadora.

El neoliberalismo educativo instaló la falsa disputa entre presencialidad y virtualidad, y como esta se vincula a ganancias de las grandes corporaciones, es previsible que en la post pandemia se siga tensionando en este sentido. Ciertamente volveremos a las escuelas presenciales, pero ya nada será igual. La estratificación que vimos en la pandemia, amenaza a tener un correlato en los planteles educativos y las aulas cuando cese la cuarentena.

Escuelas enteras podrán ser estratificadas de acuerdo a su capacidad y disponibilidad, de trabajar con computadores, conexión a internet, inteligencia artificial, análisis de metadatos. Hacerlo o no, significará un nuevo modelo de exclusión que podrá marcar el desarrollo profesional de les estudiantes y sus posibilidades de inserción laboral en el futuro. En un contexto de reducción sensible del empleo por efectos directos de la cuarta revolución industrial, esta situación puede ser dramática para pueblos enteros.

Es importante trabajar el derecho a la educación y la inclusión educativa en las claves epocales del siglo XXI, en su tercera década. Pero ello no es un tema solo de voluntad, se requiere actualizar muchas de las premisas que nos resultaron útiles hasta hace muy poco.

  • Aceptar pasivamente la marginalización o rebelarse epistemológicamente y en la acción

Millones de estudiantes y docentes, en el marco de la pandemia, fueron ubicados por la fuerza de los hechos en el borde de lo educativo. Esta situación amenaza con extenderse en la post pandemia, afectando de manera sensible el derecho a la educación. Romper con esta lógica del neoliberalismo implica desarrollar y articular de manera regional las demandas emergentes y las agendas vinculadas.

Conexión universal gratuita a internet de banda ancha con conexión 5G, dotación de equipos de computación con alta capacidad para trabajar en plataformas virtuales y contenidos digitales, alfabetización en los códigos y lenguajes de los algoritmos informáticos, formación docente inicial y permanente para poder acompañar la aceleración de la innovación científico tecnológica con perspectiva de buen vivir, ecológica, solidaria, feminista, diversa, así como presupuesto educativo bajo contraloría social con un mínimo de referencia del 6%, constituyen parte importante de las temáticas asociadas a la defensa del derecho a la educación en la postpandemia.

No se puede aceptar el sostenimiento de la estratificación educativa como forma de marginalización social a gran escala. Resistir a ello, implica abrirnos a un quiebre de paradigmas y la eliminación de la brecha epistemológica que ha impuesto el capital en los últimos años; ruptura que precede a la construcción de adecuadas y eficientes resistencias pedagógicas.

  • Por una agenda urgente

Es urgente trabajar en un nuevo pacto social inclusivo, que allane la elaboración actualizada de estrategias para la superación de las viejas y nuevas exclusiones, que coloque a tono la aceleración de la innovación científica-tecnológica con la formación docente y las actividades pedagógicas, que garantice condiciones iguales de aprendizaje para todes les estudiantes, con capacidad de vincular innovación con tradición.

Esta agenda tiene que apalancarse en la renovada alianza entre docentes, familias y estudiantes, convocando a todos los sectores de la sociedad. La CLADE es actor fundamental para propiciar este encuentro.

Fuente de la Información: https://luisbonillamolina.wordpress.com/2020/11/15/el-derecho-a-la-educacion-hoy/

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