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El proceso de adaptación en la educación infantil

Por: Junta de Portavoces

Llega un día, en que cada uno sale al mundo y, aunque da un poco de miedo, se abren nuevas y maravillosas posibilidades. Crecer cuesta, pero merece la pena.

La “primera vez” que hacemos algo, que tenemos una nueva experiencia de cualquier tipo, se nos produce una cierta inquietud: cuando vamos de viaje a algún lugar desconocido; cuando quedamos por primera vez con personas desconocidas; un nuevo trabajo…

Esta inquietud es el resultado de las emociones que se nos producen internamente, al enfrentarnos a estas nuevas situaciones, que al ser desconocidas nos generan inseguridad, aprensión e incluso miedo.

Estamos en el momento de preparación del próximo curso, el momento de tomar decisiones sobre el futuro de nuestros niños, el cual puede conllevar la incorporación al ámbito escolar de numeroso pequeños, que se enfrentarán, igualmente, a esta nueva experiencia con los sentimientos asociados que conlleva. Cada vez salimos del regazo más temprano, en pequeños viajes de ida y vuelta.

Algunas familias optan por llevar a sus hijos a distintos centros de educación infantil, de primer o segundo ciclo. Existen distintas posibilidades, pero todas ellas tienen un denominador común: los niños y niñas han de superar una de estas experiencias vitales: “el periodo de adaptación”.

¿Qué entendemos por periodo de adaptación?

Entendemos por periodo de adaptación, el tiempo que los centros educativos organizan para la incorporación de los niños y niñas, por primera vez, al entorno escolar. Puede tener distintas características, en función de la tipología de centros, algunas de las cuales pueden ser: incorporación paulatina, horarios y grupos reducidos, aumento progresivo de la estancia en el centro, acompañamiento en el aula,… todas ellas valiosas herramientas que facilitarán la consecución del objetivo que nos interesa: la adecuada y correcta adaptación.

Sin embargo, todos estos aspectos mencionados, dependen de los adultos, es decir, son los adultos los que tomarán las decisiones pertinentes con respecto a la escolarización, horarios, calendarios, etc. Los niños serán sujetos pasivos de estas decisiones. Es por ello, que nosotras en la Asociación Junta de Portavoces de Educación Infantil 0-6, queremos establecer la diferencia entre periodo y proceso de adaptación.

¿Qué entendemos por proceso de adaptación?

Es el conjunto de situaciones, emociones y procesos psicoafectivos que se producen, en los niños y niñas, como conjunto de respuestas ante una nueva situación desconocida para ellos.

Al ser un proceso, ellos serán los protagonistas, puesto que tendrán que elaborar sus propias y peculiares estrategias de afrontamiento: elaborar el proceso de separación de sus figuras de apego, establecer nuevos vínculos afectivos con adultos y otros niños, emprender relaciones con el nuevo entorno y sus dinámicas, iniciarse en la expresión de sus emociones y necesidades,…

Este proceso comprende desde que los niños y niñas se incorporan al centro educativo, hasta que se consigue el equilibrio, la tranquilidad, la confianza y la formación de vínculos emocionales. No tiene una temporalización concreta, sino que depende de cada niño, por ser un proceso único y personal.

La incorporación a la escuela, un lugar desconocido, produce sentimientos de abandono y pérdida. Pérdida de su mundo de referencia, de sus personas de apego, en definitiva, su casa y su familia, donde se sienten seguros y queridos. De abandono, porque carecen de noción temporal desarrollada, por lo que no tienen capacidad para predecir cuando van a volver a buscarlos sus familiares. Expresar estos sentimientos es una reacción totalmente sana, no debemos intentar evitarla. Solo los protagonistas podrán superarla, convirtiéndose en su conquista personal.

Cada pequeño reacciona de una manera: pueden darse comportamientos de timidez, algunos se quedan pegados al adulto, otros se aíslan o inhiben, no quieren relacionarse con otros niños; pueden expresar tristeza, llantos, rabietas, rechazo al adulto, en los momentos de separación de la familia, en la entrada, durante el día o en la salida; incluso fuera del centro, pueden darse comportamientos atípicos como no querer separarse ni un instante de los familiares más directos, no comer o dormir bien, despertar bruscamente, tener pesadillas, regresión en el control de esfínteres; expresar sus conflictos a través del cuerpo (tener fiebre, vómitos,…).

Frente a este conflicto interno que están viviendo, les ayudará la serenidad de los adultos que les cuidan, proporcionándoles la seguridad y el apoyo que contribuirá a ir calmando sus temores. La familia y los centros de educación infantil compartimos la grata tarea de cuidar y educar a los niños y niñas.

Todos estos comportamientos irán desapareciendo paulatinamente, a medida que el pequeño vaya evolucionando en su proceso y vaya, por lo tanto, resolviendo su adaptación. En poco tiempo se sentirán seguros, confiados, tendrán nuevos amigos, volverán a comer con ganas, dormirán a pierna suelta, jugarán alegremente y comenzarán a mantener relaciones de afecto con sus educadores e iguales, formando parte su primer grupo social, aceptando el medio educativo voluntariamente, percibiendo que es un contexto en el que disfrutar.

Necesitan tiempo, contextos enriquecedores y apropiados en la escuela, el mantenimiento de las rutinas, que les ayuden a anticipar lo que va a ir ocurriendo a lo largo del día y en qué momento se dará el reencuentro con sus familias.

Este proceso, tan complejo para niños y niñas, también lo es para madres y padres. La decisión de escolarizar a los hijos puede provocar sentimientos ambivalentes: siendo conocedores de lo idóneo de llevar a los niños a un centro de educación infantil, puede producir tristeza, angustia, pérdida e incluso celos, provocados por un sentimiento de culpabilidad, derivado de no atenderles ellos en exclusiva, ya sea por decisión propia o por exigencias de la situación familiar.

Observar las dificultades de los hijos y las propias puede hacernos dudar de si merece la pena.

Es conveniente aceptar y tolerar estos sentimientos como naturales y humanos, no negarlos ni tratar de evitarlos, sino tratar de aliviarlos depositando nuestra confianza plena en el centro educativo y sus profesionales. Siempre queremos lo mejor para nuestros hijos: confiemos en nuestras propias decisiones, sobre todo si están basadas en el conocimiento de los criterios pedagógicos, la organización, la metodología, las posibilidades de comunicación, las instalaciones, … del centro elegido.

Por otra parte, los centros de educación infantil deben tratar de adaptarse a la individualidad de cada niño y niña, respetando su propio ritmo y tratando de acogerles con comprensión y cariño; estableciendo un clima de buena comunicación, en el que se sientan entendidos en la expresión de sus sentimientos y estando cerca de ellos para transmitirles seguridad.

No todos los centros son iguales. Desde la Asociación Junta de Portavoces de Educación Infantil 0-6 abogamos por la Escuela Pública, siendo profundamente conocedoras del excelente trabajo que se realiza en las Escuelas Infantiles y Casas de Niños de la Red Pública. En estos centros se tiene en consideración todos los aspectos mencionados anteriormente, para dar respuesta a las necesidades de todos los implicados en el proceso.

A modo de conclusión…

¿Qué supone este proceso para las familias, los niños y los centros educativos infantiles?

Es el tiempo que necesitan los niños y niñas para lograr sus propias conquistas, conocer y dominar otros espacios y descubrir nuevos amigos.

Es el tiempo que necesitan las familias para dejarlos confiados en manos de los profesionales.

Es el tiempo que necesitan los profesionales para conocer a los niños y adecuarse a sus características y necesidades, y también conocer a sus familias.

Fuente e Imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/10/25/el-proceso-de-adaptacion-en-la-educacion-infantil/

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Falta de liderazgo en protestas complica situación en El Líbano

Asia/Líbano/27-10-2019/Autor(a): Armando Reyes Calderín/Fuente: www.prensa-latina.cu
Por: Armando Reyes Calderín
La falta de liderazgo en las protestas antigubernamentales en El Líbano, complica la posibilidad de encontrar solución a un movimiento espontáneo que condena a los políticos sean cualesquiera su profesión de fe.

Las manifestaciones sin precedentes acusan a la clase gobernante de saquear recursos estatales a lo largo de los años en el poder.

El robo, la corrupción y la venalidad de los dirigentes de Gobierno, Estado y Parlamento colocaron al país en una profunda crisis económica que por ironía hubo un intento de salvarla mediante más impuestos y gravámenes contra los que menos tienen.

A medida que surgen variantes para una solución, el tiempo corre y se agudizan las tensiones financieras de un Estado con una deuda de 85 mil millones de dólares, equivalente a 150 por ciento del producto interno bruto.

Los manifestantes demandan cambio radical en las estructuras de poder, una consigna similar a la de la llamada Primavera Árabe que derrocó en 2011 a los jefes de Estado de cuatro países.

Pero hay una diferencia, en aquella oportunidad respondía a un diseño de Estados Unidos e Israel para colocar gobiernos favorables a su política en la región.

En El Líbano, la situación pasa por la imposibilidad de los ciudadanos de a pie de continuar sufragando los lujos de una élite gobernante emergida de las cenizas de la guerra civil de 1975-1990.

Los señores de la guerra son los mismos que hoy día predominan en el escenario político nacional y, por supuesto, descartan abandonar sus posiciones y someterse al escrutinio popular.

Como prueba se toman los 17 mil desaparecidos durante el conflicto interno de 15 años que, pese a una ley aprobada por el Parlamento, sigue sin entrar en funciones y sancionar a los culpables de aquellos crímenes.

Con tal de frenar la ola de protestas, los partidos presentes en el Gobierno y Parlamento buscan alternativas, entre ellas las de reorganizar el Ejecutivo y mantener a Saad Hariri como primer ministro.

El resto del gabinete, sugieren, debían ocuparlo tecnócratas calificados para promulgar reformas urgentes, so pena de caer en la bancarrota.

Esa posibilidad en debate necesitará apoyo de todos, incluidos los manifestantes, pero ahí se traba el proceso por no existir una dirección única entre los miles que exigen un cambio en la historia libanesa.

En cualquier caso, el próximo gobierno debe ajustarse a las normas de las cuotas sectarias religiosas que comparten cristianos y musulmanes, otro de los obstáculos para un salto de calidad.

De tal manera que se volvería a más de lo mismo en la percepción de los protestantes, al igual que en caso de elecciones, a causa de que los candidatos independientes serían opacados por los de siempre, los ricos.

Se estima que la opción de una renuncia de Hariri aportaría más conflicto que solución, porque es probable se profundice aún más la crisis.

La otra variante de políticos consiste en una fatiga de los manifestantes y se alivie la presión, se mantenga un mismo Ejecutivo que llevará a cabo reformas destinadas a mejorar la situación económica.

Fuente e Imagen: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=315488&SEO=falta-de-liderazgo-en-protestas-complica-situacion-en-el-libano
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Chile: 18 millones de ‘vándalos’ exigen Constituyente

América del Sur/Chile/27-10-2019/Autor(a): Manuel Cabieses Donoso/Fuente: www.prensa-latina.cu
Por: Manuel Cabieses Donoso
La casta política de Chile se aferra al poder y apela a un escandaloso y llorón strip tease que pone al desnudo los privilegios que hasta hace una semana consideraba derechos intocables.

Sus lágrimas de cocodrilo se derraman a raudales en los matinales de la tele en un esfuerzo de convencer que ‘hemos oído la voz del pueblo’.

La conmovedora -pero tardía- generosidad de la élite intenta aplacar la rebelión a través de la farándula de la crisis social. Sin embargo la protesta no cede ante el halago ni se somete a la brutal represión que ya registra 20 muertos, más de 300 heridos, dos mil detenidos y un número indeterminado de personas desaparecidas.

Los administradores del Estado no terminan de admitir que carecen de legitimidad para establecer un diálogo con la rebeldía popular. Sus medidas coercitivas, en tanto, se sitúan en el terreno de la violación de los derechos humanos y suscitan más repudio al gobierno, la policía y las Fuerzas Armadas.

La insurrección no reconoce la autoridad del gobierno ni del Congreso porque no representan la soberanía del pueblo. Son producto del modelo que la calle repudia. La ‘clase política’ representa (¿representaba?) solo al 40% de los ciudadanos. La abstención electoral -mensaje silencioso de esta crisis que los partidos no supieron oír-, constituye la mayoría que está en la calle. A esta se han sumado vastos sectores que se han sacudido de la tutela de organizaciones y capillas ideológicas.

En diciembre del 2017, Piñera fue elegido con tres millones 800 mil votos de un padrón electoral de más de 14 millones. Asumió la presidencia representando a una fracción minoritaria de ciudadanos, y en menos de dos años su respaldo se ha convertido en sal y agua.

La representatividad del Parlamento es todavía menor. Caso paradigmático es una senadora -Carmen Gloria Aravena Avendaño- elegida por 4.200 votos, o sea el 1,2% de su circunscripción, ya reducida por la abstención.

El presidente del Senado, Jaime Quintana, segunda autoridad del Estado, representa solo al 10,2% de electores de su región. El titular de la Cámara de Diputados, Iván Flores, a su turno, fue elegido con apenas el 9,5% de los votos.

En el plano municipal la situación es aún peor. En la elección de alcaldes y concejales del 2016, la abstención alcanzó al 65%. Hay alcaldes que ‘representan’ menos del 10% del electorado -ya reducido por la abstención- de sus comunas.

Esta ‘democracia’ jibarizada y por tanto vacía de contenido, explica por qué la rebeldía en Chile no acepta la autoridad de instituciones moralmente inexistentes, ni reconoce como interlocutores a los administradores de esos fantasmales vestigios de institucionalidad.

Los amagos de sectores políticos para desviar el torrente popular hacia molinos partidarios, no han logrado ningún resultado.

La criminalización de la crisis por parte del Gobierno y los medios de comunicación, no ha conseguido mellar la fuerza moral del movimiento que sigue expresándose masiva y pacíficamente.

Esta verdadera insurrección desarmada demuestra una vigorosa creatividad cultural y artística. Incluso hace gala de ingeniosas expresiones de humor en las redes sociales.

Los actos de vandalismo que se le atribuyen -de un origen tan sospechoso como los incendios del Metro y supermercados- son por completo ajenos al espíritu que anima a las marchas y caceroleos masivos en que participan familias completas de sectores sociales muy diversos, hermanados en un rechazo frontal a los abusos del neoliberalismo.

Las acciones de vandalismo que han ocurrido traen a la memoria la explosión social del 2 y 3 de abril de 1957. La policía puso en libertad y azuzó a centenares de delincuentes para que destrozaran y saquearan bienes públicos y negocios privados en Santiago y Valparaíso.

Los atentados incendiarios de esta semana afectan más al pueblo que a los propietarios de los negocios saqueados e incendiados. La cadena norteamericana Walmart, de los supermercados Líder, y el grupo Solari Falabella, de Sodimac, no perderán un centavo.

Tienen seguros a todo evento que los protegen contra robos, saqueos, incendios, atentados terroristas, catástrofes naturales, etc. Los elevados costos de esos seguros tampoco los pagan esas empresas pues los trasladan a los precios y tarifas que cobran a los consumidores y usuarios.

Millones de ‘vándalos’ han convertido a Chile en una plaza fuerte de la lucha contra la injusticia, la desigualdad y la inequidad. Los ‘vándalos’ rechazan la violencia delincuencial contra pequeños y medianos comerciantes.

Los ‘vándalos’, en cambio, se movilizan por un cambio radical del modelo económico y social sobre el cual se levantan las instituciones del Estado.

Está en curso una transformación cultural de la conducta social cuya victoria permitiría derribar las barreras de la desigualdad y la discriminación. Asimismo se abre paso una demanda capaz de centralizar el conjunto de aspiraciones populares y atacar la raíz del conflicto.

Va surgiendo con fuerza la imperiosa necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente. Esa vía pacífica y democrática permitiría a Chile dotarse de una Constitución que genere nuevas instituciones y leyes para construir una sociedad diferente.

Fuente e Imagen: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=315603&SEO=chile-18-millones-de-vandalos-exigen-constituyente
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Desde cuándo existen los continentes tal y como los conocemos (y de dónde viene el nombre de cada uno)

Por: Analía Llorente

¿Cuántos continentes hay?

Parece una pegunta sencilla pero su respuesta es mucho más compleja…

Para algunos hay cinco, para otros seis, otros creen que hay siete y hay quienes dicen que hay muchos más.

Pero ¿por qué hay tantas discrepancias en cuando al número? ¿Cuál es la razón que hace que sea difícil llegar a un consenso? Y ¿de dónde surgen los nombres?

En BBC Mundo consultamos a especialistas, y ni siquiera ellos están de acuerdo.

Continentes vs. placas

Antes de hablar de números es importante definir ciertos conceptos.

Ilustración de las capas del interior de la TierraDerechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption No es lo mismo placas y continentes, aunque a veces pueden coincidir.

Existe un error común y es creer que continente es lo mismo que placa tectónica.

«Cuando uno habla de placas, habla de un concepto geológico. Y cuando habla de continentes, lo hace desde un concepto más de geografía política», dice la geóloga Graciela Argüello, exdocente de la Universidad de Córdoba, Argentina.

¿Qué quiere decir esto?

Que las placas están separadas mucho más profundamente que a nivel del continente y «sus límites son concretos y están bien establecidos desde la ciencia», añade, en conversación con BBC Mundo.

La especialista explica que las placas son grandes cuerpos de la parte superior de la litósfera, que es la envoltura rocosa que constituye la corteza exterior sólida del globo terrestre.

Y las placas pueden ser oceánicas, continentales o parte oceánicas y parte continentales y suelen colisionar entre sí.

«Entonces que las placas tengan o no un continente como pasajero es un accidente«, detalla.

Continente por continente

Placas tectónicas.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption La Tierra es un mosaico de placas tectónicas.

Pero en lo que geológicamente hay consenso, geográficamente hay discusión.

Es decir que las separaciones de los continentes, en algunos casos, están bajo disputa.

«Un continente es una gran masa de tierra emergida, distinguida en la escala planetaria. Pero entre las divisiones y las fronteras, no hay un acuerdo», afirma Álvaro Sánchez Crispín, investigador del Departamento de Geografía Económica del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Vayamos por partes.

En el caso de África nadie duda que es un continente.

«El continente africano cae en una caracterización basada en una placa tectónica, en un relieve compacto, separada de las otras placas o continentes que pudieran ser sus vecinos», declara Sánchez Crispín a BBC Mundo.

Acrópolis de Grecia.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Técnicamente, desde una definición geológica, Europa no es un continente.

Pero con Europa la situación cambia.

«Convencionalmente se acepta que es un continente. Pero Europa no es un continente desde el punto de vista geológico de placas tectónicas. Más bien es una península del continente asiático», añade el profesor.

«Pero esto no gusta mucho. Pensar que Europa -con tanto desarrollo, avance, la contribución de las civilizaciones antiguas, etc.- vaya a ser denigrado o sobajado a categoría de península hace que parezca que es algo menor», analiza.

Y con América también hay modificaciones, aunque más recientes y derivadas de la ciencia.

Antes se decía que era un solo continente, pero los estudios sobre la Tierra de los últimos 50 años demostraron que no es así.

«Al ver las placas tectónicas, observar cómo se mueven y su fragmentación, América del Norte es una placa y América del Sur es otra», apunta Sánchez.

Continente americano iluminado.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAmérica está dividido en dos.

Entonces, ¿cuántos continentes hay?

Depende.

«La mayoría de la gente es partidaria de decir que hay 5 o 6 continentes. La diferencia es si América es considerado un único continente o dos, porque está en dos placas tectónicas», explica el profesor de Geología de la Universidad de Salamanca, Gabriel Gutiérrez Alonso.

Mientras que para la geóloga Argüello, los «continentes a nivel geográfico son: el americano que se puede o no dividir en tres partes, el africano, el euroasiático que se puede o no dividir en dos, Oceanía y Antártida». Y que en total serían 8.

Y para el profesor Sánchez de la UNAM, no se sabe cuántos continentes hay, porque según él, un continente puede ser una cosa convencional más que una detallada o designada con patrones específicos como el tipo de roca, por dar un ejemplo.

Un niña cuenta con los dedos de la mano.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Entonces, los continentes son… ¿5; 6; 7; 8; más?

«Cuando yo estudiaba en la escuela eran 5 continentes: América, Europa, Asia, África y Oceanía».

En la actualidad, «convencionalmente hay 7 continentes. Pero en esos 7 está incluido Europa, que en realidad es una península del continente asiático, el mayor del mundo.

«Entonces están Asia, África, América del Norte, América del Sur, Antártida, Europa, Oceanía», enumera.

Como se ve, las discrepancias por el número de continentes son muchas tanto en la actualidad como en el pasado. Y como la ciencia avanza y la Tierra es dinámica, es probable que la cifra siga cambiando.

Incluso algunos científicos aseguran que hay un continente sumergido entre Australia y Antártida llamado Zealandia.

«Tenemos 7 continentes hace muy poco, unos 30 o 40 años, porque antes no existía esta manera de ver al mundo partido en placas tectónicas y la consideración de que las placas tectónicas pudieran delimitar los continentes», dice Sánchez.

Ilustración de libros formando un rostro frente a una pizarra con los continentes.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption No hay un consenso sobre la cantidad de continentes.

Y como no hay un consenso en la enseñanza de geografía en las escuelas, las variaciones del número de continentes dependerán del país donde se les enseñe, afirma el especialista.

«Desde la Patagonia al rio Bravo, hay diferencias. En los libros de geografía las concepciones son distintas, no hay un consenso real de cuantos continentes hay», dice Sánchez.

¿Desde cuándo existen los continentes como los conocemos hoy?

La foto actual de la geografía del mundo es bastante reciente en términos de los años del planeta.

«La historia de la Tierra tiene más de 4.500 millones de años y no existieron continentes hace aproximadamente unos 3.500 millones de años. Los que tenemos ahora son el fruto de la rotura de lo que llamamos el supercontinente Pangea», explica Alonso.

Y hace aproximadamente 175 millones de años y de una forma progresiva y lenta esa gran masa se fue rompiendo en distintas porciones y dio lugar a las masas continentales, añade el profesor de la Universidad de Salamanca.

Dibujo de los continentes.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Esta foto de la los continentes es reciente en la historia de la Tierra.

Pero la Tierra no es estática y sus placas se siguen moviendo entre unos 2 milímetros y hasta 30 mm. por año, aproximadamente, aunque pueden haber desplazamientos mayores.

«Una comparación que se suele usar para esto es que las placas se mueven a la velocidad que crecen nuestras uñas por año«, dice Alonso.

Como las placas se mueven, los pronósticos dicen que África se partirá o que California se separará de América del Norte.

«Se calcula que esto comenzará en unos 50 millones de años, así que no hay que preocuparse tanto por ir preparando las valijas para mañana o pasado», bromea Agüello.

Otro detalle interesante que destaca la geóloga es que los movimientos de las placas no son lineales, también los hay rotativos.

Por ejemplo, «América del Sur está rotando en un sentido hacia el noroeste. Se estaría poniendo panza abajo», explica.

Supercontinente PangeaDerechos de autor de la imagen SCIENCE PHOTO LIBRARY
Image caption Hace aproximadamente 250 millones de años, el supercontinente llamado Pangea no se había dividido aún entre Laurasia, al norte, y Gondwana al sur.

Y los científicos pronostican que el movimiento de las placas de la Tierra en el futuro formará un nuevo supercontinente: Neopangea o Amasia.

Aunque tampoco hay que preocuparse porque tardaría unos 250 millones de años en formarse.

¿Y de dónde vienen los nombres de los continentes?

En general, los nombres de los continentes tal y como los conocemos en la actualidad surgen de cuestiones históricas o culturales.

Vayamos por orden alfabético:

África

Jirafas bajo un árbol en África.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption África le debe su nombre a una tribu.

Su nombre surge de los romanos y gracias a una tribu africana.

Tras la conquista de la ciudad de Cartago, en el norte de África, durante la Tercera guerra púnica, (el enfrentamiento militar entre la República romana y la antigua colona fenicia de Cartago) en el 146 a.C., los romanos llamaron al territorio África por la tribu Bereber de Afri, quienes vivían en lo que es en la actualidad es Túnez y el este de Argelia.

Como los romanos siguieron expandiendo el territorio hacia todos los puntos cardinales, el nombre África empezó a ser sinónimo de estas tierras que llegaron a formar un continente, explica El Diccionario Conciso de Nombres de Lugares del Mundo, de Oxford.

«Afri puede derivar de la palabra Bereber ‘afar’ que significa polvo o tierra», explica el diccionario.

América

Una pareja frente a Machu Picchu.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Un mapa de 1507 le puso el nombre América al «nuevo continente».

El nombre del continente surge en honor al explorador italiano Américo Vespucio que participó en al menos dos viajes al «nuevo mundo».

La primera vez que se usó ese nombre para el continente fue en un mapa de 1507 del cartógrafo alemán Martin Waldseemüeller, que es considerado el certificado de nacimiento de América.

Se especula que el cartógrafo tomó el nombre de Américo y lo transformó en femenino «porque los otros nombres de los continentes en Latín son femeninos», le contó a BBC Mundo en un artículo de 2018, John Hessler, curador de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, donde se encuentra la única copia de ese mapa que sobrevivió al paso del tiempo.

Antártida

Pingüinos en la Antártida.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption ¿Sabías que la Antártida es un continente pero el Ártico no?

El continente blanco, como se lo suele llamar coloquialmente, recibe su nombre como la contracara al polo norte.

Es decir que Antártida significa «opuesto al Ártico» y deriva del griego ‘anti’, opuesto, y ‘arktikos’ Ártico.

Vale aclarar que polo norte o Ártico no es un continente sino un mar congelado.

Asia

Vietnam.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Existen varias teorías sobre el nombre Asia.

Su significado es desconocido, pero existen varias teorías.

El Diccionario Conciso de Nombres de Lugares del Mundo, de Oxford, enumera algunas.

Puede derivar de la palabra ‘asu’ que significa «este» o «tierra del sol naciente» en el idioma acadio, una lengua actualmente extinta de la antigua Mesopotamia.

Otra posibilidad es que provenga de ‘Assuva’ o ‘Asuwa’ mencionado por el rey de los Hititas cuando reportó la victoria en la «Tierra de Assuva» en el 1235 a.C.

También puede ser que derive de un nombre originado en Turquía que rápidamente se expandió por todo el territorio hacia el este.

Europa

Como primera opción, el nombre del continente refiere a la mitología griega.

Europa era la hija de Agénor, rey de Fenicia que fue expulsado de la isla de Creta por Zeus, el dios de dioses de los griegos.

("La violación de Europa, ca. 1590. Artista: Vos, Maerten)Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Europa era una mujer fenicia de Tiro, secuestrada por Zeus, de cuyo nombre deriva el del continente europeo. («La violación de Europa, ca. 1590. Artista: Vos, Maerten)

Geográficamente, fue mencionada por primera vez en un poema griego en el siglo VIII a.C. Pero su uso no fue muy extendido hasta el siglo XVII, señala el Diccionario Conciso de Nombres de Lugares del Mundo, de Oxford.

Europa también está asociada a la palabra griega ‘eurys’, que significa una amplia región.

También puede derivar del fenicio ‘ereb’, que es oeste o «tierra del sol poniente».

Oceanía

El nombre del continente fue propuesto por Conrad Malte-Brun, un geógrafo danés, en 1812.

Y posiblemente deriva de Océano, un Titán e hijo de Urano (Cielo) y Gaia (Tierra), que gobernaba el océano, según la mitología griega.

Canguro en Australia.Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption Se cree que el nombre Oceanía también responde a la mitología griega.

Lo cierto es que más allá de los nombres y las discusiones por la cantidad de continentes, es importante resaltar que la Tierra es un sistema complejo, dinámico y para nada estático.

«Muchos creen que el paisaje es algo fijo y confiable, pero todas las placas se están moviendo. En algún lugar del mundo está ocurriendo un terremoto o un deslizamiento», detalla la profesora Argüello.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49914404

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Las niñas valientes que luchan por ir a la escuela

Por: Nazareth Mateos Aparicio

7:00 am. Suena el despertador. Empiezan las carreras y los “tengo mucho sueño, 5 minutos más”, “termínate el desayuno”, “¿has cogido la mochila?”, “¿aún así?”, “¡vamos tarde!”. Los miles de niños y niñas que cada día van al colegio tienen por delante una intensa jornada escolar que cuesta empezar. Deben sacar ganas para madrugar, atender en clase y estudiar. Podríamos decir que ir al colegio es un acto de constancia, motivación e ilusión. Pero para muchos niños, sobre todo niñas, también es un acto de valentía.

En Nepal, por ejemplo, Janaki Sah, a sus 14 años, tuvo que enfrentarse nada menos que a sus propios padres: “Debido a que fui lo suficientemente valiente como para convencer a mis padres de que me dejaran ir a la escuela en lugar de casarme, puedo hacer lo que más me gusta: ¡estudiar!”.

Los niños y niñas van al colegio porque tienen derecho a recibir una educación, porque hay un sistema diseñado para su formación y porque viven en un entorno familiar y social que vela por su desarrollo. Pero a veces el sistema les falla.

Millones de niñas y adolescentes se enfrentan a mil y un obstáculos para conseguir ir a la escuela: Janaki Sah estaba abocada a dejar de estudiar por culpa de un matrimonio concertado; Asha, en India, faltaba a clase varios días al mes porque en su colegio no había instalaciones adecuadas para gestionar su higiene menstrual (muchas niñas dejan la escuela por este motivo al llegar a la pubertad); Adama, de Sierra Leona, se quedó embarazada y no le permitieron continuar con sus estudios; Jenifer Tete, de Sudán del Sur, tenía que cuidar de sus hermanos y hacer las labores del hogar y se quedó sin tiempo para estudiar. Pero, a pesar de todas las dificultades, todas ellas consiguieron continuar con sus estudios gracias a una combinación de valentía, apoyo y oportunidades.

Y como ellas, miles y miles de niñas se enfrentan cada día a miles y miles de obstáculos para seguir estudiando. Muchas de ellas no lo consiguen, como constatan estos datos:

  • Cada año, 12 millones de niñas contraen matrimonio, y tienen más probabilidades de abandonar la escuela.
  • En todo el mundo, más de la mitad de las niñas de 15 a 19 años y 130 millones de niñas de 6 a 17 años no van a la escuela.
  • 1 de cada 4 chicas de 15 a 19 años no estudia, no recibe formación o no trabaja, frente a menos de uno de cada 10 niños.
  • Las mujeres de entre 15 y 29 años tienen tres veces más probabilidades que los hombres de estar fuera de la fuerza laboral y la educación.

Las normas de género siguen influyendo en las decisiones que millones de niñas y adolescentes toman cada día. Muchas de las decisiones que les afectan son, incluso, tomadas por otros, que limitan su libertad, su autonomía y su desarrollo.

Según un reciente estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y UNICEF, los prejuicios de género pueden restringir las opciones de las niñas a la hora de determinar qué asignaturas desean estudiar, o los tipos de empleos y carreras a los que aspiran. En todas las regiones del mundo, niñas y niños son “dirigidos” hacia áreas de estudio estereotipadas, tradicionalmente “femeninas” o “masculinas”, lo que puede afectar negativamente a las mujeres jóvenes en especializaciones no técnicas cuando se trata de encontrar trabajo en un panorama económico que valora cada vez más las habilidades en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas.

La educación es un derecho, y como tal, cada niño y cada niña tiene el derecho a asistir a la escuela, recibir una educación de calidad según sus preferencias y desarrollarse en un entorno protector que asegure su futuro. Lo dice la Convención de los Derechos del Niño, lo dicen las leyes nacionales y lo dice el sentido común. La educación es la puerta para el desarrollo. Y millones de niños y, sobre todo, niñas, tienen cerrada esa puerta. 

Por ello, la OIT y UNICEF proponen, entre otras medidas, desafiar los estereotipos de género, apoyar a las niñas más pobres y a las madres jóvenes para que puedan continuar en la escuela, ofrecer programas para la educación de las niñas, aumentar la participación de estas en el aprendizaje de ciencia o tecnología, o facilitar el acceso de las mujeres empresarias a la formación y desarrollo.

Se trata de que niñas y niños decidan lo que quieren ser y puedan elegir entre todas las opciones existentes, no solo entre unas pocas.

Porque, como nos decía Zulaykho Ermatova, de 22 años, desde Uzbekistán, “Cualquiera que sea la vida que elijas, depende de ti y depende de tus intereses. Comparte tus ideas. Ten el apoyo de tus compañeros, maestros y familias. Haz las cosas bien. Nadie puede detenerte si crees en lo que haces y sigues tu sueño”.

Fuente: https://blogs.20minutos.es/mas-de-la-mitad/2019/09/28/las-ninas-valientes-que-luchan-por-ir-a-la-escuela/

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Internet y sus mitos

Por: Marcelo Colussi

Un cuchillo puede servir para cortar la comida… o para apuñalar a alguien. Del mismo modo, la energía nuclear puede servir para alumbrar toda una ciudad, o para hacerla volar por el aire. Conclusión: la tecnología en sí misma, permítasenos apelar a este maniqueísmo un tanto reduccionista, no es ni “buena” ni “mala”. El aprovechamiento de los avances técnicos está en función del proyecto humano en que se despliegan. Los instrumentos que el ser humano va creando, desde la primera piedra afilada del Homo Habilis hasta la más sofisticada estación espacial actual, son herramientas que ayudan a la vida. Las herramientas no tienen un valor por sí mismas: son la perspectiva ética, el modelo de ser humano y de sociedad a la que sirven, quienes les da su valor.

Es importante empezar diciendo esto para aclarar un mito que se ha venido dibujando en el mundo moderno, el mundo de la industria basado en la siempre creciente revolución científico-técnica: el mito de la tecnología y del progreso sin par.

Las herramientas, los útiles que nos ayudan y hacen más cómoda la vida cotidiana –el tenedor, la presa hidroeléctrica, el calzador para ponernos un zapato o el microscopio electrónico– son pasos que nos van distanciando cada vez más de nuestra raíz animal. Pero con la aceleración fabulosa de estos últimos dos siglos que se da con la industria surgida en Europa y hoy ya globalizada ampliamente, el poder técnico pareciera independizarse obteniendo un valor intrínseco: la tecnología pasa a ser un nuevo dios ante el que nos prosternamos. En muchas ocasiones terminamos por adorar la herramienta en sí misma, independientemente de su real utilidad o de las consecuencias nocivas que pueda acarrear.

Una vez más entonces: la tecnología no es “buena” ni “mala”. Es el proyecto político-social en la que se inscribe lo que debe cuestionarse. Los motores de combustión interna, por ejemplo, facilitaron las comunicaciones de un modo espectacular, pero al mismo tiempo pasaron a ser los principales contaminantes del mundo contribuyendo a provocar la catástrofe medioambiental que vivimos destruyendo la capa de ozono favoreciendo el calentamiento global. ¿Son los automóviles la “causa” de ese desastre? Obviamente no, sino el proyecto social al que sirven. Y es claro que el mismo está decidido e implementado por grandes poderes que obligan a seguir determinados criterios y no otros: ¡todo el mundo consume automóviles alimentados con gasolina hasta que se termine la última gota de petróleo que hay en el subsuelo! ¿Se consultó a alguien, a los ciudadanos comunes, si estábamos de acuerdo con eso? El mito tecnológico alimenta generosamente esas construcciones culturales borrando la reflexión crítica al respecto: “tener auto da estatus…, y si es una Ferrari, ¡mejor!”

Los mitos tienen esa función: dan explicaciones convincentes del mundo, eximen de seguir interrogándonos porque “resuelven” el origen de todas las cosas.

En la sociedad planetaria actual, marcada por la gran industria que transformó radicalmente la vida en estos últimos 200 años, hoy por hoy el desarrollo técnico ha llevado a entronizar la acumulación y procesamiento de información como el bien más importante. Tanto, que se puede hablar de una “sociedad de la información”. En esta nueva “aldea global”, las tecnologías de punta ligadas a las comunicaciones marcan el ritmo: sociedad digital, sociedad basada en la inteligencia artificial y en la virtualidad, donde quien no puede seguir ese ritmo –y de hecho, es la gran mayoría planetaria– queda en una situación de desventaja comparativa cada vez mayor con quien sí lo impone. De más está decir que son unos pocos centros de poder mundial los que detentan esas tecnologías. Las diferencias, por tanto, se aumentan exponencialmente.

Las sociedades agrarias que por milenios se desarrollaron en los distintos puntos del planeta, con diferencias sin dudas, tenían no obstante una cierta paridad entre sí. Hoy día, estas tecnologías hiper desarrolladas que combinan ámbitos diversos como la navegación aeroespacial, la inteligencia artificial y la búsqueda de nuevos materiales, han creado brechas (abismos, mejor dicho) tan enormes que el mundo que se perfila para más adelante nos presenta en realidad la perspectiva de dos mundos: quienes siguen con el arado de bueyes… y quienes están en la ampulosamente llamada “post modernidad”.

La tecnología de la información y las comunicaciones entraña innovaciones en microelectrónica, computación (equipo y programas informáticos), telecomunicaciones y óptica electrónica (microprocesadores, semiconductores, fibra óptica). Esas innovaciones hacen posible procesar y almacenar enormes cantidades de información, así como distribuir con celeridad la información a través de las redes de comunicación. La ley de Moore predice que la capacidad de computación se duplicará cada período de 18 a 24 meses gracias a la rápida evolución de la tecnología de microprocesadores. La ley de Gilder augura que cada seis meses se duplicará la capacidad de las comunicaciones, una explosión en la amplitud de banda, debido a los avances de la tecnología de redes de fibra óptica”, alertaba Naciones Unidas en su Informe de Desarrollo Humano algunos años atrás.

Es allí donde entran a tallar los mitos: La tecnología es como la educación: permite a las personas salir de la pobreza”, dice el referido Informe. Sí y no. Las nuevas herramientas sirven, por supuesto; pero no resuelven la vida. Si hay pobreza –¡y por cierto la hay, y mucha!– ello responde a estructuras de base asentadas en la explotación de unos por otros. Allí hay una cuestión de ejercicio de poder, conflictos de clase, dominación. Ninguna herramienta, por más sofisticada que sea, puede cambiar esas relaciones.

La tecnología ayuda a hacer el mundo más cómodo. Pero también puede transformarlo en un infierno. No hay dudas que para quienes están leyendo este texto en la pantalla de su computadora o de su teléfono inteligente, habiéndolo descargado de internet, la tecnología digital es un paso adelante fabuloso. No dirán lo mismo los pobladores de República Democrática del Congo, que viven en situación de pobreza extrema y en guerra casi perpetua por ser el principal productor mundial de coltán, el material con el que se elaboran los microchips gracias a los cuales funcionan las computadoras y los satélites geoestacionarios que permiten estos prodigios técnicos, como estar leyendo esto ahora.

Apurémonos a aclarar que este escrito no pretende ser, como en los tiempos de la revolución industrial en Inglaterra, un llamado a destruir las nuevas máquinas “endemoniadas”. Bienvenidas las nuevas tecnologías, sin dudas. Pero no dejemos de ser críticos. Internet es un adelanto tecnológico espectacular, de eso no cabe la menor duda. Pero estemos alertas con los mitos que se van tejiendo al respecto.

Internet ha cambiado el mundo”, “la historia está cambiando gracias a internet”, “la vida antes y después de internet”… Frases así se escuchan a diario, se han hecho comunes, populares. Pero justamente por tan omnipresentes merecen ser, como mínimo, puestas en entredicho.

No hay dudas que algunos desarrollos técnicos tienen una importancia mayor que otros en la historia humana. La agricultura, la rueda, los metales, la máquina de vapor –por poner algunos ejemplos– definitivamente han dejado marcas indubitables, más que otros. En la era de la revolución científico-técnica que vive el mundo desde hace doscientos años, ciertas invenciones, ciertos campos de descubrimiento posibilitaron saltos cualitativos de profundidades inéditas. Las comunicaciones, quizá más que ninguna, se inscriben en ese ámbito. Hoy, de hecho, ellas representan una de las áreas más dinámicas del quehacer humano, en todo sentido: por la celeridad con que crecen, por su calidad siempre en aumento, por las transformaciones socio-culturales a que dan lugar, por las fortunas que contribuyen a amasar. Internet hace parte de todo ese paquete, pero más aún: es su estandarte, su insignia. El mundo llamado post moderno es el mundo de la red de redes, del ciberespacio.

Ahora bien: ¿en qué sentido internet ha cambiado el mundo? En este nuevo mundo digital, globalizado, hiper comunicado, por supuesto es la savia vital de la nueva economía basada en la información, en la velocidad rutilante, en la virtualidad del ciberespacio. Pero permítasenos dos observaciones.

Por un lado, no toda la población planetaria tiene acceso a internet. De acuerdo a los datos disponibles, más de la mitad de la población mundial se conecta, ya sea por computadora o por teléfono, habiendo notorias diferencias en el acceso: mientras en Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental la media de conectividad ronda el 95%, en el África subsahariana no llega a 15% de la población. Mucha población mundial todavía ni siquiera dispone de energía eléctrica, y el analfabetismo (no el digital, sino el de la lectoescritura) sigue siendo una dura realidad para alrededor de 1.000 millones de personas. No hay dudas que internet llegó para quedarse, pero todavía estamos muy lejos de poder decir que sea un invento disfrutado en equidad por las mayorías. El mito del cambio del mundo en función de la llegada de internet, de momento no es sino la promoción mercadológica de quienes detentan estas tecnologías, y por supuesto las comercializan. En muchos países del Tercer Mundo hay ya más teléfonos celulares que población (y quizá pronto haya tantas computadoras conectadas con internet como personas), pero de todos modos el desarrollo no llega. Salir de la pobreza es algo más que una cuestión técnica.

Pero por otro lado –quizá esto es lo más importante para analizar críticamente– los cambios que puede traer aparejados, no necesariamente son transformaciones positivas vistas en términos de especie humana. Hoy día internet es cada vez más omnipresente en innumerables facetas de la vida: sirve para la comercialización de bienes y servicios, para la banca en línea, para la búsqueda de la más variada información (académica, periodística, de solaz), para el ocio y esparcimiento (siendo los videojuegos una de las instancias que más crece en el mundo de las nuevas tecnologías digitales, esto no hay que olvidarlo –preparación en los niños de los futuros consumidores del futuro–), en la gestión pública (muchos gobiernos ya han incorporado el uso de redes sociales como Twitter, Facebook o Youtube cuando las autoridades dan a conocer su posición sobre acontecimientos relevantes), habiendo incluso todo un campo relacionado al sexo cibernético. Hasta incluso podríamos agregar que da la posibilidad de espacios alternativos y de denuncia como éste donde ahora aparece el presente texto. Todo esto beneficia la vida cotidiana, la hace más cómoda, más placentera incluso, facilitando el acceso a fuentes de información insospechadas algún tiempo atrás. Sin embargo, no debemos olvidar que también esto ha creado una cultura de la “información de la pantalla”: breves resúmenes audiovisuales que en tres líneas explican todo, desde una receta de cocina a la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, desde la noticia puntual del momento al Corán. Cultura de la inmediatez, del flash. Internet contribuye también, visto en esta lógica, al triunfo de la imagen sobre la simbolización –¿evaporación del pensamiento crítico?–

La imagen juega un papel muy importante en esta cultura cibernética. Lo visual, cada vez más, pasa a ser definitorio. La imagen es masiva e inmediata, dice todo en un golpe de vista. Eso seduce, atrapa; pero al mismo tiempo no da mayores posibilidades de reflexión. La lectura cansa. Se prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Ésta fascina y seduce. Se renuncia así al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo”, se quejaba amargamente Giovanni Sartori1. No hay dudas que “pega” más una imagen atractiva que un discurso sesudo, profundo; la fascinación hace parte medular de lo humano. Seguramente por eso pudo constituirse –y seguirá ahondándose– esa cultura de lo visual no crítico. Lo cual no es condenable; lo escandaloso es la manipulación con fines de control social que se pueda hacer de ello.

Al respecto valen las palabras de Carlos Estévez: “en términos mayoritarios [los usuarios de internet] adquieren información mecánicamente, desconectada de la realidad diaria, tienden a dedicar el mínimo esfuerzo al estudio, necesario para la promoción, adoptan una actitud pasiva frente al conocimiento, tienen dificultades para manejar conceptos abstractos, no pueden establecer relaciones que articulen teoría y práctica”2

¡No piense, mire la pantalla!” Así podría resumirse la tendencia cultural moderna, de la que internet es principal tributario, junto con la televisión. Según una investigación de la empresa de encuestas Gallup, nada sospechosa de posiciones críticas precisamente, el 85% de lo que “sabe” un adulto urbano término medio proviene de los mensajes asimilados en la televisión. ¿Realmente sabe? La imagen atrapa, tiene un valor propio: fascina. La actual cultura cibernética, nada distinta a la televisiva, obliga a perpetuarse horas y horas ante una pantalla (de la computadora o de un teléfono móvil con acceso a internet, o de las tablets). Así como los insectos caen en la luz que los subyuga, así los humanos sucumbimos a las pantallas de las “máquinas vendedoras de sueños”. Esto nos lleva preguntar: ¿estamos condenados a vivir siempre con un nivel de ilusión? ¿Por qué es más fácil dejarse invadir por las imágenes atractivas que desarrollar una lectura analítica? ¿Por qué gusta destinar tanto tiempo a la “recreación” simple que nos ofrecen las pantallas? Y nadie, absolutamente nadie podría decir que en internet no se ha desarrollado ya una fabulosa cultura del “copia y pega” que va marcando nuestro cotidiano modo de hacer.

Una vez más, y para que no queden dudas: internet es un invento fabuloso y vale la pena aprovecharlo al máximo. Pero cuidado con los mitos que se puedan haber tejido al respecto. Las llamadas redes sociales, por ejemplo –más a-sociales que sociales, que obligan a estar en solitario ante la pantalla una buena parte del día– pueden contribuir a juntar gente, a establecer contactos. O también, enmascaradas en la ilusión de estar unidos –teniendo centenares de “amigos” en el perfil– pueden obligar a la soledad de la lectura en la pantalla. De todos modos, es una falacia pensar que el espacio virtual reemplaza a lo humano de carne y hueso.

¿Reemplazará el sexo cibernético al otro? ¿Podrá haber revoluciones sociales hechas desde las pantallas? El debate está abierto.

Notas

1 Sartori, Giovanni. Homo videns. La sociedad teledirigida . Ed. Taurus. Barcelona, 1997.

2 Estévez, Carlos. La comunicación en el aula y el progreso del conocimiento , en Urresti, Marcelo: Ciberculturas juveniles. La Crujía Ediciones. Buenos Aires, 2008.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=261688

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Dejan desnuda esencia neoliberal

Por: Rafael A. Ugalde

Quienes duden de que el neoliberalismo llegó para quedarse en América Latina, si no se extirpa su talón de Aquiles: la corrupción, ausencia de bien común y fascismo remozado (judicializa la protesta social, garrotea si no le obedecen, prohíbe huelgas, lincha mediáticamente a sus opositores, esconde lo que le perjudica, etc.), termina siendo aliados de él, defendiendo pinches reivindicaciones propias de una “economía inmoral”.

Busca desarticular toda organización que no sean sus cámaras y organizaciones, precisamente entre los grupos más “golpeados”. Además, “legitima” un modelo insaciable y arropado con un discurso mesiánico y cargado de miedos, de tal magnitud que, el tecnócrata inteligente se vuelve tonto y el tonto se hace loco.

Mientras tanto, con algunas excepciones, la llamada “izquierda” y algunos gremios siguen plantados en focalizaciones “reivindicativas”, a lo sumo. Útiles cincuenta años atrás cuando en nuestros países existían dos o tres confederaciones ideológicamente enfrentadas en la defensa del llamado “Estado del bienestar”.

Erigido por los sectores agoexportadores, dependientes de una estable metrópoli, no necesitaba transformación alguna del statuo quo, pues sus naciones satélites experimentaban contradicciones fácilmente focalizadas. De esta forma, si ese Estado social carecía de fondos, no tendríamos escuelas y los hijos de jornaleros no irían al liceo ni a la universidad pública, etc.

Eso importaba mucho a los líderes sindicales; por ende, todos debíamos contribuir para que la comunidad más lejana tuviera su escuela nueva, hubiese agua potable, seguridad social y electricidad. Ahora, cuantos más ignorantes produzcamos, más barata es la mano de obra y el rebaño mejora.

Con la caída de 36 años de neoliberalismo en México y la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador, quedaron entredichas las “mentirillas” de este modelo voraz. Los “sesudos” escribidores, periódicos y telenoticieros, otrora defensores del sistema, son hoy el mejor ejemplo de cómo identificar una “news fake”. Nunca vieron que la corrupción y la impunidad tenían su origen en las altas esferas de los poderes republicanos, controladas estrictamente por los partidos PRI, PRD y PAN.

Esta “economía inmoral”, a todas luces concebida para que la corrupción fuera una forma de cotidianidad: perdonaba impuestos a sus grandes contribuyentes, imponía agresivas reformas (fiscales, educativa, constitucionales, etc), estrujaba las pensiones de hambre, excluía docentes incómodos, asesinaba ambientalistas y estudiantes, y lucraba con la maltrecha seguridad social, etc.

Los auténticos ladrones de combustible (huachicoleros) eran escondidos con sus ganancias anuales de 60.000 millones de pesos (unos $3.000 millones), mientras los influyentes diarios y las voces oficiales “moralizaban” sus auditorios presentando como “sinvergüenzas” de barrio a quienes extraían hidrocarburos. Pero la realidad era distinta: gente de hogares desechos por el neoliberalismo, niños excluidos de la educación por no pagárseles escuela privada y jóvenes desempleados entregaban su combustible extraído clandestinamente a una mafia oficial para que lo distribuyeran en estaciones de servicios, donde vendían el 75% de gasolinas robadas y el 25% comprada a Pemex.

Dicha refinadora quebró por la alta gerencia parasitaria, puesta allí para venderla por su supuesta falta de rentabilidad. De ese modo engañaron a la ciudadanía y le informaron que la “muerte” de tan importante empresa estatal era por causa de los altos salarios pagados a sus miles de trabajadores.

La seguridad social mexicana también era candidata a venderse, quebrada con sobreprecio de medicamentos, induciendo la falta de especialistas, con la remisión de enfermos al sistema privado de atención, etc. Triangulaban, incluso, recursos públicos vía concesiones, para encarecer tres o cuatro veces estratégicas carreteras, puentes, escuelas y otros proyectos.

Contrario a lo anterior, las organizaciones sociales en Bolivia, con el mayor crecimiento económico de la región e inclusión social aprendieron, por ejemplo, que el neoliberalismo se enfrenta con un plan alterno y realizable, situando a los más pobres en el centro de las ocupaciones estatales.

Para que eso sea posible hay que fomentar el ahorro interno y los valores éticos, en la actualidad descabezados -la solidaridad, la transparencia, la honestidad, el bien común, la autodeterminación como política estatal, el respeto mutuo entre todos los Estados del mundo, etc.-, sin perder de vista la exigencia de terminar –no el cuento ese de “vamos a combatir”– la corrupción. Pues es falso ubicarla en las gradas de abajo de toda escalera del poder, porque está en las de arriba. ¡Habían olvidado barrer de arriba hacia abajo!

Fuente: https://semanariouniversidad.com/opinion/dejan-desnuda-esencia-neoliberal/

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