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Méndez de Vigo: «Que el Estado recupere la competencia de Educación no es buena idea»

22 octubre 2017/Fuente:eldiario.es /Autor:eldiario.es

El ministro de Educación y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, ha señalado este viernes que «el Estado recupere las competencia de Educación no es una buena idea» en un momento en el que sectores del PP están acusando a la escuela catalana de adoctrinamiento independentista.

Méndez de Vigo aboga por incrementar la colaboración entre las dos administraciones y ha pedido que «no se lance una macha de sospecha sobre los profesores», además de repetir la necesidad de reforzar a la Alta Inspección del Estado, ya que ahora es «residual frente al mismo organismo autonómico», y que la Constitución recoja el principio de lealtad federal para que la normativa autonómica siempre tenga que cumplir las leyes estatales.

Fuente de la noticia: http://www.eldiario.es/catalunya/politica/MINUTO-Diada_13_685361458_14308.html

Fuente de la imagen:https://www.elplural.com/sites/default/files/field/image/méndez%20de%20vig

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¿Es la educación en España realmente gratuita?

Europa/España/ 21.10.2017/ Fuente: elpais.com.

Sin embargo, cuando pasas un poco por el colegio o el instituto —algo habitual si tienes niños o adolescentes a tu cargo— el mantra de la gratuidad de la educación se desvanece un poco. Ya no es “tan gratis”. Los libros, las clases de apoyo escolar, las extraescolares o el comedor no son gratuitos. O bien dependen de ayudas y becas, o bien son las familias las que las pagan religiosamente. Y no podemos obviar que todas estas cosas son necesarias para que todos los alumnos dispongan de una educación de calidad, sin importar el ámbito socioeconómico de sus familias.

En los últimos años de recortes, la tijera no se ha frenado al llegar a la educación. España sigue a la cola de los países de la Unión Europea en inversión educativa total: destinamos el 8,2 % del PIB, tres puntos menos que la media de los países desarrollados (OCDE: 11,2 %). Este año las administraciones han hecho un esfuerzo, al incrementar el gasto público en educación un 1,7% (la mayoría destinado a becas generales, ayudas para libros de texto y de movilidad), pero nuestro presupuesto público en esta materia (un 4,36% del PIB) sigue por debajo de la media de la UE (4,9%) y de la OCDE (5,3%).

En el capítulo concreto de becas y ayudas al estudio, la inversión en los años más duros de la crisis (de 2010 a 2014) descendió 629 millones de euros. Si trazamos la comparativa europea, según datos de Eurostat, la media de la UE (3,8 % del PIB) casi dobla el porcentaje español, que se sitúa en el 2,2 %. Como se pregunta aquella canción del grupo El Último de la Fila, «¿dónde estabas entonces, cuándo tanto, te necesité…?». O lo que es lo mismo: en la peor época para las familias, estas recibieron menor número y cuantía de ayudas y becas. Quizá, dicho desde la ironía, debiera haber sido al revés, aunque solo hubiese sido por hacer caso a la Convención de Derechos del Niño, de la que España es Estado parte; en todas las medidas que se tomen por un Estado, el interés superior del menor siempre debe prevalecer.

España sigue a la cola de los países de la Unión Europea en inversión educativa total.

Mirando las cifras más de cerca, cosa que desde Educo y Ayuda en Acción, hemos hecho en un informe que ha visto la luz esta semana bajo el título La sombra de la gratuidad educativa en España, se despejan algunas incógnitas. También se plantean otras preocupaciones que afectan más profundamente a ese tercio de la infancia que vive en riesgo de pobreza y exclusión en nuestro país y que hace muy difícil que pueda tener las mismas oportunidades que el resto en materia educativa.

Además de las cifras, hemos entrevistado a padres, madres, docentes, trabajadores y trabajadoras sociales, alumnado y funcionarios de diversas Administraciones. Les hemos preguntado sobre la importancia que tienen las becas y las distintas ayudas al estudio para que el derecho a la educación sea un derecho que alcance a todos y todas por igual. Mencionaré solo dos de las conclusiones que se extraen de esos testimonios.

Una es clara: en las familias en riesgo de pobreza y exclusión, los niños y niñas tienen muchas papeletas para, en primer lugar, no disfrutar de una infancia plena (que significa, entre otras cosas, estudiar, jugar y vivir en un entorno seguro y motivador) y para, además, engrosar mañana las filas de los adultos pobres de nuestro país. Para que, aunque accedan a puestos de trabajo, no puedan sostenerse, ni a sus futuras familias. Porque la educación de calidad no es un coste, sino inversión pura en ciudadanía, desarrollo económico y paz social para el mañana.

El segundo gran titular del estudio habla del gran esfuerzo económico que están haciendo miles y miles de familias empobrecidas en nuestro país para garantizar a sus hijos una educación medianamente de calidad. Costes indirectos derivados de la educación como los ya mencionados  (el comedor o el transporte del colegio, las clases extraescolares, de refuerzo educativo…) hacen que el sistema no sea equitativo y que aquellas familias que más lo necesitan las que menos tenían y tienen sean las que, proporcionalmente, más recursos tienen que dedicar. No en vano, entre 2009-2015 el gasto medio de los hogares españoles en educación aumentó un 34%.

Esta semana, en torno al 17 de octubre, Día Internacional por la Erradicación de la Pobreza, muchas organizaciones sociales venimos realizando actividades de sensibilización y activismo en la ciudadanía durante esta Semana de lucha contra la pobreza. Nosotros reivindicamos que la educación es un derecho, pero también es y seguirá siendo el único argumento que podemos ofrecernos como sociedad para ser mejores en el presente y en el futuro, y para que la pobreza y la desigualdad sean tan solo un mal recuerdo del pasado

Fuente de la noticia: https://elpais.com/elpais/2017/10/18/planeta_futuro/1508336627_707249.html

 

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Los españoles y la interculturalidad

Por: Xavier Besalú

Tal vez, desde el prisma intercultural, las reivindicaciones y aspiraciones de las minorías culturales y nacionales españolas encontrarían un terreno más abonado para su comprensión y un camino más despejado para su resolución.

Según la legislación vigente son fines del sistema educativo español: La formación para la paz, el respeto a los derechos humanos, la vida en común, la cohesión social, la cooperación y solidaridad entre los pueblos; la formación en el respeto y reconocimiento de la pluralidad lingüística y cultural de España y de la interculturalidad como un elemento enriquecedor de la sociedad.

Habitualmente asociamos la diversidad cultural a la inmigración extranjera y la educación intercultural a aquello que hacemos con los inmigrantes extranjeros en la escuela para que se adapten con rapidez a ella. Pero eso no es así en ningún caso, porque las diferencias culturales no han llegado a España con los inmigrantes extranjeros (ya estaban aquí las lenguas, las religiones, las formas de vida, las tradiciones, los hábitos alimenticios… distintos) y tenemos más que claro que todos -extranjeros y nacionales- debemos prepararnos para vivir en sociedades plurales, complejas, conflictivas y democráticas. Pero es que, en el caso español, sería sencillamente tramposo aludir a la interculturalidad para referirse en exclusiva a las relaciones entre nacionales y extranjeros o, a lo sumo, entre payos y gitanos, nuestra minoría étnica por excelencia. Esa interculturalidad debería incluir sin lugar a dudas la relación y el ejercicio en pie de igualdad de los derechos y deberes reconocidos sobre el papel a todos los ciudadanos españoles, individual y colectivamente considerados, es decir, también a sus diversas nacionalidades y regiones, por decirlo en términos constitucionales.

Los estados, tal como los conocemos actualmente, han sido y son un instrumento para organizar políticamente las sociedades, de construcción relativamente reciente, pero solo un instrumento contingente, no una realidad esencial, ahistórica y natural, que se han consolidado como entidades poderosas para garantizar ciertos niveles de bienestar y seguridad a sus habitantes y para fabricar sólidas identidades nacionales a costa de negar, marginar o tolerar a las naciones, pueblos, culturas e identidades minoritarios. Porque los estados, por liberales y democráticos que sean, no son neutrales o indiferentes en lo relativo a la cultura y a la identidad: todos tienen una lengua (pocos más de una) oficial, una religión (por tradición o por otros intereses) más o menos protegida, unos cuantos elementos simbólicos (bandera, himno, escudo… e incluso selecciones y héroes nacionales), un determinado calendario laboral, un currículum escolar con unas prioridades y unos sesgos claramente visibles en disciplinas como la historia, la literatura o las artes, un código penal con normas propias…

España, por historia y por tradición, ha gestionado su diversidad cultural desde una matriz marcadamente asimilacionista, a la francesa, modelo que ha sido presentado y se ha consolidado como lo más natural del mundo -como el propio estado-, de sentido común. En realidad, la mayoría de los estados modernos se han edificado sobre un proyecto claramente homogeneizador; por eso, solo en el actual contexto de globalización y de democracia avanzada hemos empezado a hablar, al menos retóricamente, de interculturalidad, de diversidad cultural y de minorías. No hace falta pertenecer a una de esas minorías para constatar que ese respeto y reconocimiento a la pluralidad lingüística y cultural de España, que predica la ley, es a día de hoy un rotundo fracaso, cuando los estereotipos y los prejuicios campan a sus anchas, cuando los derechos reales de las lenguas minoritarias son permanentemente cuestionados y laminados, cuando esas diferencias culturales son ignoradas, vilipendiadas o suprimidas en nombre de la igualdad, cuando esa pluralidad requiere siempre la aprobación de la mayoría para poder sobrevivir en condiciones de normalidad. Y es que tampoco la interculturalidad es vivida como un elemento enriquecedor de la sociedad, sino como un problema que, como mucho, hay que conllevar, como un estorbo pesado y tedioso, o como una provocación que raya la amenaza a una unidad y a una armonía míticas, y no como una realidad que hay que gestionar del modo más democrático y justo posible.

Las minorías nacionales, por su parte, son aquellos pueblos o comunidades que a lo largo de la historia, y hasta nuestros días, han buscado reconocimiento político. Son minorías porque forman parte de un Estado cuyos elementos culturales e identitarios son distintos a los suyos (lengua, religión, historia, tradiciones, geografía…), y son nacionales porque tienen el sentimiento y la percepción de tener una personalidad política distinta de la mayoritaria -ni mejor, ni peor, solo distinta- que, algunas veces, les conduce a reclamar los beneficios y la fuerza de contar con una herramienta llamada estado.

El primer paso para una gestión democrática de la diversidad cultural y nacional es necesariamente el reconocimiento en pie de igualdad de esa realidad, no como una concesión graciosa, el respeto como sujeto de todos los derechos políticos, sociales y culturales de que gozan los ciudadanos pertenecientes a la mayoría y que tienen todo el peso del estado a su favor. Justamente por eso, porque los estados tienen una identidad concreta que tiende permanentemente a la expansión, es por lo que las minorías demandan algún tipo de reparación o de protección para contrarrestar esa desigualdad estructural. No lo hacen con la finalidad de gozar de más derechos que los demás, o de tener algún tipo de privilegio, sino sencillamente para poder ejercer en la práctica los mismos derechos que las mayorías. Por eso, el segundo paso en esta gestión democrática de la diversidad cultural y nacional es la negociación que en ningún caso debe pasar por la imposición de la mayoría, porque si dicha negociación se ve sometida o amenazada por la tiranía de esa mayoría, estaríamos hablando de concesiones y no de acuerdos.

Pero lamentablemente, ante el avance de una democracia verdaderamente pluralista e inclusiva, los antes asimilacionistas han ido virando de estrategia y ahora han sustituido sus cantos a la igualdad y a la bondad de la eliminación o privatización de las diferencias de los otros por las apelaciones enardecidas a la convivencia y a la cohesión social, sin referencia alguna a algo tan humano y tan real como son las relaciones de poder. No ponen en duda la justicia del reconocimiento y de la negociación, pero temen que su aplicación erosione esa convivencia y perturbe esa cohesión. Detentadores del poderío y el blindaje que otorga tener de su parte el entramado estatal, se presentan como no nacionalistas y postidentitarios -como si esto fuera posible- y se proclaman cosmopolitas, ciudadanos del mundo, liberados de cualquiera de esas viejas ataduras. El respeto a los derechos humanos, la solidaridad entre los pueblos no deberían ser simples deseos bienintencionados: los derechos humanos debieran estar por encima de las fronteras y de las pertenencias identitarias, y la solidaridad es algo más que limosna piadosa.

Tal vez, desde el prisma intercultural, las reivindicaciones y aspiraciones de las minorías culturales y nacionales españolas encontrarían un terreno más abonado para su comprensión y un camino más despejado para su resolución.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/10/17/los-espanoles-y-la-interculturalidad/

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España: 140 profesores se formarán en el II Congreso Aragonés de ‘Neuroeducacción’ de Alcañiz.

Por: La comacarca/20-10-2017

Muchos docentes se han interesado por el curso, ya que se ha completado el cupo y tiene a 305 personas en lista de espera

Alcañiz acogerá el II Congreso Aragonés de ‘Neuroeducacción’ durante este fin de semana. Estas jornadas van destinadas a profesores del territorio, tanto de Educación Primaria como de ESO y Bachillerato. Los objetivos del congreso son conocer los conceptos de neuroeducación y las nuevas propuestas de las neurociencias para llevarlas al aula, así como intercambiar buenas prácticas de aplicación en clase. Los distintos actos y talleres del Congreso se celebrarán en el Teatro Municipal y en el IES Bajo Aragón de Alcañiz.

La acogida no ha podido ser mejor, ya que se ha cubierto el cupo de 140 inscritos e incluso 305 docentes se han quedado fuera y ahora ocupan la lista de espera.

La inauguración tendrá lugar el viernes a las 17.30 en el Teatro de Alcañiz, y a continuación David Bueno ofrecerá la ponencia ‘Mirar, emocionar y colaborar: Qué aporta la neurociencia a las estrategias de aprendizaje integral’, donde explicará tres aspectos relacionados con el aprendizaje: la mirada, las emociones y la socialización. La otra conferencia del Congreso de ‘Neuroeducacción’ se celebrará justo antes de la clausura, el sábado a las 19.00. Correrá a cargo de Ramón Barrera, y su título es ‘Sorprendizaje 3.0’. En ella, el autor explicará que para aprender de forma efectiva es necesario sorprenderse.

Los 140 inscritos asistirán a cuatro talleres diferentes durante el viernes por la tarde y todo el sábado, en los que se trabajará en varios ámbitos: la comunicación efectiva a través de la técnica teatral; la gamificación y el juego; la creación de una experiencia de flujo; y el revelado de emociones en el aula.

En la realización del evento colaboran el CIFE de Alcorisa, el CPI FP Bajo Aragón, el Ayuntamiento de Alcañiz, el IES Bajo Aragón y el Gobierno de Aragón.

*Fuente: https://www.lacomarca.net/140-profesores-se-formaran-en-el-ii-congreso-aragones-de-neuroeducaccion-de-alcaniz/

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Papanatismo plebiscitario

Por: Mariano Fernández Enguita 

Corría el año 1852 cuando Karl Marx, en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, y Friedrich Engels, en Revolución y contrarrevolución en Alemania, acuñaron la expresión “cretinismo parlamentario”. Marx se apiadaba de los afectados, confinados “en un mundo imaginario y [privados] de todo sentido, toda memoria y toda comprensión del rudo mundo exterior”; Engels se reía de las “infelices víctimas” y su “solemne convicción de que todo el mundo, su historia y su futuro se rigen por la mayoría de votos de aquella institución representativa que tiene el honor de contarlos entre sus miembros.” Se referían, claro está, a que sus proclamas y resoluciones iban a chocar con la dura realidad de los poderes establecidos y de la lucha de clases. El sambenito hizo fortuna y fue repetido una y otra vez por Lenin, Trotsky, Gramsci y, claro está, todos sus corifeos. “No es un insulto”, diría Trotsky, “sino la característica de un sistema político que sustituye la realidad social por construcciones jurídicas y morales, por un ritual de frases decorativas.”

Tienta calificar de tal la pretensión secesionista, sea desde el parlament o el govern, de representar la voluntad inequívoca del grueso de la sociedad catalana, cada vez que aprueban leyes del calibre del referéndum de autodeterminación y la desconexión o secesión en una cámara que no tiene competencias para ello, a la que no fueron elegidos para eso y en la que representan el 53% de los escaños, el 48% del voto y el 36% del electorado. Pero sería ingenuo hablar de cretinismo cuando han organizado con notable eficacia y apoyo un autogolpe que, en su análisis, sólo puede beneficiar a la causa: en el improbable caso de salir todo a su antojo, alcanzarían la independencia desde una minoría de la sociedad y del electorado; en el más que probable de no lograrlo, el gobierno se verá abocado a negociar entre alguna forma de ejercicio del derecho a decidir y, al menos, una batería de concesiones, sobre todo si no faltan los equidistantes que temen tomar partido o tratan de contentar a todos; en el peor escenario, la aventura dejará una nutrido archivo audiovisual de simpáticas jóvenes ofreciendo flores a los ceñudos represores, si es que no se añade algo con lo que alimentar el martirologio. (También es mala suerte que nos haya cogido con el peor y más débil gobierno de la democracia, pero no es casual.) Cretinismo, si acaso, el de los incontables indignados que, sin ser protagonistas del plan, aceptan y aplauden la reducción de la democracia al voto de unos representantes ignorando en bloque el procedimiento parlamentario debido (tecnicismos), el Estado de derecho y el  imperio de la ley (con lo mal que suena), la división de poderes (no se la cree nadie), la letra y el espíritu de la Constitución y el Estatut (¡uy, esos!) y la soberanía del conjunto del pueblo español (¿el pueblo qué?).

En la segunda oleada de la epidemia, el virus parlamentario muta en plebiscitario. Pues plebiscito es un referéndum que no se limita a tratar de cambiar tal o cual ley sino que promete y reclama fe incondicional en un futuro esplendoroso: al poco, asegura la vieja y corrupta CiU, Cataluña será Dinamarca, Holanda, o las dos; al día siguiente, promete ERC, será una república social y libre de corrupción; tarde o temprano, añade la CUP, llegará el socialismo, pero el de verdad, el comunismo. Les falta citar a Pujols: Perquè seran catalans, totes les seves despeses, on vagin, els seran pagades. Lástima que el viaje sea más bien de la pátria de la veritat (Pujols) al país de la mentira desconcertante (Ciliga). Si votar en el parlamento es bueno, hacerlo en la calle tiene que ser el bien supremo. ¿Cómo oponerse al derecho a decidir? “Més democracia” (Colau); “esto no va de independencia, sino de democracia” (Guardiola); “España no tiene un problema con Cataluña, sino con la democracia” (Ibarretxe); “una manifestación política legítima” (Iglesias). Es una idea de la democracia que se reduce a que todo vale si se vota, no importa qué ni por quién. El voto pasa a ser como blanquear el dinero: no importa de dónde venga ni a dónde vaya, siempre que se pueda presentar un recibo en orden de la última transacción. Dos mil quinientos años dando vueltas a quién, cómo y cuándo votar, a como separar y contrapesar los poderes, y resulta que era sólo esto. Si els fills de puta volessin no veuríem mai el sol, cantaba Quico Pi de la Serra. Vamos a dejarlo en que, como levanten demasiado el vuelo los papanatas, a los que la Academia define por su sencillez y credulidad, la democracia va a vivir un eclipse imprevisible. Si no lo creen, asómense a Twitter.

*Fuente: http://blog.enguita.info/2017/10/papanatismo-plebiscitario.html

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Andalucia, España: matrículas gratis del Gobierno de Díaz excluyen a 28.000 universitarios andaluces

Europa/España/www.publico.es/

La medida estrella del Gobierno de Susana Díaz beneficia incluso a alumnos extranjeros inscritos en facultades de Andalucía, pero deja fuera a los andaluces de la UNED por ser de titularidad estatal. La protesta del colectivo ha obligado a la Junta a estudiar una solución “ad hoc” para ellos.

La semigratuidad de las matrículas universitarias, última medida estrella del Gobierno de Susana Díaz, se ha estrenado con un imprevisto error de cálculo político: la iniciativa excluye a 28.000 universitarios andaluces que cumplen los requisitos académicos para ser beneficiarios -aprobar el máximo número de créditos en el curso anterior-, pero no pueden acogerse a este derecho por ser alumnos de la Universidad a Distancia (UNED) en Andalucía.

La medida sólo beneficia a estudiantes matriculados en las nueve universidades públicas andaluzas, que dependen de la Junta. La UNED, aunque se trate de los centros adscritos a Andalucía, reconocidos como “entes habilitantes de educación universitaria pública”, es de titularidad estatal y la Junta no tiene competencias para regular el precio de sus matrículas.

El Ejecutivo de Susana Díaz se ha acogido a esta explicación para justificar la exclusión de esos 28.000 universitarios andaluces, animando al Gobierno de Mariano Rajoy a copiar su medida y extenderla al conjunto de España. Pero eso no ha aplacado los ánimos de los afectados: los estudiantes de la UNED en Andalucía, respaldados por muchos de sus profesores, han constituido una asociación y se están movilizando para presionar a la Junta (recogida de firmas, protestas en la calle, una campaña en change.org). “Estamos empadronados en Andalucía, contribuimos aquí con impuestos y con nuestro trabajo al desarrollo socioeconómico, pero nos dejan fuera. Es un agravio”, explican desde el colectivo de estudiantes.

Se daba por hecho que la implantación de la semigratuidad de las matrículas universitarias en Andalucía, anunciada antes de verano, permitiría a esta comunidad ganar alumnos provenientes de otras comunidades, que carecen de esta medida. Un efecto llamada que ayudaría a amortiguar la continua pérdida de estudiantes en las universidades andaluzas. Pero nadie calculó que estudiantes empadronados en esta comunidad, con las mismas necesidades para acogerse a esta medida, quedasen excluidos mientras alumnos de otras regiones y otros países se veían beneficiados por ella.

Es cierto que las matrículas de la UNED dependen del Ministerio de Educación, pero eso no zanja la contradicción: incluso los estudiantes extranjeros matriculados en Andalucía pueden beneficiarse de la gratuidad de las tasas universitarias a partir del segundo curso, mientras que 28.000 andaluces no pueden acceder a esas ayudas. Andrés Medina, director del campus sur de la UNED en Andalucía, explica además que el perfil del alumnado andaluz que se matricula en la UNED responde “punto por punto” al objetivo para el que se diseñó la medida: “Entre el 70 y el 80% son personas que buscan graduarse de su primera carrera y que no pudieron cursar estudios superiores siendo jóvenes por problemas económicos”, dice Medina.

Y aquí está la segunda contradicción: la gratuidad de las matrículas no es una beca asociada a la renta familiar, también beneficia a alumnos con un estatus socioeconómico alto, aunque la Junta ha subrayado que uno de los objetivos es que nadie abandone la Universidad por falta de recursos. Sin embargo, muchos de los 28.000 andaluces excluidos de esta medida se matricularon en la Universidad a Distancia precisamente porque compaginan los estudios con un trabajo (no podrían asistir regularmente a clases), y porque su situación económica les impidió estudiar cuando debían.

La gratuidad de las matrículas no es una beca asociada a la renta familiar, también beneficia a alumnos con un estatus socioeconómico alto

El consejero de Economía, Antonio Ramírez de Arellano, ha dejado claro que la Junta no tiene competencias para ampliar la bonificación al 99% de la matrícula a alumnos de universidades de titularidad estatal. “No se trata de una beca, no es una ayuda económica que recibe el alumno y que podamos extender a otro colectivo. Simplemente bonificamos las tasas universitarias en el marco de nuestras competencias”, advierte. El profesorado de la UNED en Andalucía admite esta tesis, pero reclama una “solución ad hoc” para los alumnos andaluces, que podría arbitrarse como una línea de ayudas.

La presión ha empujado finalmente a la Consejería de Economía a reunirse con representantes del alumnado en esta universidad con visos a buscar una solución “transitoria”, hasta que el Gobierno central acepte implementar la gratuidad de las matrículas en todo el país.

En España hay unos 140.000 alumnos matriculados en la UNED, de los que 20.000 son andaluces, y de estos unos 8.000 son becarios del Ministerio de Educación. La semigratuidad de las matrículas este curso le costará al Gobierno andaluz unos 36 millones de euros, un dinero que dejan de ingresar las universidades públicas, aunque luego les será devuelto a plazos por la Junta. El alumnado andaluz de la UNED se suele matricular de 30 créditos al año de media, un dato estimado que permitirá al Gobierno andaluz calcular cuánto le costará bonificarles la matrícula a unos 20.000 estudiantes (los 8.000 que disfrutan de beca no podrían acogerse).

Fuente: http://www.publico.es/espana/educacion-publica-matriculas-gratis-gobierno-diaz-excluyen-28000-universitarios-andaluces.html

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España, Cantabria: Los estudiantes irán a la huelga en solidaridad con los acusados de #PreguntarNoEsDelito

El próximo miércoles 25 de octubre se celebrará el juicio contra los siete jóvenes acusados por el «escrache» en febrero de 2014 al entonces presidente de Cantabria y líder del PP, Ignacio Diego, durante una intervención en la Universidad de Cantabria. El acto, denominado ‘Tengo una pregunta para usted’, consistía en una rueda de preguntas pública en la que se impidió la entrada de numerosos estudiantes.

El proceso judicial derivado de la protesta en defensa de la educación pública se ha caracterizado desde el principio por ser especialmente polémico, lo que ha levantado muchas voces críticas dentro y fuera de la comunidad educativa. Las asociaciones de profesores, FAPA y estudiantes pertenecientes a la Plataforma por la Educación Pública se han manifestado en numerosas ocasiones en solidaridad con los afectados. La última, el pasado 3 de marzo durante los parones que tuvieron lugar en Universidad e institutos de la comunidad autónoma.

El Colectivo de Estudiantes de Cantabria y el Frente de Estudiantes han manifestado su total solidaridad con lo que califican como «vergüenza democrática». «No podemos permitir que estos jóvenes sean condenados por defender la educación pública», ha subrayado a través de una nota de prensa Julia Gutiérrez, portavoz del ColEst, que insiste en que «este asunto es a todas luces  un montaje judicial y político hacer que nos quedemos calladas mientras algunos tratan de acabar con la educación pública».

La huelga estudiantil convocada por estos colectivos estará acompañada de una manifestación que comenzará junto al Edificio Ministerios de Santander a las 12.00 horas. Además, han hecho un llamamiento público para acudir en solidaridad al juicio que tendrá lugar a las 9.00 horas en los juzgados de la calle Alta.

Desde los colectivos convocantes han señalado que «el único final posible a este proceso es la absolución total de los compañeros acusados». «Hay que derogar cuanto antes la Ley Mordaza para impedir que este tipo de atropellos puedan repetirse en el futuro», ha concluido su portavoz.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/estudiantes-huelga-solidaridad-acusados-PreguntarNoEsDelito_0_697830358.html

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