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‘Sail For Good’: la vuelta al mundo por una mejor educación

04 Febrero 2017/Fuente:prnoticias /Autor: redacción prnoticias

El proyecto Sail for Good Education es el deseo cumplido del Finlandés Tuomo Meretniemi de dar la vuelta al mundo en barco junto a su mujer, Riikaa y sus tres hijos, Martta, Kerttu y Aarre, durante 72 meses. La finalidad de esta gran aventura en barco es experimentar y descubrir nuevas maneras de aprovechar las nuevas tecnologías así como métodos inéditos y técnicas de aprendizaje digital.

En Junio de 2016, esta familia finlandesa zarpaba en su antiguo barco, recientemente restaurado, de 1982 desde Turquía rumbo a Guinea a través de toda la costa mediterránea. Un velero modelo Swan de 57 metros de eslora que goza de todas las comodidades y últimas tecnologías, tales como cámaras subacuáticas, amplificadores Wifi, redes inalámbricas internas o teléfono y radio por satélite. Y un nombre especial, Panacea, la antigua diosa griega de la salud.

En estos seis años de aventura, esperan visitar más de 75 países, de África, América del Sur, Oceanía y el Sudeste Asiático para realizar la vuelta a casa, el regreso a Finlandia, en el próximo año 2022. Tuomo y su familia visitaron nuestro país durante los pasados meses de octubre y noviembre, parando en puertos como el de  Palma de Mallorca, Ibiza, Algeciras y Las Palmas de Gran Canaria, donde han podido  disfrutar de maravillosos paisajes y recorrer numerosas localidades costeras de la geografía española.

Lenovo comprometido con la Educación

Lenovo se encuentra ampliamente interesada en ofrecer soluciones reales y actuales a profesores, estudiantes y colegios de todo el mundo. Ofrece así su cooperación con el innovador proyecto Sail For Good Education a través de sus productos más avanzados que permitirán a los aventureros del Panacea estar conectados en todo momento y llevar a cabo todas las labores del día a día. Por ejemplo, navegar por internet y jugar con la pequeña Yoga Tablet o ver los últimos estrenos, películas y mejores gráficos en una Yoga mayor. El poder del portátil ThinkPad P50, permite ejecutar las pesadas aplicaciones educativas, fotografías y otros contenidos, y por supuesto el ThinkPad T460 –el favorito de Riikka- para todo tipo de trabajos de oficina. Una perfecta y equilibrada selección de hardware que aúna diversión, entretenimiento, trabajo y educación para los más pequeños.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación permiten acercar la educación a todos los niños del planeta. Sail for Good Education propone exportar un modelo donde software (las más nuevas y mejores plataformas educativas online) y hardware (los equipos más actuales y potentes de Lenovo) pongan en relación a profesores y alumnos a través de la denominada nube digital. Finlandia, país referente en educación según los informes PISA de la OCDE durante los últimos años, continúa su programa innovador en educación, esta vez a través de una vuelta al mundo.

Fuente de la noticia:http://prnoticias.com/comunicacion/prcomunicacion/20160114-vuelta-al-mundo-por-una-mejor-educacion

Fuente de la imagen:

http://d2jljza7x0a5yy.cloudfront.net/media/k2/items/cache/096303900d858c5e0f266956fd4cc741_XL.jpg

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El Estrés Docente: Un hecho al que casi nadie parece importar.

Por: Docentes Primero. 04/02/2017

Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni mucho menos de su competencia.

Además, muchos de ellos tienen que soportar y aguantar escenarios de presiones y reuniones con familias poco respetuosas y maleducadas. Igualmente, se puede dar el caso de que algunos de ellos no tengan buenas relaciones con los demás compañeros del centro y que se sientan desplazados del grupo. Si al tiempo que dedica el docente a estar en clase, le sumamos el que invierte en corregir exámenes, trabajos, actividades y preparar las clases de toda la semana, podríamos decir perfectamente, que es un trabajo que genera un estrés elevado. Y sí, así es, pero a la mayoría de las personas parece no importarle.

Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e inteligentes del lugar. Así pues, se defendía que los profesores podían con todo y que en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora.

Los docentes son personas de carne hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.

Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos. Pero es que ellos mismos, en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni ánimos para motivarse por sí solos.

Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.

Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando: “estrés docente, ¿es eso posible?”. Parece ser que algún sector de la sociedad española, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a exponer:

◦Muchos alumnos para un único profesor: pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase. Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses. Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros dicen tener y muchos padres quieren que se de. ¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese deseo? Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por aula todos y cada uno de los días. ¿Estarían dispuestas las autoridades a eso? No, me temo que no.

◦Lo que se aprende en la universidad, está lejos de ser práctico: es cierto, los que estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer. No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han enseñado. Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria. ¿Pero qué pasa en la práctica? Y se sienten perdidos.

◦Seamos sinceros; no todos los alumnos tienen ganas de aprender: pues sí, es de sobra conocido, que muchos alumnos presentan falta de interés y poca motivación. Que se sienten desanimados y que no tienen ganas de aprender cosas nuevas. El docente, se esforzará en crear un innovador y atractivo proceso de enseñanza-aprendizaje, para llamar la atención de los estudiantes, pero hay veces que las expectativas no se cumplen y no se ha generado el clima ni la actitud que ellos esperaban.

◦Sí, hay familias que insultan a los docentes. Y no sólo en una ocasión: desgraciadamente, hay familias que culpan a los maestros de todo lo que le pase a sus hijos. Se crea un escenario de críticas, de malas palabras, de acusaciones y de ofensas hacia el profesor. Hay padres, que están lejos de ser personas civilidades y con buena comunicación. Y algunos de ellos, pueden llegar a insultos e incluso a acosar al profesor.

◦Los futbolistas son más importantes que los docentes: ya se puede dar el caso de que un profesor haya hecho algún logro importante, que seguramente no será reconocido por las demás personas ni por los medios de educación. Hay muchos docentes que cada día se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para los alumnos. Pero claro, da más audiencia que Cristiano Ronaldo haya dejado a su novia.

¿Hay algo que se puede hacer al respecto? Evidentemente, sí. Los expertos dicen, que practicar deporte en cualquier situación de estrés es beneficioso, ya que reduce el riesgo de ansiedad. Evidentemente, los docentes necesitan tiempo para ellos mismos, y en muchas ocasiones, ese tiempo de ocio o de estar con sus familias y amigos, lo dedican a corregir exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases, y eso les genera más sensación de malestar. No se debería dar casos en que los maestros dejaran de hacer cosas que les gustan por exceso de trabajo (ojo, ni los maestros ni ningún trabajador).   También, es muy importante que el docente fomente su autoestima y que potencie las actitudes positivas que tenga a lo largo del día. Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.

Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración entre ellos, apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible. Quizás, empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar ayuda externa para no verse superados.

Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso. Algunos de ellos, afirman haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años más. Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.

Fuente: https://docentesprimero.wordpress.com/2016/07/26/el-estres-docente-un-hecho-al-que-casi-nadie-parece-importar/

Fotografía: docentesprimero

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España: Un documental reivindica la enseñanza religiosa en la escuela pública

España/04 febrero 2017/Fuente: La Vanguardia

Un documental promovido por el teólogo Ignacio Díaz y producido por Artur Méndiz, productor también del cortometraje ‘Timecode’, nominado al Oscar de Hollywood, critica que la asignatura de religión no se haya normalizado en la escuela pública en Cataluña a lo largo de los 40 años de democracia.

En Cataluña existe una «privatización ideológica de la escuela pública», ha afirmado a Efe el teólogo y profesor de religión Ignacio Díaz, que ha promovido el documental «Hem perdut l’oremus?» (¿Hemos perdido el oremus?).

 El cortometraje, de 30 minutos de duración, arranca afirmando que, según el Estatut d’Autonomia, «las familias tienen garantizado el derecho que les asiste de que sus hijos e hijas reciban la formación religiosa y moral según sus convicciones en las escuelas de titularidad pública».

Y se pregunta «¿por qué hay centros públicos en Cataluña en los que se niega el derecho a escoger la enseñanza religiosa para nuestros hijos?».

Preguntando a los directores de escuelas públicas si ofrecen la asignatura de religión, las respuestas que aparecen en el vídeo son «aquí no se da», «aquí no hacemos, es una escuela pública», «no, somos una escuela laica», «debe haber un mínimo de alumnos», «un niño solo sería como un bicho raro».

En el documental, que se proyecta on line subtitulado en cuatro idiomas -castellano, italiano, inglés y francés- intervienen el Arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol; el filósofo y teólogo Francesc Torralba; o la monja Montserrat del Pozo, referente mundial en innovación educativa, entre otros.

El arzobispo de Tarragona denuncia que algunos directores de centros «actúan con mala fe e imponen su religión» cuando le dicen a los padres que en su centro «no se ofrece esta asignatura», con lo que deja de impartirse.

El abad de Montserrat, Josep Maria Soler, se pregunta si «es posible entender nuestra cultura sin comprender las respuestas que propone el cristianismo».

«El Románico, el Gótico e incluso el Modernismo están llenos de elementos religiosos de naturaleza cristiana, por no evocar el ejemplo paradigmático de Antoni Gaudí», se plantea el filósofo y teólogo Francesc Torralba.

Sobre la obra de Gaudí, Torralba plantea que «no es posible entenderla sin conocer el sustento religioso que conlleva».

«El laicismo se está convirtiendo en una actitud beligerante contra el universo religioso», que lo entiende como un «elemento negativo» para la sociedad, como «obstáculo a su progreso o avance científico e incluso fuente de problemas sociales», afirma el teólogo.

Las escuelas concertadas religiosas son «paradigma de innovación pedagógica», afirma en el vídeo la religiosa Montserrat del Pozo, que dirige la escuela Montserrat, referente de innovación pedagógica.

El documental también interpela al espectador preguntándose «¿por qué debe surgir el ideólogo de turno que pretende imponer las fiestas de invierno, por encima de las religiosas de Navidad, obviando su verdadera esencia?. ¿Es que pretenden que nos pongamos a adorar al dios del sol?».

El producción concluye que es necesario garantizar la formación religiosa para todo aquél que la pida, y que la práctica de la fe dependerá de una decisión personal.

En Cataluña «la religión aún es un tabú y se la relaciona con el franquismo», ha afirmado Ignacio Díaz, cuando en el resto de Europa, excepto en Francia, la enseñanza de la religión «está totalmente normalizada».

El proyecto ha contado con el apoyo de la Federación de Cristianos de Cataluña.

Fuente noticia: http://www.lavanguardia.com/vida/20170204/414003887607/un-documental-reivindica-la-ensenanza-religiosa-en-la-escuela-publica.html

Fuente imagen:http://www.zetaestaticos.com/aragon/img/noticias/1/039/1039574_1.jpg

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Fundación Endesa convoca los Premios a la Ecoinnovación educativa a colegios de toda España

España/04 de Febrero de 2017/ABC Familia

El periodo de inscripciones está abierto hasta el 28 de febrero de 2017.

Dirigido a estudiantes y centros docentes de toda España, el Premio a la Ecoinnovación educativa convocado por Fundación Endesa tiene por objeto promover la cultura ecológica entre los más jóvenes. Esta organización muestra así su compromiso por contribuir e impulsar proyectos que transformen e innoven la educación, y el propósito de potenciar los conocimientos y competencias de los estudiantes en materia de sostenibilidad del sector energético. Begoña Muñoz de Verger, directora de proyectos de Fundación Endesa, recuerda que la apuesta de la Fundación Endesa por la promoción de la cultura ecológica a través de este tipo de iniciativas educativas es firme: «Estamos muy orgullosos de poder contribuir a fomentar buenas prácticas en medioambiente entre lo más jóvenes».

En concreto los citados galardones, dirigidos a estudiantes y centros docentes de educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional de Grado Medio de España, tienen como objetivo principal identificar actitudes innovadoras y comprometidas con la conservación de la naturaleza y el medio ambiente; destacar el protagonismo de los jóvenes en el fomento de la cultura ecológica: conocimientos, valores, actitudes, comportamientos, y despertar el interés social por el medio ambiente a través de los centros educativos.

¿Conoces y entiendes la Naturaleza? ¿Tienes ideas y proyectos emprendedores para solucionar algunos de los problemas de tu entorno? ¿Quieres mejorar las condiciones medioambientales de tu ciudad y de tu país? La primera edición de los Premios Fundación Endesa a la Ecoinnovación Educativa es, desde ahora, un espacio abierto donde estudiantes, profesores y centros podrán volcar sus inquietudes ecológicas y medioambientales. Sus organizadores conocen el interés de la comunidad educativa por preservar, a través de la ecología, nuestras riquezas naturales; por asumir con responsabilidad la administración y el cuidado de lo que nos rodea; y, por participar activamente, a través de la educación, en el fomento de una ciudadanía responsable desde el punto de vista ecológico.

Los premios

La dotación de los Premios Fundación Endesa será de 16.000€ que se distribuirán de la siguiente manera:

Categoría 1 y 2: se darán tres galardones por categoría y un apoyo económico de 2.000€ cada premio, que permita seguir desarrollando las iniciativas ambientales del centro.

Categoría 3: se entregará un galardón acompañado de un apoyo económico de 4.000€ para desarrollar las imitativas ambientales en el centro.

Fundación Endesa ha puesto en marcha esta iniciativa para fomentar, a través de la educación, la cultura ecológica de los españoles. Impulsando y seleccionando los proyectos escolares que reflejen el compromiso de nuestros educadores, centros y estudiantes con la preservación y cuidado del entorno medioambiental, ambas fundaciones procurarán reconocer y premiar los valores, actitudes, conocimientos y pautas de comportamiento relacionados con el cuidado del medio ambiente, entendido en sentido amplio.

Este proyecto parte de un trabajo previo de investigación, el Ecobarómetro 2016, que ha señalado las carencias y debilidades de nuestra sociedad en materia de cultura ecológica y propone, a través de los Premios, no solo paliar sus efectos sino fortalecer e incrementar la toma de conciencia en este ámbito.

¡Inscríbete y participa en los Premios a la Ecoinnovación educativa de Fundación Endesa!

Más información: http://ecoinnovacion.fundacionendesa.org/

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España: Los niños y adolescentes, la asignatura pendiente en la educación contra el cáncer

España/04 febrero 2017/Fuente: La Información

 

  • La prevención podría reducir más del 40% de los tumores adoptando hábitos de vida saludable, que son más eficaces si se adoptan desde la infancia
  • Según este estudio, el 60% de los centros de Educación Primaria y Secundaria sólo dedica poco más de una hora al mes a Educación Para la Salud.

Este año, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) ha querido poner foco en un aspecto esencial para el abordaje del cáncer:la prevención. Dado que la evidencia científica sostiene que, en el ámbito europeo, se podría evitar más del 40% de los tumores adoptando hábitos de vida saludable, que son más efectivos si se hacen desde la infancia, la AECC ha querido analizar la situación de los niños y adolescentes españoles.

Teniendo en cuenta esta máxima, y sabiendo que la previsión es que vaya aumentando la incidencia de la enfermedad, la prevención es ya una herramienta fundamental para evitar un número importante de casos nuevos de cáncer cada año, así como el impacto que supondrá, no solo para las personas, sino también para los Estados el hacer frente a la enfermedad en los próximos años.

Para analizar el riesgo de cáncer en el futuro, es necesario ver qué prevención se está haciendo en el presente. Para ello, se ha analizado cuál es la situación a día de hoy de los niños y adolescentes españoles en factores de riesgo de desarrollo de un cáncer como el tabaco, el alcohol o la obesidad, incluyendo alimentación y sedentarismo.

En España, el 31,4%2 de los escolares de secundaria, de los 12 a los 16 años, han fumado alguna vez en el último año y casi el 9%3 lo hace a diario. Además, el 18,6% han consumido cannabis en el último mes y 146.000 estudiantes entre 14 y 18 años han empezado a consumirlo en el último año.

En cuanto al consumo de alcohol, la misma encuesta muestra que 8 de cada 10 escolares han bebido alcohol alguna vez; 1 de cada 3 lo han consumido en forma de atracón, lo que se conoce como binge drink, y 2 de cada 10 se han emborrachado el último mes.

En materia de obesidad, analizando tanto el sobrepeso como el ejercicio físico, el 41,3%5 de los niños entre 6 y 9 años tienen sobrepeso u obesidad y, según la Fundación para la Investigación Nutricional, sólo el 30% de los niños y el 12% de las niñas menores de 10 años realizan un mínimo de 60 minutos al día de actividad física que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). En este sentido, la AECC ya señaló en el 2012 los resultados que mostraba su Oncobarómetro en la percepción que tiene la población española del riesgo de cáncer que tiene el sobrepeso: casi un 74% piensa que es bajo o muy bajo.

Estos datos no invitan al optimismo y por ello, la AECC ha realizado un estudio en los colegios españoles para saber cómo se está educando en salud a los jóvenes, teniendo en cuenta que no solo es el sistema educativo quien tiene toda la responsabilidad de hacerlo, sino que deben intervenir la familia, las Administraciones Públicas, Atención Primaria y la comunidad.

 

Fuente: http://www.lainformacion.com/salud/adolescentes-asignatura-pendiente-educacion-cancer_0_996201517.html

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En las puertas del nazismo

Por: Marcelo Colussi

I

El sistema capitalista ha impulsado prodigiosos avances en la historia de la Humanidad. El portentoso desarrollo científico-técnico que se viene experimentando desde hace dos o tres siglos, que ha cambiado la fisonomía del mundo, va de la mano de la industria moderna surgida a la luz del capitalismo. Problemas ancestrales de los seres humanos comenzaron a resolverse con estos nuevos aires, que desde el Renacimiento europeo en adelante se expandieron por todo el planeta.

Pero ese monumental crecimiento tiene un alto precio: el modo de producción capitalista sigue siendo tan pernicioso para las grandes mayorías como lo fue el esclavismo en la antigüedad. Para que hoy un 15% de la población mundial goce las mieles del “progreso” y la “prosperidad” (oligarquías de todos los países y masa trabajadora del Norte), la inmensa mayoría planetaria pasa penurias. Con el agravante –cosa que toda la anterior historia humana no presentó– de la catástrofe medioambiental que su insaciable afán de lucro ha producido. No olvidar que para constituirse como sistema con mayoría de edad debió masacrar millones de nativos americanos y africanos, produciendo así la acumulación originaria que posibilitó la industria moderna en Europa. En síntesis: el capitalismo es sinónimo no tanto de desarrollo y prosperidad, sino de muerte y destrucción.

Ahora bien: ese desarrollo material fabuloso no logra repartir equitativamente, con auténtica solidaridad, los productos de su colosal producción: se llega al planeta Marte o se desarrolla inteligencia artificial más inteligente que la misma inteligencia humana, pero no se puede acabar con el hambre. Sin dudas, algo anda mal en el sistema capitalista. Y no se trata de algún error coyuntural, alguna tuerca suelta que se pueda ajustar: el problema es estructural, de base.

Dicho de otro modo: el sistema capitalista no puede ofrecer soluciones reales a los problemas de toda la Humanidad. No puede, aunque quiera, pues en su esencia misma están los límites: como se produce en función de la ganancia, del lucro personal del dueño del capital, el bien común queda relegado. Por más que lo intente –capitalismo de rostro humano, medidas caritativas para los más necesitados, válvulas de escape para permitir algunas mejoras paliativas– el sistema en su conjunto se erige 1) en contra del colectivo, al que convierte en esclavo asalariado explotándolo en forma inmisericorde, y 2) en contra de la naturaleza, a la que convierte en una mercadería más para consumir, obviando así que si la destruimos nos quedamos sin casa donde vivir.

Como sistema, el capitalismo tiene momentos de expansión y de repliegue, pues la producción no está planificada. Se supone que “la mano invisible del mercado” la regula; pero esa “mano” no resuelve a favor de las grandes mayorías, sino siempre en función de los capitales. Por tanto, periódicamente se asiste a crisis sistémicas generales, que siempre terminan pagando los más desposeídos (es decir: las mayorías populares).

Ahora, desde 2008, se cursa una de las más grandes de esas crisis, comparable a la de 1930 en el pasado siglo. La especulación financiera sin par llevó a un quiebre de las economías, produciendo una recesión fenomenal que empobreció más aún a los más pobres, haciendo desaparecer enormes cantidades de sectores medios y acabando con numerosos puestos de trabajo. El sistema no termina de salir de su marasmo, aunque los grandes capitales en aprietos (bancos de primer nivel, grandes empresas industriales como la General Motors) sí reciben asistencia de sus Estados, en tanto las grandes masas de empobrecidos tienen que ajustarse más el cinturón y resignarse. En otros términos: las ganancias quedan siempre para el capital, las pérdidas se socializan y las paga la clase trabajadora, el pobrerío en su conjunto.

II

En las potencias capitalistas (Estados Unidos, Europa Occidental, Japón), la crisis se siente de una manera distinta a como afecta en los países históricamente empobrecidos (el Sur, el antes llamado Tercer Mundo). El fantasma en juego en el Norte no es, exactamente, el hambre; pero sí la precarización de la vida, la falta de trabajo, el estancamiento económico. La pobreza, de todos modos, siempre es pobreza. Los planes de capitalismo salvaje de estas últimas décadas (eufemísticamente llamado neoliberalismo), además de acumular más riquezas en los ya históricamente más ricos, pauperizaron de una forma alarmante al conjunto de trabajadores en todas partes del mundo.

Por una combinación de causas (planes neoliberales de ajuste hacia las masas trabajadoras, robotización creciente que prescinde de mano de obra humana, traslado de plantas industriales desde la metrópoli hacia la periferia buscando condiciones de mayor explotación), los trabajadores del llamado Primer Mundo vienen sufriendo un descenso en su nivel de vida. En Estados Unidos, la primera potencia capitalista mundial, ello es más que evidente en estas últimas décadas.

Si bien el país no dejó de ser un gigante, la calidad de vida de sus ciudadanos no está en franca mejoría, en expansión, como pasó por varias décadas después de terminada la Segunda Guerra Mundial. De ser la “locomotora de la Humanidad”, como se la consideró por largos años, la economía estadounidense no está en sana expansión. El hiperconsumismo sin freno en que entró llevó a un hiperendeudamiento (a nivel personal-familiar y a nivel nacional) técnicamente impagable. El poder de Estados Unidos viene asentándose, cada vez más, en ser “el grandote del barrio”: la discrecionalidad con que fijó su moneda, el dólar, como patrón económico dominante a escala planetaria, y unas faraónicas fuerzas armadas que representan, ellas solas, la mitad de todos los gastos militares globales, son los soportes en que se apoya su actual grandiosidad. Pero la misma no es sostenible en forma sana, genuina. En otros términos: la principal potencia capitalista del mundo tiene, de alguna forma, pies de barro. La interdependencia de todos los capitales que fue tomando el sistema a nivel global permite a la clase dominante estadounidense seguir teniendo supremacía, y su Estado funciona como gendarme del orden mundial, ahora sin fantasma del comunismo a la vista. Pero su dependencia de capitales de otros puntos (China, Japón) es vital.

Por otro lado, su monumentalidad se basa, en muy buena medida, en los recursos naturales que roba en distintas latitudes (petróleo, minerales estratégicos, agua dulce, biodiversidad), por lo que sin ese militarismo desbocado –causa de muertes por millones, de destrucción, de avasallamiento de grupos más vulnerables– su supremacía económica no sería tal. James Paul, en un informe del Global Policy Forum, lo dice sin ambages: “Así como los gobiernos de los Estados Unidos. (…) necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte”.

Pero esa economía próspera de las décadas del 50 y del 60 del siglo pasado se terminó. Estados Unidos, que de ningún modo ahora es un país pobre, está en decadencia. Los homeless (gente sin hogar) son cada vez más. Los trabajadores que han perdido sus puestos, y con ello todos los beneficios sociales, se cuentan por millones. Industrias florecientes de hace algunas décadas, ahora languidecen, pues para el capital es más rentable invertir en la periferia, con salarios de hambre, que en el propio territorio estadounidense.

Para ejemplo icónico de todo esto: la ciudad de Detroit. La que algunas décadas atrás fuera el centro mundial de la producción de automóviles, que nucleaba todas las grandes empresas de capital netamente norteamericano con casi tres millones de habitantes, ahora es una ciudad fantasma, con apenas trescientos mil pobladores, con fábricas cerradas, entre pandillas y calles sin luz. ¿Por qué? Porque lisa y llanamente el capital no tiene patria, no tiene nacionalismos sentimentales. Si los accionistas de la General Motors, la Ford Company o la Chrysler encuentran que les es más lucrativo montar sus plantas industriales en cualquier enclave del Tercer Mundo dejando en la calle a sus propios trabajadores estadounidenses, no tienen ningún reparo en hacerlo. Y de hecho, eso es lo que han hecho.

Esa es la situación que viene dándose en Estados Unidos, y también en otros países de Europa Occidental: los trabajadores van empobreciéndose. Es por ello que votaron a favor de la salida de la Unión Europea por parte de los británicos (así como quieren hacerlo también en Francia y en Holanda), o a favor de un ultraderechista como Donald Trump en Estados Unidos. El motivo para esa creciente derechización es el deterioro de la economía que, por supuesto, afecta a la clase desposeída y no a las oligarquías.

III

Aquí es donde entra a jugar un agravante extremadamente pernicioso: la ideología dominante, por supuesto de derecha y conservadora. De acuerdo a esta tendenciosa visión de las cosas, se omite la verdadera causa de esta creciente pauperización, buscándose un “chivo expiatorio”. El mismo está dado por los “extranjeros”, aquellos que, según esa deleznable ideología, “van al Primer Mundo a robar puestos de trabajo y a aprovecharse de la seguridad social”.

En otros términos: un otro distinto, proveniente de fuera del colectivo dominante, es puesto como causa de los males. Se está ahí ante el inicio del nazismo.

En la Alemania de la post guerra del 1918, ante su derrota y humillación a manos de las otras potencias europeas que le ganaron en la carrera por el reparto de las colonias africanas, fue apareciendo un espíritu revanchista. Adolf Hitler, independientemente de su posible psicopatología, encarnó ese ideal. El Führer decía lo que buena parte de la población alemana quería escuchar; él, como ninguno, supo levantar el ultrajado nacionalismo pangermánico, llevando el ideal teutón de “raza superior” como estandarte privilegiado. Para el caso, los judíos ocuparon el lugar de chivo expiatorio.

No puede decirse que los movimientos nazi en Alemania, o fascista en Italia, con Mussolini a la cabeza, sean atribuibles solo a la personalidad desequilibrada de líderes carismáticos; eso puede ser un elemento, pero definitivamente ellos representaban el ideal de buena parte de la población. Los alemanes querían recuperar el tiempo perdido, la moral pisoteada en la derrota de la Primera Guerra Mundial: ahí apareció entonces esa loca idea de la eugenesia, y de un blanco al que atacar, supuesto fundamento de todos los males y desgracias. Los campos de concentración atestados de judíos fueron el resultado de ello.

En los Estados Unidos actuales (y en buena parte de Europa Occidental que no termina de salir de la crisis financiera iniciada en el 2008) está sucediendo algo similar: una clase trabajadora golpeada, en camino de empobrecimiento paulatino, necesita encontrar una razón de sus males. El sistema, a través de los fabulosos medios de manipulación que dispone (medios masivos de comunicación, aparatos ideológicos del Estado, iglesias varias) impide ver las causas reales de la situación, poniendo a esos extranjeros en el lugar de los demonios que atacan. De esa forma, los inmigrantes indocumentados de Latinoamérica y el Caribe en Estados Unidos, o los africanos llegados en las infernales pateras a través del Mediterráneo, así como musulmanes y gente del Medio Oriente, se van transformando en el elemento satanizado que representa la supuesta fuente de todas las desventuras.

Hoy día no hay campos de concentración, ni en Europa ni en Estados Unidos; pero poco falta para ello. De alguna manera, esa exclusión de corte nazi ya comenzó. Donald Trump, así como lo hizo Hitler en su momento, encarna esa misión redentora, purificadora: su lenguaje xenofóbico, racista, ultranacionalista, quasi paranoico en algún sentido, rescata lo que una clase trabajadora golpeada quiere oír. “¡Fuera inmigrantes!” es la consigna.

El mundo de la opulencia del Norte va tornándose cada vez más hostil y refractario a los inmigrantes del Sur. No solo no quiere “hispanos”, “negros” o “musulmanes”; procede a deshacerse de ellos. El presidente Trump está empezando a poner en práctica esos valores, institucionalizándolos. Sus primeras medidas como mandatario de la Casa Blanca lo evidencian. La promesa del muro fronterizo con México, más allá de una bravuconada pirotécnica de campaña, pareciera querer concretarse en la realidad. La negativa de permitir ingresar “indeseables” musulmanes a suelo estadounidense se inscribe en esa línea.

En esa misma línea, también comienzan a darse, cada vez con mayor frecuencia y virulencia, actos de corte nazi en Europa. Como expresión sintetizada de esto, lo recientemente ocurrido en los canales de Venecia, donde un joven negro de origen africano se ahogó ante la mirada impávida de europeos que, incluso en algún caso, le proferían insultos racistas.

Todo esto bien pudiera ser el preámbulo a nuevos Auschwitz o Buchenwald. Los chivos expiatorios –la Psicología Social nos lo enseña con claridad meridiana– sirven justamente como elemento unificador para el grupo excluyente, que reafirma así su identidad supremacista excluyendo a los “inferiores” no deseables, satanizados como plaga bíblica.

El Brexit en Gran Bretaña, o Donald Trump en Estados Unidos, expresan ese encono visceral (fascista) contra el otro distinto, “malo de la película” que funciona como causa de todas las penurias, escamoteando las verdaderas causas del problema: el sistema capitalista.

Más allá que Trump pueda ser un megalomaníaco con profundas desequilibrios psicológicos, él representa lo que muchos ciudadanos estadounidenses comunes piensan, sienten, anhelan: volver a los tiempos dorados de su economía de 50 o 60 años atrás, presuntamente arruinada por los inmigrantes ilegales. Se olvida así que Estados Unidos es, ante todo, un país hecho por inmigrantes. Y, fundamentalmente, se omite el verdadero problema en cuestión: el empobrecimiento de los trabajadores no es por culpa de esos “indeseables” extranjeros, sino producto de un sistema que no ofrece salidas.

El nazismo inició así en los años 30 en Alemania, cuando un cabo del ejército, probablemente desequilibrado en términos psicológicos (eyaculaba solo dando sus discursos, emocionado como estaba), pudo ser el representante de lo que una mayoría empobrecida quería hacer: renacer como “raza superior”. Donald Trump sigue ese camino: representa el ideal supremacista de los wasp (white, anglosaxon and protestant –blanco, anglosajón y protestante–). El Ku Kux Klan supremacista (equivalente a los campos de concentración nazi y las cámaras de gas para judíos) se siente ahora dueño de la situación.

La llegada de Trump puede marcar un punto de inflexión en Estados Unidos. No está claro todavía cómo y para dónde seguirán las cosas. Como mínimo, queda más que evidente que para el campo popular no vienen los mejores tiempos. Es por eso que tenemos que estar extremadamente alertas a lo que siga, y prepararnos para enfrentar la locura en ciernes.

El capitalismo no tiene salida, y el nazismo, expresión afiebrada de un capitalismo enloquecido, es más pernicioso aún, porque hace del racismo su motor primordial. ¡Preparemos para enfrentar la tormenta que se viene!

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222492&titular=en-las-puertas-del-nazismo-

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¿Un pacto educativo sin equidad?

Por: Gerardo Echeita

Las políticas de equidad deben mirar a la escuela, sí, pero también han de atender factores sociales, urbanísticos y laborales, más allá de las puertas de la escuela.

El contexto político actual, sin mayorías absolutas en el Parlamento, parece estar creando la disposición para construir iniciativas legislativas entre las distintas fuerzas políticas con mayor grado de participación y consenso. Si así fuera, es posible que la reforma de nuestro sistema educativo tenga por delante una nueva oportunidad. Es el momento, por tanto, de debatir sobre aspectos críticos que no conviene olvidar o minimizar.

Muchos pensamos que la prioridad de nuestro sistema educativo (y, por lo tanto, también del proyecto social que queremos para este país), es el reto de mejorar la equidad. En el último año, informes y análisis procedentes de diversas fuentes -por ejemplo, el elaborado por Save the Children– destacan la enorme desigualdad de nuestro sistema educativo, asociada a factores como la pobreza o el territorio donde se vive. Sin lugar a dudas, nuestra educación tendrá que repensarse desde muchos parámetros y aspiraciones, ya que la nueva “ecología del aprendizaje” no solo está alargando para todos el tiempo de aprender, sino que lo está ensanchando y enriqueciendo con oportunidades de aprendizaje y desarrollo fuera de la escuela pero conectadas (o conectables) con aquella y, sobre todo, expandidas (o expandibles) casi ad infinitum, por medio de las TIC. Sea como fuere, lo cierto es que sería inaceptable que se dejara fuera de ese futuro deseable a muchas y muchos alumnas y alumnos por razón de nacimiento, salud, género, capacidad, pertenencia o identidad afectivo-sexual, entre otros factores.

Quiero compartir algunas reflexiones sobre las relaciones que establezco entre equidad y otros dos conceptos afines (inclusión y atención a la diversidad), muy importantes para este debate y que en ocasiones aparecen casi como sinónimos o como asuntos y preocupaciones distintas y poco conexas. Con otros colegas de la Universidad Autónoma de Madrid (1) pensamos que se trata de tres procesos interrelacionados e interdependientes, que cabe describir como si fueran puntos de vista o perspectivas desde los que analizar una realidad compleja. Equidad, inclusión y atención a la diversidad son miradas complementarias sobre una aspiración común: avanzar hacia un sistema educativo de calidad que aúne excelencia y justicia social.

Sin duda el principio más incluyente y global es el de equidad. Guiados por él, los sistemas educativos buscan minimizar o eliminar las relaciones negativas entre factores personales o sociales del alumnado (género, procedencia, lugar de residencia, etc.), y sus posibilidades de acceder a los estudios que necesita o quiere elegir (lo que se traduce en políticas de igualdad de acceso al sistema y de oferta educativa para todos), y de alcanzar los mejores resultados posibles (igualdad de resultados), con vistas a tener oportunidades equiparables de conseguir una inserción social y una calidad de vida acorde con las aspiraciones de cada uno.

Pero a los tres parámetros clásicos de referencia para la equidad (acceso, oferta y resultados) es preciso añadir uno más, que cabe llamar igualdad de reconocimiento. Con ella se resalta la necesidad de que los sistemas educativos contribuyan al respeto y reconocimiento de la diversidad humana, toda vez que hemos vivido (¡y seguimos viviendo!) en contextos sociales y educativos que, con frecuencia, discriminan, menosprecian y violentan la dignidad de muchas y muchos estudiantes por razones de capacidad, salud u orientación afectivo sexual, por señalar las más lacerantes.

Es bien sabido que nuestros sistemas educativos han respondido a dicha diversidad con políticas de exclusión abierta del sistema educativo común [como en el caso de los estudiantes considerados con (dis)capacidad] o de exclusión encubierta (lo que ocurre cuando en un contexto, sea común o específico, uno no se siente partícipe ni respetado por lo que es). Conviene no olvidar que los distintos factores personales y sociales interactúan entre sí, dando lugar a situaciones de doble o triple discriminación a resultas de las cuales determinados grupos tienen mayor riesgo de desigualdad.

En este sentido, no es de extrañar que estos colectivos hayan reclamado para sí políticas y prácticas que cabe definir como de inclusión, para poder estar escolarizados donde se escolariza la mayoría de sus iguales y, sobre todo, para ser aceptados tal y como son y no como supuestos seres devaluados, inferiores o “menos válidos” que el resto. Obviamente, también para poder aprender lo que necesitarán para una vida de calidad. Todo el movimiento relativamente reciente a favor de una educación inclusiva  debe interpretarse como un enriquecimiento del principio de equidad, al que dota de un sentido y una amplitud de miras que no siempre ha tenido.

Las políticas de equidad que tratan de garantizar el acceso, la oferta educativa igualitaria y el reconocimiento de la diversidad del alumnado no son condiciones suficientes para que se generen los resultados de aprendizaje esperados. Los resultados dependen, en último término, de que el profesorado sea capaz de articular modos de enseñar y evaluar que propicien un adecuado ajuste a la diversidad de estilos, motivaciones, capacidades de aprendizaje e intereses de sus estudiantes. Cabría decir, entonces, que las políticas y prácticas de enseñanza y evaluación que aseguren una adecuada atención a la diversidad del alumnado o una mejor personalización del aprendizaje, son el criterio final mediante el cual debe juzgarse el grado de equidad e inclusión de un sistema educativo, pues de poco serviría estar y participar si no hay un aprendizaje adecuado. Por lo general, este principio de atención a la diversidad no se ha entendido y concretado así en nuestro sistema educativo, más bien se ha configurado como el aglutinante de las viejas políticas de integración y de compensación de las desigualdades, herederas de un modo de pensar y actuar que hoy no se corresponden con nuestra comprensión avanzada del papel de la escuela ante la diversidad humana.

Concluyo advirtiendo que las políticas de equidad no pueden quedar constreñidas al espacio que corresponde a la educación escolar. Todos los estudios disponibles señalan, una y otra vez, la importancia determinante de los factores sociales, urbanísticos, económicos y laborales que se encuentran “más allá de las puertas de la escuela”. Ello nos debe hacer muy conscientes de la necesidad de afrontar políticas de equidad que sean sistémicas e intersectoriales, articuladas y sostenidas en el tiempo, otorgando en este marco a la educación escolar el papel que le corresponde pero sin olvidarnos de que es solo un factor frente al desafío global de una sociedad que quiera aspirar a mayor igualdad y justicia social.

(1) [ Curso MOOC de UAMx. Echeita, G., Martín, E., Sandoval, M. y Simón, C. «Educación de calidad para todos. Equidad, inclusión y atención a la diversidad”. Accesible en: https://www.edx.org/course/educacion-de-calidad-para-todos-equidad-uamx-equidad801x-0 ]

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/02/03/un-pacto-educativo-sin-equidad/

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