Primera escuela transgénero cuida de acoso a niños chilenos

Redacción: El Periódico de México

Ángela, una chilena transgénero de 16 años, pensó en quitarse la vida para escapar del acoso verbal y físico que sufrió de parte de sus compañeros durante toda su escuela primaria. Sin embargo, al enterarse del suicidio de una compañera suya debido a hostigamientos similares, decidió contarle a su mamá el tormento que vivía.

“(Le dije) que quería morirme, que no quería seguir existiendo… Lo que me decían me hacía sentir muy mal”, relató Ángela a The Associated Press. “Fue horrible porque me trataban súper mal”.

Ahora, esta adolescente y una veintena más de chilenos de entre seis y 17 años que comparten un pasado de acoso han encontrado un refugio de paz al integrarse a la escuela Amaranta Gómez Regalado, destinada a niños y adolescentes transgénero, el primer proyecto de su tipo en Chile y en América Latina desde inicios de 2018.

El colego –bautizado con el nombre de una reconocida líder transgénero de México que por su origen al sur del país se le denomina “muxe”– tiene tremendos desafíos económicos por delante, pero está sumando alumnos y ha motivado a chicos como Ángela, que en poco tiempo siente que por fin se le respeta.

Un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señaló a mediados de 2016 que en América Latina y en el mundo la violencia por la orientación sexual o por la identidad de género “afecta a toda la población escolar ocasionando estragos en el desarrollo de las personas afectadas, en la convivencia escolar, en el desempeño académico y, en consecuencia, en la permanencia en la escuela”.

Aunque Chile promulgó en noviembre pasado la llamada Ley de Identidad de Género que permite a los transgénero mayores de 18 años cambiarse el nombre y sexo en su partida de nacimiento, la norma excluye a los menores de 14 años. Ello implica que los chicos de entre esa edad y los 18 deben contar con el apoyo de sus padres para que un juez decida si pueden cambiar de género. El asunto inquieta a varios activistas y padres de niños trans que consideran que durante la niñez o la pre-adolescencia los menores descubren que el género al que sienten pertenecer no corresponde a su cuerpo.

Si bien este país ha comenzado a dejar atrás parte de su conservadurismo –al que contribuyó la Iglesia Católica– en la agenda del gobierno del centroderechista Sebastián Piñera no es prioridad el asunto de las minorías sexuales. De hecho, el ala conservadora del Congreso ha actuado con dilación en asuntos como el aborto y divorcio.

La idea de crear el colegio nació a fines de 2017 en la Fundación Selenna, que acoge a menores transgénero y a sus familias, después de percatarse que un número importante de chicos no terminan el año escolar, desertan o no estudian, contó a la AP la presidenta de ese ente no gubernamental, Evelyn Silva. Y así, miembros de la organización recorrieron varias zonas de la capital de Chile buscando un lugar para dar clases hasta que una sede vecinal de Ñuñoa, una barriada de clase media del sureste de Santiago, les prestó sus instalaciones, relató Ximena Maturana, coordinadora de la escuela.

Las clases empezaron en abril de 2018 con cinco alumnos, incluida Ángela, pero a medida que familiares se enteraron de su funcionamiento el número de estudiantes aumentó para cerrar el primer año escolar con 22 menores.

Silva y Maturana financiaron ese periodo escolar con ahorros personales, que aseguran ya se les han agotado. Ambas sonríen nerviosas al pensar cómo harán funcionar la escuela en 2019, cuando su población ya alcanza los 28 alumnos. Ante ese panorama, se estableció que cada alumno pagará 7,4 dólares mensuales, con lo que la escuela obtendría 207 dólares al mes si todos cumplen con esa cuota.

En esta escuela los profesores trabajan gratis y la dirección entrega a los estudiantes útiles escolares porque “tratamos de disminuir al mínimo las brechas para decir ’no va a ir porque no tiene cuaderno, no va a ir porque no tiene lápices´, lo que se puede convertir en una causa de deserción”, explicó Silva.

A pesar de la escasez de recursos, a comienzos de enero empezó a funcionar la “Escuela de Verano”, que ofrece talleres de teatro, danza y habilidades sociales para los 20 niños que se matricularon. De éstos ocho no asisten normalmente a este nuevo colegio.

Las esperanzas para que esta inédita iniciativa siga su curso recaen en un proyecto educativo que presentaron a un Fondo Internacional Trans que tiene un premio de 20,000 dólares y que en febrero decidirá si es elegible a ese galardón. Silva afirma que de alcanzar ese premio, el fondo estaría listo en junio.

En lo inmediato y para subsistir el semestre próximo, una agencia de publicidad les prepara gratuitamente una campaña para captar socios que cooperen con pequeñas cantidades mensuales. Además, Silva asegura que la ministra de Educación, Marcela Cubillos, hará lo posible por donarles un inmueble a través del Ministerio de Bienes Nacionales.

La escuela no está adscrita al Ministerio de Educación. Por ello, para que su enseñanza sea reconocida, los alumnos rinden exámenes libres diseñados por esa cartera para aprobar el nivel que corresponde a cada menor. El primer grupo está a la espera de los resultados para pasar de curso, dijo Maturana.

El colegio cuenta con dos salas de clase con alumnos divididos según sus edades, un espacio común, baños y la sala de dirección. Ahí los niños aprenden lenguaje, matemáticas, ciencias, historia, inglés y variados talleres, incluidos fotografía, video y grabados. Además, los preparan para el mundo exterior, generalmente discriminatorio, según Silva.

Alexis, de seis años, dijo a la AP que está feliz en la escuela “porque aquí hay muchos niños igual a mí”, y recordó que en otra escuela lo pasaba mal “porque me molestaban, me dejaban solo, (y) me hacían rabiar”. Gabriel Astete, padre de Alexis, señaló que “al principio estaba complicado por el sistema educacional, pero de a poco fui entendiendo que estaba primero su felicidad antes que otras cosas como aprender a leer, a escribir”.

“Él estaba perdiendo su identidad, le estaba dando vergüenza ser transgénero porque veía que todo no calzaba con él, lo estaban obligando ir al baño de niños cuando él quería entrar al de niñas; su autoestima estaba muy baja en el último colegio tradicional”, recordó el padre.

Ángela, por su parte, también sintió un cambio positivo en la nueva escuela. “Siempre a los más grande nos están preparando y a los más chicos igual”, señaló. “Tienen muy claro todos que afuera es totalmente distinto (a) como es acá, que existe respeto y todas esas cosas”.

Aunque el espacio es reducido, todos los alumnos se ven felices, relajados, participativos y sin temor a hablar delante de sus compañeros.

“Me siento bien, me siento libre, me siento feliz acá”, relató a la AP Felipe, de 15 años. “Encuentro que el ambiente es muy bueno, que todo el mundo simplemente acepta a quien llega”.

La profesora Romina Ramírez, quien imparte clases de historia, explicó que se preocupan por el desarrollo integral de los menores y que el colegio es “el resultado de la violencia y discriminación de la sociedad”. Ella considera que el Estado debe encargarse del drama de la mayoría de los menores transgénero en las escuelas convencionales.

“Si no lo hace, este colegio por lógica común debería ir creciendo”.

Fuente: http://elperiodicodemexico.com/nota.php?id=906995

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Las claves para combatir el acoso escolar en Japón

Japón/06 marzo 2017/Fuente: nippon.com

El uso de internet para insultar y difamar mediante aplicaciones y redes sociales como LINE o Twitter hace que el acoso escolar resulte cada vez más insidioso, grave y difícil de detectar. ¿Cuáles son las claves para proteger a los niños del acoso y qué medidas debemos tomar para garantizar esa protección?.

El caso de Ōtsu dio lugar a una nueva legislación

Han pasado cuatro años desde la entrada en vigor en 2013 de la Ley de Promoción de Medidas para Prevenir el Acoso Escolar, cuya aprobación se vio motivada por una serie de casos que tuvieron mucha resonancia mediática. El primero fue el suicidio de un estudiante de secundaria de Tokio en 1986 tras sufrir constantes maltratos que incluyeron la simulación de su funeral. Posteriormente los medios se hicieron eco de casos similares en repetidas ocasiones, pero no se llegó a tomar ninguna medida para evitarlos.

El detonante para el establecimiento de una legislación contra el acoso escolar fue un caso ocurrido en 2011 en Ōtsu (prefectura de Shiga) que también se saldó con el suicidio de la víctima. El suceso tuvo dos puntos en común con el de 1986: que el acoso provocó la muerte del acosado y que se atribuyó parte de la culpa a la escuela y al consejo educativo. En el caso de Ōtsu resultaron especialmente flagrantes la inacción y el encubrimiento de la situación por parte de la organización escolar, que en 2012 suscitaron un encendido debate social sembrado de críticas y análisis.

La aprobación de la nueva ley puede interpretarse como una señal de que el problema del acoso escolar, que originalmente se mantenía dentro de la esfera privada, se había agravado tanto que estudiantes y escuela ya no se bastaban para solventarlo y requerían de la intervención oficial. Dicho de otro modo, la ley materializó la decisión de abordar el problema desde la esfera pública. Ahora bien, al centrarnos únicamente en el papel de los adultos para prevenir un problema que se desarrolla entre niños, estamos eliminando de la ecuación la capacidad de resolución de los propios niños. Es necesario hallar el equilibrio legal entre el papel de los menores y la implicación de los adultos en el conflicto.

La Ley de Promoción de Medidas para Prevenir el Acoso Escolar obliga a las escuelas a cumplir tres requisitos:

1) Establecer una política básica para prevenir el acoso.
2) Constituir una estructura organizativa que haga viable la prevención del acoso.
3) Adoptar un enfoque adecuado para las medidas preventivas, la detección precoz y la gestión del acoso.

La nueva ley logró un cambio cualitativo en la prevención del acoso escolar, poniendo de relieve la importancia de atajar los problemas de raíz para evitar su reaparición aunque resulte inconveniente para la escuela o el consejo educativo, así como de garantizar la justicia y la neutralidad en la gestión de situaciones graves (incluida la investigación del trasfondo del problema).

La revisión de las medidas preventivas

En el año fiscal 2015 se registraron 224.540 casos de acoso escolar entre escuelas primarias, escuelas secundarias, institutos de bachillerato y centros de educación especial, es decir 16,4 casos por cada mil alumnos; este dato revela la espantosa gravedad de la situación.(*1) El número de estudiantes que se quitan la vida o dejan de asistir a la escuela como consecuencia del acoso sigue sin dar indicios de retroceder. La ley prevé que su contenido pueda someterse a revisión tres años después de haber entrado en vigor. Tras analizar los efectos de su aplicación, en noviembre de 2016 la Comisión de Medidas para la Prevención del Acoso Escolar — órgano asesor del Ministerio de Educación— anunció la nueva dirección de las medidas de cara al futuro.

El contenido de la revisión puede resumirse en los siguientes siete puntos:

1) Establecer una definición legal clara para identificar el acoso escolar.
2) Revisar el sentido de la política básica de prevención del acoso escolar.
3) Adoptar una estructura organizativa con medidas viables para la prevención del acoso y establecer una comunicación fluida.
4) Ampliar y mejorar los sistemas para la prevención y la detección precoz del acoso.
5) Establecer unos baremos claros para determinar cuándo se da por solucionado el acoso.
6) Reforzar la cooperación entre los cuidadores de los menores y la comunidad local.
7) Delimitar con precisión el alcance de los casos considerados como graves.

En cuanto al papel básico del profesorado, la enmienda legal dispuso como máxima prioridad la prevención del suicidio y la intervención en casos de acoso como parte de la práctica profesional cotidiana, con la gestión proactiva de las consultas y denuncias por parte de alumnos para garantizar la protección de las víctimas.

La postura de la víctima, en el punto de mira

A continuación quisiera diseccionar los principales problemas relativos a la circulación de la información y la gestión organizativa que se extraen de la revisión de la legislación contra el acoso escolar.

Como la definición legal del acoso escolar no ha calado todavía en las escuelas, cada centro y profesor alberga su propia interpretación, con lo que la identificación y la gestión de los casos resultan también heterogéneas. La definición que ofrece la ley otorga una gran importancia a la experiencia subjetiva del menor acosado, describiendo acoso como “aquellas conductas entre alumnos que afectan de forma psicológica o física, infligiendo sufrimiento mental o corporal al alumno a quien se dirigen dichas conductas”.

Al ofrecer una interpretación tan abierta, la brecha con la interpretación común del acoso por parte de la sociedad (conductas que implican superioridad física del acosador sobre la víctima, intencionalidad, continuidad, etc.) hace que algunos casos que son claramente de acoso según la definición legal se pasen por alto en el día a día. Para evitarlo hay que difundir la definición legal del acoso entre los profesores (por ejemplo, con cursos dentro de la escuela en que se analicen casos concretos) para que puedan ponerse en el lugar de las víctimas y no pasen por alto ningún indicio de acoso por sutil que sea.

Con todo, lo más importante para luchar contra el acoso es detectarlo y eliminarlo. Una de las claves para mejorar la comunicación y evitar el encubrimiento será que las escuelas (profesorado), las familias (cuidadores) y las comunidades locales vean la proliferación de casos de acoso que salen a la luz como algo positivo que demuestra la preocupación por parte de los profesores y la capacidad resolutiva de las escuelas.

Replantear los planes de acción de las escuelas

Las políticas básicas de las escuelas son, más que políticas propiamente dichas, planes de actuación. Es importante plantear ciertos objetivos para las medidas contra el acoso, establecer un plan anual de ejecución de iniciativas (como un programa de prevención del acoso) y evaluar el nivel de logro de los objetivos como parte de la evaluación de la escuela. Para prevenir el acoso hay que empezar por estudiar e impulsar medidas preventivas dirigidas principalmente a los alumnos, educándolos con un enfoque integral que cubra tanto formación teórica en ética, derechos humanos y legislación como actividades prácticas.

Lo que importa a la hora de formular y enmendar las políticas básicas de las escuelas es escuchar el punto de vista de los niños, tener en cuenta la opinión de los cuidadores y analizar honestamente los logros y los fallos del sistema escolar, trabajando codo a codo con la comunidad local y los organismos relacionados. Estudiar las políticas básicas mediante cursos en el propio centro es imprescindible para que todo el profesorado las conozca y comprenda, y además ofrece la oportunidad de cuestionar el sistema de orientación del alumnado y la filosofía organizativa de la escuela, dando paso a la reflexión para elevar la autoridad organizativa de la escuela.

La cooperación con la comunidad local y otros organismos externos

El acoso escolar en Japón presenta tres características principales:

1) Predomina el acoso psicológico a través de mecanismos comunicativos, como los insultos, las vejaciones y el aislamiento.
2) Tiene lugar mayormente dentro del aula (por ejemplo, en los descansos).
3) Los acosadores y las víctimas suelen ser compañeros de clase.

Ya que el daño provocado por el acoso escolar en Japón resulta difícil de detectar desde fuera, los profesores responsables se ven en el atolladero de tener que detectar los indicios precozmente y cuidar de las víctimas al tiempo que disciplinan duramente a los acosadores. Además, no son pocos los casos en que el tutor de la clase donde se produce el acoso se lo toma como una responsabilidad personal y se calla el problema por miedo a que se le culpe de falta de disciplina. En los últimos tiempos han aumentado los casos de acoso psicológico por internet (mediante LINE, Twitter, etc.), que resultan aún menos visibles y dificultan en extremo la detección del problema por parte de las escuelas.

El acoso se agrava más cuanto más invisible se vuelve. Cuando empieza a vislumbrarse un caso de acoso, es vital no limitar su gestión al entorno de la clase sino tratarlo como un problema que afecta a toda escuela y estudiar la vía adecuada para solventarlo de raíz. Para ello hay que concienciar a todos y cada uno de los miembros del profesorado de su obligación de informar de cualquier incidente a la organización escolar establecida para tal objetivo. Este proceso requiere que la cúpula directiva escolar lidere la cruzada contra el acoso estableciendo métodos y reglas para revelar información y crear un ambiente en el que los profesores no teman compartir los problemas.

Por otro lado, para lograr que el sistema de la escuela funcione es imprescindible establecer un clima de cooperación en el que los miembros compartan un entendimiento mutuo, potenciando sus puntos fuertes y compensando sus debilidades. Evitar que un solo profesor cargue con el sufrimiento del alumno acosado y ofrecerle el apoyo del equipo escolar es lo que en última instancia posibilita una gestión adecuada del problema.

Otro punto crucial es no gestionar el problema únicamente desde la escuela, y tener en cuenta la opinión de los cuidadores de los niños, adoptando las iniciativas necesarias para prevenir el acoso con la colaboración de la comunidad local y los organismos sanitarios, sociales y legales relevantes. Este objetivo se basa en la premisa de reconocer los problemas infantiles como problemas de la sociedad, y para perseguirlo los actores implicados deben mantener una comunicación fluida y constante, superando las fronteras de sus competencias para unir esfuerzos.

Estoy convencido de que si logramos afrontar los problemas que los profesores vienen cargando a solas desde la organización escolar, y establecemos la colaboración necesaria entre la comunidad local y los organismos pertinentes para intervenir en los problemas que la escuela no puede solucionar sola, las escuelas japonesas se convertirán en lugares libres de acoso donde niños y profesores compartan un entorno sano y feliz.

Fotografía del encabezado: En el Ayuntamiento de Ōtsu la alcaldesa Koshi Naomi (derecha) guarda silencio en el quinto aniversario de la muerte de un alumno de secundaria que se suicidó a causa del acoso escolar. 11 de octubre de 2016. (Jiji Press)

Fuente: http://www.nippon.com/es/currents/d00290/

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La prevención del acoso desde sus raíces en Infantil

Por: Seño Punk

Autoestima y autoconcepto. Esta es, para mí, la clave. Y es algo que se debe trabajar desde la más tierna infancia y desde una triple vertiente.

Las palabras bullying y abuso se están convirtiendo, tristemente, en palabras demasiado habituales en el periodismo educativo de nuestro país. Es muy triste comprobar y sobre todo imaginar la gran cantidad de niños que van con miedo al cole cada día porque son objeto de burlas, insultos, ridiculizaciones e incluso violencia física por parte de sus propios compañeros de clase. No es de extrañar que salten las alarmas y las familias estén cada vez más preocupadas por este tema.

¿Qué se hace desde las escuelas para tratar este problema?

Hasta ahora lo que se hacía era básicamente intentar castigar a los abusadores y tratar de proteger a las víctimas. Y digo intentar porque es una tarea muy difícil. Los tiranos de esta historia suelen ser alumnos que han renunciado a sacarse siquiera el graduado escolar, por lo que sermones, todo tipo de sanciones y expulsiones tienen nulo efecto sobre su manera de proceder.

Esto provoca que los profesionales de la educación se queden sin herramientas ante un problema que está haciendo un infierno de la vida de una persona, ni para castigar al violento, ni tampoco para proteger a la víctima. Yo he visto como profesores, jefes de estudios, directores e incluso inspectores pasaban de “hay que hacer algo con esto, reunámonos para saber qué está pasando y cómo solucionarlo” a “lo siento, no podemos hacer nada” e incluso, aunque parezca increíble, “algo habrá hecho para que le traten así”. Prometo que no me lo invento. Es un problema infinitamente grande para el que carecemos de formación y herramientas, y, tristemente, he podido comprobar como algunos profesionales acaban intentando zafarse de la situación de la manera más fácil posible, e incluso llegar a negarla. Una suerte de ira mezclada con desesperanza es lo que se siente al otro lado.

Ahora se está empezando a intentar dar voz a las víctimas, se les anima a contar lo que les pasa, e incluso se pone a su disposición un número de teléfono para que busquen ayuda más allá de la que les pueda proporcionar la familia. Pero los escolares son muy conscientes de que, en gran parte de las ocasiones, las personas que les hacen la vida imposible tienen muy poco que perder, que sus compañeros no se van a mojar por ellos por miedo a que les caiga encima el papel de víctima, y además en muchas ocasiones reciben amenazas explícitas de lo que les puede ocurrir si piden ayuda, de manera que es una vía, si no muerta, casi moribunda.

Así que esto no funciona. ¿Qué más podemos hacer?

Parece que cuando nos damos cuenta de que tenemos un problema a nivel educativo, en este país tendemos a mirar hacia el norte, concretamente a Finlandia, pues se nos ha vendido que son la perfección hecha sistema educativo. Y en Finlandia tienen el programa KiVa, que, según leo, tiene una efectividad del 98% al desplazar el objetivo de la víctima y el acosador o los acosadores hacia el resto de compañeros, aquellos que presencian los actos de abuso y, por lo general, y como se dijo anteriormente, callan por miedo.

Parece que hay varios problemas para implantar este programa en España, pues se necesita apoyo económico por parte de la administración, que parece que tiene mejores cosas en las que pensar, un duro sistema de evaluación, y, creo yo, las mismas condiciones de las que parten los niños en Finlandia, porque allí la infancia es lo más preciado, y por tanto algo en lo que no duele nada invertir. Partiendo de la base de que aquí lo llamarían gastar, es muy probable que sea difícil implantar ese programa en las escuelas españolas, y si se hiciera probablemente no daría el mismo resultado.

Aun así, creo que es evidente que se debe intentar, y espero que se produzca una fuerte apuesta por algo que ya ha demostrado su valor en otros países, pero sobre todo que se debe intentar hacer bien, evitando chapuzas a las que nos tienen acostumbrados desde arriba, y luego “ay, no ha valido para nada, menudo desperdicio” y si te he visto no me acuerdo…

¿Y qué podemos hacer desde las aulas mientras desde la administración se deciden o no a adoptar un programa como KiVa?

Pues tras mucho reflexionar sobre ejemplos que he vivido de cerca, así como analizar lo que he vivido en mi propia adolescencia, y comparar diversos resultados proporcionados por situaciones muy parecidas, creo que debemos centrarnos en la prevención y enfocar nuestros esfuerzos en evitar que nuestros alumnos se conviertan en víctimas potenciales.

Es de vital importancia crear un fuerte vínculo entre los alumnos, un sentimiento de empatía y solidaridad entre todos los compañeros, para que, una vez se produce un caso de abuso, les merezca la pena exponerse y arriesgarse a denunciarlo e incluso a defenderles. Pero creo que es todavía más importante fomentar la fortaleza de los posibles objetivos de bullying.

No quiero que se me entienda mal, no quiero decir que las víctimas tomen ese papel porque sean débiles, ni mucho menos que podrían evitar serlo y no lo hacen. No, si eres el objetivo a derribar de alguien, es muy difícil, por no decir prácticamente imposible, tener la habilidad de quitártelo de encima. Pero si habéis observado el comportamiento de los “matones” de clase, estaréis de acuerdo en que no eligen a sus víctimas al azar, ni empiezan el acoso de un día para otro, de 0 a 100. En realidad, saben muy bien quiénes pueden ser posibles candidatos, y prueban y vuelven a probar sus reacciones a “pequeñas trastadas” que les gastan, hasta que se convencen de que pueden con ellos, porque, permítanme la expresión, son así de valientes.

Así que, en mi opinión, es ahí donde hay que construir una barrera, un grueso muro en la propia personalidad, en su manera de relacionarse con los demás, para que esas pruebas y esas “pequeñas trastadas” iniciales reboten como si fueran balones lanzados a dicha pared de seguridad.

Autoestima y autoconcepto. Esa es, para mí, la clave. Y es algo que se debe trabajar desde la más tierna infancia y desde una triple vertiente.

Por un lado, los niños deben aprender a quererse ellos mismos antes de querer a nadie más, deben saber que son capaces de muchas cosas, deben conocer sus puntos débiles, sí, pero más importante todavía es que conozcan sus puntos fuertes, lo que se les da bien, en lo que destacan, deben conocerse a sí mismos y tener un autoconcepto ajustado a lo que realmente son. ¿Cuántos adultos conoces que se minusvaloran? Soy diferente pero me gusta serlo. Soy así y nadie me va a cambiar. Soy capaz de muchas cosas y me siento seguro de mí mismo. Esto es algo que se suele pedir a menudo a los adolescentes, partiendo de cero y con un bagaje nulo al respecto, siendo, por tanto, difícilmente realizable, cuando la personalidad está en desarrollo desde mucho antes, por lo que debemos concienciarnos de la importancia de su trabajo desde la etapa de Educación Infantil.

Por otro lado, también se debe fomentar que entre los compañeros se estrechen lazos. No se puede obligar a nadie a ser muy amigo de otra persona, ni siquiera a que le caiga bien. Pero sí que deben conocerse, saber quiénes son sus compañeros de clase, cómo son y por qué. Y sobre todo deben saber expresar tanto lo que saben de los demás como sus sentimientos hacia ellos, porque la opinión de los demás nos importa, y porque todo lo que se expresa se refuerza y es difícil querer hacer daño a alguien a quien conoces y respetas. De nuevo, esto es algo que no puede surgir de un mes para otro, sino que requiere dedicación y esfuerzo desde las primeras manifestaciones de relaciones de amistad hacia los 3-4 años, pues de esa manera crecen sabiendo que ser compañeros significa algo más que asistir a la misma clase y tener los mismos profesores.

Pero una parte muy importante también en esta cuestión somos nosotros, los docentes. Somos sus espejos, y confían tanto en nuestro reflejo que si queremos que nuestros alumnos tengan una imagen ajustada de sí mismos, no podemos devolverles una imagen distorsionada. Eliminemos expresiones como “no puedes”, “no sabes”, o “es que nunca vas a aprender” y confiemos realmente en sus posibilidades. Realmente. No les transmitamos la idea de que son peor que alguien en ningún aspecto. Ni siquiera cuando creemos que son demasiado pequeños para darse cuenta, porque todo cala y deja huella. Transmitámosles esa seguridad que necesitan para que esas pequeñas pruebas iniciales no les hagan daño y por tanto no valgan la pena como objetivo a destruir.

El currículo debería llevar menos letras y números, y más refuerzo de personalidades, autoestimas y autoconceptos, y no sólo desde que se empiezan a manifestar los primeros problemas, sino desde la raíz de sus causas, es decir, desde Infantil. Prácticamente no lo contempla, pero es tan importante que debe ir por encima de los objetivos y contenidos reflejados en el currículo. No quiero alumnos que sepan muchas matemáticas pero no tengan ni idea de cómo quererse o por qué son importantes todos y cada uno de sus compañeros.
¿Eliminará esto el bullying de nuestras vidas? No lo sé, pero vale la pena intentarlo.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/02/23/la-prevencion-del-acoso-desde-sus-raices-en-infantil/

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