Recuperar su raíz obrera frente a la mercantilización y el olvido histórico
“Dejé de marchar”, reconoce Melissa Fernández Chagoya, antropóloga y docente para la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (UAM-I). Llega marzo y la Ciudad de México se tiñe de morado: las calles que ennervan la ciudad se visten de jacarandas, y las mujeres —en ocasiones, también de morado; otras, de verde—, nos arremete la afronta del 8M. Como “estudiosa y practicante del feminismo”, según se describe a sí misma, sin duda es una decisión que llama la atención.
En su experiencia, algunas instituciones estatales y educativas “dan el día”, o le piden a las trabajadoras “que se visten de morado”, como si la fecha fuese algún tipo de celebración. Algunas personas, incluso, felicitan a sus compañeras, madres, hermanas por el Día Internacional de la Mujer, “como si ser mujer fuera algo que celebrar”. ¿Hay algo que celebrar? En entrevista, entre las charlas, la supuesta fiesta y el fervor feminista, la antropóloga se pregunta qué estamos celebrando (y por qué).
Una fecha originada en la Unión Soviética
“El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en realidad, no responde al siglo XXI”, dice Fernández Chagoya. De hecho, ni siquiera se ubica en Occidente. Responde históricamente a la necesidad “de las mujeres soviéticas de ser sujetas de derecho y frente a lo laboral”, durante las primeras décadas del siglo pasado.
Incluso entonces, dice la especialista, “se buscaba paridad de salarios con respecto a los varones”. Entonces, la lucha del 8 de marzo ya nos ha dejado cosas que, en sus palabras, “hoy en día damos por hecho”, como jornadas de ocho horas, vacaciones pagadas y prestaciones de ley.
Más adelante, hacia la década de los 70, la Organización de Naciones Unidas (ONU) apela a un hecho trágico en Nueva York (EE. UU.), en el que cientos de mujeres murieron calcinadas en una fábrica de ropa. Lo que interesa aquí, según la antropóloga, es que “la ONU decide quitarle el apellido a la fecha”, para relegar su historicidad soviética a un lugar más cómodo en el discurso de Occidente.
No sólo eso. Hoy en día, “el 8M se enfoca principalmente en la erradicación de la violencia contra las mujeres”, y es interesante cómo el 25 de noviembre, cuando se conmemora el Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres y Niñas, parece olvidado: “como que se duplican las fechas y conmemoraciones”.
Fernández Chagoya piensa que esto responde a los “niveles altísimos de violencia que vivimos las mujeres, niñas e identidades que se ubican dentro de ‘lo femenino’”.
¿Por qué no se celebra el 8M?
Ahora bien, ¿qué se celebra? Fernández Chagoya considera “muy delicado” festejar el hecho de ser mujer, sólo porque sí. “¿Qué celebramos? ¿La subalternidad, la violencia exacerbada, la desigualdad?”.
Para la especialista, hay un vínculo evidente entre esta actitud ‘celebratoria’ y el Día de las Madres, que tradicionalmente se vive el 10 de mayo. Existen trazos —o más bien, cicatrices— que ha dejado la “ultraderecha” en esta actitud celebratoria: en lugar de darle cabida a las revueltas y a la capacidad de réplica, se viste a las mujeres y a sus fechas de un halo santificado y misterioso, que innegablemente las relega al rol de madres y personas gestantes. Mejor en casa que en las calles.
En la cotidianidad, dice la antropóloga, “acabamos agarrándole cariñito a estas celebraciones”. Ella, por su parte, no celebra el 8M. Por el contrario, decide recordar su genealogía histórica —muy soviética y olvidada casi a propósito—, reconocer su apellido y “darle su tinte obrero”.
Y no sólo eso: la antropóloga reconoce que le genera “mucha rabia que le celebren el ser mujer”. “¿Qué me estás celebrando?” se cuestiona. Y, “¿de qué forma estás apagando la lucha de las mujeres y de otras identidades históricamente vulnerabilizadas?” Para ella, es una manera de coptar las emociones difíciles, para silenciarlas —o convertirlas en mercancía.
Las flores, el júbilo, la memorabilia morada, ¿es suficiente para opacar la rabia, la ira y el dolor? Para quienes festejan el 8 de marzo, sí.
¿Hay una manera correcta de vivir la fecha?
No hay razones para celebrar el Día Internacional de la Mujer (Trabajadora, ¿cierto?). Por el contrario, sobran argumentos para conmemorarlo.
Ahora bien, Melissa considera que no hay una manera correcta de vivir la fecha. “Absolutamente no”, determina la especialista. En lugar de juzgar a las mujeres que disfrutan de recibir flores y regalos, propone entenderlas. O mejor aún, “redirigir esa rabia” a donde pertenece: “a los entes que desvirtúan un movimiento por lo que es”.
Aunque dejó de marchar, acompaña a sus estudiantes —chicas y disidencias— que se suman a eso que ella nombra como “feminismo de las calles”: ése que está al tanto de nuestros sentires y cómo se adapta al contexto contemporáneo. Melissa vive el feminismo como una cosa viva, bien palpable y que palpita.
Sin embargo, la antropóloga no puede evitar la sugerencia: “[hay que] tener cuidado con las modas”. Sobre todo, porque “todas las movilizaciones que favorecen a la mayoría —y hacen tambalear a una minoría [en el poder]— serán coptadas”. Al reconocer el origen, las demandas y los intereses del 8M, Melissa piensa que podremos tomar “mejores decisiones”.
https://www.meer.com/es/104857-nada-que-celebrar-el-8m-es-un-dia-de-lucha-internacional





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