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“ Trabajar la igualdad de género desde la infancia nos puede ayudar a prevenir situaciones de discriminación y acoso ” Eva Morales Gómez,

Por: Educawed

Eva Morales Gómez (1980) es Doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, educadora y miembro del colectivo Pedagogías Invisibles, una entidad que desarrolla programas educativos en instituciones culturales y talleres para docentes sobre cómo educar en igualdad de género. Entre estos programas destaca el proyecto «Yo, tú, él, ella… Conciencia de género en el espacio educativo» y el taller Summerlab 2018: Pedagogías Feministas «Mis Clases No Son Machistas, Pero…». En estas iniciativas se reflexiona sobre las metodologías educativas que favorecen la igualdad de género, las relaciones profesorado-alumnado/estudiante y los contenidos.

Desde su experiencia en este tipo de programas educativos, ¿por qué cree que es importante educar en igualdad de género en las escuelas desde la Educación Infantil (0-6 años) a la Primaria (6-12 años)? ¿Qué evidencias avalan esta importancia?

Porque seguimos viviendo en una sociedad donde hay discriminación por género, y las mujeres y personas trans* o de otros géneros siguen siendo oprimidas. Ejemplos concretos los encontramos cada día, en el ámbito laboral, doméstico, en nuestras calles, en las redes sociales. Necesitamos una educación que realmente sea igualitaria, y que nos dé recursos para abordar esta situación. ¿Cómo es posible que, aunque cada año terminan estudios superiores más mujeres, la situación laboral siempre favorece a los hombres? O que se siga produciendo discriminación en la calle y continuemos viviendo situaciones de violencia hacia las mujeres, u otros géneros que no son el masculino. O que en los hogares solo dos de cada diez hombres compartan tareas domésticas, por ejemplo.

Es en las primeras etapas educativas donde se comienza a formar la identidad de género, y aparecen los roles, estereotipos y expresiones de género, por eso es fundamental abordar estas cuestiones en estos momentos, para poder dar a la infancia un imaginario rico y variado que les ayude a formarse en libertad e igualdad.

¿Qué herramientas, estrategias o recursos pedagógicos considera que pueden ayudar a los docentes a educar en igualdad?

Afortunadamente cada vez hay más recursos que pueden ayudar a docentes y familias a trabajar la igualdad de género. Desde los estudios y posicionamientos feministas se están revisando todas nuestras áreas de conocimiento y pensamos que es fundamental que una pedagogía feminista llegue a nuestras escuelas. También están las escuelas populares feministas donde se aborda una metodología de empoderamiento de las mujeres.

Aplicado a la primera infancia, por ejemplo, existe mucha literatura infantil donde sus protagonistas rompen con roles y estereotipos de géneros, donde encontramos a princesas que luchan y se defienden, a chicos que lloran y muestran libremente sus sentimientos, donde hay personas trans* que cuentan su proceso y emociones. Pero también es importante incluir juegos que no tengan un sesgo de género, o si lo tienen debemos romper con ellos, invitar a todos a jugar a las cocinitas o las construcciones, etc.

Además, hay diferentes libros donde se abordan estas cuestiones, como el libro de Lucas Platero,Trans*exualidades: Acompañamiento, factores de salud y recursos educativos; o el de Chimamanda Ngozi Adiche, Querida Ijeawele, Cómo educar en el feminismo; o el de Montserrat Soto, Cómo se enseña a ser niña: El sexismo en la escuela; o la reciente publicación de Iria Marañon, Educar en el feminismo. Estos son sólo algunos ejemplos que podemos encontrar.

En base a su experiencia, ¿qué factores cree que se deberían trabajar desde la escuela para poder educar en igualdad de género a los niños y niñas?

Hay dos aspectos clave que debemos trabajar desde la escuela en cuanto a igualdad de género:

1. El mito de la independencia: Desde que nacemos hasta que dejamos este mundo, las personas nos necesitamos unas a otras, en diferentes grados: desde la primera etapa de la vida, cuando somos totalmente dependientes, hasta nuestra etapa adulta, que es cuando tenemos un menor grado de dependencia, pero siempre necesitamos a otras personas que nos proveen de cuidados, aunque también debemos proveer de cuidados a otras personas. Sin embargo, esto es algo totalmente invisible y en la escuela apenas se trata y se trabaja. Los cuidados siguen siendo asignados como roles femeninos, y esto es algo que debe abordarse en todas las etapas educativas. Tenemos que trabajar desde el concepto de la interdependencia, es decir, que todas y todos tenemos un papel en nuestro propio cuidado y el de las personas que nos rodean.

La manera de trabajar estas ideas sería desde el autocuidado, el cuidado a las demás personas y el cuidado a nuestro entorno. Podríamos por ejemplo comenzar visibilizando quién cuida de la escuela: ¿Qué cuidados necesita una escuela? ¿Quién la limpia? ¿Quién hace la comida en la escuela? ¿Conocemos a esas personas? ¿Cuál es el género de las personas que se dedican a los diferentes cuidados de escuela? ¿Por qué se produce esto? ¿Qué podemos hacer como alumnado? Comenzar a trabajar estos aspectos y relaciones entre el alumnado y las personas que tenemos en nuestro colegio es un ejemplo de lo que se debería abordar desde la escuela.

2. El mito de la neutralidad: Pensamos que vivimos en una sociedad neutra, pero en realidad nuestra sociedad aún está pensada y construida desde la visión masculina, es decir, es androcéntrica y, por tanto, no es neutral. La realidad es que dependiendo del género que se nos asigna al nacer tendremos más o menos oportunidades.

La escuela sigue perpetuando esta visión masculina de la sociedad, y lo podemos ver por ejemplo en los contenidos de las clases, donde los roles femeninos y de mujeres apenas aparecen o solo están representados en los cuidados. Un ejemplo es el contenido de Primaria cuando se abordan las diferentes épocas de la humanidad, donde se representa generalmente al hombre en un papel protagonista como proveedor o quien ha realizado avances sociales, y las mujeres en roles secundarios, o simplemente no se enuncia. Pero también está presente en cómo utilizamos nuestro lenguaje, con el uso del género masculino para aludir a todos los géneros. Esto solo perpetua y evidencia esta falsa neutralidad. Ya existen guías donde se recomienda el uso de términos más genéricos, por ejemplo, en lugar de los alumnos, utilizar estudiantes. Como ya he dicho, en las primeras etapas hay que trabajar los roles, los estereotipos y las expresiones de género, y a través de ellos podemos romper con estos dos mitos que hacen que la desigualdad de género se siga dando en nuestras aulas.

Otra situación que ejemplifica que no vivimos en una sociedad neutra es algo tan sencillo como lo que sucede en la Educación Infantil cuando las niñas y los niños aprenden las diferentes profesiones. Aún hoy en día, en algunas escuelas, el alumnado aprende las profesiones asociando un género a una profesión: Medicina (doctores hombres) Enfermería (enfermeras mujeres) Cuerpos de seguridad (policías hombres) Danza (bailarinas mujeres). Es solo un ejemplo, pero con esto no estamos enseñando las profesiones, estamos enseñando desde la infancia que hombres y mujeres tienen funciones diferentes y roles distintos.

O bien, cuando se habla de las familias, se debería hablar de la diversidad de las familias actuales: familias monoparentales, homoparentales, reconstruidas, etc. Con esto se pueden trabajar también los distintos roles y cuidados que se producen en las familias.

«Afortunadamente cada vez hay más recursos que pueden ayudar a docentes y familias a trabajar la igualdad de género«.

Para poder educar a los niños y niñas en igualdad de género desde la escuela, ¿es imprescindible formar a los profesores en metodologías que la favorezcan?

Absolutamente. Si lo pensamos, la educación es un sector muy feminizado: en Educación Infantil el 95% de las docentes son mujeres y en Primaria es el 70%; sin embargo, continuamos perpetuando roles y estereotipos y manteniendo ambos mitos. Esto se debe a que, por un lado, como docentes hemos recibido una educación que naturaliza los estereotipos, los cuales además se ven reforzados por los medios de comunicación de masas.

Por otro lado, no hay una formación específica sobre este aspecto en la educación universitaria del profesorado; por lo tanto, no ha habido un fácil acceso a la formación en cuestiones de igualdad de género.  Como ya sabemos, la docencia es una profesión que requiere de una formación continua en muchos ámbitos y este es uno de los más fundamentales. Afortunadamente cada vez existen más cursos, libros y apoyo a esta área para que el profesorado pueda formarse sobre cómo educar en igualdad de género.

¿En qué consisten las metodologías o programas que ofrecéis en Pedagogías Invisibles a los profesores para educar a los niños y niñas en igualdad de género desde la primera infancia (puntos clave de vuestra metodología)? ¿Qué evidencias tenéis de que funcionan?

Desde Pedagogías Invisibles trabajamos cuatro aspectos fundamentales que se deberían revisar en las acciones educativas:

  • Contenidos: Tenemos que ofrecer unos contenidos realmente inclusivos, ya que a través de ellos se construyen los imaginarios. Que se presente el mismo número de referentes masculinos, femeninos y se incluyan a personas trans*, como he dicho antes por ejemplo en las profesiones de Educación Infantil. Que los contenidos no refuercen los roles o estereotipos, sino que rompan con ellos; por ejemplo, si continuamos ofreciendo imágenes donde asociamos a las mujeres con el cuidado y a los hombres con la defensa y con lugares poder.

  • Metodologías: Tenemos que trabajar formas de trabajo que sean horizontales, desechar las metodologías verticales y jerárquicas, donde todo el alumnado pueda participar libremente, se pueda expresar libremente y sienta que tiene voz. Algo que sucede habitualmente es que son los niños quienes participan más en clase frente a las niñas, y hay que intentar repartir esta participación. Un ejemplo podría ser continuar manteniendo en Primaria momentos como las asambleas, que ya están instauradas en Educación Infantil.

  • Relaciones: Tenemos que revisar cómo es la relación con nuestro alumnado y cómo se relaciona entre sí. Un ejemplo es que el liderazgo suele ser premiado en los niños y se hacen valoraciones como «¡qué niño participativo!», pero cuando es una niña se le valora de forma negativa como una «niña mandona». O bien, ¿cómo se distribuyen diferentes tareas que hacen en clase? Por ejemplo, tareas de limpieza niñas, y las tareas que requieran fuerza como mover una silla a niños.

Otro aspecto importante es poder promover el compañerismo en lugar de la rivalidad o competencia, realizando trabajos que favorezcan la cooperación. También es aconsejable incluir los afectos y la educación emocional. Se debe tener en cuenta que con actos tan sencillos como decirle a un niño que no llore porque «llorar es de niñas», se cambian totalmente las relaciones entre el propio alumnado.

  • Espacio: Tenemos que pensar qué pasa con el espacio. Aunque aparentemente neutro, el espacio del recreo y central suele estar dominado por los niños, y las niñas transitan en la periferia. Hay que intentar invertir estas situaciones. O, por ejemplo, pensar si el propio espacio del aula favorece que todas las alumnas y los alumnos puedan mirarse la cara, trabajar en equipo, etc.

En el colectivo Pedagogías Invisibles queremos ayudar a las personas interesadas en formarse sobre cómo educar en igualdad en las escuelas porque sabemos que, aunque como docentes tengamos sensibilidad por el tema, no contamos con todas las herramientas deseadas para llevar a cabo este tipo de educación en el aula. Por eso, este año, del 2 al 4 de julio en Madrid, vamos a realizar una formación específica sobre Pedagogías Feministas, para abordar todas estas cuestiones, poder pensar en nuestra práctica docente y encontrar claves que podamos cambiar y darle la vuelta a la desigualdad. Además, será un espacio de encuentro entre el profesorado y donde se pueden crear redes de apoyo.

¿Cuáles son los indicadores que alertan de que no se está educando en la igualdad de género?

Lo podemos comprobar en nuestro día a día. En nuestra sociedad, cada día que leemos las noticias encontramos sucesos que nos advierten que nuestra educación no está abordando las problemáticas de género. Investigaciones como la reciente tesis de Patricia Fernández, #Violencias de género en Twitter: análisis desde el trabajo social, nos muestra el incremento de la violencia hacia las mujeres en las redes sociales.

Estamos viendo que las mujeres, y muchas jóvenes, cada vez están más empoderadas. Un ejemplo han sido las manifestaciones masivas que se han producido en los meses anteriores. Sin embargo, ¿qué sucede con los hombres? Las mujeres estamos haciendo todo un trabajo de ruptura con los roles tradicionales, pero no está siendo acompañado por nuestros compañeros. También podemos ver reflejada la desigualdad de género en la poca representación de personas trans* y las problemáticas que viven las personas con identidades de género que se salen del masculino y/o femenino.

Si analizamos nuestro entorno escolar, por ejemplo, ¿Qué sucede en el patio del colegio? ¿Qué lugar ocupan las niñas y cual los niños? ¿Qué ocurre con el alumnado trans*? ¿Hay recursos para abordar estas cuestiones? Podemos ver en nuestro alumnado si se refuerzan los estereotipos y roles. ¿Qué juegos realizan las niñas y cuáles los niños? ¿Se permiten realizar juegos donde se mezclen los géneros o no haya género? Un ejemplo muy sencillo que sucede en carnavales en los centros educativos: ¿Se permiten disfraces donde se mezclen géneros? ¿Una niña puede ir disfrazada de papá por ejemplo? ¿Los disfraces sirven para cuestionar y jugar a romper estereotipos o para perpetuarlos?

Trabajar la igualdad de género desde la infancia nos puede ayudar a prevenir situaciones de discriminación y acoso que se dan en todas las etapas educativas, siendo en Primaria donde comienzan a producirse, y siguen aumentado hasta en las etapas avanzadas como Secundaria.

¿Qué obstáculos existen para poder educar en la igualdad a las niñas y los niños desde edades tempranas en el ámbito escolar? ¿Cómo se pueden afrontar?

Creo que el principal obstáculo es la propia educación y la propia inercia, yo misma me he sorprendido pensado «¡qué niña más mandona!», cuando realmente es una persona con dotes de liderazgo que los está mostrando, y en lugar de trabajarlos y hacer un refuerzo positivo para que tenga un liderazgo positivo, se recrimina. Tenemos que afrontarlo desde la actitud crítica, ser conscientes de nuestra capacidad, nuestras limitaciones y trabajarlo desde ahí.

Aunque en muchas ocasiones la propia carga de trabajo docente hace que nos veamos sobrepasadas/os y no podamos buscar herramientas para situaciones concretas que vivimos; por eso es importante que nuestra formación como profesionales sea continuada. Además, es importante tener una red de apoyo donde no nos sintamos solas/os a la hora de impartir nuevas metodologías y contenidos. Por eso creo que es muy importante el hecho de que cada vez haya más personas que lo estén realizando.

¿Podría compartir algún ejemplo de buena práctica a nivel nacional y/o internacional en cuanto a educar en igualdad en las escuelas durante la primera infancia?

A nivel nacional creo que es País Vasco es un buen ejemplo en esta materia, donde se han elaboradoguías completas con unidades didácticas para trabajar con el alumnado estas temáticas

Los cambios que se están produciendo en los patios escolares constituyen otro buen ejemplo: se está trabajando para que estos sean espacios realmente igualitarios, uno de ellos es el CEIP Nuestra señora de la Paloma, en el barrio de la Latina de Madrid.

A nivel internacional Suecia es otro ejemplo interesante donde a nivel preescolar se trabaja desde el género neutro, una iniciativa que lleva desde el 1996.

Fuente: https://www.educaweb.com/noticia/2018/06/26/trabajar-igualdad-genero-infancia-previene-discriminacion-acoso-18507/

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Pedagogías feministas

Por: Irene Martinez y Alicia Bernardos

¿De qué hablamos cuando hablamos de pedagogías feministas?

A pesar de que tanto el activismo como la teorización feminista han tenido como punto central la reivindicación educativa, centrada en el acceso de las mujeres a los diferentes niveles educativos en condiciones de igualdad, existe escaso desarrollo de pedagogías feministas como marco epistemológico y propuestas de acción.

La vinculación entre feminismo y educación se ha dado fundamentalmente a partir de propuestas coeducativas, asociadas a la pretensión de igualdad de oportunidades en educación, basando la intervención educativa en las cuestiones de socialización y roles de género, y en la eliminación de la diferencia tradicional entre aprendizajes masculinos y femeninos. Desde este planteamiento se pretende compensar las diferencias de las niñas a través del diseño de materiales y currículos, transformación del currículo oculto, reflexión sobre la composición por sexos del personal escolar, y la formación docente (Maceira, 2006).

Frente a este planteamiento, la propuesta desde las pedagogías feministas pone en el centro la ruptura de esquemas que impiden la libre realización. No es pedagogía feminista simplemente analizar o incorporar la experiencia de las mujeres en entornos educativos, incluir conocimientos de la historia del feminismo, o la enseñanza llevada a cabo por personas que se autodenominan feministas, si no se acompaña de una transformación desde la raíz, preguntándose por los recursos materiales, subjetivos y simbólicos que se requieren para transgredir las normas hegemónicas. (Maceira, 2006).

Las pedagogías feministas promueven la deconstrucción de las categorías identitarias hegemónicas
 “hombre – mujer” y “masculino – femenino”, los mandatos de género asociados y las narraciones androcéntricas, reconociendo la existencia de múltiples sujetos experienciales sin jerarquizar ni dicotomizar sus conocimientos (Martínez Martín y Ramírez Artiaga, 2017). Puesto que la pedagogía es un discurso para la acción, se encuentra en diálogo constante con otras narrativas; no es una reflexión cerrada o normativa, sino construida por una serie de discursos cruzados por relaciones de poder que producen unos ideales de hombre o mujer a educar (Arango, 2012).

Por tanto, las pedagogías feministas son filosofía y práctica de enseñanza que toman las herramientas de la teoría y la acción feminista para analizar el hecho educativo y hacer propuestas, tanto en el ámbito de la educación formal como de la no formal. Es un campo de trabajo de un enorme potencial, puesto que es capaz de aglutinar propuestas innovadoras, luchar contra prácticas hegemónicas que reproducen el orden social, y plantearse como objetivo la transformación social.

A partir de grupos de reflexión de docentes o educadorxs, esta línea de teorización y trabajo en construcción puede dar respaldo a planteamientos educativos innovadores y transgresores, puede suponer una nueva forma de abordar el hecho educativo con múltiples posibilidades de análisis y desarrollo. Aunque las pedagogías feministas encuentran puntos de conexión con la tradición de pedagogía crítica, ponen en cuestión al sujeto emancipado, que presupone una identidad fija, unificada y homogénea.

La incorporación de la perspectiva postestructuralista feminista plantea que los conceptos de subjetividad, identidad, lenguaje, contexto y poder tienen mucho que ofrecer al campo de la enseñanza, y no espera sugerir una sola estrategia para las pedagogías del empoderamiento, de la emancipación o de la liberación (Arango, 2012). Siguiendo a Debortri Dhar (2014) y Adela C. Licona y cols (2009), podríamos sintetizar algunas características que distinguen las pedagogías feministas:

– Proveen un lenguaje de análisis crítico de la realidad. Abordan las narrativas que naturalizan las diferencias entre sexos, y que explican el hecho de que, a pesar de planteamientos igualitarios, las prácticas de género subsisten.

-Interseccionalidad de la identidad social: se aproximan a la desigualdad de los sexos junto con otras dimensiones identitarias como la clase, la etnia, la raza, sexualidad, etc. Unida a otras pedagogías críticas, pretenden crear entornos que no silencien las voces de grupos tradicionalmente desplazados. Se critica la consideración de las mujeres como grupo homogéneo universal y se propone que la capacidad de transformación parta desde lo local y situado.

-Se ponen en cuestión las categorías identitarias fijas y esenciales, recogiendo aportaciones de feminismo postestructural y teoría queer. Las identidades se entienden como discursivas, fragmentadas y fluidas. Se ofrece visibilidad y espacio a formas de actuar las identidades no normativas, y se crean condiciones para que los colectivos más vulnerables se muevan con seguridad.

-La acción y la transformación social son objetivos explícitos. Se realiza una vinculación del aula con la mejora comunitaria.

-Importancia del aprendizaje experiencial. Los contenidos curriculares y la estructura de la institución educativa se entienden como limitantes, y se incorpora la vivencia de las mujeres y otros grupos no hegemónicos al discurso académico como un elemento central. La pedagogía feminista debe ser construida en una lucha colectiva por el conocimiento, punto de vista y experiencia de identidad de los grupos no hegemónicos.

– Introduce la ética del cuidado en la escuela (Noddings, 2015). Visibiliza, reconoce y valora los trabajos de cuidado dentro y fuera del espacio educativo. Se analiza de forma crítica el entorno escolar, y se realizan intervenciones contra la hostilidad de la organización.

-Análisis y deconstrucción de las diferentes relaciones de poder que se establecen en la institución.
 Se proponen relaciones no hieráticas entre profesorado y estudiantes. Se introduce la reflexividad sobre el poder en el aula y fuera de ella.

-El aprendizaje es democrático y participativo (común a todas las pedagogías críticas). Paulo Freire, en su Pedagogía del Oprimido y como Práctica de Libertad, argumenta contra la relación rígida, contra el profesorado como sujetos de enseñanza y el alumnado como el objeto, y contra la no inclusión de las decisiones del alumnado.

En definitva, las pedagogías feministas están en permanente construcción, huyendo de la rigidez de recetas cerradas y de la pretensión de neutralidad del discurso educativo oficial. Se trata de tomar conciencia de qué contexto habitamos y cómo lo vivimos, sentimos, reproducimos y transformamos.

En este caminar, las pedagogías feministas proponen “entre – tejer” diversas experiencias desde lo educativo, entendido como un espacio de subversión de un sistema de poderes y privilegios sustentado en las desigualdades de género, clase, sexualidad, etnia, edad, etc. bell hooks (1994) nos recuerda:

 “The academy is not paradise. But learning is a place where paradise can be created. The classroom, with all it´s limitations, remains a location of possibility. In that field of possibility we have the opportunity to labor for freedom, to demand of ourselves and our comrades, an openness of mind and heart that allows us to face reality even as we collectively imagine ways to move beyond boundaries, to transgress. This is education as a practice of freedom”.


Referencias Bibliográficas:

  • Arango Rodríguez, S. C. (2012). Pedagogía feminista: una lectura desde la crítica cultural feminista. IX Simposio Internacional Educación y Cultura en Iberoamérica. Universidad de Ciencias Pedagógicas “Juan Marinello Vidaurreta”, Matanzas, Cuba, 20-24 marzo, (paper).
  • Crabtree R. D. , Sapp, D. A.,  Licona, A. C. (Eds) (2009). Feminist Pedagogy: Looking Back to Move Forward (A Feminist Formations Reader). Baltimore: Johns Hopkins University Press.
  • Dhar, Debotri (ed.) (2014). Education and Gender. London: Bloomsbury Academic,.
  • hooks, bell (1994). Teaching transgress. Education as the practice of freedom. London: Routledge.
  • Maceira, L. (2008). El sueño y la práctica de sí. Pedagogía feminista: una propuesta. México D.F: Colegio de México.
  • Martínez Martín, I. (2016). Construcción de una pedagogía feminista para una ciudadanía transformadora y contra-hegemónica. Foro de Educación, 14(20), 129-151. doi: http://dx.doi.org/10.14516/fde.2016.014.020.008
  • Martínez Martín, I., Ramírez Atiaga, G. (2017). Des – patriarcalizar y des- colonizar la educación. Experiencias para una formación feminista del profesorado. Revista internacional de educación para la justicia social (RIEJS), 6 (2), 81 – 95
  • Noddings, N (2015): Autonomía relacional. En Buxarrais, M. R. y Martínez, M. (Eds). Retos educativos para el siglo XXI: autonomía, responsabilidad, neurociencia y aprendizaje. Barcelon: Octaedro.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=238316

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Libro: Feminarios

Volver Julieta Kirkwood. [Autora]

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Colección Clásicos Recuperados.
ISBN 978-987-722-271-5
CLACSO.
Buenos Aires.
Octubre de 2017

Feminarios, es la compilación de parte del material de clases, cursos, seminarios y charlas realizadas por Julieta Kirkwood y que corresponden a la labor docente que ella efectuó durante cuatro años (desde 1981 a 1984) en distintos espacios y a diversas audiencias. Su propio orden, la metodología que seguía fue una ayuda inmensa para nuestra tarea de recopilación. Julieta escribía pacientemente sus exposiciones orales, no en vano ella expresa al dar cuenta al antiguo Círculo de Estudios de la Mujer de su trabajo: «¡Por cada una hora de clases invierto ocho horas en la preparación!» Y es precisamente esa dedicación la que ha hecho posible reunir los principales temas abordados en su gesto de difusión pedagógica del feminismo.
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Fuente: http://www.clacso.org.ar/clasicosrecuperados/detalle.php?id_libro=1308

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«La auténtica revolución del siglo XXI es la pedagogía feminista» entrevista a la docente Mercedes Sánchez Vico

Europa/España/27 MAyo 2017/Autora: Claudia González Romero/Fuente: La Voz del Sur

La docente Mercedes Sánchez Vico, responsable de un proyecto de Género a través de la Imagen y de dos producciónes audiovisuales ‘Ellas: Mujeres que han hecho historia, pero que no están en la historia’ y ‘Las Educadoras’, participa en Jerez dentro del foro Mujeres en el espacio del Mediteráneo y explica la relevancia de la coeducación.

Mercedes Sánchez Vico fue considerada una loca por llevar a cabo una pedagogía feminista en sus clases de Secundaria. Hoy, desde que creara su proyecto educativo de Igualdad de Género a través de la Imagen y realizara dos producciónes Ellas: Mujeres que han hecho historia, pero que no están en la historia y Las Educadoras, atesora seis galardones y reconocimientos variados por su gran labor coeducativa. Hace apenas dos meses que ha recogido el primer premio Rosa Regás por su contribución a la hora de promover la igualdad de género en el IES Eduardo Janeiro de Fuengirola. La entrevista se produce durante su visita a Jerez como ponente en el Foro de Mujeres en el espacio del Mediterráneo para hablar el proceso pedagógico que lleva a cabo en el instituto malagueño. “Todo el mundo se piensa que soy de Málaga, pero soy jienense”, aclara al inicio de la entrevista.  “Andaluza, mujer, feminista…”, continúa.

Se considera feminista entonces.

Sí, sí, claro.

Es que me llama la atención que en el primer documental que produjo y en el tráiler del segundo, no aparece la palabra feminismo.

Bueno, damos ya por sentado que la mujer, evidentemente y de manera obvia, debe de ser feminista. Y de hecho todas las mujeres que intervienen en el proyecto de Las Educadoras son feministas. Y el primero, Ellas: Mujeres que han hecho historia… lleva ya el mensaje feminista intrínsecamente, es decir, yo no entiendo la educación sin la pedagogía feminista. Yo creo que ahora mismo es lo que está revolucionando la enseñanza y lo que mueve los hilos de absolutamente de todo.

¿Cuánto tiempo lleva en la lucha de visibilizar a la mujer en la educación?

Yo en la docencia llevo cerca de 26 años, pero lo llevo en la sangre desde que era pequeñita. Creo que desde el primer momento en que empecé en la educación, no la concebí si no era transformando y educando en valores. En la lucha por la igualdad de género, aproximadamente de manera muy activista, hace 20 años. Y hace diez que cree el proyecto educativo de Igualdad de Género a través de la Imagen como asignatura.

¿Cuándo se dio cuenta de que la desigualdad entre géneros existe?

Desde pequeña. A mí se me exigía que hiciera las tareas de la casa y a mi hermano no. Y yo me rebelaba contra ello. Tuve unos padres fabulosísimos y además me educaron para que yo tuviera una formación educativa. Sin embargo, no tenían claro que los chicos tenían que participar en la corresponsabilidad de las tareas de la casa. Y yo por el hecho de nacer mujer, sí tenía que hacerlo. Yo me decía, ¿por qué por unos genitales yo sí tengo que hacer unas determinadas cosas que mi hermano no?

«Mi madre pensó que esas cosas no se podían cambiar. Y es cuando yo dije que sí se podía transformar el mundo»

Una familia de mente abierta, pero nacida, educada en una sociedad machista.

Exactamente, educados bajo un patriarcado evidente y una educación machista en la que indiscutiblemente sí intentaron siempre que yo estudiara. Es más, mi propia madre siempre me dijo que fuera independiente. Que no dependiera de nadie, ni económicamente ni nada. Sin embargo había determinadas fronteras que a ellos todavía les costaba mucho atravesar. Mi madre incluso llegó a reconocerme alguna vez que efectivamente yo podía llevar razón, pero que esas cosas no se podían cambiar. Pensó que esas cosas no se podían cambiar. Y es cuando yo dije que sí se podía transformar el mundo. De hecho mi lema es: Coeducar, coeducar y coeducar para transformar el mundo.

¿Y qué es la coeducación?

Es educar en valores en igualdad para que se llegue a una regulación y a una equidad real entre chicos y chicas. Sobre todo en cuanto a lo que es su educación, la visibilización de la mujer, la erradicación de la violencia de género y en cuanto lo que son sus orientaciones sexuales. Es educar para conseguir una igualdad plena entre hombres y mujeres.

El docente entonces, va más allá del contenido de la materia y busca nutrir al alumnado en valores sociales.

Debería. Todos los docentes, den la asignatura que den, transversalmente, siempre deberían educar en género. De hecho la propia ley ya te lo exige, pero todavía creo que estamos a años luz de poder conseguir eso de una manera total y absoluta. Tenemos algunas veces una igualdad legal muy buena, unas leyes que nos dicen que debemos hacer determinadas cosas, pero todavía están muy distantes de lo que es luego una igualdad real.

¿Se ha encontrado con compañeros reticentes y que se han opuesto a lo que usted imparte en sus clases?

¡Hombre! En mis inicios yo y otras personas en mi misma situación éramos las locas de los institutos. No le daban ninguna importancia. Es más, no consideraban ni que fuera fundamental la labor que queríamos ejercer y la revolución, porque esa es la palabra que queríamos llevar al campo de la pedagogía.

¿Cuál era la etiqueta?

Por ejemplo: Ya están las locas estas de nuevo, ya tienen otra idea. En mi caso y en el de otras compañeras, claro que sí. Pero la auténtica revolución del siglo XXI es el feminismo, la pedagogía feminista. Lo que va a hacer que hoy en día, todavía en pleno siglo XXI, haya cosas que transformar. Porque nos están vendiendo lo que es el espejismo de la igualdad, pensar que hemos conseguido la igualdad. Cuando nos dicen: ¿Pero las mujeres todavía por qué os quejáis si ya vivimos en una sociedad igualitaria? Falso. Estamos en pañales. Yo siempre le digo a mi alumnado, que estamos empezando. Queda mucho por hacer. La propia OMS ha dicho que hasta finales del siglo XXI en los países más avanzados del mundo no se llegará realmente a una igualdad real. Y esa revolución que tiene que hacer el feminismo en el siglo XXI todavía, y que lo ha hecho ya en el siglo XX, es la verdad. Ahora mismo es la fuerza y el instrumento más potente que tenemos para conseguir eso. La igualdad se aprende. Nos han educado en desigualdad desde la más tierna infancia, desde que nacemos ya nos ponen el rosa y el azul. Pues igual que nos enseñan en desigualdad, tenemos que enseñar en igualdad. Y si conseguimos llevar eso hasta sus últimas consecuencias, pues conseguiremos cerrar los juzgados de guardia de violencia de género. Educando en igualdad, ganamos hombres y mujeres, porque el patriarcado y el machismo hacen mucho daño también a los hombres.

Claudia González Romero
Mercedes Sánchez Vico posando junto al cartel del foro Mujeres en el espacio Mediterráneo organizado por Tres Culturas.

¿Es el sistema educativo la herramienta que perpetúa esos roles de género?

Creo que desde que nacemos, la forma en que sociabilizamos es lo que ya nos genera los estereotipos o esos roles de género. Cuando el niño o la niña llegan a la escuela ya llegan con esos roles. Esa sociabilización está en la cultura.

Pero usted trata únicamente la igualdad en el instituto, ¿qué pasa con el colegio, qué pasa en infantil?

Se debería de hacer desde la más tierna infancia. Desde el segundo cero. Debería ser una serie de valores que se transmitiera en el aula nada más entrar el niño y la niña en el sistema educativo. Algo crucial, porque cuando llegan al instituto el trabajo todavía es mucho más duro.

«La coeducación abre puertas y nos ayuda a construirnos también como seres humanos»

Hay que deconstruir.

Tienes que deconstruir absolutamente todo. Es aprender a desaprender. Lo que nos han dicho que es el amor realmente no es amor, lo que nos han dicho lo que en realidad es una relación de pareja, no lo es… Es muy duro porque la coeducación tiene que salir de debajo de la piel, de dentro. Y claro, tienes que romper con muchos miedos. La coeducación abre puertas y nos ayuda a construirnos también como seres humanos. Y también a ser mejores personas. Por eso es tan completo y extraordinario el campo de la coeducación, aunque todavía no se le esté dando el lugar y la importancia que debería de tener.

¿Cómo reacciona el alumnado ante estos asuntos?

Los chicos, en un principio, a la defensiva; no todos, porque no me gusta generalizar, pero yo creo que es importante dejarlos ya que lo han educado también desde esos roles de género. Sienten que tienen que defenderse. Sin embargo, cuando se relajan, porque empiezan a ver que no se trata de una lucha ni de una batalla que hay que ganar. Los chicos están completamente castrados en el campo emocional. No pueden llorar, no pueden experimentar sus emociones, no pueden mostrar físicamente su afecto como pueden hacer las chichas… Todo eso lo ha traído el patriarcado y el machismo. Cuando empiezan a entender que efectivamente su propia castración emocional viene también de ese patriarcado que les va a impedir una paternidad plena, un mundo de efectividad total y absoluto hacia sus amigos, sus propios hijos, su relación de pareja… Empiezan a darse cuenta de que efectivamente tienen que cambiar de actitud. Es más, muchos de mi alumnado masculino, cuando terminan de estudiar el proyecto, me dicen: Mercedes soy feminista. Y eso es extraordinario.

¿Y cómo reaccionan sus alumnas?

Las chicas en líneas generales mucho menos a la defensiva, pero es verdad que muchas de ellas también, porque ha habido en los últimos años un retroceso, tienen que deconstruirse como mujeres. Nos han contado cuentos desde pequeñitas, de princesas, donde siempre tenemos que ser salvadas por príncipes azules. Nos tenemos que salvar nosotras mismas. Es deconstruir todo ese mundo también infantil en el que nos han educado: princesitas, cocinitas, el cuidado… Nos enseñan a ser cuidadoras, frente al hombre que se le ha negado este rol. Deconstruir la manera en la que le han educado a ella para que la mujer se empodere, sea asertiva, tome sus propias decisiones, sea valiente… Tiene muchas ganas de actuar y de hacer cosas, pero evidentemente tiene que entender que es fundamental la coeducación. Un cambio a la par. Tienen que ir a la par, chicos y chicas, en esa transformación.

Fuente: http://www.lavozdelsur.es/sanchez-vico-la-autentica-revolucion-del-siglo-xxi-es-la-pedagogia-feminista

Fuente de la imagen: http://www.lavozdelsur.es/sites/default/files/styles/bs_9_cols/public/mercedes_sanchez_vico_2.jpg?itok=Y0N7X0Al

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