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México: Efectos de crisis por COVID impactan más en mujeres: OIT

Tras advertir que el impacto de la crisis por COVID no ha tenido los mismos efectos para mujeres trabajadoras que para hombres, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoció que sin el pago de subsidios salariales que se dio en algunos países, las y los trabajadores hubieran perdido 6.5 por ciento de la masa salarial entre el primer y el segundo trimestre de 2020; en el caso de las mujeres, la pérdida hubiera sido de 8.1 por ciento frente al 5.4 por ciento en el de los hombres; es decir, tres puntos de diferencia por sexo.

Al presentar su “Informe Mundial sobre Salarios 2020-2021” este 2 de diciembre, el organismo internacional dijo que “esta diferencia se deriva sobre todo de la reducción de las horas de trabajo, más que de la diferencia en el número de despidos. La masa salarial perdida a consecuencia de la caída de las horas de trabajo fue del 6.9 por ciento en el caso de las mujeres, frente al 4.7 por ciento en el de los hombres”.

En el mundo, aproximadamente 327 millones de personas asalariadas perciben una remuneración equivalente o inferior al salario mínimo por hora vigente. Esta cuantía representa 19 por ciento del total de las personas asalariadas y abarca a 152 millones de mujeres, de acuerdo con la OIT.

Pese a que en números absolutos hay más hombres que mujeres percibiendo el salario mínimo o un monto inferior, las mujeres son mayoría en esta categoría: aunque constituyen 39 por ciento de los asalariados del mundo con un sueldo superior al mínimo, representan 47 por ciento de las personas asalariadas que perciben una remuneración inferior o equivalente al salario mínimo.

Por lo general, dijo la OIT, las mujeres predominan entre las y los trabajadores mal pagados; los estudios indican que en muchos casos el salario mínimo reduce la brecha salarial de género.

En todas las regiones la proporción de mujeres que perciben el salario mínimo o un monto inferior es mayor que entre quienes perciben un monto superior al del salario mínimo. También predominan las y los trabajadores jóvenes (menores de 25 años), los que tienen un nivel de instrucción inferior y los trabajadores rurales, lo cual apunta a que el salario mínimo también reduce la brecha salarial entre estos y otros grupos, de acuerdo con el organismo internacional.

Por lo que respecta a las características laborales, el informe indicó que quienes perciben el salario mínimo o una suma inferior tienen más probabilidades de trabajar con un contrato temporal o a tiempo parcial que quienes gozan de un nivel de remuneración más elevado; además en promedio trabajan más horas.

México, la desigualdad

De acuerdo con el más reciente reporte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), al tercer trimestre de 2020, la pobreza laboral de los hombres ocupados presentó un aumento de 2.0 puntos porcentuales respecto al primer trimestre de 2020, mientras que la pobreza laboral de las mujeres ocupadas se mantuvo en 15.6 por ciento, en el mismo periodo.

Esto quiere decir que en nuestro país los hombres ocupados reportaron un ingreso laboral real mensual de 4 mil 516.86 pesos, mientras el ingreso de las mujeres fue de 3 mil 822.51 pesos. En términos relativos para este trimestre, en México el ingreso de los hombres ocupados es aproximadamente 1.2 veces mayor al de las mujeres.

En términos absolutos, entre el tercer trimestre de 2019 y el tercer trimestre de 2020 (antes de la pandemia), el ingreso laboral real promedio de los hombres disminuyó 24.59 pesos, mientras que el de las mujeres aumentó 289.60 pesos.

“Este incremento en el ingreso laboral real promedio de las mujeres indica una recuperación de 314.19 pesos respecto a la brecha del mismo periodo del año anterior”, dijo el Coneval.

Fuente  e imagen: CIMAC Noticias

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México: Periodistas en pandemia: enfermos, estresados y precarizados

Texto: Vania Pigeonutt
Foto: Margarito Pérez Retana / Cuartoscuro

Los resultados de una encuesta aplicada a 105 periodistas mexicanos activos durante la pandemia son demoledores: la mitad trabaja con ansiedad, estrés o depresión; la otra mitad tiene obesidad y problemas cardiovasculares. Ocho de cada 10 aumentaron su jornada de trabajo, pero no su economía y dos de cada 10 tuvieron que buscar otro empleo

Nuestro trabajo es una actividad esencial, dice directo Jade Ramírez Cuevas Villanueva, coordinadora del área de Libertad de Expresión de la Red de Periodistas de a Pie.

Luego explica: “Lo estamos haciendo, como los doctores, enfermeras, camilleros, personal administrativo y de terapia intensiva en un hospital.  La diferencia es que los periodistas lo hacemos sin herramientas, con muy pocos insumos, con muy poco estímulo ni reconocimientos”.

Por el contrario, lo que hemos enfrentado en estos meses de pandemia es la precarización laboral, reducciones salariales, incertidumbre y despidos. El peor saldo, del que nadie habla:

al menos 15 colegas han muerto por complicaciones de covid, enfermedad que adquirieron trabajando.

Ese fue el objetivo de la encuesta “Situación de los periodistas frente al covid–19” : conocer y visibilizar los problemas que han enfrentado los periodistas mexicanos durante la cobertura de esta pandemia.

Y el resultado es poco menos que alentador:

“Estamos en una situación grave, en una adversidad complicada, porque hay enfermedades, obesidad, sobrepeso, enfermedades crónicas que ya tenemos de por sí y que ante la pandemia es más difícil de llevar. Vimos las repercusiones o impactos a la economía, la salud y los contenidos, se reflejan en los resultados de manera combinada: el deterioro en el ámbito personal que genera alteraciones a la salud y los obstáculos que se han superado en los primeros siete meses para seguir informando”, explica la periodista, radicada en Jalisco.

La encuesta que fue contestada por 105 periodistas de distintos estados del país, aunque la Ciudad de México concentró una tercera parte. El 70 por ciento de los encuestados tiene entre 26 y 45 años, es decir, está en el momento de mayor actividad laboral; 58 por ciento son mujeres.

Primer eje: más precarización

El ejercicio ilustra las condiciones generales de las periodistas en México, a través de una serie de reactivos que permiten dimensionar ¿qué estamos viviendo en nuestras coberturas?, ¿qué está significando para nosotros?, ¿qué problemas tenemos enfrente?

“En el contacto con los colegas, en la medida en la que se prolongaba la pandemia, se veían pequeñas crisis. pero consecutivas. Nos dimos a la tarea de diseñar esta encuesta para poner en números la precariedad laboral, los daños a la salud, el impacto psicosocial (que algunas ya teníamos) de estar cubriendo más de 12 años una guerra que no pedimos. Esta encuesta se puso online, con el apoyo extraordinario de Técnicas Rudas, una organización, una colectiva aliada de Periodistas de a Pie”.

–¿Qué arrojó sobre las condiciones laborales de los periodistas durante la pandemia?

– En más de 73 por ciento se le diluyeron los horarios de trabajo y por lo tanto se duplicó la chamba. En contraste, una mayoría gana menos de 20 mil pesos al mes y otra mayoría está entre 3 mil y 5 mil pesos por mes. Se les duplicó el trabajo y no recibieron ningún estímulo económico por parte de sus empleadores. Hay un porcentaje muy pequeño, el 2 por ciento, que respondió que recibió un estímulo salarial cuando los horarios se diluyeron para todos y los horarios de trabajo se multiplicaron.

Eso, a los que les fue bien y conservaron el empleo. La mayoría contestó que ha tenido dificultades con sus pagos y a varios no les renovaron el contrato y tuvieron que emplearse en otros oficios. “Este es un primer resultado, un primer eje”.

Segundo eje: la irresponsabilidad de las empresas

En el segundo eje fue sobre las condiciones laborales para reducir los riesgos de contagio.

“Llevamos 15 personas que han fallecido por covid-19. Enfermos n cantidad de periodistas”, dice Jade.

Luego enfoca sus baterías en los principales responsables: los directivos y dueños de los medios de comunicación.

“Son el principal agente que pone en riesgo a los periodistas en México dotando de muy pocos insumos de seguridad, sin hacer un estudio clínico serio de cómo se encuentra el estado de salud de sus redacciones y mandándolos a reportar en condiciones adversas”, dice.

El otro agente que pone en riesgo a las y los periodistas en la pandemia, son las propias fuentes de información, al organizar eventos en espacios cerrados, o convocar a la cobertura de tumultos, marchas, protestas. La opción de las conferencias virtuales no ha sido asequible para el periodismo, pues no todos tienen acceso a un espacio aislado para trabajar y no han tenido garantías de que las preguntas realizadas por esa vía tengan respuesta.

Tercer eje: impactos en la salud

El tercer eje de la encuesta está en los impactos a la salud y a la salud mental. El diagnóstico no es bueno:

“Más de 50 por ciento de los encentados presenta ansiedad, estrés, irritabilidad y depresión (…) 36.1 por ciento de los encuestados tiene obesidad, 5.7 hipertensión, 3.8 por ciento problemas pulmonares y 1.6 por ciento diabetes”.

“Lo que viene es organizarnos y visibilizar. Ponerle nombre y apellido a quienes nos ponen en riesgo. Porque más del 35 por ciento de los encuestados tuvo que encontrar otro ingreso salarial; además de que se le multiplicó la chamba, se lo disminuyeron y tuvo que encontrar otro recurso, otra vía de ingresos de recursos. Esto pega mucho en el ánimo”.

Los retos

Cubrir la pandemia es más que un recuento de enfermos, intubados y muertos, dice Jade. Tiene que ver con la desigualdad social, desvío de recursos, impunidad y con un uso equivocado del poder. Es lo que estamos haciendo los periodistas de a pie en esta pandemia, mostrando cosas más allá de los números.

Por eso es necesario el reconocimiento de la gente. “Que una persona se acuerde y tenga en su cabeza, cada que lee una nota, un reportaje o una transmisión en vivo, que ese periodista quizá está viviendo un cuadro de estrés, de ansiedad, de precariedad salarial y de mucho conflicto con su oficio”.

Reconocerlo no sólo es para interpelar a las emociones o que nos tengan lástima, sino para que se entienda por qué un trabajo esencial como este vale la pena.

En cuanto a las instituciones públicas, dice, deberían considerar que este es un perfil laboral y profesional que debería tener acceso libre y gratuito a los servicios de salud. Entender que un programa especializado para atender periodistas requiere un tratamiento diferenciado, “no porque seamos diferentes y especiales, sino porque nuestros horarios y nuestras cargas laborales son complejas”.

Otro mecanismo sería tener una plataforma desde donde denunciar a quienes nos han precarizado, explica Jade. Algo así como el #MeToo de la precarización laboral para alertamos sobre quiénes nos han maltratado profesionalmente y vulnerado derechos.

“Los periodistas estamos trabajando como si trabajaran para una empresa outsourcing firmando contratos cada tres meses. Están dejando su vida integridad física de por medio y lo mínimo que se le debería de exigir a todas esas instituciones y empresas, si no van a mejorar los salarios, es que garanticen otros derechos laborales”.

Pero para eso necesitamos organizarnos. “Las soluciones no vendrán de legisladores, políticos, fondos especiales, becas o recursos públicos de cooptación, ni partidos”.

La solución es compleja, dice Jade. Pero sobre todo, la solución es autogestiva.

Fuente e imagen: https://piedepagina.mx/periodistas-en-pandemia-enfermos-estresados-y-precarizados/

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14 y 15 de Octubre : PARO NACIONAL DOCENTE EN TODAS LAS UNIVERSIDADES NACIONALES. Apagón y desconexión total por 48 hs

La CONADU Histórica va a un paro nacional de 48 horas los días miércoles 14 y jueves 15 de octubre, ante la disconformidad y el malestar imperante en la docencia de las Universidades Nacionales por la falta de respuestas satisfactorias a las demandas salariales y laborales que se vienen planteando en el marco de la paritaria.


Exigimos inmediata recomposición salarial no inferior a la inflación acumulada (12,8% a la fecha), compensación de gastos ocasionados por la virtualidad educativa y resolución de la precarización laboral de docentes interinos, contratados, Ad honorem. Así mismo demandamos que cualquier pretensión de retorno a la presencialidad debe contemplar estrictas garantías sanitarias en acuerdo con los gremios, rechazando cualquier situación que suponga un retorno forzado o la permanencia indefinida en la virtualidad, que es una modalidad transitoria.
Resaltamos la confluencia en este paro de 48 hs con la otra Federación, CONADU y mantenemos el estado de alerta y sesión permanente de nuestros órganos deliberativos y resolutivos.

CONTACTOS
Luis Tiscornia (Secretario General): 11 6133 1863
Claudia Baigorria (Secretaria Adjunta): 11 6725 8433

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El Trabajo Reproductivo y la precarización de las mujeres en pandemia

Por: Ileana Corea

El Trabajo Reproductivo no se refiere únicamente a la reproducción humana en términos biológicos, sino a la reproducción de la vida que conlleva la circulación de las mercancías dentro del sistema.

l neoliberalismo como doctrina política y económica se ha configurado como el gran enemigo de las mujers. Es la denuncia que constantemente realizan progresistas y revolucionarias en cada espacio de militancia. Este mismo sistema es el que ha llevado al límite de pauperización las condiciones vitales de las mujeres, quiénes estamos más expuestas ante los patrones de desigualdad de este sistema, por ejemplo.

La pandemia generada por la COVID-19 ha visibilizado lo que equivale estratégicamente el Trabajo Reproductivo (TR) y doméstico para el sistema económico, un trabajo que se mantuvo en un anonimato en su conceptualización como una forma de trabajo no remunerado, pero que en definitiva tiene rostros de mujeres precarizadas a lo largo de la historia, añadiendo que la cuarentena a la que nos han sometido tiene rasgos de clase muy marcado, lo que se traduce en que muy pocas personas puedan estar más protegidas y en condiciones aptas.

Entender el TR, es clave para comprender lo que las mujeres significamos para este sistema y es que el TR no se refiere únicamente a la reproducción humana en términos biológicos, sino a la reproducción de la vida que conlleva la circulación de las mercancías dentro del sistema capitalista, integrando las tareas del trabajo doméstico, cuidado a infantes, adultos mayores o personas con discapacidad. La garantía de la realización del TR trae como consecuencia que las/los trabajadores tengan resueltas sus necesidades básicas y puedan seguir produciendo para el sistema.

Silvia Federici, filósofa marxista, feminista y teórica del Trabajo Reproductivo apunta: “debemos admitir que el capital ha tenido mucho éxito escondiendo nuestro trabajo. Ha creado una obra maestra a expensas de las mujeres. (…) El capital ha matado dos pájaros de un tiro. Primero, ha obtenido una cantidad increíble de trabajo casi gratuito, y se ha asegurado de que las mujeres, lejos de rebelarse contra ello, busquen obtener ese trabajo como si fuese lo mejor de la vida.”

Esta realidad durante la pandemia no ha variado, sino que se ha profundizado aún más, pues ha incurrido en la mezcla del teletrabajo con la sobrecarga del TR en las mujeres.

Para Federici, estas condiciones han conllevado a una escalada de la violencia machista hacia las mujeres, además de estrés, crisis en la salud mental, y aumento de la precariedad, de millones de mujeres.

Fuente: https://www.laestrella.com.pa/opinion/ileana-corea/200811/reproductivo-precarizacion-mujeres-pandemia

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América Latina: Trabajadores y trabajadoras precarizadas de todo el país se reunieron para definir medidas de lucha

Trabajadores y trabajadoras precarizadas de todo el país participaron de un Encuentro de la Red de Precarizadxs, donde discutieron la situación del sector y las medidas de lucha a seguir, entre las cuales votaron realizar una campaña para ser incorporados dentro de la Ley de Contrato de Trabajo con un proyecto que incorpore las actividades precarizadas o débilmente reguladas. Por ANRed. Así lo anunció la Red de Precarizadxs, que detalló que el encuentro virtual contó con la participación de trabajadores de Brasil, Chile y Costa Rica, además de la participación de Bárbara, hermana de Franco Almada, joven repartidor de Pedidos Ya, que perdió su vida mientras trabajaba.

 

En el comunicado difundido por la red, Facundo Piccoletti, trabajador repartidor de Rappi, declaró: “debatimos sobre el rol de las empresas y el gobierno, que habiendo reconocido desde el 2018 la relación laboral de dependencia no ha tomado ninguna medida para nuestra regulación. Votamos realizar una gran campaña para ser incorporados dentro de la Ley de contrato de trabajo con un proyecto que incorpore nuestra actividad. No pueden seguir dejando que hagan lo que quieran con nosotros, mientras seguimos muriendo o rompiéndonos las piernas o contagiados de COVID porque ni un alcohol en gel nos dan“.

Por su parte, Laura Caceres, trabajadora de Pedidos Ya, agregó: “fue un gran paso este encuentro, organizado en forma democrática, desde abajo, fue un espacio para debatir y decidir. Hoy Unicef dice que la pobreza infantil llegará al 66% ¿Qué futuro nos espera? Queremos imponerle a las conducciones sindicales que luchen por todas nuestras demandas y la movilización“.

 

Desde la red también expresaron su rechazo a la discriminación y la xenofobia de las empresas y el rechazo al pago de la deuda externa “que implica más ajuste y precarización para la juventud”, sostuvieron. Además, resolvieron  “seguir exigiendo la aparición con vida de Facundo Castro, repudiando el accionar de las fuerzas represivas que persiguen y reprimen a los jóvenes de los barrios como nosotros”.

La Red de Precarizadxs nuclea a trabajadores y trabajadoras repartidoras de apps, gastronomía, trabajos domésticos, tareas de limpieza y docentes, entre otros sectores afectados, sobre todo en este contexto de pandemia.

Fuente e imagen:  https://www.anred.org/2020/08/12/trabajadores-y-trabajadoras-precarizadas-de-todo-el-pais-se-reunieron-para-definir-medidas-de-lucha/

 

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Informe señala a 41 millones de desocupados en América Latina y el Caribe

América Latina y el Caribe/08/07/2020/Autor: Máximo Paz/Fuente: ANRed

De acuerdo a una reciente publicación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la pandemia desatada por el COVID-19 alberga un proceso de profundización sin precedente histórico de la crisis laboral que persiste desde hace años en América Latina y el Caribe. Los resultados indican que al menos 41 millones de personas se hallan desocupadas en la región. De mantenerse inmutable el contexto crítico impuesto por la crisis sanitaria, el documento indica que las sociedades de las Américas experimentarán aún más la tendencia hacia el incremento del desempleo y el empeoramiento de las condiciones de vida. 

A través de una conferencia de prensa virtual llevada a cabo por Vinicius Pinheiro, Director de la Oficina de la OIT para América Latina y el Caribe y por Fabio Bertranou, Director de la oficina para el Cono Sur, se presentó el informe “Panorama Laboral en tiempos de la COVID-19: Impactos en el mercado de trabajo y los ingresos”. Las estipulaciones volcadas en la publicación hallan una serie de observaciones cuantitativas preocupantes para el contexto social americano.

Entre los datos destacables, el informe describe una suba entre 4 y 5 puntos de la tasa de desocupación en la región respecto al 8,1% de fines de 2019. No conforme con ello, la organización advierte que, de continuar la crisis, los números porcentuales estarán sujetos a un mayor agravamiento.

La investigación, sobre el punto observado, además subraya datos más dramáticos publicados por otros organismos. En ese sentido, el Banco Mundial refleja una caída del crecimiento económico de -7,2% y una tasa de desocupación del 12,3%, mientras que el Fondo Monetario Internacional, sobre una baja en la actividad económica del -9,4%, estipula una tasa del 13%.

Los porcentajes esbozados por la OIT encuentran rostro al revelarse en términos numéricos absolutos las personas que se estiman como desocupadas: sobre los 26 millones existentes anteriores a la pandemia, el incremento de la tasa porcentual describe a 41 millones de parados para 2020.

“Ese aumento sin precedentes en la tasa de desocupación regional implica un récord histórico de 41 millones de desempleados, lo cual va a repercutir sobre la estabilidad económica y social de nuestros países”, reveló Vinícius Pinheiro a través de la pantalla.

El informe además refiere a que el agravamiento de los guarismos encuentra relación directa con los indicadores que dan cuenta del objetivo desmejoramiento de las condiciones laborales y la merma a la baja sobre los ingresos salariales y los presupuestos familiares entre los ocupados.

“Una característica de esta crisis ha sido la velocidad del impacto que se ha traducido en un colapso inmediato de los ingresos laborales y familiares de un conjunto muy amplio de la población”, subrayó Pinheiro. “Esto puede amplificar las desigualdades sociales dado que los ingresos laborales en promedio aportan alrededor del 80%, de los ingresos totales familiares en la región”, completó al respecto el conferencista.

En otro punto de la conferencia se dio cuenta de las limitaciones que se presentan para medir la fuerza de trabajo real desocupada, en tanto que a partir de las medidas de distanciamiento, resguardo y confinamiento, superpuestas al desánimo ante los exiguos ofrecimientos de ocupación laboral se desprende un sector poblacional “escondido” de las estadísticas.

“La masiva destrucción de empleo no se refleja por completo en incrementos en la tasa de desocupación, debido a que una parte significativa de los trabajadores que pierden su empleo ha salido de la fuerza de trabajo”.

Razón por lo cual, se explica, podrían observarse mayores incrementos porcentuales en las estadísticas conforme se flexibilicen las medidas de contención social y, en consecuencia, la población inactiva precise salir a buscar ingresos propios en el mercado de trabajo tanto formal como informal.

Asimismo, el documento establece que cerca del 40% del total de la ocupación en la región se aloja en actividades laborales de alto riesgo en cuanto a su pérdida frente a la crisis sanitaria, mientras que un 17% se radica en sectores de riesgo medio-alto, por lo cual la organización estima que “alrededor del 60% de los ocupados en América Latina y el Caribe se encuentran expuestos a significativas pérdidas de empleo, de horas trabajadas y de ingresos laborales”.

Servicios hoteleros, gastronómicos y comercio se encontrarían, según la OIT, en el segmento de alto riesgo.

Por contrario, el informe indica que el 20% de la fuerza de trabajo de Latinoamérica y el Caribe se localiza inscrita al rango de actividades de bajo riesgo en el marco de la pandemia. Trabajadoras y trabajadores pertenecientes a la administración pública, educación y salud se hallarían en mayor número dentro de ese conjunto laboral.

El cuadro de situación actual encaja en su antecedente lógico a través de las observaciones volcadas en el documento que describen las realidades americanas poco alentadoras mucho tiempo antes del advenimiento de la pandemia.

“El bajo ritmo de crecimiento económico que caracterizó, en general, los años posteriores a la crisis financiera internacional (2008/2009) se tradujo en una débil creación de puestos de trabajo, especialmente de aquellos de mayor calidad”, señala el informe, para asegurar, a renglón seguido, que “la informalidad ha venido incrementándose sistemáticamente pasando de representar el 49,5% del total de los ocupados en 2014 a concentrar el 50,6% en 2018 y el 51% en 2019” y que “por lo tanto, en 2019 continuaron intensificándose las tendencias desfavorables observadas en los mercados de trabajo de la región. En particular, el leve aumento de la tasa de desocupación fue acompañado de un empeoramiento en la calidad de las ocupaciones y de un muy reducido incremento en las remuneraciones reales de los trabajadores”.

De acuerdo a lo desarrollado por la tecnocracia autora del trabajo investigativo, que coloca la certeza de una inconmensurable reducción de empleos y la pérdida masiva de ingresos laborales, se desprenden las alertas necesarias sobre los destacamentos organizativos de la clase obrera latinoamericana y caribeña.

Fuente e imagen: https://www.anred.org/2020/07/03/informe-senala-a-41-millones-de-desocupados-en-america-latina-y-el-caribe/

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Las desigualdades de producir desde casa

Por: Vladimir Garay

Internet siempre ha sido presentada como una tecnología democrática y democratizadora. Pero de la crisis emerge una fotografía de segregación social.

Esta semana, dos hospitales en Milán han comenzado a repartir tablets entre los enfermos terminales incomunicados y en aislamiento, para que puedan despedirse de sus familias y seres queridos, en un gesto que busca darle un poco más dignidad a una muerte espantosa. En los últimos años, el cine, la televisión y la literatura se han encargado de imaginar todo tipo de escenarios tecno-distópicos, pero nada así de desolador.

La crisis mundial desatada por la agresiva expansión del COVID-19 ha sido descrita como un evento que ocurre una vez cada cien años y cuando acabe, el mundo será probablemente muy distinto al que conocimos. Lamentablemente, parece que todavía falta mucho para ello. Italia ha superado a China y es ahora el país con más muertes producto del coronavirus, que a nivel mundial ascienden a casi diez mil víctimas fatales.

El llamado ha sido a quedarse en casa y reducir el contacto social, como una forma de ralentizar la propagación del virus y evitar que los sistemas de salud colapsen. El teletrabajo y la educación en línea se han convertido en los modos sugeridos para que las personas puedan seguir realizando sus rutinas productivas desde casa. Internet —que siempre ha sido presentada como una tecnología eminentemente democrática y democratizadora — aparece como una de las principales maneras de sobrellevar la crisis.

Pero lo que emerge es una fotografía de segregación social, una expresión más de las condiciones precarias en las que millones de personas viven en nuestra región y que muchas veces son invisibilizadas en las declaraciones públicas de autoridades que son incapaces de imaginar que hay gente que simplemente no tiene acceso a internet. Las últimas cifras disponibles de la CEPAL, de 2017, cuantificaba que tan solo el 45% de los hogares de la región estaban conectados a la red. Y aunque probablemente esos números han aumentado en los últimos años, muy seguramente el porcentaje de personas excluidas todavía es alto.

 Además es importante comprender que no todas las formas de conexión son iguales ni equivalentes; la velocidad es un factor determinante y más todavía el dispositivo a través del cual nos conectamos a internet. Hoy, la principal forma de conexión a internet en el continente es por medio de dispositivos móviles. Consecuentemente, no es lo mismo pedirle a una niña que resuelva una tarea escolar utilizando su propio computador, a que lo haga a través de su teléfono celular. Aunque en ambos casos se tenga acceso a exactamente al mismo material de estudio, la segunda experiencia es sustantivamente peor, simplemente porque ese dispositivo no fue diseñado ni construido para ello. Así, nuevamente el ejercicio de un derecho fundamental queda sujeto a las posibilidades económicas de una persona o su familia.

A ello hay que sumar las condiciones ambientales del trabajo: no todo el mundo tiene la posibilidad de convertir un rincón del hogar en una oficina casera; todavía peor, mucha gente habituada a convivir un par de horas al día con el resto de su familia se verá ahora forzada a tener que negociar espacios, horarios, necesidades y también ancho de banda, muchas veces en casas hacinadas o concebidas más como dormitorios que como lugares de convivencia familiar y mucho menos oficina multifuncional. Todo esto sin mencionar a aquellas personas que desempeñan funciones que no pueden ser realizadas a la distancia, por ejemplo, los trabajadores de la altamente precarizada “gig-economy, que reciben órdenes de una app y que deben verse en la disyuntiva de salir a trabajar arriesgando su salud o simplemente perder su fuente de ingresos en tiempos de alta incertidumbre.

Evidentemente estamos viviendo un momento inédito y particularmente difícil. Pero esta experiencia debería ser valiosa para cuando lo peor haya pasado. Hay dos reflexiones en las que creo que será necesario profundizar: primero, el teletrabajo ha sido una parte importante de los discursos de flexibilización laboral, pero no nos engañemos: para mucha gente tener trabajar desde su casa se convertirá en otra forma de precarización si es que no se toman medidas tendientes a asegurarle a los y las trabajadoras condiciones mínimas para el desempeño de sus funciones a distancia.

En segundo lugar, es errado pensar que internet es una tecnología eminentemente igualitaria. Sin embargo, existe en ella un potencial para ayudar a corregir algunas desigualdades de base. Ello dependerá del modo en que la tecnología se implementa y se usa. Si lo dejamos en manos del mercado y la capacidad individual de las personas, las cosas seguirán siendo tan injustas como antes y quizás, hasta peores.

Fuente: https://rebelion.org/las-desigualdades-de-producir-desde-casa/

Imagen: StockSnap en Pixabay

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