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Entrevista a Joaquim Sempere: La palabra clave es autocontención

Entrevista a Joaquim Sempere
«Tenemos que aprender a controlar nuestras expectativas a lo psíquicamente razonable y ecológicamente posible. La palabra clave es autocontención»

Nuria del Viso

Joaquim Sempere (Barcelona, 1941) es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y licenciado en Sociología por la Universidad de París-X. Ha trabajado como director de la revista Nous Horitzons y forma parte del consejo editorial de la revista Mientras tanto. Es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Barcelona, especializado en temas de medio ambiente. Ha desarrollado su pensamiento en torno a las necesidades humanas, el papel de la ciencia y los conflictos socioecológicos. Entre sus libros más recientes figura Mejor con menos (Crítica, 2008) y, en coautoría con Jorge Riechmann, Sociología y medioambiente (Síntesis, 2014). En esta entrevista desgrana su visión sobre la calidad de vida.

Nuria del Viso (NV): Para abrir este boletín sobre calidad de vida, nos gustaría primeramente que nos ayudaras a acotar conceptos y relaciones entre calidad de vida y bienestar; y entre buena vida y su equivalente del buen vivir en América Latina.

Joaquim Sempere (JS): “Bienestar” y “calidad de vida” se usan a menudo como sinónimos, aunque con acentos distintos. Bienestar alude más bien a los elementos “objetivos” o utilitarios, como la satisfacción de necesidades básicas objetivables: alimentación adecuada y suficiente, buen estado de salud, acceso a vivienda digna, vestido, protección ante los imprevistos de la vida, etc. Calidad de vida alude a aspectos más cualitativos y subjetivos, es decir, a los niveles de satisfacción experimentados, que incluyen presupuestos culturales distintos para las distintas sociedades consideradas, así como la adecuación a los tipos y niveles de expectativas de las personas consideradas. De todos modos, las diferencias son pequeñas y los dos términos a menudo se usan indistintamente para designar lo mismo.

Entiendo que el “buen vivir” de las comunidades autóctonas de América Latina es más que lo que nosotros consideramos “vida buena” porque incluye una relación armónica con el medio natural que supone también armonía social, esto es, justicia, reciprocidad en los derechos y deberes, vida humana adaptada a ritmos menos artificiales que los de las ciudades modernas. Es obvio que se trata de un planteamiento de vida del que tenemos mucho que aprender.

Quiero insistir en el tema de las expectativas. La sociedad productivista-consumista genera incesantemente expectativas materiales cada vez más altas, lubricando así la tendencia al crecimiento, pero con efectos psicológicos y morales devastadores porque reproducen sin cesar la insatisfacción (que a su vez realimenta el deseo de más cosas). Tenemos que aprender a controlar la formación de nuestras propias expectativas, a adaptarlas a lo que es psíquicamente razonable y ecológicamente posible. La palabra clave en esto es autocontención.

NV: Desde tu óptica, ¿cuáles son los ejes principales de la calidad de vida?

JS: En la calidad de vida creo que debe incluirse la satisfacción suficiente y adecuada de las necesidades básicas materiales (alimentación, vivienda, vestido, salud) junto con ciertos parámetros que dan a la vida humana una densidad de significación satisfactoria. Comer, vestirse y cuidar la salud son, en definitiva, bienes instrumentales: necesarios para “estar bien” pero no suficientes para una vida buena. Se dice, con razón, que estamos físicamente bien cuando no sentimos el cuerpo, porque funciona como debe: es al enfermar o sufrir dolor cuando nos apercibimos de que “tenemos” cuerpo. Con las necesidades materiales pasa algo parecido: si están bien satisfechas no las sentimos y podemos dedicar nuestras energías a construir nuestra vida, nuestra persona, nuestras relaciones con los demás. “Calidad de vida” viene a ser esta conjunción de unas necesidades básicas adecuadamente satisfechas con una panoplia de actividades y relaciones humanas que dan sentido e interés a nuestra existencia.

Conviene precisar que “necesidades materiales” es un término que a veces se usa de manera restrictiva, olvidando que en su satisfacción propiamente humana se juega una gran variedad de aspectos. La comida no es mero metabolismo animal, sino arte, gastronomía, cultivo de la riqueza sensorial, búsqueda y experimentación, y comer es también un acto social donde juegan elementos de reciprocidad, compañía, intercambio de dones y de afectos, etc. Algo parecido puede decirse del alojamiento: la vivienda no sólo nos protege de la intemperie, sino que es el espacio que organizamos a nuestra manera, proyectando nuestra personalidad en la decoración y en la búsqueda de algún confort vital, etc. Y lo mismo de otras necesidades materiales.

Pero la calidad de vida no se detiene ahí. Incluye todo lo que da a nuestra vida sentido, relieve, riqueza emocional, artística e intelectual, incluyendo las experiencias relacionales de amor, amistad y otras interacciones, como las comunitarias, políticas, recreativas, ceremoniales, deportivas…

NV: Todas estas actividades implican tiempo. Precisamente, una de las percepciones más repetidas actualmente es la sensación de falta de tiempo con la aceleración de los ritmos de vida. En este contexto, ¿qué significa la aparición del movimiento slow? Y en el ámbito laboral, ¿cómo incidir para una mejora de la calidad de vida?

JS: El movimiento slow es una rebeldía contra la prisa que invade la vida moderna en casi todas sus facetas. La sensación de falta de tiempo y la prisa que se deriva de ella proceden de la lucha fáustica contra la finitud de la vida humana, la reacción desesperada para lograr este imposible que es detener el tiempo, otra manera de experimentar la ilusión de la eternidad imposible. Naturalmente, se refuerza con la dinámica capitalista de la acumulación indefinida de capital que requiere una ampliación permanente de la demanda de mercancías; el resultado de esta dinámica es la demanda incesante de más bienes y servicios para consumir, que se disputan entre sí el tiempo de que disponemos, que es limitado. No puedo trabajar mis ocho horas al día, preparar la comida, comer, aprender idiomas, jugar al tenis, ir al cine, ver televisión, usar mi teléfono móvil para mil y un usos, y así al infinito en las 24 horas que dura un día. El mensaje del movimiento slow lo interpreto así: el tiempo que nos es asignado es, en cualquier caso, limitado; como no nos permite abarcarlo todo, tenemos que autolimitarnos; es mejor hacer menos cosas y dedicar más tiempo a cada una de ellas, experimentándolas con la máxima intensidad posible, en lugar de mariposear superficialmente sobre un montón excesivo de actividades y estímulos, para descubrir, al final, la vaciedad y la frustración de tantas experiencias veloces, acumulativas, abundantes y superficiales. Más vale saborear con detenimiento y atención pocas experiencias que nos dejen huella.

NV: Nos hallamos inmersos en una profunda crisis ecológica y social. Sin embargo, las políticas económicas al uso continúan situando la meta del bienestar en el crecimiento (para “tener más cosas”), lo que implica no sólo mantener, sino aumentar, el ritmo de extracción de energía y materiales, alimentando estilos de vida que no son generalizables. ¿En qué consiste la calidad de vida en este contexto?

JS: La calidad de vida que se nos vende en estas circunstancias es una estafa. No digo que no se pueda vivir bien teniendo más cosas, pero cuando se descubre la profundidad de la crisis ecosocial, cuando se le cae a uno la venda de los ojos, ya no se puede ser feliz sin tratar de detener esta carrera hacia el desastre. La respuesta tiene dos vertientes, a mi juicio. Por un lado, la lucha política (en sentido amplio) para detener la carrera hacia el abismo, tratando de influir en la cultura, en la vida pública, en la política, para encaminar nuestras sociedades hacia la sostenibilidad. Por otro lado, adoptar personalmente, y con la gente que te rodea, estilos de vida congruentes con la consciencia de la crisis, tratando de reducir el impacto ecológico propio: andar, ir en bicicleta, viajar poco o nada en avión, prescindir del coche particular, instalar fotovoltaicas, vigilar lo que comes y lo que consumes en lo que atañe al despilfarro de recursos y energía, etc. El cambio personal de estilo de vida no resuelve el problema, que es de dimensiones colectivas inmensas, pero determina la ejemplaridad de la conducta adoptada como conducta deseable: en este sentido tiene que articularse con la acción política contribuyendo a señalar el camino correcto. Y a la vez, es una manera de avanzar en calidad de vida congruentemente con la toma de conciencia del desastre ambiental.

NV: En un artículo anterior para Boletín ECOS, relacionado con tu libro Mejor con menos (Crítica, 2008), apuntabas que “hace falta una reconsideración de muchos parámetros de la vida social”. ¿En qué consistiría este cambio de paradigma?

JS: Consistiría en no superar la biocapacidad de la biosfera para que podamos vivir dignamente en ella todos los seres humanos y el máximo número posible de especímenes de otras especies animales. En otras palabras: no superar la huella ecológica media por habitante que la biosfera puede soportar sin degradarse. ¿Cómo se arbitra esto? Ahí radica la dificultad, dado que hemos construido un mundo no sólo insostenible ecológicamente, sino encadenado por unas dinámicas incontrolables. Las interdependencias son tan densas y tan fuertes que no se puede intervenir en un lugar sin que tengan lugar efectos en otros lugares. Y como la oligarquía mundial del dinero controla los mecanismos esenciales, procura que ninguna comunidad, ningún país, escape a la lógica dominante, y puede conseguirlo. El ahogo de Grecia por la UE es un ejemplo. Para que la ciudadanía recupere capacidad de autogobierno, tendrá que producirse, a mi entender, un desmontaje de estas interdependencias, una transición a comunidades más autárquicas (permitidme esta palabra maldita) o más autosuficientes. No pienso en autarquía plena, sino en reorganizar el metabolismo entre sociedades humanas y medio natural cercano para lograr un aprovechamiento eficaz y no destructivo de los recursos que proporciona la naturaleza. Así sería más fácil ajustar las necesidades humanas al entorno ecológico cercano, materializando una cierta armonía entre ser humano y naturaleza.

Lo ideal sería conservar los adelantos de la tecnociencia que pueden enriquecer la vida humana, y para ello la autarquía propuesta debería combinarse con una “mundialización espiritual” que permitiera compartir los saberes y las otras expresiones espirituales sin limitación. Las técnicas de comunicación de que disponemos hoy hacen posible esta mundialización. Pero esto requeriría también una estructura industrial muy sofisticada: ¿cómo hacerla compatible con un metabolismo simplificado? Esta compatibilidad es uno de los retos importantes para “salvar” el progreso tecnocientífico sin sacrificar la biosfera.

NV: ¿Alguna pista sobre las medidas necesarias para implantar ese cambio de paradigma?

JS: El capitalismo desregulado que impera en el mundo es, en las actuales circunstancias, lo peor que nos podía suceder, pues las tareas necesarias para salvar la civilización humana requieren dosis importantes de intervención deliberada en la vida pública, regulación y planificación (con todos los correctivos que se desprenden de los fracasos del siglo XX en materia de planificación). Pero no se ve cómo introducir cuñas en un sistema tan compactamente interdependiente para introducir regulaciones conscientes. A mí, este sistema capitalista, asociado a una megamáquina, como decía Mumford, se me aparece como invencible. Sin embargo, se me aparece tan invencible como inviable: creo que camina hacia su autodestrucción. Si esto es así, tras la autodestrucción del capitalismo tecnológico desregulado surgiría la oportunidad de reconstruir una sociedad nueva desde las ruinas de la vieja. Pero esto sólo sería posible si hubiese una masa crítica de personas con la suficiente consciencia ecosocial (y la suficiente mochila de experiencias alternativas previas, aunque fueran modestas y locales) para tomar el relevo y marcar la dirección a seguir. Si en el momento oportuno no existe esa masa crítica, la ruina de la megamáquina puede desembocar en el caos más espantoso, en una “nueva Edad Media” dominada por grupos armados y mafias que impongan la ley del más fuerte en un planeta devastado. Por eso creo en las pequeñas acciones, en las intervenciones modestas para construir desde hoy embriones de futuro en los intersticios de la sociedad existente. Estas experiencias pueden parecer insignificantes hoy, pero pueden ser decisivas mañana. El futuro no está escrito en ninguna parte: dependerá de lo que hagamos desde hoy mismo. Y no debemos despreciar ningún ámbito de acción: ni esta construcción de experiencias locales que sean embriones de futuro, ni la acción política, ni la acción cultural, ni el desarrollo del saber, ni la transformación personal.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220492&titular=%22tenemos-que-aprender-a-controlar-nuestras-expectativas-a-lo-ps%EDquicamente-razonable-y-ecol%F3gicamente-posible.-la-

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Entrevista a a Joaquim Sempere:»Tenemos que aprender a controlar nuestras expectativas a lo psíquicamente razonable y ecológicamente posible. La palabra clave es autocontención»

18 Diciembre 2016/Fuente: Rebelion/Autor: Nuria del Viso FUHEM Ecosocial

Joaquim Sempere (Barcelona, 1941) es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y licenciado en Sociología por la Universidad de París-X. Ha trabajado como director de la revista Nous Horitzons y forma parte del consejo editorial de la revista Mientras tanto. Es profesor emérito de Sociología de la Universidad de Barcelona, especializado en temas de medio ambiente. Ha desarrollado su pensamiento en torno a las necesidades humanas, el papel de la ciencia y los conflictos socioecológicos. Entre sus libros más recientes figura Mejor con menos (Crítica, 2008) y, en coautoría con Jorge Riechmann, Sociología y medioambiente (Síntesis, 2014). En esta entrevista desgrana su visión sobre la calidad de vida.

Nuria del Viso (NV): Para abrir este boletín sobre calidad de vida, nos gustaría primeramente que nos ayudaras a acotar conceptos y relaciones entre calidad de vida y bienestar; y entre buena vida y su equivalente del buen vivir en América Latina.

Joaquim Sempere (JS): “Bienestar” y “calidad de vida” se usan a menudo como sinónimos, aunque con acentos distintos. Bienestar alude más bien a los elementos “objetivos” o utilitarios, como la satisfacción de necesidades básicas objetivables: alimentación adecuada y suficiente, buen estado de salud, acceso a vivienda digna, vestido, protección ante los imprevistos de la vida, etc. Calidad de vida alude a aspectos más cualitativos y subjetivos, es decir, a los niveles de satisfacción experimentados, que incluyen presupuestos culturales distintos para las distintas sociedades consideradas, así como la adecuación a los tipos y niveles de expectativas de las personas consideradas. De todos modos, las diferencias son pequeñas y los dos términos a menudo se usan indistintamente para designar lo mismo.

Entiendo que el “buen vivir” de las comunidades autóctonas de América Latina es más que lo que nosotros consideramos “vida buena” porque incluye una relación armónica con el medio natural que supone también armonía social, esto es, justicia, reciprocidad en los derechos y deberes, vida humana adaptada a ritmos menos artificiales que los de las ciudades modernas. Es obvio que se trata de un planteamiento de vida del que tenemos mucho que aprender.

Quiero insistir en el tema de las expectativas. La sociedad productivista-consumista genera incesantemente expectativas materiales cada vez más altas, lubricando así la tendencia al crecimiento, pero con efectos psicológicos y morales devastadores porque reproducen sin cesar la insatisfacción (que a su vez realimenta el deseo de más cosas). Tenemos que aprender a controlar la formación de nuestras propias expectativas, a adaptarlas a lo que es psíquicamente razonable y ecológicamente posible. La palabra clave en esto es autocontención.

NV: Desde tu óptica, ¿cuáles son los ejes principales de la calidad de vida?

JS: En la calidad de vida creo que debe incluirse la satisfacción suficiente y adecuada de las necesidades básicas materiales (alimentación, vivienda, vestido, salud) junto con ciertos parámetros que dan a la vida humana una densidad de significación satisfactoria. Comer, vestirse y cuidar la salud son, en definitiva, bienes instrumentales: necesarios para “estar bien” pero no suficientes para una vida buena. Se dice, con razón, que estamos físicamente bien cuando no sentimos el cuerpo, porque funciona como debe: es al enfermar o sufrir dolor cuando nos apercibimos de que “tenemos” cuerpo. Con las necesidades materiales pasa algo parecido: si están bien satisfechas no las sentimos y podemos dedicar nuestras energías a construir nuestra vida, nuestra persona, nuestras relaciones con los demás. “Calidad de vida” viene a ser esta conjunción de unas necesidades básicas adecuadamente satisfechas con una panoplia de actividades y relaciones humanas que dan sentido e interés a nuestra existencia.

Conviene precisar que “necesidades materiales” es un término que a veces se usa de manera restrictiva, olvidando que en su satisfacción propiamente humana se juega una gran variedad de aspectos. La comida no es mero metabolismo animal, sino arte, gastronomía, cultivo de la riqueza sensorial, búsqueda y experimentación, y comer es también un acto social donde juegan elementos de reciprocidad, compañía, intercambio de dones y de afectos, etc. Algo parecido puede decirse del alojamiento: la vivienda no sólo nos protege de la intemperie, sino que es el espacio que organizamos a nuestra manera, proyectando nuestra personalidad en la decoración y en la búsqueda de algún confort vital, etc. Y lo mismo de otras necesidades materiales.

Pero la calidad de vida no se detiene ahí. Incluye todo lo que da a nuestra vida sentido, relieve, riqueza emocional, artística e intelectual, incluyendo las experiencias relacionales de amor, amistad y otras interacciones, como las comunitarias, políticas, recreativas, ceremoniales, deportivas…

NV: Todas estas actividades implican tiempo. Precisamente, una de las percepciones más repetidas actualmente es la sensación de falta de tiempo con la aceleración de los ritmos de vida. En este contexto, ¿qué significa la aparición del movimiento slow? Y en el ámbito laboral, ¿cómo incidir para una mejora de la calidad de vida?

JS: El movimiento slow es una rebeldía contra la prisa que invade la vida moderna en casi todas sus facetas. La sensación de falta de tiempo y la prisa que se deriva de ella proceden de la lucha fáustica contra la finitud de la vida humana, la reacción desesperada para lograr este imposible que es detener el tiempo, otra manera de experimentar la ilusión de la eternidad imposible. Naturalmente, se refuerza con la dinámica capitalista de la acumulación indefinida de capital que requiere una ampliación permanente de la demanda de mercancías; el resultado de esta dinámica es la demanda incesante de más bienes y servicios para consumir, que se disputan entre sí el tiempo de que disponemos, que es limitado. No puedo trabajar mis ocho horas al día, preparar la comida, comer, aprender idiomas, jugar al tenis, ir al cine, ver televisión, usar mi teléfono móvil para mil y un usos, y así al infinito en las 24 horas que dura un día. El mensaje del movimiento slow lo interpreto así: el tiempo que nos es asignado es, en cualquier caso, limitado; como no nos permite abarcarlo todo, tenemos que autolimitarnos; es mejor hacer menos cosas y dedicar más tiempo a cada una de ellas, experimentándolas con la máxima intensidad posible, en lugar de mariposear superficialmente sobre un montón excesivo de actividades y estímulos, para descubrir, al final, la vaciedad y la frustración de tantas experiencias veloces, acumulativas, abundantes y superficiales. Más vale saborear con detenimiento y atención pocas experiencias que nos dejen huella.

NV: Nos hallamos inmersos en una profunda crisis ecológica y social. Sin embargo, las políticas económicas al uso continúan situando la meta del bienestar en el crecimiento (para “tener más cosas”), lo que implica no sólo mantener, sino aumentar, el ritmo de extracción de energía y materiales, alimentando estilos de vida que no son generalizables. ¿En qué consiste la calidad de vida en este contexto?

JS: La calidad de vida que se nos vende en estas circunstancias es una estafa. No digo que no se pueda vivir bien teniendo más cosas, pero cuando se descubre la profundidad de la crisis ecosocial, cuando se le cae a uno la venda de los ojos, ya no se puede ser feliz sin tratar de detener esta carrera hacia el desastre. La respuesta tiene dos vertientes, a mi juicio. Por un lado, la lucha política (en sentido amplio) para detener la carrera hacia el abismo, tratando de influir en la cultura, en la vida pública, en la política, para encaminar nuestras sociedades hacia la sostenibilidad. Por otro lado, adoptar personalmente, y con la gente que te rodea, estilos de vida congruentes con la consciencia de la crisis, tratando de reducir el impacto ecológico propio: andar, ir en bicicleta, viajar poco o nada en avión, prescindir del coche particular, instalar fotovoltaicas, vigilar lo que comes y lo que consumes en lo que atañe al despilfarro de recursos y energía, etc. El cambio personal de estilo de vida no resuelve el problema, que es de dimensiones colectivas inmensas, pero determina la ejemplaridad de la conducta adoptada como conducta deseable: en este sentido tiene que articularse con la acción política contribuyendo a señalar el camino correcto. Y a la vez, es una manera de avanzar en calidad de vida congruentemente con la toma de conciencia del desastre ambiental.

NV: En un artículo anterior para Boletín ECOS, relacionado con tu libro Mejor con menos (Crítica, 2008), apuntabas que “hace falta una reconsideración de muchos parámetros de la vida social”. ¿En qué consistiría este cambio de paradigma?

JS: Consistiría en no superar la biocapacidad de la biosfera para que podamos vivir dignamente en ella todos los seres humanos y el máximo número posible de especímenes de otras especies animales. En otras palabras: no superar la huella ecológica media por habitante que la biosfera puede soportar sin degradarse. ¿Cómo se arbitra esto? Ahí radica la dificultad, dado que hemos construido un mundo no sólo insostenible ecológicamente, sino encadenado por unas dinámicas incontrolables. Las interdependencias son tan densas y tan fuertes que no se puede intervenir en un lugar sin que tengan lugar efectos en otros lugares. Y como la oligarquía mundial del dinero controla los mecanismos esenciales, procura que ninguna comunidad, ningún país, escape a la lógica dominante, y puede conseguirlo. El ahogo de Grecia por la UE es un ejemplo. Para que la ciudadanía recupere capacidad de autogobierno, tendrá que producirse, a mi entender, un desmontaje de estas interdependencias, una transición a comunidades más autárquicas (permitidme esta palabra maldita) o más autosuficientes. No pienso en autarquía plena, sino en reorganizar el metabolismo entre sociedades humanas y medio natural cercano para lograr un aprovechamiento eficaz y no destructivo de los recursos que proporciona la naturaleza. Así sería más fácil ajustar las necesidades humanas al entorno ecológico cercano, materializando una cierta armonía entre ser humano y naturaleza.

Lo ideal sería conservar los adelantos de la tecnociencia que pueden enriquecer la vida humana, y para ello la autarquía propuesta debería combinarse con una “mundialización espiritual” que permitiera compartir los saberes y las otras expresiones espirituales sin limitación. Las técnicas de comunicación de que disponemos hoy hacen posible esta mundialización. Pero esto requeriría también una estructura industrial muy sofisticada: ¿cómo hacerla compatible con un metabolismo simplificado? Esta compatibilidad es uno de los retos importantes para “salvar” el progreso tecnocientífico sin sacrificar la biosfera.

NV: ¿Alguna pista sobre las medidas necesarias para implantar ese cambio de paradigma?

JS: El capitalismo desregulado que impera en el mundo es, en las actuales circunstancias, lo peor que nos podía suceder, pues las tareas necesarias para salvar la civilización humana requieren dosis importantes de intervención deliberada en la vida pública, regulación y planificación (con todos los correctivos que se desprenden de los fracasos del siglo XX en materia de planificación). Pero no se ve cómo introducir cuñas en un sistema tan compactamente interdependiente para introducir regulaciones conscientes. A mí, este sistema capitalista, asociado a una megamáquina, como decía Mumford, se me aparece como invencible. Sin embargo, se me aparece tan invencible como inviable: creo que camina hacia su autodestrucción. Si esto es así, tras la autodestrucción del capitalismo tecnológico desregulado surgiría la oportunidad de reconstruir una sociedad nueva desde las ruinas de la vieja. Pero esto sólo sería posible si hubiese una masa crítica de personas con la suficiente consciencia ecosocial (y la suficiente mochila de experiencias alternativas previas, aunque fueran modestas y locales) para tomar el relevo y marcar la dirección a seguir. Si en el momento oportuno no existe esa masa crítica, la ruina de la megamáquina puede desembocar en el caos más espantoso, en una “nueva Edad Media” dominada por grupos armados y mafias que impongan la ley del más fuerte en un planeta devastado. Por eso creo en las pequeñas acciones, en las intervenciones modestas para construir desde hoy embriones de futuro en los intersticios de la sociedad existente. Estas experiencias pueden parecer insignificantes hoy, pero pueden ser decisivas mañana. El futuro no está escrito en ninguna parte: dependerá de lo que hagamos desde hoy mismo. Y no debemos despreciar ningún ámbito de acción: ni esta construcción de experiencias locales que sean embriones de futuro, ni la acción política, ni la acción cultural, ni el desarrollo del saber, ni la transformación personal.

Fuente de la entrevista: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220492

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Entrevista Paul Van den BroeK: “Internet no puede sustituir a los profesores”

18 Diciembre 2016/Fuente:quepasa.cl /Autor:M. Cecilia González

Paul Van den BroeK se ha dedicado por tres décadas a estudiar los procesos cognitivos del aprendizaje y la comprensión lectora. De paso por Chile explica cómo Internet ha revolucionado lo que se sabe de lectura y defiende la prueba PISA, donde es parte del comité de expertos.

—En este minuto estás tratando de entender lo que digo, decodificando las palabras en inglés y creando una imagen en tu cerebro. ¿O me equivoco?
Paul Van den Broek (61) suele analizar lo que está pasando en la mente de sus interlocutores. Se trata de una deformación profesional que adquirió luego de haber pasado los últimos 30 años estudiando cómo es que las personas aprenden, primero desde la psicología cognitiva, luego desde la neurobiología, pero siempre ligado al ámbito que más lo apasiona, la educación. Por eso, las investigaciones que dirige desde el Laboratorio del Cerebro y Educación en la Universidad de Leiden, Holanda, siempre terminan siendo la combinación entre escáneres para observar aquel órgano misterioso, niños frente al pizarrón en sus salas de clases y muchos textos de todo tipo.
—Hay que ser honesto, la neurociencia sólo nos puede ayudar un poco. No sabemos mucho del cerebro, estamos recién descubriendo los procesos —afirma el psicólogo, que a fines de noviembre estuvo en Chile para exponer en Simposio Internacional sobre Literacidad en la Escuela organizado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile.
Aunque sus estudios se centran en el aprendizaje a través de la lectura y las matemáticas, Van den Broek es reconocido como un experto en comprensión lectora, campo en el que ha desarrollado métodos y pruebas para ayudar a las personas con más dificultades.

—¿Qué hace que un lector sea exitoso?
—Lo más básico es ser capaz de identificar letras, palabras y gramática. Pero sabemos que hay muchos niños que aunque saben leer, es decir, que codifican y decodifican las letras y las palabras, no comprenden lo que están leyendo. Para comprender necesitas hacer una imagen mental de lo que estás leyendo, lo que se logra haciendo conexiones semánticas, lo que yo llamo inferencias. Por ejemplo, tienes que saber que una oración se relaciona con la siguiente o con el tema general del texto. También hay que hacer conexiones con nuestro conocimiento previo. Lo que diferencia a un buen lector de uno que tiene problemas es la capacidad de hacer esas conexiones.

—Por lo general, las políticas públicas para mejorar la comprensión apuntan a fomentar la lectura. ¿Basta con leer para aprender a hacer estas conexiones?
—Probablemente existen buenos lectores que no recibieron ningún tipo de instrucción, pero no es la regla general. Es muy importante que los padres y los profesores entiendan que la comprensión lectora es una habilidad que tiene que ser enseñada. Es muy difícil darse cuenta cuándo un niño está teniendo problemas para hacer conexiones, en especial porque en promedio las salas de clases nunca tienen menos de 30 alumnos. La intervención en estos casos es más compleja. Entrenar a los profesores es crucial.

UN MUNDO NUEVO

Dentro del campo de la comprensión lectora, hay un punto que ha consumido la atención de Van den Broek la última década: la lectura digital. La llegada de los computadores e internet vino a cambiar todo lo que se sabía acerca de cómo las personas aprenden leyendo, con muchos más canales de información esperando para ser procesados.

—¿La lectura digital significa un cambio de paradigma?
—La lectura digital es un mundo nuevo, y los niños están creciendo en ese mundo. Claramente, tiene similitudes con la lectura en impresos: para comprender en internet también necesitas hacer conexiones. Pero los desafíos y las oportunidades son diferentes, principalmente por la manera en que se presenta el contenido. Uno puede encontrar información extra muy rápido, por ejemplo, vocabulario. Está la posibilidad de complementar con contenido multimedia, que puede ser una gran ventaja educacionalmente hablando. Pero, por otra parte, leer en internet requiere más monitoreo, lo que llamamos control ejecutivo. Como puedes estar leyendo aquí, saltar a un link, saltar a otro link, pero después ser capaz de volver al origen. Dirigir la atención es muy difícil cuando se lee en internet. Un buen lector en papel no es necesariamente un buen lector digital.

—¿La lectura en impresos va a quedar obsoleta?
—Quizás en el futuro, pero por ahora los libros van a seguir ocupando un espacio importante. Leer textos regulares permite practicar hacer inferencias en un ambiente mucho más simple y fácil de monitorear.

—¿Cuáles son los riesgos de la lectura digital?
—En internet cambiar de tema es tan fácil como cambiar de página. Es muy fácil olvidarse de quién es el que está hablando. El monitoreo de las fuentes es muy importante. Un estudiante tiene que ser capaz de identificar si la fuente de la información que está leyendo es una autoridad o una persona normal, un capitalista o un socialista, y a partir de eso darles peso a sus argumentos. En papel, esta habilidad es más sencilla, porque queda más claro en un texto único. Pero hacerlo en internet es una habilidad más compleja.

—Si es difícil para los niños, que nacieron con internet, ¿qué pasa con los adultos?
—Los adultos no somos muy buenos en esto. La gran mayoría tiene los mismos problemas que los niños para buscar y monitorear información, e incluso para reconocer la credibilidad de las fuentes. El mejor ejemplo es lo que pasó en las elecciones de Estados Unidos con las páginas de noticias falsas. Es una habilidad que todos necesitamos aprender, y tenemos que tener claro que es muy probable que fracasemos en el proceso. Muchas veces vamos a ser seducidos por puntos de vista que no tienen garantías, porque es tanta la información que uno cae en la tentación de decir suficiente, ya tengo toda la información que necesito.

—¿Cómo tiene que cambiar la sala de clase para potenciar estas nuevas habilidades?
—Los profesores tienen que estar en control y para eso tienen que estar muy cómodos con estas habilidades, que también son nuevas para ellos. Hay que darles la oportunidad de entrenar y capacitarse. A veces, para un profesor es fácil pensar “ok, dejo a los niños trabajando con un programa mientras yo hago otra cosa”, pero internet y los medios digitales no pueden sustituir a los profesores, ellos siempre van a ser cruciales para monitorear el proceso. Los niños tienen que aprender a leer en internet de manera estructurada. Una idea es hacer búsquedas guiadas en Google, en las que participe todo el curso. Definir un tema, buscarlo y hacerse preguntas: ¿Cuántos artículos existen sobre ese tema? ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro? ¿Cuál tiene más autoridad?

—Desde su experiencia, ¿Internet puede ayudar a superar las brechas socioeconómicas o las profundiza?
—El dinero es una limitante, porque la tecnología es cara. La brecha que existe en comprensión lectora en papel ya es bastante grande, pero si además las diferencias económicas son tales que una parte de la población no tiene acceso frecuente a internet, existe el riesgo de que esos niños queden rezagados. Creo que una de las prioridades de los gobiernos tiene que ser facilitar este tipo de herramientas. Tampoco tiene que ser increíblemente caro, no se necesita un computador para cada estudiante. Hay muchas actividades que se pueden hacer colaborativamente en la sala de clases.

CHILE VS. CHILE

Paul van den Broek fue elegido por la OCDE como uno de los nueve miembros del panel que ya desde mayo está trabajando en formular la prueba PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) 2018, que estará dedicada a esa materia.

—En la prueba PISA 2015, Chile destacó con el mejor resultado dentro de Latinoamérica, pero muy por debajo del promedio de la OCDE. ¿Qué lectura se puede hacer?
—Quiero ser muy enfático en esto: la principal razón por la que este tipo de pruebas es útil es para comparar cómo evoluciona un país año a año. Son para compararse con uno mismo, no para compararse con otros países, ni para ver si uno baja o sube en un ranking. En ese sentido, Chile ha mejorado consistentemente, pero porque tiene mucho espacio para crecer.

—¿No sirve compararse con países más desarrollados, como suele pasar en Latinoamérica?
—En países donde existen muchas diferencias económicas por superar, como es el caso de Chile, ese ejercicio puede ser útil para definir prioridades y diseñar políticas públicas. El problema es cuando se pierde la perspectiva de que es una medida limitada.

—Como la mayoría de las pruebas estandarizadas, la PISA tiene varios detractores. En 2014, un grupo de académicos estadounidenses criticó el enfoque de la medición. ¿Por qué usted defiende este tipo de pruebas?
—Está claro que cualquier prueba es limitada. Hay muchas cosas que no se pueden medir o que necesitan interacción uno a uno para poder ser estudiadas. Pero el hecho de que la prueba la dirija la OCDE no sólo le da prestigio, sino el respaldo de muchos expertos. Cuando los ítems de la prueba están listos, los enviamos a otros países miembros de la organización para que la revisen.

Fuente de la entrevista:http://www.quepasa.cl/articulo/actualidad/2016/12/internet-no-puede-sustituir-a-los-profesores.shtml/

Fuente de la imagen:http://s3-us-west-1.amazonaws.com/app-static-quepasa/wp-content/uploads/2016/12/15155355/Paul-Van-Den-Broek-700×300.jpg

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Entrevista Bruno Gili: «Gobernanza de la educación necesita un cambio radical»

18 Diciembre 2016/Fuente y Autor: El espectador

Bruno Gili, socio de CPA Ferrere visitó La Mañana de El Espectador para analizar entre otras cosas, la educación uruguaya y la implementación de la tecnología en varios ámbitos. «Creo que la gobernanza de la educación necesita un cambio radical, porque no responde a los criterios educativos ni pedagógicos, de cómo debería organizarse la educación en Uruguay”, sostuvo.

Una encuesta revela la apetencia de los jóvenes para ocupar cargos públicos. Ante esto, Gili dijo: «Uruguay tiene un paradigma respecto al Estado, a las certezas y seguridades».

A su vez, destacó: «Esto tiene una racionalidad. Cuando uno mira los distintos eventos en la historia del Uruguay, en donde hubo problemas, obviamente que quién estaba en el sector público tuvo una protección y quién estaba en el privado, no».

«Algunas empresas públicas son innovadoras, por ejemplo Antel, muchos quieren trabajar en una empresa que está en el corazón de la innovación tecnológica que vive el mundo hoy», agregó.

Con respecto a la educación en nuestro país declaró: «Cuando a veces uno habla de la preocupación de la educación, no es tanto por lo que la sociedad civil no está haciendo, porque hace y mucho”.

Por otra parte afirmó: «Las instituciones que responden a viejos modelos del Estado, están yendo a un ritmo que no contempla la velocidad con la que el mundo se mueve hoy».

“Yo creo que la educación es un tema que nos afecta a todos, los padres somos responsables de la educación de nuestros hijos también”, sostuvo.

El integrante de la asociación Eduy21 expresó: “Yo creo que la gobernanza de la educación necesita un cambio radical, porque no responde a los criterios educativos ni pedagógicos, de cómo debería organizarse la educación en Uruguay”.

En referencia a la inclusión de la tecnología manifestó: “Hay que adaptarse. El mundo hoy es más complejo y hay que adaptarse a eso”.

En referencia a la situación que viven los bancos ante una caída de los costos de transacción, economía en red que los interpela y demás, dijo: «Hay cambios en los modelos de organizarnos para brindar bienes y servicios. Los sindicatos tienen que defender sus derechos de salarios, sus condiciones de trabajo, pero tienen que pensar que la cosa va a cambiar».

«Hoy es un problema si no se logra pensar con otra flexibilidad», afirmó.

 

Link de la entrevista: http://www.espectador.com/share_link/vl/5575/345352.html

Fuente de la entrevista: http://www.espectador.com/sociedad/345352/gili-gobernanza-de-la-educacion-necesita-un-cambio-radical

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Entrevista a Miguel Brechner: «Tener cuidado que la política no destruya la educación»

18 Diciembre 2016/Fuente y Autor: espectador

Miguel Brechner, presidente del Plan Ceibal, visitó La Mañana de El Espectador para discutir sobre el sistema educativo uruguayo y también tratar temas como el Plan Ibirapitá. «Tenemos que tener cuidado que la política no destruya lo importante que es la educación».

«En tono jocoso dada la discusión que hubo en torno a las pruebas PISA las ultimas semanas, en el año 2036 Finlandia alcanza Uruguay».

«Unos dicen que en los próximos 80 años vamos a estar donde estamos y si yo miro que hace tres pruebas PISA, Finlandia cae, lo único que hago es trazar la recta para bajo y cruzarla con la recta de Uruguay en 2036″.

En referencia a la educación de nuestro país, Brechner aseguró: «Yo creo que todos los que quieran estar involucrados tienen que estarlo, pero también hay que bajar un cambio de la discusión y ver cosas más prácticas».

Ante esto sostuvo: «Tenemos que tener cuidado de que la política no destruya lo importante que es la educación».

Con respecto a las pruebas PISA, dijo: «Es un reflejo de la realidad del mundo, que habla bien de algunas cosas de Uruguay y de forma preocupante de otras y creo que hay que valorarlo así». En la misma línea expresó: «Las pruebas PISA son todas de ‘pienso’, son todas complejas. No son pruebas que pregunten cuál es la capital de Albania. Nosotros necesitamos eso, gente mucho más crítica, gente que se sepa comunicar».

Consultado por la estructura de gobernanza en la educación, declaró: «Lo que tenemos que cambiar son que las prácticas sean mejores, que los estudiantes trabajen en base a proyectos, resuelvan problemas que les importen, y que a través de esto aprendan matemática, química, literatura».

Miguel Brechner explicó en entrevista con Daniel Castro que están en una etapa de planificación de muchas actividades, durante todo el año, porque se cumplen 10 años de la entrega de la primera computadora.

Sostuvo también que hoy hay unas 750.000 personas que tienen una computadora de forma activa. «Estamos dando clases de inglés a 80.000 personas, con profesores de Montevideo y también del exterior», manifestó.

«El plan Ibirapitá ha sido un éxito importante. Cuando el presidente Tabaré Vázquez anunció el primero de junio del 2014 que si ganaba iba a entregar tablets, fuimos el hazme reír de mucha gente, desde la derecha hasta la izquierda, las redes sociales fueron impiadosas. Y hoy hay casi 102.000 jubilados, usándolas para leer el diario y escuchar la radio por ejemplo», mencionó.

 

Link de la entrevista: http://www.espectador.com/share_link/vl/5576/345355.html

Fuente de la entrevista: http://www.espectador.com/sociedad/345355/brechner-tener-cuidado-que-la-politica-no-destruya-la-educacion

Fuente de la imagen:http://img.espectador.com/fotos/noticia/345355/658/345355_20161216142946_miguel-brechner.jp

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El descenso de la educación artística produce alumnos analfabetos visuales

Europa/España/17 Diciembre 2016/Autora: Ana Lumbreras/Fuente: Portal DEIA

El descenso de las horas dedicadas a la asignatura de educación artística, que ha pasado en la Lomce de ser obligatoria a ser optativa en Primaria, puede producir «analfabetos visuales» e influir, desde un punto de vista negativo, en la creatividad de los alumnos.

Así lo ha explicado en una entrevista a Efe Alfonso da Silva, licenciado en Bellas Artes y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), y autor, junto a otros siete compañeros, de un manual sobre «Didáctica de las artes plásticas y visuales».

Los «analfabetos visuales» son personas que no son capaces de diferenciar entre una imagen con contenido, que puede ser positivo o negativo para su formación, y ello puede provocar que no tengan una visión crítica de las imágenes que perciben y les «bombardean», como las audiovisuales y las procedentes del cine, la televisión y las redes sociales.

La educación artística es importante en el desarrollo de la creatividad, ya que los alumnos generan imágenes y propuestas artísticas; y fomenta la alfabetización visual porque ayuda a que los escolares conozcan qué tipo de imágenes de todas las que reciben son las positivas o las negativas.

Da Silva se ha referido a «la costumbre que existe, en ocasiones, de consumir imágenes sin pararnos a pensar qué nos cuentan» y hay que aprender a leer e interpretar esas imágenes que se reciben en el día a día, pero a ello no ayuda que los alumnos no reciban el número adecuado de horas de educación artística.

La educación artística, junto a la creatividad, «aporta alfabetización visual, que nuestros alumnos sean capaces de leer esas imágenes, que no siempre crean que vienen dadas, además de que es inevitable que estén recibiendo esa información constantemente».

«Lo visual es un lenguaje y tenemos que aprender a leerlo», según este profesor, dado que «eso es parte de la creación de una sociedad crítica, que sepa interpretar ese lenguaje de forma correcta».

Para él, uno de los cambios «más preocupantes» que se derivan de la aplicación de la Lomce es que, en Educación Primaria, esta asignatura pasa de ser obligatoria a optativa, con «lo que se abre la puerta, en función de la aplicación que haga cada comunidad autónoma, a que un alumno pueda pasar por todo ese nivel educativo de forma que no tenga ni una sola hora de educación artística».

«Esto es muy grave porque no se trabaja con la creatividad, no se desarrolla un concepto tan importante como este, que, hoy en día, incluso, a nivel empresarial, es fundamental porque, por ejemplo, las empresas punteras piden personas creativas que desarrollen este valor», ha subrayado.

Ello implica que «el nivel de alfabetización visual no se trabaja con los alumnos» y es «fundamental saber leer los valores que transmiten las imágenes que constantemente llegan y bombardean a todas las personas a través de las redes sociales, la televisión, los videojuegos y la publicidad, entre otros».

«Eso se educa a través de la formación artística y si no se trabaja desde la lectura de imágenes, no se forma a las personas», según Da Silva, para quien, «sin la lectura de esas imágenes, no van a poder discernir qué les están transmitiendo ni poder elegir, desde un punto de vista crítico, qué es lo que a ellos les aporta algo positivo».

Ha insistido en que la educación artística ayuda a que los alumnos sean capaces de expresar sus ideas, sus sentimientos y transmitir reflexiones a través de la imagen y, mediante una metodología eficaz, se puede contribuir a que la personalidad de los escolares madure en el aula desde un aprendizaje cognitivo, pragmático y significativo.

Da Silva considera que el niño, antes de aprender a leer y escribir, se comunica de una manera natural y espontánea por el dibujo, por lo que se puede utilizar este canal de comunicación para desarrollar sus capacidades y potenciar su conocimiento del entorno.

Disponible en la url: http://www.deia.com/2016/12/08/sociedad/estado/el-descenso-de-la-educacion-artistica-produce-alumnos-analfabetos-visuales-

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«En Singapur, los padres quieren hijos fuera de serie»

Asia/Singapur/17 Diciembre 2016/Autora: Gemma Tramullas/Fuente: El periódico

Este singapurense de adopción da su visión sobre el sistema educativo más exitoso del mundo.

Los estudiantes de una ciudad-estado del sureste asiático con un tamaño similar al área metropolitana de Barcelona y cinco millones de habitantes arrasan en el ranking del último informe PISA. ¿Son un modelo a seguir? Antonio Codinach (Barcelona, 1973), uno de los pioneros de la colonia catalana en Singapur, comparte vía Skype su conocimiento directo de este sistema educativo.

-¿Por qué eligió vivir en un país que poca gente de aquí sabría situar en el mapa?

-En el 2003 me casé y por unos contactos de la que hoy es mi exmujer aterrizamos en Singapur sin casa ni trabajo, a la aventura. En el 2005 abrimos la que fue (y sigue siendo, aunque ya no tenemos nada que ver), la primera escuela de español en Singapur. Sigo vinculado al sector educativo, ahora en el ámbito de la formación corporativa en Cegos.

-¿Qué tiene este sistema educativo para imponerse al de las grandes potencias?

-En la escuela singapurense se enseña disciplina y respeto. Las clases empiezan a las siete de la mañana y los alumnos se ponen en pie cuando entra el profesor. No es que esto último me agrade especialmente, pero ni esto ni el cachondeo que reina en las aulas catalanas y españolas.

-Disciplina y respeto. No suena precisamente a pedagogía revolucionaria.

-He empezado por ahí porque para mí es un tema muy importante, pero obviamente son punteros en tecnología, robótica, programación… Hay otras muchas razones, como la estabilidad política, que permite planificar las políticas educativas, aplicarlas y darles continuidad.

-Pero si en algo no es número uno Singapur es en calidad democrática. Gobierna el mismo partido… ¡desde 1959!

-Esto no es la panacea, es una dictadura democrática y si somos capaces de entender este concepto entenderemos lo que pasa. Por ejemplo, si en el país hay un 70% de chinos, un 12% malayos, un 7% indios y el resto de otras nacionalidades, el gobierno obliga a las escuelas públicas (menos a las musulmanas) a replicar estos porcentajes en el aula. Y otra cosa, que a lo mejor gustará menos…

-Diga.

-En mi clase de los jesuitas de Sarrià había un grupito de superlistos, una mayoría que iba tirando y unos cuantos que tenían dificultades. En Singapur esto es oficial. A medida que los alumnos avanzan cursos, se los agrupa según sus capacidades y se les asignan profesores adecuados a su nivel. Se llama meritocracia.

-¿Usted a qué grupo pertenecía?

-Nunca fui un buen estudiante. ¿Pero usted recuerda algo de la clase de geografía?

-No.

-Nuestras cualidades sociales son principalmente las que hemos absorbido con la familia y con los amigos. Está muy bien que en la escuela enseñen matemáticas, ciencias y lengua, pero es muy importante que enseñen a pensar, a solucionar problemas, a comunicarse, a tener inteligencia emocional y cultural, porque son estas cualidades, y no los másteres que tengas, lo que te permitirá tener un futuro mejor.

-¿Los residentes extranjeros como usted llevan a sus hijos a la escuela pública?

-La mayoría no. Hay un debate entre llevarlos a la pública o a la privada internacional, donde todo es mucho más flexible, holístico, bohemio y carísimo. Yo soy un defensor de la pública, pero también tiene cosas negativas. Lo ideal sería una mezcla de lo mejor de ambos sistemas.

-¿Qué tiene de negativo la pública?

-En Singapur los padres quieren hijos fuera de serie; no se contentan con un 9,5, les presionan para que saquen un 10 y los suicidios de estudiantes están en boca de todo el mundo. El Gobierno está hablando con las familias y suavizando el sistema para no centrarlo tanto en los exámenes.

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/entrevista-antoni-codinach-modelo-educativo-singapur-informe-pisa-5688698

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