8 pasos INFALIBLES para que le enseñes a tus hijos a manejar la FRUSTRACIÓN

Por Emma E Sánchez

Todo va bien, la familia se encuentra muy contenta en el parque, los niños juegan tranquilos cuando de pronto tu hijo explota, llora y se enoja. Todos se quedan sorprendidos, los menores dejan de jugar y algunos otros padres deciden retirar del juego a sus hijos.

¿Qué sucedió? ¡Casi nada! Tu pequeño se enojó porque alguien más ganó en el juego y no tolera perder. Le gusta ganar y cuando no lo logra, se pone rojo, avienta las cosas, grita y ha llegado a pegarle o aventar al que se ríe de él. Estas consciente de que este tipo de conductas no son sanas y que en la vida en general solo le traerán consecuencias negativas, por lo que es necesario comenzar a trabajar en la mejora de este tipo de reacciones.

Déjame decirte que lo primero que debes evitar es angustiarte, ya que muchos niños tienen problemas para manejar la frustración, la diferencia está en lo que hacen sus padres para ayudar a sus hijos a progresar. Segundo, para manejar la frustración se necesita mucha paciencia y todavía más, constancia. Así que no te desesperes, sé ejemplo de tolerancia y entereza. Aquí, algunoas ideas que pueden servir:

1. Diálogo apacible

Junto con tu hijo y mediante una charla tranquila, sin discutir, juzgar o regañar, encuentren qué es lo que le hace estallar, así como sus motivos. Generalmente hay situaciones o emociones que hacen que los pequeños se sientan sensibles o vulnerables, tal vez puedas encontrar algunas de ellas en tu hijo. Las más frecuentes suelen ser las siguientes:

2. Cansancio

A cualquiera de nosotros le puede pasar que al sentirnos cansados solemos reaccionar mal. Ahora, imagina la misma situación en un niño. Las madres y padres debemos vigilar que nuestros hijos descansen durante el tiempo y las condiciones apropiadas. Hoy en día, creemos falsamente que mandar al niño a la cama quiere decir que se va a ir a dormir, lo cual no necesariamente es cierto. Actualmente, el Internet y los juegos de video están provocando que muchos niños y jóvenes no se duerman temprano, duerman poco o simplemente no descansen. Cerciórate de que al irse a la cama, tus hijos no lleven consigo aparatos electrónicos que les dificulten conciliar el sueño y alcanzar un descanso apropiado.

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3. Sentirse acosado

Para algunos niños, a veces es demasiado lo que se les requiere en cuanto a relacionarse con quienes no les agradan, hacer cosas que no le simpatizan o que se les exija lo que no están en condiciones de dar. El diálogo de los padres con sus profesores es fundamental para revisar que las cargas de trabajo o el proceso de socialización no le estén rebasando y se siente agredido por ello.

4. Búsqueda de la perfección

Es posible que a tu hijo le guste tomarse más tiempo del regular para hacer las cosas y cuando se le pide que lo haga más rápido o de otra manera, entra en una confrontación o explota en enojo. Intenta darle su espacio y tiempo para realizar sus propias cosas y pídele que haga otras conforme se le pide. Esto puede dar equilibrio a lo que se exige a sí mismo y el cumplir con lo que otros le requieren. En este aspecto, revísate a ti misma en cuanto a las expectativas que depositas sobre tu hijo, porque tal vez tú misma estás generando su intolerancia y frustración.

5. Se le exige mucho

Revisa las cargas de trabajo y deberes de tu hijo. Escucha y hazle caso si te dice que es demasiado, que está cansado o que algo no le gusta hacer. Los cambios y adaptaciones son necesarias y posibles, considera sus gustos y opinión para que su desarrollo sea el óptimo y juntos disfruten de cada etapa de éste.

  • 6. Relajarse y respirar

    Cuando platiques con tu hijo, anímalo a identificar cómo se siente su cuerpo cuando comienza a enojarse y a perder el control. Muéstrale cómo sentir su corazón y comenzar a respirar profundo y pausado. Contar hasta 10 o caminar un poco puede ayudarle a tomar el control de sus emociones y sentimientos.

  • 7. Pedir ayuda

    Si esa sensación de estallar comienza a ganar terreno, se vale pedir ayuda, a un maestro o alguien más. Dale las palabras que necesita para comunicar su necesidad y recibir apoyo, o hasta un permiso para salir a respirar y caminar un poco.

  • 8. Apoyo y elogio

    Cuando hablas con tu hijo, influyes en su corazón y su mente. Tu hijo sinceramente buscará mejorar pero no lo va a lograr pronto, ni de manera fácil. Anímalo, aliéntalo y reconoce sus esfuerzos cada vez que lo intente.

    Sé un ejemplo de lo que predicas controlando tus impulsos y mal genio, él te observa y aprende la lección. No lo olvides.

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La confianza, la ansiedad y el amor

Por Emma Sánchez.

“Trust comes walking,
but leaves on horseback”
(Proverbio alemán)

La relación entre la confianza y la salud física y emocional es enorme. Una confianza fuerte inhibe la depresión y la ansiedad, lo cual a su vez promueve una buena salud física. Confiar en los demás le ayuda a sentirse soportado, amado, tranquilo y feliz. Incluso se ha visto que se enferman menos las personas que se encuentran satisfechos con sus relaciones maritales, o en general que sostienen relaciones sanas, de confianza con los demás. Este es un tema que me ha interesado mucho desde hace varios años puesto que al trabajar con personas con una enfermedad crónica que los debilitaba o limitaba, -y por tanto ponía a prueba su necesidad de confiar en los otros- me di cuenta que muchos, en especial los adultos mayores de estratos socioeconómicos bajos, solían decirme que no tenían amigos, que no confiaban en los vecinos, ni en otras personas que no fueran su núcleo familiar más íntimo. En estas revelaciones siempre había un tono de amargura, decepción y prevención ante la posibilidad de que los demás pudieran hablar mal de ellos, o traicionarlos. Me parecía que ninguno se hacía la pregunta de “¿Y qué tal que no me traicione? ¿y qué tal que no hable mal de mi?”. No había la facilidad para imaginar buenas intenciones en el vecino (lo cual es un rasgo muy paranóico). Pero esto no solo lo he encontrado allí en el espacio hospitalario, sino que es el pan de cada día en mi consulta particular, en especial en lo que atañe a temas de parejas.

Las actitudes de confianza reflejan las expectativas positivas de las personas con respecto a la posibilidad de cuidado de los otros y de que estos sean responsivos a sus necesidades, ahora y en el futuro. De hecho, la confianza está relacionada con la adaptación y la vitalidad en las relaciones cercanas. La confianza es un elemento central en cómo y porqué los miembros de una relación exhiben motivos benévolos y comportamientos constructivos en sus relaciones. Sin embargo esto sólo puede saberse o verificarse en lo que podríamos llamar “situaciones diagnósticas”. Por ejemplo, es difícil discernir si una pareja es confiable en una situación interpersonal “fácil” o no-diagnóstica, ya que es una situación donde las necesidades del individuo en cuestión, son completamente compatibles con las necesidades de su pareja. Por ejemplo, Juan no tiene más planes o preferencias el jueves en la tarde, por tanto ir al cumpleaños de la tía de Diana no está mal para él. En cambio, la confianza solo puede ser discernida en una “situación diagnóstica”, por ejemplo, cuando Juan tiene otros planes para el jueves en la tarde.  Por esto, las situaciones diagnósticas son tests para saber si la pareja es digna de confianza: si Juan falla en dejar a un lado sus propios intereses y en cambio piensa primero en sí mismo (por ejemplo, si opta por jugar poker con sus amigos), para Diana será difícil desarrollar una sensación de confianza hacia él. Sin embargo, si Juan va más allá de sus propios intereses y responde a las necesidades de Diana (cancela el poker y asiste al cumpleaños de la tía de Diana), la confianza lentamente crece.

Los investigadores de este tema sugieren que cuando las personas entran en situaciones diagnósticas con expectativas de confianza, se sienten relativamente más seguros y relajados en la interacción. Cuando Diana sabe que puede confiar en que Juan va a ser responsivo a sus necesidades, ella puede sentirse más relajada en las conversaciones sobre sus planes, -no solo para el jueves en la noche, sino en sus planes de vida. En contraste, las expectativas de desconfianza están relacionadas al incremento de emociones de ansiedad.

Dado que personas en relaciones de baja confianza pueden tener expectativas negativas con respecto a los motivos “pro-relación” del otro y sus comportamientos, están de alguna manera más preocupados con la posibilidad de malos resultados. Por esto pueden, por ejemplo, pensar que su pareja no considerará sus necesidades, no entenderá sus sentimientos ni le ofrecerá soporte emocional. Algunos trabajos empíricos soportan esta idea; por ejemplo, la investigación ha mostrado que los empleados con baja confianza hacia sus empleadores se preocupan más sobre posibles resultados negativos. Además, las personas que tienen un estilo de apego “Ansioso-Evitativo” no solo exhiben más bajos niveles de confianza, sino que también entran en rutinas de rumiación de sus preocupaciones más a menudo que personas con un estilo de apego más seguro y confiado.

La preocupación puede ser entendida como “una cadena de pensamientos e imágenes, cargada negativamente de afecto y relativamente incontrolable; representa un intento por una resolución mental de los problemas con respecto a un tema, cuyo resultado es incierto pero contiene la posibilidad de uno o más resultados negativos”. Por consiguiente, la preocupación es un factor central en los trastornos de ansiedad y depresión. No solo se trata de que los individuos con estilos de apego evitativo y ansioso confíen menos en sus parejas, sino que son más vulnerables a sentimientos de miedo y ansiedad. Y lo que la ansiedad y la depresión hacen en la salud física es ya bien conocido por todos.

Un proverbio alemán dice que “la confianza viene caminando, pero se va a caballo”, que es más fácil destruir la confianza que construirla. Las personas que experimentan altos niveles de ansiedad y depresión pueden encontrar esto sumamente difícil -volver a incrementarla en vez de caer en una espiral descendente- al intentar sostener interacciones de confianza, relaciones donde el amor pueda prosperar.

Finalmente, coincido con los investigadores en que debemos continuar investigando en cómo la confianza puede construirse en las relaciones interpersonales. Sería interesante investigar si la confianza puede ser disparada por la autorrevelación, el apoyo en la comunicación emocional, y sentimientos de ser comprendido, que en últimas son los procesos que ayudamos a co-crear los psicoterapeutas. Si lo hacemos, quizás esta espiral descendente de deterioro de la confianza pueda ser rota y las parejas quebradas por el conflicto, puedan reconstruirla caminando.

Por Emma Sánchez  | Mg. Psicología Clínica

REFERENCIAS
SCHNEIDER, I.K, KONIJIN, E.A, RIGHETTI, F, & RUSBULT, C.(2011). A HEALTHY DOSE OF TRUST: THE RELATIONSHIP BETWEEN INTERPERSONAL TRUST AND HEALTH. PERSONAL RELATIONSHIPS, 18, 668-676.
PUGH, S. D., SKARLICKI, D. P., & PASSELL, B. S. (2003). AFTER THE FALL: LAYOFF VICTIMS’ TRUST AND CYNICISM IN RE-EMPLOYMENT. JOURNAL OF OCCUPATIONAL AND ORGANIZATIONAL PSYCHOLOGY, 76, 201–212.
COLLINS, N. L., & READ, S. J. (1990). ADULT ATTACHMENT,WORKING MODELS AND RELATIONSHIP QUALITY IN DATING COUPLES. JOURNAL OF PERSONALITY AND SOCIAL PSYCHOLOGY, 58, 644–663.
BORKOVEC, T. D., ROBINSON, E., PRUZINSKY, T., & DEPREE, J. A. (1983). PRELIMINARY EXPLORATION OF WORRY: SOME CHARACTERISTICS AND PROCESSES. BEHAVIOR RESEARCH AND THERAPY, 21, 9–16.
LARZELERE, R. E., & HUSTON, T. L. (1980). THE DYADICTRUST SCALE: TOWARD UNDERSTANDING INTERPERSONAL TRUST IN CLOSE RELATIONSHIPS. JOURNAL OF MARRIAGE AND THE FAMILY, 42, 595–604.
WEBER, K., JOHNSON, A., & CORRIGAN, M. (2004). COMMUNICATING EMOTIONAL SUPPORT AND ITS RELATIONSHIP TO FEELINGS OF BEING UNDERSTOOD, TRUST AND SELF-DISCLOSURE.COMMUNICATION RESEARCH REPORTS, 21, 316–323.

Fuente: https://emmasanchezblog.wordpress.com/2016/05/01/la-confianza-la-ansiedad-y-el-amor/

Imagen: http://www.comoquitarlaansiedad.com/wp-content/uploads/2012/11/Consejos-r%C3%A1pidos-para-ayudar-a-superar-la-ansiedad-social.jpg

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El remedio para todos los males

EMMA SÁNCHEZ

¿A usted le enseñaron a conversar? Estoy segura que lo hace diariamente ¿Enseña usted a sus hijos a conversar? ¿Conversa todos los días con alguien? ¿Cuántas conversaciones sostiene al día? ¿Cuántas de ellas son “buenas conversaciones”?

Una conversación es una interacción tan cotidiana en nuestras vidas que para la mayoría de personas no supone un esfuerzo pensar en algunas reglas básicas y en las marcadas diferencias de las conversaciones que tiene todos los días. No es lo mismo conversar con el esposo o la esposa, los hijos, la mamá, la vecina, el amigo, o su jefe. La conversación supone una interacción entre al menos dos (a diferencia del monólogo), en donde los participantes de la misma se alternan para expresar pensamientos, ideas, opiniones, y así van formando un texto, un relato hablado de quienes son y de quién es cada uno frente al otro en el plano de ese encuentro. Hasta aquí parece simple. Todos lo hacemos todos los días, como respirar.

Pero saber respirar bien y estar consciente de ello todo el tiempo es tan complejo como difícil puede ser estar alerta de estos “textos conversados” que construimos con los demás diariamente. Desde hace algún tiempo me gusta pensar la finalidad de mi trabajo como la conversación. Pensar que ayudo a que la gente se descubra a sí misma, se oriente sobre cómo vivir, sea “adaptativa” (como le gusta decir a algunos psicólogos), sea feliz o saque todo su potencial, son finalidades hasta cierto punto vanidosas e intimidantes, y por lo mismo peligrosas para un trabajo que no puede dejar de ser humilde. Trato de simplificarme. Hay personas que vienen y me pagan para conversar. Al fin y al cabo, en su sentido más complejo (para nada reduccionista), ¿qué más puede ser la terapia sino un procedimiento inventado hace muchos años porque se descubrió que la gente necesitaba hablar (hablar bien) sobre lo que le ocurría? Ahora, ese es el punto complejo de mi trabajo, saber llevar una conversación de tal manera que las personas logren con esto transformar su vida en felicidad. Pero ¿por qué la gente necesita conversar o “hablar bien” con un psicólogo, un completo extraño y no le sirve conversar con sus seres allegados? Creo que esto ocurre porque, en al menos uno de los niveles de la experiencia humana y social, la gente no ha aprendido muy bien a conversar las emociones, y las interacciones con sus seres queridos están inundadas de ellas.

Yo misma he descubierto una dicotomía muy interesante en mí, que ha tenido que ser objeto de un continuo trabajo de crecimiento personal y como psicoterapeuta. Yo, que me dedico a conversar, no sabía conversar en absoluto. Aún a veces se me olvida. Porque es que conversar es para mí como el descubrimiento de una nueva cultura. Y uno, como conversador, debería esforzarse en ser más un antropólogo que un colonizador imperialista. La aproximación es totalmente diferente. No sé ustedes, pero yo veo todos los días demasiados colonizadores en nuestras conversaciones. Vamos llegando a ese terreno del diálogo, y lo vamos inundando de nosotros mismos, lo arrasamos disimuladamente con nuevas costumbres, vamos imponiendo nuestras verdades, nos hacemos sentir porque hacerse sentir es bien visto en las relaciones sociales actuales, no vayan a pensar mal de nosotros los demás, quienes a su vez quieren colonizar y no ser avasallados, y por tanto van a hacer uso de la burla, del chisme, de la calumnia para crear textos alternativos intentando desprestigiar lo que somos. Hay tal vez pocas sensaciones tan molestas como darse cuenta que hablan de uno a las espaldas y que una cantidad de relatos horrorosos se están tejiendo sin que podamos impedirlo, controlarlos, salir a decir “yo no soy como ustedes creen”. Y creo que también hay pocas cosas tan tentadoras como unirse a una conversación que puede girar sobre un tercero. No nos mintamos, todos hemos sido chismosos alguna vez. Probablemente más de las que deberíamos sentirnos orgullosos.

En esta elección de vida que hice, que fue ser psicoterapeuta, me toca aprender a conversar, y reconozco que el camino ha sido turbulento y lleno de metidas de pata. ¿La razón? porque a mi me enseñaron primero a querer tener la razón, porque tiendo a interrumpir, porque en mi vanidad a veces creo que sé lo que el otro está pensando antes de que éste lo diga, porque estoy más pendiente de mí que de comprender el mundo “siempre” extraño del otro, y finalmente, porque como a casi todo el mundo, no me enseñaron muy bien a pedir cuando quiero pedir, a decir “no” cuando quiero decir “no”, a decir “si” cuando quiero decir “si”, a no responder cuando aun no estoy segura, a callar cuando no hay nada bueno que decir, a expresar mis emociones sin culpar y a disculparme cuando cometí un error.

Además de esto, no nos han enseñado muy bien a conversar posibilidades sino problemas. Y no hablo de siempre ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Hablo de ver la posibilidad de llenar el vaso, de vaciarlo, de soltarlo, de olvidarlo, de llenarlo de pinceles, de echarle el agua a las matas, de regalarlo o de compartirlo. Hablo de que incluso en nuestra lógica de autoayuda positiva que es la analogía del vaso, se evidencia nuestra tendencia a ver dos posibilidades, no las infinitas que pueden existir y con ellas hasta podemos clasificar a la población global en optimistas y pesimistas. ¿Y cuánta gente no anda ahora definiendo parte de su carácter y su personalidad de acuerdo a cómo ve el vaso? Tenemos una tradición analítica que nos ha metido hasta cierto punto en un problema, el de no soportar muy bien la incertidumbre y por tanto no respetar mucho el tiempo para escuchar la vida emocional para construir nuestras posibilidades de vida.

Lo que tal vez he aprendido de la finalidad de mi trabajo; conversar bien, es que la gente respira, la gente sonríe, la gente se siente más capaz de resolver los problemas de su vida, sean los que sean, desde una anorexia hasta una tusa, mientras pueda palpar posibilidades, mientras escuche silencios, responda preguntas sobre quién es, quién realmente es, quién quiere ser, quién no ha sido, qué no ha dicho, y con todo eso construya una travesía como la del antropólogo que se extasía, se maravilla, observa y respeta, porque el mundo que acaba de descubrir esta poblado de nuevas formas de ser, de posibilidades.

Esta libertad de construir posibilidades es mi remedio para todos los males. Pruébelo en cada conversación, ¡es verídico!

Fuente del Articulo: https://emmasanchezblog.wordpress.com/2015/08/04/el-remedio-para-todos-los-males/

Imagen: https://comosuperarladepresion9.files.wordpress.com/2014/08/conversar.jpg

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Mi hijo es el golpeador de su clase, ¡yo no le he enseñado eso!

/Familias.com
Los medios de comunicación, las redes sociales y los padres con frecuencia son el origen de las conductas violentas en los niños. Entérate cómo evitar este gran mal.
  • Cuando alguien nos dice que nuestro hijo anda en malos pasos, creando problemas o peor aún, agrediendo a otros niños, nos cuesta mucho trabajo aceptar que sea cierto. Inmediatamente aseguramos que nosotros no fomentamos la violencia y mucho menos la permitimos en nuestro hogar.En mi trabajo como docente me he encontrado —desafortunadamente, cada día con más frecuencia— que cuando a un padre de familia se le comunica que su hijo agrede a sus compañeros o maestros, de manera inmediata niega enseñar o fomentar esa violencia; y curiosamente, se enojan. Cuando juntos y con calma revisamos algunas situaciones de crianza, de hábitos o de estructura familiar, fácilmente encontramos que sí, que efectivamente el niño está aprendiendo a ser violento en casa. ¿Cuáles son estas situaciones?
  • 1. Violencia intrafamiliar

    Definitivamente, la principal razón por la que los niños suelen ser agresivos es porque tienen un familiar o alguna persona violenta viviendo en casa. La violencia familiar solamente genera más violencia. Cuando un niño es violentado, agredido o humillado por quien se supone debe cuidarlo y amarlo, busca a otros más pequeños o iguales que él para ejercer la violencia de la cual él mismo es objeto.

  • 2. Programas de televisión

    Cuando un niño enciende el televisor o la computadora, abre una puerta en la intimidad de tu hogar por donde pueden entran un sinfín de cosas y no todas correctas. Actualmente, pocos niños ven televisión o ingresan al Internet en compañía de un adulto que les ayude a filtrar, entender y dosificar todo lo que ven y escuchan en estos medios. Se dice que hoy en día, un niño de 6 años de edad ya ha visto en su corta vida violencia doméstica, asaltos, violaciones, accidentes y más homicidios que los que un adulto de la generación pasada vería en toda su vida. Es por ello que debes ser muy prudente al escuchar y ver las noticias amarillistas o la llamada nota roja, telenovelas, talk shows, etcétera. Procura no hacerlo frente a tus hijos, o mejor aún, tampoco los veas tú. Este tipo de programas solo contaminan la mente de quienes los ven.

  • 3. Juegos de video

    Todos aquellos juegos que implican matar, destruir o lastimar seres humanos, animales o cualquier otro ser vivo, no es adecuado para un adulto y mucho menos para un niño. Hay muchos juegos divertidos que puedes acercar a tus hijos, pero nunca un juego violento o que implique el uso de armas.

  • 4. Nuestra forma de comportarnos

    Algunos adultos somos groseros o agredimos a quienes nos rodean con nuestra forma de reaccionar ante determinadas situaciones. En ocasiones, solemos justificarnos diciendo que se trata de nuestro temperamento, nuestro carácter o inclusive, la forma en que fuimos criados y educados, que así somos y que no podemos cambiar. Sin embrago, cualquier argumento se derrumba si ese comportamiento está dañando a los que te rodean y principalmente si se trata de tu propio hijo. Si es tu caso, esfuérzate por ser un poco más amable y paciente, vigílate de pedir las cosas por favor y dar las gracias. Inclusive, muévete de una manera más apacible y discreta. Bajar el volumen y tono de voz también puede ser de gran ayuda.

  • 5. Nuestro vocabulario

    Dice una frase que «las palabras lastiman más que los golpes» y es muy cierto, un hueso roto termina por soldar con el tiempo, pero un espíritu quebrado pocas veces se recupera. Tal vez no haya violencia física explícita, pero si las palabras son duras y crueles, es lo mismo o peor que un acto que implique violencia física. Su efecto en la tierna mente de un infante es marcarlo de por vida.

  • 6. Cómo resolvemos nuestros problemas

    ¿Cómo reaccionas cuando te enojas o te frustras? ¿Tiras cosas?, ¿las rompes? ¿Gritas y blasfemas? Bueno, pues hagas lo que hagas, le estás dando una lección de vida a tu hijo, ya que le muestras cómo se reacciona ante la adversidad. Lo mismo sucede cuando gritas y peleas con un vendedor, pateas un perro en la calle o le gritas a otro conductor. Lecciones y más lecciones de vida para que tu hijo reaccione igual o peor cuando él pase por las mismas situaciones. Mejor muéstrale cómo resolver los problemas, cómo dialogar y cómo encontrar soluciones por los medios correctos.

  • 7. Carencia de buenos modales, consideración y amabilidad en casa

    Los buenos modales nunca pasan de moda. La consideración y amabilidad hacia los que nos rodean son el bálsamo que evita la fricción entre los seres humanos, hacen la vida más llevadera y acrecientan los lazos afectivos. No los olvides, ni los consideres nimiedades.

    Si tras revisar todos estos puntos las conductas violentas de tu hijo continúan, es necesario que te acerques a un profesional para revisar a fondo la situación y ayudar a que pronto desaparezcan. Nunca nadie debe aceptar o acostumbrarse a la violencia, en ninguna de sus formas. No permitas que se propague o afecte a los que amas.

    Publicado originalmente en: http://familias.com/5074/ser%20padres/mi-hijo-es-el-golpeador-de-su-clase-yo-no-le-he-ensenado-eso

  • Imagen: https://media.deseretdigital.com/file/2ff1034127.jpg?crop=top_0~left_0~width_1920~height_1078&resize=width_630~height_354&c=9&a=44c9e695
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Cómo controlar la agresividad de tu hijo

Niños que muerden, patean, golpean o insultan a sus compañeros de clase o a la maestra, pueden tener mucha agresividad y frustración contenidas. Cuando la maestra detecta a uno de estos pequeños en su grupo, se debe a que ya comenzó a causar estragos entre el resto de la clase.

Es decir, aquí ya no se trata de prevención, sino de atención. Generalmente, llama a los padres del menor, habla con ellos y si resulta bien la plática, ellos entenderán que tienen un problema serio en sus manos y asumirán el compromiso de hacer algo al respecto; de lo contrario, se sentirán ofendidos, tildarán a la maestra de desequilibrada mental, ignorarán el problema o hasta retirarán al hijo de su grupo; de aquí puede resultar que la maestra será muy feliz, pero el niño –el protagonista de la historia– no dejará de sufrir. Aquí es donde hay que poner el acento.

Ahora, en los padres que le prometen a la maestra que “se ocuparán de la situación” suceden dos cosas: unos cambiarán hábitos, tal vez visiten a un terapeuta o a un psicólogo y las cosas mejorarán, pero habrá otros que en cuanto regresa el niño de la escuela lo regañarán a gritos por agredir a sus compañeros, e invariablemente le pegarán.

En muchos casos, la agresividad es la manera de manifestar que algo está sucediendo en casa, que algo les preocupa o hay algo a lo que le temen.

Si tu hijo tiene poca tolerancia a la frustración o reacciona de manera agresiva es importante que intervengas pronto, de lo contrario, lo que ahora sólo es un comportamiento puede llegar a convertirse en un patrón o un hábito que lo dañará irremisiblemente.

¿Qué puedes hacer si tu hijo manifiesta comportamientos agresivos? Lee estas cinco propuestas: 

1. Evita castigar la agresividad con más agresividad 

Tal vez ese sea el origen de la violencia de tu pequeño: tú lo violentas y lo agredes. No sólo los golpes son agresividad, lo son también algunas acciones, las palabras e ignorarlo. Despreciarlo, no acariciarlo y tratarlo con rudeza nada más le enseña a violentar a quienes lo rodean. Si pega, ¡por favor, no le pegues para castigarlo!

2. Refuerza conductas no agresivas 

Felicítalo cuando se comporte de manera amable y gentil, cuando use las palabras mágicas “gracias” y “por favor”. Dile lo feliz que te hace y con frecuencia hazle saber que te enorgullece su buena conducta, buen carácter, ayuda en las tareas del hogar y buen desempeño escolar.

3. Explica las cosas y conductas no adecuadas 

Tal vez al mirar una caricatura en el televisor o leer un cuento se preste la oportunidad para hablar de las cosas que no son adecuadas y de las que lo son. Explícale con pocas palabras, a su nivel y con claridad, las maneras correctas de reaccionar y resolver problemas con otros niños.

4. Aprovecha los juegos de roles para enseñar 

En familia, a modo de juego, papá, mamá, la abuela y los niños pueden “actuar” un problema y juntos buscar las diferentes maneras de resolverlo sin necesidad de recurrir a la violencia.

Sólo ten cuidado de no presentar la violencia como una situación chistosa y divertida, como si se tratara de una comedia; hablen mejor sobre cómo se sienten o sobre cómo crees que se sentiría una persona cuando la lastiman, y conduce el razonamiento de tu hijo.

5. Elimina la violencia del hogar 

Tal vez, sin notarlo, tu hogar esté lleno de violencia. ¿Cómo puede ser eso posible? Muy fácil: programas de televisión donde se presentan infinidad de conductas violentas, deportes con violencia física explícita, música demasiado estridente, e incluso, juegos de video.

Si hay problemas en casa o en tu matrimonio, sé inteligente, no grites y resuelve los conflictos en privado; si no se puede, usa un tono de voz tranquilo y piensa que te están observando y leyendo cada uno de tus gestos, tus movimientos; que el niño “te absorbe” totalmente y del modo en que reacciones él reaccionará cuando tenga problemas en la escuela o en el barrio con sus amigos.

Si los problemas de agresividad continúan, no dudes en visitar a un médico o un psicólogo para descartar un problema neurológico. La violencia tiene un remedio, se llama amor, y tú eres la mejor para darlo.

Fuente de la noticia: http://www.elsalvador.com/articulo/estilos/como-controlar-agresividad-hijo-110268

Imagen: http://www.elsalvador.com/articulo/estilos/como-controlar-agresividad-hijo-110268
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