El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, encabezó hoy el lanzamiento de la campaña «Las Manuelas: La Misión Continúa por la Inclusión», sobre los derechos de las personas con discapacidad.
La campaña fue lanzada en el «Parque de las Diversidades», en el sur de Quito, capital del país, con la presencia de autoridades gubernamentales dedicadas a la labor social y a la atención a grupos vulnerables.
Moreno, quien se moviliza en silla de ruedas debido a que sufre paraplejia, afirmó durante el acto que el objetivo de la campaña es sensibilizar a la comunidad educativa sobre los derechos de las personas con discapacidad.
«No hay que humillarlas, no hay que lesionarlas. Hay que apreciarlas, amarlas y el momento en que requieran, ayudarlas. ¡Eso es inclusión!», afirmó el presidente.
El mandatario destacó la labor de la Misión Solidaria «Las Manuelas», a través de la cual su gobierno se ha enfocado en atender las necesidades de las personas con discapacidad en todo el territorio nacional.
De igual forma, recordó el trabajo que realizó la Misión Solidaria «Manuela Espejo» cuando él ejerció como vicepresidente de 2007 a 2017 durante el gobierno del entonces presidente ecuatoriano, Rafael Correa.
Moreno resaltó las diversas potencialidades de quienes tienen discapacidad, al señalar que son personas que hacen que «el mundo sea digno de vivir».
Por su parte, la secretaria técnica del Plan Gubernamental «Toda Una Vida», Isabel Maldonado, dijo que la campaña «es una apuesta por generar espacios de interacción positiva que promuevan la inclusión social dentro de las escuelas, de manera lúdica y dinámica».
Agregó que la iniciativa incluye una guía de juego inclusivo y material didáctico.
Según el gobierno, gracias al trabajo articulado de la Secretaría Técnica del Plan Toda Una Vida, que ejecuta los programas sociales, y al Ministerio de Educación, la campaña beneficiará en una primera fase a unos 16.000 estudiantes y 500 docentes.
Exposición fotográfica «Mujeres rurales en América: sembrando hoy la agricultura del futuro» en la 25 Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) en Madrid bajo el lema «Tiempo de actuar». EFE
Las mujeres rurales en Perú han empezado a implementar tecnologías sostenibles para contrarrestar la contaminación ambiental que causa el sector de la energía, que en este momento es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero en el país sudamericano.
Del otro lado del mundo, en la isla de Kadavu, en Fiji, decenas de mujeres han instalado paneles solares en 376 hogares, de doce aldeas, con la finalidad de mitigar la pobreza energética en la zona y que eso, a su vez, permita eliminar brechas educativas y de salud.
Al igual que ellas, miles de mujeres en Colombia, Costa Rica, Marruecos, Bangladesh o Australia se han erigido «agentes de cambio» y trabajan cada día por mejorar sus comunidades y disminuir los efectos de la crisis climática que las hace más vulnerables que el resto de la población.
«Las mujeres invierten más tiempo en incrementar el bienestar de sus familias y de sus congregaciones», señala en una entrevista con Efeminista la experta en género y medio ambiente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Latinoamérica, Andrea Quesada.
Además, la experta añade que «quizás en muchos lugares ellas no lo llamen cambio climático, pero saben lo que es, lo están viviendo en carne propia. Están experimentando períodos de sequías y lluvias que ya no son predecibles y están haciendo todo lo posible por adaptarse rápidamente, para sobrevivir».
En Barbados, Granada y Jamaica, por ejemplo, las mujeres han aprendido a usar métodos agrícolas más sostenibles como forma más estable y fiable de ganar dinero. Entre ellos, la rotación de cultivos, la correcta recolección de agua lluvia o el uso de materiales naturales para conservar la humedad y aumentar la fertilidad del suelo.
Para el PNUD, promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres es «absolutamente esencial» para cumplir con las metas ambientales y de conversación.
En este sentido, puesto que la participación diferenciada de las mujeres en la sociedad les permite detectar soluciones innovadoras para contribuir a la mejora de la calidad de vida y a un desarrollo sostenible, la ONU está convencida de que es primordial que ellas también sean parte de la toma de decisiones.
«Los cambios también se ven en los patrones de consumo. En Suecia, por ejemplo, hay datos que demuestran que las mujeres están más dispuestas a consumir productos verdes si tienen los recursos suficientes para adquirirlos», añade Quesada.
«Esta es una oportunidad para transformar, no solo las actividades que realizamos para reducir los impactos negativos en el medio ambiente, sino también las relaciones de poder que son desiguales en nuestros países», enfatiza la experta.
Sin embargo, pese a los múltiples proyectos que organizaciones como Naciones Unidas están llevando a cabo alrededor del mundo para que más mujeres se involucren en el desarrollo de una sociedad más sostenible, Quesada cree que «la acción no está siendo lo suficientemente rápida».
«El reto más grande que tenemos es la implementación. En algunos casos por motivos políticos, lo cual es más difícil de cambiar, y otras veces por falta de capacidades y recursos», afirma.
Es por esta razón, adelanta, que en la Conferencia sobre Cambio Climático equipos del PNUD se presentarán hoy varias iniciativas exitosas que ya se están llevando a cabo en países latinoamericanos con el objetivo de que se tomen como ejemplo en otros lugares.
«Gracias a un trabajo muy grande de países como México, Costa Rica y Perú se está tratando de impulsar que el plan de acción de género sea mucho más ambicioso y que vaya más enfocado a esa implementación, a cómo se puede poner en práctica una acción climática de mitigación y de adaptación género responsiva y género transformadora».
Según los académicos, la falta de conexión se debe, en parte, a “las débiles articulaciones institucionales”
“En síntesis, las maestras noveles, al igual que las estudiantes de último año de la carrera, encuentran distancias entre la formación del instituto (que denominan “teoría”) y las prácticas que desarrollan en las escuelas. Sin embargo, y debido al paso del tiempo en el ejercicio del rol, reconocen aportes de dichos espacios más teóricos”. Eso establece una de las últimas investigaciones financiadas por el Consejo de Formación en Educación (CFE) y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación en el marco del programa CFE Investiga. El proyecto, coordinado por el sociólogo especializado en educación y docente de magisterio Guillermo Pérez Gomar, se propuso analizar cómo se forma la identidad profesional de las maestras; para eso trabajó con estudiantes avanzadas y maestras con menos de cinco años de recibidas con una estrategia de investigación biográfico-narrativa. El resultado fue la investigación: “La construcción de la identidad profesional del docente de educación primaria en la formación inicial y los primeros años de trabajo”.
“La identidad profesional del docente es un campo amplio y hay consenso sobre cuatro momentos que son claves en esa construcción”, afirmó Pérez Gomar. Estos son: el momento previo al ingreso a la formación, los estudios formativos, las prácticas de enseñanza y los primeros años de docencia; la investigación se centra en los últimos dos. “Lo que nosotros encontramos en la práctica preprofesional termina reforzando algo que a nivel de la experiencia se conoce: existe una distancia entre lo que las estudiantes llaman teórico y lo práctico, entre esos dos espacios de formación. El punto es lo difícil que resulta llevar las cuestiones que aprenden de lo teórico al trabajo en el aula”, resaltó el docente.
En las conclusiones los investigadores marcaron ciertos factores del contexto institucional que inciden en la construcción de la identidad profesional. En primer lugar destacan el rol central que tienen las prácticas preprofesionales; “así lo indican la carga horaria, casi en el límite de las posibilidades de cursado, y la centralidad que se le otorga tanto en el orden prescriptivo como en la valoración de las estudiantes”, señalan en el informe final. Sobre este punto Pérez Gomar comentó: “Es muy difícil transitar el plan de estudio por la enorme carga horaria, y las estudiantes, si tienen que priorizar, lo hacen con la práctica, porque es donde ellas sienten si sirven para eso que están estudiando o no. Les puede ir mal en las materias teóricas que cursan en el instituto pero no les puede ir mal en la práctica, porque si no parecería que no son buenas para esto de ser maestra; así de central es la práctica para su formación”.
Relacionado con el rol esencial que se le da a la práctica, los investigadores señalan que “la vinculación entre la práctica y la formación del instituto se aprecia débil y se valora de forma negativa”. Para las docentes su identidad profesional se sostiene en el saber práctico, y el resto de los saberes o procesos que incorporan en su formación están en función de la práctica. “La desconexión y asistematicidad de actividades, y su apreciación tan diferenciada, tienen relación con esta característica”, subrayan los académicos. Pérez Gomar comentó que, entre otros factores, esto se puede deber a que “hay un tema de articulación entre los espacios prácticos y teóricos, que parece que las autoridades no lo ven porque siempre fue así: la formación teórica depende de una institución, que es el CFE, y las escuelas de práctica dependen de otra, que es el CEIP [Consejo de Educación Inicial y Primaria]”.
Asimismo, la experiencia de la práctica depende mucho de la escuela y del equipo docente. “La elección de los lugares de práctica está desregulado, no hay normativas demasiado claras. Cada escuela de práctica termina siendo un mundo en sí mismo, por eso hay experiencias de prácticas que son muy positivas y otras que son desastrosas. Las prácticas de cuarto año, que son en las escuelas Aprender, por ejemplo, responden a la inspección de Aprender, no a la de prácticas; nadie acompaña lo que sucede en esas escuelas en términos de la práctica, sólo la dirección”, comentó Pérez Gomar, que adelantó algunas de las conclusiones de una próxima investigación.
Roles modelos
Existen dos referentes claros para las estudiantes en la práctica: la maestra adscriptora y la dirección. La maestra está relacionada con aspectos más ligados al hacer profesional; para Pérez Gomar, el rol de la maestra adscriptora “es central, porque es con la que aprenden qué hacer y qué no hacer; eso es clarísimo en los resultados. Las estudiantes aprenden porque se identifican con el trabajo y la forma de hacer o porque lo rechaza”. Por otra parte, en la directora ven una figura de autoridad que enseña aspectos más relacionados a lo administrativo y al rol normativo.
Este posicionamiento tan central de las figuras de la maestra y la directora genera que haya “tensión entre la reproducción y el cambio”, aseguró Pérez Gomar. “Esta formación tiene mucho de reproducción, se aprende mirando lo que otros hacen; entonces, lo primero que hacen las estudiantes cuando se forman es reproducir lo que hace su maestra adscriptora, y saben qué está bien y qué está mal”. Esta reproducción, según el investigador, provoca que la profesión “sea muy conservadora”, porque “los márgenes para ensayar caminos diferentes son muy estrechos o casi inexistentes, porque las maestras adscriptoras no sólo son modelos, sino que además son las que las evalúan”.
Tener figuras tan fuertes durante la práctica probablemente sea uno de los factores que hagan que las recién egresadas tengan “sensaciones de soledad y falta de herramientas” cuando se enfrentan a un grupo por primera vez. “Cuando egresás de cualquier carrera seguís aprendiendo en los primeros años de ejercer y nadie te guía, pero lo que sucede en magisterio es que tenés la responsabilidad de 25 niños a tu cargo durante cuatro horas, y eso es muy agobiante; es lógico que la sensación de soledad y agobio sea muy fuerte”.
El costo de la educación superior es un tema crítico en Estados Unidos. Pero, a medida que los precios se disparan en todo el país, una universidad en el estado de Kentucky ha encontrado la manera de seguir siendo gratuita. Sólo hay una condición: los estudiantes debe trabajar para ello.
Becas o préstamos estudiantiles. Esas eran las opciones que tenía Sophie Nwaorkoro, de 18 años, para cubrir los costos de sus estudios universitarios.
Una crisis familiar en su último año de secundaria descarriló la primera opción. Se encontró sin hogar y sin la asistencia financiera necesaria para completar los vacíos de cualquier beca que le ofrecieran.
La segunda opción -pedir un crédito- hubiera colocado a Sophie entre los millones de jóvenes que empiezan la vida de adultos atados a los pagos de sus préstamos estudiantiles.
La mayoría de los análisis estiman que la deuda estudiantil total en EE.UU. es de US$1,5 billones, más de los que los estadounidenses deben en sus tarjetas de crédito. Y casi la mitad de los prestatarios han caído en cesación de pagos.
«No me hubiera arriesgado a hacerlo», comenta Sophie. «La deuda significaba el fin de mi libertad».
Sophie se resignó a no continuar con su educación, hasta que recibió una llamada del Berea College, una pequeña universidad situada en una región rural de Kentucky.
La representante le dijo a Sophie que cubrirían todos los gastos.
«Cuando ella mi lo dijo me eché a llorar», recuerda. «Abrieron un puerta que pensé que estaba definitivamente cerrada».
Berea College fue fundada en 1855 por John Fee, un pastor y abolicionista cristiano. Fue la primera universidad integrada y mixta en el sur de EE.UU.
Su campus moderno está localizado en la misma cresta donde estaba la construcción original, actualmente una constelación de edificios de ladrillos con columnas blancas que puede atravesarse a paso lento en 15 minutos.
Desde su inicio, Berea estaba destinada a estudiantes sin medios para pagar la universidad.Los estudiantes trabajaban para ayudar con su manutención.
Y en 1892 dejó completamente de cobrar la matricula.
«Lo que es inusual de Berea es que para entre 70% y 80% de nuestros estudiantes, esta es la única oportunidad de tener una experiencia educacional de alta calidad», expresó el presidente de Berea, Lyle Roelofs.
Más de la mitad de los estudiantes que empezaron en Berea en 2018 no contaba con ningún tipo de ayuda familiar.
El ingreso promedio de una familia de un estudiante de primer año es de menos de US$30.000. Casi 70% de los estudiantes son la la región Apalaches, donde uno de cada cinco habitantes vive bajo el nivel de pobreza.
«Siempre hemos sabido que hay personas que no pueden pagar por la educación necesaria», indica Roelofs. «El ‘cómo hacerlo’ es mucho más complicado».
Ese «cómo» tiene dos caras.
Primero, está el fondo financiero de Berea que, hasta la fecha, ha ascendido a US$1.200 millones.
«Si no tienes ingresos de matrícula, entonces vas a querer tener amigos poderosos como la bolsa de valores estadounidense», dice Roelofs.
El fondo está efectivamente protegido por el compromiso de la institución con una matrícula gratuita. Cualquier renovación o arreglo en el campus sólo es aprobada una vez la matrícula de cada estudiante está asegurada.
Su crecimiento también ha sido impulsado por un particular voto profético de la junta de Berea en 1920, que garantizó que cualquier legado no restringido -donaciones dejadas sin un propósito específico- se añadirían al fondo.
Actualmente, unos US$60 millones se retiran del fondo cada año para mantener el presupuesto operativo de Berea, incluyendo las matrículas.
La segunda característica especial de Berea es su programa laboral, que exige a cada estudiante trabajar en el campus por lo menos 10 horas a la semana, algo parecido al programa federal de estudio-trabajo de otras universidades en EE.UU.
«En Berea College, ningún estudiante paga matrícula para recibir una educación de alta calidad», afirma Roelofs. «No sólo admitimos a cada estudiante, sino que también empleamos a cada estudiante».
Los empleos son esenciales para la operación de Berea, tanto el trabajo de los estudiantes como la porción de su salario que se les deduce para mantener a la universidad operando.
«No es la cosa más romántica», señala Sophie quien, en su oficio en el comedor, trabaja con «los residuos de absolutamente todo el mundo».
«Sé que algunas personas lo menospreciarían, pero una entra ahí con un sentido que ‘estoy haciendo algo que ayuda a la gente'».
Y hay un obvio beneficio al final -en 2019 el 49% de los estudiantes de Berea se graduaron sin deuda, inclusive después de cubrir alimentación, alojamiento y otros gastos de vida. Para los que acumularon deuda, el promedio fue de US$6.693, una cuarta parte del promedio nacional.
Berea es pequeña, tiene unos 1.600 estudiantes y, por razones obvias, no hace alarde de relucientes instalaciones que pueden ser utilizadas para promoverse en las feria universitarias.
«No añadimos ese tipo de características atractivas que sólo está ahí para atraer estudiantes ricos», explica Roelofs. «Sabes, un rocódromo contribuyen poco a la experiencia educacional».
No tiene la fama de las instituciones élites que están desparramadas a lo largo de las costas del país, y sólo es realmente reconocida por aquellos que viven en los alrededores de los Apalaches.
«Cuando escuché sobre ella, me sonó sospechosa», reconoce Sophie. «Si era gratis, entonces debería ser de baja calidad».
Pero Berea no se ve ni se siente como una universidad barata.
El campus es arquetípicamente universitario. La vida estudiantil sigue el compás de un campanariom y en los predios resaltan los patios cuadrangulares enmarcados por árboles.
Está situada entre 3.640 hectáreas de un verde frondoso, propiedad de la universidad, que se confunde con cientos de kilómetros de bosques en las faldas de los montes Apalaches del este de Kentucky.
Al visitar la universidad en octubre, los estudiantes hablaban sus «historias de Berea», de los desafíos que amenazaban sus posibilidades de ir a universidad, una característica común del alumnado.
Pero, con la misma facilidad, la conversación cambiaba a sus planes para fiestas o los exámenes venideros. Este es, tal vez, el mayor de los logros de Berea: para sus estudiantes, la vida diaria está aislada de las deudas estudiantiles pendientes.
También es una de las instituciones educativas más selectivas del estado, según los registros de admisión de Berea. Los estudiantes son aceptados en base tanto a su desempeño académico como su estatus financiero.
En 2018, el 97% de la clase entrante era candidata a las becas Pell, una asistencia federal otorgada únicamente a los que «demuestran necesidad financiera excepcional».
Muchos de los estudiantes mencionan el rigor académico de Berea, que sorprende a muchos que presumieron que «matrícula gratis» era sinónimo de una educación de baja calidad.
«Definitivamente no puedes venir aquí y holgazanear», asegura Sophie.
«Creo que estamos acostumbrados a que las universidades sean tan caras que eso es lo que esperamos. Descartamos la idea que una universidad pueda ser asequible».
La dificultad de pagar por la universidad es una de las características que definen a las familias trabajadoras en EE.UU., indica Caitlin Zaloom, profesora de la Universidad de Nueva York que estudia el efecto de la deuda estudiantil en las familias. «La escalada de costos universitarios no puede ir mucho más lejos».
Es una carga que llevan mucho después de la graduación, tanto padres como estudiantes, afirma. «La deuda y los costos definen sus vidas por muchos años».
Pero, a medida que ir a la universidad se ha convertido cada vez más en un «imperativo moral», un requisito para lograr un empleo estable y el ascenso social, el financiamiento del Estado para la educación superior se ha desplomado.
Entre 2008 y 2017, la financiación general del Estado para instituciones de educación superior de dos y cuatro años cayó en casi US$9.000 millones, ajustados por inflación, según el Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas.
Estos recortes gubernamentales han sido enfrentados con pronunciadas alzas en las matrículas, efectivamente presionando a las familias estadounidenses a tomar préstamos.
«El mayor prestamista es el gobierno federal», explica la profesora Zaloom. «Está muy claro que el gobierno federal espera que sus ciudadanos paguen por su universidad con créditos. Ese es el mensaje que reciben muy claramente las familias desde el primer día».
Sólo la última década, la deuda estudiantil nacional se ha multiplicado más del doble, saltando de US$675.000 millones a los US$1,5 billones actuales.
«Creo que realmente estamos en un punto de quiebre», advierte Zaloom. «Simplemente no es moralmente justificable exigir que jóvenes adultos inicien sus vidas con tanta deuda».
Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?
Hay amplio acuerdo de que la matrícula universitaria en EE.UU. es demasiado cara, pero no hay consenso sobre cómo resolverlo. La mayoría de las universidades estadounidenses ofrecen becas y préstamos para aliviar los costos.
El concepto de cubrirlo todo para todos, como hace Berea, lentamente está ganando espacio.
El gobierno estatal de Nuevo México recientemente anunció un plan para hacer gratis todas las instituciones educativas estatales para todos los estudiantes, sin importar los ingresos familiares, utilizando las ganancias de la próspera industria petrolera del estado. Algunos de los principales candidatos demócratas para las elecciones presidenciales de 2020 han acogido el concepto de matrícula gratis.
Sin embargo, Roelofs cree que «matrícula gratis» puede ser un eslogan frágil si no se acompaña con algo.
El sólo declarar que la educación universitaria es gratis no es la respuesta. Debe ser gratis y de alta calidad, expresa.
Para sus 1.600 estudiantes, el modelo de Berea funciona. Pero tiene 126 años de ventaja.
«Para realmente hacer lo que hace Berea, se tiene que conseguir una suma bastante grande de dinero para poder apenas empezar», manifiesta. «El desafío, luego, es ir incrementándola».
Derechos de autor de la imagen Holly Honderich
Image caption Sophie dice que su trabajo en el comedor «no es romántico».
América Central/Honduras/Autor(a) y Fuente: www.prensa-latina.cu
Defensores de Derechos Humanos de Honduras contabilizan hoy más de 20 líderes sociales, ambientalistas, periodistas y dirigentes estudiantiles asesinados de forma selectiva en 2019 por razones políticas contrarias al Gobierno del presidente Juan Orlando Hernández.
Desde la reelección del mandatario en 2017 aumentaron en la nación centroamericana las denuncias de amenazas, secuestros y asesinatos en ‘total impunidad’ tal como denunció el comisionado nacional de derechos humanos Roberto Herrera Cáceres, quien considera que esa realidad pone freno a la resolución de las situaciones de violencia.
Otra de las acciones de represión contra la denuncia ciudadana se expresa a través del boqueo de acceso a sitios digitales como el del grupo de defensores y promotores de los Derechos Humanos en Honduras aciparticipa.org.
La directora de la entidad, Hedme Castro, en reiteradas ocasiones denunció a medios locales casos de menores de edad que fueron sacados por la fuerza de sus centros educativos, quienes resultaron víctimas de las torturas y luego aparecieron asesinados.
ACI-Participa desde redes sociales revela con frecuencia cómo las mujeres que defienden los Derechos Humanos son víctimas de la estigmatización, la criminalización, además de que resultan perseguidas y amenazadas.
Algo similar sucede con los defensores de los grupos sexo diversos que consideran la existencia de una ‘política de estado encubierta para el exterminio y la limpieza social’ de esos colectivos.
Organizaciones de Derechos Humanos locales denuncian el aumento de los asesinatos selectivos de líderes sociales y alertan sobre las intimidaciones de que son víctimas quienes participan en actividades de protestas contra las autoridades del país centroamericano.
Los familiares de las víctimas ven pasar los años sin avances en las investigaciones de los hechos que en su mayoría son realizados por paramilitares o miembros de las fuerzas castrenses del país.
Otro sector afectado por la violencia selectiva son las etnias y tribus indígenas que han realizado diversos llamados a las autoridades y cuerpos de seguridad para defender la paz y la integridad física de esta población.
Fuente e Imagen: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=326747&SEO=mas-de-20-lideres-sociales-fueron-asesinados-durante-2019-en-honduras
Un estudio destaca que los docentes españoles consideran que el cyberbullying es el mayor riesgo asociado al uso de los smartphones por parte de los adolescentes. A pesar de ello, casi el 90 % de los profesores cree que los móviles pueden ser una herramienta educativa de utilidad si se emplea apropiadamente en las aulas.
El 95% de los profesores encuestados señaló que el acoso a través del móvil o internet era su principal preocupación en relación al uso de los dispositivos en los centros educativos. / UPM
El ciberacoso se define como una conducta agresiva e intencional que se repite de forma frecuente en el tiempo mediante el uso por parte de un individuo (o grupo), de dispositivos electrónicos sobre una víctima que no puede defenderse por sí misma fácilmente. Y esta práctica es, para el 95% de los docentes, la principal preocupación en relación con el uso del móvil en las aulas por parte de los adolescentes. Así lo señala un estudio en el que ha participado la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).
Existen diversos estudios que constatan que el ciberacoso ha crecido en los últimos años y que, a diferencia de lo que sucedía en la era previa a internet en la que el hostigamiento cesaba fuera del centro escolar o en el entorno familiar de la víctima, en la era móvil el acoso también crece en continuidad ya que es ubicuo en el espacio y en el tiempo.
El 92% de los centros dispone de restricciones en la utilización de móviles
Conscientes de esa situación, el 95% de los profesores encuestados por los investigadores, señaló que el acoso a través del móvil o internet era su principal preocupación en relación al uso de los dispositivos en las aulas y por parte de los adolescentes.
“Esta percepción del ciberacoso como el principal riesgo asociado al uso del móvil en los centros educativos es algo que llama poderosamente la atención, ya que difiere de las conclusiones que se obtenían en estudios previos desarrollados en otros países”, explica Bernardo Tabuenca del Departamento de Sistemas Informáticos de la Escuela Técnica Superior de Sistemas Informáticos de la UPM y uno de los autores.
“Por primera vez, los riesgos asociados a las distracciones de los adolescentes, la sobreexposición a internet o el dejar de lado actividades más tradicionales como la lectura y la expresión artística, quedan relegados a un segundo plano frente al riesgo de que el smartphone se pueda emplear para hostigar a sus compañeros, lo que pone de manifiesto la magnitud de este problema y la concienciación existente por parte del profesorado”, explica el investigador.
A la pregunta de a qué edad se considera que sería adecuado que los adolescentes empezasen a hacer uso del móvil los profesores también lo tienen claro: los menores no deberían tener un smartphone antes de los 14 años. “Se trata de una apreciación que contrasta con la realidad ya que según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el 51% de los niños españoles de 11 años dispone de un móvil con conexión a internet”, asegura el investigador.
Aunque la mayoría de los docentes coinciden en que limitar el uso del móvil en los centros educativos es básico para luchar contra el ciberacoso, las opiniones sobre quién debe establecer las medidas difieren. “El 92% de los centros consultados dispone de restricciones en cuanto al uso de móviles, pero no existe consenso sobre qué organismo debería regular su uso. Así, la mayoría de los docentes participantes en este estudio (50,75%) consideran que debe ser cada centro quien regule su utilización, aunque un 26,12% tiene una visión más generalista y considera que estas actuaciones debe regularlas el Ministerio de Educación”, explica Tabuenca.
Buena herramienta educativa
El estudio, en el que participan también investigadores de las Universidad de Alcalá y la Universidad Internacional de La Rioja analiza también a través de las encuestas realizadas a un total de 132 docentes de toda España la predisposición de los profesores a utilizar el móvil como herramienta educativa.
“Nos parece muy significativo que en torno al 90% de los docentes considera que el uso de un smartphone puede tener ventajas para el aprendizaje por parte de los menores”, comenta Tabuenca.
Por aplicaciones, los juegos son la herramienta considerada más eficaz para promover la adquisición de conocimientos: “La gamification consiste en la introducción de recompensas y penalizaciones mediante juegos que pretenden divertir a los alumnos a la vez que les motiva a realizar acciones orientadas a la consecución del aprendizaje”, añade el investigador.
Las redes sociales son un elemento de comunicación frecuente entre estudiantes y por ello, los investigadores analizaron también cuáles serán las favoritas de los docentes de cara a comunicarse con los alumnos.
La mayoría de los profesores están predispuestos a utilizar dispositivos propios o corporativos como herramienta para tutorizar a los alumnos
“En la actualidad, las sesiones lectivas tradicionales se acompañan ocasionalmente de contenidos multimedia. Por esta razón YouTube con el 79% de docentes a favor de su uso, y Pinterest. Tuenti, Instagram, Facebook y WhatsApp fueron las peor valoradas ya que los profesores pasan muchas horas cara a cara con el alumnado y quizás no sea necesario suplantar esta comunicación con otra menos directa y que pueda llevar a ambigüedades”, comenta.
Finalmente en cuanto al uso del móvil durante la actividad docente, la mayoría de los profesores están predispuestos a utilizar dispositivos propios o corporativos como herramienta para tutorizar a los alumnos. No obstante, con independencia del dispositivo móvil que se utilice, la opción más popularmente aceptada es que el móvil se utilice exclusivamente en horario laboral y periodo lectivo.
“La importancia de este trabajo radica en que identifica algunas claves sobre el uso que se hace del smartphonecon fines educativos en la era móvil, cuál es la predisposición docente a utilizar móviles propios y redes sociales como herramienta de tutorización, qué amenazas y ventajas se identifican de su uso, qué regulación existe actualmente con respecto al uso del móvil en los centros educativos y qué edad se considera apropiada”, concluye el investigador.
Referencia bibliográfica:
Bernardo Tabuenca, Juan-José Sánchez-Peña y María-José Cuetos-Revuelta.“El smartphone desde la perspectiva docente: ¿una herramienta de tutorización o un catalizador de ciberacoso?”. Revista de Educación a Distancia (RED). Núm. 59, Artíc. 01, 30-04-2019 DOI: http://dx.doi.org/10.6018/red/59/01
Fuente e Imagen: https://www.agenciasinc.es/Noticias/A-los-profesores-les-preocupa-el-ciberacoso-con-moviles-en-los-centros-educativos
América del Norte/Estados Unidos/15-12-2019/Autor(a) y Fuente: Publimetro Colombia – Bles.com
Un estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oklahoma City (OCU, por la sigla en inglés), estado de Oklahoma, EE. UU., recibió como castigo la expulsión por colocar letreros que decían: “Está bien ser blanco”. Su expulsión es considerada un ataque a la libertad de expresión.
La policía no encontró evidencia de un crimen, y estimó que el estudiante, quien no fue identificado, no era una amenaza para la seguridad del campus, declaró el director de la Policía de OCU, Bill Citty, según el medio local Oklahoman.
Las autoridades universitarias “no pueden discriminar contra estos volantes basándose en su punto de vista, expulsando o despidiendo a la gente por publicarlos”, declaró el abogado Hans Bader, tras analizar el caso, de acuerdo con Oklahoman.
Asimismo, para Bader fue obvio que no se expulsaría a alguien por contrariar el modo de pensar de la universidad, como, por ejemplo, con un letrero que diga: “Está bien ser afroamericano”.
El limitar la libertad de expresión es uno de los proyectos del candidato demócrata Bernie Sanders, quien cree que el gobierno debe prohibir el llamado “discurso ofensivo”, respaldado por la mayoría de sus seguidores, según un video de One america Network.
Lo que en realidad pretenden defender los votantes por Sanders es el discurso izquierdista que considera ofensiva la opinión diferente.
Tal postura va en contra de la Primera Enmienda de los Estados Unidos, que favorece la libertad de expresión decretando que cualquier persona puede decir lo que quiera sin restricción alguna.
La censura que progresivamente han impuesto los izquierdistas en las universidades de los Estados Unidos ha afectado seriamente la libertad de expresión.
En este sentido resulta significativo el éxito abrumador registrado recientemente por la película pro libertad de expresión: “No hay espacios seguros” (No safe spaces, por el título en inglés), aclamada por los cinéfilos pero odiada por los críticos.
Se trata de un documental que expone el ataque a la libertad de expresión lanzado en los campus universitarios liberales de Estados Unidos, según Washington Times.
Asimismo, cuestiona que “un creciente número de estadounidenses no cree que se tenga derecho a decir lo que se piensa si puede ofender a alguien en algún lugar, de alguna manera”, y esa creencia les hace buscar un ‘espacio seguro’ en donde se puedan expresar las ideas con libertad.
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