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.El capitalismo destruye el planeta, destruyamos el capitalismo

Declaración internacional de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional (FT-CI) ante la Huelga Mundial por el Clima que tendrá lugar entre los días 20 y 27 de septiembre.

 

Entre los días 20 y 27 de septiembre de 2019 tendrá lugar una «semana de acción» convocando a la Huelga Mundial por el Clima. La convocatoria ha sido promovida por movimientos como “Fridays for Future” y “Extinction Rebellión”, así como centenares de colectivos ambientalistas y ecologistas en distintos países. Los organizadores exigen a los gobiernos que se declare la emergencia climática y se adopten medidas urgentes para frenar la crisis ambiental. Ante la urgencia de la crisis climática es necesario conquistar una estrategia que permita enfrentar decididamente la causa de la catástrofe ecosocial que nos amenaza: el sistema capitalista.

Capitalismo y crisis ambiental global

El capitalismo ha prosperado desde hace siglos mediante la explotación de la naturaleza, ya sea como fuente “inagotable” de recursos para convertirlos en mercancías o como repositorio de desperdicios. Sin embargo, la capacidad de la Tierra de “soportar” los procesos ecodestructivos del capital está llegando al límite.

La necesidad de crecimiento constante del capital ha llevado a la interrupción de un complejo ciclo natural que tardó millones de años en desarrollarse, provocando una fractura del “metabolismo” entre la sociedad y la naturaleza.

El cambio climático y la crisis de los ciclos biológicos del carbono, el agua, el fósforo y el nitrógeno; la acidificación de los océanos; la pérdida creciente y acelerada de la biodiversidad; los cambios en los patrones en el uso de la tierra y la contaminación química de la industria, son algunas de las terribles manifestaciones de una situación completamente inédita para la humanidad: la tendencia hacia la descomposición de sus condiciones naturales de producción y reproducción. A esta dinámica ecodestructiva se relaciona directamente la degradación social y material de cientos de millones de personas que sufren la miseria, el desempleo y la precariedad laboral, mediante los cuales el capitalismo asegura su rentabilidad y reproducción.

La barbarie que representa la reciente multiplicación de incendios en la Amazonia, resultado de los incentivos al desmonte –intensificados por la política del ultraderechista Bolsonaro–, la flexibilización de la legislación ambiental y la acción directa de latifundistas y ganaderos que orquestan las quemas, es solo otro episodio del continuo proceso de degradación y destrucción ambiental. Incluso en la Bolivia de Evo Morales, los incendios amenazan destruir uno de los bosques secos más grandes del mundo, la Chiquitania, luego de que más de 2 millones de hectáreas fueras arrasadas por los incendios alentados para la extensión de la frontera agrícola. El fenómeno de los incendios forestales descontrolados es cada vez más recurrente, como los grandes incendios que están arrasando Siberia y el África subsahariana (más numerosos, aunque menos destructivos), así como los de California el otoño pasado y en numerosas regiones de Europa. El cambio climático y la sed de ganancias del capitalismo los están intensificando cada vez más.

El cambio climático, una realidad incuestionable

Existe un amplio consenso científico en que cambio el climático se relaciona con el aumento vertiginoso de los niveles de emisiones de los gases de “efecto invernadero” en la atmósfera producidos por la acción humana. Pero no de la acción humana en general, si no de las actividades desarrolladas en el marco del modo de producción capitalista. Desde 1880 la temperatura media de la superficie terrestre ha subido casi 1 °C según diversos organismos. Un aumento de la temperatura global (hoy cerca de los 15 °C de media) que es evidente desde la revolución industrial y que ha venido acelerándose en la etapa neoliberal.

Las proyecciones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), indican que la temperatura media global en la superficie de la tierra podría incrementarse entre 2 y 5 grados centígrados y el nivel del océano podría aumentar entre 18 a 59 centímetros en las próximas décadas, mientras advierten que las emisiones pasadas y futuras de dióxido de carbono (CO2) seguirán contribuyendo al calentamiento durante más de un milenio. Al mismo tiempo, recientemente se ha conocido que los niveles de CO2 atmosférico han rebasado las 400 partículas por millón (ppm), pudiendo incluso alcanzar en las próximas décadas cifras superiores a los 500 ppm, niveles nunca antes vistos en la historia de la humanidad.

Según el último informe de este organismo dependiente de la ONU, cuyas estimaciones suelen ser las más conservadoras en comparación con otros estudios, las emisiones de gases contaminantes tendrían que reducirse en un 45 % para 2030 –en menos de 11 años– para evitar superar el umbral crítico de calentamiento de 1,5 grados centígrados, por encima del cual se generalizaría el aumento del nivel del mar, los fenómenos meteorológicos extremos y la escasez de alimentos. La necesidad de combatir el cambio climático con medidas drásticas es innegable.

Para muchas personas estas estimaciones pueden resultar abstractas, pero toman cuerpo cuando se advierten sus consecuencias reales, como la potenciación de todos los fenómenos catastróficos relativos al clima, su permanencia en el tiempo y la aceleración de sus ritmos. Incendios incontrolables que arrasan ciudades enteras en todo el globo (asociados también a la propagación de especies invasivas y una gestión forestal orientada al monocultivo y únicamente al lucro), olas de calor extremas, inundaciones masivas o sequías catastróficas. Según las Naciones Unidas, actualmente existen más de 20 millones de refugiados por causas climáticas, mientras que, de elevarse la temperatura global a más de 2 grados, se estima que serán 280 millones. La contaminación del aire por gases y partículas derivados del tráfico de vehículos, así como de la producción industrial en las grandes ciudades, producen 9 millones de muertes anuales en todo el mundo, 800 mil personas solamente en Europa.

El calentamiento global es una de las manifestaciones más devastadoras de la naturaleza destructiva del sistema capitalista sobre el ambiente, pero no la única. A ella se suma la contaminación del aire y la degradación del suelo, la desforestación y la destrucción de la biodiversidad, la contaminación del agua de ríos y océanos. Según un estudio, entre 1970 a 2014, el tamaño de las poblaciones de vertebrados ha disminuido en un 60 por ciento en promedio. Una tendencia que se agravaría si no se frena la crisis ecológica, pudiendo producir una extinción en masa de la biodiversidad del planeta.

El planeta entero ha sido transformado en un inmenso basurero de desechos domésticos, industriales y agrícolas generados por la producción, la distribución y los patrones de consumo capitalistas.

Negacionismo y “capitalismo verde”, las dos caras de una misma moneda

Frente al escenario catastrófico que preanuncia el calentamiento global, los poderes fácticos del capitalismo internacional oscilan entre dos estrategias: por un lado, una campaña de negación de las evidencias científicas tendiente a presentarlos como una “ideología”; por el otro, una estrategia de promoción de un “capitalismo verde” o “sostenible”, que impulsa acuerdos internacionales que son una farsa y propone una reconversión parcial y limitada de los sistemas productivos, mientras fortalece el modelo de acumulación y explotación capitalista.

En el campo del negacionismo se sitúan desde Trump, el Partido Republicano y el Tea Party en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, hasta sectores minoritarios de científicos. Pero su núcleo está en las grandes corporaciones que son las principales responsables de las emisiones de gases contaminantes que generan el cambio climático. Sin embargo, al mismo tiempo que hacen campaña negacionista, las grandes corporaciones capitalistas son plenamente conscientes de las consecuencias del cambio climático y sus efectos sociopolíticos, y se preparan para responder a sus implicaciones en el terreno de la “seguridad” y la política exterior. El capital más concentrado plantea la militarización como instrumento de adaptación al cambio climático: más ejércitos y fuerzas de seguridad privadas, que eventualmente puedan defender las islas de prosperidad en medio de océanos de miseria y degradación.

Del otro lado se sitúa el “capitalismo verde”, promovido desde el Partido Demócrata norteamericano, líderes políticos de los principales países europeos como Angela Merkel, Emmanuel Macron o Pedro Sánchez y diversos “partidos verdes”, pasando por diversas y pujantes corporaciones capitalistas, organismos internacionales, hasta ambientalistas y ONGs.

Se trata de un ejercicio de sincretismo entre neoliberalismo y “economía verde”. Denuncian el calentamiento global y acuerdan en costosas cumbres climáticas medidas de protección ambiental, controles y grandes objetivos de reducción de emisiones, que en todos los casos no han sido más que documentos diplomáticos sin mayores consecuencias prácticas.

Al mismo tiempo, plantean hacer reparaciones, limitar la producción de sustancias tóxicas y la destrucción de recursos naturales y desarrollar simultáneamente nuevas tecnologías “suaves”, argumentando al mismo tiempo que de trata de una nueva fuente de crecimiento económico, ya que las corporaciones capitalistas podrían extraer jugosos beneficios.

Así el Partido Verde alemán, por ejemplo, propone “salvar la economía alemana” con medidas de transición ecológica, mientras promueve la militarización del imperialismo alemán (abogaron a favor de una intervención en el conflicto con Irán bajo «liderazgo europeo»). Una política de “imperialismo verde” para contrarrestar la crisis del capitalismo alemán.

Una de las medidas más recientes en este campo, impulsada por el gobierno de Merkel y el Partido Verde alemán, pero que comienza a ser adoptada por otros gobiernos y sectores ambientalistas, busca implementar un impuesto a las emisiones de CO2 (gravando por ejemplo el consumo de carne, los combustibles o el tráfico aéreo) para renovar la industria hacia una transición ecológica. Un impuesto que provocaría la subida de precios y un ataque en regla a la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora, mientras no representa ninguna medida seria ante la crisis climática. En definitiva, la estrategia neoliberal del “capitalismo verde” termina siendo “negacionismo light”.

La esencia del capitalismo es la ampliación de la ganancia y la acumulación a cualquier costo, incluso si este costo implica la destrucción material del planeta. Cuando China y Estados Unidos, junto a la Unión Europea, producen la mayor parte de los gases de efecto invernadero que aniquilan la tropósfera, y los capitalistas se dirimen entre posturas negadoras o cumbres impotentes de gestión de la crisis ambiental, el resto del mundo sigue sufriendo los efectos del cambio climático.

Por ello la idea de un “capitalismo verde”, que elimine de forma íntegra y efectiva las causas que están en la base de la catástrofe ambiental global que nos amenaza y promueva un “desarrollo sostenible” de la humanidad y el conjunto de las especies que pueblan el planeta, es una quimera. La solución a la crisis climática global no puede nacer en ningún caso de las entrañas del mismo sistema que la produjo.

Hay que decir que dentro de este campo hay gran número de ONGs y organizaciones ambientalistas como IUCN, WWF, incluso Greenpeace, que trabajan codo con codo con los evangelistas de la ecoeficiencia y las petroleras como Shell o la Exxon, con mineras contaminantes como Barrick Gold o megacorporaciones como Walmart, Cargill o Monsanto, colaborando con el saqueo de recursos naturales en todo el planeta bajo la cobertura “ambientalista”.

Reformismo verde y “Green New Deal”

Dentro del espectro de los defensores de un capitalismo verde existe una subvariante reformista que ha ganado mucho peso en el último período, proponiendo un programa con tintes neokeynesianos para hacer frente a la crisis. Es el llamado “Green New Deal” (GND). En EE. UU. esta política es defendida por algunos aspirantes a la presidencia del Partido Demócrata norteamericano, como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, o por la autodenominada “socialista democrática” Alexandria Ocasio-Cortez, y también comienza a resonar en los discursos y programas de los social liberales europeos como el PSOE o corrientes neorreformistas como Podemos.

El GND, sostiene Ocasio-Cortez, permitiría a los Estados Unidos una transición hacia el 100 % de energías renovables en un plazo de 10 años, a la vez que promete crear millones de empleos ligados a la construcción de una red eléctrica eficiente en todo el país basada sobre energías renovables, entre otras medidas. ¿De qué modo? Promoviendo que las mega corporaciones milmillonarias, responsables de la crisis ecológica actual, sean las que desarrollen la infraestructura para salir del desastre. Y que para ello cuenten con millonarias subvenciones públicas del Estado.

La idea que subyace detrás de esta perspectiva es que si los gobiernos de los principales países industrializados del mundo y las grandes multinacionales toman consciencia de la situación, serían capaces de adoptar medidas en favor de la preservación del ambiente. Tanto el “Green New Deal” como otras propuestas similares (como la Agenda 2030 de la ONU), que son hoy referentes para buena parte de las fuerzas políticas “progresistas” en el mundo, se fundamentan en la idea de que es posible un “capitalismo sostenible” y que las corporaciones que han generado la crisis actual pueden reconvertirse en las salvadoras del planeta. Pero la ilusión de que se pueda armonizar la contradicción entre los intereses capitalistas y la preservación del ambiente y de la vida de cientos de millones de personas, es utópica y reaccionaria.

El modo de producción capitalista está en total contradicción con la naturaleza y con los procesos naturales de desarrollo. Para el capital, el factor determinante en este proceso es meramente cuantitativo. La feroz competencia obliga a cada capitalista a buscar constantemente formas de reemplazar a los trabajadores por máquinas que aumenten la productividad del trabajo y la masa de bienes lanzados al mercado y, por ende, la cantidad de recursos naturales consumidos para producirlos. La repetición constante de este ciclo de producción y reproducción del capital exprime impiadosamente todos los recursos, sin tomar en cuenta el tiempo requerido para su producción y regeneración natural.

La causa de este tipo de desarrollo ecodestructivo más que la irracionalidad capitalista, es su lógica inherente; el resultado lógico de un sistema económico cuyo motor es la sed de ganancias de los capitalistas.

La “rebelión” juvenil por el clima, sus potencialidades y sus límites

El 20 de agosto de 2018, la joven activista climática sueca Greta Thunberg se plantó frente a la sede del parlamento sueco con una pancarta que decía “Huelga estudiantil por el clima”. Inspirado por esta acción, desde entonces el movimiento “Fridays for Future” y los “viernes verdes” en ciudades de Europa, en los que los estudiantes faltan a clases y se manifiestan contra la crisis ambiental global bajo la consigna “No tenemos un planeta B”, ha sumado cada vez más adhesiones y ha movilizado a cientos de miles en centenares de ciudades por todo el continente.

Junto al movimiento “Fridays for future”, se han desarrollado otras plataformas ecologista, como “Ende Gelände” en Alemania, o “Extintion Rebellion” en el Reino Unido, que sostienen reivindicaciones similares, aunque también varían en sus métodos de lucha.

El pasado 15 de marzo se declaró la primera huelga global por el clima. Cientos de miles de jóvenes tomaron las calles en distintas ciudades del mundo en el marco de una huelga estudiantil contra el cambio climático. En Madrid, Berlín, París, Viena, Roma y otras ciudades de Europa y el mundo, las manifestaciones fueron masivas. El 24 de mayo tuvo lugar una nueva convocatoria global de huelga estudiantil, que siguió movilizando a millones. Los próximos 20 y 27 de septiembre se realizará una nueva Huelga Mundial por el Clima, en el que se hace un llamamiento a la ciudadanía y a otras organizaciones sociales a sumarse a la convocatoria.

Los organizadores exigen a los gobiernos que se declare la emergencia climática y la adopción de medidas urgentes para frenar una crisis medioambiental que “es consecuencia de un modelo de producción y consumo que ha demostrado ser inapropiado para satisfacer las necesidades de muchas personas, que pone en riesgo nuestra supervivencia e impacta de manera injusta especialmente a las poblaciones más pobres y vulnerables del mundo”.

Entre esas medidas se encuentran la reducción –a cero neto– de las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar que la temperatura global se eleve por encima de los 1,5 °C. Para ello proponen acciones tendientes al abandono de los combustibles fósiles y su sustitución por energías renovables, tales como la paralización de nuevas infraestructuras fósiles, un modelo energético no nuclear o la reorganización del sistema de producción.

Denuncian además la interrelación entre la enorme desigualdad social y la degradación del ambiente y plantean que la transición a un “modelo ecosostenible” tiene que hacerse atendiendo a las desigualdades generadas en función de la clase social, el sexo, la procedencia, etc. En el camino a esa transición defienden la creación de fórmulas de control y participación ciudadana a través de la democratización de áreas de la producción como la energía, el transporte o la alimentación.

El hecho de que la juventud se movilice contra la barbarie de la destrucción ambiental es un hecho enormemente auspicioso. Además, la incorporación del método de la huelga para visibilizar sus demandas y el llamado al conjunto de las organizaciones de la sociedad civil es algo innovador que no se había hecho antes y que le da más fuerza al movimiento.

Frente a las “potencias infernales” que ha engendrado el capitalismo y cuyas consecuencias hoy resultan inevitables, las y los jóvenes impulsores del movimiento “Fridays for Future” y otras plataformas similares son cada vez más conscientes de esta realidad y, aunque de un modo muchas veces abstracto, denuncian al sistema capitalista como causante de la crisis actual.

Sin embargo, carecen aún de un programa definido y una estrategia para superarlo. Su perspectiva se reduce a una denuncia y exigencia a los representantes políticos capitalistas para que tomen medidas urgentes o a abrazar las propuestas de los llamados “partidos verdes”, pero sin apuntar decididamente contra los intereses y la propiedad de los máximos responsable de esta situación: las grandes corporaciones y multinacionales capitalistas.

Tampoco sostienen una posición contraria a medidas “verdes” como los intentos de aplicar impuestos al consumo que atentan contra la mayoría de la clase trabajadora y los sectores populares. Por el contrario, en muchos países el movimiento exige la implementación de un impuesto a las emisiones de CO2 más altos de lo que proponen los partidos capitalistas, los cuales elevarían los precios de productos de consumo para la mayoría de la población. Para que la juventud logre atraer a la clase trabajadora a la lucha contra el cambio climático, es necesario un programa que plantee claramente que sean los capitalistas, y no las masas populares, los que paguen por la crisis.

En amplios sectores del movimiento prima la lógica de que para solucionar la crisis ecológica el eje central está en los cambios de los patrones de consumo individual, centrando su atención en el “consumo irresponsable”. Obviamente la producción capitalista, generadora de patrones y ciclos de consumo a escala planetaria, moldea a los “consumidores” y en esta medida el comportamiento humano individual colabora con la crisis ecológica, por lo cual es deseable promover que estos patrones se modifiquen generando conciencia ambiental.

Pero la realidad es que la influencia que pueden ejercer los cambios del comportamiento individual sobre el carácter funesto de la producción capitalista sobre el medio ambiente es en muchos casos irrelevante y, especialmente, muy desigual. Un informe de Oxfam del año 2015 demostró que el 10 % más rico del planeta provoca la mitad de las emisiones de CO2, mientras que el 50 % más pobre (3.500 millones de personas) es responsable de solo el 10 %.

La lógica de centrar la iniciativa de movimiento ambiental en los cambios de comportamiento individual conlleva dos problemas estratégicos. Por un lado, porque promueve una estrategia ilusoria que favorece una concepción individualista, difuminando o directamente ocultando cuál es el “centro de gravedad” sobre el que hay que golpear, el capitalismo imperialista, las grandes corporaciones y los Estados capitalistas. Por otro lado, termina fortaleciendo el discurso reaccionario de que “la gente es responsable de la crisis” que va unido a medidas para hacer pagar la crisis ambiental a la clase trabajadora y los sectores más pobres de la sociedad; un discurso que al mismo tiempo que preserva el sistema y beneficia a los capitalistas, impide incorporar a la lucha a las potencias sociales capaces de enfrentarla.

Una de las lecciones que ha dejado la lucha de los Chalecos Amarillos en Francia, un inmenso movimiento social desatado inicialmente como respuesta al alza en el precio de los combustibles y en protesta por la injusticia fiscal y la pérdida de poder adquisitivo, es que la “transición ecológica” no puede recaer sobre los hombros de la clase trabajadora y los sectores populares. Frente a la crisis ambiental, el problema central no es la “división” entre quienes contaminan y quienes no lo hacen, sino entre la mayoría social que ya está pagando los costos de la crisis y los capitalistas que la generaron.

La única manera de enfrentar la crisis ambiental global engendrada por el capitalismo es que en la lucha se implique la mayoría de la población con la clase trabajadora al frente. Y esto es así porque la contradicción capital-trabajo no es una más de las que caracterizan al modo de producción capitalista, sino la que lo estructura, ya que si la relación de la sociedad con el resto de la naturaleza está mediada por la producción, es revolucionando la producción como se puede regular racionalmente el metabolismo con la naturaleza. Por ello la clase trabajadora, la clase auténticamente productora de la sociedad, si se dota de una política hegemónica y no corporativa, es la única clase que puede actuar como articulador de una alianza social capaz de activar el “freno de emergencia” ante el desastre al que nos aboca el capitalismo.

En este sentido existen importantes ejemplos de unidad entre el movimiento ambiental y sectores de trabajadores, como el caso del astillero Harland and Wolff en Irlanda, donde fue construido el Titanic, que fue declarado en bancarrota, pero sus trabajadores tomaron las instalaciones exigiendo su nacionalización y que se implemente el uso de energías limpias. O los llamados a sindicatos y sectores de trabajadores a convocar la Huelga por el Clima, como se está haciendo en Portugal, Alemania o el Estado español.

Estas iniciativas son sumamente importantes, porque de un modo aún intuitivo pero correcto, tienden a delimitar cuál es el “sujeto social” que puede hegemonizar la lucha por una alternativa a la destrucción ambiental, la clase trabajadora.

La necesidad de que la clase trabajadora se integre al movimiento con sus propias reivindicaciones y sus propios métodos de lucha (huelgas, bloqueos y piquetes), es vital para el desarrollo del movimiento. Es necesario ayudar a romper los prejuicios que existen en amplios sectores de la clase trabajadora con el movimiento ambiental, aunque muchas veces esté justificado por políticas que en nombre de la “defensa del ambiente” han despreciado a la clase obrera equiparándola con las patronales contaminadoras o incluso promovido medidas que implicaban un ataque directo a las condiciones de vida de la clase trabajadora sin más alternativa.

Pero, sobre todo, es necesario enfrentar y denunciar el rol reaccionario que juegan la mayoría de los sindicatos burocratizados. Especialmente en los sectores de la industria pesada y la industria energética, las burocracias sindicales actúan como los mejores socios de los capitalistas. Muchas veces se oponen a cualquier medida de transición ecológica, por más superficial que sea, bajo el argumento de “salvar los puestos de trabajo”, cuando lo que esconden en realidad es una política para salvar las ganancias de los capitalistas, atando el destino de la clase trabajadora a los buenos negocios de los empresarios.

Ante la Huelga por el Clima, la posición mayoritaria entre los sindicatos europeos o en Estados Unidos es oponerse, o en algunos casos como en Alemania, apoyarla demagógicamente, pero negándose a organizarla y convocarla por considerarla “ilegal”. Es por ello que, junto con el impulso de la más amplia autoorganización entre la juventud, es necesario denunciar las posiciones reaccionarias de los sindicatos burocráticos, que durante décadas han ignorado o despreciado los problemas ecológicos, al mismo tiempo que se les exige que convoquen a la huelga y pongan sus organizaciones al servicio de la lucha contra los capitalistas responsables de la catástrofe que nos amenaza.

La declaración promovida en Alemania por la agrupación de sindicalistas de base «ver.di aktiv», impulsada por el grupo RIO, con más de 500 adhesiones de sindicalistas de distintas ramas de todo el país exigiendo a las centrales sindicales que convoquen a la huelga, es una muestra pequeña pero significativa de la potencialidad de esta política.

Un programa transicional anticapitalista para evitar la catástrofe

Frente a una perspectiva absolutamente irracional a la que nos aboca el capitalismo es evidente la necesidad de medidas drásticas y urgentes. Pero estas no pueden depender de la buena voluntad de los Gobiernos de las potencias imperialistas que son las principales responsables del desastre actual, ni tampoco de las nuevas agendas impulsadas por las grandes corporaciones y los partidos promotores del “capitalismo verde”.

La única salida ante la catástrofe que nos amenaza es tomar el presente y el futuro en nuestras manos mediante una planificación racional de la economía mundial, o como diría Marx, mediante “la introducción de la razón en la esfera de las relaciones económicas”. Y esta solo puede ser posible si la planificación de la economía se encuentra en manos de la única clase que por su situación objetiva y sus intereses materiales tiene interés en evitar la catástrofe: la clase trabajadora.

Una perspectiva por la que luchamos las organizaciones que integramos la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional en el seno del movimiento obrero, de la juventud y los movimientos ecologistas. Frente a la farsa de las cumbres climáticas y las promesas de un “capitalismo verde”, es necesario desplegar un programa transicional orientado hacia una completa reorganización racional y ecológica de la producción, la distribución y el consumo con medidas como:

• La expropiación del conjunto de la industria energética, bajo la gestión democrática de las y los trabajadores y supervisión de comités de consumidores. De este modo el sector energético podría avanzar hacia una matriz energética sustentable y diversificada, prohibiendo el fracking (de gas y petróleo) y otras técnicas extractivistas, que permita reducir drásticamente las emisiones de CO2 desarrollando las energías renovables y de bajo impacto ambiental en consulta con las comunidades locales. Al mismo tiempo, se reducirían los precios abusivos de la electricidad.

• La nacionalización y reconversión tecnológica sin indemnización y bajo control obrero todas las empresas de transporte, así como las grandes empresas automovilísticas y metalmecánicas, para alcanzar una reducción masiva de la producción automotriz y del transporte privado, mientras se desarrolla el transporte público en todos sus niveles.

• La lucha por lograr condiciones seguras de trabajo en todas las fábricas y empresas, libres de tóxicos y agentes contaminantes, unida a la reducción de la jornada laboral y reparto de las horas de trabajo sin rebajas salariales entre todas las manos disponibles, como parte de un plan general de reorganización racional y unificada de la producción y la distribución en manos de la clase trabajadora y sus organizaciones.

• La expropiación de la propiedad terrateniente y reforma agraria para pequeños campesinos y pueblos originarios. Expulsión de empresas imperialistas, confiscación de sus bienes y expropiación bajo control obrero de todo el complejo industrial agroalimentario y exportador. Monopolio del comercio exterior y nacionalización de la banca para financiar la reconversión y diversificación del modelo agroalimentario sobre bases sustentables y democráticas. Prohibición del glifosato, eliminación progresiva de todos los agrotóxicos y prohibición de su libre comercialización, e inversión en investigación en métodos alternativos, como la agroecología, entre otros.

• La imposición de presupuestos bien dotados para la conservación de la biodiversidad, tanto de especies como de la gran variedad de ecosistemas del planeta, con especial hincapié en los que están en mayor riesgo. Regeneración de las áreas degradadas (mares, ríos, lagos, bosques y campos) en base a impuestos progresivos al gran capital.

• La prohibición de la megaminería contaminante, la nacionalización de la minería tradicional bajo control obrero y su articulación con el desarrollo de una industria de recuperación de minerales de la chatarra electrónica, implementando la “minería urbana” para el reciclaje de minerales escasos de los aparatos electrónicos y otros productos. Expulsión de las mineras imperialistas y confiscación de sus bienes para remediar el daño hecho a las comunidades afectadas. Prohibición de la apropiación privada de bienes públicos como el agua.

• La abolición de la deuda en los países dependientes y semicoloniales, que es una forma de coerción para adoptar ajustes neoliberales antiecológicos, así como la expropiación de todas las empresas contaminantes en los países periféricos. Es inimaginable resolver la crisis ecológica en esos países sin independencia respecto del imperialismo.

• La apertura de las fronteras y cierre de los centros de detención de migrantes frente al drama de la inmigración, producto de la pobreza y la expoliación imperialista, pero también en muchísimos casos por la crisis climática.

• Una política radical que tienda a evitar los residuos y a reciclarlos. No alcanza con las instalaciones de filtrado, depuración, etc. Hace falta una conversión industrial fundamental que evite, a priori y en su origen, la contaminación. Esto implica también terminar con la obsolescencia programada.

• El levantamiento del secreto empresarial (que permite, por ejemplo, ocultar las emisiones tóxicas) y la obligación de llevar registros públicos donde se especifiquen las materias primas y los productos utilizados.

Este programa, junto a otras medidas de imperiosa necesidad, es obviamente imposible de alcanzar en los marcos del capitalismo. Para llevarlo a cabo hace falta una estrategia revolucionaria que enfrente decididamente a los responsables del desastre. La juventud que hoy sale a las calles en todo el mundo para luchar por la “justicia climática” tiene el desafío de avanzar en la radicalización de su programa para plantear la única perspectiva realista para enfrentar la catástrofe: impulsar la lucha de clases para terminar con el sistema capitalista y poner todos los resortes de la economía mundial en manos de la clase trabajadora.

Socialismo o barbarie: por una estrategia revolucionaria e internacionalista

Muchos científicos, ecologistas, organismos internacionales y hasta grandes medios de prensa, caracterizan el momento actual como un momento de “crisis civilizatoria”, que no tiene vuelta atrás y solo queda adaptarse al desastre. Ante la catástrofe preanunciada, la ideología capitalista no solo siembra el miedo (lo que da fundamentos tanto a políticas securitarias como a salidas individuales bajo el liderazgo de los gobiernos capitalistas y las grandes empresas), sino que niega de plano toda perspectiva emancipadora. Desde el cine y la televisión vivimos un bombardeo constante de distopías: es más fácil imaginar mundos catastróficos, postnucleares, invasiones de extraterrestres y hasta zombies, que una sociedad que racionalmente garantice la supervivencia del planeta y de todas sus especies.

Frente a una perspectiva de catástrofe, que no está descartada en absoluto, el problema fundamental radica en si la adaptación estará en manos del capital o de la mayoría desposeída de la sociedad. Por ello, la crisis ecológica vuelve a situar como la única perspectiva de salvación de la humanidad y el planeta, la lucha por el comunismo, la de la sociedad de productores libres asociados en armonía con la naturaleza. Un combate en el que clase trabajadora debe ubicarse como sujeto hegemónico, tomando las demandas ambientales no solo como parte de la lucha por mejorar sus condiciones de vida, sino por dar una salida progresiva al ecocidio que prepara el capitalismo.

Esta es la precondición indispensable para instaurar un sistema basado en la solidaridad, que recomponga racionalmente el metabolismo natural entre la humanidad y la naturaleza, y que reorganice la producción social respetando los ciclos naturales sin agotar nuestros recursos, terminando al mismo tiempo con la pobreza y las desigualdades sociales.

Ante la catástrofe ambiental que nos amenaza, la disyuntiva planteada por Rosa Luxemburg, “socialismo o barbarie”, adquiere una renovada significación. En la víspera de la carnicería imperialista que comenzó en 1914, la gran revolucionaria polaca advertía que “si el proletariado fracasa en cumplir sus tareas como clase, si fracasa en la realización del socialismo, nos estrellaremos todos juntos en la catástrofe”. Para Luxemburgo, el socialismo no era un destino predeterminado por la historia; lo único “inevitable” era el colapso al que llevaba el capitalismo y las calamidades que acompañarían este proceso si la clase trabajadora no lograba impedirlo.

En nuestro siglo, las condiciones de la época de las crisis las guerras y las revoluciones se reactualizan, enfrentando a la clase obrera y los pueblos del mundo no sólo a la barbarie de la guerra y la miseria, sino de catástrofe ambiental y la potencial destrucción del planeta. Un proyecto verdaderamente ecológico que enfrente la crisis ambiental a la que nos conduce el capitalismo solo pude serlo en tanto sea comunista y la clase trabajadora, aliada al conjunto de los sectores populares, se disponga subjetivamente a la vanguardia de imponerlo mediante la lucha revolucionaria, contra la resistencia de los capitalistas.

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La Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) es una organización revolucionaria internacional, impulsora de la Red Internacional de diarios La Izquierda Diario en 12 países y 8 idiomas. Está integrada por:

ARGENTINA: Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) / BRASIL: Movimento Revolucionário de Trabalhadores (MRT) / CHILE: Partido de Trabajadores Revolucionario (PTR) / MÉXICO: Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) / BOLIVIA: Liga Obrera Revolucionaria (LOR-CI) / ESTADO ESPAÑOL: Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores (CRT) / FRANCIA: Courant Communiste Révolutionnaire (CCR) que forma parte del NPA (Nouveau Parti Anticapitaliste) / ALEMANIA: Revolutionäre Internationalistische Organisation (RIO) / ESTADOS UNIDOS: compañeros y compañeras de Left Voice / VENEZUELA: Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) / URUGUAY: Corriente de Trabajadores Socialistas (CTS) / Organizaciones simpatizantes: ITALIA: Frazione Internazionalista Rivoluzionaria (FIR) / PERÚ: Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST) / COSTA RICA: Organización Socialista

Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/El-capitalismo-destruye-el-planeta-destruyamos-el-capitalismo-138252
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Argentina: Todos los caminos conducen a la Educación

úmamente oportuna la declaración de Axel Kicillof la última semana, prometiendo un gobierno «más austero, más transparente y más eficiente». Así puntualizó no sólo una bandera de campaña y un buen propósito, sino que también señaló, implícitamente, la mayor urgencia nacional, que es recuperar la educación pública.

Puede sonar grandilocuente, porque lo es. Y lo es porque todos los problemas argentinos derivan de un desastre educativo cuya reconstrucción dependerá de profundos cambios. De paradigmas y de rumbos, de postulados y de ejemplos a inculcar, y de presencia del Estado como rector y orientador de un pueblo capaz de desarrollar sus capacidades en plenitud, consistencia y persistencia. Todo eso sólo puede garantizarlo la educación pública gratuita, obligatoria y laica, vía magna para hacer de la Argentina el país soñado por generaciones.

Al menos en El Manifiesto Argentino lo tenemos claro desde hace años, y subrayado a finales de 2015, cuando el gobierno macrista-radical inició el desguace de todas las políticas pedagógicas positivas implementadas desde 2003, a lo que sumó despidos y represión a los trabajadores de la Educación. Retomaron así el proceso negativo iniciado en los años 60, cuando sucesivos ministros de la dictadura de Onganía (Astigueta, Pérez Guilhou, Cantini, Malek) aplicaron las primeras «reformas» que eliminaron el Magisterio e iniciaron la subsidiaridad del Estado y las transferencias del sistema educativo a las provincias, sistema retrógrado que en 1992 perfeccionó la Ley Federal de Educación menemista.

También por eso es urgente renacionalizar la educación, entendida como el retorno a un Sistema Educativo Nacional Único con validez en toda la república, que garantice una plataforma curricular que conciba contenidos educativos igualitarios en todo el territorio nacional y se organice respetando desarrollos regionales y locales.

Con pareja urgencia habría que desarrollar sistemas de evaluación que prioricen principios y necesidades de interés nacional y latinoamericano, tanto en la evaluación de los aprendizajes como de las instituciones y el sistema educativo mismo, que a su vez debería promover la conciencia de nuestra lengua nacional, el Castellano Americano, garantizando a la vez la educación intercultural bilingüe respecto de cada uno de los pueblos originarios que habitan el territorio nacional.

Obviamente, la vastedad y complejidad de acciones necesarias contemplará promover la educación técnica y de adultos, así como la educación popular operada por iniciativa de ONGs, cooperativas, empresas recuperadas y organizaciones territoriales, incorporando de entrada el estudio permanente de principios de Filosofía, Lógica y sobre todo Formación Moral, materia ausente de casi todos los currículos argentinos y que debería ser obligatoria desde el nivel primario en adelante y en todo el país, como inicio de una educación para la transparencia y la concientización de la honradez como cualidad humana fundamental. Porque de muy poco sirven las leyes anticorrupción si no hay políticas de transparencia a largo plazo, para lo cual hay que lanzar sostenidas campañas nacionales de educación cívica, orientadas a que la sociedad sepa ejercer controles y fiscalización.

Asimismo, es urgente promover el debate y sanción de una Ley de Educación Superior que reasegure, profundice y actualice los principios de la Reforma Universitaria de 1918, explicitando a la Educación Superior como bien público y como derecho, e incorporando la materia Ética Profesional en todas las carreras universitarias y terciarias, públicas o privadas.

Ante tanta, tan veloz y tan torpe degradación del sistema educativo nacional como ejecutó el neoliberalismo macrista, es hora ya de consagrar a la educación como un derecho colectivo en el marco de procesos institucionales de enseñanza y aprendizaje, a cargo del Estado y consolidando la instrucción elemental, pero, también, asegurando los valores históricos que construyen nacionalidad. E incluso incursionando en campos educacionales heterodoxos, pero urgentes, puesto que nuestro país es hoy, quizás, uno de los más groseros, mal hablados y de modos de comportamiento más violentos de todo el mundo.

Acaso la recuperación en materia educativa deba incluir los contenidos y el espíritu de los programas transversales que mejoraron el sistema hasta 2015: educación sexual, prevención de violencia escolar, orquestas infantiles y juveniles, ajedrez escolar, educación y memoria, educación y medios, educación por el arte, centros de actividades infantiles y juveniles en contraturno y días sábados en las escuelas. Y por supuesto es urgente reinstalar las dos grandes acciones hoy discontinuadas perversamente: el Plan Nacional de Lectura, para retomar la urgente capacitación de mediadores y la provisión de libros y materiales de lectura en todo el territorio. Y el Plan Conectar Igualdad, que estimuló el talento de millones de estudiantes, además de que generó tecnología y trabajo argentino. Y definir como política educativa de Estado la distribución de tecnología digital para que todos los estudiantes del país, sin diferencias, tengan acceso al mundo.

Súmese todavía la integración del sistema bibliotecario escolar con todo el sistema educativo, garantizando la existencia de bibliotecas en todas las escuelas e institutos, así como cargos profesionales, mantenimiento infraestructural, conexión en red y renovación anual de acervos.

Y habría también que incorporar, de una buena vez, la Educación Agraria básica y la Educación Ambiental en todos los niveles educativos, para desarrollar la conciencia ecológica y del riquísimo sistema de Parques Nacionales de que disponemos y que en general nuestro pueblo ignora.

Así y con muchas otras medidas y decisiones, y con miras a servir a tres, cuatro o más generaciones venideras, la política educativa pública podría ser el instrumento fundamental de la cantera en la que millones de futuros argentinos y argentinas se educarán para garantizar que los próximos gobiernos sean protagonistas ­–como bien ha dicho Axel Kicillof– de gestiones «más austeras, más transparentes y más eficientes».

Fuente de la Información: https://www.pagina12.com.ar/218469-todos-los-caminos-conducen-a-la-educacion

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Argentina: Especialista advierte que gobiernos “hablan mucho de educación” pero hacen poco por ella

Se trata de la licenciada en educación Graciela Morgade, quien disertó el último sábado en el marco del Pre Congreso de Educación, en el marco del Segundo Congreso Internacional “Educación e Inclusión desde el Sur” que se realizará en noviembre. La profesional observó que “las políticas educativas se hacen así, haciendo y no solo hablando”.

La licenciada en Educación Graciela Morgade advirtió que aveces «los gobiernos hablan mucho de educación» pero hacen poco por ella.

La profesional disertó el último sábado en el marco del Precongreso en Educación, en el marco del Segundo Congreso internacional «Educación e Inclusión desde el Sur» que se realizará en Noviembre.

El evento realizado en Río Grande contó con dos ponencias, una el viernes en la ciudad de Ushuaia y la segunda este sábado en Río Grande.

Esta última se llevó a cabo en lss instalaciones del gimnasio Carlos Margalot, donde se presentó a la licenciada Graciela Morgade brindando la charla «Toda educación es sexual».

Al respecto la secretaria de Promoción Social del Municipio Río Grande Analia Cubino destacó que «como municipio hemos enfrentado algo muy importante como es la educación», en el entendimiento de que «somos corresponsables de lo que les pasa a nuestros ciudadanos y ciudadanas y entendemos que la educación sexual integral es un tema prioritario».

«Es un tema que atañe no sólo a las escuelas, sino a toda la comunidad, así que estamos muy felices de la convocatoria, ayer en Ushuaia y hoy en Río Grande, y es destacable el compromiso de la docencia en participar».

Cubino recordó así mismo que «éste es ya un encuentro final del «precongreso » e indicó que en Noviembre ya vamos a tener nuestro segundo congreso internacional y notamos que esto ha traído mejoras.

Por su parte la Licenciada Graciela Morgade «valoró el gran esfuerzo que hace el municipio Río Grande para llevar adelante estos precongresos y el próximo encuentro internacional que se llevará aquí en Tierra del Fuego».

«Hay que destacar que además es un esfuerzo económico, porque estamos en el verdadaero Sur del país, y nos sentimos felices por haber sido convocados a esta gran movilización que tiene que ver con poner a la educación como prioridad» señaló.

«A veces las gobiernos hablan mucho de la educación, pero las políticas educativas se hacen así, haciendo y no sólo hablando», advirtió, razón por la cual consideró que «esta iniciativa es un enorme gesto y una señal de la enorme valoración que esta gestión de Gustavo Melella y el Municipio tiene sobre la educación».

Fuente de la Información: https://www.infofueguina.com/social/2019/9/16/especialista-advierte-que-gobiernos-hablan-mucho-de-educacion-pero-hacen-poco-por-ella-41588.html

 

 

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Pasó 5 Años en Prisión por “Educación Robada” para su Hijo

La mujer no tenía un hogar en ese momento, y utilizó la dirección de una amiga para mandar a su hijo a una escuela mejor

(NOTICIAS YA).- Una madre sin techo de Connecticut fue sentenciada a pasar cinco años en prisión por inscribir a su hijo en un distrito escolar que no le correspondía utilizando la dirección de una amiga; una diferencia abismal comparada con la sentencia de 14 días que recibió Felicity Huffman por el escándalo de admisión a la universidad.

En 2011, Tanya McDowell de Bridgeportfue sentenciada a pasar cinco años en prisión por inscribir a su hijo Andrew, entonces de 5 años, en una escuela en la ciudad vecina de Norwalk utilizando la dirección de una amiga para el registro escolar.

En ese momento, Tanya y el pequeño pasaban algunas noches en su camioneta y otras en refugios para personas sin hogar, algunas noches las pasaban en un departamento en Bridgeport, según detalla el Connecticut Post.

Cuando las autoridades descubrieron lo de la dirección, la madre fue arrestada y acusada de hurto en primer grado con una sentencia que se determinó en cinco años por “educación robada”.

“¿Quién hubiera pensado que desear una buena educación para mi hijo me pondría en esta situación?”, dijo McDowell en ese entonces.

Tanya, también enfrentaba cargos por drogas, por los que también cumplió una condena, al momento de su sentencia.

“No me arrepiento de buscar una mejor educación para él, lamento mi participación en este caso de drogas”, dijo la madre ante la controversia del caso, que difiere mucho de otros.

“Todavía lo volvería a hacer porque no me ha decepcionado”, dijo la mujer, quien entonces debía dinero al distrito escolar por la “educación robada”, según detalla Refinery29.

De acuerdo con el Washington Post, un estudio mostró que los distritos escolares blancos recibieron $ 23 mil millones más en fondos del gobierno que los distritos escolares no blancos en 2016, independientemente del hecho de que tenían la misma cantidad de estudiantes, algo que muestra la disparidad de la educación en Estados Unidos.

Fuente de la Información: https://noticiasya.com/tampa/2019/09/16/paso-5-anos-en-prision-por-educacion-robada-para-su-hijo/

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Estados Unidos: Sec. DeVos Calls for a «New Birth of Freedom» in Milwaukee, the Birthplace of Education Freedom, to Kick Off 2019 Back to School Tour

MILWAUKEE — Today, U.S. Secretary of Education Betsy DeVos began her 2019 Back-to-School Tour in Milwaukee, Wisconsin, the birthplace of modern education freedom. In a speech at St. Marcus Lutheran School, Sec. DeVos noted the incredible progress the education freedom movement has made since visionary leaders like Annette «Polly» Williams and Howard Fuller ignited the parental choice movement 30 years ago but acknowledged there is still much work left to be done.  Secretary DeVos urged leaders across the country to embrace the Administration’s education freedom agenda so that every student in America can have unlimited access to the education that best helps them reach their fullest potential.

Secretary DeVos said, «Now is the time to ignite a new birth of freedom for all of America’s students. We have a bold plan to do just that—an American education freedom agenda. The freedom to learn. The freedom to grow. The freedom to advance.  The freedom to pursue the education that works for you. Students in control of their pathway to a successful education, career, and life. Families in control of how, when, and where their students will learn best. Teachers in control of their classrooms and their careers. States and communities—not Washington, D.C.—in control of local decisions.»

QUOTES TO NOTE:

«Students: We’re here because of you—and for you. In fact, everything about education should be focused solely on you. After all, as a nation, we’ve committed to help each student prepare for the future. Some people confuse that as a commitment to a building, to a system, or to a particular way of learning. But your education must be about who you are and all that you see for yourself, for your family, for your community, and importantly for our country.»

***

«There are still too many [students] who don’t know how to read. There are still too many who don’t know how to add, subtract, divide, or multiply. And too many have no power to do anything about it.  That’s because the education cabal puts other issues above what’s right for students. Mixed-up priorities are borne out in the numbers. Consider that American taxpayers spend—on average— about $13,000 per student, per year. With an average class size of 21 students, that adds up to $273,000 per classroom, per year. We know the average classroom teacher makes about $60,000 annually. So, where does the rest of the money go? More than $200,000 per classroom and teachers are still buying school supplies out of their pockets.

«Well, here’s the dirty little secret: it’s to highly paid administrators, coordinators, consultants, assistant principals, assistant superintendents… layers and layers of bureaucracy. The growth in non-instructional school staff has increased nine times faster than student enrollment growth.»

«We know American families want more control and more options when it comes to education. That’s why every poll shows growing, bipartisan support for education freedom. And for every approach to education freedom—public charter schools, vouchers, education savings accounts, tax credit scholarships—support crosses ethnic and political lines.  Education freedom policies work. We just need more of them. Many more.»

«Think of Education Freedom Scholarships as keys to unlocking the opportunities you want to pursue. This isn’t about picking a school building. That’s thinking too small. Instead, think about unleashing thousands of not yet imagined ways for students of all ages to learn.»

SECRETARY DEVOS’ REMARKS AS PREPARED FOR DELIVERY:

Thanks, everyone, for letting me join you today.

It’s hard to see summer end. But «back to school» season is an exciting time of year. I think it’s useful, as we begin any new season, to reflect on where we’ve been, where we are, and importantly, where we want to go.

Students, we’re here because of you—and for you. In fact, everything about education should be focused solely on you. After all, as a nation, we’ve committed to help each student prepare for the future. Some people confuse that as a commitment to a building, to a system, or to a particular way of learning.

But your education must be about who you are and all that you see for yourself, for your family, for your community, and importantly for our country.

That’s what I like about St. Marcus. This school community is built around giving students what they need.

Something important is happening here. You’re doing things differently, and as a result, students who learn here far and away outperform their peers.

I think that has to do with how you are so intentional about cultivating the relationship between student, parent, and teacher.

You call it a covenant—indeed, a sacred promise—to do everything in your power «to ensure academic success.» Your students, your families, and your great teachers choose to commit to this covenant. You each acknowledge everyone has a role to play, and that you all depend on one another.

This should be commonly understood. Obvious. Normal. But we know it all too often isn’t, and it wasn’t always this way in Milwaukee.

Parents, teachers: you remember the problems you and your students faced years ago. Fewer than 60 percent of students finished high school.

Students’ confidence crushed, teachers frustrated, and parents heartbroken. Everyone wanted something different. Something better.

Then, along came «Polly.»

You all know the «mother» of our movement, Annette «Polly» Williams. She wanted better for her own children, and for children in her own community. She couldn’t bear to see her city’s students struggling, so she did something about it. 

Polly worked with anyone and everyone to help students—and pushed back against anyone who didn’t. She and civil rights icon Howard Fuller fought their own political party, the NAACP, and the unions. And they won when Governor Tommy Thompson, who was from a different political party, established the Milwaukee Parental Choice program.

They all put politics aside and did what was right for kids.

They believed that students matter. It didn’t matter who their parents were, nor where they lived, nor what color they were, or who they knew, or how much they had in their pockets. All that mattered was that students were students.

Polly’s will to win 30 years ago was the first of many victories for students and families. At first, the program was small, able to empower only a few of Milwaukee’s parents. But as demand expanded, so did the program. Today, the Parental Choice program and others like it serve about 37,000 students statewide, including almost every student here at St. Marcus.

You wouldn’t be here—and I wouldn’t be here—if not for the courage of Polly, Howard, and the parents who joined them in the fight.

So, I’ve come to Milwaukee—the birthplace of education freedom—to stand on the shoulders of giants and say:

Now is the time to ignite a new birth of freedom for all of America’s students.

We have a bold plan to do just that—an American education freedom agenda.

The freedom to learn. The freedom to grow. The freedom to advance.

The freedom to pursue the education that works for you.

Students in control of their pathway to a successful education, career, and life.

Families in control of how, when, and where their students will learn best.

Teachers in control of their classrooms and their careers.

States and communities—not Washington, D.C.—in control of local decisions.

Why is this freedom so desperately needed today?

Because what we’re doing—what we’ve been doing—isn’t working.

Open up our Nation’s Report Card and you’ll see what I mean. Two in three of our Nation’s 8th graders aren’t learning what they need to be prepared for their futures.

And consider this: The United States ranks 24th in reading, 25th in science, and 40th in math in the world. Think about it. These statistics have very real consequences for our future.

For one, students can’t pass military entrance exams. Nearly one in four Americans who want to serve are turned away because they fail the Army’s basic test.

I also think of my recent visit to an Indiana prison. The warden told me that the biggest problem there is not violence or discipline. It’s illiteracy.

Then there’s the story of a father whose son, a recent high school graduate, was honored in the local newspaper. Dad’s pride turned to disappointment after he discovered his son couldn’t read or comprehend the article. So, dad marched over to the high school principal’s office with his son and newspaper in tow and asked his son to read the article to the principal. He couldn’t. Then the father pointedly asked the principal how he could’ve graduated his son—or anyone—who can’t read.

There are still too many who don’t know how to read. There are still too many who don’t know how to add, subtract, divide, or multiply. And too many have no power to do anything about it.

That’s because the education cabal puts other issues above what’s right for students.

Mixed-up priorities are borne out in the numbers.

Consider that American taxpayers spend—on average— about $13,000 per student, per year. With an average class size of 21 students, that adds up to $273,000 per classroom, per year. We know the average classroom teacher makes about $60,000 annually.

So, where does the rest of the money go? More than $200,000 per classroom and teachers are still buying school supplies out of their pockets.

Well, here’s the dirty little secret: it’s to highly paid administrators, coordinators, consultants, assistant principals, assistant superintendents—layers and layers of bureaucracy. The growth in non-instructional school staff has increased nine times faster than student enrollment growth.

It just doesn’t add up.

And though Federal taxpayer spending is less than 9 percent of total education spending, over the past 40 years taxpayers have spent well-over one trillion dollars at the Federal level alone trying to improve student outcomes. And the research shows almost no progress in closing the achievement gap.

Yet, there are many in Washington still arguing to spend more—way more—doing more of the same things.

Our sole focus should be on how to do better—starting today.

Doing better begins by expanding freedom.

Let me paint a picture of what that might mean.

Students, education freedom for you could look like this: If you need more time to learn a concept or lesson, you get it. If you need less time, you can move on. If you want to study a language or a subject that your school building doesn’t offer, you can learn it somewhere else. If you don’t like to study behind a desk and learn better in a lab or in a garden or between skyscrapers, you can do that. If you want hands-on experiences to help decide your learning pathway, you can have those. You should be free to learn in any way and in any place that works for you.

Teachers, education freedom for you could look like this: If you want to try something new in your classroom that you think will better help your students, you can. If you want to mentor other teachers, you can do that, and you should be rewarded for it. If you want to control your professional development and career path, you’d have the power to do so. You should be free to teach in any way and in any place that works for you and your students—and you should be properly paid for your success.

Parents, education freedom for you could look like this: If the government-assigned school isn’t working for your child, you can take him or her anywhere else. And if your school is working for your child, you can stay put. Another parent’s freedom to make a choice doesn’t mean you have to make the same choice. If you want to homeschool your children for part of the week and send them to a classical academy the rest of the week, you can do that. If one type of learning or instruction is best for your son and another is better for your daughter, you have the flexibility to make those choices. If a school closer to your work is a better fit for your family, that’s your choice. You should be free to make the decisions that work best for your children and your family.

We know American families want more control and more options when it comes to education. That’s why every poll shows growing, bipartisan support for education freedom. And for every approach to education freedom—public charter schools, vouchers, education savings accounts, tax credit scholarships—support crosses ethnic and political lines.

Education freedom policies work. We just need more of them. Many more.

That’s why this Administration has put forward the most transformative idea for American education in decades:  Education Freedom Scholarships. I hope you’ve seen our proposal.

I don’t want to dive into the details here; you can visit our website for those. What I do want to talk about is what Education Freedom Scholarships will mean.

For the student who wants to gain valuable career skills by apprenticing, she can use an Education Freedom Scholarship to learn her craft while learning her core subjects.

For the student who is bullied at his government-assigned school, he can use an Education Freedom Scholarship to learn elsewhere.

To the student who wants to get a head start on college credit while completing her high school studies, she can use an Education Freedom Scholarship to do just that.

For the single mom who works three jobs just to make ends meet while her kid is trapped in a school that’s chronically failing him, she can use an Education Freedom Scholarship to give her son opportunities for a better life.

Think of Education Freedom Scholarships as keys to unlocking the opportunities you want to pursue.

This isn’t about picking a school building. That’s thinking too small. Instead, think about unleashing thousands of not yet imagined ways for students of all ages to learn.

On last year’s Back to School tour, I saw some great examples. This year, we’ll head across the Midwest to see more innovations and options that are meeting kids’ needs.

Students, you are our future. Nothing should limit your success, and nothing should be off-limits if it helps you learn and grow.

I loved learning about Terrance, a St. Marcus grad.

His father died when he was young, but his mother Deanna was not about to let that derail TJ’s bright future. He did well in school but wasn’t being challenged and learning behind a desk all day didn’t work for him. So, his mom used the Milwaukee Parental Choice Program to enroll TJ here at St. Marcus. And, for the first time, someone at school asked him what he was passionate about learning.

TJ is a food artist. He wanted to know more about making his interest a profession. So, St. Marcus focused his studies around the culinary arts. He even prepared a few meals for his classmates using food grown right here at St. Marcus. And he’s interning at a renowned local restaurant where he continues to develop his culinary skills.

His mom believes that because of Milwaukee’s voucher program, because of St. Marcus, because he was free to learn in ways that worked for him, TJ found his purpose.

All of America’s mothers and fathers want that for their sons and daughters. All of America’s families want more options, more choices, more freedom.

Everyone—no matter their age—needs the freedom to learn, to grow, to pursue their passions, to use their talents, and to achieve their fullest potential.

In every student I meet across the country I am filled with great hope. Ahead there is daylight. Here’s a glimpse into the future: American education is bustling. It’s dynamic. It’s innovative. Adaptive. Personalized. Relevant. And our students are number one in the world.

So, let’s recommit ourselves to the cause of education freedom—right here where it all began. Standing shoulder to shoulder with the first freedom students, let’s resolve together—form our own covenant—to finish the work that was started here more than 30 years ago.

Thank you all. May God bless America and our Nation’s future, her students.

Fuente de la Información: https://www.ed.gov/news/press-releases/sec-devos-calls-new-birth-freedom-milwaukee-birthplace-education-freedom-kick-2019-back-school-tour

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Escocia: Education review ordered amid subject choice concern

The Scottish government has ordered a full review of the senior phase of education in secondary schools.

The move follows a critical report by MSPs on the Scottish Parliament’s education committee, who examined how S4, S5 and S6 work.

They found there had been a narrowing of the subject choices which were on offer for some pupils.

Education Secretary John Swinney said the review would identify any areas for improvement.

  • MSPs call for ‘urgent action’ over school subject choice
  • Scottish Conservatives call for ‘reset’ of Curriculum for Excellence
  • Fears over fall in number of courses offered in Scottish schools

However, he defended the school curriculum and said it was possible the review would conclude that no change was required.

«The curriculum was designed to give flexibility to schools to design a curriculum that met the needs of their learners,» he told the BBC’s Good Morning Scotland programme.

«That will mean inevitably we will not have the same approach taken in every school in our country. I don’t believe we should have.»

S4, S5 and S6 classes – known as the senior phase of secondary education – were overhauled with the introduction of Curriculum for Excellence (CfE).

That resulted in a new set of qualifications – including National 4 and 5s, in effect replacing Standard Grades.

‘Lack of leadership’

Committee convener, Clare Adamson MSP said the breadth of learning available to pupils was rightly a cornerstone of Scottish education.

But she said a lack of leadership from Scotland’s public education bodies had affected subject choice.

She added: «Our committee found the lack of clear leadership from Education Scotland and SQA around the curriculum structure has resulted in some narrowing of subject choice.

«This was compounded by a lack of awareness from these bodies, who are charged with supporting Scottish education, about the extent of the problem and their role in leading change.

«These organisations need to take responsibility so that our education system does not let down Scotland’s young people.»

Swinney and Smith
Image captionJohn Swinney and Liz Smith have clashed over subject choice at Holyrood

Ahead of the publication of their report, the committee heard concerns about:

  • The varying number of subjects young people were able to in S4 at different schools
  • The choice of subjects on offer
  • The practice of teaching students studying for different qualifications together – for instance, Higher pupils learning alongside National 5 pupils

The MSPs also heard evidence that the changes had affected the number of pupils studying languages and Stem subjects – science , technology, engineering and maths.

The Committee was told that following the introduction of CfE, which changed the way education was delivered in Scotland, there had been confusion and inadequate support from Education Scotland and the SQA.

‘Detriment of pupils’

Despite «innovative work» to deliver a broad range of subjects in Scotland’s schools, the committee noted that one impact of the changes was the increase in multi-level teaching – where different levels of qualification were taught in the same class.

The report said this should never be used to solve resource issues or to the detriment of pupils’ educational experience.

The Scottish government said the review would ensure young people had the best possible opportunities.

classroomImage copyrightGETTY

Deputy First Minister John Swinney said learners in Scotland could choose from the «widest range of qualifications» ever offered and that CfE gave children and young people the skills and knowledge to achieve their ambitions.

He said: «Learners can now choose from the widest range of qualifications ever and what matters is outcomes – and last year a record proportion of pupils went on to positive destinations such as work, training or further study.

«Following a strong set of exam results, we must continue to ensure teachers can provide the most appropriate senior phase for their learners.»

‘Lost control’

Scotland’s largest teachers union, the EIS, said changes to the senior phase still had to achieve their full potential and cautioned against a radical overhaul.

General secretary Larry Flanagan said: «The EIS submission made clear that the senior phase has yet to achieve all of its aims but as far as teachers are concerned a period of stability and consolidation, especially around qualification changes, is now essential.»

However, Scottish Conservative education spokeswoman Liz Smith called the education committee’s report «deeply troubling».

She added: «Not only do they confirm that subject choice provision has been diminished in S4, with knock-on effects in S5 and S6, but they also confirm that the main education agency, Education Scotland, has lost control of the Curriculum for Excellence.

«The report also makes clear that these concerns have been made worse by teacher shortages and by an increasing number of schools being forced to adopt multi-level teaching.»

She said she did not believe a review was necessary, as the issue had been looked at thoroughly by Holyrood’s education committee. Instead she called for urgent action to address the problems.


School pupilsImage copyrightGETTY IMAGES

Analysis by BBC Scotland Education Correspondent Jamie McIvor

The senior phase in secondary schools is designed to try and meet the needs of a diverse range of learners.

Once S4 was about completing the O-Grades or Standard Grades started a year earlier. S5 and S6 were principally designed for those studying for Highers and the qualifications they led on to.

Today S4, S5 and S6 try to offer something for everyone and the bulk of students now remain in school until S6.

But the way the senior phase operates varies from school to school. Decisions are taken by individual schools or councils after consultations with parents.

The differences between schools are at their most obvious in S4. It used to be the normal practice in the overwhelming bulk of schools to give students the chance to obtain seven or eight Standard Grades by the end of S4.

Today the system varies: Some schools work on models, which would allow S4 students to study for up to six qualifications, some offer seven or even eight. A handful offer five or actively try to avoid S4 qualifications completely.

Technical studiesImage copyrightGETTY IMAGES

They argue that what matters is the range of qualifications a student has obtained by the time they leave and their highest level of achievement in each subject.

Students in the senior phase can also get the chance to do a whole range of other courses and obtain other qualifications – for example, they may start college courses or do vocational or voluntary work.

There is meant to be parity of esteem between the choices on offer.

However, some parents fear that a student with the chance to get six National 5 qualifications in S4 is at a disadvantage over someone at another school who gets the chance to do seven or eight.

This also led to fears that choices were being restricted or that some subjects were being squeezed out.

Meanwhile, the practice of teaching different qualifications together – for instance having National 5 and Higher History students in the same class – has vocal critics but others believe it has a role to play on some occasions.

With many of these issues, part of the problem is that there are important, nuanced arguments to be made for and against.

But is there an argument for a degree of national standardisation?

Subject choices can also vary from area to area. For instance in urban areas it is possible to offer less popular Highers and Advanced Higher courses at central hubs – in rural areas this would be impractical but other options for distance learning may help.

Multi-level teaching may work well in some situations but not in others.

All these issues are likely to be looked at in the independent review.

Fuente de la Información: https://www.bbc.com/news/uk-scotland-49706462

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Piden a los profesores que se unan a la huelga mundial por el clima del día 27

Europa/ 17.09.2019/ Fuente:

El colectivo Docents pel futur ha pedido este martes a maestros y profesores que se unan a la huelga mundial por el clima del próximo 27 de septiembre. La entidad ha explicado que este pasado lunes celebraron una reunión conjunta del grupo coordinador con miembros de las diferentes comisiones de trabajo creadas. Ésta se centró en las actuaciones previstas para la semana del 20 al 27 de septiembre, una semana de movilizaciones global a favor del clima y de la Tierra.

Así, han acordado proponer a docentes y centros de educativo adherirse a la campaña ‘Escuelas por el futuro’ con el objetivo de incorporar el compromiso ambiental a la práctica educativa y a la gestión de los centros.

Otra concentración el viernes 20 de septiembre

Además, han convocado a los docentes a la concentración del viernes 20 de septiembre, a las 18:00 horas en la plaza de Cort, y los invitan a realizar actividades en los centros educativos sobre la crisis climática y el medio ambiente, así como a proponer en los centros la celebración de acciones simbólicas para el día 27.

Greta Thunderg: La adolescente que inspira a millones de jóvenes en todo el mundo

Greta Thunberg, la activista sueca de 16 años, nunca soñó que su protesta a las puertas del Parlamento de su país eclosionaría en un movimiento contra el cambio climático presente en más de 100 países y que toma forma cada viernes.

Inspirada por Rosa Parks, rechaza convertirse en un icono a pesar de que ya es uno de los rostros visibles del ecologismo.

Todos los viernes desde agosto de 2018, Thunberg se planta delante del Parlamento sueco con una pancarta donde se puede leer escrito a mano «huelga estudiantil por el clima». Desde entonces se han sumado a las protestas para pedir acción contra el cambio climático más de 1.600 ciudades alrededor del mundo.

La joven protestando frente al parlamento de Suecia (Foto: Twitter)
La joven protestando frente al parlamento de Suecia (Foto: Twitter)

«Creía que esto iba a durar tres semanas»

«Creía que esto iba a durar tres semanas, nadie confiaba en que pudiese hacerlo. Pero lo hice. Y después de eso no quedé satisfecha, así que empecé #FridaysForFuture, un movimiento que he visto crecer lentamente día a día», afirmó Thunberg en una entrevista reciente.

La activista sueca ha inspirado a miles de jóvenes, que están presionando a sus políticos para que tomen medidas destinadas a limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados tomando como referencia los niveles preindustriales, el reto marcado en el acuerdo climático de París en 2015.

¿De dónde surgió su idea?

Thunberg explicó que la idea de la huelga estudiantil estuvo inspirada por los alumnos del instituto de Parkland, en Florida, donde murieron 17 personas en febrero de 2018 debido a un tiroteo.

Fuente de la noticia: https://mallorcaconfidencial.com/2019-09-17-piden-a-los-profesores-que-se-unan-a-la-huelga-mundial-por-el-clima-del-proximo-dia-27

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