Para que la realidad virtual tenga una alta penetración en los colegios de Colombia, el camino por recorrer todavía es muy largo.
o de los sectores más beneficiados por la transformación digital hoy es la educación, gracias a las nuevas tecnologías que hacen posible que profesores y estudiantes tengan otras formas de aprendizajea través de la experiencia lo cual se facilita con la realidad aumentada y la realidad virtual.
Un ejemplo de educación experiencial basada en la tecnología son las aulas de realidad virtual, las cuales les permiten a los alumnos disfrutar de clases mucho más interactivas, haciendo posible que tengan un entorno de aprendizaje original.
Visitar monumentos, museos, sitios históricos e incluso ir al espacio sin salir del salón de clase, son algunas de las actividades a las que da acceso la tecnología para que los estudiantes sean protagonistas de las historias que normalmente leen, de manera que no solo se limiten a ser espectadores de libros e imágenes frías.
NEUROEDUCACIÓN
Los expertos actuales en neuroeducación coinciden en que las emociones son fundamentales en el aprendizaje, y la realidad virtual (RV) tiene la capacidad no solo de atrapar la atención de los estudiantes sino de conmover y enseñar de forma didáctica sin la preocupación ni el esfuerzo que implica hacer una salida de campo.
Además, las experiencias de inmersión consiguen alargar el tiempo de atención de los estudiantes y mejorar el trabajo en equipo, según el estudio “Realidad Virtual, el siguiente paso en el futuro de la educación” que fue elaborado por la Universidad de Gotemburgo. Asimismo, la tecnología ha encontrado en los programas de televisión y en los expertos ambientalistas un aliado para la generación de contenido de calidad que lleva a los alumnos a una experiencia de 360° como la de “Wild Immersion” de Jane Goodall, en la que es posible estar frente a frente con un león sin riesgos de ataque y ni dañar los ecosistemas.
Otros creadores de contenido como Google o National Geographic también han diseñado experiencias para las aulas virtuales que dan la oportunidad de viajar a través de los gadgets a lugares que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad como la Gran Barrera de Coral en Australia, las pirámides de Egipto o el recinto de Stonehenge, por nombrar algunos ejemplos conocidos.
En una entrevista del diario El País, Óscar Costa, profesor de primaria del Colegio concertado Trabenco de Madrid, señaló que la realidad virtual “hace que los chicos se enfoquen más y obtengan un mejor aprendizaje en menos tiempo”, porque los espacios en los que se entra por medio de la realidad virtual son envolventes.
De esta manera, el docente no tiene que preocuparse por captar la atención del estudiante, sino más bien lograr que los contenidos sean interiorizados.
CONCENTRACIÓN
Para conseguir una aprehensión del conocimiento, las herramientas tecnológicas virtuales también suponen un instrumento para controlar los contenidos a los que tienen acceso los estudiantes. Ya tenemos en el mercado una aplicación para instituciones educativas con la cual los docentes, entre otras cosas, pueden ver qué tienen abiertos los estudiantes en sus dispositivos y, de ser necesario, bloquear el acceso a otros temas que no están relacionados con la clase y que interrumpen su concentración de los demás.
De igual manera, al finalizar un tema el profesor puede hacer preguntas por medio de las plataformas y conocer inmediatamente si los temas tratados en clase fueron entendidos por la totalidad de las personas o si es necesario hacer un refuerzo en un punto específico.
A su vez, los dispositivos electrónicos de las aulas virtuales permiten hacer un monitoreo de pantalla con el que los profesores visualizan el avance de los proyectos y tareas de sus alumnos, convirtiéndose en una herramienta de ayuda que les permite aclarar dudas mientras investigan.
Estos instrumentos se presentan como una alternativa para que los colegios ahorren en procesos y recursos como el papel, por medio de las pantallas interactivas en las cuales se pueden presentar exámenes mientras el docente supervisa la actividad de los alumnos, habilita o desactiva el internet y califica en tiempo real.
El material que se usa para implantar la realidad virtual -smartphone para los alumnos, tableta o móvil para el profesor, red WiFi y gafas de realidad aumentada-también se ha vuelto más accesible porque antes el coste de los visores era de unos US$45 (cerca de $129.616), pero con la implementación de nuevos materiales se han abaratado los costos.
No osbtante, para que la realidad virtual tenga una alta penetración en los colegios el camino todavía es muy largo pues si bien las posibilidades de aprendizaje son enormes, las trabas se asemejan en dimensión.
LAS BARRERAS
Para Laura Morillas, consejera técnica en la Unidad de Apoyo a Dirección en el Intef del Ministerio de Educación Español, “los frenos para su implantación son, por un lado la democratización de la tecnología, es decir, que tengamos herramientas asequibles y de calidad de RV, segundo, la rigidez del sistema educativo y tercero, la formación del profesorado en este mundo tan complejo”.
El caso colombiano no dista del español o de cualquier otra parte del mundo pues aunque se ha identificado a la tecnología como una herramienta para lograr una mayor difusión de la educación, es necesario que haya más colegios dotados de este tipo de instrumentos.
La secretaria de Educación de Bogotá, María Victoria Angulo, sostiene que los dispositivos tecnológicos no pueden ser solo un elemento más en los salones, sino “un escenario de aprendizaje”.
Santiago Holguín
Gerente General de Lenovo Colombia
*Fuente: http://www.portafolio.co/innovacion/las-aulas-virtuales-estrategia-clave-para-mejorar-la-educacion-518946







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My family was murdered before I could tie my shoes. As a young boy in Sierra Leone, years that should have been playful and carefree were spent fighting in someone else’s war. For me, childhood was a nightmare; escape always seemed impossible. But when the war officially ended, in 2002, I began finding ways to recover. One of the most important has been an opportunity I couldn’t have imagined as an angry, illiterate, nine-year-old soldier: school.
I am living proof of the transformative power of education. Thanks to hard work and lots of good fortune, I managed to graduate from high school and then university. Now, in just a few months, I will begin graduate classes at the Fordham University School of Law, an unimaginable destination for most of the former child soldiers in my country.
And yet, throughout my brief educational journey, one question has always nagged me: why did luck play such a crucial role? After all,education is supposed to be a universal human right. If only it were that simple.
Today, more than 260 million children are out of school, and over 500 million boys and girls who do attend are not receiving a quality education, as the International Commission on Financing Global Education Opportunitydiscovered. By 2030, more than half of the world’s school-age children – some 800 million kids – will lack the basic skills needed to thrive or secure a job in the workplace of the future.
Addressing this requires money. But while education may be the best investment a government can make to ensure a better future for its people, education financing worldwide is far too low. In fact, education accounts for just 10% of total international development aid, down from 13% a decade ago. To put this in perspective, developing countries receive just $10 per child annually in global education support, barely enough to cover the cost of a single textbook. In an age of self-driving cars and smart refrigerators, this dearth of funding is simply unacceptable.
Over the past few years, I have advocated on behalf of three global education initiatives – the International Commission on Financing Global Education Opportunity (Education Commission), the Global Partnership for Education (GPE), and the Education Cannot Wait fund (ECW). I have done so eagerly, because these organizations are working collectively toward the same goal: to raise funds to make quality education for every child, everywhere, more than a matter of luck.
One of the best ways to do this is by supporting theInternational Finance Facility for Education, an initiative spearheaded by the Education Commission that could unlock the greatest global investment in education ever recorded. Young people around the world understand what’s at stake. Earlier this month, Global Youth Ambassadors presented a petition, signed by more than 1.5 million children in some 80 countries, to United Nations Secretary-General António Guterres, calling for the UN to support the finance facility.
By leveraging roughly $2 billion in donor guarantees, the finance facility aims to make $8 billion in new funding available to countries that need it most. If adopted widely, the program could make it possible for developing countries to provide quality education to millions more children, including refugees, young girls, and former child soldiers like me.
Politicians often say that young people are the leaders of tomorrow. That’s true; we are. But platitudes not backed by financial support are meaningless. Simply put, the world must unite to fund quality education for everyone. The International Finance Facility for Education – which is already backed by the World Bank, regional development banks, GPE, ECW, and numerous UN agencies – is among the best ways to make that happen.
Twenty years ago, law school was an impossible dream for me. Today, thanks to hard work, global support, and much good fortune, my future is brighter than it has ever been. But my story should not be an exception. To ensure that others can gain a quality education and follow the path that has opened up to me, we must remove luck from the equation.
*Fuente: https://www.project-syndicate.org/commentary/financing-universal-quality-education-by-mohamed-sidibay-2018-05