Europa/España/25 Febrero 2017/Autora: Pilar Álvarez/Fuente: El país
Un informe recomienda volcar los esfuerzos docentes en los centros más difíciles y señala que los buenos están «sobrerrepresentados» en los privados
«Si su país se tomara en serio el debate de cómo mejorar las escuelas, debería intentar poner a los mejores en los centros más difíciles”. Eric Hanushek, reputado economista de la educación y catedrático de la Universidad estadounidense de Stanford, explicaba en una conversación con EL PAÍS que se trata de “una cuestión fundamental”. Sus conclusiones coinciden con las incluidas en la última investigación realizada en España sobre los efectos de la calidad del profesor en el aprendizaje de sus alumnos, presentada este miércoles, apenas unos días después de que eche a andar la comisión del Congreso que tiene encomendada la negociación de un pacto educativo con la figura del profesor en el centro de su debate.
Los alumnos de centros “cuyas familias disponen de recursos socioeconómicos y culturales bajos o intermedios, resultan más afectados que el resto ante variaciones en la calidad del profesorado”, según Jorge Calero y Josep Oriol Escardíbul. Son profesores de la Universidad de Barcelona, expertos en economía de la educación, y autores de La calidad del profesorado en la adquisición de competencias de los alumnos, auspiciada por las fundaciones Ramón Areces y Europea Sociedad y Educación.
Su trabajo se basa en los resultados de los alumnos españoles en el informe PIRLS 2011, una evaluación internacional sobre comprensión lectora para alumnos de 9 y 10 años. Y su investigación determina que tener un gran profesor puede suponer casi 30 puntos de diferencia en el resultado final de la prueba. España, con 513 puntos, quedó a una treintena de puntos de Suecia u Holanda, por ejemplo.
Se preguntan también en qué centros trabajan los mejores y los peores profesores y concluyen que los buenos “están sobrerrepresentados” en los centros privados y en aquellos públicos donde van familias de mayor nivel sociocultural. Este reparto de docentes “beneficia más a las familias que tienen más recursos inicialmente” y de ahí la propuesta de hacerlo al revés.
Calero asegura que sería “una buena medida de política educativa”. “No hacer ese cambio significaría perpetuar lo que ya pasa, que tenemos una escuela con muchas desigualdades y segregación”, concluye este experto.
Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2017/02/22/actualidad/1487789365_175584.html
El objetivo de este experimento era reunir a los alumnos en grupos homogéneos de trabajo para medir el progreso de aprendizaje de la asignatura. Para ello, se utilizaron varios recursos tecnológicos. El primero de ellos fue realizar un test de 44 preguntas, basado en el modelo de Felder y Silverman, a través de encuestas on line con
En base a estas agrupaciones, el estilo de aprendizaje dominante de los estudiantes fue Activo-Visual-Secuencial/Intuitivo. En la primera dimensión (más activo que reflexivo), los estudiantes prefieren un aprendizaje a través de una participación más activa: opinando, reflexionando y actuando. En la segunda dimensión (más intuitivo que sensorial), su tendencia es hacia lo innovador, comprenden rápidamente nuevos conceptos y odian la repetición. Estos alumnos se caracterizan por trabajar con abstracciones y fórmulas matemáticas. En la tercera dimensión (más visual que verbal), la información recibida por los estudiantes debe presentarse de una forma muy visual, con imágenes o diagramas. Y, por último, la cuarta dimensión (más secuencial que global), se recomienda que la información se proporcione de forma progresiva.
Los resultados obtenidos se clasificaron en: principiantes, intermedios y avanzados. El fin era que, una vez acabado el semestre, los alumnos pertenecientes al grupo de principiantes acabaran en el grupo de avanzados.





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