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Ecuador: Docentes preparan movilización contra reforma que asfixia la educación municipal

El magisterio rechaza los cambios al Cootad que imponen reglas fiscales rígidas y ponen en riesgo 1.900 empleos.

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Docentes ecuatorianos marcharan este jueves en el centro de Quito para exigir el retiro de las reformas al Cootad que amenazan la educación municipal. Foto: Unión Nacional de Educadores.

La Unión de Educadores Municipales del Distrito Metropolitano de Quito (UEMDMQ) convocó a una movilización en defensa de la educación municipal para este jueves 19 de febrero de 2026, a las 17:00 hora local.

La movilización convocada bajo el lema “La Educación Municipal No Se Topa”, se realizará en el centro de la ciudad de Quito, capital de Ecuador, frente al Banco Central, y surge ante el debate final de las reformas al Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (Cootad) en la Asamblea Nacional, previsto para el viernes 20 de febrero.

El gremio denuncia que, bajo el argumento de la «eficiencia del gasto», el Ejecutivo pretende imponer una regla fiscal rígida para los Gobiernos seccionales con la que pueda desconocer una parte de la deuda que mantiene con los municipios y prefecturas, la cual asciende a cerca de 1.000 millones de dólares.

Esta norma obligaría a municipios, prefecturas y juntas parroquiales a destinar al menos el 70 por ciento de su presupuesto anual a inversión y obra pública, limitando el gasto corriente (salarios y administrativos) al 30 por ciento. Esta meta debe alcanzarse progresivamente hasta el año 2029 para municipios y prefecturas, y hasta 2030 para las juntas parroquiales.

Los educadores advierten que esta reforma impactaría directamente en el financiamiento de la educación municipal. Asimismo, señalan que, de concretarse, representaría una asfixia para el funcionamiento del sistema, lo que podría derivar en el despido de aproximadamente 1.900 docentes,además de personal administrativo y de servicios. La medida afectaría a 112 instituciones educativas municipales, 1.927 profesores y 32.825 estudiantes.

Pichincha sería la provincia más golpeada, ya que concentra más del 30 por ciento de las instituciones municipales del país y el 62,4 por ciento de la planta docente nacional. Solo en esta región se registra el 55,8 por ciento de la matrícula estudiantil de este sistema, principalmente en el Distrito Metropolitano de Quito.

Los docentes defienden la autonomía de los Gobiernos seccionales para gestionar sus recursos según las necesidades reales de sus comunidades. Consideran que limitar el presupuesto para salarios es un atentado contra la calidad educativa y la estabilidad laboral del magisterio municipal.

La Unión Nacional de Educadores (UNE) expresó su solidaridad con el magisterio municipal y las familias afectadas, anunciando su adhesión a la movilización. De igual modo, alertó que si se aprueba el Proyecto de Ley Reformatorio al Cootad, presentarán de inmediato una demanda de inconstitucionalidad.

La movilización de este jueves busca frenar una reforma que prioriza las metas fiscales del Ejecutivo sobre la inversión social. Los gobiernos locales coinciden en que la propuesta pone en riesgo proyectos fundamentales que no califican como «obra pública» tradicional. El magisterio ecuatoriano se mantiene en alerta permanente, exigiendo que no se sacrifique la educación de las mayorías para cubrir los baches financieros del Estado.

https://www.telesurtv.net/ecuador-docentes-movilizacion-reforma-asfixia-educacion/

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La silenciosa reescritura de la educación palestina

Fuentes: Qunds News Network.
Documentos filtrados obtenidos por la Red Quds detallan revisiones generalizadas de los libros de texto palestinos tras demandas vinculadas a la UE.

Puntos clave

  • La Red Quds obtuvo documentos oficiales que muestran revisiones extensas al currículo escolar palestino.
  • Los cambios afectaron a los libros de texto desde primero hasta décimo curso en varias asignaturas.
  • Las revisiones siguieron a solicitudes vinculadas a la Unión Europea y a objeciones vinculadas a Israel.
  • Se retiraron o alteraron símbolos nacionales, términos históricos y referencias a prisioneros, refugiados y Jerusalén.
  • Los informes internos documentan más de 300 cambios curriculares con motivación política.
  • Algunos libros de texto vieron revisiones superiores al 30 por ciento de su contenido original.
  • Los cambios plantean dudas sobre la influencia externa en la política educativa palestina.

Documentos obtenidos por la Red Quds

Documentos oficiales filtrados y correspondencia interna obtenida por la Quds News Network (QNN) revelan que el Ministerio de Educación palestino introdujo revisiones profundas al currículo escolar nacional tras solicitudes externas vinculadas a la Unión Europea y objeciones asociadas a Israel.

Según los documentos, las revisiones se implementaron en decenas de libros de texto, desde primero hasta décimo curso, y afectaron a asignaturas troncales como la lengua árabe, la educación nacional, los estudios cívicos y las matemáticas.

El material muestra que los cambios fueron mucho más allá de simples revisiones aisladas, sino que se redujeron a una reestructuración sistemática del contenido educativo relacionado con la historia, identidad, geografía y experiencia vivida palestinas.

Los documentos incluyen cartas oficiales, informes internos y revisiones anotadas de libros de texto, todos ellos revisados por QNN.

Solicitudes externas

Entre los documentos obtenidos se encuentra una carta oficial fechada el 19 de enero, enviada por el ministro palestino de Educación, Amjad Barham al ministro de Finanzas y Planificación, Stephan Salameh. La carta hace referencia a notas adicionales relacionadas con la respuesta del Ministerio de Educación a los recientes requisitos de la Unión Europea respecto al currículo palestino.

Según la correspondencia, estos requisitos se discutieron durante una reunión entre funcionarios palestinos y representantes de la UE celebrada más tarde ese mismo mes, el 27 de enero. Las notas detallaban eliminaciones y enmiendas solicitadas específicas, muchas de las cuales fueron posteriormente confirmadas por el ministerio como implementadas.

Los documentos indican que los cambios solicitados se centraron en eliminar o revisar contenido considerado de carácter nacional o político.

Eliminación de símbolos nacionales

El material filtrado muestra que algunos de los primeros cambios se dirigieron a símbolos nacionales en los libros de texto de menor grado.

Según QNN, la Unión Europea solicitó la retirada del himno nacional palestino del libro de educación cívica de primer curso. El ministerio confirmó que el himno fue posteriormente eliminado.

En los libros de texto de segundo curso, se eliminó una lección que contenía una ilustración de una prisión y una actividad que pedía a los estudiantes que nombraran a los presos palestinos detenidos en cárceles israelíes. El ministerio reconoció que este contenido había sido eliminado en respuesta a la solicitud.

También se eliminaron mapas que representaban Palestina e identificaban Jerusalén como su capital de varios libros de texto, tras objeciones planteadas durante las consultas mencionadas en los documentos.

Cambios en el contenido sobre Jerusalén

Los documentos detallan múltiples revisiones relacionadas con Jerusalén y otras ciudades palestinas.

En los libros de texto nacionales de educación de tercer curso, la frase «Jerusalén es la capital de Palestina» fue modificada para decir «Jerusalén es la capital de las religiones celestiales y la capital de Palestina.» Otras referencias que describían Jerusalén como una ciudad palestina fueron sustituidas por un lenguaje que enfatizaba su significado religioso para musulmanes y cristianos.

Se eliminaron o modificaron las referencias a la ciudad costera de Yafa (Jaffa). En una lección, se eliminó la frase «Soy una ciudad palestina», y se eliminó por completo una pregunta que preguntaba a los estudiantes dónde se encuentra Yaffa.

En varios ejercicios, la ciudad de Yafa fue reemplazada por otras ciudades palestinas, como Hebrón (Al-Khalil), tras objeciones a identificar a Yaffa como ciudad palestina.

Alteraciones en múltiples materias

Las revisiones se extendieron más allá de la educación cívica hacia otras materias troncales.

En un libro de texto de matemáticas de tercer curso, se eliminó la frase «construyendo el muro de anexión y ampliación». El Ministerio de Educación confirmó en su respuesta que se habían eliminado las referencias al muro.

En los libros de texto de árabe de cuarto curso, se eliminó un ejemplo que contenía la frase «qué fea es la ocupación». La palabra «muyahid» fue reemplazada por «defensor», mientras que «prisionero» fue sustituida por «los oprimidos». Se eliminaron las preguntas que animaban a los estudiantes a escribir mensajes de apoyo a los palestinos en Jerusalén.

En varios libros de texto, el término «sionista» fue eliminado dondequiera que apareciera.

Cientos de revisiones

Un informe interno preparado por el Centro Nacional de Currículo Palestino, obtenido por QNN, ofrece una visión cuantitativa del alcance de los cambios.

Según el informe, se introdujeron aproximadamente 300 revisiones en los libros de texto desde primero hasta décimo curso por lo que el informe describe como razones políticas.

El informe detalla el porcentaje de contenido revisado en cada nivel educativo, incluyendo:

  • Los libros de texto de quinto curso fueron revisados en más del 30 por ciento.
  • Los libros de texto de séptimo curso fueron revisados en más de un 25 por ciento.
  • Revisiones significativas en los libros de texto de árabe para los cursos de sexto a décimo.
  • En algunos casos, se eliminaron lecciones enteras y se reemplazaron por material no relacionado.

Reescritura del contenido histórico

Los documentos muestran que las lecciones relacionadas con la historia palestina, el desplazamiento y la condición de refugiados fueron de las que más se han alterado.

Términos como «desplazamiento forzado» fueron reemplazados por «migración», mientras que las declaraciones que describían la condición de refugiado como una injusticia fueron reescritas para enmarcarlo como un problema regional más amplio.

Las referencias a ciudades y pueblos palestinos históricos —incluyendo Safad, Ramla, Majdal y Deir Yassin— fueron alteradas para enfatizar narrativas históricas alternativas o eliminadas por completo.

Poemas, canciones y textos literarios que hacían referencia al retorno, la resistencia, el exilio y la memoria nacional fueron eliminados en varios niveles escolares.

Primeros cursos más afectados

Según los documentos revisados por QNN, los libros de texto de los cursos tempranos se vieron especialmente afectados.

En los libros de texto de árabe de primer curso se eliminaron las referencias al Estado de Palestina, los símbolos nacionales y las canciones patrióticas. Se reemplazaron imágenes de la bandera palestina y se sustituyeron las lecciones sobre la patria por temas neutrales.

En los materiales de segundo y tercer curso, las lecciones sobre libertad, patria y ciudades palestinas fueron sustituidas por contenidos que enfatizaban la convivencia, la amistad y los conceptos abstractos de paz, sin referencia a la ocupación ni al contexto histórico.

Los ejercicios que representaban presencia militar israelí o imágenes relacionadas con la ocupación fueron eliminados y reemplazados por ilustraciones neutrales.

Preguntas sobre la política educativa

Los documentos indican que las revisiones curriculares se implementaron en múltiples asignaturas y niveles escolares, transformando la forma en que los estudiantes palestinos se enfrentan a la historia, la geografía y la identidad nacional en el aula.

Aunque el Ministerio de Educación reconoció la implementación de los cambios mencionados en la correspondencia, ni el ministerio ni la Unión Europea han publicado públicamente una explicación exhaustiva que aborde el alcance completo de las revisiones documentadas.

El material filtrado plantea preguntas continuas sobre el grado de influencia externa sobre el contenido educativo palestino y los mecanismos que regulan la aprobación curricular y la supervisión de los donantes.

Editado y traducido del inglés por Marwan Pérez para Rebelión

(Qunds News Network)

Fuente: https://www.defenddemocracy.press/the-quiet-rewrite-of-palestinian-education-what-the-leaked-documents-show/

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EEUU usa la inteligencia artificial como arma para el control imperial

Por Jamal Meselmani

Durante más de un siglo, los oleoductos y las rutas marítimas han sustentado las rivalidades militares y económicas mundiales. Hoy, ese mapa de poder se está rediseñando. En Washington, Silicon Valley y el Pentágono, se está trazando un nuevo mapa de dominio, basado no en el petróleo ni en las rutas marítimas, sino en el silicio, la capacidad informática y el control de la infraestructura digital.

La inteligencia artificial (IA)  reorganiza la geopolítica en su esencia. Las guerras en Ucrania, el creciente estrechamiento de los cuellos de botella en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, y el repentino cortejo estadounidense a Venezuela demuestran que la geografía aún importa.

Pero durante la última década, ha surgido una infraestructura paralela: digital, fundamental y cada vez más soberana. En su centro se encuentra la computación, que comprende el hardware, la energía y la capacidad de procesamiento que impulsan los modelos avanzados de IA. Washington pretende  monopolizar este poder .

La supremacía computacional como doctrina estratégica

Lo que antes se comercializaba como innovación se ha consolidado como infraestructura soberana. Los sistemas de IA ahora sustentan la planificación militar, la logística y la coordinación económica. Los Estados con capacidades informáticas avanzadas poseen una ventaja estratégica que se extiende tanto al ámbito económico como al militar.

Estados Unidos comprendió este cambio desde el principio. No considera la IA como una industria especulativa, sino como un pilar de dominio estratégico. Con esta perspectiva, Washington alineó el capital privado, la investigación académica, la doctrina militar y la política industrial en una arquitectura coherente orientada a la preeminencia global.

Las cifras reflejan esa ambición. El  Índice de IA de Stanford 2025 informa que la inversión privada estadounidense en IA alcanzó los 109.100 millones de dólares en un solo año, 12 veces más que la de China y 24 veces más que la del Reino Unido. La inversión institucional  superó los 252.000 millones de dólares . Esto refleja una estrategia deliberada para construir centros de datos a gran escala, concentrar el talento e implementar modelos a una escala inaccesible para la mayoría de los estados.

Esta expansión digital no encaja bien con la creciente ola de resistencia multipolar. En Asia Occidental y el Sur Global, los estados y movimientos alineados con el Eje de la Resistencia ven cada vez más la infraestructura de IA liderada por Estados Unidos como una forma de  control neoimperial , similar a las anteriores batallas por el petróleo, las divisas y las armas. Lo que antes dependía de buques de guerra y sanciones ahora se mueve a través de centros de datos y un control algorítmico.

Esto ya ha comenzado a moldear la postura estratégica de los movimientos de resistencia y sus aliados. Irán, por ejemplo, ha vinculado públicamente el control de los flujos de datos y la infraestructura con  la soberanía nacional .

Los actores de la resistencia y los defensores de los derechos digitales han criticado repetidamente a las plataformas tecnológicas occidentales por  la censura y vigilancia sistémicas del contenido y la disidencia palestina, enmarcando el control de la infraestructura digital como parte de una  lucha más amplia por la narrativa y el poder.

El estrangulamiento del chip de IA y Pax Silica

El corazón de la IA es el silicio. Chips, aceleradores y servidores son la base de todo modelo, y su monopolio es cada vez mayor. En EE. UU., los ingresos de los centros de datos de Nvidia alcanzaron casi los 39 000 millones de dólares en un solo trimestre.

Los ejércitos modernos ahora dependen de la IA para  pilotar drones , analizar señales satelitales, defender redes y calibrar sistemas de misiles. La infraestructura informática se ha convertido en un campo de batalla fundamental por sí misma. Reconociendo esto, Washington convirtió los controles de exportación en  bloqueos estratégicos , apuntando al acceso de China a chips de alta gama.

En respuesta, Beijing ha incrementado la producción nacional de chips, ha construido enormes centros de datos y ha incorporado IA en la planificación tanto civil como militar.

La  iniciativa Pax Silica del Departamento de Estado de EE. UU . describe una alianza tecnoindustrial que abarca Japón, Corea del Sur, Países Bajos e Israel. Descrita como una «red de confianza» para las cadenas de suministro de IA, este marco integra computación, energía y fabricación en un bloque compartido.

El papel de Israel y la disuasión digital

La integración de Israel en la ciberguerra,  las tecnologías de vigilancia y las aplicaciones militares basadas en IA lo posiciona como un nodo clave de seguridad dentro del marco estratégico de Washington. Tel Aviv aporta  herramientas probadas en el campo de batalla y una doctrina operativa perfeccionada durante décadas de ocupación y conflicto regional.

A través de esta red, la infraestructura computacional se convierte en un herramienta política. Los aliados dentro del sistema reciben acceso privilegiado a la tecnología y la inversión. Quienes están fuera se enfrentan a la exclusión, la escasez y el aumento vertiginoso de los costos. La infraestructura de IA se convierte en una estrategia de incentivos y castigos.

La arquitectura digital, que antes se consideraba neutral, se ha convertido en un instrumento de disciplina estratégica. La construcción de alianzas de Washington depende cada vez más del control del ancho de banda, los chips y el espacio de servidores. El acceso informático está calibrado para la alineación.

La presencia de empresas israelíes en foros de ciberseguridad y tecnología militar en Asia y África consolida aún más esta alineación. Las empresas conjuntas y los acuerdos de exportación difuminan la línea entre la colaboración económica y la dependencia militar.

IA, energía y dependencia forzada

La batalla por el hardware ahora alimenta un proyecto más amplio: el control de la implementación global. La verdadera ventaja reside en dominar la infraestructura de la nube. Desde Amazon Web Services hasta Microsoft Azure, Estados Unidos busca consolidarse como el sustrato de la economía digital global, estableciendo las reglas, los permisos y las condiciones de participación.

Los gobiernos y corporaciones de todo el mundo que dependen de la infraestructura de la nube estadounidense operan dentro de restricciones legales y operativas impuestas en Washington. Desvincularse de estas plataformas conlleva graves consecuencias políticas y económicas.

Estas dinámicas ya han aflorado en el  conflicto del Mar Rojo , donde las Fuerzas Armadas Yemeníes (FAY), alineadas con Ansarallah, han demostrado sistemas de selección de objetivos adaptativos y  capacidades cibernéticas . Aunque asimétricas, estas herramientas reflejan el creciente alcance de la IA en los arsenales de la resistencia y la consiguiente urgencia de Washington por denegar el acceso a los bloques rivales. Washington logra el control no mediante la fuerza, sino mediante la arquitectura.

También existe una dimensión material. Ejecutar modelos a gran escala consume cantidades asombrosas de electricidad. La computación requiere centrales eléctricas, redes de refrigeración y flujos de energía ininterrumpidos. En este sentido, la IA es profundamente física: depende de materias primas, infraestructura extractiva y control territorial.

Esta convergencia de la política informática y energética revela el plan más amplio de Washington. El desarrollo de la IA es simplemente una reafirmación de la hegemonía estadounidense bajo el lema de la innovación.

Cerrando el círculo: la IA como infraestructura imperial

La IA se sitúa ahora en el centro de la gran estrategia estadounidense, anclando los esfuerzos de Washington por fortalecer la arquitectura de control unipolar. Lo que comenzó como una carrera por la ventaja técnica se ha convertido en una infraestructura de dominio que se extiende a través de las redes energéticas, las cadenas de suministro de chips y las plataformas en la nube que ahora configuran el acceso a la vida económica.

Este es el nuevo terreno de confrontación. Tel Aviv puede aportar las herramientas cibernéticas, Seúl la fabricación y Silicon Valley los servidores, pero el poder sigue en manos de Washington. El territorio digital está siendo dividido, racionado y vigilado.

Para el Sur Global, las líneas del frente ya han cambiado. La infraestructura ya no es una zona neutral. Ya sea mediante chipsets autorizados o acceso a la nube con licencia, el control de Washington sobre la computación define los límites políticos de esta era.

*Profesor especialista en Inteligencia Artificial y Seguridad. *Artículo publicado originalmente en The Cradle.

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Latinoamérica – Equipos preparados para la IA: rendimiento clave para estudiantes y profesionales

Equipos preparados para la IA: rendimiento clave para estudiantes y profesionales

Escribe José Luis Fernández, gerente de Tecnología de Kingston para Latinoamérica

José Luis Fernández

Estamos entrando en una nueva etapa en la informática personal y profesional, impulsada por la inteligencia artificial integrada a las herramientas que usamos todos los días. Sin embargo, muchas veces se piensa que el salto tecnológico depende solamente de procesadores más potentes, cuando en realidad el rendimiento del equipo es el resultado del equilibrio entre todos sus componentes.

En cualquier computadora, ya sea de uso doméstico, educativo o profesional, la performance depende de que memoria, almacenamiento y procesador trabajen de manera equilibrada. Cuando uno de estos elementos queda rezagado, la experiencia del usuario se deteriora rápidamente.

Hoy vemos equipos promocionados como preparados para IA, pero equipados con configuraciones de memoria insuficientes. No tiene sentido contar con procesadores que incorporan aceleradores de inteligencia artificial si el sistema dispone solo de 16 GB de RAM, que apenas alcanzan para tareas de oficina y navegación con múltiples aplicaciones abiertas.

La realidad es que las nuevas cargas de trabajo requieren más memoria y mayor velocidad. Actualmente, 32 GB de RAM se están convirtiendo en el nuevo piso para quienes desean utilizar herramientas de IA de manera local, y 64 GB o más comienzan a ser necesarios en entornos profesionales o educativos avanzados.

Lo mismo ocurre con el almacenamiento. Cuando trabajamos con modelos de inteligencia artificial o grandes volúmenes de datos, la velocidad de acceso a la información se vuelve crítica. Si un modelo tarda minutos en cargarse, la productividad se pierde. Por eso, los SSD de última generación, capaces de alcanzar velocidades cercanas a los 15.000 MB por segundo en estaciones de trabajo y servidores, se vuelven piezas fundamentales del ecosistema.

Actualizar memoria y almacenamiento suele ser la forma más sencilla y económica de extender la vida útil de un equipo. Muchas veces no es necesario reemplazar la computadora completa: ampliar la RAM y migrar de discos mecánicos a unidades de estado sólido permite recuperar agilidad y adaptarse a nuevas exigencias sin una inversión excesiva.

La inteligencia artificial va a integrarse progresivamente a nuestras tareas diarias. Preparar los equipos para ese escenario no significa solo adquirir tecnología nueva, sino asegurar que memoria y almacenamiento estén a la altura del desafío. El rendimiento real depende, más que nunca, del balance del sistema.

(*) José Luis Fernández: Gerente de Tecnología de Kingston para Latam

Fuente de la Información: https://www.canal-ar.com.ar/34043-Equipos-preparados-para-la-IA-rendimiento-clave-para-estudiantes-y-profesionales.html

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El manual oscuro de las redes sociales

Por: Alejandro Marcó del Pont

La desinformación y el odio son «parte integral» del modelo de negocio de las redes sociales (El Tábano Economista)

Imagina esta escena. Son las once de la noche, estás en el sofá, el dedo se desliza mecánico por la pantalla. Llevas cuarenta minutos viendo vídeos de recetas que no cocinarás, discusiones políticas que no votarás y la sonrisa impostada de influencers que no conoces. De repente, aparece un post. Algo sobre inmigración, o sobre fútbol, o sobre lo que dijo aquel político. No lo sabes bien, pero algo dentro de ti se contrae. Escribes un comentario afilado, lo envías, esperas la réplica. Cuando levantas la vista, ha pasado otra hora. Te prometes que mañana será diferente, pero no lo será.

Lo que no ves, detrás de esa pantalla, es a un algoritmo frotándose las manos. Tu enojo acaba de generar ingresos para alguien. Puede llamarse Elon Musk, puede llamarse Mark Zuckerberg. No importa. El sistema ha funcionado a la perfección. No es un error. Es el negocio.

Durante años hemos creído que las redes sociales son una plaza pública ruidosa pero neutral, un lugar donde lo mejor y lo peor de la humanidad compiten en igualdad de condiciones. Nos han contado que el odio, la mentira y la polarización son efectos secundarios del éxito, accidentes lamentables en una revolución tecnológica maravillosa. Esta historia es consoladora, pero es falsa. Como un detective que reconstruye la escena de un crimen corporativo, podemos trazar el recorrido del dinero y descubrir que el odio no se cuela en las redes a pesar del sistema, sino gracias a él.

Este artículo es “Un manual oscuro de las redes sociales”. No un manual secreto filtrado desde Silicon Valley, sino una hoja de ruta construida a partir de tres investigaciones recientes: el análisis sobre la dinámica del odio en X (antes Twitter) publicado en la revista Heliyon (ScienceDirect), el reporte de Petter Törnberg sobre el modelo de negocio de la desinformación en The Conversation, y el experimento de la revista Science que demostró cómo los algoritmos pueden inducir polarización política en apenas diez días. Con estas piezas, podemos armar el rompecabezas completo.

Para entenderlo bien, empecemos por lo más simple. Una red social no es una empresa de tecnología. Es una empresa de publicidad que utiliza la tecnología para vender nuestra atención. Su producto no son las plataformas que usamos gratis, sino nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestras emociones, nuestros datos. Los algoritmos no son inteligencias neutrales que nos muestran lo que queremos ver; son sommeliers entrenados para servir el plato que nos hace pedir más bebida, aunque nos siente mal. Si el restaurante descubre que lo picante nos mantiene en la mesa, el mozo no nos traerá agua, nos traerá más picante.

Pero esto no es una metáfora, es una industria. Y como toda industria, tiene su cadena de valor, sus actores, sus márgenes y sus externalidades. El mercado global de publicidad digital alcanzó en 2025 los 690.000 millones de dólares. Para poner esa cifra en perspectiva: es más que el Producto Interior Bruto de países como Suiza o Turquía. Es, sobre todo, un flujo de dinero que no existía hace veinte años y que hoy sostiene a las empresas más valiosas del planeta.

¿Cómo se reparte ese pastel? Las plataformas (Meta, Alphabet, ByteDance, X) se quedan con la mayor parte. Meta ganó 62.300 millones de dólares netos en 2024, un 59% más que el año anterior. Alphabet, matriz de Google y YouTube, superó los 100.000 millones. Son beneficios que no provienen de vender coches o medicinas, sino de administrar nuestra atención. Luego vienen los intermediarios tecnológicos, la llamada industria ad tech: empresas opacas que operan el software que hace que los anuncios nos persigan por internet. Estas compañías, muchas de ellas desconocidas para el gran público, se embolsan comisiones por cada impresión, por cada clic, por cada dato intercambiado. Y al final de la cadena, los creadores de contenido, los influencers que han aprendido que la provocación paga mejor que la moderación, y que un video incendiario puede financiar una casa en Miami.

El manual que desplegaremos a continuación tiene tres niveles de profundidad, como las capas de una cebolla tecnológica. Primero, la capa de la vigilancia, cómo nuestros datos se convierten en petróleo. Segundo, la capa del entrenamiento, cómo los algoritmos aprenden a envenenarnos. Tercero, la capa de la monetización, cómo la ira se transforma en dólares, euros o pesos, y quién se los lleva.

La primera capa es la más silenciosa, quizá por eso la hemos normalizado. Las redes no son gratis. Pagamos con algo más íntimo que el dinero. Pagamos con cada pausa del dedo sobre la pantalla, con cada vídeo que vemos hasta el final, aunque nos aburra, con cada like que delata una emoción. En 2026, la inteligencia artificial ya no necesita preguntarnos cómo nos sentimos; lo infiere de la velocidad con la que escribimos, del brillo de la pantalla a las tres de la madrugada, de si compartimos más gatos o más protestas. Es como si un vecino espía pasara veinticuatro horas asomado a nuestra ventana, tomando notas, prediciendo nuestro humor antes de que nosotros mismos lo sepamos.

Argentina tiene una ley de protección de datos, la 25.326, que en el papel parece frágil. Pero las plataformas operan desde Delaware, Dublín o Singapur, y nuestros datos viajan por cables submarinos que ninguna normativa local alcanza a cortar. Cada vez que aceptamos las condiciones sin leer, entregamos un diario íntimo a cambio de entretenimiento. El negocio funciona porque el trueque es invisible: no vemos el dinero salir de nuestro bolsillo, solo vemos videos. Y, sin embargo, ese trueque es la base de todo lo demás.

La segunda capa es la del entrenamiento. Los algoritmos no nacen sabiendo qué nos enfurece. Asimilan. Lo hacen a través del aprendizaje automático, una palabra sofisticada para describir un proceso casi infantil, ensayo y error a escala planetaria. Un algoritmo prueba miles de versiones de un mismo feed. Mide cuánto tiempo nos quedamos, si comentamos, si volvemos. Descubre, por ejemplo, que el contenido que llama “ellos” contra “nosotros” genera un 67% más de interacciones. Descubre que las imágenes manipuladas provocan más clics que las verificadas. Descubre que la irritación es adictiva.

Un experimento reciente publicado en Science lo demostró con crudeza. Un equipo de investigadores creó una extensión de navegador que alteraba el orden de los posts en X. Cuando aumentaban artificialmente la presencia de contenido con animosidad partidista, los usuarios se volvían más polarizados. Cuando reducían ese contenido, la polarización disminuía. La conclusión es incómoda porque elimina cualquier ambigüedad, el problema no es lo que los usuarios piden, sino lo que el algoritmo sirve. Si el camarero solo trae platos picantes, el comensal acabará creyendo que eso es lo único que hay en la carta.

Documentos internos de Facebook, destapados en 2021 por la denunciante Frances Haugen, revelaban que la compañía sabía perfectamente que Instagram empeoraba la salud mental de las adolescentes. También sabían que el algoritmo amplificaba el extremismo. También sabían que desactivar los mecanismos de propagación viral reducía la desinformación. Pero cada una de estas soluciones reducía el tiempo de pantalla, y el tiempo de pantalla es la materia prima de la publicidad. La decisión empresarial fue siempre la misma, optimizar para el crecimiento, asumir el daño colateral. No es conspiración, es contabilidad.

La tercera capa es la del dinero. El mercado global de publicidad digital ronda ya los 690.000 millones de dólares. El mecanismo es brutalmente simple. Más tiempo en la app significa más anuncios vistos, más anuncios vistos significa más dinero. Para que pases más tiempo, el algoritmo necesita mantenerte activo, comentando, compartiendo, enojándote. El odio es eficiente porque es inmediato. Una mentira escandalosa viaja más rápido que una verdad matizada porque no requiere contexto, no pide pausa, no invita a la duda. Solo pide reacción. Y cada reacción es un dato, cada dato es una predicción, cada predicción es un anuncio mejor dirigido.

El estudio portugués publicado en Heliyon aporta una pieza que completa el cuadro. Los investigadores analizaron miles de conversaciones en X y descubrieron que el discurso de odio no suele nacer dentro de las comunidades, sino que llega desde fuera. Son intrusos que irrumpen en hilos ajenos, lanzan su mensaje agresivo y desaparecen. El patrón es claro: el odio se concentra en las primeras dos horas de una conversación, cuando la visibilidad es máxima y el impacto puede ser explosivo. No es espontáneo, es táctico. Es contenido diseñado para secuestrar la atención en su momento más vulnerable.

Este hallazgo destruye la narrativa de que las redes solo reflejan la maldad humana preexistente. Lo que hacen es amplificarla selectivamente, premiarla con visibilidad, incentivarla con ingresos. Los creadores de contenido lo saben. Publicar algo moderado, veraz y matizado es la vía rápida al anonimato. Publicar algo incendiario, simplista y maniqueo es la vía rápida a la viralidad. El mercado ha establecido sus precios y la honestidad no cotiza en bolsa.

Hubo un momento, en 2020, en que pareció que algo podría cambiar. Bajo el lema “Detener el odio por lucro”, más de mil marcas se unieron a un boicot publicitario contra Facebook. Grupos de derechos civiles señalaban directamente la complicidad de la plataforma con el racismo y la desinformación. Marcas globales como Coca-Cola, Starbucks y Unilever retiraron millones en publicidad. Mark Zuckerberg anunció cambios: etiquetas en posts problemáticos, eliminación de contenido supremacista, ajustes en los sistemas de recomendación.

El impacto financiero fue imperceptible. Facebook siguió ganando fortunas. El boicot se diluyó. Las marcas volvieron. El sistema demostró su resiliencia. No necesita que todos los anunciantes estén a bordo, solo los suficientes. Y siempre hay suficientes. Mientras la indignación colectiva dure un ciclo de noticias y el miedo a perder ventas dure para siempre, el cálculo empresarial seguirá siendo el mismo.

Lo más inquietante de este manual no es la denuncia, sino la naturalidad con la que lo hemos asumido. Nos indignamos, compartimos, debatimos, nos agotamos. Y al día siguiente repetimos. Las redes han perfeccionado la ingeniería de la adicción emocional. Saben que el miedo vende más que la esperanza, que la furia retiene más que la calma, que la simplicidad rinde más que la complejidad. Han construido imperios sobre la explotación de nuestros peores instintos, y lo han hecho con nuestro consentimiento expresado en clics.

Pero quizá lo más peligroso que han hecho las redes no sea polarizarnos o mentirnos. Es hacernos creer que este es el único mundo posible. Que la publicidad comportamental es el único modo de financiar la comunicación digital. Que el algoritmo debe optimizar para generar like, porque no hay otra métrica disponible. Que la moderación de contenidos es un problema técnico, no una decisión política. Nos han convencido de que no hay alternativa, y esa convicción es la zanja más profunda que han cavado.

El manual que hemos desplegado no es un ataque a la tecnología, ni una nostalgia por un pasado analógico idealizado. Es una invitación a usar estas herramientas con los ojos abiertos. La próxima vez que sientas esa oleada de enojo mientras el dedo se desliza, haz una pausa. Pregúntate: ¿esto me está informando o me está utilizando? ¿Este post existe para comunicarme algo o para provocarme una reacción? ¿Quién gana cuando yo pierdo los estribos?

Porque mientras usted se enoja, alguien en California está contando la plata. Y mientras nosotros discutimos si el problema es la izquierda o la derecha, los algoritmos siguen aprendiendo. Y mientras los gobiernos debaten comisiones y los periódicos publican análisis y los académicos escriben papers, las acciones de Meta suben otro punto porcentual.

El odio no es un error del sistema. Es el sistema funcionando a pleno rendimiento. La pregunta no es si las redes pueden cambiar. La pregunta es si nosotros podemos exigirlo antes de que el costo de no hacerlo sea irreversible. La próxima vez que abras la aplicación, recuerda. No eres el cliente. Eres el producto. Y el producto más rentable es aquel que no sabe que lo están vendiendo.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/02/15/el-manual-oscuro-de-las-redes-sociales/

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Argentina: sindicatos de la educación se movilizan en contra una reforma que precariza el trabajo y golpea derechos

Argentina: sindicatos de la educación se movilizan en contra una reforma que precariza el trabajo y golpea derechos

Las organizaciones sindicales de la educación afiliadas a la Internacional de la Educación América Latina (IEAL) en Argentina -CTERA, CEA, CONADU y SADOP- se movilizaron este miércoles junto a otras organizaciones de trabajadoras y trabajadores en rechazo al proyecto de reforma laboral que se debate en el Senado argentino.

La movilización se enmarca en un plan de lucha más amplio impulsado por el movimiento sindical frente a una iniciativa del gobierno de Javier Milei que bajo la excusa de “modernización laboral”, propone modificaciones profundas al régimen de trabajo vigente. Sin embargo, estas modificaciones representan un retroceso significativo en derechos individuales y colectivos conquistados por la clase trabajadora. 

«Esta reforma laboral no tiene ningún punto a favor de los trabajadores y trabajadoras. Viene a destruir la industria, los puestos de trabajo y cada una de nuestras conquistas», señaló Sonia Alesso, Presidenta del Comité Regional de la IEAL y Secretaria General de CTERA. 

Retroceso para los trabajadores y trabajadoras 

El proyecto de ley introduce cambios estructurales graves en el sistema laboral argentino. Entre sus ejes centrales se encuentra la modificación del régimen de indemnizaciones por despido que reemplazaría el sistema actual. Esta medida abarata el costo del despido para los patronos y debilita la protección frente a cesantías arbitrarias.  

Otro aspecto preocupante del proyecto es el debilitamiento de la negociación colectiva. La reforma busca descentralizar los convenios colectivos por actividad y priorizar acuerdos a nivel de empresa. Esto expone a las y los trabajadores a negociaciones individuales desiguales y facilita la reducción de salarios y condiciones laborales. 

La iniciativa también incorpora un sistema de “banco de horas”, que permite extender la jornada laboral sin el pago de horas extras. A esto se suma la posibilidad de fraccionar las vacaciones y otorgarlas en cualquier momento del año, afectando el derecho al descanso y la conciliación entre la vida laboral, familiar y personal.

Otro aspecto preocupante del proyecto es el debilitamiento de la negociación colectiva. La reforma busca descentralizar los convenios colectivos por actividad y priorizar acuerdos a nivel de empresa. Esto expone a las y los trabajadores a negociaciones individuales desiguales y facilita la reducción de salarios y condiciones laborales. 

La iniciativa también incorpora un sistema de “banco de horas”, que permite extender la jornada laboral sin el pago de horas extras. A esto se suma la posibilidad de fraccionar las vacaciones y otorgarlas en cualquier momento del año, afectando el derecho al descanso y la conciliación entre la vida laboral, familiar y personal.

Otro aspecto preocupante del proyecto es el debilitamiento de la negociación colectiva. La reforma busca descentralizar los convenios colectivos por actividad y priorizar acuerdos a nivel de empresa. Esto expone a las y los trabajadores a negociaciones individuales desiguales y facilita la reducción de salarios y condiciones laborales. 

La iniciativa también incorpora un sistema de “banco de horas”, que permite extender la jornada laboral sin el pago de horas extras. A esto se suma la posibilidad de fraccionar las vacaciones y otorgarlas en cualquier momento del año, afectando el derecho al descanso y la conciliación entre la vida laboral, familiar y personal.

Otro aspecto preocupante del proyecto es el debilitamiento de la negociación colectiva. La reforma busca descentralizar los convenios colectivos por actividad y priorizar acuerdos a nivel de empresa. Esto expone a las y los trabajadores a negociaciones individuales desiguales y facilita la reducción de salarios y condiciones laborales. 

La iniciativa también incorpora un sistema de “banco de horas”, que permite extender la jornada laboral sin el pago de horas extras. A esto se suma la posibilidad de fraccionar las vacaciones y otorgarlas en cualquier momento del año, afectando el derecho al descanso y la conciliación entre la vida laboral, familiar y personal.

La reforma restringe el derecho a huelga al ampliar la definición de servicios esenciales y establecer niveles obligatorios de prestación de entre el 50 % y el 75 %, lo que limita de manera significativa la capacidad de acción sindical, especialmente en sectores como la educación.  

El proyecto también mantiene a las y los trabajadores de plataformas digitales fuera de la relación laboral formal, consolidando esquemas de precarización y negando derechos básicos como estabilidad, cobertura de salud y aportes a la seguridad social. 

Desde la IEAL hemos señalado en diversas ocasiones que para garantizar una educación pública de calidad, los trabajadores y trabajadoras deben contar con condiciones de trabajo decentes y pleno respeto a sus derechos. La negociación colectiva y el derecho a huelga, reconocidos como un derecho fundamentales por los Convenios 87 y 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT),  es una herramienta esencial para asegurar salarios dignos, jornadas justas y condiciones laborales adecuadas. Cualquier iniciativa que debilite este y otros derechos no solo afecta a quienes trabajan en la educación, sino que impacta directamente en la calidad de los sistemas de educación.

Fuente de la Información: https://www.ei-ie-al.org/noticias/argentina-sindicatos-de-la-educacion-se-movilizan-en-contra-una-reforma-que-precariza-el

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Tecnología: La alucinante cosmología de la ignorancia tecnológica

La alucinante cosmología de la ignorancia tecnológica

Enrique Dans

En estos días se ha vuelto a repetir una escena que a los tecnólogos ya debería resultarnos tristemente familiar: Aparece un titular afirmando que los coches autónomos de Waymo no son tal cosa, sino que «son conducidos desde Filipinas por operadores humanos«.

Obviamente, la realidad no es esa, ni tiene sentido describirla así: lo que confirmó un directivo de Waymo en una audiencia ante el Senado de Estados Unidos es que, en casos difíciles, sus sistemas de conducción autónoma pueden solicitar asistencia de operadores remotos, algunos de ellos ubicados en Filipinas, para aportar contexto o sugerencias al software, en ningún caso para tomar literalmente el volante desde miles de kilómetros de distancia. La conducción sigue siendo responsabilidad del propio sistema automatizado, y la intervención humana es una ayuda completamente puntual, no el núcleo del funcionamiento.

Ese mismo impulso hacia el mito ya lo vimos hace poco con la tecnología Just Walk Out de Amazon, hoy desmantelada por la compañía en favor de otros modelos, aunque sigue ofreciéndola a terceros. Circularon titulares afirmando que Amazon había «quitado a los cajeros de sus tiendas y los había mandado a la India» para que vieran desde allí lo que hacían los clientes. Esa simplificación es completamente grotesca: sí, hubo personal subcontratado analizando datos, casos dudosos, y apoyando el entrenamiento de los sistemas, pero en ningún caso fue una externalización masiva de cajeros, ni mucho menos un «sistema escondido» de vigilancia humana que reemplazaba a la tecnología. Ese relato, simplemente, no es verdad.

Lo que une estos relatos no es la verdad, sino una auténtica cosmología de la ignorancia tecnológica. Es el mismo individuo que se niega a aceptar que un coche pueda circular sin conductor humano físicamente presente, o que un conjunto de cámaras y sensores pueda reconocer qué productos has tomado de una estantería, el que de inmediato abraza y reproduce un titular que, según él y su suprema ignorancia, «demuestra» que todo era una ilusión o un engaño. No porque haya evidencia sólida, sino porque esas historias encajan con su idea preconcebida de cómo debe funcionar el mundo.

La tecnología avanzada incomoda a quien prefiere explicaciones binarias: o es completamente humana o es completamente automática. La complejidad, esa que integra el software sofisticado, la inteligencia artificial, la supervisión humana en puntos estratégicos y los sistemas redundantes, no entra bien en titulares ni en compartidos de redes sociales. Así que cuando aparece una narrativa simplista que pone el foco en una supuesta farsa, se convierte en refugio ideológico.

El resultado es perverso: da igual cuántos artículos rigurosos se publiquen, cuántos ingenieros expliquen cómo funcionan realmente estos sistemas o cuántos datos se aporten para contextualizar. El mito persiste, y resurge cada cierto tiempo en las discusiones disfrazado de «revelación». Eso no ocurre porque la tecnología no funcione, sino porque quienes quieren desacreditarla buscan confirmaciones fáciles para sus prejuicios.

Este fenómeno no es inocente. No se trata solo de corregir un titular falso, sino de entender que estamos ante una narrativa cultural que preferimos porque es más cómoda. Frente a un mundo tecnológicamente complejo, se elige el consuelo de la fábula, del mito, del «te pillé». Y así, en lugar de discutir sobre qué grado de automatización es razonable, cómo se regulan estos sistemas o qué implicaciones laborales reales existen, acabamos atrapados desmintiendo estúpidas leyendas urbanas digitales. Y por supuesto, como reza la ley de Brandolini, también conocida como «principio de asimetría de la estupidez», la cantidad de energía necesaria para refutar tonterías es un orden de magnitud mayor que la necesaria para producirlas. Así que, durante mucho tiempo a partir de ahora, veremos aparecer en discusiones la suprema chorrada de que los coches autónomos se conducen desde Filipinas. Que sirva simplemente para calificar el intelecto del imbécil al que se lo escuchemos decir.

La cosmología de la ignorancia no se combate con artículos bien intencionados, sino con una conversación pública que exija rigor, contexto y la voluntad de aceptar que la tecnología no es magia ni ilusión, sino una construcción compleja que no encaja en simplificaciones cómodas. El desafío no es demostrar que los coches se conducen solos o que un sistema de visión computerizada «sabe» lo que compras: el desafío es hacer que la sociedad esté dispuesta a entenderlo. Y eso, como muestran una vez más estos absurdos mitos reciclados de cuñados, es todavía lo más difícil.

Fuente de la información: https://www.enriquedans.com/2026/02/la-alucinante-cosmologia-de-la-ignorancia-tecnologica.html

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