No se trata de una situación nueva, tampoco de un fenómeno excepcional asociado a una ola de calor puntual. Lo preocupante es que, pese a repetirse año tras año, sigue sin abordarse con la urgencia que merece.
Para miles de familias madrileñas, el debate ya no gira en torno al confort. Lo que está en cuestión es algo mucho más importante: la capacidad de la escuela para garantizar unas condiciones mínimas de salud, bienestar y aprendizaje. Hablamos de un problema de salud pública que afecta directamente a la infancia.
Hemos cambiado el ir a la escuela para aprender a ir a la escuela para sobrevivir
La calidad educativa suele analizarse desde múltiples perspectivas: metodologías innovadoras, ratios, recursos educativos, formación docente o resultados académicos, convivencia, etc. Sin embargo, existe una condición previa que determina cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje: el entorno físico en el que este tiene lugar porque los espacios también educan.
Nadie discutiría que una escuela necesita iluminación adecuada, espacios seguros o accesibilidad. Del mismo modo, resulta difícil entender por qué todavía cuesta reconocer que la temperatura también forma parte de las condiciones básicas necesarias para aprender.
Concentrarse, memorizar, resolver problemas o participar activamente en clase son tareas cognitivas complejas. Cuando el organismo tiene que dedicar buena parte de sus recursos a combatir el calor, esas capacidades se resienten inevitablemente. Si a esta cuestión sumamos el nerviosismo al que nos somete el calor, nos encontramos ante un escenario en el cual los conflictos aumentan.
Lo que ocurre en las aulas no es una impresión subjetiva. La comunidad científica lleva años estudiando el impacto de las altas temperaturas sobre el rendimiento cognitivo y académico.
Indicaciones de la Asociación Española de Pediatría
La FAPA Francisco Giner de los Ríos llevamos más de una década solicitando la climatización de los centros educativos madrileños, respaldados por posicionamientos científicos y del ámbito de la salud como la Asociación Española de Pediatría (AEP). Pediatría reclama activar medidas en las aulas desde los 26-27 °C para proteger la salud y el aprendizaje infantil – Noticia | Asociación Española de Pediatría
En una nota difundida el pasado 4 de junio, el Comité de Salud Medioambiental de la AEP advirtió que «el calor en las aulas y patios escolares no es solo una cuestión de confort, sino un problema de salud pública infantil».
La organización recuerda que niños, niñas y adolescentes constituyen una población especialmente vulnerable frente a las altas temperaturas. Según explica la AEP, su sistema de termorregulación todavía está en desarrollo, presentan una mayor superficie corporal relativa y disponen de mecanismos fisiológicos menos eficientes para responder al calor extremo, factores que aumentan el riesgo de deshidratación, agotamiento térmico y golpe de calor.
El doctor Juan Antonio Ortega, coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la AEP y colaborador activo con la FAPA, fue especialmente contundente al afirmar que «la infancia no puede seguir siendo el termómetro pasivo del cambio climático».
La asociación pediátrica también alerta sobre los efectos que las altas temperaturas tienen sobre el aprendizaje. Según señala la entidad, «a partir de los 26-27 °C se deterioran la concentración, el aprendizaje y el bienestar». Asimismo, advierte de que «por encima de los 30 °C el aula deja de ser un entorno adecuado para aprender» y que superar los 32 °C supone «un riesgo para la salud de los escolares».
La AEP recoge además estudios científicos que relacionan directamente la temperatura de las aulas con el rendimiento académico. Según resume la entidad, diversas investigaciones han constatado que por cada grado de aumento de temperatura los resultados académicos disminuyen y que en aulas sin climatización adecuada aumenta significativamente la probabilidad de suspender.
Cuando el calor enferma
La Federación de Asociaciones de Padres y Madres Francisco Giner de los Ríos (FAPA) hemos informado de un incremento significativo de incidencias relacionadas con el estrés térmico durante los últimos episodios de calor.
Entre las situaciones comunicadas por las AMPAS figuran cefaleas, migrañas, mareos, bajadas de tensión, sangrados nasales, cuadros de agotamiento térmico y desvanecimientos. En varios centros educativos de Madrid capital varias familias tuvieron que recoger a sus hijos e hijas en una misma mañana debido a los efectos del calor.
Esta situación no puede seguir minimizándose ni normalizándose porque no lo es, no vamos a asumirlo. La salud de nuestros hijos e hijas está desprotegida por parte de la administración quedando además en entredicho el acceso a la educación en unas condiciones dignas y adecuadas. Un golpe de calor puede tener consecuencias graves y requiere una actuación preventiva decidida y urgente.
La indignación ante unas declaraciones que no ayudan
Si el calor ha generado preocupación, determinadas declaraciones políticas han provocado además un profundo malestar en la comunidad educativa.
Frases como «cuando hace calor, hace calor» o la afirmación de que «el calor puede inspirar» han sido percibidas por muchas familias como una banalización de un problema que consideran muy grave. La indignación no se explica únicamente por las palabras en sí mismas, sino por el contraste que existe entre esos mensajes y la realidad que se vive diariamente en las aulas.
Resulta difícil “hablar de inspiración” cuando un alumno sufre un golpe de calor y el centro educativo tiene que llamar a urgencias para que lo atiendan…Resulta complicado hablar de inspiración cuando una clase entera intenta realizar una actividad en el aula a más de 30ºC en unas condiciones que afectan directamente a la concentración. Y resulta especialmente frustrante escuchar ese tipo de afirmaciones cuando buena parte de los edificios administrativos y dependencias institucionales disponen de sistemas de climatización que garantizan condiciones de trabajo adecuadas.
Las familias no están reclamando privilegios. Están exigiendo que la misma preocupación por el bienestar laboral que existe en otros espacios públicos se aplique también a los lugares donde pasan gran parte de su jornada cientos de miles de niños y adolescentes.
Otra campaña de la FAPA #CuántoQuemaTuCentro #PorqueNoHacenNada
Ante la sensación de inacción institucional, la FAPA Giner de los Ríos hemos puesto en marcha la campaña #CuántoQuemaTuCentro y #PorqueNoHacenNada. La iniciativa persigue un objetivo muy concreto: medir la temperatura y humedad en las aulas para generar un mapa de calor de centros educativos madrileños.
Centenares de AMPAS están participando ya en la recogida sistemática de mediciones de temperatura y humedad mediante estaciones facilitadas por la federación. Las mediciones se realizan siguiendo indicaciones comunes. Con esta información se elaborará un mapa del calor de los centros educativos madrileños que permitirá documentar la situación real de las aulas.
La campaña incorpora además una dimensión institucional. Las familias están siendo animadas a presentar quejas formales ante el Defensor del Pueblo. Gracias a los cientos de denuncias cursadas la FAPA mantuvimos una reunión con carácter de urgencia el pasado 12 de junio con Ángel Gabilondo. Desde el Defensor del Pueblo se ha reabierto el caso del calor en las aulas. En su último informe anual, el Defensor del Pueblo señaló que «persisten las quejas por las temperaturas extremas en las aulas escolares». Según ha señalado Ángel Gabilondo tras la reunión, “el problema de las temperaturas extremas en las aulas y en los espacios de los centros requiere una solución urgente. Es indispensable afrontarlo, ya que llega a poner en cuestión el derecho a una educación de calidad en condiciones adecuadas. Ello precisa una planificación al respecto y una financiación suficiente y no solo actuaciones esporádicas o puntuales”. Reunión con la FAPA Francisco Giner de los Ríos – Defensor del Pueblo
Nuestra federación no puede más que agradecer la implicación de las asociaciones de madres y padres federadas, así como a las personas asociadas de éstas, por la gran respuesta dada a la llamada que se hizo desde la FAPA en ese sentido; petición que sigue vigente y que animamos a continuar enviando los formularios de queja cuyo modelo figura en nuestra web. Climatización
Un problema estructural que requiere soluciones estructurales
Según los datos facilitados por la propia Comunidad de Madrid, durante el curso 2025-2026 se han llevado a cabo actuaciones en poco más de un centenar de centros educativos públicos. En muchos casos, se trata de intervenciones puntuales que no permiten climatizar de forma integral los centros, sino que consisten en medidas concretas, como la instalación de toldos o pérgolas, que resultan insuficientes para resolver el problema de manera efectiva. Además, estas actuaciones apenas alcanzan a algo más del cinco por ciento de los cerca de dos mil centros educativos de titularidad autonómica.
Las familias consideramos que la respuesta resulta claramente insuficiente para afrontar un problema que afecta a todos los centros educativos y que previsiblemente seguirá intensificándose en los próximos años.
Los centros educativos fueron diseñados para unas condiciones climáticas distintas de las actuales. Patios excesivamente pavimentados, escasez de sombra, ventilación insuficiente y edificaciones poco adaptadas térmicamente. Es urgente incrementar zonas de sombra, soluciones basadas en la naturaleza, acceso permanente al agua y sistemas eficientes de climatización. La adaptación climática de las escuelas no debe plantearse como una respuesta puntual a las olas de calor, sino como una auténtica política de salud pública y protección de la infancia.
La crisis climática ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad cotidiana. Sus efectos ya están presentes en las aulas.
La cuestión ya no es si los centros educativos deben adaptarse a esta nueva realidad climática, sino cuánto tiempo más puede seguir retrasándose esa adaptación. Las familias madrileñas están enviando un mensaje inequívoco: el calor en las aulas no puede continuar tratándose como una incomodidad pasajera de final de curso ni como un problema secundario. Detrás de cada aula que supera los 30 grados hay alumnos y alumnas que ven dificultado su aprendizaje, docentes que trabajan en condiciones inadecuadas y una comunidad educativa cuya salud y bienestar se ponen en riesgo.
Porque educar no consiste en acostumbrar a nuestros hijos e hijas a soportar temperaturas extremas. Educar significa garantizar las condiciones necesarias para aprender, concentrarse, crecer y desarrollarse con dignidad.
Cuando la administración no puede ofrecer algo tan básico como un entorno seguro y habitable, no estamos ante un problema de climatización, estamos ante una renuncia a garantizar el derecho a la educación. La calidad de la educación también se mide en grados y en esta materia, la Comunidad de Madrid lleva demasiados cursos suspendiendo.
El termómetro de la desigualdad: calor extremo y derecho a la educación




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