La sección 7 de Chiapas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, integrante de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), criticó que la Secretaría de Educación Pública (SEP) imparta clases virtuales en el contexto del Covid-19.
Frente a la incertidumbre de los padres de familia respecto del destino del ciclo escolar, el titular de esa secretaría, Esteban Moctezuma, responde con una instrucción a la que denomina educación a distancia, con la que pretende trasladar el aula a la casa a partir del 20 de abril, sustituir a los maestros por los padres o abuelos, suplir los libros de texto con la computadora o el teléfono celular y suplantar la relación directa maestro-alumnos por la interacción virtual entre el alumno y los contenidos a través de Internet o la televisión.
Añadió que una cantidad muy significativa de docentes y alumnos, sobre todo en los niveles de primaria y secundaria, carecen de las herramientas tecnológicas para tomar estas clases; además, lamentó, miles de comunidades y escuelas no cuentan con energía eléctrica.
Fuente de la reseña: https://www.jornada.com.mx/2020/04/19/politica/009n4pol
La emergencia sanitaria por covid-19 evidenció las desigualdades que hay en la educación a distancia. El profesor Pedro Hernández y Joshua, uno de los alumnos de la primaria Centauro del Norte en Iztapalapa, son parte de una forma alterna de llevar las clases en la que cuidan el estado emocional de los estudiantes
Mientras la Secretaría de Educación Pública anuncia su plan educativo por televisión, el profesor Pedro Hernández platica sobre las emociones de los estudiantes con las mamás de la Mesa Directiva, a través del mensajero de celular. Después de responder el mensaje, la señora Araceli le da el material de manualidades a Joshua, de 9 años, para que pinte. No le importa que gaste el de su venta. Ella sabe que él es talentoso. En plena pandemia, muchas cosas se detienen pero no la curiosidad de las infancias.
Pedro Hernández es el director de la escuela Escuela Primaria Centauro del Norte en Iztapalapa, en el barrio El Molino, en las orilladas de la ciudad. Cn 35 años de carrera, el docente explica que ya extraña a sus alumnos. En su experiencia, es la primera vez que vive una emergencia de esta magnitud.
Se congratula de lograr un Consejo Técnico o escolar emergente, la semana que la SEP decretó la suspensión adelantada de clases, desde el 20 de marzo al 20 de abril. Describe la preocupación que tiene ante las estrategias que está anunciando la SEP, pues asegura, que sólo el 25% de los alumnos tienen acceso a computadora o internet.
La SEP puso una prohibición para que los maestros tuvieran una relación personal con los padres de familia. Sin embargo, después de este consejo técnico todo comenzó a cambiar, dice el profesor. Ante la incertidumbre, maestros y padres de familia acordaron tener comunicación directa y poder acomodar el plan de estudios y las actividades de la mejor manera posible. Conforme avanza la cuarentena, han aplicado el cuidado emocional y de salud a los estudiantes. Se organizan para facilitar copias a quienes no tienen acceso a lo virtual; implementan el proyecto de Librobús -ahora de manera virtual- y con posibilidad de entrar cuando pueden.
La comunicación con el comité de padres es ahora más constante. Siguen los puntos más importantes del plan educativo en clases a distancia, y no exigen de más en el cumplimiento de evaluaciones. Comprenden la situación d expresión que hay en las familias. Así se han organizado para no soltar la educación de más de 800 alumnos de los turnos matutino y verspertino.
“Logramos tomar acuerdos, diseñamos actividades para la última semana de marzo y para las tres primeras de abril, considerando las vacaciones. Logramos consensuar el acompañamiento para estar pendientes en la parte emocional, de salud, de los alumnos. No tanto sustituir las clases presenciales. Habíamos enfrentado suspensión cuando el sismo, cuando la influenza, por el frío; ahora sí es una situación inédita que implica el cierre total de las escuelas; 184 países con el sistema educativo detenido”, argumenta el profesor.
Ante esto, el maestro asegura que día a día se las ingenian y se organizan para intentar que los alumnos puedan ejercitar y reforzar conocimientos aunque no sea solo a través de la estrategia virtual dictada por la SEP, que ha resultado insuficiente, de acuerdo con su perspectiva.
“Ya no puede ser la misma educación”
Pedro Hernández es el recién nombrado secretario general de la sección 9 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Es consciente de lo que la pandemia evidencia: desigualdad tanto para maestros como para alumnos en el acceso y conocimiento de las tecnologías de la información y de la educación a distancia. El reflejo de la realidad que viven:
“Aún en la Ciudad de México, el 25% de nuestros alumnos tienen accesos a computadora o internet, esto profundiza la desigualdad y la inequidad en términos de acceso al conocimiento. Si aquí tenemos esos problemas, imagínate lo que me han dicho los profesores de los estados. Más del 40% de las escuelas solo tienen un docente, a lo mucho dos. Comunidades que no tienen agua, electricidad, menos computadoras”, expresa con malestar, “en debates hemos hablado que una educación virtual en este país no es posible”.
Al principio de la cuarentena, la SEP quería que hubiera un control muy estricto, de acuerdo con lo que describe el profesor Pedro. Les solicitaron medir si los niños cumplían con las tareas. Asegura que como representación sindical protestaron. No son tiempos de ser estrictos, dice, sino comprensivos. Solicitamos encontrar formas emocionales de acompañar a las familias, exclama.
Pero desde la comunidad escolar, han encontrado soluciones para esta brecha. No son estrictos con las actividades, piden a los familiares fomentar el juego y la puesta en marcha de los ejercicios del buen comer y de educación física.
Usan el proyecto de Librobús que aplican junto con el Fondo de Cultura Económica para recordar el conocimiento a través de cuentos narrados, a los cuales pueden acceder a la hora que tengan la posibilidad.
“Consideramos que no vamos a regresar a lo mismo. Esta pandemia también nos sirve para cuestionarnos los profesores sobre la función de la escuela. Los términos en que enseñamos aprendemos. ¿Qué es la educación?, ¿nos esta transformando, nos esta poniendo en cuestionamiento?, muchos maestros usamos las tecnologías como podemos porque nunca hemos tenido ninguna capacitación. Las ponemos en práctica todas. Pero el acceso es desequilibrado”.
El maestro Pedro Hernández es el secretario general de la sección 9 de la CNTE elegido en marzo pasado.
Educación dispar a distancia
Joshua y su hermana de dos años están bajo el resguardo de su abuela, la señora Araceli Villalobos González de 57 años, mientras la madre y el padre trabajan. Además de tutora, Araceli es la presidenta de la Asociación de Padres de Familia de la Primaria Centauro del Norte.
Cuando no atiende esta brega, se dedica a crear manualidades para venderlas y ganarse su dinero. Pero en la pandemia, no le ha importado ceder su material de trabajo a la imaginación de Joshua, quien además muestra a diario su talento con la pintura. Ella narra:
“Joshua se siente extraño. Los primeros días, lo máximo, por no ir a la escuela. En últimos días me hace hincapié que extraña a sus compañeros”, después de hacer una pausa y respirar, continúa con la historia: “ayer me dejó desconcertada porque hay una ventana, le pedí que la abra, y me dice que no, que va a entrar el coronavirus por la ventana. ‘No tengas miedo’, le dije nosotros te protegemos. Hay inquietud en su corazón”.
El ritmo de vida de Joshua es el que más cambió en esta familia. Ahora toma clases una hora al día, de 10 a 11 con su maestra Manuelita por internet. No se conectan todos sus compañeros. A la semana tiene que hacer ejercicios en papel. Aunque la mayor parte del tiempo la ocupe en pintar.
“Era lo que le comentaba a mi nuera, que la maestra sabe que no todos tienen un teléfono, tablet o computadora y, la facilidad de lo que es el internet, porque eso cuesta dinero. Le digo que hasta ahorita hay respuesta favorable, pero en otras zonas y clases es más problemático por la cuestión de la economía”, describe Araceli la situación en la escuela Centauro del Norte.
Los maestros se organizaron para dejar copias y ejercicios para estudiantes que no pudieran conectarse a internet. No lo hacen a modo de evaluación sino para no perder el contacto. Araceli ha hablado con las mamás de varios grados. En el cuarto año, donde va Joshua, hay por lo menos tres alumnos que no se han presentado a ninguna clase virtual. Muchos otros se conectan esporádicamente o cuando pueden. Ella está consciente y ha evaluado la situación para ir a visitarles y saber qué sucede, pues varios tampoco se han comunicado.
“Es lo que le decía a mi nuera, no sabemos cómo la están pasando mis niños de la escuela. Cómo las estén viviendo. Porque hay maltrato, violencia intrafamiliar, luego con papis que no tienen trabajo, se la ven mal económicamente”, dice con preocupación. Planea hacerles unas libretas y unos lápices para regalarles manualidades al regreso a clases.
Educación por TV
Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública, anunció en sus redes sociales el Programa Aprende en casa, el cual es la estrategia de la SEP para resanar el ciclo escolar, el cual echó a andar de manera espontánea a partir del 20 de abril y este lunes lo anunció en la conferencia del presidente.
“Continuaremos con las clases virtuales, todos los estudiantes podrán realizar la clase apoyándose en los libros d texto gratuitos, apoyando el aprendizaje a distancia por televisión”, dijo Moctezuma en un video donde sale con cubrebocas (https://youtu.be/naFNJEg_Xzc).
Las clases se pasan desde ayer en el Canal 11 (11.2) y en Ingenio TV (14.2) de televisión abierta, canales públicos, y en sus derivados en televisión de paga,en los tiempos oficiales de los que dispone el gobierno federal.
A las siete de la mañana inician las clases de preescolar (a pesar de que los niños entran hasta las nueve en tiempo escolar), a las ocho de la mañana siguen las de primero y segundo, a las nueve las de tercer y cuarto y así sucesivamente.
“Vi la tele desde nivel preescolar hasta la de cuarto, que es la de Josue, y porque me tuve que ir a una cita médica. Para los niños agradable, al final son caricaturas, pero el contenido no sé, no tengo muy bien el conocimiento, puede tener una enseñanza. No sé si ese contenido se está basando en el programa de los libros de texto que hay en México. Porque me sonó un lenguaje extranjero, tipo de España o de otro país. No sé, pero así no se habla aquí en nuestro país”, describe la señora Araceli. Asegura que no todas las personas pueden atender los horarios estipulados “nos tenemos que disciplinar otra vez”.
De acuerdo con Mauro Jarquín, politólogo especialista educación, no es lo mismo si hay un espacio dedicado a las y los alumnos en la casa, con una familia que les apoya, que cuando no lo hay. Afirma tajante: “ése no es el contexto de México”.
“Cuando hay acceso a la tecnología, el hogar no necesariamente es el mejor ambiente de aprendizaje. Primero porque hay un ordenamiento vertical con el familiar que podría garantizar la obediencia, pero no la libertad y creatividad que requiere la educación”, asegura Jarquín, quien además da clases en la UNAM y asegura que incluso a ese nivel, hay muchos alumnos que no tienen acceso a las clases virtuales.
Para él, lo que hace la SEP es poner un parche a un sistema que de por sí nunca contempló las desigualdades frente a la emergencia.
“En educación, la tecnología puede ser un límite al acceso al conocimiento y con esto no puedes suplir el contacto humano. Es en el contacto humano donde se genera el conocimiento colectivo, sin ello, se bifurca en los niños la comprensión colectiva del mundo. La tecnología ayuda sí, siempre y cuando sea un razonamiento colectivo, y no una imposición”, enuncia Jarquín.
Riesgos de lo virtual
De acuerdo con Mauro Jarquín, hay riesgos claros en la educación a distancia y por televisión que implementa la SEP.
La primera, la construcción de nichos de mercado en los proceso de virtualizacion educativa, desde los servicios que ahora ofrecen gratuitos y después se ofertan como negocios con la información de la gente.
Jarquín, también investigador especialista en organismos empresariales y educación, ve riesgo con el modo en que las empresas ven la tecnología como “la panacea” para resolver los problemas.
“No es lo mismo que tenga una tableta una persona con capital cultural que tiene acceso a la educación desde pequeño, a alguien que se le ha dado una instrucción instrumental para usar la tecnología pero no puede ampliar sus márgenes de interacción”, explica.
Describe que actualmente el mercado digital de la educación de alió con los instituciones educativas desde Google educación, Pearson y Discovery en cuanto a contenidos y modelos de educación a distancia.
El politólogo ve un riesgo en qué tan tangibles son los aprendizajes educativos logrados a través de la tecnología. Se pregunta hasta qué punto los aprendizajes virtuales son significativos para las personas.
Asegura que hay un reto para el profesorado, pues no hay formación docente en tecnologías de la educación.De acuerdo con el profesor Pedro, este no será un año escolar perdido. Aunque para la señora Araceli esa es la gran incertidumbre.
Fuente de la reseña: https://piedepagina.mx/buscan-en-primaria-de-iztapalapa-reinventar-la-educacion-a-distancia/
La pandemia del coronavirus ha puesto en crisis sanitaria, humanitaria, social y económica al mundo y a nuestro país. Las consecuencias inmediatas por la infección masiva son muy graves, con decenas de miles de muertos, en particular en aquellos países cuyos gobiernos han privilegiado la economía – asociados a los intereses de los grupos económicos concentrados- por encima de la salud de la población.
Esta es la tensión y disputa que recorre el mundo y también nuestro país.
La inevitable cuarentena es un gran esfuerzo del conjunto del pueblo para frenar los efectos del contagio de la pandemia. En este escenario, es necesario privilegiar la emergencia sanitaria por el COVID-19, también enfermedades preexistentes como el dengue y sarampión que recrudecen en varias provincias argentinas. Todos los recursos del Estado deben ser puestos en función de cuidar vida y la salud del pueblo. Pero las desigualdades sociales, el hambre, una desocupación de casi el 9% en el cuarto trimestre de 2019, la pobreza de casi el 40% de la población que nos dejaron, exige en particular atender la emergencia sanitaria y social de gran parte de la población cuyas condiciones de aislamiento o de cuarentena son extremadamente difíciles.
A su vez, las consecuencias de deterioro en la estructura económica y productiva van a ser profundas y el aumento de la desocupación es una realidad que golpea con crudeza a la clase trabajadora y que amenaza con profundizarse. Se estima que se perderán más de 25 millones de puestos de trabajo a nivel mundial, pero a su vez las patronales empresarias imponen rebajas salariales, suspensiones y retiros anticipados, y no dudan en pedir la represión contra quienes reclaman por sus derechos, como ocurrió en el frigorífico Penta.
Los recursos económicos para atender la emergencia sanitaria y social pueden y deben salir de los sectores y grupos económicos concentrados de la economía que se han enriquecido en los últimos años, a través de medidas como impuestos de emergencia a las grandes fortunas u otras, y resulta ineludible la suspensión de los pagos de la deuda externa y su investigación.
▶️La Universidad al servicio del pueblo
A partir de la declaración de la emergencia sanitaria, desde la CONADU HISTÓRICA hemos convocado a la Docencia Universitaria y Preuniversitaria a poner nuestros conocimientos, profesiones y experticias, al servicio del pueblo.
Son muchísimas las experiencias de grupos de docentes y estudiantes que realizan acciones de extensión, que van desde la fabricación de insumos sanitarios -cómo alcohol en gel- hasta respiradores de bajo costo, o la disposición de miles de estudiantes voluntaries en las facultades de medicina, farmacia y carreras afines para contribuir al sostenimiento del sistema de salud que va a ser puesto bajo una tensión inédita. Asimismo, también se registran Universidades que han ofrecido sus residencias estudiantiles, tanto para posible adecuación hospitalaria, como así también lugares de refugio para mujeres en situación de violencia doméstica (agravada en tiempos de cuarentena).
Las Universidades deben privilegiar el poner a disposición toda su estructura al servicio de las necesidades urgentes del pueblo. Esta es la prioridad y es mucho lo que se puede aportar. Comenzando por la atención de los estudiantes que al cerrarse comedores universitarios no están recibiendo viandas ni bolsones de comida y aquellos que ante la crisis necesitan que se amplíe la cobertura de becas y su incremento.
▶️Las actividades de enseñanza
En el contexto de la necesaria suspensión de las clases y aislamiento del conjunto de la población, continuar con la vinculación pedagógica con las y los estudiantes a través de las herramientas virtuales es una importante contribución para transitar esta emergencia. Bajo ningún punto de vista deben agravar o complicar aún más esa situación.
Las consecuencias económico-sociales de la pandemia son y serán muy graves y profundas en el conjunto del pueblo argentino, y por lo tanto en lo inmediato son inevitables los retrasos, alteraciones y modificaciones del proceso de enseñanza, y deberán mitigarse fundamentalmente con las adecuaciones del calendario académico. Entendemos esta situación como transitoria y excepcional en tránsito al retorno a las clases, que debe darse cuando se reúnan las condiciones de protección de la vida y sanitarias para hacerlo.
Tanto la modalidad virtual en la enseñanza, como la readecuación de los calendarios académicos – en tanto implican modificar las condiciones de trabajo de la docencia – deben discutirse en paritarias con los gremios representativos a nivel nacional y en cada Universidad. Esto no ha sido así en gran parte de las instituciones universitarias. No sólo no se ha consultado y discutido con la docencia y el estudiantado, sino ni siquiera con los órganos colegiados de gobierno, generalizándose resoluciones unipersonales de rectorados “ad referéndum”.
Existe además una imposibilidad fáctica para que ciertas disciplinas y carreras se puedan desarrollar plenamente bajo la modalidad virtual, en particular aquéllas donde las actividades presenciales en grupos, en laboratorios, trabajos de campo, plantas pilotos, etc., son imprescindibles.
Asimismo, la implementación de esta modalidad virtual puede implicar la vulneración de derechos de la docencia, tanto por las condiciones socio-económicas del aislamiento al cual estamos sometidos, o porque el tránsito abrupto de la modalidad presencial a la virtual exige medios y nuevos saberes que en muchos casos no se cuentan, entre otras causales. En particular planteamos la eximición de las tareas laborales para docentes que en la situación de aislamiento, realizan mayores tareas de cuidado por tener menores y/o adultos mayores a cargo, y de todos los casos contemplados en decretos y resoluciones vigentes.
Tampoco se debe perder de vista que miles de estudiantes pueden quedar fuera de la enseñanza por no tener las condiciones de mínimas de conectividad o de estudio en sus hogares sometidos con toda la familia a las condiciones de aislamiento.
Manifestamos que la Universidad Pública Argentina más que nunca debe estar al servicio del Pueblo ante esta situación de emergencia que afecta a nuestro país y a la humanidad toda, que debemos garantizar como prioridad la vida de las y los argentinos, contemplar las distintas realidades familiares que se producen en docentes y estudiantes.
Asimismo – y en función de las asimetrías y desigualdades que existen tanto en la docencia , en el estudiantado como entre las distintas universidades de las regiones del país, más otras tantas que podrían agregarse – entendemos que forzar a docentes y estudiantes a una continuidad de calendario académico trasladando mecánicamente el cursado del cuatrimestre a la modalidad virtual sin contemplar las condiciones sociales y psicológicas de los distintos actores involucrados y sus entornos, justamente podría constituirse en un negacionismo de la situación de emergencia y grave crisis del país, incrementando así la brecha de desigualdad, incertidumbre y complejidad, en la que ya estamos inmersos.
La pandemia es una emergencia de la cual salimos colectivamente. Esto implica que las decisiones que se tomen en las distintas Universidades deben estar consensuadas entre los distintos componentes de la comunidad universitaria, docentes, estudiantes y no docentes.
CONADU HISTORICA-FEDERACION NACIONAL DE DOCENTES, INVESTIGADORES Y CREADORES UNIVERSITARIOS
Fuente de la reseña: https://www.facebook.com/conadu.historica/photos/a.1581609842090993/2599239876994646/?type=3&theater
Se dice que la expresión Ojalá vivas tiemposinteresantes es una maldición china. La frase fue popularizada por Robert F. Kennedy en un discurso en Cape Town, Sudáfrica, en 1966. Parece que la primera persona en atribuirle a los chinos esa expresión que no existe en su lenguaje fue el británico Joseph Chamberlain a fines del siglo XIX.
Hoy, sin duda, vivimos tiempos interesantes. No se trata de una maldición china, aunque también se le atribuya a China la visible maldición y su principal divulgador sea un político yanqui, Donald Trump. La humanidad ha llegado a su más alto grado de desarrollo tecnológico y sin embargo se ha paralizado por un virus tan parecido a un catarro común. Esto último se pone de manifiesto al ver que una de las herramientas más eficaces y aplicables para contrarrestarlo sea indicarle a la gente cómo ejercer una actividad humana tan antigua y cotidiana que pareciera no necesitar mayor explicación (lavarse las manos) y que aún así 3 mil millones de personas no lo puedan hacer por carecer de agua y jabón en sus hogares. O que la posibilidad de garantizar la vida humana sea dejar de acercarse a otros humanos, con una “distancia social”. O que veamos estados de excepción característicos de las más nefastas dictaduras como “un mal necesario” y que incluso sea aplaudido.
Parece que presenciamos una película sobre el fin del mundo. Si nos detenemos y rememoramos un poco, veremos hace tan sólo unos meses imágenes de grandes bloques polares derritiéndose, miles de animales huyendo del fuego y millones de hectáreas en llamas en Australia. Rebeliones populares en Haití, Bolivia, Ecuador, Chile. Cientos de miles de personas muriendo en los mares o en el desierto, tratando de buscar una vida mejor. Imágenes de caída de precios del petróleo y caídas de las bolsas de valores. Grandes guerras en curso en medio oriente y la amenaza de una mayor guerra ¿recuerdan cuando el asesinato del líder militar iraní nos tuvo tan cerca de que todo volara por los aires? Quizás no es sólo una película la que pareceríamos observar. Mas bien, es como si estuviésemos frente a una inmensa pantalla en la que simultáneamente y de modo sobrepuesto se emiten imágenes de destrucción incomprensibles. Lo único que nos queda claro, en medio de tanta confusión es que estamos ante un horror inédito, que eufemísticamente podríamos llamar tiempos interesantes.
La pandemia
El SARS-CoV-2 que causa la enfermedad COVID-19 es un nuevo virus de alto contagio con bajo índice de letalidad. Sin embargo, por ser un nuevo patógeno, nuestros organismos no tienen inmunidad contra él y no existen hasta ahora vacunas para prevenir el contagio. A la fecha las cifras de personas contagiadas ronda las 600 mil, con más de 27 mil muertes y poco más de 131 mil personas recuperadas en 176 países. Aunque el virus surgió en China, ahora es Estados Unidos el país con más número de contagios: más de 104 mil. Y son Italia y España los países con mayor número de muertos, con 9134 y 5138, respectivamente.
En las últimas décadas las epidemias que han surgido en el mundo han crecido en su niveles de expansión y en su frecuencia de aparición: el SARS (2002-03), la gripe porcina H1N1 (2009), el MERS (2012), el Ébola (2014-16), el Zika (2015), el dengue (2016) y ahora el COVID (2019-20). Aún no se sabe cuál fue el origen del más reciente virus. La investigadora Silvia Ribeiro del grupo ETC señala que hay tres causas concomitantes y complementarias que han producido los virus en las últimas décadas: 1. La cría industrial, masiva e intensiva de animales. 2. El contexto general de la agricultura industrial y química. Y 3. el crecimiento descontrolado de la mancha urbana e industrial. Al cual tendríamos que añadir la falta de estrategias de salud preventiva; la resistencia y mutación de virus por las formas en que se consumen los fármacos en el mundo y tampoco podemos descartar, de ninguna manera, la posibilidad de surgimiento de este virus en laboratorios militares como ha sido denunciado por funcionarios chinos.
En ningún momento podemos poner en duda la existencia de este virus, aunque tengamos tanta desconfianza de los gobiernos y organismos internacionales. Tampoco podemos subestimar los riesgos que tenemos. Además de impulsar el auto cuidado, tenemos que pensar en cómo enfrentar esta crisis, reflexionar sobre los escenarios que se están configurando y, ante ellos, qué podemos hacer para los tiempos venideros.
Lxs más afectadxs
Existe una idea de que el Covid-19 sólo afecta a los ricos por tener su mayor número de afectados en Europa y en Estados Unidos y porque los medios llenan sus titulares con una veintena de famosos infectados. La conjetura es fácil de hacer, pero si se piensa tan sólo un poco ¿acaso en Europa y Estados Unidos sólo existen ricos? Se mencionan unos 20 casos de famosos, de los cuales casi ninguno ha muerto, pero ¿quiénes son los casi 600 mil afectados? ¿Cuándo la muerte de un pobre ha aparecido en los grandes titulares? Quizás lo único angustiante en este sentido es que no es una enfermedad que sólo afecta a los pobres, como la mayoría de las que matan a miles diariamente.
Ciertas condiciones biológicas señalan como más vulnerables a muerte por COVID-19 a lxs mayores de 65 años, infantes menores de cinco, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas no transmisibles (hipertensión arterial, pulmonar, insuficiencia renal, lupus, cáncer, diabetes mellitus, obesidad, insuficiencia hepática o metabólica, enfermedades cardiacas o algún padecimiento o tratamiento farmacológico que generen supresión del sistema inmunológico).
Las condiciones socioeconómicas complejizan el espectro de afectadxs a la gente que carece de seguridad social, a los que no pueden permanecer bajo aislamiento por tener que buscar su sustento día a día, los trabajadores “informales”, las micro y pequeñas empresas También están las personas indocumentadas que día a día cruzan las fronteras de sus países en búsqueda de mejores condiciones de vida. Y los presos comunes, hacinados en espacios ideales para el contagio.
Conjuntado ambos condicionantes que hacen más propenso el contagio y la muerte, así como los impactos económicos que tienen las medidas de cierres de negocios, los despidos, etc. encontramos que la gente más afectada es un amplio espectro de pobres y clase media baja. Enfatizamos que gran parte de las enfermedades crónicas que vulneran a las personas tienen una mayor propagación entre esos sectores por la destrucción de las formas de producción de alimentos campesinos y su sustitución por “alimentos” de bajo costo producidos industrialmente y regados por todo el país bajo el “libre comercio” que son los que alcanzan a pagar para su consumo, el vivir cerca de fuentes de contaminación (antenas de celulares, plantas de alta tensión, pesticidas, entre otros) que sólo se colocan en las zonas pobres.
Hay un elemento básico de clase que afecta a los más pobres. Lxs más pobres serán los más afectadxs y los daños vendrán por los contagios, los impactos económicos de las medidas tomadas por el COVID-19 y la crisis económica en curso. Ya los sectores dominantes se frotan las manos para hacer de la crisis “una oportunidad” de negocios, que seguramente afectará a esa parte de la población excretable, desechable, como le ha nombrado Giorgio Agamben. Dentro de esa población “sobrante” las mujeres serán las más afectadas, por ser los principales sostenes económicos de muchas familias y estar expuestas al contagio, pero también por el riesgo de que se dispare la violencia intrafamiliar contra las que permanecen en cuarentena.
El papel de los Estados.
A pesar de ser el foco original de contagio, China sorprendió al mundo por medidas que lograron frenar la expansión del mismo, controles para frenar la infección y la construcción de un hospital en un par de semanas. Corea del Sur ha tomado medidas parecidas. En Europa se señala que los países tomaron mediadas tardías, que llevaron a su alta expansión, hoy tienen paralizadas sus naciones, pero el número de muertos va en un ascenso aparentemente incontrolable.
En América Latina tenemos una amplia variedad de acciones frente a la emergencia. En El Salvador Nayib Bukele apuesta recuperar su legitimidad con las medidas tempranas que tomó para imponer la cuarentena, luego de su fallido auto golpe de Estado. Bukele, junto con Lenin Moreno, presidente ecuatoriano, han aprovechado este momento para avanzar en el endeudamiento de sus países con el Fondo Monetario Internacional. Sebastian Piñeira, en Chile, retrasó el referéndum sobre la Convocatoria a Asamblea Constituyente. La golpista Jeannine Añez en Bolivia postergó el llamado a elecciones de manera indefinida, con miras a sostenerse en el cargo por más tiempo y buscar revertir la tendencia de las elecciones que anunciaban al candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) Luis Arce como posible ganador.
Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos subestiman la crisis del COVID. El primero le llama “gripecita” -Olavo de Carvalho, su ideólogo, afirma que no existe- y llama a no seguir ninguna recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El segundo, insinúa cancelar las medidas de cuidado en el país que ya tiene mayor número de infectados, fomenta su campaña de odio contra China llamándole “virus chino”, reniega de la importancia de los ventiladores de aire para pacientes y lanza una nueva serie de ataques contra Venezuela. Iván Duque, en Colombia, se empeña en impulsar el golpe en Venezuela sin tomar en cuenta la situación tan grave que vive su país y se niega a coordinar esfuerzos de sanidad en la frontera con Venezuela con el presidente Nicolás Maduro para evitar una desgracia.
Mientras tanto, Venezuela se toman medidas extraordinarias con la reducción de actividades a las mínimas vitales, impidiendo que haya despidos a trabajadores hasta el 31 de diciembre del año en curso, suspendió los pagos a prestamos contraídos por el Estado, prohibió que se corten las telecomunicaciones en caso de que no puedan pagar y se han activado las organizaciones de base para garantizar el abasto de alimentos para toda la población. Todo esto mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) le niega un préstamo y las Fuerzas Armadas y los equipos de inteligencia desmontan un intento de asesinato al presidente y se desarrollan medidas preventivas ante la posibilidad de un ataque luego de que Trump pusiera en la lista de financiadores del narcotráfico a Maduro y otros funcionarios de Estado este 26 de marzo.
Fuera de toda esta dinámica, resalta la fortaleza de Cuba para -también en condiciones de bloqueo y acoso- sostener uno de los mejores sistemas de salud del mundo y poniendo a su disposición brigadas de médicos para apoyar a los países más afectados, en esa tradición internacionalista. Además, es un medicamento desarrollado en laboratorios cubanos, el Interferón, el que más eficazmente ha ayudado a atender a las personas infectadas.
Argentina es uno de los países más afectados. Ahí se han tomado las medidas más radicales de contención de población. Las Fuerzas Armadas organizan el estado de sitio. Ya se han dado diversos casos de agresiones y abusos por parte de la Policía y el Ejército frente a personas que no acatan las ordenes, sin que las autoridades reparen en si tienen posibilidades de cumplirlas. A pesar de ser por una causa necesaria, las reminiscencias con la dictadura resultan preocupantes, al mismo tiempo que el presidente Alberto Fernández emprende un viraje discursivo al insistir que las medidas que no se acaten mediante la razón se harán por la fuerza.
En México aún no se alcanza a comprender si las medidas que ha tomado el gobierno son las correctas, indolentes o las únicas posibles. Más allá de los absurdos, cuando no irresponsables comentarios del presidente Andrés Manuel López Obrador que llama a no “apanicarse”, que su escudo protector es no ser corrupto, de presumir unos escapularios “protectores” y de sus reiterados llamados a abrazarse y salir a las calles -a pesar de que la OMS indicaba lo contrario- la cuestión es si el sistema de salud en México tiene condiciones para hacer otras cosas y si la paralización total por la que muchos propugnan se podría aplicar sin que el remedio resulte peor que la enfermedad.
Considerados por muchos como las cabezas de un nuevo ciclo progresista, los gobiernos de Fernández y López Obrador se han topado con un escenario imprevisto que pone en vilo su capacidad para cumplir con las expectativas que los llevaron al triunfo. Lo más preocupante no será su fracaso en tanto individuos, sino que, acorralados por el nuevo escenario, llenos de soberbia y con un grupo de seguidores incondicionales, cataloguen a las expresiones populares de inconformidad como enemigos -y con eso los persigan, hostiguen y judicialicen- y que sigan cediendo más poder, recursos y legitimidad a empresarios y Fuerzas armadas.
La crisis más profunda
Está en curso una crisis económica profunda que no fue causada por el COVID-19 pero sí precipitada por él. Los paros laborales en China por la epidemia impactaron el crecimiento económico de las cadenas mundiales de valor. Al mismo tiempo que se frustró un acuerdo entre Rusia y Arabia Saudita para fijar los precios del petróleo. Las bolsas del mundo en un mes cayeron entre del 30% al 14%. Y luego vino la paralización, a causa de la pandemia, de varios sectores económicos en gran cantidad de países del mundo.
La crisis actual se concentra en la deuda de las grandes empresas y la deuda de los estados en un mundo lleno de burbujas financieras. Estamos ante una nueva crisis que tiene su conexión directa con la de 2008. Pero a diferencia de aquel momento, que logró ser atenuada, las posibilidades de controlarla son ahora más difíciles. Además de que la crisis en el fondo viene de una crisis estructural que comenzó a inicios de los años 70. Con el distanciamiento social se han frenado las dinámicas de producción y consumo, sobre todo en los países más desarrollados. Su efecto expansivo a los países periféricos ha sido más fuerte. Uno de los mayores impactos, según la estimación de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) será la pérdida de 25 millones de empleos en el mundo.
Queda claro que la crisis de salud se utilizará como una herramienta para imponer medidas económicas lesivas para lxs más. Giorgio Agamben ha insistido -sin poner en cuestión la existencia de la pandemia- en la riesgosa tendencia a normalizar y avalar el estado de excepción impuesto. Naomi Klein, por su parte, ha recuperado en días recientes la denuncia del uso de la pandemia como doctrina del Shock. Una vez que el virus se instale y nos hayan metido en un escenario de pánico, será más fácil la instauración de políticas de control, económicas y políticas que de otro modo detonarían protestas.
También es difícil prever si podrán atenuar la crisis y/o reparar las grandes burbujas financieras en lo inmediato, aunque hay quienes dicen que esta crisis puede desenbocar en una mayor al crack de 1929. Sin embargo, es evidente que estamos más próximos a una reestructuración profunda del capitalismo, a la creación de un Nuevo “Consenso de Washington” y un amplísimo esfuerzo por revitalizar la economía, un New Deal post COVID-19 en el que Estados Unidos dará una pelea más voraz para sostenerse como el gran hegemón ante otros países que hoy se encuentran más fuertes que antes como son China y Rusia. Mientras no exista una alternativa radicalmente diferente y opuesta, la salida será del capitalismo y entre sus mejores formas de reestructurarse -nunca hay que olvidarlo- siempre existen las guerras.
¿Y qué hacemos?
Varias voces han insistido en que estamos en guerra contra un enemigo invisible, el nuevo virus. Esto puede servir para convocar a cierta disciplina y generar un cuerpo colectivo. Empero, para pensar una salida efectiva no podemos organizarnos contra a un enemigo invisible, que además se propaga a través de seres humanos. Esto daría como resultado ubicar a cualquier persona como un potencial propagador del enemigo, un mecanismo por demás similar a las ideas propagadas por las doctrinas de seguridad nacional de las décadas del 60 y 70 en nuestro continente: el peligro del enemigo interno.
El problema no es el virus, sino los sistemas precarios de salud que tenemos, las condiciones de vida por debajo de lo aceptable que está más vinculado a las necesidades de consumo del sistema que a las de nuestras propias necesidades sociales.
Frente al Estado
Son los Estados, y los organismos internacionales avalados por ellos, los que tienen la responsabilidad de responder a esta crisis. Hacia ellos tenemos que dirigir nuestros reclamos y exigencias inmediatas y, a pesar de las condiciones de aislamiento, tenemos que hacerlo de manera colectiva.
Estamos ante una emergencia de salud y económica. Necesitamos demandar mediadas urgentes para que sea con los recursos del Estado y de los que más tienen y no a costa de lxs que tenemos menos, lxs más afectadsx. Entre ellas:
Exigir condiciones óptimas para los trabajadores de la salud, reforzar las denuncias públicas que han hecho sobre la falta de medicamentos, insumos y materiales. De ellxs depende nuestras vidas y tenemos que cuidarles.
Demandar mayor presupuesto público para la salud, tanto para la emergencia como para la salud preventiva. Nuestra vida no puede depender de nuestro poder adquisitivo. La salud es un derecho humano y debe ser garantizado por el Estado.
Impedir despidos de personal ante la cuarentena. Suspensión provisional de cobro de servicios básicos. Cancelación de impuestos de la gente más pobre. Que la salida a la crisis sea con los recursos de quienes más tienen.
Si bien la población mayor de 65 años es más vulnerable, en México la media de los infectados es de 41 años, de los doce muertos sólo cuatro eran mayores de 65. Por lo que necesitamos atención a toda la población sin diferencia de edad.
En las defunciones ha quedado evidenciado que los impactos del virus están relacionados con el profundo deterioro de la salud pues las afectaciones que influyeron en la muerte de las personas infectadas por el virus son: tabaquismo, insuficiencia hepática, asma, obesidad, diabetes e inmunosupresión. Problemas de salud directamente relacionados con las dinámicas de consumo fomentadas por el Estado y debido a los daños al medio ambiente. Se tiene que revertir esto a través de políticas públicas y de castigos a las empresas responsables.
La entrega de 4mil 500 mdp al Ejército y Marina para llevar a cabo planes de contingencia debe dirigirse al sector salud y contratar personal médico para ello. No pueden ser los elementos armados, los principales responsables del derramamiento de sangre inocente en nuestro país, los que usen los recursos para relegitimar su poder y sembrar el terror en la población.
Debe impulsarse la producción y comercialización de alimentos de origen comunitario-rural. Esos alimentos pueden ayudar a mejorar la salud, activan la economía de sectores pobres y garantizan una estabilidad en los precios.
Frenar el acaparamiento de productos básicos. Se tiene que impedir se dispare el precio de la tortilla y los ingredientes esenciales de nuestra dieta.
Tras la crisis de salud, impulsar actividades económicas de emergencia para reactivar la economía sin que vayan en contra de la vida de los pueblos. Se debe cancelar el Tren Maya y el proyecto del Corredor Transistmitco y destinar sus recursos a salvaguardar la economía comunitaria y la cultura de nuestros pueblos. No más excusas: los pueblos sabemos administrar nuestra riqueza; las multinacionales, los grandes empresarios, los intereses espurios y nuestros gobernantes han sido los principales responsables de esta crisis.
Autogestión y colectividades
Más allá de las demandas al Estado, en lo inmediato hay un sin fin de cosas que podemos hacer entre la gente cercana. Frente al distanciamiento social obligado debemos de fortalecer nuestros lazos humanos.
Vivir la cuarentena como se pueda: Quienes tengan condiciones de implementarla lo tienen que hacer y cuidar a los seres más queridos y a las personas que sabemos que serán vulnerables.
No olvidar la importantísima movilización de millones de mujeres contra los feminicidios y el patriarcado que fue inédita hace casi un mes atrás. La lucha sigue vigente y en las condiciones de encierro y pobreza la violencia patriarcal se vuelve más feroz. Armemos formas de prevención y actuación ante la violencia patriarcal.
Crear y/o reforzar redes de solidaridad. Solidaridad con compañeros y compañeras que perderán sus empleos. Apoyar el comercio local, apoyar en el consumo de productores independientes que no pueden aplicar la cuarentena total.
En momentos de crisis y encierro nuestra vulnerabilidad es aún mayor. Debemos cuidar la salud emocional, creando un tejido social envuelto en la identidad solidaria y comunal, poniendo en el centro el bienestar común antes que el propio. Y en eso será importante evitar saturar de información a las personas. Tener cuidado con lo que divulgamos, para no reproducir fake news y deep fakes que sólo buscan generar paranoia, miedo, desconfianza y confusión.
Alternativas. Desde la raíz, con sueños y fuerza
Ante estos tiempos que nos parecen tener atadxs, asiladxs, con poca energía y sobreinformación que nos empujan a pensar más el fin del mundo y menos el fin de este sistema, podemos hacer algo distinto y construir alternativas.
Demandar al Estado acciones en beneficio de la gente no es suficiente. Tampoco la creación de redes comunitarias en nuestro entorno más inmediato. Construir una gran alternativa frente al sistema es cada día más necesario. Para ello se requiere de todo lo anterior, pero no basta.
También, ha quedado claro que la salida del sistema siempre es para peor: siempre son un salto hacia delante, recrudeciendo las formas de explotación, dominación y opresión. No podemos ser ingenuos frente a esto: sus crisis no lo harán morir, sino transmutar en formas más agresivas.
Habrá que insistir de muchas -nuevas- maneras: es posible, urgente y necesario, vivir de modo diferente. Y que los escenarios de futuro pueden no ser los del fin de la humanidad y sí los del fin del capitalismo y de todas las relaciones de dominación que padecemos. Para ello será necesario ir creando nuevos proyectos, desatando sueños y esperanzas. Y sobre todo generando acciones, haciendo fuerza y aplicándola en contra de quienes nos quieren arrebatar la vida de múltiples formas.
En medio de la contingencia de salud la gente de Mexicali, Baja California, nos dio una enorme lección. Se atrevieron a salir a las calles -con los cuidados necesario- para echar fuera de sus tierras a la empresa gringa Constellation Brands que quería robarse el agua de su Valle para un negocio de cervezas. Contra todo su dinero, contra una consulta amañada a favor de la empresa, de intimidaciones y acarreos, derrotaron a la empresa y a los políticos que la favorecían. Una pequeña victoria nos demuestra, entre tanto mal, que cuando la gente se suma puede vencer a cualquier enemigo.
Resulta imperioso crear una alternativa que movilice. Antes de la cuarentena se venían gestando una fortísima lucha de mujeres, movimiento de familiares de víctimas de la violencia y de comunidades en defensa de su tierra y territorio. Será necesario que vuelvan a cobrar fuerzas y buscar lazos de unidad. El gobierno actual ha demostrado sus limitaciones para atenderles y ha preferido sostenerse en el gobierno a través de los pactos con los grandes empresarios trasnacionales (en especial gringos y mexicanos), dándole más poder a las Fuerzas Armadas y profundizando la violencia e impulsando proyectos de saqueo.
Ya no es posible limitar la crítica y el surgimiento de una alternativa al argumento que cualquier oposición al Presidente le hace juego a la derecha reaccionaria y proto golpista. Si no avanzamos en una alternativa por fuera de la pugna entre quienes hoy dominan el país, siempre estaremos relegadxs a ir detrás de un Presidente que va en contra de nosotrxs. Pensar la política y el destino de este país a través de la elección del mal menor bajo la amenaza de un mal peor, nos seguirá arrastrando a la legitimar sistemas que sólo nos conducen a menos que la supervivencia. Está en nuestro pueblo, en la gente más afectada por todas las crisis (la de salud, la económica, la del crimen), en nosotrxs la responsabilidad de cambiar el rumbo de nuestro país.
Este libro es una contribución a la reflexión y al debate sobre los grandes retos que entraña el tema migratorio como problema teórico y fenómeno social de nuestro tiempo. La pregunta subyacente en el texto es ¿cómo reparar un sistema migratorio roto por la implosión del proceso globalizador, destructor de los medios de vida de millones de seres humanos? Frente a esta crisis migratoria los gobiernos responden con medidas de contención en las que se incluyen «muros» que profundizan las dificultades para el tránsito y muestran el rostro de una «crisis humanitaria» que interpela a los derechos humanos.
Fruto de un esfuerzo colaborativo, este volumen fue pensado en una reunión que convocó El Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana, cuando recién se estrenaba en México el gobierno de la Cuarta Transformación, para reflexionar en torno al «nuevo paradigma» de la política migratoria de este país. Las amenazas del gobierno de Donald Trump a México sobre imponer aranceles al comercio con Estados Unidos todavía no se habían expresado; poco después la «vuelta de tuerca» se concretó y la política migratoria de México cambió radicalmente. Este tránsito de una política flexible a una política dura es objeto de análisis en este texto que, desde distintas miradas, formula hipótesis y abre nuevos interrogantes sobre el devenir.
Autores (as): Daniel Villafuerte Solís. María Eugenia Anguiano Téllez. [Coordinadores]
Daniel Villafuerte Solís. Jéssica N. Nájera Aguirre. Luz Helena Rodríguez Tapia. María Eugenia Anguiano Téllez. Chantal Lucero Vargas. Rafael Alonso Hernández López. María del Carmen García Aguilar. [Autores y Autoras de Capítulo]
Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=1840&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1380
Charlamos con Martín Kohan (escritor, ensayista, docente de teoría literaria) sobre recuerdos y olvidos, sobre las formas en que la literatura narra, representa y experimenta, sobre la infancia, la empatía y la memoria colectiva, a propósito de su nuevo libro Me acuerdo, publicado por Ediciones Godot.
En 1970 el escritor estadounidense Joe Brainard publica un libro titulado Me acuerdo, una colección de frases cortas e imágenes que van conformando una especie de autobiografía muy particular. Cada párrafo comenzaba con la frase “Me acuerdo…”, y lo que rememoraba podían ser cosas de la vida cotidiana o hasta reflexiones sobre el estado del mundo. Y esto es antes de que existiera Twitter.
La idea no podía sino gustarle George Perec, el escritor francés que formó parte del grupo OULIPO (Taller de literatura potencial), que hacía experimentaciones con la escritura cumpliendo alguna consigna determinada: desde una letra a repetir constantemente hasta seguir una especie de ecuación matemática. Así que en 1978 retoma la idea y publica Me acuerdo: cosas comunes.
Ahora Es el turno de Martín Kohan, que en un nuevo libro publicado por Ediciones Godot que se puede conseguir en versión digital, se pone también a ejercitar la memoria y la escritura con una regla fija: enumerar recuerdos.
Martín, para escribir esta especie de punteo de recuerdos, ¿te pusiste reglas estrictas para cumplir, como los largos de las frases, u ojear o no fotos para evocar recuerdos?
No, las reglas vinieron solas de la lectura de los dos libros que ya existen con el formato Me acuerdo y que fueron el disparador para mi propia escritura, que son el de Brainard y el de Perec. Nada que ver con fotografías, y ni siquiera, te diría, mi propia memoria como impulso para la escritura de este libro. Eso no habría podido ocurrir jamás. La idea de escribir y la necesidad de escribir salió de la lectura de esos dos libros, de manera que las reglas, el formato, las restricciones, vinieron ya dadas por esa lectura, que es cómo están hechos esos dos libros.
Sobre todo la concisión, en especial es en Perec –Brainard narra un poco más–. En Perec hay una resolución todavía más ajustada a la idea de que lo que está haciendo es enumerar recuerdos, no narrar recuerdos, entonces el efecto no tiene que ser el de la memoria sino el del listado, y eso efectivamente funciona como regla de escritura. Pero esa regla para mí, lejos de ser una restricción, fue la que me permitió escribir, porque la idea misma de ponerme a contar recuerdos míos me parece una catástrofe. La idea que menos me entusiasma en el universo como para ponerme a escribir es esa, y en cambio sí la idea de listado, y el efecto tiene que ser una lista de recuerdos sin su desarrollo, sin su narración, la regla sería esa.
Sin embargo hay como una narración que se va formando, porque nos va siguiendo a alguno de los personajes que nombrás: la primera chica que te gustó después aparece de nuevo, otro amigo aparece nuevo… Porque parece fácil decir “bueno, empieza todo con ‘me acuerdo’, pero eso que parece tan sencillo le da una cierta dificultad, porque tampoco es que están tirados así digamos los recuerdos, uno va construyendo algo.
Claro, no están tirados. Efectivamente el formato parece fácil y –bueno, por ahí son limitaciones mías– no me fue tan fácil. Pero esas conexiones que bien señalás que se producen, no se producen bajo la forma de la narración, no es que retomó el hilo –creo yo–…. Me es más fácil pensarlo en Brainard y en Perec que en mí mismo, no funciona como esas novelas –y son muchas ya– que tienen distintas capas de tiempo y distintas líneas de personajes, que pueden rebotar entre sí las distintas historias o no, pero que el personaje reaparece después y entonces vos retomás la historia. No funciona así, no hay línea narrativa, hay ecos, pero son los mismos hechos que se producen de recuerdo en recuerdo, es como si los mismos recuerdos se recordaran, no soy yo diciendo y después “de eso vino esto otro”, aunque lo ponga más adelante.
Por ahí es el lector el que, con los pocos tips que les das, que va construyendo algo…
Sí, claro, porque te resuena, pero resuena porque resuenan los recuerdos, no es que queda algo así como una intriga. Por ejemplo, decías la primera novia. No es que uno dice “bueno y después vemos cómo sigue la historia con la primera novia”. No sigue ninguna historia –creo yo–: apareció tal recuerdo, después apareció este otro, más adelante apareció otro, y aunque parezca paradójico –o lo sea en su formulación–, una cosa importante de la escritura era olvidarse. El olvido, que es que probablemente que, al poner el segundo recuerdo, yo no me acordaba de haber escrito el primero, y no hay relectura. Y había que evitarlo porque precisamente lo que había que evitar, por las reglas por las que preguntás, que es el formato de esta clase de escritura, para mí, es que efectivamente si yo agrego un recuerdo porque lo enlazo o recuerdo cosas que escribí antes, ahí ya solo se produce el efecto narrativo. A mí me sonaba “de esto ya hablé”, pero no me acordaba bien, y no importaba. En una novela, con una trama, tenés que ver eventualmente, si no te acordás –yo particularmente no me acuerdo de nada–volvés atrás en la página y decís “ah no, estaba en tal lado o dejé en este punto”. Y acá… insisto, tiene algo de paradójico, pero hace falta olvidar. Te vas olvidando los recuerdos anteriores, entonces vas acudiendo a los nuevos que aparecen.
Para recordar tenés que olvidar cosas…
Y es que sí, y entre otras cosas olvidar lo que ya habías estado recordando, lo que estuviste recordando. Porque si no se empieza a producir esa narración. Volviendo a la cuestión de la regla: en algunos recuerdos, yo los escribía y me venían recuerdos de cómo siguió eso después. Bueno, eso no lo escribía: qué pasó con tal situación, en que derivó. Eso ya no había que escribirlo, porque si no ya empiezo a narrar memorias, y la experiencia de lectura de esos libros y en la escritura de este más bien me permitió advertir la distancia y la diferencia que hay entre narrar memoria y enumerar recuerdos. Narrar memoria es la cosa que menos me interesa en el universo, en cambio enumerar recuerdos me sedujo.
Los recuerdos que enumerás son recuerdos de infancia, una etapa que en las producciones culturales suele aparecer como “lugar o momento feliz”.
Pero en tus recuerdos aparecen momentos así, felices, pero también otros donde hay injusticias, angustias o imposiciones de los adultos que un chico no comprende o no comparte. ¿Cómo ves la infancia vos? ¿Te parece que muchas veces aparece romantizada en la literatura?
Depende. Yo creo que lo que estás planteando funciona por el formato que estamos diciendo, que es que al no haber desarrollo narrativo, ni las tensiones y distensiones propias de una narración, tampoco tenés una relación de conflicto y resolución por ejemplo. Ni siquiera la decisión de dejar sin resolución un conflicto, que no deja de ser una resolución, que escribiendo una novela te lo planteás: bueno ¿qué hacemos? ¿Sotenemos esta tensión, no la sostenemos, la desactivamos, resolvemos o agravamos el conflicto? Son decisiones narrativas. Acá no hay eso, no tiene que haber decisiones narrativas. Entonces cuando vos dejás que los recuerdos se dispongan como se dispone cualquier colección de cosas que arman secuencia –porque está lo que vos decías, en el lector se arma una secuencia–, es la secuencia en cualquier colección. Vos en tu repisa ponés tus muñequitos y bueno, uno, otro y efectivamente en la secuencia se puede armar sentido, pero lo único que los une, en un punto, es el efecto de colección. No decís “bueno, y este después creció y este es más alto que este”, eso ya corre por tu imaginación. Lo único que los tiene dispuestos uno junto al otro es que integran una colección.
Entonces en esa relación, los recuerdos que vienen y son gratos o remiten a cosas gratas, y los recuerdos que vienen y remiten a cosas ingratas, no plantean el problema de ¿cómo se resuelve esto?, ¿qué pasa entre una cosa y la otra?. Cualquiera de esas variantes se resolvería hacia felicidad/infelicidad. Acá es simplemente disponer cosas que estuvieron bien, cosas que no… En términos más generales… yo te diría depende –estoy rápidamente así también haciendo como una colección de lecturas de niños y de infancias–. Obviamente lo que viene más rápido son las lecturas que uno tiene más presentes como Benjamin o Proust. La escena de Proust –que es famos– de él en la cama esperando que la madre le venga a dar el beso de las buenas noches, y no viene –y hay visitas en la casa y él escucha la la felicidad de la madre sin él, y va entendiendo que no va a venir porque se olvidó, porque está haciendo algo más importante, porque a ella no le parece grave y a él sí, lo que sea– es una escena de infancia de las de más angustia que uno pueda imaginar. Porque no hay ningún adulto ahí que desestime lo que está pasando, no hay ningún narrador adulto que diga “bueno, los chicos, qué apegado”. No, se carga esa angustia y esa expectativa de que la madre venga porque uno en ese momento dice “claro, ¿y cómo te vas a dormir si tu mamá no vino?”. Entonces pues ahí tenés un caso. En la literatura de Aira hay mucho de infancia, y en Aira es muy distinto, porque la infancia en Aira aparece como el lugar que su literatura necesita: va a la infancia para encontrar fábula y juego. Y como en la literatura de Aira la fábula y el juego funcionan –vamos a decirlo así– como un principio constructivo muy fuerte en muchos textos, la infancia ahí es eso. Entonces no se podría decir algo general. Que hay una idealización seguro, yo mismo la tengo.
Capaz la idealización viene cuando uno ya es grande, porque creció y ya no va a volver a ser eso…
Obviamente es retrospectivo. Pero eso es tan evidente como que muy a menudo a los chicos los ves llorando por algo que el adulto puede llegar a decir que era una pavada, pero para el niño no lo es, entonces la carga de angustia… Los chicos están enojados una gran parte del tiempo, y tristes. Triste no sería la palabra, pero contrariados.
Uno se acuerda de chico que no tenía que trabajar, no tenía obligaciones… Igual eso también es para un sector, porque no todas las infancias evidentemente son así…
Por eso tenemos a Dickens, para comprender infancias que no son así. Pero porque al mismo tiempo, en la mirada adulta, todo eso que te producía tanta congoja se desvanece, pierde gravedad, entonces el efecto de idealización es automático. Porque las cosas que te hacían feliz sostienen todo su poder de persuasión: las vacaciones, obvio. Voy a decir lugares comunes: la primera bicicleta; decís “claro, cómo no voy a ser feliz con la primera bicicleta?”. Ahora, si se te arruinó el día porque estabas jugando a la pelota y te dijeron “entrará a bañarte” decís “bueno, no es para tanto”. No es para tanto lo decís ahora. Querías romper todo, estabas amargadísimo, estabas hecho una furia. Entonces me parece que la idealización es el efecto de ese cambio de escala por el cual las felicidades nos siguen pareciendo felicidades y las frustraciones nos parecen menores. Pero nos parece menores por perspectiva, en la infancia no lo vivís así.
A pesar de que son recuerdos salteados, hay elementos que repiten y que pintan un poco la época: desde los números de teléfono que arrancaban con dos cifras o los modelos de autos, pero también los “controles vehiculares” del ejército en plena dictadura, o situaciones de discriminación por ser judío. ¿Buscaste intencionalmente que esos aspectos sociales de la época estuvieran presentes, o aparecieron porque dejaron su marca generacional?
Yo soy del 67 así que ya se pueden sacar las cuentas de lo uno quiera: cuando murió Perón tenía 7, en el golpe militar tenía 9, primer campeonato del mundo de Boca tenía 11 y así con distintos jalones de mi vida. Ahora bien: no, no solo no lo busqué sino que fueron las partes en las que puse más atención para dudar. Porque entregado a que los recuerdos vinieran, sin buscar –también es verdad que hay una cadena asociativa, cuando vino un auto vino el otro y en un momento dije bueno, esto va todo junto porque uno me está llevando al otro–, pero traté de no condicionar, justamente, no solo no los busqué sino que me propuse no buscar ningún recuerdo que tuviese una carga de sentido determinada por ninguna razón –política o social o lo que fuera–, sino dar lugar a los recuerdos como fueran viniendo, con las características que tienen: algunos son importantes, otros son totalmente banales, algunos pueden significar muchísimo para mí y para los demás nada, otros puede ser muy significativos para otros y quizás no tanto para mí, sin embargo si me lo acuerdo, lo puse… Pero sí claramente no tener la premeditación de decir “bueno, que entre algo de lo social, que entre algo de la dimensión política de esos años”, y cuando el recuerdo venía, aparecía tal escena, me acordaba de algo, estar especialmente alerta para esta clase de recuerdos, para que entraran si legítimamente habían había llegado a mí: tal recuerdo de tal situación política del mismo modo que el teléfono de Néstor Frenkel. O sea, tenía que tenía que tener el mismo derecho de ingreso al texto y no pensar “bueno, acá hay que poner un poco más de tal cosa o tal otra”. Solo entra con el sentido que de que me acuerdo de eso.
Habría que ver cómo son las lecturas generacionales. Porque muchas de las cosas que ponés tienen pocos datos pero yo, que estoy más cerca, los reconocí inmediatamente, incluso puedo recordar cosas similares. Pero habría que ver cómo lo leen generaciones que, así como el número de teléfono con dos cifras o los modelos de los autos no le significan nada, los pocos detalles que das de lo social le significan una cosa u otra. Igual tienen un peso… vos decís que los dejaste ingresar como vinieran pero saltan. Por ahí también porque son los que más reconocí, pero tienen peso…
Pero el peso tiene que estar dado por el recuerdo mismo, no por mi gesto. Está dado por el recuerdo y no por el gesto de recordar. Y eso tiene que ver con el efecto de colección, efectivamente, porque si narrás, jerarquizás. Si narrás das sentido, entonces puesto a narrar, yo ya sé que los carteles de “El centinela abrirá fuego” en la ESMA –yo vivía muy cerca de ahí– son más importantes qué que en el Peugeot 504 se abría el techo y se podía sacar la cabeza –igual se pueden combinar, porque si podés sacar la cabeza, podés tirar–. Sin embargo, en el formato que el libro tiene… Si yo hubiera escrito mi autobiografía de infancia –es la última cosa que sería capaz de hacer, una de las últimas– habría tenido que hacerme cargo de esa jerarquía y de esa distribución, de cómo entra eso en una narración; mientras que acá entran como lo que son, recuerdos. Y uno pesa más que el otro porque tienen más peso que el otro, y no está en mi gesto “bueno, ahora viene una cosa importante”. No, viene como vienen los recuerdos, de pronto uno, el otro. Y en la lectura, claro, en ese punto te diría que como en cualquier lectura, es interesante de ver. Yo he tenido muchas experiencias, todas muy felices, de intercambio con estudiantes de colegio secundario que leen Dos veces junio. Y fatalmente están cada vez más lejos de esa época. Tienen siempre 15 años pero como en la Facultad, tienen siempre veinte y pico pero uno está cada vez más lejos y ellos están cada vez más lejos de ciertas referencias mías. ¿En qué se detienen y en qué no? Fui, por suerte para mí, muchas veces. Me acuerdo de los lugares. En San Isidro, Necochea, estuve en Comodoro Rivadavia, estuve en San Juan, estuve en La Pampa hablando con pibes de 15-16, y en algunos era “mi papá me contó, mi mamá dijo” o no, porque la diferencia no solo es de edad sino de ideología, posición social y la historia de cada cual. Y es tan interesante para mí ver qué leen y qué líneas siguen o no siguen, qué preguntas te plantean, qué los inquieta, qué subrayan –para decirlo así– los que tienen ciertas referencias, cierta codificación previa –por edad, por contemporaneidad, por proximidad, por afinidad ideológica o por lo que sea– como los que no la tienen y leen desde otro lado, o leen desde la ajenidad, y decirme los que leen desde la ajenidad qué leen, qué subrayan. Entonces volviendo a un libro como Me acuerdo, que es tan distinto, a mí me intriga tanto la cercanía del que reconoce algo como el que no, qué se siente con esa ajenidad. ¿A qué suena, a antiguo, a extranjero? No me lo puedo ni imaginar. O sí, solamente cuando vuelvo a referencias de cosas de los años 40 que leo yo en la literatura que no sea con el formato Me acuerdo. Porque me parece que si no, sería como suponer que puede haber una una lectura más pertinente que otra, que el que está más cerca y reconoce va a hacer una lectura más pertinente que el que no. A mí atrae, me da la misma curiosidad el que no para ver qué se lee cuando se desconoce. Vos decías “cuando los números de teléfono tenía dos cifras en la característica”, con el sobresalto del que lo siente muy cortito, el que dice “claro, era 49”, sino el sobresalto del que dice “acá falta algo”. Hasta podría enfatizar y decir que en más auténtica –si se puede decir así– la lectura del que no sabe que antes el prefijo no era de tres –ni hablar del 4–, que los prefijos tenían 2, que no había 4, el que no lo sabe y choca contra algo que le resulta más corto de lo que tiene que ser. Esa lectura sería para mí perfecta, está leyendo lo que hay que leer, que es ¿qué es esto? Pero vos fijáte, yo antes de escribir esto, y ahora deberíamos decir para escribir esto, leí el de Brainard y el de Perec. Tomemos el de Perec: está plagado de recuerdos de canciones o marcas de su infancia en Francia. O sea, cero. Pero uno ahí no dice “bueno esto no lo entendí”; porque no hay nada que entender en un recuerdo. Es proximidad o lejanía, o reconocimiento o extrañeza, y el reconocimiento no es más valioso que la “extrañeza”.
No, es un nivel que uno no puede evitar tener o no tener como lector cuando hay algo como de recuerdo conjunto en las cosas que compartís y otras que son novedad.
Exacto, es que el que está recordando ahí es otro, porque si no nos iríamos muy para el lado de esta sobrevaloración de la empatía que se viene produciendo últimamente, que es que hay que pensar que cuando uno empatiza está bien y si no empatiza está mal. Si vos pateás a un mendigo por la calle el problema no es que no empatizaste, es que lo pateaste. Podrías patearlo porque empatizaste: te acordaste cuando eras mendigo, te da bronca, lo pateás. Me parece que la empatía puede ser muy grata y muy adecuada en muchísimos casos, pero como mandato del Bien supone que solamente hay un bien cuando hay una una posibilidad de ser como el otro, de ponerse en el lugar del otro, y de ver las cosas como las ve el otro; lo que significa ni más ni menos que anular al otro como otro. Si yo logro ver las cosas como el otro, ese otro ya no es un otro para mí, porque estoy viendo como él. Entonces la relación con el otro, incluso la necesidad de empatizar para comprender, indica que si al otro no lo asimilo a mí, o al revés, si no me proyecto yo sobre el otro empatizando, no lo voy a poder comprender. Es decir, no lo voy a poder comprender como otro. No empatizo, no tengo esos criterios, no tengo esos valores, no veo el mundo así en absoluto, no lo vería jamás… pero lo comprendo. Entonces me parece que en un caso como este, en donde ni siquiera se trata de comprender –son recuerdos que desfilan uno tras otros– hay cercanía cuando lo reconocés, pero me parece igual de intensa y hasta me atrae más la relación con la alteridad: decir “esto es otra cosa, nada que ver conmigo”. ¿Qué me pasa con algo que no me toca en nada?, porque como lector no necesito reconocerme para interesarme. Otra vez, sería el efecto empático: si te reconozco me intereso, o sea, el otro no me interesa, me interesa solamente si empatizo.
Mirá, yo pongo un ejemplo que me da no sé qué pero es una persona muy presente en el libro, que es mi abuela paterna, mi abuela Dina. Cuando existían los álbumes de fotos que se pegaban, con una especie de celofán, se sentaba, pasaba las hojas –que eran como de unas cartulinas pesadas–, pasaba una, otra, se detenía y decía “Acá salí bien”. Una, dos, tres, cuatro… “Acá estoy despeinada”. Pasaba todo y solamente se detenía, solamente le significaba algo cuando se encontraba a ella misma. En mi abuela eso me parece adorable porque todo en mi abuela me parece adorable, pero como matriz de lectura ya me ofrece más dudas, que es el lector que “se busca” a sí mismo en el texto. Pasa donde no está y le encanta cuando se ve a sí mismo, cuando se encuentra. Capusotto hace una parodia de esto: “es tal cual, es tal cual”. El que se alegra solamente cuando se ve a sí mismo como si uno mismo fuese la medida de todas las cosas. Leer un mundo otro, leer un mundo ajeno, leer recuerdos que para uno no significan nada, es una experiencia de la otredad, y a mí como lector me seduce tanto o más que la del reconocimiento.
De hecho aunque muchos buscan reconocerse, el sentido común de qué es leer es conocer otros mundos, otras cosas, estar por otro lado, y no leer lo mismo que uno podría pensar por sí mismo.
A mí por lo menos la literatura me gusta muchísimo, por muchísimas razones, pero una es que que no es más de mí.
Hablando de lo personal, ¿tuviste que negociar con los otros que aparecen en tus recuerdos? Tu hermana –a la que le dedicás el libro–, tu abuela…
Mis abuelos murieron, mi papá murió. Lo que hubo fue, acá en mi casa, una sesión de lectura de las partes delicadas con mi mamá, que es la figura delicada además para todo esto. Con mi hermana, va a estar bien. Entonces hubo como una especie de selección de recuerdos ríspidos –si se puede decir así–, polémicos, y hubo una sesión de lectura. Incluso mi mujer había propuesto que si el libro se llegaba a presentar –soy reacio a hacer presentaciones, no me gustan, no me gustan las mías–, pero se le había ocurrido un formato de presentación porque mi mamá, lo que tenía frente a cada uno de los recuerdos que yo iba leyendo, era una especie de alegato más bien. Alegato, refutación o adenda correctiva: “pero lo que pasa es que…”. Mi mujer había propuesto que hiciéramos la presentación así, o sea mi mamá y yo, yo leía y ella…
Aclaraba…
Aclaraba, refutaba, especificaba, ajustaba… y esa puesta en escena, si lo hubiésemos hecho, si lo hiciéramos, respondería a ese formato, que es que incluso la persona que participó de los mismos hechos, que estaba ahí, no tiene el mismo recuerdo; y tiene mucho para decir “en contra”. Por ejemplo, es pertinente para esta misma conversación: creo que uno de los comentarios que emanó mi madre aquí en la lectura fue “pero las clases de guitarra a vos te gustaban”. ¡Noooo! “Vos ahora decís que no pero en ese momento… yo me acuerdo”.
Bueno, los recuerdos suelen variar de una otra persona, de las mismas cosas. Y una con el tiempo se da cuenta que lo notorio es qué tan distinto es lo que te acordás vos de lo que te puede decir otro, que dice “de ninguna manera”. Y los dos están convencidos. Incluso a veces los recuerdos de los que uno está muy seguro te das cuenta que uno los construyó mirando fotos, o porque te contaron… Es una cosa que más que recuerdo es una construcción que uno hizo después.
Cuando eso que muy bien definís, es colectivo, a mí no sabés cómo me interesan los falsos recuerdos sociales. Por lo que estamos diciendo, está la memoria social y está el recuerdo en falso. A mí me interesan mucho los olvidos colectivos –que todos olvidados lo mismo– y sobre todo el recuerdo equivocado, cuando es social justamente.
Son sintomáticos…
Creo, si no me estoy equivocando yo: mucha gente jura jura jura –dos me vienen ahora a la mente– que es el oscurecimiento de la ciudad de Buenos Aires en prevención de un ataque aéreo fue durante Malvinas. Y fue, juraría, en vísperas de lo que parecía o que podía llegar a ser la guerra con Chile por el Beagle. No sabés la gente que me ha dicho “no, no, yo me acuerdo porque mi cuñado ya estaba viviendo con nosotros…”. Me interesa mucho porque alguna motivación hay. Si es una persona, dos, tres, es un error. Cuando un recuerdo social está corrido es interesante ver por qué. El mundial de fútbol en colores. No fue transmitido en colores para la Argentina. En la Argentina fue transmitido en blanco y negro.
Vimos las escenas a color después por ahí…
Después, y lo que sí hubo mucho por esos años fue la campaña propagandística de la dictadura de la construcción de Argentina Televisora Color. Eso sí estuvo muy presente en términos de “el Mundial va a traer nuevas tecnologías, el avance, el futuro, ya tenemos un canal que transmite a color”. Y de hecho yo creo –me gustaría averiguar– si ATC no fue el último canal del mundo en explicitar que era a color. Hasta cuándo se llamó Argentina Televisora Color, y si en ese momento había algún otro nombre de canal en el mundo que dijera “estos es a colores”. Argentina seguía diciéndo “miren, tenemos color ¿eh? Esto sale en colores”. Y me parece que ese ese corrimiento produjo un recuerdo falso.
Los olvidos son tambien sintomáticos. Freud…
Mirá, ya que lo nombré: Dos veces junio está escrito por muchas vueltas y líneas, pero una fue verificar entre futboleros –que es la gente con la que yo más hablo– que el partido que Argentina perdió en el Mundial 78 estaba olvidado. Que había perdido un partido estaba olvidado. Gente que sabe, ¿eh? Que te puede decir “sí, el gol de Luque a Francia, sí, el penal que atajó Filliol contra Polonia…”. Vos decís “listo, esta persona sabe” y entonces decís ¿y el partido que perdió? No se acordaban que había perdido un partido. Claro, la épica victoriosa es tan potente, que a mí no me interesaba digamos revertirla o contrarrestarla con el terror que había detrás –una cosa razonable pero esperable también–, sino con la derrota deportiva, y contar solo la noche en que Argentina pierde con Italia. Gol de Roberto Bettega. Y hacer chocar una memoria estabilizada no con la denuncia del horror, porque jamás escribiría una novela de denuncia, pero sí con una especie de choque de imaginarios. Hacer chocar al imaginario victorioso no con la denuncia –nada más ajeno a mí–, sino con la derrota deportiva. Y Bettega, Roberto Bettega.
Por estos días está saliendo también otro libro tuyo, Confesión. ¿Podés adelantarnos un poquito de qué se trata?
Sí, salen juntos, creo que digitalmente ya están, y cuando se restablezca eso que llamamos “realidad” saldrán a la realidad en forma de papel también. La novela –Confesión es una novela–está divida en tres partes, y ahí sí las tres partes están en un punto encapsuladas como modalidad narrativa y en su tensión narrativa son tres bloques, pero por supuesto que todo funciona a partir de las secuencias que esos tres bloques arman. Puedo contar el principio, el segundo y el tercer bloque me es más difícil, pero el principio son las confesiones de una nena de 12 –11, 12 o 13, está por ahí–, en la iglesia de su pueblo –vive en un pueblo de la provincia de Buenos Aires que es Mercedes, años 40–, y algo que a mí me gusta, porque en alguna otra cosa que escribí está también de por medio, son estas situaciones en las que el que narra no entiende del todo lo que le pasa. Y algo le pasa en su cuerpo, algo le está pasando a su cuerpo, quien narra no termina de darse cuenta qué es, el lector sí. En este caso yo diría que el lector entiende, el cura que confiesa entiende de más, sobreinterpreta –como suele pasar con un sistema de vigilancia– y ella no termina de saber lo que le pasa. Y lo que le pasa es que –digamos así– se le alborota el cuerpo cuando desde la ventana de su casa ve pasar, con la regularidad de ciertos horarios que ya puede establecer, a un vecino: los viernes pasa para un lado, los domingos pasa para el otro. Se le alborota el cuerpo de un modo que ella misma no puede terminar de definir, y ese vecino, por entonces de 16 años, es Videla… volviendo a Mercedes y volviendo de Mercedes a Buenos Aires por esos años…
Inquietante.
Vamos a ver, si salió bien va a ser inquietante, si lo escribí mal, cagué la idea.
Bueno, ni bien la tengamos la leemos y volvemos a hablar. Muchas gracias Martín.
Muchas gracias a vos.
Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/Un-ejercicio-de-memoria-y-escritura
OtrasVocesenEducacion.org existe gracias al esfuerzo voluntario e independiente de un pequeño grupo de docentes que decidimos soñar con un espacio abierto de intercambio y debate.
¡Ayúdanos a mantener abiertas las puertas de esta aula!