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¿Será ganado humano?

Por: Frei Betto

En su periplo por Cuba y los Estados Unidos el papa Francisco recordó que José y María no fueron recibidos en Belén. Ella, embarazada, se vio obligada a dar a luz a Jesús en un corral. Perseguidos por Herodes, tuvieron que emigrar a Egipto.

El mundo entero se emocionó con la foto del niño sirio, Aylan Kurdy, de 3 años, tumbado como si durmiera en una playa de Turquía. Eso hizo que la opinión pública se planteara: ¿cómo tratamos a nuestros semejantes que, amenazados por la violencia y la miseria, buscan refugio? ¿como ganado rumbo al matadero?

El Alto Comisariato de la ONU para los Refugiados calcula que, en el 2014, 59.5 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares y su patria.

¿De qué huye esa gente? ¿de Al Qaeda? ¿del Estado Islámico? Aparentemente sí. Pero de hecho huyen del desastre producto del capitalismo. Sus países fueron durante décadas saqueados por empresas petrolíferas, mineras, constructoras, todas ellas occidentales, que utilizaron a la población como mano de obra barata y descartable, gracias a gobiernos corruptos y dictatoriales.

El Alto Comisariato de la ONU para los Refugiados calcula que, en el 2014, 59.5 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares y su patria.

Bashar al-Assad, que sucedió a su padre, gobierna Siria con mano de hierro desde el 2000 y siempre fue recibido con alfombra roja por los presidentes que ocuparon la Casa Blanca. Hasta que la “primavera árabe” llegó a aquel país y las potencias occidentales decidieron armar a los jóvenes rebeldes, como hicieron en la caída de los gobernantes de Egipto, Libia y Túnez. Y las armas fueron a parar a manos de los terroristas.

En África el colonialismo europeo y el neocolonialismo de los EE.UU. dejaron un rastro de miseria y corrupción. Gobernantes crueles eran recibidos en los palacios presidenciales de Occidente porque consumían grandes cantidades de armas fabricadas en Europa y en los EE.UU., y porque facilitaban la explotación de petróleo y diamantes por parte de empresas multinacionales.

Mientras las potencias occidentales usaron y abusaron de esos países no se habló de democracia ni de derechos humanos. Lo que hace recordar la famosa frase del presidente de los EE.UU., Franklin D. Roosevelt, cuando fue notificado de que Somoza, de Nicaragua, era un dictador sanguinario: “Sí, sé que Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Se repitió en África y en Oriente Medio lo mismo que sucedió en Afganistán. Para expulsar a los rusos de allí, en la década de 1980, los EE.UU. enviaron a un agente de la CIA de origen musulmán, llamado Osama Bin Laden. El resto de la historia es bien conocida.

El gobierno brasileño, a pesar de que adopta una política migratoria descoordinada entre los ministerios de Relaciones Exteriores, de Trabajo y de Justicia, ya concedió visas humanitarias a 7.752 refugiados sirios. Y nuestro país ha acogido ya a 28 mil haitianos.

La ausencia de Secretarías de Inmigración en los estados del país dificulta la obtención de documentos y puestos de trabajo. Lo cual se ve agravado por la vigencia del Estatuto del Extranjero, publicado por la dictadura en 1980, y que trata al emigrante como potencial amenaza para la seguridad nacional.

En el 2000 el Mercosur creó el Acuerdo de Residencia, que permite a los inmigrantes dos años de permanencia en el Brasil, plazo que es renovable. Quien no entra al país como refugiado, como es el caso de los haitianos, recibe una visa humanitaria que garantiza su permanencia por cinco años.

  • Articulo tomado de: http://firmas.prensa-latina.cu/index.php?opcion=ver-article&authorID=97&articleID=577&SEO=betto-frei-sera-ganado-humano
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Zoológico criminal. (A manera de manifiesto)

Por: Iván Darío Ávila Gaitán

“[… ] los límites que los poderes […] —de todo tipo, político, policial, económico, psiquiátrico, etcétera— pretenden asignar a los desplazamientos tanto de los animales en el jardín zoológico como de los enfermos en el hospital psiquiátrico, son límites supuestamente asignados a seres vivos irresponsables, a simples máquinas reaccionales”.

Jacques Derrida

Los hechos y las víctimas

Durante el mes de mayo fuimos testigos de dos hechos que movilizaron diferentes tipos de sensibilidades, particularmente las animalistas y ecologistas. De un lado, un empleado del Zoológico Nacional de Chile le dio muerte a dos leones nacidos y criados allí, de aproximadamente 22 años cada uno, después de que un hombre ingresara a la jaula y los instigara con el fin de suicidarse. Por otra parte, Harambe, un gorila de 17 años de edad, fue sacrificado tras la caída de un pequeño niño en la fosa donde aquel animal se encontraba. Harambe, al igual que los leones, había nacido en cautiverio y hacía parte de un programa de reproducción de especies en peligro de extinción del Zoológico de Cincinnati, ubicado en Estados Unidos. Ambos hechos suscitaron preguntas fuertemente amplificadas por varios medios de comunicación alrededor del mundo: ¿resulta ético y legítimo mantener a ciertos animales en cautiverio, aun cuando el objetivo sea salvar una especie de su extinción?, ¿cuentan los zoológicos con protocolos de seguridad efectivos que impidan al máximo la muerte innecesaria de los animales?, ¿deben ser juzgados los padres del niño y el hombre suicida por negligencia e/o irresponsabilidad?

A nuestro parecer, dichas preguntas, reproducidas, reiteradas una y otra vez, por diferentes medios de comunicación, son eminentemente conservadoras y no meramente descriptivas u orientadas a comunicar un “sentir general”. Tales interrogantes, así formuladas, se encuentran íntegramente enunciadas desde un punto de vista antropocéntrico, por lo que obliteran y apuntalan lo que en otros lugares he llamado un antropo-poder, a saber, un poder que es ejercido por, y que confiere privilegios a, aquellos seres históricamente categorizados como humanos, siempre en detrimento de lo animal, los animales y, en general, de lo no humano. Existen un conjunto de preguntas mucho más fructíferas para quienes nos hallamos del lado de un pensamiento y una política animales o animalistas: ¿cuáles son las diferencias históricamente producidas entre un animal y un ser humano, entre un animal doméstico y uno salvaje, o entre un animal y un vegetal, como para que en los casos señalados: 1) los seres humanos sean privilegiados inmediatamente; 2) nos duela más la muerte de un animal salvaje que de uno doméstico, especialmente si es “de consumo” (como las vacas o los cerdos); 3) parezca demasiado radical pedir la abolición de los zoológicos y se opte por criticar sus protocolos de seguridad; 4) el problema sea, en buena parte, reducido a uno de irresponsabilidad o irracionalidad de ciertos individuos aislados? Además, ¿fueron los leones y el gorila asesinados, o simplemente, como dijo un trabajador de uno de los zoológicos mencionados, “era necesario aplicar la eutanasia”?

Los culpables: una máquina y muchos dispositivos

¿Qué es el zoológico? A menudo se cree que la respuesta a esta pregunta resulta sencilla, tan sencilla que tanto los activistas como los defensores de los zoológicos la suelen presuponer. Para los primeros el zoológico es una cárcel donde se encuentran animales salvajes internados injustamente; en su opinión, el animal salvaje, libre por naturaleza, se convierte en un reo triste y despotenciado, condenado a cadena perpetua sin haber cometido crimen alguno. Para los segundos, en cambio, el zoológico es un espacio educativo y que promueve el entendimiento y la conservación de un conjunto de especies (sobre todo de las especies difíciles de percibir en los contextos urbanos), además de ser un lugar de paso, reproducción y cuidado para animales salvajes arrancados de sus hábitats y/o en peligro de extinción. Personalmente me parece que ambas definiciones contienen elementos valiosos, y no por estar afincadas en el llamado “sentido común” son poco acertadas. Sin embargo, quisiera insertar al zoológico en un escenario más amplio y dar una definición que, quizá, tenga la capacidad de radicalizar las reivindicaciones animalistas y conectarlas con las reivindicaciones a menudo denominadas “ecológicas” y “sociales”. Con miras a lograr dicho propósito, me gustaría ofrecer un par de características, brevemente comentadas, que amplíen nuestra comprensión y actividad política en torno a los zoológicos:

1. El zoológico no puede ser disociado de una historia de la vista: A menudo se piensa que la vista carece de historia, que ver es una cuestión meramente natural, que la vista nos da acceso a la realidad de un modo transparente. Si, por ejemplo, hay un medio para dirimir disputas sobre la existencia de algo, este consiste en mirar por sí mismo el hecho, en “ver para creer”, como decimos coloquialmente. No obstante, la vista es más inestable, limitada y dispersa de lo que se suele pensar. En primer lugar, nunca vemos de una manera absolutamente transparente ya que siempre lo hacemos desde un medio, organismo o artefacto de observación específico; un perro, en su singularidad, no ve de la misma manera que un humano, o, de otro lado, no es lo mismo ver con anteojos que sin ellos o con un microscopio que sin él. La imagen perfecta y objetiva no existe, las imágenes dependen siempre de unas condiciones materiales de visualización bastante concretas, algo que ha puesto de manifiesto la tradición filosófico-sociológica crítica, de corte materialista, fenomenológico y hermenéutico, la tradición de la epistemología feminista (con autoras como la filósofa y bióloga Donna Haraway) e incluso ciertas vertientes de la Biología contemporánea misma (por ejemplo, con Humberto Maturana).

El zoológico es inseparable del énfasis en la vista que ha perdurado a lo largo de la historia de Occidente. Occidente, con el peso cultural griego y monoteísta, particularmente cristiano, siempre ha elogiado la luz, la claridad, y ha desdeñado la obscuridad y las sombras. Pensar claramente es pensar bien, es tener acceso a la verdad (por ello el énfasis visual no se limita al hecho de “ver con los ojos”, aunque “ver con los ojos” sea importante, no por nada la fe resulta inseparable de ver a Jesús resucitado nuevamente caminando sobre la tierra, en un cuerpo material, y con las vivas heridas de su crucifixión). Pero la claridad, lo blanco, es también sinónimo de lo puro, ¡y qué decir de la conocida frase según la cual “los ojos son el espejo del alma”! Autores críticos de las experiencias coloniales, como Frantz Fanon y Aimé Césaire, o más recientemente Aníbal Quijano y Silvia Rivera en Latinoamérica, no han dudado en mostrar la conexión entre el elogio de lo blanco/bueno/puro y un conjunto de clasificaciones raciales donde lo “negro” y lo “indio”, en cercanía con lo “femenino” y lo “animal-natural-irracional”, ha sido subordinado y sometido a diferentes tipos de explotación, incluida la de sus conocimientos, frecuentemente considerados falsos, meramente míticos, dóxicos, “alejados de la luz”. Finalmente, como acertadamente señala Luce Irigaray, el énfasis en la visión ha conllevado privilegiar un sentido que permite establecer una distancia con lo otro y los otros, ha posibilitado, en esa medida, crear la ilusión de un alejamiento, de una exterioridad descorporizada con relación al resto del mundo; un alejamiento, además, bastante conveniente para la fiscalización, el gobierno y la explotación.

Quien ve entra en una relación jerárquica, de dominio, respecto a quien es visto, y no revelo ninguna verdad si recuerdo aquí que el sujeto vidente por antonomasia es y ha sido, históricamente hablando, el Hombre blanco, cristiano y educado, “buen ciudadano” diríamos hoy, mientras que las personas históricamente racializadas como “negras”, “indias”, y en general no blancas, en compañía de los animales y la naturaleza, han sido reducidos a objetos de estudio, visión y materiales para el espectáculo y beneplácito del Occidente supuestamente moderno y civilizado. Los zoológicos, inscritos en esta tradición occidental específica de la visión, son espacios donde, por un lado, se ve, se observa, a un Otro exótico, salvaje, en un espectáculo que genera cierta satisfacción de la morbosidad y diversión, y donde, por el otro, se satisface una necesidad de saber, de conocimiento de un Otro animal convertido en objeto de estudio e inspección. Sobra añadir, finalmente, que objetivar es sinónimo de convertir lo vivo en inerte, de desvitalizar, de simplificar la complejidad y variabilidad del ente definido. En compañía de Spinoza, nosotras las bestias “salvajes” y “exóticas” gritamos: “¡Nadie sabe ni sabrá lo que pueden nuestros cuerpos!”.

2. El zoológico es un dispositivo moderno y colonial entre otros: Queda dicho, con lo anterior, por qué el zoológico constituye una realidad colonial, o, en otras palabras, de qué manera el zoológico se vende como un lugar neutro, universal, cuando, sin cesar, es un producto cultural del Hombre blanco occidental y sus específicos modos de visualización. Debido a la misma razón, el exotismo de los animales llamados salvajes está íntimamente unido a la observación-histerización de las mujeres y de sus cuerpos, de los intersexuales y homosexuales, a la tematización de ciertas poblaciones africanas como eslabones evolutivos en los procesos de hominización, y unido igualmente a fenómenos mucho más populares como los circos (fuertemente cuestionados por los animalistas), los freak shows (espectáculos que aglutinaban animales salvajes con rarezas étnicas, travestis, sujetos con extrañas mutaciones genéticas y enfermedades, etc.) o el blackface (donde un sujeto de piel clara se tiñe la piel de negro para ofrecer un espectáculo grotesco, al estilo del Soldado Micolta colombiano). Todos objetos para el conocimiento y la diversión del sujeto blanco y racional, pretendidamente moderno, civilizado.

Ahora bien, pese a que el énfasis en la visión ha sido consustancial a la historia de Occidente, a partir del siglo XVI —con el advenimiento y posterior auge de la modernidad y de sus lógicas coloniales intrínsecas— la organización de la vida en su conjunto se comienza a racionalizar y objetivar de una forma inédita. Aparecen los conocidos “recursos humanos” y “recursos naturales”. Los Estados, paulatinamente, empiezan a preocuparse por el entendimiento y modelamiento creciente de las poblaciones animales, de la naturaleza y el territorio en general, modelo que llega a un punto álgido en el siglo XIX y se intenta imponer a lo largo y ancho del globo hasta nuestros días. La construcción de los hospitales, las cárceles, las escuelas y los cuarteles son indisociables de una racionalidad científica (blanca, occidental) que pasa a ser parte del ejercicio gubernamental de poder, pues dichos espacios, así como su estructuración física concreta, son impensables hoy sin los discursos científicos médicos, psicológicos, biológicos, jurídicos, etc., que los acompañan. A su vez, esos espacios son lo que Michel Foucault ha llamado “dispositivos”, es decir, articulaciones de discursos y (otras) materialidades que dan lugar a realidades específicas. A manera de ejemplo, el loco, como moderno “enfermo mental”, solo existe en la medida en que se vuelve un objeto visible en el espacio que es el hospital mental y un objeto de enunciación para ciertos discursos médico-psicológicos. Todo dispositivo da lugar a “sujetos”, que son más bien “objetos” concretos, y se compone de elementos discursivos y no discursivos, o como Foucault los llamaba, de enunciados y visibilidades.

Siendo así, ¿por qué aislar al zoológico de esta corriente general? El zoológico es un dispositivo entre muchos otros, se compone de enunciados y visibilidades. Es decir, resulta impensable sin los discursos biológicos, zoológicos, etológicos, veterinarios, zootécnicos, etc., y sin espacios físicos puntuales donde están recluidos los animales. Pero lo más interesante aquí es que el zoológico no alberga meramente a los animales salvajes, sino que los produce. Los animales salvajes deben su existencia al zoológico, así como los domésticos a las granjas (industriales o tradicionales, estas últimas no exentas de racionalización) y los de laboratorio a los bioterios. En otros términos, atacar la existencia de los zoológicos, pelear por su abolición, implica también cuestionar lo que se entiende comúnmente por “animal salvaje”, así como sus diferencias con los animales domésticos y de laboratorio. En síntesis, atacar los zoológicos, las granjas y los bioterios, como solemos hacer los animalistas abolicionistas, es atacar la definición científica misma de animal salvaje, doméstico y de laboratorio, y, por ende, la diferencia entre humanos y animales, y entre lo humano y lo no humano en general. Pero cuestionar los zoológicos, las granjas y los bioterios implica también cuestionar los hospitales, las cárceles, las escuelas, los manicomios, e incluso los dispositivos que insisten en generar una “naturaleza desnuda” como las reservas naturales. Por supuesto, una escuela no equivale a una prisión, ni un zoológico a un hospital y mucho menos a una reserva natural, pero responden a un mismo diagrama de fuerzas que los comunica.

Pregunta inmediata: ¿cómo se ha definido, entonces, al animal salvaje? En primer lugar, el animal salvaje, como bien apunta el epígrafe de Jacques Derrida, se ha definido como meramente reaccional, a saber, como uno que reacciona irracionalmente antes que responde racionalmente. En otros términos, el animal salvaje no crea, simplemente reproduce, y esto es verdad tanto para los animales domésticos como para los salvajes en general, en el escenario moderno-colonial. La diferencia entre un animal salvaje y uno doméstico, de acuerdo con el orden discursivo científico, radica en que el animal doméstico constituye una elaboración del ser humano. El animal doméstico es moldeado por el ser humano y está atado a las funciones prescritas con relación a él. El animal doméstico es un esclavo ontológico, pues si el ser humano no necesitara de sus funciones vitales este se extinguiría. En esa medida, cada animal es racializado según su relación con los seres humanos (racialización adelantada sobre todo por la Veterinaria y la Zootecnia), por ello hay animales domésticos “de carne”, “de lidia”, “de compañía”, etc. Los animales domésticos no son menos reaccionales o irracionales que los salvajes, pero sus reacciones no entran en contradicción con la seguridad de los seres humanos, todo lo contrario, están a su servicio. Por este motivo es sorpresivo que un animal “de compañía”, como supuestamente lo es el perro, muerda a su amo; o que, de nuevo, siendo un animal “de compañía”, algunos pueblos (bárbaros, incivilizados o inhumanos, se les dice) osen sacrificarlo para consumo. Es más, un pueblo se concibe como más desarrollado entre más y mejor domestique a los animales y especifique sus funciones; de hecho se repite una y otra vez que la domesticación constituyó un gran progreso en el marco de la historia universal de la humanidad. Los biólogos suelen llamar a esta relación jerárquica “simbiosis”, produciendo de paso su naturalización y deshistorización.

En contraste, los animales salvajes, esos que tienen existencia gracias a dispositivos como los zoológicos (los cuales simplemente dicen desear conservarlos y reproducirlos, y que probablemente tienen su versión más sofisticada y sutil en las grandes reservas naturales –donde aparentemente existen en libertad–), en contraste estos animales singulares son entendidos como máquinas reaccionales, irracionales, cuyas acciones sí que pueden atentar contra la seguridad de los seres humanos. No es casual, por ende, como muestra Derrida en nuestro epígrafe, la cercanía entre los animales del zoológico, salvajes, irracionales, y los enfermos del hospital psiquiátrico. Los diversos dispositivos de nuestro mundo moderno-colonial, conectados entre sí, cumplen funciones diferenciadas según la racionalidad/irracionalidad de los seres/objetos/sujetos que albergan/producen: existen dispositivos que moldean la irracionalidad con el fin de convertirla en racionalidad, aquí el dispositivo protagonista es la escuela, donde el niño, ser profundamente irracional e irresponsable, se pretende transformar —con el paso del tiempo de manera cada vez más precoz, incluso desde el vientre mismo con la llamada estimulación temprana— en un ser racional y responsable (responsable, que puede responder por sus actos y no meramente reaccionar irracionalmente); pero también, y este es un punto inexplorado en el trabajo de Foucault, existen dispositivos que producen y albergan la irracionalidad, el salvajismo mismo, sin pretender moldearla ni extinguirla, y aquí uno de los grandes modelos es, por supuesto, el zoológico. Dejémoslo claro una vez más: este salvajismo, que simplemente se dice estudiar y describir, el pensamiento científico moderno lo produce activamente sin cesar.

En ese sentido, respecto a los ataques al zoológico, no es una opción segura el modelo de la reserva natural (aunque quizá sea más aceptable en muchas coyunturas políticas), que no es otra cosa que una sofisticación del prístino, salvaje, Jardín del Edén, subordinado a Dios y el ser humano (quien en la modernidad, se dice, ha ocupado el lugar de Dios). A propósito del Edén, vale recordar que el moderno zoológico en parte constituye una evolución de las Casas de Fieras poseídas por reyes-patriarcas (ungidos divinamente) como signo de su poderío y expresión de su control. Casas de Fieras que, con el ánimo democratizador de la modernidad, dejan de reflejar el poder particular de un rey para pasar a reflejar el gobierno racional, científico, del Estado sobre la naturaleza y la población. No es casual que la construcción de los zoológicos haya sido subvencionada por los Estados, ni que las grandes ciudades modernas tengan uno representativo: Berlín, París, Londres, Ámsterdam, Buenos Aires, Santiago de Chile, etc. De hecho, el primer gran zoológico moderno (genealógicamente hablando), el de París, fue inicialmente la mismísima Casa de Fieras del rey Luis XIV, en Versalles. Y hablamos de Luis XIV, no de cualquier rey, sino de un rey famoso por la frase “el Estado soy yo”, que, más allá de que la hubiera pronunciado o no, da cuenta del Estado absolutista que este encarnaba, de una soberanía supuestamente absoluta proveniente de un modelo teológico (la soberanía de Dios sobre sus criaturas) y reeditada en la soberanía nacional del Estado moderno, compuesto por los diversos dispositivos que acá hemos mencionado someramente.

En otros lugares he intentado, como contribución teórico-política colectiva al Movimiento Abolicionista de Liberación Animal y como práctica vegana, caracterizar al especismo antropocéntrico en tanto máquina de jerarquización, es decir, no meramente como una forma de discriminación basada en la especie y en beneficio de los seres humanos, sino como un orden que involucra un extenso conjunto de relaciones naturo-culturales interespecíficas, dispositivos simbólicos y tecnológicos, distribuciones espaciales, afectaciones de los cuerpos, entre otros elementos. Orden que re/produce la sistemática subordinación, sujeción y explotación animal y que se basa en la dicotomía humano/animal. Tenemos, pues, una máquina, el especismo antropocéntrico, y muchos dispositivos que la componen, entre ellos el zoológico. Sin embargo, reitero, no basta luchar por la abolición del zoológico, es necesario subvertir lo que se suele entender por animal doméstico y salvaje, así como la diferencia entre un animal y un humano y, en el límite, entre lo humano y lo no humano. La máquina de jerarquización especista antropocéntrica funciona incrustada en esa gran formación tecno-bio-físico-social que es el mundo moderno-colonial, la cual ha afirmado al Hombre blanco, que es el ideal de ciudadano moderno-colonial, en detrimento de todo lo considerado salvaje y natural (mujeres, niños, dementes, indios, homosexuales, negros, enfermos, animales, plantas, ríos, etc.), para lo cual existen técnicas y dispositivos que es inaplazable cuestionar y atrofiar, sea desde dentro, desde fuera o en los bordes. Lo que está en juego acá es una redefinición de la vida misma, allende las dicotomías cultura/naturaleza, civilizado/bárbaro, doméstico/salvaje, masculino/femenino, etc.; lo que está en juego es aquello que Matthew Calarco denomina un espacio de indistinción, aunque, provisionalmente, sea productivo ponernos del lado subordinado de las dicotomías y reiterarlas creativamente con el fin de “reapropiarnos” de nuestros objetivados cuerpos y vidas. Y, por supuesto, no debemos olvidar que nuestra lucha antiespecista es también anticapitalista, pues es el capitalismo —uno de los ejes del mundo moderno-colonial— el que incentiva y requiere convertir la naturaleza entera en recurso modificable, usable, intercambiable.

Volviendo a Harambe y los dos leones asesinados

Los casos de Harambe y de los dos leones asesinados son, ciertamente, bastante ilustrativos de lo que hemos venido comentando. Aquí sobra decir que Harambe y los leones no son meras excusas para nuestras especulaciones teóricas, todo lo contrario, es con y por Harambe y los leones que pensamos y escribimos; escribimos como manada, como cardumen o virus incontrolable. Nosotras no tenemos la razón, ni pretendemos tenerla, simplemente escribimos para vivir, con el ánimo no solo de continuar respirando, sino de vivir mejor y de vivir siempre mejor-con. Es debido a esto que si nuestro escrito trasluce algún tono imperativo, prescriptivo o normativo, en absoluto tiene dicho carácter, lo aparentemente imperativo no es más que la expresión de nuestra fuerza vital, de lo politizadas de cabo a rabo que nos encontramos nosotras, nosotras las bestias. Odiaríamos que nuestro trabajo reprodujera la subordinación de la práctica a la teoría, del cuerpo a la mente, de la naturaleza a la cultura. Nosotras pensamos viviendo y vivimos pensando. Así, pues, ¿qué nos enseñan Harambe y los leones?

En primer lugar, nos enseñan a salir del círculo vicioso de atribución de responsabilidades e irresponsabilidades. Ya hemos visto que comparar el zoológico con la prisión tiene bastante sentido, pues ambos dispositivos pertenecen a un mismo diagrama de fuerzas; de la misma manera, no resulta desacertado comparar la escuela con la prisión o el hospital. Pero el zoológico, en tanto dispositivo, como lo hemos visto, posee su singularidad, y allí los animales no son presos sino, justamente, animales salvajes, reaccionales, irresponsables y potencialmente peligrosos para los seres humanos. A los animales del zoológico no hay que “liberarlos” de su condición de presos, sino de su condición de animales salvajes, y por tanto de animales. Afirmar que los leones o el gorila estaban condenados a cadena perpetua por un crimen que no cometieron equivale a confundir demasiado el zoológico con la prisión, pues la prisión está diseñada para sujetos supuestamente responsables de sus actos que cometieron irracionales irresponsabilidades, crímenes, mientras que el zoológico está diseñado, de entrada, para sujetos a los cuales no se les puede atribuir ningún tipo de responsabilidad. Caracterizar a los animales salvajes de “inocentes” es, de una u otra manera, reafirmarlos en tanto salvajes, ya que los salvajes no pueden ser más que infinitamente inocentes o culpables, es decir, sus actos no son actos volitivos, de decisión, sino reaccionales, irracionales. De hecho los indígenas han pasado por caracterizaciones coloniales muy cercanas, han sido vistos inevitablemente como buenos o malos salvajes (totalmente “inocentes” o “culpables”), pero nunca como complejos seres racionales que deciden sobre sus actos en cada circunstancia.

Con lo anterior no pretendo afirmar que los animales salvajes merezcan ser tenidos en cuenta como seres responsables de sus actos, sino conmover la dicotomía responsabilidad/irresponsabilidad, o como Derrida la denomina: respuesta/reacción, que no es otra cosa que una traducción de la dicotomía racional/irracional, humano/no humano. La tarea es sumamente urgente puesto que, al definir al animal salvaje como tal, se está delimitando de antemano lo que su potente cuerpo viviente puede, de lo que es capaz, una delimitación que, aunque en sentido estricto es siempre imposible, hace mella en la carne, y es por esto mismo que un animal que ha vivido demasiado tiempo en un zoológico probablemente no pueda vivir en otro sitio. Algunos animales son tan salvajes que solo existen en el lugar que los produce como salvajes para la satisfacción (científica/espectacular) de los seres humanos: el zoológico. El zoológico, al tener animales tan sujetos a su control, demuestra la artificialidad de lo salvaje que desde su creación ha querido negar. Podríamos decir, jugando, que si existe algún criminal en los recientes hechos, algún culpable, es el impersonal dispositivo que es el zoológico, el cual, de entrada, con la objetivación de una miríada de singularidades vivientes, las mata lentamente al pretender conservarlas para el espectáculo y el conocimiento humano. Probablemente, en otro nivel, tanto Harambe como los dos leones ya estaban muertos, el darles muerte no fue más que una expresión radical de lo que el zoológico venía haciendo desde siempre, desde que los consideró salvajes.

Otras dos formas bajo las cuales se ha reproducido el círculo vicioso de asignación de responsabilidades y salvajismo, es con relación al hombre que ingresó a la jaula de los leones y los padres y el niño involucrados en el caso de la muerte de Harambe. El hombre, quien, recordemos, instigó a los leones porque deseaba suicidarse, fue despreciado ampliamente en la medida en que, como ser responsable, humano, tomó una decisión que le costó la vida a seres “inocentes”, siempre inocentes pues nunca podían haber sido responsables de sus actos, en este caso de atacar al hombre. Pero, por otro lado, se ha excusado a ese mismo hombre, pues para haber hecho tal “barbaridad” debió haber estado demente, y un demente no puede responder por sus actos. Como vemos, las explicaciones no cesan de moverse en el espacio de lo pensable que requiere la existencia misma del zoológico y, a medida que la indignación crece, a medida que los animalistas lloran las muertes de los animales, parece más apremiante la necesidad de encontrar victimarios para su judicialización. No estoy seguro de que la asignación de culpas solucione lo ya acontecido, tampoco me parece que prevenga futuros actos como estos; por el contrario, me inclino a pensar que, si lo que deseamos es frenar lo que de mortífero tiene el zoológico, resulta imprescindible reconocerlo como dispositivo y cuestionar radicalmente sus componentes, cuestión que abarca interrogar la noción tradicional de culpa y responsabilidad. Asimismo, la tendencia a considerar a los padres del niño que cayó en la fosa de Harambe como adultos irresponsables, negligentes, tampoco solucionará nada. Seguramente los padres le ofrecen un buen cuidado cotidiano a su hijo y no desearon nunca que sucediera lo acontecido; es más, quienes han sido padres saben que los accidentes ocurren muy seguido y que hacen parte del devenir de la vida, incluso cuando muchos pueden llegar a poner en riesgo esa vida.

De otro lado, existió una deriva profundamente patriarcal en la que cayeron muchos animalistas y ecologistas, ya que, inmediatamente, concentraron el juicio en la madre del niño como si ella fuera la única responsable de prestarle los debidos cuidados a su hijo. ¡Cómo si la seguridad en un espacio de estos dependiera solo o mayoritariamente de las madres! Yo me preguntaría, primero que todo, en qué tipo de configuración social visitar un zoológico (donde viven supuestos animales salvajes, peligrosos) hace parte de un plan familiar o escolar típico. ¿Qué función tienen dichas visitas y por qué son tan importantes para los menores? Fuera de la satisfacción de la curiosidad, de cierta glotonería de la visión que ya hemos abordado aquí, la visita al zoológico produce sujetos que se afirman a sí mismos en contraposición a los animales salvajes, a unos animales que, se les dice, deben ser protegidos y conservados. De hecho no es casual que, en los entornos urbanos, los niños sean llevados a las granjas con el objetivo similar de que aprendan qué es un animal doméstico y qué funciones desempeñan con relación a los seres humanos. Si realmente nos importa el problema del cuidado, lo primero que es preciso reflexionar, antes que juzgar a la madre, es cómo se encuentra distribuido el cuidado actualmente. Aquí salen a relucir preguntas como las siguientes: ¿Por qué, inmediatamente, se privilegia la vida del niño frente a la del gorila? (pregunta, como dijimos, a la que le precede: ¿por qué el gorila termina en el mismo espacio que el niño?), o ¿por qué se lamenta tanto la muerte del gorila y los leones mientras, al tiempo, se sacrifican millones de animales para su consumo (en condiciones cada vez más desafortunadas)?

Así Frans de Waal, conocido primatólogo, haya dicho que el gorila mostró un comportamiento que combinaba protección frente al niño y confusión, la reacción inmediata fue la de darle muerte, pues en espacios como el zoológico siempre primará la visibilidad de la supuesta naturaleza salvaje, irracional, reaccional, de todo animal; es justamente la producción de esa naturaleza la función que tiene. Con los leones, grandes felinos carnívoros, habrá incluso menos titubeos al momento de disparar. Y es que, efectivamente, en configuraciones sociales donde se jerarquiza, confina y separa a los seres según una escala de racionalidad, interactuar con otras “especies” de otros modos es un arte desconocido. La producción de humanos y de animales domésticos y salvajes es, concomitantemente, la producción de las debidas relaciones entre estos, y dichos esquemas no son simplemente “ideológicos”, sino que los corporizamos, nos constituyen. Cualquier ser humano promedio pretendidamente moderno que se imagine en un mismo espacio con un león, no puede concebir otra relación que una relación bélica, violenta, de lucha. Pese a esto, es bien sabido que muchos pueblos han convivido (no diré “armónicamente”, pero sí de otros modos) con todo tipo de “animales salvajes”, desde serpientes hasta elefantes y grandes felinos. En cualquier caso, fraguar relaciones significa fraguar mundos, construir otro tipo de formas-de-vida entrelazadas que minen la hegemonía de dispositivos especistas como el zoológico. Igualmente significa redistribuir y repensar el cuidado radicalmente, así como a quienes consideramos que deben encargarse de cuidar y los objetivos de los cuidados. Cuidar a un animal doméstico a la par que se lo considera ontológicamente sujeto al ser humano, o a un animal salvaje al tiempo que se lo concibe como meramente reaccional —sin que, incluso, los desarrollos en la etología contemporánea ayuden mucho a este respecto— es, en términos generales, igual de nocivo que cuidar a un niño para que se convierta en un supuesto adulto responsable; no porque el niño y los animales domésticos o salvajes sientan las mismas consecuencias tras ser categorizados cada uno en su forma respectiva, sino porque los dispositivos se encuentran interconectados: el sujeto responsable solo se hace responsable a costa de despreciar su “irracionalidad”, su “salvajismo”, y el “salvajismo” de los mismos “animales salvajes” y la “naturaleza”.

En memoria de Harambe y los dos leones asesinados

¡Por la abolición de los zoológicos!

  • Tomado de: http://www.desdeabajo.info/sociedad/item/29006-zoologico-criminal-a-manera-de-manifiesto.html
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BID lanza segunda edición de concurso universitario para el diseño de soluciones urbanas

Fuente BID / 13 de junio de 2016

La fecha límite para enviar propuestas es el 1 de agosto de 2016

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través del programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles, lanzó la segunda edición del concurso BID UrbanLab, que invita a estudiantesuniversitarios a desarrollar soluciones creativas e innovadoras a los problemas urbanos que existen en Pescaíto, uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad de Santa Marta,Colombia.

La fecha límite para enviar su propuesta será el 1 de agosto de 2016.

El concurso busca proyectos integrales, transformadores y sostenibles que ayuden a mejorar vidas en el barrio Pescaíto. Este barrio fue seleccionado a fin de conectarlo con el resto de la ciudad de Santa Marta y devolverle su importancia histórica. Para ello, el BID se encuentra trabajando de la mano con la Alcaldía de Santa Marta, Findeter y la fundación Tras la Perla de la América.

En el BID UrbanLab podrán participar equipos de cuatro a seis miembros, conformados porestudiantes de los dos últimos años de carrera, inscritos en una universidad de América Latina y el Caribe, estudiantes cursando estudios de postgrado o jóvenes profesionales. Todos los equipos deben ser integrados por miembros de distintas disciplinas —tales como arquitectura, urbanismo, antropología, psicología, ingeniería, sociología, comunicación social, entre otras—a fin de abordar las distintas problemáticas que presenta este barrio y así poder diseñar una solución integral, innovadora e inclusiva para Pescaíto.

En 2015, la primera edición del concurso contó con la participación de 176 propuestas provenientes de 65 universidades de toda la región para transformar un perímetro del barrio de Curundú, ubicado en la Ciudad de Panamá. El equipo ganador tuvo la oportunidad de trabajar en la implementación de su proyecto e incorporarlo en el Plan de Acción de esta ciudad.

Cada una de las propuestas recibidas será evaluada por un jurado internacional de especialistas multisectoriales y las autoridades de la ciudad.Durante el mes de noviembre de 2016 los equipos finalistas viajarán a la sede del BID en Washington D.C, para presentar sus propuestas ante un jurado internacional. El equipo ganador recibirá un aporte de US$5,000 y viajará a la ciudad de Santa Marta para validar su proyecto trabajando con especialistas del BID, nuestros aliados y la comunidad del barrio Pescaíto.

Para más detalles sobre las bases del concurso y sus fases de desarrollo pueden visitarhttp://www.nexso.org/es-es/c/BIDUrbanLabSantaMarta o enviar un correo electrónico abidurbanlab@iadb.org.

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Educación de calidad contra el trabajo infantil

www.telesurtv.net/13-06-2016/
Un gran número de niños hacen trabajos domésticos, remunerados o no, en los hogares de terceras personas. Sus vidas transcurren ocultas a la mirada de la sociedad y lo habitual es que se encuentren aislados y alejados de sus familias. Por ello, estos menores son particularmente vulnerables a la explotación y las historias de abuso son muy frecuentes.

No van a la escuela y no tienen tiempo para jugar, no se alimentan y no reciben cuidados adecuadamente. En la actualidad a 168 millones de menores de edad se les niega la oportunidad de ser niños debido a que se encuentran en situación de trabajo.

De esa cantidad, 120 millones tienen entre 5 y 14 años de edad, mientras que 85 millones realizan labores en situaciones peligrosas.

La pobreza, la escasez de trabajos para los adultos, la falta de protección social y la incapacidad para asegurar que asistan a la escuela, son las raíces de esta lamentable cifra mundial.

Por si fuera poco, existen 400 millones de niños esclavos en todo el mundo, de los cuales 85 millones están envueltos en situaciones peligrosas, en especial las niñas.

Educación para combatir el trabajo infantil

Este 12 de junio, para el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, la atención se centra en lograr una educación de calidad para luchar contra este flagelo.

El objetivo resulta acertado, pues según la UNESCO, 58 millones de niños en edad de escolarización primaria y 63 millones de adolescentes en edad de escolarización secundaria no van a la escuela.

“Un niño debe aprender no ganar dinero”, reza el letrero en una protesta contra el trabajo infantil en 2013 en la India  (Foto: EFE)

 

La persistencia del trabajo infantil aún es un muro que no ha podido ser derribado. Las cifras de la UNESCO indican que 121 millones de menores en el mundo no están matriculados en la escuela y los que sí lo están no asisten regularmente.

Para que este problema sea superado se requiere de acciones por países que identifiquen a los niños en situación de trabajo infantil y los saquen de ese contexto. Para ello, la mejor opción es brindarles una educación de calidad.

 

Edad mínima legal para trabajar

Con la intención de evitar que los niños empiecen a trabajar demasiado temprano, se estableció el convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo sobre la edad mínima de admisión al empleo.

Edad mínima límite: 15 años (14 años para algunos países en desarrollo). La edad mínima de admisión al empleo no puede ser inferior a la edad en que culmina la obligación escolar. En todo caso, se permite a partir de los 15.
Trabajo ligero: Entre 13 y 15 años (entre 12 y 13 para algunos países en desarrollo). Podrán realizan trabajos ligeros con la condición de que no obstaculice su educación, su formación profesional, ponga en peligro su salud o su seguridad.
Trabajo peligroso: 18 años (16 años si se cumplen estrictas condiciones). Ninguna persona menor de 18 años debe realizar trabajos que atenten contra su salud o su moralidad.

 

Bolivia, una excepción a la norma

En junio de 2014, el Senado boliviano aprobó un nuevo código de la niñez y adolescencia que contempla el trabajo infantil a partir de 14 años, pero admite excepciones para niños de 10 años que trabajen por cuenta propia, es decir, que no depende de un empleador.

Este tema generó una fuerte polémica, pero la realidad es que históricamente, en los países andinos como Bolivia y Perú, es normal que los niños colaboren con las tareas del hogar y ayuden a mantener a sus familias.

Una vocera de la oficina andina de Save The Children, explicó en aquella oportunidad que «en esta región los niños son considerados parte activa de la sociedad y de la economía familiar y desde pequeños cumplen un rol en la comunidad».

De hecho, antes de fijarse la edad mínima en 10 años, la Unión de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (Unatsbo), una especie de sindicato de trabajadores infantiles que agrupa a más de diez mil menores, ya protestaba porque se bajara el límite a los 12 años.

Fue tan fuerte la protesta de los menores de Unatsbo que el presidente Evo Morales tuvo que intervenir a favor de los jóvenes. «Mi experiencia, mi posición: no debería eliminarse el trabajo de niñas, niños y adolescentes, pero tampoco deberían explotar o incitarlos a trabajar. Algunos trabajan por necesidad, pero además eliminar el trabajo de niños es como eliminar que tengan conciencia social», fueron la palabras del mandatario.

El asunto quedó zanjado. El nuevo Código del Menor fue promulgado por la Asamblea Nacional y el senador Adolfo Mendoza lo explicó de forma sencilla: «el límite de edad definido de manera formal por el Código del Niño, Niña y Adolescente es de 14 años, y allí se abren dos excepciones: trabajo por cuenta ajena, a partir de los 12 años, que es lo que permiten los convenios internacionales, y trabajo por cuenta propia a partir de los 10 años».

El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, reconoció que elaborar la ley fue en desafío por que el Estado había firmado un conjunto de convenios internacionales sobre los derechos de las niñas, niños y adolescentes, pero reiteró que «existe una realidad boliviana, una modalidad propia de lo que es el trabajo y la situación de los niños y adolescentes del país”.

Conoce las 8 formas de esclavitud infantil:

 

Así es el trabajo infantil en el mundo 


En el Sur de Asia, 17 millones de niños son obligados a trabajar, de los cuales 5,8 millones corresponden a la India, 5 millones a Bangladesh y 3,4 millones a Pakistán, según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Resalta que estos tres países están entre las diez principales naciones proveedoras de la Unión Europea (UE) de productos de confección.

La directora del programa de los derechos laborales fundamentales de la OIT, Corinne Vargha, indicó que «a pesar de que ha habido una disminución en el número de niños que trabajan a nivel global, la mayoría de ellos se encuentran en Asia y el Pacífico. La magnitud del problema en el Sur de Asia es particularmente preocupante».

De acuerdo al informe, la mayoría de los niños trabajan en actividades agrícolas. En el caso de India y Pakistán destaca la presencia de menores en los campos de algodón, siendo estos dos países grandes productores mundiales.

Mientras que en Bangladesh investigaciones recientes revelaron casos alarmantes de explotación de niños en fábricas textiles y en la manipulación de productos tóxicos para la curtiduría de pieles, sin usar ningún tipo de protección.

Además, un reportaje de la BBC, transmitido el año pasado, sobre la fabricación de prendas de la marca de ropa Zara en Bangladesh obligó a la compañía a cerrar sus talleres en ese país.

 En África, los niños son vendidos por su padres a cambio de ganado, son explotados en plantaciones y minas, o se convierten en trabajadores domésticos. Tan solo en África Sub-sahariana 59 millones de menores están en situación de trabajo.

En los países de este continente, destaca la trata de niños y niñas, el reclutamiento de menores en conflictos armados, la minería en pequeña escala, el trabajo peligroso en la agricultura, la explotación sexual comercial y el trabajo doméstico.

Cada año el problema se agrava a causa de la pobreza extrema, el elevado crecimiento demográfico, la propagación del VIH/SIDA, las crisis alimentarias, así como los conflictos y la inestabilidad política.

En el caso de Europa, los niños son secuestrados para luego ser utilizados como mano de obra barata o son explotados sexualmente en redes de prostitución, sobre todo en Europa del Este.

Asimismo, en América del Norte y América Latina, muchos niños son víctimas de la prostitución y son explotados cada vez más por los narcotraficantes. Según la Organización Internacional del Trabajo, hasta el 2014, en América Latina y el Caribe 12,5 millones de niños formaban parte de la fuerza laboral, de los cuales 9,5 realizan trabajos peligrosos.

 

 

Latinoamérica lidera en avances


De acuerdo al informe de la OIT, en los últimos años se ha logrado reducir en 7,5 millones el número de niños en trabajo infantil, pero se necesitarán al menos 40 años para lograr el objetivo de la erradicación.

En aras de avanzar hacia ese objetivo, en octubre del año pasado los ministros de Trabajo y representantes de 25 países de América Latina y el Caribe suscribieron en Lima, capital de Perú, la declaración de constitución de una iniciativa para que la región quede libre de trabajo infantil en 2020 mediante la cooperación intergubernamental.

La «Iniciativa Regional América Latina y El Caribe Libre de Trabajo Infantil» fue firmadapor representantes de Argentina, Bahamas, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

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Child labor hinders children’s education

Fuente Global Partnership / 13 de junio de 2016

We know that poverty often pushes children to work, yet when children leave school early to enter the labor force they are more likely to end up in occupations that limit their chances of breaking out of poverty.

June 12 is the World Day Against Child Labor and while the number of children 5-17 who work has declined by 30% since 2000, there are still 168 million child laborers worldwide according to the International Labour Organization (ILO). More than half, 85 million, are in hazardous work.

In the 2015 report Child Labour and Education – Progress, challenges, and future directions the ILO analyzes the role of child labor in keeping children away from school, as well as the lack of accessible, affordable and good quality schooling as a factor for children to enter the workforce.

The findings outlined in the report include:

  • Child labor lowers net primary enrollment ratios.
  • There is a strong negative effect of child labor on school attendance. In some countries, school attendance rates of working children are only about half of those of non-working children.
  • There is a significant negative correlation between levels of economic activity of children aged 7-14 years and youth literacy rates in the 15-24 age bracket.
  • Rural working children tend to be among the most disadvantaged.
  • Boys and girls often do different jobs. Girls are usually overrepresented in non-economic activities such as work in their “own household“. They also often bear the double burden of work outside and inside the house, often with little time left for schooling.
  • For children who manage to combine work and education, performance at school often suffers.

We know that poverty often pushes children to work, yet when children leave school early to enter the labor force they are more likely to end up in occupations that limit their chances of breaking out of poverty.

The achievement of the Sustainable Development Goal for Education rests on children being free to go to school rather than working to support their families, while ensuring decent work (SDG 8) and eliminating all child labor will be impossible without quality education for all children. Therefore, it is essential that we continue to work on exploring and addressing the links between education and child labor.

 

Link original: http://www.globalpartnership.org/blog/child-labor-hinders-childrens-education

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Educación, uno de los mayores retos para África

Fuente: Granma / 13 de junio de 2016

Menos del 20 % de las personas tienen acceso a las instituciones terciarias en el continente africano

PRETORIA.—La presidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA), Nkosazana Dlamini-Zuma, ad­virtió que la educación sigue siendo hoy uno de los mayores re­tos pa­ra el continente.

Menos del 20 % de las personas tienen acceso a las instituciones terciarias. Los bajos porcentajes de in­greso a la educación superior su­gie­ren que solo es nivel para la élite, ex­presó Dlamini-Zuma a los participantes en un foro de negocios con sede en la provincia sudafricana de Gau­teng, este jueves, reportó Pren­sa Latina.

Dijo que debe concretarse una mayor inversión en la educación y la calificación de los africanos.

“Tenemos que hacer una revolución de las capacidades en este continente”, subrayó al sugerir “más énfasis en la ciencia, tecnología, in­geniería y matemática”.

La funcionaria de la UA destacó que Etiopía es uno de los países de la región que está “aumentando su educación terciaria y coloca el 70 % de sus esfuerzos” en esa dirección.

También instó a formar el capital humano en un sector esencial en es­ta parte del mundo como la mi­nería; además se refirió a la necesidad de industrializar la agricultura.

Para Dlamini-Zuma es esencial el desarrollo de las habilidades en función de disponer de los propios recursos y utilizarlos a favor de la in­dustrialización de su economía.

 

Enlace original: http://www.granma.cu/mundo/2016-06-09/educacion-uno-de-los-mayores-retos-para-africa-09-06-2016-21-06-00

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Internacional de la Educación: Haga oír su voz sobre los temas de género de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Fuente: Internacional de la Educaciòn / 13 de Junio de 2016

La Internacional de la Educación invita a sus afiliadas a compartir sus experiencias y comentarios sobre 12 importantes resúmenes de políticas de género para abordar 12 áreas de inversión en niñas y mujeres para potenciar el progreso para todos.

 

Uno de los primeros resultados de la 4ª Conferencia Women Deliverque tuvo lugar en Copenhague, Dinamarca , del 16 al 19 de mayo es el lanzamiento de la Campaña Mundial Deliver for Good.

Esta campaña aporta una lente de género a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y promueve 12 inversiones importantes en niñas y mujeres. El periodo de consultas y comentarios sobre los resúmenes de políticas finalizará el 15 de junio de 2016.

Se ruega a las organizaciones miembros que participen en la consulta y firmen su compromiso con #deliverforgood.

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