Page 138 of 400
1 136 137 138 139 140 400

Estados Unidos da la espalda a los idiomas extranjeros

Solo el 20% de los alumnos estadounidenses de colegios públicos aprende otra lengua en su etapa escolar, en comparación al 92% de los europeos

América del Norte/EEUU/elpais.com

En casi la mitad de los países europeos es obligatorio que las escuelas enseñen un idioma extranjero durante al menos un año. Y donde no es ley, una amplia mayoría de colegios lo hace de todas formas. El 92% de los estudiantes aprende otra lengua, y el inglés domina la oferta y la demanda. Sin embargo, en Estados Unidos el interés por conocer otros idiomas no es correspondido. Solo el 20% de los alumnos recibe clases de un idioma extranjero, que suele ser español. Tiene sentido en un país donde hay 40 millones de hispanohablantes.

Sèbastien Lefort, matemático francés de 37 años, aprendió inglés y un alemán ramplón cuando estudió en un colegio público en Metz. Su hija de seis años ya tiene clases de inglés y a los 12 podrá escoger un segundo idioma para agregar a su currículo. En Francia, al igual que en otros seis países europeos, el 100% de los estudiantes de primaria y secundaria aprenden un segundo idioma, según Eurostat. Lefort aclara que la enseñanza que él recibió no fue de calidad, dando crédito a la fama que tienen sus compatriotas. “En Francia, durante mucho tiempo, a nadie le importaba hablar inglés, por lo que hay muchos profesores de la vieja escuela que simplemente no lo hablan”. Ahora ve que su hija va mejor encaminada porque a pesar de su corta edad ya ha viajado fuera del país y entiende que existe solo una llave para comunicarse globalmente: el inglés.

En Europa, los estudiantes suelen comenzar a estudiar su primera lengua extranjera como asignatura obligatoria entre los 6 y los 9 años. Además, 20 países tienen en sus planes lectivos un segundo idioma extranjero en el instituto, según un informe de Pew Research Center. El 92% de los estudiantes del Viejo Continente aprende una segunda lengua en la escuela —en España un 96%—, que es mayoritariamente inglés, seguido por francés y alemán. Un panorama totalmente distinto al de las aulas de Estados Unidos. En los 50 Estados que integran la primera potencia mundial, solo el 20% de los estudiantes de K-12 (como se denomina a la educación primaria y secundaria) tienen clases de idiomas extranjeros, según el Consejo Americano de Educación de 2017. La académica Aneta Pavlenko explica que esa diferencia radica en la baja motivación. “Cuando viajan, los suecos y los holandeses no esperan alojarse en un sitio donde hablen su propio idioma. Los estadounidenses no tienen ese problema”. La experta considera que la mayor desventaja de que Estados Unidos no hable otro idioma —algo que está cambiando con la fuerte presencia del español— es que no acceden a información y perspectivas distintas de los nacionales. “Los estadounidenses están relegados a recibir noticias de segunda mano sobre el resto del mundo”, concluye.

Hay Estados y ciudades de EE UU donde sí se han implementado normativas que incluyen la enseñanza de un idioma distinto del inglés para graduarse en el instituto.

En California, por ejemplo, es obligación cursar un curso de artes o un idioma extranjero (entre los que se incluye el lenguaje de señas estadounidense) para lograr la titulación. En el caso de los alumnos de Oklahoma pueden optar por cursar dos años de la misma lengua extranjera o bien recibir clases de informática. Por el contrario, los estudiantes de Nueva Jersey, la ciudad ejemplo, deben obtener “al menos cinco créditos en idiomas del mundo” para poder terminar el ciclo formativo.

En total, diez Estados y el Distrito de Columbia exigen una lengua extranjera para obtener el título, los requisitos de otros 24 Estados permiten elegir entre un segundo idioma u otro tipo de cursos y 16 Estados no exigen ningún tipo de requisito relacionado con el aprendizaje de un segundo idioma.

En EE UU no existe una normativa nacional respecto a la enseñanza de idiomas, como sí ocurre en la mayoría de los países europeos. Los requisitos se establecen principalmente en el distrito escolar o en lo estatal. Nueva Jersey presume de ser la ciudad con la mayor tasa de alumnos que estudian un segundo idioma, con un 51%, seguido por el Distrito de Columbia, la capital del país (47%), y Wisconsin (36%). Al otro lado del Atlántico, Bélgica tiene el porcentaje europeo más bajo de estudiantes que aprenden otro idioma con un 64%.

La comparativa puede resultar injusta considerando que el inglés es el idioma más poderoso del mundo. No por tener el mayor número de hablantes nativos —el mandarín y el español tienen más—, sino por ser la segunda lengua más extendida, con cerca de 1.500 millones de angloparlantes. El estadounidense, además, no considera que aprender un idioma sea necesario para triunfar laboralmente. Solo para el 36% de los estadounidenses hablar un idioma extranjero es importante para tener éxito en el trabajo. Casi el mismo porcentaje que saber usar las redes sociales (37%), según otro estudio de Pew Research Center.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2018/08/13/actualidad/1534192135_735065.html?id_externo_rsoc=TW_CC

Comparte este contenido:

EEUU: Law Students Looking to Fight Trump’s Agenda Will Not Find Support at Their Schools

América del Norte/EEUU/Osama Alkhawaja/Truthout

Resumen: En los días posteriores a que Donald Trump emitiera su primera prohibición de viajar, los abogados pro bono de todo el país se celebraron » como superhéroes » y la cantidad de personas que solicitan ingresar a la facultad de derecho va en aumento. Muchos de estos solicitantes buscan armarse con un título de Juris Doctor para resistir la agenda de Trump. Si las tendencias actuales de empleo continúan , el 80 por ciento de mis pares pronto renunciarán a la oportunidad de usar su educación legal para ayudar a otros y en su lugar eligen trabajar en un bufete de abogados para ayudar a mantener el salario promedio inicial de $ 180,000. . Sí, las dos opciones son mutuamente excluyentes. Hacer horas pro bono en el costado difícilmente mitiga los daños de representar a personas como Chevron y Lockheed Martin. Es fácil creer que la carga de la deuda estudiantil es la razón más común por la cual tantos estudiantes de derecho bien intencionados abandonan las carreras de interés público, pero la verdadera razón es más fundamental y está enraizada en una educación legal que fomenta y recompensa la apatía.


In the days after Donald Trump issued his first travel ban, pro bono attorneys across the country were celebrated “like superheroes,” and the number of people applying to law school is increasing. Many of these applicants are seeking to arm themselves with a Juris Doctor degree to resist Trump’s agenda.

Unbeknownst to them, though, law schools are ruthlessly efficient at systematically changing the disposition of even the most passionate civil rights activists into apathetic and institutionalized corporate attorneys.

Over the past year, I have watched this phenomenon unfold firsthand. The majority of students I met at my law school orientation seemed genuinely interested in wanting to learn how to use their legal education to make the world a better place. From environmental protection to antiwar advocacy, there was hardly a social justice cause left unrepresented by my incoming class. Unfortunately, as we approach the start of our second year, the old aphorism is proving to be true: The first thing most of us lose in law school is the reason why we came.

If current employment trends continue, 80 percent of my peers will soon forgo the opportunity to use their legal education to help others and instead choose to work at a law firm to help maintain the $180,000 median starting salary top law school graduates are so proud to have. Yes, the two choices are mutually exclusive. Doing pro bono hours on the side hardly mitigates the damages of representing the likes of Chevron and Lockheed Martin. It’s easy to believe the burden of student debt is the most common reason for why so many well-intentioned law students give up on public interest careers, but the true reason is more foundational, and rooted in a legal education that fosters and rewards apathy.

This is in contrast to the popular narrative in which a legal education is supposed to give law students the tools to challenge racial, gender and sexual discrimination, protect families from being separated at the border and push for criminal legal reform; when instead, our nation’s top law schools merely specialize in teaching professional indifference. Duncan Kennedy, a Harvard Law professor, explained how the standard legal curriculum “seems to consist of learning rules … while rooting for the occasional judge who seems willing to make them marginally more humane. The basic experience is of double surrender: to a passivizingclassroom experience and to a passive attitude toward the content of the legal system.” Apathy is the natural consequence of this “passive attitude” that reduces people, history and context to a backdrop in an endless series of exercises designed to teach us how to detach the human experience from our “objective analysis” of the law.

For example, when we read a case about a coal-mining factory opening up next to a residential area, we are taught to resist our intuition of asking whether it is wrong for the coal company to pollute the neighborhood. Instead, we are conditioned to simply ignore socioeconomic inequities and racial undercurrents and make a legal determination that merely applies precedent to reach an efficient outcome. In doing so, we ignore the fact that established law is inconsistent — not based on any set principles, discriminates arbitrarily, and favors efficiency and the status quo over the dignity of individuals.

In the best-case scenario, this learned-apathy turns law students into neutral observers of injustice. At worse, they become gears and cogs in a system of injustice themselves. These outcomes reflect the grade-school premises we are taught to accept in law school: That the law is fundamentally good, that those who break it are fundamentally bad, and that our job as lawyers is simply to apply the law, not change it. These are inherently conservative notions that both liberals and conservatives learn to internalize in law school. Classroom debates rarely reflect the left vs. right divide we would expect them to. Instead, professors deny and de-emphasize the political character of legal decisions, and as a consequence, judges from both sides of the isle are religiously venerated in our classrooms, regardless of the impact their decisions may have had on the most vulnerable members of our society.

Only a small percentage of law students are able to counter this subtle indoctrination, and like Frankenstein’s monster, apathetic lawyers are soon created by a system in denial of the damages of its progeny. These apathetic lawyers value efficiency over justice, they commend impartiality in the face of oppression and they advocate for laws that are consistently applied, even if they are morally reprehensible. These lawyers occupy all three branches of our government and refuse to challenge the morality of the laws they are protecting.

To counter this trend, law schools must systematically change their curriculums to prioritize human dignity over legal continuity and empower students to use their legal education to help the disenfranchised, not merely grovel at the halls of the already powerful. Meanwhile, the thousands of law students who are enrolling in classes over the next few months must do everything they can to preserve the empathy that inspired them to pursue this career in the first place.

Comparte este contenido:

¿Por qué la Universidad de Nueva York ofrecerá gratis la carrera de medicina?

América del norte/Estados Unidos/23 Agosto 2018/Fuente: Semana

Los alumnos de Medicina de la Universidad de Nueva York pagaban hasta unos USD 55.000 anuales por su educación. A partir de ahora, estudiarán gratis.

El costo anual promedio de estudiar medicina en un centro de educación privada en Estados Unidos es de USD 59.605, solamente en tasas académicas. A partir de ahora, sin embargo, algunos alumnos actuales y futuros de la Universidad de Nueva York (NYU, por sus siglas en inglés) lo podrán hacer absolutamente gratis. Este viernes, esa institución anunció su decisión de otorgar becas a todos sus estudiantes de medicina, independientemente de sus méritos o de su estatus socioeconómico.

La medida supondrá para cada alumno un ahorro de hasta unos USD 55.000 anuales, que es el monto al que alcanzaban los pagos de tasas y matrículas allí hasta ahora. Con esta decisión, NYU se convierte en la única dentro de las 10 mejores escuelas de medicina de Estados Unidos en ofrecer esta carrera de forma completamente gratuita.

Becas para siempre

Pero, ¿cómo podrá este centro de estudios becar a todos esos alumnos en una carrera tan costosa? NYU decidió crear un fondo con donaciones con el que espera poder financiar estos costos a perpetuidad. De acuerdo con sus cálculos para ello requiere de unos USD 600 millones, de los cuales ya ha recolectado más de USD 450 millones gracias a la ayuda de más de 2.500 donantes.

En lo inmediato, la medida beneficiará a 93 estudiantes de primer año (hay otros 9 que ya están cubiertos por otros programas), así como a los restantes 350 alumnos que se encuentran en años más avanzados de la carrera.

Los alumnos, sin embargo, deberán seguir asumiendo los demás costos asociados con vivir en una ciudad como Nueva York, incluyendo alojamiento, alimentación, transporte, etc. La Escuela de Medicina de NYU anunció su decisión de forma inesperada esta semana, durante la llamada ceremonia de las Batas Blancas, cuando los nuevos alumnos reciben esa prenda al comenzar su primer año de carrera.

Cambiar la Medicina

La Universidad de Nueva York tomó esta medida impulsada por la preocupación sobre el efecto que los altos costos educativos están teniendo en la profesión médica. «Esta decisión reconoce un imperativo moral que debe ser atendido, en la medida en que las instituciones cargan con una creciente deuda a los jóvenes que aspiran a ser médicos», señaló el doctor Robert I. Grossman, decano de la Escuela de Medicina de NYU.

Según datos de las Asociación Estadounidense de Escuelas de Medicina (AAMC, por sus siglas en inglés), 75% de los egresados en esta carrera en 2017 tienen deudas relacionadas con sus estudios. El nivel promedio de estas acreencias es de USD 202.000 pero hay un 21 por ciento de los nuevos médicos cuyas deudas superan los USD 300.000.

La exorbitante deuda estudiantil está transformando la profesión médica de una forma que afecta negativamente la atención sanitaria. «Cargados con impresionantes créditos estudiantiles, muchos egresados de las escuelas de medicina escogen especialidades con mayores remuneraciones, lo que aleja al talento de campos menos lucrativos como la atención primaria, pediatría y obstetricia y ginecología», señaló NYU en una nota de prensa.

«Más aún, las barreras financieras disuaden a muchos estudiantes prometedores de considerar siquiera la posibilidad de estudiar medicina debido a los temores por los costos asociados con esos estudios», advirtió.

«Creemos que con esta iniciativa de educación gratuita hemos tomado un paso necesario y racional para atender la necesidad crítica de formar a los médicos más talentosos es el nuevo hito en el esfuerzo de la Escuela de Medicina de NYU para transformar la educación en este campo sin cargarlos con una deuda apabullante», señaló Grossman. «Esperamos que muchos otros centros educativos en medicina decidan pronto unirse a nosotros en esta ruta», agregó. Queda por ver si, efectivamente, su ejemplo se replica.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/universidad-de-nueva-york-ofrece-gratis-carrera-de-medicina/580002

Comparte este contenido:

La secretaria de Educación de EE.UU. estudia destinar fondos a la compra de armas para profesores

América del norte/Estados Unidos/23 Agosto 2018/Fuente: ABC

Tal como revela The New York Times, existe un documento en el que Betsy DeVos utilizará un vacío legal para llevar a cabo la medida

La secretaria de Educación de Estados Unidos, Betsy DeVos, está estudiando si, a través de un vacío legal, puede destinar los fondos federales previstos para la educación para comprar armas para los profesores, y poder defenderse así de posibles tiroteos o ataques que haya en las escuelas, según informa este jueves The New York Times.

De llevarse a cabo, esta medida sería histórica, pues la posición adoptada por el Gobierno de Estados Unidos durante años ha sido la de alejar las armas de fuego de los centros educativos. Además, acabaría con los esfuerzos del Congreso por impedir que los fondos federales se utilicen para la compra de armas. Precisamente el pasado marzo, el Congreso estadounidense aprobó una Ley de Seguridad Escolar por la que se asignaban 50 millones de dólares al año destinados a las escuelas, pero con una prohibición expresa de que se invirtieran en la compra de armas de fuego.

Por ello, lo que examinan DeVos y su equipo son las subvenciones destinadas al apoyo estudiantil y al enriquecimiento académico, donde no se menciona expresamente ninguna prohibición relativa a lacompra de armas. Este vacío legal es el que permitiría a la secretaria de Educación utilizar parte de los fondos para suministras al personal docente de armas de fuego. Lo que podría impedir esta situación sería que el Congreso, del mismo modo, rellene ese vacío y prohíba esta utilización a través de leyes.

«El departamento está constantemente considerando y evaluando asuntos de política, particularmente relacionados con la seguridad escolar», dijo Liz Hill, portavoz del Departamento de Educación a The New York Times.

Este programa de subvenciones al apoyo estudiantil surge de la Ley «Every Student Succeeds», y está destinado a dar más oportunidades académicas y de enriquecimiento a las escuelas más pobres de Estados Unidos. La utilización de este dinero tiene tres objetivos: brindar una educación integral, mejorar las condiciones escolares de aprendizaje y mejorar el uso de la tecnología en las aulas.

Varios funcionarios del departamento de Educación han reconocido a The New York Times que, en caso de que se lleve a cabo esta medida, sería la primera vez que se autoriza la compra de armas sin que haya una orden del Congreso de por medio.

Ya el pasado mes de marzo, tras la matanza de Parkland, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó la posibilidad de armar a todos los profesores, pese a las voces contrarias que consideran que no solo no sería una solución, sino que favorecería el aumento de los tiroteos.

Fuente: https://www.abc.es/sociedad/abci-secretaria-educacion-eeuu-estudia-destinar-fondos-compra-armas-para-profesores-201808231156_noticia.html

Comparte este contenido:

We can’t retool U.S. schools based on Finland or China

Get Schooled recently ran an essay about Chinese education, in which “the goals are excellence, diligence and compliance.” This approach was valorized in the narrative provided by Amy Chua in “Battle Hymn of the Tiger Mother,” in which she argues on behalf of highly disciplined, harsh, authoritarian schooling and parenting.

The Get Schooled essay challenged readers to consider whether U.S. schools should become more like Chinese schools, and U.S. parents more like Chinese parents, in order for the U.S. to challenge the Chinese in their performance on international standardized tests.

The specter of falling behind has motivated school reform many times. When I was in first grade in 1957, the Soviets launched Sputnik, and we fell behind in the space race, prompting massive efforts to overhaul schools under the assumption our STEM education was inadequate.

By 1983 I was a high school English teacher in Illinois. That year A Nation at Risk was published by President Reagan’s National Commission on Excellence in Education, opening with “Our once unchallenged preeminence in commerce, industry, science, and technological innovation is being overtaken by competitors throughout the world …the educational foundations of our society are presently being eroded by a rising tide of mediocrity that threatens our very future as a Nation and a people…others are matching and surpassing our educational attainments.”

Around that time, it was common for Americans to lament our failures relative to Japan and its culture of worker compliance and loyalty, and academic excellence. I taught some Japanese exchange students back then, and they talked about how their teachers would hit them if they got too interested in someone of the opposite sex, which would take their attention from their studies. Further, suicide notes of Japanese teens often identified pressure to succeed in school as the cause of their decision to end their lives. But their tests scores were impressive.

It probably helped that Japan did not have a military and its enormous costs, and so could focus its resources and attention largely on commerce, education, infrastructure, and other domestic investments. That fact was mostly absent from appeals for the U.S. to be more like Japan, even though at the time we were still recovering from the costs of Vietnam and beginning the Reagan-era military buildup.

More recently, Finland has been set as the model for U.S. schools, again because of their comparative scores on international tests, and their unusually happy teachers.

It’s always tempting to see greener grass on the other side of the ocean, without getting close enough to notice how much manure lies at ground level or how different the weather might be to green up what’s visible. I think that looking longingly at other nations can be deceiving, and for a variety of reasons.

First, the nations we are encouraged to emulate tend to be culturally and racially homogeneous. Having a monoculture helps to focus on and perpetuate national goals and ways of being. I don’t say that to argue against cultural diversity of the sort we have in the United States. I think the multiplicity of perspectives across the social spectrum is healthy and invigorating, if often difficult to put into harmony. Diversity does work against common cause, however, including agreeing on the purpose and process of education.

Trying to be more like Finland, or China, or Japan, or the next shiny distraction overseas overlooks the critical issue that context matters in how social institutions function, and matters a great deal.

Let’s take Finland, a monocultural nation with a strong socialistic economic system. Schools are well funded, and children are protected by a range of social services that make them relatively healthy and school-ready. If you want U.S. schools to be like Finland’s, by all means vote to increase your taxes, because you can’t get their schools with our financing. If you want the U.S. to have schools like Finland’s, then you have to make the U.S. more like Finland.

If you want us to be more like China, then you have to reconceive a lot of American values. The Get Schooled essay includes the acknowledgement that the Chinese system produces “homogeneous and driven graduates” based on a “narrow and rigid approach [that] doesn’t yield a diverse, independent-thinking and inventive workforce…The Chinese system kills curiosity from a very early age…The Chinese [rely] on coercion and intimidation to establish order and routine.” They also have a culture in which test scores are indicators of both ability and character, and are highly prized as valid measures of success.

Within nations, there are local cultures that don’t often mix well. A few years ago, football star Adrian Peterson nearly lost his career when he disciplined his son by punishing him with a licking with a switch. That’s the way he’d been brought up in Texas, with the switch not spared. Culturally, Peterson was subjecting his son to a form of discipline that had been administered in his own family for generations. He thought he was being a good parent for doing what his parents had done to shape him up. But corporal punishment of children had become unacceptable to families working from other assumptions, and his career and public reputation were in tatters.

Peterson sounds as though he’d be a good fit in China, where according to the Get Schooled essay, “when 3-year-old Rainey begins an elite preschool refusing to eat eggs, his teachers force-feed him. When he balks at napping, teachers warn him the police will take him away. Other willful acts by children are met with threats their mothers will not return to pick them up at the end of the day.” But not in Minnesota, where his football career had taken him to, and where it nearly ended because of the severe disciplinary methods he used in his home.

I’m not here to attack or defend whipping kids with switches, being a Tiger Mom, or raising your taxes. (Well, I’d defend the last one, and I’m sure many of you would attack.) My point is simply to say that you can’t take something out of its national or cultural context, deposit it neatly into one that’s quite different, and expect it to work the same.

We may well have something to learn from how other nations educate their children. But ignoring why those practices work there will have consequences here. If you have Finland Envy, or China Envy, or Japan Envy, make sure that you envy the whole country and how it is structured and populated before you isolate a schooling practice and insist we should institute it here.

Source of the article: https://www.myajc.com/blog/get-schooled/opinion-can-retool-schools-based-finland-china/ZcqxE1BJcpUunJkMUdKXaK/

 

Comparte este contenido:

School Choice Is the Enemy of Justice

By  Erin Aubry Kaplan

In 1947, my father was one of a small group of black students at the largely white Fremont High School in South Central Los Angeles. The group was met with naked hostility, including a white mob hanging blacks in effigy. But such painful confrontations were the nature of progress, of fulfilling the promise of equality that had driven my father’s family from Louisiana to Los Angeles in the first place.

In 1972, I was one of a slightly bigger group of black students bused to a predominantly white elementary school in Westchester, a community close to the beach in Los Angeles. While I didn’t encounter the overt hostility my father had, I did experience resistance, including being barred once from entering a white classmate’s home because, she said matter-of-factly as she stood in the doorway, she didn’t let black people (she used a different word) in her house.

Still, I believed, even as a fifth grader, that education is a social contract and that Los Angeles was uniquely suited to carry it out. Los Angeles would surely accomplish what Louisiana could not.

I was wrong. Today Los Angeles and California as a whole have abandoned integration as the chief mechanism of school reform and embraced charter schools instead.

This has happened all over the country, of course, but California has led the way — it has 630,000 students in charter schools, more than any other state, and the Los Angeles Unified School District has more than 154,000 of themCharters are associated with choice and innovation, important elements of the good life that California is famous for. In a deep-blue state, that good life theoretically includes diversity, and many white liberals believe charters can achieve that, too. After all, a do-it-yourself school can do anything it wants.

But that’s what makes me uneasy, the notion that public schools, which charters technically are, have a choice about how or to what degree to enforce the social contract. There are many charter success stories, I know, and many make a diverse student body part of their mission. But charters as a group are ill suited to the task of justice because they are a legacy of failed justice.

Integration did not happen. The effect of my father’s and my foray into those white schools was not more equality but white flight. Largely white schools became largely black, and Latino schools were stigmatized as “bad” and never had a place in the California good life.

It’s partly because diversity can be managed — or minimized — that charters have become the public schools that liberal whites here can get behind. This is in direct contrast to the risky, almost revolutionary energy that fueled past integration efforts, which by their nature created tension and confrontation. But as a society — certainly as a state — we have lost our appetite for that engagement, and the rise of charters is an expression of that loss.

Choice and innovation sound nice, but they also echo what happened after the 1954 Brown v. Board of Education Supreme Court decision, when entire white communities in the South closed down schools to avoid the dread integration.

This kind of racial avoidance has become normal, embedded in the public school experience. It seems particularly so in Los Angeles, a suburb-driven city designed for geographical separation. What looks like segregation to the rest of the world is, to many white residents, entirely neutral — simply another choice.

Perhaps it should come as no surprise that in 2010, researchers at the Civil Rights Project at U.C.L.A. found, in a study of 40 states and several dozen municipalities, that black students in charters are much more likely than their counterparts in traditional public schools to be educated in an intensely segregated setting. The report says that while charters had more potential to integrate because they are not bound by school district lines, “charter schools make up a separate, segregated sector of our already deeply stratified public school system.”

In a 2017 analysis, data journalists at The Associated Press found that charter schools were significantly overrepresented among the country’s most racially isolated schools. In other words, black and brown students have more or less resegregated within charters, the very institutions that promised to equalize education.

This has not stemmed the popular appeal of charters. School board races in California that were once sleepy are now face-offs between well-funded charter advocates and less well-funded teachers’ unions. Progressive politicians are expected to support charters, and they do. Gov. Jerry Brown, who opened a couple of charters during his stint as mayor of Oakland, vetoed legislation two years ago that would have made charter schools more accountable. Antonio Villaraigosa built a reputation as a community organizer who supported unions, but as mayor of Los Angeles, he started a charter-like endeavor called Partnership for Los Angeles Schools.

This year, charter advocates got their pick for school superintendent, Austin Beutner. And billionaires like Eli Broad have made charters a primary cause: In 2015, an initiative backed in part by Mr. Broad’s foundation outlined a $490 million plan to place half of the students in the Los Angeles district into charters by 2023.

I live in Inglewood, a chiefly black and brown city in Los Angeles County that’s facing gentrification and the usual displacement of people of color. Traditional public schools are struggling to stay open as they lose students to charters. But those who support the gentrifying, which includes a new billion-dollar N.F.L. stadium in the heart of town, see charters as part of the improvements. They see them as progress.

Despite all this, I continue to believe in the social contract that in my mind is synonymous with public schools and public good. I continue to believe that California will at some point fulfill that contract. I believe this most consciously when I go back to Westchester and reflect on my formative two years in school there. In the good life there is such a thing as a good fight, and it is not over.

Source of the article: https://www.nytimes.com/2018/08/14/opinion/charter-schools-desegregation-los-angeles.html?rref=collection%2Ftimestopic%2FEducation&action=click&contentCollection=opinion&region=stream&module=stream_unit&version=latest&contentPlacement=3&pgtype=collection

Comparte este contenido:

EE.UU.: entrenaban niños para realizar ataques en escuelas

Redacción: Clarín

La policía descubrió un precario campamento en el desierto de Nuevo México donde un hombre y su familia adiestraban a 11 chicos en el uso de armas.

La Justicia de Estados Unidos está investigando a un hombre y a otros cuatro adultos en Georgia, que vivían con niños en un complejo habitacional miserable en el desierto de Nueva México, a quienes entrenaba para llevar a cabo tiroteos escolares, de acuerdo con los documentos del tribunal.

Siraj Ibn Wahhaj, de 40 años, y cuatro de sus familiares fueron acusados de abuso infantil esta semana, después de que 11 niños desnutridos fueron encontrados en unas instalaciones improvisadas en el norte de Nueva México la semana pasada. Los niños, de 1 a 15 años, apenas tenían alimentos y no tenían acceso a agua potable, ni a higiene básica, según afirmaron las autoridades.

El hombre que adiestraba a los niños para realizar ataques en escuelas, junto a su defensor, en una audiencia judicial. (AP)

El hombre que adiestraba a los niños para realizar ataques en escuelas, junto a su defensor, en una audiencia judicial. (AP)

Un padre adoptivo de uno de los 11 niños les contó a las autoridades que los adultos habían entrenado al niño en el uso de un rifle de asalto para prepararlo y poder participar de los tiroteos escolares, de acuerdo con los documentos del tribunal que los fiscales presentaron ante el Tribunal de Distrito No 8 de Nueva México. En los documentos, los fiscales solicitaban que el juez mantuviera a Wahhaj detenido porque él significaba una amenaza para los niños y la comunidad en general.

Wahhaj fue arrestado inicialmente sobre la base de una orden judicial de Georgia que lo relacionaba con la desaparición de su hijo de 3 años en diciembre del año pasado. Las autoridades encontraron el cadáver en estado de descomposición de un niño pequeño en el complejo en Amalia, Nueva México, el lunes, aunque no han podido identificar de manera afirmativa que fuera el hijo de Wahhaj, Abdul-Ghani Wahhaj. El niño cumplía cuatro años el lunes.

Wahhaj y los otros adultos están bajo investigación por la muerte del niño y bajo la sospecha de entrenar a los niños en el uso de armas para avanzar en una “conspiración para cometer tiroteos escolares”, de acuerdo con las presentaciones ante el tribunal. Los documentos no ofrecieron ni más detalles, ni evidencia de dicho entrenamiento.

El complejo subterráneo, construido a partir de una casa rodante cubierta de plástico, contenía vidrios rotos, pedazos de madera peligrosos y había fugas de gas propano, según una demanda penal. Cuando las autoridades allanaron el complejo encontraron a Wahhaj, fuertemente armado, junto con otro hombre, y tres mujeres que parecían ser las madres de los menores.

Los cinco adultos en el lugar fueron acusados de 11 casos de abuso infantil, un delito de tercer grado. Cada cargo implica una pena de hasta tres años de prisión. Wahhaj también enfrenta un caso de interferencia de custodia por separar “maliciosamente a su hijo de la madre durante un período de tiempo prolongado, de acuerdo con una demanda penal.

Los otros acusados fueron identificados como Lucas Morton, 40; Jany Leveille, 35; Hujrah Wahhaj, 38, y Subhanah Wahhaj, 35. Morton también fue acusado de alojar a un fugitivo, Siraj Ibn Wahhaj.

El padre de Siraj Wahhaj, quien lleva el mismo nombre que su hijo, es imán en una mezquita en Brooklyn, Nueva York. En una publicación en Facebook, en enero, el imán Wahhaj se refirió a tres de los adultos encontrados en el complejo: Siraj, Hujrah y Subhanah, como sus hijos.

Se refirió a Morton como su yerno y a Leveille, como su nuera. Sugirió que los niños que estaban con los adultos eran sus nietos.

Los funcionarios de la oficina del fiscal de distrito que manejan el caso no respondieron inmediatamente a los pedidos de comentarios el miércoles a la tarde. Tampoco lo hizo la oficina de la Defensoría pública en el Condado de Taos.

Las autoridades comenzaron a buscar a Siraj Ibn Wahhaj en diciembre después de que la madre de Abdul-Ghani Wahhaj le dijera a la policía que su padre se había llevado al niño al parque y no había regresado, de acuerdo con el Departamento de Policía del Condado de Clayton.

Después de caer en un choque de un solo vehículo en Alabama, días después de que el niño desapareciera, Siraj Ibn Wahhaj les dijo a las autoridades que iba camino a Nueva México para un viaje de campamento, junto con otros cinco niños y dos adultos.

La madre del niño le contó a la policía que Abdul-Ghani Wahhaj tenía retrasos del desarrollo y cognitivos, sufría de convulsiones y no podía caminar debido a un trastorno cerebral. La madre, Hakima Ramzi, suplicó desesperadamente por ayuda para encontrar a su hijo en un video publicado en Facebook en enero.

El alguacil del Condado de Taos, Jerry Hogrefe, donde sus oficiales habían investigado el complejo junto con el FBI y los detectives de Georgia, dijeron que cuando lo allanaron el viernes, encontraron un espacio “mugriento”, sin cañerías en su interior, sin electricidad y con basura por todos lados. Los niños estaban vestidos con harapos y parecía que no habían comido durante días, afirmó Hogrefe.

Los fiscales en las presentaciones ante el tribunal dijeron que en el lugar, ubicado en una zona montañosa a aproximadamente 12 km al sur de la frontera de Nueva México con Colorado, había maderas con clavos salientes, botellas y zanjas abiertas.

Comparte este contenido:
Page 138 of 400
1 136 137 138 139 140 400