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El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

Aram Aharonian

Lo que el Gobierno de Donald Trump  pretende en este su segundo mandato es liderar una reforma integral del mundo occidental con el objetivo de construir un incipiente Estado-civilización que, una vez restaurada su fuerza colectiva, pueda ejercerla sin restricciones para forzar a los rivales emergentes a subordinarse y así restaurar la unipolaridad.

El mundo “occidental y cristiano” al que estábamos acostumbrados, en el que EEUU proporcionaba la seguridad y recitaba sobre la libertad, se ha terminado y los analistas dudan que se pueda esperar a que Trump deje la presidencia para que Washington dé un giro. Trump escribió en su red Truth Social que, con efecto inmediato, elevaría el arancel mundial del 10 % al 15 % y dejó sentado  que su Gobierno determinará y emitirá los nuevos aranceles en los próximos meses

El historiador Michael Ignatieff, excandidato a primer ministro de Canadá, exrector de la Universidad Central Europea señala que en las acciones de Trump hay elementos del clásico imperialismo yanqui del siglo XIX, pero además hay algo nuevo: la provocación. Él ve qué puede obtener de sus provocaciones y, por eso, si se le responde con fuerza, como hicieron Canadá y México con las amenazas de los aranceles, se le puede hacer retroceder. Trump ya ha dejado claro que ya no quiere defender a Europa Occidental, sino obligarla a seguir sus planes y mandatos.

Muchos países euroccidentales han aumentado su gasto en defensa y eso parece que no satisface a Trump, sobre todo su las armas que adquirieron no son estadounidendeses. Pero hay que tener en cuenta el factor humano:  no basta con aumentar el presupuesto de defensa sino que se debe buscar que más jóvenes se enlisten en el servicio militar.

Trump no siente ninguna afinidad con las democracias, ni siquiera en su discurso, tal como lo hicieron continuamente sus predecesores: ve las cosas a través de un lente económico sin excepciones. Por eso, si países de América Latina tienen un superávit comercial con EEUU les impondrá aranceles, sin importar que sea un gobierno de derecha, centro o izquierda.

Donald Trump, inauguró este jueves la primera reunión de la llamada Junta de Paz (¿sólo para Gaza?) una nebulosa institución que, originalmente, debería traer el fin de la guerra a la franja palestina, aunque sus objetivos reales parecen apuntar más a la propaganda del hegemonismo global de Washington, la glorificación del propio Trump como paladín del fin de los conflictos y a la preeminencia de su aliado Israel en Oriente Medio, señala el analista español Juan Antonio Sanz.

No se sabe si los 10 mil millones de dólares que prometió Trump son para reconstruir Gaza y acelerar la llegada de ayuda humanitaria, o  para dotar de medios a esta Junta que pretende monitorizar la estrategia exterior de la Casa Blanca, arrebatar competencias a la ONU y «supervisarla»,  y,  de paso,  encubrir los crímenes de guerra que sigue cometiendo Israel en los territorios palestinos para asegurarse su anexión.

Estos revolucionarios de extrema derecha que gobiernan a EEUU. creen que sus antiguos aliados -Canadá y Europa Occidental- están atrapados en una especie de liberalismo permisivo que ya derrotaron en su país y ahora quieren derrotarlo  en todo el mundo. Y, por ello, de repente ven a sus aliados como enemigos. En su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente J.D. Vance denunció que la libertad de expresión en Europa está bajo ataque por las medidas adoptadas para frenar a la ultraderecha, que el trumpismo apoya y financia.

Mientras, en lo interior, los principales analistas advierten que el núcleo de los votantes de Trump parece agotado y desilusionado por las «guerras interminables», por los desastres de Irak y de Afganistán, porque sienten que el país está de vuelta a lo que vivió durante la guerra de Vietnam, esa sensación de que sus muchachos van al extranjero a luchar batallas sin sentido en países de los que nunca oyeron hablar.

Y a esto último hay que sumarle un elemento muy importante: la fatiga por el costo del imperio y el deseo de transferir esa factura a los aliados. ‘Europa, si quieres nuestra ayuda tienes que pagarla´: ese es el mensaje. Pareciera que todo es un negocio donde las vidas humanas no tienen valor…

Los funcionarios de la administración Trump han tenido dificultades para determinar cómo aumentar el gasto militar estadounidense en la impresionante cifra de 500.000 millones de dólares en su próximo presupuesto, lo que ralentiza el plan general de gastos de la Casa Blanca. El jefe de presupuesto de la Casa Blanca es uno de los que se opuso internamente al plan del secretario de Defensa de aumentar el gasto militar en aproximadamente un 50 %, según The Washington Post.

«Restaurar la civilización occidental»

Marco Rubio, Secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, afirmó en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich que Trump  se propone reconstruir y restaurar la civilización occidental, incluso actuando en solitario si Europa no acompaña. El cubanoestadounidense exaltó la grandeza de la civilización compartida y sostuvo que su “reanimación” insuflará nuevo ímpetu a las fuerzas armadas. Acto seguido, delineó el programa de Trump 2.0, de reindustrialización, fin de la migración masiva y reconfiguración de la gobernanza global, transformaciones que aseguró producirán dividendos concretos para las mayorías occidentales.

Criticó con especial dureza la deslocalización industrial hacia adversarios y competidores, la cesión de soberanía a instituciones internacionales, el “autoempobrecimiento para apaciguar a un culto climático” y la migración masiva. Admitió que esas decisiones fueron errores en los que participó el Gobierno estadounidense, que ahora busca corregirlos. Para Rubio, el proyecto estadounidense aspira, en  optimizar su red global de alianzas, aunque bajo un reparto de cargas “más equitativo”, o sea que todos los demás países financien los delirios trumpistas.

Pareciera ir de la mano de las teorías civilizacionales de Samuel Huntington y Alexander Dugin, centradas en la identidad como factor decisivo en la dinámica internacional.

No es de extrañar que el concepto de excepcionalismo estadounidense impregna su discurso, que sigue el libreto del anhelado poder mundial de Trump. Rubio afirmó que su país actuará en solitario si es preciso para restaurar la civilización occidental y describió la supuesta “decadencia terminal” de Occidente, tras la Segunda Guerra Mundial, como una “elección”. En esencia, Trump 2.0 buscaría encabezar reformas  para consolidar un naciente Estado-civilización que, tras recuperar su vigor colectivo, pudiera emplearlo sin restricciones para imponer su primacía y restaurar la unipolaridad.

La posición de Estados Unidos como única superpotencia ya no solo es cuestionada por rivales como China o Rusia, sino incluso internamente. En su segundo mandado, Trump, con sus deseos de hacerse con el control de Groenlandia, de recuperar el Canal de Panamá y de anexarse a Canadá parece exhibir un lado imperialista no visto antes.

El analista Rubén Armendáriz llama la atención sobre el indulto a José Orlando Hernández, expresidente hondureño condenado a 35 años de prisión por el alijo de 400 toneladas de cocaína a EEUU. Considera que es un hombre que bien puede diseñar las nuevas rutas del narcotráfico con el control estadounidense de la ruta interoceánica de Panamá y la ártica de Groenlandia. Hasta ahora Trump ha usado el estribillo de que son narcotraficantes los gobiernos latinoamericanos que él quiere derrocar, pero el verdadero problema está en su país y en su Gobierno.

 Es muy difícil saber si realmente detrás de los anuncios de Trump hay una estrategia o si simplemente son un conjunto de improvisaciones con las que busca obtener algunos objetivos transaccionales dependiendo de la reacción que haya, comenta la BBC inglesa.

Estados Unidos ha bautizado como «Lanza del Sur» la campaña militar que lleva a cabo en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, una operación que, bajo el argumento de combatir el narcotráfico, ha desencadenado una oleada de ataques contra embarcaciones y ha elevado la tensión regional, hasta culminar el 3 de enero de 2026 en una operación militar con bombardeos en Venezuela y el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa.

Washington también excluyó a Colombia de su lista de países cooperantes en la lucha contra el narcotráfico. La medida fue interpretada como una señal de distanciamiento político respecto a Bogotá. Más tarde, en octubre, retiró a Colombia la ayuda financiera estadounidense.

Las tensiones se agravaron aún más cuando el Departamento de Guerra estadounidense envió el 10 de noviembre tropas terrestres a Panamá para realizar maniobras en la selva, algo inédito en décadas. Dos días después, Venezuela anunció una movilización de 200.000 militares en todo su territorio como parte de unos ejercicios destinados a «responder a las amenazas de Estados Unidos», y la escalada belicista aún subió otro escalón con las maniobras militares estadounidenses en Trinidad y Tobago, apenas a 11 kilómetros de la costa venezolana.

Guerra y deuda, deuda y guerra

Así, Estados Unidos llegó en febrero de 2026 a acumular una impagable deuda pública de 56 trillones de dólares, más de 124% de su PIB (para los anglosajones, un trillón es una cantidad de 1.000.000.000.000. Según la Congressional Budget Office, el déficit presupuestario es de 1,9 trillones. Estas abominables cifras las costeaba el resto del mundo aceptando papeles sin respaldo como petrodólares y bonos del Tesoro a cambio de bienes reales: petróleo, minerales, alimentos, manufacturas.

Estados Unidos, antaño poderosa potencia económica, carece de capacidad productiva para cancelar esta aplastante deuda. Su propia clase dominante exportó sus capitales e industrias al Tercer Mundo para aprovechar los salarios de miseria de este. Su capitalismo industrial, antes productor de bienes, involucionó a capital financiero, que solo produce ficticios dividendos especulativos. La clase capitalista se hizo inmune a los impuestos que podrían amortizar el débito.

Hacia 1977 las grandes fortunas tributaban tasas de 70% sobre sus ingresos, hoy no pagan más de 22%, esconden sus beneficios en paraísos fiscales y fundaciones exentas de tributación; que financian elecciones tras las cuales los candidatos electos les prodigan generosas condonaciones y amnistías fiscales. Mientras, a pesar de la demoledora inflación y el aumento demográfico, los sueldos de los trabajadores y el gasto civil del Gobierno son los mismos que hacia 1970.

Pero la avaricia rompe el saco, y el latrocinio, la aceptabilidad de monedas sin respaldo. Inevitablemente, países cuya economía estaba basada en el oro negro proyectaron lanzar divisas que tuvieran más valor que el papel pintado de verde. Irak intentó el dinar, asociado al euro. Libia proyectó el dinar de oro, respaldado por sus reservas de 143 toneladas de oro e igual cantidad de plata. Ambos países fueron arrasados y minuciosamente saqueados por Estados Unidos o por fuerzas apoyadas por estos.

Sin embargo, la práctica estadounidense y europea de robar las reservas depositadas en bancos bajo su influencia obligó a la Federación Rusa, China, India y en general a los Brics a comerciar en monedas distintas del dólar carente de respaldo. Venezuela, agredida desde 2002 y encarnizadamente bloqueada desde 2017, asestó un golpe mortal al monopolio del petrodólar al vender sus hidrocarburos en rublos y yuanes, fuera del sistema Swift, y al movilizarlos en barcos de la “flota fantasma” rusa.

El plan de Trump  de hacer una reforma integral del mundo occidental para construir un Estado-civilización  subordinado a Washington, cuenta con que no tendrá oposición en su patio trasero (léase América latina) y que fácilmente puede «comprar» la adhesión de la dependiente Europa occidental…  y así restaurar la unipolaridad.

Aram AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/gobierno-estadounidense-intenta-restaurar-el-mundo-unipolar-usando-su-poder-militar-y-financiero/

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Anomalías en el vórtice polar amenazan a Estados Unidos: «Se encuentra al borde del colapso»

Anomalías en el vórtice polar amenazan a Estados Unidos: «Se encuentra al borde del colapso»

Por Trini N

Febrero podría quedar en la memoria estadounidense como el mes del colapso polar. Puede que no afecte en nada en tu vida cotidiana pero el clima se hará sentir. El vórtice polar está cambiando de forma drástica y las consecuencias las sentiremos en los próximos días ¿Qué cambios se esperan?

Qué sucede en el vórtice polar

El vórtice polar es una especie de «escudo» contra el frío más intenso de la Tierra. Nos ayuda a mantenernos a unas temperaturas adecuadas para nuestros cuerpos. ¿Cómo lo hace? Conservando el aire ártico confinado alrededor del Polo Norte. Si este sistema se debilita o se rompe, el equilibrio tambalea y puede derivar en consecuencias fatales para el ser humano, como un invierno impredecible donde las temperaturas bajo cero no serían el mayor de nuestros problemas.

El frío podría desplazarse hacia latitudes medias. Además, el invierno ya no se comportaría igual. El vórtice polar es una estructura atmosférica de gran escala, cuyo fin es girar sobre el hemisferio norte durante el invierno. Podemos imaginar que hablamos de un anillo de vientos muy intensos, que comprende desde la superficie hasta más de 48 kilómetros de altura.

Dentro de este perímetro, atrapa el aire más frío protegiéndonos de temperaturas que no podamos soportar. Los satélites meteorológicos del Servicio Nacional de Satélites, Datos e Información Ambiental (NOAA, por sus siglas en inglés), son eficientes para predecir el tiempo. No ayudan así a planear nuestro outfit y diferentes actividades al aire libre. En esta línea, los últimos datos que llegan desde el vórtice polar sobrecogen, estremecen y nos dejan en modo «alerta».

El vórtice polar nos ayuda, pero podría dejar de hacerlo

En condiciones normales, el vórtice polar mantiene el aire más frío atrapado en los polos y nos deja a salvo de temperaturas extremas. El problema surge cuando ese equilibrio se pierde, dando lugar a tormentas invernales alarmantes. Su sistema está organizado con dos capas conectadas. Por un lado, la estratosfera, a gran altitud, y, por otro, la troposfera, donde se crea el tiempo meteorológico que todos conocemos.

Cuando el vórtice polar alcanza el colapso o se debilita, el aire ártico se va hacia el sur. ¿La consecuencia de esto? Puede dar lugar a temperaturas gélidas y tormentas invernales a latitudes medias. Dichas interrupciones suelen ser la continuación a un evento de calentamiento estratosférico, cuando la suba de la presión y las temperaturas de la estratosfera generan alteraciones en el vórtice.

Las últimas semanas han estado marcadas por una vigilancia mayor a la estratosfera por parte de los meteorólogos. Han interceptado algo que podría afectar de lleno a los ciudadanos de Estados Unidos. Muy atento porque podría cambiar muchos de los planes que tienes en mente, abarcando desde el transporte que utilizas hasta los lugares que transitas.

Un escenario  gélido se presenta para Estados Unidos

La web del clima Severe Weather Europe prevé un colapso del vórtice polar que podría desencadenar olas de frío extremo este mes, después de un calentamiento estratosférico de hasta 50ºC. Dicho organismo recoge datos de un evento de calentamiento estratosférico previsto para mediados de febrero provocando la desestabilización  del vórtice polar complicando las perspectivas de finales del invierno para Estados Unidos, Canadá y Europa.

La ola de frío puede extenderse más de lo previsto por lo que aumenta la precaución en en infraestructuras eléctricas, calefacción y redes de transporte.

Las anomalías en el vórtice polar han hecho saltar las alarmas en Estados Unidos, ya que este tipo de situaciones pueden dañar ecosistemas no adaptados a temperaturas bajas, afectar a la fauna silvestre e incrementar el consumo energético. Mantente siempre informado y prevenido pero sobre todo más abrigo durante febrero.

Fuente de la Información: https://www.ecoportal.net/tecnologia/estados-unidos-vortice-polar-anomalia/

 

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Trump exige 1.000 millones de dólares a Harvard mientras el enfrentamiento se intensifica

El arrebato de Trump parece dejar a ambas partes firmemente atrincheradas en un conflicto que Trump había dicho anteriormente que estaba llegando a su fin.

El presidente Donald Trump está exigiendo un pago de 1.000 millones de dólares a la Universidad de Harvard para poner fin a su prolongado enfrentamiento con esa institución académica, duplicando la cantidad que había solicitado anteriormente mientras las partes parecen estar alejándose de un acuerdo.

El presidente elevó el monto en un mensaje en las redes sociales el lunes por la noche, diciendo que Harvard ha estado “comportándose muy mal”. Afirmó que la universidad debe pagar al gobierno directamente como parte de cualquier acuerdo, algo a lo que Harvard se ha opuesto, y que su administración no quiere “nada más que ver” con esa casa de estudios en el futuro.

Los comentarios de Trump en Truth Social fueron en respuesta a un informe del New York Times según el cual el mandatario retiró su demanda de un pago financiero. Trump negó que estuviera retrocediendo

Los funcionarios de Harvard no han comentado al respecto.

El arrebato de Trump parece dejar a ambas partes firmemente atrincheradas en un conflicto que Trump había dicho anteriormente que estaba llegando a su fin.

En junio pasado, Trump declaró que un acuerdo estaba a solo días de concretarse y que Harvard había actuado “muy apropiadamente” durante las negociaciones. Más tarde dijo que se estaba finalizando un acuerdo que requeriría que Harvard destinara 500 millones de dólares a la creación de una “serie de escuelas de oficios” en lugar de un pago al gobierno.

Ese acuerdo parece haberse desmoronado por completo. En su publicación en redes sociales, Trump declaró que la propuesta de la escuela de oficios había sido rechazada porque era “complicada” y “totalmente inadecuada”.

Harvard ha sido durante mucho tiempo el principal objetivo de Trump en su campaña para obligar a las universidades a obedecer sus órdenes. El gobierno le ha quitado a Harvard miles de millones de dólares en fondos de investigación e intentaron bloquear su inscripción de estudiantes extranjeros después de que el campus rechazara una serie de demandas del gobierno el pasado abril.

La Casa Blanca sostiene que está castigando a Harvard por tolerar el sesgo antijudío en el campus.

En un par de demandas, Harvard denunció que está siendo penalizada injustamente por negarse a adoptar las opiniones de la administración. Un juez federal coincidió con eso en diciembre, revirtiendo los recortes de fondos y calificando el argumento del antisemitismo como una “cortina de humo”.

La última escalada de Trump se produce mientras otros intentos suyos de controlar la educación superior están tambaleándose.

El otoño pasado, la Casa Blanca invitó a nueve universidades a unirse a un “pacto” que ofrecía prioridad de financiamiento a cambio de adoptar la agenda de Trump. Ninguna de las escuelas aceptó. En enero, la administración abandonó su defensa de un documento del Departamento de Educación que amenazaba con recortar el financiamiento de las escuelas por políticas de diversidad, equidad e inclusión.

Cuando asumió el cargo para su segundo mandato, Trump prometió arremeter contra las universidades de élite que, según él, habían sido invadidas por el pensamiento liberal y el sesgo antijudío. Sus funcionarios han congelado enormes sumas de fondos de investigación, de los cuales las universidades han llegado a depender para la investigación científica y médica.

Varias universidades han llegado a acuerdos con la Casa Blanca para restaurar el financiamiento. Algunos acuerdos han incluido pagos directos al gobierno, incluyendo 200 millones de dólares de la Universidad de Columbia. La Universidad de Brown acordó pagar 50 millones de dólares a grupos de desarrollo de la fuerza laboral estatal.

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La cobertura educativa de The Associated Press recibe el apoyo de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable del contenido. Encuentra los estándares de la AP para trabajar con organizaciones filantrópicas, una lista de las fundaciones y las áreas de cobertura que financian en AP.org.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2026-02-03/trump-exige-1-000-millones-de-dolares-harvard-mientras-el-enfrentamiento-se-intensifica

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Estados Unidos. Sindicatos convocan a huelga en Minnesota contra las políticas racistas de Trump

La izquierda debe luchar por construir un movimiento nacional contra ICE y el imperialismo, y exigir que los sindicatos de todo el país se movilicen en solidaridad con la huelga convocada este viernes 23 en Minnesota, expandiendo esta acción a todas las ciudades de Estados Unidos. Más que nunca, necesitamos unidad de acción e independencia política de los partidos capitalistas para luchar contra Trump ahora.

 

 

La Izquierda Diario

Internacional

Estados Unidos. Sindicatos convocan a huelga en Minnesota contra las políticas racistas de Trump

La izquierda debe luchar por construir un movimiento nacional contra ICE y el imperialismo, y exigir que los sindicatos de todo el país se movilicen en solidaridad con la huelga convocada este viernes 23 en Minnesota, expandiendo esta acción a todas las ciudades de Estados Unidos. Más que nunca, necesitamos unidad de acción e independencia política de los partidos capitalistas para luchar contra Trump ahora.

 

Ximena Goldman

 

Lunes 19 de enero | Edición del día

 

 

Compartimos para interés de nuestras lectoras y lectores la publicación de Ximena Goldman de Left Voice de Estados Unidos quienes forman parte de la Red Internacional La Izquierda Diario.

 

Los últimos meses de 2025 fueron complicados para Donald Trump. Él y su gabinete han sorteado mal las turbulentas aguas del escándalo de Epstein; la coalición de Trump sufrió importantes fracturas internas, como la deserción pública de Marjorie Taylor Greene; la economía estaba (y sigue estando) en mal estado, especialmente para la clase trabajadora, cuyos salarios no suben al mismo ritmo que los precios; y los demócratas han ido ganando terreno electoral, mientras la popularidad del presidente decae.

 

Sin embargo, en la era Trump, la debilidad del presidente no le ha impedido actuar al margen del equilibrio de fuerzas. A principios de enero, el ejército estadounidense bombardeó Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro y a Celia Flores, como primer acto de la llamada «Doctrina Donroe» de Trump. Las primeras manifestaciones contra esta injerencia imperialista en Latinoamérica ya se habían convocado en todo Estados Unidos cuando un agente del ICE disparó y mató a la observadora legal Renee Good en Minneapolis.

 

La invasión a Venezuela y el asesinato de Good marcan un punto de inflexión, tanto para la administración como para la resistencia contra el autoritarismo de Trump.

 

Caminos de Resistencia

El 10 y 11 de enero, después de cuatro días de furia en los que las masas de Minneapolis acosaron a ICE día y noche en una constante y masiva movilización ciudadana tras el asesinato de Good, cerca de mil manifestaciones tuvieron lugar en todo el país en ciudades y pueblos como Los Ángeles, Seattle, Detroit, Lansing, Chicago, Houston, Austin, Washington DC, Portland, Pensilvania y la ciudad de Nueva York.

 

En todas ellas, con distintos grados de énfasis, se expresó una rotunda indignación contra la brutal invasión desatada en las ciudades santuario por parte del ICE y agentes federales, junto con una enérgica denuncia de la intervención imperialista en Venezuela y Latinoamérica. «¡Fuera las manos de Venezuela! ¡Fuera las manos de Latinoamérica! ¡No a la guerra por el petróleo! ¡Fuera EE. UU. de Latinoamérica! ¡Fuera el ICE de nuestras ciudades!», fueron las consignas que se repitieron en las protestas convocadas por la coalición No Kings, junto con otras organizaciones, sindicatos y la izquierda en todo el país.

 

La unidad de estas dos luchas —contra el ICE y el imperialismo— no debe subestimarse. Las vastas clases medias y los trabajadores de las grandes ciudades santuario desarrollaron un profundo rechazo a la brutalidad policial como resultado del movimiento Black Lives Matter; han mostrado una enorme solidaridad con los inmigrantes frente a los ataques de Trump. Pero lo novedoso en los últimos días es un creciente pero generalizado rechazo a la intervención imperialista que va más allá de sectores de la izquierda y ONG específicas. Representa un avance respecto a la ruptura con el consenso sionista entre la base social tradicional del Partido Demócrata, catalizada por el movimiento contra el genocidio en Palestina. Se ha observado una conexión espontánea entre la violencia militar contra los países oprimidos y la violencia militar interna. Según las encuestas, el 57 % de los estadounidenses se opone a que Estados Unidos «gobierne» Venezuela y la mayoría se opone a la intervención militar en Venezuela y Groenlandia.

 

Trump, con su estrategia de «paz mediante la fuerza» tanto dentro como fuera de Estados Unidos, muestra abiertamente la conexión entre la agresión imperialista y la represión interna. En sus declaraciones tras el ataque a Venezuela, elogió al ejército y a las fuerzas federales por sus esfuerzos en el secuestro de Maduro, así como en ciudades estadounidenses como Chicago, Los Ángeles y Washington D. C. Ambos esfuerzos, según el presidente, tienen como objetivo proteger los «intereses estadounidenses» y son la forma concreta de su doctrina de «Estados Unidos Primero».

 

Aunque las cifras de las protestas del fin de semana pasado no alcanzaron los siete millones de personas que se movilizaron en las marchas de No Kings el 18 de octubre de 2025, decenas de miles de personas salieron a las calles en todo el país. La resistencia contra el autoritarismo en Estados Unidos está adoptando formas complejas y diversas. Crece desde abajo y es orgánica en las comunidades de las ciudades que han enfrentado la invasión federal de sus calles, desde Los Ángeles hasta Minneapolis, basándose en experiencias previas de lucha de clases y enfrentamientos con el estado. No sorprende que Minneapolis se haya convertido rápidamente en el centro de la resistencia al ICE, dado que anteriormente fue la chispa que encendió el fuego de BLM en 2020. Por lo tanto, presenta dificultades particulares para el gobierno local del Partido Demócrata reprimir la organización de base contra las operaciones de inmigración simplemente por la fuerza.

 

Desde febrero, y ahora ante la redoblada ofensiva antiinmigrante del ICE, sectores populares han participado en diferentes niveles de lucha, utilizando métodos que van desde la desobediencia civil hasta la autodefensa radical, incluyendo impedir que el ICE secuestre a trabajadores y familias, y organizar patrullas ciudadanas para monitorear al ICE y advertir a las familias de su presencia. Miles de personas en todo el país participan en capacitaciones donde voluntarios aprenden a responder a las redadas del ICE, como en la ciudad de Nueva York, donde cientos de personas han asistido a seminarios «¡Manos Fuera!» para organizarse y proteger a sus vecinos. Tras el asesinato de Renee Good, cientos de personas se reunieron en Detroit para celebrar una asamblea masiva y discutir los próximos pasos. Detroit Will Breathe y otras organizaciones locales impulsaron una lucha para unir las luchas contra los ataques xenófobos de Trump contra la inmigración y la agresión imperialista en el extranjero.

 

De especial importancia es el papel que han desempeñado los trabajadores en la lucha contra la ofensiva de Trump y las formas de represión cada vez más brutales y generalizadas empleadas por el ICE, con el pleno apoyo de la administración. En Los Ángeles, los sindicatos se movilizaron el año pasado para detener las redadas del ICE. Maestros de todo el país se están organizando en sus escuelas para proteger a sus estudiantes; como ejemplo temprano, los trabajadores de la educación y sus familias en Chicago se organizaron para acompañar a los estudiantes a la escuela y de regreso. El sindicato de maestros votó a favor de formar un «equipo santuario» en cada escuela para defender a los estudiantes inmigrantes y sus familias.

 

Sin embargo, la intervención del movimiento obrero ha sido tímida. Varios sindicatos han emitido comunicados contra las operaciones de ICE en sus ciudades y en todo el país; algunos incluso han denunciado el ataque de Trump a Venezuela y el secuestro de Maduro. Pero estas declaraciones deben transformarse en acciones, uniendo fuerzas con los millones de trabajadores que han tomado medidas en las últimas semanas. Las movilizaciones y la desobediencia civil son sumamente importantes, pero no pueden derrotar en última instancia los ataques imperialistas contra Latinoamérica ni la militarización de nuestras ciudades. Por sí solas, no pueden poner fin al terror de ICE en nuestras comunidades ni impedir que asesine y hiera gravemente a inmigrantes, activistas, vecinos y a cualquiera que proteste contra su brutalidad.

 

Hasta ahora, el movimiento de trabajadores no ha actuado para nacionalizar la lucha con el poder de fuego de la clase trabajadora; sin embargo, Minneapolis está una vez más yendo contra la corriente con un llamado a los sindicatos y movimientos sociales para participar en una huelga el 23 de enero para exigir justicia para Renee Good y el ICE fuera de nuestras ciudades.

 

Los sindicatos han comenzado a responder a la convocatoria, ante la presión de las bases. Entre los sindicatos que respaldaron la acción del 23 de enero se encuentran: el Sindicato de Empleados de Servicios Local 26, el Sindicato UNITE HERE Local 17, el Sindicato de Trabajadores de las Comunicaciones Local 7250, la Federación de Educadores de St. Paul Local 28, la Federación de Educadores de Minneapolis (AFT Local 59), la Alianza Internacional de Empleados de Escenarios Teatrales Local 13, el Sindicato de Graduados, el Sindicato Unido de Electricistas Local 1105 de la Universidad de Minnesota, el Sindicato de Transporte (ATU) Local 1005, el Comité de Pasantes y Residentes (SEIU) y la Federación Regional del Trabajo de Minneapolis (AFL-CIO).

 

Este llamado ya ha provocado una respuesta significativa en otras ciudades, como Nueva York, donde se encuentran los sindicatos locales de UFT, PSC-CUNY y UAW que están planeando acciones de solidaridad el viernes, junto con estudiantes de secundaria que también planean marchar.

 

Para que nuestras luchas crezcan y se unan, este llamado debe incluir una firme oposición a la intervención estadounidense en Venezuela y exigir la salida del imperialismo estadounidense de Latinoamérica. Además, basándose en las acciones que ya se están planificando en ciudades de todo el país, el llamado a paralizar el trabajo, las escuelas y las actividades escolares debe ser retomado por el movimiento obrero nacional.

 

Estamos bajo ataque: no podemos esperar al Congreso ni a los tribunales

Los principales medios de comunicación reflejan el sentir de millones de personas horrorizadas por la naturaleza extraordinaria, casi «paramilitar», de las operaciones del ICE, que han recibido la aprobación del poder ejecutivo. Está asumiendo el papel de una fuerza policial con poderes especiales para arrestar, golpear y torturar a inmigrantes, activistas de derechos humanos o vecinos solidarios —llamados «radicales» y «terroristas domésticos»— que se oponen a ellos. Tras el asesinato de Good, la represión del ICE se ha intensificado, especialmente en Minneapolis.

 

Con plena inmunidad, los agentes arrestan a personas para encerrarlas en centros de detención donde la tasa de mortalidad y las denuncias de violaciones de derechos humanos aumentan de forma escandalosa. Las personas negras y morenas son blanco de ataques abiertos: no solo inmigrantes, sino también indígenas, mexicano-estadounidenses, afroamericanos y cualquier persona cuya «etnia» se perciba como una amenaza para la nueva gestapo de Trump. El ICE, que ahora cuenta con el mayor presupuesto de cualquier otra agencia federal, ha funcionado eficazmente como un medio para institucionalizar milicias supremacistas blancas de extrema derecha mediante el reclutamiento agresivo del sector MAGA (Make America Great Again), que han nutrido los Proud Boys y otros grupos.

 

Ya hay cientos de testimonios que denuncian que, tras el asesinato de Good, los agentes del ICE han estado utilizando su asesinato para amenazar a otros manifestantes . «¿No aprendieron de lo que acaba de pasar?», amenazó un agente en Minnesota. «¿No aprendieron? ¡Por eso matamos a esa perra lesbiana!», gritó otro agente del ICE en un testimonio de manifestantes publicado en redes sociales. Esto se suma a cientos de casos bien documentados de brutalidad del ICE en los últimos días. Como escribe James Dennis Hoff :

 

Así como Trump utilizó y sigue utilizando agencias federales como el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) para llevar a cabo una agenda extrajudicial y extralegislativa para desmantelar y obstaculizar las agencias gubernamentales que se interponen en su camino, también está recurriendo cada vez más al uso de fuerzas federales armadas y a la amenaza o el uso real de la violencia estatal para llevar a cabo un programa político reaccionario de intimidación, represión, castigo y consolidación del poder que va mucho más allá de los límites del ejecutivo.

 

Sin embargo, esta coerción desenfrenada podría agravar aún más la situación en ciudades como Minneapolis, donde la población trabajadora ya vive bajo la presencia constante de las fuerzas federales y está aprendiendo a defenderse. Por eso, Trump ha dado marcha atrás en sus amenazas de promulgar la Ley de Insurrección para reprimir la disidencia, y por eso los tribunales de Minnesota han ordenado nominalmente a los agentes federales que controlen su uso de la fuerza contra los manifestantes.

 

Pero estos pequeños controles, en última instancia, sirven para normalizar la gran mayoría de los ataques de Trump, en lugar de oponerse a ellos. La magnitud del ataque exige unidad y acción. Trump ya ha amenazado con desplegar operaciones federales similares en ciudades como Nueva York y Chicago, al tiempo que revoca la financiación federal para estas y otras «ciudades santuario».

 

La unidad que necesitamos debe involucrar al movimiento obrero organizado y a los movimientos sociales. Los líderes sindicales y de los movimientos sociales en Estados Unidos son buenos para hablar de unidad, pero no tan buenos para construirla en la acción. Hoy, dicha unidad significa concretamente apoyar a Minneapolis con todas nuestras fuerzas el 23 de enero y unificar la lucha contra el ICE con la lucha contra la agresión imperialista estadounidense en Latinoamérica.

 

Los Teamsters, el SEIU, la UFT, los trabajadores de la salud, etc., deben movilizar a sus afiliados para que se declaren en huelga en el resto del país. El UAW tiene la responsabilidad central de impulsar esta lucha, desempeñando un papel crucial en la organización de la clase trabajadora en todo el país y en sectores estratégicos del medio oeste. El presidente del UAW, Shawn Fain, debe llamar a todos los afiliados del sindicato a apoyar a Minneapolis el 23 de enero paralizando todo, tal como lo hicieron los trabajadores en Italia para protestar contra el genocidio en Gaza el año pasado.

 

Imaginen qué pasaría si el UAW convocara reuniones en sus lugares de trabajo para organizar una solidaridad activa con sus compañeros y compañeras de Minneapolis. Esto podría cambiar el rumbo de la lucha para expulsar a ICE de sus ciudades, incluso mientras la administración Trump envía más agentes a la zona y promete inmunidad a los agentes que usen fuerza brutal, incluso letal. La solidaridad activa en un lugar como Detroit, donde el UAW tiene una influencia particular, sería un impulso increíble para la lucha contra ICE en Minneapolis y en todo el país.

 

La izquierda socialista —incluidos DSA y PSL— debería alzar la voz en las escuelas, lugares de trabajo y sindicatos donde tiene peso para exigir que sus líderes se movilicen para hacer huelga el 23 de enero.

 

La enfermedad crónica de la socialdemocracia: demasiada fe en los demócratas, muy poca confianza en la lucha de clases

En un artículo para Jacobin , Meagan Day afirma que el ICE es «un ejército nacional enviado por la administración Trump para aterrorizar a personas vulnerables e intimidar violentamente a sus enemigos políticos hasta su sometimiento» y debe ser abolido. Day continúa:

 

Parece imposible imaginar que el comportamiento despótico de la administración durante la última semana no les pase factura en noviembre de 2026 y 2028, siempre que nuestras instituciones democráticas sigan funcionando. Aun así, la administración debe enfrentarse a una oposición enérgica de inmediato. No podemos soportar otra semana así, y mucho menos varios años más.

 

Entre Jacobin y sectores del DSA existe confianza en que los demócratas ganarán las elecciones intermedias y las presidenciales. Es muy posible. Lo sorprendente es la confianza de los autores de Jacobin en que si los demócratas ganan en 2026 y «las instituciones de la democracia sobreviven», estaremos mejor. Esto, en sí mismo, supone aceptar la idea de que los demócratas defenderán y respetarán las instituciones democráticas. Sin embargo, parecen haber olvidado que llegamos aquí porque Biden y los demócratas orquestaron un genocidio, reprimieron el movimiento pro-Palestina con métodos macartistas y arrastraron a la clase trabajadora a la inflación y la austeridad. Incluso el ala progresista del Partido Demócrata es cómplice.

 

Los demócratas no hicieron nada para detener el ascenso de la extrema derecha. De hecho, retomaron parte de su política, antes y después de las elecciones de 2024. Dieron marcha atrás en la «reforma» policial, en la defensa de los inmigrantes tras fingir que querían cerrar los centros de detención, y dieron marcha atrás rotundamente en cualquier defensa de los derechos de las personas trans. Fue con Biden que la derecha aumentó su influencia y que la Corte Suprema decidió mantener la inmunidad presidencial absoluta.

 

Estos no son tiempos normales. Si la ofensiva contra Venezuela queda impune, todos los pueblos oprimidos al sur de Estados Unidos están en peligro, desde México hasta Argentina, Bolivia y Colombia.

 

Si la ofensiva antiinmigrante se normaliza, los ataques contra la izquierda no se controlan, la ofensiva neomacartista se permite sin tregua y el asesinato de Good queda impune, el aparato estatal y el régimen bipartidista estarán en mejor posición para impulsar los planes imperialistas y la disciplina interna. En este contexto, la reciente decisión judicial de revocar la liberación de Mahmoud Khalil (lo que, en la práctica, reabre la posibilidad de su deportación) amenaza con revertir los logros del movimiento pro-Palestina y sentar un precedente para la criminalización extraordinaria de la protesta.

 

La derecha intenta impedir el crecimiento de la resistencia a su agenda mediante medidas represivas e institucionales. Mientras tanto, los demócratas temen a la clase trabajadora y a los oprimidos más que a Trump. El imperialismo estadounidense necesita estabilidad interna para funcionar; los demócratas se esfuerzan por controlar la lucha de clases, atando a la clase trabajadora al ancla del voto por el mal menor para resolver sus problemas.

 

Necesitamos contraatacar ahora. DSA acaba de anunciar que ha superado los 95,000 miembros. Esta fuerza debe organizarse para la lucha, en las calles, desde los lugares de trabajo, las escuelas y las comunidades. En Teamsters, UAW y todos los sindicatos donde DSA tiene peso, los miembros deben organizar la resistencia y exigir acciones a sus sindicatos.

 

El llamado a paralizar el trabajo, la escuela y las actividades habituales el 23 de enero es una oportunidad para tomar la iniciativa y comenzar a construir la unidad que necesitamos. Para que una huelga perdure y crezca, capaz de derrotar los ataques de la administración Trump contra la clase trabajadora en Estados Unidos e internacionalmente, desde Irán hasta Venezuela, se requiere la participación activa del movimiento obrero, superando su pasividad.

 

Si bien debemos unirnos, salir a las calles y a la acción militante de la manera más amplia posible —mediante la acción coordinada de sindicatos, movimientos sociales, organizaciones comunitarias, organizaciones vecinales, feministas, ambientalistas, organizaciones de migrantes e incluso políticos progresistas que se oponen abiertamente a la agresión contra Venezuela y al ICE—, la clase trabajadora también debe organizarse y plantear su programa independientemente de los partidos Demócrata y Republicano, logrando independencia política y organizativa para luchar por nuestros propios intereses. Esto es esencial si aspiramos a expandir e impulsar nuestra lucha, incluyendo la lucha junto a nuestros hermanos de clase transfronterizos que luchan contra las renovadas ambiciones imperialistas de Trump.

 

La mejor manera de que nuestro movimiento crezca en número e independencia es que esté formado por las bases de los sindicatos, los movimientos sociales y las organizaciones comunitarias, por personas reales como las que ya están defendiendo a los inmigrantes del ICE.

 

Para que esto suceda, necesitamos espacios de autoorganización donde podamos debatir y tomar decisiones democráticas sobre los objetivos y la plataforma de nuestro movimiento. Estos deben ser espacios democráticos abiertos a todas las tendencias y comunidades políticas de izquierda: asambleas de docentes, estudiantes y padres de familia; asambleas populares o reuniones masivas como las de Detroit; comités de acción; o cualquier forma creativa que las propias comunidades debatan y decidan proponer democráticamente.

https://www.laizquierdadiario.com.ve/Sindicatos-convocan-a-huelga-en-Minnesota-contra-las-politicas-racistas-de-Trump

 

 

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Política Internacional: Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Eric Toussaint

Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos. Este enfoque se ha hecho añicos. En el espacio de diez años, China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un competidor cooperativo a un «adversario estratégico principal ». Esta transformación no es el resultado de un cambio de régimen en Pekín ni de una ruptura de China con el sistema capitalista globalizado, sino todo lo contrario: el rápido ascenso de una potencia que ha sabido explotar las reglas del orden capitalista existente hasta el punto de amenazar su jerarquía. Comprender esta evolución es indispensable para entender la lógica de confrontación que ahora asume Washington, especialmente en el Indo-Pacífico, y los riesgos de nuevas conflagraciones que ello supone para los pueblos del planeta.

¿Por qué los dirigentes de Washington consideran que China es el principal adversario?

China lleva casi 40 años (podríamos remontarnos a los acuerdos Nixon-Mao de la década de 1970) participando en el mantenimiento del orden capitalista internacional y desde la década de 2010 ha adoptado una política económica y comercial de expansión internacional, ganando enormes cuotas de mercado en todo el mundo. Ha abierto parcialmente su economía a inversiones extranjeras masivas, en particular de grandes empresas estadounidenses, europeas, taiwanesas, etc. Durante dos décadas Estados Unidos ha considerado a China un socio económico y comercial interesante, a pesar de que acumulaba enormes superávits comerciales.

Posteriormente, China no se contentó con exportar productos manufacturados y atraer capital extranjero, sino que a partir de 2014 invirtió masivamente capital en la extracción y producción de mercancías a escala planetaria (en todos los continentes) y se convirtió en un prestamista e inversor de primer orden (véase Éric Toussaint, «Preguntas y respuestas sobre China como potencia acreedora de primer orden», CADTM, publicado el 20 de febrero de 2024).

Las autoridades de Washington, habida cuenta el pronunciado declive de la economía estadounidense, decidieron reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que hasta ahora ha utilizado medios pacíficos para ganar puntos y reforzar su poder. En diferentes lugares del planeta Washington ha continuado y multiplicado el uso de la fuerza sin atacar directamente a China. Trump, con motivo de su segundo mandato, ha decidido desplegar de forma ofensiva una estrategia económica, militar y diplomática dirigida contra China.

Washington ha decidido reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que ha utilizado medios pacíficos para reforzar su poder

El cambio se inició al final del mandato de Barack Obama en 2015-2016, se acentuó claramente durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2020) y continuó durante el mandato de Joe Biden (2021-2024). El regreso de Trump a la presidencia a principios de 2025 acentúa la ofensiva de Estados Unidos contra China. En el documento publicado por la Administración Trump en diciembre de 2025 (NSS 2025) China se define de hecho como «adversario estratégico central».

A partir de los documentos oficiales, ¿cómo ha evolucionado la posición de Washington sobre las relaciones con China en los últimos diez años?

En 2015 la administración dirigida por Barack Obama afirmaba:

«Estados Unidos se congratula por el surgimiento de una China estable, pacífica y próspera. Buscamos desarrollar con China una relación constructiva que beneficie a nuestros dos pueblos y promueva la seguridad y la prosperidad en Asia y en todo el mundo.

Buscamos cooperar en retos regionales y mundiales comunes, como el cambio climático, la salud pública, el crecimiento económico y la desnuclearización de la península de Corea. Aunque habrá competencia, rechazamos la inevitabilidad de una confrontación. Al mismo tiempo, gestionaremos la competencia desde una posición de fuerza, al tiempo que insistiremos en que China respete las normas y estándares internacionales en cuestiones que van desde la seguridad marítima hasta el comercio y los derechos humanos». (NSS 2015, p. 24)

Bajo Obama el discurso oficial sigue siendo el del «compromiso cooperativo», como muestra la NSS 2015, pero en la práctica varios acontecimientos marcan un giro hacia la designación de China como adversario. Al final del mandato de Obama Estados Unidos reforzó significativamente su presencia militar y estratégica en Asia-Pacífico Indo-Pacífico.

En 2017, durante el primer mandato de D. Trump, se mantiene la orientación hacia China y se presenta a este país como una amenaza:

«La región del Indo-Pacífico, que se extiende desde la costa oeste de la India hasta las costas occidentales de Estados Unidos, representa la parte más poblada y dinámica del mundo a nivel económico. El interés de Estados Unidos por una región del Indo-Pacífico libre y abierta se remonta a los primeros días de nuestra república. Aunque Estados Unidos busca continuar su cooperación con China, esta última utiliza incentivos y sanciones económicas, operaciones de influencia y amenazas militares implícitas para persuadir a otros Estados de que se ajusten a su agenda política y de seguridad. Las inversiones en infraestructura y las estrategias comerciales de China refuerzan sus aspiraciones geopolíticas. Sus esfuerzos por construir y militarizar puestos avanzados en el mar de China Meridional ponen en peligro la libre circulación del comercio, amenazan la soberanía de otras naciones y comprometen la estabilidad regional. China ha emprendido una rápida campaña de modernización militar con el objetivo de limitar el acceso de los Estados Unidos a la región y dar a China una mayor libertad de acción en esta zona. China presenta sus ambiciones como mutuamente beneficiosas, pero su dominio corre el riesgo de disminuir la soberanía de muchos Estados de la región indopacífica. Los Estados de toda la región piden a Estados Unidos que mantenga su liderazgo en el marco de una respuesta colectiva que preserve un orden regional respetuoso con la soberanía y la independencia. (SSN 2017, p. 45-46, pasajes en negrita por Éric Toussaint).

La NSS 2017 supone una ruptura doctrinal: China se describe ahora como una potencia hostil y amenazante que utiliza la coacción económica, la influencia política y la militarización para cuestionar el orden regional y el liderazgo estadounidense.

En el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en 2022, la administración de Joe Biden sigue la línea del enfoque de D. Trump con respecto a China:

« La República Popular China es el único competidor que tiene la intención de remodelar el orden internacional y cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo. Pekín aspira a crear una esfera de influencia reforzada en la región indopacífica y a convertirse en la primera potencia mundial. Utiliza sus capacidades tecnológicas y su creciente influencia en las instituciones internacionales para crear condiciones más favorables a su propio modelo autoritario y para modelar el uso y las normas tecnológicas mundiales con el fin de privilegiar sus intereses y valores. Pekín utiliza con frecuencia su poder económico para coaccionar a los países. Se beneficia de la apertura de la economía internacional, al tiempo que limita el acceso a su mercado interior, y trata de hacer que el mundo sea más dependiente de la RPC, al tiempo que reduce su propia dependencia del mundo. La RPC también invierte en un ejército que se moderniza rápidamente, cuyas capacidades en la región indopacífica y cuyo poder y alcance a escala mundial no dejan de crecer, al tiempo que trata de erosionar las alianzas de Estados Unidos en la región y en el mundo. (…) Es posible que Estados Unidos y la República Popular China coexistan pacíficamente, compartan y contribuyan juntos al progreso humano (…) En la competencia con la República Popular China, como en otros ámbitos, está claro que los próximos diez años serán la década decisiva. Nos encontramos hoy en un punto de inflexión en el que las decisiones que tomemos y las prioridades que persigamos nos llevarán por un camino que determinará nuestra posición competitiva a largo plazo. Muchos de nuestros aliados y socios, especialmente en la región indopacífica, están en primera línea frente a la coacción de la República Popular China y están decididos, con razón, a garantizar su autonomía, su seguridad y su prosperidad. (…) Haremos responsable a Pekín de los abusos cometidos —genocidio y crímenes contra la humanidad en Xinjiang, violaciones de los derechos humanos en el Tíbet y desmantelamiento de la autonomía y las libertades de Hong Kong—, aunque Pekín intente silenciar a los países y las comunidades. (…) Nos oponemos a cualquier modificación unilateral del statu quo por cualquiera de las partes y no apoyamos la independencia de Taiwán». (NSS 2022, págs. 23-24, negrita añadida por Éric Toussaint).

Aunque de forma menos brutal, la administración Biden confirma y profundiza el giro de 2017 al calificar a China como el principal competidor estratégico global, involucrado en una rivalidad sistémica a largo plazo que afecta a la economía, la tecnología, la seguridad y las normas internacionales.

En el documento hecho público a principios de diciembre de 2025 la administración de D. Trump radicaliza aún más la política de Washington con respecto a China:

«El presidente Trump, por sí solo, ha revertido más de treinta años de erróneas hipótesis estadounidenses sobre China: a saber, que al abrir nuestros mercados a China, alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra producción a China, facilitaríamos la entrada de China en el llamado «orden internacional basado en normas ». Esto no ha sucedido. China se ha enriquecido y ha adquirido poder, y ha utilizado su riqueza y su poder en su beneficio. Las élites estadounidenses —bajo cuatro administraciones sucesivas, de todos los partidos políticos— han apoyado voluntariamente la estrategia china o la han negado». (NSS 2025, p. 19)

Trump no adopta explícitamente una postura belicista hacia China, según se lee en el documento estratégico de seguridad nacional:

«Si Estados Unidos sigue creciendo y puede mantenerlo mientras conserva una relación económica verdaderamente mutuamente beneficiosa con Pekín (…)» («If America remains on a growth path—and can sustain that while maintaining a genuinely mutually advantageous economic relationship with Beijing (…)» (NSS 2025, p. 20)

Pero también hay pasajes muy negativos sobre las amenazas que representaría directamente la política china, con toda una serie de acusaciones:

«En primer lugar, Estados Unidos debe proteger y defender su economía y su población contra cualquier amenaza, venga de donde venga. Esto significa poner fin (entre otras cosas) a:

• las subvenciones y estrategias industriales depredadoras orquestadas por el Estado

• las prácticas comerciales desleales

• la destrucción de puestos de trabajo y la desindustrialización

• el robo masivo de propiedad intelectual y el espionaje industrial

• las amenazas a nuestras cadenas de suministro que ponen en peligro el acceso de Estados Unidos a recursos esenciales, como minerales y tierras raras

• la exportación de precursores del fentanilo que alimentan la epidemia de opioides en Estados Unidos

• la propaganda, las operaciones de influencia y otras formas de subversión cultural. » (NSS 2025, p. 21)

¿Cuál es el mensaje que Trump envía a Pekín?

En relación con la estrategia adoptada por China frente a las barreras arancelarias y otros obstáculos económicos impuestos por Washington para hacer frente a la expansión del comercio y las inversiones chinas en el mundo y en el mercado estadounidense, Trump afirma en la NSS 2025 (p. 20) que los métodos utilizados por Pekín para eludir las barreras y otros obstáculos impuestos a partir de 2027 se identifican… y se consideran hostiles. El pasaje sobre el uso que hace China de México como lugar de producción para llegar después a Estados Unidos, la sustitución del mercado estadounidense por el de los países de bajos ingresos o las exportaciones indirectas, envía un mensaje muy preciso a Pekín que se puede resumir así: sabemos exactamente cómo eluden nuestros aranceles y controles. En respuesta, impondremos nuevas sanciones, ejerceremos presión y coacción sobre los países intermediarios, en particular en el hemisferio occidental, y cuestionaremos los acuerdos comerciales con los países que sirven de enlace a los chinos.

¿La respuesta de Trump es únicamente económica?

Bajo Trump, China es percibida como un adversario estructural contra el que Estados Unidos debe implementar una estrategia más agresiva de confrontación económica y competencia militar.

¿Cuál es la posición de Trump con respecto a China en el Indo-Pacífico?

En primer lugar hay que precisar que el Indo-Pacífico es en gran medida un espacio geopolítico o geoestratégico definido por Washington en función de sus intereses. La dimensión militar y económica es determinante en la adopción de esta definición. Trump quiere que el Indo-Pacífico sea «seguro y dominado» por Estados Unidos. Pekín prefiere utilizar la expresión Asia-Pacífico.

En la NSS 2025, el Indo-Pacífico corresponde, a grandes rasgos, a un arco continuo que, de oeste a este, abarca la costa oriental de África, el océano Índico y los puntos de paso clave: el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el estrecho de Malaca, el sur de Asia (con la India como eje), el sudeste asiático (ASEAN), el mar de China Meridional, Taiwán , la península de Corea y Japón. A ello se suman, al sur y al este: Australia, los archipiélagos y los Estados insulares del Pacífico. Este espacio se extiende hasta la costa pacífica de los Estados Unidos.

Para Trump el Indo-Pacífico es ante todo un espacio marítimo y militar por el que pasa más del 60% del comercio mundial. Es un área esencial para la energía, las cadenas de suministro y la supremacía naval. Washington cuenta allí con una red de países aliados: Japón, Corea del Sur, Australia, Singapur, Filipinas, Tailandia, Taiwán (que oficialmente forma parte de China) y, en cierta medida, la India, que es un socio clave pero no un aliado formal. Para Trump esta red debe constituir un frente antichino.

En la NSS 2025 de Trump las fuerzas estadounidenses en el Indo-Pacífico se conciben como un dispositivo militar, principalmente marítimo y aéreo, orientado a un conflicto de alta intensidad con China. Aunque Trump presenta este dispositivo como meramente disuasorio, no es así. Washington mantiene allí el mayor despliegue militar fuera del continente americano.

Estados Unidos despliega 375 000 soldados[1] y personal civil del ejército en el Indo-Pacífico y mantiene allí 66 bases militares permanentes, a las que hay que añadir varias decenas de instalaciones militares menos importantes (véase el sitio web oficial del Congreso de los Estados Unidos: https://www.congress.gov/crs-product/IF12604 ). Las principales instalaciones militares de Washington en el Indo-Pacífico se encuentran en Japón (bases aéreas y navales, más de 50 000 soldados), en Corea del Sur (más de 28 000 soldados ) y en territorios que pertenecen directamente a los Estados Unidos, como Guam (6000 soldados) en las Islas Marianas, Hawái (44 000 soldados), Alaska, etc., a lo que hay que añadir el acceso a bases militares en Filipinas, Singapur, Tailandia y Australia.

¿Cuál es la posición de China con respecto al espacio geoestratégico que Washington denomina Indo-Pacífico?

Según China, el Indo-Pacífico es un concepto artificial forjado por Estados Unidos con el objetivo de ampliar y legitimar una estrategia de contención contra China (Quad[2], AUKUS[3] o alianzas navales). A los ojos de Pekín, Indo-Pacífico significa la ampliación por parte de Washington del teatro antichino hasta la India. Para China, el Indo-Pacífico sirve para internacionalizar la cuestión china (China continental y Taiwán), convertir a China en un problema de seguridad global y legitimar una presencia militar estadounidense masiva. En resumen, para Pekín, el Indo-Pacífico no es una región natural, sino una construcción geopolítica hostil.

Para China, Estados Unidos es una potencia extranjera en la región que rodea militarmente a China, una potencia extranjera que quiere obstaculizar el libre desarrollo del comercio y las inversiones chinas en su entorno geográfico natural. Washington adopta un punto de vista completamente diferente y considera que Estados Unidos tiene derecho a dominar el Indo-Pacífico y que China corre el riesgo de utilizar su fuerza para exigir derechos de peaje, amenazar la seguridad de sus vecinos y bloquear las cadenas de suministro.

En cuanto a Taiwán, ¿cuál es el mensaje que contiene la NSS 2025?

Sobre la cuestión de Taiwán, la NSS 2025 reafirma su oposición a cualquier reunificación por la fuerza, al tiempo que se niega explícitamente a apoyar una declaración de independencia taiwanesa. Esta postura tiene menos como objetivo estabilizar el estrecho, que mantener una presión permanente sobre Pekín, convirtiendo a Taiwán en un punto de fricción estructural, más que en un objeto de acuerdo político.

¿Cómo ven las autoridades indias el Indo-Pacífico?

Nueva Delhi tiende a retomar la expresión Indo-Pacífico porque le permite reforzar su estatus de gran potencia autónoma, salir del enfrentamiento regional con China y ampliar su horizonte estratégico hacia el sudeste asiático y el Pacífico. Para la India, el Indo-Pacífico es un multiplicador de poder, no una simple herramienta antichina. Aunque participa en el Quad, India rechaza las alianzas militares formales, mantiene su doctrina de autonomía estratégica y coopera con Washington sin alinearse completamente. Por supuesto, hay que tener en cuenta que la India está en conflicto con su vecino Pakistán, donde China está invirtiendo masivamente. India también tiene un conflicto fronterizo con China, utilizando el Indo-Pacífico para responder a la presencia china en el océano Índico, en Pakistán (el puerto de Gwadar, conectado con China por vía terrestre), en Sri Lanka (el puerto de Hambantota, objeto de una concesión de 99 años otorgada a una empresa china) y en el océano Índico occidental.

Al mismo tiempo, junto con China y Rusia, la India es miembro del BRICS, que presidirá en 2026. India compra a Rusia importantes cantidades de combustible a pesar de las sanciones impuestas a Moscú desde la invasión de Ucrania. Por último, el Gobierno neofascista de Modi ha desarrollado una estrecha relación (militar y comercial) con el Gobierno neofascista de Israel.

¿No es amenazante el mensaje de Trump? De hecho, ¿no está buscando un pretexto, como el de garantizar la libertad de comercio, para tener un argumento y atacar militarmente a China? Esto recuerda el pretexto para desencadenar la guerra del opio en la década de 1830. En el caso de las guerras del opio, Estados Unidos y otras potencias utilizaron la libertad de comercio como pretexto y aquí ocurre lo mismo, ¿no es así?

Esta interpretación del documento de Trump es totalmente legítima y toca un punto muy sensible que muchos análisis occidentales minimizan, pero que los estrategas chinos ven perfectamente. La respuesta breve es: sí, el pasaje de la NSS 2025 relativo a la libertad de comercio marítimo en el Indo-Pacífico puede interpretarse como más amenazador que la lectura de «disuasión defensiva», y sí, la analogía con la «libertad de comercio» de las guerras del opio es pertinente desde el punto de vista teórico e histórico.

Cuando Trump escribe que el mar de China Meridional no debe estar sujeto a peajes ni a cierres arbitrarios, está haciendo tres cosas muy importantes:

1. Convierte un espacio regional disputado en bien público mundial. Este es exactamente el mecanismo histórico de las potencias marítimas: se desnacionaliza un espacio, se recalifica como arteria global y luego se legitima la intervención armada en nombre de todos. Es el mismo razonamiento jurídico y estratégico que utilizaron los británicos frente a la China Qing en el siglo XIX o las potencias occidentales frente al Imperio otomano y más recientemente, por Estados Unidos frente a Irán en el Golfo. La «libertad de comercio» se convierte entonces en un principio superior a la soberanía.

2. Trump establece un umbral de intolerancia muy bajo. No habla de un bloqueo total, ni de una guerra declarada de la que China sería culpable, sino de un riesgo de peaje, de control, de una capacidad de cierre discrecional que China podría hipotéticamente ejercer o activar. En otras palabras, basta con la intención presunta. Esto es extremadamente importante: no es necesario que China bloquee realmente el mar de China Meridional para justificar una acción. Según la doctrina que defiende Trump, basta con que tenga la capacidad creíble de hacerlo. Este es exactamente el tipo de pretexto estratégico que se ha utilizado en el pasado.

En el siglo XIX, el argumento de las potencias imperialistas occidentales contra China era «China viola la libertad de comercio»; hoy, el argumento esgrimido por Trump es «China amenaza las vías vitales del comercio mundial». En ambos casos Occidente se erige en guardián de los flujos y China se describe como cerrada, coercitiva, arbitraria y peligrosa para la economía mundial. Para un lector chino este pasaje suena exactamente como un discurso imperialista clásico. Y es totalmente justificable que una persona china lo interprete de esta manera, al igual que cualquiera en su sano juicio que intente descifrar la NSS 2025.

3. Trump está realmente preparando una escalada de legitimidad, no una guerra inmediata. Trump está construyendo una «caja jurídica y estratégica», diciendo en esencia: si China intenta controlar, gravar o cerrar las rutas marítimas, entonces el uso de la fuerza no sería una guerra, sino una acción para mantener el orden económico mundial. Esto es exactamente lo que hacen las grandes potencias antes de los conflictos para preparar la opinión pública, alinear a los aliados y reducir el coste político de la escalada. Trump reactiva un vocabulario históricamente imperialista, la «libertad de comercio» sirve aquí como principio superior que justifica el uso de la fuerza. Esto se percibe en Pekín como una amenaza latente, incluso como una preparación doctrinal para la escalada, aunque la reacción oficial de las autoridades chinas al NSS 2025 haya sido muy moderada.

¿Cuál ha sido la reacción oficial de China en diciembre de 2025 ante la publicación de la NSS 2025 por parte de Trump?

La reacción china fue muy cortés, con el fin de evitar envenenar la relación.

En una rueda de prensa celebrada el 8 de diciembre de 2025, pocos días después de la publicación de la NSS 2025, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, declaró:

«China siempre ha estado convencida de que la cooperación entre China y Estados Unidos es beneficiosa para ambos países, mientras que la confrontación les perjudica. El respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para ambas partes constituyen el camino correcto a seguir para que China y Estados Unidos se entiendan, y es la única opción justa y realista. China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos para mantener el desarrollo estable de las relaciones bilaterales, al tiempo que defiende firmemente su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo. Esperamos que Estados Unidos trabaje con China en la misma dirección, apliquen los importantes acuerdos alcanzados entre los jefes de Estado de ambos países, intensifiquen el diálogo y la cooperación, gestionen adecuadamente sus diferencias, promuevan el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones entre China y Estados Unidos y aporten más certidumbre y estabilidad al mundo.

En cuanto a la cuestión de Taiwán, subrayamos que Taiwán es la Taiwán de China y forma parte integrante del territorio chino. La cuestión de Taiwán es fundamental para los intereses básicos de China y constituye la primera línea roja que no debe cruzarse en las relaciones entre China y Estados Unidos. La resolución de la cuestión de Taiwán es un asunto que concierne únicamente al pueblo chino y que no admite ninguna injerencia exterior. Estados Unidos debe respetar escrupulosamente el principio de una sola China»

En cuanto a las pretensiones de Washington recogidas en la NSS 2025 con respecto al hemisferio occidental, y en particular a Venezuela, China también ha reaccionado con cautela.

¿Cuál ha sido la reacción de China ante la agresión militar estadounidense contra Venezuela perpetrada el 3 de enero de 2026?

Después de que Washington agrediera a Venezuela el 3 de enero de 2026, China denunció las pretensiones de Trump de tomar el control del petróleo venezolano y exigió la liberación inmediata de la pareja presidencial, pero hasta ahora no ha tomado ninguna contramedida para sancionar a Estados Unidos.

Síntesis-Conclusión

La evolución de la posición oficial de Washington con respecto a China durante la última década pone de manifiesto un cambio estratégico importante, que va mucho más allá de los cambios de administración o de orientación partidista. En el espacio de diez años China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un socio económico competitivo pero cooperativo a ser un «adversario estratégico central». Este cambio no refleja una ruptura repentina, sino el resultado de un proceso acumulativo relacionado con el auge económico, financiero, tecnológico y geopolítico de China dentro del propio orden capitalista mundial.

Hasta mediados de la década de 2010 la administración Obama seguía aplicando una lógica de integración condicional de China en el orden internacional dominado por Estados Unidos. El giro se produjo al final de la administración Obama y durante el primer mandato de Donald Trump y consistió en rechazar explícitamente este enfoque. A partir de 2017 China es descrita como una potencia hostil que utiliza la economía, las inversiones, las infraestructuras y la modernización militar para cuestionar el dominio estadounidense, en particular en la región indopacífica. Esta redefinición de China como amenaza estructural ha continuado y se ha profundizado bajo la administración Biden, que ha retomado lo esencial del diagnóstico de Trump, al tiempo que lo inscribe en un marco multilateral e ideológico más afirmado, oponiendo un «modelo autoritario» chino a un orden internacional presentado como basado en valores democráticos.

El documento estratégico de 2025 marca una nueva etapa: ya no se limita a constatar la rivalidad, sino que señala explícitamente el error histórico de las élites estadounidenses que favorecieron el ascenso de China. Esta se presenta ahora no solo como un competidor, sino como una amenaza directa para la economía, la cohesión social, las cadenas de suministro, la seguridad nacional e incluso la estabilidad cultural de Estados Unidos. El conflicto se amplía así a todas las esferas económicas, tecnológicas, ideológicas y sociales, sin asumir formalmente una opción militar directa.

En definitiva, si los dirigentes de Washington consideran hoy a China como el principal enemigo, no es porque Pekín haya roto con el orden capitalista mundial, sino precisamente porque se ha integrado con éxito en él, explotando los mecanismos hasta el punto de erosionar de manera significativa la supremacía estadounidense. La rivalidad entre China y Estados Unidos parece menos un enfrentamiento entre dos sistemas antagónicos, que una lucha asimétrica por el liderazgo dentro de un mismo orden económico mundial, cuyas reglas han sido escritas durante mucho tiempo por los propios Estados Unidos. Esta dinámica, marcada por la agresividad de Washington, hace que la confrontación sea duradera, estructural y potencialmente muy peligrosa para todos los pueblos del planeta.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Donald Trump marca un importante cambio doctrinal en la forma en que Estados Unidos concibe su rivalidad con China. Detrás del lenguaje de la disuasión, la libertad de comercio y la seguridad de las rutas marítimas, se perfila una lógica de poder más asumida, en la que Estados Unidos, que es una potencia extrarregional, reivindica el derecho a estructurar militarmente la región Indo-Pacífico con el fin de preservar un orden económico favorable a sus intereses. Sin embargo, este enfoque puede interpretarse en Pekín como una estrategia de cerco y coacción, reavivando un profundo dilema de seguridad con implicaciones históricas, geopolíticas y sistémicas.

 

El autor agradece a Omar Aziki, Patrick Bond, Sushovan Dhar, Fernanda Gadea y Maxime Perriot la revisión del texto. El autor es responsable de los posibles errores que pueda contener.

 

 


[1]La impresionante cifra de 375 000 procede de la página web oficial del Congreso de los Estados Unidos. A continuación se incluye un extracto: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos de combate unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas a la zona de responsabilidad (AOR) del comando, que comprende el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su cuartel general en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con unos 375 000 militares y civiles asignados a su zona de responsabilidad. » En inglés: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos combatientes unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas al área de responsabilidad (AOR) del mando, que incluye el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su sede en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con aproximadamente 375 000 efectivos militares y civiles asignados a su AOR». Congress.com, publicado el 03/05/2024. Ver también: https://www.msn.com/es-mx/noticias/mundo/maniobras-militares-de-eu-en-el…

[2]Quad (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad) es un marco de cooperación informal con Australia, India y Japón, cuyo objetivo es promover un espacio Indo-Pacífico libre y abierto, en respuesta a la creciente influencia de China, haciendo hincapié en la seguridad marítima, la cooperación tecnológica (5G, semiconductores), las infraestructuras y la democracia. Se trata de un componente clave de la política estadounidense de «Indo-Pacífico libre y abierto», que complementa otras alianzas como AUKUS.

[3] En la estrategia estadounidense, AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) es un pacto de seguridad trilateral crucial para contener la influencia china en el Indo-Pacífico, dotando a Australia de submarinos de propulsión nuclear, reforzando así la disuasión regional e integrando más estrechamente a Canberra en la arquitectura de seguridad estadounidense frente a Pekín. Es un pilar de la política estadounidense destinada a proyectar una fuerza militar avanzada en la región, complementaria a otras asociaciones como el Quad.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/2026/01/educated-unemployment-a-major-challenge-for-the-new-government/

 

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La administración Trump persiste en desmantelar el Departamento de Educación

McMahon reiteró que su departamento está “colaborando con cuatro agencias para romper la burocracia federal de educación y acercarse a cumplir la promesa del presidente de devolverle la educación a los estados”.McMahon reiteró que su departamento está “colaborando con cuatro agencias para romper la burocracia federal de educación y acercarse a cumplir la promesa del presidente de devolverle la educación a los estados”.

También señala que, en sus 45 años, se ha convertido en una burocracia inflada mientras que los resultados estudiantiles continúan rezagados, especialmente las puntuaciones de matemáticas y lectura de los alumnos de educación básica del país.

«Los estados son responsables de la educación dentro de ese estado. Algunos lo harán mejor que otros. Habrá más subvenciones globales que llegarán desde fondos federales a esos estados y en parte eso se determinará por medio de sus resultados”, declaró la Secretaria de Educación Nacional, Linda McMahon.

Por su parte, hay quienes se oponen a la propuesta como la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul y la comisionada de educación estatal Betty Rosa, quienes dijeron que al delegar las responsabilidades del Departamento a otras agencias federales, la administración se acerca más a desmantelar el sistema educativo lo cual pondría en riesgo la educación de millones de estudiantes.

Según la propuesta de la administración Trump, abolir al Departamento de Educación, le daría a los estados mayor flexibilidad en la forma en la que gastan el dinero que ahora está destinado a propósitos específicos, como la alfabetización y la educación para estudiantes sin hogar. Eso, sin embargo, requeriría la aprobación del Congreso.

Y ACLU o la Unión Americana de Libertades Civiles asegura que se trata de “Una medida sin precedentes que socava la misión principal del departamento y amenaza los derechos civiles de los estudiantes. Esta acción representa un intento deliberado de desmantelar la agencia desde dentro, a pesar de que solo el Congreso tiene autoridad sobre el departamento”.

Pese a los avances hacia el desmantelamiento del Departamento de educación, eliminar por completo la agencia necesitaría la aprobación del congreso.

https://spectrumnoticias.com/ny/nyc/noticias/2025/11/20/la-administracion-trump-persiste-en-desmantelar-el-departamento-de-educacion

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Trump destruyó la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación. ¿Pueden los países dar un paso adelante?

La Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación, que se supone debe proteger a los estudiantes de la discriminación basada en raza, etnia, género, edad y condición de discapacidad, ya no es lo que solía ser.

La administración Trump despidió a casi la mitad del personal en marzo, cerró siete de sus 12 oficinas regionales, cambió el enfoque de la agencia vacía hacia nuevas prioridades (incluyendo mantener a las mujeres transgénero fuera de los deportes femeninos) y luego… se dice Ha despedido a más personal en medio del bloqueo en curso.

Filadelfia estuvo entre las ciudades que perdieron su oficina regional de la OCR en la primera ronda de despidos. Los casos del distrito ahora van a Atlanta, “donde pueden ser escuchados o no”, dijo Lindsey Williams, senadora del estado de Pensilvania que se desempeña como líder de la minoría en el Comité de Educación del Senado.

Para llenar ese vacío, Williams, una demócrata, anunció que presentaría una legislación para crear una oficina de derechos civiles dentro del Departamento de Educación de Pensilvania. Williams dijo que el proyecto de ley aún no se ha redactado. Quiere “crear nuevos poderes para que el Departamento de Educación de Pensilvania investigue y haga cumplir las violaciones federales de los derechos civiles”. “También puede haber una oportunidad de fortalecer nuestras leyes estatales en este sentido”, señaló.

“Estamos analizando todo eso para ver qué podemos hacer, porque nunca antes habíamos estado aquí”, dijo.

Los estudiantes que enfrentan discriminación en todo el país ahora tienen mucho menos personal en el Departamento Federal de Educación (OCR) que pueda responder a sus quejas. La agencia tenía una gran acumulación de casos incluso antes de que el presidente Trump regresara al cargo y luego desestimó miles de quejas en la primavera. Algunos defensores han expresado especial preocupación por la capacidad actual de la OCR para abordar quejas de discriminación por motivos de discapacidad.

Quienes permanecen en la OCR parecen estar aplicando una interpretación conservadora de la ley de derechos civiles que no reconoce la identidad de género de los estudiantes transgénero. La OCR de la era Trump ha atacado activamente a las instituciones por permitir que las mujeres trans practiquen deportes femeninos. También se centra en poner fin a programas y prácticas que benefician específicamente a las minorías, excluyendo a los blancos.

Los defensores de los derechos civiles están pidiendo a los estados que intensifiquen sus esfuerzos.

“No podemos detener lo que está sucediendo a nivel federal”, dijo Williams. “Se están considerando muchas demandas… pero mientras tanto, ¿qué hacemos como estado?”

Una de esas demandas en curso, presentada por el Centro Legal de Derechos de las Víctimas y dos padres en abril, alega que la reducción de la OCR perjudica a los estudiantes de clases protegidas. Sostiene que los recortes federales a la OCR han dejado a “una organización vacía incapaz de realizar las funciones que le asigna la ley”, y agrega que “sin intervención judicial, el sistema existiría sólo de nombre”. Pero esta intervención puede no funcionar a favor de los estudiantes. Los jueces han emitido medidas cautelares preliminares, pero hasta ahora la Corte Suprema ha permitido que continúen los despidos en el Departamento de Educación.

“Los estados tienen que compensar parte del déficit”, dijo Shelby Chestnut, directora ejecutiva del Transgender Law Center, con sede en Pensilvania.

“Si más estados con líderes demócratas comienzan a proponer cargos, legislación o dinero de este tipo, probablemente se generará una conversación más amplia”, dijo Chestnut.

Señaló que durante la administración Obama, el gobierno federal demandó a Carolina del Norte por su controvertida ley que prohíbe a las personas trans usar baños que correspondan con su identidad de género. Pero eso no es algo que la administración Trump vaya a hacer. Algunos estados ahora dicen (y deberían decir más): “Bueno, ustedes no van a hacer su trabajo, así que nosotros lo haremos por ustedes”, dijo Chestnut.

Beth Gilman-Bear, quien fue directora de la oficina regional de Filadelfia de la OCR federal antes de que la administración Trump la despidiera, dijo que no sabe de otros estados que estén creando una nueva agencia estatal como la propuesta en Pensilvania. Incluso allí, los republicanos controlan el Senado estatal y no está claro si la legislación se aprobará. Otras legislaturas estatales “realmente deberían pensar en esto y tomar medidas inmediatas para construir algún tipo de unidad de derechos civiles para ayudar a los estudiantes en su estado”, dijo.

Algunos estados ya tienen sus propias agencias que protegen los derechos civiles en la educación superior, incluida la Comisión de Relaciones Humanas con sede en Pensilvania, dijo Gilman-Bear. Pero estas entidades “tradicionalmente carecen de personal y recursos y dependen en gran medida de la OCR”, dijo.

Chad Dionne Lassiter, director ejecutivo de la Comisión de Relaciones Humanas de Pensilvania, estuvo de acuerdo con la evaluación de Gilman Beer sobre comisiones como la suya. Lassiter dijo que se siente “absolutamente entusiasmado” con la legislación propuesta, que según él sería aún mayor si se creara una nueva oficina de derechos civiles en su agencia.

“Danos 20 empleados más y haremos el trabajo”, dijo Lassiter. Idealmente, dijo, la división de educación de su agencia tendría 15 investigadores y cinco abogados.

“Todo país que tenga una comisión de relaciones humanas debería tener un componente educativo”, afirmó. “Financiar estas comisiones”.

La única solución real, dijo Gilman Beer, es restaurar la OCR federal, porque incluso si algunos estados dan un paso al frente, los derechos de los estudiantes dependerán de dónde vivan.

“Bajo el modelo anterior de esta administración, la promesa de igualdad de oportunidades educativas estaba disponible en todos los ámbitos”, dijo.

Derechos desiguales entre estados

Para un estudiante que acude a una oficina estatal de la OCR en un estado que no reconoce su identidad, el proceso puede ser tan infructuoso como buscar ayuda en una oficina federal de la OCR durante el gobierno de Trump. El Movement Advancement Project, que aboga por los derechos LGBTQ+, dice que 27 estados tienen leyes que prohíben a los estudiantes transgénero participar en deportes que se alineen con su identidad de género. La organización dijo que no todas estas leyes afectan a los estudiantes de educación postsecundaria, pero a menudo sí lo hacen.

Se suponía que la OCR federal proporcionaría una aplicación única y consistente de las protecciones legales federales, dijo Nicholas Haidt, abogado principal de Lambda Legal, que defiende a las personas LGBTQ+ en los tribunales. “Ahora eso no está sucediendo, simplemente se niegan a hacerlo”, afirmó.

“Si confiamos en que los estados sean el mecanismo de aplicación de la ley, hemos creado este mosaico en el que cada estado adoptará su propio enfoque”, dijo Haight.

Las universidades de los estados con leyes que reconocen los derechos de los estudiantes transgénero deben decidir si cumplen con esas leyes o con el enfoque de la administración Trump. La administración, utilizando recortes masivos en la financiación federal para la investigación, obligó a la Universidad de Pensilvania a hacer concesiones para permitir que una mujer trans compita en deportes femeninos. Pero Scott Lewis, cofundador de la Asociación de Administradores del Título IX y socio director de TNG Consulting, que asesora a instituciones de educación superior sobre cuestiones de derechos civiles, dijo que hasta ahora ha visto a las universidades estatales azules manejar quejas de discriminación de manera muy similar a como lo hacían antes de que Trump recuperara el cargo.

“Es importante que la gente sepa que todavía hay protecciones estatales”, dijo Lassiter, de la Comisión de Relaciones Humanas de Pensilvania. Pero las formas de proteger a los estudiantes transgénero pueden no estar claras.

Su agencia hace cumplir las leyes estatales que protegen a los estudiantes de la discriminación basada en la identidad de género, pero no ha respondido directamente sobre si eso significa que ordenaría a una universidad que permita que una mujer trans juegue en un equipo deportivo femenino. Lassiter dijo que su agencia evita las “guerras culturales”.

Los estudiantes que enfrentan discriminación de todo tipo aún pueden presentar una demanda conforme a la ley federal de derechos civiles en lugar de buscar ayuda de la OCR federal o cualquier versión gubernamental de esa agencia. Pero los juicios personales pueden resultar costosos.

Williams, senador del estado de Pensilvania, señaló que es posible que las demandas tampoco terminen cuando el estudiante se gradúe. También suele conducir a tratamientos individualizados para la víctima, en lugar de “intervenciones sistemáticas para garantizar que el problema no les vuelva a ocurrir a otros estudiantes”, dijo Gilman-Beer, ex empleada federal de la OCR. Ese es el tipo de resolución amplia que la Oficina Federal de Derechos Civiles podría lograr, afirmó.

Hite dio la bienvenida a las personas cuyos derechos están siendo violados, o que están preocupadas por los derechos de otros, a comunicarse con Lambda Legal. Señaló que la Oficina federal de Derechos Constitucionales hizo gran parte de su trabajo negociando con las universidades para solucionar problemas, en lugar de iniciar litigios. Si la OCR federal deja de llevar a cabo estas negociaciones, dijo, recaerá en los estudiantes y los padres la carga de demandar para defender sus derechos, al tiempo que se impondrá el costo adicional de los litigios a las universidades.

Si la administración Trump mantiene el rumbo, las personas que no sienten que están siendo atendidas a nivel federal irán al nivel estatal, dijo Lewis.

“Si el gobierno federal no lo hace, quedará en manos de los estados hacerlo”, dijo.

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