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México: Preocupa a Unicef sistema educativo

México/23 noviembre 2017/Fuente: El Siglo de Durango

PESE A REFORMA EDUCATIVA, PERSISTE LA FALTA DE ACCESO A LA EDUCACIÓN.

En México a pesar de los avances que ha habido con la reforma educativa y la estrategia para prevenir la obesidad y la diabetes, los mayores retos que sigue enfrentando el país en temas de infancia son la desnutrición crónica y la falta de acceso de los niños a la educación de calidad, dijo la representante adjunta de UNICEF en México, Pressia Arifín Cabo.

En el marco del 28 aniversario de la aprobación de la convención sobre los derechos del niño por la Asamblea General de las Naciones Unidas, mencionó que en los próximos cuatro meses la UNICEF estará llevando a cabo un estudio para determinar cuántos de los afectados por los terremotos del 7 y el 19 de septiembre son niños y en qué situación se encuentran.

Una de las mayores preocupaciones que existen es que muchos de estos niños que estaban cerca de salir de la situación o condición de pobreza en que se encontraban pudieran haber caído nuevamente en ella después de los sismos.

“Nos preocupa el gran número de niños que todavía están sin casa y se han quedado fuera de la escuela, que no tienen acceso a la salud ni a otros servicios que realmente merecen.

Hay muchos niños que están en riesgo por el sismo, los niños que estaban casi saliendo de la pobreza antes del terremoto, regresaron a la pobreza porque sus espacios y sus hogares, así como el acceso que tienen a la educación ya no existe. Es muy importante asegurarnos que los niños que están en riesgo por causa del terremoto están bien atendidos”, dijo.

En esta fecha que se celebra como el Día Universal del Niño -20 de noviembre-, menciona que es necesario garantizar el acceso a servicios de salud y educativos para los niños de las poblaciones más vulnerables, como son los indígenas y con discapacidad.

Fuente: http://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/921122.preocupa-a-unicef-sistema-educativo.html

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México: Avanza en equidad de género el sistema educativo yucateco

México/23 noviembre 2017/Fuente: La Verdad Noticias

Siete de cada 10 docentes son mujeres, es preciso reconocer que existen hombres en espacios que la sociedad generalmente asocia con maestras.

En el sistema educativo, siete de cada 10 docentes son mujeres, pero es preciso reconocer que existen hombres en espacios que la sociedad generalmente asocia con maestras, como es el caso de Ángel Espinosa Interián, quien labora en el jardín de niños “Un mundo feliz” en la colonia Pensiones.

Él es uno de los 216 varones que imparten el nivel preescolar y, aunque años atrás luchó contra el paradigma de que este entorno era femenino, con el paso del tiempo se ganó el respeto de sus compañeras y de los papás de sus alumnos.

“Me gusta mucho la convivencia que uno puede llegar a tener con los niños, su espíritu inocente y que todo lo hacen ver fácil; me gusta mucho su entusiasmo”, expresó Ángel sobre su mayor motivación para trabajar en esta área, hasta ahora poco incursionada por el sector masculino.

Junto con sus demás colegas, ha demostrado que el sexo no influye en la forma de enseñar, sino que lo realmente importante es el interés por la formación académica de los infantes.

“Es normal llegar a un plantel y que no estén acostumbrados a que haya hombres en este nivel; incluso, llegan a preguntarme si soy maestro de Educación Física o de Música. Sin embargo, tiempo después, los papás también se muestran agradecidos por la atención que uno puede brindarles a sus hijos”, apuntó.

Una muestra de ello es que, cada fin de semana, sostiene reuniones con los padres de familia para informarles cómo van sus hijos y, de cada una de ellas, sale con obsequios que recibe como una forma de agradecimiento.

Los 216 varones que imparten preescolar se sitúan dentro de un universo de cuatro mil 41 docentes, es decir, representan a cinco de cada 100. Asimismo, del total de 511 elementos que laboran en el área de Educación Artística, 99 son hombres, o sea, uno de cada cinco.

Respecto a la equidad de género en el ámbito escolar, el titular de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado (Segey), Víctor Caballero Durán, ha señalado que esta paridad se ve reflejada en las aulas, con porcentajes del 50 por ciento entre niñas y niños.

“Si bien la educación está en un 70 por ciento en manos de las mujeres, todos los que conforman el sistema educativo, sean del género masculino o femenino, son maestros comprometidos que día a día se esfuerzan para que la educación que imparten sea de calidad, fomentan valores y enseñan a los niños que esta equidad debe ir más allá de las aulas”, afirmó.

Como este ejemplo, existen otros en los que se visibiliza este equilibrio, como el caso de las mujeres que se abren paso en ingenierías y otras disciplinas tradicionalmente asignadas a hombres.

Fuente: https://laverdadnoticias.com/avanza-en-equidad-de-genero-el-sistema-educativo-yucateco/

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Encuesta: Mexicanos creen que si una mujer estudia, ‘se vuelve más rebelde’.

Por: Regeneración. 22/11/2017

Además, el 88.1 por ciento de los encuestados piensa que la violencia es parte de la vida familiar y que los golpes a una mujer se justifican cuando es necesario ‘corregirla’. 

“Géneros asimétricos. Representaciones y percepciones del imaginario colectivo. Encuesta Nacional de Género”, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en México, las mujeres todavía piden permiso a sus parejas o familiares para salir solas o para trabajar.

La encuesta fue aplicada en distintos estados del país y los resultados indican que el 23 por ciento de las personas consultadas dijo que las mexicanas aún piden permiso para trabajar, mientras el 49.7 por ciento para salir solas, y casi el 50 por ciento para salir de noche.

En colaboración con el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), Patricia Galeana, académica de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), fue la encargada de la investigación, así como Patricia Vargas, de la Universidad de Guadalajara.

Galeana informó que el 52 por ciento de los cuestionados estuvo de acuerdo con la frase “si una mujer estudia se vuelve más rebelde”.

La UNAM detalló que el sondeo tiene 14 variables de opinión, entre las que destacan “Ser hombre y ser mujer”, “Estereotipos de género”, “Masculinidad y emociones”, “Maternidad y paternidad”, “Derechos políticos” y “Percepción del feminismo y sus efectos”, entre otros.

Por ejemplo, en el rubro “Relaciones y violencia”, 88.1 por ciento de los encuestados piensa que ésta es parte de la vida familiar, y el 30 por ciento considera que los golpes a los niños sirven “para corregirlos”.

Además, el 6.4 por ciento cree que pegarle a una mujer se justifica “cuando ella te pega” y 4.7 por ciento “cuando es necesario corregirla”.

En el aspecto de “Estado civil y la organización de parejas y familias”, el 33.6 por ciento de los hombres encuestados, y 31.4 por ciento de mujeres dijeron que la maternidad es la “realización” femenina.

Galeana explicó que otras cifras relacionadas con el estudio apuntan que en la capital siete de cada 10 violaciones de mujeres ocurren al interior de la familia, y en 90 por ciento de los casos la madre tenía conocimiento de la situación y lo permitía por amenazas o intimidación.

Este hecho, dijo la académica, pasa en un escenario muy negro “el tema pasa por una cuestión cultural porque las madres formamos a los machos mexicanos; la crianza está a nuestro cargo”.

Por ello, dijo que “es indispensable establecer un sistema educativo formal e informal de respeto a los derechos de las personas, independientemente del sexo, etnia, edad, ideología, preferencia sexual o cualquier condición”.

*Fuente: https://regeneracion.mx/mexicanos-creen-que-si-una-mujer-estudia-se-vuelve-mas-rebelde-encuesta/

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México: Revelan violaciones de derechos humanos de 559 niños indígenas

México/22 de Noviembre de 2017/Cooperativa CL

Estudio de la Comisión Nacional de los DD.HH. halló «violencia física y psicológica» por parte de empleados de sistema de desarrollo integral.

Entre las vulneraciones se encuentran «diversas afectaciones a la salud y datos clínicos de desnutrición infantil».

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Lucha de los maestros frena impulsos neoliberales en México.

América del Norte/México/21.11.2017/Autor y Fuente:http://www.prensa-latina.cu/
La lucha de los maestros mexicanos contra la Reforma educacional ha sido el freno de los impulsos neoliberales del actual gobierno, advirtió hoy el escritor e historiador Pago Ignacio Taibo.
En declaraciones a la prensa precisó que las acciones -marchas, protestas, bloqueos- del magisterio fueron y serán decisivas para detener el avance de los proyectos privatizadores de la enseñanza, que perjudicarían a la mayoría de las familias.
El premiado escritor y activista social, autor de las biografías de Pancho Villa, Antonio Guiteras y de Ernesto Che Guevara, subrayó que la Reforma educativa es una ley autoritaria.
Argumentó que la de energía promulgada por el presidente Enrique Peña Nieto, está dirigida arrebatarnos el petróleo, al igual que la de la minería, para seguir entregando las riquezas nacionales.
Analizó, además, cómo las luchas sociales han parado en seco la reforma del seguro social, otro de los proyectos neoliberales de la actual administración.
En México, afirmó Taibo, intelectuales, estudiantes, organizaciones sociales y sindicales, libra una batalla en contra las reformas para salvar a los mexicanos y al país.
Fuente:http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=132503&SEO=lucha-de-los-maestros-frena-impulsos-neoliberales-en-mexico
Imagen:http://www.lajornadaguerrero.com.mx/media/k2/items/cache/90c57ca8306bf148ef75c82407e738af_Generic.jpg
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Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

Angélica Buendía∗, Susana García Salord∗, Rocío Grediaga∗, Monique Landesman∗, Roberto Rodríguez-Gómez∗, Norma Rondero∗, Mario Rueda∗, Héctor Vera∗

Introducción

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulo a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulo subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado debería ser el logro de la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta, y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna el trabajo académico en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo, a gusto o disgusto, acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías, previa evaluación es por periodos determinados, los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática, que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades —académica e instrumental— explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulo (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Antecedentes de los programas de evaluación del trabajo académico

A mediados de la década de 1980, se implementaron una serie de políticas públicas relacionadas con la educación superior cuyo propósito era orientar su conducción a través de diferentes programas e instrumentos de evaluación del trabajo académico, que se incorporaron paulatinamente en las instituciones. Su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir, se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica: aproximadamente el 30 por ciento del total.

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) ha sido el programa más visible de estas políticas; fue el primero que buscaba paliar los efectos de las crisis económicas, así como contribuir a retener a los investigadores de las instituciones públicas y a fortalecer la investigación. En su diseño participaron académicos de la UNAM y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, además de miembros de la Academia de la Investigación Científica (actualmente Academia Mexicana de Ciencias), que estaban ubicados en puestos clave y que para crear el SNI actuaron ante la coyuntura de la crisis de las finanzas públicas de 1982. El sistema que consiguió articularse estaba limitado a los investigadores, era externo a las instituciones y planteó criterios propios de selección. El SNI representó el primer mecanismo de alcance nacional de reconocimiento y retribución a los académicos, basado en el desempeño.

En paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con ANUIES, puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep), y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Esto ha conducido a que no sólo en el ámbito de los estímulos al personal académico, la educación superior en México se caracterice por ser un sistema dual, en el que operan políticas diferenciadas que no han alcanzado su adecuada articulación. Por una parte, se encuentra el sector de la educación superior universitaria y tecnológica, que responde a las políticas delineadas por la Subsecretaría de Educación Superior, de la SEP. Por la otra, está el sector del posgrado y la investigación científico-tecnológica, cuyas políticas son delineadas y operadas por el Conacyt.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular, pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académico afecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en condiciones formativas y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica se ha envejecido, lo cual, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

  • que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;
  • que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;
  • que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;
  • que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);
  • que los resultados sean transparentes;
  • que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar, y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que —al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo— el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere, la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador, la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras, el tipo de dificultades más frecuentes, los índices de aprobación y rechazo, el contenido y el número de las solicitudes de revisión, las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un buen evaluador.

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

Fuente del Artículo:

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

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México: Secretaría de Educación invierte 12 mil mdp en obras de rehabilitación

México/Noviembre de 2017/Fuente: Am Queretaro

El programa Escuelas al CIEN invierte más de 12 mil millones de pesos en mejora y rehabilitación de planteles públicos del país, informó el director general del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (Inifed), Héctor Gutiérrez. Un proyecto de inversión que inició bajo propuesta del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño.

El director general del Inifed destacó que de 2015 a noviembre de 2017, la institución autorizó la transferencia de recursos correspondiente a 13 mil 24 anticipos y 31 mil 569 estimaciones, a los institutos estatales de infraestructura física educativa.

En un comunicado de la Secretaría de Educación Pública, indicó que con el programa Escuelas al CIEN, la derrama económica a nivel nacional generó 154 mil 516 empleos de mano de obra directa, 77 mil 258 empleos en empresas formalmente constituidas, y 46 mil 354 en pequeñas y medianas empresas (Pymes), que propiciarán una mayor ocupación laboral en compañías mexicanas.

Gutiérrez de la Garza aseguró que con los recursos se dará atención a daños en muros, pisos, techos, ventanas, pintura, impermeabilización, escaleras, barandales, instalación eléctrica, bardas.

También se atenderá la rehabilitación de instalaciones hidráulicas y sanitarias, el mejoramientode muebles sanitarios, así como se canalizarán recursos para el desarrollo de mejores espacios para maestros y personal directivo y administrativo e infraestructura para la conectividad.

Fuente: http://amqueretaro.com/el-pais/mexico/2017/11/19/secretaria-educacion-invierte-12-mil-mdp-obras-rehabilitacion

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