América del Norte/México/11 Marzo 2017/Fuente: El Express
América del Norte/México/11 Marzo 2017/Fuente: El Express
Por: Internacional de la Educación
Declaración de Hugo Yasky, Presidente del Comité Regional de la Internacional de la Educación para América Latina ante la insistencia de Donald Trump en la construcción del muro en la frontera entre México y Estados Unidos.
La Internacional de la Educación para América Latina expresa su repudio absoluto a la propuesta Donald Trump, el recién asumido Presidente de los Estados Unidos de levantar un muro en la frontera entre Estados Unidos y México.
Vivimos en una época de conexión y cercanía entre los pueblos del mundo como nunca antes se ha visto. Es un momento en el que afrontamos los mismos retos a nivel global y la mejor forma de afrontarlos es mediante la unidad, la integración y la hermandad de los pueblos. El tiempo de los muros quedo en el pasado, debemos aprender de ello y no tropezar de nuevo.
La migración es un fenómeno tan antiguo como la sociedad misma, criminalizarla y perseguir a las personas que deciden o muchas veces se ven forzadas a abandonar sus hogares por motivos que les son completamente ajenos es un retroceso enorme en derechos humanos y una atrocidad moral. Esto es aún más claro en cuanto los motivos de estas migraciones muchas veces son el resultado directo de las políticas externas y el intervencionismo de los diferentes gobiernos estadounidenses.
Las políticas de exclusión y persecución solo han promovido que el negocio de la migración sea manejado por personas u organizaciones de manera ilegal. Esto con la consecuente amenaza a la vida de las personas y familias migrantes para que paguen a quienes promueven este negocio a nivel mundial. Finalmente, como resultado de esto queda la desaparición y, o la muerte de personas de diferentes edades.
Este es el trasfondo que oculta la política que se encuentra promoviendo el nuevo Presidente de los Estados Unidos en el marco del fortalecimiento de un proceso de nacionalismo y conservadurismo.
La Internacional de la Educación para América Latina extiende esta nota de repudio en solidaridad con los hermanos y hermanas migrantes de todo el mundo, en especial al pueblo mexicano migrante, a los latinos y latinas, a quienes la construcción de este muro va dirigida no solo como una ofensa personal sino también como una negación de su humanidad y un atropello a su dignidad. Reiteramos nuestra solidaridad con las y los trabajadores migrantes que se encuentran en suelo de los Estados Unidos.
Necesitamos sociedades integradas trabajando juntas por los derechos comunes, sin promocionar el odio, el miedo y la división sino por la integración humana y social.
No a la xenofobia, no al racismo, no a la discriminación, no al muro.
Fuente: http://www.ei-ie-al.org/index.php/1401-hugoyasky-trump-levanta-muros-america-latina-levanta-la-integracion-social
Por: Evidencia en la Escuela. Paul A. Kirschner.
Resumen
Los seres humanos nos diferenciamos unos de otros en multitud de formas, y como tal, nuestras preferencias varían en cuanto a música, alimentación o aprendizaje, por ejemplo. Como resultado, a muchos estudiantes, padres, profesores, administradores, e incluso investigadores, les parece intuitivamente correcto decir que como las personas prefieren aprender de forma visual, auditiva, cinestética, u otras, deberíamos adaptar la enseñanza, las situaciones y los recursos educativos a estas preferencias. ¿Es esto un problema? La respuesta es un rotundo ¡Sí! En términos generales hay varios problemas importantes con respecto a los estilos de aprendizaje. En primer lugar, hay una gran diferencia entre el modo en que alguien prefiere aprender y lo que realmente le lleva a un aprendizaje eficaz y eficiente. En segundo lugar, las preferencias de estudio no son estilos de aprendizaje. La mayoría de los llamados estilos de aprendizaje están basados en clasificar a las personas en grupos. Sin embargo, los estudios objetivos pocas veces tienen en cuenta que una persona se puede asociar a distintos grupos. Finalmente, casi todos los estudios que presentan pruebas sobre estilos de aprendizaje, no satisfacen los criterios elementales de validez científica. Basado en la evidencia científica, este artículo pide a profesores, administradores e investigadores, que dejen de propagar el mito de los estilos de aprendizaje.
“Ninguna suma de creencias hace de algo un hecho” – James Randi
“Todo hombre tiene derecho a su propia opinión, pero ningún hombre tiene derecho a equivocarse en sus actos” – Bernard Baruch[1]
A continuación, un comentario invitado para esta revista, que además pretende servir de carta abierta a todos mis colegas académicos que investigan en esta área de conocimiento, a editores, a miembros de consejos editoriales y/o a revisores de revistas científicas como esta. En 2013 publiqué un artículo en Educational Psychologist con mi buen amigo y colega Jeroen van Merriënboer titulado “¿Saben realmente los estudiantes lo que es mejor para ellos? Leyendas urbanas en educación”. En dicho artículo discutimos una serie de leyendas urbanas que influyen en la enseñanza y la educación, tales como los estilos de aprendizaje, los nativos digitales, la multitarea, la pirámide de aprendizaje, entre otras. Basado en un tuit mío relacionado con un artículo publicado en Computers & Education, los editores se dirigieron a mí de la siguiente manera:
El 18 de agosto usted tuiteó: “¡La revista científica Computers & Education publica bulos sobre estilos de aprendizaje! ¿Cuándo los editores van a parar este absurdo?” Esto se relacionó con el reciente artículo sobre estilos de aprendizaje en nuestra revista.
Creemos que los lectores de nuestra revista estarán interesados en una indagación más detallada sobre los estilos de aprendizaje, por lo que queremos pedirle que escriba un “comentario invitado” sobre este tema.
La esencia de mi crítica a los estilos de aprendizaje es que no hay una base científica real para la proposición (más bien debería ser considerada una creencia) de que (1) un alumno tiene realmente cierto estilo de aprendizaje óptimo, (2) este es consciente de cuál es su estilo de aprendizaje personal y/o hay una manera confiable y válida para determinar este estilo, y (3) un aprendizaje e instrucción óptimos implican, primero determinar este estilo de aprendizaje, y luego alinear la instrucción en consecuencia.
El supuesto en que se basan los estilos de aprendizaje es que los profesores, instructores, diseñadores educativos, desarrolladores pedagógicos, etc., deben adoptar el estilo de aprendizaje que, (1) los estudiantes dicen que tienen o (2) el determinado por alguno de los instrumentos existentes (por ejemplo, cuestionarios de estilos de aprendizaje), lo cual determina qué se debe tener en cuenta con respecto al estudiante, al diseñar, desarrollar, e impartir la instrucción. Al hacer esto, se facilitará un aprendizaje óptimo y se permitir el pleno desarrollo del estudiante para lograr resultados óptimos. Aunque esta idea parece intuitivamente atractiva y suena como si tuviera cierto grado de validez, hay dificultades fundamentales tanto en el diagnóstico de los estilos de aprendizaje como en la alineación de la instrucción con estos estilos. En el resto de este comentario intentaré aclarar cuáles son estos problemas.
En nuestro artículo (Kirschner y van Merriënboer, 2013) planteamos primero que los estilos de aprendizaje clasifican mal (en realidad encasillan) a los estudiantes. La mayoría de los estilos que se han “determinado” se basan en tipos. El estudiante no se asocia a un estilo basado en un conjunto de medidas en diferentes dimensiones, sino que se clasifica en un grupo específico, a menudo exclusivo (para una panorámica sobre estilos de aprendizaje véase Cassidy, 2004; Coffield, Moseley, Hall y Ecclestone, 2004,). El primer problema aquí es que la gente no puede simplemente agruparse en grupos específicos y distintos como muestran varios estudios (véase, por ejemplo, Druckman & Porter, 1991). La mayoría de las diferencias entre personas en cualquier dimensión que uno pueda imaginar son graduales y no nominales. Incluso la clasificación sexo/género que hasta hace poco se consideraba dicotómica ha demostrado ser más matizada que eso. Los defensores del uso de estilos de aprendizaje tienden a ignorar esto y usan criterios arbitrarios, como una mediana o una media en una cierta escala para asociar a una persona con un estilo específico.
Con respecto a este simple encasillamiento de los estudiantes, Barbara Prashnig (2005), quien podría ser considerada partidaria de los estilos de aprendizaje, y quien ha desarrollado instrumentos de estilos de aprendizaje, escribe que en uno de los instrumentos de estilos de aprendizaje más complejos y detallados del mercado [el Analizador de Estilos de Aprendizaje (Learning Style Analysis, LSA)] hay al menos 49 elementos diferentes… [con]… complejas combinaciones de estilos, matizadas por grados de necesidades que van desde preferencias claras a ninguna preferencia, pasando por preferencias flexibles. Dados los numerosos componentes de los estilos… no es posible etiquetar a los estudiantes simplemente seleccionando un rasgo de un estilo como predominante (p. 2).
En cuanto al número de clasificaciones (encasillamientos) que se han creado, Coffield y otros (2004) escriben que “el gran número de dicotomías en la literatura transmite algo de la confusión conceptual actual” (p. 136). En su revisión se refieren a 30 estilos de aprendizaje dicotómicos diferentes en la literatura[2] (ver Tabla 1).
El segundo problema tiene que ver con la validez, confiabilidad y poder predictivo de las pruebas de estilos de aprendizaje que se están utilizando. Stahl (1999) reportó inconsistencias y baja confiabilidad en la medición de estilos de aprendizaje cuando los individuos realizan una prueba específica en dos momentos diferentes. En otras palabras, la fiabilidad entre pruebas es bastante baja. Esto también está relacionado con la información que se utiliza frecuentemente para evaluar los estilos de aprendizaje. El método más utilizado es la autoevaluación. Infortunadamente, la idoneidad de la autoevaluación para evaluar un estilo de aprendizaje es muy dudosa (véase por ejemplo Veenman, Prins, & Verheij, 2003).
La razón es que los estudiantes no son capaces de y/o no están dispuestos a informar lo que en realidad hacen, o lo que creen que hacen. Para ilustrar la falta de fiabilidad de la autoevaluación, Rawson, Stahovich y Mayer (2016) les preguntaron a un grupo de estudiantes cuándo hicieron su tarea y cuánto tiempo trabajaron en ella. También les dieron a estos estudiantes un “bolígrafo inteligente”, el cual indicaba cuándo y cuánto tiempo trabajaban en su tarea. Si bien hubo una significativa correlación positiva (r=,44) entre la cantidad de tiempo que los estudiantes pasaron trabajando en su tarea (medido por el “bolígrafo inteligente”) y la nota obtenida por los estudiantes en el curso, no hubo correlación significativa (r=‑-,16) entre la nota y el tiempo que los estudiantes dijeron haber dedicado a la tarea. En otras palabras, no hubo una correlación real entre la autoevaluación subjetiva y la medición objetiva. Además, la mayoría de los estudiantes (88%) sobrevaloraron el tiempo que dedicaron la tarea. Por último, Massa y Mayer (2006), encontraron que cuando los estudiantes informaban su preferencia por la información verbal en lugar de la información visual, esta preferencia solo estaba débilmente relacionada con sus habilidades reales medidas objetivamente (es decir, su capacidad espacial).
Además, la forma aprendizaje preferida según las autoevaluaciones suele ser un mal indicador de la forma más eficaz de aprender; lo que las personas prefieren no es, por definición, lo mejor para ellos. Knoll, Otani, Skeel y Van Horn (2016) concluyen que los estilos de aprendizaje están asociados con aspectos subjetivos del aprendizaje, y no con aspectos objetivos. En otras palabras, cabe preguntarse si realmente los estudiantes saben lo que es mejor para ellos. Clark (1982) publicó un metaanálisis crítico con respecto a la preferencia del alumno a la hora de elegir un cierto tipo de instrucción, y encontró que con frecuencia dicha preferencia tenía una correlación negativa con el qué y el cuánto se aprendió, y que en el mejor de los casos, no existía correlación alguna. Dicho de otra manera, aquellos estudiantes que dijeron preferir una forma particular de aprender, en la mayoría de los casos no tuvieron mejores resultados usando dicha forma, o incluso mostraron peor rendimiento. Este autor usó el término matematántico[3] (del griego mathema = un estudio donde algo es aprendido + thanatos = muerte) para describir un método de instrucción que por un lado coincide con la forma favorita de aprender del alumno, pero que a la vez es improductivo o perjudicial para su aprendizaje (Clark, 1989). En tal caso, un modelo de instrucción compensatorio o incluso remedial (véase Salomon, 1971, así como Berliner & Cahen, 1973, cuando discuten las interacciones rasgo-tratamiento) es probablemente un mejor enfoque, encaminado a compensar los efectos no deseados de una predisposición o preferencia específica (van Merriënboer, 1990). Para ponerlo en un contexto diferente, mientras que la mayoría de las personas prefieren los alimentos dulces, salados y/o grasos, creo que todos estaremos de acuerdo en que esa no es la mejor dieta a seguir, salvo que pretendamos poner en riesgo nuestra salud y ganar peso.
Tabla 1. 30 Estilos de aprendizaje discutidos en Coffield y otros (2004)
| · Convergentes vs. divergentes | · Verbales vs. visuales |
| · Holísticos vs. seriados | · Profundos vs. superficiales |
| · Activos vs. reflexivos | · Pragmáticos vs. teóricos |
| · Adaptadores vs. innovadores | · Asimiladores vs. exploradores |
| · Dependiente vs. independiente del campo | · Globalistas vs. analistas |
| · Asimiladores vs. acomodadores | · Imaginativos vs. analíticos |
| · No comprometidos vs. pujantes | · Estudiantes de sentido común vs. dinámicos |
| · Estudiantes concretos vs. abstractos | · Estudiantes aleatorios vs. secuenciales |
| · Iniciadores vs. razonadores | · Intuicionistas vs. analistas |
| · Extrovertidos vs. introvertidos | · Detección vs. intuición |
| · Pensamiento vs. sentimiento | · Juzgar vs. percibir |
| · Cerebral izquierdo vs. derecho | · Significado-directo vs. indirecto |
| · Teóricos vs. humanistas | · Activos vs. teóricos |
| · Pragmáticos vs. reflexivos | · Organizadores vs. innovadores |
| · procesadores secuenciales izquierdo / analíticos / inductivos vs. procesadores simultáneos derechos / globales / deductivos | · Ejecutivo, jerárquico, conservador vs. legislativo, anárquico, liberal |
Con respecto a la fiabilidad y validez de determinar el estilo de aprendizaje de una persona, Coffield y otros (2004) revisaron los 13 instrumentos más utilizados para determinar los estilos de aprendizaje con respecto a criterios psicométricos elementales, o sea, consistencia interna, fiabilidad entre pruebas, validez del constructo y validez predictiva (véase Tabla 2; Tabla 44 en su artículo).
Tabla 2. Trece modelos/instrumentos de estilos de aprendizaje y su cumplimiento de criterios elementales. (Coffield y otros, 2004; las referencias a estos instrumentos pueden encontrarse en dicho artículo).
| 13 modelos de estilos de aprendizaje y su cumplimiento de criterios elementales.+ satisface criterio⨯ no satisface criterio— falta evidencia o no está claro
Nota: Evaluación “externa”, o sea, no dirigida o supervisada por los autores del modelo. |
Consistencia interna | Fiabilidad entre pruebas | Validez del constructo | Validez predictiva | ||
| 1 | Jackson | — | — | — | — | |
| 2 | Riding | ⨯ | ⨯ | ⨯ | ⨯ | |
| 3 | Sternberg | ⨯ | ⨯ | ⨯ | ⨯ | |
| 4 | Dunn and Dunn | ⨯ | ⨯ | ⨯ | + | |
| 5 | Gregorc | ⨯ | ⨯ | ⨯ | + | |
| 6 | Honey and Mumford | ⨯ | + | ⨯ | ⨯ | |
| 7 | Kolb | — | + | ⨯ | ⨯ | |
| 8 | Entwistle | + | — | + | ⨯ | |
| 9 | Herrmann | — | + | + | — | |
| 10 | Myers-Briggs | + | + | ⨯ | ⨯ | |
| 11 | Apter | + | + | — | + | |
| 12 | Vermunt | + | + | + | + | |
| 13 | Allinson and Hayes | + | + | + | + |

Fig. 1. Interacción cruzada
Los autores concluyen que tres de los modelos (Jackson, Riding, e inteligencias múltiples de Sternberg) no se asociaron con ninguno de los cuatro criterios, cuatro (Dunn & Dunn, Gregorc, Honey & Mumford, y Kolb) se correspondieron con un solo criterio, tres (Entwistle, Herrmann, e indicador de tipo de personalidad de Myers-Briggs) con dos criterios, dos (Apter y Vermunt) con tres criterios y uno solo se asoció con los cuatro criterios (indicador de estilo cognitivo de Allinson & Hayes), pero este instrumento midió estilos cognitivos y no estilos de aprendizajes.
Nosotros concluimos en nuestro artículo (Kirschner y van Merriënboer, 2013):
Cuando en el diseño de la enseñanza se tienen en cuenta las diferencias entre los estudiantes, se debería evaluar las habilidades cognitivas más que los estilos de aprendizaje preferidos, porque las habilidades predicen mejor cómo las personas aprenden más eficazmente. Además, estas habilidades cognitivas deben ser medidas objetivamente en una escala ordinal, más que por autoevaluaciones subjetivas que son usadas para asociar personas con tipos en base a uno o más criterios arbitrarios.
Como un experimento imaginario, ignoremos todas las dificultades discutidas en relación con la medición y la determinación de los estilos de aprendizaje, y entonces preguntémonos si deberíamos adaptar la instrucción a los estilos de aprendizaje preferidos o determinados. Aquí, la hipótesis de los estilos de aprendizaje (Pashler, McDaniel, Rohrer, y Bjork, 2009) es importante, o sea, que se encontrará una interacción cruzada (véase Fig. 1) en la cual un tipo específico de estudiante aprende significativamente mejor con un método de enseñanza adaptado a su estilo de aprendizaje, mientras que otro tipo específico diferente de estudiante con un estilo de aprendizaje opuesto, aprende mejor con un método de instrucción adaptado a su estilo.
Por ejemplo, de acuerdo a esta hipótesis, los estudiantes que prefieren aprender de forma verbal, aprenderán mejor cuando se les enseña a través de métodos de instrucción verbales (por ejemplo, cuando se les da a leer un libro o un artículo), pero tendrán un bajo rendimiento al aprender con vídeos. En cambio los que prefieren aprender de manera visual, aprenderán mejor cuando se les enseña a través de métodos de instrucción visuales (por ejemplo, cuando se les orienta que vean un video) que cuando aprenden leyendo un libro. Lo importante aquí es que no es suficiente que se encuentre una interacción estadísticamente significativa entre un estilo y un método. Solo una interacción cruzada real se puede usar para confirmar las hipótesis de los estilos de aprendizaje.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, cabe cuestionarse si existen suficientes estudios que presenten interacciones cruzadas robustas entre estilo y método, independientemente de si se usa un modelo preferencial, correctivo o compensatorio como base de las interacciones. Infortunadamente para los partidarios de los estilos de aprendizaje, este no es el caso (véase Coffield y otros, 2004, Pashler y otros, 2009, y Rohrer & Pashler, 2012). Pashler y otros (2009, p. 105) concluyen que “actualmente, no existe una base de evidencias adecuadas para justificar la incorporación de las evaluaciones de los estilos de aprendizaje en la práctica educativa general. Por lo tanto, sería mejor dedicar los limitados recursos educativos a la adopción de otras prácticas educativas que tengan una sólida base en evidencias, de las cuales hay un número cada vez mayor”.
En contraste, una serie de estudios recientes, bien diseñados, contradicen la hipótesis de los estilos de aprendizaje. Pashler y otros (2009) afirmaron que una investigación rigurosa sobre los estilos de aprendizaje debe seguir tres pasos:
Teniendo en cuenta estos tres pasos, Constantidinou y Baker (2002), por ejemplo, no encontraron relación alguna entre tener un supuesto estilo de aprendizaje visual y el aprendizaje de elementos verbales presentados de manera visual o auditiva. Massa y Mayer (2006) tampoco encontraron nada que apoyara la idea de que los diferentes métodos de enseñanza, enfatizando la información pictórica o verbal, eran de beneficio, de forma cruzada, para los visualizadores y verbalizadores, respectivamente. Se han encontrado resultados negativos similares para otros estilos de aprendizaje. En la enseñanza médica, Cook, Thompson, Thomas y Thomas (2009), no encontraron apoyo para la premisa de que trabajar desde los problemas a la teoría (es decir, siguiendo un enfoque inductivo) o de la teoría a los problemas (es decir, siguiendo un enfoque deductivo), conduciría a un mejor aprendizaje para los estudiantes sensores/concretos y los estudiantes intuitivos/abstractos, respectivamente. Por último, Rogowksy, Calhoun y Tallal (2015) no encontraron relación alguna estadísticamente significativa entre la preferencia por un estilo de aprendizaje particular (por ejemplo, auditivo, visual) y el aprendizaje (por ejemplo, la comprensión auditiva y la comprensión lectora).
La lista de estudios que demuestran el absurdo de los estilos de aprendizaje es abrumadora. A continuación dos interesantes citas relacionadas con el gran número de estudios sobre estilos de aprendizaje:
Para Morrison, Ross, Kalman, y Kemp (2011, p. 59), “a pesar de la extensa bibliografía sobre estilos de aprendizaje, subsisten interrogantes sobre el grado en que tales estilos pueden adaptarse a los métodos de enseñanza con algún beneficio para el aprendizaje (Knight, Halpin, & Halpin, 1992; Park & Lee, 2004; Snow, 1992). ”
Para Dembo y Howard (2007, p.107), “…los instrumentos de estilo de aprendizaje no han demostrado ser válidos y confiables, no hay beneficio en adaptar la instrucción al estilo de aprendizaje preferido y no hay evidencia de que comprendiendo su estilo de aprendizaje mejore su aprendizaje y sus resultados… Rogamos a los educadores que reconsideren sus prácticas de instrucción, especialmente el consejo que dan a sus estudiantes sobre los estilos de aprendizaje, y basen sus prácticas en una investigación sólida”.
Para terminar, hay cuatro conclusiones que se pueden plantear con respecto a los estilos de aprendizaje y los estudios asociados a estos:
En otra referencia, Coffield y otros (2004) afirman que el concepto de estilos de aprendizaje está tan mal definido que es prácticamente inútil para la instrucción. Wheeler (2011) resumió esta afirmación así: “Probablemente la única razón por la que algunos profesores (y muchas instituciones educativas) se aferran a la idea de experimentar con estilos de aprendizaje, es que es conveniente hacerlo, y que de abandonar la idea por completo, tendrían que trabajar más duro con los estudiantes”.
A esto solo puedo añadir que cuando los maestros dicen que tienen pruebas de que el uso de estilos de aprendizaje funciona, la “prueba” que dan es principalmente anecdótica. Según Rosenthal y Jacobson (1992), lo que ven y/o experimentan es, probablemente, que cuando los maestros esperan un mejor desempeño de sus estudiantes, el desempeño es mejorado. Esto se conoce como efecto Pigmalión o Rosenthal, donde unas expectativas más altas conducen a un aumento en el rendimiento. Rosenthal sostiene que tales expectativas sesgadas afectan la realidad y crean profecías auto-realizables. Relacionado con esto, Reiner y Willingham (2010) declaran:
“…la teoría de estilos de aprendizaje ha logrado convertirse en “conocimiento común”. Su amplia aceptación sirve como una razón, lamentablemente, para creer en ella. Esto se acompaña de un conocido fenómeno cognitivo llamado confirmación sesgada. Al evaluar nuestras propias creencias, tendemos a buscar información que confirme nuestras creencias e ignorar la información contraria, incluso cuando la encontramos repetidamente. Cuando vemos a alguien que profesa ser un aprendiz visual y sobresale en geografía y un alumno auditivo sobresale en música, no buscamos la información que refute nuestra interpretación de estos eventos (¿Puede el alumno auditivo aprender geografía a través de la escucha? ¿Puede el alumno visual mejorar en la música viéndola?)“
Newton (2015) encontró que una abrumadora mayoría (89%) de los recientes artículos de investigación, con el rango de fechas del 23 de julio de 2013 al 23 de julio de 2015, que figuran en las bases de datos de investigación ERIC y PubMed, apoyan implícita o directamente el uso de estilos de aprendizaje en la educación superior. Queremos hacer un llamamiento a la comunidad científica en esta área a hacer las cosas como corresponde. Howard-Jones (2014), presentando un estudio que llevó a cabo con Dekker, Lee, Howard-Jones y Jolles en 2012, encontró que el 95% de los profesores en Gran Bretaña, Holanda, Turquía, Grecia y China, estaban convencidos de que “los individuos aprenden mejor cuando reciben información en su estilo de aprendizaje preferido (por ejemplo, visual, auditivo o cinestético)”.
Somos creadores y guardianes de nuevos conocimientos. Lo que estudiamos y/o publicamos puede y debe tener un impacto tanto en el mundo científico en el que nos desempeñamos como en el mundo educativo al que servimos. Como tal, es nuestro deber solemne investigar y publicar siguiendo buenas prácticas científicas, independiente de resultados positivos significativos, y combatir la difusión de la pseudociencia, los mitos y las mentiras abiertas. No hay beneficio que se pueda obtener al adaptar y diseñar la educación y la instrucción a estos denominados estilos. De hecho, de acuerdo con los efectos matematánticos de los enfoques preferidos en la instrucción, puede incluso suceder que de aplicar esta práctica, los administradores, maestros, padres, e incluso estudiantes, influyan negativamente en el proceso de aprendizaje, y por ende en los resultados educativos. Con esto en mente, considero necesario, e incluso nuestro deber como investigadores y/o editores y revisores de revistas, no propagar tales mitos. Debemos salvaguardar nuestra credibilidad como investigadores, como (portavoces de la) comunidad científica y trabajar en beneficio de aquellos a quienes servimos, a saber, la comunidad científica y la ciudadanía en general, especialmente educadores y estudiantes.
Agradecimientos
Estoy en deuda de gratitud con Jeroen van Merriënboer, con quien escribí el artículo en que se basa este comentario. También me gustaría agradecer a Pedro de Bruyckere, compañero de batallas quijotescas contra los mitos y las leyendas urbanas en la enseñanza y aprendizaje, quien leyó y comentó la primera versión de este artículo.
Notas
[1] Una variante de este planteamiento es atribuida a Daniel Patrick Moynahan como “Cada cual tiene derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos”, salvo que la referencia de Baruch se realizó hace 24 años.
[2] Si hay “solo” 30 variables dicotómicas que se pueden aplicar a los estudiantes, entonces hay 230 combinaciones diferentes de estos 30 estilos dicotómicos, lo cual significa que hay al menos 1,073,741,824 estilos de aprendizaje diferentes. Si solo contamos los niño(a)s aquí (estimados en 2 billones), esto significa un estilo por cada dos niño(a)s.
[3] Ernst Rothkopf había acuñado ya en 1970 (Rothkopf, 1970) el término actividades matemagénicas (gigneshai = nacer) para referirse a aquellas actividades que dan lugar a un proceso de aprendizaje.
Fuente: https://evidenciaenlaescuela.wordpress.com/2017/02/26/dejad-de-propagar-el-mito-de-los-estilos-de-aprendizaje-paul-kirschner/
Fotografía: google images
Por: Gilberto Dorantes Álvarez/Insurgencia Magisterial
Actualmente estamos viviendo una era cibernética para la cual no fuimos preparados, no hemos sido educados para usar con eficiencia y responsabilidad las nuevas tecnologías a las cuales la gran mayoría de la población tiene acceso.
El raciocinio es una facultad mental que nos permite entender y razonar para poder tomar la mejor decisión ante el problema que se nos presente. El grave inconveniente es que debido a muchos factores, muchas personas han ido perdiendo la capacidad de razonar, situación que tiene que ver con el actual sistema educativo nacional, pues los planes y programas que se están aplicando en la educación pública, están diseñados para que el raciocinio solo se vea y conozca su significado, pero en la realidad no se lleva a la práctica.
Muchos profesores comprometidos con su profesión y con su pueblo, hacen a un lado el mandato de la secretaría de educación pública y desde temprana edad en los infantes, empiezan a realizar actividades que llevan a un desarrollo pleno del razonamiento lógico, fortaleciendo el intelecto de sus alumnos, aunque cada día poder realizar estas actividades se vallan complicando por el uso desmedido por parte de los alumnos de las redes sociales, las cuales tienen demasiada injerencia en la educación y comportamiento del ser humano.
El WhatsApp, Facebook e Instagram, son las aplicaciones que más popularidad tienen entre los jóvenes y adultos, actualmente son las redes sociales por excelencia pues por estos medios creen mantenerse informados, cuando en la realidad solo son medios de entretenimiento, debido a un alto grado de inconfiabilidad existente en este tipo de redes sociales, pues no existe algo que regule la información que circula a través de estas aplicaciones.
Gran parte de toda esa “información” es falsa, inclusive documentos que al parecer son de carácter oficial, emitidos por alguna dependencia gubernamental, pues con los avances de las tecnologías, esos documentos pueden ser alterados en su contenido, y muchos usuarios al leerlos, dan por hecho que son verdad. Tal es el caso de las imágenes que son alteradas con la intención de denostar a las autoridades o instituciones que las emiten con la finalidad de difundir el trabajo que están realizando y que al llegar a usuarios de las redes sociales las continúan distribuyendo a sus contactos y estos no dejan de hacer comentarios malosos y ofensivos además, en contra de la institución o gobierno que la haya emitido y solo pocas, muy pocas personas se toman el tiempo necesario para observar y razonar antes de emitir un juicio al respecto.
Ahora bien, piense usted el papel que jugarán las redes sociales en las votaciones venideras para elegir a quienes van a representarnos en los distintos ayuntamientos del estado de Veracruz.
Los adversarios políticos de uno y otros partidos las han usado y continuarán usando las redes sociales para seguir abusando de la ignorancia de nuestro pueblo que nunca fue educado para usar las nuevas tecnologías para el desarrollo pleno del ser humano. Estas deberían ser reguladas por alguna institución gubernamental para evitar los abusos y difamaciones en las contiendas electorales, porque habrá mucho lodo y porquería sobre algunos personajes que van a contender por alguna alcaldía, y lo peor es que será desde lo oscuro, desde un lugar donde no serán detectados tan fácilmente, serán personas cobardes sin valor civil, que desde el anonimato tratarán de ensuciar el camino de su oponente.
Leeremos mucha inmundicia y muchos darán por verdad lo escrito en las redes sociales porque no estamos educados para razonar. ¡Reflexionemos mientras llega el próximo café!
Fuente: http://insurgenciamagisterial.com/razonamos-de-verdad/
Fotografía: youtube
Por: Pedro Echeverría V.
2. México, aunque sea “patio trasero” de los EEUU desde que este país se transformó en el “amo del mundo”, ha sido protegido para que no se convierta en un peligro. Por ello ha resultado muy extraño el trato tan fuerte que ha recibido de Trump, el presidente de ese país. Muchos piensan que sólo puede ser un chantaje, una serie de presiones para que el gobierno de México se someta mucho más que antes, ignorando Trump que desde 1982 todos los políticos y empresarios se han arrastrado como gusanos e ignoran qué más pueden hacer. ¿Puede olvidarse que los gobiernos mexicanos mantuvieron un poco de independencia y menos sumisión antes de 1982 a tal grado que no rompieron con Cuba, apoyaron a refugiados, así como a Nicaragua, El Salvador?
3. Yo nunca había visto tantas amenazas yanquis a México comparadas con las que ahora pone en práctica el presidente Trump. Mi odio permanente contra los yanquis nunca ha sido por su trato a México –a pesar de haberle arrebatado más de la mitad de su territorio a mediados del siglo XIX-ha sido por ser el “policía del mundo” que interviene de manera descarada y brutal contra los pueblos para explotarlos y saquearlos para luego imponer gobiernos que estén a su servicio. Con excepción de Europa donde interviene de otras formas y con otros métodos, en Asia, África y América Latina sus matanzas y asesinatos –contados por millones- han sido brutales. Espero que México no sólo sea nacionalista o chovinista y que piense en el mundo.
4. Desde hace por lo menos un siglo, una de las políticas principales de todos los gobiernos de los EEUU, era cuidar que sus países vecinos no tengan problemas, que estén bien, para asegurar sus fronteras. Aunque los EEUU, como país imperialista no pueda vivir sin explotar o saquear, siempre deberá ser cuidadoso con ellos para asegurar paz y seguridad. Pero ello se acabó desde el momento en que el imperialista reconoció que comenzaba a perder mercados, territorios y presencia en el mundo. Clinton dejó malparado a Bush en 2001 y éste tuvo que actuar de inmediato. ¿Cómo podría caérsele EEUU de sus propias manos sólo porque los Bin Laden, Sadán Hussein de Irak, Gadafi de Libia, Banisadr o los Ayatola de Irán, amenazaban al mundo?
5. A partir de 2001, con el bombardeo de los “torres gemelas” en Nueva York, los yanquis cambiaron sus estrategias de guerra respecto a los países asiáticos. Los argumentos que se dieron para invadir Afganistán e Irak, y amenazar a los países musulmanes, acusándolos de ser los ejecutores de aquellas “torres” y del fallido golpe contra el Pentágono en Washington, sólo convencieron a los ilusos. Investigaciones posteriores demostraron que no fueron ni árabes, ni musulmanes, ni Bin Laden, los que prepararon los aviones suicidas, sino que fueron los mismos yanquis los que crearon los derrumbes de las “torres” para luego crear las guerras que los salvaron de la tremenda crisis económica en que se encontraban los mismos yanquis en ese año.
6. En México hay mucha desesperación entre los políticos porque el país cada vez marcha más aceleradamente hacia su desplome por la caída de la producción, el desempleo, la devaluación, la inflación. Sin embargo el gobierno ha aprovechado el discurso retador del presidente Trump para continuar desviando el descontento de la población. Este presidente yanqui parece poseer muchas convicciones, pero mucha más terquedad; sin embargo no puede asegurarse que cumplirá con sus permanentes amenazas de construir el muro para encerrar la economía de su país. Parece que en algunos meses esta fiebre terminará y el pretexto Trump desaparecerá para llamar a las cosas por su nombre.
Blog del autor: http://pedroecheverriav.
Por: MANUEL MORALES-BELÉN FERNÁNDEZ./El País.
La Real Academia ha anunciado hoy, viernes, que revisará en el Diccionario la definición de “sexo débil” como “conjunto de las mujeres”. Un portavoz de la RAE ha confirmado a EL PAÍS por teléfono que la modificación se hará en la versión online del Diccionario de la Lengua Española (DLE), prevista para diciembre. Esta información de la RAE coincide con una iniciativa lanzada por una joven de 18 años en la plataforma de InternetChange.org (que ha reunido 73.000 firmas en los últimos días), en la que se criticaba a la institución por permitir “estos machismos”.
La actualización del DLE de final de año consistirá en agregar a la entrada de “sexo débil” una “marca de uso” que precisará que se trata de una expresión “con una intención despectiva o discriminatoria”. Esta modificación irá en paralelo a la de “sexo fuerte”, con su actual acepción “conjunto de los hombres”, en la que se incluirá otra marca de uso, con el aviso de que quien dice esas dos palabras, las usa “en sentido irónico”.
La campaña en Change (plataforma con 140 millones de usuarios en el mundo, nueve millones en España, según su web) la puso en marcha la joven Sara Flores Romero, el pasado 21 de febrero, con el lema #yonosoyelsexodébil. Flores, nacida en Huelva, es estudiante de Marketing e Investigación de Mercados y Turismo en la Universidad de Cádiz. Una vez conocida la intención de la RAE, Flores ha declarado a este periódico, por teléfono, que le parece una medida insuficiente. “Lo que me gustaría es que se elimine esa definición, así que voy a seguir con la campaña”.
Flores ha explicado que comenzó con su propuesta tras ver cómo en la red social Instagram una amiga subía una captura de pantalla de la polémica definición en el Diccionario. “Estaba indignada”. Ahora, visto el revuelo, señala: “No pensé que se llegaría a esto”. Flores ha contado también que tanto su familia como sus amigos le han manifestado que se sienten “orgullosos” de ella y de que tenga “las ideas tan claras”.
La escritora Soledad Puértolas, académica de la RAE desde 2010, ha confirmado, en conversación con este periódico, el cambio que se va a producir en la formulación de “sexo débil”. Sin embargo, declara que la propuesta de Sara Flores le ha hecho pensar sobre el significado que tiene en la sociedad, en concreto en los más jóvenes, la palabra débil: “Yo le preguntaría a esta chica por qué cree que débil está mal, si se considera más fuerte que los hombres como mujer. Yo reivindicaría como mujer mi debilidad, y ello no implica inferioridad”. Puértolas cree que la RAE debe ponerse también a trabajar sobre la palabra débil.
La iniciativa de Flores, una de las 350 que cada semana se generan en España, según la web de Change, estaba acompañada del siguiente texto: “Es increíble que en los tiempos que corren se sigan permitiendo estos machismos y más en una institución tan importante como es la Real Academia Española, que dice ‘velar por el buen uso de la lengua española’. Creo que son definiciones que no deberían existir por el mero hecho de que seamos mujeres u hombres”.
Flores añadía: “Como mujer que soy es normal que me sienta ofendida y también pienso que es una gran ofensa para todas las mujeres, y para todas las que han luchado por que hoy en día tengamos derechos. En pleno 2017 me parece vergonzoso que todavía queden mentes tan cerradas. Cuantas más personas firmemos esta petición (hombres y mujeres) más posibilidades tendremos de que la RAE reconsidere estas definiciones y actúe para eliminarlas”. La petición llegaba días antes de que se celebre, como todos los 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer trabajadora.
No es la primera vez que la RAE añade un matiz a una de las definiciones del Diccionario. Un caso similar se produjo, a finales de 2014, con la palabra “gitano”, que en una de sus acepciones, “trapacero”, recogía que era la persona que “con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto”. Desde entonces, a “trapacero” le sigue la nota: “Usado como ofensivo o discriminatorio”.
Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/03/actualidad/1488539517_507823.html
Fotografía: El País