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EEUU: En Louisville, una red de intereses privados conspira para ampliar las escuelas autónomas

Los miembros de la Junta de Educación de Kentucky se han aliado con intereses corporativos para privatizar la educación, incluida la participación en posibles negocios inmobiliarios.

América del NOrte/EEUU/progressive/por 

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UNICEF: La mitad de los adolescentes de todo el mundo sufre violencia en las aulas

Europa/España/PrensaUnicef

  • UNICEF asegura que estudiantes de entre 13 y 15 años sufren violencia por parte de sus compañeros

  • El informe afirma que el acoso puede provocar depresión, ansiedad e incluso incitar al suicidio

  • Hay países donde pegar a los alumnos por parte de los profesores no está prohibido

La vuelta al cole supone para muchos estudiantes una alegría…Es volver a las aulas, reencontrarse con sus compañeros, aprender, superar nuevos retos… pero también lágrimas y temor. La mitad de los estudiantes de entre 13 y 15 años de todo el mundo (cerca de 150 millones de adolescentes), dice haber sufrido algún tipo de violencia por parte de sus compañeros, según revela UNICEF en un informe este jueves.

El estudio indica que este problema afecta al aprendizaje y el bienestar de los estudiantes, tanto en países pobres como ricos.

Para millones de niños alrededor del mundo la escuela no es un lugar seguro. Cada día, muchos estudiantes, ya sea en persona o través de Internet, se enfrentan a una serie de peligros, desde peleas, presión para que formen parte de pandillas o intimidación a formas de disciplina violentas, acoso sexual o violencia armada»,  lamenta Henrietta H. Fore, directora ejecutiva de UNICEF.

Para millones de niños alrededor del mundo la escuela no es un lugar seguro

«Estas situaciones a la larga pueden provocarles depresión, ansiedad y hasta llevarlos al suicidio. La violencia es una lección inolvidable que ningún niño debería de aprender”, reitera H.Fore.

El acoso escolar, en datos

– Más de 1 de cada 3 estudiantes se ha sentido acosado o se ha visto envuelto en peleas físicas.

– 3 de cada 10 estudiantes en 39 países industrializados reconocen haber acosado a otros compañeros.

– Cerca de 720 millones de niños en edad escolar viven en países en los que el castigo corporal en la escuela no está completamente prohibido.

 La violencia infantil en cifras
La violencia infantil en cifras

– Aunque tanto los niños como las niñas corren el mismo riesgo de sufrir acoso escolar, las niñas tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia psicológica y los niños y adolescentes están en mayor riesgo de violencia física y amenazas.

El informe señala que la violencia derivada del uso de armas, navajas o pistolas en las escuelas se sigue cobrando vidas. Así mismo explica que en un mundo cada vez más digital, los acosadores están difundiendo contenidos violentos, dañinos y humillantes simplemente con un clic.

La situación en España

España es el tercero –entre los 37 países de Europa, EE.UU. y Canadá que se incluyen en el informe- con menor índice de violencia en las escuelas entre estudiantes de 13 a 15 años. Sin embargo, y según los últimos datos disponibles de 2014 , en nuestro país el 16,7 % de niños entre 13 y 14 años ha manifestado haber sufrido acoso escolar.

UNICEF anima a los jóvenes de todo el mundo a que alcen su voz y se unan a #STOPViolenciaInfantil, dentro y fuera de las escuelas. Junto varios aliados la ONG propone una serie de medidas urgentes para acabar con la violencia en las escuelas.

Una Lección Diaria: #STOPViolenciaInfantil en las escuelas, se publica como parte de la campaña mundial de UNICEF #ENDviolence Against Children.

Fuente: http://www.rtve.es/noticias/20180906/uno-cada-dos-adolescentes-sufren-acoso-escolar/1792340.shtml

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Canadá: los contratos académicos inseguros son «fuentes principales de estrés»

América del Norte/Canada/PrensaIE

La mayoría del personal académico que trabaja en un contrato en universidades y facultades canadienses no tiene contrato de duración determinada por elección, y la precariedad laboral es una fuente importante de estrés para los académicos, según muestra una encuesta de la Asociación Canadiense de Maestros Universitarios.

Una encuesta de 2.606 académicos contratados en Canadá por la Asociación Canadiense de Maestros Universitarios (CAUT) encuentra que el 69 por ciento dijo que la naturaleza contingente de su trabajo era una fuente considerable de estrés, y el 52 por ciento dijo que afectaba su capacidad para hacer planes a largo plazo, como tener hijos o comprar una casa.

Titulado «Fuera de las sombras: experiencias del personal académico contratado» , el estudio publicado el 4 de septiembre explica que los contratos a corto plazo son «desalentadores y desmoralizadores».

De acuerdo a la encuesta:

· Más de la mitad (53%) de los encuestados desearía tener una carrera en la universidad o un trabajo universitario permanente a tiempo completo. Este es el caso incluso para el personal académico contratado (CAS, por sus siglas en inglés) que ha enseñado durante 16-20 años;

· Solo el 25% dijo que no quiere un puesto de tiempo o una cita académica permanente a tiempo completo. El resto no está seguro;

· Las mujeres y la minoría racial CAS trabajan más horas por curso, por semana que sus colegas y es más probable que estén en hogares de bajos ingresos; y

· Dos tercios de los encuestados dijeron que «su salud mental se ha visto negativamente afectada por la naturaleza contingente de su empleo», y solo el 19% piensa que las instituciones donde trabajan son empleadores modelo y partidarios de buenos empleos.

«Hasta ahora, no teníamos una idea clara de las condiciones de trabajo de CAS en todo el país», señaló el director ejecutivo de CAUT, David Robinson. Deplora que «estos resultados revelan que muchos CAS están mal pagados, con exceso de trabajo y con muy pocos recursos. Es una imagen triste para la mayoría de estos académicos, que a menudo se sienten atrapados en un «estilo de vida de concierto» de trabajo a tiempo parcial o inseguro «.

Amenaza a la libertad académica

Agregando que los resultados muestran que «la gran mayoría de los docentes contratados no están buscando atraer más ingresos, sino que son profesionales altamente educados y calificados que confían en sus contratos de enseñanza como su principal fuente de ingresos», continuó señalando que el crecimiento de la facultad contratada y la creciente precariedad del trabajo académico era una «tendencia que socava el proceso de tenencia tradicional y amenaza la libertad académica».

El CAS es un segmento en rápido crecimiento en la fuerza de trabajo académica canadiense, con el número de profesores universitarios trabajando a tiempo parcial, el año parcial se expandió en un 79% de 2005 a 2015. Por el contrario, los profesores regulares aumentaron solo un 14% y en la misma período, el número de estudiantes creció en un 28%.

«Los administradores cada vez más, e incorrectamente, están reemplazando lo que deberían ser empleos permanentes a tiempo completo con un mosaico de contratos a corto plazo con salarios más bajos», describió Robinson. «La creciente confianza de los administradores en CAS es injusta para CAS y sus estudiantes».

Una tendencia global «creando un lugar de trabajo no saludable»

Aunque el informe se centró en Canadá, Robinson dijo que esperaría encontrar resultados similares en otros países porque el aumento en la precarización del empleo en la educación superior fue «una tendencia más amplia que asociaciones y sindicatos como la nuestra enfrentan en todo el mundo».

«Toda administración universitaria y universitaria debe leer estos resultados con alarma, ya que revelan cómo sus prácticas de empleo están afectando el bienestar de una parte significativa de la fuerza de trabajo académica», enfatizó, advirtiendo que «los niveles de preocupaciones de salud mental informados son simplemente no sostenible. Estamos creando lugares de trabajo no saludables «.

El informe se puede descargar aquí

Fuente: https://www.ei-ie.org/en/detail/15953/canada-insecure-academic-contracts-are-%E2%80%9Cmajor-sources-of-stress%E2%80%9D

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Tarana Burke: La mujer que está detrás de Yo También

Por: Amnistía Internacional

En la primera de una serie de perfiles de defensores y defensoras de los derechos humanos y cómo llegaron a serlo, hablamos de Tarana Burke, la mujer que cambió para siempre la conversación sobre la violencia sexual.

Antes de que el movimiento Yo También se hiciera viral en octubre de 2017, la activista Tarana Burke llevaba ya más de una década usando la frase en su lucha de toda la vida para ayudar y proteger a las víctimas de abusos. Aunque la repentina fama de la etiqueta y de su trabajo tomaron a Burke por sorpresa, ha podido usarla para la meta por la que lleva trabajando más de veinte años: ayudar a curar a las supervivientes y acabar con la violencia sexual.

Tarana Burke siempre ha sido una activista que deseaba ayudar a personas cuyas voces apenas se escuchan. Cuando sólo tenía 14 años fue miembro de una organización llamada Movimiento Liderazgo Juvenil Siglo XXI, donde se organizó en torno al caso de los Cinco de Central Park en 1989, en el que cinco jóvenes varones de color fueron acusados injustamente de un delito, y contra una iniciativa encabezada por Donald Trump para restablecer la pena de muerte en el estado de Nueva York para castigar a las personas adolescentes. “Llevo mucho tiempo luchando contra Donald Trump”, le dice a Elle.

Burke ha trabajado en todas las áreas concebibles de la justicia social, pero se ha dedicado concretamente a las niñas de color y sus dificultades, sobre todo en torno a cuestiones de igualdad racial y de género. También ha vivido personalmente la experiencia y, como joven superviviente de violencia sexual, se dio cuenta de que no había recursos suficientes para comenzar el largo camino a la curación.

Contó a Elle lo que vivió cuando intentó buscar ayuda: “Fui al centro local de ayuda para víctimas de violación, y llamé a la puerta y la mujer respondió; la abrió, pero no me invitó a entrar; era una mujer blanca mayor. Así que dije: ‘Estoy tratando de obtener información sobre sus servicios’ y ella dijo: ‘Sólo atendemos casos que nos mandan’. Y yo dije: ‘¿Que les mandan de dónde?’ Y ella dijo: ‘De las comisarías’”.

Ese fue el momento en el que Burke se dio cuenta de que tenía que hacer algo. “No teníamos muchos recursos, pero mi madre era muy resuelta”, contó a The Guardian. “Me metió en todo tipo de programas; me metió en todos los sitios donde pudo meterme”. Esas fueron las cosas que cambiaron el rumbo de su vida: “Los primeros atisbos de curación y de comprensión de lo que me había pasado de niña vinieron de lo que leí”.

Desde entonces, su trabajo se centró en crear un espacio para “apoyar y amplificar las voces de las supervivientes de abusos, agresiones y explotación sexuales” mediante la organización comunitaria, talleres y, más tarde, las redes sociales.

Siempre ha conocido las cifras, y la popularidad inmediata de Yo También sólo confirma lo que ya sabía desde hace tiempo. Recuerda uno de sus primeros talleres Yo También, con unas niñas de secundaria de Alabama. Al terminar, entregó unas fichas y pidió a las niñas que escribieran Yo También si necesitaban ayuda. En un grupo de unas 30 niñas, esperaba encontrar cinco o seis Yo También. Se quedó horrorizada al ver 20.

Gracias a su propia experiencia y a su extensa labor con otras supervivientes, Burke sabe que lo importante es saber que no estás sola, que hay otras personas que te entienden y te apoyan. Y así es como nació Yo También. “Sabía que cuando intercambias empatía con alguien, se produce una conexión inmediata con la otra persona diciendo ‘yo también’”, explica a Elle. “En eso consiste el trabajo. En supervivientes que hablan entre ellas”.

Saltamos a 2017. La actriz Alyssa Milano instó a las supervivientes de agresión sexual a que usaran las palabras “yo también” en Twitter, sin tener ni idea de su origen ni de su pasado. En apenas unas semanas, la etiqueta se usó más de 12 millones de veces. “Si en este país [Estados Unidos] tuviéramos un brote de una enfermedad contagiosa que hubieran contraído 12 millones de personas […], estaríamos dedicados solamente a buscar la cura. Esa es la diferencia en cómo considera la gente la enfermedad de la violencia sexual”, dice Burke a Variety.

La repentina popularidad de sus palabras y, más tarde, de su propio movimiento, tomaron por sorpresa a Burke. Pero sabía que era una oportunidad que no podía perder: “Creo que nunca veremos una época en la que haya una conversación nacional sobre la violencia sexual”, dice aThe Telegraph.

En cuanto al futuro, sólo espera que este momento se transforme en un movimiento duradero. “Tenemos que estar ahora mismo en un momento de estrategia. Tiene que haber organización. Ha habido amplificación”, dice a The Telegraph. “El trabajo que tiene que haber ahora es lo que pasa después de que dices ‘Yo también’”.

Una de las metas de Burke es que se preste más atención a las víctimas que a los agresores. El movimiento consiste en “construir algo que no existe”, una comunidad global que ayude a orientar a las supervivientes de violencia sexual. Burke reclama más recursos para ayudar a las supervivientes a curarse, para ayudarles a comunicarse, para salvar vidas. En última instancia, busca crear comunidades y seguir educando a la gente sobre la violencia sexual.

Burke sabe que ahora está en una posición privilegiada y quiere usarla para bien. “Pero si no hubiera pasado, estaría aquí mismo, con mi camiseta Yo También, haciendo talleres y yendo a centros de ayuda para víctimas de violación” porque “el trabajo es el trabajo”, recuerda a The Guardian.

Cuando, este año, recibió un homenaje en la fiesta de Variety sobre el poder de las mujeres, Burke terminó su discurso con un grito de guerra: “Si están listas para cambiar el mundo, si están listas para unirse a este movimiento, si están listas para hacer el trabajo que hace falta para acabar con la violencia sexual, sólo puedo terminar con estas palabras: Yo también”.

*Fuente: https://www.amnesty.org/es/latest/education/2018/08/tarana-burke-me-too/

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La imaginación desobediente

Por: Gabriela Jauregui

Nos anuncian que el gran arrecife de coral ha muerto, que las capas de hielo polares se derriten a un ritmo sin precedente, el presidente de una de las potencias mundiales tiene un dedo en el gatillo nuclear y el otro tecleando en Twitter su política exterior; en México, específicamente, nos enteramos de que las compañías mineras contaminan los ríos y violentan a las poblaciones que se les oponen, que estudiantes desaparecen y siguen desapareciendo, no dejamos de leer acerca de los millones y millones de pesos que han desviado entre algunos gobernadores impunes, y vivimos con rabia y terror cotidiano al escuchar que asesinan a siete mujeres al día. En pocas palabras, estamos sumergidos, si no es que hundidos, en una crisis.

Aquí surgen varias publicaciones que buscan, desde el pensamiento crítico, pensar la situación que atravesamos. Pero si crisis y crítica tienen la misma raíz, cómo hacer para no quedarnos en el mismo círculo retórico; es decir, tratando de salir del problema desde la raíz misma, con el riesgo de quedarnos allí: criticando sin proponer. Me parece que, además del pensamiento crítico, hay algunas publicaciones que hacen llamado a la imaginación, y este me parece el giro de tuerca necesario para no quedarnos estancados en el pesimismo que suele caracterizar mucha de la crítica política, sobre todo en año electoral. La imaginación es lo que requerimos para escribir y posicionarnos desde la esperanza, algo que va más allá del pesimismo de siempre o del optimismo estúpido.

Supongo que cada generación tiene su crisis y esta es la nuestra

Como apunta Rebecca Solnit, autora y editora de pensamiento filoso y matizado, “la esperanza se ubica en la premisa de que no sabemos qué pasará y que en el espacio de la incertidumbre hay holgura para actuar. Cuando reconoces la incertidumbre, reconoces que puedes influenciar los resultados —tú solo o en concierto con una docena o varios millones más de personas—. La esperanza abraza lo desconocido y lo que no puede llegar a conocerse, una alternativa a los pesimistas y a los optimistas. Los optimistas piensan que todo estará bien sin que haga falta involucrarse; los pesimistas se posicionan desde el lado opuesto; ambos se eximen de actuar. Es la creencia de que lo que hacemos importa, aun si el cuándo y el cómo importe y a quién y qué impactará no es algo que podamos saber de antemano. Tal vez no lo sabremos después tampoco, pero importa de igual forma…”.

Los políticos viven, justamente, en el eterno presente de la falta de imaginación y de esperanza, y nos venden en cambio programas baratos para ahoritita. Nuestra labor como autores, siento, está en buscar hablar desde fuera del poder, adentrarnos en la imaginación desobediente. No serán solamente entonces los politólogos o analistas de la coyuntura quienes escriban los textos más interesantes, sino historiadores, abogados, artistas, lingüistas, narradores, poetas, como lo demuestran los autores antologados en El futuro es hoy: ideas radicales para México, colección de ensayos a la cual me invitaron y a la cual acepté enviar un texto, no sólo porque los compiladores, Humberto Beck y Rafael Lemus, me parecen autores y editores interesantes de mi generación (Beck recién publicó un importante libro sobre Iván Illich), sino además porque su invitación me pareció clave: justamente pensar el futuro, es decir, necesariamente posicionarnos ante lo desconocido (el territorio de la esperanza, de la posibilidad), o, como decían ellos, apelar a la imaginación política, una suerte de oxímoron que me pareció esencial explorar.

2018: año electoral, pero también año que marca ya medio siglo cumplido desde las sublevaciones estudiantiles de 1968. ¿Qué futuro imaginaban esos estudiantes? Seguramente no el que vivimos hoy. O en algunas cosas tal vez sí. Las cosas no siempre han sido iguales, y no siguen iguales desde ese entonces. Será que las semillas que se plantaron afloren ahora. O que las que plantemos ahora, algún día devendrán bosque.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2018/03/29/babelia/1522312892_464495.html

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Ni tontos, ni flojos, solo sin educación de calidad.

Por: Andrea Vega.

En 2015, la escolaridad media de la población de 15 años equivalía a poco más de la secundaria completa; en cambio, la escolaridad de la población indígena no alcanzó ni el equivalente a la educación primaria, de acuerdo con un estudio del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

Este gobierno prometió ampliar la cobertura y calidad de la educación. A quienes menos les cumplió esa promesa fue a la población indígena. A las niñas, niños y adolescentes de ese grupo se les sigue vulnerando su derecho a recibir una educación de calidad con pertinencia cultural y lingüística.

Así lo demuestra el estudio Panorama Educativo de la Población Indígena (PEPIA), del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que en su segunda edición, incluye, por primera vez, a la población afrodescendiente. El informe señala que, en 2015, la escolaridad media de la población de 15 años y más en todo el país era de 9.2 grados, lo que equivale a poco más de la secundaria completa.

En cambio, la escolaridad media de la población hablante de lengua indígena (5.7 grados) no alcanzó ni el equivalente a la educación primaria. Los indígenas solo lograron llegar a los 6. 6 grados, tres grados menos que la media. En los afrodescendientes no hubo diferencia significativa con el promedio nacional.

En el avance hacia la universalización de la educación obligatoria se observó que poco más de un tercio de la población indígena de 20 a 24 años (35.4 %) (387 mil 555), y casi la mitad de la afrodescendiente (48.1 %) (61 mil 643) contaban al menos con educación media superior, mientras que para los hablantes de lengua indígena la proporción fue de apenas una cuarta parte (26.6 %). A nivel nacional, ese porcentaje es de 50.6 %.

Respecto a cuánta población indígena y afrodescendiente completó cada nivel educativo, considerando que todo ciudadano debería llegar a los 15 años de escolarización, el PEPIA, presentado hoy, muestra que, en 2015, 9 de cada 10 niños indígenas concluyeron la primaria; pero solo 72.4% de las personas de ese grupo entre 17 y 21 años acabaron la secundaria. En el caso de los monolingües ese porcentaje es apenas de 63.9 %. La población afrodescendiente tiene niveles similares a la media.

“Esto demuestra que la falta de espacios disponibles y de servicios pertinentes para la atención de la población indígena dificulta que los niños y las niñas continúen sus estudios. Si bien en el caso de la primaria existe un tipo de servicio específico para atender a esta población en comunidades indígenas, a partir de secundaria ese servicio desaparece”, asegura Sylvia Schmelkes, consejera de la Junta de Gobierno del INEE.

En la educación media superior, a pesar de que se han creado algunos planteles para la atención de población indígena, estos se encuentran solo en algunas entidades, pero a nivel nacional no se han implementado servicios que permitan su inclusión. Muestra de ello es que solo 26.6% de los jóvenes hablantes de lengua indígena del grupo de 20 a 24 años concluyó ese nivel.

Un indicador importante para hablar de inclusión educativa es analizar cuántos de quienes concluyen un nivel pasan al siguiente. El PEPIA muestra que la población indígena y en especial la hablante de lengua indígena son las que menos transitan entre niveles educativos.

En 2015, de la población indígena que tenía entre 13 y 15 años y había concluido la primaria, 86.2% asistía a la escuela; esto también sucedió con 82.5% de los hablantes de lengua indígena, lo que representó más de 8 puntos porcentuales de diferencia respecto al resto de la población, que registró 90.8 %.

Entre aquellos que tenían de 16 a 18 años y contaban con la educación básica completa, las tasas de asistencia descendieron, en la población indígena fue de 63 % y en los hablantes de lengua indígena, 56.8 %; mientras que en el resto de la población llegó a 70.8 %. Aquí sí los afrodescendientes tienen un nivel más bajo, de 55.6 %.

De la población de 13 a 15 años que completó la primaria y asistió después a la escuela, en  CDMX se registró el peor panorama para los hablantes de lengua indígena, solo 56.6 % de las niñas, niños y los adolescentes asistió. Esto refleja los problemas de este grupo para continuar sus estudios, probablemente ante la carencia de espacios educativos adecuados que respondan a sus necesidades culturales y lingüísticas en una ciudad de gran tamaño. Los hablantes de lengua indígena de 16 a 18 años de CDMX y Nuevo León tuvieron las tasas de asistencia más bajas, con 35.4 y 16.4 %.

Las mujeres mostraron indicadores con mejores niveles, en las poblaciones más jóvenes: accedieron a la escuela en mayor medida, asistieron en las edades idóneas y concluyeron cada nivel educativo en mayor proporción. Una buena noticia, dijo Schmelkes, es que en cuanto a asistencia escolar, las brechas de género van desapareciendo en la población indígena, “con excepción de la monolingüe que tiene 10 puntos porcentuales de diferencia”.

Qué resultados se pueden esperar

De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015, 1 de cada 10 mexicanos era indígena, mientras que 1.2% de la población total del país se autoadscribió como afrodescendiente. Se estima que la población hablante de alguna lengua indígena era de 7.4 millones, de los cuales 909 mil 356 personas no hablaban español.

Alrededor de la mitad (56.2%) (2 millones 165 mil) de la población indígena en edad de cursar la educación obligatoria y tres cuartas partes (76.2 %) (un millón 041 mil) de los hablantes de lengua indígena vivían en localidades rurales, lo que sugiere que están más expuestos a contextos desfavorables. En contraste, poco más de la mitad (51.8 %) (30 mil 900) de la población autoadscrita afrodescendiente vivía en localidades urbanas.

En los municipios indígenas (donde más del 40% de la población corresponde a ese grupo), el servicio general de educación brindó atención a 52.1% de las niñas y niños; siguió́ el servicio indígena, con 45.7 %. Ya en la educación secundaria, donde no existe un servicio específico que atienda a este grupo, la mayor parte asistió́ a telesecundarias (51.3 %). De los estudiantes de educación media superior, 6.8 % se matriculó en planteles ubicados en los municipios indígenas. En particular, dichos planteles eran telebachilleratos comunitarios y telebachilleratos (44.6 %).

Pero, en el 9.5 % de los preescolares indígenas, documenta el PEPIA, no hay maestros que hablen la lengua de la comunidad, Chiapas tiene la proporción más alta con 21.7 %, y 8.3 % de las primarias no tienen profesores que compartan la lengua del lugar donde enseñan. “Esto preocupa porque muchos niños son monolingües y el hecho de que no entiendan a sus maestros se convierte en un impedimento para que pueda apropiarse de los conocimientos”, afirma la consejera del INEE.

A eso hay que agregarle que buena parte de los preescolares (la mitad) y (dos terceras partes) de las primarias indígenas son multigrado, pero en México, afirma Schmelkes “no hay programas especiales para estas escuelas ni capacitación especial para los profesores que las atienden, por eso es innegable que tienen una operación más pobre”.

No es extraño entonces que los resultados educativos evidencien el rezago de la población indígena. De los alumnos del último grado de secundaria que hablan una lengua indígena, 62.4 % obtuvo el nivel insuficiente de logro en el dominio de lenguaje y comunicación, lo mismo se registró con 80.3% de los alumnos en matemáticas. Las brechas que se observaron entre los hablantes de lengua y los que no alcanzaron poco más de 30 puntos porcentuales en lenguaje y comunicación y 17 puntos porcentuales en matemáticas.

Esas deficiencias les impedirán continuar de manera satisfactoria con sus estudios y mucho más difícil les será llegar a la universidad, cuando el informe muestra que las mujeres indígenas con educación superior completa tienen los mismos índices de participación laboral que el resto de la población. “Eso quiere decir que la educación superior sí actúa como igualador social, pero en México no estamos garantizando su acceso en general y menos a los más desfavorecidos”, concluye Schmelkes.

Fuente: https://www.animalpolitico.com/2018/08/educacion-calidad-poblacion-indigena/

Fotografía: Animal Político

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Unicef y Acnur lanzan concurso «Mi Nacionalidad Tiene Cuento» para escuelas de todo el país

América del Sur/Chile/PrensaUnicef

La iniciativa busca abordar, como tema central, el derecho de todos los niños y niñas a tener una nacionalidad y promover la conversación sobre este derecho al interior de las salas de clases, valorando la diversidad de nacionalidades y previniendo la discriminación.

“Mi Nacionalidad Tiene Cuento” es la iniciativa conjunta de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que invita a los niños y niñas de entre 5° y 8° básico de los establecimientos educacionales de todo el país a participar con historias sobre su nacionalidad.

La iniciativa busca abordar, como tema central, el derecho de todos los niños y niñas a tener una nacionalidad y promover la conversación sobre este derecho al interior de las salas de clases, valorando la diversidad de nacionalidades y previniendo la discriminación.

“Tener una nacionalidad es un derecho humano y un elemento fundamental de la identidad, que se relaciona con muchas preguntas de la vida cotidiana que las personas nos hacemos, por ejemplo, ¿quién soy? ¿dónde nací? ¿de dónde son mis padres? Todas las personas tenemos derecho a tener una nacionalidad, sin embargo todavía hay más de 10 millones de personas en el mundo a quienes se les vulnera este derecho, las personas apátridas”, señaló Delfina Lawson, Jefa del ACNUR en Chile.

En tanto, la Oficial de Protección de UNICEF, Candy Fabio, señaló que esta iniciativa permitirá que los niños y niñas, junto a sus profesores reflexionen en torno al derecho a tener una nacionalidad y en cómo ésta los constituye como personas. “Esperamos que este concurso permita visibilizar la importancia de tener una nacionalidad y el aporte y riqueza que cada niño o niña con su propia cultura hace en sus propios entornos”.

El concurso considera muy especialmente el rol central que poseen los establecimientos educacionales a la hora de informar y acompañar a los niños y niñas en la reflexión sobre sus derechos. Por eso busca fomentar la conversación dentro del aula en torno a temáticas tan contingentes como el ejercicio de derechos, la no discriminación, las migraciones, el desplazamiento, la apatridia y la nacionalidad. Para participar, cada establecimiento educacional deberá seleccionar un máximo de 10 cuentos escritos por sus estudiantes y enviarlos a través de la página web www.minacionalidadtienecuento.cl.

Los estudiantes ganadores verán sus cuentos plasmados en una publicación final y asistirán a la premiación oficial en la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA), organizada por la Cámara Chilena del Libro. Asimismo, tantos ellos/as como sus establecimientos educacionales recibirán una recopilación de libros de la Colección Infantil y Juvenil de Ediciones SM Chile.

Cabe señalar que el concurso “Mi Nacionalidad tiene Cuento”, es patrocinado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la Subsecretaría de Derechos Humanos y la Defensoría de los Derechos de la Niñez; y auspiciado por la Cámara Chilena del Libro, la Feria Internacional del Libro (FILSA), Ediciones SM Chile y agencia digital SUMA. Asimismo, cuenta con la colaboración de la red de diarios ciudadanos “Mi Voz”.

Fuente: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/08/30/unicef-y-acnur-mi-nacionalidad-tiene-cuento-para-escuelas-de-todo-el-pais/

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