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México: El dibujo en prensa, un arma contra conflictos. Laure Simoes 

México/14 de Abril de 2018/Frontera

«La caricatura es testigo de nuestros tiempos. A través del humor nos reímos, enfrentamos situaciones adversas».

«En un mundo invadido por lo políticamente correcto, donde hay que vigilar todo lo que vamos a decir, hemos perdido la impertinencia y la osadía y hay que proteger esas cualidades que el dibujo de prensa permite, porque es otra manera de hablar de nuestro mundo», dice Laure Simoes, directora editorial de «Cartooning for Peace».

Simoes está de visita en México para promover el Primer Encuentro Internacional CartonClub «Línea de Fuego», que se realizará los días 6, 7 y 8 de septiembre de este año, en el Museo Memoria y Tolerancia.

Durante ese evento se hará la presentación del programa «Dibujemos la paz y la democracia», un proyecto que, con apoyo de la Unión Europea, desarrolla talleres en escuelas y prisiones para reafirmar el poder del dibujo como un medio que llega a todos los públicos y que expresa los valores de la libertad de expresión y pensamiento, y la tolerancia, mismos que impulsa «Cartooning for Peace».

«La caricatura es testigo de nuestros tiempos. A través del humor nos reímos, enfrentamos situaciones adversas», comenta Laure Simoes.

«Cartooning for Peace», organización que promueve la libertad de expresión a través del dibujo de prensa, que trabaja en pro de los dibujantes de prensa amenazados y que impulsa campañas a través del dibujo de prensa para educar a los jóvenes y a presos, realizará en México este encuentro que cuenta con el apoyo de la Unión Europea, las embajadas de Francia y Alemania, del Museo Memoria y Tolerancia, y con el patrocinio de medios como El Universal.

Laure Simoes cuenta que durante el encuentro se llevarán a cabo exposiciones, mesas redondas y talleres. El público podrá acceder de manera gratuita a todos los eventos que tienen como propósito reflexionar sobre la libertad de expresión, la equidad de género, la democracia, la educación y la innovación.

El primer Encuentro Internacional de caricatura, organizado por «Cartooning For Peace»y «Cartónclub» reunirá en el país a caricaturistas de 12 países, además de México.

«Cartooning For Peace», nació en 2006 tras las fatwas contra dibujantes daneses; fue una iniciativa de Plantu, dibujante francés para Le Monde, que contó con el apoyo del entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, y que este miércoles reúne a 184 dibujantes de 64 países.

La organización defiende los valores de la libertad de expresión y los derechos humanos; apoya a dibujantes amenazados en el mundo, y tiene una misión educativa a través del programa Dibujemos la paz y la democracia.

En el encuentro de septiembre, explica Simoes, los dibujantes invitados tomarán la palabra para dar su visión acerca de lo que sucede con la caricatura de prensa en sus países: Túnez, Estados Unidos, Francia, Ecuador, Venezuela, Burkina Faso, Venezuela, Singapur, Jordania y México.

En el marco del programa «Dibujemos la paz y la democracia», dos días antes del encuentro se realizarán actividades de capacitación, se harán un taller en una escuela y otro en una cárcel de la ciudad, y en los meses siguientes se realizarán diez talleres en escuelas y diez en prisiones.

Estos talleres buscan que el diálogo y la risa sean herramientas para evitar la violencia, bajo la premisa de que «el dibujo de prensa es un arma para evitar los conflictos», comenta la directora editorial de «Cartooning for Peace».

«Los talleres en escuelas y cárceles contribuyen a despertar conciencia y a ser actores del cambio. Crearemos alianzas con actores y ONGs que ya trabajan con escuelas y con personas en prisiones.

Creemos en la necesidad de sensibilizar en torno del oficio del dibujante de prensa, de que este es un lenguaje universal que usa el humor para evidenciar situaciones y evidenciar lo que no va bien».

Laure Simoes y recuerda que en 2015, tras el atentado contra Charlie Hebdo, los profesores llamaban a los dibujantes para animar talleres porque el público los identificó como actores importantes de un cambio.

«Cartónclub» es la primera plataforma de caricatura e ilustración (www.cartonclub.com) que reúne a exponentes de América Latina para promover este medio y el ejercicio de la libertad de expresión.

Fuente: http://www.frontera.info/EdicionEnLinea/Notas/VidayEstilo/11042018/1326401-El-dibujo-en-prensa-un-arma-contra-conflictos-Laure-Simoes.html

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EEUU: Se extiende rebelión del sector educativo por mejoras laborales

Estados Unidos/14 de Abril de 2018/Los Ángeles

La rebelión del personal educativo estadounidense se ha extendido en los últimos días para exigir mejoras en un sector fundamental de la sociedad, y esta vez no se puede decir que el culpable sea el presidente Donald Trump.

En varios estados los profesores, alumnos y personal adjunto de las escuelas públicas se han plantado contra las bajas condiciones laborales de los maestros y la continua reducción de los fondos destinados a la enseñanza por parte de las autoridades estatales.

La rebelión de decenas de miles de docentes se originó en Virginia Occidental a finales de febrero y se ha extendido a Oklahoma, Kentucky y Arizona ante la falta de subidas salariales en el sector en la pasada década y por los persistentes recortes de la educación pública en los presupuestos estatales.

De hecho, el Senado de ese estado aprobó este viernes dos medidas con las que se calcula que se recaudarán aproximadamente 40 millones de dólares al año que se destinarán a financiar las escuelas públicas.

«Este es un paso adelante que proveerá fondos adicionales muy necesarios para los estudiantes», celebró Priest, que auguró que la lucha por los progresos salariales va a continuar en los próximos días.

Entre otras acciones para presionar a los congresistas estatales, un centenar de maestros oklahomenses inició este miércoles una marcha para recorrer los casi 200 kilómetros que separan las ciudades de Tulsa y Oklahoma City, la capital del estado, a la que pretenden llegar el próximo 16 de abril.

Por su parte, la mayoría de los educadores de Kentucky se declaró en huelga esta semana como respuesta a un controvertido proyecto de ley que aprobó la Legislatura estatal que afecta a su sistema de pensiones, al alargar en varios años la edad de jubilación y reducir las prestaciones que reciben.

«(Esta medida) simplemente hará todavía más complicado atraer profesores y retenerlos. Este plan conllevará menores tasas de rendimiento para los docentes, y, por lo tanto, reducirá sus ingresos», detalló Jason Bailey, director ejecutivo del Centro de Política Económica de Kentucky, en un análisis publicado en medios locales.

Gracias a las multitudinarias protestas y huelgas organizadas en Kentucky y Oklahoma, las humildes condiciones laborales de los profesores y la financiación de la escuela pública se colocaron en el centro del debate nacional.

Por otro lado, los maestros de Arizona salieron a la calles para demandar una subida de salario del 20 % y restaurar el nivel de financiación que el sector tenía en 2008, lo que supondría aumentar en mil millones de dólares el presupuesto actual.

El auge de movimientos sindicales en estos tres estados republicanos se debe, en gran parte, al éxito que tuvo la huelga de nueve días que siguieron los profesores de Virginia Occidental a finales de febrero y comienzos de marzo.

En ese caso, los maestros consiguieron un aumento salarial del 5 % tras más de una semana de interrupción de la actividad escolar, un paro que afectó a casi 300,000 estudiantes de las escuelas públicas de ese estado.

Los logros conseguidos hasta ahora por los educadores de Oklahoma y Virginia Occidental, mediante presión sindical, invita a pensar que otros profesionales del mismo sector alcen su voz para pedir mejoras en sus derechos laborales, mayoritariamente perjudicados a partir de la gran recesión del año 2008.

Fuente: http://www.hoylosangeles.com/noticias/educacion/hoyla-eeuu-se-extiende-rebelion-del-sector-educativo-por-mejoras-laborales-20180407-story.html

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12 maneras de dibujar el feminismo

Por: Eudald Espluga

Divertidos, crueles e hirientes: algunos de los cómics, novelas gráficas y libros ilustrados más feministas que se han publicado recientemente y que debes leer.

La soledad de Wonder Woman en el cartel que de la 36ª edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona desató la polémica. Era el único personaje femenino que podía verse en medio de un escuadrón de superhéroes, detectives, caballeros y seres extraordinarios, todos ellos masculinos. Era una anécdota, sí, pero significativa: las mujeres del cómic —las dibujantes, las protagonistas— eran nuevamente invisibilizadas.

Especialmente porque no era la primera polémica que rodeaba el Salón del Cómic por este motivo. En 2017, la dibujante Conxita Herrero denunció en su discurso la escasa presencia de mujeres entre los nominados a los premios del Salón y parece que los organizadores tomaron buena nota: este año, por fin, la lista es pariataria.

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En general, se trata de un sector hipermasculinizado, mucho más que otros géneros literarios. Sin ir más lejos, hace menos de un mes que desde la revista Avocadon’t —dedicada a reflejar la presencia de mujeres en el mundo del cómic— denunciaban los ataques machistas que su grupo de lectura estaba recibiendo.

Aprovechamos que hoy empieza la 36ª edición del Salón para reivindicar algunos de los cómics, novelas gráficas y libros ilustrados feministas más interesantes que se han publicado recientemente.

1. Le féminisme, de Anne-Charlotte Husson

Si hace poco reseñábamos la publicación de la versión ilustrada de Feminismo para principiantes, de Nuria Varela, que trasladaba a las viñetas su historia radicalmente concentrada de la lucha por la igualdad de las mujeres, es imprescindible citar el precedente de Anne-Charlotte Husson y su Le féminisme, un cómic publicado en 2016 que perseguía también una función pedagógica: a partir de citas de pensadoras feministas —desde Olympe de Gouges hasta Virginie Despentes—, explora los conceptos e ideas clave del movimiento. Mucho más underground, el libro de Husson utiliza el lenguaje del cómic para trasladar las problemáticas teóricas a contextos cotidianos. El resultado es un diccionario feminista dramatizado, tan divertido como exacto.

2. Miss Hokusai, Hinako Sugiura

Redescubrir el trabajo de dos mujeres que habían quedado en las sombras es lo que ha conseguido la editorial Ponent Mon al recuperar este cómic, casi veintidós años después de su publicación. Porque tras la famosa ola de Hokusai se escondían dos mujeres:Katsushika Oei, hija del artista y autora de muchas de las obras que después serían inmortales, y Hinako Sigura, dibujante, escritora e investigadora nipona que en los años 90, con la recuperación de la figura de Oei, llevó el feminismo al manga histórico.

3. El probelma de las mujeres, Jacky Fleming

Las grandes mujeres del pasado son como los fantasmas: muchos creen que existen, algunos incluso los han visto, pero nunca aparecen en las historias oficiales. Por eso Jacky Fleming escribió este cómic divertido y cruel, que no sólo pone en viñetas la historia de un olvido, sino que además nos demuestra la intencionalidad innegable de esta marginación. Recopila, pues, la historia de las mentiras, inventos y argumentos desconcertantes que los filósofos, científicos y políticos de todos los tiempos han utilizado para justificar su dominio. El mensaje de Fleming es simple: el «problema de las mujeres» no es de las mujeres, sino de una sociedad patriarcal que las menosprecia y excluye invariablemente.

4. Pink, de Kyoko Okazaki

Aunque no aborda formalmente la cuestión del feminismo, el manga de Kyoko Okazakies una exploración fascinante al debate sobre el trabajo sexual. Sin prejuicios ni idealismos, sitúa a sus personajes en la perfecta encrucijada entre deseo, trabajo, amor y mercado. Publicado originalmente en 1989, Okazaki concibió el manga como un ataque al Japón urbano, que ponía en jaque la normatividad moral de la sociedad nipona, y desafiaba todo tipos de tabús. Para la mangaka, el deseo —sexual, consumista, romántico— es voraz e inestable como un cocodrilo, y será precisamente este animal el que protagonizará la historia.

5. ¿Qué pacha, mama?, de Lola Vendetta

Raquel Riba Rossy vuelve a las librerías con su Lola Vendetta. Viene dispuesta a diseccionar la construcción de la identidad femenina bajo un eje muy concreto: el de la relación madre-hija. En un mundo en el que a los niños «se les regalan tanques de guerra» y a las niñas «muñecas con pies con forma de zapato de tacón», ¿Qué pacha, mama? explora con crueldad y humor hiriente la construcción del yo a la luz de nuestras dependencias y afectos. «No todxs tenemos un útero, pero todxs hemos vivido en uno» es el significativo lema que encabeza esta nueva publicación.

6. Francine se desarregla, de Francine Oomen

Si la última Lola Vendetta regresa al mundo de la infancia, Francine Oomen apunta en dirección contraria. Francine se desarregla es «una memoria gráfica, sin complejos, sobre un tema tabú: la menopausia». Sofocos, aumento de peso, mareos, desorientación, dolores musculares, manchas en la piel: esto son sólo algunos de los cambios físicos y emocionales que puede conllevar la menopausia, y son los que Oomen investiga en este cómic divertido y terrible, que empieza con una sentencia lapidaria: «tenía 52 años y no me hacía ninguna gracia ser yo misma».

7. El fruto prohibido, de Liv Strömquist

Basta con hojear las primeras páginas del cómic de Liv Strömquist para que en la garganta se te haga una bola de emociones. Quieres reírte a carcajadas de las burradas que con un enorme rigor la dibujante ha ido recopilando para reconstruir una historia cultural de la vulva. O mejor dicho: de cómo el patriarcado se ha dedicado a controlar, gestionar, disciplinar y ocultar los genitales femeninos. Strömquist lo expone con una crueldad terrible, revelando los entresijos de un sadismo cultural que, como un espejo, nos devuelve una historia poco halagadora de las instituciones médicas.

8. Enjambre, Susanna Martín (ed).

Para las mujeres del mundo del cómic, publicar es resistir. Por esto la historietista y activista Marika Vila define a las artistas antologadas en este volumen como «un enjambre de obreras», de trabajadoras activas y luchadoras. En él se recojen 17 capítulos de algunas autoras claves del panorama editorial español e internacional: Lydia Sánchez, Pupi Herrera, Lola Lorente, Ana Galvañ, Elisa McCausland o Ana García. Desde el costumbrismo hasta el género fantástico, estas autoras atacan los principales prejuicios que tradicionalmente rodean la identidad de la mujer. Como explica Ana Miralles en Graffica, «este libro es zumbido, es grito, es canto, es denuncia, es advertencia. Las autoras han querido reunirse esta vez para demostrar que no tienen nada en común, que están hartas de esa obsesión de entomólogo que tiene la sociedad, el sistema, la corriente de pensamiento imperante, llámenlo como quieran, en separar, clasificar y adjudicar a cada género su casillero estanco».

9. Desastre, de Mamen Moreu

Una de las autoras antologadas en Enjambre es Mamen Moreu, viñetista nacida en Huesca, que acaba de publicar Desastresu segunda novela gráfica. Aunque a primera vista este cómic está dedicado a la crisis perpetua de esa edad inocreta que es «la madurez», está construido desde una perspectiva crítica que pone la experiencia femenina en primer plano. La broma costumbrista toma un cariz político, especialmente cuando Moreu apunta a los ejércitos de expectativas sociales contra los que tiene que luchar la protagonista. En Desastre, la industria del coaching y los libros de autoayuda aparecen recurrentemente como encarnación de un superego cultural que recuerda a las mujeres que tienen que ponerse a dieta, sonreír, estar motivadas, querer hacer deporte, gustar, ser independientes en el amor y un largo etcétera de etcéteras.

10. Belleza, de Kreascoët y Hubert

Belleza es un cuento de hadas perverso que narra la historia de Hedionda, una joven que se ve constantemente ultrajada y humillada por culpa de su físico. Los niños la llaman «fea» por la calle y le lanzan peces podridos al grito de «ahí va un posible novio». El problema es que las cosas no mejorarán cuando sus deseos se vean por fin cumplidos. Porque sí, un ser divino transformará su rostro y la ajustará a los ideales normativos de belleza. Su cuerpo será ahora deslumbrante. Pero la crueldad de su entorno será mucho peor: sin tiempo para llegar a casa después de la maravillosa mutación, un hombre intentará violarla. Y después otro. Y otro. Y otro.

11. Queer: una historia gráfica, Meg-John Barker y Julia Scheele

El objetivo de este libro es incierto y polémico: definir lo indefinible. O, todavía peor, definir aquello que muchas personas se resisten a que sea definido: la teoría queer. Por ello, hacer una historia gráfica de esta aventura intelectual y política es doblemente peligroso, puesto que no sólo debe sortear los escollos propios de cualquier adaptación, sino que debe respetar la resistencia de esta teoría al lenguaje, a la representación, al concepto. La historia de lo queer es la historia del cuestionamiento del sexo, el género y la identidad. Pero es mucho más: el relato de cómo estas teorías han impregnado nuestra sociedad y poco a poco se han convertido en narrativas empoderadoras para comunidades que tradicionalmente habían sido marginadas y degradadas. Queer: una historia gráfica es, al final, un intento por hacer llegar más lejos esta tensión conceptual y ayudar a que lo queer deje de ser una rareza intelectual.

12. Nuevas luchas para nuevas superheroínas

La transformación del mundo del cómic no se reduce a la aparición de libros militantes, historias gráficas y reediciones de clásicos olvidados. Las industrias tradicionales como Marvel, DC o Stranger poco a poco van reinvendándose: no sólo incluyen a más superheroínas, sino que rompen con la estética masculinizante que recorría el género. Los cuerpos normativos dejan paso a otros modelos, y incorporan otras experiencias como el embarazo o la menstruación. Lejos de la retórica de la invulnerabilidad, con Spider Woman, Faith o Niobe descubrimos unos personajes para quien la fragilidad íntima de lo humano no está reñido con la fuerza y la violencia.

Fuente: https://www.playgroundmag.net/lit/10-comics-feministas_28980992.html

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La era de los gobernautas

Por: Lucas Malaspina

China va a elaborar un ranking de ciudadanos según su historial crediticio, que habilitará una navegación jerarquizada de Internet. Estados Unidos volteó la neutralidad de la red, lo que significa un poco lo mismo pero con la segmentación en manos privadas. Cambiemos cruza los datos de la Anses con los de Google y Facebook y sale a tocar timbres en el escarpado conurbano bonaerense con un 70% de efectividad. El descalabro generado por el descubrimiento de la operación Cambridge Analytica explica por qué los algoritmos se guardan bajo siete llaves y todos niegan utilizarlos para fines electorales. Lo privado desaparece y el capitalismo se engulle la democracia. Las guerras del futuro van a ser por los datos.

Durante la última contienda electoral se confirmó que Cambiemos está operando entrecruzamiento de informaciónelectoral con datos socioeconómicos a gran escala. El equipo de campaña manejado por el jefe de gabinete de Vidal, Federico Salvai, combinó los resultados de una detallada encuesta producida por la consultora ecuatoriana Informe Confidencial (ligada a Durán Barba) junto con las estadísticas de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, por un lado, y con los resultados de las PASO, por el otro. Así geolocalizaron el voto y las preferencias de los votantes de cada barrio de la provincia. Del maridaje entre big datamicro-targeting y presupuesto público parece surgir una ingeniería de las opiniones que ni siquiera Joseph Goebbels hubiera soñado.

Desde el entorno de la gobernadora Vidal negaron que se haya aplicado big data. Dicen que solo incursionaron en el campo de la “microsegmentación”, aunque admitieron la búsqueda de “canales de contactación”, por ejemplo Facebook, donde los usuarios habrían recibido mensajes específicos según su ubicación. En cambio, los asesores de 1País -así se llamó el massismo en las últimas elecciones- fueron más aventurados: “La big data nos permite buscar la mayor porosidad posible. Ya no se trata de la información de un grupo, sino de un individuo”.

Ricardo Rodríguez, uno de los encargados de organizar los timbreos superprofesionalizados del oficialismo, afirmó que dividieron Lanús en siete zonas que fueron rastrilladas por cuatro equipos de treinta personas. Rodríguez se jactó de su efectividad: “Siete de cada diez personas que nos atienden en el timbreo terminan apoyando la gestión”. Los coordinadores de estas cuadrillas fueron habilitados a un acceso parcial (es decir, limitado al territorio que cubrieron) al resultado del entrecruzamiento de datos geolocalizado para implementar mejor el mensaje electoral.

En este marco, a nadie puede sorprender el giro posdemocrático de la Secretaría de Medios, que pidió a la Anses acceso a su base de datos. La publicidad de Google o Facebook (corporaciones que no pagan impuestos en el país, pero sí acceden a contratos estatales millonarios) permite trackear usuarios una vez que entran a tu negocio o cargar planillas con mails o números de teléfono para afinar la llegada de los anuncios. El límite en el uso de la información estatal solamente parece estar en los escrúpulos de los mismos funcionarios que mienten en sus declaraciones al fisco.

carnaval posdemocrático

A finales del siglo pasado, la caída del Muro de Berlín, presentada como la victoria de la democracia capitalista sobre la dictadura comunista, prometía la protección de las libertades individuales bajo el paraguas de la vida privada, contrapuesta a una esfera pública donde triunfaba siempre la fuerza de gravedad de las mayorías. Pero esas épocas terminaron. En la posdemocracia el desarrollo de Internet y la apropiación de una enorme base de datos personales por parte de un grupo cada vez más concentrado de corporaciones, abona lo que Juan Carlos Monedero describe como “el intento de desplazar la política a un lugar neutral, para así proclamar la muerte del antagonismo político” (Nueva Sociedad, 2012).

Mario Riorda, consultor experto en comunicación política, denominó “gobernautas” a los ejecutores de esta pospolítica: para estar a la altura de la época los gobernantes deben garantizarse equipos capaces de analizar datos a gran escala, incluyendo una necesaria escucha activa de las redes sociales. Los riesgos son múltiples: la hipertrofia, puesto que en nuestra actividad digital todo el tiempo estamos votando, eligiendo y calificando; y la adulteración, porque la capacidad de monitorear y analizar lo que se desea y se piensa solo está al alcance de las grandes empresas (y del Estado). Lo importante es que se ha roto la intermediación entre la vida privada y la pública: el 99% se vuelve transparente para el 1%. Las audiencias microfragmentadas y traslúcidas son un sujeto que ya no puede ser pensado como el portador de la “soberanía popular”.

Estamos a las puertas de un mundo donde las personas pueden calificarnos y ser calificadas en cada interacción social que realicen. Y en el que las puntuaciones, a la vez, influyen sobre el estándar de vida. Es el caso del “Sesame Credit”, que por ahora funciona con adscripción voluntaria pero a partir de 2020 será obligatoria. El “Aviso del Consejo de Estado sobre la emisión del esquema de planificación para la construcción de un Sistema de Crédito Social (2014-2020)”, emitido por los peces gordos de la República Popular China el 14 de junio de 2014, podría inspirar muchos relatos distópicos. ¿De qué se trata?

la obediencia gamificada

El Sesame Credit se presenta como un medio para perfeccionar la “economía de mercado socialista” y fortalecer la gobernabilidad. El comportamiento de cada ciudadano y persona jurídica en China serán calificados, indizados y rankeados por el Estado posmaoísta, independientemente de su voluntad. Hasta aquí tiene similitudes con la norteamericana Peeple: se trata de una app muy polémica que permite puntuar a las personas en los planos personal, profesional y sentimental.

Una de las razones que justifican el Social Score es que el gobierno no posee estudios de mercado sobre la confiabilidad crediticia de los ciudadanos. Para implementarlo, de hecho, precisa de Alibaba, una suerte de Amazon chino que ya cuenta con gran cantidad de información para valorar a los usuarios orientales. En una absurda comparación con la Argentina amarilla, podríamos decir que es como si Macri intentara medir la confianza económica de los habitantes mediante una base de datos fundada en MercadoLibre (lo cual no sería del desagrado de su dueño Marcos Galperín, quien anunció la intención de competir con las entidades bancarias y ya implementó cambios en esa dirección).

En Estados Unidos y también en la Argentina, de hecho, se aplican modelos de credit scoring para determinar quién puede recibir un préstamo, a qué tasa de interés y con qué límites de crédito. El llamado Sistema de Crédito Social a construirse en China establece “una puntuación que oscila entre 350 y 950 puntos. Alibaba explicó sucintamente qué factores se tomarán en cuenta. El primero es el historial de crédito. Por ejemplo, ¿el ciudadano paga su factura de electricidad o teléfono a tiempo? Luego, está “la capacidad del usuario para cumplir con sus obligaciones contractuales”, según leemos en sus directrices. El tercer factor refiere a características personales como el número de teléfono móvil y la dirección. Y es la cuarta categoría, el comportamiento y las preferencias, “donde se vuelve interesante”, según Rachel Bostman, autora de Who Can You Trust? How Technology Brought Us Together and Why It Might Drive Us Apart (New York, 2017). Los puntos que cada persona tenga, al igual que en Black Mirror, tendrán que ver con lo que sus amigos dicen y hacen, más allá de su propio contacto con ellos. Una versión moderna y estatizada del “dime con quién andas y te diré quién eres“.

La oscuridad del mecanismo es fuente de desconfianzas. Según Bostman, Alibaba “no divulga el ‘algoritmo complejo’ que utiliza para calcular el número”. Los ciudadanos que otorgaron sus datos a la versión roja de MercadoLibre no lo hicieron con el fin de que el Estado evalúe sus gustos o preferencias sino en el libre ejercicio de su derecho a comerciar. Una vez procesada esa información, el Partido Comunista ahora se decide a fisgonear a gran escala para clasificarlos. Si Wung se compró una patineta o si Cheng recibió una mala puntuación porque el comprador de su auto lo acusa de haberlo defraudado, será interpretado con el fin de inhibir o promover a las personas. “Alguien que juega videojuegos durante diez horas al día, por ejemplo, sería considerado una persona inactiva”, dice Li Yingyun, director de Tecnología de Sesame.

Los números que determinan el éxito laboral o académico y hasta condicionan la vida emocional y sexual, son usufructuados por una compañía que se asegura su reproducción ayudando a que el Estado nos vea y nos juzgue todo el tiempo a través de nuestros teléfonos celulares. En este nuevo tipo de gobierno el capitalismo se contrapone a la privacidad. Como decía Mark Fisher, autor de Realismo capitalista (Londres, 2009), se viene el “estalinismo de mercado”.

Los puntajes más altos del Sesame Credit ya se han convertido en un símbolo de status, con casi cien mil personas alardeando sobre sus puntajes en Weibo (el Twitter chino) a los pocos meses de su lanzamiento. Suena delirante, pero el Partido Comunista utilizará el puntaje de un ciudadano para afectar sus probabilidades de obtener una cita o matrimonio. Es que cuanto mayor sea su calificación en Sesame, más prominente es su perfil de citas en Baihe (la plataforma nacional de matchmaking, similar a Tinder o Happn). Un alto rankeo en Sesame Credit no solo servirá para obtener mejores préstamos, sino que además permitirá hallar mejores trabajos y avanzar en los trámites burocráticos. Un bajo rankeo hará que su Internet sea más lenta y una seria limitación para sobrevivir y desarrollarse académica o profesionalmente. En las últimos semanas, el Banco Popular de China demoró las licencias a las ocho compañías que estaban implementando estas tecnologías, pero la idea de lanzar el Sistema de Crédito Social en 2020 se mantiene sin cambios.

occidente y la compañía

Es necesario volver a mirar Occidente a la luz de esta enorme transformación política que impulsa Xi Jinping . Parece tranquilizador marcar algunas distancias superficiales con el modelo chino, pero son muchas las asombrosas coincidencias. Compañías como Amazon, Google, Facebook, Apple, IBM, y más atrás Netflix o Spotify van en la misma dirección.

Mark Zuckerberg, el amo y señor de los territorios de Facebook, Instagram y ahora también WhatsApp, sostiene que la privacidad ya no es más una norma social. Según la teórica y activista italiana Tiziana Terranova, autora de Network Culture. Politics for the Information Age, “la mayoría de los usuarios habituales de Internet están sujetos al poder de algoritmos como el PageRank de Google (que clasifica los resultados de nuestras búsquedas) o el EdgeRank de Facebook (que automáticamente decide en qué orden recibimos las novedades en nuestro muro de noticias)”. Adam Mosseri, el jefe del News Feed en Facebook, anunció a principios de 2018 uncambio en el Edge Rank que priorizará a partir de ahora el contenido de las personas y, para poder ver con frecuencia contenidos de páginas, será necesario avisarlo específicamente a la aplicación. Una de las razones es el intento de revertir la crisis de la compañía tras haber sido vehículo de la injerencia de Rusia en las elecciones estadounidenses.

Para el CEO de Google, Eric Schmidt, “si tienes algo que no quieres que nadie sepa, quizás no deberías hacerlo en primer lugar”. Alexander Nix, de la firma de datos Cambridge Analytica, famosa por sus campañas por el Brexit y Trump, se jacta de que su compañía “perfiló la personalidad de cada adulto en los Estados Unidos”. Es comprensible entonces el grado de optimismo de los CEO y su esperanza en el Big Data. Para el economista jefe de Google, Hal Varian (autor de manuales con los que se aprende microeconomía desde hace treinta años), la resistencia a la pérdida de privacidad no será un problema porque “las ventajas en términos de conveniencia, seguridad y servicios serán gigantes”.

Al igual que en The Circle, la película protagonizada por Emma Watson y Tom Hanks, observamos que mas allá del accionar gubernamental (inevitablemente patente en el caso chino), es la ideología del valle de silicio la que se vanagloria de construir una gran KGB omnipresente y universal en base al e-commerce y la Big Data. Fisher también describió la lógica que este fenómeno lleva inscripta al decir que “nos encontramos integrados en un sistema de control cuyo único mandato son nuestros deseos y preferencias que vuelven, no como los propios, sino como las preferencias y deseos del gran Otro”.

“La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad”, escribió en 1943 Ayn Rand, una de las escritoras de cabecera de Mauricio Macri. Sin embargo, ya en 1984 el jurista Richard Posner publicó su “teoría económica de la privacidad”: para él, la privacidad obstaculiza el capitalismo al interrumpir el libre flujo de información y generar ineficiencia bursátil. Posner planteó que “la gente no debería, en términos económicos en ningún caso, tener derecho a ocultar hechos materiales sobre sí mismos”.

Históricamente el surgimiento de la estadística social tiene que ver con objetivos demográficos, sanitarios o de planificación económica. Y está a cargo exclusivamente del Estado. En la actualidad las grandes corporaciones parecen estar tomando el liderazgo en la capacidad de recopilar estadísticas sociales y de nombrar al mundo (o a los objetos del mundo) en torno a los que gira nuestra acción. Por ejemplo, Uber está proveyendo datos para planificar la obra pública de infraestructura urbana. Por otra parte, el capitalismo siempre recogió datos rentables de sus trabajadores de manera compulsiva, pero solo recientemente con la proliferación de tecnologías inteligentes que disuelven mutuamente la vida privada en la pública, con el desarrollo del “Internet de las cosas”, nos encontramos ante un sistema que penetra mucho más allá del trabajo, agregando una dimensión de creación de valor no remunerado a nuestras actividades personales.

algoritmos para un mundo sin secretos

A fines de 2001, Google estaba considerando silenciosamente un cambio en el sistema de votación que permitiera a los usuarios impactar de manera transparente la clasificación de sus resultados de búsqueda. La cofundadora de SiteLab, Dana Todd, calificó el enfoque como un refuerzo de la “consciencia del usuario”, pero la función transparente nunca llegó al mercado. Según Google, la recolección masiva de datos funciona mejor de forma encubierta e indirecta. Un intercambio activo -como con un cuestionario o una encuesta de servicio al cliente, por ejemplo- revela la labor que implica alimentar un algoritmo mágico. Ernesto Calvo, profesor en el Departamento de Gobierno y Política de la Universidad de Maryland y autor de Anatomía política de Twitter en Argentina, dice que, si intuimos la orientación de quien pregunta, estamos predispuestos a tergiversar nuestra respuesta a fin de provocar una “disonancia cognitiva”. Google se previene de nuestras artimañas proponiéndonos sistemática y subrepticiamente regalar información sobre sus movimientos a través del espacio físico (Maps), futuros anticipados (Calendar) y métricas del uso diario de Internet (Chrome).

Este data entry tan continuo como invisible se volvió rápidamente estratégico en el modelo comercial de Google así como para Amazon, que comenzó a monetizar desde 2003 datos de usuarios utilizando un amplio conjunto de historiales de compras individuales para alimentar algoritmos que construyeran índices de similitud entre los diversos artículos y herramientas, y al mismo tiempo construir perfiles de los consumidores. Fueron así pioneros de la publicidad digital, aprovechando los metadatos a través de un complejo sistema de recomendaciones. Amazon no automatizó el trabajo de un empleado minorista sino que simplemente legó el laburo del empleado a los propios consumidores, quienes lo realizan en el acto mismo deconsumir. De este trabajo oculto e impago nos habla el marketing 2.0 -como sin querer queriendo- cuando conceptualiza a los prosumers (el consumidor productor).

El progresismo ha abordado el asunto escasamente, en general desde programas más bien conservadores. Es el caso de la propuesta de Bernie Sanders que sugiere atacar la existencia de este tipo de monopolios. Una cooperativa local podría hacer una app para vencer a Uber, pero no podría construir un auto sin conductor: esto requiere una inversión masiva y una infraestructura para recolectar y analizar todos los datos. Uno puede, por supuesto, crear también cooperativas de propiedad de datos, pero es poco probable que se escale hasta competir con Google o Amazon.

En otro plano, pero en el mismo sentido, se inserta el fin de la “neutralidad de la red”. Recientemente, Donald Trump pateó el tablero y decidió revertir una medida fundamental tomada por Barack Obama en 2015. La medida garantizaba que ningún usuario ni empresa podía pagar ni cobrar para recibir un trato prioritario, descargando datos a mayor velocidad o discriminando en contra de contenidos de la competencia. Su reversión significa un nuevo capítulo en la feroz batalla entre “telcos” (gigante de las telecomunicaciones como Verizon, Comcast y AT&T) y OTT (servicios Over The Top, “los que ofrecen empresas que no controlan las redes mediante las que son distribuidos”, por ejemplo Facebook o Netflix). El cambio se presenta como una “victoria de la libertad” pero destruye la Internet entendida como “bien público”: los proveedores de la red podrán bloquear o ralentizar la velocidad de conexión en función del precio que pague el cliente o la página web que esté visitando. Habrá entonces, una Internet de primera y una Internet de segunda.

Mientras tanto, Amazon se suma a Google, Microsoft, Facebook e IBA, al salir a la cancha de los servicios en Inteligencia Artificial basados en la nube. Así, proveerá sistemas para reconocer objetos en imágenes, procesar comandos de voz y operar aplicaciones de chatbot. La revolución de la Inteligencia Artificial fue posible solo porque un puñado de compañías, de hecho, disfrutaron del estatus de cuasimonopolios. Diez mil nuevas empresas, cada una de las cuales posee una pequeña porción del imperio de datos de Google, difícilmente producirían un auto sin conductor. En vez de pugnar por la atomización de la web en clave de libre competencia, quizás el campo popular debería luchar por la democratización de los datos (en especial, el blanqueo del funcionamiento de los algoritmos con que se los procesa) y por la remuneración del silencioso trabajo digital de los prosumers. Si esperamos demasiado, quizás, como en China, ya sea muy tarde para patalear.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=240199

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Marcha por la Ciencia en Washington y 200 ciudades del mundo

Estados Unidos/14 de Abril de 2018/Vonoticias

Los científicos saldrán de sus laboratorios y marcharán en Washington y más de 200 ciudades en todo el mundo el sábado para protestar por las políticas gubernamentales en temas que van desde cambio climático hasta violencia con armas que según dicen ignoran evidencia científica.

La actividad tiene lugar un año después de la primera Marcha por la Ciencia, tres meses después del inicio del gobierno del presidente Donald Trump, cuando investigadores temían que la ciencia sería dejada de lado en el fervor del presidente por eliminar regulaciones gubernamentales.

Este año, “Pienso que nuestros peores temores están dando resultado”, dijo Chris Zarba, quien se retiró en febrero como jefe del consejo asesor sobre ciencia de la Agencia de Protección Ambiental, EPA, por sus siglas en inglés. Esos paneles evalúan la evidencia que guía las decisiones sobre regulaciones ambientales del gobierno.

En octubre del año pasado, el administrador de EPA, Scott Pruitt, emitió una directiva que cambió las reglas que gobiernan la membresía en esos paneles.

Pruitt prohibió que investigadores que recibieron subvenciones de EPA. Indicó que fondos de la agencia podrían comprometer su objetividad.

Fuente: https://www.voanoticias.com/a/marcha-por-la-ciencia-washington-eeuu-epa-donald-trump/4347346.html

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Estados Unidos: Arizona obstaculiza educación a Dreamers; quieren que paguen más por colegiaturas

Estados Unidos/14 de Abril de 2018/El Sol del Centro

La corte estatal determinó que universidades y colegios comunitarios no tengan beneficios como descuentos.

La Suprema Corte de Arizona dictaminó hoy que las universidades colegios comunitarios de la entidad no pueden otorgar colegiaturas baratas, reservadas para los residentes del estado, a los jóvenes inmigrantes indocumentados beneficiarios del programa DACA.

El tribunal emitió un breve dictamen este lunes en el que señala que susmagistrados estuvieron de acuerdo por unanimidad con la decisión expresada por la Corte de Apelaciones de Arizona.

Ésta se refiere a que las leyes federales y estatales vigentes no permiten que los Colegios Comunitarios de Maricopa otorguen colegiaturas para residentes a los beneficiarios del Programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA).

El dictamen precisa que una opinión completa que explicará la decisión del tribunal se dará a conocer antes del 14 de mayo. La Suprema Corte se adelantó a emitir el dictamen para permitir que los estudiantes del Colegio Comunitario de Maricopa tengan tanto tiempo como sea posible para planear, de acuerdo con la decisión.

La diferencia en el costo de las colegiaturas entre estudiantes dentro y fuera del estado en colegios comunitarios y universidades de Arizona es significativo y pudiera decidir el futuro de muchos jóvenes. Se estima que en Arizona residen unos 30 mil jóvenes beneficiarios del programa DACA.

Los estudiantes residentes en el estado pagan en la Universidad Estatal de Arizona una colegiatura de 10 mil 640 dólares este año, mientras quelos estudiantes no residentes pagan 26 mil 470 dólares.

Los residentes pagan 86 dólares por hora de crédito en los Colegios Comunitarios del Condado de Maricopa, en comparación con 241 dólares para no residentes. De acuerdo con el fallo de la Suprema Corte, los jóvenes DACA deberán pagar desde ahora la colegiatura más cara.

La ley de Arizona prohíbe los beneficios públicos, como la matrícula en el estado para estudiantes sin estatus legal, pero los beneficiarios de DACA están autorizados a permanecer y trabajar temporalmente en Estados Unidos.

La Suprema Corte de Arizona comenzó a analizar el caso luego de que una corte de apelaciones dictaminó que los colegios no podían cobrar la matrícula estatal a los jóvenes inmigrantes beneficiarios del programa DACA. Los colegios comunitarios apelaron ante la Suprema Corte.

Los colegios comunitarios y las universidades de Arizona han permitido que los beneficiarios del DACA paguen las colegiaturas como residentes del estado, mientras el caso se mantenía bajo revisión. Otras entidades cómo Texas otorgan desde hace años colegiaturas baratas de resientes a jóvenes indocumentados

Fuente: https://www.elsoldelcentro.com.mx/mundo/arizona-obstaculiza-educacion-a-dreamers-quieren-que-paguen-mas-por-colegiaturas-daca-1601312.html

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United States: Where will the struggle lead Kentucky teachers?

United States / April 14, 2018/Socialistworker

Resumen: Las protestas representan la continua urgencia del recrudecimiento que ha convertido a Kentucky en otro sitio de las rebeliones de los maestros que barrieron al oeste de Virginia Occidental a través de estados que anteriormente se consideraban conservadores como «el país Trump»

Pranav Jani talked to Kentucky teachers on a visit to the state about how their struggle has developed–and what this weekend’s plans for more protests will bring.

KENTUCKY TEACHERS, education workers and their supporters will gather once again on April 13 and 14 for rallies at the state Capitol in Frankfort.

The protests represent the continuing urgency of the upsurge that has made Kentucky another site of the teachers’ rebellions that swept west from West Virginia through states formerly considered to be conservative «Trump country.»

At the same time, the demonstrations today and tomorrow highlight some of the dynamics and debates that teachers need to consider for the movement to succeed.

At the start of April, an estimated 12,000 teachers and supporters descended on Frankfort, sparked into rebellion specifically by a disastrous attack on public employees’ pensions passed late on March 29 under the camouflage of legislation about sewer construction.

The next morning after this late-night legislative sleight of hand, teachers–led by the grassroots group #KY 120 United–shut down schools in 20 counties through coordinated sick-outs, and many traveled to the capital to send a message to lawmakers.

The tactic of the sick-out was used effectively again on April 2 as politicians considered anti-worker budget and tax legislation. Schools that weren’t closed because of spring break in most of Kentucky’s 120 counties were shut down again, and the turnout in Frankfort was the biggest yet.

Though some educators continued sick-outs or other protests in that first week of April, many looked ahead to April 13–when the legislators’ recess ended and lawmakers would convene again–as the next date for a mobilization.

Developments between April 2 and April 13 highlight the questions that need to be addressed if the movement that shook Kentucky at the start of the month is going to be able to break the stranglehold on public education that is choking teachers, education workers, students and parents.

Above all, the need for a united mobilization of teachers–which was the basis for putting pressure on the legislature last week–is clear.

IN MY trip to Kentucky on April 9 and in conversations over the last two weeks, I’ve had the opportunity to speak with teachers who are in the thick of the struggle, parents and activists who are building solidarity, and supporters who understand its historical impact.

These individuals’ dedication to local organizing and the long-term struggle bodes well for the movement. At the same time, people spoke of the challenges they face–from the actions of politicians and school officials, but also debates within the movement–as they try to continue a struggle that has been months and months in the making.

All this has made for a complicated picture in the period between April 2 and April 13–when work stoppages have been attempted, but not continued; when the politicians have been forced to shift, but have slithered into new positions; and when grassroots groups have been built, but have had to fight hard to stay unified.

As we know from history, no movement or struggle ever develops evenly, going from advance to advance.

The situation in Kentucky is complicated by dynamics that will be familiar from past struggles: debates over what to do next when pressure on lawmakers isn’t enough; discussions about whether or not to strike; the complications of people in different communities with different considerations needing to figure out how they can speak with one voice.

As in all struggles, there’s an ongoing debate about the politics and aims of the movement.

As James Miller, a teacher at duPont Manual High School in Louisville said, some people are fighting only to stop the attack on teachers’ pensions or head off measures to undermine public education–whereas others, including himself, want:

to seize this opportunity to demand significant improvements to public education instead of merely defending the status quo. We want to protect our students by demanding the elimination of legislation that would further criminalize Black and Brown youth and an end to zero-tolerance policies. We want to protect our students’ families by opposing regressive sales taxes and flat taxes.

More than 3,000 people have signed a petition created by Miller that ties the fight for schools to the larger struggle for social justice.

Teachers of all views are still in motion to put forward their grievances–and they know they have the support of many people around them.

Krystal Spencer, with Save Our Schools Kentucky and one of the organizers of the rallies on April 13 and 14, says she’s confident that the rallies will be big, «hopefully bigger than [April 2].»

Citing the many groups that are coming together–including Indivisible, Planned Parenthood, Kentuckians for the Commonwealth, and university groups–Spencer noted how many of these organizations don’t represent teachers, but are participating.

Meanwhile, I heard reports of radicalized teachers who are calling off work this Friday and sending delegations to Frankfort–while working patiently with local groups in their schools who aren’t ready for a strike and have never heard the word «wildcat,» but remain very curious about the strategy.

THE LEGISLATIVE details in Kentucky are complicated, but they are important for understanding the strategic obstacles that teachers have to face.

Even as protesters were leaving the statehouse after their biggest demonstration on April 2, the Republican-led legislature passed a budget bill and a tax «reform» bill that are anti-worker and anti-poor. Yet the GOP claims the balance between the two would benefit education.

The legislature put these bills on the desk of Gov. Matt Bevin, a Tea Party favorite, and then left for a short recess until April 13.

Several teachers’ groups aimed to continue the momentum generated by April 2, with calling sick-outs, grassroots food drives and marching through their towns. But the Kentucky Education Association (KEA) send out a memo to members saying that the union didn’t support work stoppages at this time, and everyone should look to April 13.

On April 6, for example, the union issued a statement that, unfortunately, echoes some of the rhetoric that education bosses use against all teachers’ strikes: «Our students need us to show up for them in classrooms and schools. We urge educators statewide not to allow our united efforts to be compromised by continued calls for action that deprive students, parents and communities of the educational services we provide.»

Meanwhile, between April 2 and April 13, crafty Republican politicians and their ruling-class masters were busy creating a lose-lose situation for those seeking a legislative solution to the attack on education and the social crises in Kentucky–while adding lots of confusion to the process.

On April 9, Bevin vetoed the budget and tax bills put forward by his own party, stating that he wants more «comprehensive tax reform» and a «balanced budget»–code words for deeper tax cuts for the wealthy and austerity for the 99 Percent. This set up a challenge to the legislature to try to override the vetoes on April 13 and 14. Bevin signed the pension bill that sparked the teachers’ uprising.

The Democratic minority in the legislature, which has religiously opposed Bevin, supportshis vetoes and will vote against overriding them, on the basis that they are opposed to the budget and tax bills that passed.

On the other hand, the KEA and its affiliates have called for Bevin’s vetoes to be overridden–a de facto defense of the Republican legislature’s bills.

The logic of the position was explained in a statement from the Jefferson County Teachers Association (JCTA), which contended that, while the union «does not agree with some of the regressive ways the revenue bill generates new revenue, but without a revenue bill, Kentucky will lose hundreds of millions of dollars in funding for public education.»

The unions are right that Bevin vetoed these bills from the right, not the left. But it seems problematic to accept the original legislation, which are clearly regressive and harmful in various ways, as a kind of lesser evil.

Indeed, as so many teachers and supporters expressed in face-to-face discussions, what galvanized them to take action is the general and ongoing attack on education in the midst of a deep social crisis in Kentucky–not a dispute between two versions of budget cuts, two versions of tax cuts for the rich, and two versions of tax hikes that hit poor and working people.

EVEN ACTIVISTS who have organized outside the KEA have debated what path to follow in this confusing situation.

Internal discussions within the #KY 120 United this week revealed disagreement about whether or not to call for work stoppages, and whether or not to settle for the legislature’s original budget and tax bills.

Most of the teachers and others I met remained sympathetic to both the KEA and KY 120 United, even if they disagreed with the positions they have taken regarding the legislation.

After Bevin’s open and disparaging attacks on KEA as «a problem,» there was no question about this–even when one teacher defending the KEA against Bevin said she wished they would be «more of a problem.»

Thus, people who are part of KEA, KY 120 United and school-specific groups, many at the same time, are seeking for teachers to figure things out together as part of a longer struggle against a tough set of opponents. Perhaps some of the momentum of April 2 has fallen off, and no one wants to be pushed into choosing between Republican Plan A and Republican Plan B.

Plus, if we look at what teachers and supporters did accomplish in the «in-between» period, it’s clear how powerful the movement is at the grassroots level. With many teachers not being sure about an ongoing strike, a preparation period may have been exactly what was needed.

In Jefferson County–the state’s most populous county that includes Louisville and the surrounding area, there was an attempt to close schools through sick-outs on April 9, though participation wasn’t strong enough to shut down the schools.

In Pike County in eastern Kentucky, along the border with West Virginia, teachers laid out a week of actions leading up to April 13, including pressuring the Chamber of Commerce for supporting the pension bill.

FOR TEACHERS and activists I met from Northern Kentucky and Lexington, the «in between» meant local meetings with activists, talking to parents about the importance of taking action, and working with others to discuss building solidarity.

«Teachers in my building are hungry for info and action in a way they haven’t been before,» said Molly Seifert, a teacher at Beechwood High School in Northern Kentucky. Seifert noted that the organizing meetings she was part of now drew about 10 times more people than KEA meetings months before.

«I’m advocating for ‘the Pike County plan’ for the rest of the week: local action and then Frankfort on Friday,» Seifert said. «I’m also advocating for a long-term group like this that meets regularly and builds on this momentum.»

Laura McMullen, a teacher at Holmes Middle School in Covington, said: «We were ready last week, and we’re still ready.»

McMullen described the impact of the social crisis, especially in poor schools like hers:

Our class sizes are already at cap. So with all of these resources being pulled, and teaching a group of 31-32 kids, how can I ensure that all their needs are getting met, that their IEPs (Independent Education Plans) are being followed…Our school has a very high rate of special needs kids, and our transience rate is very high, with so many kids homeless at any given time.

So when they cut funding for those kids, for after-school programs, for extracurriculars, what are they going to do? We feed kids breakfast, lunch and dinner–where are those kids going to get that? Busing is very expensive–we have no way to bus these students. If the goal isn’t to bankrupt public schools, then I’m not really sure I know what it is.

Rose Curtin, a parent in the Newport Independent Schools system and member of a local School-Based Decision-Making Council and a Family Resource Center board, explained how poorer, non-white schools would be particularly devastated by the legislation being considered:

I’ve served on hiring boards, and I already know how hard it is to hire teachers to come into a high-poverty, urban school where there are a lot of challenges, and I strongly believe that this is meant to target those places first.

Because Fort Thomas schools are not going to have a hard time, with a wealthy tax base and a lot of extra support. They’re not going to struggle to get new teachers the way that I suspect we in Covington and Newport are going to in order to get people to come in, especially if there’s no pensions and they have significant student debt burdens.

THE EFFORTS of Kentucky activists to build solidarity is inspirational–and exactly what will be required to combat a social crisis with no real legislative solution in sight.

In Seifert’s region, KY 120 United made «plans of reaching out to parents in meetings at local libraries,» she said. «For the first time in my 17 years of teaching, activists from Boone County, Kenton County, Dayton Independent, Beechwood and Covington Independent are working together on a project like this.»

Curtin, who is also a member of the Democratic Socialists of America’s Metro Cincinnati and Northern Kentucky branch, heads up the Kentucky Teachers Strike Fund, to organize concrete solidarity should educators decide to walk out.

From the experience of a family member who lost her job after participating in a strike, Rose is aware of «just the amount of work that a work stoppage is [and] the financial and emotional effects that it has.» The fund, organized jointly by four DSA chapters across Kentucky, was formed after consulting with DSA members in West Virginia who had set up a similar fund for a coalition of groups.

Drew Van’t Land, an organizer for the Kentucky Workers League in Lexington, talked about organizing solidarity through helping working-class parents who might have trouble with childcare, and helping to «combat the narrative that their interests are somehow not aligned with those of the teachers.»

Everyone I talked to, even if skeptical about the future given the difficulty of the task before Kentucky teachers, underlined the gains that the struggle had already made.

Geoff Sebesta of the Lexington DSA said that teachers’ self-organization and solidarity had contributed to «the legislature being clearly scared as hell.»

«The floodgates have been opened by what’s happened in West Virginia,» said Drew Gerbel, the sibling of a teacher and an activist in his own right. «The example has been set. Look what power exists in the working class. But I don’t think people realize it 100 percent yet.»

It does take time for people across a whole state and with so many different circumstances and ideas to realize that strength–and there are no guarantees that the teachers will be able to win what they are fighting for.

But with all that remains to be done, something fundamental has already been gained. As Miller said to me:

There are too many unknowns to predict the future….But one thing will not change: Kentucky teachers are angry, and they will not be easily placated.

Already dozens of Kentucky educators have registered to run for state and local offices in campaigns specifically targeting incumbents who voted in favor of the governor’s anti-public education agenda. Already hundreds of Kentucky teachers have repeatedly swarmed the state Capitol in rowdy protests. Already thousands of Kentucky teachers have participated in a wildcat sick-out strike.

The future is unpredictable, but it will belong to us.

Fuente: https://socialistworker.org/2018/04/13/where-will-the-struggle-lead-kentucky-teachers

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