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Canadá: Racial bullying at Calgary school nabs attention of education minister’s office

Calgary / 22 de noviembre de 2017 / Fuente: http://www.cbc.ca/

Group pushing for more black history education to help combat racial bullying in schools

A group of parents and community members concerned about racial bullying in schools is encouraged to have garnered the attention of the education minister’s office.

The president of the African Caribbean Canadian Association says he’s going to urge David Eggen to consider further changes to the curriculum at an upcoming meeting.

«Black studies could be taught as part of the curriculum in the schools. It would create a mutual respect for black students and also [teach] where some of these racial slurs originated from, the history behind it, and how damaging it can be,» Stephen Allen told CBC News.

A spokesperson from the education department told CBC News it plans to meet with the organization in the near future and that the issue of racial bullying falls within the province’s anti-racism initiatives.

«Our government aims to ensure that every single school in our province is safe, welcoming and caring for all students,» Lindsay Harvey said in the statement.

«If parents or community groups have concerns, we encourage them to reach out to Minister Eggen’s office and we will deal with each request appropriately.»

Western Canada High School incident

The source of the concern stems from a violent incident outside Western Canada High School last month.

According to witnesses and one of the students involved, the incident began when some white teenagers used racial slurs against some black teenagers, which led to a fight, charges and school suspensions for the black kids.

The school declined to release information as to whether or not the white students involved were disciplined.

Before reaching out to the education minister’s office, Allen and others met with the Calgary Board of Education and staff at Western Canada High school to address the issue of racial bullying.

Meeting mixed reactions

After a meeting last Friday, Allen said he felt school officials didn’t come prepared to provide any solutions.

A member of Black Lives Matter Calgary, who was also in attendance, said she shared Allen’s sense of disappointment.

«What was the point of this? I didn’t feel like they took it very seriously … quite frankly, they didn’t come prepared to really address anything. I don’t think they really understood that people want change,» Meagan Bristowe said.

Calvin Davies, CBE Area 7 director, had a different view of the meeting and called it a good first step.

He says he didn’t realize the impact these comments had on the kids.

«It’s the kids themselves that are going to lead to the solutions and that is setting up the conditions in the school where the students say ‘Hey, we’re are going to stand together here and these kinds of comments are not appropriate at our school,'» Davies said

Plans at Western

Allen then met with the principal and other staff members from Western Canada High School on Monday, and says it seemed they came more prepared to talk about solutions.

For example, Allen says staff suggested forming a committee of teachers whom students would feel comfortable coming to if they have been a victim of, or are aware of, any racial bullying incidents among their peers.

«We’re hoping that these suggestions are implemented and carried through,» he said.

The principal for Western Canada High school was not available for comment about Monday’s meeting.

Fuente noticia: http://www.cbc.ca/news/canada/calgary/racial-bullying-calgary-school-1.4411570

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Encuesta: Mexicanos creen que si una mujer estudia, ‘se vuelve más rebelde’.

Por: Regeneración. 22/11/2017

Además, el 88.1 por ciento de los encuestados piensa que la violencia es parte de la vida familiar y que los golpes a una mujer se justifican cuando es necesario ‘corregirla’. 

“Géneros asimétricos. Representaciones y percepciones del imaginario colectivo. Encuesta Nacional de Género”, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en México, las mujeres todavía piden permiso a sus parejas o familiares para salir solas o para trabajar.

La encuesta fue aplicada en distintos estados del país y los resultados indican que el 23 por ciento de las personas consultadas dijo que las mexicanas aún piden permiso para trabajar, mientras el 49.7 por ciento para salir solas, y casi el 50 por ciento para salir de noche.

En colaboración con el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), Patricia Galeana, académica de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), fue la encargada de la investigación, así como Patricia Vargas, de la Universidad de Guadalajara.

Galeana informó que el 52 por ciento de los cuestionados estuvo de acuerdo con la frase “si una mujer estudia se vuelve más rebelde”.

La UNAM detalló que el sondeo tiene 14 variables de opinión, entre las que destacan “Ser hombre y ser mujer”, “Estereotipos de género”, “Masculinidad y emociones”, “Maternidad y paternidad”, “Derechos políticos” y “Percepción del feminismo y sus efectos”, entre otros.

Por ejemplo, en el rubro “Relaciones y violencia”, 88.1 por ciento de los encuestados piensa que ésta es parte de la vida familiar, y el 30 por ciento considera que los golpes a los niños sirven “para corregirlos”.

Además, el 6.4 por ciento cree que pegarle a una mujer se justifica “cuando ella te pega” y 4.7 por ciento “cuando es necesario corregirla”.

En el aspecto de “Estado civil y la organización de parejas y familias”, el 33.6 por ciento de los hombres encuestados, y 31.4 por ciento de mujeres dijeron que la maternidad es la “realización” femenina.

Galeana explicó que otras cifras relacionadas con el estudio apuntan que en la capital siete de cada 10 violaciones de mujeres ocurren al interior de la familia, y en 90 por ciento de los casos la madre tenía conocimiento de la situación y lo permitía por amenazas o intimidación.

Este hecho, dijo la académica, pasa en un escenario muy negro “el tema pasa por una cuestión cultural porque las madres formamos a los machos mexicanos; la crianza está a nuestro cargo”.

Por ello, dijo que “es indispensable establecer un sistema educativo formal e informal de respeto a los derechos de las personas, independientemente del sexo, etnia, edad, ideología, preferencia sexual o cualquier condición”.

*Fuente: https://regeneracion.mx/mexicanos-creen-que-si-una-mujer-estudia-se-vuelve-mas-rebelde-encuesta/

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México: Revelan violaciones de derechos humanos de 559 niños indígenas

México/22 de Noviembre de 2017/Cooperativa CL

Estudio de la Comisión Nacional de los DD.HH. halló «violencia física y psicológica» por parte de empleados de sistema de desarrollo integral.

Entre las vulneraciones se encuentran «diversas afectaciones a la salud y datos clínicos de desnutrición infantil».

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COP23: Los estados deben ser más ambiciosos en lo que respecta a la educación y formación sobre el cambio climático.

Por: Internacional de la Educación.

En la 23ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se ha destacado el papel fundamental que desempeña la educación y la formación sobre desarrollo sostenible para salvaguardar el planeta.

La 23ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP23), que se celebra en Bonn del 6 al 17 de noviembre, ha iniciado su segunda y última semana bajo la presidencia de Fiyi. Este es símbolo muy significativo, ya que, como ha recordado Richard Langlois —economista y representante de la Internacional de la Educación (IE) en la COP23—, este pequeño país del Pacífico ya está sufriendo los efectos del cambio climático, concretamente, con la devastación provocada por los ciclones.

Las actuales emisiones de carbono son una grave amenaza para la humanidad

Los datos mencionados en los debates de la COP23 son claros e inequívocos: la actual trayectoria de emisiones de carbono, de seguir así, haría imposible alcanzar el objetivo del Acuerdo de París que, según la mayoría de los expertos, es un umbral mínimo que no debería excederse, a riesgo de exponer a la humanidad a un grave peligro.

Esta situación requiere la movilización urgente de todos los actores pertinentes, principalmente del gobierno, que debe rápidamente cumplir con su papel de liderazgo. Según el movimiento sindicalista, que estuvo ampliamente representado en Bonn, es necesario que los gobiernos refuercen la gobernanza internacional en materia de clima. Esto implica plantearse sus objetivos para 2020, respetar sus compromisos financieros y comprometerse a realizar una transición justa para los trabajadores y la población.

La IE: el futuro del planeta depende de generaciones de ciudadanos con formación que estén informados sobre la emergencia climática

Según la IE, una mejor gobernanza pasa por tener un ambicioso programa educativo y formativo dedicado al clima. El sector educativo desempeña un papel fundamental en la transición hacia una economía global con bajas emisiones de carbono.

Dada la gran repercusión que los nuevos modelos empresariales tienen en los trabajadores, la IE también ha hecho hincapié en que la educación y la formación deben preparar a los jóvenes para la vida ciudadana y profesional. Del mismo modo, la investigación y el desarrollo tecnológicos serán de gran importancia en la lucha contra el cambio climático.

Por consiguiente, la IE insta a los gobiernos del mundo a reforzar la formación inicial y los programas de formación profesional continua de docentes, ya que estos deben tener las competencias necesarias que les permitan educar en materia de desarrollo sostenible y cambio climático. El futuro del planeta estará en manos de generaciones informadas y formadas en lo que respecta a la emergencia climática.

Fuente: https://www.ei-ie.org/spa/detail/15526/cop23-los-estados-deben-ser-m%C3%A1s-ambiciosos-en-lo-que-respecta-a-la-educaci%C3%B3n-y-formaci%C3%B3n-sobre-el-cambio-clim%C3%A1tico

Imagen: https://www.ei-ie.org/resources/views/admin/medias/timthumb.php?src=https://www.ei-ie.org/media_gallery/original_6cf77.jpg&w=1200&h=530&zc=1

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Lucha de los maestros frena impulsos neoliberales en México.

América del Norte/México/21.11.2017/Autor y Fuente:http://www.prensa-latina.cu/
La lucha de los maestros mexicanos contra la Reforma educacional ha sido el freno de los impulsos neoliberales del actual gobierno, advirtió hoy el escritor e historiador Pago Ignacio Taibo.
En declaraciones a la prensa precisó que las acciones -marchas, protestas, bloqueos- del magisterio fueron y serán decisivas para detener el avance de los proyectos privatizadores de la enseñanza, que perjudicarían a la mayoría de las familias.
El premiado escritor y activista social, autor de las biografías de Pancho Villa, Antonio Guiteras y de Ernesto Che Guevara, subrayó que la Reforma educativa es una ley autoritaria.
Argumentó que la de energía promulgada por el presidente Enrique Peña Nieto, está dirigida arrebatarnos el petróleo, al igual que la de la minería, para seguir entregando las riquezas nacionales.
Analizó, además, cómo las luchas sociales han parado en seco la reforma del seguro social, otro de los proyectos neoliberales de la actual administración.
En México, afirmó Taibo, intelectuales, estudiantes, organizaciones sociales y sindicales, libra una batalla en contra las reformas para salvar a los mexicanos y al país.
Fuente:http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=132503&SEO=lucha-de-los-maestros-frena-impulsos-neoliberales-en-mexico
Imagen:http://www.lajornadaguerrero.com.mx/media/k2/items/cache/90c57ca8306bf148ef75c82407e738af_Generic.jpg
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Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

Angélica Buendía∗, Susana García Salord∗, Rocío Grediaga∗, Monique Landesman∗, Roberto Rodríguez-Gómez∗, Norma Rondero∗, Mario Rueda∗, Héctor Vera∗

Introducción

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulo a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulo subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado debería ser el logro de la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta, y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna el trabajo académico en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo, a gusto o disgusto, acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías, previa evaluación es por periodos determinados, los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática, que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades —académica e instrumental— explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulo (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Antecedentes de los programas de evaluación del trabajo académico

A mediados de la década de 1980, se implementaron una serie de políticas públicas relacionadas con la educación superior cuyo propósito era orientar su conducción a través de diferentes programas e instrumentos de evaluación del trabajo académico, que se incorporaron paulatinamente en las instituciones. Su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir, se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica: aproximadamente el 30 por ciento del total.

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) ha sido el programa más visible de estas políticas; fue el primero que buscaba paliar los efectos de las crisis económicas, así como contribuir a retener a los investigadores de las instituciones públicas y a fortalecer la investigación. En su diseño participaron académicos de la UNAM y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, además de miembros de la Academia de la Investigación Científica (actualmente Academia Mexicana de Ciencias), que estaban ubicados en puestos clave y que para crear el SNI actuaron ante la coyuntura de la crisis de las finanzas públicas de 1982. El sistema que consiguió articularse estaba limitado a los investigadores, era externo a las instituciones y planteó criterios propios de selección. El SNI representó el primer mecanismo de alcance nacional de reconocimiento y retribución a los académicos, basado en el desempeño.

En paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con ANUIES, puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep), y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Esto ha conducido a que no sólo en el ámbito de los estímulos al personal académico, la educación superior en México se caracterice por ser un sistema dual, en el que operan políticas diferenciadas que no han alcanzado su adecuada articulación. Por una parte, se encuentra el sector de la educación superior universitaria y tecnológica, que responde a las políticas delineadas por la Subsecretaría de Educación Superior, de la SEP. Por la otra, está el sector del posgrado y la investigación científico-tecnológica, cuyas políticas son delineadas y operadas por el Conacyt.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular, pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académico afecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en condiciones formativas y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica se ha envejecido, lo cual, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

  • que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;
  • que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;
  • que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;
  • que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);
  • que los resultados sean transparentes;
  • que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar, y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que —al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo— el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere, la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador, la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras, el tipo de dificultades más frecuentes, los índices de aprobación y rechazo, el contenido y el número de las solicitudes de revisión, las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un buen evaluador.

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

Fuente del Artículo:

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

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Trans and Open: Education Is Key to Making This a Sign of the Times

By Sarah Bartolome, Truthout

The recent elections were historic for the transgender community as Virginia’s Danica Roem is the first openly transgender person elected to a US state legislature. Andrea Jenkins, who won a seat on the Minneapolis City County, is the first openly trans person of color to ever hold public office in the United States.

Last year, Utah’s Misty Snow made history as one of the first openly transgender individuals to win a major-party nomination as the Democratic Senate candidate. Although her bid was unsuccessful, she is running for Congress, aiming for the 2018 primary.

The election of transgender citizens to public office is a huge win for the transgender community and marks another rise in visibility for trans-identified individuals in this country.

In addition to having trans voices represented in the political arena, openly trans individuals are also competing in the athletic arena. Nike spokesperson and duathlete in running and cycling, Chris Mosier, was the first openly transgender athlete to compete on a US national team in 2016. Harvard University swim team’s Schuyler Bailar, was the first openly transgender athlete to compete on a National Collegiate Athletic Association Division 1 men’s team.

In popular culture, television shows such as «Transparent» (renewed at the end of the summer for a fifth season), «Orange is the New Black,» «Nashville» and «Modern Family» have brought transgender actors and characters onto the small screens.

At a recent meeting of the American Society for Reproductive Medicine in San Antonio, Richard Paulson, Society president explained that advances in science would allow a trans woman to receive a donated, transplanted uterus and carry a child to term.

While transgender visibility is increasing, research by the National Center for Transgender Equality showcases the pervasive anti-transgender bias, verbal and physical assault and economic hardship experienced by many trans people in this country.

As a university educator, I understand that those of us in education stand at the front line, meeting our young people who may be navigating issues of gender identity. We are in a position to demonstrate to our trans-identified students that they are valued, accepted and protected members of our school communities. The challenges facing trans youth are significant and life threatening.

Trans-identified individuals have significantly higher rates of suicide attempts. While an estimated 4.6 percent of the general US population has reported a lifetime suicide attempt, a staggering 41 percent of trans or gender nonconforming individuals report attempting suicide, according to a recent report.

Anti-transgender violence is another significant threat and the Human Rights Campaign reported that in 2017 alone, at least 25 transgender people were murdered in the United States, the majority of whom were trans women of color.

Recently, two trans women of color were found dead, both victims of gunshot wounds. Stephanie Montez, murdered in Texas, and Candace Towns, murdered in Georgia, are the 24th and 25th known victims of fatal anti-trans violence this year. Both suffered the additional indignity of being misidentified by gender by police personnel and the media.

The estimated 150,000 transgender youth in the United States are also facing considerable challenges in US schools. Perhaps most troubling is the Gay, Lesbian and Straight Education Network’s report that schools are some of the most hostile environments for LGBT students. The report states that transgender and gender nonconforming students experience the highest rates of bullying, verbal and physical assault, as well as discriminatory practices.

Ash Whitaker, a male-identified transgender student in Kenosha, Wisconsin, suffered daily indignities as he was denied access to male restrooms at his high school and reportedly even presented with a green wristband to help staff ensure that he exclusively used a gender-neutral restroom in the school’s office.

Whitaker took the district to court, arguing that his rights were being violated under both the Fourteenth Amendment of the Constitution and under Title IX. Whitaker won his lawsuit and the subsequent appeal, a historic win, as it was the first time that an appeals court interpreted these laws to protect transgender individuals. This ruling was despite the current administration’s roll-back of President Barack Obama-era guidance advising all schools that Title IX regulations protect transgender students.

The Williams Institute also noted that suicide attempts were reported by more than 50 percent of trans-identified students who were harassed or bullied in school contexts and by 78 percent of those sexually assaulted in school. For the estimated 150,000 trans-identified youth in this country, the hostile environment is a significant challenge contributing to the elevated suicide risk among trans people.

Education and training can contribute to the creation of a more inclusive society that does not condone such injustice based on gender identities. Unfortunately, that is not always the case.

The transgender college students with whom I have interacted have described negative interactions with some professors, ranging from persistent misgendering and misnaming to denying them the ability to present their gender identity in course-related off-campus activities like student teaching.

In one especially disturbing case, a professor suggested a student «fade into the background, because some people are going to find this disgusting.»

These kinds of interactions may represent ignorance or lack of experience in working with trans youth, but also contribute to the hostile school climate plaguing the trans community.

School administrators and teachers must work to combat these disturbing trends. The moral imperative of supporting trans students is clear. This is a matter of life or death for the youth who deserve to be educated in a safe environment.

To be sure, some may not fully understand the issue of gender diversity and may struggle to find ways to support trans youth. The US public is split on the issue of public bathroom usage for transgender people. A 2016 Reuter’s poll found that 43 percent of respondents believed that transgender individuals should use the bathroom associated with their biological sex at birth.

Although transgender students make up a small percentage of school age children in this country, public schools are mandated by law to protect and serve all students. Some teachers may adopt the attitude that until they have a trans student, this issue does not concern them.

Yet, as trans youth find openly trans role models across a range of professional identities, the number of openly trans students enrolled in US public schools is likely to increase.

Rather than passively watch this public health crisis grow, teachers and administrators can be proactive in educating themselves about the issues facing trans youth and adopting inclusive school and classroom policies that provide opportunities for gender-diverse students to learn and thrive.

Recently organizations and coalitions for LGBT rights have issued guidance for school districts and teachers wishing to learn how to better support trans and gender nonconforming youth. «Schools in Transition: A Guide for Supporting Transgender Students in K-12 Schools» and the Gay, Lesbian and Straight Education Network’s «Model District Policy on Transgender and Gender Nonconforming Students» are two examples of best practices documents that provide educators and administrators with concrete guidance on how to best serve trans and gender nonconforming youth.

The Consortium of Higher Education LGBT Resource Professionals has issued a similar best practices document to help colleges and universities better support trans students on their campuses.

Gender Spectrum offers trainings on the topic of gender identity to schools and other organizations and Campus Pride offers its Safe Space Program trainings both in-person and online to help educators cultivate more inclusive classroom environments for all LGBT youth. The Trans Youth Equality Foundation also offers workshops on the needs of trans and gender nonconforming youth for student groups, educational institutions and other professional organizations.

Trans rights are human rights. As educators, we can model and inform all students the importance of understanding and valuing gender diversity. Even as we protect and honor trans students enrolled in education, we must also protect all trans people through education.

 

SARAH BARTOLOME

Sarah Bartolome is an assistant professor of Music Education at Northwestern University. She researches best practices in music education and the experiences of transgender musicians and is a Public Voices fellow through The OpEd Project.

Source:

http://www.truth-out.org/opinion/item/42631-trans-and-open-education-is-key-to-making-this-a-sign-of-the-times

 

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