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Bolivia: Maestros urbanos alistan nuevas movilizaciones

América del Sur/Bolivia/1 Abril 2017/Fuente: el mundo 

La Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia anuncia nuevas movilizaciones, como un paro de 48 horas para la siguiente semana, ya que no recibió respuestas de las autoridades en la reunión que se realizó en La Paz.

Al no recibir ninguna respuesta favorable de las autoridades nacionales, el sector de maestros urbanos alista nuevas movilizaciones para la próxima semana. Wilfredo Siñani, ejecutivo de los profesores de la Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia (CTEUB), indicó que en conjunto con los demás profesores se determinó un paro de actividades de 48 horas el 5 y el 6 de abril ante las “maniobras dilatorias del ministro de Educación, Roberto Aguilar”. “El ministro Aguilar como todos los años está actuando para cansarnos y dilatar el diálogo, pero no toleraremos más esta conducta y, por eso, determinamos un paro de 48 horas el 5 y 6 de abril, que estará acompañado de movilizaciones”, explicó el dirigente al momento de argumentar que el ministro de Educación en la mesa de negociación, el pasado lunes, se dedicó a tratar otros temas con los dirigentes de la COB sin dar importancia a su presencia y menos al pliego del sector y después postergando sin fecha determinada la próxima reunión. Por su parte, Saúl Azcárraga, ejecutivo de los maestros urbanos de Santa Cruz, señaló que buscan adquirir mayor presupuesto para la educación y así se viabilice el bachillerato técnico, formación vocacional y reconocimiento a la licenciatura de los maestros. “No hemos recibido buenas respuestas, por lo que continuaremos con las medidas de presión hasta que nos den soluciones”, aclaró Azcárraga al momento de argumentar que exigen lo justo y necesario para dar mejor educación a los miles de estudiantes de todo el país. La Dirección Departamental de Educación indicó que se procederá a los descuentos a maestros que no cumplan con sus labores en las unidades educativas.

Fuente: http://elmundo.com.bo/web2/index.php/noticias/index?id=maestros-urbanos-alistan-nuevas-movilizaciones

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Interculturalidad y educación desde el sur : contextos, experiencias y voces

Autores/as: Adriana Arroyo Ortega, Julián García Labrador, María Verónica Di Caudo, María Macarena Ossola, Gloria Mancinelli, Ana Carolina Hecht, Sergio Enrique Hernández Loeza, María Fernanda Solórzano Granada, Álvaro Guaymás, Diana Milstein, Alejandra Otaso, Ana Fuks, María Camila Ospina Alvarado, Sara Victoria Alvarado, María Alejandra Fajardo Mayo, Patricia Botero Gómez, Daniel Llanos Erazo, María Violeta Sánchez. Coordinadores/as: María Verónica Di Caudo / Daniel Llanos Erazo María Camila Ospina

Año: 2016

Editorial: CLACSO, Editorial Universitaria Abya-Yala

Ciudad/País: Quito, Ecuador

ISBN: 978-9978-10-235-0

Sinopsis: Interculturalidad y educación desde el Sur. Contextos, experiencias y voces es un libro colectivo que corona once trabajos de investigación realizados por diecisiete autores con diferentes adscripciones institucionales que se articulan a través de grupos de trabajo latinoamericanos en torno al debate actual sobre la Interculturalidad y Educación. Y con ello obligan al lector a pensar simultáneamente en un conjunto de movimientos o desplazamientos teórico-conceptuales, en el despliegue de posicionamientos éticos, filosóficos, políticos y jurídicos, y en el desarrollo de metodologías de investigación novedosas, que nos posibiliten revelar y actuar sobre una diversidad de experiencias, modelos y programas que buscan potenciar los procesos interculturales en el Sur. La obra en su conjunto es un aporte a la creciente producción bibliográfica que se genera en la última década desde la perspectiva crítica de Latinoamérica

Descargar aquí: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20161004101819/Interculturalidad_y_educacion.pdf

Fuente de la imagen: https://i0.wp.com/www.clacso.org.ar/clacso/novedades_editoriales/img_tapas/1182_Tapa.jpg

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Perú: Más de 235 mil profesores recibirán aumento a partir de fin de mes

América del sur/Perú/1 Abril 2017/Fuente: Perú 21

El Ministerio de Educación ha destinado alrededor de 623 millones de soles para incrementar en 15% los sueldos de los maestros.

Más de 235 mil profesores nombrados percibirán un incremento de 15% en sus remuneraciones mensuales a partir de marzo.

Esto forma parte de la Ley de Reforma Magisterial que busca mejorar el salario de los docentes de forma graduada, informó el Ministerio de Educación (Minedu).

Este incremento responde al proceso para elevar a dos mil soles el piso salarial de los profesores de instituciones educativas públicas, lo cual se proyecta a concretarse hasta el 2018.

La aprobación del Decreto Supremo permitió elevar la Remuneración Integra Mensual por hora de trabajo, el cual pasó de S/51.83 a S/59.35 con esta nueva medida.

Para hacer efectiva esta medida, el Minedu ha destinado alrededor de 623 millones de soles, con la finalidad de retener a los mejores profesionales y elevar el nivel de enseñanza en el país.

De esta manera, el aumento elevará el piso salarial de docentes de inicial, primaria y secundaria de 1,555 a 1,780 soles (para profesores con jornadas de trabajo de 30 horas).

Por otra parte, los profesores que ejercen cargos (director, subdirector, entre otros) y tienen una jornada laboral de 40 horas, su salario pasará de 2,043 a 2,374 soles.

Fuente: http://peru21.pe/actualidad/ministerio-educacion-mas-235-mil-profesores-recibiran-aumento-partir-marzo-2275937

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La Reforma a la Educación Superior está muerta (¿vive la reforma?)

Por: José M. Salazar y Peodair Leihy

En esta primera columna escrita por dos académicos de la Universidad de Valparaíso se analiza por qué ha fracasado en su trámite legislativo la Reforma a la Educación Superior, una de las piedras angulares del programa de este gobierno. En momentos en que se espera que el Ministerio de Educación envíe cambios sustantivos al proyecto de ley, las lecciones del actual entrampamiento resultan iluminadoras.

Desde el inicio de su mandato, el gobierno de la Presidenta Bachelet ha apostado por una reforma significativa de la regulación de la educación superior. Luego de años de anuncios, negociaciones y borradores de todo tipo, el país se encuentra casi en punto muerto, aunque no exactamente en la misma situación que heredó su gobierno.

Visto con los ojos del Ministerio de Educación, se ha logrado instalar la política de gratuidad para el pregrado, beneficiando a cientos de miles de estudiantes y familias. Desde la perspectiva de quienes observan críticamente esta política, resulta muy complicado que deba ser negociada en el parlamento anualmente. Tal divergencia se alimenta de la ambigüedad que asumen varias instituciones que se han beneficiado de la gratuidad: adhieren formalmente a los ideales que la inspiran mientras critican en público su contenido.

La posibilidad de avanzar hacia una reforma estructural parece improbable. Hay buenas razones para pensar así. No existe un consenso mínimo –por motivos ideológicos y de diagnóstico– para acordar el conjunto de reglas que gobierne el funcionamiento de la educación superior durante los próximos años. Apostar por un diálogo productivo choca con la realidad de un sector atravesado por la desconfianza, como sugieren los conflictos y rupturas que emergen dentro de foros importantes, como el Consejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCh) y Vertebral, la organización que reúne a institutos profesionales y centros de formación técnica acreditados.

Si lo anterior no fuera poco, tampoco existen capacidades técnicas instaladas en las instancias gubernativas para forjar una iniciativa legal maciza. Hasta ahora, se aprecia la ausencia de una clara relación de causalidad entre lo que se persigue y las posibilidades que ofrecen las regulaciones propuestas.

Es evidente que el proyecto de reforma yace casi desahuciado en el parlamento. Todavía se apuesta por una estrategia mágica que pueda darle viabilidad, pero casi sin convicción. Los representantes de la soberanía popular, los medios de comunicación y los canales de interacción digital reverberan y amplifican la rica gama de agendas, consignas e intereses –casi siempre inconsistentes– que se ocultan tras los actores que lideran la formación terciaria. Al despuntar el último año de esta administración, tampoco parece existir un liderazgo capaz de articular una conversación político-técnica para convenir unos postulados básicos que enmarquen una agenda de reformas viable.

Es muy probable que los futuros analistas de las políticas sectoriales estudien este proceso fallido con el mayor interés. ¿Cómo fue posible que una sentida y transversal aspiración de cambio terminara de esta forma? Un obvio punto de partida se encuentra en la arquitectura que ha querido darse a la reforma. La introducción de un nuevo régimen de financiamiento, destinado a ampliar responsablemente el subsidio público a las instituciones y los estudiantes, necesitaba un ajuste profundo del marco regulatorio en operación.

La posibilidad de avanzar hacia una reforma estructural parece improbable. No existe un consenso mínimo para acordar el conjunto de reglas que gobierne el funcionamiento de la educación superior durante los próximos años.

Se apostó por avanzar en diferentes líneas de acción, integrándolas en un cambio legal sistemático. Por una parte, se buscó traspasar y fortalecer las potestades de fiscalización sobre las instituciones de educación superior mediante la creación de una superintendencia para monitorear y controlar el uso de los aportes fiscales y proteger de abusos a los estudiantes.

Al mismo tiempo, la revisión del sistema de acreditación se orientó a resolver los problemas de transparencia y legitimidad que ha enfrentado la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Su reemplazo por otra agencia mejor diseñada, quería dejar atrás los defectos y vicios observados en su funcionamiento, además de enfatizar la importancia que tienen los resultados obtenidos por las universidades dentro del proceso de evaluación y objetivizar las decisiones de la nueva agencia para que fueran comparables entre sí.

Como otros en el pasado, es muy probable que estos cambios nunca ocurran, a pesar del consenso –y entusiasmo– que generaron en algún momento. Si, por azar, alguna transformación emerge de este proceso (aún existen expectativas en el plano de la fiscalización y la calidad), es muy probable que se trate de ajustes menores, descontextualizados de una agenda coherente y cuya utilidad sólo podrá ser apreciada en el largo plazo.

Además de fallida, esa estrategia revela una limitada comprensión de lo que una reforma sectorial puede ser, según demuestra la propia experiencia chilena. Quizás el camino más tradicional para concebirla sea, precisamente, un cambio en la legalidad, en las normas generales que condicionan indirectamente la operación de un sector como la educación superior. Tales modificaciones aspiran a tener efectos de largo plazo a medida que apuntan a reconfigurar cómo los sectores se organizan y, especialmente, sus límites. La mayor parte de su eficacia, sin embargo, se juega en el proceso de implementación y depende de la convicción y las agendas de las agencias e instancias gubernamentales a las que se confía su puesta en marcha.

El régimen de Pinochet, por ejemplo, creó un sistema de licenciamiento para las nuevas instituciones privadas que fue sustancialmente alterado por el Consejo Superior de Educación (CSE) a medida que lo aplicaba, ya en democracia, sin mediar cambios estatutarios. La integración del CSE no fue azarosa. En su conformación participaron personas clave que también estuvieron tras la Comisión de Estudio de la Educación Superior (formada en 1990) y que luego pasaron a dirigir la Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado (CNAP) (creada en 1999). Sus ideas fueron decisivas –y consistentes– para fijar la orientación que tuvo la implementación de los instrumentos de política a su cargo y que definen mucho del entorno regulatorio que hoy existe en el sector.

Otras reformas se orientan a alterar los flujos de recursos que el Estado pone a disposición de los principales actores sectoriales. El desarrollo del sistema de becas fiscales y la magnitud y flujo de los recursos asignados a los sistemas de crédito solidario y Crédito con Aval del Estado (CAE) han sido claves para la configuración de la educación superior. Tales transformaciones se hicieron sin mediar grandes cambios legislativos: las glosas de la Ley de Presupuesto y la regulación reglamentaria han sido suficientes para mantener estas iniciativas operando sostenidamente –y de manera incremental– por largo tiempo.

El trabajo de las comisiones que  los gobiernos constituyen para explorar el desarrollo de nuevas agendas de política ha tendido a ser poco fructífero y quizás por eso, entre otros motivos, sus recomendaciones permanecen sin implementar.

Las reformas también pueden ser agendas, como lo ha sido el desarrollo del proyecto MECESUP (1998-2016), ejecutado en tres etapas por el Ministerio de Educación, con el apoyo técnico e ideológico del Banco Mundial. Esas agendas definen propósitos, asignan recursos y articulan equipos a cargo de su ejecución. Además de identificar objetivos y metas, las agendas de reforma sirven para experimentar soluciones que luego dan origen a nuevos modelos e instrumentos de política.

El Fondo de Desarrollo Institucional (FDI), por ejemplo, partió como un fondo para el mejoramiento de la infraestructura de las universidades tradicionales, para luego orientarse al mejoramiento de las credenciales de los académicos y terminar focalizándose en diferentes necesidades generadas a partir de la expansión y complejización de ese grupo de instituciones. Al mismo tiempo, permitió ir configurando una nueva herramienta –los convenios de desempeño– para que el Estado transfiera recursos para el desarrollo de capacidades en el sector, que luego ha sido exportado por el Banco Mundial como una práctica exitosa de política pública.

Es llamativo que con tan diversas experiencias reformistas durante las últimas dos décadas, el diseño del gobierno no fuera más rico ni se desplegara en diferentes planos. Algún tipo de cortocircuito en los círculos políticos de la coalición gobernante hizo que todo ese aprendizaje fuera rápidamente olvidado. El costo fue la ausencia de una estrategia reformista más granular y multinivel.

Es posible que los instrumentos de política en operación tampoco hayan contribuido mucho al desarrollo de una agenda de cambios que apunta a reconfigurar las bases estructurales del sistema, aunque hay que tener presente que los objetivos perseguidos no se reflejaron en el conjunto de cambios propuestos, como han revelado varios críticos. Por todo eso, es interesante observar el rol que han jugado expertos y analistas en el debate público para dar contenido a las reformas propuestas. ¿Cuál ha sido su contribución al diseño y desarrollo de estas iniciativas?

Desde las movilizaciones estudiantiles de 2011, ha sido raro que pase una semana sin que los medios de prensa incluyan notas, comentarios y análisis sobre la reforma en curso y sus posibilidades. Si a eso se suman artículos académicos y publicaciones de distintos grupos de interés, uno puede delinear un amplio y variopinto conjunto de actores tratando de influir activa y persistentemente la acción del gobierno y los partidos políticos. Una parte de ellos son personas que cuentan con formación de posgrado en el ámbito de los estudios en educación superior.

Con pocas excepciones, estos analistas y comentaristas han definido su radio de acción de manera similar: felicitan, rechazan, critican o proponen ajustes a las reformas propuestas. Al enmarcar de esa manera su quehacer, conforman el antiguo principio del legalismo chileno, según el cual el contenido de toda reforma es siempre responsabilidad del Ejecutivo pues las reformas son principalmente un problema de cambio de legislación. Su objetivo, entonces, es influenciar el debate parlamentario, en pos de la aprobación, rechazo o ajuste del régimen propuesto.

Esa lógica facilita la mantención del status quo y contribuye a empobrecer el debate sobre el futuro de las políticas educativas. A pesar de su entrenamiento y experiencia, nuestros expertos locales tienden a escarbar los defectos (o virtudes) inherentes que posee cada diseño propuesto. Esa propensión mueve el debate público y parlamentario hacia una toma de posiciones opuestas, en pos de la aprobación o rechazo de los proyectos de ley que se trate. Al proceder de esa manera, olvidan frecuentemente expandir el catálogo de opciones disponibles ante cada disyuntiva de política pública que se plantea.

Precisamente esa parte de su tarea tiende a quedar en un segundo plano. Muy pocas veces los debates académicos o de políticas sugieren vías de acción, sobre la base del estudio riguroso de las experiencias comparadas o sobre un análisis informado sobre el estado de situación que presenta el caso chileno.

Más bien, tienden a caer en debates de principios –como hemos sido testigos a propósito del carácter público de la educación superior– que no contribuyen a enriquecer la caja de herramientas que alimenta el desarrollo de nuevos instrumentos de política. El trabajo de las comisiones que, de manera esporádica, los gobiernos constituyen para explorar el desarrollo de nuevas agendas de política, ha tendido a ser poco fructífero y quizás por eso, entre otros motivos, sus recomendaciones permanecen sin implementar.

La evidencia es consistente. Los informes del Consejo Asesor Presidencial para la Educación Superior (2008), la Comisión de Trabajo de Análisis del Sistema de Aseguramiento de la Calidad (2012), y la Comisión Asesora Presidencial para la Institucionalidad en Ciencia, Tecnología e Innovación (2013) han sido bastante conservadores.

Ninguno de ellos ha avanzado propuestas que introduzcan nuevas estrategias e instrumentos de política que faciliten la actualización y eficacia del marco en operación. Es probable que incida en ese resultado que tales instancias hayan privilegiado la representación de intereses sectoriales consolidados. Falta en estos y otros documentos de política, una orientación más propositiva que, atenta a nuevos desarrollos en otras latitudes, sea capaz de enriquecer nuestro diálogo sobre la forma en que el Estado contribuye y guía el desarrollo del sector. Lo mismo se repite en el abundante comentario que existe en materia de educación superior.

En una segunda parte de esta columna, buscaremos contribuir a gestar un estado de cosas que permita que la política sectorial avance en una dirección que aumente su incidencia y efectividad en la consolidación de una educación superior masiva y de excelencia.

Fuente: http://ciperchile.cl/2017/03/23/la-reforma-a-la-educacion-superior-esta-muerta-vive-la-reforma/

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El Estado debe garantizar la educación en las zonas más apartadas:

América del Sur/Colombia/1 Abril 2017/Fuente: Vanguardia

La Corte recordó que la educación es un derecho que debe ser garantizado y que es inadmisible que en algunas zonas no haya ni un docente. El transporte también debe garantizarse.

El Gobierno Nacional debe garantizar la educación de las comunidades ubicadas en las zonas más apartadas del país, a pesar de las dificultades geográficas y de estrategia que esto traiga.

El pronunciamiento se dio a la hora de estudiar una tutela presentada por integrantes de la vereda La Cabaña, del municipio de Paujil, Caquetá, en donde hace más de cuatro años los menores de edad no reciben clase en una escuela cercana por falta de personal docente.

Esto obligó a los menores a acudir a otras veredas para recibir clase, haciendo largos y peligrosos recorridos.

La Corte advirtió que “en vista de las dificultades de acceso que ello representa, varios menores de edad han optado por interrumpir sus estudios y emprender otros proyectos de vida; las jóvenes conforman hogares y quedan en embarazo a temprana edad”.

Por esa razón, la Corte recordó que la educación es un derecho que debe ser garantizado y que es inadmisible que en algunas zonas no haya ni un docente, por lo que el Gobierno debe garantizar tanto la posibilidad de un transporte como de planta de persona,

“El papel de las autoridades públicas es consolidar estrategias de servicio que tengan en cuenta las particularidades regionales, para diseñar los mecanismos de acción que les permitan cumplir su obligación de asegurar en todo su territorio la prestación del servicio educativo. Esto quiere decir que las dificultades geográficas de acceso no pueden excusar al Estado para prestar los servicios que internacional y constitucionalmente está obligado a proporcionar, pues ni estos ni la efectividad y exigibilidad de los derechos de los asociados pueden estar condicionados por las condiciones que rodean a los niños”, dice el fallo de la Corte.

fuente:http://www.vanguardia.com/colombia/393013-el-estado-debe-garantizar-la-educacion-en-las-zonas-mas-apartadas-corte

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Brasil y la violencia en las aulas

América del Sur/Brasil/01 Abril 2017/Fuente: El nuevo diario 

Así lo revela una encuesta que aplicó el Instituto Nacional de Estudios y Pesquisas Educativas (Inep) a directores, alumnos y profesores de todo el país.

Más de la mitad de los profesores de Brasil ha presenciado algún tipo de agresión verbal o física cometida por alumnos de entre 11 y 14 años contra alguno de sus colegas y miles de maestros han visto a los estudiantes llevar armas de fuego a clase.

Este es el panorama que dibuja la encuesta Prova Brasil 2015 elaborada por el Instituto Nacional de Estudios y Pesquisas Educativas (Inep) del Ministerio de Educación y aplicada a directores, alumnos y profesores de todo el país.

«Las agresiones contra profesores han aumento mucho en los últimos tiempos», dice a Efe la secretaria general de la Confederación Nacional de los Trabajadores en la Educación, Fátima Silva, profesora además de la red pública del estado de Mato Grosso do Sul.

En total, 132.244 profesores, más de la mitad de los encuestados, admitieron haber sido testigos de episodios violentos contra sus compañeros por parte de los mismos estudiantes, porcentaje que se eleva hasta el 71 % cuando se les preguntó por la existencia de agresiones físicas o verbales entre los propios alumnos.

«La cuestión de la violencia no es algo específico de las escuelas. La escuela es el reflejo de lo que pasa en la sociedad», expone Silva.

Entre los factores externos que explican este comportamiento la profesora aprecia una crisis de «autoridad» en el seno de la convivencia familiar y sobre todo, la determinación del contexto social en el que está inmerso cada colegio.

Solo así se puede llegar a explicar que el 12 % de los maestros reconozca que algunos de sus alumnos acuden al aula bajo el efecto de las drogas o que 2.365 hayan visto a estudiantes acudir al colegio, de manera frecuente, con armas de fuego.

«El número es un disparate. Aunque el porcentaje es bajo (1 %), ningún alumno debería portar armas de fuego en la escuela», afirma a Efe el economista Ernesto Martín Faria, investigador de la Fundación Lemann, que analizó el sondeo para el portal QEdu, plataforma que desmenuza los datos oficiales.

La cifra se eleva hasta el 5 % en los casos en que los docentes percibieron que varios de sus alumnos acuden al centro educativo portando algún tipo de arma blanca.

Martín Faria coincide en señalar el contexto como un fiel indicador que se traslada de manera directa a las clases: «Hay escuelas con gran vulnerabilidad en varias regiones del país donde operan facciones criminales fuertes».

El círculo vicioso empieza con barrios con gran vulnerabilidad, pocas políticas públicas y altos índices de violencia, donde los hijos de familias de bajos recursos acuden, en el mejor de los casos, a escuelas precarias que les dan una formación insuficiente para incorporarse al mercado laboral en igualdad de condiciones que el resto.

«Los números demuestran una gran desigualdad en el país», asevera Martín Faria, quien apuesta por «políticas de incentivo con más recursos y mejores profesores».

Según el sondeo, el 41 % de los profesores gana entre 1.000 y 2.000 reales brutos al mes (unos 320 y 640 dólares, respectivamente).

Las regiones olvidadas en el plano educativo son las mismas que se repiten en otros índices de desarrollo: norte, noreste y periferia de grandes ciudades como Río de Janeiro y Sao Paulo.

«Las escuela tienen muchas dificultades para huir, aislarse del contexto de violencia en el que viven», comenta el analista.

Trabajadores del colegio Etelvina de Góes Marcucci, en Paraisópolis, la segunda mayor favela de Sao Paulo, admitieron a Efe que la violencia en las aulas «es una cuestión delicada», pero que más que eso, el problema más acuciante, en su caso, son las drogas y la facilidad que tiene el alumno para acceder a ellas.

La profesora Silva denuncia que este clima está sirviendo de excusa de algunos sectores para resucitar el debate sobre la edad mínima penal, establecida en el artículo 288 de la Constitución brasileña en los 18 años de edad.

«Muchos utilizan esto para intentar remediar el asunto diciendo que lo que hay que hacer es incorporar a los adolescentes problemáticos al sistema penitenciario (…) Eso es lo contrario de lo que hay que hacer», aprecia.

La paradoja se cierra justo un artículo antes en la Constitución, donde se señala que «es deber de la familia, la sociedad y el Estado asegurar al niño, al adolescente y al joven, con absoluta prioridad, el derecho a la vida, a la salud, a la alimentación y a la educación», entre otros recogidos en ese fragmento de la norma suprema brasileña.

Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni/internacionales/423117-brasil-se-acostumbra-violencia-aulas/

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Colombia: Hay que enseñar a los niños a ser felices

América del Sur/Colombia/01 Abril 2017/Fuente: Semana 

La educación positiva es una metodología pedagógica que se fundamenta en el bienestar de los estudiantes. Estas son algunas de sus ventajas si se implementara en Colombia, como recomiendan los expertos.

Una de las grandes críticas a los sistemas educativos contemporáneos es que no forma el carácter, ni preparan a las mentes para los retos de la vida, sino que se centra más en la obtención de resultados cuantificables. Los recién graduados de los colegio salen a las universidades sin saber cómo llevar sus vidas o darles un propósito. Es por eso que la necesidad de formar a los jóvenes en competencias blandas se ha convertido en una tendencia que va a en aumento.

Dentro de estas nuevas tendencias se han fundado nuevas metodologías y filosofías de enseñanza, entre ellas la educación positiva, la cual se basa en la psicología cognitiva, la neurociencia y las mejores prácticas del aprendizaje. Esta se diferencia de otros enfoques que incluyen las habilidades socioemocionales y las competencias ciudadanas, ofreciendo herramientas para la formación del carácter y el desarrollo de los procesos emocionales y motivacionales para que los estudiantes se conviertan en agentes de cambio para el desarrollo de sus comunidades.

“En días como hoy la educación está sintiendo una fuerte necesidad en cambiar el camino a seguir para formar a las personas del mañana. Pasa en los colegios y pasa al interior de las familias en donde se ha presentado un mayor interés en formar personas con base en la integridad, la honestidad y la compasión”, señaló en entrevista con Semana Educación Tom Harrison, director de Educación del Jubilee Center of Character and Virtue de la Universidad de Birmingham (Reino Unido), institución pionera a nivel mundial en la investigación y aplicación práctica de la ética y los valores en los colegios, universidades y empresas.

Según el experto que estará en el país gracias al Instituto Florecer, la educación positiva se basa en crear en las aulas un ambiente caracterizado por una mayor atención y pensamiento positivo y holístico. “Los niños tienen la necesidad de sentirse queridos, por eso es necesario que estimulemos su sentimiento de autosuficiencia y expectativas de éxito en la vida”, agregó.

Para él, los modelos tradicionales de educación se han anclado en evaluar a los estudiantes mediante pruebas, pero lo que realmente importa es cómo lograr desarrollar y potenciar las habilidades de los estudiantes. Y es que esta tendencia, ligada a la inteligencia emocional ha comenzado a ser uno de los rasgos más valorados por las empresas. La razón tiene que ver con que muchas veces el éxito profesional o familiar tiene más que ver con la forma cómo las personas se enfrentan a la vida que con el coeficiente intelectual o las calificaciones académicas.

Harrison recalcó que es importante formar el conocimiento de los jóvenes desde el carácter y competencias como la lealtad y la ética en los estudiantes más jóvenes, pero también en los profesionales.

La inteligencia emocional hizo su aparición en 1995, cuando el psicólogo estadounidense Daniel Goleman publicó su libro del mismo nombre.. La obra acaparó la atención tanto de sus colegas, como también de los publicistas  y los empresarios. Para Harrison, que ha trabajado con los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido en desarrollar metodologías encaminadas a formar el conocimiento y competencias como la lealtad, asegura que la gestión adecuada de las emociones permite a las personas ser más creativas e innovadoras. “Cuando uno se siente pleno y feliz con sus emociones es mucho más fácil enfrentar el fracaso. La clave está en el ensayo y el error”, concluye Harrison.

Fuente: http://www.semana.com/educacion/articulo/educacion-positiva-que-es-la-educacion-positiva/519847

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