América del Sur/ Brasil/ 21.04.2020/ Fuente: spanish.xinhuanet.com.
Con cerca de 850 millones de estudiantes fuera de las clases en todo el mundo debido a la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19), escuelas y universidades tuvieron que reinventarse en poco tiempo para no perder el año lectivo, algo que en Brasil los centros de educación han hecho en un tiempo récord.
El grupo de educación Raíz, que en Río de Janeiro tiene prestigiosas escuelas como QI y Ao Cubo, transformó en pocos días su aplicación de apoyo a los estudiantes en una central de clases online en directo para 2.000 alumnos de bachillerato y de cursos preparatorios.
Anteriormente, apenas las clases de refuerzo eran filmadas, pero tras la llegada de la pandemia a Brasil, el grupo Raíz llegó a un acuerdo con la empresa de enseño online ProEnem, doblando a cuatro el número de estudios utilizados y contratando freelancers para su equipo, a fin de poder atender a los alumnos que están en casa.
«El feedback de los alumnos ha mostrado que este es un camino sin marcha atrás. Soy de los que piensan que las aulas presenciales son muy importantes, pero a partir de ahora, tendremos muchas más clases online, con el coronavirus o sin el coronavirus», explicó el director general del grupo, André Gusman.
Por su parte, el grupo brasileño de educación Cogna empezó a preparase para el enseño online cuando la situación de COVID-19 empezó a empeorar en el país europeo de Italia. Su brazo de educación básica «Somos Educaçao», que cuenta con 4.100 escuelas en el país sudamericano, desarrolló una metodología para la educación infantil y la fundamental en todo el país.
«Hicimos un planeamiento para prepararlo todo en tres semanas cuando vimos los números en Italia, pero tuvimos que hacerlo todo en apenas una semana», aseguró el director de «Somos Educaçao», Mario Ghio.
Según Ghio, varias secretarías de educación regionales y municipales de Brasil ya entraron en contacto con el grupo para poder disponer de las herramientas para el enseño online a distancia.
«Las secretarías regionales están reconociendo que es posible aprender fuera de la escuela presencial. Es un debate que se arrastra desde hace años y apenas ahora los estados empiezan a darse cuenta de que es posible hacerlo», comentó.
El gran desafío apuntado por los especialistas en Brasil es que todos los alumnos puedan estudiar online, teniendo en cuenta las desigualdades sociales que hay en el país.
Según un estudio presentado el año pasado por el Comité Gestor de Internet, el 58 por ciento de los domicilios del país sudamericano no tenían ordenador y el 33 por ciento no tenía internet. Entre las clases más bajas, el acceso todavía era más restringido.
Algunos estados optaron por transmitir por televisión en canales públicos clases para los alumnos, mientras que otros optaron por dejar que los alumnos sin internet vayan una vez por semana a la escuela a buscar las lecciones a estudiar en casa.
El Ministerio de Educación brasileño ofreció cerca de 32.000 plazas en cursos de enseño a distancia para cualificaciones profesionales y técnicas, con una carga horaria de 800 horas por curso, como forma de incentivar la continuidad de los estudios en tiempos de pandemia, con las instituciones educativas cerradas.
Según el último boletín divulgado hoy por el Gobierno brasileño, al menos 2.575 personas murieron en el país por la COVID-19, mientras que 40.581 dieron positivo por el virus, lo que convierte a Brasil en el país más afectado de América Latina por la pandemia.
Fuente de la noticia: http://spanish.xinhuanet.com/2020-04/21/c_138994463.htm
América del Sur/ Colombia/ 21.04.2020/ Fuente: noticias.caracoltv.com.
Aunque el gobierno ha buscado opciones para llegar a sectores rurales y con bajos recursos, expertos no ven el panorama claro. Ojo a esta radiografía.
Forzados por la cuarentena y en medio de la incertidumbre de la pandemia del coronavirus, 10 millones de estudiantes de educación básica y media regresaron este lunes a clases de manera virtual: 8,1 millones de esos jóvenes pertenecen a instituciones públicas y al menos otros dos millones a escuelas rurales de Colombia.
Un escenario inédito que tiene a todos inquietos: a los padres de familia, a los alumnos mismos, a los rectores, a los operadores de telefonía y al gobierno que trata de capotear el temporal sobre un propósito esencial: que no haya deserción escolar.
“Tanto para los niños de lo urbano como de la ruralidad no hemos ahorrado esfuerzos: está la plataforma Aprender Digital, pero sabemos que no todo el país está conectado. En ese sentido estamos llegando con una programación de 12 horas en el canal 3, 2, 1 Educación, con programas como El profe en casa. Estamos teniendo parrillas de radio y enlazaremos en las próximas semanas canales regionales y emisoras comunitarias”, explica María Victoria Angulo, ministra de Educación.
Sin embargo, ¿está Colombia preparada para un desafío de esta envergadura? Mucho más teniendo en cuenta que la cobertura de internet, según cifras conservadoras, ronda el 70% en el país y en áreas rurales es aún más deficiente.
“Colombia no está preparada para la educación virtual. Miremos el caso de la educación rural: hoy más de 2 millones 350 mil niños se están viendo afectados por esta circunstancia”, sostiene Nelson Alarcón, presidente de Fecode.
Publicidad
Pese a estas críticas, la ministra Orozco insiste en que se están haciendo esfuerzos. Señala que la plataforma Aprender digital podrá descargarse sin consumir datos.
Agrega que a las familias de estratos 1 y 2 se les facilitará un paquete de internet con tarifas muy bajas que se mantendrán hasta 2023.
Para los expertos, no obstante, la radiografía de la virtualidad educativa es bastante mala. Un estudio del laboratorio de economía de la educación de la Universidad Javeriana, liderado por la profesora Luz Karyme Abadía es crudo: la mitad de los rectores de colegios públicos consultados aceptó que sus maestros no tienen ni las herramientas ni las estrategias pedagógicas para encarar lo que se viene.
“La emergencia sanitaria que estamos viviendo a causa del COVID-19 evidenció el atraso tecnológico tan grande que existe en los colegios oficiales del país”, afirma la profesora Abadía.
Y como si todo no fuera lo suficientemente complejo ya también ronda la corrupción. Una auditoría de la Contraloría reveló en enero pasado graves irregularidades en 25 contratos por 153 mil millones de pesos suscritos por siete gobernaciones y pagados con recursos del sistema de regalías.
Dichos contratos tenían por objeto la prestación de servicios de conectividad a internet a instituciones de educación pública.
Según el expediente, en algunos contratos se pagó dos veces por este servicio. En otros, las megas compradas por las gobernaciones a los operadores de internet no se entregaron y hasta hubo contratos millonarios para proveer internet a centros educativos en tiempos de vacaciones escolares. Y eso que solo se auditó la tercera parte de las regiones de Colombia.
Publicidad
Estos hallazgos, que hoy indaga también un grupo élite de la Fiscalía, se dieron en las gobernaciones de La Guajira, Magdalena, Santander, Norte de Santander, Meta, Nariño y Casanare.
Mientras el Gobierno busca salidas para evitar la deserción escolar y tanto padres como alumnos se llenan de paciencia para resistir el nuevo modelo de educación virtual, los organismos de control le ponen la lupa a toda la contratación para evitar un desangre.
Fuente de la noticia: https://noticias.caracoltv.com/coronavirus-covid-19/esta-preparada-colombia-para-apostar-por-la-educacion-virtual-nid226809-ie215
América del Norte/ EE.UU/ 20.04.2020/ Fuente: cnnespanol.cnn.com.
Los precios del petróleo en Estados Unidos quedaron en negativo el lunes por primera vez: el gran colapso petrolero de 2020 dio un giro extraño.
El crudo terminó a US$ -37,63 por barril, marcando la única vez que ha estado por debajo de cero desde que los futuros del petróleo comenzaron a cotizarse en NYMEX en 1983.
El colapso histórico muestra cuán terriblemente se ha sobreabastecido el mercado petrolero. Hay temores reales de que el mundo pronto se quede sin lugares para almacenar barriles.
Los productores están PAGANDO esencialmente para deshacerse de sus barriles.
Parte del motivo por el cual el petróleo era tan volátil es que el volumen de negociación fue muy ligero en el contrato de mayo, que vence el martes. Esa baja liquidez preparó el escenario para el escenario inusual de precios negativos.
Aunque el contrato de mayo se volvió negativo, el contrato de junio todavía se cotizaba por encima de los US$ 20 por barril. El crudo Brent, el punto de referencia mundial, cotizaba por encima de los US$ 25.
El crudo terminó a US$ 18,27 el barril el viernes, lo que significa que colapsó en más del 200% en un día.
Fuente de la noticia: https://cnnespanol.cnn.com/2020/04/20/el-peor-dia-el-petroleo-de-ee-uu-termina-a-us-37-si-eso-es-un-numero-negativo/
América del Sur/ Chile/ 21.04.2020/ Fuente: radio.uchile.cl.
Como sabemos, la emergencia producida por el COVID-19 obligó a suspender la realización de clases presenciales en las escuelas, jardines infantiles y liceos del país desde el lunes 16 de marzo. Frente a esta emergencia, la estrategia del Mineduc ha sido básicamente apostar por continuar las clases de modo online y buscar un pronto retorno a “la normalidad”. Para ello ha implementado un sitio web denominado “aprendo en línea”, en el cual pone a disposición clases semanales, para las asignaturas de lenguaje y comunicación y matemáticas, bajo el lema “aprendo sin parar”. También ha dispuesto la entrega de la canasta de alimentos JUNAEB, suspendida durante estas dos semanas. Ha anunciado la entrega de equipos de computación para estudiantes y adelantó las vacaciones “de invierno” para la segunda quincena de abril, señalando que espera volver pronto a la modalidad presencial de clases: primero anunció que se volvía a las escuelas el 27 de abril; luego, ante el rechazo generalizado que despertó ese anunció, comunicó que están planificando un “retorno gradual, porque la situación sanitaria es mejor de lo proyectado inicialmente”.
Esta obsesión por “aprender sin parar” y “volver pronto a la normalidad” ha sido criticada por casi todas las organizaciones educativas. En decenas de liceos públicos, estudiantes han denunciado la desigualdad de condiciones para acceso, conectividad, disponibilidad de equipos y espacios para poder trabajar online, situación que afecta más, por cierto, a los y las estudiantes más pobres. De hecho, muchos liceos públicos estaban en paro cuando comenzaron las “vacaciones”. El Foro por el Derecho a la Educación Pública, que agrupa a asociaciones de padres, estudiantes y educadores, ha denunciado “la falta de productos y entrega de alimentos en mal estado en las canastas JUNAEB”. Docentes y asistentes de la educación han denunciado la inexistencia de protocolos claros, ni condiciones sanitarias mínimas para cumplir con los turnos éticos. Por su parte, el Colegio de Profesores/as ha criticado, tanto la falta de condiciones de parte de estudiantes y familias cuestión que profundiza la desigualdad educativa, como la falta de condiciones de trabajo adecuadas para el teletrabajo de las y los docentes. Además, ha presentado un Plan Educativo de Emergencia para enfrentar la crisis sanitaria, en el cual proponen, entre otras cosas, priorizar el trabajo de vinculación y apoyo socio emocional hacia estudiantes, detener la aplicación de la prueba SIMCE para evitar la presión hacia los contenidos que ella genera, implementar un canal de televisión educativa y realizar un proceso participativo tendiente a definir prioridades curriculares, en el entendido de que este no será un año normal. También en las redes sociales han circulado múltiples denuncias de parte de apoderados/as, como la de una mamá que se hizo viral señalando, entre otras cosas que el ministro de educación no es educador y que lo que mejor que podría hacer es “agarrar los libros que tienen todos los niños y que el Gobierno ya distribuyó y trabajar con esos libros y establecer un canal educativo que guíe ese trabajo”.
Las ideas y propuestas emanadas de organizaciones y actores educativos parecen simples, sencillas, quizás demasiado. Sin embargo, al igual que durante todos estos años de luchas por el derecho a la educación, la voz de quienes viven diariamente la experiencia educativa ha demostrado ser mucho más razonable y contar con más respaldo científico que las decisiones tecnocráticas, tomadas por autoridades que ni han estudiado, ni trabajado en educación. Recientemente la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) publicó recomendaciones para una respuesta integral del sector educativo de América Latina frente al COVID-19, basada en una revisión de buenas prácticas educativas a nivel mundial para enfrentar situaciones de catástrofe. Algo similar acaba de hacer un grupo de expertos de la Global Education Innovation Iniciative de Harvard, a partir de la revisión de las mejores prácticas de respuestas educativas de los gobiernos a la crisis de la Pandemia.
Lo que uno encuentra en estos informes son propuestas sencillas y accesibles para todos y todas los/as estudiantes y comunidades educativas y que coinciden llamativamente con lo que han señalado y denunciado los actores educativos chilenos. Revisemos algunas de ellas:
Sobre el estudio on-line. El informe de Harvard señala que “las diferencias de condiciones de los/as estudiantes y sus familias para el trabajo educativo a distancia exacerbarán las brechas de oportunidades ya existentes, a menos que se construya una respuesta intencional e integral”. En ese sentido, el informe es claro al señalar que “a corto plazo, en los países o sistemas escolares que aún no cuentan con una infraestructura existente para apoyar el aprendizaje en línea y el acceso universal a los dispositivos, es poco probable que se pueda implementar la educación en línea para brindar educación. Allí serán necesarias otras modalidades, de menor costo y relativa facilidad de implementación, como la educación por radio o la televisión educativa”. Claramente ese es el caso de Chile. Según la última encuesta de la Subsecretaría de Comunicaciones, el 44 por ciento de los hogares del país no tenía conexión fija a Internet al momento de su publicación, situación que perjudica principalmente a familias de menos recursos. Por ejemplo, en la Región Metropolitana, si bien el 98 por ciento de los hogares de la comuna de Providencia cuenta con conexión a Internet, este porcentaje es solo del 28.2 por ciento en la comuna de La Pintana.
Sobre la televisión educativa. Como señalamos, estos informes muestran que el trabajo articulado desde la televisión educativa puede resultar mucho más efectivo, dada la cobertura casi universal de televisores en los hogares. Al respecto, el anuncio que hizo el Mineduc sobre la implementación de un canal educativo parecía ser una muy buena noticia, hasta que averiguamos de qué se trata en verdad esta iniciativa. En realidad, lo que hará el Mineduc será pagar derechos de series de televisión ya realizadas que, a su juicio, tienen contenido educativo, como “el perro chocolo” o cantando aprendo a hablar”. Se trata de un paso, sin duda, pero no es lo que UNESCO considera televisión educativa. Televisión educativa es lo que se implementa en países como Letonia o Cuba, donde en horario fijos diarios, de manera alineada con objetivos de aprendizaje priorizados y libros repartidos a las familias, se emite programación dedicada específicamente a cada “ramo” o sector de aprendizaje. Nada de eso implica el anuncio del Gobierno
Sobre la cobertura curricular, el bienestar de las comunidades y las evaluaciones. El informe de Harvard señala que “debe reconocerse que las circunstancias extraordinarias bajo las cuales cualquier modalidad de educación alternativa probable podría continuar durante la pandemia, hacen que sea prácticamente imposible para los sistemas e instituciones lograr los mismos objetivos. Esto requiere priorizar los objetivos curriculares y definir lo que se debe aprender durante el período de distanciamiento social”. Asimismo, señala que “una prioridad clave de las instituciones educativas debería ser el bienestar de los estudiantes y el personal”. Por su parte, el informe UNESCO señala que es vital “priorizar algunos contenidos educativos clave durante la emergencia, dado que para la mayoría de los países no será factible la cobertura completa de los currículos”. Señala la importancia de “dar espacio y lineamientos para la actividad física, la relajación, el autoconocimiento, la contención y la entretención”, a la vez que considera imprescindible “flexibilizar los procesos y calendarios de evaluación educativa y pruebas estandarizadas” e “innovar hacia otras formas de medición (por ejemplo, la evaluación formativa)”.
Sobre la claridad de la información y la participación de actores. El informe de Harvard señala que es vital implementar, por parte de las autoridades, una “estrategia de comunicación clara para ayudar a mantener la coherencia y la colaboración”. Unesco agrega que es fundamental incorporar a las comunidades, pero particularmente es importante “involucrar al profesorado y a sus organizaciones en las medidas de emergencia”, tanto en su diseño como en su implementación. Claramente, nada de ello ha ocurrido en Chile, basta recordar la polémica implementación de “vacaciones” y el reciente anuncio del reintegro progresivo a clases presenciales justo en las semanas en que se espera el peak de contagios en el país.
Como vemos, las medidas sencillas, concretas, accesibles para todos y todas que han propuesto diversos actores educativos son las que se recomiendan para la educación pública del mundo. Aunque, como han señalado tantas veces las organizaciones educativas chilenas, el gran problema de nuestra educación es que nuestro sistema público fue desarticulado tras 40 años de aplicación de políticas educativas de mercado y privatización. Nuestro ministerio no es de educación pública, sino que parece más preocupado de perpetuar un paradigma de competencia desigual, en beneficio de los sostenedores de colegios privados, así como entregar señales de “normalidad” para que los padres de estos colegios sigan pagando y las comunidades de las escuelas públicas sigan perdiendo en la competencia desigual.
Se les olvida que esa “normalidad” es justamente la que necesitamos cambiar.
Sobre los autores:
Rodrigo Cornejo es investigador del Observatorio de Políticas Educativas de la Universidad de Chile (OPECH).
Eduardo González es dirigente nacional de Colegio de Profesores.
Fuente de la noticia: https://radio.uchile.cl/2020/04/20/el-mineduc-y-su-postura-frente-a-la-pandemia-una-mirada-publica/
Charlamos con Martín Kohan (escritor, ensayista, docente de teoría literaria) sobre recuerdos y olvidos, sobre las formas en que la literatura narra, representa y experimenta, sobre la infancia, la empatía y la memoria colectiva, a propósito de su nuevo libro Me acuerdo, publicado por Ediciones Godot.
En 1970 el escritor estadounidense Joe Brainard publica un libro titulado Me acuerdo, una colección de frases cortas e imágenes que van conformando una especie de autobiografía muy particular. Cada párrafo comenzaba con la frase “Me acuerdo…”, y lo que rememoraba podían ser cosas de la vida cotidiana o hasta reflexiones sobre el estado del mundo. Y esto es antes de que existiera Twitter.
La idea no podía sino gustarle George Perec, el escritor francés que formó parte del grupo OULIPO (Taller de literatura potencial), que hacía experimentaciones con la escritura cumpliendo alguna consigna determinada: desde una letra a repetir constantemente hasta seguir una especie de ecuación matemática. Así que en 1978 retoma la idea y publica Me acuerdo: cosas comunes.
Ahora Es el turno de Martín Kohan, que en un nuevo libro publicado por Ediciones Godot que se puede conseguir en versión digital, se pone también a ejercitar la memoria y la escritura con una regla fija: enumerar recuerdos.
Martín, para escribir esta especie de punteo de recuerdos, ¿te pusiste reglas estrictas para cumplir, como los largos de las frases, u ojear o no fotos para evocar recuerdos?
No, las reglas vinieron solas de la lectura de los dos libros que ya existen con el formato Me acuerdo y que fueron el disparador para mi propia escritura, que son el de Brainard y el de Perec. Nada que ver con fotografías, y ni siquiera, te diría, mi propia memoria como impulso para la escritura de este libro. Eso no habría podido ocurrir jamás. La idea de escribir y la necesidad de escribir salió de la lectura de esos dos libros, de manera que las reglas, el formato, las restricciones, vinieron ya dadas por esa lectura, que es cómo están hechos esos dos libros.
Sobre todo la concisión, en especial es en Perec –Brainard narra un poco más–. En Perec hay una resolución todavía más ajustada a la idea de que lo que está haciendo es enumerar recuerdos, no narrar recuerdos, entonces el efecto no tiene que ser el de la memoria sino el del listado, y eso efectivamente funciona como regla de escritura. Pero esa regla para mí, lejos de ser una restricción, fue la que me permitió escribir, porque la idea misma de ponerme a contar recuerdos míos me parece una catástrofe. La idea que menos me entusiasma en el universo como para ponerme a escribir es esa, y en cambio sí la idea de listado, y el efecto tiene que ser una lista de recuerdos sin su desarrollo, sin su narración, la regla sería esa.
Sin embargo hay como una narración que se va formando, porque nos va siguiendo a alguno de los personajes que nombrás: la primera chica que te gustó después aparece de nuevo, otro amigo aparece nuevo… Porque parece fácil decir “bueno, empieza todo con ‘me acuerdo’, pero eso que parece tan sencillo le da una cierta dificultad, porque tampoco es que están tirados así digamos los recuerdos, uno va construyendo algo.
Claro, no están tirados. Efectivamente el formato parece fácil y –bueno, por ahí son limitaciones mías– no me fue tan fácil. Pero esas conexiones que bien señalás que se producen, no se producen bajo la forma de la narración, no es que retomó el hilo –creo yo–…. Me es más fácil pensarlo en Brainard y en Perec que en mí mismo, no funciona como esas novelas –y son muchas ya– que tienen distintas capas de tiempo y distintas líneas de personajes, que pueden rebotar entre sí las distintas historias o no, pero que el personaje reaparece después y entonces vos retomás la historia. No funciona así, no hay línea narrativa, hay ecos, pero son los mismos hechos que se producen de recuerdo en recuerdo, es como si los mismos recuerdos se recordaran, no soy yo diciendo y después “de eso vino esto otro”, aunque lo ponga más adelante.
Por ahí es el lector el que, con los pocos tips que les das, que va construyendo algo…
Sí, claro, porque te resuena, pero resuena porque resuenan los recuerdos, no es que queda algo así como una intriga. Por ejemplo, decías la primera novia. No es que uno dice “bueno y después vemos cómo sigue la historia con la primera novia”. No sigue ninguna historia –creo yo–: apareció tal recuerdo, después apareció este otro, más adelante apareció otro, y aunque parezca paradójico –o lo sea en su formulación–, una cosa importante de la escritura era olvidarse. El olvido, que es que probablemente que, al poner el segundo recuerdo, yo no me acordaba de haber escrito el primero, y no hay relectura. Y había que evitarlo porque precisamente lo que había que evitar, por las reglas por las que preguntás, que es el formato de esta clase de escritura, para mí, es que efectivamente si yo agrego un recuerdo porque lo enlazo o recuerdo cosas que escribí antes, ahí ya solo se produce el efecto narrativo. A mí me sonaba “de esto ya hablé”, pero no me acordaba bien, y no importaba. En una novela, con una trama, tenés que ver eventualmente, si no te acordás –yo particularmente no me acuerdo de nada–volvés atrás en la página y decís “ah no, estaba en tal lado o dejé en este punto”. Y acá… insisto, tiene algo de paradójico, pero hace falta olvidar. Te vas olvidando los recuerdos anteriores, entonces vas acudiendo a los nuevos que aparecen.
Para recordar tenés que olvidar cosas…
Y es que sí, y entre otras cosas olvidar lo que ya habías estado recordando, lo que estuviste recordando. Porque si no se empieza a producir esa narración. Volviendo a la cuestión de la regla: en algunos recuerdos, yo los escribía y me venían recuerdos de cómo siguió eso después. Bueno, eso no lo escribía: qué pasó con tal situación, en que derivó. Eso ya no había que escribirlo, porque si no ya empiezo a narrar memorias, y la experiencia de lectura de esos libros y en la escritura de este más bien me permitió advertir la distancia y la diferencia que hay entre narrar memoria y enumerar recuerdos. Narrar memoria es la cosa que menos me interesa en el universo, en cambio enumerar recuerdos me sedujo.
Los recuerdos que enumerás son recuerdos de infancia, una etapa que en las producciones culturales suele aparecer como “lugar o momento feliz”.
Pero en tus recuerdos aparecen momentos así, felices, pero también otros donde hay injusticias, angustias o imposiciones de los adultos que un chico no comprende o no comparte. ¿Cómo ves la infancia vos? ¿Te parece que muchas veces aparece romantizada en la literatura?
Depende. Yo creo que lo que estás planteando funciona por el formato que estamos diciendo, que es que al no haber desarrollo narrativo, ni las tensiones y distensiones propias de una narración, tampoco tenés una relación de conflicto y resolución por ejemplo. Ni siquiera la decisión de dejar sin resolución un conflicto, que no deja de ser una resolución, que escribiendo una novela te lo planteás: bueno ¿qué hacemos? ¿Sotenemos esta tensión, no la sostenemos, la desactivamos, resolvemos o agravamos el conflicto? Son decisiones narrativas. Acá no hay eso, no tiene que haber decisiones narrativas. Entonces cuando vos dejás que los recuerdos se dispongan como se dispone cualquier colección de cosas que arman secuencia –porque está lo que vos decías, en el lector se arma una secuencia–, es la secuencia en cualquier colección. Vos en tu repisa ponés tus muñequitos y bueno, uno, otro y efectivamente en la secuencia se puede armar sentido, pero lo único que los une, en un punto, es el efecto de colección. No decís “bueno, y este después creció y este es más alto que este”, eso ya corre por tu imaginación. Lo único que los tiene dispuestos uno junto al otro es que integran una colección.
Entonces en esa relación, los recuerdos que vienen y son gratos o remiten a cosas gratas, y los recuerdos que vienen y remiten a cosas ingratas, no plantean el problema de ¿cómo se resuelve esto?, ¿qué pasa entre una cosa y la otra?. Cualquiera de esas variantes se resolvería hacia felicidad/infelicidad. Acá es simplemente disponer cosas que estuvieron bien, cosas que no… En términos más generales… yo te diría depende –estoy rápidamente así también haciendo como una colección de lecturas de niños y de infancias–. Obviamente lo que viene más rápido son las lecturas que uno tiene más presentes como Benjamin o Proust. La escena de Proust –que es famos– de él en la cama esperando que la madre le venga a dar el beso de las buenas noches, y no viene –y hay visitas en la casa y él escucha la la felicidad de la madre sin él, y va entendiendo que no va a venir porque se olvidó, porque está haciendo algo más importante, porque a ella no le parece grave y a él sí, lo que sea– es una escena de infancia de las de más angustia que uno pueda imaginar. Porque no hay ningún adulto ahí que desestime lo que está pasando, no hay ningún narrador adulto que diga “bueno, los chicos, qué apegado”. No, se carga esa angustia y esa expectativa de que la madre venga porque uno en ese momento dice “claro, ¿y cómo te vas a dormir si tu mamá no vino?”. Entonces pues ahí tenés un caso. En la literatura de Aira hay mucho de infancia, y en Aira es muy distinto, porque la infancia en Aira aparece como el lugar que su literatura necesita: va a la infancia para encontrar fábula y juego. Y como en la literatura de Aira la fábula y el juego funcionan –vamos a decirlo así– como un principio constructivo muy fuerte en muchos textos, la infancia ahí es eso. Entonces no se podría decir algo general. Que hay una idealización seguro, yo mismo la tengo.
Capaz la idealización viene cuando uno ya es grande, porque creció y ya no va a volver a ser eso…
Obviamente es retrospectivo. Pero eso es tan evidente como que muy a menudo a los chicos los ves llorando por algo que el adulto puede llegar a decir que era una pavada, pero para el niño no lo es, entonces la carga de angustia… Los chicos están enojados una gran parte del tiempo, y tristes. Triste no sería la palabra, pero contrariados.
Uno se acuerda de chico que no tenía que trabajar, no tenía obligaciones… Igual eso también es para un sector, porque no todas las infancias evidentemente son así…
Por eso tenemos a Dickens, para comprender infancias que no son así. Pero porque al mismo tiempo, en la mirada adulta, todo eso que te producía tanta congoja se desvanece, pierde gravedad, entonces el efecto de idealización es automático. Porque las cosas que te hacían feliz sostienen todo su poder de persuasión: las vacaciones, obvio. Voy a decir lugares comunes: la primera bicicleta; decís “claro, cómo no voy a ser feliz con la primera bicicleta?”. Ahora, si se te arruinó el día porque estabas jugando a la pelota y te dijeron “entrará a bañarte” decís “bueno, no es para tanto”. No es para tanto lo decís ahora. Querías romper todo, estabas amargadísimo, estabas hecho una furia. Entonces me parece que la idealización es el efecto de ese cambio de escala por el cual las felicidades nos siguen pareciendo felicidades y las frustraciones nos parecen menores. Pero nos parece menores por perspectiva, en la infancia no lo vivís así.
A pesar de que son recuerdos salteados, hay elementos que repiten y que pintan un poco la época: desde los números de teléfono que arrancaban con dos cifras o los modelos de autos, pero también los “controles vehiculares” del ejército en plena dictadura, o situaciones de discriminación por ser judío. ¿Buscaste intencionalmente que esos aspectos sociales de la época estuvieran presentes, o aparecieron porque dejaron su marca generacional?
Yo soy del 67 así que ya se pueden sacar las cuentas de lo uno quiera: cuando murió Perón tenía 7, en el golpe militar tenía 9, primer campeonato del mundo de Boca tenía 11 y así con distintos jalones de mi vida. Ahora bien: no, no solo no lo busqué sino que fueron las partes en las que puse más atención para dudar. Porque entregado a que los recuerdos vinieran, sin buscar –también es verdad que hay una cadena asociativa, cuando vino un auto vino el otro y en un momento dije bueno, esto va todo junto porque uno me está llevando al otro–, pero traté de no condicionar, justamente, no solo no los busqué sino que me propuse no buscar ningún recuerdo que tuviese una carga de sentido determinada por ninguna razón –política o social o lo que fuera–, sino dar lugar a los recuerdos como fueran viniendo, con las características que tienen: algunos son importantes, otros son totalmente banales, algunos pueden significar muchísimo para mí y para los demás nada, otros puede ser muy significativos para otros y quizás no tanto para mí, sin embargo si me lo acuerdo, lo puse… Pero sí claramente no tener la premeditación de decir “bueno, que entre algo de lo social, que entre algo de la dimensión política de esos años”, y cuando el recuerdo venía, aparecía tal escena, me acordaba de algo, estar especialmente alerta para esta clase de recuerdos, para que entraran si legítimamente habían había llegado a mí: tal recuerdo de tal situación política del mismo modo que el teléfono de Néstor Frenkel. O sea, tenía que tenía que tener el mismo derecho de ingreso al texto y no pensar “bueno, acá hay que poner un poco más de tal cosa o tal otra”. Solo entra con el sentido que de que me acuerdo de eso.
Habría que ver cómo son las lecturas generacionales. Porque muchas de las cosas que ponés tienen pocos datos pero yo, que estoy más cerca, los reconocí inmediatamente, incluso puedo recordar cosas similares. Pero habría que ver cómo lo leen generaciones que, así como el número de teléfono con dos cifras o los modelos de los autos no le significan nada, los pocos detalles que das de lo social le significan una cosa u otra. Igual tienen un peso… vos decís que los dejaste ingresar como vinieran pero saltan. Por ahí también porque son los que más reconocí, pero tienen peso…
Pero el peso tiene que estar dado por el recuerdo mismo, no por mi gesto. Está dado por el recuerdo y no por el gesto de recordar. Y eso tiene que ver con el efecto de colección, efectivamente, porque si narrás, jerarquizás. Si narrás das sentido, entonces puesto a narrar, yo ya sé que los carteles de “El centinela abrirá fuego” en la ESMA –yo vivía muy cerca de ahí– son más importantes qué que en el Peugeot 504 se abría el techo y se podía sacar la cabeza –igual se pueden combinar, porque si podés sacar la cabeza, podés tirar–. Sin embargo, en el formato que el libro tiene… Si yo hubiera escrito mi autobiografía de infancia –es la última cosa que sería capaz de hacer, una de las últimas– habría tenido que hacerme cargo de esa jerarquía y de esa distribución, de cómo entra eso en una narración; mientras que acá entran como lo que son, recuerdos. Y uno pesa más que el otro porque tienen más peso que el otro, y no está en mi gesto “bueno, ahora viene una cosa importante”. No, viene como vienen los recuerdos, de pronto uno, el otro. Y en la lectura, claro, en ese punto te diría que como en cualquier lectura, es interesante de ver. Yo he tenido muchas experiencias, todas muy felices, de intercambio con estudiantes de colegio secundario que leen Dos veces junio. Y fatalmente están cada vez más lejos de esa época. Tienen siempre 15 años pero como en la Facultad, tienen siempre veinte y pico pero uno está cada vez más lejos y ellos están cada vez más lejos de ciertas referencias mías. ¿En qué se detienen y en qué no? Fui, por suerte para mí, muchas veces. Me acuerdo de los lugares. En San Isidro, Necochea, estuve en Comodoro Rivadavia, estuve en San Juan, estuve en La Pampa hablando con pibes de 15-16, y en algunos era “mi papá me contó, mi mamá dijo” o no, porque la diferencia no solo es de edad sino de ideología, posición social y la historia de cada cual. Y es tan interesante para mí ver qué leen y qué líneas siguen o no siguen, qué preguntas te plantean, qué los inquieta, qué subrayan –para decirlo así– los que tienen ciertas referencias, cierta codificación previa –por edad, por contemporaneidad, por proximidad, por afinidad ideológica o por lo que sea– como los que no la tienen y leen desde otro lado, o leen desde la ajenidad, y decirme los que leen desde la ajenidad qué leen, qué subrayan. Entonces volviendo a un libro como Me acuerdo, que es tan distinto, a mí me intriga tanto la cercanía del que reconoce algo como el que no, qué se siente con esa ajenidad. ¿A qué suena, a antiguo, a extranjero? No me lo puedo ni imaginar. O sí, solamente cuando vuelvo a referencias de cosas de los años 40 que leo yo en la literatura que no sea con el formato Me acuerdo. Porque me parece que si no, sería como suponer que puede haber una una lectura más pertinente que otra, que el que está más cerca y reconoce va a hacer una lectura más pertinente que el que no. A mí atrae, me da la misma curiosidad el que no para ver qué se lee cuando se desconoce. Vos decías “cuando los números de teléfono tenía dos cifras en la característica”, con el sobresalto del que lo siente muy cortito, el que dice “claro, era 49”, sino el sobresalto del que dice “acá falta algo”. Hasta podría enfatizar y decir que en más auténtica –si se puede decir así– la lectura del que no sabe que antes el prefijo no era de tres –ni hablar del 4–, que los prefijos tenían 2, que no había 4, el que no lo sabe y choca contra algo que le resulta más corto de lo que tiene que ser. Esa lectura sería para mí perfecta, está leyendo lo que hay que leer, que es ¿qué es esto? Pero vos fijáte, yo antes de escribir esto, y ahora deberíamos decir para escribir esto, leí el de Brainard y el de Perec. Tomemos el de Perec: está plagado de recuerdos de canciones o marcas de su infancia en Francia. O sea, cero. Pero uno ahí no dice “bueno esto no lo entendí”; porque no hay nada que entender en un recuerdo. Es proximidad o lejanía, o reconocimiento o extrañeza, y el reconocimiento no es más valioso que la “extrañeza”.
No, es un nivel que uno no puede evitar tener o no tener como lector cuando hay algo como de recuerdo conjunto en las cosas que compartís y otras que son novedad.
Exacto, es que el que está recordando ahí es otro, porque si no nos iríamos muy para el lado de esta sobrevaloración de la empatía que se viene produciendo últimamente, que es que hay que pensar que cuando uno empatiza está bien y si no empatiza está mal. Si vos pateás a un mendigo por la calle el problema no es que no empatizaste, es que lo pateaste. Podrías patearlo porque empatizaste: te acordaste cuando eras mendigo, te da bronca, lo pateás. Me parece que la empatía puede ser muy grata y muy adecuada en muchísimos casos, pero como mandato del Bien supone que solamente hay un bien cuando hay una una posibilidad de ser como el otro, de ponerse en el lugar del otro, y de ver las cosas como las ve el otro; lo que significa ni más ni menos que anular al otro como otro. Si yo logro ver las cosas como el otro, ese otro ya no es un otro para mí, porque estoy viendo como él. Entonces la relación con el otro, incluso la necesidad de empatizar para comprender, indica que si al otro no lo asimilo a mí, o al revés, si no me proyecto yo sobre el otro empatizando, no lo voy a poder comprender. Es decir, no lo voy a poder comprender como otro. No empatizo, no tengo esos criterios, no tengo esos valores, no veo el mundo así en absoluto, no lo vería jamás… pero lo comprendo. Entonces me parece que en un caso como este, en donde ni siquiera se trata de comprender –son recuerdos que desfilan uno tras otros– hay cercanía cuando lo reconocés, pero me parece igual de intensa y hasta me atrae más la relación con la alteridad: decir “esto es otra cosa, nada que ver conmigo”. ¿Qué me pasa con algo que no me toca en nada?, porque como lector no necesito reconocerme para interesarme. Otra vez, sería el efecto empático: si te reconozco me intereso, o sea, el otro no me interesa, me interesa solamente si empatizo.
Mirá, yo pongo un ejemplo que me da no sé qué pero es una persona muy presente en el libro, que es mi abuela paterna, mi abuela Dina. Cuando existían los álbumes de fotos que se pegaban, con una especie de celofán, se sentaba, pasaba las hojas –que eran como de unas cartulinas pesadas–, pasaba una, otra, se detenía y decía “Acá salí bien”. Una, dos, tres, cuatro… “Acá estoy despeinada”. Pasaba todo y solamente se detenía, solamente le significaba algo cuando se encontraba a ella misma. En mi abuela eso me parece adorable porque todo en mi abuela me parece adorable, pero como matriz de lectura ya me ofrece más dudas, que es el lector que “se busca” a sí mismo en el texto. Pasa donde no está y le encanta cuando se ve a sí mismo, cuando se encuentra. Capusotto hace una parodia de esto: “es tal cual, es tal cual”. El que se alegra solamente cuando se ve a sí mismo como si uno mismo fuese la medida de todas las cosas. Leer un mundo otro, leer un mundo ajeno, leer recuerdos que para uno no significan nada, es una experiencia de la otredad, y a mí como lector me seduce tanto o más que la del reconocimiento.
De hecho aunque muchos buscan reconocerse, el sentido común de qué es leer es conocer otros mundos, otras cosas, estar por otro lado, y no leer lo mismo que uno podría pensar por sí mismo.
A mí por lo menos la literatura me gusta muchísimo, por muchísimas razones, pero una es que que no es más de mí.
Hablando de lo personal, ¿tuviste que negociar con los otros que aparecen en tus recuerdos? Tu hermana –a la que le dedicás el libro–, tu abuela…
Mis abuelos murieron, mi papá murió. Lo que hubo fue, acá en mi casa, una sesión de lectura de las partes delicadas con mi mamá, que es la figura delicada además para todo esto. Con mi hermana, va a estar bien. Entonces hubo como una especie de selección de recuerdos ríspidos –si se puede decir así–, polémicos, y hubo una sesión de lectura. Incluso mi mujer había propuesto que si el libro se llegaba a presentar –soy reacio a hacer presentaciones, no me gustan, no me gustan las mías–, pero se le había ocurrido un formato de presentación porque mi mamá, lo que tenía frente a cada uno de los recuerdos que yo iba leyendo, era una especie de alegato más bien. Alegato, refutación o adenda correctiva: “pero lo que pasa es que…”. Mi mujer había propuesto que hiciéramos la presentación así, o sea mi mamá y yo, yo leía y ella…
Aclaraba…
Aclaraba, refutaba, especificaba, ajustaba… y esa puesta en escena, si lo hubiésemos hecho, si lo hiciéramos, respondería a ese formato, que es que incluso la persona que participó de los mismos hechos, que estaba ahí, no tiene el mismo recuerdo; y tiene mucho para decir “en contra”. Por ejemplo, es pertinente para esta misma conversación: creo que uno de los comentarios que emanó mi madre aquí en la lectura fue “pero las clases de guitarra a vos te gustaban”. ¡Noooo! “Vos ahora decís que no pero en ese momento… yo me acuerdo”.
Bueno, los recuerdos suelen variar de una otra persona, de las mismas cosas. Y una con el tiempo se da cuenta que lo notorio es qué tan distinto es lo que te acordás vos de lo que te puede decir otro, que dice “de ninguna manera”. Y los dos están convencidos. Incluso a veces los recuerdos de los que uno está muy seguro te das cuenta que uno los construyó mirando fotos, o porque te contaron… Es una cosa que más que recuerdo es una construcción que uno hizo después.
Cuando eso que muy bien definís, es colectivo, a mí no sabés cómo me interesan los falsos recuerdos sociales. Por lo que estamos diciendo, está la memoria social y está el recuerdo en falso. A mí me interesan mucho los olvidos colectivos –que todos olvidados lo mismo– y sobre todo el recuerdo equivocado, cuando es social justamente.
Son sintomáticos…
Creo, si no me estoy equivocando yo: mucha gente jura jura jura –dos me vienen ahora a la mente– que es el oscurecimiento de la ciudad de Buenos Aires en prevención de un ataque aéreo fue durante Malvinas. Y fue, juraría, en vísperas de lo que parecía o que podía llegar a ser la guerra con Chile por el Beagle. No sabés la gente que me ha dicho “no, no, yo me acuerdo porque mi cuñado ya estaba viviendo con nosotros…”. Me interesa mucho porque alguna motivación hay. Si es una persona, dos, tres, es un error. Cuando un recuerdo social está corrido es interesante ver por qué. El mundial de fútbol en colores. No fue transmitido en colores para la Argentina. En la Argentina fue transmitido en blanco y negro.
Vimos las escenas a color después por ahí…
Después, y lo que sí hubo mucho por esos años fue la campaña propagandística de la dictadura de la construcción de Argentina Televisora Color. Eso sí estuvo muy presente en términos de “el Mundial va a traer nuevas tecnologías, el avance, el futuro, ya tenemos un canal que transmite a color”. Y de hecho yo creo –me gustaría averiguar– si ATC no fue el último canal del mundo en explicitar que era a color. Hasta cuándo se llamó Argentina Televisora Color, y si en ese momento había algún otro nombre de canal en el mundo que dijera “estos es a colores”. Argentina seguía diciéndo “miren, tenemos color ¿eh? Esto sale en colores”. Y me parece que ese ese corrimiento produjo un recuerdo falso.
Los olvidos son tambien sintomáticos. Freud…
Mirá, ya que lo nombré: Dos veces junio está escrito por muchas vueltas y líneas, pero una fue verificar entre futboleros –que es la gente con la que yo más hablo– que el partido que Argentina perdió en el Mundial 78 estaba olvidado. Que había perdido un partido estaba olvidado. Gente que sabe, ¿eh? Que te puede decir “sí, el gol de Luque a Francia, sí, el penal que atajó Filliol contra Polonia…”. Vos decís “listo, esta persona sabe” y entonces decís ¿y el partido que perdió? No se acordaban que había perdido un partido. Claro, la épica victoriosa es tan potente, que a mí no me interesaba digamos revertirla o contrarrestarla con el terror que había detrás –una cosa razonable pero esperable también–, sino con la derrota deportiva, y contar solo la noche en que Argentina pierde con Italia. Gol de Roberto Bettega. Y hacer chocar una memoria estabilizada no con la denuncia del horror, porque jamás escribiría una novela de denuncia, pero sí con una especie de choque de imaginarios. Hacer chocar al imaginario victorioso no con la denuncia –nada más ajeno a mí–, sino con la derrota deportiva. Y Bettega, Roberto Bettega.
Por estos días está saliendo también otro libro tuyo, Confesión. ¿Podés adelantarnos un poquito de qué se trata?
Sí, salen juntos, creo que digitalmente ya están, y cuando se restablezca eso que llamamos “realidad” saldrán a la realidad en forma de papel también. La novela –Confesión es una novela–está divida en tres partes, y ahí sí las tres partes están en un punto encapsuladas como modalidad narrativa y en su tensión narrativa son tres bloques, pero por supuesto que todo funciona a partir de las secuencias que esos tres bloques arman. Puedo contar el principio, el segundo y el tercer bloque me es más difícil, pero el principio son las confesiones de una nena de 12 –11, 12 o 13, está por ahí–, en la iglesia de su pueblo –vive en un pueblo de la provincia de Buenos Aires que es Mercedes, años 40–, y algo que a mí me gusta, porque en alguna otra cosa que escribí está también de por medio, son estas situaciones en las que el que narra no entiende del todo lo que le pasa. Y algo le pasa en su cuerpo, algo le está pasando a su cuerpo, quien narra no termina de darse cuenta qué es, el lector sí. En este caso yo diría que el lector entiende, el cura que confiesa entiende de más, sobreinterpreta –como suele pasar con un sistema de vigilancia– y ella no termina de saber lo que le pasa. Y lo que le pasa es que –digamos así– se le alborota el cuerpo cuando desde la ventana de su casa ve pasar, con la regularidad de ciertos horarios que ya puede establecer, a un vecino: los viernes pasa para un lado, los domingos pasa para el otro. Se le alborota el cuerpo de un modo que ella misma no puede terminar de definir, y ese vecino, por entonces de 16 años, es Videla… volviendo a Mercedes y volviendo de Mercedes a Buenos Aires por esos años…
Inquietante.
Vamos a ver, si salió bien va a ser inquietante, si lo escribí mal, cagué la idea.
Bueno, ni bien la tengamos la leemos y volvemos a hablar. Muchas gracias Martín.
Muchas gracias a vos.
Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/Un-ejercicio-de-memoria-y-escritura
Conjugación del Talento Humano como Política Pública para el Desarrollo Estratégico de la Institucionalidad Venezolana
Libro
Autora del Libro: Yoselin García
«El Talento Humano constituye un factor fundamental para el desarrollo de la Institucionalidad Venezolana, ya que interviene de manera directa en el seguimiento de las políticas de un sistema de gobierno y que incide en la gestión pública.»
Sin ingresos, sin servicios, sin comida: gobierno amedrenta y criminaliza al pueblo con hambre
La cuarentena ha significado una paralización casi total de la economía. Junto con el impacto de la crisis mundial, viene a agudizar una situación dramática para millones que se ven privados de un sustento. El gobierno responde reforzando sus cadenas sobre el pueblo trabajador venezolano y se muestra incapaz de tomar medidas que mitiguen el sufrimiento popular.
Redacción La Izquierda Diario Venezuela
Sábado 18 de abril
Venezuela se encuentra en su segundo mes de cuarentena. La curva del Covid-19 ha podido ser aplanada pero la curva del hambre, de la pobreza y del dólar ha pegado un ascenso vertiginoso.
Millones de trabajadores carecen de un ingreso para subsistir. Los bonos del gobierno y las menguantes cajas CLAP son insuficientes y no llegan a todos. La hiperinflación y la megadevaluación está haciendo estragos en los precios de todos los productos. Medidas anunciadas como la suspensión del pago de servicios de telefonía no se están aplicando, menos aún la suspensión del pago de alquileres, siendo estos negociados en mercado negro.
Millones que dependían de su sueldo, de algún rebusque, de la venta de alguna chuchería en la calle o su lugar de trabajo, llevan ya cinco semanas sin poder percibir un ingreso, desde el 13 de marzo.
Las remesas que podían enviar los millones de trabajadores emigrados a sus familias también han menguado, pues son los migrantes las primeras víctimas de las olas de despidos, quedándose sin nada para mandar a sus familiares en el país. A nivel mundial los estados descargan la crisis sobre los trabajadores.
Se está imponiendo una cuarentena sin existir condiciones adecuadas para mantenerla. Es por eso que en todo el país miles de personas se ven obligadas a salir de sus casas.
Existen medidas para que no sea el pueblo trabajador el que pague con el hambre suya y de sus hijos la cuarentena para frenar la propagación del virus. Pero el gobierno se niega a tomarlas, ya que, por más que se diga socialista y revolucionario, en realidad solo defiende los intereses de las empresas nacionales y extranjeras que extraen ganancias en el país y los privilegios de su camarilla cívico-militar.
¿Qué propone el gobierno al pueblo con hambre? Dante Rivas, “Protector” de Nueva Esparta y Ministro del Poder Popular para la Pesca, le dice que “rinda la caja CLAP por 3 meses”. Este alto burócrata le pide al pueblo que haga lo imposible con las migajas que se le tira, mientras goza de toda clase de privilegios, pues es claro que él y su casta no viven de la asistencia estatal.
Manuel Azuaje R. ☭@Manuelfilosofia
Dante Rivas utiliza la primera persona en plural para pedirle a la gente que rinda la caja del clap 3 meses ¿El vive de la caja? ¿Será lo único que comerá por los próximos tres meses o le pide al pueblo un sacrificio que no tiene que hacer?
Estas condiciones son claramente inviables, combinado con el colapso de los servicios, donde miles de comunidades en el país, tienen semanas o meses sin agua, sin gas, con cortes de luz, han sido motivo de protestas e intentos de saqueos. Como los que se han presentado en todo Falcón y en la Guajira zuliana (con varios detenidos y heridos), en Sucre, Táchira, Miranda y otros estados.
Además de la represión a la protesta, la policía y los militares en las calles detienen rutinariamente a cientos o miles de personas todos los días, en cada ciudad y pueblo, por encontrarse en la calle fuera de horario. En muchos casos se les retiene y se les impone algún castigo degradante como ejercicio físico, posar con carteles en el cuello o se les ordena a cumplir “servicio comunitario”.
Foto: Retenidos por incumplir la cuarentena en el Estado Zulia
Lejos de atender la delicada situación alimentaria, el gobierno hace lo contrario ¡la aprovecha para ejercer el chantaje! En Carrizal, el alcalde ordenó retirar las cajas CLAP a comunidades que protestaron por servicios y amenazó con sacar de la lista a todo el que violase la cuarentena.
En Táchira, Freddy Bernal, “Protector” del estado (nombrado a dedo por Maduro) y comandante de las Faes, amenaza con procesar por “instigación al odio” a quienes circulen videos. Una figura cuyo poder nunca fue legitimado por el voto popular, ni forma parte formal del poder judicial, se ampara en su mando sobre el aparato represivo para amedrentar a la población.
Se criminaliza el legítimo derecho a la protesta. En Guarero, en la Guajira zuliana, se reprimió a perdigonazos al pueblo wayuú, que clamaba por agua y comida, hiriendo a una docente en el rostro. En Falcón, tras la tranca de una de las carreteras del estado, por parte de manifestantes, en protesta también por alimentos y servicios, resultó herido de bala uno de los manifestantes y los 7 detenidos por protestar fueron imputados por “terrorismo biológico”. Con esos duros términos criminaliza el gobierno el hambre popular.
Esto se enmarca dentro de un despliegue represivo del gobierno contra periodistas y la clase trabajadora en lucha. Como lo han sido las más de 20 detenciones a trabajadores de la prensa, de la salud y otros sectores, como profesores y obreros industriales, contra los cuales se han usado organismos militares y especiales como Dgcim y Conas y se les ha procesado por la Ley del Odio.
Existe la posibilidad de revertir esta situación. Poniendo a disposición de las urgentes necesidades sociales y sanitarias las grandes fortunas acumuladas por la banca, empresarios y comerciantes del país (fortunas acumuladas a costa de la renta petrolera, la quiebra nacional y el endeudamiento, es decir, a costa de la catástrofe que hoy padecemos). Dando la lucha por la repatriación obligatoria de todo el capital fugado, el cese de las sanciones impuestas por la práctica imperial de EE.UU., la devolución de todo lo confiscado y la cancelación de la deuda externa. Solo de la clase obrera depende discutir e imponer dicho programa de emergencia, en la lucha por recuperar las condiciones de vida que se les han sido arrebatadas.
Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/Sin-ingresos-sin-servicios-sin-comida-gobierno-amedrenta-y-criminaliza-al-pueblo-con-hambre
OtrasVocesenEducacion.org existe gracias al esfuerzo voluntario e independiente de un pequeño grupo de docentes que decidimos soñar con un espacio abierto de intercambio y debate.
¡Ayúdanos a mantener abiertas las puertas de esta aula!