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La escuela es nuestra: expectativas encontradas

Por: Carlos Ornellas.

 

Las escuelas resisten con vigor las influencias externas, excepto aquellas que tienen que ver con sus tareas habituales, como cambios en planes y programas, libros de texto y materiales de apoyo.

Una demanda recurrente —por necesidad real— que enarbola el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación desde los años 50 es la de tener espacios dignos y adecuados para la labor escolar.

En eso sí, los padres lo secundan sin presión ni chantajes. Escuelas mal construidas y con mantenimiento defectuoso o nulo ha sido la regla, a pesar de esfuerzos que redituaron frutos por años. Pero el mantenimiento no forma parte de la cultura escolar mexicana.

Además, desde los años del desarrollo estabilizador, el Estado comenzó a dejar esa responsabilidad en los padres de familia, liderados por los directores de las escuelas; recuérdense las cuotas voluntarias.

En el gobierno de Adolfo López Mateos, el secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, lanzó la idea de instituir el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, que tuvo su época de gloria en la construcción de aquellas aulas prefabricadas para dar cabida a la demanda creciente por educación.

También en la edificación de espacios para universidades públicas, aunque no dependieran del gobierno federal.

Pero al igual que toda institución pública se convirtió en presa de políticos y empresarios corruptos. Hubo intentos de limpia, que no sucedió con el cambio de nombre a Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa. Y hoy nos encontramos con las mismas faltas de servicios básicos y de mantenimiento.

El presidente López Obrador decidió dar una vuelta de tuerca. Como ya se sabe, el Congreso aprobó su propuesta y enterró al Inifed. No hay una institución que lo sustituya, utilizará un programa de transferencia directa de fondos.

La escuela es nuestra es la consigna clave del proyecto presidencial; tiene como meta principal rehabilitar casi 734 mil escuelas primarias. Y, como todo, tiene al menos dos caras.

El Presidente dio el banderazo de salida al programa en Puebla. Explicó que en una primera etapa se intervendrán 103 mil 268 escuelas y en otra 69 mil 474.

Dejó en claro que la inversión de 20 mil millones de pesos será compartida —a mitad y mitad— entre su gobierno y los de los estados. Aclaró que los recursos se entregarán de manera directa a las escuelas que tendrán que conformar un Comité Escolar de Administración Participativa.

La expectativa del gobierno es que de esa manera se evitará la corrupción, que los maestros y padres de familia saben qué es lo que su escuela requiere; que son buenos constructores y que la infraestructura de sus planteles será meritoria.

El secretario de Educación Pública criticó a quienes critican el programa, pero afirmó que ellos —el gobierno— sí confían en los ciudadanos.

Es obvia la suspicacia del Presidente al conocimiento experto, pero —dice mi amigo El Maestro— lo que está detrás es un programa clientelar diseñado para capturar votos.

Además, especula, con la entrega de recursos se lucirá el Presidente, los gobernadores recibirán poco crédito, unos ni eso siquiera.

Los problemas de infraestructura escolar en ciertas regiones son acuciantes, en otras no hay inconvenientes severos.

Es deseable que el programa La escuela es nuestra ofrezca resultados y pronto, que las comunidades agarren confianza, que haya participación entusiasta de padres de familia, pero es muy arduo romper una costumbre donde el gobierno hacía todo y esperaba aplausos.

No hay una tradición de autogestión —sí en el trabajo pedagógico de muchas escuelas multigrado— ni es seguro que construir aulas sea una tarea fácil.

No hay garantía de que con ese programa se acabe la corrupción ni el burocratismo.  Los CEAP tendrán que llenar muchos papeles que revisará la burocracia central. Pero si funciona con cierta eficacia, le hará bien al país. Si no, otra expectativa frustrada.

Fuente del artículo: http://www.educacionfutura.org/la-escuela-es-nuestra-expectativas-encontradas/

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Ecuador: ¿de la revuelta a la insurrección?

Por: Atilio Borón.

Ya van diez días del levantamiento plebeyo en Ecuador y la situación lejos de revertirse cobra nuevos bríos. La toma de edificios públicos se generaliza: masas movilizadas de indígenas, campesinos, capas medias empobrecidas y pobladores urbanos rodean el Palacio de Carondelet, sede del gobierno ecuatoriano. y el edificio de la Asamblea Nacional. Días pasados se tomaron la sede de la misión del FMI en Quito, ámbito donde reside “gobierno real” que tiene como su marioneta privilegiada a Moreno. El “estado de excepción” decretado por su gobierno, luego de su cobarde huída hacia Guayaquil, no logró desbaratar la ofensiva popular a la que se sumaron, en las últimas horas, indígenas amazónicos que nunca antes se habían incorporado activamente a las protestas que conmovieran al Ecuador en 1997, 2000 y 2005 y que culminaran con los derrocamientos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. La única respuesta del régimen, de la dictadura de Moreno, ha sido declarar el “toque de queda” desde las 15 horas de este sábado.

La situación, al caer la tarde de hoy ha sido descripta de este modo por un testigo muy calificado instalado en el teatro mismo de los acontecimientos: “es una verdadera lucha de clases … Quito paralizada con “toque de queda” desde las 15h, sin hora límite. Indígenas rodeados en las zonas de sede. Bombas y disparos. Ciudad militarizada. En otras ciudades del país empiezan movilizaciones. Violencia brutal contra los protestantes. Varios muertos, centenares de heridos, mil y más apresados. Cortaron señal de Telesur. Imposible información porque nadie puede circular. Algo se informa en redes y ahí circulan videos, fotos, documentos. Lenin Moreno dice estar abierto al diálogo. La posición indígena: no negociar sino públicamente, con presencia de la televisión, ONU, derechos humanos, iglesia. No es solo movilización indígena sino también estudiantes, trabajadores, pobladores. Los indígenas son el centro y la fuerza popular más grande. Llegaron a Quito desde distintas regiones del país. El pedido fundamental: dejar insubsistente decreto de liberación de precios de combustibles. Cuestión de fondo: reacción contra las medidas anunciadas y acordadas con el FMI. Situación incierta. Sin salida por el momento. Para nosotros, quiteños, un ambiente de guerra con focos de enfrentamientos. Situación terrible.”

En toda crisis, como en las guerras, el papel de la prensa al informar o desinformar es de enorme importancia. De hecho, el conflicto se presenta como si fuera una reacción de los indígenas ecuatorianos, segmentando y subestimando la confrontación. En realidad el rechazo al “paquetazo” de Moreno atraviesa –como lo dice más arriba nuestro informante- casi toda la estructura social: comenzó primero en las ciudades: los transportistas y, de inmediato, estudiantes, maestros, la militancia política opositora, ciudadanas y ciudadanos de Quito y (en menor medida al principio) de otras ciudades. Pero esta revuelta  experimentó un “salto cualitativo” con la arrolladora incorporación de las comunidades indígenas y campesinas. Fueron éstas las que le otorgaron ese tono amenazantemente plebeyo a la insurgencia que el presidente fugitivo y sus compinches caracterizaron como la “revolución de los zánganos”, reflejando nítidamente el talante racista del bloque dominante.  Antes, los paniaguados de Lucio Gutiérrez también habían denigrado a las masas que, en el 2005, acabarían con ese otro traidor y que fueran anatemizadas como una “revolución de forajidos”.

Hay cuatro rasgos que distinguen a la actual coyuntura pre-revolucionaria de las revueltas anteriores: esta es muchísimo más masiva y multitudinaria; tiene presencia en casi todo el país mientras que sus predecesoras tenían lugar casi exclusivamente en Quito; su duración es mucho más prolongada; y la brutalidad de la represión oficial es muchísimo mayor, incluyendo el “toque de queda”. Según cifras oficiales había cinco muertos a manos de las fuerzas de seguridad al anochecer del viernes. Pero las organizaciones sociales ya hablan de un número bastante mayor y hay centenares de heridos -varios de ellos en grave estado- y más de mil personas detenidas.  Esto, antes del “toque de queda”. Además buena parte de los medios de comunicación están bajo control oficial y Telesur ha sido sacada del aire, al igual que un puñado de radios anatemizadas por el gobierno ecuatoriano como “correístas”. Además, los internautas están también siendo acosados y los que emiten noticias contrarias a los informes oficiales por las redes sociales están siendo bloqueados. Líderes y dirigentes opositores están detenidos o amenazados (por ejemplo, sobre Paola Pabón, prefecto de Pichincha, pesa una orden de captura por instigación a la violencia, sabotaje y terrorismo). Otros tuvieron que asilarse. Gabriela Rivadeneira buscó refugio en la embajada de México y a Ricardo Patiño se encuentra exiliado en ese país. Correa sigue en Bélgica y la persecución sobre otros dirigentes del correísmo es implacable.  El presidente prófugo sólo produjo como gesto de pacificación un mensaje por cadena nacional de 44 segundos (¡Sic!) diciendo que está dispuesto a dialogar con los revoltosos.

Parece harto improbable que Moreno pueda volver a gobernar. Técnicamente Ecuador se encuentra acéfalo; el presidente sólo cuenta con la oportunista obediencia de las fuerzas represivas y tiene el apoyo de algunos gobiernos -Trump y sus lacayos regionales: Macri, Bolsonaro, Piñera, Duque, etcétera- y la obscena complicidad de los medios hegemónicos. A ellos hay que sumar el incondicional respaldo de las oligarquías económico-financieras, que aprueban la “mano dura” de la respuesta oficial y la mayoría de la Asamblea Nacional, hegemonizada por la derecha. No es un dato menor la gran difusión que se le ha dado al relato de la derecha de que la actual crisis ha sido promovida por Rafael   Correa coludido para tales fines con el presidente Nicolás Maduro, como lo dejó entrever Mike Pompeo en recientes declaraciones. Pero esto no basta para normalizar a un país paralizado.  Acéfalo también porque la Asamblea Nacional no se reúne –pese a la exigencia de los manifestantes- y su presidente declaró que si lo hace, mañana, será para “aplacar los ánimos” y no para votar por la salida institucional que contempla la Constitución del 2008 en casos como el actual: la “muerte cruzada” de la presidencia y la Asamblea Nacional, y un llamado para elegir presidente y asambleístas. Aparte de esto, la revuelta plebeya exige, taxativamente, la derogación de las medidas adoptadas por Moreno bajo consejo del FMI y tal cosa sería la campanada de la muerte para su gobierno. En los próximos días la dualidad de poderes propia de toda acefalía deberá resolverse. Lo más probable, a costa de Moreno. En otras palabras, la revuelta podría convertirse en insurrección y abrir una nueva página en la historia ecuatoriana.

Pero para que esto suceda hay algunas condiciones que alguien que sabía de revoluciones, V. I. Lenin, estableció muy claramente. Primero, apoyarse en “el auge revolucionario del pueblo” y esto significa, concretamente, no cesar en la ofensiva contra el gobierno en todos los frentes;  y, segundo, hacerlo en un “momento de viraje de la historia”, cuando “los de abajo ya no quieren y los de arriba ya no pueden” seguir viviendo como antes. Da la impresión de que la coyuntura ecuatoriana estaría expresando, aún cuando de modo incipiente, la existencia de ese momento de viraje.  Claro está que situaciones como éstas –una dualidad de poderes en donde el pueblo movilizado desafía el orden vigente y, por otra parte, el poder constituido sólo puede preservar su dominio apelando a la fuerza pero sin controlar al país- son inevitablemente transitorias  y más pronto que tarde se resuelven para uno u otro lado. Si las fuerzas insurgentes representaran –por su conciencia y organización- una propuesta “avanzada” (y esta es otra de las condiciones a las que alude el revolucionario ruso) el desenlace de la crisis podría inclinarse a su favor y lograr la caída del gobierno de Moreno. En pocos días más sabremos si las masas populares ecuatorianas están en condiciones de lograr esa hazaña y luego trazar una ruta de reconstrucción nacional en un país destruido por la conjura entre el gobierno y el FMI, en medio de una corruptela rampante. Esto requeriría la conformación de una amplia alianza política en donde las masas indígenas y campesinas, los actores populares urbanos que también protagonizaron las protestas y las fuerzas políticas que se opusieron al gobierno -principalmente el correísmo, objetivo excluyente de los ataques de Moreno- coincidan en un programa común deponiendo viejas disputas y concentrándose en las inmensas tareas que les aguardan. De no ser así, si la ofensiva fuese demasiado débil y desarticulada las fuerzas de la reacción podrían  reagruparse con gran rapidez en torno a una sola bandera y un único liderazgo (como observara Antonio Gramsci en los orígenes del fascismo italiano), resolver las contradicciones y vacilaciones existentes en sus filas y lanzar un contraataque que podría infligir a los insurgentes una derrota de la cual tardarían muchos años en reponerse. Pese a su combatividad y militancia éstos enfrentan no pocos problemas pues el desbordante espontaneísmo y el heroísmo de su lucha no oculta el hecho de que no pareciera haber una dirección política firmemente establecida y en condiciones de conducir el complejo tránsito que va desde la revuelta a la insurrección. Más bien, la impresión que se proyecta es que hay una muy heterogénea base social que se lanzó a las calles rebasando a sus liderazgos tradicionales. Libradas a los avatares del combate callejero y sin una dirección política clara estas masas en rebelión podrían desmoralizarse, dispersarse y, por último, sucumbir ante el salvajismo de la represión, el chantaje del imperio y de la derecha y el terrorismo mediático que pondría a buena parte de la población ecuatoriana en contra de los insurgentes. Sería deplorable que tal cosa suceda, y por eso es bueno advertirlo a tiempo. De todos modos, se trata de cuestiones que no se resuelven desde un escrito o una teoría. Una vez más será la práctica concreta de las luchas de clases -y en especial la lucidez del liderazgo contestatario, el entusiasmo revolucionario de las fuerzas plebeyas y, también, los errores del enemigo-  los que determinarán el resultado final de la insurrección de octubre.

Fuente del artículo: http://atilioboron.com.ar/ecuador-de-la-revuelta-a-la-insurreccion/

 

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Rodrigo Arocena: “la educación universitaria no puede pensarse como un privilegio de algunos”

Por: La Diaria. 

 

El ex rector de la Udelar y asesor de Daniel Martínez dijo que los cupos han servido para mantener “a las élites en su poder».

En Maldonado, y en el marco de la presentación de diez propuestas de educación del equipo que asesora a Daniel Martínez, el ex rector de la Universidad de la República (Udelar) Rodrigo Arocena fue consultado acerca de la polémica que generaron las declaraciones del candidato blanco, Luis Lacalle Pou, en el libro Once rounds, del periodista Alfredo García.

Allí Lacalle Pou manifestó, entre otras cosas, que es necesario ir “hacia un proceso de acceso distinto” a la Udelar. “Me parecen justos y lógicos los mecanismos de ingreso y selección”, sentenció, en referencia a los cupos. Luego de la divulgación de estos dichos, el candidato y su equipo plantearon que se trata de una opinión personal y “filosófica”, que no está incluida en el programa de gobierno del Partido Nacional.

No obstante, Arocena fue consultado y respondió que el tema de los cupos “no es algo que el país no conozca”, ya que en 1984, a la salida de la dictadura, el planteo de suprimirlos fue una de las “reivindicaciones democratizadoras por excelencia”.

“Si yo he tenido una familia que me apoyó en mis estudios y provengo de un hogar de clase media-alta, y mi vecina proviene de otro hogar, de condiciones más difíciles, entonces es probable que si hay cupos yo entre y ella no. Y diez años después yo voy a estar ganando mejor sueldo que ella y ella va a tener problemas ocupacionales. Entonces, si queremos apostar a la igualdad hay que decirles no a los cupos”, reflexionó Arocena.

En su opinión, Uruguay se acerca a un “cruce de caminos” entre profundizar “la democracia social y política que nos caracteriza” y un “terreno de incertidumbre”.

“Es el momento en que este bendito país igualitario apueste a generalizar el acceso a la enseñanza terciaria para todos y todas a lo largo de toda la vida, pero para todos, con una filosofía social igualitaria, no pensando la educación terciaria o universitaria como un privilegio de algunos”, agregó Arocena. Según dijo, este tipo de limitaciones en el acceso a la educación universitaria “han mantenido a las élites en su poder durante gran parte de la historia en gran parte del mundo”.

“No pongan cupos, de ninguna manera pongan cupos. No piensen que después de hacer una educación media democrática lo que viene es una educación terciaria elitista y antidemocrática”, concluyó el matemático.

Repliegue

El candidato nacionalista explicó ayer por qué sus asesores no darán más entrevistas hasta las elecciones nacionales, en el marco del ciclo de entrevistas organizado por Zonamérica. Si bien Lacalle Pou dijo que “hasta ayer o anteayer hubo una salida masiva de los técnicos” y recordó que estuvo “dos horas con 40 minutos en el PIT-CNT, con siete u ocho asesores”, explicó que “la regla ahora es concentrar en el candidato a presidente y la candidata a vicepresidente, y eventualmente en la coyuntura, volver a abrir a los técnicos a materias específicas”, respondió.

El Observador había informado más temprano, en base a fuentes del equipo de campaña nacionalista, que el Partido Nacional busca poner el foco en la fórmula presidencial y no en algunas de las declaraciones de asesores que generaron polémica, como los dichos de Azucena Arbeleche acerca de que les había pedido a las calificadoras de riesgo que no le bajaran la nota crediticia al país.

La decisión del nacionalista fue criticada por varios integrantes del oficialismo. “Cuando un capitán del cuadro le tiene confianza al equipo no le pone mordaza”, dijo el ex rector de la Udelar durante el acto en Maldonado. Martínez también aprovechó para cuestionar la decisión de su contrincante y escribió en su cuenta de Twitter que su equipo siempre está “para los medios y la opinión pública”. Luego afirmó que seguirá comunicando sus propuestas educativas, porque sus equipos “sí están facultados para desarrollarlas y explicar a la ciudadanía qué futuro vota. Es de responsabilidad decir hacia dónde vamos. Porque las certezas se construyen en base a hechos y no palabras”. Ramón Méndez, asesor del candidato oficialista, le escribió por Twitter a Pablo da Silveira, asesor del candidato nacionalista: “Ahora entiendo por qué 4 medios intentaron hacer un debate entre vos y yo sin éxito. ¿Hay un programa oculto? ¿Lacalle Pou no confía en sus técnicos? Si no son capaces de salir a defender sus ideas, es porque no están preparados”.

El “manual” del “elitista”

Este viernes el candidato nacionalista dijo que el rector de la Udelar, Rodrigo Arim, usó un “manual” al tratarlo de “elitista” y “neoliberal”. “Le faltó oligarca y alguna cosa más”, afirmó en un acto llamado “Zona de encuentro”, organizado por Zonamérica, según recogió Montevideo Portal.

Lacalle Pou dijo que hace un tiempo se reunió con Arim y conversaron sobre las políticas de cupos. “¿Por qué hay cupos? Porque el mundo va rumbo a necesitar determinadas profesiones. Y la universidad es financiada por todo el país”, afirmó, y reiteró que tan sólo se trató de una reflexión personal.

En las declaraciones que hizo a la diaria el miércoles, el rector mostró su “preocupación” por los planteos de Lacalle Pou y explicó que con los cupos se profundizan los “sesgos negativos” de las personas que acceden a la educación terciaria superior. Para Arim, “los mecanismos selectivos no son objetivos ni razonables”. Gastón González, secretario de Arim, aclaró ayer de tarde, en su cuenta de Twitter, que en realidad el rector nunca trató de “neoliberal y elitista” al candidato blanco, sino que esa referencia parecería aludir a las declaraciones que hizo el jueves en la diaria el dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay Mauro Conti.

Las diez medidas del Frente Amplio para la educación

  1. Plan de universalización de la educación inicial y la enseñanza media.
  2. Extensión del tiempo educativo: 90 centros de primaria, 120 de educación media, 65.000 alumnos.
  3. Segunda fase del Sistema de Protección de las Trayectorias Educativas, con énfasis en el acompañamiento en las zonas más vulnerables.
  4. Carrera Docente Universitaria: titulación de 90% del profesorado de secundaria en el próximo quinquenio e integración de la formación docente al sistema universitario.
  5. Uruguay Proyecta: articulación de experiencias de enseñanza basadas en proyectos.
  6. Reforma del bachillerato, con propuestas para jóvenes que comienzan su experiencia laboral.
  7. Coordinación de las políticas de enseñanza para privados de libertad.
  8. Creación de cinco polos lingüísticos regionales.
  9. Extensión del Plan Ceibal a toda la enseñanza media.
  10. Avance en la descentralización de la Udelar.

Fuente del artículo: https://ladiaria.com.uy/articulo/2019/10/rodrigo-arocena-la-educacion-universitaria-no-puede-pensarse-como-un-privilegio-de-algunos/

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Education is abuzz with buzzwords

By: Maureen Downey.

 

Settled academic practices often get reborn with new names

Rick Diguette is a local writer and college professor. In this guest column, Diguette discusses the recycling of educational concepts.

About 30 years ago, social psychologist Carol Dweck and a team of researchers began to study how students respond to failure. Based on her research, she coined the term “growth mindset,” which speaks to the idea that academic ability and intelligence can be developed with positive reinforcement, thereby increasing student motivation and achievement.

Dweck’s book, Mindset: the New Psychology of Success, was a best seller when first published in 2006. Her findings have since convinced many educators that how students think about themselves as learners is just as important as the grades they earn, their standardized test scores, and class rankings.

The opposite of a growth mindset, according to Dr. Dweck, is a “fixed mindset.” Fixed mindset students think success is dictated by their innate abilities. They tend to give up when encountering an obstacle, having decided beforehand they will never succeed at overcoming their inadequacies. Worst of all, students laboring under this mindset typically end up in a Catch-22 situation: lest others judge them harshly, they seek to hide the academic inadequacies that define them as students.

The discovery that we need to think we can succeed if we stand any chance of achieving success isn’t exactly groundbreaking. Two millennia ago the Greek philosopher Epictetus noticed that the way people think about what happens is more important than what actually happens. And it was none other than Shakespeare’s Prince Hamlet who observed, circa 1602, that “there is nothing either good or bad, but thinking makes it so.”

Nevertheless, since 2006 growth mindset strategies have become a commonplace in elementary and secondary school curriculum.

I recently became aware that growth mindset has now made its way to the precincts of higher education via the University System of Georgia’s Gateway to Completion (G2C) initiative. And a bulletin board on the Georgia State University campus where I teach first-year composition is dedicated to growth mindset mantras like “Mistakes help me improve.” and “I’ll keep trying!”

This reminded me of the well- known children’s story involving a little engine that successfully draws a long train of cars up a steep grade, all the while chanting “I think I can. I think I can. I think I can.” Once the little engine crests the hill, the chant becomes “I thought I could. I thought I could. I thought I could.” The moral of the story is that optimism coupled with effort will lead to success, which I’m sure you will agree sounds a lot like growth mindset.

However, this in turn reminded me of Chance the gardener in Jerzy Kosinski’s ferociously black comedy “Being There,” whose every statement―no matter how certifiably unremarkable―is considered visionary in import.

Although there is no question educators should be willing to embrace innovation, a fairly unremarkable concept like growth mindset tends to be too readily accepted as almost revelatory.

What typically happens next is that it gains currency and is quickly added to an already long list of familiar buzzwords like Differentiated Instruction, Student Progress Monitoring, Flipped Classrooms, and 21st Century Skills―one and all new ways of naming settled academic practices.

Most people like me, who actually spend time in the college classroom, are aware that just because a lesson or activity worked well one semester doesn’t mean it will continue to do so in perpetuity. That’s why when it comes to the needs of our students, we must be vigilant, flexible, and open to new ideas that may lead to improved learning outcomes as well as improved retention and graduation rates.

What we don’t need is a new buzzword handed down from on high by the University System of Georgia.

Source of the article: https://www.ajc.com/blog/get-schooled/opinion-education-abuzz-with-buzzwords/X2Lmei4LP67Ne1RcT1lW5I/

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La educación y la próxima gestión presidencial

Por: Manuel Álvarez Trongé.

 

¿Hay un reclamo social en Argentina por mejorar la educación pública? ¿Es este un tema prioritario? Parecería que la respuesta para ambas preguntas es negativa. El aprendizaje de las niñas, niños y adolescentes argentinos, salvo excepciones, no se discute en la campaña electoral. De este tema casi no se habla. ¿Por qué sucede esto?

Es porque la crisis económica ha tapado cualquier otro desafío o es porque la sociedad se auto engaña y cree que la educación pública de nuestros menores no tiene desafíos que resolver? La negación del problema parece ser una característica argentina en muchas áreas. “La educación de mi hijo es buena. La educación argentina es mala”. Distintos informes indican que esta es la postura de una enorme mayoría de padres argentinos. Lo que no logramos ver es la dimensión del riesgo.

Veamos el tema detenidamente.En primer lugar reconozcamos la situación. Si no partimos de la verdad es lógico que discutamos la mentira. Hoy Argentina, pese a enormes esfuerzos, tiene en materia educativa distintos y variados temas muy delicados que enfrentar. Sintetizamos a continuación cuatro de ellos que en términos generales nos dan un panorama del desafío: 1) Un problema grave de educabilidad.

La situación de pobreza que vive nuestro país y que se ha incrementado en los últimos años impacta decididamente en los menores entre 0 y 14 años, afecta su nutrición y deja inmersos a millones y millones de niños en el denominado “estrés de la pobreza”. Este daña el cerebro de los menores y no es solo un tema social o de salud pública: su magnitud (40% de los menores en ese rango de edad según el presidente de la Fundación INECO) lo ha transformado en una cuestión de Estado que no es posible soslayar. 2) Nuestro país tiene deudas mayúsculas en cuanto a metas educativas. Algunas de ellas podemos llamarlas de cantidad. No se cumplen los 180 días de clase fijaros por ley ni tampoco el porcentaje mínimo de escuelas que debería tener jornada extendida.

Pero además de estos incumplimientos hay otro tema de cantidad que preocupa y es clave para el futuro de nuestra Nación: el ciclo lectivo obligatorio según nuestra ley, exige catorce años de trayectoria en el sistema. Esto no se cumple en Argentina. Pese a un crecimiento de la matrícula cerca del 30% no se incorpora al jardín de 4 años de edad y más del 50% de los alumnos que inician el secundario no lo termina en tiempo y forma. Los números hablan por sí mismos. 3) Pero no solo estas dos cuestiones amenazan nuestro futuro. Si analizamos la calidad de los aprendizajes vemos que alguna mejora interesante en primaria no debe esconder los desafíos pendientes del sistema: el 70% de los alumnos que llegan al último año de secundario no puede resolver ejercicios de matemática y muchos de ellos tienen serias dificultades en comprensión lectora.

Esto es muy grave: se trata de millones de alumnos que completan la trayectoria y llegan luego de 14 años al último año de secundario y que no aprenden. Imaginen la frustración que esto supone. 4) Pero el cuarto desafío es quizás el más doloroso que los argentinos debemos encarar: la inequidad educativa es mayúscula ya que las Pruebas Aprender nos muestran que un altísimo porcentaje de los alumnos de familias más vulnerables no logran alcanzar trayectorias completas y su nivel de aprendizaje es muy bajo (el 90% de estos alumnos del final del secundario no pueden resolver cálculos matemáticos y casi el 60% tiene problemas de comprensión lectora).

Pues bien, estos cuatro puntos justifican que el tema educativo debiera ser un eje estratégico de la campaña electoral. Por supuesto esta es una síntesis de la crisis y sería injusto no señalar que pese a esta situación hay muchas iniciativas buenas que se presentan a lo largo y ancho del país y que están arrojando algunos primeros buenos resultados pero lo que tenemos que entender como sociedad es que si no reclamamos que la educación se convierta en una prioridad nacional no habrá desarrollo y no habrá Argentina. Es este el verdadero riesgo país. Que no se hable de educación no es solo una falencia de los candidatos, es una muestra de la falta del reclamo social por la cuestión.

Este 9 de octubre desde Educar 2050 desarrollaremos el XI Foro Anual para hablar de estos temas (http://bit.ly/2mCDJ05). Escucharemos la postura de funcionarios del oficialismo y de la oposición y presentaremos propuestas originadas en Mesas de Diálogo por el Aprendizaje en Argentina (MEDIAR) que llevamos adelante en el primer semestre del año. La consigna es hablar de lo que hay que hablar. No hacerlo en profundidad es un error. Necesitamos comprender la dimensión del desafío y escucharnos.

Este no es un problema que se deba a un sector. No es culpa del Estado, ni de los sindicatos, ni de los padres, ni de los alumnos. Es un problema de toda la sociedad argentina que debe volver a pensar en una epopeya del tenor que Sarmiento nos legó. Y especialmente esta sociedad debe unirse por la educación de las generaciones futuras. Y escucharse. Sin este espíritu no tomaremos decisiones inteligentes Hagamos que este sea un tema central del debate presidencial. Estamos a tiempo.

Fuente del artículo: https://www.clarin.com/opinion/educacion-proxima-gestion-presidencial_0_6M6ubXkV.html

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El mito del Momoy: historia y cultura de los cuicas en Boconó

Por: Diónys Cecilia Rivas Armas y Elsy Canelón González.

A modo de introducción

Figura de El Momoy en el pueblo de Boconó

La cultura es una construcción de elementos simbólicos y significativos en un espacio y tiempo que define mi pertenencia a un grupo social. Estos elementos que constituyen parte de mi cultura se conservan, transforman y transmiten de generación en generación, en muchos casos a través de la tradición oral y se convierten en un valor, un saber comunitario con el que se identifica cada individuo perteneciente a un pueblo. Olga Molano (2007) en su texto“Identidad cultural un concepto que evoluciona”, reseña un interesante concepto de cultura de Verhelst (1994) que tomaremos de referencia:

La cultura es algo vivo, compuesta tanto por elementos heredados del pasado como por influencias exteriores adoptadas y novedades inventadas localmente. La cultura tiene funciones sociales. Una deellas es proporcionar una estimación de sí mismo, condición indispensable para cualquier desarrollo, sea este personal o colectivo (p. 42).

Por tanto, la cultura es lo que da vida al ser humano y define su modo de vivir desde sus tradiciones, costumbres, fiestas, conocimientos o creencias. De acuerdo, al análisis de Olga Molano (2007), la cultura tiene varias dimensiones y funciones sociales que generan: un modo de vivir, cohesión social, creación de riqueza y equilibrio territorial.

En este marco, dedicaremos nuestras líneas al análisis de la significación del mito de El Momoy, personaje fantástico, semejante a un pequeño duende, de origen indígena, propio de la población de Boconó, estado Trujillo, una zona de los andes venezolanos. Las primeras referencias están en los registros que hicieran en los años sesenta los escritores Lourdes Dubuc y José María Batista, quienes plasmaron algunos relatos recopilados en las áreas rurales de Boconó durante esos años.

El Momoy es más que un ser encantado o personaje mítico de los Andes venezolanos, es una entidad real y sagrada a la que aseguran haber visto, a quien relacionan con las aguas, las lluvias y se ha afianzado como icono de esta población.Muchos relatos afirman que los oyen “tocando música, cantando, celebrando, cultivando y trabajando la tierra”. Esta humanización mágica, permite expresar de manera alegórica la vida cotidiana del campesino y la significación de “El Momoy” en los valores, expresiones y cultura del pueblo de Boconó. Al respecto Graterol y Franco (2014) nos expresan:

Bajo esta concepción el Momoy o “espíritu del agua” es un ser “natural”, una criatura que enriquece y amplía el entorno del campesino, es parte integral de su mundo, se “alegra” si una persona bebe de un manantial o “se pone bravo” si ensucia el agua (p. 141).

Sin duda, el Momoy, es parte de la realidad del pueblo, de su propia historia personal, colectiva y cultural. En este sentido, nos interesa indagar sobre las transformaciones que han sufrido los elementos culturales que hoy definen el mito del Momoy e imprimen identidad a la gente del pueblo de Boconó.

Conociendo el Mito del Momoy

Los Momoyes son unos duendecitos bonachones, pero juguetones, que viven en las lagunas, ríos, quebradas de los páramos de Boconó, en el fondo de la tierra y las montañas. Son descritos como pequeñas personas con barba, vestido de liquiliqui y sombrero de cogollo.Son encantos a quienes les gusta el miche, el chimó y el tabaco y los pobladores al saber de esto se lo colocan en las lagunas, ríos, quebradas, nacientes de agua para pedirle favores o protección para sus cosechas, sus siembras e incluso para mantenerlos contentos y que las lluvias no produzcan las temidas inundaciones o crecidas de los ríos. Graterol y Franco (2014), desde sus investigaciones emanadas de la tradición oral expresan que: “la misma figura del momoy se presenta en muchos relatos como un ser que también habita el fondo de la tierra, las piedras y los bosques, aunque se le llama espíritu del agua, está vinculado con otros elementos de la naturaleza” (p. 131). Además, los Momoyes son bonachones, les gusta la música de violines, guitarras, charrascas y tambores, instrumentos muy utilizados en la zona de Boconó por los músicos campesinos: “tienen guitarras, tienen maracas, tienen hasta charrascas. Y esos cantan muy sabroso” (fuente viva).

Esta historia comienza cuando nuestros Cuicas se asentaron en la zona andina alrededor de cuatro centros: Jajó, Boconó, Escuque y Carache, tierras con abundantes alimentos y crecidos caudales de agua. Los Cuicas adoraban dioses protectores de la tierra y los cultivos, como vital elemento místico, las costumbres religiosas de los Cuicas que eran dados a la idolatría, veneraban ídolos de piedra y barro algunas tribus adoraban al Sol, a la Luna, las Lagunas, los Picachos o Páramos.

La danza y la música de nuestros indígenas alcanzaron diferentes valores de desarrollo y se alteran de una región a otra, sin embargo, un elemento frecuente, en las ceremonias religiosas son los instrumentos de percusión y viento (la flauta, los tambores). Además, realizaban rituales a sus dioses ofreciendo cacao, tabaco, chimó, y chicha de maíz fermentada.

Los Cuicas, se dedicaban al cultivo de la tierra, por tanto, las leyendas, mitos, acontecimientos y narraciones, a través de la tradición oral se vinculaban con el trabajo de la tierra, la agricultura, las cosechas y con sus principales alimentos, el maíz, las papas, la yuca y el cacao.

Transformaciones culturales en el Mito del Momoy

Este pueblo sufrió la violencia y el despojo de sus valores culturales a partir de la colonización española (entre 1549 hasta 1575), y en muchos casos fueron obligados a renunciara estas costumbres, pero la unión de diferentes culturas hizo que los pobladores de Boconó, dedicados al trabajo de la tierra, continuaran con la actividad de dar ofrenda al agua, sólo que los dioses indígenas, fueron reunidos en una sola imagen.Y esta imagen es representada hoy con la tradición y el mito de El Momoy.

Este proceso de desarraigo que sufrió la población indígena y de desajuste o reajuste cultural, se define como un trance hacia la aculturación, que de acuerdo a González (2007): “proyecta el proceso dinámico que se produce dentro de la reestructuración general del sistema cultural mediante las pérdidas, selecciones, redescubrimientos e incorporaciones a que son sometidos los componentes involucrados en tal reestructuración”(p. 68). De igual manera, esta transformación se percibe en el siguiente relato del Mito del Momoy expresado por Canelón (2008): “Yo El Momoy y la chicha fermentada que tanto me gustaba fue sustituida por el miche, aguardiente anisado tan característico de esta zona andina”(p. 114).

Deacuerdo a los estudios deOrtiz (1983) la aculturación como proceso: “implica también, la pérdida o desarraigo de una cultura precedente; lo que pudiera decirse una parcial desculturación, y, además, significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse neoculturación”.

En la actualidad El Momoy, es representado como campesino, su bebida es el miche, le encanta el chimó y el tabaco. También es venerado conlos sonidos de las maracas,tambores, guitarras y el violín. Estos instrumentos son muy populares en la zona de Boconó y fusionan la cultura indígena, africana y española.Estos elementos visualizan la fuerza de la interculturalidad, donde hay: “presencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas” (Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, 2005).

También se relata, que el 24 de junio “Día de San Juan”, los Momoyes salen de sus poblados, tocando sus tambores, a ello se le atribuye el hecho de que ese día el viento sople muy fuerte y en ocasiones acompañados de lluvia, esto es porque los Momoyes andan de fiesta y alborozo, si alguien logratropezarse con alguno de ellos, puede ser que le indiquen el camino donde seencuentran sus yacimientos de oro.

Detalles como estos dan cuenta de la influencia que el tiempo y el entorno, fueron imprimiendo en este mito tan particular.El Momoy como mito y personaje, es una tradición milenaria que fue modernizándose y tomando elementos propios de su entorno, de la vida rural, y la faena campesina de siembra y cosecha, en la que el papel de las lluvias, así como el caudal de las lagunas, ríos, y quebradas tiene enorme significado para la obtención de buenos frutos. El mito de El Momoy para los habitantes más antiguos de Boconó, posee un significado muy especial, no sólo histórico, sino presente, cotidiano y palpable. En este sentido, el mito del Momoy permanece, porque logró el proceso de tránsito de una cultura a otra, preservando elementos culturales originarios, propios y elementos heredados de una cultura dominante o ajena, es decir experimentó un proceso de riqueza y fuerza cultural, a través de la transculturación. Como bien, lo señala Fernando Ortiz (1983):

Transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque este no consiste solamente en adquirir una distinta cultura, sino no que el proceso implica también necesariamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente… y significa la creación de nuevos fenómenos culturales… (p. 88).

El sincretismo manifiesta una transculturación que ha incorporado con precisión elementos procedentes de siglos pasados, del corazón propio de la cultura, tradiciones y creencias. El resultado y producto de la transculturación ha podido disolver contenidos importantes, si bien ha sido, probablemente una habilidad inconsciente y colectiva de aculturación como modo de adaptarse para que la resistencia simbólica permita la supervivencia y la superación de toda herida que el etnocentrismo, la imposición y los diversos accesos de etnocidio han dejado como huella en nuestra cultura y dan permanencia hoy “El Mito del Momoy”.

El dilema existente entre avance social-promoción y conservación de la cultura puede conllevar un diálogo que en futuras generaciones acabe con la diferenciación, el etnocidio del pasado y devuelva la dignidad legítima que merece todo pueblo desde el respeto a sus mitos, leyendas y tradiciones como patrimonio vivo de un pueblo y su gente.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Canelón, E. (2008). El Momoy de Boconó: Mito y Tradición oral vinculado a la Promoción Cultural (Tesis de Pregrado). Universidad Central de Venezuela – Caracas.

González, V. (2007). La crítica cultural latinoamericana y la investigación educativa. Venezuela: Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez – Núcleo Regional Postgrado Caracas.

Graterol, J. y Franco, F (2014). Naturaleza, historia e imaginario: los realtos acerca del Momoy en Boconó. Mérida: Universidad de Los Andes. Anuario GRHIAL. N° 8. pp. 129-162.

Molano, O. (2007). Identidad cultural un concepto que evoluciona. Bogotá: Revista Opera N° 7.

Ortiz, F. (1983). Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar.La Habana: Editorial Ciencias Sociales.

UNESCO(2005).Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad.Paris.

Fuente del artículo: https://redpatrimoniove.wixsite.com/redve/post/el-mito-del-momoy-historia-y-cultura-de-los-cuicas-en-bocon%C3%B3
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¿Hay que evaluar a los profesores?

Por: El país. 

 

¿Es miembro de la comunidad educativa? Participe y responda a la pregunta que esta semana plantea el Foro de Educación de EL PAÍS

España es uno de los países de la OCDE donde el profesorado es menos evaluado. Los partidarios de introducir un sistema de evaluación consideran que la rendición de cuentas mejoraría la calidad educativa. Un sector de los docentes advierte, por su parte, que ya soportan una gran carga burocrática, que un control de este tipo podría aumentar. Y de aplicarlo, ¿cómo debería hacerse? ¿Deben vincularse los resultados a un incentivo salarial? ¿Qué organismo debería encargarse de hacerla? ¿Deberían participar los alumnos en la evaluación?

¿Es miembro de la comunidad educativa? Participe en el Foro de Educación de EL PAÍS respondiendo a la pregunta de esta semana: ¿Hay que evaluar a los profesores? Publicaremos aquí una selección de las respuestas.

¿Estamos preparados?

Antes de responder a si hay que evaluar a los docentes, creemos que hay que dar un paso atrás y preguntarnos qué debemos evaluar, o lo que es lo mismo, qué características tiene un buen profesor. ¿Es aquel que es efectivo en sus clases y genera aprendizaje significativo en sus alumnos? ¿El que colabora con sus compañeros de claustro? ¿El que se implica en el centro y trabaja con las familias? ¿El que es capaz de movilizar todos los recursos a su alcance para proporcionar un apoyo integral a sus alumnos, trabajando y colaborando con la comunidad? En nuestra opinión, la respuesta a todas estas preguntas es que sí, pero… ¿está la comunidad educativa de acuerdo en esto? Y más importante todavía, ¿las estructuras del sistema educativo permitirían a los docentes acercarse a dicho modelo?

Pero, en caso de que tuviéramos claro el modelo profesional docente, ¿estaríamos preparados para evaluarlo? Seguimos anclados en la falsa creencia de que evaluación es lo mismo que calificación y perdemos de vista que la evaluación es una herramienta de aprendizaje. Por tanto, es fundamental que toda la comunidad educativa comparta que la evaluación es una herramienta que permite la reflexión sobre la propia práctica, potenciando el desarrollo profesional y, por ende, el aprendizaje de los alumnos, objetivo principal de todos los docentes.

Cambiar esta cultura no es tarea sencilla y no ocurrirá por ciencia infusa, pero sí mediante el pilotaje y divulgación de experiencias enriquecedoras de aprendizaje docente basadas en rutinas de evaluación que puedan escalarse a todo el sistema. Nuestra propia experiencia nos dice que sólo con este ejercicio estaremos logrando un cambio cultural en torno a la evaluación y avanzando hacia una educación de calidad que mejore el aprendizaje de todos los estudiantes.

«Me sorprende lo poco que las direcciones saben cómo enseñan sus profesores en España»

Soy inglesa, y he notado la gran diferencia entre Inglaterra y España en cuanto al tema de evaluación del profesorado. En Inglaterra los evaluamos demasiado, con mucho papeleo, y se evalúan las cosas que son fáciles de evaluar, y no las cosas más importantes. Sin embargo, en España me sorprende cómo los otros profesores y aun la dirección no saben cómo enseñan sus colegas, cuando con un poco de buena evaluación podrían saber cómo mejorar, y hacer unos pequeños cambios para enseñar mucho mejor. Con las plazas definitivas y ningún tipo de evaluación, hay profesores que ya no se esfuerzan, y no enseñan bien. Pero la evaluación debe diseñarse para ayudar a los colegas, no para pillarlos.

KIRA BROWNE | Auxiliar de conversación, Castellón.

La evaluación es clave para la mejora educativa

Si queremos ofrecer la mejor educación a los alumnos, la clave es tener buenos profesores: profesores que inspiran, despiertan sueños, abren caminos y hacen crecer… además de desempeñar toda la envergadura de tareas y responsabilidades que también asumen. Para desarrollar las competencias docentes que requiere el panorama educativo, es imprescindible no solo poner en práctica modelos de formación permanente basados en competencias, sino además complementarlos con un eficaz acompañamiento y evaluación de la práctica docente. Pero no de cualquier manera.

Entendemos que el proceso de evaluación del desempeño docente que se establezca, tanto de cada profesor como de los equipos de trabajo, ha de dejar claro: para qué se evalúa (como sistema que ayuda a la reflexión sobre la práctica educativa, no solo como control jerárquico, ni instrumento sancionador, o para establecer un ranking entre profesores); qué se evalúa (el desempeño docente para mejorar en clave de proceso, no solo de resultados, con indicadores y evidencias de cómo se trabaja el currículo, la gestión de aula, la evaluación de los alumnos, el clima emocional de las clases…); cómo se evalúa (con instrumentos objetivos y variados que incluyan protocolos de observación de clases, mentorización, coaching, porfolios, entrevistas, encuestas, hermanamientos…).

Las consecuencias del proceso en la carrera profesional de los docentes también han de estar definidas previamente, sobre todo si se considera incluir alicientes económicos y profesionales para los profesores evaluados positivamente. Animamos a los responsables políticos, sociales y sindicales, así como al conjunto de la comunidad educativa, a alcanzar un acuerdo sobre esta materia y así contribuir a mejorar la calidad de la educación, a consolidar el compromiso profesional de los docentes y a incrementar su reconocimiento social.

IRENE ARRIMADAS | Directora de Innovación Pedagógica en Escuelas Católicas

«Hay que evaluar respetando la diversidad del profesorado»

En mi opinión, por supuesto que hay que evaluar a los profesores. Respecto al cómo hacerlo, tengo dudas, pero hay algunos puntos que sí considero imprescindibles. Entre ellos que el organismo encargado de su diseño ha de ser la Inspección de Educación, y la elaboración ha de realizarse por los verdaderos expertos en el tema: los profesores, o en su caso, inspectores o miembros de la comunidad educativa con varios años de aula a sus espaldas. Por supuesto, abiertos a consideraciones y consejos de otros gremios como la Psicología, Pedagogía, etcétera, pero el timón del barco y la toma final de decisiones han de ser competencia de los expertos antes mencionados.

Y ha de tratarse al profesor con el respeto que merece su puesto. Es decir, igual que tanto se repite que hay que atender a la diversidad del alumnado (cosa con la que estoy de acuerdo), lo mismo debe ocurrir con la diversidad del profesorado. Por ejemplo, si un profesor «A» ofrece su mayor calidad de enseñanza utilizando la tecnología en el 80% de sus clases, ha de respetarse de la misma manera que al profesor «B», que demuestra que dicha calidad la alcanza si invierte ese 80% en la exposición oral y la pizarra.

Ha de focalizarse en la labor que pienso que es la que un profesor ha de desempeñar: la transmisión de conocimientos. La intervención de los alumnos en la evaluación, no la termino de ver. Una cosa es que el profesor les pase evaluaciones para que él mismo saque conclusiones sobre cómo puede mejorar el desempeño de su tarea. Eso es sano y recomendable. Pero para un adolescente, los criterios por los que un profesor es bueno o malo, son bastante personales y en muchos casos viscerales.

PEDRO JOSÉ MARTÍNEZ FAJARDO | Profesor de Secundaria, Murcia.

«¿Por qué no se habla constantemente de evaluar a los médicos, jueces y guardias?»

Somos profesionales como cualquier otro gremio. ¿Se habla constantemente de evaluar a los médicos, los guardias municipales o los jueces? Claro que cometemos errores, y hay malos profesores. Posiblemente, los malos obtendrían muy buena nota en la evaluación.

CATALINA ROIG TUR | Profesora de Secundaria, Ibiza.

«La calidad con la que el profesorado hace su labor no tiene consecuencias»

Es de las pocas áreas en que la labor del profesional no tiene consecuencias, sobre todo en la enseñanza pública. Motivo: el cliente (niño) no sabe ni es capaz de exigir. Hasta ahora, cuando los resultados son malos los alumnos son los culpables. Si algunas familias hablamos con la dirección del centro sobre como enseña algún profesor, se escudan en la libertad de cátedra. Otro problema es que Inspección educativa no inspecciona, sino que responden a sucesos que a través de denuncias han aflorado, pero no tiene iniciativa propia, es un órgano de despacho. De igual manera, los compañeros con gran dedicación y profesionalidad no ven reconocida su labor por la sociedad. Se les da el mismo valor que al resto, se valora en conjunto, mal. Así no se motiva, más bien se desmotiva al conjunto.

CELESTINO SALINAS DACAL | Padre, A Coruña.

«Hay que hacerlo; el problema es decidir qué está bien y mal en la docencia»

Creo que una evaluación puede ser positiva en todos los trabajos, no solo para los docentes, porque a veces nos acomodamos y no viene mal una llamada de atención, el punto de vista de otros compañeros o una crítica constructiva desde fuera. A nadie le gusta que le evalúen, tal y como está concebido. Las connotaciones de la palabra «evaluación» son muchas y todas negativas. Aunque sea un eufemismo, podría ser mejor hablar de observación entre docentes o de retroalimentación, por ejemplo. Proponer hablar de observación y de retroalimentación no implica una falta de sistematización. Aunque ahí radicaría el mayor de los problemas: ¿Qué es lo que está bien en la docencia y qué es lo que está mal? ¿Quién lo decide? ¿Qué hay que evaluar y cómo?

No hay recetas educativas milagrosas para todos los profesores ni para todos los estudiantes. Preparar una rúbrica o un cuestionario que pueda servir de apoyo al conjunto del cuerpo docente no es labor sencilla cuando no nos ponemos de acuerdo ni tan siquiera en cómo debe ser la educación, vilipendiándonos constantemente unos a otros en redes. Pero algo hay que hacer, todos tenemos la amarga experiencia de profesores que han hecho de sus aulas su cortijo particular en el que se creen amos y señores. Ahí es difícil que la buena onda de la observación y una suave retroalimentación puedan tener algún tipo de efecto.

INGRID MOSQUERA GENDE | Profesora de Didáctica. Universidad Internacional de La Rioja

«Evaluar al profesorado es otro paso hacia el pensamiento único»

¿Evaluar qué, exactamente? La «productividad», entendida como grado de satisfacción del «cliente» (padres) o como nivel alcanzado por el «producto» (alumnado). La lógica del pensamiento liberal-capitalista aplicada a la enseñanza se materializa, en los países del sur de Europa, en rankings que miden «resultados» (¿a quién le importa el proceso, ya?), en la doctrina de la «excelencia» empresarial aplicada a contextos educativos y en una burocratización llevada al paroxismo como norma general. Evaluar al profesorado es, sencillamente, otro paso más hacia la afirmación del pensamiento único.

SERGIO BARCELLONA | Docente

«Trabajo en el extranjero y soy evaluada dos veces al año»

Todos los profesores deben ser evaluados de manera permanente o caemos en la rutina, y la excelencia se pierde o diluye en el tiempo. Donde yo trabajo soy observada dos veces al año (una por mi director y otra por un colega). Además, en septiembre hemos de presentar una cosa nueva a añadir (no tiene que ser contenido, puede ser el método, a un grupo o varios —yo este año voy a incluir una clase de Tai-Chi—), que es revisable en febrero y en junio.

BEATRIZ MAGRO LUCAS | Profesora de español en el extranjero, Roma.

«Sí hace falta; parte de nuestros colegas no tiene las aptitudes necesarias para el trabajo»

La importancia de nuestra labor en la sociedad bien merece una evaluación de quien la desempeña. Todas y todos los que formamos parte de este colectivo sabemos muy bien que parte de nuestros y nuestras colegas están atendiendo al alumnado sin tener las aptitudes que se requieren para un trabajo de tamaña responsabilidad. Tal y como exigimos mejoras para nuestro colectivo y para nuestro alumnado, no podemos dejar de exigírnoslas a nosotros mismos. Recibiría con gusto esa evaluación, siempre hecha con sentido y con el apoyo que tendría que llegar después. Creo que saldrían a la luz muchas de las carencias de nuestro sistema educativo.

ESTEFANÍA LAMAS | Maestra, Santiago de Compostela.

«No; primero deberían formarnos mejor»

No. Primero deberían ofrecer cursos de formación gratuitos y dentro del horario lectivo de todo lo que se dice que debe saber hacer un profesor: Word, Excel, PowerPoint, Powtoon, Kubbu, Kahoot, detección de la dislexia, disgrafía y discalculia, mediación, evaluar por competencias, programar por competencias, gestión del aula con alumnos con necesidades especiales, gestión del aula con alumnos disruptivos, Google Classroom, Moodle, cómo gestionar la tutoría, actividades para hacer en la tutoría en cada curso… Yo hice el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) en el 98. Nadie me enseñó todo eso y nunca di informática durante la carrera ni en la escuela. ¿Cuándo debería haber aprendido a hacer todo eso? Lo he hecho, claro, gastando un montón de dinero e invirtiendo tiempo, mucho, mucho tiempo cuando ya ejercía. Y me queda mucho por aprender, la lista está incompleta.

NOEMI ARNAU | Profesora, Barcelona.

«La evaluación la deben hacer docentes con experiencia»

Se debe evaluar a los docentes. Debe existir una rúbrica clara. Lo deben hacer docentes con experiencia y con años de implicación en proyectos, en innovación y en re ovación educativa. Una evaluación debe ser vista como una oportunidad para mejorar, para guiar a los profesores nuevos y para conducir a los que no sean nuevos. Los evaluadores deben dejar clara su tarea. Nunca se debe ver como una amenaza. Pero si se desoye los consejos, entonces deberá hacerse un seguimiento más serio del profesor. Si se ve una trayectoria exitosa, se le debe recompensar de alguna forma.

VALENTÍN VELASCO GEMIO | Profesor de Secundaria, Badajoz

«Las buenas prácticas deberían premiarse con una subida salarial»

Los maestros y profesores sí deberían ser evaluados con el fin de mejorar la calidad educativa. Se podría incentivar a aquellos que trabajen bien mediante una subida salarial. Mientras, los que presenten una práctica profesional deficiente, deberían tener de nuevo un año de prácticas o mayor número de evaluaciones. Asimismo, creo que la evaluación debería ser llevada a cabo por personal externo a cada centro. No obstante, la evaluación debería realizarse como ayuda hacia el docente y, por lo tanto, los alumnos. El fin no debe ser la búsqueda de errores sin más.

SANDRA RUIZ TORRECILLAS | Maestra.

«La evaluación debe ser habitual y servir al profesor para mejorar»

Sí, hay que evaluar a los docentes con el principal objetivo de ayudarles a crecer y asegurar consistencia en las prácticas llevadas a cabo en el centro educativo a lo largo de todos los niveles. También es necesario analizar los datos obtenidos por cursos y a escala de toda la escuela para hallar las fortalezas del centro y las áreas de mejora. En ningún caso debería utilizarse para que los docentes se sientan amenazados por la presencia de un superior en las aulas, sino que debería ser una práctica habitual y algo que celebrar, porque ayuda a crecer al profesorado, al centro y a los estudiantes que, en definitiva, son los principales beneficiarios.

HÉCTOR VALENCIA | Maestro, Lexington, Kentucky (EE UU).

«La evaluación por parte de los alumnos puede ser un problema»

La evaluación al profesorado es una herramienta muy útil para mejorar la calidad de la enseñanza. El problema está en cómo se realiza, ya que la única herramienta que se utiliza es la calificación unilateral del alumnado. Este poder otorgado a los estudiantes no sólo no es suficiente para saber si un profesor es adecuado o no, sino que puede generar en el docente, sobre todo de la enseñanza privada al tener un puesto de trabajo del que puede ser cesado, temor a confrontar al alumno con sus deberes. Evaluación sí, pero con criterios objetivos.

JOSÉ MARIA URETA | Profesor, Madrid.

«¿Evaluación?, sí, pero también a la gestión de las escuelas»

Toda evaluación es buena cuando está bien planificada, es transparente y realista pues muchas veces, aunque la intención es buena, las evaluaciones no son bienvenidas a menos que impliquen un sustantivo reconocimiento de su desempeño por lo cual es motivador participar. No es una exageración cuando mencionamos que los maestros están infravalorados en la sociedad y son víctimas potenciales del burnout [síndrome del trabajador quemado] por la labor que realizan. Atender las causas de este peligro implica evaluar también el sistema y la gerencia de las escuelas que tienen la facultad de organizar y exigir con sabiduría mayor calidad. Para ello hay que dar mayor confianza a la labor del maestro, permitirle ejercer su creatividad y no abrumarlo con documentos burocráticos y no funcionales. Premiar la innovación, permitir el descanso en espacios apropiados, promover sus capacidades con cursos elegidos por los maestros según su necesidad y no imponer las que otros consideren apropiadas. Todo esto beneficiaria sobre todo al estudiante.

No solo una evaluación al docente es necesaria evaluemos las gestiones de las escuelas, evaluemos el mismo sistema educativo que cada año nos sorprende con novedades que parecen lo mismo pero con otros nombres. Examen, sí. Pero reglas claras, exigencias realistas, honestidad, gente profesional que las aplique, transparencia y premios más que castigos.

SUSANA TERRAZAS | Profesora, Lima.

«¿A qué tienen miedo?»

La evaluación es santísima. A nosotros nos evalúan los alumnos cada año como docentes. Como investigadores, estamos continuamente evaluados. Y esto te ayuda a mejorar. Lo que no se evalúa se devalúa. ¿A qué tienen miedo?

CARLOS MARCELO | Profesor de universidad, Sevilla.

«Nos quitaría tiempo para hacer nuestro trabajo»

«Nos obligaría a estar más dedicados a superar esas evaluaciones (sea lo que fuere lo que estás nos exigieran) que a nuestro trabajo: contenidos de diferentes materias y niveles, procedimientos, TIC, legislación, innovación, resultadismo… La evaluación distorsionaría todo. Si se quiere mejorar el sistema educativo es simple: más dinero, menos ratio, menos horas lectivas, más consideración a nuestro trabajo, más respeto, centros menos obsoletos y viejos, dotación de instalaciones deportivas e informáticas, menos cambios de leyes educativas, más confianza y más atención a todos aquellos profesores y profesoras que no están en condiciones de estar trabajando por salud mental u otras circunstancias (que se dan más de lo que nos pensamos).

MARÍA ÁNGELES SÁNCHEZ SUÁREZ | Profesora, Melilla.

«Es imprescindible para establecer un sistema retributivo basado en incentivos»

Si no se realizan evaluaciones, ¿cómo determinar el desempeño de los profesores? La evaluación es imprescindible para implementar mejoras y establecer un sistema retributivo basado en incentivos.

DIEGO FERREÑO | Profesor de universidad, Santander

Fuente del artículo: https://elpais.com/sociedad/2019/10/06/actualidad/1570387662_005104.html

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