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Política Internacional: Trump destruye lo que queda del viejo orden mundial

Trump destruye lo que queda del viejo orden mundial

Atilio Borón

El presidente de Estados Unidos sigue trabajando a destajo para terminar de sepultar lo poco que queda del otrora tan celebrado –por los gobernantes de su país así como por la prensa hegemónica y el pensamiento oficial de la academia– “orden mundial basado en reglas”.

Hitos principales de este proceso de progresivo desmoronamiento de la superestructura ideológica del imperialismo norteamericano fueron la ofensiva de la OTAN contra Rusia, contraviniendo un principio elemental de la Carta de las Naciones Unidas como es el derecho de todos los países a su seguridad nacional.

A esto debe agregársele el genocidio y la limpieza étnica que sigue practicando con total impunidad el régimen racista israelí gracias al amparo y protección que le brindan las desprestigiadas “democracias” occidentales, en realidad abyectas plutocracias apenas disimuladas con los insulsos rituales de un intrascendente proceso electoral.

Otro hito de enorme importancia fue el ataque a la República Bolivariana de Venezuela, el bombardeo de Caracas que afectó a casi 500 viviendas de la zona cercana a Fuerte Tiuna y el insólito secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores, diputada de la Asamblea Nacional.

En su desvarío, el inquilino de la Casa Blanca publicó en su red Truth Social un posteo donde se definía como “Presidente en ejercicio de Venezuela” y, en el renglón siguiente, como el “47.º presidente de Estados Unidos de América”. Trump nos instala en un viaje sin etapas al sombrío mundo hobessiano del primado del más fuerte.

Este derrumbe adquirió nuevos bríos con el intercambio de mensajes de hoy entre Trump y el primer Ministro noruego, Jonas Gahr Støre, y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb. Trump le responde a Støre diciéndole que dado que su país, Noruega, ha decidido no otorgarle el Premio Nobel de la Paz pese a haber puesto fin a más de ocho guerras, ya no siente la obligación de pensar solamente en la paz, sino en lo que es más conveniente para Estados Unidos. Renglón seguido acusa a Dinamarca por no haber sabido proteger a Groenlandia de los avances que, según Trump, allí hicieron Rusia o China y, además, de carecer de un “derecho de propiedad” sobre ese territorio.

“Ningún documento escrito le otorga a Dinamarca la propiedad de Groenlandia”, dice en su texto, y el único elemento que justifica su reclamo es “un navío que recaló en ese territorio hace 300 años”. El remate de esta misiva es la afirmación de Trump según la cual “nadie hizo más por la OTAN desde su fundación” que él, y que “llegó la hora de que la OTAN haga algo por Estados Unidos”. Termina su misiva con una sentencia bombástica: “El mundo no estará seguro hasta que tengamos el control completo y total de Groenlandia”.

Dicho esto, conviene recordar que, debido al deshielo del océano Ártico, Groenlandia se ha convertido en una región estratégica para las nuevas rutas comerciales, principalmente las exportaciones de China. Pero lo que soslaya el documento de Trump es que hay una sola base militar en esa isla, localizada en Thule, en el extremo norte de Groenlandia, y es de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Su función: servir de alerta temprana ante un ataque misilístico y el monitoreo de los satélites que orbitan en torno al planeta.

En su progresivo deshielo, la isla permite conjeturar la existencia de ricos depósitos minerales, entre ellos tierras raras, uranio y probablemente petróleo y gas. Pero hasta el momento, ninguna empresa ha comenzado la explotación de dichos recursos. Hay una sola empresa de propiedad canadiense y dinamarquesa, que explota una pequeña mina de rubíes en las cercanías de la capital, y aun así con enormes dificultades. Obviamente, a medida que el cambio climático torne accesibles otras regiones, la competencia por esos recursos podría intensificarse grandemente.

Pero, lo decisivo de este incidente y del mensaje de Trump es la fisura, aunque no todavía ruptura, en el seno de la OTAN.

Este eventual desenlace terminaría por producir una radical reconstrucción del sistema internacional al quebrar nada menos que la alianza militar de un espacio socioeconómico, cultural y político, Occidente, que dominó a sus anchas al resto de las naciones durante algo más de cinco siglos pero ya no más.

Sin olvidar que, en su fase de declinación, todos los imperios han exacerbado hasta lo indecible su virulencia y su apelación a las peores formas de la violencia para tratar de detener lo incontenible. Trump es la personificación actual de esa conducta.

(Tomado de Página12)

Fuente de la Información: http://www.cubadebate.cu/especiales/2026/01/20/trump-destruye-lo-que-queda-del-viejo-orden-mundial/

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Internacional: «La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

«La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque en Venezuela como el colapso de la diplomacia y las reglas posguerra, asegurando que la acción instaura la «ley del más fuerte» como norma global, con graves riesgos geopolíticos.

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque a gran escala perpetrado por Estados Unidos en Venezuela como el inicio de una fase donde la diplomacia ha muerto definitivamente. En conversación con la programación especial de Radio Universidad de Chile, el académico aseguró que la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro confirma el colapso de las reglas que rigieron al planeta desde la posguerra.

Borón advirtió que la captura de Maduro mediante una incursión extranjera instaura la “ley del más fuerte” como norma global. “Me parece que esto es un proceso ya final de descomposición del orden mundial… Es inadmisible, no se puede normalizar una situación como esta”, señaló el académico, advirtiendo sobre las peligrosas repercusiones geopolíticas de validar una acción de este tipo.

El Efecto Dominó: De Caracas a Taiwán

Para Borón, el peligro no se circunscribe solo a Sudamérica. Al romper el derecho internacional, Estados Unidos podría estar habilitando tácitamente a otras potencias a resolver sus disputas territoriales por la fuerza.

El politólogo ejemplificó el riesgo: “Mañana no podemos sorprendernos si Azerbaiyán simplemente se apodera de Armenia, o si China finalmente decide incorporar ya a Taiwán a su jurisdicción nacional”. Según su análisis, Beijing podría argumentar: “Si Trump hace esto en Venezuela, ¿por qué nosotros no vamos a hacer esto en Taiwán?”.

Fotografía del analista internacional Atilio Borón.

Petróleo, Guerra Civil y el Colapso de la ONU

Sobre las motivaciones de la Casa Blanca, Borón desestimó la narrativa oficial centrada en el narcotráfico o la democracia, afirmando que el interés es puramente estratégico y económico. “A Trump lo que le interesa no es Maduro, le interesa el petróleo venezolano. El presidente Maduro es un dato absolutamente irrelevante para él; lo relevante es que ese petróleo está ahí y Estados Unidos dijo ‘nos lo vamos a tomar porque es nuestro’”, afirmó.

Respecto al escenario interno, el analista se mostró pesimista sobre una transición pacífica. Advirtió que la operación podría ser “el primer acto de una guerra civil muy preocupante”, con el riesgo de incendiar el “patio trasero” de Washington y extender la violencia hacia Colombia.

Finalmente, Borón fue crítico con el rol de los organismos multilaterales, asegurando que el sistema de Naciones Unidas “ha colapsado” y carece de capacidad para frenar a la potencia del norte, tal como falló previamente en Gaza o Ucrania. Concluyó su análisis citando a Violeta Parra para reflexionar sobre la naturaleza del poder imperial, recordando que el “león imperial es así siempre”, incluso bajo administraciones demócratas como la de Barack Obama.

Fuente de  la Información: https://otrasvoceseneducacion.org/wp-admin/post-new.php

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Argentina – Atilio Boron: «La sobreactuación irresponsable de Milei pone en peligro a la comunidad judía»

Atilio Boron: «La sobreactuación irresponsable de Milei pone en peligro a la comunidad judía»

El politólogo y sociólogo aseguró que el apoyo del Gobierno a Israel en medio de la guerra rompe una tradición histórica en materia de relaciones internacionales y en riesgo a una parte importante de la sociedad argentina.

El politólogo y sociólogo Atilio Boron advirtió por AM750 que la “sobreactuación irresponsable” de Javier Milei en torno a la guerra en Israel rompe una tradición geopolítica histórica y pone en riesgo a la comunidad judía.

El comentario llegó después de que, en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente, el mandatario argentino sobreactuó su respaldo y sentó una clara posición a favor de Israel.

Así, Milei recibió en su despacho de Casa Rosada al embajador israelí, Eyal Sela, a quien además sentó al lado de Victoria Villarruel durante la reunión del «comité de crisis» al que convocó en Balcarce 50.

Luego del encuentro, en una conferencia de prensa grabada y sin preguntas fue el vocero Manuel Adorni, que dijo: «Argentina respalda enfáticamente al estado de Israel en defensa de su soberanía«.

Y esto, también, tiene que ver con la política de ajuste: “Según el Presidente ‘no hay plata’. Entonces, quiero ver de dónde va a sacar el dinero para proteger a todas las organizaciones e instalaciones de la comunidad judía en Argentina”.

“Porque no es que van a hacer un atentado terrorista en su casa, con sus perros. Lo van a hacer, si llega a ocurrir, un atentado en organizaciones judías que están por todo el país”, añadió.

En tanto, sobre su propia posición sobre la guerra, dijo: “Hay que salir de esta historia de que hay un estado terrorista, Irán, y otra nación que es la personificación de la Madre de Calcuta, Israel”.

Fuente de la Información: https://www.pagina12.com.ar/729197-atilio-boron-la-sobreactuacion-irresponsable-de-milei-pone-e

 

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Nuevo estallido en Palestina

Nuevo estallido en Palestina

Atilio A Boron

Los acontecimientos que conmueven hoy a Israel y Palestina, con un saldo trágico de víctimas civiles, producen dolor y compasión y, desgraciadamente, no resultan sorprendentes. Los ataques lanzados por Hamas desde Gaza son la respuesta a la política terrorista de conquista y desposesión territorial que el régimen israelí, con la complicidad de Estados Unidos y sus indignos vasallos europeos, ha perpetrado en contra del pueblo palestino por décadas, en abierta violación a innumerables acuerdos bilaterales y resoluciones de las Naciones Unidas.

Mal podría interpretarse o evaluarse la crisis actual haciendo caso omiso de la brutal y sistemática violación de los derechos humanos que ha venido padeciendo la nación palestina a manos de sus opresores israelíes desde hace décadas; del atropello, encarcelamiento o asesinatos de sus hombres y mujeres, inclusive niños.

Territorios ocupados

Se puede calibrar la magnitud de estos crímenes con los siguientes datos ofrecidos por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHOA, por sus siglas en inglés). En los territorios ocupados -invadidos en realidad- por Israel las fuerzas armadas de ese país ocasionaron entre el 1º de enero del 2008 y el 19 de septiembre de 2023 la muerte de 6.407 palestinos al paso que 152.560 sufrieron heridas y lesiones de diversa gravedad. Por contraposición, las víctimas israelíes en ese mismo lapso fueron 308 y 6.307 respectivamente. La gigantesca asimetría entre los muertos y heridos de ambos lados hablan con elocuencia de los alcances de este genocidio practicado por Tel Aviv.

La crisis actual, la enésima, tiene como todas las que las precedieron una larga gestación. Los alcances de la agresión israelí sobre los territorios ocupados y especialmente Gaza son de una crueldad e inhumanidad exorbitantes, y suficientemente conocidos como para eximirnos de exponerlos en este escrito.

Gaza ha sido definida como la mayor cárcel a cielo abierto del mundo. En la Ribera Occidental la ya citada organización de la ONU reporta en otro informe que el año 2023 fue el más sanguinario en la larga historia de la ocupación israelí: 36 niños fueron ultimados en el período que termina el 31 de agosto.

Colonos

Las provocaciones de las mal llamadas Fuerzas de Defensa Israelí van de la mano de muchas otras realizadas por los colonos devenidos , con la complicidad del gobierno israelí, en torvos escuadrones de la muerte que asumen por mano propia la tarea de someter por medio del terror a los pobladores originarios de las tierras que están robando.

Esta violencia, que ahora registra un nuevo estallido, ha caracterizado toda la historia de Palestina desde el momento que a su pueblo le fuera privado el sagrado derecho a la autodeterminación nacional. En este mundo, inmerso en el vértigo del irreversible ocaso del exhausto orden mundial de posguerra, se impone resolver la cuestión de la formación del estado palestino, saldando una deuda que ya tiene 75 años. Sin ello, la violencia no hará sino crecer y tornarse cada vez más brutal.

Fuente original: https://www.pagina12.com.ar/595973-nuevo-estallido-en-palestina

 

Fuente de la Información:https://rebelion.org/nuevo-estallido-en-palestina/

 

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La “neocolonización” de la Argentina

La “neocolonización” de la Argentina

Atilio Borón

En los últimos tiempos la Argentina ha acelerado su deslizamiento hacia una condición neocolonial. Si hubiera que marcar un hito de este proceso diríamos que esta tendencia irrumpe con fuerza durante la dictadura cívico-militar con el estallido de la crisis de la deuda externa, en agosto de 1982. Ésta corrió como un reguero de pólvora por toda Latinoamérica y el Caribe y acentuó la vulnerabilidad externa de nuestros países. Porque, tal como lo observara con sagacidad John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos, “hay dos formas de conquistar y esclavizar una nación: una es la espada; la otra es la deuda”.

La recuperación de la democracia atestiguó una tentativa inicial del gobierno de Raúl Alfonsín de enfrentar colectivamente el tema de la deuda externa mediante la creación de un “Club de Deudores” (el Grupo de Cartagena) para negociar, con cierta paridad de fuerzas, con el “Club de Acreedores”. La Administración Reagan fulminó esta iniciativa y a poco andar su radical cuestionamiento ocasionó la salida del ministro de Economía, Bernardo Grinspun, y con ello el fin de los ensayos de gestión macroeconómica heterodoxa. El previsible derrumbe del gobierno alfonsinista abrió el camino para la re-encarnación neoliberal del peronismo. En efecto, el menemismo fue el segundo acto de un proyecto cuyo primer capítulo había sido protagonizado por la dictadura genocida. Junto con las profundas reformas neoliberales del gobierno de Carlos Menem, gran parte de las cuales sobreviven todavía al día de hoy, se acentuó la dependencia de la Argentina en relación con Estados Unidos, reduciéndose los márgenes de autonomía nacional en materia económica y en la política exterior. Con el kirchnerismo esta tendencia hacia la “neocolonización” de la Argentina detuvo su marcha pero sin ser completamente revertida, pese a indudables avances como acabar con la dictadura del FMI o la estatización de las AFJP y la adopción de una política exterior independiente.

En la actualidad hay múltiples indicadores de la acrecentada gravedad de este proceso de creciente heteronomía y sometimiento neocolonial. El escándalo de los puertos privados sobre el río Paraná, la absoluta falta de control sobre nuestras exportaciones agrarias (pero también mineras) y la debilidad del Estado para controlar la dinámica arrasadora de los mercados (caso de la inflación, por ejemplo) son otros tantos indicios, a los cuales se podrían sumar muchos más, de esta progresiva pérdida de soberanía. Pero en los últimos días se han agregado algunos elementos más: la llamativa magnanimidad de autoridades gubernamentales y corporaciones estadounidenses durante la gira del ministro de Economía, Sergio Massa, ¿no exigirá una contrapartida de nuestra parte? ¿O es que sin que nos hayamos percatado el imperio se convirtió en una entidad filantrópica? No creo. Sería un parteaguas geopolítico, pero hasta ahora no se lo advierte.

Si observamos con detenimiento algunas noticias recientes, daremos con rotundos indicios de la mencionada “neocolonización”. Por ejemplo, la Argentina está consintiendo la sigilosa instalación de una base militar de Estados Unidos a pocos kilómetros de Vaca Muerta, sin que el tema haya sido discutido en el Congreso Nacional o en la Legislatura neuquina, y sin haber sido informado a la opinión pública. Segundo: la abierta intromisión del embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, recomendando una estrategia de “coalition building”, en donde convergen todas las fuerzas políticas con la excepción del treinta por ciento que, casualmente, es el caudal electoral del kirchnerismo. Injerencia que, infelizmente, no recibió de nuestra Cancillería la réplica que las normas diplomáticas de la Convención de Viena exigían. Tercero, las reiteradas declaraciones de la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, acerca de la necesidad de preservar este verdadero emporio de recursos naturales que es Latinoamérica para uso exclusivo de quienes habitamos esta parte del mundo y no para, según sus palabras, “nuestros adversarios y competidores que también saben de nuestras riquezas y vienen a nuestro vecindario para apoderarse de esos recursos“. O sea, monroísmo recargado y de ahí la necesidad de instalar una base en Neuquén. Cuarto, y más reciente, la insolente intervención pública de la Amcham (la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina) que con fecha del 22 de septiembre dio a conocer un documento en el cual textualmente dice: «En función del posible tratamiento durante el día de hoy en el Honorable Senado de la Nación sobre el proyecto de ley que pretende sustituir el artículo 21 del Decreto Ley 1285/58, proponiendo la ampliación sustancial de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (Amcham Argentina) manifiesta su preocupación ante la sola posibilidad que esto se concrete». O sea, las empresas estadounidenses ¡se sienten cómodas con la Corte Suprema y el Poder Judicial que tenemos! Para ellas, el cáncer del lawfare no existe, es sólo el delirio de algunos espíritus alucinados en el campo popular. Urge revertir estas tendencias y reconstruir la soberanía nacional porque sin ella la democracia termina convirtiéndose en una farsa.

Fuente de la Información: https://www.pagina12.com.ar/484192-la-neocolonizacion-de-la-argentina

 

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Ucrania: ¿cómo y por qué se fabricó la guerra?

Por: Atilio A. Borón

Antes de ser elegido presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower fue el primer comandante de la OTAN. En febrero de 1951, pocos meses después de asumir sus funciones escribió textualmente lo siguiente: “Si en 10 años todas las tropas americanas estacionadas en Europa con el propósito de asegurar la defensa nacional no han regresado a Estados Unidos, entonces este proyecto, la OTAN, habrá fracasado.”

Las tropas no regresaron sino que su presencia en Europa no cesó de acrecentarse. No sólo eso sino que una vez desintegrada la Unión Soviética y contrariando las solemnes y huecas promesas de los principales líderes de los gobiernos occidentales (Clinton, Bush, Obama, Helmut Kohl en Alemania, Tony Blair en el Reino Unido, etcétera) en el sentido de que “la OTAN no se movería una pulgada hacia el Este” trasladaron pertrechos y efectivos hasta las fronteras mismas de Rusia. ¡Cómo! ¿No era que el enemigo era la Unión Soviética y el comunismo? No. El enemigo era, y es, Rusia, una país demasiado extenso y poderoso cuya sólo presencia, sea bajo un régimen comunista o capitalista, es un obstáculo a los planes de dominación mundial (Chomski dixit ) de Estados Unidos.

Cuando en 1997 Bill Clinton da comienzo a la ampliación de la OTAN la nieta de Eisenhower, Susan, reunió las firmas de 49 renombrados especialistas (militares, diplomáticos y académicos) y publicó una carta abierta el 26 de Junio diciendo que el “plan para expandir la OTAN es un error político de proporciones históricas”. Susan tomó muy en cuenta la opinión que poco antes -el 5 de Febrero en un artículo publicado en el New York Times- había expresado nada menos que George Kennan, el diplomático que con su famoso “Long Telegram” del 22 de Febrero de 1946 enviado al presidente Harry Truman ( y firmado con el pseudónimo de Mister X) había sido el arquitecto de la política de la “contención” del expansionismo soviético que poco después daría lugar a la creación de la OTAN. Hondamente perturbado por las intenciones de Clinton, Kennan escribió en esa pieza que “la expansión de la OTAN sería el más trágico error de la política de Estados Unidos en toda la era de la post-guerra fría … porque impulsaría la política exterior de Rusia en una dirección que decididamente no sería la que deseamos.”

Clinton, y con él todo el complejo industrial-militar y financiero, desoyó las advertencias del veterano diplomático y siguió con su política. Estimular las guerras y el gasto militar era lo que se suponía debía hacer Washington, dado que sus políticos en la Administración y el Congreso financian sus carreras políticas con las contribuciones de las grandes empresas de aquel sector. No había terminado de derrumbarse la URSS cuando el Subsecretario de Defensa de George W. Bush padre, Paul Wolfowitz, produjo una “Guía para la Planificación de la Defensa” que se filtró a la prensa el 7 de Marzo de 1992 planteando en su primer acápite que “Nuestro primer objetivo es evitar la reaparición de un nuevo rival, ya sea en el territorio de la antigua Unión Soviética o en cualquier otro lugar, que suponga una amenaza … lo cual requiere que nos esforcemos por evitar que cualquier potencia hostil domine una región cuyos recursos, bajo un control consolidado, serían suficientes para generar un poder global.”

El escándalo fue mayúsculo y el unilateralismo extremo de su contenido dio pie a que fuera calificado, inclusive en ciertos medios del establishment , como imperialista. También causó zozobra que su autor planteara, sin mayores tapujos, la importancia de “intervenciones militares preventivas” para neutralizar las posibles amenazas de otras naciones y evitar que regímenes autocráticos se convirtieran en superpotencias. Por supuesto, el destinatario del documento es claramente la Rusia pos-soviética. Después que el documento se filtrara a la prensa el Pentágono publicó la versión edulcorada, en realidad, una mera tentativa de “reducción de daños” cubriendo, infructuosamente, sus expresiones más brutales con un lenguaje más diplomático pero sin abandonar en lo más mínimo las tesis centrales de la “Guía”. («U.S. Strategy Plan Calls For Insuring No Rivals Develop». The New York Times. , 8.3.1992)

La reconstrucción del poderío económico y militar de Rusia alentó la aparición de nuevas reflexiones y “policy papers” recomendando a la Casa Blanca diversos cursos de acción. Los avances militares de aquel país quedaron de manifiesto en su decisivo papel en la derrota de la insurgencia jihadista en Siria, pantano creado por la decisión de Washington de querer derrocar a Basher al Assad con la ayuda del Estado Islámico y sus decapitadores seriales. Lo mismo cuando después del golpe del 2014 en Ucrania, en una fulminante operación, Vladimir Putin reintegró Crimea a la jurisdicción rusa. Pero en 2019 aparece un documento fundamental publicado nada menos que por la Rand Corporation y cuyo título lo dice todo: “Sobreextendiendo y desbalanceando a Rusia.” Según sus autores en sus páginas se “enumeran opciones no violentas y de imposición de costos que Estados Unidos y sus aliados podrían promover en las áreas económica, política y militar para estresar a Rusia –sobreextendiendo y desbalanceando- su economía, sus fuerzas armadas y la estabilidad de su régimen político.” El documento examina prolijamente las diversas áreas para cada una de las cuales presenta varias opciones. Por ejemplo, en la economía imponer sanciones y trabas comerciales, acabar con la dependencia europea del gas ruso, favorecer las exportaciones norteamericanas de gas hacia Europa y fomentar la emigración de científicos y gentes con elevada formación técnica para privar a Rusia de este tipo de recurso humano. Para cada una de estas opciones se estimaba la probabilidad de éxito de la medida, sus beneficios y también sus costos y riesgos, y a partir de allí se formulaba una recomendación.

En el terreno militar se contemplaba, en primer lugar, suministrar ayuda letal a Ucrania, acrecentar el apoyo a los rebeldes sirios, promover la liberalización en Bielorrusia, expandir los lazos entre Estados Unidos y los países del Sur del Cáucaso y reducir la influencia rusa en Asia Central. Nuevamente, cada una de estas alternativas es sopesada en términos de probabilidades de éxito, sus beneficios y sus costos. El informe puede consultarse aquí.

Conclusión: tal como lo dijimos antes de conocer este documento y como lo ratificamos aún con más fuerza, la de Ucrania es una guerra inmoralmente provocada por Estados Unidos y sus aliados europeos. Sin reparar en los terribles costos humanos de la guerra, que ahora las potencias occidentales lloran con lágrimas de cocodrilo, cerraron todas las opciones a Rusia, que inclusive en un momento, llegó a proponer iniciar conversaciones para ingresar a la OTAN, actitud que no suscitó en las muy democráticas y humanistas potencias occidentales la menor intención siquiera de comenzar a conversar sobre el tema. Ninguno de los justos reclamos rusos en materia de seguridad fue escuchado, como si pudiera construirse un orden mundial estable y seguro para todos menos para una superpotencia como Rusia, acosada desde el Báltico hasta el Mar Negro.

Los perversos planes de Wolfowitz y la Rand son de una elocuencia irrefutable. Es la hoja de ruta que ha diseñado Estados Unidos para, con la complicidad de los despreciables gobiernos europeos, destruir a Rusia como se hizo con Yugoslavia. Nadie puede predecir cómo terminará esta guerra, no obstante, conviene recordar con Clausewitz que durante siglos Rusia fue atacada, hostigada e invadida. En cada caso al principio parecía que la debacle sería inevitable, pero siempre supo revertir lo que parecía un resultado cantado y derrotar a sus agresores. ¿Será distinto esta vez?

Ucrania: ¿cómo y por qué se fabricó la guerra?

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La imperdonable soledad de Julian Assange

La imperdonable soledad de Julian Assange

Atilio Borón

Fuentes: Página/12

Julian Assange está enterrado por la “Justicia” inglesa en una cárcel de máxima seguridad. Lo de enterrado no es una tramposa apelación a una palabra que nos estremece sino un sobria descripción de la celda en la cual -de a poco, hora tras hora- el fundador de WikiLeaks va cumpliendo la sentencia de muerte que la tienen reservada.

¿La razón? Haber filtrado a la prensa cientos de miles de documentos probatorios de la infinidad de asesinatos, torturas, bombardeos y atrocidades que Washington perpetró en Irak, Afganistán y en otros países, cosa que ocultaba con sumo cuidado. Ese fue el crimen de Assange: informar, decir la verdad. Y tal cosa constituye una afrenta imperdonable para el imperio que persiguió al periodista por años.

La valentía del presidente Rafael Correa (ya manifestada cuando expulsó a las tropas de Estados Unidos de la base de Manta) lo puso a salvo de esa amenaza concediéndole no sólo asilo en la embajada del Ecuador en Londres sino la ciudadanía ecuatoriana. La nauseabunda discapacidad moral de su corrupto sucesor, Lenín Moreno, privó a Assange de ambas cosas y lo entregó inerme a las autoridades británicas; es decir, a manos de uno de los más despreciables lugartenientes de la Casa Blanca. Y ahí sigue, esperando lo que parece un final ineludible: su extradición a Estados Unidos. Allí el periodista será exhibido como un trofeo, torturado psicológica y físicamente hasta lo indecible y luego, con maldita astucia, condenado a una dura sentencia, aunque menor a los 175 años pedidos por el fiscal y enviado a una cárcel, en donde poco después morirá descosido a puñaladas en una bien orquestada “riña de reclusos.” En un infinito alarde de hipocresía Washington se apresurará a declarar su pesar por tan lamentable desenlace y el presidente enviará condolencias a sus deudos. Moraleja que el imperio desea grabar a fuego sobre una piedra: ”quien revele nuestros secretos lo pagará con su vida.”

Hablábamos de la soledad de Assange en estos días finales del aciago 2021 y la calificábamos de imperdonable. ¿Por qué? Porque el calvario que ha martirizado al australiano no ha provocado, salvo en Londres, masivas manifestaciones de solidaridad y apoyo a su causa. Sorprende y preocupa que ésta no haya sido asumida como propia por la izquierda y los movimientos populares que sí libraron grandes batallas a finales del siglo pasado y comienzos de éste en contra del Acuerdo Multilateral de Inversiones –abortado, ni bien sus leoninas cláusulas secretas fueron reveladas por hackers canadienses- o contra el neoliberalismo, el ALCA, y los tratados de libre comercio hoy no se movilizan para exigir la inmediata liberación de Assange. Creo que esta desgraciada situación obedece a varios factores: primero, el debilitamiento y/o desorganización de las fuerzas sociales que libraron aquellas grandes batallas, producto del permanente ataque sufrido a manos de los gobiernos neoliberales; segundo, por la suicida exclusividad que en la construcción de la agenda de los movimientos contestatarios tienen los temas económicos, siendo que éstos no pueden ser el único asunto que convoque a su militancia. La lucha anticapitalista y antiimperialista tiene varias facetas, y la batalla por la información y la publicidad de los actos del gobierno es una de ellas. Y en ella Assange es nuestro héroe, que resiste en soledad. A lo anterior hay que agregar un tercer factor: el nefasto papel de la “prensa libre”, es decir, la antidemocrática concentración de poderes mediáticos que jamás asumió no digamos la defensa de un periodista de verdad como Assange sino que se esmeró en ocultar la información sobre el caso. La “canalla mediática”, que nada tiene que ver con el noble oficio del periodismo, se alineó voluntariamente para ocultar los crímenes denunciados por Assange y justificar su encarcelamiento. Es decir, se hizo cómplice de sus verdugos.

Ojalá que la izquierda y los movimientos populares reaccionen a tiempo y abandonen su abulia en este tema. Mucho puede aún hacerse para salvar la vida de Assange: desde un tuitazo mundial apoyando su causa hasta fomentar una masiva cibermilitancia en las redes sociales y organizar multitudinarias manifestaciones callejeras en las principales ciudades del mundo reclamando su libertad y presionando a los gobiernos para que se solidaricen con el periodista amordazado.. Todavía se está a tiempo. Las grandes organizaciones populares no pueden ni deben ser cómplices de su martirio. ¡No le suelten la mano a Assange, no lo dejen solo!

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/392590-la-imperdonable-soledad-de-julian-assange

Fuente de la Información: https://rebelion.org/la-imperdonable-soledad-de-julian-assange/

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