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La educación y su beneficio social

Por: Mario Alejandro Valencia

Una educación en contexto, ligada con la realidad y la busqueda de la solución de problemas como pobreza, inequidad, corrupción, debe ser el propósito para transformar nuestra sociedad

Inicia un nuevo semestre universitario y vale la pena que quienes tenemos la oportunidad de ser profesores reflexionemos sobre la utilidad de la educación que estamos brindando. En las ciencias naturales: física, química, biología y matemáticas hay constantes debates sobre la conexión que debe existir entre la teoría y la práctica, y debe haberlos con mayor razón en ciencias como la psicología, antropología, sociología y economía, para resolver los principales problemas de la sociedad.

Un aspecto fundamental para lograr esta conexión es la de tener instituciones capaces de entenderlo y aplicarlo, con universidades que desempeñen un papel de “promover el enfrentamiento de ideas”, como lo afirma el profesor de Oxford Chris Patten.  “La libertad de expresión resulta entonces fundamental, ya que permite a las universidades conservar un sentido de humanidad común y mantener la tolerancia mutua”, agrega, lo que conviene tener en cuenta a propósito de lamentables hechos recientes que involucran a una poderosa universidad de Bogotá.

La economía, como ciencia social, siempre estará sujeta a debates por su efectividad. Uno de tantos elementos de este debate está ligado a la formación del talento humano y la naturaleza del trabajo, pues “casi la mitad de las profesiones de hoy podrían estar automatizadas en 2025”, según Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial. Para Schwab, las universidades de hoy “están dominadas por estrategias para el aprendizaje que son fundamentalmente individualistas y competitivas por naturaleza”, que deben rediseñarse para centrarse en habilidades “necesarias para colaborar con los demás, la innovación y la solución de problemas”.

Las universidades de hoy están dominadas por estrategias para el aprendizaje
que deben rediseñarse para centrarse en habilidades
“necesarias para colaborar con los demás, la innovación y la solución de problemas”.

El tipo de enseñanza de la competencia salvaje, muy propia del modelo neoliberal que promueve un diseño incorrecto de la propiedad intelectual para que empresas maximicen el conocimiento colectivo pero minimicen su aporte al conjunto de la sociedad, como afirma Joseph Stiglitz, “impide el aprendizaje, y por lo tanto conducen, a la larga, hacia estándares de vida más bajos”.

La educación de ‘sálvese quien pueda’, desconoce que solo el 5 % del tiempo total de la existencia humana ha estado vinculada a la existencia de la propiedad privada y la prevalencia del individualismo, pero que el aspecto sobresaliente en la naturaleza humana, que permitió superar los obstáculos evolutivos, fue el alto sentido de colaboración en la caza, la recolección y la crianza.

Sobre la relación entre la educación universitaria y el crecimiento económico, Derek Bok, profesor de Harvard y quien fuera su presidente durante décadas, revela la importancia del pensamiento crítico y la capacidad para resolver problemas, preparando a los alumnos “para ser ciudadanos activos e informados”, por encima de “considerar la educación únicamente como un medio para obtener puestos de trabajo y dinero”.

Una educación en contexto, ligada con la realidad y la búsqueda de la solución de los problemas de la humanidad como la pobreza, la inequidad, la apatía cívica, la corrupción y la intolerancia, debe ser el propósito para transformar nuestra sociedad.

Fuente:http://www.las2orillas.co/la-educacion-y-su-beneficio-social/

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La empresa educativa.

Los resultados de las Pruebas Pisa abren interrogantes en el modelo educativo en Colombia.

Por: Yolanda Reyes.

Al final de 2016, cuando estábamos pensando más en vacaciones que en exámenes, se revelaron los resultados de las Pruebas Pisa, esa competencia organizada por la Ocde cada tres años que hace temblar a los ministros e incluso a los presidentes de los países participantes. Es tal su impacto mediático que suele decirse, medio en broma y medio en serio, que el periodo ideal de un ministro de Educación debe ser menor de tres años, de modo que pueda posesionarse después de divulgados los resultados de “una Pisa” y renunciar antes de la divulgación de los siguientes.

Frente a unos resultados bastante predecibles en las muestras de los 73 países participantes y una tendencia al estancamiento que quizás indica que este mundo adolorido requiere de una apuesta educativa diferente, el desempeño de las muestras de los quinceañeros colombianos mostró una mejora numérica en lectura y ciencias que enorgulleció al presidente Santos. “Este es un paso clave en el propósito de convertirnos en el país mejor educado de América Latina en 2025”, declaró con esa seguridad que reduce la educación a sacar mejor nota que el vecino. “La gran mayoría de los países permanecen estancados y solo 20 por ciento mostró mejora. Colombia hace parte de este reducido grupo”, afirmó y completó su argumentación enumerando cifras y programas: 37 millones de textos escolares, 2 millones de computadores y tabletas, 22 millones de libros distribuidos en bibliotecas, 30.000 nuevas aulas del Plan Nacional de Infraestructura, Ser Pilo Paga y un largo etcétera.

  Si bien es innegable la influencia de la educación en el desarrollo económico de las personas y de los países, lo cual la somete a las consideraciones de costo-beneficio que hoy regulan casi todas las actividades humanas, la propuesta educativa de un país no puede ser (no debe ser) un discurso numérico ni una competencia para “ganar”, sino una apuesta cultural, política y humana construida por una sociedad en un momento específico de su historia para imaginar a las nuevas generaciones y entregarles aquello que considera esencial, más allá de un sentido instrumental. En ese sentido, tiene mucho de sueño y conlleva una interpretación –o muchas interpretaciones, a veces contrapuestas– de los marcos éticos, de la historia, de los prejuicios, de los problemas y de los desafíos propios de ese país, en ese tiempo y en ese mundo del que hace parte.
 Si los últimos resultados de Pisa no le importaron a este planeta del ‘brexit’, de Trump y de tantas guerras y crisis humanitarias, quizás es porque nos están revelando la crisis de un modelo educativo centrado en la competencia y en la globalización que vale la pena cuestionar. ¿De qué sirve que los adolescentes obtengan resultados sobresalientes en ciencias, matemáticas y lectura, si no logran calcular el impacto de sus decisiones electorales ni leer el dolor y la particularidad de los otros, ni asumir su responsabilidad en un mundo inequitativo y cruel, como el que se nos revela hoy?

En el caso específico de Colombia, en pleno posconflicto, necesitamos preguntarnos si bastan los puntajes de Pisa o de Ser Pilo o el eslogan de “la más educada” como apuesta de país. ¿Qué significa educar, aquí y ahora? ¿Podemos seguir manteniendo esta dicotomía entre la educación pública y la privada que nos ha segregado en castas? ¿Cuáles son las alternativas para salir de este modelo? ¿Cómo se refleja lo que somos y nuestro sueño de país en la forma como hablamos sobre educación? ¿Cómo pensar una cultura educativa más allá de puntajes, coberturas y adversarios a los que debemos derrotar? Esa es la discusión que requiere este país: la verdadera empresa educativa, en el sentido de acometida humana, para el periodo que comienza.

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-empresa-educativa/16793313

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El pueblo sin niños.

Por: Saturnino Acosta.

No creerán lo que les voy a relatar pero es absolutamente cierto. Existe un pueblo en Escocia, al norte del Reino Unido, donde está prohibido que vivan niños. Sus ciudadanos pueden recibir visitas de éstos a determinadas horas y con cierta frecuencia pero no vivir, aunque sí dejan una mascota siempre que no sean ni patos, conejos, palomas y abejas. Tampoco crean que todos pueden vivir allí, hay que tener más de 45 años. La explicación de tales inusuales restricciones es que el pueblo fue creado con esas condiciones, y los propietarios del terreno sólo venden casas con esas premisas, pensando en formar un pueblo específico para vivir con absoluta tranquilidad hasta el final de los días. Eso sí, el lugar elegido al parecer es un paisaje de cuento.

Contrariamente a Firhall, los pueblos extremeños quieren niños, es más, necesitan niños para no morir, y para que haya niños necesitan una escuela, porque ello implica que las familias terminen trasladándose a la localidad más cercana, con escuela, y sin niños el futuro no tiene futuro, como en Firhall, solo la espera, además de influir en el aislamiento rural ya de por sí relevante en muchas poblaciones. Todavía suelo escuchar cuando conozco a alguien residente o nacido en un pueblo, como con orgullo en su descripción incluye «es pequeño pero tiene una escuela», otra manera de decir mi pueblo vive y seguirá vivo.

 Es por eso por lo que la supresión de unidades jurídicas en centros pequeños, aulas para que me entiendan, aunque no se cierren colegios, es de especial importancia.

En ese sentido, no crean que es un gasto superfluo mantener escuelas o unidades con pocos alumnos, incluso con escasos alumnos, evidentemente mientras sus padres así lo deseen. Ese gasto que pareciera no cumpliera los requisitos de racionalización del gasto educativo está cumpliendo con creces la misión más importante que la escuela pública ofrece y que es la garantía de que cualquier alumno nacido donde haya nacido tenga el mismo acceso a la misma educación en igualdad de condiciones.

La escuela rural sólo tiene una solución que además no sólo compete a Extremadura y no sólo es educativa. Políticas para incentivar a las familias y a quien pretenda tenerla, desde el Estado al municipio y empleo.

Fuente: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/pueblo-sin-ninos_992108.html

Imagen: https://i.ytimg.com/vi/WSBBt9YER68/hqdefault.jpg

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La disciplina de la innovación.

Innovación debería entenderse como el esfuerzo sistemático de la institución educativa de prepararse con renovada ambición para la misión que tiene encomendada.

Por: Ferran Ruiz Tarrago.

Las instituciones están diseñadas para la continuidad y su funcionamiento no admite paréntesis ni vacíos por redefinición de su misión o de sus métodos. En las instituciones tradicionales, la idea de cambio viene a ser una contradicción en sus términos. Los centros educativos ocupan un lugar destacado entre las instituciones de la sociedad, pues de manera permanente y estable proporcionan un servicio público de gran demanda y de carácter crucial, dado que tienen la misión de garantizar los aprendizajes, promover los valores humanos y proporcionar un entorno seguro en el que los alumnos y sus padres puedan confiar plenamente. En este sentido son entes morales y núcleos de optimismo esenciales para la estabilidad y el progreso de la comunidad.

Mucho se habla estos días de innovación educativa y de la necesidad de llevar a cabo importantes cambios desde abajo, es decir, por iniciativa de profesores y directivos escolares comprometidos con mejorar la educación aquí y ahora, sin esperar, ni tampoco confiar, en una enésima iniciativa gubernamental. Muchos centros educativos han hecho suyo este planteamiento y se han puesto manos a la obra para reenfocar la organización escolar, las actividades docentes, los aprendizajes y su evaluación. Convencidos de que enlazan con lo mejor de la tradición pedagógica, estos colegios, institutos y escuelas abrigan la esperanza de transmitir a su entorno inmediato y a la sociedad que están llevando a cabo un proceso de innovación educativa profundo y urgente, beneficioso para los alumnos y para la adaptación del sistema educativo a las nuevas realidades y a los retos de una sociedad en cambio.

UNA REALIDAD COTIDIANA

Innovación es pues el término del momento, aunque no se conozca exactamente lo que conlleva en la práctica ni signifique lo mismo para todos. Según los diccionarios, innovar es algo tan habitual como hacer por primera vez, introducir algo nuevo o efectuar cambios. Bajo esta acepción, la innovación educativa es una realidad cotidiana, dado que siempre hay cambios y siempre los ha habido. Como ejemplos baste citar la incorporación de nuevos objetivos relacionados con el conocimiento (como el enfoque por competencias o la incorporación de nuevas materias al currículo); la promoción de ciertos valores por demanda social o mandato político (como la igualdad de género, la no violencia, la tolerancia y el respeto a la diversidad cultural); o bien, la generalización del uso de distintos tipos de recursos (como las tecnologías digitales, los museos o las visitas culturales). El profesorado tiene pues una gran experiencia en innovar, sea de ‘motu proprio’ o bien obedeciendo directivas administrativas.

Es importante destacar que la idea de innovación educativa que actualmente circula por las escuelas y llega a los medios de comunicación, suscitada por diversos proyectos y singularmente por la iniciativa Escola Nova 21, no se atiene a patrones de innovación como a los anteriores, sino que plantea la generalización de “prácticas educativas avanzadas” por medio de la iniciativa y la colaboración de los propios centros educativos.

Dichas prácticas hacen referencia a asuntos pedagógicamente muy relevantes, como la potenciación de la centralidad y la implicación emocional del alumno, la personalización del aprendizaje, el rol menos transmisivo y más orientador del profesorado, la evaluación por medio de la evidencia, la investigación y el trabajo colaborativo y por proyectos como bases de la actividad educativa.

LA NECESIDAD DE UNA CONCEPCIÓN CLARA

Estas ambiciosas propuestas deben encajar en unas instituciones diseñadas para la estabilidad, que cuentan con unas estructuras organizativas y funcionales tradicionales y consolidadas. Conseguir que dichas propuestas sean provechosas, viables y sostenibles requiere una concepción clara de la innovación, que se distinga nítidamente de la miríada de cambios concretos derivados de la aplicación más o menos coordinada de metodologías, procesos o instrumentos alternativos. Innovación —en singular— debería entenderse como el esfuerzo sistemático de la institución educativa de prepararse con renovada ambición para llevar a cabo la misión que tiene encomendada y, al mismo tiempo, colmar unas aspiraciones de mejora que son legítimas y necesarias. Desarrollar y aumentar la capacidad del centro educativo es una disciplina que, como señalaba Foucault, se ejerce amalgamando voluntad, conocimiento y poder mediante un trabajo serio, constante y focalizado.

La envergadura de este reto es enorme. Lo es para los profesores, que tienen que analizar los modelos, los supuestos implícitos y las rutinas que condicionan sus prácticas docentes, expandir sus conocimientos, colaborar y aprender en equipo y a la vez hacerse corresponsables de las decisiones, de los resultados y de los inevitables ajustes sobre la marcha, con el consiguiente aumento de su carga de trabajo.

El reto incumbe tanto a profesores como a los directivos escolares, sobre quienes recae la responsabilidad de mirar adelante

El reto es acaso mayor para unos directivos escolares sobre los cuales, además de gestionar el día a día, recae la responsabilidad de mirar adelante y proponer opciones de futuro, construir una visión compartida clara para todos y tomar decisiones que consigan resultados satisfactorios, afianzando al mismo tiempo la acción de conjunto y los canales de comunicación con la comunidad educativa. Asimismo deben actuar sabiendo que la prisa es enemiga del rigor y del trabajo profundo y provechoso de docentes y alumnos. Concebir la innovación como una disciplina de desarrollo de capacidades a largo plazo es la manera más segura de evitar confundir movimiento con progreso y de proporcionar al cambio educativo la solidez y la dimensión institucional que precisa.

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/educacion-innovacion-pedagogica-escola-nova-5753297

Imagen: http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/5/0/alumnos-una-escuela-barcelona-1480977922305.jpg

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Todos contra el bullying.

Por: Ángel R. Calvo Rodríguez.

Cuando se han apagado las noticias sobre el penúltimo caso de acoso escolar, conviene retomar el problema considerando las actuaciones de los centros que, no estando exentos del peligro del acoso, actúan de forma eficaz para prevenirlo. ¿Qué hacen los profesores de los centros que no salen en los medios de comunicación porque han conseguido controlar el acoso y la victimización escolar? La práctica educativa de los profesores de estos centros contiene las siguientes particularidades:

Identifican manifestaciones de bienestar de los alumnos en el aula. Son profesores capaces de darse cuenta que un niño se encuentra bien en clase porque descubren sonrisas y gestos más o menos explícitos que relacionamos con sentirse bien. Valoran la conducta desinhibida con el maestro y con los compañeros que refleja la ausencia de miedo o inseguridad en el centro y atienden al deseo de los niños de ir al colegio a pesar de las restricciones y el trabajo que supone la vida escolar.

Conocen las interacciones de los alumnos. Observan cómo se relacionan entre sí los alumnos: quién inicia las relaciones y las propuestas de juegos o trabajos, quién ofrece alternativas, quién realiza lo propuesto sin cuestionarlo, etc. Esta observación permite: identificar alumnos que son menos participativos en actividades grupales e introducir ligeras correcciones en las conductas de esos alumnos. Además, permite incrementar el conocimiento de algunas características de los alumnos sobre las que se pueda intervenir para mejorar o controlar sus relaciones.

Extreman la vigilancia. Estos profesores vigilan especialmente las zonas del centro (patio de recreo, aseos, vestuarios, etc.) que por su carácter más privado o por la presencia de diferentes alumnos puedan constituir fuente de inseguridad para los alumnos.

Intentan averiguar las causas que originan malestar en los alumnos. Cuando detectan que algún alumno se siente mal, incrementan la vigilancia para identificar situaciones de malestar o preocupación y, en caso necesario, informan al orientador del centro para recabar información complementaria del alumno.

Utilizan estrategias educativas para estimular la interacción social. A través de estas interacciones buscan desarrollar el conocimiento entre los alumnos, establecer relaciones afectivas y desarrollar formas de relaciones respetuosas.

Las actuaciones se desarrollan en el contexto de enseñanza aprendizaje. Se trata de que las actuaciones educativas ordinarias contribuyan tanto al desarrollo del aprendizaje como de la interacción social respetuosa. Además, generalmente no se realizan actividades ni se utilizan profesionales ajenos al centro.

Todas estas actividades se realizan a pesar del aumento del número de alumnos a los que tienen que dedicarse, a pesar de la falta de recursos, pesar de las medidas impuestas de evaluar por estándares atomizados olvidándose del alumno en su globalidad.

Fuente: http://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2017/01/18/bullying/798739.html

Imagen: https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSs3sjS-XS8to1kXK-XF9n1CRirkMzOb6Tkxs2z8g5DKLeS-y7u4A

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Las universidades, su huella de carbono y la verdadera modernidad.

Por: Juan Palomar Verea.

Las universidades, como centros neurálgicos de la educación, tienen una primordial obligación respecto al medio ambiente: reducir al mínimo su huella de carbono, y a través de ello, colaborar a la salud pública y a la formación de todos sus alumnos, empleados, maestros, comunidad en general. A estas alturas todos sabemos que el reducir dicha huella (el impacto global sobre la atmósfera terrestre) es vital para la vida en el planeta.

¿Cómo hacerlo por la vía de los hechos? Una de las principales vías es limitar al máximo uno de los factores del funcionamiento universitario que posiblemente es el más perjudicial para el entorno: los desplazamientos automotores de su comunidad. Entre más lejanos y dispersos sean los planteles e instalaciones académicas mayor es el gasto en combustible y tiempo para acceder cotidianamente a ellos (en transporte público o privado).

La Universidad de Guadalajara, por ejemplo, ha seguido una política de alejar algunas de sus instalaciones de las áreas céntricas y mejor comunicadas de la ciudad. Para que un alumno (o cualquier ciudadano), por ejemplo, pueda consultar un libro que ocupa en la Biblioteca Pública del Estado (manejada por la U de G) debe, en la gran mayoría de los casos, imprimir una significativa huella de carbono en perjuicio del medio ambiente, e invertir mucho tiempo de traslado. O no ir (poca afluencia).

Esta práctica de abandonar las áreas consolidadas tapatías colabora además activamente para restarle vitalidad y viabilidad al centro. Teodoro González de León, no lo olvidemos, señalaba que el principio del desastre del centro de México fue el traslado de la comunidad universitaria de la Unam hacia el lejano campus del Pedregal.

El Iteso, por su parte, tuvo un inicio prometedor, hacia 1957, cuando comenzó a crear una red de planteles, cuatro o cinco, en el centro de la ciudad. El espejismo de los campus a la manera norteamericana, del Tec de Monterrey y de la Unam, fomentó la plusvalización de los lejanos terrenos donados por don José Aguilar, y sus áreas colindantes, a través de la creación, hacia 1962, del actual campus al sur de la mancha urbana. Queda la especulación, aún vigente: ¿qué sería haber continuado con el sistema céntrico, como la Universidad de Salamanca, la Sorbona y tantas otras? ¿Qué sería hacerlo ahora?

Ambas universidades hacen esfuerzos por mejorar sus efectos perjudiciales sobre el medio ambiente. La U de G acaba de anunciar que adquirió 29 vehículos eléctricos y 9 híbridos para integrarlos en su flotilla compuesta de centenares vehículos convencionales. El Iteso, por su parte, ha convertido su campus en un admirable jardín botánico y trata sus propias aguas residuales. Además ha prohibido el unicel, y está haciendo la lucha por cancelar el uso de los popotes y las botellas de PET, junto con el fomento a las prácticas del transporte compartido y la bicicleta.

Habría, además de estos loables esfuerzos, que profundizar drásticamente en otras medidas. La U de G, por ejemplo, podría regresar una parte significativa de la biblioteca del Estado (no un pedacito) a la Casa de la Cultura Jalisciense del Agua Azul. Podría, en vez de continuar alejando sus instalaciones, desarrollar en las inmediaciones del citado parque, estratégicamente situadas en el corazón metropolitano y que ofrecen grandes oportunidades, un gran distrito universitario (ya hay otro pie de cría: el Teatro Diana). Otra oportunidad: restaurar integralmente el Jardín Botánico (conforme a la ilustración original del proyecto del siglo XVIII que se acompaña) y que es parte integral, clínica y educativa del frontero Hospital Civil, manejado por la propia U de G.

O el Iteso, por ejemplo. Bien podría descentralizar su campus, ya pletórico y congestionadísimo de coches, a la manera como muy meritoriamente lo empezó a hacer con gran éxito y aceptación de su comunidad y del público en general, con la Casa Iteso-Clavijero, instaurada hace más de diez años en la Casa González Luna de Luis Barragán. Bien se habla de los beneficios ambientales de las aproximadamente 40 hectáreas del campus-jardín con el que cuenta. Pero nunca se habla de la incalculable y mayúscula huella de carbono (y del altísimo desperdicio de tiempo y desgaste humano), que ha representado históricamente, y representa hoy, el cotidiano traslado de los miles de integrantes de su comunidad hasta dicho campus. Porque, paradójicamente, entre más queda el campus rodeado de desarrollo urbano, más complicado, tardado y contaminante es llegar a él: más se aleja en términos reales. Esto se aplica a todos los centros educativos periféricos (el Tec, etcétera).

Las universidades tienen una indeclinable y esencial obligación cívica. Una de las primeras es impulsar la sustentabilidad (en todos los sentidos) de sus ciudades, de sus comunidades. Los tiempos y las circunstancias cambian: es más que hora de que los centros educativos replanteen su papel en la urbe, de que se superen esquemas obsoletos y dañinos, de que apuesten por una verdadera modernidad.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2017/01/20/las-universidades-su-huella-de-carbono-y-la-verdadera-modernidad/

Imagen: http://ep00.epimg.net/ccaa/imagenes/2013/08/06/valencia/1375814820_020515_1375815150_noticia_normal.jpg

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El desafío educativo de 2017.

Por: Juan María Segura.

La educación es la actividad que mayor capacidad transformadora y oportunidades de progreso demostró a lo largo de toda la historia de la humanidad, generando ciencia, medicina e instituciones, y asegurando la transferencia de valores y legados de generación en generación. Dentro de la práctica educativa, el concepto de la calidad obró siempre como una fuerza aspiracional poderosa, animando a actores e instituciones a superar sus propios límites, ya sea a través de la innovación en formatos y prácticas de enseñanza, como en la calidad de los contenidos generados para apuntalar dinámicas de aprendizajes significativos.

Cada época impone retos y desafíos particulares que el sistema educativo y sus actores deben comprender e integrar a sus prácticas, transformándolos en propuestas originales y en ofertas relevantes para los nuevos problemas emergentes. En este sentido, el comienzo del siglo XXI se presenta como un momento de cambio trascendental y paradigmático en la historia de la humanidad.

Nunca antes la raza humana experimentó un salto cualitativo de tal magnitud y proporciones en sus condiciones de vida. Nunca. Los progresos anteriores, todos, el fuego, la lanza, la pólvora, el cultivo de las plantas, la escritura, la imprenta, la medicina, la energía eléctrica, la máquina de combustión, el automóvil, la energía nuclear, palidecen frente a lo ocurrido a partir de la invención de internet y de la liberación del flujo de información en el mundo. Repentinamente, el mundo moderno que puso al hombre en la luna y que creo máquinas, infraestructura y sistemas universales de derechos, finalmente está dando paso a un nuevo formato de sociedad hiperconectada, descentralizada, que trabaja y co-crea en red.

En este nuevo contexto sociocultural y tecnológico, el hombre debe enfrentar con dinamismo y determinación problemáticas que por su complejidad, originalidad o escala requieren nuevos abordajes. Las prácticas y recetas del pasado solo pueden aportar, en el mejor de los casos, una parte de la solución de dichos problemas.

En comparación con la situación vivida bajo el paradigma de la información escasa, en donde se definía a un analfabeto por su incapacidad para leer y escribir, en la actualidad avanzamos hacia un contexto organizativo en el cual se reconocerá a un analfabeto por su incapacidad para aprender y desaprender en un entorno de hiperconectividad y sobreabundancia de información. Esta afirmación, compartida por científicos y especialistas, obliga a poner especial atención en los procesos cognitivos involucrados en el aprendizaje a lo largo de toda la vida, no solo en los primeros años de vida y no exclusivamente dentro de los muros de un aula como la conocemos.

Nuevos saberes y competencias son exigidos. Iluminados por los avances de las neurociencias, y apuntalados por el robustecimiento de las teorías del aprendizaje, se vuelve tan necesario como posible dotar a aprendices y ciudadanos de una mirada cosmopolita, crítica y holística del mundo, pero a la vez despertar en ellos la sensibilidad necesaria frente a las culturas y causas locales, y el activismo y protagonismo explícito ante problemáticas que afectan la sustentabilidad del planeta.

En el inicio del año 2017, es mi deseo que los actores políticos y las instituciones de educación en Argentina se animen a innovar. Educar en un entorno VUCA (por los términos en ingles volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) es el mandato de estos tiempos para educadores e instituciones.

Entiendo las lógicas de la política, las necesidades de mayorías en las cámaras del Congreso y la teoría del pato rengo. Pero con la educación no se juega, y mucho menos en este contexto histórico de transformación.

En marzo, una vez que se hagan públicos los resultados del Operativo Aprender, finalmente sabremos con precisión lo mal que rinde el sistema de educación nacional. ¿Estamos preparados para actuar? ¿Estamos capacitados para proponer transformaciones que cambien el curso de esta historia? ¿Estamos decididos a arriesgarnos? ¿Deseamos ser arquitectos del nuevo sistema, con todo el trabajo que ello supone? Deberíamos.

Fuente:  http://www.lagaceta.com.ar/nota/715308/opinion/desafio-educativo-2017.html

Imagen: http://img.lagaceta.com.ar/fotos/notas/2017/01/16/tmb2_715308_201701152056440000001.jpg

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