Page 723 of 2742
1 721 722 723 724 725 2.742

El docente es orientador, facilitador y “mediador educativo”

Por: Idex Veler. 

En el marco de la Tecnología Educativa en los años 70 y 80 el docente era definido como guía porque debía conducir al alumno de manera directiva y milimétrica, utilizando una ruta rígida -en un marco de reforzamiento- hasta que él. estudiante alcanzara el objetivo planificado. La concepción del maestro orientador y facilitador alcanza su máxima expresión con el enfoque metodológico constructivista que considera que, además de orientar y aconsejar a sus alumnos, le corresponde propiciar espacios y recursos pertinentes para que se logren los aprendizajes “previstos”

Actualmente se asume que el docente es un “mediador educativo, porque es un actor que está presente como persona en el acto educativo mismo”. Él está allí con sus capacidades, valores, y actitudes, conocimientos. Pero, sobre todo porque sus satisfacciones, frustraciones, debilidades, aspiraciones van a favorecer o interferir la motivación, la adquisición, la evaluación, así como las acciones de retroalimentación en los procesos pedagógicos

Es su persona con su “hacer, saber y ser” la que media entre el currículo y el alumno en sus respectivos entornos. Juega un rol clave en las actividades educativas que es donde se desencadena el potencial curricular explicitado en los programas de estudios. Y es donde se produce la compleja relación intersubjetiva entre maestro y alumno, apareciendo los “saberes previstos y los imprevistos” El maestro con sus silencios, modo de hablar, gestos, favorecerá positiva o negativamente en los aprendizajes. de sus educandos.

La función docente “mediadora” lógicamente, es viable debida o indebidamente en las clases presenciales. Es muy débil en las clases por radio y televisión En las virtuales con plataformas de comunicación y cooperación así como con servicios digitales multidireccionales las posibilidades son mejores.

Fuente del artículo: https://diariocorreo.pe/opinion/el-docente-es-orientador-facilitador-y-mediador-educativo-noticia/

Comparte este contenido:

Profesores al borde de un ataque de nervios

Por: Carlos Pérez y Rosario Mendía.

Los más de 100 días de educación a distancia empiezan a tener consecuencias en los docentes a nivel nacional. Reportan que entre encuentros de Zoom y mensajes de WhatsApp en las horas más insólitas han empezado a experimentar cuadros de estrés, insomnio, caídas de pelo y problemas cutáneos. Coletazos de una nueva normalidad lejos de las aulas que, por lo menos para ellos, no parece tener mejoría en el corto plazo.


Como una forma de contribuir a la información de calidad en un momento de crisis, La Tercera ha liberado de su muro de pago toda la información sobre la pandemia del coronavirus. Si quieres respaldar nuestro trabajo, te invitamos a suscribirte hoy.

Francisca es profesora jefe de prebásica en un colegio particular en Lo Barnechea. Hoy realiza 11 clases online a la semana, además de elaborar un cuadernillo, un video con ejercicios, guías para los alumnos, planificaciones semanales e informes para las familias. Normalmente, ella llegaba a las 7:50 a.m. al establecimiento y se iba a las 13:30 horas, menos un día que salía a las 5 p.m. “Ahora puedo estar hasta las dos de la mañana en el computador”, cuenta la docente, quien agrega que la pandemia le dio un giro radical a su rutina. “Quiero renunciar día por medio”, dice, más en serio que en broma.

”El primer mes y medio no dormía nada, de angustia, de no saber cómo funcionan las cosas, de no poder hacer participar a todos los niños, de no alcanzar a hacer las cosas”, confiesa Francisca. En julio, afirma, ya logra conciliar el sueño, pero todavía no descansa: “Me despierto en la mitad de la noche porque pienso, ‘¿agendé bien la clase?, ¿pedí los materiales correctos?’. O se me ocurren ideas, entonces me levanto de la cama y las anoto en post-it”, cuenta.

Testimonios como el de Francisca no son difíciles de encontrar en los establecimientos del país. La mayoría, eso sí, pide anonimato por temor a represalias, algo que se da sobre todo en colegios particulares pagados, donde la amenaza de los apoderados de dejar de pagar la mensualidad, por los cambios en el “servicio” entregado, han hecho que las escuelas les exijan a los docentes duplicar y a veces triplicar las clases en línea para así justificar el cobro.

Una encuesta hecha por el portal Educar Chile, respondida por 1.051 docentes y educadores entre el 19 de mayo y el 5 de junio, reveló que el 23% de ellos asocia la implementación de la educación a distancia con un estrés constante y un 20%, con aumento de presión.

“Mi sensación no es cansancio, es insipidez de sentir que estás haciendo lo mejor y le puedes dedicar toda tu cabeza, pero sientes que igual te quedas a medias”, dice la profesora Teresita Caraccioli.

“Como estado emocional, los profesores en general tienen preocupación y ansiedad”, explica la antropóloga Ana María Raad, exdirectora del portal Educar Chile y hoy al frente de EcosiSTEAM, un programa de la Universidad de Harvard para acelerar el aprendizaje. Para ella, esta realidad se da por la “combinación de rutinas, el aumento de la carga laboral y mucho tiempo de estarse adaptando y reinventándose sin mucha claridad tampoco de cuál es el siguiente paso”.

Teresita Caraccioli es profesora de Biología del Liceo Amanda Labarca, en Vitacura, donde hace clases en seis cursos entre quinto básico y cuarto medio y, también, lleva la jefatura de un segundo medio. Ella además de ser docente es madre de Tomás, de apenas un año, y cuenta que se despierta todos los días a hacer clases y organizar su material mientras su pareja cuida a su hijo. “Cuando uno está con él, el otro está trabajando y cuando el otro está trabajando, uno lo cuida. Y después hay que hacer las cosas de la casa: aseo, lavar la ropa, cambiar las sábanas…”, así dice que se le pasa el día.

Pero a pesar de que la suya es una rutina de locos, cree que el cuerpo no le ha pasado aún la cuenta: “Mi sensación no es cansancio, es insipidez de sentir que estás haciendo lo mejor y le puedes dedicar toda tu cabeza, pero sientes que igual te quedas a medias”.

La culpa

Raúl -quien no se llama así, pero pidió ser identificado con ese nombre- llegó en marzo desde Santiago a trabajar en un colegio subvencionado de Alto Hospicio. Si bien no era su principal motivación para irse de la capital, su nuevo plan de vida consideraba disfrutar de la playa y el clima de Iquique, pero nada fue así. “Pensaba meterme en un deporte playero, pero hoy sólo pensar en bajar a la playa me distrae”, cuenta, y agrega que desde que llegó a esta ciudad sólo pudo pisar un día la arena, un domingo de marzo cuando recién habían comenzado las clases.

“Ha sido muchísimo trabajo, yo diría que el doble o el triple de lo habitual”, opina Mario Aguilar, presidente del Colegio de Profesores.

En su establecimiento la mayoría son alumnos de escasos recursos, que muchas veces presentan problemas de conectividad en las clases a distancia. “Me estresa enseñar así, es una pega super de asistente social porque tienes que estar ‘persiguiendo’ a las familias, ya que hay algunas que tienen un montón de problemas. Hay mamás que me dicen que no tienen cómo conectarse a la plataforma del colegio, porque es pagar internet o la luz. ¿Cómo no le voy a decir que no se preocupe por las tareas de su hija?”, reconoce, al reflexionar sobre el escenario que ha extendido sus jornadas de trabajo. “Estoy viviendo con culpa. Cada vez que quiero ver una película ya son las 10 de la noche, pero estoy subiendo algo del colegio”, explica.

Este tipo de reportes han llegado al Colegio de Profesores. Según Mario Aguilar, presidente del organismo, esto sucede porque nadie -ni el Ministerio de Educación ni los sostenedores ni los profesores ni los alumnos-, estaba preparado para la educación a distancia, lo que ha resultado en más trabajo para los docentes. “En los hechos, el profesor trabaja y sigue conectado a veces hasta altas horas de la noche, porque hay familias donde los padres trabajan y en la noche recién pueden consultar, llamar, enviar un WhatsApp o un correo electrónico y hay que responder. Ha sido muchísimo trabajo, yo diría que el doble o el triple de lo habitual”, opina Aguilar.

El dirigente dice que si bien no manejan cifras sobre la incidencia del estrés o de licencias médicas en el profesorado, éstas deberían aumentar en relación con el período anterior a la pandemia. “Preliminarmente, me atrevería a decir que va a haber un alza en las tasas habituales de licencias médicas porque se está reportando muchísimo estrés, agobio, agotamiento y cansancio”, comenta.

Alguien que podría engrosar este registro es Alejandra, guía de salón -algo así como la profesora jefe- en el preescolar de un colegio Montessori del sector oriente de Santiago. Ahí ha debido adaptarse, modificando su metodología de educación a la pantalla y lidiando con padres que reclaman que el trabajo que hace es insuficiente para educar a sus hijos, una dinámica que ha impactado en su salud. “Me ha generado un montón de alergias, me ha dado dermatitis nerviosa, se me empezó a caer el pelo, duermo mal todas las noches y tengo como un cansancio generalizado”, reconoce la docente, quien para contrarrestar estos problemas comenzó a meditar y a hacer rutinas de ejercicios de media hora.

”Creemos que el uso de las tecnologías de teletrabajo va a generar también un compromiso mayor de la salud mental de los profesores”, opina Dante Castillo.

Ella dice que detenerse tampoco es una alternativa, porque de la dirección del colegio le piden atender las solicitudes de los padres sin mucha posibilidad de queja. “Al final tengo la presión de que esto tiene que salir sí o sí porque necesito la pega. Esa es una de las grandes presiones que tenemos hoy los profesores porque nadie puede decirle que no al trabajo”, explica.

Si bien no existen cifras sobre el momento de la salud mental de los profesores, pronto las habrá gracias a un estudio pedido por el Colegio de Profesores y que está realizando el sociólogo y doctor en educación Dante Castillo, director del Centro de Estudios e Investigación Enzo Faletto de la Facultad de Humanidades de la Usach. Ahí medirán dos tipos de expresiones sicosociales en los docentes: la tecnoansiedad -la vinculación emocional con el uso de las tecnologías- y la tecnofatiga -los sentimientos de cansancio y agotamiento mental y cognitivo asociados a su uso-.

Las preguntas se les están haciendo llegar actualmente a profesores de educación básica y media de establecimientos municipalizados, subvencionados y particulares pagados y los resultados que serán publicados durante este mes serán homologables a trabajos que se están haciendo en universidades de España, Francia y Brasil. Castillo cuenta que hizo un estudio preliminar en noviembre del año pasado, en el contexto del estallido social cuando algunos establecimientos debieron recurrir a clases online. Los resultados mostraron que un 11% de los docentes manifestó algún tipo de patología de alta intensidad. O sea, estaba tecnoansioso o tecnofatigado.

”En este nuevo estudio, el porcentaje de profesores con alguna patología va a ser mayor por temas de agotamiento emocional. Creemos que el uso de las tecnologías de teletrabajo va a generar también un compromiso mayor de la salud mental de los profesores”, opina Castillo, y explica que este instrumento lo están pensando para prepararse y adelantar los escenarios para cuando ocurra la vuelta a clases presenciales.

Jorge Poblete, subsecretario de Educación, dice que en el ministerio están periódicamente levantando las inquietudes y preocupaciones de la comunidad educativa. “Los cambios y adaptaciones que han tenido que hacer los profesores durante este período nos han impulsado a realizar diversas iniciativas de contención y apoyo socioemocional para nuestros docentes”, explica.

En ese sentido, destaca que la semana pasada lanzaron la “Bitácora para el Autocuidado Docente”, una herramienta de trabajo personal, voluntario y autónomo para que los profesores puedan desarrollar su propio aprendizaje socioemocional. “Esta herramienta también ayuda a la regulación de las emociones y entrega recomendaciones específicas para trabajar la motivación, la recuperación de energías y, así, avanzar hacia el bienestar socioemocional”, dice Poblete. Esta medida se suma a un ciclo de conferencias online lanzadas hace algunos meses por el ministerio y que están destinadas específicamente al desarrollo socioemocional de todos los actores de la comunidad educativa.

En esa cancha emocional le ha tocado jugar mucho en estos meses a Isabel, profesora de prebásica en un colegio en Cerro Navia, que, además de las actividades académicas, tiene que llamar por rutina una vez a la semana a los apoderados de sus 28 alumnos. “El otro día me llamó una apoderada a las 20:30 horas y yo pensé que era por algo importante porque lloraba y lloraba, pero era para contarme algo nada que ver, sobre un accidente de tránsito”, recuerda la docente y agrega otra “anécdota” sobre lo mismo: “Me pasó con una apoderada que me decía ‘tía, yo estoy super mal emocionalmente, mi hijo me ve mal y él también está estresado’. Ahora me di cuenta de que tengo que estar preguntando cómo está el niño y cómo está él o ella, porque de eso también depende el aprendizaje de mi alumno”.

Para Ana María Raad, esa responsabilidad emocional es otro de los factores que se suma al cansancio de los docentes. “En este momento también se ha potenciado o amplificado ese rol porque también están haciendo de resorte emocional con los niños y de la comunicación con las familias”, afirma la experta.

”Hay muchos papás que dicen ‘para eso te pago, lo mínimo es que hagas algo’… ¿Los colegios? Toman una postura de servicio al cliente, de ‘estamos para servirle’. Las decisiones de aumentar las clases en línea las toman por estos reclamos, jamás se ha hecho una encuesta al profesorado, pero sí a los apoderados”, dice Paula.

Isabel cuenta que no duerme bien, termina de trabajar y a las 19:00 horas empiezan los WhatsApp de los papás que le envían las tareas y muchas veces le piden consejos. Dice que duerme en la pieza que convirtió en una sala de clases y que habla con sus amigos por donde mismo se comunica con los apoderados. “No hay separación de trabajo y vida privada”, se queja.

El cliente siempre tiene la razón

Paula enseña Lenguaje y Ciencias Sociales a niños de segundo y tercero básico en un colegio particular de Las Condes, y tiene claro cuál ha sido su mayor problema en este período: “Me causa una contradicción hacer clases a través de una pantalla; estoy violando mis principios porque sé que no les hace bien a los niños”, dice, y después detalla un trance que han vivido muchos profesores de colegios privados. Cuenta que partieron con dos clases online a la semana, pero los apoderados reclamaron argumentando que no estaban recibiendo un servicio al nivel de lo que pagaban y un día el gerente de finanzas del establecimiento los llamó a una reunión.

”Comparó la situación del colegio con la de Latam. ‘¿Vieron lo que pasó ahí? Nosotros no quisiéramos llegar a algo así’, nos dijo. Fue una especie de amedrentamiento que me pareció super evidente”, recuerda la docente al referirse a una situación que, según afirman algunos profesores, ha ocurrido en varios establecimientos. “Hay muchos papás que dicen ‘para eso te pago, lo mínimo es que hagas algo’… ¿Los colegios? Toman una postura de servicio al cliente, de ‘estamos para servirle’. Las decisiones de aumentar las clases en línea las toman por estos reclamos, jamás se ha hecho una encuesta al profesorado, pero sí a los apoderados. Nadie nos ha preguntado nuestra opinión como expertos en educación sobre tener a niños de tercero básico 45 minutos frente al computador. Pero al cliente sí se le pregunta”, alega Paula.

Desde el Colegio de Profesores, Mario Aguilar dice que se trata de un fenómeno que han visto recurrentemente. “Hay colegios pagados que tratan de mantener la ‘clientela’ o el ‘servicio’, que son dos conceptos que para mí están muy distorsionados respecto de lo que debe ser la educación. Han ejercido muchísima presión hacia el profesorado para que responda mensajes a toda hora y estar poco menos que 24/7 conectado y disponible”, opina.

“Llevamos cuatro meses en este ritmo, después de tener unas vacaciones ridículas que se pusieron cuando no eran necesarias. ¡Las necesito ahora!”, comenta Pilar, profesora.

Esta mirada más economicista de la educación es denunciada por algunos docentes. Francisca -la profesora de un colegio de Lo Barnechea con que partía el artículo-, recuerda que “al principio teníamos cuentas de Zoom gratis y a la media hora se nos cortaba la clase, entonces no alcanzábamos a despedirnos o a explicarles algo a los niños”. Si la clase se acababa sorpresivamente las profesoras enviaban un mensaje a los apoderados pidiendo disculpas y un mensaje de despedida a los niños para que entendieran que se terminaba la clase. Aunque a los receptores, esto no siempre les caía bien. “Las que ponen la cara para todos esos errores somos nosotras. Entonces, nos dicen que las profesoras cortamos las clases, cuando es el colegio el que no es capaz de pagar Zoom; que las profesoras son las que agendan mal las clases, cuando en realidad la plataforma es la que falla; que los niños se aburren porque la rutina es todo el rato igual, cuando el colegio no nos permite hacer más clases u ocupar otras herramientas”, se queja.

Ana María Raad dice que la visión de los educadores en Latinoamérica es bastante distinta a la del mundo anglosajón y al europeo. “Ahí tienen un reconocimiento, una admiración y una valoración de la profesión de los docentes. Aquí estamos acostumbrados a tener una relación más bien de exigencia de servicios educativos y muy poca comprensión del rol del profesor”, explica.

Ante esta presión han surgido iniciativas como la campaña #RecesoPedagógico, iniciada desde organizaciones de docentes, con el argumento de que las vacaciones de invierno que fueron adelantadas por el Ministerio de Educación y que se extendieron entre el 13 y el 24 de abril no sirvieron para aplacar el cansancio de los docentes.

Una de las que plantea eso es Pilar, profesora de Arte en un colegio de Las Condes. “Llevamos cuatro meses en este ritmo, después de tener unas vacaciones ridículas que se pusieron cuando no eran necesarias. ¡Las necesito ahora! En otros colegios van a dar semanas, pero sin avisarles a los papás porque si no, van a alegar. Ojalá que este artículo remueva el alma de las personas y digan: ‘es que se lo merecen’”, exhorta la docente.

“Hay que darle certidumbre al sistema. Tanta incertidumbre es parte del agotamiento, porque no se sabe si se vuelve o no; eso genera un estrés adicional muy fuerte”, opina Aguilar.

Según Raad, este cansancio del profesorado es una realidad mundial, tal como lo reportó un estudio hecho por la Universidad de Harvard con la OCDE que dio cuenta de profesores sobrepasados en distintos países. “No hay una disposición ministerial respecto a las vacaciones y hoy hay colegios que han decidido entregar unos días y otros que no lo han hecho, pero ahí no tengo una respuesta oficial. Lo que sí está clarísimo es que se requiere por lo menos un tiempo de descanso, no sólo para los niños, sino para los profesores. Eso es transversal a los colegios privados y públicos, porque cuando se tomó la decisión de adelantar las vacaciones de invierno no se veía este escenario en julio”, opina la antropóloga.

En ese sentido, desde el Colegio de Profesores explican que ya le hicieron una petición formal al Ministerio de Educación para que se concrete un receso durante este mes. El subsecretario Poblete afirma que “los establecimientos educacionales tienen la posibilidad, dentro de un marco flexible, de adecuar sus actividades durante el período de cuarentena. Esto podría significar, por ejemplo, un cambio de actividades, jornadas de reflexión del cuerpo docente, actividades de contención socioemocional, entre otras”.

Raad dice que hay una expectativa de que se dé una señal más formal o institucional con respecto a las vacaciones de invierno, “aunque eso signifique que el año escolar va a durar más tiempo, pero en realidad se recomienda llegar a puerto en buenas condiciones que hacerlo todos reventados”. Aguilar alude a otra razón importante para una nueva detención de las clases: disminuir la incertidumbre. “Hay que darle certidumbre al sistema. Tanta incertidumbre es parte del agotamiento, porque no se sabe si se vuelve o no; eso genera un estrés adicional muy fuerte”, comenta el presidente del Colegio de Profesores.

Un agotamiento al que no se acostumbran los docentes y que algunos aseguran les ha dejado un “trauma”. Pilar -la profesora de Arte de un colegio de Las Condes- cuenta que a pesar de los vaivenes que han tenido en los últimos meses aún tienen formas de distraerse. En su caso se reúne virtualmente algunas noches con otras docentes a través de videollamada, un canal que no a todas les gusta: “Tengo una amiga que es del grupo y siempre le aviso que nos vamos a juntar por Zoom, pero me responde ‘llevo 12 horas frente a la pantalla, por favor no hagamos un encuentro por ahí… no quiero saber de Zoom ni de Meet ni de nada’. Así estamos”.

Fuente del artículo: https://www.latercera.com/tendencias/noticia/profesores-al-borde-de-un-ataque-de-nervios/TC4ZS5LEVZBO5A7FVR7KH6AOVM/

Comparte este contenido:

Decisiones vitales para transformar la educación del mañana

 

Por: Audrey Azoulay.

Cuando la Unesco anunció que 1.500 millones de alumnos —más del 90% de ellos— no podían ir a la escuela o a la Universidad porque estaban cerradas a causa de la covid-19, el dato provocó conmoción en todo el mundo. Estas cifras nos afectaron profundamente a todos, porque hacían realidad algo hasta entonces impensable: un mundo sin escuelas.

Este trauma compartido nos hizo a todos tomar conciencia de que la educación es un bien común mundial. Una sociedad sin escuela y sin aprendizaje, o con una enseñanza en condiciones muy degradadas, está destinada al abandono social, ético y económico. El derecho a la educación debe defenderse firmemente, asumiendo todas las consecuencias que ello conlleva.

A este respecto, la comunidad internacional tiene una responsabilidad colectiva que debe manifestarse, en primer lugar, en un incremento de la inversión en educación. La Unesco estima que, incluso si los países mantuvieran el porcentaje actual de inversión pública en educación respecto al PIB, los recursos disponibles para el sector educativo se reducirían en 210.000 millones de dólares en 2020 debido al impacto económico de la covid-19, y es probable que esta estimación empeore. Por tanto, es necesario aumentar tanto la proporción de la ayuda mundial destinada a la educación como los recursos asignados al sector educativo en los presupuestos nacionales.

La crisis de la covid-19 nos recuerda también la omnipresencia de unas desigualdades estructurales que se han agudizado durante la pandemia, entre países, pero también dentro de cada uno de los países, sin excepción. Es un hecho que las poblaciones más vulnerables, como las personas con discapacidad, los refugiados y los desplazados, los más pobres, los jóvenes y las niñas son quienes tienen más dificultad para acceder a la educación; incluso cuando tienen acceso, a menudo se encuentran en situaciones de marginación, en particular debido a la estigmatización.

Así, hemos podido comprobar que la educación a distancia a través de Internet no puede ser una panacea en la actualidad, cuando en el África subsahariana solo el 18% de los alumnos disponen de conexión en su casa (frente al 57% a escala mundial).

Por tanto, nuestro esfuerzo mundial en materia de educación debe tener por objeto la reducción de todas esas desigualdades, en particular aplicando medidas concretas para que la educación sea más inclusiva. Ahora que los centros educativos van abriendo sus puertas en muchos países, se debe prestar especial atención a que las niñas y jóvenes vuelvan a la escuela o a la Universidad.

¿Cómo esperar que la escuela sea el principal vehículo para reducir las desigualdades sociales y económicas o para construir la ciudadanía del futuro si es en sí misma un lugar lleno de desigualdades?

Por último, la pandemia nos ha llevado a todos —alumnos, docentes, sindicatos, padres, Administraciones, sociedad civil— a replantear los fundamentos de la educación. ¿Qué papel puede desempeñar la educación a distancia o por Internet? ¿Qué relación se ha de establecer entre los distintos protagonistas del proceso de aprendizaje? ¿Cuáles son los valores y principios sobre los que debe construirse la educación del mañana?

Esa es precisamente la finalidad de la iniciativa Futuros de la Educación de la Unesco: pensar cómo debería ser la educación en 2050 y más allá. La Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación, compuesta por personalidades de diversos horizontes, ya ha iniciado su trabajo de reflexión y presenta ya nueve ejes en los que se pueden aplicar medidas muy rápidamente. No obstante, se trata de una labor a largo plazo que se nutrirá del diálogo y el debate con los jóvenes, los agentes del mundo de la educación y, más ampliamente, la ciudadanía de todo el mundo. Por eso, queremos que cada persona se sienta invitada a participar en este diálogo mundial.

Nos encontramos en una encrucijada. Ha llegado el momento de actuar colectivamente por el bien común mundial que es la educación. De forma inmediata, aumentando la inversión y luchando contra las desigualdades; y, a medio plazo, reflexionando juntos sobre el futuro de la educación. Convirtamos la crisis de la covid-19 en una toma de conciencia colectiva sobre la importancia de los bienes comunes fundamentales como la salud o la educación.

Fuente del artículo: https://elpais.com/educacion/2020-06-30/decisiones-vitales-para-transformar-la-educacion-del-manana.html
Comparte este contenido:

Computadores e Internet para garantizar el derecho a la educación

Por: Ángel Pérez Martínez. 

 

Sin estos dos bienes no se garantizará el derecho a la educación y se ampliará la brecha social. 

Con la pandemia, las escuelas cerradas y el confinamiento, el peso de la familia y las condiciones donde viven y estudian los niños cobró renovada importancia. La riqueza material e inmaterial (cultura, formación, tipo de trabajo e intercambios sociales) de la familia y el tiempo que puedan destinar los padres de familia, la calidad de estos acompañamientos y las capacidades para involucrarse en el proceso educativo de los hijos en la casa, ahora, resultan imprescindibles. 

Desde los años setenta del siglo pasado Pierre Bourdieu y otros señalaron que gran parte de la vida y de la forma como nos involucramos en la sociedad, así como las oportunidades de desarrollo de las personas dependen del capital económico, el capital cultural y el capital social de las familias (entorno) en el que nacen los seres humanos y transcurre su vida.  

Esta es una de las razones por la que sociólogos, economistas y educadores han insistido que en el ordenamiento social los niños con desventajas económicas, culturales o sociales tienen menos oportunidades educativas que su contraparte, los niños que nacen o provienen de familias con mayor riqueza.

Luego, en países como Colombia, donde existe una altísima concentración de los ingresos y de la riqueza, no hay nada nuevo cuando se afirma que una minoría de niños tienen mayores recursos (materiales e inmateriales) para aprender, y que, si la sociedad y el Estado no buscan compensar estas inequidades con los otros niños, a través, por ejemplo, de un sistema educativo de buena calidad para todos, estas desventajas se ampliarán en el tiempo.

Estas desventajas de los niños, a futuro, se legitimarán por la vía del mérito, porque en aparentes condiciones de igualdad, competirán unos y otros para acceder a instituciones educativas de educación superior de calidad o para acceder al mercado laboral, mediante concursos, donde se vincula el conocimiento con habilidades profesionales o personales.  

El sociólogo y pedagogo Emile Durkheim, desde comienzos del siglo pasado, sustentó la necesidad de considerar la educación como un hecho social, donde la escuela es una institución que permite a la humanidad un método privilegiado de integración, de socialización y de aprendizaje. En este proceso, los países desarrollados, de manera especial los europeos, después de la segunda guerra mundial, enfatizaron en la inversión y calidad de los sistemas educativos, como una forma de cerrar brechas sociales y de luchar contra la pobreza y las inequidades que producen no solo la riqueza material, sino la pobreza cultural y las interacciones sociales de las familias.  

La cantidad y calidad de los recursos materiales que los hogares destinen para apoyar el proceso educativo en casa del niño o adolescente pasan por: destinar un lugar y un escritorio o mesa donde el estudiante pueda concentrarse y realizar las labores educativas, con o sin virtualidad; contar con libros y otros utensilios educativos, de acuerdo con el grado escolar y las necesidades que determine el docente y; tener acceso a Internet y a un computador, por lo menos. Los padres que trabajan en casa y tienen un hijo, o más, saben que un solo computador no resuelve el problema. 

Sobre los recursos materiales en casa para estudiar, diversos estudios muestran que los niños con desventajas económicas durante el encierro están muy afectados. Como lo mencioné en el artículo anterior, una encuesta aplicada en Inglaterra por investigadores del Institute for Fiscal Studies a 4.000 padres de familia de estudiantes entre 4 y 15 años encontró que los niños, ubicados en la quinta parte de ingresos más altos de las familias pasan 5,8 horas al día en actividades educativas, 75 minutos más que sus pares, en el quinto más pobre de los hogares 4,5 horas al día.

También, el estudio señaló que 58% de los niños más pobres, de primaria, no cuentan con un espacio donde estudiar en casa. En Chile otra encuesta del proyecto Educación 2020 encontró que el 67% de los estudiantes no tienen materiales para realizar tareas y el 63% no tienen un espacio cómodo para estudiar.  

En Colombia los datos del DANE señalan que mientras el 97% de las familias estrato 5 y 6 tienen conexión a Internet, solo el 17% de las familias que pertenecen al estrato 1 acceden a este servicio. Además, se conoce que cerca de 5 millones de estudiantes de los colegios oficiales no tienen en sus casas ni conexión a Internet, ni computadores. Este dato nos permite afirmar que más del 60% de los estudiantes más pobres hoy no tienen posibilidades de recibir de los colegios oficiales y de sus maestros enseñanza en línea, de manera virtual. 

Con pandemia o sin pandemia, la sociedad y el Gobierno deben reconocer que sin computadores y sin Internet de buena velocidad no existen posibilidades reales de educación de buena calidad para los niños más pobres.  

Por fortuna el país empieza a reaccionar para solucionar este problema de inequidad y de exclusión. En el último mes el MEN anunció la compra de 101.771 portátiles a $526.416 cada uno. La ministra de las TIC sostuvo que el país comprometerá recursos en los próximos 10 años por $2,1 billones para lograr conectar a 10.000 sedes educativas rurales, con la ventaja adicional que se beneficiarán las familias que viven en el entorno. Además, varias secretarías de educación ya anunciaron esfuerzos similares. 

Destaco el caso de Bogotá que adquirió 100.000 computadores con su respectivo acceso a Internet para suplir las necesidades de 300.000 estudiantes en la ciudad, y lo más importante, de manera complementaria, convocó a una Donatón (entre el 29 de junio y el 31 de julio) a los empresarios, a las cooperativas y en general a los ciudadanos que estén en capacidad de hacerlo, para que donen dinero, o computadores nuevos o usados (en buen estado), de tal manera que se puedan entregar equipos a una mayor parte  de los 200.000 niños de la ciudad que aún no cuentan con computador. ¡Invito a ser solidarios en favor de los niños de la ciudad!

Fuente del artículo: https://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/computadores-e-internet-para-garantizar-derecho-a-la-educacion-por-angel-perez/292420

Comparte este contenido:

¿Cómo va la educación virtual en Colombia?

¿Cómo va la educación virtual en Colombia?

Balance de las ventajas, desventajas y retos que la virtualidad enfrenta en nuestro país después de tres meses de cuarentena.

Francisco Cajiao*

Educación y Escolaridad

Antes que nada, es importante esclarecer la diferencia entre dos conceptos que suelen usarse como sinónimos: educación y escolaridad. Si bien la educación abarca el proceso gradual de adquisición de competencias cognitivas (escolaridad), también involucra procesos de desarrollo emocional fundamentales para la formación de ciudadanos capaces de vivir en sociedad.

Teniendo en cuenta esta distinción, es necesario preguntarse qué efectos ha tenido la virtualidad en el aprendizaje formal y en procesos de desarrollo emocional como la formación de vínculos, la colaboración con pares, el reconocimiento de la diversidad y la participación activa en procesos democráticos, como la construcción de identidad y la capacidad de autocontrol.

Estos últimos tienen un lugar preponderante en la educación presencial: el intercambio continuo entre niños, familias, maestros y funcionarios administrativos permite el aprendizaje de valores cívicos y morales. Sin duda, una de las funciones fundamentales de este tipo de educación es construir comunidades educativas.

Por otra parte, es importante señalar que el aprendizaje de los contenidos formales que permite el desarrollo sistemático de competencias lingüísticas, matemáticas, científicas y artísticas varía dependiendo de la edad, la motivación, la madurez biológica y emocional y la experiencia vital de cada individuo. En ese sentido, también debemos preguntarnos por la eficacia de la virtualidad entre personas de edades diferentes.

Ventajas y desventajas de la virtualidad

Indudablemente, los programas informáticos de alta calidad que usan inteligencia artificial resultan más eficientes que la didáctica tradicional para acceder a información, proveer ejercicios interactivos y explicar las ideas y procedimientos de las diversas disciplinas porque combinan recursos que no tienen profesores en un salón de clases: imágenes, sonido, videojuegos, simulaciones, hipertexto, etc.

En ese sentido es cierto que la instrucción virtual puede tener efectos notables en los procesos de instrucción. Sin embargo, desde una perspectiva práctica, no es tan claro, al menos en Colombia, pues en las últimas pruebas Saber Pro, las universidades que cuentan la oferta virtual más amplia, estuvieron en el grupo de aquellas que tuvieron los puntajes más bajos

Sobre este punto es importante aclarar que, si los profesores se limitan a dictar clases tradicionales a través de computadores, tabletas y celulares, es imposible aprovechar las capacidades que se obtienen con el diseño de Objetos de Virtuales de Aprendizaje (OVA)

Desde que llegó la pandemia, ha predominado el uso de aparatos tecnológicos para dar cátedras tradicionales, enviar lecturas y poner tareas. Como han señalado los rectores de varias universidades, lograr una verdadera educación virtual es costoso y requiere un cambio de mentalidad difícil de conseguir.

Mientras no aprovechemos el verdadero potencial que ofrecen las nuevas tecnologías, no podemos esperar que la educación virtual tenga efectos positivos en los estudiantes.

En la educación básica resulta aún más complicado emitir juicios de valor porque, aunque chicas y chicos parecen estar familiarizados con los aparatos tecnológicos, su relación con la virtualidad se limita principalmente a juegos y redes sociales, así que no está claro cómo responden a los procesos de aprendizaje formal.

Habrá que esperar a que regresen a las clases presenciales para saber a ciencia cierta cuánto progresaron en lectura crítica, matemáticas, ciencias e historia. Esa evaluación será fundamental para discriminar el progreso por grupos de edad, condición socioeconómica y nivel educativo de sus cuidadores.

La importancia de la sociabilidad

Desde comienzos del siglo XX, pedagogos, psicólogos y neurólogos han insistido en que el juego tiene un papel fundamental en el desarrollo biológico del cerebro humano porque es la forma como los niños se acercan al mundo usando los sentidos y la motricidad.

Piaget señaló acertadamente que los niños comprenden los objetos a través de la acción. Así pues, comprenden qué es un balón y para qué sirve pateándolo y lanzándolo, no leyendo sobre él ni contemplándolo. Entonces, ¿qué imagen del mundo están construyendo los pequeños a través de pantallas que únicamente muestran representaciones de las cosas? No en vano, muchos ‘gurús digitales’ les prohíben las pantallas a sus hijos hasta que cumplen doce años.

Es innegable que la educación virtual presenta grandes limitaciones en términos de sociabilidad. En estos meses llenos de video llamadas, los niños han perdido la oportunidad de socializar con los pares que tenían en las aulas de clase. El contacto físico es tan importante que a pesar de que estas tecnologías existen hace dos décadas, los altos ejecutivos siguen viajando de un lugar a otro para resolver problemas, hacer negocios y emprender nuevos proyectos.

La brecha digital

Además de las limitaciones que presentan las nuevas tecnologías en materia de sociabilidad, tenemos un problema aún más difícil de resolver: la desigualdad en el acceso a los aparatos fantásticos que permiten viajar del interior de una célula a la última frontera del universo en segundos.

Para visitar virtualmente los mejores museos del mundo, oír música proveniente de todas las latitudes, visitar bibliotecas remotas, editar vídeos y diseñar edificios es necesario contar con equipos de cómputo de última tecnología porque los equipos viejos cada vez soportan menos programas y no pueden procesar información compleja. En Colombia, la brecha digital es enorme: solo los más privilegiados contamos con conexión a internet y equipos en buen estado.

Un artículo publicado recientemente por el portal 070 señala que, de acuerdo con el
DANE, apenas el 9,4% de los hogares en zonas rurales cuenta con un computador de escritorio, portátil o tableta. Así mismo, menciona que el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana (LEE) advirtió que el 96% de los municipios del país no podrá impartir lecciones virtuales porque menos de la mitad de sus estudiantes de grado once tiene computador e internet en su casa.

Esto significa que pese a los esfuerzos realizados por el Ministerio, las Secretarías de Educación y los maestros, gran parte de la población se ha visto damnificada por la brecha digital. Los más pobres no tienen más remedio que acudir a transmisiones televisivas o radiales como si aún vivieran en el siglo pasado.

Incluso si tuviéramos equidad digital —a pesar de los costos y la obsolescencia programada—, tendríamos que enfrentar las numerosas limitaciones que presenta la virtualidad, y las desigualdades sociales que caracterizan a Colombia.

Por ahora, todo parece indicar que el miedo al virus hará que el confinamiento de los niños se extienda en gran parte del país lo que queda del año.

[1] Los OVAs son diseños instruccionales que incorporan contenidos digitales autocontenibles, interoperables, flexibles y accesibles; están basados en un propósito educativo, capaces de incorporar actividades de aprendizaje y de evaluación, utilizando herramientas de contextualización.

Autor: Francisco Cajiao

Fuente de la Información: https://razonpublica.com/va-la-educacion-virtual-colombia/

Comparte este contenido:

Libro: Situación de las juventudes rurales en América Latina y el Caribe

Situación de las juventudes rurales en América Latina y el Caribe

Autora: Maia Guiskin /  CEPAL

 

Serie Estudios y Perspectivas-Sede subregional de la CEPAL en México, N° 181 (LC/TS.2019/124-LC/MEX/TS.2019/31), Ciudad de México, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2019.

 

Si bien los jóvenes rurales son actores centrales para el desarrollo de sus territorios, desde el ámbito académico y de las políticas públicas se ha abordado la juventud desde una perspectiva predominantemente urbana, sin considerar que la realidad de los jóvenes que residen en áreas rurales difiere en múltiples aspectos respecto a la de sus pares urbanos, situándolos en una posición de mayor exclusión y vulnerabilidad social. Lo anterior se refleja en la falta de datos actualizados desagregados por grupos de edad y área geográfica, que permitan ahondar en las particularidades de la juventud en contextos rurales y en el marco de las profundas transformaciones productivas y demográficas de dichos territorios. (Introducción, p. 9)

 

Descargue este libro aquí: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45048/1/S1901202_es.pdf

Fuente de la Información: https://www.observatoriodelajuventud.org/situacion-de-las-juventudes-rurales-en-america-latina-y-el-caribe/

 

 

 

Comparte este contenido:

México: Morir en el magisterio poblano (Parte II)

Morir en el magisterio poblano (Parte II)

Para mi colibrí, por la libertad de su vuelo 

Miguel Ángel Rodríguez

Este texto, por la índole de los sucesos que narra, bien podría ser una carta dirigida, en primera instancia, a Luis Miguel Barbosa Huerta, gobernador de Puebla y al secretario del trabajo Abelardo Cuellar Delgado, con copia a Santiago Nieto Castillo, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y, hasta cabría, para la mismísima secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, para que intervengan, con carácter de urgencia, en la deconstrucción de las estructuras neoliberales de saqueo y atropello a los derechos y prestaciones laborales del magisterio poblano a la hora de su muerte.

Las preguntas que me hago, con las que me interesa tejer, no son retóricas, son el resultado auténtico de mi perplejidad, por ello les interrogo, como autoridades de Morena, lo siguiente: ¿Es legal gravar con el impuesto sobre la renta (ISR) los derechos y prestaciones magisteriales, seguros de vida, gratificaciones y estímulos por defunción y renuncia –como ocurre en este momento en Puebla? ¿Por qué gravamos la exigua “herencia” del magisterio -que ni siquiera alcanza para nombre tan pomposo-, en un país que no grava las pornográficas herencias y donaciones de los empresarios y políticos mexicanos a su rentista descendencia?

Por oscuros designios de la Providencia hube de habérmelas con la burocracia de dos instituciones cruciales del gobierno estatal, son la clave del éxito político: la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Planeación y Finanzas. Ese circuito dinerario, como se sabe, inyectó, en el pasado reciente, cantidades millonarias de recursos ilegales al mercado electoral: es el cuerno de la abundancia.

Tengo la idea de que algo puede cambiar en este sexenio, pero es una percepción que tiende a desvanecerse, entre otras cosas, por el peso de los hechos que aquí relato.

Les hablo de la muerte de un ser amado que, a su vez, amó, con la fuerza de los infinitos leones azules del cosmos, el disfrute sublime de ser profesora. Un 19 de octubre del 2018 Diotima Aguilera se marchó entre incienso, cantos, bailes y flores. Desde entonces busco la manera de hacer efectivo un derecho laboral del magisterio. Han pasado casi dos años de cansados, amargos, lentísimos trámites burocráticos, porque me tocó la mala suerte de experimentar, en medio del río, lo que significa un cambio de gobierno. Cuando algunas direcciones generales quedan acéfalas muchos meses. Para colmo, la malhadada pandemia que paralizó el funcionamiento de las oficinas públicas durante un largo lapso, donde aún debo tramitar, como ya narré en la primera parte, un juicio sucesorio mañosamente intestamentario.

Con el tiempo aprendí a ser paciente. Me inscribí en cursos de meditación zen, casi termino en budista, para sortear el hoyo negro de emociones y pensamientos, para sobrevivir al trance que significa navegar entre el Caribdis succionador y los sedientos colmillos de Escila, un viaje que pone a prueba el temple de la serenidad a cada paso, pues hablo de enfrentar la expresión burocrática más ¿neoliberal?, ¿patrimonial?, ¿patrimonioliberal? de México: las estructuras de dominio despótico de Rafael Moreno Valle.

Hablo de estructuras policiacas de poder, comandadas por funcionarios metrosexuales, ignorantes y soberbios, como la mayoría de los secretarios, subsecretarios y directores generales de la Secretaría de Educación Pública de la Puebla de ese tiempo aciago. Un estado de excepción en el que la distinción de clase social y origen étnico, como base, constituían los criterios del ascenso económico, político y laboral; así fue que, con esa burbuja megalómana, clasista y racista, las oficinas de las altos ejecutivos y ejecutivas de la SEP se convirtieron en una suerte de pasarela liliputense de la Quinta Avenida. Se veían a diario engalanar los sombríos pasillos de la SEP las más caras (las máscaras) prendas de ropa en el mundo. Dior, Prada Armani, Versace, Gucci, Louis Vuitton y un ostentoso etcétera: la distinción. Mientras, en el lado oscuro del cuadro, la depauperación económica y moral del profesorado poblano.

No es necesario ser profesor de economía de la Universidad de Harvard ni del MIT ni tampoco de la London School of Economics and Political Science para saber que el gremio magisterial fue una de las organizaciones laborales más agraviadas por las violentas políticas neoliberales, pero es necesario recordar, en cambio, que el epicentro del terremoto neoliberal mexicano, cualquier cosa que eso sea, se ubicó en Casa Puebla.

¿Cuánto le ineresaba la educación pública al clan morenovallista? ¿Qué sabían de educación los secretarios de educación de Rafael Moreno Valle?

La respuesta a la dos preguntas es la nada. Ni siquiera conocían bien el estado, el nombramiento se cifraba en un principio: fidelidad incondicional al finaciero proyecto político presidencial. Un proyecto que logró seducir a prestigiados investigadores cuantitativos de la educación, pues miraban en el modelo educativo de Puebla un milagro mexicano. Imagínense ustedes, era posible pensar que un estado con una población cada vez más pobre, porque los porcentajes de seres humanos en condiciones de pobreza crecieron mucho durante el morenovallismo y con la riqueza fecunda de siete culturas indígenas en su territorio, podía demostrar con evidencias científicas, un prodigioso aprovechamiento escolar de sus estudiantes. En ese desfundamentado viaje, por qué no, se podía sugerir al calce, que también Chiapas, Oaxaca y Michoacán, con altos porcentajes de población indígena, podrían ser parte del milagro del modelo educativo poblano. La verdad científica como prueba absoluta de que en la sociedad del rendimiento sí se puede todo.

No quiero desviarme más del asunto, así que vuelvo a El Proceso de la burocracia poblana.

Un año y dos meses después del deceso de mi amada, entre finales del 2019 y principios del 2020, pude reunir, con la asesoría amabilísima de Edith Candelario, una eficiente trabajadora administrativa de la SEP, los documentos necesarios para integrar el expediente y hacer efectivo el derecho a una “Gratificación por defunción”, un derecho laboral del magisterio poblano que, por ley, está exento de cualquier gravamen o impuesto.

En enero de 2020 me presenté en la Secretaría de Planeción y Finanzas con la licenciada Susy Salas y con Jesús Carmona (su asistente), ambos dependientes del contador Juan David Carrasco, quienes me informaron que para poder hacer efectiva la “Gratificación por defunción”, antes tenía que darme de alta, necesariamente, en el registro del padrón de proveedores. Les pregunté que por qué había de hacerlo, pues hasta donde mis entendederas alcanzaban, se trataba de un derecho, de una prestación exenta del pago de tributación.

De mil maneras intenté exponerles que era el legado de una profesora para sus hijas, que ellos sabían que ese trámite me convertiría automáticamente en causante sujeto al impuesto sobre la renta, que no me parecía ni justo ni legal. Que me defendería contra ese latrocinio, les dije que escribiría una queja contra quien resultara responsable de tal asalto en despoblado. Supongo que acostumbrados a la indignación de los deudos, imperturbables me miraron y, al unísono repitieron que había de dos sopas, la tomas o la dejas, me dijeron que era la única vía para avanzar en El Proceso.

Subí las escaleras arriba, baje las escaleras abajo, ¿aquí está…?, ¡acá no está…! Llené el formato que un jóven funcionario tramitó de manera eficiente, volví a bajar y subir tres veces las escaleras, y, al final de El proceso, pago de por medio, estaba convertido en un flamante e involuntario proveedor de la Secretaría de Planeación y Finanzas de Puebla. En ese divertido sube y baja el derecho laboral de los docentes, la “Gratificación por defunción”, la herencia propiamente de las profesoras y profesores finados, se convierte en mercancía gravable, sometida al mismo trato del mercado y, por lo tanto, sujeta al pago del impuesto sobre la renta (ISR).

Es decir, sin temerla ni deberla, el magisterio poblano se ve despojado, en un santiamén, con felonía, de lo conquistado en una vida de trabajo, en términos reales de un derecho social que constituye la única herencia para su desdendencia, que por ningún motivo es rentista, como la prole de tantas y tantos niñas y niños bien de la vieja y nueva burguesía poblana. ¿Cuántos cientos de millones de pesos le esquilma el Estado, anualmente, a los deudos de los profesores fallecidos, con la trapisonda jurídica de convertirlos, por la fuerza, en proveedores, en causantes, para arrancarles el 16 por ciento de su “herencia”…?

¡Algo se tiene qué hacer para remediar este entuerto del gobierno de Morena!

El economista Thomas Piketty está de mi lado, baste recordar lo que escribió respecto a la disputa sobre los derechos de sucesión en Estados Unidos y en Italia: “…resulta difícil pretender defender la igualdad de oportunidades y reclamar al mismo tiempo la abolición de los derechos de sucesión, que desempeñan un rol esencial en la limitación de la reproducción social desde la Revolución Francesa, y más aún, desde la Tercera República, que los volvió progresivos en 1901. En los Estados Unidos y en Italia los intentos de Bush y de Berlusconi de abolir el impuesto a las sucesiones suscitaron fuertes resistencias, incluso entre millonarios como Warren Buffert y Bill Gates, quienes se consideran self-made men y no quieren que sus hijos se transformen en rentistas.” Ni los hombres más ricos del mundo esperan ver a sus retoños, a sus criaturas, convertidos en parásitos sociales, dedicados, en su inmensa mayoría, a despilfarrar el dinero que sus padres y abuelos atesoraron bajo las excluyentes leyes de la acumulación originaria del capital  y la acumulación originaria del poder político –ambas con aromas a sudor y sangre inocente.

No se puede construir una política económica redistributiva del ingreso, como la que impulsa AMLO, gravando más a quienes menos tienen, es imposible hacer efectiva la promesa de “Primero los pobres” con la implementación de ultraneoliberales políticas fiscales que derivan, como en este caso, en la depauperación del ya de por sí depauperado magisterio nacional. Me parece económica y políticamente siniestro, propio de una política de corte ultraconservador, consentir en estas prácticas de despojo; esto es, son políticas económicamente excluyentes, pues incluyen para excluir, para marginar aún más al profesorado, son acciones contrarias al ideario democrático de Morena.

La disyuntiva para el gobierno de Morena en el estado de Puebla, a partir de las enseñanzas de Thomas Pikkety sobre la igualdad de oportunidades, es muy clara. O se comprende y frena el sentido ilegal, inequitativo e injusto de gravar los seguros de vida, los estímulos y gratificaciones por defunción y renuncia, que, en los hechos, son equivalentes a una famélica “herencia” del magisterio para sus descendientes, o, bien, como recomienda la OCDE, se legisla un gravamen nacional y local, de por lo menos igual porcentaje, para los derechos sucesorios de la élite de empresarios y políticos de la entidad, cuyas cuantiosas fortunas y donaciones podrían significar un cambio sustancial en la recaudación fiscal, amén del efecto redistributivo sobre la economía de la región.

En Japón el impuesto sobre los derechos sucesorios alcanza hasta el 55 por ciento de las herencias y donaciones, en cambio, las heredades de las burguesías nacional y poblana están exentas de cualquier gravamen, los derechos sucesorios en México son la expresión de “un monumento venerado” en el mundo occidental –como espléndidamente describe Piketty.

Ojalá que Abelardo Cuéllar, secretario del trabajo, un hombre inteligente, sereno y honesto, pudiera deconstruir esta chicanada del morenovallismo, no sólo sería un acto de justicia, pues es necesario promover en los hechos la efectiva igualdad de oportunidades, sino que, además, representaría la armonización del marco jurídico local con el discurso democratizador de la Cuarta Transformación. Y, lo más importante, podría constituir una acción comunicativa del poder político, significaría la apertura de horizontes de sentido, un mensaje de solidaridad para el abandonado gremio magisterial.

Dejad que las profesoras y profesores muertos descansen en paz. No permitamos que yazcan insepúltos, a la intemperie, expuestos a la humillación de ilegales y regresivas políticas de recaudación fiscal e inermes a los colmillos del capital financiero, que trabaja eficientemente, como ya documenté en la primera parte, desde las entrañas del Leviatán, para jinetear, desplumar, desvalijar y, si los dejamos, desollar las escurridas “herencias” del magisterio poblano.

Fuente de la Información: http://www.educacionfutura.org/morir-en-el-magisterio-poblano-parte-ii/

Comparte este contenido:
Page 723 of 2742
1 721 722 723 724 725 2.742