Salvador Montaner (INTEDUA): “La evaluación oral permite distinguir si la IA ha sido apoyo o sustituto del aprendizaje”
EXITO EDUCATIVO entrevista a Salvador Montaner, vicepresidente de INTEDUA, quien nos detalla como evaluar en tiempos de IA, a través del Examen-Diálogo como clave para comprobar el aprendizaje real
- Víctor Núñez
- Director general
Salvador Montaner Villalba es un educador, investigador y consultor especializado en transformación digital educativa, con más de dos décadas de experiencia en el ámbito docente y académico. A lo largo de su trayectoria, ha ejercido como profesor de inglés en Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, además de desarrollar actividad universitaria como docente e investigador en lingüística aplicada y enseñanza de lenguas. Su perfil combina una sólida base académica (doctorado en lengua inglesa y lingüística) con una intensa producción científica centrada en el uso de las TIC, el enfoque AICLE (CLIL) y la innovación en la enseñanza de idiomas.
En paralelo, ha desarrollado una sólida trayectoria en el ámbito de la innovación educativa y la tecnología aplicada a la enseñanza, desempeñando funciones de liderazgo y emprendimiento. Es vicepresidente de la asociación educativa INTEDUA, cofundador de IAEducativa.org y Fundador de elearning.salvadormontaner.com, desde donde impulsa proyectos de formación, consultoría y acompañamiento a centros educativos. Su trabajo se caracteriza por un enfoque práctico, ético y centrado en las personas, promoviendo la integración consciente de la inteligencia artificial y las metodologías activas para mejorar el aprendizaje y el desarrollo profesional docente.
En un momento en el que la inteligencia artificial ha entrado de lleno en las aulas, el gran reto ya no es solo incorporarla, sino evaluarla con criterio. Víctor Núñez, CEO de ÉXITO EDUCATIVO, conversa con Salvador Montaner, vicepresidente de la asociación educativa INTEDUA (IAEducativa.org), sobre una idea que gana fuerza entre docentes: el protocolo de Examen-Diálogo como vía para comprobar si el alumnado ha utilizado la IA como complemento de aprendizaje o como sustituto de su propio trabajo.
Salvador, en los últimos meses estamos viendo cómo la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta habitual para muchos estudiantes. Pero junto a esa oportunidad aparece una inquietud lógica en los centros: ¿cómo evaluar de forma justa cuando no siempre sabemos hasta qué punto el alumno ha construido realmente el producto final?
Esa es, precisamente, la gran pregunta. Antes incluso de poner una nota, el docente debe plantearse algo esencial: si el alumno ha utilizado la IA como apoyo o si la ha utilizado como sustituto. No es una cuestión menor. Son dos escenarios completamente distintos. En el primero, la tecnología acompaña, amplía, orienta, ayuda a organizar ideas o a mejorar un texto. En el segundo, la herramienta reemplaza el proceso cognitivo del alumno y, por tanto, vacía de sentido la tarea. La clave no está en demonizar la IA, sino en distinguir con claridad cuándo favorece el aprendizaje y cuándo lo suplanta.
Y en ese contexto aparece una propuesta muy concreta que habéis trabajado en una sesión síncrona del curso del CEFIRE de IA & PC titulado “Inteligencia Artificial en el aula: kit para diseñar situaciones de aprendizaje”, que se ha celebrado entre el pasado 24 de febrero y el 23 de marzo de 2026, el llamado protocolo de Examen-Diálogo. ¿En qué consiste exactamente?
Consiste en algo muy sencillo de explicar, aunque muy potente desde el punto de vista pedagógico: conversar con el alumno sobre el producto que ha presentado. Es, en esencia, una evaluación oral breve, estructurada y centrada en el proceso. No se trata solo de mirar el resultado final, sino de pedir al estudiante que reconstruya el camino que ha seguido para llegar a él. Cómo empezó, qué decisiones tomó, qué dificultades encontró, qué cambió durante el proceso y, en caso de haber usado IA, de qué manera lo hizo. Ese diálogo permite comprobar enseguida si hay comprensión real, criterio propio y capacidad de argumentación.
O sea, pasar de evaluar solo el “qué ha entregado” al “cómo lo ha construido”.
Exactamente. Durante mucho tiempo la escuela ha puesto el foco casi exclusivamente en el producto final. Pero en la era de la IA eso ya no basta. Un trabajo impecable puede no ser evidencia de aprendizaje. Por eso el Examen-Diálogo devuelve protagonismo al proceso. Cuando un alumno ha trabajado de verdad, aunque se haya apoyado en herramientas de IA, suele poder explicar por qué eligió un enfoque, qué partes revisó, qué corrigió, qué no le convencía de una respuesta automática o cómo reformuló un prompt para obtener mejores resultados. En cambio, cuando la IA ha funcionado como sustituto, enseguida aparecen lagunas, respuestas vagas o incapacidad para justificar decisiones básicas del trabajo entregado.
Has mencionado los prompts, y ese me parece un punto muy interesante. ¿Crees que pedir al alumno que comparta los prompts que utilizó debería formar parte habitual de la evaluación?
Sí, sin duda. De hecho, me parece una de las preguntas más reveladoras. Pedirle al alumno que muestre o explique qué prompts utilizó no es un gesto de control policial, sino una manera de hacer visible su pensamiento. El prompt habla del nivel de precisión, de la intención, del dominio del tema e, incluso, del pensamiento crítico del estudiante. No es lo mismo introducir una instrucción genérica y aceptar sin más la primera respuesta, que construir una secuencia de prompts, matizar, repreguntar, contrastar y revisar el resultado. Ahí se ve si hay un uso consciente de la IA o un simple acto de delegación.
Algunos docentes podrían pensar que esto añade más carga de trabajo. ¿Es viable aplicar un protocolo así en el día a día del aula?
Es una objeción comprensible, pero precisamente por eso hablamos de un formato breve. La duración ideal puede situarse entre los tres y los cinco minutos por alumno. No estamos proponiendo una defensa oral de media hora ni un examen tradicional trasladado al formato hablado. Lo que proponemos es una verificación ágil, muy enfocada y con preguntas bien elegidas. En apenas unos minutos, un docente puede captar si el estudiante domina el contenido, si comprende el itinerario seguido y si ha usado la IA de manera coherente con el objetivo educativo. Cuando el protocolo está bien diseñado, el tiempo se convierte en una inversión, porque ofrece una información muy valiosa que un documento escrito, por sí solo, ya no garantiza.
¿Qué preguntas no deberían faltar en ese Examen-Diálogo?
Yo diría que hay cuatro bloques fundamentales. El primero es el origen del trabajo: “¿Cómo planteaste esta tarea desde el principio?”. El segundo es el proceso: “¿Qué pasos seguiste hasta llegar al resultado final?”. El tercero es el uso concreto de la IA: “¿En qué momentos la utilizaste y para qué te sirvió?”. Y el cuarto es el pensamiento crítico: “¿Qué prompts empleaste, qué respuestas descartaste y qué cambiaste tú personalmente?”. Si el alumno responde con seguridad, coherencia y detalle, normalmente estamos ante una producción acompañada por la IA, pero construida con aprendizaje real. Si no puede explicarlo, ahí hay una señal de alerta.
Entonces, más que perseguir el uso de la IA, lo que planteáis es educar su uso.
Exacto. Ese es el enfoque correcto. La IA ha llegado para quedarse, así que el debate no puede reducirse a prohibirla o tolerarla. Debemos enseñar a usarla bien. Y eso implica también enseñar a rendir cuentas sobre su uso. Igual que pedimos fuentes, borradores, razonamientos o procedimientos en otras tareas, ahora debemos pedir trazabilidad intelectual en contextos mediados por inteligencia artificial. El Examen-Diálogo no nace desde la sospecha, sino desde la responsabilidad pedagógica. Ayuda a que el alumnado entienda que aprender no es entregar algo brillante, sino ser capaz de comprenderlo, defenderlo y explicarlo.
Hay un matiz importante en todo esto: la oralidad. ¿Crees que esta propuesta, además de servir para verificar el uso de la IA, puede tener un valor formativo añadido?
Muchísimo. La evaluación oral no solo verifica, también forma. Obliga al alumno a organizar su pensamiento, a expresarlo con claridad, a justificar decisiones y a sostener una conversación académica. En ese sentido, el protocolo no es únicamente una herramienta antifraude o de control del uso de la IA. Es también una oportunidad para fortalecer competencias esenciales: la comunicación, la argumentación, la metacognición y la conciencia sobre el propio aprendizaje. Cuando un estudiante explica cómo ha trabajado, aprende dos veces: mientras hace la tarea y mientras la verbaliza.
Para terminar, ¿qué mensaje lanzarías a los docentes que todavía sienten incertidumbre ante este nuevo escenario?
Les diría que no están obligados a elegir entre innovación y rigor. Se puede incorporar la IA al aula y, al mismo tiempo, preservar la autenticidad del aprendizaje. Para eso necesitamos cambiar algunas prácticas de evaluación. No basta con corregir productos; hay que escuchar procesos. El Examen-Diálogo es una herramienta sencilla, humana y muy eficaz para hacerlo. En apenas unos minutos puede ofrecer al docente una imagen mucho más fiel de lo que el alumno sabe, de cómo ha trabajado y del lugar que la IA ha ocupado realmente en esa tarea. Y esa información, hoy, es más valiosa que nunca.
Salvador Montaner, vicepresidente de INTEDUA, gracias por compartir esta reflexión tan oportuna. En tiempos de inteligencia artificial, quizá una de las respuestas más inteligentes siga siendo algo tan profundamente educativo como sentarnos a hablar con el alumno.
Gracias a vosotros. Creo sinceramente que, en este nuevo contexto, dialogar mejor será también evaluar mejor.
Fuente: https://exitoeducativo.net/actualidad-directiva/salvador-montaner-vicepresidente-intedua-la-evaluacion-oral-permite-distinguir-si-la-ia-ha-sido-apoyo-o-sustituto-del-aprendizaje






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