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Coronavirus: ética y tecnologías del futuro

Por: José Carlos García Ramírez

 

A la memoria de las y los galenos caídos en cumplimiento de su amor a la hermana humanidad ante el Covid-19.

A las enfermeras, urgenciólogos, camilleros, personal de intendencia, médicos, paramédicos, administrativos de México y de todo el mundo por ser verdaderos héroes, patriotas y humanistas.

A ellos y ellas, por siempre respeto y eterno agradecimiento. 

 

La peste

Hoy en día los habitantes del planeta Tierra atravesamos una larga noche lúgubre: el cautiverio, en la mayoría de la gente, ha servido para interrogarse a sí mismo sobre su historia de vida particular, familiar, laboral, pero también sobre la condición humana, la fragilidad de la vida y de cómo será el mañana una vez que se reanuden paulatinamente las actividades cotidianas. Es seguro que ya no seamos los mismos: o bien, aprendemos a ser responsables y generosos o volveremos a la “normalidad” pasada para seguir siendo brutales y mezquinos.

Probablemente en los meses y años por venir nos enfrentaremos a otro tipo de peste: la peste emocional, es decir, no sólo las epidemias biológicas amenazan sino también las morales. Las epidemias morales muestran lo peor de las sociedades, lo nauseabundo de la condición humana. Comentaba, en su obra “La náusea”, el filósofo francés, Jean Paul Sartre: “El infierno está en la avaricia mezquina de aquellos hombres que infectan todo con prédicas misántropas: sálvate y olvídate del resto”.

El Coronavirus desnuda la fragilidad humana, exhibe la tremenda corrupción de gobiernos depredadores de los sistemas de salud pública, muestra la inmoralidad de las innovaciones científicas y tecnológicas puestas al servicio de fines militares ecocidas/genocidas y demuestra cómo el género humano quiere caer en un pozo sin fondo al destruirse a sí mismo.

Cuando pase la peste virulenta, lo deseable es que los pueblos del orbe nunca olviden la primera lección letal de este siglo provocada por el Coronavirus. Albert Camus, novelista argelino-francés, en su célebre novela “La peste”, decía: “El único medio de hacer que la gente esté unas con otras es mandarles la peste”.

¿Por qué sólo en las tragedias o en las catástrofes, el ser humano puede ser capaz de ayudar y dar la mano al prójimo? Las pandemias o las pestes, tienen que aparecer para que el humanoide aprenda a valorar la vida. No es el odio ni la indiferencia las que salvan, sino la compasión y cooperación las que humanizan.

Tiempos difíciles

“No hay nada tan fuerte ni seguro durante una crisis en la vida como la verdad”, decía Charles Dickens, al denunciar a quienes provocan enfermedades y pobreza.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron y su homóloga la Primera Canciller de Alemania, Angela Merkel, defensores del sistema vigente, han reconocido que en cuanto pase la pandemia, habrá que pensar y hacer cosas para reducir la explotación de la naturaleza, combatir los experimentos científicos con humanos y otras especies, así como generar mejores condiciones de vida para sus ciudadanos.

Recientemente, la República Popular de China, una vez que lograron reducir la curva de contagios y decesos provocados por el Coronavirus, emitió una enmienda constitucional al Artículo 35 en donde se exige promover una “comunidad de destino compartido para toda la humanidad”. La China comunista que en la práctica tiende al capitalismo, tendrá que definir en el futuro inmediato una nueva economía política: ¿será posible lograrlo ante la lucha hegemónica por los mercados mundiales, frente a Estados Unidos y Rusia?

Jean Jacob Rousseau, advertía que los seres humanos son fuertes si están juntos y débiles si están separados. El pacto social es fundamental para restablecer relaciones de convivencia. Con el Coronavirus, pareciera descubrir algo relevante: urge un “contrato social mundial”. Los problemas mundiales requieren una solución mundial, acordada entre todos los países. Sólo así se podrá ir desprivatizando la salud, la educación, el esparcimiento lúdico, los fármacos, las tecnologías.

Decía Gandhi, no hay peor enfermedad que la pobreza. La agencia de políticas de desarrollo, Oxfam, presente en 94 países y asesorada por científicos del MIT (Massachusetts Institute of Technology), proporcionó en el 2019 los siguientes datos: el 1% de la humanidad controla más de la mitad de la riqueza del mundo. El 20% más rico posee el 94,5% de esa riqueza, mientras que el 80% debe conformarse con el 5,5%. Es una profunda desigualdad que traducida éticamente significa una injusticia perversa.

Ética y tecnologías del futuro

A la famosa TINA (There Is No Alternative), “no hay alternativa” de la cultura del capital, debemos confrontar una TIaNA (There Is a New Alternative), “hay una nueva alternativa”. Si hasta ahora la prioridad estaba centrada en la riqueza acumulada en pocas manos a costa de la expoliación de la naturaleza y del desprecio del trabajo humano, en esta segunda será la vida en su gran diversidad, también la humana con sus muchas culturas y tradiciones la que organizará la nueva forma de habitar la Casa Común.

Es impensable para el futuro pensar la ética sin desarrollo tecnológico y viceversa. La ética no es un catálogo de buenas intenciones, ni mucho menos se reduce a perspectivas individuales o subjetivas locuaces de que cada quien define lo bueno y malo. La ética es reflexión y acción sobre las cosas que hacen que la vida humana y de todo ser vivo sea reproducida, respetada a partir de principios factibles necesarios para la sobrevivencia y sostenibilidad de la Tierra.

Toda praxis política, cultural, económica y tecnológica tienen que ser direccionadas por principios éticos. Son éstos últimos los que empezarán a definir el futuro de la humanidad.

Seguramente habrá una gran discusión de ideas sobre qué futuro queremos y qué tipo de Tierra queremos habitar. Con el Coronavirus sobre la espada del mundo, se tiene que definir qué futuro estaremos dispuestos a construir: felicidad o tragedia, desarrollo humano para todos o riqueza para pocos, capitalismo “natural” y “verde” o procesos emancipatorios de tercera generación como pronostican Alain Badiou y Slavoy Zizek.

Ciencia, tecnología e innovación no deberán estar más al servicio de producir “cucherías” y artículos de confort los cuales contaminan y destruyen el planeta.  El premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, ha dicho con razón: “tendremos una ciencia no al servicio del mercado, sino el mercado al servicio de la ciencia”. Pero hoy, ante el contexto pos-pandémico (Covid-19), añadiría: “ciencia y tecnología al servicio de la vida”.

No saldremos de la pandemia del Coronavirus como entramos. Seguramente habrá cambios significativos en las tecnologías, tal vez incluso estructurales. Se buscará energías alternativas a las fósiles, menos impactantes para los ecosistemas. Se tendrá más cuidado con la atmósfera, las aguas y los bosques. La protección de la biodiversidad será fundamental para el futuro de toda la comunidad de la vida.

Es imposible imaginar transformaciones realizadas de un día a otro. Es comprensible que las fábricas y las cadenas de producción quieran conservar modelos eficientistas y agresivos para el trabajo y la naturaleza, los cuales no serán aceptables.

Deberán someterse a un proceso de reconversión en el que todo el aparato de producción industrial y agroindustrial, deberá incorporar el factor ético-ecológico como elemento esencial. La responsabilidad social de las empresas no es suficiente. Se impondrá la responsabilidad socio-ecológica como imperativo categórico.

Enrique Fernández Fassnacht, ingeniero y fisicoquímico mexicano, en su artículo “Una mirada a los desafíos de la educación superior en México”, señala acertadamente: “El reto, para el presente y para los años por venir, es resolver esos problemas desde una perspectiva integral, sostenible y sistémica, que facilite que los beneficios de este nivel educativo se extiendan a todos los sectores sociales y económicos”.

Hoy más que nunca la independencia tecnológica mexicana tiene que constituir un pilar central en el proyecto nacional mexicano. Depender de tecnologías y patentes extranjeras por siempre, hacen que el futuro quede cercenado y no se tenga capacidad para enfrentar los retos que pueden poner en riesgo no sólo la economía del país, sino la vida de los mexicanos. Las tecnologías para la salud son un área de oportunidad olvidada.

El Coronavirus es un buen maestro de la historia: exige tener conciencia de la responsabilidad interpersonal, tecnologías adecuadas para futuras mutaciones de virus y estrategias factibles, como dice, Fernández Fassnacht, donde la educación y la apropiación social del conocimiento estén al servicio del desarrollo nacional, así como de la integración mundial por construir una Casa Común para los ciudadanos de este planeta.

*   Tecnológico de Estudios Superiores de Chimalhuacán/Instituto McLaren de Pedagogía Crítica: mzen357@yahoo.com.mx

Fuente: El autor escribe para OVE

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¿Qué puede venir después del coronavirus?

Por: Leonardo Boff

Muchos lo han visto claramente: después del coronavirus, ya no va a ser posible continuar el proyecto del capitalismo como modo de producción, ni del neoliberalismo como su expresión política. El capitalismo sólo es bueno para los ricos; para el resto es un purgatorio o un infierno, y para la naturaleza, una guerra sin tregua.

Lo que nos está salvando no es la competencia –su principal motor–, sino la cooperación; ni el individualismo –su expresión cultural–, sino la interdependencia de todos con todos.

Pero vayamos al punto central: hemos descubierto que el valor supremo es la vida, no la acumulación de bienes materiales. El aparato bélico montado, capaz de destruir varias veces la vida en la Tierra, ha demostrado ser ridículo, frente a un enemigo microscópico invisible que amenaza a toda la humanidad. ¿Podría ser el Next Big One (NBO), el que los biólogos temen que va a llegar, “el gordo˝, “el próximo gran virus” que pueda destruir el futuro de la vida? No lo creemos. Esperamos que la Tierra siga teniendo compasión de nosotros y nos esté dando sólo una especie de ultimátum.

Dado que el virus amenazador proviene de la naturaleza, el aislamiento social nos ofrece la oportunidad de preguntarnos: ¿cuál fue y cómo debe ser nuestra relación con la naturaleza y, más en general, con la Tierra como Casa Común? La medicina y la técnica, aunque muy necesarias, no son suficientes. Su función es atacar al virus hasta exterminarlo. Pero si continuamos atacando a la Tierra viva, “nuestro hogar con una comunidad de vida única”, como dice la Carta de la Tierra (Preámbulo), ella contraatacará de nuevo con más pandemias letales, hasta una que nos exterminará.

Sucede que la mayor parte de la humanidad y de los jefes de estado no son conscientes de que estamos dentro de la sexta extinción masiva. Hasta ahora no nos sentíamos parte de la naturaleza ni tampoco como su parte consciente. Nuestra relación no es la relación que se tiene con un ser vivo, Gaia, que tiene valor en sí mismo y debe ser respetado, sino de mero uso según nuestra comodidad y enriquecimiento. Estamos explotando la Tierra violentamente, hasta el punto de que el 60% de los suelos han sido erosionados, en la misma proporción los bosques húmedos, y causamos una asombrosa devastación de especies, entre 70-100 mil al año. Esta es la realidad vigente del antropoceno y del necroceno. De seguir esta ruta vamos al encuentro de nuestra propia desaparición.

No tenemos otra alternativa que hacer, en palabras de la encíclica papal “sobre el cuidado de la Casa Común”, una conversión ecológica radical. En este sentido, el coronavirus no es una crisis como otras, sino la exigencia perentoria de una relación amistosa y cuidadosa con la naturaleza. ¿Cómo implementarla en un mundo que se dedica a la explotación de todos los ecosistemas? No hay respuestas listas. Todo el mundo está a la búsqueda. Lo peor que nos podría pasar sería, después de la pandemia, volver a lo de antes: las fábricas produciendo a todo vapor, aunque con cierto cuidado ecológico. Sabemos que las grandes corporaciones se están articulando para recuperar el tiempo perdido y las ganancias.

Pero hay que reconocer que esta conversión no puede ser repentina, sino gradual. Cuando el presidente francés Macron dijo que “la lección de la pandemia era que hay bienes y servicios que deben ser sacados del mercado”, provocó la carrera de decenas de grandes organizaciones ecologistas, como Oxfam, Attac y otras, pidiendo que los 750.000 millones de euros del Banco Central Europeo destinados a remediar las pérdidas de las empresas se destinaran a la reconversión social y ecológica del aparato productivo, en aras de un mayor cuidado de la naturaleza, así como de más justicia e igualdad sociales. Lógicamente, esto sólo se hará ampliando el debate, involucrando a todo tipo de grupos, desde la participación popular hasta el conocimiento científico, hasta que surjan una convicción y una responsabilidad colectivas.

Debemos ser plenamente conscientes de una cosa: al aumentar el calentamiento global y aumentar la población mundial devastando los hábitats naturales, acercando así los seres humanos a los animales, éstos transmitirán más virus a los que no seremos inmunes, que encontrarán en nosotros nuevos huéspedes. De ahí surgirán las pandemias devastadoras.

El punto esencial e irrenunciable es una nueva concepción de la Tierra, ya no como un mercado de negocios que nos coloca como sus señores (dominus), fuera y por encima de ella, sino como una superentidad viviente, un sistema autorregulado y autocreador, del que somos precisamente su parte consciente y responsable, junto con los demás seres como hermanos (fratres). El paso de dominus (dueño) a frater (hermano) requerirá una nueva mente y un nuevo corazón, es decir: ver a la Tierra de manera diferente, y sentir con el corazón nuestra pertenencia a ella y al Gran Todo. Unido a ello, el sentido de inter-retro-relación de todos con todos y una responsabilidad colectiva frente al futuro común. Sólo así llegaremos, como pronostica la Carta de la Tierra, a “un modo de vida sostenible”, y a una garantía para el futuro de la Vida y de la Madre Tierra.

La fase actual de recogimiento social, puede significar una especie de retiro reflexivo y humanista, para pensar en tales cosas y nuestra responsabilidad ante ellas. Es urgente, y el tiempo es corto, no podemos llegar demasiado tarde.    

Publicado originalmente en: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=981

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/pandemia-y-aprendizajes/8813037-que-puede-venir-despues-del-coronavirus/

Imagen: Marion en Pixabay

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Infancia y sociedad: Fátimas

Por: Andrea Bárcena

Dulcísima Fátima, no te vamos a olvidar. Y haremos que el gobierno tampoco te olvide, ni olvide a ninguna de las niñas que como tú siguen y seguirán muriendo a manos de monstruos desalmados, hasta que la justicia y la política lo impidan. Tus asesinos, Fátima, fueron capturados gracias a vecinos y a tu familia; si no hubiera sido por ellos, no los hubieran agarrado.

Porque a pesar del aumento de estos delitos, el gobierno de la Ciudad de México y el gobierno federal parecen ciegos ante la tragedia de niñas, niños, mujeres y hasta bebés que desaparecen a voluntad de delincuentes impunes. Vamos a exigir estrategias de prevención de esos delitos con protocolos impecables; vamos a exigir que no pisen más las esperanzas, hasta que logremos construir un auténtico gobierno democrático que ame a toda la gente: niños y viejos, indígenas y científicos, ricos y pobres, mujeres y hombres, artistas y estudiantes.

Entonces se podrá construir la Plaza de la Memoria, llena de jacarandas y prados para que niñas y niños jueguen sin peligro. Ahí se erigirá una estatua en tu honor, que te evocará con tu pelito de ángel como emblema de niñas mártires; otra por los nenes calcinados en la guardería ABC; habrá una más para los estudiantes de Ayotzinapa. Y en las áreas de piso de cemento, para que nadie los borre, nombres insertos de metal de mujeres asesinadas en los –para entonces– superados años del horror. Las niñas que ya conocen tu historia, Fátima, te recordarán.

Miedo y Orgullo. La casualidad puso en mis manos el escrito de una niña de ocho años (a pedido de su maestra) sobre el orgullo de ser mexicanos: “Yo quiero y no quiero a mi país, porque la creatividad y el amor nos hacen mejores, pero cómo vivir en un país donde matan, asesinan, secuestran. Eso no es vivir, es morir, horrible sentimiento. Yo no tengo orgullo de ser mexicana. No es un país de felicidad; díganme cómo no morirse de miedo cuando pasa algo como el caso de la pequeñita a la que una señora recogió en la escuela y la mataron… y le tocaron sus partes íntimas. No es un país feliz, no tengo sensación de vivir, tengo mucho miedo de pasar esa experiencia…”

En la infancia habla nuestro espíritu. El pasado 30 de abril hice un recorrido y observé un aumento de menores que, a pesar de la pandemia o quizá debido a ella, piden ayuda para comer en las calles de la Ciudad de México.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/05/09/opinion/018o1pol
Imagen: Free-Photos en Pixabay
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Apps para divertirse aprendiendo ciencia

Por: Educación 3.0

Recogemos algunas aplicaciones sobre ciencia que, instaladas en smartphone y tabletas, pueden convertirse en un aliado perfecto para fomentar el aprendizaje de las materias relacionadas con la ciencia entre los estudiantes de distintos niveles educativos.

Aprender más sobre estrellas y constelaciones, descubrir secretos sobre los animales o realizar experimentos científicos. Estas son algunas de las opciones que permiten estas apps sobre ciencia, ideales para fomentar el aprendizaje de ciencias entre los estudiantes de distinto nivel educativo.

1 Experimentos con Ciencia

Propone experimentos fáciles de realizar para el alumnado de Primaria y Secundaria. Están divididos en categorías: química, biología, física… Cada uno de ellos dispone además de una introducción con información, un objetivo para averiguar el resultado, los materiales necesarios y el procedimiento para realizarlo, lo que simplifica la tarea para los estudiantes, que aprenderán cómo ejecutarlos paso a paso.

2 Star Walk 

Cuando se instala esta app en un smartphone y se apunta con él al cielo, la aplicación señala la ubicación de las estrellas y sus respectivas constelaciones. Para utilizarla no es necesaria conexión a Internet y, además, incluye información y curiosidades de todas ellas.

3 Ciencia

Reúne una serie de preguntas tipo test relacionadas con temas científicos y adaptadas a distintos niveles de dificultad. Cada cuestión ofrece cuatro respuestas posibles, siendo una de ellas la correcta: gracias a un entorno gasificado, cada vez que se acierta se suman puntos en el perfil del estudiante, motivando su aprendizaje.

4 Fungipedia Lite

Dedicada al estudio de los hongos y las setas, detecta los setales cercanos y permite identificarlos correctamente, sin necesidad de conexión a Internet, añadiendo información sobre sus características y su toxicidad. Con su buscador es fácil encontrar un tipo de seta que se ha localizado en una excursión al campo y conocer sus propiedades y particularidades para aprender sobre este tipo de seres vivos.

5 Ciencias naturales

Ayuda a trabajar contenidos relacionados con la materia de Ciencias Naturales de 4º de Primaria, entre los que se encuentra el estudio de animales, plantas y otros seres vivos. Tras las explicaciones, es posible realizar un cuestionario que permite poner a prueba lo que han aprendido.

6 Orbit

Simula los efectos de la gravedad de los planetas a modo de juego: hay que lanzarlos alrededor de agujeros negros hasta conseguir que alcancen una órbita estable alrededor de ellos. Y, por supuesto, intentando evitar que colisionen. Gracias a él, los estudiantes podrán comprender con facilidad las posibilidades gravitacionales de los cuerpos celestes. Está disponible para dispositivos Android, iOS, Windows y Mac.

Para superar la prueba de este rompecabezas, es necesario ir combinando átomos tan rápido como se pueda hasta crear moléculas. Es adecuado para aprender formulación química y compatible con smartphones y tabletas iOS y Android.

Además de ser una aplicación de astronomía que permite observar las estrellas y tener información de qué se está mirando en cada momento (constelaciones, estrellas, planetas…), ofrece una visita virtual al universo permitiendo andar por la superficie de la Luna o de Marte. Incluye funciones de realidad aumentada si se utiliza con unas gafas adecuadas.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/apps-aprender-ciencia/

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Slavoj Zizek: Epidemics are like wars, they can drag on for YEARS

By: Slavoj Zizek

We should stop thinking that after a peak in the Covid-19 epidemic things will gradually return to normal. The crisis will drag on. But this doesn’t mean the situation is hopeless.

In the Marx Brothers’ comedy Duck Soup, Groucho (as a lawyer defending his client at a court) says: “He may look like an idiot and talk like an idiot but don’t let that fool you. He really is an idiot.” 

Something along these lines should be our reaction to those who display their basic distrust of state orders and see the lockdowns as a conspiracy of the state power which uses the epidemics as a pretext to deprive us of our basic freedoms: “The state is imposing lockdowns which deprive us of our freedoms, and it expects us to control each other in how we obey this order; but this should not fool us, we should really follow the lockdown orders.”

One should note how calls to abolish lockdowns come from the opposite ends of the traditional political spectrum. In the US, they are propelled by libertarian Rightists, while in Germany, small Leftist groups advocate them. In both cases, medical knowledge is criticized as a tool of disciplining people, treating them as helpless victims who should be isolated for their own good. What is not difficult to discover beneath this critical stance is the stance of not-wanting-to-know: if we ignore the threat, it will not be so bad, we’ll manage to pass through it…

The US libertarian Right claims lockdowns should be eased so that people will be given back their freedom of choice. But what choice is it?

As Robert Reich wrote: “Trump’s labor department has decided that furloughed employees ‘must accept’ an employer’s offer to return to work and therefore forfeit unemployment benefits, regardless of Covid-19… Forcing people to choose between getting Covid-19 or losing their livelihood is inhumane.” So yes, it is a freedom of choice: between starvation and risking your life… We are in a situation similar to that which occured in British coal mines in the 18th century (to name just one) where doing your work involved a considerable risk of losing your life.

But there is a different kind of admitting ignorance which sustains the severe imposition of lockdowns. It’s not that the state power exploits the epidemics to impose total control – I more and more think there is a kind of superstitious symbolic act at work here: if we make a strong gesture of sacrifice that really hurts and brings our entire social life to a standstill, we can maybe expect mercy.

When will this epidemic end and what will happen afterwards?

The surprising fact is how little we (including the scientists) seem to know about how the epidemics works. Quite often we get contradictory advice from authorities. We get strict instructions to self-isolate in order to avoid viral contamination, but when the infection numbers are falling, the fear arises that, in this way, we are just making ourselves more vulnerable to the expected second wave of the viral attack. Or are we counting on the hope that the vaccine will be here before the next wave? But there are already different variations of the virus, will one vaccine cover them all? All the hopes for a quick exit (summer heat, fast spread of herd immunity, vaccine…) are fading away.

One often hears that the epidemics will compel us in the West to change the way we relate to death, to really accept our mortality and the fragility of our existence – out of nowhere a virus comes and our life is over.

This is why, we are told, in the East, people are taking the epidemics much better – just as a part of life, of the way things are. We in the West less and less accept death as part of life, we see it as an intrusion of something foreign which you can indefinitely postpone if you lead a healthy life, exercise, follow a diet, avoid traumas…

I’ve never trusted this story. In some sense, death is not a part of life, it is something unimaginable, something that shouldn’t happen to me. I am never really ready to die, except to escape unbearable suffering. That’s why these days many of us focus every day on the same magic numbers: how many new infections, how many full recoveries, how many new deaths… but horrible as these numbers are, does our exclusive focus on them not make us ignore a much greater number of people who are at this moment dying of cancer, of a painful heart attack? Outside the virus, it’s not just life, it’s also dying and death. What about a comparative list of numbers: today, so many people got the virus and cancer; so many died of the virus and of cancer; so many recuperated from the virus and from cancer?

One should change our imaginary here and stop expecting one big clear peak after which things will gradually return to normal. What makes the epidemics so unbearable is that even if the full catastrophe fails to appear, things just drag on, we are informed that we reached the plateau, then things go a little bit better, but… the crisis just drags on.

As Alenka Zupančič put it, the problem with the end of the world is the same as with Fukuyama’s end of history: the end itself doesn’t end, we just get stuck in a weird immobility. The secret wish of all of us, what we think about all the time, is just one thing: when will it end? But it will not end: it is reasonable to see the ongoing epidemics as announcing a new period of ecological troubles – back in 2017, the BBC portrayed what might be waiting for us due to the ways we intervene in nature: “Climate change is melting permafrost soils that have been frozen for thousands of years, and as the soils melt they are releasing ancient viruses and bacteria that, having lain dormant, are springing back to life.”

Eventual rise of Singularity

The special irony of this no-end-in-view is that the epidemics occurred at a time when pop-scientific media were obsessed with two aspects of the digitalization of our lives. On the one hand, a lot is being written about the new phase of capitalism called ‘surveillance capitalism’: a total digital control over our lives exerted by state agencies and private corporations. On the other hand, the media are fascinated by the topic of direct brain-machine interface (‘wired brain’).

First, when our brain is connected to digital machines, we can cause things to happen in reality just by thinking about them. Then, my brain is directly connected to another brain, so that another individual can directly share my experience. Extrapolated to its extreme, wired brain opens up the prospect of what Ray Kurzweil called Singularity, the divine-like global space of shared global awareness. Whatever the (dubious, for the time being) scientific status of this idea, it is clear that its realization will affect the basic features of humans as thinking/speaking beings. The eventual rise of Singularity will be apocalyptic in the complex meaning of the term – it will imply the encounter with a truth hidden in our ordinary human existence, i.e. the entrance into a new post-human dimension.

It is interesting to note that the extensive use of surveillance was quietly accepted: drones were used not only in China but also in Italy and Spain. As for the spiritual vision of Singularity, the new direct unity of the human and the divine, a bliss in which we leave behind the limits of our corporeal existence, can well turn out to be a new unimaginable nightmare. From a critical standpoint, it is difficult to decide which is worse (a greater threat to humanity), the viral devastation of our lives or the loss of our individuality in Singularity. Epidemics remind us that we remain firmly rooted in bodily existence with all the dangers that this implies.

We will have to invent a new way of life

Does this mean our situation is hopeless? Absolutely not. There are immense, almost unimaginable troubles ahead, there will be millions of newly jobless people, etc. A new way of life will have to be invented. One thing is clear: in a lockdown, we live off the old stocks of food and other provisions, so the difficult task is now to step out of the lockdown and invent a new life under viral conditions.

Just think about how what is fiction and what is reality will change. Movies and TV series which take place in our ordinary reality, with people freely strolling along streets, shaking hands and embracing, will become nostalgic images of a lost past world, while our real life will look like a variation of Samuel Beckett’s late play called Play where we see on stage, touching one another, three identical grey urns; from each urn a head protrudes, the neck held fast in the urn’s mouth…

However, if one takes a naïve look at things from a proper distance (which is very difficult), it is clear that our global society has enough resources to coordinate our survival and organize a more modest way of life, with local food shortages compensated by global cooperation, and with global healthcare better prepared for the next onslaughts.

Will we be able to do this? Or will we enter a new barbarian age in which our attention to the health crisis will just enable old (cold and hot) conflicts to go on out of the sight of the global public? Note the reignited cold war between the US and China, not to mention actual hot wars in Syria, Afghanistan, and elsewhere, which function like the virus: they just drag on for years and years… (Note how Macron’s call for a world-wide truce for the time of the epidemic was flatly ignored.) This decision which way we take concerns neither science nor medicine; it is a properly political one.

Source and Image: https://www.rt.com/op-ed/487713-slavoj-zizek-epidemics-covid/

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La pobreza golpeará a la mitad de la humanidad

  • La mitad de la población activa mundial amenazada por el desempleo
  • Segundo trimestre del 2020: 305 millones menos de puestos de trabajo

Sergio Ferrari desde la ONU, Ginebra, Suiza

Las proyecciones estadísticas más pesimistas van quedándose cortas ante la dimensión de la crisis. Desempleo, desinformación y pobreza aparecen como algunas de las piezas de un rompecabezas todavía no armado, pero con efectos directos y colaterales devastadores. La mitad de los empleos en la escala mundial se ven amenazados.

El «privilegio» del empleo

En el mundo, 1.600 millones de los 2.000 millones de trabajadores de la economía informal se ven afectados por las medidas de confinamiento y de contención. La mayoría trabaja en los sectores más afectados o en pequeñas unidades económicas más vulnerables a las crisis, según un informe publicado el 7 de mayo por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Estos incluyen a los trabajadores en los servicios de hostelería y restauración, la industria manufacturera, la venta al por mayor y al por menor, y los más de 500 millones de agricultores que abastecen los mercados urbanos. Las mujeres se ven especialmente afectadas en los sectores de alto riesgo, destaca el informe.

Por otra parte, la caída constante de las horas de trabajo a nivel mundial a causa del COVID-19 significa que 1.600 millones de trabajadores de la economía informal, esto es, casi la mitad de la población activa mundial, “corre peligro inminente de ver desaparecer sus fuentes de sustento”, señalaba la OIT en su 3er documento analítico de fines de abril.

Entre su primer informe sobre el COVID-19 y el mundo del trabajo publicado el 18 de marzo pasado y las estimaciones actualizadas difundidas a fines de abril la OIT cambió su punto de referencia. Ya no se trata de comparar la actual crisis con el terremoto financiero del 2008, sino con los estragos resultantes de la Segunda Guerra Mundial.

El 81% de la fuerza de trabajo – más de 2.700 millones de trabajadoras y trabajadores- padecía desempleo total o parcial a fines de abril. Y de continuar esta tendencia, en el segundo semestre del año en curso la reducción del empleo golpeará a 305 millones de trabajadoras y trabajadores a tiempo completo, teniendo como referencia una jornada laboral de 48 horas semanales.

En el estudio actualizado de la OIT (https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_743056/lang–es/index.htm) la alarma suena con respecto a los trabajadores de la economía informal, que representan en su totalidad, unos 2.000 millones de personas, la mayoría en países emergentes y en desarrollo de ingreso bajo y mediano.  Con el agravante que, en general, carecen de protección básica, de cobertura de seguridad social, de atención médica y, en caso de enfermedad, de sustitución de ingresos.

La crisis económica provocada por la pandemia ha dado una estocada contundente a la capacidad de ganar el sustento de casi 1.600 millones de trabajadora-es de la economía informal – el sector más vulnerable-, de un total de 2.000 millones a nivel mundial, y de una fuerza de trabajo de 3.300 millones de personas a escala planetaria. Las medidas de confinamiento y/o el hecho de que esas personas trabajan en alguno de los sectores más golpeados por la crisis, determinan esta dramática situación.

India, con 400 millones de trabajadores informales, Nigeria, Brasil, Indonesia, Pakistán y Vietnam, se encuentran entre las naciones que por concentración demográfica más sufrirán el impacto. Sin embargo, regiones enteras, como Centroamérica, o la América andina, dependen en gran medida de las actividades informales. Las que tienen, también, una fuerte incidencia en las concentraciones urbanas latinoamericanas, desde Buenos Aires hasta la Ciudad de México, pasando por Bogotá, Caracas, Lima o La Paz.

La pandemia desinformativa

Beber alcohol fuerte, comer gran cantidad de ajo, bañarse con agua casi hirviente, ingerir medicamentos caseros… Miles de informaciones falsas sobre el COVID-19 explotan en internet, en las redes sociales y en las plataformas de comunicación.

«La información falsa y poco fiable pone en riesgo muchas vidas”, señala la Organización Mundial de la Salud. Con los Consejos para la población acerca de los rumores sobre el nuevo coronavirus 2019-nCoV, (https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/myth-busters) intentó salir al cruce de creencias, desinformaciones o métodos “caseros”, que se presentan como eficaces para contrarrestar el virus. Con el agravante, además, de que detrás de muchas desinformaciones se expande el comercio creciente de medicamentos falsificados o adulterados.

Ya en la segunda quincena de marzo la Federación Internacional de Periodistas (FIP) que nuclea a 600.000 trabajadores del sector había advertido sobre la necesidad que “periodistas y medios informen sobre hechos y con fuentes fiables, sin especulación alguna…” Y convocaba a autoridades públicas e instituciones médicas a suministrar “información puntual y transparente”. Fue la misma FIP quien en la segunda semana de abril condenó los ataques sistemáticos del presidente brasilero Jair Bolsonaro a periodistas de su país. Un estudio al que hace referencia la central sindical mundial con sede en Bruselas contabiliza más de 140 ataques de este tipo, en los últimos tres meses, en torno a la cobertura informativa de la pandemia.

Futuro dramático

Si la explosión desbocada del desempleo y la problemática de la desinformación acompañan la nueva coyuntura pandémica mundial el tema de la deuda externa se convierte en agenda crucial de países y regiones.

No solo la antigua, acumulada y pendiente. Sino también la nueva, que muchos Estados contraerán para hacer frente a la crisis de sobrevivencia. Fue uno de los temas cruciales, por ejemplo, del debate interno de la misma Unión Europea durante las últimas semanas y aún pendiente de resolución.

Un grupo de 60 organismos y agencias de las Naciones Unidas, llamaron el pasado 10 de abril a los gobiernos a abordar la actual recesión y su repercusión en las naciones más empobrecidas del planeta. Según las instituciones onusianas miles de millones de personas viven en países al borde del colapso económico debido a la combinación explosiva de los “problemas financieros impulsados por la pandemia del COVID-19, pesadas obligaciones de deuda y un descenso de la ayuda oficial al desarrollo”, subraya el documento del Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Financiación para el Desarrollo.

Actores de primer orden de la sociedad civil internacional subrayan, también, el riesgo de que a causa de la pandemia más de 500 millones de personas, adicionalmente, caigan en la pobreza.  Así lo señala Oxfam internacional en su último informe Elijamos dignidad, no indigencia (https://www.oxfam.org/es/informes/elijamos-dignidad-no-indigencia), que fue difundido en abril pasado.

La magnitud de esta crisis, según la ONG internacional, excede toda proyección racional. “Podría suponer un retroceso de una década en la lucha contra la pobreza y de hasta 30 años en algunas regiones como África subsahariana, Oriente Próximo y el Norte de África. Más de la mitad de la población mundial podría vivir en condiciones de pobreza tras la pandemia”.

Oxfam exige a los organismos internacionales (incluidos al FMI y al Banco Mundial que tuvieron su reunión de primavera el tercer fin de semana de abril) “cancelar inmediatamente el pago de la deuda en 2020 y alentar a otros acreedores que hagan los mismo…” Y recomienda “… acordar la inmediata inyección de dinero en los países de desarrollo para ayudarles a rescatar a las comunidades en situación de pobreza y vulnerabilidad”.

Pronósticos, estadísticas, proyecciones, cada día peores, cada semana más dramática. En solo algo más de cuatro meses, la Tierra parece ser otro planeta y la humanidad no termina de agotar su capacidad de asombro.

Fuente: https://rebelion.org/la-pobreza-golpeara-a-la-mitad-de-la-humanidad/
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¿Qué cambiará el mundo?, puros cuentos

Por: Ilka Oliva Corado

Estamos viendo la calamidad y el descaro como lo hemos visto otras tantas veces. ¿Qué nos ha enseñado este tiempo de pandemia? Nada. De las tantas lecciones por aprender no hemos querido aprender ninguna. ¿Que cambiará el mundo después de esto? Puros cuentos. ¿Qué más humanos no sé qué? Tampoco. Somos la especie depredadora. Nos comemos los unos a los otros, sin remilgos, sin respiro, la ley del más poderoso, del más ruin, del más canalla. Es decir, como siempre, como el día a día. No se nos crispa un nervio ante el dolor del otro y solapamos el desdén de estas cuadrillas de criminales que escogimos como gobernantes.

¿De qué nos sirven las lecturas, las perchas de libros en las bibliotecas de nuestras casas, las perchas de títulos universitarios, si los que hacen siempre son los que menos han tenido oportunidades de desarrollo? Con y sin pandemia son los que siguen poniendo el pecho. Son los que se quitan el bocado de la boca y se lo dan a otro. Son los que donan sus cosechas. Si pues, los campesinos. Porque afamamos a los letrados y los ensalzamos, vaya que qué intelectual, que qué buena lectora, cineasta, artista, cantante, gran oradora, gran pensador, ¡mi sobrero! Los campesinos poniendo el pecho mientras el arte y los grandes pensadores van y vienen con su palabrería de alfombra enflorada. Nomás. Para el mismo mundillo de los que viven de codearse y tirarse flores. Será porque el que lleva sol y lleva agua en la intemperie sabe lo que vale un pedazo de pan y el hambre en la necesidad.

Pero eso sí, son especialistas en aprovecharse de la miseria ajena para sacar ventaja personal, de ahí que anden dando conferencias con temas de humanidades, que canciones, poemas, esculturas, libros, películas o documentales a costillas de los que clamaron por ayuda y ellos no quisieron ver. Incapaces de levantar la voz como un ciudadano cualquiera, indignado del maltrato de un gobierno ruin.

Para ejemplo las innumerables imágenes de policías a lo largo y ancho de Latinoamérica violentando ciudadanos que se han visto obligados a romper la cuarentena para salir a buscarse un pedazo de pan. Las miles de personas saliendo a las calles con banderas rojas y blancas clamando por ayuda alimentaria y médica, gente obrera, la clase trabajadora que dado a la explotación que ha sufrido desde siempre vive al día a día y sin ahorro alguno como quien desde la comodidad de su casa dice: quédate en casa. ¿En dónde están los grandes pensadores, los graduados de universidad y los artistas exigiendo a los gobiernos que respondan como corresponde ante esta necesidad colectiva de los más desamparados? Pero eso sí, nomás pase la bulla de la pandemia vendrán las películas, los recitales, las conferencias, los documentales, donde hablen de cifras, donde presenten imágenes desgarradoras de los tiempos del virus… Como el azadón: ¡solo pa’ dentro!

Pero ahora, ahora que las papas queman, los que están socorriendo son los rechazados de siempre, los explotados, los señalados de iletrados, de apestosos, de ignorantes, de acarreados. Las crisis siempre muestran lo mejor y lo peor de la humanidad, y si tenemos la humildad de observar detenidamente veremos que quienes dan, calladita la boca y bajita la mano, sin aspavientos y sin buscar reconocimiento alguno son los que saben qué hora es con solo ver el sol o por el ruido de los animales nocturnos.

Deberíamos de tener más humildad y más agallas para reconocer a quienes han llevado este mundo en el lomo desde siempre. Y dejar la bullaranga de los títulos y los libros leídos y los motes de artistas e intelectualidad, que la verdad en emergencias de vida o muerte no sirven para nada. Son los imprescindibles de siempre los que han mantenido a este planeta respirando aún.

¿Qué cambiará el mundo después de esto? Bah, pero patadas en el culo, diría mi abuelo tío Lilo: campesino.

Fuente: https://www.aporrea.org/internacionales/a290258.html

 

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