Europa/España/26-11-2021/Autora: OLGA ESTEBAN/Fuente: www.elcomercio.es
Insta a «limitar la interacción entre grupos burbuja»
Los centros educativos de la región no son ajenos a la evolución de la covid y en la última semana han sufrido un incremento significativo de la incidencia. Así, entre el 16 de noviembre y ayer han sido confinadas 29 aulas y 531 estudiantes, cifras mucho mayores que las 17 aulas y los 289 aislados de la semana anterior. Entonces habían sido notificados 41 positivos, mientras que ahora han sido 75. Se trata de las cifras más altas del inicio de curso, superando a las que se habían registrado en la tercera semana de octubre, con 442 aislados.
Por eso, la Consejería de Educación ha remitido esta misma mañana una carta a todos los centros educativos de Asturias, en la que reclama que «se refuerce el seguimiento y cumplimiento de los planes de contingencia para contener la infección, tras el incremento de positivos de las últimas semanas». El boletín informativo enviados a las direcciones de colegios e institutos recuerda que deben seguir cumpliéndose todas las medidas de los planes de contingencia, «diseñados para hacer de los centros «espacios de convivencia seguros». Dada la situación actual, Educación recomienda »extremar el control para evitar aglomeraciones en las entradas, salidas y desplazamientos; mantener los grupos estables de convivencia y limitar la interacción entre ellos o intensificar la ventilación, realizando mediciones periódicas de concentración de partículas que permitan establecer los patrones de ventilación adecuados al momento y a la actividad realizada».
No obstante, la consejería ha aclarado que no existe ningún cambio respecto a las medidas aprobadas el pasado 8 de octubre, por lo que los grupos de convivencia estable pueden aún, según la norma, compartir el recreo, usando la mascarilla siempre que no haya una distancia de 1,5 metros.
Los datos de la última semana suponen que han permanecido aisladas el 0,43% de las 6.695 aulas de todos los niveles no universitarios que hay en Asturias y el 0,38% del alumnado (137.500 alumnos desde el primer ciclo de Infantil hasta Bachillerato y Formación Profesional).
54 centros educativos de 15 concejos han sufrido alguna incidencia relacionada con la covid en esta última semana (la anterior fueron 35) y de los 75 positivos notificados, 62 han sido entre el alumnado, 12 en personal docente y otro más en personal no docente.
Fuente e Imagen: https://www.elcomercio.es/asturias/coronavirus-asturias-educacion-pide-colegios-reforzar-seguridad-aumento-contagios-20211123143059-nt.html
El representante permanente de Cuba en la ONU-Ginebra, Juan Antonio Quintanilla, denunció el pasado lunes el obstáculo al desarrollo que representa para la isla el bloqueo estadounidense y su recrudecimiento durante la pandemia de la Covid-19.
Al intervenir en el debate general de la 22 sesión del Grupo de Trabajo intergubernamental sobre el Derecho al Desarrollo, en el Consejo de Derechos Humanos, el embajador calificó de genocida al cerco económico, comercial y financiero impuesto contra su país por Washington desde hace más de 60 años, una política que afecta a todos los sectores de la sociedad.
El diplomático también señaló que el bloqueo constituye una flagrante violación de los derechos humanos del pueblo cubano, evidenciada una vez más en el contexto de la Covid-19, con la entrada en vigor en tiempos de crisis sanitaria de decenas de nuevas medidas decretadas por la administración de Donald Trump, todas mantenidas por su sucesor en la Casa Blanca, Joe Biden.
Quintanilla recordó el rechazo mundial a la política de asfixia empleada por el gobierno estadounidense, condena expresada a través de 29 resoluciones de la Asamblea General de la ONU desde 1992, adoptadas de manera categórica.
Pese a los obstáculos impuestos por el bloqueo y los retos derivados de la pandemia, el pasado lunes Cuba entró en la etapa llamada “nueva normalidad”, con el restablecimiento de la mayor parte de la actividad pública, económica, social y cultural del país, y la reactivación del turismo internacional.
De acuerdo con el embajador, dicho éxito fue posible gracias al manejo de la Covid-19 y a una campaña de vacunación impulsada con inmunógenos de producción nacional, que ya protegió de la enfermedad al 80 por ciento de la población.
A propósito del desarrollo y de la necesidad de que sea inclusivo, ratificó el llamado de la isla a la voluntad política de los países del Norte de respaldar con recursos a las naciones del Sur, lo cual beneficiaría a cientos de millones de seres humanos en todo el planeta.
En ese sentido, Quintanilla subrayó que la posibilidad de desarrollo representa “un derecho universal e inalienable, y es tanto de los individuos como de los pueblos. Es un derecho colectivo que todos debemos disfrutar, y en consonancia promover y respetar”.
La desigualdad entre naciones ricas y pobres, con enormes implicaciones económicas, sociales y culturales, constituye todavía uno de los principales obstáculos que atentan contra la realización del derecho al desarrollo, inequidad profundizada por la pandemia, advirtió.
La Educación Infantil se ha visto afectada a causa de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. De hecho, en el último curso ha habido una importante bajada de los niños y niñas de infantil matriculados
Según datos del Ministerio, 167 centros han desaparecido ya que se han reducido el número de centros de Educación Infantil con actividad en este curso, es decir, en total, han seguido abiertos 8.933 centros de Educación Infantil frente a los 9.115 que había en el curso anterior. Tal y como explican desde la escuela Brains Nursery School: « El desplome en la escolarización de niños de 0 a 6 años también se ve manifestada en el número de aulas en activo este curso, que también ha sufrido una caída muy relevante».
Tener claro este aspecto es primordial dado que los datos que año tras año publican desde la Unión Europea sobre la educación son negativos con respecto a España. Estos informes ponen de relieve que las escuelas españolas suspenden en sus métodos.
Ante esta situación, la escuela infantil propone un modelo innovador contando con profesionales y espacios de aprendizaje especializados y exclusivospara estas edades (de 0 a 6 años) que favorezcan y posibiliten sentar las mejores bases para las siguientes etapas escolares. Además, es clave en esta etapa el seguimiento y detección precoz de posibles signos que nos alerten en cuanto al desarrollo de los más pequeños ya que contamos con un periodo especialmente sensible para los aprendizajes y con la posibilidad de modelar el cerebro gracias a la plasticidad cerebral en esta etapa.
Aunque la educación infantil no es obligatoria es un hecho que es el primer contacto del niño con el mundo y una fase clave en el establecimiento de conexiones neuronales en los niños, en su desarrollo, en la empatía y en la socialización. Tal y como ponen en valor desde la escuela: «Esta etapa es esencial para el niño y su crecimiento porque la pandemia ya ha afectado a muchos menores que les han privado de su libertad por eso hay que volver a estimularlos e ilusionarlos desde el cariño, el amor y el estímulo positivo desde el juego y el aula».
Desde Brains Nursery School explican los beneficios que los niños adquieren al ser escolarizados desde una temprana edad y recibir una educación infantil de calidad:
1. Durante los primeros años, los pequeños construyen conexiones neuronales que usarán de cimiento para el desarrollo intelectual, social y emocional a lo largo de su vida.
2. Según la ciencia, las experiencias y la estimulación precoz reemplazan las estructuras físicas del cerebro. Los niños tienen un gran potencial por desarrollar y la estimulación de calidad constituye la diferencia para que tengan un desarrollo óptimo y sean adultos competentes y con oportunidades intelectuales a lo largo de su vida.
3. Los padres ayudan instintivamente a superar cualquier reto del niño, sobre todo, durante la etapa de 0-6 años, esto influirá positivamente para que él conserve su curiosidad natural, refuerce sus capacidades intelectuales innatas, se sienta seguro en las situaciones nuevas y confíe en otras personas.
4. La escolarización temprana favorece la curiosidad innata de los niños y potencia sus diferentes inteligencias.
5. La capacidad que tiene cada una de las neuronas para desempeñar funciones nuevas se llama plasticidad cerebral. Así, existen ventanas de oportunidades conocidas como períodos críticos o sensibles, en los que el cerebro de un bebé es más receptivo a las experiencias del entorno.
6. Si se trabaja desde la estimulación temprana, y contando con los profesionales adecuados, ayudando a los papás a respetar el ritmo del niño, a retroalimentar eficientemente y a descubrir, asesorar, estimular sus aptitudes y equilibrar sus debilidades, podremos trabajar en un terreno preventivo y sensibilizador que evitará problemas escolares futuros y hará niños capaces y con desarrollo de sus inteligencias.
7. Es esencial una educación emocional en la primera infancia, pues así se fomenta la química de su cerebro y les estamos aportando las herramientas necesarias para que ellos mismos controlen su funcionamiento, ayudándoles a adaptarse mejor, a mantener un mayor control y a ser, simplemente, más felices.
8. En cuanto a rutinas y hábitos de alimentación y sueño de los niños, la escuela juega un gran papel de apoyo y colaboración, tanto por las necesidades de crecimiento como por el papel preventivo para proteger y promover la salud, evitando trastornos que se pueden presentar en la edad adulta y que tienen su origen en la infancia.
9. Socialmente. La escolarización en la etapa de 0 a 3 complementa la función de la familia. Los niños, gracias a la escuela infantil, tienen la oportunidad de interactuar con otros adultos y otros niños. Esto fomenta el autoconocimiento y a aprender a relacionarse con los demás, ganando en autonomía y seguridad al aprender a manejarse en sus primeras “reglas” de convivencia y sociales.
10. Idiomas. La etapa de los 0 a 3 años es un periodo sensible en relación con el aprendizaje de idiomas. Y es que se trata del momento óptimo para aprender un idioma. Aunque es mejor comenzar cuanto antes (de los 0 a los 3 años), el intervalo adecuado sería hasta los 10 años. En estos años puede aprenderse con mayor facilidad y llegar a hablarse de forma más natural.
La consejería destaca que, en el proyecto ‘Hábitos Saludables en la Escuela’, harán hincapié en la salud mental y la prevención del consumo de «sustancias» en los institutos
La consejera de Educación, Rocío Lucas, ha presentado este martes el proyecto ‘Hábitos Saludables en la Escuela’, cuyo eje vertebrador será la Red de Escuelas Saludables de Castilla y León, que se creará a lo largo de los próximos cursos. «La salud es el centro de nuestra vidas y los centros educativos de la Comunidad han mostrado su compromiso durante la pandemia», ha señalado Lucas en una rueda de prensa para añadir que el nuevo programa es un paso más en esa dirección.
Con esta inciativa, el Ejecutivo autonómico fija como meta promocionar la salud en cuanto a la formación de hábitos en los alumnos y la preparación de los docentes para que éstos puedan atender a las necesidades de los estudiantes.
El plan, que comenzará a estar operativo a partir del próximo curso escolar (2022-2023), consta de cuatro áreas según ha descrito la consejera, «el currículum educativo, el entorno psicosocial del centro, la familia y la colaboración con los distintos recurosos comunitarios que protegen y promueven el valor de la salud».
Así, en cuanto a las líneas de intervención, Lucas ha destacado como novedad la importancia de la ‘educación emocional’ y el cuidado de la salud mental, así como la prevención del consumo de sustancias adictivas entre los alumnos.
Integración del plan
«La implantación del proyecto se hará a partir de un equipo formado por miembros del claustro de cada centro, además de personas o entidades externas relacionadas con su entorno», ha adelantado la consejera para incidir en que, entre otras, deberán elaborar un plan de actuación con programas de formación y autoevaluación.
A modo de incentivo, Lucas ha desvelado que se establecerá un premio de «reconocimiento» de esos centros que se traducirá en un incremento de la partida económica que les corresponda.
El caso es que un compañero, el otro día, escribía en su blog sobre el asunto de las programaciones y eso me inspiró para escribir en este artículo cuestiones sobre las que llevo pensando mucho tiempo.
Decía Santos Guerra (2000) que la organización como disciplina era la forma de, centrándonos en la parte intermedia, alejarnos tanto de los fines que nos propusimos inicialmente que acabáramos haciendo lo contrario.
Esto sería, como un viajero que se propone un destino y que cuando empieza el viaje se centra tanto en la forma de dar sus pasos que acaba en la ciudad opuesta que se propuso inicialmente visitar.
En este sentido, contemplo con preocupación cómo en los últimos años desde la Administración se ha invertido “sin mesura” en este “camino” pero muy poco en la autonomía para la elección del destino.
Con todo esto me refiero a lo que Gertrudix (1999) calificaba como “instrumento diabólico”: la enseñanza programada.
En este sentido, la escuela tiene una lógica a la hora de funcionar que sólo se entiende como normal, dentro de la propia escuela. Sus usos y formas de hacer resultarían impensables en nuestra vida cotidiana. Se ha convertido el sistema, en la única justificación del propio sistema.
En palabras del propio Gertrudix (1999, p. 22):
La escuela constituye un mundo aparte. Dentro de ella todo se organiza en función de una lógica totalmente excepcional y única. Los aprendizajes quedan en un segundo plano y el protagonismo es casi exclusivamente de la enseñanza. Toda gira en torno a lo que hay que enseñar y los transmisores de conocimientos (manual escolar, maestro, profesor y otras fuentes) marcan los ritmos a seguir. Fuera de la escuela, sin embargo, los aprendizajes se organizan de forma muy diferente. Tanto es así, que si quisiéramos exportar el sistema de funcionamiento escolar a otros aprendizajes que se realizan en la vida de las personas, cualquiera podría decirnos que hemos perdido el juicio. La agrupación por edades, la utilización de la memoria como facultad fundamental y a veces única, la sistematización y graduación de los aprendizajes, los objetivos, los niveles de conocimiento, las etapas, sólo tienen sentido en los centros escolares.
Esta ilógica escolar no es al azar, sirve a tres aspectos diferenciados:
En segundo lugar, es un planteamiento absolutamente conductista de los aprendizajes.
Conviene recalcar aquí que, aunque nuestras leyes educativas se hayan declarado constructivistas desde la Logse, la operativa, la forma en la que luego se han organizado, así como el concepto de programación didáctica, ha sido profundamente conductista. Esta lógica diabólica de secuenciar y programar todos los aprendizajes y que la forma de hacerlo más eficaz sea la división artificial en objetivos de aprendizaje cada vez más pequeños, tiene que ver con el conductismo más rancio. En el que el aprendizaje de conductas complejas es tan sencillo como la suma de las conductas más simples.
Toda esta enseñanza programada descansa, como decimos, en esta vieja idea conductista que busca la mayor eficacia, y esta, en el diseño de estas programaciones que hace el maestro: si somos capaces de hacer de la forma más técnica y pormenorizada posible el diseño de lo que va a aprender nuestro alumnado, más aprenderá.
Lamentablemente, esto sabemos que no funciona así: la suma de las partes rara vez es igual al todo como nos anunciaba ya la Gestalt en 1912. Esto se ve muy claro en el principio de cine. Donde una cantidad de imágenes fijas vistas a una velocidad determinada son percibidas como imágenes en movimiento.
Esta programación de aprendizajes absolutamente irreal en cualquier otro contexto de la vida humana, como nos decía Gertrudix (1999) provoca lo que yo llamo: la ilusión del control sobre el aprendizaje que mantiene tranquilos a profesorado y a Administración y en la que se sustenta parte del aparato burocrático del que luego, todos y todas tenemos quejas.
Esta ilusión de control, además, permite que el sistema se sostenga en conceptos macro que fuera de él nadie compartiría al focalizar la atención de los y las docentes en micro-conceptos. Entender que podemos medir y programar qué aprende alguien, cómo y en qué tiempos es una locura que todos compartimos dentro de esta lógica, pero que no tendría el menor sentido si nos paráramos a pensarlo un solo instante o si tratáramos de hacerlo fuera del entorno escolar.
Imaginemos que unos papás desean programar el proceso de aprendizaje del habla de su hija pequeña y que cada tres o seis meses comprueban la cantidad de palabras que la niña ha aprendido en relación a la programación que ellos han realizado. Si la niña responde a las expectativas de la programación, le irán dando buenas notas en los controles que realice, mientras que si no llega al número de palabras programadas por sus padres, entonces habría que plantearse la repetición de algún periodo o la realización de un trabajo complementario. […] El aprendizaje del habla, de cualquier deporte o de cualquier actividad no reglada y, por tanto, no sujeta a programación gradual y sistemática, se produce de una manera global, entendida como un proceso que tiene un principio y un final, pero que si se divide en periodos intermedios pierde toda su razón de ser, puesto que cada persona sigue su propio ritmo en el aprendizaje. Hay niñas que se sueltan a hablar a los dos años y medio, otras a los tres, otras aún más tarde. Como sucede en el proceso de caminar, los hay que andan a los nueve meses, otros a los doce, otros a los dieciséis… (Gertrudix, 1999, pp. 23)
En último lugar, esta ilógica constituye el principal elemento de alienación del pensamiento docente (Contreras, 1990; Martínez Bonafé, 1999).
Se desplaza la atención del profesorado de lo verdaderamente importante: ¿Qué hago mañana con mi alumnado en clase para que aprenda lo máximo posible? Cuestión esta sobre la que tiene que decidir como un profesional autónomo. Y lo hace hacia cuestiones de índole burocrático relacionadas con las programaciones y que, rara vez, tienen incidencia alguna en la calidad del trabajo para con el alumnado. Únicamente, generan más papel pintado para el aparato burocrático y de control de la Administración ante la que el profesorado se convierte casi en un técnico-administrativo de aprendizaje.
La prueba de que todo este aparato burocrático-programativo es intencional es que estas tareas han aumentado hasta el punto de ser humanamente irrealizables. Alcanzando su esplendor con la llegada de las competencias, que ha puesto sobre el tapete toda una ingeniería curricular propia.
La maldad que hay que tener para poner 51 criterios de evaluación en vez de 50, no vaya a ser que los docentes ponderemos cada uno a un 2% y ya no tengamos con qué entretenernos. Como si no hubiese criterios parafraseados de criterios anteriores. Y como si 50 fuesen aún pocos…
La cuestión es tan enrevesada que lo más habitual cuando alguien está aprendiendo a programar (incluso cuando ha aprendido hace tiempo) es la pregunta clásica de: esto es un objetivo, un contenido, un… porque la enseñanza programada está pensada para no poder solucionarse, para siempre ser perfeccionable, para que nos perdamos en ese laberinto de nombres: objetivos, contenidos, actividades, criterios de evaluación, competencias, estándares, resultados de aprendizaje (habrá nombre más feo que este),… y de reglas: estos van en infinitivo; aquellos, si los pones aquí, debes hacer referencia allá… La idea, estoy convencido, es que sea irresoluble.
Mientras seamos técnicos preocupados de procesos burocráticos no estamos pensando en cómo dar una educación de calidad a nuestro alumnado.
La pregunta es obvia: ¿Qué margen deja todo esto para planificar –no programar– la docencia? La respuesta es obvia también: el menor posible.
Mientras seamos técnicos preocupados de procesos burocráticos no estamos pensando en cómo dar una educación de calidad a nuestro alumnado. Pero, además, es específico de la docencia. Pocas profesiones tan burocratizadas, tan controladas por papeleo técnico como la docencia. Decía un compañero:
“Me paso la mitad del tiempo justificando lo que he hecho y la otra mitad justificando lo que voy a hacer”
Este proceso de programación, como decía Gertrudix (1999), sería inconcebible en otras profesiones: ¿Os imagináis a un médico haciendo programaciones de los pacientes que va a tener a lo largo del año y los tratamientos pormenorizados que dará a cada uno de ellos? ¿cómo los evaluará para ver si han funcionado, etc.? ¿o un abogado? ¿o un funcionario de un ayuntamiento? ¿o un arquitecto?
En todas las profesiones existe burocracia, pero en ninguna de ellas, como en la docente existe una desconfianza manifiesta de la Administración hacia los profesionales que se contrata de forma tal que se les pida explicaciones constantes por todas y cada una de las decisiones, primero que toman, y después que han tomado.
Aún así, no es difícil encontrar a burócratas defensores de estos procedimientos demenciales. Personas que entienden que si alcanzan calidad en “los papeles” esta se convierte por arte de magia en la realidad.
La realidad es que hace mucho tiempo que, por salud mental, las programaciones nos las dan hechas las editoriales. Nosotros sólo cogemos y adaptamos.
Mi propuesta es clara: por supuesto que hace falta invertir tiempo en planificar la docencia, todo el del mundo. Y además acudiendo a criterios rigurosos que puedan ayudarme a discernir si lo que hago con mi alumnado tiene sentido o no para su aprendizaje.
Deberíamos invertir el menor tiempo posible en programarla, únicamente el que nos requiera cumplir con el requisito legal. Pero siendo muy conscientes de que el tiempo que invirtamos en ella, a parte de no tener reflejo en la calidad docente, es una trampa diseñada específicamente para atraparnos.
Por último, creo que la reducción de burocracia es ya, casi, un requisito para cualquier proceso de cambio hacia más calidad docente. Pero, además, estoy firmemente convencido de que hay que darle toda la autonomía del mundo al profesorado. Para que decida qué y cómo trabajar con el alumnado.
Para ello son excelentes profesionales en cuya formación hemos invertido mucho dinero como sociedad.
Referencias bibliográficas
Contreras Domingo, J. (1990). Enseñanza, currículum y profesorado. Akal.
El real decreto aprobado este martes por el Consejo de Ministros entrará en vigor este curso 2021-2022 y contempla los nuevos criterios de titulación en el sistema educativo.
El Gobierno ha aprobado este martes, a propuesta del Ministerio de Educación y FP, los nuevos criterios de evaluación, promoción y titulación para la Educación Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, cambios que entrarán en vigor este mismo curso 2021-2022.
El real decreto aprobado este martes permitirá a los alumnos de 2º de Bachillerato que obtengan el título con una asignatura suspensa, contempla la repetición de curso como algo excepcional y eliminará las pruebas de recuperación de junio y/o septiembre en Secundaria.
«Estamos ante un nuevo sistema de evaluación que impulsa la cultura escolar basada en la confianza, el trabajo colaborativo y la participación», ha señalado este martes la ministra de Educación y FP, Pilar Alegría, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.
Según ha indicado, este real decreto permite que España se adecúe a los estándares europeos, ya que contempla «un carácter integrador» en todas las etapas educativas, pone el foco en lo que se conoce como evaluación continua y da «un paso más» en reforzar la personalización de todos los procesos de aprendizaje.
Además, con estos nuevos criterios, la repetición será considerada algo excepcional, pues, tal y como ha destacado la ministra, un 30% de los estudiantes españoles de 15 años ha repetido al menos una vez de curso, y las tasas de abandono escolar en España se sitúan en el 16%, muy por encima del resto de países de su entorno.
Según esta norma, la evaluación en Primaria será «continua y global» y las decisiones sobre la promoción serán adoptadas por los equipos docentes, que actuarán de manera colegiada. Esta decisión se someterá a la consideración de los docentes únicamente al finalizar los cursos de 2º, 4º y 6º, siendo esta automática en el resto de cursos de la etapa, según recoge el documento. Así, la repetición de curso será algo «completamente excepcional» que se contemplará únicamente tras haber agotado el resto de medidas y cuando se estime que esta medida es la más adecuada para favorecer el desarrollo del alumno.
Se suprimen las convocatorias extraordinarias de junio y septiembre en Secundaria
En el caso de Secundaria, las decisiones sobre promoción «dejan de estar condicionadas por el número de materias superadas y pasarán a recaer enteramente sobre el equipo docente», que valorará si las asignaturas suspensas por el alumno le permiten seguir con éxito el curso siguiente. Así pues, al igual que en Primaria, la repetición se considera una medida «absolutamente excepcional» que solo se tomará tras haber agotado las medidas ordinarias de refuerzo y apoyo.
Asimismo, el real decreto determina que el alumno podrá permanecer en el mismo curso una sola vez y dos veces como máximo a lo largo de la enseñanza obligatoria. Otra de las novedades que recoge la norma de evaluación, promoción y titulación es que se vuelven a poner en marcha los programas de diversificación curricular para los alumnos de 3º en el curso 2022-2023.
En cuanto a la titulación en la ESO, la decisión recaerá totalmente sobre el equipo docente, «sin que pueda quedar condicionada por el número o la naturaleza de las materias no superadas». En todo caso, promocionarán quienes hayan superado las materias o ámbitos cursados o tengan evaluación negativa en una o dos materias. Y se suprimen las convocatorias extraordinarias de junio y/o septiembre para «terminar con la incongruencia de resolver un proceso de nueve meses de trabajo en una prueba única», según destaca el ministerio.
Bachillerato y Formación Profesional
Con respecto al Bachillerato, el real decreto establece que la promoción de 1º a 2º exigirá que el alumno tenga un máximo de dos materias suspensas. A diferencia de la ESO, se mantienen las convocatorias extraordinarias.
Para obtener el título de bachillerserá necesaria la evaluación positiva en todas las materias de los dos cursos de Bachillerato, pero, de manera extraordinaria, se prevé la posibilidad de obtener el título con una materia no superada, siempre que así lo acuerde el equipo docente y se cumplan además los siguientes requisitos: que el alumno haya alcanzado los objetivos, no haya faltado a clase, se haya presentado a todos los exámenes y la media de todas las asignaturas de la etapa sea igual o superior a cinco.
En cuanto a la Formación Profesional, la evaluación se realizará por módulos profesionales y para superar un ciclo formativo, tanto de grado medio como de grado superior y cursos de especialización, se tendrá que aprobar todos los módulos profesionales que lo componen. Y quienes superen todos los módulos incluidos en un ciclo de Formación Profesional Básica obtendrán el título de graduado en la ESO.
El sistema educativo es una estructura cautiva por el Estado y por el mercado, separada de la comunidad y que niega la niñez en su protagonismo introduciéndola en una fábrica de desigualdad. Solo cabe la resistencia.
e da la sensación que, en demasiadas ocasiones, cuando se abre el debate de las pedagogías alternativas y su difícil encaje en una educación pública oxidada, o su elitista uso en la concertada o en la privada, se cierra dando cera a las escuelas libres autogestionadas.
No es el objetivo de este artículo defenderlas, entre otras cosas porque es imposible hablar de un conglomerado como un todo definido y unívoco. Escuelas democráticas, escuelas activas, espacios de aprendizaje, alternativas a la escuela, bosque escuela, escuela rural, escuela libre, etc. Una multiplicidad de experiencias que solo tienen en común que no son ni escuela pública, ni escuela concertada, ni escuela privada.
Ninguna de ellas entra en los tres tipos oficialistas recogidos en las normativas, pero parece que hay un interés claro en asemejarlas a la educación privada. Se puede hacer desde el desconocimiento pero también con el objetivo de desacreditar las experiencias educativas que están aconteciendo en los márgenes y que pueden significar realidades de cuestionamiento al marco institucional y también de impugnación del malestar que éste supone para la comunidad educativa.
Una escuela alternativa, en cualquiera de sus formas, puede parecer privada porque, efectivamente, no hay ni un solo euro público que la sostenga.
No deja de ser una consecuencia nefasta de la mercantilización de la vida que asemejemos lo público a lo gratuito y lo privado a aquello que su consumo da un estatus.
Es una dicotomía falaz porque en el Estado español la escuela pública y la escuela privada forman parte del mismo modelo educativo. Son complementarias y se retroalimentan. Ambas están puestas al servicio de la estratificación clasista del país y de la economía, en un reparto determinado de funciones y sectores sociales a la que se dirigen. Obviamente, esto viene de lejos y poco tienen que ver con ello las experiencias de educación libre. Y aunque se quiera enmascarar en un debate pedagógico, es una cuestión de justicia social que no se quiere abordar políticamente.
La falacia va más allá porque la escuela pública no es gratuita —aun con una de las mínimas inversiones europeas en educación cuesta 520,5 euros al mes (datos de 2018) por alumno—, ni tampoco es pública, si entendemos lo público como lo de todas, ya que ni por las necesidades que cubre, ni por la participación que permite, podemos decir que responda al interés general.
El sistema educativo es una estructura cautiva por el Estado y por el mercado, separada de la comunidad y que niega la niñez en su protagonismo introduciéndola en una fábrica de desigualdad. Solo cabe la resistencia, la fuga o la creatividad…
Recuperar la autogestión
La autogestión de la vida y la lucha por unos servicios públicos dignos no debiera ser algo contradictorio —excepto cuando hablamos de educación que todo parece traición, convirtiendo el debate pedagógico en un duelo a muerte—. Intentar recuperar la gestión de lo público desde lo micro, en una producción de alternativas reales, no debiera verse como una amenaza por aquellas que quieren una escuela popular, de y para la gente.
Mucho camino queda por recorrer para poder ofrecer una alternativa común y satisfactoria para la mayoría, pero difícilmente se alcanzará sin un entrenamiento, sin un ensayo de cómo pueden ser las cosas diferentes en educación.
Más allá de las utopías y de las estrategias políticas, el hecho es que hay una estructuración de la oferta educativa que a algunas personas no nos convence, ni por lo privado, ni por lo público ni por lo concertado. El derecho a la educación trasciende a los modelos establecidos para satisfacerlo. No queremos conformarnos con el mal menor y apostamos por jugar otros posibles aquí y ahora, sin mucha más realidad que las necesidades, los sueños y los recursos de los pequeños grupos humanos que sostienen cada uno de los proyectos alternativos.
Son procesos organizativos complejos, en los que participan familias, docentes o acompañantes, y en algunos casos niños y niñas, con un nivel potente de autogestión y de regulación de conflictos. Se ha de tener una estructura colectiva sólida para poder sostener alternativas antisistema a lo largo de los años.
El resultado son proyectos pequeños, algunos efímeros, autorreferenciales y muy diversos entre sí. Si bien muchos surgen desde una motivación pedagógica, la pedagogía alternativa aparece más como una consecuencia de la autogestión que como su causa.
Si te permites la creatividad en la estructura, inventarte el marco, la pedagogía se confunde con la vida y viceversa
Si te permites la creatividad en la estructura, inventarte el marco, la pedagogía se confunde con la vida y viceversa. Y una vez ahí, no vamos a ser tan grises como para reproducir lo que a nadie le gusta de la educación reglada.
No es difícil, solo por el hecho de colectivizar el día a día en un espacio de convivencia y aprendizaje con criaturas surge algo radicalmente alternativo y valioso en cuanto a experiencia humana compartida. Y algo esencialmente negado por el sistema estatal.
Por eso cuando se habla de innovación educativa o de pedagogías alternativas en el marco institucional poco o nada tiene que ver con las experiencias de las escuelas libres, independiente de que pueda haber herramientas similares, o autoras compartidas como Montessori, Neill, Rebeca y Mauricio Wild, André Lapierre, Pikler, o el controvertido Steiner. Nada que ver.
Incluso desde la crítica, que comparto, de que ciertas didácticas pueden desvirtuar lo que queda de la escuela tradicional como mecanismo de inclusión y de igualdad de oportunidades, deteriorando su capacidad de instrucción -y que hay un interés neoliberal en ello-, en ningún caso puede ser esto responsabilidad de los espacios alternativos de aprendizaje y relación. Son pequeños y muy poco representativos para tan grande pecado.
Hay una confusión interesada. Aquellas propuestas que “se venden” como proyectos de pedagogías alternativas pero que cuentan con medios y apoyos, que tienen una vocación elitista y un interés mercantil, poco tardan en homologar sus centros como escuelas privadas y formar parte del Sistema Educativo. De alternativo no tienen nada, son los de siempre, con la cara lavada, cultivando el privilegio y haciendo caja.
Y también hay confusión cuando se equipara el barniz innovador de la pedagogía New Age con el compromiso del profesorado implicado en una educación pública de calidad, que busca desesperadamente la manera, con creatividad y desempeño, de mitigar el fracaso de la escuela y que quiere, necesita, utilizar la pedagogía alternativa como una vía de democratización de su experiencia de aula.
Los espacios liberados están ocupados principalmente en sobrevivir en el día a día, en hacer habitable la grieta esquivando de la mejor manera posible los diferentes envites
Y mientras que se dan los procesos de renovación pedagógica, más o menos bienintencionados, o más o menos reaccionarios en las escuelas del régimen, los espacios liberados están ocupados principalmente en sobrevivir en el día a día, en hacer habitable la grieta esquivando de la mejor manera posible los diferentes envites.
La tensión viene de muchos lugares, del Estado con sus diferentes administraciones, de los servicios sociales y la fiscalía controlando a las familias que no escolarizan -sobre todo si son empobrecidas- o con la izquierda tradicional, que es tan crítica con el sistema educativo como incondicional: siempre acaba perdonando sus faltas y minimizando la violencia que alberga, normalizando la precariedad y el malestar como una forma válida de relación con la niñez.
La educación liberada se convierte así en una diana tan útil como poco representativa. Cuando unos y otras cargan tintas contra estos tipos de experiencias parecen olvidar que la tasa de escolarización en el Estado español es de un 99,5%, solo una de cada 200 criaturas está fuera del sistema público-privado-concertado (y ese porcentaje no es solo de escuelas libres, hay que repartirlo entre educación en casa, unschoolers, problemas administrativos en la matriculación, etc.).
Incluso en la etapa no obligatoria (la mayoría de las experiencias de educación alternativa se circunscriben a estas edades) la escolarización va del 96,5% a los 3 años y el 98,4 % a los 5 años (datos del curso 2017-2018), por lo que no parece que las escuelas libres puedan llegar a ser un grave problema nacional.
Que cada cual vea qué le remueve de esta realidad, qué necesidad de autoafirmación ha de cubrir, porque como amenaza real, ninguna.
Que pueden criticarse estos proyectos, por supuesto, y ojalá sirviera la crítica para nutrir un debate público sobre educación, agotado y manido, de nuevas coordenadas, pero lo que no es honesto es usar las críticas como una cortina de humo para no abordar la reforma estructural del Sistema, que la comunidad educativa lleva años demando a gritos. Un cambio que encuentra resistencias en la institución y también desde la pedagogía.
Son muchos los debates abiertos en el seno de la educación liberada, más incluso de los que llegan de críticas externas. Cuesta caer en la autocomplacencia cuando se habita un lugar social precario, incluso clandestino. Todo son dificultades, retos, conflictos y muchas contradicciones que cada iniciativa gestiona como buenamente puede. Cada una de ellas daría para un artículo.
La profesionalización de los y las acompañantes, la precariedad de las trabajadoras, el coste prohibitivo para la mayoría de familias, el protagonismo de la niñez en los proyectos, la forma legal a adoptar para garantizar la continuidad y la estabilidad, que si las familias dentro o en la periferia de las iniciativas, que si educación libre o libertaria o ninguna de las dos, etc.
Conversaciones que participan de la incomodidad de habitar la grieta y que no siempre encuentran respuestas satisfactorias, pero que, en todo caso, posibilitan una experiencia de aprendizaje significativo para todas las personas implicadas en los proyectos.
Pocas veces este diálogo produce un discurso coherente y extrapolable más allá de la situación que lo sostiene y alberga. Cada experiencia tiene su propia narrativa, su propio proceso, su propia deriva. Que esta multiplicidad sea posible en el contexto actual ya supone un gran triunfo.
A veces no se alcanzan los mínimos consensos y los proyectos desaparecen o dan paso a otras propuestas más o menos convencionales, o es una criatura, una docente o una familia la que no se siente identificada y se desvincula de la propuesta, llevándose en su mochila una experiencia valiosa para otras aventuras personales o colectivas. También hay ahí mucho aprendizaje, en la tensión entre dentro y fuera, en la gestión de los conflictos, el arraigo, la pertenencia, la fantasía de tribu o desencanto de que lo pudo ser y no fue…
La vida va de eso, y de lo que se trata es de que la educación establecida no la usurpe.
Que cada cual con su familia, con su gente y en su barrio, pueda decidir en qué términos quiere dialogar con lo común sin que por ello sea juzgado desde un Sistema que, en educación, tiene mucho más que aprender que enseñar.
Las pedagogías alternativas servirán en la medida que se expresen como una pedagogía social, motivando dinámicas de resistencia, pero también posibilitando la creación de alternativas habitables
Confrontar con organización y presencia colectiva la exigencia constante, e insistente, de delegación y externalización de todo lo que tiene que ver con en el cuidado y la educación de la niñez, es valioso. Es una práctica política antagonista, una experiencia de contrapoder que, en mi opinión, tiene un gran valor social y no debe juzgarse solo por el resultado.
Liberar a la educación de su cautiverio es un reto social y político. Las pedagogías alternativas servirán en la medida que se expresen como una pedagogía social, motivando dinámicas de resistencia, pero también posibilitando la creación de alternativas habitables.
Y las escuelas libres solo pretenden ser un pequeño intento de esto, ojalá hubiera mucha más gente que se pudiera permitir intentarlo, y ayudar a resignificar el espacio fuera del privilegio para que pudieran tener la trascendencia política que merecen.
OtrasVocesenEducacion.org existe gracias al esfuerzo voluntario e independiente de un pequeño grupo de docentes que decidimos soñar con un espacio abierto de intercambio y debate.
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