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La perversión de la investigación y el bilingüismo en Madrid

Por: Julio Rogero 

El uso de las evidencias científicas para hacer política pasa primero por ser extremadamente cuidadosos para determinar qué constituye una evidencia y cuáles, en última instancia, pueden dar paso a políticas concretas.

Que la política pública debe tener en cuenta la investigación académica es un mantra que resuena cada vez con más fuerza en el debate público, incluido el campo educativo. “Hagamos política educativa basada en la evidencia”, proclamamos al unísono. No estoy tan seguro, no obstante, de que todos los que suscriben esta declaración asuman sus implicaciones. La primera de ellas es que hay que ser extremadamente cuidadosos para determinar qué constituye una evidencia y cuáles, en última instancia, pueden dar paso a políticas concretas. En ese sentido, es habitual que las investigaciones ofrezcan resultados contradictorios y que sea necesario un buen número de ellas y mucha discusión hasta lograr un consenso amplio (rara vez unánime) entre la comunidad científica. El debate tiene aún mayor complejidad cuando se trata de conectar los resultados con medidas concretas. De ahí la importancia de ser transparentes y de mantener abierto el debate teórico y metodológico.

Mi argumento es que la Comunidad de Madrid carece, en muchas ocasiones, del rigor y prudencia necesarios en el análisis y presentación pública de datos e investigaciones educativas, de manera que, en lugar de conducir a mejorar la educación, sirven para legitimar sus políticas. Para sostener esta idea pondré algunos ejemplos que provienen, en su mayoría, del documento I Fase de la Evaluación del Programa Bilingüe, realizado por la Consejería de Educación, Juventud y Deporte de la Comunidad de Madrid, y que ha servido como fuente argumental del discurso público de los responsables de la política educativa de la región en los últimos tiempos. Iré contrastando esos ejemplos con premisas básicas en metodología de investigación social:

“Un resultado fiable requiere datos representativos”

El informe de la CAM extrae resultados de las evaluaciones internacionales PISA (alumnos de 15 años) y TIMSS (alumnos de 4º de primaria) que provienen de muestras de centros bilingües y no bilingües que no son representativas, por lo que sus resultados no son fiables. Si los resultados extraídos no son fiables, mucho menos lo son conclusiones como las que aparecen en el informe citado -“no parece que el hecho de enseñar Ciencias en inglés repercuta negativamente en los alumnos”-, que además contradicen estudios de rigor metodológico contrastado. Esta falta de representatividad no ha impedido asegurar a la Consejería en notas de prensa y en su propia web que los resultados de PISA y TIMSS “avalan el bilingüismo”.

“Un indicador debe tener validez, es decir, debe ser capaz de cuantificar adecuadamente aquello que pretende medir”

En el documento citado y, a partir de él, en diferentes pronunciamientos públicos, la Consejería asegura que Madrid está entre las regiones con mayor inclusión académica. Para ello, utiliza el índice de inclusión académica de PISA, que mide en qué medida estudiantes con resultados diferentes en esta prueba comparten centro. El aumento de este indicador entre 2012 y 2015 en Madrid, periodo de expansión del Programa Bilingüe, lleva a la Consejería a concluir “que no hay efecto de “segregación” en el bilingüismo”.

Conviene recordar que, en el ámbito educativo, una de las premisas para la inclusión es que las escuelas y aulas sean heterogéneas, es decir, que acojan la diversidad del alumnado sin exclusión alguna. El indicador elegido por la CAM, primero, no permite conocer el grado de segregación por centro según el origen social o las necesidades educativas (por discapacidad, etc.) del alumnado; y segundo, no detecta si los estudiantes de diferentes orígenes sociales y desempeños académicos están en aulas diferentes dentro de los propios centros. Una de las formas de extender el programa bilingüe en Madrid ha sido crear, dentro de los institutos, grupos diferentes de alumnos en función de su nivel de inglés. Los datos de varios municipios de la corona sur de la región muestran una segregación extrema del alumnado con necesidades educativas especiales según el tipo de enseñanza bilingüe o no bilingüe. Por tanto, la validez del indicador que utiliza la Comunidad de Madrid para captar el grado de inclusión educativa tiene, a mi juicio, una validez muy limitada.

“Una evidencia requiere cierto consenso entre la comunidad científica que solo puede ser fruto del debate”

En su evaluación, la Consejería comenta los resultados de cinco estudios académicos sobre diferentes aspectos del programa bilingüe (solo dos de ellos publicados y, por tanto, validados -provisionalmente- por la comunidad científica). Al menos tres de esos estudios observan efectos negativos del programa y reclaman mejor información para evaluarlo adecuadamente. Sin embargo, las “Conclusiones de todos los estudios” seleccionadas por la Consejería omiten las del más riguroso e incluyen solo resultados positivos, que se dan por válidos sin discusión. Dicho de otro modo, se selecciona la evidencia que interesa para validar una política escogida por motivos no explícitos, que pueden ir desde la confianza irracional (no científica) hasta la defensa de intereses particulares. No olvidemos que, antes de que se evaluara por primera vez, el Programa Bilingüe llevaba ya 11 años en funcionamiento y se había extendido al 45% de los colegios e institutos de la región.

Si se analizan las conclusiones que extrae la Consejería de los estudios citados, se comprueba que las dos primeras no aparecen como tal en ninguna de las investigaciones, sino que son interpretaciones que pueden calificarse de atrevidas: (1) “En la Educación Secundaria se recupera la ligera pérdida de conocimientos durante los primeros años de la Educación Primaria en las materias que se imparten en inglés (Ciencias)”; y (2) “A largo plazo, durante toda la etapa educativa obligatoria (Primaria y Secundaria), el Programa Bilingüe no reduce los conocimientos y las competencias en ninguna asignatura”. La tercera conclusión indica que (3) “el Programa Bilingüe mejora de forma destacada el aprendizaje de la lengua inglesa”; si bien no sabemos si lo hace de forma destacada, parece evidente que sí los mejora, al menos entre los alumnos que se mantienen en el programa, pues no se evalúa el aprendizaje de quienes lo abandonan. Por último, la cuarta conclusión nos lleva a rescatar uno de los eslóganes más repetidos en metodología de investigación:

“Correlación no implica causalidad”

La Consejería asegura que (4) “El Programa Bilingüe también mejora otros aspectos educativos como los hábitos de lectura”. La aseveración resulta sorprendente, pues es difícil aventurar una explicación sobre por qué se produce ese efecto. ¿Se prueba realmente que las diferencias son atribuibles al programa? El estudio del que se extrae esta conclusión (recordemos, sin representatividad contrastada y que no ha sido publicado) cae, a mi juicio, en un error frecuente en ciencias sociales: confundir relación estadística con relación causal. Convendría descartar, por ejemplo, que tales diferencias no se deben a que sean los alumnos con mejores hábitos de lectura quienes tienen más probabilidades de acceder y mantenerse en el Programa Bilingüe. En síntesis y como puede comprobarse, la Comunidad de Madrid no parece haberse guiado por la prudencia y el rigor metodológico para alcanzar estas conclusiones, sino por aquella máxima del periodismo “nunca dejes que la realidad te arruine un buen titular”.

“Cuando se interpreta un dato, hay que analizar sus limitaciones”

Cuando se critica la política educativa madrileña, la respuesta más frecuente desde la Consejería es que el sistema funciona bien porque los resultados en PISA y TIMSS superan el promedio nacional y, en ocasiones, también el de la OCDE. Cuando se recuerda que esos datos son limitados y se reclama otro tipo de información, la única respuesta es que los resultados educativos de Madrid “son buenos”. La Consejería, al soslayar que las fuentes de datos son marcos que condicionan cómo y sobre qué se habla, impone su discurso y su diagnóstico. Ofrece sus respuestas, pero no permite elegir las preguntas. Interpreta una parte de la realidad, pero oculta otra.

Cualquier indicador ofrece, por definición, una imagen deformada de un aspecto de la realidad. Su relato es, en el mejor de los casos, una abstracción de lo que se pretende observar. Esa capacidad de simplificar la complejidad del mundo nos cautiva y, muchas veces, hace que detengamos la reflexión, especialmente cuando los datos encajan con nuestra visión del mundo. El dato descontextualizado, sin transparencia metodológica, como verdad incuestionable o argumento cerrado representa una visión insuficiente del conocimiento. No solo la investigación ha de ser rigurosa, sino también la interpretación de sus resultados, que deben someterse a discusión. Esos resultados deben entenderse como señales e indicios para identificar los problemas y las posibles soluciones, y no como acicate para la autocomplacencia y el autobombo.

En conclusión, la Comunidad de Madrid, con demasiada frecuencia, utiliza las estadísticas como los borrachos usan las farolas: para apoyarse, en lugar de para alumbrarse. A quienes nos interesa y apasiona la educación comprobamos cómo, muchas veces, los datos se convierten en mentiras sutiles, camuflajes interesados de problemas acuciantes, envoltorios que legitiman injusticias, ocurrencias, desamparos y negligencias, en lugar de en información útil para lograr una mejora educativa y una ciudadanía más informada y reflexiva. No me atrevo a afirmar si este abuso de los datos es consciente o si, por el contrario, es fruto del autoengaño, pero ambas posibilidades son enormemente preocupantes. Hagamos política educativa basada en la evidencia, pero antes usemos la investigación educativa de manera responsable.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/05/04/la-perversion-de-la-investigacion-y-del-bilinguismo-en-madrid/

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Castigar, premiar, educar

Por: Juana M. Sancho

La transgresión de las normas puede ser utilizada para avanzar en algunos saberes necesarios en el mundo de hoy. Pero normalmente es castigada y reprimida. ¿Debe cambiar este papel de la educación?

A comienzos del siglo XXI Raphael Gray, un joven de 19 años, con un ordenador portátil y acceso a Internet, logró saltar el sistema de seguridad de Microsoft y usó la tarjeta de crédito de Bill Gates para enviarle un frasco de Viagra. El joven le había escrito al fundador de esta empresa informando de los fallos de seguridad de su sistema, sin obtener respuesta. La broma cibernética, que salvó a la compañía de problemas mayores, le costó al joven un arresto por parte del FBI y, tras declararse culpable, dos años de trabajo comunitario. Creía recordar que al final el joven había sido contratado por la empresa, para ayudar a mejorar los sistemas de seguridad, pero hoy, al revisar la información disponible no lo he podido confirmar. En todo caso, quizás se lo merecía.

Recientemente llegó a mis oídos el caso de un estudiante de secundaria que con su teléfono móvil entró, sin mayor problema, en la intranet de su centro, y accedió a toda la información. Hasta aquí no hay historia. Pero se le ocurrió compartir su hallazgo con los compañeros y algunos le convencieron para que les dijese cómo hacerlo, cosa que finalmente hizo.

A partir de aquí, algunos estudiantes que solían sacar malas notas en los exámenes comenzaron a mejorar “sospechosamente”. No era el caso del hacker, con un excelente historial académico. El profesorado comenzó a investigar, porque no confiaban en la repentina mejora de algunos estudiantes y, los propios implicados, descubrieron a quién les permitió “mejorar sus resultados de aprendizaje”. (Aquí podríamos introducir una importante discusión sobre si los exámenes de papel y lápiz o digitales, con preguntas de respuesta prefijada, son la forma más adecuada para pronunciarnos sobre el aprendizaje del alumnado).

Una vez identificado el “culpable” (aquí podríamos abrir otra discusión sobre el posible sentimiento de “humillación” del profesorado y la institución frente a la habilidad del estudiante) ¿cuál fue la reacción? ¿Aprovechar la circunstancia para ir más allá del uso de la tecnología digital? ¿para plantearse lo que significa la ciudadanía digital, como posibilidad de entender los asuntos humanos, culturales y sociales relacionados con la tecnología digital y practicar un comportamiento legal y ético? No, la decisión fue expulsar al estudiante.

Quizás, por haber conseguido que algunos de sus compañeros contestasen de forma adecuada a las preguntas de los exámenes, el MIT le hubiese dado un premio. Porque el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha lanzado una iniciativa para premiar la “desobediencia productiva” dado que, en ocasiones, solo es posible avanzar rompiendo algunas normas. Para su director, Joi Ito, “no puedes cambiar el mundo siendo obediente”. Así que han creado el premio MIT Media Lab Disobedience Award (250.000 dólares) al entender que la “desobediencia constructiva” es la que “se realiza de manera ética y responsable y conlleva un impacto social positivo”.

Y aquí viene el tema principal de discusión que esta columna quiere proponer. ¿Cuál es el papel de la educación formal en el mundo contemporáneo? Las instituciones educativas siguen centradas en la transmisión de conocimiento factual y declarativo y en garantizar que el alumnado sigue las normas. En el mundo “real” niños, niñas y jóvenes tienen acceso a un volumen de información sin precedentes y a contextos, recursos y experiencias que sobrepasan el marco escolar. En este contexto ¿Quién les enseña o guía en la jungla de información? ¿Quién les ayuda a interpretar las dimensiones de lo legal y lo ético y las implicaciones de sus decisiones y actuaciones en estos marcos? Porque, como he argumentado en diferentes foros, la formación del profesorado se centra en su capacidad para “transmitir el pasado”, pero ahora su papel principal parece estar en entender y transitar con el alumnado por el presente y el futuro. ¿Estamos preparados para afrontar este desafío?

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/05/05/castigar-premiar-educar/

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Revisan Ecuador y España financiamiento de proyectos educativos

América del Sur/Ecuador/6 Mayo 2017/Fuente: Prensa Latina

El trigésimo encuentro del Programa Canje de Deuda Ecuador-España, realizado en esta capital, permitió pasar revista a las gestiones relacionadas con el financiamiento de proyectos educativos en este país sudamericano, reveló hoy la Cancillería.

La reunión incluyó la presentación de líneas de investigación realizadas con equipamiento gestionado por el Programa en centros de estudios superiores como la Universidad Técnica de Ambato, la Politécnica Nacional y Yachay.

Otro tema de análisis estuvo relacionado con procesos contractuales para la asistencia futura a otras instituciones de altos estudios, entre las cuales destacan la Técnica del Norte, Estatal de Bolívar, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias y la Escuela Fiscomisional San Daniel Comboni, en Esmeraldas.

En la cita también se revisó el financiamiento de proyectos presentados por la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación para equipar los Institutos Técnicos de Riobamba y Cuenca, así como del Ministerio de Salud Pública con el fin de ayudar en 52 Unidades de Manabí, una de las provincias más afectadas por el terremoto de hace un año.

Aunque sin especificar fecha, la Cancillería adelantó que próximamente las partes suscribirán acuerdos de colaboración para la ejecución de los programas analizados con esas instancias de estado.

El equipo español lo integraron Ana de la Cueva y Seline Rumeu, delegadas del Ministerio de Economía, Industrias y Competitividad y Xiana Méndez, Consejera Económica y Comercial de la Embajada de la nación europea en Quito.

Por la parte ecuatoriana estuvieron en el intercambio María Fernanda Maldonado, Coordinadora General de Promoción y Gestión Interinstitucional del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, así como el Subsecretario de América del Norte y Europa, Erick Medina, y María Mercedes Vega, asesora de la cartera de Finanzas.

Las instancias participantes y ejecutoras del Comité Técnico y Binacional del Programa Canje de Deuda han sido reconocidas a nivel internacional por su articulación, efectividad y liderazgo.

Fuente: http://prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=83614&SEO=revisan-ecuador-y-espana-financiamiento-de-proyectos-educativos

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España premia a los mejores estudiantes y profesores de castellano en Irlanda

Europa/España/6 Mayo 2017/Fuente: El periódico

La Consejería española de Educación en Reino Unido e Irlanda entregó hoy en Dublín los premios «Estudiante de español del año», que reconocen los logros alcanzados en esta materia por alumnos y profesores de este país durante el curso 2015-16.

El embajador español en la República de Irlanda, José María Rodríguez Coso, junto al consejero de Educación en Londres, Gonzalo Capellán, recibieron en la capital irlandesa a los ganadores de las diferentes categorías que integran estos premios.

Entre otros, destacaron los ganadores del premio al «Mejor Tándem», que reconoce la colaboración establecida entre profesores españoles e irlandeses dentro del «Programa de auxiliares de conversación» del Ministerio español de Educación.

El galardón se otorgó al Departamento de Lengua Española de la Brandon Grammar School, en el condado sureño de Cork, y a su equipo de docentes, integrado por las irlandesas Niamh Galvin y Caroline Lynch y la profesora auxiliar de conversación Amaya Gómez Rojo.

Este programa, que lleva funcionando en las islas británicas desde 1936, recordó Capellán, resulta clave para mejorar la enseñanza del español en los sistemas educativos de los países firmantes.

Pero también España, donde ha cobrado impulso la educación bilingüe «en los últimos veinte años» tanto en centros privados como públicos, se está beneficiando de la ventaja de contar con profesores nativos en las aulas, desde primaria hasta niveles más avanzados.

«La filosofía es la misma, surge de una doble necesidad. Por un lado están los centros de habla inglesa que necesitan una ayuda en la enseñanza del español y, por otro, gracias a la expansión de programas de bilingüismo en España, aprovechamos la presencia de hablantes nativos para reforzar, sobre todo, las destrezas de comunicación tempranas con el idioma», explicó Capellán.

En consecuencia, celebró, este plan «no tiene solo un aspecto lingüístico», sino que con las «personas viene también su cultura y las experiencias, al tiempo que se consolidan los vínculos entre países».

Para Rodríguez Coso, «estos son un premios pequeños si se les compara con las oportunidades que ofrece el aprendizaje del español», pues esta lengua abre, entre otras, «las puertas» a los países de «más de 500 millones» de hispanoparlantes.

Durante el acto también se premió a los estudiantes que obtuvieron la mejor nota en el examen de español en las pruebas de acceso a la universidad en Irlanda, el llamado «Leaving Certificate».

La más alta calificación en esos exámenes de 2015 la obtuvo Portia Healy-O’Connor, a quien el Gobierno de la comunidad autónoma de Castilla y León, junto a la Oficina de Turismo española en Dublín, premiaron con un viaje de tres días para dos personas a España.

Al final del primer ciclo de secundaria, el sistema educativo irlandés también plantea una evaluación de todas las materias a través del «Junior Certificate», en el que la mejor nota en el examen de español fue lograda por la estudiante Aoife Healy.

Entre las categorías más populares de estos premios destaca también la competición de vídeo, cuya temática en su octava edición giraba en torno al cine.

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/espana-premia-los-mejores-estudiantes-profesores-castellano-irlanda-6016865

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España: Las universidades empiezan a implantar controles de asistencia para evitar que los profesores falten a clase

Europa/España/6 Mayo 2017/Fuente: El mundo

«Es raro el año en que no te encuentras a un profesor pasota. De esos que te dicen que hoy no pueden ir a clase porque tienen un acto o algo relacionado con su investigación. Cuando esto pasa, él y los alumnos acabamos firmando y nos vamos». Son palabras de Víctor, estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), justo antes de aclarar que «son pocos, siempre los mismos» docentes los que «trampean» la asistencia para priorizar otras actividades sobre sus obligaciones con la enseñanza.

Ante estas situaciones «puntuales», reconoce que una hoja de firmas «no parece un método demasiado efectivo» para vigilar la presencia de esos profesores en las aulas. Esta experiencia es el reflejo de una realidad existente en gran parte de España. La mayoría de las universidades públicas carece de sistemas objetivos de control horario que midan con precisión la entrada y salida de quienes imparten clase.

Desde el año 2003, el Tribunal de Cuentas ha reiterado en varias ocasiones la necesidad de sustituir los procedimientos actuales, basados, sobre todo, en la rúbrica en un papel, por otros más avanzados, que permitan escrutar el absentismo docente con exactitud y evitar excesos de confianza como los denunciados por algunos universitarios. «A veces, algunos profesores se aprovechan del colegueo con los alumnos, porque saben que muchos no se van a quejar de que ese día se marchen», dice María, también estudiante de Ciencias Políticas en la facultad de Somosaguas.

Una ‘bula’ para catedráticos

En un informe de fiscalización realizado a las universidades en 2012, el mencionado tribunal, responsable de inspeccionar las cuentas y de la gestión económica del Estado, ponía de manifiesto la existencia del problema. Según el documento, «el sistema de control de presencia y del cumplimiento del horario fijado por la práctica generalidad de universidades públicas para el Personal Docente e Investigador (PDI) consiste en un mero control de firmas, o similar, para la docencia».

El estudio argumentaba que esta situación impide «un exacto cumplimiento de la normativa aplicable». En ella, se exige diferenciar, «en cómputo mensual, entre la jornada reglamentaria de trabajo y la efectivamente realizada», en aquellos casos en los que no se justifican las ausencias y que comportan una «deducción proporcional de retribuciones».

El órgano fiscalizador subraya, además, que la realidad es similar a la que ya él mismo percibió en 2003. El hecho de que las universidades no dispongan «de un servicio de inspección de personal docente, órgano de supervisión y de disciplina académica» provoca, según explica en el texto, «que se debilite todo el sistema disciplinario» contemplado en el régimen del profesorado.

A juicio del presidente del Consejo Social de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Ángel Tristán, si estas consignas «ya se están aplicando al Personal de Administración y Servicios, ¿por qué no se aplican a los profesores?«. Aunque dice ser consciente de que, en España, la mayoría de los profesores «son cumplidores y trabajadores vocacionales», no duda en afirmar que ha encontrado varios casos que ponen de manifiesto el problema: «Yo mismo he estado presente en el despacho de un decano al que se presentaron veintitantos alumnos de informática quejándose de que su profesor no había fichado».

Al respecto, el consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, Rafael van Grieken, comenta que «esa falta de rigor por parte de un profesional que, teóricamente, tiene que ir a dar una clase y que durante un cierto tiempo no iba y no pasaba nada, o mandaba al becario, cada día es menos frecuente«. Para él, esta práctica que «antes era como una especie de bula para los grandes catedráticos, algo que se podía hacer aunque no estuviera escrito en ningún lado», es hoy algo anecdótico.

Un sistema digital para ‘fichar’

No obstante, tal como asevera Tristán, en este país no hay datos fidedignos acerca del comportamiento del profesorado. «En el ámbito universitario no se puede hablar de oídas. La eficiencia sólo se puede conseguir con un sistema inteligente que aporte las mayores variables posibles», comenta.

En ese sentido, una de las pocas entidades de enseñanza superior que, a día de hoy, cuenta con un procedimiento de medición precisa es la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Desde hace cinco años, un sistema de control de asistencia digital registra con exactitud cada entrada y salida de sus docentes. Su rector, Javier Ramos, explica que, si bien es cierto que «la mayor parte de las universidades han implementado métricas, muchas de ellas subjetivas, para valorar la calidad del profesorado, esta universidad ha ido más allá con medidas objetivas».

El sistema tiene una base de datos que permite notificar al profesor si ha tenido alguna falta para que justifique su ausencia. Ramos deja claro que el absentismo de los profesores «es un problema residual». Sin embargo, añade, los registros confirman que «se ha mejorado en la puntualidad» desde que cambiaron el procedimiento de vigilancia. Javier Pérez, quien fue director de Comunicación de la URJC cuando se implantó este sistema digital, afirma que la decisión se debió a una combinación de varios factores: «Quejas de estudiantes, una renovación tecnológica y el hecho de que, si al personal se le somete a estos controles, es razonable que se haga igual con el profesorado».

De esta forma, dice un alumno de la UCM que prefiere mantener el anonimato, «se evitarían malos hábitos, como la costumbre que algunos profesores tienen de llegar siempre con 15 o 20 minutos de retraso, o que se escapen antes de la hora». Aun con todo, desde 2005, su universidad complementa el sistema de firmas usual con un informe de seguimiento de la actividad docente. Por medio de un muestreo de alumnos seleccionados aleatoriamente dentro de cada centro, éstos responden a distintas preguntas sobre un día lectivo elegido al azar. Después, los datos pasan a la Inspección de Servicios del centro académico para elaborar un barómetro del curso.

A diferencia de la universidad madrileña, en la ULPGC han optado por un sistema eficiente «muy similar» al de la Universidad Rey Juan Carlos, según explica Ángel Tristán. Existen varios sistemas, pero el presidente del Consejo Social destaca dos. Por un lado, la Facultad de Veterinaria cuenta con un panel «parecido al de un aeropuerto» que informa sobre la hora, el aula, grupo de alumno, asignatura y profesor. Por otro, la Facultad de Informática dispone de un sistema de firmas digitales en un pequeño monitor, «diseñado por un becario», cuyo éxito ha acabado por extender el modelo a otros centros como Empresariales y Derecho.

«A veces me dicen que hay temas más importantes que esto. El más relevante es la suma de todos los factores juntos, y el control horario es uno de ellos», apostilla Tristán. Para él, «no es cuestión de si el problema es pequeño o no, sino de saber que se está aplicando la Ley Orgánica de Universidades tantos años después de su aprobación [en 2001], y de que ese servicio de control interno no dependa del gerente o del rector«.

La docencia no tiene ‘premio’

Expertos en educación y representantes de estudiantes coinciden en que una de las razones principales del absentismo entre quienes imparten clase está relacionada con el desequilibrio de incentivos que éstos tienen en su labor como investigadores y como docentes. El profesorado universitario es evaluado mediante procedimientos periódicos en los que se valora su rendimiento. En el caso de su trabajo como investigador, se realiza por periodos de seis años (sexenios), y en el de su rol de docente, por periodos de cinco (quinquenios). De esta forma, una valoración positiva se traduce en un complemento incentivador.

Sin embargo, estas retribuciones están descompensadas. El director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria, Francisco Michavila, asegura que «existe una dualidad entre la docencia y la investigación porque, mientras los sexenios suponen un premio con prestigio y con impacto económico, la enseñanza no se valora«. En esta misma línea, el vicepresidente del Consejo de Estudiantes Universitario del Estado (Ceune), Juan Antonio Montero, explica que «el problema con los quinquenios es que en la última modificación estatal que se hizo en Educación, la docencia perdió aún más valor».

Por eso, añade que «muchos profesores prefieren compatibilizar los créditos ECTS que están obligados a impartir [las unidades para medir el tiempo total de trabajo del alumno] con otras ocupaciones, y priorizar la investigación a la docencia». Montero califica esta situación como «un problema», porque «al final, todo esto se traduce en absentismo».

El presidente de la Federación de Asociaciones de Estudiantes Progresistas (Faest), Alejandro Delgado, opina que «existe una trampa muy grande, porque los profesores se ven obligados a publicar para impulsar su carrera como docentes, mientras que, al contrario, no pasa igual». Esta ambigüedad supone, denuncian, una causa flagrante de incumplimiento en las aulas. Por ello, según Tristán, «no hay nada de malo en que exista una radiografía de los horarios en las facultades. La política universitaria debe sustentarse en la ciencia, y no en la apariencia o en el rumor».

Fuente: http://www.elmundo.es/f5/campus/2017/05/03/5908ba03ca4741c0598b4603.html

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El reconocimiento del otro: clave para entender y prevenir el bullying

Por: Teresa Terrades

La persona acosada siente peligrar su integridad, su identidad, su existencia porque mientras es acosada, no puede establecer con normalidad sus vínculos. Esto la hace dudar de su valía personal.

El bullying marca. Marca si eres la víctima. Marca si eres el acosador y tienes conciencia de serlo. La toma de conciencia del agresor puede tardar en llegar o puede que no llegue nunca. En la mayoría de los casos, llega. El bullying puede tener diferentes grados de intensidad y de duración en el tiempo, pero siempre se caracteriza por la fuerte huella emocional que deja a sus protagonistas.

Después de haber acompañado varios casos en mi labor profesional, he visto que víctima y acosador son la cara y la cruz de un mismo fenómeno que se relaciona con la invisibilidad y el reconocimiento humanos. Me explico.

Para construir nuestros vínculos necesitamos ser vistos. Tenemos conciencia de que existimos cuando nos sabemos vistos. Si no nos ven, no podemos establecer vínculos y esto compromete nuestra supervivencia. Esta es una condición humana inapelable.

La persona acosada siente peligrar su integridad, su identidad, su existencia, porque mientras es acosada no puede establecer con normalidad sus vínculos. Esto la hace dudar de su valía personal, pierde la confianza en sí misma y se termina culpabilizando de lo que le pasa. Piensa que algo no está haciendo bien y tiende a buscar el reconocimiento de los demás haciendo ofrecimientos por encima de sus posibilidades, olvidando sus propias necesidades.

El agresor también busca ser visto por los demás. En este caso, deduce que el reconocimiento dentro del grupo obtiene ejerciendo relaciones abusivas. Es una deducción que no viene de la nada. A menudo es fruto de un autoconcepto muy bajo o de un modelo aprendido de establecer relaciones. Sin agredir se siente invisible, siente que no tiene lugar dentro del grupo, siente que no puede establecer vínculos. El acoso le confiere poder y estatus, en un sentido de pertenencia mal entendido.

Acabar con el bullying va de reconocer a los otros como legítimos otros. Humberto Maturana dice que el futuro de la humanidad no son los niños sino los grandes, porque los niños y jóvenes se van transformando con nosotros, con los adultos con quienes conviven. Acabar con el bullying también, pues, depende de la implicación del mundo adulto. Que los adultos sepamos observar cómo se establecen las relaciones entre iguales y abrir espacios donde sea posible la expresión de las emociones que aquellas provocan en uno mismo y en los demás. Va de dar visibilidad a cada persona que forma parte de un grupo o aula para prevenir futuras situaciones de acoso.

Igualmente tiene un gran poder preventivo fomentar relaciones de mentoría entre iguales de manera que los chicos y chicas mayores sean referentes y apoyo de los más pequeños. En estos encuentros se pueden detectar casos de acoso en estadios muy iniciales, situaciones de riesgo que siempre se pueden resolver mejor que cuando ya se han cronificado.

Padres y maestros tenemos que hacer prevención y detección de las situaciones de bullying. Y eso nos pide sintonizar en una misma frecuencia de ondas aunque tengamos roles diferentes. Los padres tendemos a evaluar mejor el estado emocional del hijo. Tenemos una visión individualizada del hecho. Los maestros tendemos a ver mejor las habilidades relacionales de los chicos y chicas en el aula. Hay una mirada más colectiva.

Tanto unos como otros tenemos visiones parciales y necesitamos la mirada global del sistema de relaciones implicado. El abordaje de la situación debe contemplar el acompañamiento y apoyo tanto a la víctima como al acosador. Y la reparación vendrá a través de dar un nuevo reconocimiento a unos y otros.

A la persona acosada la reconocemos cuando le mostramos que nos damos cuenta de lo que le está pasando y le apoyamos. Cuando siente que escuchamos sus necesidades y puede pedir que le hace falta. La víctima debe volver a convencerse de que tiene un espacio dentro de su sistema de relaciones y que, como persona de valor, tiene derecho a existir y ser vista.

Las personas que han sufrido bullying son especialmente sensibles al sufrimiento de los demás y tienen una capacidad de empatía mayor que el resto. Dan un sentido a lo que han vivido apoyando a los que ven en situaciones similares a las suyas. Suelen afirmar que la experiencia les ha hecho madurar muy rápido.

Al acosador le falta un reconocimiento en forma de límites. Desde las normas y los límites aprendemos el sentido de pertenencia y hacemos propios los valores que van asociados. Estos límites permiten redirigir la fuerza de los acosadores hacia nuevas formas de actuar. Deben comprobar que es mejor la experiencia de la gratitud y la empatía que la del abuso. Deben experimentar que pueden ser útiles a los demás a través de sus actos. Que esto les dará una nueva visibilidad dentro del grupo. Los habrá que darse cuenta pero, del error cometido. Este es un paso difícil porque el sentimiento de vergüenza interno es grande. Una vergüenza que necesita el perdón de las víctimas y de él mismo.

En estos procesos de reparación necesitamos asumir que el conflicto es inherente a nuestra condición humana. Pero le podemos dar un sentido diferente. El conflicto pone en evidencia nuestros miedos, lo que tememos perder pero a la vez puede hacernos avanzar desde lo que tenemos en común y desde el compromiso a hacer de lo común, unas acción de futuro diferentes.

Los adultos tenemos que hacer posible acompañar a víctimas y agresores, sin embargo nos confronta con nosotros mismos y con nuestros miedos. Por todo ello, también necesitamos acompañamiento. Debemos tener nuestros espacios de encuentro y reconocimiento en los que podamos expresarnos, hacer evidentes nuestras discrepancias, nuestros conflictos y escuchar desde la voluntad de hacer emerger nuevas respuestas al sufrimiento y malestar de nuestros jóvenes, causa principal de las situaciones de bullying.

El bullying marca pero no es un tatuaje. Los tatuajes no se borran. El bullying, como todas las heridas que se curan, deja cicatrices y marcas. Más allá del bullying, este es memoria, no es realidad. Hay vida, a menudo más fuerte, a menudo más valiente, a menudo más solidaria, cuando se acaba el bullying.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/05/02/el-reconocimiento-del-otro-clave-para-entender-y-prevenir-el-bullying/

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“A los gobiernos les cuesta medir cuáles son los problemas tecnológicos de las escuelas” Entrevista a Steven Hodas

Europa/España/6 Mayo 2017/Autor: Pau Rodríguez/Fuente: El diario la Educación

Steven Hodas fue el responsable durante 8 años de iZone, una iniciativa de la ciudad de Nueva York para conectar escuelas y empresas tecnológicas para que desarrollasen juntas las herramientas que compraría la Administración.

De la aplicación de las nuevas tecnologías en las aulas, de sus beneficios y perjuicios, se ha hablado ampliamente. Pero ¿quién es el encargado de comprar estas herramientas? ¿Quién debe decidir qué marca de tabletas necesita una escuela? ¿O cuál es el software más adecuado? La avalancha de nuevas empresas, a menudo start-ups, que ofrecen productos a los centros educativos es cada vez más voluminosa, pero pocos se han parado a pensar cuál es el mejor procedimiento para incorporar, si es que hay. Las concertadas tienen más margen para valorar qué se adapta mejor a sus escuelas, pero las públicas están a menudo a merced de compras a gran escala de la Administración. Ante este panorama, en Nueva York pusieron en marcha el iZone, un proyecto de innovación que pone en contacto escuelas y empresas desarrolladoras de programas para diagnosticar cuáles son sus necesidades en el ámbito tecnológico y adaptar las soluciones. Esta iniciativa la dirigió durante ocho años Steven Hodas, que dio todos los detalles en el acto Debates de Educación, organizado por la UOC y la Fundación Jaume Bofill.

¿Por qué el Departamento de Educación de Nueva York decidió que debía crear un espacio de colaboración entre maestros y start-up con respecto a la innovación relacionada con las nuevas tecnologías?

Antes de participar en esta iniciativa, yo había trabajado en empresas de software, y me había dado cuenta de que las escuelas en general son compradores muy malos. Me explico: se gastaban mucho dinero sin conseguir todo el valor que sus vendedores y los respectivos productos pueden ofrecer. A la administración pública, que es quien compra, le cuesta diagnosticar los problemas reales de las escuelas en este sentido. A la vez, muchas empresas innovadoras eran reacias a trabajar con las escuelas porque para ellas es difícil y desagradable, porque los lleva a procesos muy lentos.

Hasta ahora no son las escuelas las que deciden qué se compra y qué no, sino sus titulares. A menudo, pues, el Gobierno.

Y el Gobierno suele ser un mal consumidor porque no tiene formas precisas de medir cuáles son los problemas tecnológicos de las escuelas. Además, tarda meses o años a comprar lo que cree que puede ir bien y, entonces, encima, el mundo ha cambiado y ya hay productos mejores en el mercado. Deben ir más rápido.

Entonces ¿Quién sabe qué tecnologías necesita una escuela?

Depende del problema que tengan. Si hablamos de tecnología relacionada con el aprendizaje, seguramente los maestros son quienes más pueden saber. Ellos saben cómo hacer clase, cómo aprenden sus alumnos, así que deben formar parte de la definición del reto. En Estados Unidos -en otros países no lo sé- los maestros nunca han formado parte de este proceso. Suele ser alguien en una oficina sin contacto con los maestros, que no ha pisado un aula desde hace años, sin herramientas para evaluar el producto, el que toma la decisión de comprar. Y se gastará muchísimo dinero en colocar una herramienta en todas las escuelas que luego le sorprenderá que nadie utiliza.

Hay muchos ejemplos de estas compras al por mayor. En España hubo un caso con la compra masiva de ordenadores. En Los Ángeles hay un juicio abierto entre la Administración y Apple y Pearson por la adquisición millonaria de tabletas para todos sus alumnos.

Esto ocurre porque no se paran a pensar despacio. Alguien en Los Ángeles decidió que repartirían tabletas en todo el mundo sin preguntar a los maestros. ¡Nadie con dos dedos de frente daría un proyecto de esta envergadura sin haberlo probado antes! Hacer un piloto con cinco escuelas, ver cómo funciona, qué cambiarían …

¿Es esto lo que hacen en iZone? ¿Valorar la tecnología antes de aplicarla?

Usamos los principios básicos del diseño centrado en el usuario. Es decir, que se va a la persona que tiene el problema, es decir, al maestro: se lo observa, se le escucha, se le deja diseñar el propio problema… Y entonces los diferentes desarrolladores tratan de dar respuesta, la devuelven al docente, que prueba las diferentes opciones, las elige… Fíjate que hasta aquí aún no se ha comprado nada. La prueba puede durar tres o seis meses, trabajando codo a codo los maestros y los desarrolladores, que adaptan el producto en función de ello. Al cabo de unos meses, tienes una herramienta mucho mejor para las escuelas, y la próxima que desarrollen seguro que será más cuidadosa.

Las empresas tienen ánimo de lucro, claro. ¿Cómo saben que tienen un interés real para hacer buenos productos educativos?

Deben tener ánimo de lucro, sino no durarán mucho en el mundo de la empresa. Les interesa hacer productos útiles para las escuelas aunque solo sea para garantizar que crecen como empresa. Tienen un interés real por hacer las cosas mejor. Y créeme, la gente que funda pequeñas empresas o start-up que ofrecen servicios a escuelas saben que no harán mucho dinero rápidamente. Si buscaran eso se dedicarían a otra cosa.

Fotografía: Robert Bonet

Pero me refiero a que ustedes dan una información con un potencial de explotación muy valioso -por ejemplo: qué necesitan los docentes- a unas compañías determinadas. ¿Cómo las seleccionan?

Esto es cierto, tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de conectar las empresas con los maestros. Nos aseguramos de que se tomen el proyecto serio y que su compromiso se mantenga en el tiempo. Hacemos un proceso de evaluación severo. También con los maestros, porque las startup están invirtiendo su tiempo sin asegurarse de que venderán el producto, lo hacen de forma gratuita. El compromiso y el nivel han de ser en ambos, porque es una relación que no tiene nada que ver con una transacción.

Y al final, ¿quién decide qué se compra? ¿La escuela o la Administración?

En Estados Unidos depende de la ciudad. A veces uno, a veces otro, dependiendo del coste y, sobre todo, de si es o no para todos los centros.

Póngame un ejemplo de iZone de colaboración entre maestros y empresas emergentes que haya llegado a buen puerto.

Quizá el más conocido es el Gap App Challenge, pensado para solucionar un problema de bajos resultados de matemáticas en Primaria. Abrimos un concurso donde se presentaron 200 empresas y particulares. Los maestros evaluaron las propuestas, y escogieron 40 de finalistas. Estas se adjudicaron a diferentes clases que también se habían presentado al concurso. Los juntamos de forma cuidadosa y trabajaron conjuntamente para mejorar los programas. El proceso duró 9 meses.

¿Y ustedes subvencionan a las empresas?

No, nunca. Estos experimentos no comportan darles dinero. A excepción de los que se llevan premios en casos como el del ejemplo anterior. El compromiso consiste en invertir su tiempo y recursos para tener estas reuniones con los maestros. Y lo hacen con gusto, algunas veces volando a Nueva York desde la otra punta del país.

Las nuevas tecnologías ¿pueden ser una herramienta que ayude a personalizar el aprendizaje? ¿O aún están lejos de este objetivo?

De entrada, sabemos que la tecnología en sí misma no conduce a la personalización. Es una herramienta que nos sirve para un objetivo, y gracias a dios es el objetivo el que debemos definir primero, y luego pensar cómo adaptamos la herramienta. En iZone no sólo desarrollábamos tecnologías, también a veces repensábamos cuestiones del día a día en el aula, como los espacios o los tiempos. Para personalizar los aprendizajes, si me lo permites, no necesitas ni electricidad: te basta personas conversando y un maestro hábil que aprovecha lo que sabe cada alumno. Con o sin iPad.

Las escuelas cada vez reciben más mensajes sobre la incoporación de tecnologías. Empresas que los venden su producto, familias que recomiendan aplicaciones, maestros informados que proponen otras… ¿Cómo debe proceder un centro ante esto?

Todo ha cambiado mucho en los últimos años, es cierto. Pero antes también pasaba. Los directores, o las administraciones, siempre han tenido vendedores llamando a su puerta constantemente. Con los libros de texto, por ejemplo. Con el actual bombardeo de recursos por parte de startup, no hay forma de evaluarlo todo. La pregunta que se hace un centro es: “¿Como sé qué hay en el mercado y qué es bueno o malo?”. Y la cuestión es que no hay un producto bueno, sino que depende del ecosistema o del currículo donde se aplique. Sabemos que aprender es complejo y que no hay ningún factor mágico. Para ello se ha de implicar a las escuelas en el proceso de selección de los productos.

¿Y cómo los evalúan?

Probando el producto sin pagar, o pagando poco. Y entonces la clave es habilitar webs donde los profesionales puedan ir compartiendo sus comentarios sobre los productos y los contextos en los que los han utilizado. Al estilo de webs como Tripadvisor.

Una última pregunta. Las nuevas tecnologías cada vez tardan menos en quedar obsoletas o superadas. ¿Esto significará que el sistema educativo tiene que gastar cada vez más? ¿Se puede evitar?

Pues no lo sé… Es algo que tendremos que resolver. Lo que es evidente es que tenemos que aceptar que la forma como adquirimos ahora tecnología no es la mejor ni es la que debería ser.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/05/01/a-los-gobiernos-les-cuesta-medir-cuales-son-los-problemas-tecnologicos-de-las-escuelas/

Fuente de la imagen: https://leaders.edweek.org/wp-content/uploads/2014/02/LTLF-Steven-Hodas-Emile-Wamsteker-940.jpg

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