ONG Enseña Perú seleccionará a profesionales de diversas carreras para que ejerzan como docentes en zonas vulnerables del país. Convocatoria para el programa estará abierta hasta el 16 de octubre.
Desde el 2010, la organización sin fines de lucro Enseña Perú ha venido captando a profesionales egresados de diversas carreras, para que ejerzan como docentes de colegios en zonas vulnerables a nivel nacional.
Los seleccionados trabajan a tiempo completo durante dos años en colegios de 14 regiones del país (como Cajamarca, Arequipa, La Libertad, Lima y Callao), generando un cambio en distritos y comunidades afectadas por la pobreza y la violencia familiar. Durante ese tiempo, los profesionales reciben un sueldo de maestros.
La convocatoria para el Programa de Liderazgo 2017-2018 (donde se forman a los docentes de la ONG) ya inició, según anunció Rosario Tafur, directora de Programa de Enseña Perú. Los interesados pueden inscribirse hasta el próximo 16 de octubre en la web www.ensenaperu.org.
Si eres seleccionado luego de los días de dinámicas y la posterior entrevista personal (que se realizará entre fines de octubre e inicios de diciembre), Enseña Perú te capacitará en técnicas para crear una cultura de aprendizaje en estudiantes con brecha educativa, efectividad pedagógica, trabajo colectivo y liderazgo.
La formación incluye, entre otras cosas, retiros de capacitación, acompañamiento de especialistas, cursos presenciales y online, y pasantía de verano en diversas empresas y organizaciones.
Principales resultados
Según Tafur, los profesionales de Enseña Perú se convierten en valiosos agentes de cambio. Gracias a su esfuerzo, sumado al trabajo del Ministerio de Educación, los gobiernos locales y regionales, las escuelas y la empresa privada, el porcentaje de alumnos con uno o más años de atraso escolar en el país se redujo de 58 a 11% el 2015.
“Asimismo, también hemos impactado en el nivel de competencias blandas. El año pasado, nuestros estudiantes a nivel nacional llegaron a tener un nivel intermedio en perseverancia y autonomía, y un nivel avanzado en trabajo en equipo y autoconfianza. Esto les permite ser mejores en el aula y en general en la vida”, indica Tafur.
Sin embargo, hay un componente aún más valioso. “Creo que lo más importante es el impacto que hemos tenido al promover que los estudiantes se proyecten hacia sus propias comunidades, diagnosticando problemas locales y estableciendo visiones de futuro como parte de un sistema”, manifiesta Tafur.
Así, estos tres aspectos (excelencia académica, habilidades blandas y proyectos para la comunidad) “sirven para aprender mejor, de forma significativa y automotivada”.
Chile / elmostrador.com / 28 de Septiembre de 2016
El proyecto de Reforma a la Educación presentado por el Ministerio no se orienta por una comprensión de la educación como un derecho, tampoco busca el fortalecimiento de la Educación Superior al interior de un régimen de lo público. Cuestiones, ambas, que debieran constituir la columna vertebral y horizonte de la reforma.
No es suficiente que una universidad se declare «de vocación pública» para que así sea. Debe regirse por normas internas que hagan posible este compromiso con lo público. Pero, más importante aún es que el Estado opere con un sistema de regulación que oriente a que todas las instituciones de educación superior que reciben financiamiento estatal operen bajo un régimen de lo público. Esto es: sin lucro efectivo, pluralistas, laicas, autónomas respecto de cualquier interés de grupos ajenos a la propia universidad, es decir, sin sujeción al control unilateral de algún interés particular, sea este de orden económico, político o religioso.
Un régimen de lo público significa investigación, creación y extensión pertinente a las necesidades del país, con una perspectiva crítica y propositiva hacia las políticas públicas, aportando al bien común y al desarrollo inclusivo y sostenible del país y sus regiones; con libertad de expresión y de cátedra; con participación de sus estamentos en los órganos colegiados; con políticas estudiantiles de acceso e inclusión; con transparencia y rendición pública de sus recursos.
De esta forma, el financiamiento del sistema bajo un régimen de lo público, debe incorporar a todas las universidades acreditadas: estatales, no estatales del CRUCH y privadas que acepten operar bajo este régimen.
Las universidades estatales deben constituir el eje del sistema y deben tener el financiamiento que les permita «liberarse» de un régimen de mercado que -aún sin dueño ni grupos controladores- las expone a intereses particulares, las obliga a competir y termina, en cierto sentido, privatizándolas en tanto las lleva a alejarse de su autonomía y función pública. Financiamiento para la docencia vía gratuidad y aporte fiscal directo para la investigación nos parecen los mecanismos apropiados.
En el proyecto de reforma la calidad se asocia directamente con los procesos de acreditación, manteniendo una lógica «productivista», de «ranking» y de competencia entre las universidades, por sobre lógicas de colaboración intra e inter instituciones o de valoración de proyectos autónomos y singulares, que tengan como horizonte la búsqueda de la justicia, la inclusión o la contextualización del proceso educativo, coherentes con la misión y visión que determinadas universidades puedan darse en el marco de su autonomía.
El acceso a la gratuidad que se estableció en la glosa presupuestaria del año 2015 no puede circunscribirse a los años de acreditación de las instituciones, más aún cuando en el propio proyecto se expresa que » No es claro lo que significa un año más o un año menos en las decisiones de acreditación » (pp. 15).
Los recursos hoy disponibles permiten extender la gratuidad a la gran mayoría del sistema educacional en todos sus niveles. En el nivel terciario se puede extender de inmediato la gratuidad a más de la mitad de todo el estudiantado, redestinando a esta partida los cuantiosos recursos fiscales que hoy se desembolsan en el desprestigiado, injusto y discriminador sistema de créditos y becas. Vemos necesario el término inmediato de los llamados «Créditos con Aval del Estado (CAE)», que en realidad son créditos con dinero y aval del Estado. Este ítem constituye de lejos la principal partida del presupuesto respectivo, lo cual significa que en los hechos determina la esencia de la política actual.
Si bien estos mecanismos han proporcionado un porcentaje importante de los recursos que muchas de nuestras instituciones han necesitado para formarse y sobrevivir, ello ha sido a costa de endeudar a cientos de miles de estudiantes que provienen de familias modestas.
Al transferir a gratuidad los recursos destinados a CAE y becas, que representan dos tercios de las denominadas «ayudas estudiantiles», se pueden triplicar de inmediato los recursos destinados al nuevo esquema.
La mercantilización del sistema de educación superior en Chile y el afán de lucro que lo alimenta han generado en muchas instituciones el alejamiento de criterios académicos de excelencia, y ha instalado la demanda por mejorar la calidad de la educación y puesto en evidencia la débil regulación y lo mucho que requerimos avanzar en este ámbito.
Tal discurso, instalado principalmente por los estudiantes, propone que puede haber calidad fuera de la lógica mercantil y, a la inversa de ésta, que el lucro no es compatible con la calidad en el mundo universitario, puesto que cuando hablamos de calidad necesariamente aludimos a una cierta noción o entendimiento de lo que es una universidad, cuál es su carácter, la función pública que cumple y que le da su especificidad como institución.
En el proyecto de reforma la calidad se asocia directamente con los procesos de acreditación, manteniendo una lógica «productivista», de «ranking» y de competencia entre las universidades, por sobre lógicas de colaboración intra e inter instituciones o de valoración de proyectos autónomos y singulares, que tengan como horizonte la búsqueda de la justicia, la inclusión o la contextualización del proceso educativo, coherentes con la misión y visión que determinadas universidades puedan darse en el marco de su autonomía.
Resulta evidente que algunos indicadores de calidad utilizados son discutibles. Urge una mirada crítica, capaz de analizar la calidad y su relación con la reproducción de la desigualdad social. Nos inquieta el hecho de que las universidades que mejor califican en los rankings sean justamente aquellas donde se forman los jóvenes que han tenido las mejores oportunidades de aprendizaje.
Chile / mba.americaeconomia.com / 28 de Septiembre de 2016
Es un evento organizado por la Universidad de Santiago y su programa Adulto Mayor.
Conn el objetivo de sensibilizar a empleadores y trabajadores en la construcción de entornos laborales saludables, que permitan promover la salud para un envejecimiento activo laboral para mejorar la calidad de vida y salud de los trabajadores, la Universidad de Santiago realizará este 1 de octubre en Sala Froemel de la Universidad desde las 8:30 horas a las 14:00 horas, un coloquio para diversas representaciones de trabajadores, como Federaciones, Gremios y sindicatos de trabajadores y trabajadoras.
Los trabajadores Chilenos pasan más de la mitad de las horas del día que están despiertos en su lugar de trabajo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene que los programas de promoción de la salud en el lugar de trabajo, resultan efectivos para mejorar los niveles de salud y calidad de vida los trabajadores, previniendo patologías de tipo osteomusculares, cardiovasculares y enfermedades mentales, impactando positivamente en un envejecimiento activo y saludable, temas que serán abordador durante el coloquio por importantes expositores como Matías Portela, DIPOL Promoción de Salud, del MINSAL.
Además, se abordarán importantes temáticas que afectan a la sociedad chilena, como el Sistema de Jubilación Chileno AFP, que será tratado por Recadero Galvez de la fundación Sol, entre otras charlas con el objetivo de conocer y sistematizar las creencias y demandas de los trabajadores chilenos en torno a la salud y calidad de vida en una perspectiva de envejecimiento activo.
Esta es la historia de un cortijo. De los años 50, amplio y luminoso, un edificio sólido que se alza en medio de un jardín rodeado de palmeras. Una joya donde retirarse a disfrutar si no fuera porque los que lo habitan ya no tienen nada que heredar. Allí no hay fortuna. Bueno sí, de la mala. Ni caballos. Bueno sí, están los restos de ese otro del que nadie habla pero que en la mayoría de los casos ha corrido por las venas de este puñado de desgraciados que consumieron sus vidas a pinchazos. Porque entrar en la Finca Colichet de Churriana es acceder a las entrañas de una realidad paralela que aún hoy existe pero de la que poco se habla: la de los enfermos de sida desahuciados, hombres y mujeres que lo perdieron todo y que por sus circunstancias terminaron entre las cuatro paredes de esta casa de acogida que pertenece a Cáritas y que gestionan las Hijas de la Caridad.
Allí están los que nadie quiere, salvo estas valientes de bata blanca: los que llegan de la calle comidos por la enfermedad, los que deriva el hospital una vez desconectados, los que ya no pueden ser atendidos por sus familias en el caso de que aún la tengan… Los que van a morir, en fin. «Al buen morir», susurra sin embargo en una de las salas Paqui Cabello, la enfermera que desde hace 14 años dirige esta casa de juguetes rotos y que entrega su vida –literal– por ellos acompañada de cuatro monjas voluntarias –tres son enfermeras y una médico– y cuatro auxiliares de enfermería, los cuatro varones y por cuyos brazos ha pasado de todo.
Colichet está a punto de cumplir las bodas de plata desde que el 21 de abril de 1992 abriera sus puertas reconvertido en casa de acogida para los desahuciados del sida. Antes de todo aquello era un lugar dedicado a colonias infantiles, un nido de jolgorio despreocupado que cambió de banda sonora cuando comenzaron a llegar ellos. Los otros. Por eso no se sabe bien si hay algo que celebrar en este aniversario. Bueno sí. Al menos están los brazos menudos de Paqui y sus incondicionales, que al principio recogían a los enfermos «tirados de las calles». Corrían los primeros noventa y los estragos de la enfermedad eran desoladores: los médicos no sabían qué hacer con semejante avalancha en los hospitales y pidieron ayuda a Cáritas, que inmediatamente cambió la colonia infantil por el macabro campamento. Ahora tienen capacidad para doce plazas. Son trece, en realidad: una está guardada para casos extremos. «Créeme que aún los hay», lamenta Paqui, incapaz de olvidar que en aquellos años de plomo y jeringuilla «se nos llegaban a morir hasta tres en el mismo turno». Uno. Dos. Tres. En doce horas. Y así.
¿Y ahora qué?
La buena noticia es que hoy muchos no se mueren. La mala, que hoy muchos no se mueren. Que se convierten en crónicos pero con una mochila tan pesada de secuelas y dependencia que es difícil que sean aceptados incluso en sus propias familias. Porque el tratamiento del sida ha avanzado a una velocidad muy diferente a la de la conciencia colectiva, que aún conserva en lo más profundo el estigma de la enfermedad. Sí, no se contagia con las medidas adecuadas, pero ¿y si….?
Colgados de ese ¿y si…? viven hoy Loli, Jimmy, Rafael, Isabel, Eva, Manuel, Casilda y Juan. También Juanlu, 47 años y 27 de enfermedad, que ahora está apartado del grupo y que consume en su silla de ruedas el tic-tac ése del que nadie escapa. Puede que el suyo llegue la semana que viene, porque desde hace días se niega a alimentarse y se arranca las sondas. Está de espaldas a la tele, que no ve porque además es ciego desde que intentó suicidarse con ácido. Suena a extraterrestre la boda de Rociíto de fondo. Paqui tuvo que ir a por él a su casa de Arroyo de la Miel porque su madre «no podía más» y porque a Juanlu, entonces, aún le quedaban fuerzas para maltratarla.
El caso de Loli es a la inversa. Ella fue el saco de boxeo de su pareja, a quien no importó mucho que tuviera cuatro hijos y una enfermedad cuando la arrojó desde un quinto piso en calle Mármoles. Aquel caso, hace casi 18 años, fue uno de los primeros que despertó la conciencia colectiva en la ciudad sobre la lacra de los malos tratos. Ojalá hubiera la misma con «lo otro» que la consume desde hace 12 años en Colichet, además de la traqueotomía y las secuelas neurológicas que quedaron del golpe. Loli nació en Zurich, estudió solfeo y sus hijos llevan nombres de la mitología porque es una apasionada de la historia, aunque la vida perra los terminó igualando a todos por abajo. Lo que ocurrió antes parece que ya no va con ella, porque es de las que mata fantasmas a carcajadas.
Loli es una campanilla que regala besos húmedos y sonoros. Como los de las abuelas. Muackkkk. «¡Y otro, y otro más!», le pide al fotógrafo del reportaje. «¡Ayyyyy qué guapo, que m’enamorao!», dice tirándose sobre una silla con mucho teatro. Hay cosas que no se le entienden por culpa de la traqueotomía. Pero eso es cristalino. Del guapo y la silla de publicidad comida por el sol salta como puede hasta el caminito que lleva a la entrada porque acaba de llegar ‘su’ Juanito. Otro de sus guapos. Y tuvo que serlo este gitano «muy fino» al que Loli celebra con fiesta de tres días y que acaba de volver a esa heterogénea familia postiza después de echar el día con los suyos. Con los de verdad. «Mira, me he pelado y estoy muy fresquito», dice agarrado a su andador y soportando estoico el calor de este raro septiembre. Su caso es uno de esos éxitos íntimos que celebran los héroes del Colichet, ya que Juan llegó postrado en una silla de ruedas, con 54 kilos y haciendo unos gestos «raros con las manos, como si estuviera bailando». En apenas unos meses ha pasado de los 80, se ha levantado y además está en plena euforia porque hace 15 días recibió la notificación para ingresar en prisión y entre su abogado y este hogar de acogida le han resuelto la papeleta. No es difícil imaginar qué sería de gente como Juan si volvieran a la cárcel. Carne de cañón perfecta. «A veces, cuando vemos que se acercan las luces de la policía, los sacamos de la cama e intentamos arreglarlo de alguna manera», admite Paqui en una reflexión que rebosa humanidad. Que con la penitencia que tienen al verse así ya es bastante.
«GUAPA» PARA LA FOTO.
Paqui ayuda a Loli a arreglarse el pelo. «¡Uy, uy, uy… qué fotógrafo guapo!», acierta a decir pese a su traqueotomía. / Álvaro Cabrera
A su lado, y agarrada a ella como clavo que arde, está Eva (48). Ella también llegó en silla de ruedas: lo hizo hace tres años, desahuciada y enganchada a la morfina. Tardó meses en dejar de gritar por las noches. Hoy va y viene por su propio pie y se ha recuperado: podría decirse que es una enferma crónica de esas de libro capaz de llevar una vida normalizada en casa con su familia si no fuera porque allá afuera la cosa no es tan fácil. Si no fuera porque a veces las familias ponen todos los problemas del mundo para dar el paso, porque los aparcan en Churriana y si te he visto no me acuerdo. «Y yo quiero irme. Tengo fuera a mi hijo y a mi nuera», dice Eva abriendo mucho los ojos y tratando de ahogar la emoción cuando habla de Paqui: «Ella ha sido lo mejor que me ha pasado», dice deshecha en lágrimas y pasando su mano una y otra vez por el antebrazo de su ángel de la guarda.
El móvil como un salvavidas
Porque Paqui es enfermera pero hace de todo. Hace poco le ha regalado un móvil a Jimmy para que se comunique con sus hermanas. Las cuatro viven en Alemania desde que sus padres emigraron y le perdieron la pista al chico con 17 años. Su historia es confusa y está devorada por el exceso de la vida en la calle, pero hasta donde acierta a recordar Jimmy cree haber estado tirado a la intemperie casi 20 años. Su familia le daba por muerto hasta que un día con Paqui, «cotilleando en Facebook», encontraron el hilo del que tirar. Una, dos, tres… y cuatro hermanas, que se plantaron en Colichet tan pronto como supieron que el hijo pródigo estaba vivo.
«Buenos días, hermanito, te mando un beso enorme desde Gelsenkirchen», dice uno de los últimos wasap que ha recibido de esta mañana y que él festeja como maná caído del cielo. Esta semana podrá abrazar a las otras dos, que han hecho turnos para visitarlo y para celebrar de paso su 45 cumpleaños. Que Jimmy sople las velas, y que las sople así, roza la categoría de milagro. Seguro que los médicos que le atendían en Granada y que lo desenchufaron de la máquina antes de mandarlo a Colichet para que se muriera no se han enterado, pero aquel despojo humano que llegó a esta casa de acogida comido literalmente por larvas de mosca y con una luxación de cadera que ha colocado su pie derecho en el lado izquierdo y el izquierdo en el derecho y que ha dejado la parte inferior de su cuerpo al revés (imaginen cada cosa en el lado contrario) es hoy un tipo risueño que ha recuperado parte de la ilusión enganchado a un móvil. Hablar de enganchados en este contexto es hablar de a-b-c, pero para Jimmy no parece ser un problema haberse colgado de la tecnología. A él le ha salvado.
El mismo efecto parecen haber tenido para Isabel los cuadernillos de sopas de letras, que se apilan roídos en su andador desde que hace dos meses llegara a este rincón desahuciada del hospital. Es de Valencia, lleva las uñas muy cuidadas pintadas en rosa y si no fuera porque su rostro devuelve los surcos del caos podría decirse que fue guapa. Comparte la fresca de la caída de la tarde con Rafael, que no tuvo tanta suerte como Juan, el gitano fino, porque él sí pasó por la cárcel. «Estuve allí pagando una multa», dice vagamente, mirando al suelo y sentado frente a una caseta de perro sin perro que regala otra historia coincidiendo que pasa por allí Manuel, que una vez, por Navidad, intentó escaparse subiéndose a ella y saltando el muro. Aquello no es una cárcel y pueden hacerlo, pero él volvió al día siguiente: sólo quería pasar la noche debajo de su puente.
«Es que salir, para ellos, es complicado», admite Paqui. «Desde hace algunos años sí los dejamos dar una vuelta los fines de semana y les damos dos euros y medio que tienen que traer justificados. Si quieren pipas tienen que ir a un sitio donde les den el tique». Parece exagerado, pero con esa cantidad evitan que compren chocolate, pero no del que se vende en los puestos de pipas. «Es que lo huelen… saben perfectamente dónde está», dice Paqui haciendo un gesto con su nariz. Lo único permitido es el tabaco: doce cigarrillos al día. Es curioso que casi todos han abandonado el hábito de la droga dura pero no el de la nicotina. Hay otros menos dañinos, como el café en el que la mayoría prefiere gastarse ese dinero cuando salen. A veces los invitan los voluntarios, pero la experiencia en una de las últimas cafeterías no fue buena: allí, al verlos llegar, les sirvieron la bebida en vasos de plástico. Porque la enfermedad no se contagia con las medidas adecuadas, pero ¿y si…? Y ése sigue siendo el problema, pero ahora ya no es de ellos: es del resto
El jefe de Gobierno llamó a la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados a abonar en esta lucha para reestructurar el paquete presupuestal.
CIUDAD DE MÉXICO.- El jefe de Gobierno de la Ciudad de México,Miguel Ángel Mancera, llamó al gobierno federal a que no se castigue a la educación ni a la investigación en el presupuesto del año que entra.
Al recorrer los pabellones de la Mega Exposición de la XXIII Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, demandó: “desde aquí queremos hacer un llamado para que las universidades tengan su presupuesto completo para que a los institutos de investigación no se castigue con elpresupuesto”.
Llamó a la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados a abonar en esta lucha para reestructurar el paquetepresupuestal; “estamos insistiendo y estamos reiterando que no se debe castigar el presupuesto ni en educación, ni en investigación, para México”.
Estaba con mis notas para escribir este artículo cuando vi un breve post de Diego Ojedapublicado en educ@contic: Lo que no entra en el examen. Desde otra perspectiva, el post se relacionaba con aquello sobre lo que había estado pensando en los últimos días: la (in)utilidad de lo que se enseña en las escuelas y en las universidades, el exceso de contenidos y la escasa consideración del impacto real que aquello puede tener en las vidas de los estudiantes.
He hablado de este tema con cientos de profesores, y siempre que lo hago una inmensa mayoría dice enseñar lo que enseña porque lo pone el currículo, ese documento al que algunos llaman “el temario”, que “hay que cumplir”. Cuando lo mencionan, suelo hacer algunas preguntas muy simples:
¿Cómo se “cumple” el currículo?
¿Todos los profesores interpretan lo mismo cuando leen el currículo de su materia? Si es así, ¿cómo explicamos tanta diversidad de contenidos y enfoques metodológicos en las aulas?
¿Quién creéis que cumple más con lo que establece el currículo: el profesor que sigue un libro de texto, el que tiene una programación estricta que hay que terminar sí o sí, el que trabaja por proyectos (y por tanto hace una selección de contenidos) o el que crea una programación con propuestas a la medida de sus alumnas y alumnos?
En la conversación suelen surgir muchos temas interesantes que nos sirven para pensar en por qué hacemos lo que hacemos y por qué enseñamos lo que enseñamos.
Recuerdo, por ejemplo, a aquel profesor convencido de que debía incluir a 12 filósofos en la programación para evitar que sus estudiantes saliesen del Bachillerato con lagunas importantes en sus conocimientos. Lo curioso es que en la misma conversación había colegas de distintas comunidades, lo que nos permitió descubrir que la cantidad de filósofos varía de una comunidad a otra: en alguna son 8, en otras 12, en otras aún más.
¿Cómo se explica esto? ¿Significa que el estudiante que vive en la comunidad en la que “solo” se exige estudiar a 8 filósofos estará peor preparado? Y, más aún, ¿se trata de aprender sobre filósofos o de hacer filosofía en el aula? ¿Qué es lo que va a tener más impacto en los alumnos? ¿Qué va a despertar en ellos el interés?
Porque convengamos que si uno de los grandes propósitos de la educación es el de formar a alumnas y alumnas capaces de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, es indispensable “encender la llama” para que quieran seguir aprendiendo por sí mismos,y esa llama no se enciende con más contenidos, sino con propuestas capaces de despertar un interés genuino y de emocionar. Después de todo, como dice Francisco Mora: “Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje”.
¿Qué hace pensar a algunos docentes que tienen que enseñar muchas cosas; que la cantidad vale más que la calidad?
Cantidad versus calidad
¿Qué hace pensar a algunos docentes que tienen que enseñar muchas cosas; que la cantidad vale más que la calidad? ¿Por qué parecen convencidos (cuando no obsesionados) de la importancia de terminar “el programa”, un programa que la mayoría de las veces ellos mismos han creado? Desconozco las razones, pero puesta a elegir entre un programa interminable que lleva al rechazo y al olvido y otro más razonable, siempre he preferido optar por este último y hacerme dos preguntas muy sencillas:
¿Para qué le podría servir al alumno esto que intento enseñarle?
¿Cómo puedo hacer para que el proceso de aprendizaje resulte más interesante y significativo?
Más valen unos pocos temas que dejen con ganas de seguir aprendiendo que un currículo abultado de cosas absurdas que se olvidarán en cuanto pase el examen
Y claro, hacerse esas dos preguntas ayuda, y mucho, a reducir el tamaño de las programaciones, a seleccionar y a buscar lo que de verdad importa, lo que no solo logrará despertar la curiosidad y emocionar, sino que permitirá sentar las bases para nuevos aprendizajes.
Ahora bien, una vez encontradas las respuestas hay que tener la convicción de que estamos haciendo lo mejor por nuestros alumnos, de que más valen unos pocos temas que dejen con ganas de seguir aprendiendo que un currículo abultado de cosas absurdas que se olvidarán en cuanto pase el examen, y hay que tener la valentía de no conformarse con la respuesta fácil, esa que hecha balones fuera y culpa al currículo, al inspector o a los libros.
Hace unos días, nuestro colega Toni Solano hacía una pregunta provocadora en las redes:
¿Y si en vez de dar 15 unidades didácticas, que olvidarán antes de que acabe el verano, hicieses con ellos 5 tareas que nunca olvidasen…?
Seguir
Toni Solano@tonisolano
¿Y si en vez de dar 15 unidades didácticas, que olvidarán antes de que acabe el verano, hicieses con ellos 5 tareas que nunca olvidasen…?
Antes de seguir leyendo, detente un minuto y contesta, con toda sinceridad: ¿tú qué harías?
Yo no tenía duda en la respuesta, puesta a elegir hubiese optado por las cinco tareas. Pero lo interesante no era pensar en mi respuesta, sino seguir los comentarios de muchos profesores. He aquí una pequeña muestra:
¡Bravo!
No lo verán mis ojos
Bucear… en lugar de hacer la plancha para llegar con los “temas”
Experimentando es como se aprende, pero entonces dejas de crear robots
¡Qué motivadora resulta una propuesta en apariencia tan sencilla!
Yo lo he hecho. Un año duré en el colegio J Con 6 unidades, pero olvidarse no se han olvidado.
Cada vez más convencida: en educación muchas veces, menos es más.
Con horas de 50 minutos, dividiendo por asignaturas, con aulas masificadas y sin biblioteca de aula ni conexión a Internet, con el uso prohibido de dispositivos móviles en el aula y teniendo que evaluar en función de cuando caiga la Semana Santa es, cuando menos, un reto interesante.
Y fijaros lo que decía, en una de las respuestas, José Manuel López Blay: Pasado mañana presentaré en Ontniyent una ponencia sobre el Centro de Colaboración pedagógica de Segorbe, una experiencia pionera de formación permanente del magisterio, puesta en marcha por el Ministerio de Instrucción Pública durante la II República Española. Una vez al mes, maestros y maestras de la zona de Segorbe-Viver se reunían con el inspector para debatir y reflexionar colectivamente sobre sus prácticas.
El 9 de mayo de 1935, el maestro de Gátova, Jesús Alonso, dio una charla sobre la necesaria conciliación de las dos escuelas (la tradicional y la moderna) y señaló como una de las innovaciones que deberían introducirse en las escuelas de entonces la de enseñar poco pero bien. Ya ves, Antonio, 80 años después a veces siguen escandalizándonos aquellas palabras. ¡Maldita noche de piedra que segó tantos sueños!
Enseñar poco pero bien, enseñar poco pero con sentido, enseñar poco pero con la convicción de que ese poco que enseñamos vale mucho, muchísimo más que un programa abultado de contenidos descontextualizados, de información que puede encontrarse a golpe de clic, de conceptos que intentan enseñarse al margen de la experiencia.
Ahora que queda poco menos de un mes de clase, ¿renunciarías a las últimas unidades didácticas por una tarea inolvidable para tus alumnas y alumnos? ¿Te atreverías a olvidarte de lo que va a entrar en el examen (ese examen que tu mismo vas a diseñar) y a hablar de lo que sucede a nuestro alrededor, de lo que verdad importa y nos conecta con la vida, aún a sabiendas de que eso no entrará en un examen? De ti depende
Venezuela / elperiodiquito.com / 28 de Septiembre de 2016
Catalogan como necesarias las modificaciones hechas por el Ministerio de Educación
Durante un encuentro realizado en la sede del Colegio Agustín Codazzi, de Maracay, los integrantes del Frente Amplio Constituyente de la Educación (FACE) manifestaron su respaldo a los cambios realizados por el ministerio de Educación en el currículo escolar, catalogando los mismos como “la vía para la formación del nuevo republicano” según lo establecido en la Constitución de la República.
Cristóbal Sequera, miembro de la coordinación del frente detalló que este nuevo modelo educativo promueve no solo el trabajo productivo, sino también el intelectual, siendo este último aspecto, un factor importante en el desarrollo de los futuros profesionales. “Es necesario que se logre vincular el hecho educativo con la pertinencia para el sector productivo”, dijo.
De igual forma, instaron a toda la población venezolana a iniciar con sus hijos, un nuevo año escolar en paz y con alegría, asistir masivamente a los planteles educativos mañana lunes y ser partícipe de los cambios productivos en la educación.
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