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Así se enseña en el aula del futuro

Entrevista/8 de septiembre de 2016/Fuente: el mundo

Dos educadoras reúnen en un libro las formas de aprender que están sustituyendo a la clase magistral

Cada vez más docentes y familias apuestan por innovaciones ante la «desmotivación» de los alumnos.

La escuela está cambiando. El modelo de tarima, pizarra y papel, con los alumnos dispuestos en fila escuchando en silencio lo que dice el profesor, está dando paso a un aula un tanto caótica y llena de cachivaches tecnológicos en la que los críos participan todo el rato. El vídeo, la realidad virtual y los juegos digitales son los nuevos libros de texto y Twitter, la nueva sala de profesores. La clase magistral está siendo reemplazada por el design thinking, la flipped classroom y otros métodos en los que el estudiante aprende a su ritmo.

Si usted tiene hijos en edad escolar y no sabe qué son las inteligencias múltiples, las learning analytics o el WallChart, corre el riesgo de quedarse un poco marginado durante este curso que hoy comienza en cuatro comunidades autónomas. Dos profesoras, Olga Casanova y Lourdes Bazarra, han escrito una guía donde explican en qué consisten estas formas de enseñanza. El libro, que se presenta hoy en Madrid, se llama La escuela ya no es un lugar.

¿Y entonces qué es? «Estamos asistiendo a la desaparición de la escuela tal y como la entendíamos hasta ahora, estándar y homogénea. Vamos a una escuela expandida y abierta, sin costuras y a lo ancho de toda la vida, donde el edificio es su parte más pequeña y en la que conviven lo real y lo virtual. Ya no abre de 9.00 a 17.00, sino las 24 horas», explican estas educadoras, que organizan proyectos de formación para profesores, padres y directores.

Casanova y Bazarra pertenecen a un creciente grupo de docentes que propugnan la llegada de un «big bang educativo» como consecuencia de «la desmotivación y desinterés» que actualmente muestran muchos alumnos españoles. Hablan del «fracaso que expresa la ineficacia de un sistema basado en la clase magistral y en la repetición de conceptos que no quedan fijados» y de «un mundo laboral en el que muchas de las titulaciones que se necesitan no son resueltas por el sistema educativo». Lo que existe ahora no funciona, argumentan. Así que hay que darle la vuelta con la «revolución educativa».

¿Qué es la «revolución educativa»?

«El mundo ha cambiado y parece como si la escuela fuera el único lugar que siguiera haciendo las cosas de la misma forma», sostienen. «La crisis económica ha hecho que, igual que nos estamos replanteando el mundo que nos rodea, también nos replanteemos la escuela: qué aprender, cómo, para qué. Esta transformación educativa se ha universalizado gracias a las redes. Hay un claustro universal».

Cada vez hay más profesores entregados a la causa de la Escuela 4.0 o esa Nueva Educación que tiene como cara más visible a César Bona, el maestro zaragozano que fue candidato al premio Nobel de los profesores. Pero las familias también se están implicando en este «movimiento de transformación».

«Los propios padres, cuando deciden dónde matricular a sus hijos, empiezan a preguntarnos por cosas que hubieran sido impensables hace 10 años: ¿trabajan de manera cooperativa? ¿desarrollan proyectos? Ya no somos nosotros los que iniciamos la conversación, son ellos los que primero quieren saber qué viaje propondremos a su hijo», expresan Casanova y Bazarra.

La comunidad de «transformadores educativos» se ha extendido por España, con ejemplos como el Colegio Montserrat de Barcelona, el Padre Piquer de Madrid o el Amara Berri de San Sebastián. Las autoras aseguran que en los centros concertados y privados se están poniendo en marcha métodos innovadores «en un porcentaje muy elevado», sobre todo en Infantil, pero también en Primaria. La cosa no cuaja demasiado en la ESO y en el Bachillerato, donde las pruebas para acceder a la universidad obligan a los profesores a impartir un currículum muy cerrado.

Más en la privada que en la pública

Estas metodologías tampoco se han generalizado en la escuela pública. ¿Por qué? «La estructura de los institutos suele tener como unidad máxima el aula, en lugar de una visión vertical y de equipo. En la concertada y en la privada se innova más porque los equipos directivos han pasado de simplemente gestionar a diseñar un modelo que posibilita la innovación. También ayuda la estabilidad de los equipos».

¿Y qué pasa con los resultados? ¿Está mejorando el rendimiento de los alumnos? Los profesores que aplican estos métodos en sus clases responden que sí, que «han aumentado la motivación y el interés», y «se han reducido los conflictos».

Pero Francisco López Rupérez, ex consejero de Educación ante la OCDE y ante la Unesco y ex presidente del Consejo de Estado, advierte de que «la mayor parte de estas innovaciones no está siendo evaluada y, si no estamos seguros de que funcionan, el alcance será limitado».

«Lo que tenemos que intentar es que de las innovaciones se beneficien todos. Es tal el entusiasmo que pone el profesor cuando promueve una innovación que esa trasferencia produce efectos. Otra cosa es cuando eso se pretenda generalizar y los profesores no tengan ese nivel de vinculación emocional con la innovación. De ahí la importancia de cerciorsarse de un modo objetivo sobre los efectos», apunta.

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“Dijimos basta y aprendimos a defender un derecho: educación pública y gratuita”

Lograron que la universidad deje de cobrarles por estudiar. Ahora siguen adelante contra el cierre de la carrera. Bruno Palchetti cuenta cómo ganaron el primer round a favor de la educación pública.

América del Sur/Argentina/ UNCUYO/ laizquierdadiario/ Laura Torrente

Bruno es estudiante de la Licenciatura en Higiene y Seguridad que la UNCuyo dicta en la Facultad de Ciencias Médicas. Un día como cualquier otro, él y sus compañeros se hicieron una pregunta “¿por qué pagamos $1900 por mes para estudiar en la universidad pública?” Buscaron respuestas pero, luego de varios meses de golpear puertas, estaban en el mismo lugar. La facultad no tenía explicaciones para dar.

Los estudiantes no bajaron los brazos y decidieron revelar esta situación. Publicaron su denuncia en la Izquierda Diario. Tres años de una privatización encubierta en la universidad pública y gratuita. Se organizaron, buscaron apoyo y recibieron la solidaridad que los mantuvo firmes en su reclamo. Y las autoridades finalmente se pronunciaron: “De ninguna manera se cobra un arancel para los estudios, ya que estos están claramente prohibidos para los estudios de grado por la legislación universitaria” se apuró a firmar el Decano de la facultad cuando la campaña trascendió.

Bruno cuenta cómo fue esta experiencia donde se demostró que los estudiantes tenían razón y cuál es la pelea que sigue. Una voz necesaria, luego de conocer que el rector radical de la UNCuyo, Daniel Pizzi, anunciara que hay carreras que deberían cerrarse, destacando el modelo educativo neoliberal chileno. La historia se repite y la consigna se vuelve concreta: la educación pública se defiende todos los días.

¿Cuándo surge la inquietud ante el pago del arancel?

Empecé a estudiar en 2015 y al principio todo se desarrollaba de forma normal. En noviembre de ese año comienzan a surgir algunas dudas en el curso, a partir de la sanción de la ley 27.204. Nos empezamos a preguntar si la Licenciatura que estudiamos estaba contemplada en esta ley, que prohíbe explícitamente cualquier arancelamiento en las carreras de grado. Nosotros pagamos desde el principio y no teníamos muy claro si pertenecíamos a una oferta educativa de la UNCuyo, o si dependíamos de un ente privado, nos faltaba información.

A partir de ahí nos pusimos a averiguar y corroboramos en la página de la universidad que nuestra carrera es parte de la oferta educativa creada por la facultad de Ciencias Médicas. Fuimos a ver la ordenanza de creación de la carrera y ahí detectamos la irregularidad con respecto al pago que veníamos haciendo.

¿Qué medidas tomaron inicialmente?

En el mes de marzo de este año redactamos una nota y la ingresamos en mesa de entrada del decanato, planteando un reclamo por la condición del aporte “solidario y voluntario” de la carrera que figuraba para los estudiantes.

Estuvimos sin respuesta hasta que en abril fuimos a rendir un final y cuando estábamos listos para empezar el examen, entró al aula un secretario de la carrera con un listado, nos llamó uno por uno por apellido y nos dijo que no podíamos rendir porque no teníamos la cuota al día. “O pasan por la oficina de FAMA (Facultad de Medicina, Asesoramiento y Servicio) a regularizar la situación o no rinden”, fue la explicación. La bronca fue enorme por la forma en la que se dirigieron a nosotros y porque nos quitaban la oportunidad de rendir una materia. De unos 40 estudiantes que estábamos en el curso nos sacaron a unos 20 compañeros. Yo estaba sin laburo en ese momento y varios estudiantes tenían problemas económicos.

Fuimos a ver qué había pasado con la nota que elevamos en marzo al área de Asuntos Legales y empezó un trajín de idas y vueltas. Nos decían que volvamos en una semana, que no habían leído la nota. Luego nos llega un mail desde el sector administrativo de la carrera donde nos invitan a escribir una nueva nota, para explicar la situación de cada uno, y así poder seguir rindiendo. Finalmente tuvimos que pagar una cuota para poder rendir.

Luego vinieron meses de mucha insistencia con mis compañeros, pasando por todas las oficinas de la facultad, pero nadie nos daba una explicación, nadie nos respondía porqué estábamos pagando para estudiar. Cuando volvimos del receso invernal me informan que la nota que elevamos en marzo nunca había sido recibida en la secretaría, que debía respondernos. A esa altura la situación ya era insostenible, nos estaban tomando el pelo.

¿Cómo decidieron seguir?

En ese momento me puse en contacto con un estudiante de la agrupación la Izquierda al Frente de la facultad de Ciencias Médicas, que puso a nuestra disposición La Izquierda Diario para que hagamos la denuncia. Era tanta la impotencia que queríamos hacer pública esta situación. Al otro día que se publicó la denuncia en La Izquierda Diario se comunicó conmigo una periodista de otro diario para hacer una nota y la repercusión aumentó. Desde entonces todo fue muy rápido.

Pusimos en pie la campaña #AbajoElArancel, se difundió la denuncia y empezamos a organizarnos. Logramos el apoyo de centros de estudiantes, de la Federación Universitaria de Cuyo, hasta el Senado se pronunció a favor nuestro. Se demostró que nuestro reclamo era y es más que legítimo.

Días después las autoridades de la facultad nos convocaron a una reunión en la que se comprometieron a dejar de cobrar el arancel. Reconocieron nuestro reclamo y tuvieron que retroceder. Para nosotros fue una satisfacción muy grande, un primer logro.

¿Qué conclusiones sacan luego de esta primera etapa?

La experiencia de organización que hicimos fue muy importante. Partimos de la vulneración de un derecho individual, pero cuando vimos que se trataba de un problema colectivo fuimos tomando mayor conciencia. Dijimos basta y aprendimos a defender un derecho, el de la educación pública y gratuita. Creo que los derechos que están ganados hay que defenderlos. Muchas veces los reclamos duermen en las instituciones, por eso hay que hacerlos públicos, sacarlos y generar debate. Uno ya está convencido de su reclamo, pero cuando se manifiesta, toma magnitud. Hay que involucrarse y buscar apoyos y ahí se encuentra a otros que están dando las mismas peleas.

¿Qué sigue después de este logro?

Cuando la campaña contra el arancel se visibilizó las autoridades respondieron rápido. En la reunión a la que nos citaron, además de informarnos de la baja del arancel, nos explicaron que la carrera nunca contó con presupuesto y que no podían garantizar nuevas inscripciones el año que viene, por lo tanto aclararon que es probable que la cierren. Allí escuchamos que la gestión anterior fue irresponsable por abrir la carrera sin presupuesto. Pero la herencia tiene un límite, la gestión actual mantuvo durante años esta situación y de eso deben hacerse cargo. La UNCuyo es pública y gratuita y a las autoridades les corresponde garantizarlo. Por eso ahora los estudiantes de la Licenciatura de Seguridad e Higiene queremos seguir peleando por esto. Para nosotros es importante que la carrera siga.

¿Cuáles son los próximos pasos para defender la continuidad de la carrera?

Si bien el Estado debe ser el principal garante de la continuidad de la carrera, nosotros, como colectivo de estudiantes, somos actores fundamentales de este reclamo y tenemos que hacer uso de todas las herramientas y vías: institucionales, legales, mediáticas y colectivas. Queremos la continuidad de la licenciatura porque es nuestro derecho y que se le asigne un presupuesto genuino para contar con nuevas inscripciones los años venideros. De no garantizarse la carrera, se estaría sentando un grave precedente de avance sobre la universidad pública. Por eso, invitamos a todos a la asamblea estudiantil que se realizara hoy jueves 8 de septiembre, a las 17hs, en la Facultad de Ciencias Médicas. Para seguir organizándonos y definir el curso de este reclamo. Estamos firmemente convencidos que la realidad que hoy vivimos es inaceptable e injusta pero también susceptible de cambio.

¿Querés agregar algo más?

Sí, quería contar que la misma denuncia que mande a La Izquierda Diario la mandé al diario Los Andes y todavía estoy esperando que me respondan. El diario nos sirvió como una herramienta, allí publicamos la denuncia inicial. La Izquierda Diario se involucró, tomo partido por nuestro reclamo. Esto rompe los esquemas habituales, donde los hechos son noticia una vez y después quedan en nada. Un medio al servicio de la información y la resolución de las causas, esa creo que debería ser la esencia de los medios con este tipo de denuncias. Que no sólo informen para captar público, sino que el medio sea una herramienta que le dé un seguimiento a la noticia y se involucre para llegar a una resolución final. La Izquierda Diario nos ha dado voz, pudimos romper la frontera de la facultad y nuestra situación tomó la magnitud que realmente debía tomar. Encontrarnos con La Izquierda Diario fue muy fructífero para nuestro reclamo y estamos muy agradecidos por eso.

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La editorial Dyskolo presenta un ensayo inédito de Manuel Sacristán

Prólogo de “La función de la ciencia en la sociedad contemporánea. Propuestas ecosocialistas alternativas”, de Manuel Sacristán

Salvador López Arnal
Dyskolo
Hoy 27 de agosto se cumplen 31 del fallecimiento del pensador Manuel Sacristán. Por tal motivo, y como reconocimiento a su labor intelectual, la editorial Dyskolo presenta en versión digital y con licencia creative commons una conferencia inédita del filósofo, junto con otros textos relativos al papel de la ciencia y los investigadores en el mundo actual. Sacristán fue uno de los filósofos españoles más importantes del siglo XX y una figura fundamental del pensamiento marxista y el compromiso político. Este ebook, cuyo título es “La función de la ciencia en la sociedad contemporánea. Propuestas ecosocialistas alternativas”, ha sido preparado y anotado por Salvador López Arnal. El texto siguiente es el prólogo de la presente edición.


La función de la ciencia en la sociedad contemporánea

Propuestas ecosocialistas alternativas

Manuel Sacristán Luzón

Edición, presentación y notas de Salvador López Arnal

Edición 1.0. agosto 2016

Código de registro Safe Creative: 1608259002944

epub: 487 Kb. / mobi: 558 Kb. / pdf: 181 pág.

Página del libro y descarga: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib021/




La decisiva importancia de una política de la ciencia aliada del movimiento obrero y de los nuevos movimientos sociales

En la información acerca del nacimiento de Mientras tanto que podía leerse en el apéndice del primer número, señalaba Manuel Sacristán Luzón (1925-1985), el director de la publicación, que «la orientación de la revista es sustancialmente la misma que mantuvo Materiales, aunque con la clarificación y la sedimentación debidas a la evolución de ciertos problemas durante estos dos últimos años». La evolución seguida, proseguía, no había sido para mejorar y había llevado «a una situación contradictoria que tiene precedentes de mal augurio».

Por un lado, la crisis mundial del capitalismo de finales de los años setenta del pasado siglo se extendía y se enquistaba; abarcaba desde «los hechos económicos básicos —el cansancio de los motores del crecimiento en la época de los «milagros económicos», la dificultad para llevar a cabo la reestructuración del capital fijo, el estancamiento con inflación, un paro de magnitud considerable y cuya raíz estructural es manifiesta, una crisis monetaria muy expresiva del final de una época que empezó precisamente con el esfuerzo más organizado que se haya emprendido en la historia del capitalismo por asegurar el orden monetario, etc.—», hasta fenómenos fuertemente llamativos de disgregación cultural «que culminan en una exacerbación de la insolidaridad individualista hasta llegar a la institución de la violencia verbal y física como forma corriente de relación en la vida cotidiana», pasando, al mismo tiempo, por un conjunto de dificultades políticas «que se pueden considerar como una crisis del estado, la cual no sólo arruina la ideología del estado-providencia o estado del bienestar que fue la gloria del capitalismo restaurado con la eficaz ayuda o incluso el protagonismo de los partidos de la II Internacional (absurdamente llamada socialista)», sino que hasta permitía pensar, por el estallido de los nacionalismos y particularismos en las tres monarquías más antiguas del occidente europeo, la española incluida por supuesto, «que se está debilitando la legitimación del estado burgués, o de la Edad Moderna, precisamente en las tierras en las que nació».

Pero, por otro lado, proseguía el traductor de Lukács y Adorno recogiendo las reflexiones e impresiones del colectivo editor, la gestión de la crisis estaba dando pie a un proceso de recomposición de la hegemonía ideológico-cultural burguesa. La contradicción era tan áspera que resultaba paradójica. Sin embargo, «nos parece que tiene una explicación bastante sencilla: esta profunda crisis básica capitalista, además de afectar a los países del socialismo que se llama a sí mismo «real» en la medida, mayor o menor, en que éstos son elementos parciales y todavía subalternos del sistema capitalista mundial», coincidía con una crisis de la cultura socialista —«en el amplio sentido ochocentista de esta palabra, que incluye el anarquismo»—, confundida por la crisis de una civilización de la que «no se distancia suficientemente (caso de los grandes partidos obreros), o reducida a una marginalidad casi extravagante» y, a menudo —añadía—, funcional al rasgo del sistema que Herbert Marcuse, un autor por él traducido, había llamado «tolerancia represiva».

El mal momento de la cultura socialista, del que Sacristán había alertado desde mediados de los años sesenta, sobre todo y especialmente desde la inadmisible invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, tenía una consecuencia de particular importancia: «la incapacidad de renovar la perspectiva derevolución social». Precisamente porque la crisis de la civilización capitalista era radical, «la falta de perspectiva socialista radical facilita la reconstitución de la hegemonía cultural burguesa al final de un siglo que asistió por dos veces a su resquebrajamiento por causa de las guerras mundiales que desencadenó». La I y la II, y también la aún no concluida guerra fría.

Lo que era crisis de la economía y la sociedad capitalistas se veía, se solía ver superficialmente, «como desastre de la forma más reciente de ese sistema social, su gestión keynesiana y socialdemócrata». El neoliberalismo se había puesto ya en pie de guerra y aniquilación de las conquistas obreras. La identificación de la gestión socialdemócrata del capitalismo con el socialismo facilitaba un rebrote ideológico capitalista, «a veces financiado discretamente por alguna gran compañía transnacional».

Sin la adecuada réplica material ni ideal de un movimiento obrero cuyas organizaciones mayoritarias estaban entonces «tan identificadas con muchos valores capitalistas como lo está la parte de las clases trabajadoras a la que representan», las clases dominantes sin excepción habían pasado «a una ofensiva llena de confianza (y no meramente represiva)» que apenas nadie habría previsto años atrás. Esa ofensiva arrancaba de la esfera de la producción material, «con una política económica de sobreexplotación y un programa de fragmentación y atomización de la clase obrera en nuevos dispositivos industriales», se articulaba en el plano político con éxitos perceptibles, «el más importante de los cuales, la despolitización, se está logrando con la colaboración tal vez involuntaria, pero, en todo caso, torpe hasta el suicidio, de las organizaciones obreras», se arropaba, además, con el florecimiento de una apología directa e indirecta del dominio, la explotación y la desigualdad social por parte de intelectuales (los entonces llamados nuevos filósofos por ejemplo) que volvían a hacerse con «una orgullosa autoconsciencia de casta, y tiende a eternizarse mediante una «solución» final de las luchas sociales, a saber, el incipiente aparato represivo de nuevo tipo justificado por el gigantismo del crecimiento indefinido (cuya manifestación más conocida, pero en absoluto única, son las centrales nucleares) e instrumentado por los ordenadores centrales de los servicios policíacos de información».

Con esas hipótesis generales los editores de la revista intentaban entender la situación y orientarse en el estudio de ella, para el saber a qué atenerse de su admirado Ortega. El paisaje que dibujaban era oscuro en su opinión. Pero, precisamente porque era tan negra la noche de esta nueva restauración, podía resultar algo menos difícil orientarse en ella «con la modesta ayuda de una astronomía de bolsillo». En el editorial del nº 1 de la Materiales, una revista publicada por ellos mismos y algunos amigos más durante los años 1976 y 1977, habían escrito que sentían «cierta perplejidad ante las nuevas contradicciones de la realidad reciente». Aunque convencidos de que las contradicciones entonces aludidas se habían agudizado, ahora, sin embargo, se sentían un poco menos perplejos, lo que no quería decir más optimistas, respecto de la tarea que «habría que proponerse para que tras esta noche oscura de la crisis de una civilización despuntara una humanidad más justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radiactivo».

La tarea que, en su opinión, no podía cumplirse con agitada veleidad irracionalista, «sino, por el contrario, teniendo racionalmente sosegada la casa de la izquierda», consistía, en primer lugar y destacadamente, «en renovar la alianza ochocentista del movimiento obrero con la ciencia». Podía ser que los viejos aliados tuvieran dificultades para reconocerse, pues los dos habían cambiado mucho: la ciencia, porque desde la declaración de Emil Du Bois Reymond —ignoramus et ignorabimus, ignoramos e ignoraremos—, llevaba ya asimilado «un siglo de autocrítica (aunque los científicos y técnicos siervos del estado atómico y los lamentables progresistas de izquierda obnubilados por la pésima tradición de Dietzgen y Materialismo y Empiriocriticismo no parezcan saber nada de ello); el movimiento obrero, porque los que viven por sus manos son hoy una humanidad de complicada composición y articulación».

La tarea podía verse de varios modos, según el lugar desde el cual se emprendiera: consistía, por ejemplo, en conseguir que «los movimientos ecologistas, que se cuentan entre los portadores de la ciencia autocrítica de este fin de siglo», se dotaran de capacidad revolucionaria; consistía también, por otro ejemplo, «en que los movimientos feministas, llegando a la principal consecuencia de la dimensión específicamente, universalmente humana de su contenido», decidieran fundir su potencia emancipadora con la de las demás fuerzas de libertad; o consistía en que las organizaciones revolucionarias clásicas comprendieran que «su capacidad de trabajar por una humanidad justa y libre tiene que depurarse y confirmarse a través de la autocrítica del viejo conocimiento social que informó su nacimiento, pero no para renunciar a su inspiración revolucionaria, perdiéndose en el triste ejército socialdemócrata precisamente cuando éste, consumado su servicio restaurador del capitalismo tras la segunda guerra mundial, está en vísperas de la desbandada»; sino para reconocer que ellos mismos, los que vivían por sus manos, habían estado demasiado deslumbrados por los ricos, por los que Sacristán llamaba «descreadores de la Tierra».

Todas esas cosas se tenían que decir muy en serio. «La risa viene luego, cuando se compara la tarea necesaria con las fuerzas disponibles». Las suyas alcanzaban sólo para poner «cada dos meses noventa y seis páginas a disposición de quien quiera reflexionar con nosotros acerca de todo lo apuntado». Quienes de verdad tenían la palabra eran los movimientos potencialmente transformadores, «desde las franjas revolucionarias del movimiento obrero tradicional hasta las nuevas comunidades amigas de la Tierra». Sólo cuando unas y otras coincidieran en una nueva alianza se abriría una perspectiva esperanzadora. Mientras tanto, como en el «Grito hacia Roma» de García Lorca, ellos intentarían entender lo que pasaba y allanar el camino, por lo menos el que había que recorrer con la cabeza.

En ese camino que había que recorrer con la cabeza, en ese intento de nueva alianza del movimiento obrero con la tecnociencia contemporánea, la política de la ciencia, una política de la ciencia de orientación socialista y ecologista, era esencial. En este libro recogemos los dos nudos señalados, dos de las grandes aportaciones del profesor expulsado de la Universidad de Barcelona en 1965 por su militancia antifascista: el análisis del papel de la tecnociencia en la sociedad contemporánea y las propuestas alternativas para construir y abonar una ciencia de orientación anticapitalista y socialista.

No fueron éstas las únicas intervenciones de autor de Panfletos y Materiales en este ámbito esencial, en la que sin duda fue una de sus preocupaciones centrales hasta sus últimos días. No fueron las únicas, como decía, pero sí acaso dos de las más representativas. Siguen siendo de “gran actualidad” (los clásicos juegan siempre con ventaja) para saber a qué atenernos nosotros en nuestro mundo, en el mundo de nuestra hora.

Las notas finales de cada apartado son mías. He respetado el tono y construcción de las intervenciones orales en mi transcripción con alguna ligera modificación en caso de repetición de términos. En ambas conferencias.

Si mi tarea de editor-anotador-presentador tiene algún mérito, a la memoria de Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey me gustaría dedicarlo. También a Eduard Rodríguez Farré del que no dejo de aprender prudencia, conocimientos y compromiso social. Y amistad a lo lejos y hacia dentro.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Imagen tomada de: http://66.media.tumblr.com/9c53065af32bb97ccc71f233bfa42328/tumblr_inline_obqu2fNxu51r2k793_500.jpg

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Anuncia Omán próxima inauguración de Universidad de Muscat

 

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Un 99 % de los 1.200 niños ciegos seguirán el curso en escuelas ordinarias en Cataluña

Europa/España/8 de septiembre de 2016/Fuente: el mundo

Un 99 % de los casi 1.200 alumnos de Cataluña con ceguera o discapacidad visual grave iniciarán el curso en centros educativos ordinarios para impulsar la inclusión entre todos los estudiantes.

Los menores con discapacidad visual recibirán el apoyo de los equipos específicos de atención educativa y bajo el marco del convenio firmado por la ONCE y el Departamento de Enseñanza de la Generalitat.

Según ha informado hoy la ONCE, este modelo inclusivo ha conseguido que, al finalizar la ESO, la tasa de abandono escolar de estos alumnos sea casi tres veces inferior a la media española, un 9,6 % frente al 23,5 de España, y dos puntos por debajo de la media europea, que se sitúa en el 11,9 %, según el último informe de la agencia comunitaria de estadística Eurostat.

En Cataluña 1.178 alumnos se incorporarán a las aulas: 961, en Barcelona; 113, en Girona; 44, en Lleida y 60, en Tarragona.

Todos ellos tienen el apoyo de los profesionales del Centro de Recursos Educativos para Deficientes Visuales (CREDV- CRE ONCE Barcelona).

La distribución de los alumnos con ceguera por niveles educativos es: 265 escolares corresponden a Educación Infantil; 191 son de Educación Primaria; 150 están ya en la ESO; 33 cursan Bachillerato; 57, Formación Profesional; 102 son universitarios; y 380 están inscritos en otro tipo de enseñanzas.

Para cada alumno con discapacidad visual se elabora un Plan Individualizado de Atención, según sus necesidades, y se le asigna un maestro itinerante encargado, entre otras funciones, de asesorar al centro y al profesorado de aula, asesorar y orientar a las familias y realizar un trabajo directo con el alumno.

Para cada nuevo curso, los servicios de producción bibliográfica de la ONCE trabajan para que, en la vuelta al colegio, los niños y jóvenes ciegos puedan llevar los mismos libros que sus compañeros pero transcritos al sistema braille.

Muchos de ellos, cuentan con adaptaciones tecnológicas e informáticas facilitadas por la ONCE para seguir el curso: ordenadores que hablan; anotadores y calculadoras parlantes; impresoras en braille o lectores de pantalla.

Fuente: http://www.elmundo.es/cataluna/2016/09/07/57cfddc546163f073a8b4635.html

Imagen: www.abc.es/Media/201309/12/ninos%20ciegos–478×270.jpg

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Impuestos: el dolor de cabeza

Juan J. Paz y Miño C.

El Telégrafo

Los estudios económicos de la Cepal tienen una línea de reflexión que da continuidad al pensamiento de Raúl Prébisch (1901-1986) y de sus colaboradores en la institución (desde 1950 Prébisch fue Secretario Ejecutivo), para quienes estuvo muy claro que la teoría económica, tal como llega a nuestra América Latina, presume de universalidad y se impone desde los países capitalistas centrales; y que, por tanto, esa “teoría” debe someterse al filtro de la realidad regional, al mismo tiempo que América Latina tiene que desarrollar su propia teoría económica.

En esa línea se ubica el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2016 que acaba de publicar la Cepal, en el que se evalúa el desempeño de la región, reflexiona sobre los desafíos macroeconómicos bajo un contexto externo debilitado, analiza las capacidades del financiamiento para el desarrollo, examina la desaceleración y las restricciones fiscales, y presenta referencias por países.

A través del estudio cabe observar los límites que encuentran ciertos cambios estructurales en la región. Y este es el caso de los impuestos. Las reformas tributarias en América Latina solo tienen logros “moderados” en cuanto a la recaudación de impuestos, y la evasión llega a $ 340.000 millones, que representan el 6,7% del PIB regional. La carga tributaria sigue siendo “baja”, y los sistemas tributarios mantienen un “sesgo regresivo”, porque los impuestos directos están por detrás de los indirectos, no generan ingresos suficientes para cumplir con el objetivo de redistribución de la riqueza y mantienen todavía tasas efectivas muy bajas, sobre todo en el decil de población económicamente más rica.

El impuesto a la renta de empresas y personas naturales es el más evadido y en algunos países llega a más del 60%. Pero este fenómeno, que ocurre en el ámbito interno, también es visible en el externo, pues mientras mayor es la incorporación de América Latina al mercado internacional, también es mayor la posible erosión de la base tributaria por intermedio de prácticas ilícitas que representan el 1,8% del PIB regional.

Hay que añadir la fuga al pago de impuestos por los capitales colocados en paraísos fiscales, pero también las políticas permisivas de los gobiernos que adoptan exoneraciones tributarias muy favorables a las empresas y perjudiciales al fisco.

Pero estos temas analizados por la Cepal no son motivos del debate económico usual ecuatoriano. Y peor en el ámbito político, donde lucen candidatos que ahora ofrecen, como tesis maravillosa, la supresión o rebaja de impuestos, al mismo tiempo que el alto empresariado clama contra el anticipo del impuesto a la renta. El NO a los impuestos es una posición que viene desde la Revolución Juliana (1925) de la mano de las elites económicas más reaccionarias al progreso social.

No se admite que Ecuador tiene promedios tributarios menores a los latinoamericanos. E incluso con gobierno de nueva izquierda, aún no se ha logrado afirmar un sistema de impuestos directos que realmente afecte a los ricos y posibilite una radical redistribución de la riqueza.

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección:http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/impuestos-el-dolor-de-cabeza

Imagen tomada de: http://1.bp.blogspot.com/-3RxeXoGoWtM/VKxHyZ-kL0I/AAAAAAAAJs4/KZKoplBPd8k/s1600/vivir-en-brasil-impuestos.jpg

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