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Mujeres y niñas en Kenia doblemente golpeadas por la covid-19

África/Kenia/27 Agosto 2020/elpais.com

La mutilación genital femenina, los embarazos y los matrimonios infantiles han aumentado de manera alarmante durante la pandemia y no se están aplicando políticas eficaces de protección

“He estado recibiendo cada día llamadas de socorro de las comunidades diciendo ‘muchas niñas están siendo cortadas (mutiladas), por favor haz algo, por favor haz algo, contacta con las autoridades, por favor, rescátalas’”, explica Chesang Domtila en una conversación telefónica que se corta cada dos minutos. Es activista por los derechos de las niñas, fundadora de la organización I_Rep Foundation, y vive en el condado de West Pokot, fronterizo con Uganda, uno de los más golpeados por la mutilación genital femenina (MGF) durante la pandemia.

La MGF es la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos por motivos no médicos. Hay cuatro tipos diferentes de mutilación según el grado de agresividad y se suele practicar entre la infancia y la adolescencia. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Kenia hay un 21% de mujeres entre 15 y 49 años que han sufrido algún tipo de MGF, cifra que se sitúa por debajo de otros países como Somalia (98%), Guinea (97%) o Yibuti (93%), pero que sigue siendo alarmante ya que se trata de una práctica ilegal en el país desde 2011.

Domtila asegura que los casos de mutilación en West Pokot habían bajado mucho, pero durante la pandemia se han disparado y se ha dejado atrás el secretismo para hacerlo en público mediante ceremonias. “Los padres se imaginan que pueden esconderse detrás de la covid-19 para cortar a las niñas y salir impunes; se piensan que el gobierno está demasiado ocupado como para arrestarles”, comenta la activista. La topografía de la zona hace difícil el acceso a muchos de los pueblos pero se ha conseguido arrestar a algunas de las personas responsables gracias a la movilización de líderes locales como Domtila.

A menudo, los rituales de ablación se hacen durante las vacaciones escolares para no llamar la atención y para que las niñas tengan tiempo de curarse. Hay diferentes tradiciones y creencias que envuelven esta práctica y su grado de incidencia varía según el grupo étnico —los somalis tienen un 94% de incidencia, por ejemplo, mientras que los luo tan solo un 0,2%—. Suele ser una práctica más prevalente en las áreas rurales que las urbanas (un 25,9% ante un 13,8%) y entre las comunidades con menor escolarización (un 58,2% ante un 8,6%). Supone un ritual del paso de niña a mujer, aumenta las posibilidades de contraer matrimonio y lleva asociadas una lista de connotaciones culturales de pertenencia a la comunidad que en caso de rechazarlas, acarrea exclusión y estigma.

“Había programas en las escuelas que protegían a las niñas pero ahora estas están cerradas y la comunidad no tiene otra alternativa que celebrar el rito de paso. Las mutilan y así están listas para casarse en dos o tres años”, comenta Domtila, que estima que los casos de ablación femenina en West Pokot han subido a 800 entre marzo y junio. En situaciones de crisis como la actual, el matrimonio es visto como una transacción económica que puede ayudar a la familia de la mujer a mejorar su situación económica gracias a la dote.

En cada comunidad las afectaciones y las medidas están siendo distintas y, de hecho, debido a la limitación de la movilidad por la pandemia y la dificultad de acceder a zonas remotas, no se dispone del número real de chicas afectadas por este o cualquier tipo de violencia. “El impacto actual de la covid-19 se verá realmente cuando las escuelas reabran (en 2021) y todo vuelva a la normalidad; es entonces cuando veremos cuantas niñas regresan al colegio”, dice Tony Mwebia, activista por la igualdad de género y fundador de la organización Men End FGM, centrada en educar a los niños y hombres en torno a la mutilación genital femenina y al matrimonio infantil. Asimismo, cuando se tiene constancia de un caso sigue siendo muy difícil llegar a una condena, ya que depende de la evidencia presentada en el juicio “y eso lo complica porque se supone que las niñas que han sido circuncidadas tienen que testificar y a veces se sienten amenazadas porque quien se lo ha hecho son vecinas o miembros de su propia familia”, añade Mwebia.

Convivencia forzosa con familiares abusadores

Son varios los esfuerzos de la Administración y la sociedad civil para acabar con la incidencia de cualquier violencia contra niñas y mujeres, pero faltan recursos y una mejor organización. “Las estrategias deben ser dirigidas; qué hacer en qué comunidades, ya que no todas tienen las mismas necesidades», explica Eva Komba, investigadora y especialista en género.

“Necesitamos conocer cada casa donde haya niñas entre cuatro y 18 años y ponerlo en una base de datos, de manera que si vas a esa comunidad podrás implementar respuestas específicas”, comenta Komba, que añade que la violencia contra las mujeres forma parte de todo un espectro que debe ser modificado, incluyendo el cambio climático, la seguridad alimentaria, la mejora de la cobertura sanitaria, la escolarización de las niñas, etcétera.

En los últimos meses, Kenia se ha enfrentado no solo a un incremento de la ablación sino también a una subida preocupante de los embarazos adolescentes. En el condado de Machakos, bordeando Nairobi, se registraron 4.000 embarazos  de niñas menores de 19 años tan sólo de enero a abril. Los casos se concentraron sobretodo a partir de marzo cuando los colegios cerraron por el coronavirus, y se especula que puede haber más.

La convivencia forzosa con familiares abusadores ha sido una de las causas, pero también el intercambio de sexo sin protección con hombres mayores por productos de higiene menstrual que antes ofrecía el colegio y ahora son de difícil adquisición para las chicas sin recursos. La menstruación no desaparece ante una pandemia, las ayudas sí.

Recientemente en el condado de Kajiado, el gobierno local junto con organizaciones comunitarias lanzaron una campaña de sensibilización para dar respuesta a este problema. La iniciativa lleva el nombre de “Funga Miguu”, que se traduce en un “Cerrar las piernas”. Y va dirigida exclusivamente a mujeres, hecho que ha generado críticas, ya que, de nuevo, se está responsabilizando a las víctimas del abuso sufrido.

“Involucrar a los hombres en esta lucha es vital”, comenta Tony Mwebia. “Necesitamos transformar la masculinidad de los chicos jóvenes para que puedan entender que las mujeres son seres humanos iguales y que tienen sus derechos y debemos respetarlos y cuidarlos”. Esta es su tarea en la organización Men End FGM, que en situación de normalidad imparte talleres presenciales a grupos de chicos y hombres de todo el país sobre su papel en la desigualdad y la violencia contra las mujeres, y genera un espacio de debate y reflexión.

Iniciativas en red  o puerta a puerta

Las comunidades hace años que trabajan conjuntamente para combatir estas prácticas que amenazan los derechos de las niñas y las mujeres, pero durante la pandemia han visto como su radio de acción ha quedado gravemente afectado y han tenido que extremar sus lazos y buscar alternativas para seguir protegiendo este colectivo.

En algunas localidades rurales los jefes comunitarios van puerta por puerta para controlar que no se circuncide ni se case a ninguna niña, y también se han lanzado campañas de sensibilización por radio, uno de los canales más accesibles para la sociedad. No obstante, hay demandas para una actuación policial más eficaz, ya que parece que todos los esfuerzos van dirigidos únicamente a hacer cumplir las restricciones impuestas por la covid-19.

Las personas que tienen Internet y smartphones disponen de más recursos para hacer frente a estas prácticas durante la pandemia. No sólo es más fácil mantener un contacto directo con líderes locales y centros de rescate sino que también facilita el acceso a aplicaciones como i-Cut, creada en 2017 por un grupo de adolescentes, que permite acceder a ayuda medica y legal antes o después de sufrir la mutilación genital femenina. El principal problema es que aún hay muchas zonas rurales que no tienen acceso a Internet, por lo que cuesta hacer un rastreo o seguimiento de las menores más vulnerables.

Este es uno de los obstáculos con los que se ha encontrado la activista Selina Nkoile desde que empezó la pandemia. Gestiona un internado para niñas llamado Naning’oi en la ciudad masai de Mosiro (Kajiado), el mismo al que ella acudió siendo pequeña y que la salvó de un matrimonio ya pactado. La institución tuvo que cerrar en marzo y Nkoile ha enviado a casa de su madre a las niñas más vulnerables que no podían volver con sus familias y ha intentado mantener contacto telefónico con el resto. Asimismo, trata de tejer una red de colaboración con los líderes locales y las autoridades, pero es un trabajo duro y lento para una sola persona y reconoce estar preocupada porque “las niñas saben que Naning’oi es un sitio seguro donde pueden acudir en caso de violencia o si las van a casar, pero (…) ahora no hay ningún sitio donde puedan escapar si hay un problema, están encerradas en casa con los mismos padres abusivos”.

Para coordinar esfuerzos entre activistas, Tony Mwebia ha creado un ciclo de conversaciones en línea llamado “End FGM Live” en el que participan activistas de todo el país y ponen en común los problemas y las estrategias de sus comunidades. Las llamadas se comparten en directo a través de las redes sociales. «Y de esta forma amplificamos sus voces e intentamos responsabilizar al Gobierno”, explica.

Acabar con la ablación en 2022

Kenia había fijado el año 2022 para la eliminación total de la MGF, y el 2030 para la de todas las formas de violencia de género, pero parece que las actuaciones no están yendo por ese camino, siendo el coronavirus un importante obstáculo. Se realiza mucho trabajo por parte de la sociedad civil pero se necesita más compromiso y apoyo gubernamental para amplificar su incidencia. “No hemos visto los sistemas ni los recursos ni la movilización para asegurar que este objetivo se consiga”, comenta Mwebia.

Se trata de un proceso complejo que requiere la unión de fuerzas de todos los sectores de la sociedad para conseguir una infraestructura externa eficiente que responda a un cambio de mentalidad de la comunidad. La activista Masai Selina Nkoile no duda en su valoración: “En vez de aplicar normas duras desde arriba, introduzcamos medidas en la comunidad para que un padre no llegue ni a plantearse la idea de cortar a su hija”.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/08/12/planeta_futuro/1597247467_508576.html

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Protagonistas

 David Calderón

 

La emergencia sanitaria trae de la mano una emergencia educativa. Es importante mantenernos activos, esperanzados y resilientes. Pero es fundamental partir de la verdad, y no negarla ni endulzarla.

“En este momento, nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas. Las repercusiones que ello tendrá, entre otras esferas, en la nutrición infantil, el matrimonio infantil y la igualdad de género son profundamente preocupantes”. Sí, leyó bien: “catástrofe generacional”. Y no lo dice un activista exagerado que quiere criticar a la administración actual. Es una cita textual del reciente mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres (el mensaje se puede ver aquí: https://www.un.org/es/coronavirus/articles/future-education-here).

La ineficacia y, sobre todo, la exclusión e inequidad del sistema educativo nacional eran muy preocupantes de por sí. Con los más recientes datos, a los 15 años cumplidos, ya nos faltó 34 por ciento de la generación en su primer año de bachillerato. Y de ese 66 por ciento que sí estaba en las aulas, sólo la mitad alcanzó el nivel mínimo aceptable en matemáticas. Así, en la condición típica de nuestro sistema, a los 15 años se hace patente una doble exclusión: estar fuera de la escuela, o dentro la escuela pero fuera del aprendizaje, lleva a que sólo 33 de cada 100 jóvenes lleven una trayectoria en tiempo y forma de acceso, y en nivel adecuado de logro de aprendizaje. Dos tercios de la generación están en graves problemas.

Si se nos van 800 mil alumnos al año en un ciclo típico, imaginemos el riesgo que tenemos ahora. Necesitamos aplicarnos a fondo, los gobiernos y la sociedad entera, para que salvar la vida en el resguardo no se traduzca en empobrecer la vida en el derecho a aprender. Y aquí hay un agente clave: las maestras y los maestros. Habrá que decirlo de mil formas posibles, en todos los tonos: son cruciales, son centrales, deben ser los conductores y protagonistas de la propuesta educativa en el nuevo ciclo.

Pero ese protagonismo implica apoyo y no sólo sacrificio: es muy loable las mil y una maneras en que han, las maestras y maestros de nuestro país, mantenido el ánimo de sus alumnos, cómo les han resuelto dudas en mensajería, dado clases con megáfonos en el quiosquito del pueblo, recaudado para imprimir cuadernillos de ejercicios y repartirlos… ahora es momento de impulsar algo ordenado y sistemático.

En los mensajes de la SEP se insiste en que la oferta ahora ampliada en horarios y emisoras de los programas de televisión educativa –muy loable y un paso adelante con respecto de lo que se produjo y difundió en abril y mayo– no sustituye a los maestros, y que siguen teniendo el rol principal. El punto del Consejo Técnico y de los próximos días es precisar cómo: cómo en concreto las y los docentes van a ser los mediadores del aprendizaje. La diversidad de canales de contenidos (la tele, el libro de texto, la línea Educatel) debe servir para ampliar posibilidades, para empoderar a los maestros para que hagan el balance adecuado y la contextualización debida.

La diversidad de los alumnos de México es vertiginosa: las niñas y los niños de nueve años que están regados en todo el territorio nacional tienen mucho en común y mucho de diferentes; así, el unitalla de un mismo programa de televisión de unas mismas páginas del libro de texto, si es la única intervención educativa, dará homogeneidad de emisión y dispersión de recepción. Los resultados de aprendizaje van a ser diferenciados; la focalización, la compensación y el refuerzo para quienes más lo necesitan no lo van a hacer ni la tele ni los libros, sino quienes traen el papel protagónico, las y los educadores profesionales.

Así, en distintos momentos de la semana, mantener el contacto será clave para despejar dudas, para organizar aun a la distancia la coordinación con los otros alumnos de grupo e intentar trabajo en equipo, la orientación a los padres, la verificación de si hay verdadero aprovechamiento. Pero eso requiere, a su vez de dotarlos y empoderarlos, de darles las herramientas y permitirles la flexibilidad. Necesitamos que no paguen de su bolsa las copias, el plan de datos, que no los hostiguen si hacen asesorías voluntarias en forma presencial, con todas las medidas de cuidado y sana distancia.

Cito a Guterres de nuevo: “…necesitamos invertir en la alfabetización y la infraestructura digitales, evolucionar hacia el aprendizaje de cómo aprender, revitalizar el aprendizaje continuo y reforzar los vínculos entre los sectores formal e informal de la educación. Debemos también aprovechar los métodos de enseñanza flexibles, las tecnologías digitales y la modernización de los planes de estudios, velando al mismo tiempo porque el personal docente y las comunidades tengan un apoyo sostenido”.

El aprendizaje prende bien con materiales de calidad, pero el chispazo se da en la relación entre maestros y alumnos. Como siempre, pero más que nunca, hay que recordar que sólo la persona educa a la persona.
Fuente: https://profelandia.com/protagonistas/
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Morir de Covid-19 en los pueblos indígenas de México y no contar ni en las estadísticas

Por: Tlachinollan

Nadie tiene un conteo de los contagios y muertes por Covid en las comunidades de la Montaña. El gobierno estatal se basa en el registro que llevan los hospitales para dar las “cifras oficiales”. En las comunidades indígenas las personas pueden morir de Covid-19 y no ser parte de la estadística, los decesos que deja la pandemia no existe forma de saber si son por coronavirus, ni siquiera hay pruebas para el diagnóstico.

Desde que empezó la pandemia en el país, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan ha documentado un alza en la población que viaja a los campos agrícolas en autobuses en mal estado, sin seguro de viajero y llevando a los niños en los pasillos o en las piernas la mayoría de veces.

“Tan solo del mes de abril a julio se tiene el registro de 4 mil 800 personas que migraron, un 150% más que el año pasado. En las comunidades los precios de los productos han subido, no hay empleo y prefieren arriesgarse e irse a trabajar que morir de hambre en su comunidad”, dice el director de Tlachinollan, Abel Barrera Hernandez.

Gerardo tiene 21 años, es Na savi (gente de la lluvia), de la colonia de Rancho de los Hilarios, anexo de Calpanapa, municipio de Cochoapa el Grande, enclavada en la región de la Montaña del estado de Guerrero. Estudió hasta el 4to. año de primaria y él, como la mayoría de las y los habitantes de su comunidad, no tienen otra opción más que migrar a los campos agrícolas del norte del país.

A la edad de 10 años empezó a ir con  su papá a los campos, como a los 16 años inició su trabajo. “De niño no hay nada que hacer, nada más jugar con los otros niños. En los campos empezamos a sembrar chiles y cuando están buenos los cortamos. Aquí en la comunidad se siembra maíz, calabaza, frijol, no hay otra cosa que funcione porque es cerro, aquí pura milpa”.

Victoria es la esposa de Gerardo. Tiene 16 años, es de la comunidad de Calpanapa y solo habla Tuú Savi. Se juntó cuando tenía 15 años. Se le ve un silencio profundo en el rostro.

“Cuando nació pensé que iba a crecer, que iba a salir bien todo, pero a los tres o cuatro días empezó a estar mal y comencé a preocuparme. Nació el 8 de mayo de este año, en Rancho de los Hilarios, ahí estuvimos como un mes y luego nos fuimos a trabajar”, cuenta Gerardo.

“La niña cuando nació no podía respirar ni alimentarse bien, estuvo así como un mes y  días.  Llegamos allá a inicios de junio y al primer hospital que la llevamos, ya llegó mal, no podía respirar y la entubaron, después la mandaron al Centenario Hospital Miguel Hidalgo en Aguascalientes, ahí estuvo como dos meses y me dijeron que su corazón ya no aguantaba.

“Yo pensé que tenía mucha flema o algo así, pero no, era otra cosa. A lo mejor así nació. Lo primero que me dijeron en el hospital es que era covid-19, pero luego dijeron que no y que su garganta era pequeña y que al respirar se tapaba; no podía comer leche y la operaron para meter una sonda, eso fue un viernes. El miércoles falleció. De ahí venimos para acá”.

Acompañados por sus padres y en medio de la lluvia, tuvieron que dar sepultura a su hija como a media noche porque no hubo rezos, ni el sacerdote ni el rezandero quisieron acudir porque la niña no fue bautizada.

Gerardo y Victoria sólo regresaron a la Montaña para enterrar a su pequeña hija, la trasladaron en una carroza desde Aguascalientes, les cobró 23 mil pesos, de los cuales deben más de la mitad, por ello regresarán en unos días a esos mismos campos para volver a trabajar y pagar su deuda.

“Podemos tardar un poco para regresar porque tengo que hacer unas cartas, así me dijo la funeraria, que tengo que ir y llevar un papel, pero no sé qué, no me acuerdo para qué me dijo que era ese papel, pero tenemos que entregarlo para que salga bien, para que me den un acta de nacimiento, algo así. Me siento mal, no puedo ni pensar en nada. No estaba registrada, pero se llama Alexa Fernanda”.

Fuente e imagen: http://www.tlachinollan.org/reportaje-morir-de-covid-19-en-los-pueblos-indigenas-de-mexico-y-no-contar-ni-en-las-estadisticas/

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México: extrema violencia y hambruna viven comunidades desplazadas de Chiapas

Luis Enrique Aguilar/desinformemonos.org

 

Cientos de familias tsotsiles de Aldama están en riesgo de padecer hambruna por el desplazamiento forzado e intermitente derivado de los recientes ataques armados de un grupo paramilitar del municipio de Chenalhó, en la región de Los Altos de Chiapas.


Los ataques con armas de alto poder por parte del grupo paramilitar se incrementaron en cantidad y frecuencia desde el pasado 13 de agosto, sin que las autoridades hayan intervenido para mediar el conflicto.

Los tsotsiles desplazados utilizan casas en construcción y escuelas como refugios temporales, mientras que otros buscaron asilo con familiares al estar imposibilitados de entrar a sus tierras de cultivo por temor a ser asesinados.

La presión de los paramilitares de Chenalhó que mantienen ataques constantes día y noche es para tomar posesión de 60 hectáreas que han pertenecido históricamente a los tsotsiles de Aldama. Las intervenciones del gobierno han sido insuficientes para detener la violencia, a pesar de que los pobladores de Aldama han solicitado en numerosas ocasiones su participación para detener el conflicto.

Fuente:https://desinformemonos.org/extrema-violencia-y-hambruna-viven-comunidades-desplazadas-de-chiapas/
Imagen: Luis Enrique Aguilar
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México: Niños zoques inician nuevo ciclo escolar con limitaciones y desigualdades


En esta comunidad enclavada en la Selva de los Chimalapas, solo un 15 por ciento tiene acceso a una antena de televisión de paga, porque contratar este servicio que permitiría las clases por televisión, le cuesta 230 pesos mensuales al padre de familia, y qué decir del servicio a internet, las fichas de prepago para este tipo de conexión tienen un valor de 10 pesos por hora, dinero que tampoco tienen.

Para los niños de primero y segundo grado, los profesores entregaron una guía de estudios, pero para los que cursen de tercero a sexto grado de primaria, tendrán que interactuar por vía WhastApp y televisión, esa fue la recomendación. Benito Juárez, es una agencia municipal de San Miguel Chimalapas y se localiza en la zona oriente del Istmo de Tehuantepec y aproximadamente a 8 horas de la capital de Oaxaca, sus habitantes son históricos defensores de la selva de los chimalapas y por lo mismo constantemente se enfrentan con invasores tzotziles del estado de Chiapas.El acceso a esta comunidad es complicado por el camino terracero y por las condiciones climáticas , aquí habitan unas 250 personas entre adultos y niños que sobreviven principalmente de la agricultura y de la producción de resina, pero esta última actividad está suspendida desde que comenzó la emergencia sanitaria en el mes de marzo, por lo que se dificulta obtener ingresos.

Italia Jiménez es madre de familia y dijo que se le dificultará darle clases a sus hijos de lo que van a ver en la televisión, en primera porque no sabe leer ni escribir, elabora tortillas para vender y comer y su esposo trabaja.

“Ahorita no sé cómo le vamos hacer aquí en el rancho, sí tenemos servicio de televisión por paga pero es pagarlo mes con mes, y a veces no tenemos dinero, no sé qué ocurrirá, realmente todo esto se dificulta mucho para nosotros y más en estas condiciones que vivimos y la lejanía con que tenemos todo”.

El presidente del comité de padres de familia, Mauro Vásquez Cruz resaltó que esta nueva normalidad dificulta la forma de dar clases, porque no todas las familias podrán acceder a televisión por paga por la falta de recursos.

“Los maestros llegaron y nos dieron los cuadernillos para primero y segundo grado, porque de tercero a sexto grado tendrán que aprender de la televisión, quién sabe cómo le haremos, y también para los de preescolar, que ellos están más abandonados, ni siquiera les han dicho nada”.

Junto con esta situación educativa que aún desconocen cómo resolver, también enfrentan la falta de médico y enfermeras en su única unidad de salud que desde hace dos años está cerrada, por lo que tienen que trasladarse a la comunidad cercana ubicada en el Estado de Chiapas.

“Aquí padecemos de dengue, aunque la enfermedad, esa nueva que dicen Covid-19 aún no llega, para nosotros no hay acceso a la salud, estamos muy abandonados, bueno siempre lo hemos estado”, concluyeron.

Publicado originalmente en IstmoPress

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Argentina: movimientos sociales realizan cortes contra el “hambre y la desocupación”

Este mediodía organizaciones sociales realizaron cortes en la Autopista Buenos Aires-La Plata, en la Ruta 88 de Mar del Plata y en otros cinco puntos de la Provincia de Buenos Aires. Exigen respuestas del Gobernador Axel Kicillof frente a la crisis social y económica. “Como venimos denunciando la cuarentena no garantiza las condiciones mínimas de supervivencia para miles de familia que han perdido sus ingresos y ante esta situación desesperante nos organizamos y exigimos respuestas inmediatas”. Por ANRed


Este mediodía organizaciones sociales nucleadas en el Frente de Lucha Piquetero, realizaron cortes en la Autopista Buenos Aires-La Plata, en la Ruta 88 de Mar del Plata y en otros cinco puntos de la Provincia de Buenos Aires.

A más de 150 días de cuarentena debido a la pendemia del COVID 19, desde las organizaciones señalan que la Provincia de Buenos Aires es la más afectada por las consecuencias económicas, sanitarias y sociales que afectan sobre todo a los trabajadores que no tienen trabajo o lo perdieron por las crisis económica.

“Nos estamos manifestando contra el Hambre, la desocupación y la represión que promueve el gobierno de Axel kicillof. Como venimos denunciando la cuarentena no garantiza las condiciones mínimas de supervivencia para miles de familia que han perdido sus ingresos y ante esta situación desesperante nos organizamos y exigimos respuestas inmediatas. El Ministerio desarrollo social que ahora dirige Larroque no está dando respuestas efectivas y mantiene una asistencia pauperrima para lo que requiere la situación” explicaron mediante un comunicado.

“El gobernador Axel Kicillof no ha tomado ninguna medida social. Durante meses no asistió ni aumento la atención de comedores y merenderos que se multiplican por toda la provincia, no respondió el reiterado reclamo de las organizaciones sociales y las y los compañeros “esenciales” de los comedores no han sido asistidos ni sanitaria ni económicamente” explicaron desde el Polo Obrero.

Asimismo exigen el cese de la represión en los barrios populares, exigiendo la renuncia del Ministro de Seguridad de la provincia Sergio Berni “todo esto se agrava con la fuerte represión en los barrios impulsada por Berni que debe renunciar inmediatamente. Hacemos un llamamiento a todas las organizaciones del campo popular a realizar acciones contra un gobierno qué sigue defendiendo los intereses de los empresarios y los poderosos de la provincia y del país”.

En Mar del Plata el corte del Frente de lucha piquetero se realizó en la Ruta 88 a la altura de Textilana.

Fuente e imagen: https://www.anred.org/2020/08/25/movimientos-sociales-realizan-cortes-contra-el-hambre-y-la-desocupacion/

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México: Evaluaciones gubernamentales de calidad, inapropiadas para educación superior intercultural

Pedro Rendón/ IBERO

Los protocolos de evaluación establecidos por las agencias gubernamentales para asegurar la calidad de las universidades no resultan apropiados para evaluar a la educación superior intercultural, porque no consideran las especificidades de ésta, consideró el Dr. Daniel Mato, académico adscrito al Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados (CIEA) de la Universidad Nacional Tres de Febrero (UNTREF), de Buenos Aires, Argentina.

A esto se agrega que los pares evaluadores con frecuencia provienen de universidades convencionales y suelen tener escasos o nulos conocimientos acerca de las diferencias y relaciones interculturales, y la colaboración intercultural, añadió, durante su participación en la presentación del número 76 de la revista DIDAC, de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, dedicado a la ‘Educación Intercultural en Educación Superior’, y en el que colaboró como coautor.

Es así que los procesos y criterios de evaluación de las agencias gubernamentales encargadas de acreditar a las instituciones de educación superior (IES) y sus carreras, y en consecuencia del reconocimiento de los títulos profesionales que otorgan, enfrentan los desafíos que plantean las diferencias entre las visiones de mundo, epistemologías, modalidades de aprendizaje y habilidades hegemónicas; y las de los pueblos indígenas y afrodescendientes.

Esto es muy importante porque las iniciativas que pueda tomar cualquier universidad están necesariamente condicionadas por estas prácticas y criterios de evaluación de los respectivos organismos de acreditación y/o aseguramiento de la calidad de cada país, y porque “de nada sirve o de poco sirve que se creen carreras que no van a tener un reconocimiento público, cuyos títulos no van a servir para el ejercicio profesional. Esta es la suerte que han corrido, que corren aún, muchas universidades indígenas en América Latina”.

El caso es que los modos de producción de conocimiento no son elementos aislados, sino que están asociados a visiones de mundo, que resultan propias de las llamadas ‘sociedades occidentales modernas’ o de los pueblos originarios. Si bien, las cosmovisiones de los diversos pueblos indígenas y afrodescendientes americanos son disímiles entre sí, por lo general comparten un rasgo que a su vez las diferencia especialmente de la visión de mundo de las sociedades occidentales modernas.

La visión de mundo hegemónica (de las sociedades occidentales) está marcada por la dicotomía entre modernidad y naturaleza, incluso aunque a su interior existan visiones críticas al respecto. En tanto que las visiones de mundos ancestrales de la mayoría de los pueblos indígenas y afrodescendientes, aun en su diversidad, “predominantemente consideran que todo lo que constituye nuestro mundo, incluyéndonos a nosotros mismos, los seres humanos, formamos parte de un mismo todo”.

Estas diferencias no se limitan a nociones abstractas, sino que se expresan en las prácticas asociadas a cada una de estas visiones. En este sentido, se puede constatar que, de manera consistente, en la visión occidental moderna se desarrolló y se utiliza la idea de recursos naturales, a los cuales habría que ‘aprovechar, explotar, para lograr el progreso, el desarrollo y/o el bienestar’; entendido este último, más frecuentemente que no, como asociarlo a la disposición y el disfrute de bienes materiales.

Por otro lado, en las visiones de mundo de la mayoría de los pueblos indígenas y afrodescendientes no se plantean esta oposición. En ellas, la ‘Madre Tierra’ no es vista como fuente de recursos y, por tanto, no se plantea explotarla, sino respetarla.

“Esta diferencia entre visiones de mundo da lugar a que también sean diferentes las categorías de reflexión y análisis de sistemas de relaciones significativas entre ellas, y las maneras de evaluar las posibilidades o conveniencia de diversas formas de acción humana, así como de qué tipo de conocimientos producir, para qué y cómo. La observación en campo permite afirmar que estas diferencias y tensiones emergen regularmente en el ámbito de la educación superior intercultural y en los procesos para tratar de lograr su reconocimiento”.

Qué se entiende por educación superior intercultural

Al profundizar en qué se entiende por educación superior intercultural, el doctor Mato, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), de Argentina, afirmó que lo que distingue a la educación superior intercultural es que está orientada a brindar oportunidades de formación que articulan entre sí las visiones de mundo, valores, lenguas, modos de producción de conocimiento y modos de aprendizaje en más de una tradición cultural, al menos dos.

Como existen diversas formas de entender estas orientaciones, el campo de la educación superior intercultural es marcadamente heterogéneo. Dentro de este campo se suelen incluir diferentes tipos de experiencias, algunas corresponden a universidades o IES que han sido creadas por organizaciones, intelectuales o dirigentes indígenas y afrodescendientes; otras consisten en programas, áreas y carreras particulares en universidades convencionales; otras son iniciativas desarrolladas por organizaciones sociales con fines educativos, frecuentemente en colaboración con organizaciones o referentes de esos pueblos; y otras experiencias corresponden a universidades interculturales que han sido creadas por los Estados en colaboración con universidades convencionales.

“Las formas de entender la idea de interculturalidad y de concebir la educación intercultural varían notablemente entre estos diferentes tipos de experiencias. No obstante en América Latina, en todas ellas, los procesos de aprendizaje no sólo incluyen la adquisición de conocimientos semejantes a los de cualquier universidad convencional, sino también los correspondientes a diversos pueblos indígenas y afrodescendientes”.

En algunos casos, en la educación superior intercultural las modalidades de aprendizaje son análogas a las de las universidades convencionales, es decir, mediante la lectura, la escritura y el trabajo en aulas o laboratorios. Según las particularidades institucionales y campos de formación, en ciertos casos esas modalidades se articulan también con clases a cargo de referentes de los pueblos indígenas y afrodescendientes, quienes frecuentemente no cuentan con título universitario y en muchos casos tampoco de otros niveles educativos.

El reto: establecer relaciones de colaboración intercultural       

Mato añadió que no son una novedad las limitaciones y errores de las y los profesionales y técnicos universitarios para tratar con personas y comunidades indígenas, afrodescendientes y otras culturalmente diferenciadas.

Tampoco son una novedad sus limitaciones para formular políticas públicas que resulten apropiadas a la diversidad regional y sociocultural que caracteriza a cada uno de los países latinoamericanos. En algunos casos, estas limitaciones de los profesionales no salen a relucir por lo que hacen, sino por lo que no hacen, e incluso por lo que impiden hacer, “me refiero a su frecuente incapacidad para escuchar y valorar propuestas provenientes de sectores sociales que por su experiencia de vida no les resultan familiares y acerca de los cuales su formación universitaria no les ha preparado”.

En realidad, el problema es más profundo y de carácter ético y epistemológico; su formación universitaria no les ha preparado para valorar otras visiones de mundo, otros modos de vida y otros sistemas de conocimiento. “En la mayoría de los casos, nuestros profesionales han recibido una formación de carácter monocultural, pero además, y muy importante, no se les han brindado recursos para participar en experiencias de colaboración intercultural”.

“Considerando que todas nuestras sociedades son socioculturalmente diversas, parece evidente que los sistemas educativos, incluyendo la educación superior, deberían ofrecer una formación que resulte apropiada para desempeñarnos en esa diversidad”.

“¡Pero cuidado!, el reto no es que se nos prepare para aplicar conocimientos monoculturales en ambientes culturalmente diversos; el reto es que esa formación nos prepare para establecer relaciones de colaboración intercultural mutuamente provechosas, con los más diversos sectores sociales. Es decir, los sistemas educativos en general, y la educación suprior en particular, deberían prepararnos para interesarnos por, y ser capaces de, desarrollar, sostener, relaciones de colaboración intercultural mutuamente provechosas”. Pero esto no ocurre para nada.

Presentación

En la presentación del número 76 de la revista DIDAC también tomaron parte, con sus comentarios, la Mtra. Sylvia Schmelkes del Valle y la Dra. Luz María Stella Moreno Medrano, vicerrectora académica y docente del Departamento de Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, respectivamente.

Fuente:  IBERO

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