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Jordania: Casada a los 15 para proteger su honor, el drama de las niñas sirias refugiadas

Jordania/07 agosto 2017/Fuente: El Comercio

Los casos de las niña novia son cada vez más frecuentes entre los sirios que viven en el exilio en Jordania.

Casada a los 15 años y divorciada a los 16, una joven siria dice que se arrepiente de haber contraído matrimonio con su apuesto pretendiente — un desconocido que resultó ser un esposo abusivo.

Sin embargo, las razones que la transformaron en una niña novia se han vuelto más prevalentes entre los sirios que viven en el exilio en Jordania a causa de la guerra civil en su país. Cada vez más familias casan a sus hijas para atenuar la carga financiera o aseguran que el matrimonio es la manera de proteger el “honor” de las niñas que son vistas como vulnerables fuera de su país de origen.

Las cifras de un censo de población en Jordania documentan por primera vez dicho incremento, del que se sospechaba desde hace tiempo. En 2015, las novias de entre 13 y 17 años de edad conformaron casi el 44% de todas las mujeres sirias que se casaron en Jordania ese año, en comparación con el 33% registrado en 2010.

Debido a que prevé que los sirios permanezcan exiliados durante años, esas cifras resultan una tendencia perjudicial tanto para los refugiados como para el sobrecogido país que los alberga, indicaron autoridades de Jordania y Naciones Unidas.

Más niñas sirias se perderán su educación, ya que la mayoría de las que contraen matrimonio dejan la escuela. A menudo se casan con otros sirios que son apenas unos cuantos años mayores que ellas, y que no cuentan con un empleo estable — un ciclo que ayuda a perpetuar la pobreza. Y es más posible que tengan un mayor número de hijos que las parejas que se casan ya adultas, lo que incrementa la tasa de fertilidad en Jordania.

“Esto significa que tendremos más gente, más de la que el gobierno de Jordania puede costear”, dijo Maysoon al-Zoabi, secretario general del Consejo de Población de Jordania.

Las cifras de matrimonio entre menores fueron extraídas del censo realizado en noviembre de 2015 y compiladas en un nuevo estudio.

En el censo se contó a 9.5 millones de personas viviendo en Jordania, incluyendo 2,9 millones de extranjeros.

Entre los extranjeros, 1,265 millones son sirios — el doble de la cifra de refugiados registrados desde el inicio del conflicto sirio en 2011. Entre los otros sirios se incluye a trabajadores inmigrantes que llegaron antes de la guerra, y a aquellos que nunca fueron registrados como refugiados.

Las cifras de matrimonio entre menores incluyen a todas las sirias en Jordania, y no solo a las que están registradas como refugiadas.

Fuente: http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/casada-15-proteger-honor-drama-ninas-sirias-refugiadas-noticia-448069

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Perú, Ministra: Salud y Educación deben retornar al Ejecutivo

Perú/07 agosto 2017/Fuente: La República

La ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Ana María Choquehuanca, sostuvo que el sector Educación y el de Salud, que están designados a los gobiernos regionales, regresen a ser administrados por el Gobierno Central.

Explicó que la huelga indefinida que mantienen los maestros del Ministerio de Educación y los médicos del Ministerio de Salud, superó el control de los gobiernos regionales.

Para Choquehuanca, esta decisión no atentaría con el proceso de descentralización emprendido hace algunos años por gobiernos anteriores.

Su propuesta es que tanto Educación y Salud estén a cargo del Gobierno Central, hasta que se solucione la problemática actual.   Luego estos sectores, indicó, regresarían a los gobiernos regionales.

La titular de este ministerio dio estas declaraciones tras la negativa de los docentes de levantar sus protestas pese a que el último jueves el premier Fernando Zavala, la ministra de Educación, Marilú Martens,  y los gobernadores regionales anunciaron que se aumentarán  sus sueldos a S/ 2 mil desde diciembre.

Choquehuanca visitó ayer el penal de Socabaya, junto a la ministra de Justicia y Derechos Humanos,  Marisol Pérez Tello.

Fuente: http://larepublica.pe/sociedad/1070319-ministra-salud-y-educacion-deben-retornar-al-ejecutivo

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Utopía, atender igual en el aula a un niño Mixe que a otro con discapacidad o sin ella

Por: Laura Poy Solano

La población indígena en edad de cursar el nivel básico no está concentrada en escuelas donde se imparta un currículo diseñado de acuerdo con sus necesidades y en su lengua, destacó Rosa Guadalupe Mendoza Zuany, especialista en enseñanza intercultural y catedrática del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracuzana (UV).

Muchos acuden a planteles donde no tienen un maestro que hable su idioma materno y no siempre acceden a materiales pedagógicos que puedan comprender, dijo en entrevista con La Jornada.

Destacó que de acuerdo con los resultados de una encuesta sobre el acceso a la educación de niños y adolescentes indígenas en Chihuahua, Chiapas, Puebla, Veracruz y Yucatán, se detectó que los menores están dispersos en servicios escolares regulares, urbanos, rurales y multigrado, donde no son atendidos de acuerdo con sus necesidades formativas y en su lengua. Un aula donde se atiende igual a un niño mixe que a otro con discapacidad o sin ella, es sólo una utopía del sistema educativo nacional, advirtió.

Consideró que dichos resultados permitieron tener elementos para diseñar las directrices y mejorar la atención de niños y adolescentes indígenas y jornaleros, elaboradas por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que se analizarán en un encuentro convocado por el organismo autónomo y la Organización para el Desarrollo Social y la Educación para Todos (ODISEA, AC).

Antes del encuentro, que se realizará este miércoles en la sede de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, donde se presentarán el diagnóstico sobre la situación de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en Veracruz y la cuarta edición del Semáforo Municipal de los Derechos de la Infancia en México, Mendoza Zuany indicó que actualmente prevalece un discurso de equidad e inclusión que en realidad busca homogeneizar lo que ocurre en la escuela y en el salón de clases.

Destacó que la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció recientemente la integración de los equipos de especialistas que elaboraran los libros de texto gratuito para nivel básico en español, pero no se da a conocer quiénes serán los especialistas que realizarán los libros en lenguas indígenas, y lo mismo ocurrió con el anuncio de la Estrategia Nacional para el Fortalecimiento de las Escuelas Normales, donde se dice que van a apoyarlas, pero no se dan a conocer las acciones concretas para atender la especificidad de las normales indígenas y rurales.

Afirmó que es necesario abrir el debate sobre la agenda de la educación para ese sector y para menores jornaleros, a fin de hacer visible que demandan condiciones especiales para su atención, pues pedir que un solo profesor atienda en el aula las necesidades de estos niños y de los urbanos es pedir un súper maestro.

En el encuentro de este miércoles participarán Sylvia Schmelkes del Valle, ex presidenta y consejera del INEE; Ricardo Buccio Mujica, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, académicos e investigadores.

Fuente:  http://insurgenciamagisterial.com/utopia-atender-igual-en-el-aula-a-un-nino-mixe-que-a-otro-con-discapacidad-o-sin-ella/

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Japan Might Be What Equality in Education Looks Like

Japón/Agosto de 2017/Fuente: The Atlantic

Resumen:  En muchos países, incluidos los Estados Unidos, los antecedentes económicos de los estudiantes a menudo determinan la calidad de la educación que reciben. Los estudiantes más ricos tienden a ir a las escuelas financiadas por altos impuestos a la propiedad, con instalaciones de primera categoría y personal que les ayudan a tener éxito. En los distritos donde viven los estudiantes más pobres, los estudiantes a menudo obtienen instalaciones de mala calidad, libros de texto obsoletos y menos consejeros de orientación. No en Japón. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un grupo de 35 países ricos, Japón ocupa un lugar destacado entre sus pares en proporcionar a sus estudiantes ricos y pobres con igualdad de oportunidades educativas: La OCDE estima que en Japón sólo alrededor del 9 por ciento De la variación en el rendimiento estudiantil se explica por los antecedentes socioeconómicos de los estudiantes. El promedio de la OCDE es del 14 por ciento, y en los Estados Unidos, del 17 por ciento. «En Japón, usted puede tener áreas pobres, pero usted no tiene escuelas pobres,»

In many countries, the United States included, students’ economic backgrounds often determine the quality of the education they receive. Richer students tend to go to schools funded by high property taxes, with top-notch facilities and staff that help them succeed. In districts where poorer students live, students often get shoddy facilities, out-of-date textbooks, and fewer guidance counselors.

Not in Japan. According to the Organization for Economic Co-operation and Development (OECD), a group of 35 wealthy countries, Japan ranks highly among its peers in providing its rich and poor students with equal educational opportunities: The OECD estimates that in Japan only about 9 percent of the variation in student performance is explained by students’ socioeconomic backgrounds. The OECD average is 14 percent, and in the United States, it’s 17 percent. “In Japan, you may have poor areas, but you don’t have poor schools,”

John Mock, an anthropologist at Temple University’s Japan campus, told me.

Perhaps as a result, fewer students in Japan struggle and drop out of school—the country’s high-school graduation rate, at 96.7 percent, is much higher than the OECD average and the high-school graduation rate in the United States, which is 83 percent. Plus, poorer children in Japan are more likely to grow up to be better off in adulthood, compared to those in countries like the U.S. and Britain (though Scandinavian countries lead in this regard). “It’s one of the few [education] systems that does well for almost any student,” Andreas Schleicher, who oversees the OECD’s work on education and skills development, told me, adding, “Disadvantage is really seen as a collective responsibility.”

For instance, in the village of Iitate, which was evacuated after being contaminated by radiation after the Fukushima nuclear-power-plant disaster in March 2011, many families still have not come back. Piles of contaminated soil, covered up, still dot the landscape, and many homes are shuttered. The local primary school has just 51 students, compared to more than 200 before the accident. Yet the quality of education given to returnees is top-notch. The government built a new school for students outside the radiation zone, in a town called Kawamata, and though the classes are still very small—first grade has only two students—the school is well staffed. In a classroom I visited, all five second-graders in the school watched a teacher demonstrate flower-arranging as three other teachers surrounded them, helping them with each step. In another, a math teacher quizzed students on odd and even numbers, and as the students split into groups to discuss a problem on the board, another teacher leaned in to help. Walking around the school, it almost seemed there were as many teachers as students.

“The quality of education is better than before March 11th [2011],” Tomohiro Kawai, a parent of a sixth-grader and the president of the school’s parent-teacher association, told me, citing the low student-teacher ratio. Many of the children who returned to the area are from single-parent families, a group prone to struggling economically; some parents moved back to Iitate because they needed help from their own parents in watching their children, according to Satoko Oowada, one of the school’s teachers. But the federal government takes pains to prevent economic hardship from affecting the quality of students’ education. It gave a grant to Iitate so that all students in the school would get free lunch, school uniforms, notebooks, pencils, and gym clothes. “Equality of education is very important for children in Iitate Village,” the school’s principal, Takehiko Yoshikawa, told me. “Everywhere, students receive the same education.”

The equity in Iitate stands in stark contrast to a place like New Orleans, which was also hit by a disaster. While Japan’s national government tried to ensure that students in the affected area got more resources after the accident, officials in New Orleans disinvested in the public educational system in their city. Public-school teachers were put on leave and dismissed, many students disappearedfrom schools’ rolls, and the New Orleans system now consists almost entirely of charter schools. (To be sure, New Orleans is something of an outlier—districts in New York and New Jersey, for example, received federal money to help deal with Hurricane Sandy’s impact on education.)

There are a number of reasons why Japan excels in providing educational opportunities. One of them is how it assigns teachers to schools. Teachers in Japan are hired not by individual schools, but by prefectures, which are roughly analogous to states. Their school assignments within the prefecture change every three years or so in the beginning of their careers, and then not quite as often later on in their careers. This means that the prefectural government can make sure the strongest teachers are assigned to the students and schools that need them the most. “There’s a lot going on to redirect the better teachers, and more precious resources, towards the more disadvantaged students,” Schleicher said.

It also means that teachers can learn from different environments. Young teachers are exposed to a series of different talented peers and learn from their methods. That’s a big contrast to some place like the United States, said Akihiko Takahashi, a onetime teacher in Japan and now an associate professor of elementary math at DePaul University’s College of Education. “Here in the U.S., the good teachers go to the good schools and stay there the whole time,” he told me.

Japan’s educational equality is also a matter of how funds are distributed. Teacher salaries are paid from both the national government and from the prefectural government, and so do not vary as much based on an area’s median household earnings (or, more often, property values). The same goes for the funding of building expenses and other fees—schools get more help from the national government than they would in the U.S. According to Takahashi, the Japanese educational system aims to benefit all students. “Their system is really carefully designed to have equal opportunity nationwide,” he said. This contrasts with the U.S. education system, he said, which he judges to raise up the best students but often leave everyone else behind.

What’s more, Japan actually spends less on education than many other developed countries, investing 3.3 percent of its GDP in education, compared to the OECD average of 4.9 percent. It spends $8,748 per student at the elementary school level, compared to the $10,959 that the United States spends. But it spends the money wisely. School buildings are not much to look at. Textbooks are simple and printed in paperback, and students and teachers are responsible for keeping schools clean. Japan also has fewer administrators on campuses—there is usually just a principal and a few vice principals, and not many others in the way of staff.

Despite the country’s relatively low spending on education, Japan’s teachers are paid more than the OECD average. And the profession has high barriers to entry: Much like the bar exam for American lawyers, Japan’s teacher entrance exams, which are administered by prefectures, are very difficult. Oowada told me she took the Fukushima Prefecture teaching exam five times before she passed it. She’s now a permanent teacher, guaranteed a pension and a job in the prefecture until age 60; she said that the year she passed, 200 people took the test, and only five passed. (Her co-teacher, Yuka Iinuma, had still not passed the test, and was working as a one-year contract teacher, moving from school to school each year. Many people who think they want to become teachers eventually give up when they can’t pass the exam, Oowada and Iinuma told me.) And even after their full certification, teachers have an incentive to perform better and better, as every three years they get reviewed for a promotion.

There are of course some downsides to being a teacher in Japan. Because they feel responsible for all students in their classes, teachers often spend lots of time outside of normal hours helping students who are falling behind. Yoshikawa, the school principal, told me of a teacher from Iitate who, when there was a gasoline shortage that prevented him from driving, rode his bike 12 miles to school each day from the evacuation zone to Kawamata, which includes an impressively hilly stretch. One teacher in Tokyo I talked to, who didn’t want her name used, said it wasn’t uncommon to work from 7 a.m. to 7:30 p.m., and said some teachers stayed until 9 at night. (There are teachers’ unions in Japan, but their power has eroded somewhat in recent years.)

Still, Japanese teachers are rewarded with a great deal of autonomy on how to improve student outcomes, Takahashi said. In a process called a “lesson study,” teachers research and design a new lesson over a set time period, and then present it to other teachers, who give feedback. Teachers also join together to identify school-wide problems, and organize themselves into teams to address those problems, sometimes writing a report or publishing a book on how to solve them, he said. “It’s not about an individual star teacher, but about teamwork,” he said.

Schleicher says that teachers’ focus on pedagogy contributes to the Japanese education system’s equality. The emphasis, he says, is not as much on absorbing content as it is on teaching students how to think. “They really focus on problem-solving, which means the ability to attack problems they had never seen before,” Takahashi said. In subjects like math, Japanese teachers encourage problem-solving and critical thinking, rather than memorization. For instance, Japanese students were explicitly taught how to solve just 54 percent of the problems on the international Trends in International Mathematics and Science Study (TIMSS) test, but received an average score of 565, according to the Lesson Study Alliance, an education nonprofit. Students in the U.S. were explicitly taught how to solve 82 percent of the problems, yet received a lower average score, 518. Ironically, some of these Japanese teaching methods came from the United States—in particular, from an American group, the National Council of Teachers of Mathematics, which urged American teachers to change their methods throughout the 1980s. But it was Japanese teachers who listened to this advice.

Japan’s educational equality is also a matter of how funds are distributed. Teacher salaries are paid from both the national government and from the prefectural government, and so do not vary as much based on an area’s median household earnings (or, more often, property values). The same goes for the funding of building expenses and other fees—schools get more help from the national government than they would in the U.S. According to Takahashi, the Japanese educational system aims to benefit all students. “Their system is really carefully designed to have equal opportunity nationwide,” he said. This contrasts with the U.S. education system, he said, which he judges to raise up the best students but often leave everyone else behind.

What’s more, Japan actually spends less on education than many other developed countries, investing 3.3 percent of its GDP in education, compared to the OECD average of 4.9 percent. It spends $8,748 per student at the elementary school level, compared to the $10,959 that the United States spends. But it spends the money wisely. School buildings are not much to look at. Textbooks are simple and printed in paperback, and students and teachers are responsible for keeping schools clean. Japan also has fewer administrators on campuses—there is usually just a principal and a few vice principals, and not many others in the way of staff.

Despite the country’s relatively low spending on education, Japan’s teachers are paid more than the OECD average. And the profession has high barriers to entry: Much like the bar exam for American lawyers, Japan’s teacher entrance exams, which are administered by prefectures, are very difficult. Oowada told me she took the Fukushima Prefecture teaching exam five times before she passed it. She’s now a permanent teacher, guaranteed a pension and a job in the prefecture until age 60; she said that the year she passed, 200 people took the test, and only five passed. (Her co-teacher, Yuka Iinuma, had still not passed the test, and was working as a one-year contract teacher, moving from school to school each year. Many people who think they want to become teachers eventually give up when they can’t pass the exam, Oowada and Iinuma told me.) And even after their full certification, teachers have an incentive to perform better and better, as every three years they get reviewed for a promotion.

There are of course some downsides to being a teacher in Japan. Because they feel responsible for all students in their classes, teachers often spend lots of time outside of normal hours helping students who are falling behind. Yoshikawa, the school principal, told me of a teacher from Iitate who, when there was a gasoline shortage that prevented him from driving, rode his bike 12 miles to school each day from the evacuation zone to Kawamata, which includes an impressively hilly stretch. One teacher in Tokyo I talked to, who didn’t want her name used, said it wasn’t uncommon to work from 7 a.m. to 7:30 p.m., and said some teachers stayed until 9 at night. (There are teachers’ unions in Japan, but their power has eroded somewhat in recent years.)

Still, Japanese teachers are rewarded with a great deal of autonomy on how to improve student outcomes, Takahashi said. In a process called a “lesson study,” teachers research and design a new lesson over a set time period, and then present it to other teachers, who give feedback. Teachers also join together to identify school-wide problems, and organize themselves into teams to address those problems, sometimes writing a report or publishing a book on how to solve them, he said. “It’s not about an individual star teacher, but about teamwork,” he said.

Schleicher says that teachers’ focus on pedagogy contributes to the Japanese education system’s equality. The emphasis, he says, is not as much on absorbing content as it is on teaching students how to think. “They really focus on problem-solving, which means the ability to attack problems they had never seen before,” Takahashi said. In subjects like math, Japanese teachers encourage problem-solving and critical thinking, rather than memorization. For instance, Japanese students were explicitly taught how to solve just 54 percent of the problems on the international Trends in International Mathematics and Science Study (TIMSS) test, but received an average score of 565, according to the Lesson Study Alliance, an education nonprofit. Students in the U.S. were explicitly taught how to solve 82 percent of the problems, yet received a lower average score, 518. Ironically, some of these Japanese teaching methods came from the United States—in particular, from an American group, the National Council of Teachers of Mathematics, which urged American teachers to change their methods throughout the 1980s. But it was Japanese teachers who listened to this advice.

Japan’s schools can also be extremely stressful places for students, who are sometimes bullied if they fall behind. “As long as I performed well in school, things were okay. But once I started to deviate just a little—they [parents and teachers] went to the extreme and started treating me incredibly coldly,” one student told Anne Allison, a cultural anthropologist at Duke University who has written extensively on Japan. Japanese students are also expected to belong to after-school clubs for sports or dance, which can keep them at school until 6 p.m. “When they come home, it’s already dark and all they have left to do is eat dinner, take a bath and do their home assignment and sleep,” the Tokyo teacher told me.

Despite these flaws, Japan’s educational system still sets an example for other countries to follow. That’s partly because Japan has different goals for its schools than somewhere like the United States does. “The Japanese education system tries to minimize the gap between the good students and everyone else,” Takahashi told me. That means directing more resources and better teachers to students or schools that are struggling. It also means giving teachers the freedom to work together to improve schools. This could be difficult to transplant to the United States, where education has long been managed on a local level, and where talk of sharing resources more often leads to lawsuits than it does to change. But Japan’s success is relatively recent, according to Schleicher. About 50 years ago, Japan’s schools were middling, he said. Countries can make their schools more equitable. They just need to agree that success for all students is a top priority.

Fuente: https://www.theatlantic.com/business/archive/2017/08/japan-equal-education-school-cost/535611/

 

 

 

 

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Adquirir nuevas capacidades para promover mejor la educación de las niñas en Ghana

África/Ghana/05 Agosto 2017/UNESCO

Los miembros del equipo de la Unidad de Educación de las Niñas (GEU, por sus siglas en inglés) del Servicio de Educación de Ghana (GES, por sus siglas en inglés) están mejorando su capacidad para promover la educación de las niñas y coordinar las actividades relativas a su educación en Ghana, en el marco de la Alianza Mundial para la Educación de las Niñas y las Mujeres UNESCO-HNA.

Desde 1997, el Servicio de Educación de Ghana (GES) cuenta con una Unidad de Educación de Niñas (GEU) encargada de eliminar todas las formas de discriminación por razones de género en el sector educativo, así como para mejorar la incorporación y la permanencia de las niñas en la escuela. No obstante, una evaluación de las capacidades llevada a cabo en 2016 reveló deficiencias de la capacidad institucional de la GEU para desempeñar su papel de manera eficaz. El informe destacó, en particular, la ineficacia de la GEU en coordinar las múltiples actividades relativas a la educación de las niñas que los agentes no estatales implementan en el país.

Para dar solución a esta cuestión, así como a otros problemas estructurales, tales como el financiamiento público insuficiente para la educación de las niñas o la falta de modelos femeninos en algunas escuelas y comunidades, la Oficina de la UNESCO en Accra ha organizado un conjunto de formaciones sobre reforzamiento de habilidades con miras a mejorar la capacidad del GEU en la promoción de la educación de las niñas en Ghana, mediante la Alianza Mundial para la Educación de las Niñas y las Mujeres de la UNESCO-HNA.

Entre los días 24 y 28 de abril de 2017, se organizó un primer programa de formación, en Larteh, región oriental de Ghana, dirigido a 32 funcionarios de la GEU (30 mujeres y 2 hombres), entre los que figuraron nueve funcionarios de la Sede y algunos miembros del personal de diferentes regiones y distritos.  La formación hizo hincapié en la gestión de los programas centrados en los resultados, la movilización de recursos y la elaboración de informes. Dicha formación fue posible gracias a la colaboración del Instituto de la Sociedad Civil de África Occidental con una combinación de técnicas, tales como, presentaciones mediante PowerPoint, trabajo en grupos, cuestionarios, rompecabezas, estudios de casos y debates plenarios.

Los participantes debatieron acerca de la manera en que la formación contribuyó a mejorar sus capacidades: «He adquirido las capacidades en materia de movilización de recursos locales para poder financiar las actividades en mi ciudad», afirmó Vida Owusu, responsable de la educación de las niñas en Kumasi. «Aprendí también a coordinar mis actividades en el distrito, así como a redactar mejor los informes». Otro participante, Christiana Azure Ayimzoya, responsable de la unidad de educación de las niñas en el área metropolitana de Accra, indicó cómo pensaba aplicar los conocimientos adquiridos: «Ahora sé cómo movilizar recursos para llevar a cabo programas que favorezcan a las niñas de mi región», afirmó. «La elaboración de informes es otra de las habilidades que he adquirido mediante este taller. Cuando regrese organizaré un taller de reforzamiento de capacidades para los responsables de la educación de las niñas de mi región».

Con miras a garantizar un seguimiento adecuado de la formación, el personal de la UNESCO y los facilitadores tienen previsto efectuar visitas de seguimiento a las oficinas de los participantes a fin de determinar qué han hecho de manera diferente después de haber participado en la formación. Dichas visitas también permitirán que los facilitadores proporcionen el apoyo técnico necesario a los participantes en sus respectivas oficinas. La segunda formación está prevista del 21 al 25 de agosto de 2017, y está dirigida a 35 responsables de la educación de las niñas. En total, mediante la Alianza Mundial para la Educación de las Niñas y las Mujeres UNESCO-HNA, el proyecto tiene como objetivo la capacitación de 235 miembros del personal con miras a mejorar sus capacidades a la hora de promover y coordinar las actividades relativas a la educación de las niñas en Ghana.

Fuente: http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/learning_new_skills_to_better_promote_girls_education_in/

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Venezuela: Te presentamos el siguiente análisis, Jóvenes, educación y futuro

Por: Panorama.com.ve/Arminda García/04-08-2017

Teniendo en cuenta que el futuro de cualquier sociedad, descansa en las nuevas generaciones, en esa  juventud conformada por un contingente de individuos en etapa de crecimiento, es importante considerar el rol que ellos tienen y la manera cómo la educación influye en su futuro.

Los jóvenes,  se encuentran en proceso de desarrollo, buscando avanzar y crecer.  Por esa razón, deben contar con las oportunidades de formación necesarias, de manera que puedan   participar en el avance de la sociedad y manejar el destino del mundo. Sabemos, que la educación juega un papel fundamental,  para que estén en capacidad de desarrollar valores y herramientas que les permita cumplir sus objetivos y crecer como individuos. Así mismo, permitirá  convertir su preparación en las cualidades necesarias para aportar su participación activa  al entorno.

Sin duda, la formación es el  camino  que abrirá las puertas a los jóvenes para  responder  a las exigencias de la sociedad y cultivar la independencia requerida para ser productivos, autónomos y  participes de los avances necesarios, para beneficio propio y del colectivo.

Si se trata de un joven universitario, esta es una fase de la vida en la que se sienten  comprometidos con su futuro,  que dominan sus actos y tienen control para lograr sus objetivos. En esta etapa, han entendido además la importancia de formarse académicamente  con miras a obtener un título y así buscar  la oportunidad de incorporarse en el mercado laboral.

Algunos de ellos,  aspiran  combinar sus estudios con algún tipo de experiencia de trabajo que les permita aprender o realizar aportes económicos a su núcleo familiar. Sin duda, la consolidación de la formación académica obtenida en la universidad, se logra una vez que pueden poner en práctica todos los conocimientos adquiridos durante sus estudios, lo cual les exige además afrontar la realidad profesional con excelente base.

Se recomienda, que estos jóvenes universitarios  se establezcan un perfil claro y específico, pues esto permitiría guiar al éxito los esfuerzos realizados en cuanto a la inserción laboral. Igualmente, es necesario consolidar estrategias de desarrollo individual que faciliten esta tarea.

Se puede decir entonces, que los jóvenes se siente identificados con la con la necesidad de  alcanzar un mejor futuro tanto propio como colectivo  y por ser los responsables de  esas imperiosas  transformaciones,  han entendido la relevancia de contar con una formación que les permita estar preparado para esos cambios.

*Fuente:http://www.panorama.com.ve/facetas/Te-presentamos-el-siguiente-analisis-Jovenes-educacion-y-futuro-20170725-0030.html

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Cortometraje Entrelineas: Una clase de pedagogía y una reflexión necesaria para los futuros docentes

Por Cuky Lachanga

A partir del análisis del cortometraje “Entrelineas” y las experiencias personales de muchos docentes en formación, un debate necesario para pensar la escuela pública y la práctica docente.

La consigna era clara, había que escribir un ensayo teniendo como disparador un corto que se llama “Entrelineas”, es la historia de Emanuel y el relato lo hace la directora de la escuela, un chico que estuvo internado en un instituto de menores y por una decisión del juez tiene que elegir entre trabajar o estudiar. El cortometraje muestra el intento de una escuela por hacerlo parte, aun cuando él supera el límite de edad permitido. Desde la institución se le da un espacio, se piensa de qué manera hacerlo parte de algo que él mismo pueda desarrollar y apropiarse. Es el relato de las contradicciones, de un ir y venir, que no queda claro, quizá por eso mismo se llame “Entrelineas”. Emanuel se va y ya nadie vuelve a saber de él.

ENTRELINEAS from Gestión Educativa on Vimeo.

Luchar por otra escuela, hacia la conquista de otra sociedad

Emanuel es el protagonista. Digo Emanuel y pronuncio el nombre de tantos pibes que estuvieron y ya no están, o que quizá no puedan estar nunca ¿qué será de todos ellos ahora?. Digo que es el nombre de tantos pibes, porque detrás de la historia de este personaje está la realidad de muchos otros que corren la misma suerte.

Estudiando en el profesorado, dentro de las aulas, en los pasillos, en las charlas más o menos formales entre compañeros o con profesores, siempre hay algo que nos empuja y nos mueve a hacer. Hacer algo por los pibes. Pero esos intercambios tienen un lugar incierto, ya que en nuestra formación la realidad de esos chicos, sus condiciones de vida, el lugar donde viven y en este sentido nuestro rol como docentes en esos contextos no tienen lugar, y por eso muchas veces cuando salimos a las aulas (y ni hablar cuando empezamos a hacer las prácticas en las escuelas) sentimos un vacío enorme. La pobreza, las necesidades insatisfechas de los sectores carenciados, desprotegidos, chicos en situación de calle, son algunos entre tantos otros términos sociológicos con los cuales se etiquetan las vidas de personas de carne y hueso. Querer cambiar eso se vuelve un motor de la docencia en la mayoría de los casos.

Inclusión, integración, respeto, escucha, niños como sujetos de derecho, escuela inclusiva o escuela democrática. Son otros de los rótulos o términos que del otro lado se construyen como una mirada opuesta, crítica de la escuela que aleja o expulsa esas otras realidades.

Nacemos despojados, por eso necesitamos ser educados, dice Philippe Meirieu, la pregunta es ¿qué hacemos cuando la vida se vuelve un despojo permanente? También, señala el autor, es necesario educar, no solo como inteligencia formal, sino histórica. Le agregaría también una formación social y política, un niño que no sabe la historia, su desarrollo y el porqué del mundo que lo rodea y al cual vino sin pedirlo, es un niño que se adapta, que toma esa realidad como natural, como algo que es así y no puede cambiarse.

Inevitablemente ante historias como las de Emanuel, hay preguntas que no se cierran nunca, que circulan en las cabezas, se cierran y se abren otras nuevas.

Los “Emanueles” que conocí

Mis primeros pasos en la militancia política fueron en los pasillos de la villa 1-11-14 del Bajo Flores, éramos un grupo de jóvenes con ganas de cambiar el mundo, nos metimos en esos pasillos cargados de prejuicios y también estaban llenos de miradas expectantes, ojos que sonreían detrás de los rincones oscuros y se acercaban con desconfianza.

Un pequeño cuarto era el lugar que se colmada de alegría todos los sábados, nunca faltaba “el enano” de la esquina que venía a hacer “lío”. Cuando estaba en silencio todos sabíamos que se había metido en la cocina y en ese cuerpito pequeño escondía debajo de la remera 5 o 6 alfajores y lo que sobraba de chocolate en polvo. “Es para mis hermanitos” decía con esa cara, como pidiendo perdón.

Los lazos entre niños son una cosa maravillosa y llena siempre de rincones que te cargan de alegría y de asombro. Ellos se cuidan, son los padres, madres, hermanos, tíos, son los que se retan, son los que se cuidan, son los que están siempre. Mientras esperábamos en la vereda la veíamos venir a ella con el pibito enganchado de la cadera, apenas podía caminar, no tenía más de 3 o 4 años más que él, pero igual lo cargaba como podía y lo llevaba al taller porque sabía que ahí podían desayunar y aprender. Como en un juego, pero que no tiene casi nada de simbólico, desde pequeña ensaya un rol de madre, de cuidadora; “no hagas eso”, “portate bien”, “vení que te enseño” le decía ella con una ternura incomparable.

Claro que poníamos amor, ganas, un esfuerzo enorme en hacer de cada uno de esos momentos algo único, que los hiciera felices, que los ayudara a crecer. Pero ¿que pasa cuando la miseria se vuelve estructural? ¿Qué pasa cuando los pibes no pueden prestar atención porque las panzas crujen? El amor no basta porque el amor no alimenta, el amor no basta porque el amor no tapa goteras, ni calma el frio. 
Tuve 40, cada uno de ellos cargando sus miserables vidas a cuestas, cada uno de ellos cargando sus propios sueños. Pero cada dia al despertar sus vidas seguían en los pasillos de un laberinto que parecía interminable. Entre esos 40 pibes había muchos Emanueles, era un andar constante entre la presencia y la ausencia. No es una cuestión de ganas, no es parte de la voluntad, es parte de una realidad que por momento nos resulta difícil comprender.

Patricia Redondo y de alguna manera muchos otros autores que leemos en los profesorados, como Carina Kaplan, también hablan del optimismo voluntarista. En las aulas de los profesorados muchas veces nos enseñan que con voluntad se puede, que si nosotros queremos podemos cambiar la vida de los pibes, ¡cuánto de docente apóstol tiene todo esto! ¡cuánto de “no importa nada, entrega tu vida”!

Y hablando de formación histórica, para recuperar a Merieu, y también entender las contradicciones de la escuela, el discurso performativo de los profesorados, y desnaturalizar lo constituido socialmente habría que pensar qué esconde esa visión de la docencia. Es importante reconocer que ese discurso también es histórico, anclado en intereses y necesidades de quienes organizan la educación como institución que responde al Estado, y sus gobiernos. Esto, sin dejar de reivindicar que los docentes que ponen el cuerpo dia a dia en condiciones de las más adversas lo hacen con una enorme voluntad de cambiar las cosas.

Los docentes también somos personas, y sobre todo somos trabajadores de la educación, también comemos y pagamos el alquiler y damos sustento a nuestras propias familias, ¿que pasa entonces cuando la pauperización nos rodea a todos? Nos damos cuenta que el maestro no todo lo puede y ahí le damos paso a la frustración.

Dos caminos de reflexión se abren cuando llegamos a ese lugar en el que algunas de las preguntas son ¿que hacer con esa realidad? ¿qué educación y que escuela necesitamos? ¿Que docentes es necesario formar?

El actor invisibilizado

Hay detrás de todo esto un actor invisibilizado, sean más tradicionales o más críticas las lecturas de lo que pasa con los chicos en los barrios o en las escuelas, es de todas formas un actor que parece no tener ningún rol asignado. El Estado.
Son muchos los discursos y posiciones respecto a este problema que vemos todos en términos formales, la educación siempre es un terreno en disputa donde la demagogia chorrea por todas partes. Algunos hacen bandera de una batalla ideológica como puede ser actualmente la meritocracia que fogonea el macrismo. Otros detrás de un discurso progresista disfrazan las mismas posiciones, cuestionan los modelos neoliberales, pero esconden que bajo sus “proyectos” el Estado como principal garante de ese derecho para los pibes y sus gobiernos, nunca es responsable de nada.

Kaplan plantea que el neoliberalismo produce una ruptura entre las condiciones económicas y las condiciones sociales. Plantea, una especie de contraposición de proyectos entre un viejo neoliberalismo que ya no estaría presente pero que algunos sectores como el macrismo quieren retomar. Cuando el Estado no está presente como un actor y responsable de esas realidades, entonces es un problema de “prácticas”, es un problema “de la escuela” como lo señala la misma autora, ¿no es acaso lo mismo que decir que la responsabilidad es de los docentes y de los alumnos? Es porque el Estado está, pero jugando para el equipo de los ganadores. La autora dice “son las sociedades las que vuelven brutales a las personas” es casi como un poder supranatural que se nos impone, quien genera eso, desde donde se sostiene, es una incógnita irresoluble.

No basta con retóricas críticas

El análisis sociológico sobre lo que está “fallando” no alcanza, se queda a mitad de camino, porque, citando a Marx en sus tesis sobre Feuerbach “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”

Incluso, este debate pedagógico llega a un punto de saturación cuando vemos que hace décadas se sostienen las mismas prácticas, y se reinventan los mismos discursos, más allá de algunos cambios. No basta tampoco con prácticas más o menos incluyentes, que buscan saldar desigualdades sociales desde respuestas individuales.

Solo por poner un ejemplo…

Hoy, el Gobierno porteño gasta 1.200 millones de pesos en publicidad, con campañas electoralistas como #AgradeSelfie, mientras las escuelas públicas porteñas sufren problemas edilicios de todo tipo, a lo que se suma la falta de cobertura de cargos por las malas condiciones de trabajo para la docencia.

El presupuesto de educación de la Ciudad de Buenos Aires que se votó para el 2017, es el más bajo de la historia. Fue aprobado por los legisladores del PRO, la bancada de Ocaña y el bloque peronista, por su rechazo se destacó el Frente de Izquierda que votó en contra. Cabe señalar que incluye 4.200 millones de pesos destinados a la educación privada, en detrimento de la pública. Sin mencionar que muchas de esas escuelas privadas directamente pertenecen a funcionarios y empresarios que se enriquecen a partir de un derecho como es el acceso a la educación.

Entonces, la materialidad de las vidas y materialidad de las aulas, de las escuelas, es una parte importante que puede sustentar una educación diferente y definitivamente liberadora. Es importante ver los límites del discurso en contraposición a una práctica política que claramente privilegia a los que más tienen. Hay que pelear mejores condiciones estructurales de la escuela, en exigencia directa hacia quienes detentan el poder político y económico.

Mientras las vidas estén pauperizadas, mientras los recursos nunca sean nuestros, mientras los responsables sean solo parte de un decorado que pasa desapercibido, seguiremos estando siempre en una dicotomía que nos encierra entre un deseo y una realidad que no siempre coinciden. Por eso hay que luchar por otra escuela, hacia la conquista de otra sociedad.

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