Atender todos juntos a los niños pequeños

David Calderon

En todas las personas, pero lo podemos entender claramente con las niñas y los niños pequeños, el derecho a la vida, la salud, el desarrollo, la participación, la expresión y la educación no están segmentados. Con sus limitaciones, la mayoría de las estrategias y servicios dirigidos al desarrollo infantil temprano reconocen al menos nominalmente, la interacción de los factores; si avanzamos con solidez en esa convergencia, en su complementariedad, la acción colectiva no solo correrá en beneficio de los infantes, sino que nos ayudará a pensar las conjunciones igualmente necesarias en otras etapas de la vida.

Hay que superar una visión que podemos designar como “sucesiva” y que en su acartonamiento ha resultado empobrecedora. En dicha visión lo importante en los primeros tres años es la ingesta y las vacunas; después, entre los tres y los cuatro años, la motricidad y luego, a marchas forzadas a los cuatro, cinco y antes de los seis años, la “preparación para la escuela”, que en la práctica es cada vez más entendida –mal entendida– como instrucción para seguir instrucciones, con una forzada anticipación a la lectura y a cierto dominio de operaciones matemáticas que resultan mecánicas y sofocantes.

Nosotros, en cambio, sostenemos una visión “simultánea”: desde el inicio se han de remover las barreras, asegurar los nutrientes y facilitar la ejercitación y expansión en todas las dimensiones. Los fundamentos de la libertad y la capacidad de cada persona no pueden tratarse tan superficialmente, como bloques inertes que se agregan apilándolos. Todas las dimensiones se necesitan entre sí y se escalan en forma recíproca, de manera que lo sensorial es fundamental para lo afectivo, el reconocimiento para la coordinación muscular, la adquisición del lenguaje para el sentido del tiempo, el equilibrio para la autoeficacia.

Cuestionar el enfoque sucesivo de los servicios es destacar una segunda invisibilidad: no hemos visto con detenimiento las duplicidades, las falencias y los vacíos en los servicios públicos para el desarrollo de la infancia temprana. No se trata de que cada agente de desarrollo infantil temprano sea neuropediatra y terapista del lenguaje, sino de cuestionar que la atención social a la primera infancia se encuentre en una situación tan burda, deficiente y empobrecida, sin rendición de cuentas ni estrategia de participación como lo está ahora en nuestro país.

Aunque las personas integran, los servicios dividen: por especialidad y tradición, los funcionarios de salud quieren que los niños crezcan, los de educación que se escolaricen, los de desarrollo social que tengan asistencia, que “dejen trabajar” a sus madres, que no cuesten más a la sociedad si se puede prevenir; los de planeación o economía quieren que se oriente desde el inicio a los niños para que aporten, incrementando sus oportunidades de acceder al empleo, ahorrar y formar un patrimonio. Los equipos en los diferentes sectores gubernamentales compiten entre sí por recursos, por prestigio, por relevancia, a veces en un peligroso juego de suma cero. Otras dos tensiones notables son la que se refieren a la relación entre los servicios y las familias, por un lado, y por el otro la tensión entre el aumento de la cobertura de los servicios, contrapuesto al alcance de la calidad y relevancia de las prácticas y sus resultados.

Claramente es válido y necesario que la integración colectiva de esfuerzos gubernamentales y ciudadanos se ponga al servicio de cada familia, y que en ellas y para ellas se reconozca el principio de interés superior de la infancia.

En el ámbito del Desarrollo de la Infancia Temprana debe ponerse mucha atención a que los deberes del Estado para con los derechos de los niños se relacionen con las posibilidades y decisiones de las familias. Especialmente en contextos marginados y empobrecidos, los padres y las comunidades mismas no podrían ofrecer a veces ni lo mínimo, y menos lo deseable, sin la presencia de las agencias del Estado.

Los niños y las niñas de 0 a 6 años nos han resultado socialmente invisibles. Aquí la pequeñez es nuestra, no de ellos y ellas; no los vemos porque no se quejan mucho, porque no le suman al poder político y, por ello, pareciera que “no cuentan”. Toda nación necesita plantearse una visión estratégica sobre los primeros años de sus ciudadanos, y toda sociedad está obligada a considerar los derechos humanos inherentes a sus miembros desde el primer día de vida. “Lo bueno de los chiquitos –tal parece decirse– es que necesitan poquito”. No, no necesitan “poquito”; necesitan, y merecen, mucho. Y lo necesitan de todos nosotros: de sus padres, de los agentes de salud y de educación, de todos los ciudadanos.

Fuente del articulo: http://www.mexicanosprimero.org/index.php/educacion-en-mexico/nuestra-opinion/item/atender-todos-juntos-a-los-ninos-pequenos

Fuente de la imagen: https://image.isu.pub/140528132742-c752340886cd46fa8c0363ae4bd52b7d/jpg/page_1.jpg

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263 millones de niños y jóvenes no escolarizados desde la enseñanza primaria hasta el segundo ciclo de la enseñanza secundaria

UNESCO/19 de julio de 2016/

Unos 263 millones de niños y jóvenes, cifra equivalente a la cuarta parte de la población de Europa, no están escolarizados, según nuevos datos del Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU). La cifra total incluye 61 millones de niños en edad de cursar la enseñanza primaria (6-11 años), 60 millones en edad de cursar el primer ciclo de secundaria (12-14 años) y, por primera vez, la estimación de los jóvenes en edad de cursar el segundo ciclo de enseñanza secundaria (15-17 años), que ascienden a 142 millones. Estos datos se presentan en un nuevo documento publicado conjuntamente por el Instituto de Estadística de la UNESCO y el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM).

“Los países han prometido que, para 2030, todos los niños podrán cursar la enseñanza primaria y secundaria. Estos nuevos datos muestran la ardua labor que tenemos por delante para alcanzar este objetivo”, afirmó la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova. “Debemos centrarnos en la inclusión desde la edad más temprana y durante el ciclo completo de aprendizaje, en las políticas destinadas a eliminar las barreras en cada etapa, prestando especial atención a las niñas, que siguen encontrándose en una situación de mayor desventaja”.

De todas las regiones del mundo, el África Subsahariana es la que tiene los índices más altos de exclusión. Más de una quinta parte de los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 11 años no están escolarizados, seguidos por una tercera parte de los jóvenes de entre 12 y 14 años. De acuerdo con los datos del IEU, casi el 60% de los jóvenes de entre 15 y 17 años no asiste a la escuela. Un obstáculo importante para alcanzar la meta son las disparidades que siguen existiendo en lo que respecta a la participación en la educación y que tienen que ver con el sexo, la ubicación y los recursos económicos.

Los conflictos armados constituyen otra importante barrera a la educación. En todo el mundo, el 35% del total de los niños no escolarizados en edad de cursar la enseñanza primaria (22 millones), el 25% de los adolescentes en edad de cursar el primer ciclo de secundaria (15 millones) y el 18% de los jóvenes sin escolarizar en edad de cursar el segundo ciclo de secundaria (26 millones) viven en zonas afectadas por conflictos.

En general, los jóvenes de más edad (15-17 años) tienen cuatro veces más probabilidades de no estar escolarizados que los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 11 años. Esto se debe en parte a que la enseñanza primaria y el primer ciclo de la enseñanza secundaria son obligatorios en casi todos los países, mientras que el segundo ciclo de secundaria no lo es. Al mismo tiempo, esos jóvenes suelen tener la edad legal para trabajar. Muchos de ellos no disponen de más opción que trabajar, mientras que otros intentan combinar la asistencia a la escuela con el empleo.

Las niñas tienen más probabilidades que los niños de no asistir nunca a la escuela, pese a todos los esfuerzos realizados y los avances logrados en las dos últimas décadas. De acuerdo con los datos del IEU, 15 millones de niñas en edad de cursar la enseñanza primaria no tendrán nunca la oportunidad de aprender a leer ni a escribir en la escuela primaria, en comparación con 10 millones de niños. Más de la mitad de esas niñas (9 millones) vive en el África Subsahariana.

La pobreza constituye un obstáculo adicional para las niñas. De acuerdo con los análisis que figuran en el Informe GEM, en África Septentrional y Asia Occidental, las diferencias son aún mayores entre la población más pobre de la región: solo 85 niñas por cada 100 niños en edad de cursar el primer ciclo de enseñanza secundaria asisten a la escuela. Entre los que tienen edad de cursar el segundo ciclo de secundaria, solo 77 de las niñas más pobres por cada 100 de los niños más pobres asisten a la escuela.

Descargar el documento completo (en inglés)

Participe en la conversación en línea @unesco_es @GEMReport @UNESCOStat/

  •  El Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU) es la fuente oficial de los datos utilizados para el seguimiento del ODS 4 y de los objetivos de la Educación 2030.

Más información sobre los niños sin escolarizar: el atlas electrónico de la UNESCO sobre los niños sin escolarizar ofrece una serie de mapas interactivos con estadísticas mundiales y nacionales:

Inglés: http://tellmaps.com/uis/oosc/

Francés: http://tellmaps.com/uis/oosc/?lang=fr

  • El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (Informe GEM), elaborado por un equipo independiente y publicado por la UNESCO, sustituye al Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo (GMR) de la UNESCO.

Fuente: http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/263_million_children_and_youth_are_out_of_school_from_primar/#.V41ZRtLhDIV

Imagen: http://images.et.eltiempo.digital/contenido/estilo-de-vida/educacion/IMAGEN/IMAGEN-16647805-2.jpg

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Unicef alerta sobre alto número de casamientos adolescentes en Uruguay

América del Sur/Uruguay/Fuente:http://www.elobservador.com.uy/

 Por: Natalia Gold

En Uruguay casi 8% de las adolescentes de entre 15 y 19 años están casadas.

Lo conoció por internet. Comenzaron a hablar, computadora de por medio, hasta que finalmente se vieron. Para Camila (nombre ficticio) era un buen hombre y eso fue lo que más le atrajo. «Me parecía bueno por la forma como me trataba», cuenta. Estuvieron un año viviendo juntos hasta que decidieron casarse. El mismo año en el que la familia de Camila la habilitó legalmente a contraer matrimonio, le estaba preparando el cumpleaños de 15. El hombre con el que se casó tiene más de 30 años.
El caso de Camila no es aislado. En Uruguay, 7,4% de las adolescentes de entre 15 y 19 años están casadas, según un estudio realizado en 2013 por Unicef en colaboración con el Ministerio de Desarrollo Social y editado en diciembre de 2015, porcentaje que no está tan lejos del embarazo adolescente, que en 2015 se ubicó en 9,6%.
Además, 10,2% de las que actualmente tienen entre 20 y 24 años y se casó siendo menor, lo hicieron con un hombre 10 años mayor o más. El estudio también indica que 15% de las mujeres de entre 20 y 49 años se casaron antes de los 18. Desde 2013, para poder casarse en Uruguay es necesario tener como mínimo 16 años y, de ser menor, se debe contar con el aval de un adulto a cargo.
Fue la primera vez que se aplicó la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados, que mide, entre otros factores, el matrimonio a edades tempranas. Al momento de aplicar el formulario, los investigadores creían que consultarle a una adolescente uruguaya si estaba casada iba a ser innecesario y el dato sería marginal, pero había que atenerse a los pasos del estudio.
Sin embargo, la encuesta develó que no solo era necesario preguntarlo, sino que se debe trabajar el tema como un problema específico para mejorar las cifras, según expresó a El Observador Lucía Vernazza, socióloga y oficial de planificación y monitoreo de Unicef en Uruguay. «Como oficina este no era un tema que nosotros tuviéramos en el mapa, no era una preocupación el tema del matrimonio infantil. Nosotros lo seguíamos por el tema de derechos humanos en general, que uno siempre apunta. Pero ahora sabemos que hay que investigar más, que es una realidad», sostuvo.
Una reacción similar tuvieron las autoridades del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) cuando conocieron la cifra. Dardo Rodríguez, director del instituto, indicó que el tema los «preocupa», relacionado especialmente al embarazo adolescente no deseado, uno de los indicadores que el Ministerio de Salud Pública (MSP) se propone disminuir durante el quinquenio.
Rodríguez afirmó que no se contaba con información sobre el tema, hasta que se realizó ese estudio y que se está alerta por la relación que puede haber con el abandono de los estudios, que limita las posibilidades de las jóvenes de poder desarrollarse en la vida adulta. «INAU está realizando una reflexión interna sobre el tema», dijo.
Según Unicef, casarse o convivir con un hombre a edades tempranas es un factor de vulnerabilidad. «Requeridas para realizar grandes cantidades de trabajo doméstico, presionadas para demostrar su fertilidad y responsables de la crianza de los hijos cuando todavía son niñas, las chicas casadas y las madres en edad infantil se enfrentan a restricciones en la toma de decisiones y a opciones de vida reducidas», indica el informe realizado a partir de la encuesta. Además, las adolescentes que se casan son más propensas a ser víctimas de violencia, especialmente si se casan con hombres una década o más mayor.
Camila no llegó a ser madre, pero sí, luego de un año de matrimonio, terminó abandonando los estudios. Para la joven, casarse fue un antes y un después en su relación. Sin ser consciente en un principio, pasó a ser una de las miles de mujeres víctimas de violencia de género en Uruguay. Camila no podía votar, tampoco comprar una cerveza en un boliche o manejar, pero sí pudo agarrar algunas de sus cosas y huir.
Actualmente, es mayor de edad, hace bastante tiempo que el estudio quedó en el pasado y está pasando por dos procesos judiciales a la vez: uno por violencia de género y otro por divorcio. «Tengo pensado hacer algo (estudiar o trabajar). Pero primero quiero terminar con esto», afirma, convencida.
Inequidad:
Cuando se trata del matrimonio a edades tempranas, los porcentajes varían según la zona de residencia: mientras en Montevideo y el área metropolitana es de 13,7%, en zonas rurales y con población menor a 5.000 habitantes, una de cada cuatro mujeres casadas (24,8%) tenía menos de 18 al momento de contraer matrimonio. En el caso de las que tienen actualmente menos de 19 años y están casadas, el porcentaje en la zona rural es similar (22,3%) y un poco menor en Montevideo (7,9%).
Lo mismo sucede con los estudios: a mayor nivel educativo, menor es la cifra de casamientos de menores. El informe, cuyos datos fueron incluidos en el Estado Mundial de la Infancia 2016 presentado la semana pasada, destaca que 40,2% de las adolescentes casadas cursaron solo hasta primaria.
Vernazza indicó que las cifras sorprenden aun más en un país con indicadores de desarrollo que son destacados por los organismos internacionales. Uno de ellos es la mortalidad infantil, que alcanzó mínimos históricos en el país. A modo de ejemplo, Ghana tiene un porcentaje menor de casamientos de menores (6%) pero una tasa de mortalidad infantil casi 10 veces mayor que Uruguay. Mientras en el país africano es de 62 muertes de menores de 5 años por cada 1.000 nacidos vivos, a nivel nacional se ubica en 7,4. Algo similar, aunque en menores proporciones pasa con Turquía, donde están casadas 7% de las menores pero la tasa de mortalidad infantil es de 14.
Fuente: http://www.elobservador.com.uy/unicef-alerta-alto-numero-casamientos-adolescentes-uruguay-n936115
Imagen: http://static.elobservador.com.uy/adjuntos/181/imagenes/009/671/0009671729.jpg
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