Redacción: Al Día Dallas
De los archivos de The Dallas Morning News
Este lunes arrancaron las clases para 156,832 estudiantes del distrito escolar de Dallas. El 70% de los estudiantes son hispanos según datos del DISD y muchos de ellos son hijos de indocumentados.
Hace 38 años, sin embargo, a los estudiantes de origen mexicano se les exigía prueba de ciudadanía para poder recibir la educación en el distrito.
Alrededor de 100 niños pudieron empezar sus clases el 22 de enero de 1980 gracias a la escuela Proyecto Educación, un escuela albergada por East Dallas First Christian Church y que estaba específicamente creada para recibir a niños hijos de indocumentados en Dallas.

La escuela era vital para la comunidad. En 1975 una ley estatal prohibió que los distritos escolares utilizaran fondos para educar niños cuyos padres no tengan ciudadanía o presencia legal en Estados Unidos.
Muchas escuelas directa o indirectamente negaron el ingreso a clases a estos niños. El DISD estableció un política que requería que niños “mexicoamericano den una prueba de ciudadanía o de residencia legal antes de inscribirse en las escuelas del distrito”.
Estas políticas, y una batalla legal que duró muchos años, significó que un gran grupo de niños en Dallas quedaron en un limbo educativo. Fue entonces cuando Proyecto Educación, un grupo apoyado por “35 grupos cívicos y religiosos” trataron de hacer algo al respecto.
Comenzar una escuela para niños que eran hijos de indocumentados presentaba además otros desafíos. Entre ellos, lograr que los padres vulnerables de estos niños confiaran en ellos.
René Martínez, uno de los miembros del comité dijo a The Dallas Morning News que “muchos extranjeros ilegales han tomado una actitud de espera para ver si sus identidades no serán difundidas a las autoridades migratorias, como Proyecto Educación se los ha prometido”.
Cuando finalmente abrió la escuela en enero, la escuela contó con 115 estudiantes y 130 más estaban en lista de espera en febrero.
Los organizadores de la escuela pensaban que los estudiantes podrían ingresar al distrito al año escolar siguiente, por lo que se enfocaron en preparar a los niños a que tuvieran éxito en el sistema público escolar. Dan More, un consultor y maestro, dijo a The News que la escuela aplicaba un sistema de inmersión en el inglés, para que aprendan el idioma y puedan navegar en una clase común”.
Al año siguiente, los hijos de indocumentados pudieron finalmente inscribirse en el distrito y en 1982 la Corte Suprema dictaminó que las leyes que prohiben el acceso a la educación son inconstitucionales.
Cerrar la escuela fue siempre parte del plan de Proyecto Educación. La administradora Celeste Guerrero destaco: “Queremos dar a estos niños una oportunidad en la educación que algunos nunca tuvieron, queremos prepararlos para la escuela pública. No queremos estar abiertos para siempre”.
Fuente: http://www.aldiadallas.com/2018/08/20/hace-38-anos-el-disd-prohibia-el-ingreso-de-indocumentados-pero-una-escuela-en-east-dallas-los-recibio/
Considero un gran acierto el nombramiento de María Victoria Angulo como ministra de Educación. Cuando llegué al Ministerio tuve la oportunidad de conocerla y trabajar con ella; sé de su disciplina y grandes capacidades. La nueva ministra conoce el sector en todos sus niveles y estoy segura de que sabrá articular el trabajo con los diferentes actores y aliados para continuar transformando el sector educativo de nuestro país.


Le veo tres cosas positivas. Primero, tiene experiencia como nadie; segundo, ha demostrado que puede liderar transformaciones profundas que se necesitan, por ejemplo cuando lideró el modelo de PAE en Bogotá, que considero ha sido revolucionario; y tercero, es capaz de hacer alianzas y de trabajar con distintos actores, como lo hizo en la Secretaría de Educación de Bogotá con los proyectos de innovación educativa. Sin embargo, enfrenta dos retos: primero, lograr un diálogo fluido con Fecode y segundo, conseguir los recursos para resolver el problema que hay en el Sistema General de Participaciones, ya que si ella no lo hace, será difícil que pueda implementar alguna reforma.
El nombramiento de María Victoria Angulo es sin duda un gran logro. La educación de nuestro país necesita un líder de la cartera que no solo conozca el sector, sino que entienda sus retos y la compleja gestión del sistema. María Victoria es una persona que sabe escuchar y apoyar; lo sabemos porque la organización que ella dirigía cuando la conocimos fue uno de los primeros organismos que creyó en el Pacto por la Educación y la necesidad de respaldar una voz que faltaba: la de los jóvenes líderes que conforman este movimiento.
La próxima ministra de Educación es una persona que conoce muy bien la dinámica de la educación superior y dista diametralmente de las anteriores ministras, quienes sorpresivamente aterrizaron en un importante Ministerio. María Victoria Angulo tiene el reto de designar a un presidente del Icetex que reconozca e interiorice las dificultades existentes, purgue la rampante corrupción que carcome la entidad y sea un gerente osado para implementar cambios profundos que den un viraje a la desnaturalización del Icetex.






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