María Dolores Prieto: «Los estudiantes más creativos tienen mayores habilidades para identificar y solucionar problemas»

Por: Carlota Fominaya

«Los estudiantes más creativos tienen mayores habilidades para identificar, definir e implementar soluciones eficaces a problemas». Esta es una de las afirmaciones hechas por María Dolores Prieto, Catedrática de Universidad en el área de Psicología de la Educación (UM), y una de las ponentes del I Encuentro sobre Artes, Emociones y Creatividad organizado por Fundación Botín y que se celebra estos días en el Centro Botín (Santander).

Tanto la creatividad como la inteligencia emocional son dos de las grandes cualidades más valoradas en el siglo XXI, ¿por qué?

En efecto. La primera porque es la habilidad para resolver problemas de forma novedosa y válida o correcta; y en el mundo cambiante en el que vivimos cada vez hay más problemas que nos son nuevos o a los que no nos hemos enfrentado antes. Con respecto a la inteligencia emocional, se trata de una competencia que permite al ser humano interactuar con los otros.

Esta interacción es sumamente relevante ya que no vivimos aislados; particularmente hoy día se valora el trabajo en equipo, tanto es así que los grandes logros de la ciencia y de la innovación tecnológica se consiguen gracias a los esfuerzos conjuntos. Es cada vez más infrecuente encontrar la figura del creativo solitario.

¿Qué nos permite la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional, usualmente definida como la capacidad de percibir, expresar y manejar emociones en nosotros mismos y en otros, no solo nos permite interactuar con los demás; si no también conocernos a nosotros mismos y regular nuestras emociones; lo cual puede ser relevante cuando afrontamos un problema. Esta inteligencia emocional va a permitirnos mantener nuestra atención en el problema que queremos resolver y no desanimarnos en el proceso.

En su investigación han querido comprobar si existe alguna asociación entre la inteligencia emocional y la creatividad. ¿Qué es lo que han encontrado?

Lo que diferencia a nuestra investigación sobre el resto es que esta relación es una cuestión que había sido estudiada con adultos, pero no en edades infantiles. Para ello, se valoró la inteligencia emocional utilizando un cuestionario muy conocido (el de Bar-On, que está editado por TEA) y la creatividad (utilizando la prueba de pensamiento divergente de Torrance) en niños de educación primaria que habían sido identificados como alumnos de altas capacidades. Y sí, había correlación. Estos alumnos se caracterizan por tener no sólo una alta inteligencia sino también una alta motivación y una elevada creatividad. Además, también medimos la inteligencia emocional de otros niños de habilidades medias.

¿Qué más encontraron al realizar este análisis?

Los resultados indicaron que, al comparar a los alumnos de altas capacidades con sus compañeros, los alumnos de altas capacidades puntuaban más alto en la variable «adaptabilidad» de la inteligencia emocional. Esto significa que los alumnos que son más fluidos en sus ideas y que enfocan los problemas desde distintas perspectivas mostrando originalidad (que son más creativos), son también aquellos que comprueban si lo que sienten en un momento dado está acorde con la realidad externa, tienen facilidad para adaptar sus emociones y pensamientos a la situación, y ello les permite resolver problemas de forma efectiva. Este resultado es consistente con otras investigaciones realizadas por el grupo con alumnos de Secundaria, donde se comparó la inteligencia emocional de alumnos más creativos con los menos creativos.

En definitiva, aunque la creatividad es un fenómeno complejo en el que intervienen muchas variables (la inteligencia, el contexto educativo, el tipo de problema, el conocimiento previo…), parece que la inteligencia emocional podría estar jugando un papel muy importante en el desarrollo de la creatividad.

¿Dónde está el error cuando queremos mejorar la creatividad?

Esto es importante porque cuando pensamos en mejorar la creatividad, muchas veces nos centramos en mejorar las variables cognitivas: mejorar el pensamiento divergente, el pensamiento metafórico, el pensamiento crítico, la búsqueda de información, el uso de analogías creativas, el entrenamiento del insigh, etc., y nos olvidamos de esa parte no cognitiva que tiene que ver con rasgos de personalidad como es la perseverancia ante los obstáculos, la disciplina en el trabajo, mantener una motivación intrínseca incluso cuando no es fácil la tarea.

¿Y la relación entre creatividad y escuela? ¿Cómo se puede mejorar?

En la escuela a veces se asume que trabajar la creatividad implica jugar y divertirse afrontando retos, pero ¿qué pasa cuando un problema no es divertido? Si nos preguntan cómo debería de mejorarse la creatividad, la respuesta sería trabajar en las dos vertientes: tanto a nivel cognitivo, dando acceso al conocimiento que se va a necesitar para resolver los problemas, como a los razonamientos más complejos. Como a nivel no cognitivo, trabajando la motivación y la regulación de emociones, así como la autoestima y la voluntad de asumir riesgos en nuestro trabajo, saber asumir las críticas, convertirlas en «feedback» para mejorar…

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Todos somos responsables de educar en valores

Por: Camilo Camargo.

 

En un país como Colombia, la educación en valores debe permear todas las esferas de la sociedad. No es responsabilidad únicamente de las familias, ni de los colegios, sino de todos los miembros de la sociedad. La sociedad debe buscar la manera de asegurar que los ciudadanos del presente y del futuro estén sólidamente formados en valores, para que ellos a su vez transmitan esto a las generaciones futuras.

Hace un par de semanas, uno de los expertos a nivel mundial en educación en valores y formación del carácter, el Dr. Marvin Berkowitz, profesor de la Universidad de Missouri, lideró en Colombia un taller con cuatro colegios que trabajan este tema de manera explícita, siguiendo un marco al que llama PRIMED.

El significado de la sigla no solo aplica a instituciones educativas, sino que también constituye una guía para padres de familia, adultos que trabajan con jóvenes o cualquier miembro de la sociedad que quiera aportar para construir un país donde los valores cobren mayor importancia.

La letra P hace referencia a que la educación en valores tiene que ser una Prioridad. Nuestra responsabilidad en dar esa formación ética y en valores debe ser lo más importante que hacemos, el centro de la formación de los niños y jóvenes. Debemos aprovechar todas las oportunidades que tenemos para reforzar los valores y poner en contexto situaciones de nuestra cotidianeidad que los ejemplifican. Desde la familia y las instituciones educativas, el tema de valores debe ser visible y vivencial.

La letra R habla de Relaciones. ¿Cómo establecemos relaciones en nuestra vida diaria? ¿Qué tipo de relaciones estamos generando? El estudio longitudinal más largo de la historia —que siguió a varios hombres por más de 50 años y que midió la felicidad— concluyó que las personas más felices tienen una red muy sólida de amistades. Este componente de relaciones se refiere a esa conformación de amistades, a qué tipo de relaciones promovemos en los jóvenes y a cuáles son las bases de esas relaciones.

La letra I se refiere a la motivación Intrínseca y a cómo motivamos a los jóvenes a querer aprender y a participar en su comunidad. Las investigaciones indican que las personas desarrollan su motivación de manera sostenida cuando los incentivos no son simplemente externos. Incentivos como el postre, si se comen toda la comida, o el premio, si sacan buenas calificaciones, no contribuyen en el desarrollo de valores en el largo plazo. En lugar de esto, la motivación se promueve con retos interesantes y brindando diversas oportunidades de aportar soluciones a problemas reales.

La M está relacionada con el Modelaje, es decir, con la manera como podemos exponer a los jóvenes a modelos de valores, tanto en adultos con los que interactúan como en líderes y personalidades que muestran esas fortalezas. Acá las familias son clave para que las bases en valores estén respaldadas en el ejemplo que ven todos los días, pues como adultos debemos ser coherentes con los valores que predicamos y las acciones que hacemos. Por lo general el ejemplo tiene mucha más fuerza que el discurso.

La E habla de Empoderamiento y de dar oportunidades a los miembros de la comunidad para construir los esquemas de educación en valores ¿Cómo participan los jóvenes en su familia, en su colegio? Allí debemos buscar estrategias para que cada joven descubra que tiene posibilidades e injerencia en su entorno cercano. Por medio de estas oportunidades estamos fomentando los agentes de cambio que queremos tener en el futuro.

Pero ¿cómo ayudamos a los jóvenes a tener experiencias significativas de vida, tanto en el colegio como fuera de este, en las que puedan poner en práctica habilidades de liderazgo, empatía, servicio y acción? ¿Cómo se concreta este trabajo? La D en PRIMED hace alusión a los programas que de manera explícita e intencional están dirigidos al Desarrollo de valores y habilidades, es decir, al desarrollo del carácter.

En conclusión, el modelo PRIMED nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos como adultos en la educación de los niños y jóvenes. Si logramos priorizar el tema, fomentar relaciones saludables, motivar a los jóvenes para que sean agentes de cambio y brindarles oportunidades para que lo sean, vamos a lograr consolidar una nueva generación de líderes, con una base ética y moral sólida que ayudará a formar el país que todos queremos.

Fuente del artículo: https://www.elespectador.com/opinion/todos-somos-responsables-de-educar-en-valores-columna-883474

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Los niños necesitan ser felices, no ser los mejores

Por culturainquieta.

 

Vivimos en una sociedad altamente competitiva en la que parece que nada es suficiente y tenemos la sensación de que si no nos ponemos las pilas, nos quedaremos rápidamente atrás, siendo barridos por los nuevos adelantos.

Por eso, no es extraño que en las últimas décadas muchos padres hayan asumido un modelo de educación sustentado en la hiperpaternidad. Se trata de padres que desean que sus hijos estén preparados para la vida, pero no en el sentido más amplio del término sino en el más restringido: quieren que sus hijos tengan los conocimientos y las habilidades necesarias para hacerse de una buena profesión, obtener un buen trabajo y ganar lo suficiente.

Estos padres se han planteado una meta: quieren que sus hijos sean los mejores. Para lograrlo, no dudan en apuntarles en disímiles actividades extraescolares, allanarles el camino hasta límites inverosímiles y, por supuesto, empujarles al éxito a cualquier costo. Y lo peor de todo es que creen que lo hacen «por su bien».

El principal problema de este modelo educativo es que añade una presión innecesaria sobre los pequeños, una presión que termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente rotos.

Los peligros de empujar a los niños al éxito

Bajo presión, la mayoría de los niños son obedientes y pueden llegar a alcanzar los resultados que sus padres les piden pero, a la larga, de esta forma solo se consigue limitar su pensamiento autónomo y las habilidades que le pueden conducir al éxito real. Si no le damos espacio y libertad para encontrar su propio camino porque le colmamos de expectativas, el niño no podrá tomar sus propias decisiones, experimentar y desarrollar su identidad.

Por eso, pretender que los niños sean los mejores encierra graves peligros:

 

– Genera una presión innecesaria que les arrebata su infancia. La infancia es un periodo de aprendizaje, pero también de alegría y diversión. Los niños deben aprender de manera divertida, deben equivocarse, perder el tiempo, dejar volar su imaginación y pasar tiempo con otros niños. Esperar que los niños sean “los mejores” en determinado campo, poniendo sobre ellos expectativas demasiado elevadas, solo hará que sus frágiles rodillas se dobleguen ante el peso de una presión que no necesitan. Esta forma de educar termina arrebatándoles su infancia.

 

– Provoca una pérdida de la motivación intrínseca y el placer. Cuando los padres se centran más en los resultados que en el esfuerzo, el niño perderá la motivación intrínseca porque comprenderá que cuenta más el resultado que el camino que ha seguido. Por tanto, aumentan las probabilidades de que cometa fraude en el colegio, por ejemplo, ya que no es tan importante lo que aprenda como la nota que consiga. De la misma manera, al centrarse en los resultados, pierde el interés por el camino, y deja de disfrutarlo.

 

– Planta la semilla del miedo al fracaso. El miedo al fracaso es una de las sensaciones más limitantes que podemos experimentar. Y esta sensación está íntimamente vinculada con la concepción que tengamos sobre el éxito. Por tanto, empujar a los niños desde temprano al éxito a menudo solo sirve para plantar en ellos la semilla del miedo al fracaso. Como consecuencia, es probable que estos pequeños no se conviertan en adultos independientes y emprendedores, como quieren sus padres, sino que sean personas que apuesten por lo seguro y acepten la mediocridad solo porque tienen miedo a fracasar.

 

– Genera una pérdida de autoestima. Muchas de las personas más exitosas, profesionalmente hablando, no son seguras de sí. De hecho, muchas supermodelos, por ejemplo, han confesado que creen que son feas o están gordas, cuando en realidad son iconos de belleza. Esto sucede porque el nivel de perfeccionismo al que siempre han estado sometidas les hace creer que nunca será suficiente y que basta el más mínimo error para que los demás las desprecien. Los niños que crecen con esta idea se convierten en adultos inseguros, con una baja autoestima, que creen que no son lo suficientemente buenos como para ser amados. Como resultado, viven pendientes de las opiniones de los demás.

¿Qué debe saber realmente un niño?

 

Los niños no necesitan ser los mejores, solo necesitan ser felices. Por eso, solo debes cerciorarte de que tu hijo sepa:

– Que es amado, de forma incondicional y en todo momento, sin importar los errores que cometa.

– Que está a salvo, que le protegerás y apoyarás siempre que puedas.

– Que puede hacer el tonto, perder el tiempo fantaseando y jugar con sus amigos.

– Que puede elegir lo que más le gusta y dedicarse a esa pasión, sin importar de qué se trate. Que puede pasar su tiempo libre haciendo collares de flores o pintando gatos con seis patas si es lo que le apetece, en vez de practicar la fonética o el cálculo.

– Que es una persona especial y maravillosa, al igual que muchas otras personas en el mundo.

– Que merece respeto y que debe respetar los derechos de los demás.

ninos

 

También es fundamental que los padres sepan:

– Que cada niño aprende a su propio ritmo, y que no deben confundir la estimulación que desarrolla con la presión que agobia.

– Que el factor que más influye en el rendimiento académico infantil es que los padres les lean a sus hijos, que les dediquen un rato cada noche para cultivar juntos esa pasión por la lectura, no las escuelas carísimas o los juguetes hípertecnologicos.

– Que el niño que mejores calificaciones saca casi nunca es el pequeño más feliz porque la felicidad no se mide en esos términos.

– Que los niños no necesitan más juguetes sino una vida más sencilla y despreocupada, así como más tiempo con los padres.

– Que los niños merecen la libertad para explorar todo y decidir por ellos mismos que les gusta y les hace felices.

Fuente de la reseña  https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/14033-los-ninos-necesitan-ser-felices-no-ser-los-mejores.html

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