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Colombia: “Los profesores del sistema público están muy solos en el salón de clase” Entrevista a Emmanuel Neisa, fundador de la agencia pedagógica Click.

América del sur/Colombia/22 Julio 2017/Autor y fuente: Semana

Emmanuel Neisa es un joven de 33 años que hace seis años fundó con su hermana Lisa la agencia de contenidos pedagógicos ‘Click’. Estos dos hermanos formados entre Colombia y Francia crecieron en el seno de una familia vinculada a la educación. Desde que eran niños veían a su madre, profesora del Liceo Francés de Bogotá donde ellos también estudiaron, enfrentarse continuamente a extensas jornadas laborales en casa para preparar las clases, corregir evaluaciones y repensar las herramientas que emplearía a la mañana siguiente con sus estudiantes para enseñarles su materia.

Esta cercanía con la labor docente fue uno de los detonantes que motivó a estos dos hermanos a dedicarse a la elaboración de material educativo, pero desde la relevancia que les atribuye el sistema educativo francés. Esto es, como explica Emmanuel, poniendo los materiales en el centro del aprendizaje. “El Ministerio de Educación certifica cuáles son las metodologías acordes con los lineamientos  y dentro del gran abanico de ofertas, el docente escoge el modelo que más se adecúa a sus necesidades. Lo que quisimos es traer la experiencia de educación que vivimos nosotros y adaptarla al contexto colombiano”.

Semana Educación habló con este francés para conocer cómo está el sector de los contenidos pedagógicos y cómo puede lograr una empresa posicionarse en este ámbito tan competitivo.

Semana Educación: ¿Qué es Click?

Emmanuel Neisa (E.N.): Es una agencia de pedagogía en la que desarrollamos estrategias para aprender y creamos materiales de educación, buscando apoyar a los docentes y a la gente que lleva a acabo procesos de formación con jóvenes, niños y adultos. Trabajamos con diferentes formatos: libros, talleres, aplicaciones y material audiovisual. Además, tenemos diferentes temáticas, como por ejemplo el tema de la ciudadanía. Nosotros creamos los equipos, proyecto por proyecto y a partir de ahí, armamos los equipos con docentes, artistas, científicos, filósofos según el producto y las necesidades de las personas que nos contratan.

S.E.: Describa uno de sus últimos proyectos para ejemplificar qué hace una agencia de pedagogía.

E.N.: Santiago Gamboa, diplomático en la Delegación de Colombia ante la Unesco y en la embajada de India, tuvo la idea de adaptar un poema indio del siglo XII que se llama ‘Conferencia de los pájaros’. Lo que hicimos nosotros es pensar qué podíamos hacer con ese texto y, tras dos años de trabajo, elaboramos un libro que busca la participación activa de los niños y su acercamiento a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tienen que investigar, dibujar, colorear y hacerse una serie de preguntas sobre la identidad y la diferencia. El libro funciona ahora en algunos colegios como proyecto de aula para temas de cátedra de paz y es una herramienta para que los profesores puedan llevar a cabo el proceso de enseñanza. De un simple texto de siete páginas se hizo un currículo de 80.

S.E.: Como empresa, ¿les ha resultado más fácil generar alianzas con el sector privado o el público?

E.M.: Por el momento hemos trabajado con colegios privados, varios organismos internacionales y con el gobierno, aunque con este último no ha sido fácil. El problema es que hay poco espacio para la innovación. En los organismos públicos se está llevando a cabo un proceso de reflexión sobre qué queremos mejorar en educación pero no sobre cómo queremos hacerlo. Cuando nos acercamos a un colegio privado hay muchos más recursos para financiar proyectos de creación de contenidos pedagógicos y las decisiones se toman de forma mucho más rápida. Con el sistema público, en cambio, muchas veces es un ir y venir de oficina en oficina y esa adopción de textos no pasan. Los profesores del sistema público están muy solos en el salón de clase en términos de herramientas pedagógicas.

Emmanuel Neisa, fundador de Click.

 

Emmanuel Neisa, fundador de Click. 

S.E.: ¿A qué se refiere con que los profesores están muy solos?

E.M.: El gobierno lo que hace es dar unos lineamientos y unos estándares que los profesores tienen que cumplir. Les dicen qué tienen que hacer y después se pide al docente que cree sus propias estrategias para poder aterrizar esos lineamientos en el aula de clase. El problema es que el nivel de los profesores es muy desigual y no todos tienen acceso a los mismos recursos. No debería ser el trabajo de un profesor crear sus materiales de educación, sino que habría que facilitarse y que, además, no sean una camisa de fuerza. Esas herramientas le tienen que permitir tener una plataforma para llevar a cabo procesos más profundos y pertinentes de formación. Cada docente debería poder escoger entre una serie de herramientas y elegir cuál va a emplear para realizar el proceso de aprendizaje en clase.

S.E.: ¿Cómo cree que se podría solucionar este problema?

E.M: Habría que estimular el sector de contenidos educativos en Colombia. Lo que vemos es que cuando el gobierno detecta una falencia en el sistema educativo va y busca una metodología en Singapur, Estados Unidos o Chile. Si nos estamos planteando ser el país más educado de la región en 2025, tenemos que poder generar nuestros propios contenidos. No entiendo cómo se puede hablar de calidad sin meterse en la conversación de los contenidos, en cómo se está enseñando en el aula. Dentro de esta discusión, los contenidos son los grandes olvidados. La idiosincrasia colombiana es muy especial y hay que reflejar esa realidad en los contenidos para que el aprendizaje sea significativo para el estudiante.

S.E.: ¿Cómo deberían ser esos contenidos adaptados a la realidad colombiana?, ¿en qué deberían centrarse?

E.M.: Estamos atravesando un momento muy especial en la historia de Colombia dónde hay que plantearse de qué manera miramos al pasado y con qué estrategias construimos el futuro. Hacen falta herramientas para potenciar la capacidad de análisis de los jóvenes, entender cómo nuestro proceso histórico nos ha traído hasta aquí. Tenemos que poner la imaginación en el centro de la educación y promover desde ahí que nuestros jóvenes puedan solucionar conflictos de forma diferentes. En un país que está tan polarizado, que vive entre los blancos y los negros, entre peñalosistas, petristas, uribistas, santistas, hay que darle la capacidad a los jóvenes de entablar un diálogo pacífico y constructivo alejado de esa forma violenta que tenemos de relacionarnos y que se ponga en los zapatos del otro. De ahí se desprende la empatía y la comunicación asertiva.

S.E.: ¿Qué papel juegan las grandes editoriales internacionales en la creación de contenidos educativos?

E.M.: Los contenidos pedagógicos y los currículos en Colombia se hacen a través de grandes editoriales, la mayoría extranjeras, que monopolizan el sector con materiales muy similares. No hay una oferta diversificada ni innovadora, por lo que un docente no tiene mucho para escoger. Las empresas colombianas que se adentran en este sector son muy poquitas. En conclusión, tenemos a un Ministerio lanzando ideas, lineamientos y estándares y por otro lado dos o tres empresas respondiendo como ellas consideran, lo que no deja mucho espacio para poder ofrecer cosas diferentes a los maestros.

Imagen: http://www.ideeleradio.org.pe/wp-content/uploads/2016/09/Emanuel-Niesa-Ideeleradio-800×500-6.jpg

Fuente: http://www.semana.com/educacion/articulo/entrevista-emmanuel-neisa-de-la-agencia-click-creacion-de-contenido-educativo-en-colombia/532581

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“Los colegios no son lugares para probar nuevas metodologías”. Entrevista a Connie Yowell

Europa/España/03 Junio 2017/Autora: Ana Torres Menárguez/Fuente: El país

Connie Yowell cree que la innovación requiere prueba y error y que los profesores no pueden jugar con el futuro de los niños

Connie Yowell tiene una opinión poco común sobre la innovación educativa. A diferencia de otros gurús, ella cree que los colegios no son los lugares para probar nuevas metodologías de enseñanza porque la innovación implica prueba y error, y no se puede experimentar con los niños. La de Yowell es una voz autorizada. Especializada en Psicología y Educación por la Universidad de Stanford, Yowell trabajó como analista en el departamento de Educación del Gobierno de Estados Unidos -durante el mandato de Clinton- y gestionó un programa sobre aprendizaje de 150 millones de dólares en la Fundación MacArthur. Después de dedicar más de 30 años al estudio de los procesos de aprendizaje de los jóvenes, Yowell defiende que la innovación tiene que nacer en espacios menos rígidos, en talleres organizados por museos, bibliotecas o plataformas ciudadanas.

Después de conocer a Will Wright, el creador del exitoso videojuego de construcción de ciudades SimCity, Yowell es partidaria de sustituir las pedagogías basadas en la memorización por las dinámicas de juego que requieren la participación de los estudiantes. Su principal crítica al sistema educativo actual, tanto en España como en Estados Unidos, es el paralelismo entre el funcionamiento de las fábricas y las escuelas, donde se prepara a “ciudadanos obedientes que sepan seguir órdenes”.

Yowell es la impulsora de LRNG, una empresa social que está rediseñando el aprendizaje del siglo XXI junto a escuelas, ayuntamientos, asociaciones y empresas como IBM en 10 ciudades de Estados Unidos, como Chicago. La semana pasada visitó Madrid para participar en las charlas Tech & Society organizadas por la Fundación Telefónica y el think tank Aspen Institute.

Pregunta. Después de haber dedicado tantos años a analizar la forma en la que aprenden los jóvenes durante su etapa como investigadora en la Universidad de Illinois, ¿cree que la clave está en cambiar los contenidos de los programas académicos?

Respuesta. El sistema educativo no está fallando, sigue cumpliendo el objetivo para el que fue diseñado: la producción masiva de estudiantes. Tanto en España, como en Estados Unidos o China se entrenan ciertos tipos de comportamiento como la obediencia, muy ligados a conseguir ciudadanos eficientes en las fábricas. A los niños de hoy les resulta complicado encajar en ese modelo. Al principio de mi carrera pensaba en cómo hacer el aprendizaje más atractivo o cómo asegurar la igualdad de oportunidades independientemente de la clase social. Con el tiempo me di cuenta del error. Había que salir de la academia y dedicar muchas horas a entender qué estaba pasando en internet y qué era lo que tenía a los jóvenes tan enganchados. Ahí descubrimos un nuevo concepto: el aprendizaje conectado.

P. ¿Cuál es la diferencia fundamental con el aprendizaje tradicional?

R. Los jóvenes de hoy aprenden de forma efectiva cuando coinciden tres elementos. Les interesa un tema, encuentran a un grupo de personas que comparten esa inquietud y ese aprendizaje les sirve para algo en su día a día. Eso es el aprendizaje conectado. La tecnología y las herramientas online permiten que esos tres factores coincidan y por eso son críticas para transformar la manera en la que aprendemos. Según uno de los estudios que realizamos en el que participaron más de 1.000 jóvenes, el 95% de ellos se comunican con sus amigos a través de redes sociales y entre el 10 y el 15% son activos en comunidades online de videojuegos, moda… El intercambio de contenidos y el aprendizaje que se da en esas plataformas es extraordinario.

La evaluación está totalmente separada del aprendizaje, se dedica mucho tiempo a preparar exámenes. Es un error

P. ¿Deberían las escuelas sustituir los libros por plataformas online de donde extraer el conocimiento?

R. Los recursos que se utilizan hoy, como los libros, los lápices o el papel, tienen que cambiar de forma drástica. Pero el foco no está en lo material, sino en un cambio de mentalidad. La innovación no tiene que nacer en las escuelas, que son muy resistentes al cambio. Tenemos que empezar a innovar fuera de las aulas. La sociedad se tiene que volcar en crear nuevas iniciativas que luego se puedan replicar en las escuelas. Los lugares donde se organizan actividades extra escolares, como los museos o las bibliotecas, tienen que inventar nuevas experiencias de aprendizaje. Los colegios no son laboratorios donde probar nuevas metodologías porque la innovación conlleva prueba y error, y por lo tanto, fracasos. Son espacios de mucha relevancia donde nos jugamos mucho. Los profesores están enseñando al hijo de otra persona y esos conocimientos influirán en su futuro. No podemos esperar que sean las escuelas las que lideren el cambio.

P. Más a allá de las pedagogías, ¿cree que hay algún elemento que ya se puede modificar en los colegios?

R. La evaluación está totalmente separada del aprendizaje, se dedica mucho tiempo a preparar los exámenes y eso es un error. Hay que introducir la evaluación en el proceso de aprendizaje y para eso es muy útil la tecnología. Los videojuegos son un buen ejemplo; al tiempo que juegas sabes en todo momento cómo lo estás haciendo y qué puntuación estás obteniendo. No hay ninguna necesidad de detener el aprendizaje para realizar una prueba. También hay que modificar el concepto de éxito escolar, pasar de la memorización al desarrollo de competencias. Eso es lo que asegurará a los estudiantes que encuentren un trabajo en el futuro.

P. ¿Podría explicar alguna iniciativa ciudadana de éxito que sirva de ejemplo para las escuelas?

R. El proyecto que ha impulsado la biblioteca pública de Chicago está sirviendo como modelo para algunos institutos. Se retiraron todos los libros de la primera planta y se habilitó como un espacio para que los jóvenes puedan charlar, probar herramientas digitales o investigar sobre diferentes proyectos con mentores. Lo que se busca es un cambio en la actitud de los chicos para que no pregunten a su profesor cuál es la tarea del día, sino que decidan ellos mismos qué quieren hacer y qué necesitan para desarrollar esa idea. De ese modo aunque no tengan los conocimientos necesarios, se atreverán a emprender nuevos proyectos y buscarán la ayuda del profesor para superar las diferentes etapas.

P. Está trabajando con ayuntamientos y asociaciones para rediseñar el aprendizaje del siglo XXI. ¿Cómo está funcionando el proyecto LRNG?

R. Estamos ya en 10 ciudades de Estados Unidos y lo que estamos haciendo es crear aplicaciones que permiten a los jóvenes de entre 15 años y 25 conocer diferentes actividades que están sucediendo en ese momento en las que pueden participar para descubrir sus pasiones. En colaboración con empresas como IBM estamos identificando las habilidades que los jóvenes necesitan desarrollar para encajar en el mercado laboral y potenciándolas en diferentes talleres que se imparten en asociaciones, espacios públicos o compañías. El objetivo es darles la oportunidad de explorar lo que les interesa, porque las vocaciones no son innatas, los jóvenes tienen que tener tiempo para conectar con su comunidad y ver cosas que les llamen la atención, y eso no se contempla en los programas de los colegios. Hay que acabar con la idea de que las escuelas son los únicos lugares para el aprendizaje. En cualquier rincón de la ciudad hay conocimiento.

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2017/05/19/actualidad/1495216654_645971.html

Fuente de la imagen: http://ep01.epimg.net/economia/imagenes/2017/05/19/actualidad/1495216654_645971_1495216894_noticia_normal.jpg

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“Al mezclar pedagogías alternativas se corre el riesgo de crear un Frankenstein”

Entrevista a: Almudena García

Almudena García se define como una entusiasta de la educación libre. Esta pasión se refleja en su proyecto personal, Ludus, un directorio de educación alternativa en España.

Estamos en época de matriculaciones escolares y parece ser que las escuelas alternativas y la educación libre han recibido muchísimas solicitudes. Por eso hemos querido entrevistar a Almudena García autora del libro Otra educación ya es posible, publicado por la editorial Litera Libros. Ella misma se define como programadora freelance y entusiasta de la educación libre. Esta pasión se refleja en su proyecto personal, Ludus, un directorio de educación alternativa en España en el que podemos encontrar escuelas libres, escuelas bosque, colegios Montessori, comunidades de aprendizaje, escuelas Reggio Emilia, institutos que trabajan por proyectos, y mucho más.

PREGUNTA: ¿Por qué iniciaste Ludus?

RESPUESTA: Para mi fue un auténtico deslumbramiento descubrir que existía otro tipo de educación, tan diferente de la que yo había recibido. Por eso, cuando una amiga que trabajaba en una escuela libre me propuso hacer un listado que recogiera este tipo de iniciativas, me pareció muy buena idea, la manera en que yo, que soy programadora, podía aportar mi granito de arena a este mundo. Mi objetivo, al crear el directorio, fue que los proyectos tuvieran más fácil darse a conocer y que a las familias les fuera más sencillo encontrarlos. De esto hace ahora cuatro años. Por aquel entonces, la información sobre este tipo de proyectos educativos estaba muy dispersa y a menudo había poco contacto entre ellos. Algunos tenían la sensación de ser los únicos que trabajaban así. Por eso, otro de los fines de Ludus, fue el de dar a conocer la fuerza que entonces estaba empezando a cobrar este movimiento y facilitar que los proyectos cercanos pudieran conocerse.

P: ¿Por qué es tan importante la edad infantil? Buena parte de la sociedad piensa que en esas edades no se enteran mucho, que es momento de jugar y luego ya aprenderán.

R: A esas edades, como suele decirse, los niños son esponjitas. Montessori, afirmaba que el niño, en la etapa que va de cero a seis años, cuenta con una mente absorbente, que trabaja sin descanso haciendo suyo el entorno y la cultura de la sociedad en que crece. Y justamente es el juego la manera que tiene de observar y experimentar: los niños pueden dedicar buena parte de su tiempo a juntar conchitas, transportar agua en un cubo para llenar un recipiente mayor, a probar qué pieza de madera entra por un agujero… Es la manera en que empiezan a hacer suyos conceptos como el orden, el volumen o la longitud. Si no lo experimentan así, de una manera sensorial, más tarde les será más difícil comprender estos conceptos de forma abstracta. Lamentablemente, esta etapa está muy minusvalorada, en ocasiones, las escuelas infantiles se convierten en simples lugares donde dejar a los hijos durante el horario laboral. Otro problema es el de la obsesión con los resultados y la excelencia, que contamina todas las etapas. En bachiller, hay que apretar a los alumnos para que pasen las pruebas de acceso a la universidad, en ESO, para que lleguen bien preparados a bachiller… y así sucesivamente, hasta llegar incluso a infantil. En algunos centros, supuestamente para que los niños lleguen bien preparados a primaria, se les tiene todo el día haciendo fichas. Se llegan a dar casos extremos, como profesores que cronometran a niños de  cinco años mientras leen, y a los más lentos les ridiculizan. A lo mejor resulta que un niño tiene dislexia, que necesitaría una atención especial, pero en lugar de eso, se le dice que es vago. Quiero dejar claro que la mayoría de los docentes no son así, que no se trata de demonizar al gremio… pero haberlos haylos y las familias se sienten impotentes frente a estas situaciones.

P: ¿Por qué han aparecido de golpe tantas escuelas innovadoras?

R: Es verdad que hay ahora un boom. Diría que hay varias causas. Una es que el modelo actual parece haber entrado en crisis: tenemos una de las tasas de abandono escolar más altas de la UE, nuestros resultados en PISA no son para echar cohetes, los alumnos están desmotivados… Lo curioso es que aunque la comunidad educativa coincide en el diagnóstico, las distintas razones que se dan para explicar las causas son diametralmente opuestas, y el diálogo, prácticamente nulo, porque a veces parece que ni siquiera vivamos en el mismo universo… Para los profesores de la vieja escuela, se ha abandonado la cultura del esfuerzo y mientras no la recuperemos, las aulas serán un caos. Para otros docentes, por el contrario, el problema es precisamente que aún se sigue una pedagogía tradicional que ha quedado desfasada. Muchos de ellos han pasado a la acción y han comenzado a innovar en sus aulas. Y por descontado ha influido mucho la crisis: a raíz de ella, buena parte de la sociedad comenzó a desconfiar de las viejas soluciones y a informarse y reclamar tener más participación en

diferentes ámbitos. Las familias han vuelto a implicarse en la escuela.

P: ¿Cómo puede un niño dirigir su propio aprendizaje como propone la educación libre?

R: Desde Montessori y Waldorf se critica la educación libre precisamente por eso, porque se duda de que un niño pueda interesarse por un tema antes de saber que existe. Sin embargo, desde las escuelas libres inspiradas por Rebeca Wild, se defiende que todos los seres vivos saben lo que les conviene en cada momento de su desarrollo y que a partir de un interés inicial, debido a que todos los saberes están interrelacionados, se acaba llegando a otros saberes. Creo que la teoría de Wild es buena, pero que en la práctica no siempre se está llevando bien a cabo. Requiere que detrás haya adultos que sean capaces de “tirar del hilo” a partir de ese primer interés si el niño se estanca. En algunas escuelas explican que han dejado de trabajar por proyectos, o que han pasado a ser los educadores los que eligen los temas, porque si por los alumnos fuera, solo harían trabajos sobre Messi. Bueno… ¡como si a partir de Messi no se pudieran estudiar otros muchos temas! A través de la historia del futbol se puede investigar cómo eran las sociedades en que se empezó a jugar. También se puede hacer una gráfica que muestre cuánto cobra Messi al año, comparado con lo que cobran todas camareras de hotel de España juntas. Y de ahí, claro, saldrán otros muchos temas.

P: ¿Por qué hay materiales de Maria Montessori o Cuisenaire que no pasan de moda?

R: Los materiales manipulativos no pasan de moda porque responden a la necesidad del niño de aprender a través de los sentidos. He llegado a ver a adultos que de pequeños acabaron odiando las mates fascinados al descubrir estos materiales, al poder ver literalmente lo que es una raíz cuadrada. La mayoría de nosotros aprendimos a hacer fórmulas sin entender realmente lo que estábamos haciendo.

P: ¿No es un poco lío cada niño un voto, mezclar edades y seguir ritmos individualizados?

R: Es otra manera de trabajar. En realidad, pretender que todos los alumnos vayan al mismo ritmo también resulta complicado, porque cada uno tiene mayor interés y facilidad para una cosa, lo que en la práctica significa que habrá unos cuantos que se aburrirán en clase, mientras que otros se enterarán de poco. Es difícil trabajar así y que todo el grupo aproveche bien el tiempo. Por otra parte, seguir ritmos individualizados supone obviamente un esfuerzo adicional por parte del educador, sobre todo, porque la mayoría no han conocido esta metodología ni cuando eran alumnos en el colegio ni luego en la facultad. Además, con ratios altas, puede resultar agotador trabajar así y que se de el caso de que algunos niños se queden descolgados. Ahora, cuando funciona bien, la experiencia resulta muy motivadora para todos los implicados. Es interesante fijarse en el caso de Castilla y León. Hay muchas escuelas rurales, con niños de diferentes edades compartiendo aula. Esto implica que los maestros no pueden caer en trabajar con todos de una forma homogénea, sino que deben atender a niveles diversos. Los mayores pueden ayudar a los pequeños, y así afianzan sus conocimientos, mientras que a los pequeños, les resulta muy motivador que los mayores les dediquen parte de su tiempo, porque justamente quieren ser como ellos. Los resultados son muy buenos, y no lo digo yo, sino el último informe PISA, que destaca el nivel de estos alumnos en ciencias, matemáticas y comprensión lectora. Seguramente hay otros factores, pero parece que el alto porcentaje de escuelas rurales de esta comunidad ha influido mucho en los resultados.

P: Cada pedagogía alternativa tiene algo de bueno. ¿No sería mejor juntar lo mejor de cada una?

R: Hay escuelas que hacen esto, que cogen lo que más valoran de cada pedagogía. Es una posibilidad, pero exige conocer bien los diferentes enfoques, porque cada uno de ellos es como un ecosistema en que todas las partes están interrelacionadas, y se corre el riesgo de acabar haciendo un monstruo de Frankenstein en que cada pierna intenta andar para un lado diferente. Hace poco estuve en una escuela democrática donde también se hacía Montessori. ¿Qué ocurría? Pues que los niños habían votado que el espacio de la biblioteca, que era el único verdaderamente amplio, solo podía dedicarse a leer. Así que cuando las acompañantes pretendían hacer la presentación de la línea de la vida (que mide varios metros de largo) tenían que conformarse con usar una versión reducida, en la que difícilmente se llegaba a apreciar la diferencia entre las distintas eras geológicas. Y aún así, con la línea desplegada, los niños apenas entraban en el espacio, que nada tenía que ver con la amplitud de un verdadero ambiente preparado Montessori. En lugar de quedarse fascinados escuchando por primera vez cómo se desarrolló la evolución de los seres vivos, estaban agobiados deseando salir a jugar afuera.

P: ¿Qué es el arresto escolar, domiciliario y tecnológico?

R: Heike Freire se refiere así a la situación que viven muchos niños hoy día, que van de casa al cole y del cole a casa, pasando así la mayor parte de su tiempo sentados en espacios cerrados, en clase o frente al ordenador. Poco tiempo les queda para ser niños: para trepar, correr o disfrutar de sus propios juegos, sin intervención de los adultos. La situación es tan escandalosa que una marca de detergente sacó un anuncio en que comparaba la situación de los niños a la de los presos, y resultaba que estos últimos tenían más tiempo al día para estar al aire libre que los peques. Hoy los niños no tienen tiempo de ser niños, les estamos robando la infancia.

P: ¿Cómo crees que será la escuela ideal en un futuro?

R: No creo que haya fórmulas mágicas, ni un modelo único de escuela. Esto es algo que tiene muy claro el enfoque Reggio Emilia, que entiende la escuela como un work in progress que debe tener en cuenta tanto su contexto como si las prácticas educativas que les han podido funcionar bien hasta el momento continúan siendo válidas. Ahora mismo vivimos un momento muy estimulante, en que conviven muchas propuestas, donde todo parece posible. Pero todo esto corre el riesgo de quedarse en agua de borrajas si no se analiza bien lo que se está haciendo. Hace poco una profesora de música me explicaba que cuando ella era niña, los estudios de música comenzaban con el solfeo, antes incluso de que todos los alumnos supieran diferenciar si una nota era más aguda que otra. Muchos se desmotivaban y lo dejaban, solo continuaban los que tenían una facilidad natural. A los otros, se les daba por perdidos, cuando simplemente les habría costado un poco más y hubieran requerido más atención. Como reacción, actualmente hay escuelas que se van al otro extremo, que se limitan a enseñar a sus alumnos tres acordes con la guitarra o a dejarles tocar por libre el jembé… puede estar bien para comenzar, pero el problema es estancarse allí, porque entonces al poco tiempo la música dejará de resultar estimulante.

Pasa lo mismo con esas escuelas libres donde cuentan con todos los instrumentos, pero nadie los toca. Acaban convertidos en simples objetos que están ahí acumulando polvo… Pero basta con que un músico de verdad los toque para que los niños se queden embelesados. Hay una foto de una escuela Reggio Emilia que resume muy bien esto: en medio de un pasillo, una maestra se ha puesto a tocar el violín. Niños muy pequeños, de dos o tres años, se han parado a escucharla como hipnotizados, unos desde lejos, otros se van acercando… Los niños ya cuentan con la curiosidad por descubrir el mundo, solo necesitan el tiempo y el espacio adecuados.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/05/18/mamas_papas/1495118248_861763.html

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