Archivos Epstein, una película de terror hecha realidad en el capitalismo actual

Por Renán Vega Cantor

Imaginemos el guion de una terrorífica película de ciencia ficción. Es la historia de un supermillonario sionista al servicio de varios servicios de inteligencia de Estados poderosos (el Mossad de Israel, la CIA de Estados Unidos, el M-16 de Gran Bretaña) es un negociante de éxito, que tiene actividades en las finanzas, el sector inmobiliario y acumulaba al final de su vida la suma de miles de millones de dólares. Ese personaje es además un depredador sexual, que tiene predilección sádica por niñas y jóvenes. Para realizar sus orgias y bacanales cuentan con propiedades suntuosas que ha adaptado para tal propósito: una isla privada, que está en territorio de los Estados Unidos (en Islas Vírgenes, y el nombre no parece casual por lo de vírgenes), varias mansiones en ciudades de Estados Unidos (Miami, Nueva York) y de otros países (Paris), un “rancho de los horrores” en Nuevo México, aislado y acondicionado para torturar, violar y matar mujeres jóvenes… Para trasladarse libremente, sin las restricciones, demoras y cortapisas de aeropuertos y vuelos comerciales, tiene su propio avión, al que denomina Lolita Express, por aquello de la niña que protagoniza la novela Lolita de Vladimir Nabokov. En el film aparecen centenares de niñas y jóvenes abusadas, asesinadas y desaparecidas, se ven desgarradoras escenas de torturas y conversión de las mujeres en vulgares mercancías y objetos sexuales intercambiables y desechables. Entre sombras aparecen imágenes de cultos satánicos en las que hombres multimillonarios matan a niños y bebes, mutilan sus cuerpos y consumen su sangre y algunos de sus órganos.

El personaje de la película no es un sicópata solitario, sino que forma parte de un engranaje global en el que sirve de intermediario de una red transnacional de tráfico sexual, negocios diversos, violencia y sadismo,  academia e investigación científica y sofisticado desarrollo tecnológico. De ese engranaje forman parte presidentes y expresidentes de varios países (incluyendo a uno de Colombia), miembros de monarquías de Europa (de Gran Bretaña y Noruega), científicos expertos en biología, genética con tendencias eugenésicas y racistas, multimillonarios dueños o accionistas principales de grandes empresas tecnológicas del mundo informático y de la Inteligencia Artificial. También desfilan en la película cantantes, actores, gentes del jet set y de la farándula, que cuentan con millones de dólares en sus arcas.

Como el protagonista central de la película forma parte de tenebrosos servicios secretos tiene la misión, que asume con una impresionante meticulosidad, rigor y disciplina, de registrar cualquier movimiento de los miles de multimillonarios y hombres de éxito que participan en sus fiestas y orgías y vuelan periódicamente en el Lolita Express. También registra cualquier charla, por informal que fuera, con investigadores o científicos que no participan en esas fiestas de sexo y sangre, pero reciben sus favores, porque, además de todo, el protagonista de este film de terror, se presenta como un filántropo que patrocina proyectos, aparentemente desinteresados, en el campo de la genética, la biología, la IA y el transhumanismo. E impulsa esos conocimientos porque el protagonista tiene una manía esquizofrénica de alcanzar la eternidad. Como resultado de su culto a la información sobre sus tropelías y, sobre todo, la de “sus invitados”, archiva millones de correos electrónicos, miles de llamadas telefónicas, toma miles de fotografías y graba cientos de horas de videos, en los que aparecen escenas horripilantes de vejación y degradación de la condición humana de mujeres jóvenes.

El protagonista quiere que, por su potencia sexual y por la inteligencia que dice poseer, se conserven su pene y su cabeza para la eternidad, como una contribución personal a su visión de un mundo de supermillonarios egoístas y brutales que creen una realidad distópica en donde exista solamente ellos, junto con unos pocos miles de esclavos que sean sometidos por engranajes de tipo tecnológico.  El personaje cree que es de una raza superior y por eso pretende inocular con su semen a muchas mujeres para que estas queden embarazadas y traigan hijos superdotados al mundo.

El personaje se mueve en un mundo de supermillonarios y poderosos que son racistas, machistas, depredadores sexuales, que desprecian a los pobres y humildes. Ellos no tienen  límites morales que les impidan bestializar a mujeres jóvenes con tal ejercer su poder y conseguir con ello todo tipo de placer corporal. Las mujeres pobres son simples objetos de placer, a las que puede violarse, torturarse y matarse si es necesario.

Todos estos vicios paganos no se realizan de forma completamente secreta, sino más bien reservada, porque periodistas, autoridades, senadores y presidentes saben de su existencia, pero como son protagonistas de los crímenes del pedófilo visible, guardan un silencio absoluto y aparecen en el escenario público como honestos hombres de la política y el espectáculo que cuentan con un amigo especial, al que idolatran por su audacia y capacidad de agenciar emprendimientos de fiesta, diversión y jolgorio en privado. En público presumen de su honestidad y transparencia, en privado ponen en funcionamiento todas sus perversiones y capacidad de hacer daño, sin ningún tipo de piedad ni arrepentimiento.

Todo es posible en estos “islotes de fantasía” porque quienes dictan e imponen el derecho son los poderosos, los mismos que participan en los crímenes y violaciones. Por eso, nada ni nadie los puede tocar, gozan de inmunidad e impunidad absolutas. E incluso, esos mismos superpoderosos son los que le dictan las normas y formas adecuadas y obedientes de comportamiento a los súbditos de sus propios países y a los del mundo entero.

Al final de la película, cuando es evidente que ya no pueden ocultarse por más tiempo estos paraísos del crimen, del sadismo y la sevicia, el protagonista de la película es juzgado y condenado. Termina en la cárcel, pero allí dura poco tiempo, porque sabe demasiado para vivir mucho tiempo. Un día aparece muerto y los medios de desinformación dicen que se ha suicidado, aunque la película muestra en directo que lo han matado.

Allí parece terminar todo, pero al final la película, anuncia una segunda parte en la que se dan a conocer los archivos secretos del pedófilo sionista. Y anticipa que son millones de documentos y se dice que su revelación hará temblar a los poderosos de la red internacional de sexo, negocios, academia y poder científico, porque en esos archivos están registradas todas sus acciones criminales.

Esto que se acaba de contar, por desgracia no es una película. Es la vida real. El personaje se llamaba Jefrey Epstein, las escenas escabrosas transcurren en los Estados Unidos y los personajes famosos que aparecen son Bill Clinton, Donald Trump, Bill Gates, el príncipe Andrés, Michael Jackson, Andres Pastran y miles de nombres más, de famosos, que forman parte de ese entramado criminal del capitalismo realmente existente.

Lo que muestran los Archivos Epstein es la quiebra moral del capitalismo y del imperialismo en su fase terminal. Es como si estuviéramos regresando a la decadencia del imperio romano, en donde reinaba Calígula (por eso a Donald Trump se le podría calificare de neo-Calígula).

No es la quiebra moral de un individuo, Jefrey Epstein, sino de una civilización, la occidental y cristiana, que naufraga en su propia podredumbre de mercantilización, consumo, lujo, derroche, sevicia, violencia, tráfico sexual y sangre.

Finalmente, películas como Salo, los 120 días de Sodoma de Pierre Paolo Passolini o la de Stanley Kubrick Ojos bien cerrados, han pasado de los estudios cinematográficos, a la vida real, por obra y gracia del capitalismo en su fase de putrefacción total. Y el mayor indicador de esa podredumbre tiene nombre propio, como personificación individual del capitalismo: Donald Trump, empresario inmobiliario, violador sexual, pedófilo redomado, evasor de la justicia y en la actualidad presidente de los Estados Unidos, con tanto poder que su vanidad y su espíritu de maldad congénita ponen en peligro al mundo.

Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), No. 115, marzo de 2026.

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