Corriente Docente 9 de Abril-Lista Marrón. Estudiantes terciarios y docentes del PTS/FIT-U + Independientes
En un contexto en donde la crisis económica se agudiza, las familias de la escuela pública trabajan hasta 14 horas para poder llegar a fin de mes y las docentes terminamos trabajando tres turnos para poder sobrevivir, abrimos un debate sobre cómo creemos que tenemos que enfrentar el ajuste, recuperando el ejemplo de las maestras de Minneapolis.
Llegamos al aula y ya estamos cansadas. No es cansancio de un día, es el agotamiento de saber que el sueldo se termina antes que el mes y que a las familias de nuestros pibes les pasa lo mismo. El ajuste del Gobierno no es un gráfico en la tele; son las madres que lloran en la reunión porque no sabe cómo pagar el colectivo, es la cooperadora que no alcanza para comprar útiles para lxs chicxs que no tienen y somos nosotras, poniendo el cuerpo para frenar los golpes. Durante el año pasado, un estudio que hicimos como parte de la comisión directiva de Ademys reveló que el 93,9% de las docentes encuestadas convive con el dolor: migrañas, dolores de cabeza y de espalda, várices, problemas digestivos. La crisis educativa no es abstracta: repercute directamente en nuestros cuerpos, en los de nuestrxs estudiantes y en sus familias.
Pero si algo aprendimos de las luchas docentes en el mundo es que no estamos solas. En Minneapolis, por ejemplo, las maestras y los trabajadores de la escuela pública se organizaron junto a las familias y la comunidad para enfrentar no solo los ataques económicos, sino también la violencia estatal y el racismo. Durante la pandemia y las redadas del ICE, las escuelas se transformaron en verdaderos bastiones de resistencia:docentes, estudiantes y padres crearon redes de ayuda mutua, organizaron la entrega de alimentos y hasta corredores de seguridad para proteger a las familias inmigrantes. No lucharon solo por salarios o condiciones laborales, sino por toda la comunidad, mostrando que cuando la docencia se une a las familias, la pelea se fortalece y puede enfrentar hasta los ataques más duros del ajuste y la represión.
Sabemos que vivimos una situación tremenda en las escuelas, la pregunta es: ¿qué rol podemos jugar las docentes en este escenario de crisis? En un mundo atravesado por crisis, guerras y rebeliones, la docencia y la juventud han sido protagonistas de grandes luchas. La experiencia de Minneapolis nos muestra que la unidad con las familias y la comunidad no solo es posible, sino necesaria para transformar la bronca en organización y fuerza colectiva
Si en Argentina el plan de Milei es avanzar contra lo que nos queda, nuestro rol es organizar la bronca. No vamos a ser el último orejón del tarro mientras el Gobierno rifa el presente y el futuro de nuestros estudiantes. La docencia tiene que ser la punta de lanza: no solo para que no nos ajusten más, sino para conquistar de una vez por todas la vida que nos merecemos, dentro y fuera del aula.
Modernizar para atrás: una reforma esclavista
En Argentina, hace unos días el gobierno de Milei logró un triunfo parlamentario y legalizó la precarización laboral. La Reforma Laboral, que desde el PTS y la 9 de Abril denunciamos durante todo el verano, promueve el banco de horas legalizando la jornada de 12 horas, termina con las horas extra que muchxs trabajadores usaban para llegar a fin de mes, flexibiliza las condiciones de trabajo con indemnizaciones más baratas a favor de los empresarios y cercena el derecho a la protesta ampliando los servicios esenciales —entre los cuales está la educación— con el objetivo de disciplinarnos y así pasar el ajuste de forma más efectiva.
El cierre de la planta de FATE es la muestra viva de este modelo: más despidos y fábricas cerradas.
Sin embargo, la fortaleza que mostró Milei en las sesiones extraordinarias es solo aparente; debajo subyace una debilidad estructural. Un informe de febrero publicado por La Nación revela que el 70,8% de los trabajadores sindicalizados rechazan la gestión de Javier Milei. Como señala Myriam Bregman en una reciente entrevista, el gobierno “tiene pies de barro” y su proyecto solo puede sostenerse si logra disciplinar a los trabajadores y desarticular la organización social.
Además, su plan económico está atado a la suerte de Trump, quien viene fuertemente cuestionado por múltiples aspectos. En una encuesta reciente publicada por CNNafirman que 6 de cada 10 estadounidenses desaprueban los ataques en Irán, incluso dentro del movimiento MAGA hay diferencias. Además viene de sufrir derrotas electorales y enfrenta un escenario incierto para las elecciones de medio término, condicionado por la crisis interna tras los asesinatos del ICE. Desde donde lo miremos, los traspiés del Trumpismo son también la pata floja del gobierno de Milei.
Macrismo vs. educación
En la Ciudad, Jorge Macri y Mercedes Miguel profundizan el desfalco educativo. Desde el control ilegal de datos biométricos hasta la reforma «BA Aprende», con el cierre de las orquestas y juegotecas, el objetivo es claro: transformar la escuela en una fábrica de mano de obra barata y a los docentes en simples facilitadores de computadoras. Bajo el modelo de Milei y el macrismo, la educación se flexibiliza y se disciplina para un mercado laboral voraz.
Frente a este ataque, la conducción de UTE – la lista Celeste – no organiza sino que cogobierna. No convoca asambleas, los plenarios de delegados no se preparan con mandatos de base y los paros no se debaten en las escuelas para involucrar a toda la docencia que quiere enfrentar los planes de la derecha. Mientras despiden docentes de programas socioeducativos y avanza la reforma, la burocracia sindical negocia a espaldas de las bases.
La plancha que hacen no la vemos ni marcamos únicamente desde la izquierda: son sectores que se reivindican peronistas quienes reclaman planes de lucha y una respuesta acorde al ataque. Por eso desde la 9 de Abril queremos ser clarxs: en las calles y en las escuelas debemos unirnos todes quienes queremos enfrentar el plan del gobierno de Milei, construir redes y organizarnos para combatir codo a codo para recuperar nuestros sindicatos y ponerlos a la cabeza de la lucha.
¿Cómo salimos de esta?
La disputa es programa contra programa. De un lado, el proyecto de Milei y todos sus aliados con peluca: ajuste, reforma laboral esclavista, recorte de derechos y mercantilización de la educación. Pichetto se reune con Cristina y plantea “una propuesta capitalista, productiva y de centro, que dé previsibilidad y garantías a los inversores y a los agentes económicos”. Una alianza con los Rocca y los Madanes Quintanilla, esa clase genocida responsable de la última dictadura cívico-militar de la que este mes se cumplen 50 años.
Del otro lado está la necesidad de un programa de independencia de clase: salario igual a la canasta familiar, jubilaciones dignas, defensa irrestricta del derecho a huelga, aumento del presupuesto educativo, reincorporación de todos los despedidos, rechazo a la reforma BA Aprende y a la huella biométrica, y control democrático de la docencia y la comunidad sobre las políticas educativas. En definitiva, que la plata que producimos quienes trabajamos vaya para mejorar nuestras vidas y no para el Fondo Monetario Internacional. Son ellos o nosotros.
Desde la 9 de Abril creemos que tenemos que dar una batalla importante desde cada escuela en la que estamos: unirnos con la comunidad —familias y estudiantes— con este programa, en la perspectiva de juntar fuerzas para vencer el ajuste. En un gremio mayoritariamente feminizado, donde las mujeres además cargan con dobles y triples jornadas de trabajo, es importante mirar la enorme movilización del último 8M: mostamos que fuerzas hay y que, si sectores como educación, salud y estatales pusiéramos ese peso al servicio de enfrentar los despidos y el ajuste, podríamos transformar esa bronca en una fuerza imparable.
Esto implica organizar asambleas en cada escuela y distrito donde participen no solo las y los docentes, sino también auxiliares, familias y estudiantes. Asambleas y espacios de organización que permitan debatir, decidir y coordinar acciones de lucha —como paros, movilizaciones y campañas — en defensa de la educación pública y los derechos laborales.
El creciente individualismo y las ideas del “sálvese quien pueda” son parte del programa de la ultraderecha. Frente a eso, la única respuesta posible es la organización colectiva. Hoy muchxs docentes piensan en desafiliarse de nuestro sindicato mayoritario (UTE). A esos docentes que tienen bronca con la política entregadora de la celeste les decimos que tenemos organizarnos para recuperar el sindicato en nuestras manos. No es una utopía, en la Argentina hay múltiples ejemplos de sindicatos combativos, recuperados en manos de los y las docentes, que organizan las escuelas y sus comunidades, por ejemplo las seccionales de Neuquén Capital y Plottier de ATEN, los SUTEBA de Provincia de Buenos Aires, UNTER de Río Negro, UEPC Capital de Córdoba, CEDEMS en Jujuy y Ademys en Capital Federal.
Unirnos con nuestrxs estudiantes y sus familias es la única forma de dar respuesta frente a los ataques. Si hoy es difícil que todas las familias puedan venir a una reunión de padres y madres, con la aplicación de la reforma laboral será aún peor. La experiencia, desde Minneapolis a Cataluña, demuestra que solo la organización desde abajo —con asambleas por escuela y coordinación entre sectores en lucha— puede frenar el avance del ajuste. Es fundamental unirnos con el conjunto de la clase trabajadora para imponer otra salida: nuestras vidas valen más que sus ganancias. Para esto, lxs trabajadores necesitamos una herramienta propia, un partido de trabajadores, anticapitalista, antiimperialista y combativo. Un partido sin burócratas, sin patrones y sin traidores. Construir esta organización es una tarea urgente para darle una salida a esta realidad.
La docencia de CABA tiene una larga tradición de lucha. Hoy, más que nunca luego del gran paro del pasado 2 de Marzo y las rebeliones docentes en Chaco y Catamarca, la enorme macha de mujeres del pasado lunes, necesitamos retomar ese camino: romper con el cogobierno de la burocracia sindical y enfrentar el ajuste con un programa propio, de independencia de clase y en unidad con el resto de los sectores en lucha.
En ese sentido, el próximo 24 de Marzo, cuando se cumplen 50 años del golpe genocida, también es una fecha de lucha política en el presente. Desde la tradición del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, defendemos la movilización independiente de todos los gobiernos y de las fuerzas patronales que ayer y hoy sostienen el mismo orden social. No se trata solo de recordar el terrorismo de Estado, sino de señalar que la dictadura fue el instrumento de la clase dominante para imponer un plan económico contra la clase trabajadora, cuyos efectos todavía se sienten. Por eso, para la docencia y para toda la comunidad educativa, el 24 de Marzo tiene que ser también una jornada de organización y de debate en las escuelas, ligando la memoria histórica con las luchas actuales contra el ajuste, la precarización laboral y el ataque a la educación pública. Porque la pelea por la educación pública es la pelea por el futuro de toda la clase trabajadora.
https://www.laizquierdadiario.com/Que-rol-podemos-jugar-les-docentes-ante-la-realidad-actual







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