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Carlos Carmona: “Formamos seres humanos pacíficos, solidarios e inquietos por el conocimiento”

22 de noviembre de 2017 / Fuente: http://blog.tiching.com/

Carlos Carmona

¿Cómo definiría la escuela en la que trabaja? 
La escuela La Cabaña se puede definir como un espacio abierto para que la comunidad llegue a buscar el conocimiento. Es un lugar agradable por encontrarse en medio de la naturaleza, donde los niños y niñas llegan con alegría diariamente a desarrollar sus actividades educativas. Igualmente el docente se siente muy feliz, ya que disfruta al máximo de su labor.

¿Qué características destacaría, tanto del centro educativo como del tipo de alumnos?
La sede cuenta con buenos recursos y espacios para la enseñanza y un ambiente muy alegre. En cuanto a los 6 niños y las 8 niñas que asisten en este momento (el mes pasado eran 20), algunos son hijos de campesinos que trabajan en las fincas vecinas, y dos de ellos vienen del casco urbano de Buenavista, nuestro municipio. Sus padres se motivaron a traerlos por la tranquilidad que se vive y la forma de trabajo con el Modelo Escuela Nueva. Las familias son gentes humildes y trabajadoras.

¿Cómo se integran las familias de sus alumnos en la comunidad educativa?
El modelo Escuela Nueva tiene un componente comunitario que cuenta con unos instrumentos para conocer a la comunidad como son: ficha familiar, que se diligencia al momento de recibir al estudiante; croquis de la vereda, donde aparece la ubicación de la vivienda de cada una de las familias; cuaderno viajero, donde cada familia consigna aspectos de su vida cotidiana; y monografía de la vereda, donde aparecen las características de la comunidad. Lo anterior hace que la comunidad estreche lazos fuertes con la escuela.

¡Qué interesante! ¿Y qué actividades destacables se realizan con este objetivo?
Se hacen reuniones para entregar calificaciones y allí se hacen talleres dentro del proyecto Escuela de Padres. Finalmente se hace el día de logros, donde se convoca a toda la comunidad para socializar los logros alcanzados, no solo en lo académico sino con distintas actividades que se ejecutan como la huerta, proyectos de investigación, gestiones realizadas para mejorar la escuela, donaciones recibidas, premios alcanzados a nivel externo, etc.

¿Qué metodologías implementan para poder trabajar con niños y niñas de edades tan diferentes?
Es importante destacar que el modelo Escuela Nueva, con el cual trabajamos en la sede, es un modelo flexible que permite que el trabajo se realice respetando los ritmos de aprendizaje de los estudiantes, que muchas veces llegan en distintas épocas del año. Hay que destacar que la población rural es altamente flotante, porque los padres cambian constantemente de domicilio buscando mejores opciones de trabajo o siguiendo la cosecha, entonces para atender los niños contamos con guías de aprendizaje a las cuales se les puede hacer adaptaciones acordes a las necesidades de los niños y niñas que llegan al aula de clase.

Sin duda, son unas circunstancias muy peculiares.
Se requiere mucha paciencia de parte del maestro y solidaridad de los demás compañeros, quienes a través de la estrategia del Plan Padrino, entran a colaborar para facilitar que quienes están un poco atrasados puedan avanzar con mayor facilidad. Muchas veces los niños con dificultades no alcanzan todos los desempeños esperados al finalizar el año escolar y por lo tanto quedan aplazados (no pierden el año) y al año siguiente pueden continuar su trabajo y ser promovidos.

¿Cómo les ha afectado el conflicto armada entre el gobierno colombiano y las FARC?
Aunque no tuvimos presencia armada en nuestro entorno, sí fuimos afectados. Los recursos que el Gobierno utiliza para la guerra recortan el presupuesto para la educación, lo que se ve reflejado en la calidad de algunos servicios como el restaurante escolar, recursos para pagar el transporte de niños que lo requieren o la inversión para el mantenimiento de las sedes educativas.

Los acuerdos de paz en Colombia incluyen un paquete de medidas destinado a intervenir y favorecer un desarrollo rural integral. ¿Cómo afecta esto a su escuela y a sus familias?
Nuestro municipio de Buenavista es eminentemente rural y empieza a abrirse paso al turismo, aprovechando la belleza de sus paisajes. Ya se vislumbra en el plan de desarrollo del municipio los resultados de los acuerdos, pues ya se están destinando recursos para fortalecer las juntas de acción comunal a través de proyectos de emprenderismo y apoyo a los productores de café, plátano, cítricos… Y algo muy importante para nosotros, estamos recibiendo apoyo de la Alcaldía y Gobernación para fomentar las huertas escolares y caseras y se realiza el mercado campesino para la comercialización de los productos, lo que indica que ya se están impactando positivamente tanto a la escuela como a la familia.

¿Con qué herramientas cuenta la escuela para gestionar situaciones de conflicto?
Nuestro modelo Escuela Nueva fomenta una serie de principios: el afecto, el trabajo en equipo, el cogobierno… Desde allí empezamos a cultivar en los niños y comunidad en general una cultura del respeto y los valores democráticos, que con el tiempo van formando una comunidad pacífica como alternativa para disminuir el conflicto.

¿Cómo cree que influyen valores como la participación, la democracia o el cooperativismo en el entorno en el que viven?
En nuestra sede La Cabaña vivimos plenamente dichos valores. Se hace la elección del Gobierno estudiantil tal y como lo hacen para elegir alcalde, gobernador y presidente, previa una fundamentación por parte del maestro. Se hace la campaña para defender un programa de Gobierno y se hace la elección utilizando el tarjetón. Un aspecto fundamental del trabajo en el aula de clase es que se trabaja en equipo, las guías que son interactivas invitan a los estudiantes a trabajar en parejas y en equipo. Es maravilloso ver cómo se ayudan los unos a los otros gracias a esos valores que promueve el modelo Escuela Nueva.

¿Y cómo cree que van a ser útiles a la hora de integrar las propuestas incluidas en el acuerdo de paz?
Todo lo bueno que se pueda enseñar tendrá un resultado positivo en este orden de ideas. Es posible afirmar que los principios y valores que impulsa el modelo Escuela Nueva son un bastión importantísimo para formar seres humanos pacíficos, solidarios, inquietos por el conocimiento y convencidos de que ¡nuestra escuela La Cabaña es la mejor escuela del mundo! Por lo tanto, considero que desde nuestro trabajo en la escuela se pueden construir propuestas interesantes para que se consoliden los acuerdos de paz.

¿Ha participado de alguna forma la comunidad educativa en las propuestas recogidas en los acuerdos de paz?
Aunque no estamos ubicados en las zonas donde se presentaron los conflictos directamente, tuvimos la oportunidad de recibir el documento sobre dichos acuerdos y consideramos que toda la nación está de alguna manera inmersa en dicha problemática. Nuestra comunidad fue convocada y tuvo la oportunidad de participar en las mesas de trabajo para la construcción del plan de desarrollo que incluye todos los aspectos para el bienestar de la comunidad.

Fuente entrevista: http://blog.tiching.com/carlos-carmona-formamos-seres-humanos-pacificos-solidarios-e-inquietos-conocimiento/

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Vulnerables, frágiles… humanos

Por: Xavier Besalú

Necesitamos una educación cargada de referentes sólidos para navegar en este mundo líquido, que apele fundamentalmente a la razón sin descuidar los sentimientos.

Ante los atentados de Barcelona, cometidos por chicos muy jóvenes, con toda la vida por delante, es inevitable preguntarnos qué hemos hecho mal en el sistema educativo, qué ha fallado en el proceso de socialización y formación de estas personas. Al haber sido reivindicados por Estado Islámico, por otra parte, parece lógico también que la atención se haya centrado en saber cómo se producen determinados procesos de radicalización dentro del mundo musulmán y en las medidas para prevenirlos, detectarlos y afrontarlos desde los centros escolares.

Y aquí se impone una primera constatación: sabemos todavía muy poco de la vida, es decir, de los sentimientos y las dificultades, de los pensamientos y vínculos, de los dilemas y referentes, de los fracasos y expectativas, de los hijos e hijas de inmigrantes extranjeros, la mayor parte de los cuales ya han nacido en nuestro país o llegaron a él siendo niños. Utilizamos y adaptamos las conclusiones de investigaciones realizadas en Francia, en Gran Bretaña o en California, pero tenemos la certeza de que ni las condiciones, ni las circunstancias, ni los protagonistas, por activa y por pasiva, son replicables. Al haberse detenido en gran parte los flujos migratorios, a raíz de la crisis económica de este último decenio, algunos responsables mal informados han decretado, al parecer, que esta es una página del pasado que no conviene volver a abrir.

En segundo lugar, y en un sentido completamente distinto, habría que decir que el problema del mal, incluso del mal radical, no se refiere en exclusiva al mundo musulmán, sino que es una cuestión sencillamente humana. El mal no es una cualidad inherente a algunas personas, patológicamente enfermas, intrínsecamente crueles o predispuestas genéticamente o culturalmente al fanatismo, por más que tanto la medicina como el derecho o la religión actúen bajo este supuesto. La verdad es que para la sociedad sería enormemente tranquilizador que esto fuera así: la solución estaría en detectar e identificar tempranamente a estas personas, retirarlas de la circulación para curarlas, rehabilitarlas o sublimar sus pulsiones malignas, si fuera posible, o mantenerlas aisladas el resto de sus vidas.

Como han demostrado y escrito repetidamente psicólogos, antropólogos y pedagogos, las personas somos esencialmente vulnerables –y mucho menos fuertes y coherentes de lo que creemos-, profundamente ambiguas –capaces de lo mejor y de lo peor, ni buenas ni malas por naturaleza-, fácilmente maleables –por la propaganda, por la autoridad, por el grupo, por las emociones-, y condicionadas por las fuerzas situacionales y por factores externos propios del entorno, aunque no determinadas: nada nos exime de nuestra responsabilidad, porque no somos esclavos de ninguna circunstancia, por dura que sea, y como individuos siempre tenemos la posibilidad de hacer lo que es debido, de actuar conscientemente, de reaccionar con criterio propio.

Si el problema es la vulnerabilidad, la fragilidad humana, la solución ya no puede ser la de detectar y apartar a los malos, sino la de preparar a todos los niños y jóvenes para fortalecer su subjetividad, para que piensen y actúen como seres independientes, para que no disuelvan su individualidad en la masa informe, para que activen su capacidad reflexiva y su espíritu crítico en cualquier tiempo, espacio y circunstancia, para que abominen de la indiferencia ante lo que no les afecta directamente –tanto si se da en el propio grupo como si ocurre en las antípodas-, y para que combatan sin descanso el conformismo y la pasividad.

Reconocer que todos nosotros somos extremadamente vulnerables es un paso imprescindible para ello, porque nadie está a salvo de hacer el mal. Es un requisito tan necesario como la renuncia al yo controlo del adicto a las drogas, o al prepotente yo nunca caeré tan bajo que otorga una supuesta superioridad moral a quien lo enunciaEs una actitud humilde y sensata, porque no sabemos a ciencia cierta cual podría ser nuestra reacción ante situaciones extremas (un terremoto, una guerra, el asesinato de un ser querido…) y desde luego tampoco podemos dar por supuesta cual habría sido nuestra conducta de haber vivido en la Alemania nazi, en la Rusia soviética o en la España de los Reyes Católicos.

Si esa es la tarea, creo que no somos suficientemente conscientes del rumbo que hemos ido imprimiendo a nuestra educación al albur del mercado, sin unos referentes básicos, poniendo el foco en lo metodológico, con el actual énfasis en unas competencias que, si se definen como básicas, son de una ambigüedad o polisemia que las inhabilita y, por el contrario, si se formulan con pelos y señales, nos devuelven al jardín tecnológico de lo medible y cuantificable. En la sociedad española actual, plural desde tantos puntos de vista, en un mundo globalizado e interdependiente como el que nos ha tocado vivir, con todas las ideologías fuertes –políticas, religiosas o filosóficas- en crisis, con tantos modelos y formas distintas de ser autónomo y feliz, es más necesario y urgente que nunca empoderar a los individuos, fortalecer su subjetividad, para que sean capaces de actuar con libertad e independencia, a pesar de las circunstancias, de hacerse plenamente responsables de sus decisiones y de sus actos, y de resistirse al mal, por más seductora e ilusionante que sea su llamada.

En el mundo occidental es bastante evidente que, en el ámbito educativo, la técnica ha vencido a las ideas, como si nuestra misión fuera preparar a niños y jóvenes para vivir en un mundo posthumano, sin ideales ni ideologías, sin un sentido más allá de lo útil y lucrativo, estrictamente materialista y emocional. Necesitamos una educación cargada de referentes sólidos para navegar en este mundo líquido, que apele fundamentalmente a la razón sin descuidar los sentimientos. Y para ello es imprescindible la rehabilitación de las humanidades, una formación humanista que, más que una suma de materias y contenidos, es sobre todo una forma de enfocar lo educativo. Porque las humanidades son textos y los textos están ahí no para ser repetidos y memorizados, sino para ser interpretados; no están ahí con respuestas convergentes y prefijadas, sino para abrir interrogantes, para poner en crisis las certezas, para descubrir los matices y las razones de los otros; para establecer un diálogo con nosotros mismos, con nuestros compañeros y profesores, con nuestras familias y comunidades, arropados por el testimonio de seres lejanos en el espacio y en el tiempo, pero humanos al fin y al cabo.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/13/vulnerables-fragiles-humanos/

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¿Estamos ante el fin de las humanidades?

Por: Mauricio A. González Zapata

La búsqueda por encajar en los estándares internacionales ha relevado los estudios humanísticos y el pensamiento crítico en Colombia a un segundo plano.

Hoy como nunca antes deseamos ser cada vez más “auténticamente humanos”. En otras palabras: poder ser más y no solo tener más. Pero, también como nunca, hemos fracasado en el intento: dejamos de plantearnos cuestiones fundamentales porque no vemos lo esencial y nos  quedamos en lo aparente, permitiendo que la falsedad irrumpa en nuestras vidas y nos convierta muchas veces en seres huecos, rellenos de paja y  atiborrados de información. Hemos hecho de nosotros mismos una caricatura.

El hombre de estos tiempos convulsos en los que vivimos ha perdido la capacidad de percibir la realidad tal cual es. Las ideologías imperantes que han producido una reducción antropológica, el estrés y la agitada vida del mundo son solo algunas causas que han generado este declive en la facultad de percibir la realidad que aqueja al ser humano.

Es la mirada del artista, esa es la que necesitamos para volver los ojos hacia nuestro interior y ver con renovada frescura la realidad y en ella al hombre con toda su dignidad y potencial. Una visión más profunda y receptiva, una conciencia más intensa, una comprensión más aguda y perspicaz. Las humanidades capacitan al ser humano para llevar una vida verdaderamente humana, ellas permiten hondura y profundidad en los conocimientos y brindan las herramientas necesarias para juzgar críticamente su ser personal y el mundo en el que habita.

Flaco favor se hace a la educación si se entiende el progreso en los términos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que subordina la educación a la maximización de la ganancia con la menor inversión posible. Lo que, en palabras de la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, se denomina la mercantilización de la educación.

Detrás de las políticas que impulsa este organismo se esconde un propósito: modelar ciudadanos y trabajadores incapaces de pensar de forma crítica y, así mismo, expertos en trabajos tecnificados adaptados al consumismo deshumanizado y utilitarista donde la dignidad y el valor de la persona humana han sido reducidos a la mera utilidad.

Algunos medios de comunicación han tenido cierta responsabilidad en el esfuerzo de muchos sectores para que las humanidades desaparezcan de la escena educativa ya que al combinar lo visual con lo auditivo, que en sí mismo no es malo, crearon una audiencia que detesta la reflexión crítica y fomentaron cierta enajenación de los problemas reales en lugar de ilustrar y enriquecer la imaginación y el pensamiento.

Hoy se considera a las humanidades como inútiles para la formación o, más bien, para la instrucción del nuevo individuo de acuerdo con criterios y necesidades establecidas por la globalización mal entendida.  Aunque en los documentos de la OCDE y el proyecto TUNING (instrumentos orientadores para la nueva educación) no se dice explícitamente que las humanidades deban ser excluidas, al no mencionarlas en los análisis quedan marginadas de las estrategias educativas.

Si los colegios y las universidades pretenden realizar una formación seria e integral de la persona no pueden excluir de sus currículums las asignaturas enmarcadas dentro del área de humanidades. Si actúan así, solo irán en detrimento de su razón de ser, pues no lograrán orientar a sus estudiantes en la dirección de contribuir al desarrollo de sus disciplinas y reaccionar de forma crítica frente a las continuas transformaciones que afectan sus propias vidas, permitiéndoles construir sólidos mundos racionales, morales e históricos.

 

 Desconocer el papel de las humanidades en la formación profesional es excluir y pisotear el patrimonio cultural, el pensamiento religioso, las éticas deontológicas y otros saberes prácticos que, consecuentemente, convertirán los centros de estudios superiores en instituciones muertas en espíritu, dedicadas a impartir un saber pobre. Cabe preguntarse entonces cómo los diferentes sistemas de enseñanza universitaria están garantizando a sus estudiantes el acceso a la diversidad de los estudios humanísticos, articulados con los planes de estudio de cada facultad.

Las humanidades están amenazadas en la actualidad por una serie de vicisitudes como la radicalización de tendencias mal llamadas culturales, condicionamientos políticos y limitaciones económicas, a menudo al interior de las instituciones educativas, que pretenden innovar en la educación sin respetar el ser mismo de las cosas. Incluso, muchos avalan el capricho de los estudiantes que demuestran apatía por este tipo de asignaturas, incapaces de salir de su zona de confort y de utilizar el juicio crítico, convirtiéndose en “idiotas culturales” y a la sociedad en la “sociedad de la incultura”, como lo afirmaba Ortega y Gasset.

Los estudios humanísticos articulados adecuadamente en los programas académicos de cada carrera generan una riqueza interdisciplinar que ofrece al futuro profesional conocimientos complementarios que permiten también valorar las distintas culturas.

La innovación no debería desestabilizar la enseñanza de las humanidades en la educación superior. Por el contrario, debe favorecer y orientar la promoción del desarrollo de habilidades éticas, la aptitud al pensamiento crítico y la capacidad de diálogo intercultural – interreligioso de manera colectiva para explicitar el saber teórico y práctico a partir de los problemas cotidianos a los que se enfrentan los alumnos. Una actitud reflexiva que ayude a controlar la crisis de orientación e identidad que caracteriza nuestra época.

Esta valiosa capacidad de reflexión puede desarrollarse a partir de la enseñanza de asignaturas como la Historia, la Filosofía, el Arte, la Literatura, la Cultura e Historia de las Religiones, entre otras. Ese argumento que está a favor de una formación más científica y técnica, y va acompañado de una depreciación de las materias humanísticas, es erróneo, pues estas benefician un arraigo sólido en la identidad cultural de las distintas naciones.

Es muy importante, entonces, identificar cómo los diferentes sistemas de enseñanza universitarios permiten realmente, a pesar del debate contemporáneo, el aprendizaje enmarcado por el cultivo de lo propiamente humano o si,  por el contrario, en los de modelos pedagógicos se esconde la intención de sepultar los estudios humanísticos como complemento de la formación integral de los jóvenes. Con el pretexto de introducir novedades, terminan desfigurando lo que son en realidad las humanidades y su papel fundamental en la educación y en el constructo social, lo que conduce a la muerte de la mente crítica y creativa, a la decadencia de la sociedad y a la inversión de la escala de valores humanos.

Necesitamos, hoy como nunca, volver a ocuparnos de nosotros mismos, de lo que es el hombre y de todo esto es de lo que se encargan los estudios humanísticos.

Fuente: http://www.semana.com/educacion/articulo/opinion-la-importancia-de-las-humanidades/535726

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El olvido, ¿un proceso voluntario?

15 de marzo de 2017 / Fuente: https://www.isep.es

Por: Maribí Pereira

Suele pasar que deseamos olvidar aquel suceso que nos ha dejado un recuerdo desagradable, vergonzoso o doloroso.

De hecho, un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, ha demostrado que los seres humanos utilizan dos procesos para olvidar: la supresión y la sustitución, y que el cerebro trabaja de formas diferentes en cada caso (Benoit y Anderson, 2012).

Según Roland Benoit, se trata de dos mecanismos diferentes que producen el olvido: “el primero obstaculiza el proceso de recuperación de recuerdos y el segundo permite suplir los sucesos desagradables por otros” (2012). De hecho, son dos maneras contrarias en que el cerebro nos permite olvidar volitivamente recuerdos no deseados.

Este estudio es la primera demostración de dos mecanismos diferentes que provocan tales olvidos: uno, al darle “OFF” al sistema de recuerdos y, el otro, al proporcionar al sistema de recuerdos ocupar la conciencia con una memoria sustituta.

Los investigadores emplearon imágenes de resonancia magnética funcional para explorar la actividad cerebral de sujetos que habían aprendido asociaciones entre pares de palabras y que, después, intentaban olvidarlas según uno de los dos procesos, es decir, bloqueándolas o sustituyéndolas (Benoit y Anderson, 2012).

En el estudio, colocaron una pantalla donde aparecían las palabras y formaron dos grupos de un total de 36 sujetos participantes. Estos sujetos codificaron pares de palabras, como por ejemplo, nieve-Antártida, playa-África, azúcar, dulce, etc. en primer lugar, se les preparó para que recordaran la asociación y después para que olvidaran la segunda  que conformaba cada par, intentando bloquear su recuerdo, es decir, empleando la estrategia de supresión (Benoit y Anderson, 2012).

En segundo lugar, los participantes recogieron una palabra nueva que sustituía a una parte del par. Así por ejemplo, playa-buceo, azúcar-chocolate, nieve-frío, mientras las segundas palabras que conformaban cada par se borraban de la pantalla. Por tanto, en esta parte del estudio, los sujetos fueron entrenados para no pensar en “África”, “Antártida”, “Amazonas” recuperando la palabra de sustitución “buceo”, “chocolate”, “frío” (Benoit y Anderson, 2012).

Los resultados indicaron que cada mecanismo, sustitución y supresión, activan unos circuitos neuronales distintos. En este sentido, cuando se suprime un recuerdo, se origina una perturbación de los procesos mnemotécnicos debido al córtex prefrontal dorsolateral, que impide la actividad del hipocampo, región cerebral que es fundamental para recordar sucesos anteriores (Benoit, 2012).

En cambio, cuando se sustituyen unos recuerdos por otros, se ven involucradas dos zonas del cerebro, específicamente, el córtex prefrontal y el córtex midventrolateral prefrontal, los cuales funcionan para traer determinados recuerdos a nuestra conciencia al mismo tiempo que “eliminan” los indeseados. En esa sustitución de los pensamientos intervienen dos elementos: un recuerdo sustituto, que va a ser recuperado, y otro que desagrada a la persona.

Cabe destacar que las dos estrategias de olvido (supresión y la sustitución) resultaron igualmente adecuadas al momento de deshacerse de los recuerdos porque “se trata de dos mecanismos que ayudan a mejorar el control mnemotécnico de asociación mental para recuperar los recuerdos”, señala Benoit (2012).

Finalmente, conocer que diferentes procesos favorecen el olvido de los recuerdos puede ser útil “porque ahora sabemos que a la gente, de forma natural, se le da mejor un mecanismo u otro” (Benoit, 2012). Por tanto, a partir de estos resultados se podrían desarrollar tratamientos de problemas de salud mental relacionados con la regulación deficiente de la memoria, como ocurre después sufrir un traumatismo craneoencefálico (Benoit, 2012).

Fuente artículo: https://www.isep.es/actualidad-neurociencias/el-olvido-un-proceso-voluntario/

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