El Paradigma Marxista en las Relaciones Internacionales

Por: Franklin González

Este ensayo es la actualización del que fuera publicado en Revista de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Nro. 3, en Noviembre del año 2001. Ahora lo publicamos de nuevo en momentos en los cuales la derecha se afirma más en sus concepciones y en su ontología y muchos sectores de la izquierda se van desdibujando y no quieren, ni por asomo, acercamiento alguno con los postulados planteados por Carlos Marx.

Este ensayo lo inscribimos en el contexto de una reivindicación de esos postulados marxistas y en este sentido haremos las reflexiones que se desarrollan a continuación, sobre todo cuando la existencia de la lucha de clases está más vigente que nunca en el campo internacional..

UN ABREBOCA

Frecuentemente se ha intentado probar o refutar la validez científica de los paradigmas en el estatuto de las ciencias sociales. El del post-modernismo levantó la bandera de “la crisis de los paradigmas” y del “vale todo”. Los cambios son tan bruscos que algunos sostienen que ya ninguna perspectiva teórica puede dar respuestas y que las respuestas científicas a los problemas que padece hoy la humanidad está también en crisis. La realidad es tan compleja que parece no aceptar reflexiones teóricas. Las teorías han quedado a la zaga y ninguna puede dar cuenta, por sí sola, del inmenso “huracán” que estremece los cimientos de la realidad fundada en los postulados de la ilustración y del occidentalismo. Estas reflexiones parecen ser la onda que cruza en los actuales momentos en los círculos académicos de las ciencias sociales por doquier.

No obstante, las disputas teóricas-metodológicas no se resuelven acudiendo a los “modismos” del momento ni mucho menos dirigiéndose inmediatamente a la “esencia de las cosas”. Es necesario, como paso previo, examinar la consistencia interna que funda cada paradigma, en cuyo lenguaje se nos transmite el conocimiento de la realidad

No existe una única lógica y, por tanto, no se puede postular un único método válido. En el ámbito formal todas las certezas pueden ser demostradas empleando lógicas; no hay lenguaje formal bien construido que carezca de un metalenguaje.

Ahora bien, la elección de una u otra lógica como lenguaje adecuado para la construcción de una ciencia social, no es una decisión indiferente. En sociología, por ejemplo, se utilizan distintas lógicas: la estructural-funcionalista, la empirista, la pragmática, la positivista y la dialéctica.

En el caso particular de las Relaciones Internacionales destacan los paradigmas realista e idealistas y sus versiones actuales: neorrealismo y neo idealismo. Sin embargo, existen otros paradigmas como, por ejemplo, el marxista, que se engloba en las llamadas teorías críticas, también el constructivismo, el estructuralismo y posestructuralismo.

En esta oportunidad examinaremos los fundamentos internos de la disciplina científica que considera el paradigma marxista como el pertinente para explicar la naturaleza de las Relaciones Internacionales de hoy. En este sentido, escudriñamos sus elementos “aparenciales” y “esenciales” para, posteriormente, hacer un ejercicio hermenéutico de aplicación a realidades muy concreta

EL MÉTODO DIALÉCTICO MARXISTA

La dialéctica permite “descubrir”, por un lado, el cambio que opera el conocer sobre el objeto conocido y, por otro, el objeto conocido sobre el conocimiento, todo lo cual configura la lógica adecuada para la praxis.

Esa lógica que fundamenta el método dialéctico nada tiene de revolucionaria. Es la misma aceptada en las ciencias naturales y humanas durante muchos años, hasta la canalización por el nominalismo del principio de no-contradicción. La dialéctica, como lógica aristotélica, deriva el principio de identidad del principio de no-contradicción.

El principio de no-contradicción plantea:

  1. a) El pensamiento progresa encontrando lo que opone a las categorías;
  2. b) Ahora bien, dos determinaciones atribuidas a una misma cosa no deben coexistir (en el pensamiento) cuando se pueda probar (en la realidad) que la existencia de la primera determinación no es compatible con la segunda.

De eso se deduce, que el pensamiento descubre la contradicción, aunque no puede probar su existencia hasta que no ha llevado a cabo el recurso a los hechos concretos que ocurren (en el presente o en el futuro).

Las características de esta lógica son:

1) El criterio de construcción del saber(a) es formal y no material (está a nivel de la génesis del conocimiento y del saber y no a nivel de la manifestación sensible de los objetos reales). La construcción del saber radica en el movimiento del pensamiento, único que pueda proponer contradicciones lógicas, porque si la realidad prueba la no-contradicción, no la muestra.

2) El criterio de verificación existencial (b) es material y no formal (está a nivel de los objetos reales y no a nivel de las relaciones entre los determinantes).

  1. a) Relación Sujeto Cognoscente y Objeto Cognoscible.

La organización y el cambio social dependen progresivamente de la acción del hombre. En consecuencia, el contenido y la forma del saber sobre la sociedad, también dependen cada vez más de la práctica. El propio conocimiento es una práctica social cuya actividad no se limita a la contemplación de las cosas, en tanto que está interesado en controlarlos. La verdad de la interpretación teórica de la realidad social termina demostrándose en la práctica.

Para Marx el conocer objetivo sobre la sociedad es un saber interesado, porque en la mediada que sirve de guía para la acción social, compromete la existencia social del propio sujeto cognoscente. El problema de la objetividad del conocimiento no puede ser abordado excluyendo de la actividad práctica a todo sujeto. La identificación entre conocimiento objetivo y “demostración” del sujeto cognoscente es una actitud empirista “origen de la conciencia cosificada de la sociología”. (El sujeto que conoce la sociedad es, al mismo tiempo un actor histórico social, porque con su actividad crea el objeto mismo de la sociología: la sociedad).

Para la dialéctica, el conocimiento contemplativo de la sociedad (es decir, aquel que no trata de verificar en sus consecuencias para la transformación de la sociedad) es un conocimiento que carece de objeto, y por lo tanto, de posibilidad de ser falsificado. En este sentido, vale la afirmación: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (1) De otra forma se podría decir: es posible conocer el propósito de la sociedad porque el hombre puede transformarla aplicando ese conocimiento al cambio de la sociedad.

La concepción de Marx renuncia:

1) A descubrir la realidad tal y como debería haberlo sido, con lo cual se racionaliza la sociedad y se hace lógica de la historia;  2) A aceptar la realidad social tal cual es, con lo cual se trasforma el estado social presente en normativo y se narra al acontecer sin valorarlo, actitud que impide captar lo objetivo de lo accesorio.

El conocimiento para Marx no privilegia el deductivismo (2) ni el inductivismo, sino que plantea que ambos contradictoriamente lo generan o producen. Por tanto, no es primero el sujeto cognoscente y después el objeto cognoscible, ni viceversa. En las ciencias sociales, el sujeto cognoscente es parte del objeto de estudio y se encuentran en una relación dialéctica (contradictoria) permanente.

  1. b) Totalidad – Partes y Relaciones

Karen Kosik, en el texto Dialéctica de lo concreto (3), distingue a menos tres concepciones de la totalidad y muestra que cada una de ellas ha dado origen a una epistemología distinta:

1) La concepción atomístico-racionalista. Procede de René Descartes y, a través de Ludwig Wittgenstein, ha llegado a la sociología empírica americana. Concibe el todo como totalidad de los elementos y hechos más simples.

2) La concepción organicista, nacida de Thomas Malthus, y transmitida por Herbert Spencer y Emilie Durkheim a los distintos funcionalismos, formaliza “el todo” y afirma la posibilidad del todo como “suma de las partes”.

3) La concepción dialéctica, originaria de Friedrich Hegel y difundida por Carlos Marx al historicismo marxista italiano, freudo–marxismo de la escuela critica alemana, logomarxismo de la escuela de Ginebra, marxismo estructural francés y marxismo lingüístico polaco, concibe la realidad como un todo estructurado y concreto que se desarrolla.

Kosik afirma que el punto de vista dialéctico de la totalidad concreta no tiene nada que ver con la totalidad holística, organicista y racionalista, métodos que hipostasian el todo sobre las partes y efectúan la mitologización del todo.

El conocimiento actúa siempre separando los hechos de sus contextos, escindiendo en partes la totalidad, luego trata de reconstruir, con los hechos previamente escindidos, una sistemática dotada de sentido cualitativamente distinta a la totalidad inicial. La dialéctica no niega el valor heurístico de las categorías abstractas deificadas por el conocimiento; les niega en cambio su pretensión de verdad absoluta y de eternidad histórica (universalidad).

Ejemplo, el valor de cambio. Esta es una categoría abstracta de la que Marx hace, sin embargo, la llave maestra para penetrar en el funcionamiento real del sistema de mercado:

-El tiempo de trabajo (que determina el valor de cambio de las mercancías en el mercado) no es el tiempo de trabajar vivo incorporado en los productos, tiempo individual gastado por cada trabajador, sino el promedio de tiempo de trabajo socialmente necesario en cada momento.

-El valor de cambio (tiempo de trabajo promedio socialmente necesario para producir el objeto), es una abstracción, algo meramente pensable y, sin embargo, tiene una función social objetiva como medida universal del valor de los productos en el mercado.

-Según la ley general de economía (capitalista), el trabajo se hace cada vez más productivo, o si se quiere, se realiza cada vez en menos tiempo promedio; dicho en otros términos: el tiempo de trabajo vivo, incorporado al producto (tiempo requerido en el momento X para producir la mercancía), se desvaloriza sin cesar con el paso del tiempo.

-El trabajo que fija el valor de cambio es, pues, trabajo general abstracto. La reducción del trabajo concreto al trabajo abstracto se presenta como una abstracción, pero es una abstracción que ocurre diariamente en el proceso orientada a la acumulación del trabajo excedente bajo la forma de valor para la capital.

  1. c) De los abstracto a lo concreto

Para Marx lo concreto es la unidad de la diversidad. Es por eso que aparece en el pensamiento como proceso de síntesis y como resultado, y no como punto de partida; haciendo, sin embargo, la salvedad que es el verdadero punto de partida de la intuición y de la representación. En las palabras de Marx sería: “El todo, tal como aparecen en nuestra conciencia, como una totalidad pensada, es producto de nuestro cerebro que se apropia del mundo de la única forma que le es posible, pero un modo que le es distinto a la manera de apropiación religiosa, practica espiritual de ese mundo” (4).

Aplicando la hermenéutica digamos que es el movimiento del pensamiento que se eleva de lo concreto a lo abstracto y de lo abstracto a lo concreto, es el último momento el esencial para llegar al conocimiento teórico del mundo. Es el método científico más correcto y es aquel en el cual: “las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por la vía del pensamiento. Es un método específico, que es para el pensamiento la única manera de apropiarse de lo concreto (5).

De reproducirlo bajo la forma de un pensamiento concreto, sería el método que permitiría al teórico resolver su problema capital: la transformación en conceptos de todos aquellos datos aportados por la intuición y por la representación.

Lo que Marx entiende por concreto no es una simple imagen de la intuición, o la forma sensible del reflejo del objeto en la conciencia. De igual manera, lo abstracto no hay que concebirlo como un mero proceso de abstracción de espíritu.

La abstracción –según Marx– es una síntesis mediante la cual, el teórico reconstruye el mundo a través del pensamiento. El científico lo que hace es reproducir el mundo en conceptos (abstractum), pero tales conceptos no son sino aspectos mentales singulares de la realidad (concentrum).

Cada abstracción representa retratos, copias mentales de momentos particulares de la realidad objetiva misma.

Las definiciones usadas por la ciencia son todos resultados del movimiento de lo concreto dado en la representación hacia las abstracciones más depuradas. Es decir, la ciencia parte de lo real y lo concreto y este proceso conduce primero a las abstracciones, y de estas abstracciones se llega a un sistema, a una síntesis, a una combinación de abstracciones que dan lugar u originan una teoría. Así nace la ciencia, puesto que esta parte de la realidad y luego por un proceso de abstracción, la cual realiza el investigador científico, construye un aparataje conceptual que no es otra cosa que un sistema ordenado según ciertos principios referidos a una región óptica determinada.

En toda investigación teórica hay que buscar convertir la totalidad de la concreción real a su expresión conceptual abstracta mediante un sistema científico.

Elevarse de lo concreto a lo abstracto y de lo abstracto a lo concreto, son dos formas que se relacionan de manera reciproca y es el proceso mediante el cual el investigador se apropia teóricamente del mundo. Si no se procede de esta forma estaríamos en presencia de un procedimiento de tipo escolástico, de abstracciones sin sentido, vacíos de significados, algo totalmente metafísico.

La dialéctica de Marx indica la unidad de los contrarios. Ninguna generalización tomada aislada, atomizada, tiene sentido, sino a condición de considerarlo como un paso previo para la aprehensión concreta de la realidad por un camino que vaya del reflejo abstracto del objeto del pensamiento, hasta su expresión cada vez más concreta en el pensamiento.

El método dialéctico de Carlos Marx considera lo abstracto como un medio, un instrumento propio del proceso teórico. El fin es la reproducción de lo concreto en el pensamiento que determina el rasgo específico y la importancia de cada acto de generalización tomado por separado. Ahora bien, lo concreto en el pensamiento, en concepto, no es un fin en si mismo, sino que conduce a la teoría y esta tomada en su conjunto como un sistema, no es más que el medio que conduce a la consecución de la transformación del mundo. Pero no la teoría por si misma, sino que ella permite el paso a la práctica; y este proceso teoría–práctica, se puede considerar como el paso de lo abstracto a lo concreto; y, visto de esta manera, ya la praxis lograda en esta forma no es un remedio, sino un fin en sí misma.

Cada elaboración teórica, cada generalización, tiene que ser confrontada con las indicaciones de la practica y, a la vez, son devueltas a éstas como la meta suprema de la actividad teórica. Ahora bien, cada paso de este análisis, cada acto de la reducción de lo concreto a lo abstracto, debe tener en cuenta desde el principio “el todo” (la totalidad) que envuelve la representación, la intuición viva y cuyo reflejo es la meta última del trabajo teórico.

EL MARXISMO COMO PARADIGMA EN EL ESTUDIO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES

El marxismo como teoría y metodología, se considera un paradigma en el estudio de las Relaciones Internacionales, en tanto supone la superación de la tradicional concepción estatocéntrica existente en esta disciplina. A partir de la categoría clase social como actor transnacional, de la noción de la lucha de clases y de la existencia de las contradicciones, se introduce una nueva manera de enfocar los asuntos en la arena internacional.

Este paradigma parte de afirmar que el carácter de la propiedad privada de los medios de producción y las relaciones de producción asociado a ello, determinan las características de la sociedad, lo cual supone superar la división entre la sociedad nacional y la internacional, y considerar el mundo más que dividido en Estados, dividido en clases antagónicas.

En ese sentido, el marxismo más que considerar el Estado como el centro de las relaciones Internacionales, presenta su propia metodología de análisis, cual es el materialismo histórico, utilizando la dialéctica como una forma lógica y como instrumento crucial en el análisis de la sociedad.

El planteamiento marxista, tiene un contenido revolucionario por cuanto ignora los postulados tradicionales de la disciplina y de la teoría de las RI.

¿Cuáles son los aspectos a resaltar del paradigma marxista?

  1. Su consideración sobre que es la clase social y no el Estado actor clave de las RI. Y la unidad de análisis de los mismos. El Estado es un efecto de las clases sociales, tiene una existencia terminal en el tiempo, nació en un momento (con la desaparición de la comunidad primitiva) y morirá en otro (cuando exista la sociedad comunista), no es la causa. Es un instrumento de la clase que domina en términos económicos. El Estado es un actor secundario, producto de las relaciones antagónicas entre las clase sociales, lo cual no supone desconocer su papel en la política internacional.
  2. El nivel de análisis sería el de Sociedad Mundial, es decir, se parte del concepto de totalidad como unidad de los fenómenos de la realidad social considerada globalmente. Desde el punto de vista del materialismo histórico toda realidad responde a un momento histórico, toda realidad responde a un momento histórico. Por ejemplo, el capitalismo nace después de la disolución del modo de reproducción feudalista, cuyas manifestaciones históricas más importantes la constituyeron la Revolución Industrial Inglesa (1740 – 1850), que le dio las bases materiales a esa nueva sociedad, y la Revolución Francesa de 1789, que le dio el andamiaje político – jurídico e ideológico.
  3. Su perspectiva es dinámica y progresiva, proporcionando una teoría de la transformación, que falta en las mayorías de las concepciones teóricas de las RI. Mientras que las teorías tradicionales se aferran al mantenimiento del status quo (Según Robert Cox, las teorías de resolución de problemas) dado su carácter estatocéntrico, donde los estados buscan el poder en un juego eterno, el marxismo ve a la sociedad en perpetuo cambio, en constante transformación (Según Robert Cox, las teorías críticas, de cambio).

El análisis de Carlos Marx se basa en la contemplación de la realidad social como un todo divisible en el que se distinguen los fenómenos esenciales: la infraestructura, esto es, el Modo de Producción y la superestructura, esto es el terreno de la política, de la religión, de lo jurídico y de lo ideológico.

En el capitalismo, los Estados son instituciones al servicio de la clase que domina, es decir, la burguesía. Una sociedad internacional en que los actores son las clases sociales, las RI se encuentran caracterizadas por la lucha de clases. Es conocida la afirmación que en la misma medida en que sea abolida la explotación del hombre por el hombre, en esa misma medida será abolida la explotación de una nación por otra. Al mismo tiempo, que el antagonismo de clase al interior de las naciones desaparecerá y con ello la hostilidad de las naciones entre sí.

El paradigma marxista como escuela en las Relaciones Internacionales no es homogéneo. Existe la Teoría de la Dependencia muy conocida en América Latina, para quien la economía internacional más que estar compuestas por una cantidad determinada de naciones –que lo está- compitiendo en igualdad de condiciones, se encuentra dividida en dos conjuntos de estados antagónicos, dentro de un patrón de competencia interestatal que claramente favorece a un grupo a expensas de otro. Para esta teoría el mundo se encuentra dividido entre un norte explotador, integrado por los países más desarrollados, en todos los campos; económico, tecnológico, científico, etc. Son los denominados países del Centro. En otro extremo se encuentra el grupo de países denominados del Sur, los explotados, integrado por las naciones menos desarrolladas y conocida por la jerga de los dependentistas como Periferia. Esta relación de explotación es histórica, viene desde la época colonial, cuando se instaló la primera división internacional de trabajo, que ha implicado una situación donde el Norte se concentra en la producción y exportación más lucrativa, en la tecnología de alto costo y en la manufactura de los productos, mientras que el Sur se ha concentrado en la producción y exportación de materias primas de precios relativamente bajos y de productos agrícolas, commodities y productos no determinados. Entre el Norte y el Sur se establece un intercambio asimétrico y desigual, lo cual explica la existencia de países ricos y países pobres. También se encuentra la corriente marxista que plantea la concepción de Sistema-mundo (Immanuel Wallerstein), que concibe igualmente que la economía global esté constituida por un centro y una periferia. No obstante, en este caso no se trataría de un enfrentamiento entre los Estados ricos y pobres, sino como una contienda entre las clases ricas y las pobres dentro de una sociedad mundial. En lugar de considerar las relaciones económicas internacionales como interacciones entre los Estados controlados por los gobiernos nacionales, esta concepción pone énfasis en las interacciones entre actores no estatales, es decir, entre las élites económicas y quienes no lo son, las cuales con frecuencia trascienden las fronteras nacionales. El enfoque Sistema Mundo argumenta que la economía internacional está configurada no por los intereses nacionales sino por las élites económicas en varios países, particularmente en las sociedades capitalistas desarrolladas, que compiten entre sí por la acumulación de la riqueza. En general, se supone que los gobiernos nacionales son los instrumentos de las élites económicas; sin embargo, pueden originarse conflictos entre los liderazgos de los ámbitos económicos y políticos. En lugar de los lugares claves para la toma de decisiones de carácter económico sean las capitales nacionales (Por ejemplo, Washington, Paris, Berlín, Tokio, etc.), son las capitales financieras los centros de poder (Por ejemplo, Nueva Cork, Toronto, etc.); en ciudades como Londres, Paris y Tokio, las capitales políticas y las capitales económicas coinciden. Estas tres ciudades están entre una docena de “ciudades globales”, que son, “los centros de comando y control” de la economía mundial. Donde se encuentran las sedes principales de las grandes corporaciones multinacionales y los bancos de mundo.

La red compuesta por las grandes ciudades globales del mundo constituye el corazón de la economía. Las ciudades vecinas, las aldeas y las áreas urbanas del mundo constituyen las semiperiferia y la periferia, y de ellas la riqueza “fluye paulatinamente” hacia las masas en forma cada vez más lenta a medida que se va alejando de las ciudades globales

De todo lo dicho con respecto a las Relaciones Internacionales, cabrían las siguientes interrogantes:¿Existe o no una lucha de clases en el campo internacional? ¿O sólo es una lucha entre los Estados?

DE LA TEORÍA A LA REALIDAD

En esta parte y como guía para analizar el mundo de hoy, realizaremos un ejercicio de hermenéutica marxista aplicada puntualmente a algunos hechos y  variables propias del análisis socioeconómico a totalidades concretas.

La crisis actual del capitalismo

El análisis que recurrentemente se hace en relación a la crisis capitalista, está referido a su carácter, causas, consecuencias, responsables y salidas.

En este contexto, se encuentran quienes sólo hablan de que se está en presencia de una crisis coyuntural, sectorial, esto es, financiera y bancaria, constituyéndose en una especie de disfuncionalidad, que bien monitoreada serviría para catapultar al sistema capitalista.

Por otro lado, también se encuentran quienes sostienen que ésta no es una crisis puntual, coyuntural o sectorial, aunque tenga expresiones muy concretas. Se trata ciertamente de una crisis financiera, bancaria, hipotecaria, pero también es una crisis ambiental, energética, alimentaria, en definitiva, estamos en presencia de una crisis sistémica que atraviesa al modo de producción capitalista, en tanto todo lo ocurrido está asociado a un modelo de acumulación, que busca ampliar sus ganancias a través de todos los mecanismos, incluidos los que rayan con la inmoralidad y la especulación.

Para quienes hablan de que esta es una crisis disfuncional, lo importante es ubicar el origen del problema -la falta de liquidez, regulación y control del sistema financiero y bancario- por tanto, deben entonces tomarse las medidas pertinentes, por ejemplo, auxiliando las instituciones financieras y reorganizando las instituciones estatales de regulación y control. Es una visión que pone el énfasis en las causas y consecuencias, pero que incluso busca salidas con la participación de quienes sin duda alguna han sido responsables de tal situación.

Mientras que al considerarse que esta es una crisis sistémica, se busca ubicar por un lado, el origen, las causas y se intenta precisar las más importantes consecuencias, pero a la hora de hablar de las salidas no pueden dejarse de lado a los responsables del desastre económico y social, porque no es una cuestión simplemente de control y regulación, se trata de un modelo económico que aunque busca reinventarse, las secuelas que ha venido dejando en todos los campos son insalvables en el marco de ese mismo modelo de acumulación. Los despilfarros de bienes, tierras, deterioro del medio ambiente, necesitan de un tratamiento más allá de las ansias de acumulación de pocos; hace falta pensar en las mayorías nacionales.

Tanto Joseph Stiglitz (2012) como el Thomas Piketty (2014) en los textos El precio de la desigualdad y El capital en el siglo XXI, respectivamente, coinciden en afirmar que el capitalismo avanza por un crecimiento brutal de la desigualdad en las últimas décadas producto de la concentración salvaje de riquezas y pronostican un camino no sostenible de continuarse por esta vía.

Ahora veamos lo que plantea Carlos Marx.

Marx logra de alguna manera desentrañar el problema de la disposición de las categorías que identifican elementos comunes y específicos en el transcurso de la historia en su análisis de la sociedad capitalista. Nos manifiesta que, pretender interpretar el “todo social” desde lo aparencial, lo que se nos muestra en la superficie social, es decir, desde lo “concreto real” (las manifestaciones empíricas de la crisis inflación, PIB, desempleo, ingreso nacional, etc.), imposibilita per se un conocimiento real del objeto de estudio. Proceder de esta forma, aislando lo real del conjunto, mostrando un inventario de “variables” o indicadores que no hacen otra cosa que evidenciar la crisis, que por lo demás, ningún sector social o sujeto social pone en duda, no permite aclarar el porqué de la situación actual. Seguir un camino así significa partir de una representación “caótica”  y no precisa las conexiones internas de estas “partes” con el proceso del trabajo capitalista.

Si, por el contrario, se realiza un análisis más profundo del problema, cada una de estas manifestaciones empíricas de la crisis revelaría una serie de relaciones y vinculaciones comunes, simples o generales con, por ejemplo, trabajo asalariado, valor, etc., y ello, a  su vez, con el conjunto de factores que participan en la producción capitalista para una perspectiva empírica o aparencial, el esfuerzo intelectual se desvanece en mera identificación de categorías cada vez más simples (abstractas) sin conexión con el contexto que lo “sustenta” en tanto no sigue un orden lógico-histórico en la trayectoria del pensamiento para reconstruir las determinaciones y las relaciones que encierra cada concept

Cuando se trata de un análisis de la crisis de acuerdo con el paradigma de Marx, partir de lo que está a simple vista en las relaciones de producción, conduce necesariamente a abstracciones puras, sin sentido de sus mediaciones en el marco de la lógica capitalista de producción.

Dentro de un discurso basado en consideraciones empiristas o en simples manifestaciones de la crisis, sin relación con el resto de las “partes” del “todo”, podremos estar en presencia de la identificación de un conjunto ciertamente de efectos, pero no muestran ninguna vinculación orgánica con la dinámica que rige las relaciones de producción capitalistas. Por esta vía se reduce el fenómeno en cuestión a simples desajustes circunscritos al ámbito de la circulación sin dar cuenta del movimiento dialéctico de una totalidad económica integrada, que no es mera suma de partes, sino unidad de mediaciones de los distintos momentos que participan del ciclo económico.

Acudir a este tipo de interpretación, implica mostrar elementos como imponderables del proceso de producción, sin ningún tipo de casualidad interior, con lo cual asistimos entonces a una especie de fenómeno social natural, obviando de esta manera, el todo orgánico, la historia y el devenir de la lógica capitalista.

Intentar la explicación de la crisis a la luz de ciertas variables o indicadores económicos sin antes precisar el conjunto de relaciones y determinaciones de la dinámica que identifica la producción capitalista, sólo conduce a un sendero especulativo y superficial del conocimiento por cuanto se hace una valoración causal del fenómeno sin ninguna articulación con las distintas instancias que conforman la producción del capital.

Si partiéramos de lo aparencial (La recesión, el desempleo, la inflación, etc.) sólo tendríamos una aproximación ligera del todo, por cuanto obviamos los múltiples elementos que participan en la configuración de la crisis como fenómeno característico de las relaciones y las determinaciones de la economía capitalista.

“El método científico concreto” (Marx), es aquel que se proyecta desde la categoría más simple (valor, trabajo, intercambio, etc.), hasta llegar a las manifestaciones empíricas (concretas), expresión de múltiples relaciones y mediaciones históricamente determinadas. Lo correcto sería, de acuerdo a Marx, establecer un recorrido en el proceso de conocimientos que se desprenden de lo simple a lo complejo.

En la forma empírica del conocimiento se está en presencia de un laberinto de abstracciones vacías en tanto no se consigue fijar las determinaciones que las definen. En el método dialéctico del conocimiento, el pensamiento es puesto en función de la identidad real al tomar como punto de partida las categorías abstractas para alcanzar la representación de lo concreto de la única manera posible, esto es, a través de la asimilación, en el proceso del conocimiento, de la forma como se constituye lo concreto pensado o lo inmediatamente perceptible al campo de los sentidos.

En otras palabras, se trata de reproducir en el pensamiento “lo concreto como síntesis de múltiples determinaciones”, como expresión última del movimiento dialéctico que tiene lugar entre los distintos factores que participan del desenvolvimiento social-resultado- y no como punto de partida, tal cual como pretende el análisis superficial de la realidad social.

-Los sucesos del 27 y 28 de febrero de 1989.

Analizar un hecho coyuntural como los sucesos del 27 y 28 de febrero de 1989 en Venezuela para el paradigma marxista, supone recurrir a un conjunto de explicaciones, razones y consecuencias distintas radicalmente a las especulaciones abstractas incluso, a los mitos que se esbozaron en un momento, para tratar de dar cuenta de este “acontecimiento” que estremeció los cimientos de la sociedad venezolana.

Analizar los hechos del 27 y 28 de febrero de 1989 con el método dialéctico marxista, implica inscribirlo en el contexto de una sociedad capitalista donde tuvo lugar una lucha de clases, a veces velada, a veces manifiesta, pero que, en todo caso, estuvo presente a su interior. Los sucesos del 27 y 28 de febrero fueron una forma de esa lucha de clases, aunque sin mayor organización y sin mayor precisión de quiénes eran los enemigos de la clase.

Dentro de ese contexto, habría que descifrar científicamente lo que ocurrió el 27, 28 y días posteriores. Las características de la protesta, las semejanzas nacionalmente y particularidades en cada lugar o sitio del territorio venezolano. Inmediatamente habría que dar cuenta de las causas estructurales e históricas que posibilitaron dichos estallidos: las relaciones de producción existentes, el modelo de acumulación que había orientado las políticas económicas implementadas en más de treinta años de “democracia representativa”, las características de la industrialización “adoptada” o “inducida” para Venezuela que, de alguna manera, asentaron los problemas generados (inflación, desempleo, marginalidad, desnutrición, delincuencia, etc.); de manera tal, que no sólo fueron consecuencia, sino que se convirtieron en causa de una crisis padecida por la sociedad venezolana en todas sus “partes” (economía, social, política, cultural, en el modo de vida, etc.)

Posteriormente, debe conjugarse lo estructural a la luz de lo coyuntural, dándole la importancia que este último requiere. En este sentido, habría que dar cuenta de las políticas económicas, el despilfarro del dinero público, el engaño permanente, las manifestaciones populares, el aumento de la incredulidad en el bipartidismo y la aplicación en forma de “shock” de un conjunto de medidas económicas, como el aumento de la gasolina y, por esa vía, del transporte colectivo, sin previamente “sensibilizar” a la población para ello y sin una contraparte social. Todos estos constituyeron factores que, conjugados con los estructurales hicieron posible este estallido social de la manera y con los medios en que las condiciones lo permitieron.

Por último, es pertinente hacer referencia a las consecuencias económicas, políticas y sociales de tales acontecimientos; sobre todo, en la perspectiva de que no se trate de “interpretar” la realidad, sino de transformarla.

-Variables

Asumir el estudio de una totalidad concreta desde el paradigma marxista, supone la utilización de un conjunto de categorías que son pertinentes al interior del mismo y que plantean un análisis muy particular distinto al abordaje desde un paradigma funcionalista, empirista o positivista, que trataría como trasfondo el mantenimiento de las relaciones de producción existente, aunque no se niega la dinámica de los cambios.

Tómese cualquier país capitalista y se podrá constatar que desde el punto de vista del método dialéctico, constituye una totalidad abstracta y concreta. Abstracta, como “unidad” de conocimiento que puede ser abordada a partir del conjunto de categorías y conceptos que son propios del status epistemológico marxista. Concreta. Porque constituye un sistema social histórico muy específico con sus particularidades y su funcionamiento (Un país, una nación, por ejemplo).

Así estaríamos en presencia de una totalidad concreta en paso a la totalidad abstracta (las categorías del análisis del paradigma marxista en términos del capitalismo como modo de reproducción). Esa totalidad es el resultado del conjunto de relaciones contradictorias entre las partes que la constituyen: lo económico, lo social, lo político, lo cultural, lo ideológico, etc. Esta realidad u objeto de estudio, puede tener infinitas partes en tanto ella misma es infinita. Se trata en este caso de “adecuar” o de “utilizar” el método dialéctico aplicado por Marx en el abordaje del estudio de esa realidad socioeconómica a partir de un conjunto de variables. Por ejemplo, el Producto Interno Bruto, que busca medir el comportamiento de esa economía; el ingreso nacional que intenta explicar social y económicamente el bienestar de los habitantes de esa realidad y el desempleo como un “fenómeno” social estructural al modo de producción capitalista; en fin, son elementos “partes” estructurales del “todo” social capitalista. Para ello, el método dialéctico de Marx plantea un conjunto de categorías de análisis.

En el caso del producto Interno Bruto (PIB), se trataría del conjunto de bienes y servicios producidos por un país en un año determinado. Podríamos decir que, comparando un año con otro, se estaría en presencia de un crecimiento o retroceso de una economía. Si hubo crecimiento se puede entonces afirmar que la economía es prospera y, por tanto, el país globalmente marcha a buen ritmo. Esto es lo que aparencialmente se informa a través de las instituciones oficiales como aspecto fundamental de comportamiento de una economía, incluso, se puede llegar a constatar con el crecimiento de la población y derivar algunos análisis de tal comparación; pero todo esto se hace al margen o por encima de las clases sociales, de la distribución de esos bienes y servicios desigualmente, de acceso y de la distribución de los mismos; en fin acudir a una análisis bajo el paradigma marxista, implica ir mucho más allá de lo aparencial que sería valido científicamente, en tanto podría ser el punto inicial.

No obstante, no se entenderían y mucho menos se comprendería la “esencia de la cosa” si esta variable económica no se contrasta con otras variables sociales sobre la cual incide negativamente, incluso, estando en presencia de un resultado positivo del PIB en un año determinado. Esto ocurre con mucha frecuencia en América Latina, donde el PIB crece pero se distribuye desigualmente y además crece también la pobreza en general.

Con Carlos Marx se diría: “La población es una abstracción si dejo de lado, por ejemplo, las clases de las que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra vacía si desconozco los elementos sobre los cuales reposan; por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el cambio, la división, el trabajo, los precios etc. El capital, por ejemplo, no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etc.” (6).

El Ingreso Nacional (IN), es una variable que en las cuentas nacionales se toma para indicar la cantidad de divisas que recibe un país por concepto de las exportaciones que realiza y también indica los ingresos que recibe el fisco nacional por otros conceptos de orden interno, todo esto se expresa en moneda nacional. En caso de cualquier nación se trataría de la cantidad en dinero que obtiene y que expresado en dólares, por ejemplo, significa igualmente, una determinada cifra, digamos 100.000 millones de dólares anuales; luego, se precede a realizar una operación muy simple que significa, dividir dicha cantidad por el número total de la población y con ello se obtiene entonces el ingreso per càpita, dándose una información que siendo cierta aparentemente “encubre” el análisis real de esa sociedad

Esto es, en esa sociedad no todos reciben la misma cantidad de ese ingreso; hay unos, la minoría pudiente, los de la clase alta, que obtiene la mayor “tajada”. Otros, la inmensa mayoría, los que menos tienen, los de la clase trabajadora en general, obtienen la menor “tajada”, con lo cual estamos en presencia de una injusta distribución del ingreso nacional, y lo peor, es que eso es cada vez más regresiva e injusta. El capital se apropia tendencialmente del mayor porcentaje.

Ya Marx había previsto esto y lo que está a nivel de lo abstracto no es sólo una verdad cognoscitiva, sino que la realidad (la totalidad concreta) no hace otra cosa que verificarlo. En otros términos. El criterio de la construcción del saber es formal, radica en el movimiento del pensamiento pero al mismo tiempo, el criterio de verificación asistencial es material en tanto se encuentra al nivel de los objetos reales.

Hablar en términos del paradigma marxista del ingreso nacional, dice muy poco, si no se relaciona dialécticamente con la población, con las clases sociales, con el acceso a esos ingresos, con el poder económico que se tenga, con su pertenencia al sector del capital o del sector trabajo, en fin, es una madeja de relaciones contradictorias entre estas partes, sus cualidades y el todo, y su resumen cualitativo.

En cuanto al desempleo, digamos que al cierre de cada año, los gobiernos anuncian las cifras de desempleados en ese país de acuerdo con los estudios que realizan los organismos encargados para ello. Generalmente estos anuncios encuentran respuestas negativas de algunas instancias organizativas de la sociedad civil. Y ciertamente, debe decirse que esas cifras –en frío– pueden indicar una disminución, tanto en términos porcentuales como absolutos del desempleo. Sin embargo, estos datos “encubren” una realidad mucho más profunda que lo anunciada.

No se dice que las cifras esbozadas hacen referencia al desempleo abierto y no al desempleo “disfrazado” que en una sociedad en crisis, significa el problema de mayor urgencia del comportamiento de la fuerza de trabajo.

Si sólo se acude a lo empírico, a lo aparencial de los que se presenta como lo real -sin serlo-, se realizaría un análisis simple, superficial, que teniendo elementos de verdad, no internalizan o profundizan el objeto de estudio.

Si se acude a un análisis con el método dialéctico, se tendría que, no sólo contrastar la cifra de la oficina gubernamental encargada de dar esos datos, con la realidad; precisar si hubo aumento en los niveles de desempleo abierto, a qué se debió. También sería necesario relacionar contradictoriamente estas cifras con el desempleo “encubierto” donde se “refugian” o se dirigen quienes son despedidos por múltiples razones, o no encuentran empleo directamente, ni en la administración pública ni en la empresa privada. Esto es lo que hasta ahora se ha conocido como subempleo, es decir, formas de empleo totalmente inestables desde el punto de vista de los ingresos, de los beneficios y de la estabilidad.

En términos más precisos, los subempleados se han denominado sociológicamente como informales en contraste con el sector formal. Allí se encuentra los buhoneros, perrocalienteros, plomeros, albañiles, etc., que no se rigen por ninguna legislación laboral y cuya situación socioeconómica mayoritariamente es de total indigencia.

Luego se debe relacionar dialécticamente la variable empleo con el producto interno bruto, con la inversión pública y privada, con los precios de los hidrocarburos, etc., a fin de tener un conocimiento mucho más complejo del todo social.

Si así se procede, se estaría en presencia de un análisis que da cuenta de las múltiples determinaciones de la realidad socioeconómica y los datos sobre desempleo, no sólo seguramente estarán muy por encima  de las cifras oficiales, sino que lo cuantitativo queda contrastado con una realidad dinámica y cambiante, ante la cual las cifras en frío dicen muy poco.

Con el método dialéctico de Marx, se logra situar a la “parte” (el desempleo) con el “todo” (la realidad económico-social), como acto inverso del efectuado a la abstracción analítica.

Así se establece una relación dialéctica entre el “todo”, y las “partes” y sus relaciones propiamente dichas a interior de cada una de ellas, entre las “partes” y de “estas” con el “todo” cualitativamente distinto al existente en el inicial del estudio.

Citas

  1. Marx, Carlos. Tesis nro. 11 del texto Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana
  2. Hugo Calello y Susana Neuhaus nos hablan de un método hipotético-deductivo dialéctico que, según ellos, tiene sus raíces en Marx. Para nosotros tal postura es totalmente contraria al método dialéctico, en tanto privilegia la deducción y la hipótesis en el proceso del conocimiento.
  3. Kosik, Karen. Dialéctica de lo concreto. Editorial Grijalbo, México, 1976
  4. Marx, Carlos. Contribución a la Crítica de la Economía Política. Págs. 165-166.
  5. Ibíd., p. 165
  6. Marx, Carlos. Introducción General a la Crítica de la Economía Política, p.50.

Bibliografía

Arenal, Celestino (1993), Introducción a las Relaciones Internacionales, Madrid, Editorial Tecnos,

Cox, Robert (1994). “Fuerzas sociales, estados y órdenes mundiales: más allá de la teoría de las relaciones internacionales”. En Relaciones Internacionales, El pensamiento de los clásicos. Edición compilada por John A. Vásquez. México, D.F. Editorial Limusa, S.

Duseel, Enrique (1985), La producción teórica de Marx (un comentario a los Grundrisse). México, Siglo XXI Editores,

Kosik, Karen (1980), Dialéctica de lo concreto. México, Editorial Grijalbo.

Marx, Carlos (1957), Contribución a la Crítica de la Economía Política. Paris, Ediciones Sociales.

Marx, Carlos (1967) Tesis sobre Feuerbach, en Obras Escogidas en III Tomos. Moscú, URSS, Editorial Progreso.

Marx, Carlos (1987), Introducción general a la Crítica de la Economía Política/1857.España, Siglo XXI Editores

Piketty, Thomas (2014) El capital en el siglo XXI. Argentina, Fondo de Cultura Económica,

Stiglitz, Joseph (2012). El precio de la desigualdad. España, Prisa Ediciones.

Wallerstein, Immanuel (1974).  El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid, Siglo XXI Editores.

 

*Franklin González es Sociólogo, Profesor Titular, Jubilado. Ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Doctor en Ciencias Sociales. Con dos Postdoctorados. Profesor de Postgrado en la UCV,  la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela, en el Instituto de Altos Estudios “Pedro Gual” del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores y en el Instituto de Investigación y Postgrado de la Escuela Nacional de la Magistratura. Fue Decano de Postgrado de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG) y embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.

framongonzalez@gmail.com

Fuente: El Autor escribe para el Portal Otras Voces en Educación

 

Comparte este contenido:

Ante el eje del mal (viral), repensar el sur ante el mundo muy diferente de la pospandemia

Gobernantes, políticos y líderes nacionales y mundiales de la derecha ultramontana, entre ellos los aún jefes de gobierno Donald Trump (EE.UU.), Boris Johnson (Reino Unido) o el imitador Jair Bolsonaro (Brasil), han sobrepasado todas las fronteras de la ineptitud en su gestión de la pandemia del COVID-19, constituyendo un eje viral en el mundo.

Con su gran capacidad histriónica de mentir continuamente y de desviar la atención de los ciudadanos de un país que ya es líder mundial en contagios y muertes por la pandemia, Trump anunció que EEUU suspendió temporariamente la transferencia de fondos para la Organización Mundial de la Salud.

Acusado de ignorar las advertencias de sus propias agencias de inteligencia sobre la gravedad del virus y de no actuar de manera oportuna, Trump dijo que «los retrasos que experimentó la OMS al declarar que una emergencia de salud pública costó un tiempo valioso, enormes cantidades de tiempo”. Y acusó a la OMS de oponerse a las prohibiciones de viaje y de repetir la propaganda del gobierno chino de que el virus no se podía transferir de persona a persona.

Anunció que su administración revisa lo que él describió como el papel «desastroso» de la organización, a la que acusó de «encubrir» el brote del coronavirus en China«La realidad es que la OMS no pudo obtener, examinar y compartir información de manera oportuna», dijo Trump. «La OMS falló en su deber básico y debe rendir cuentas».

Trump ha acusado a casi todos –desde China, la OMS, el expresidente Barack Obama, los gobernadores, los medios de comunicación– por su propio fracaso al responder a la crisis sanitaria. “Él, básicamente, se declaró rey Trump”, le respondió el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, donde la cifra de muertos superó los diez mil.

En 2002 el entonces presidente George Bush entabló la guerra contra lo que llamó “el eje del mal” (Irak, Irán y Corea del Norte) para insertar esa idea en el imaginario colectivo de los estadounidenses y del mundo y así justificar la invasión a Irak  (y luego muchas otras). Veinte años antes Ronald Reagan había calificado a la Unión Soviética como “el imperio del mal”.

Respaldado por medios como el Wall Street Journal, el 24 de marzo, en  su campaña contra la cuarentena, sacrificó el confinamiento general en el tabernáculo de la “destrucción” económica del país y de la amenaza de una “grave recesión”. El tendal de muertos y contagios se agranda cada día: más de 600 mil casos y 26 mil fallecidos.

Pero Trump, Johnson y Bolsonaro no son los únicos: Alexander Lukashenko, dictador de Belarus (diez millones de habitantes), dice que no hay que cambiar nada en el cotidiano, y por eso determinó que todo siga igual. Combatir el coronavirus es sencillo, explicó: basta con hacer sauna y beber vodka. Y Gurbanguly Berdinuhamedow, en Turkmenistán (seis millones de habitantes), adoptó una decisión bastante más radical: prohibió expresamente que se pronuncie o escriba la palabra coronavirus.

Patoteros opacos, bufones brillantes e irresponsables sin redención, los califica Eduardo Febbro desde París.

Siguiendo el negacionismo del gobierno de Estados Unidos, varios países de América Latina, con gobiernos neoliberales, han demorado la puesta en marcha de medidas de aislamiento, condenando a un eventual genocidio. Es el caso de Brasil, de Ecuador, de Chile, de Colombia, donde la ciudadanía pide urgentes medidas contra el virus -con cacerolazos en las noches- y son los movimientos sindicales y sociales quienes salen en auxilio de la población más necesitada.

La crisis sanitaria producida por la pandemia muestra la debilidad de un sistema mundial regulado para beneficiar a sectores minúsculos de la población y desamparar a las grandes mayorías: carencia de infraestructuras científicas y médicas y la consecuente desprotección de los más vulnerados. ¿Es debilidad o todo está fríamente calculado?.

Los grupos monopólicos de poder globalizado poseen agendas ajenas a los grandes problemas de la humanidad: la salud, los derechos humanos básicos, el trabajo, el medio ambiente, la violencia institucionalizada, la disparidad de género o las guerras no aparecen como problemas acuciantes que deben ocupar el centro de las preocupaciones políticas y/o económicas. Para el neoliberalismo financiarizado, estas temáticas son analizadas sólo como oportunidades de negocios, explica el sociólogo argentino Jorge Elbaum.

Las cifras de contagio y muerte revelan una geografía de clases donde los más pobres  son los más devastados. Son primero víctimas no del virus, sino de la mayor desigualdad económica y social de las últimas nueve décadas. La epidemia es la tapadera perfecta para un golpe a las libertades. Algunas decisiones que están tomando estos días los poderosos,  nos acompañarán por años.

Acaparamiento, compras masivassubidas astronómicas de precios, mientras el desempleo se multiplica y se reducen los salarios de aquellos que aún conservan sus trabajos. La gente reacciona con histeria porque los políticos irresponsables minan la fe en la ciencia y en los medios de comunicación. Será difícil aprender a confiar otra vez.

El Covid 19 puso en descubierto, en todos los países que se basan en la lógica del mercado, la precariedad de la salud pública y la ausencia del Estado y de la planificación, con un “mercado laboral” desregulado, precarizado y mercantilizado en extremo, con niveles de desigualdad y pobreza económica, habitacional y energética que conforma el eslabón más débil de la sociedad.

Mientras un importante número de petroleras, aerolíneas y sectores industriales se enfrentan a posibles bancarrotas (y quizá a una mayor concentración del sector), las economías de plataformas, los servicios de telecomunicaciones, han tenido crecimientos sobresalientes junto con las grandes corporaciones trasnacionales de la biotecnología y de desarrollo farmacéutico.

Quizá esta nueva crisis no indique necesariamente un colapso del sistema capitalista, pero sí, al menos, una nueva  puja por el cambio en las manos que lo conducen.  Principalmente, dos sectores de la economía están transitando un acelerado crecimiento y son los que se alimentan de la vanguardia en ciencia y tecnología: el de las telecomunicaciones y el biotecnológico-farmacéutico.

En Francia, primer destino turístico del mundo con 90 millones de viajeros en 2019, y vecino de Italia y España, el presidente Emmanuel Macron recién empezó a diseñar medidas preventivas fuertes a mediados de marzo cuando dijo en la televisión “estamos en guerra”, dos días después de realizar la primera vuelta de elecciones municipales (la segunda vuelta la suspendió).

Pero la realidad es que los hospitales franceses llevan años de huelgas y movimientos sociales en protesta por mejoras de salarios y contra su desmantelamiento y la privatización encubierta de la salud.

En Gran Bretaña, sordo ante los reclamos de la comunidad científica, el conservador Boris Johnson, recién decretó la cuarentena el 23 de marzo tres días antes que él y su ministro de Sanidad, Matt Hancock, empezaron a sentir los primeros síntomas de la enfermedad, que ya cobró 12 mil víctimas fatales.

En Brasil, Jair Bolsonaro propuso plegarias, misas en los templos en un enfermizo negacionismo de la cuarentena pese a las medidas propuestas por su ministro de Salud (y que por suerte implementaron gobernadores de diferentes estados), lo que le valió que los militares de su gabinete asumieran la conducción de la batalla viral.

Los pálidos triunfos ante la pandemia se han debido a las medidas preventivas tomadas a tiempo, la capacidad de intervención colectiva del Estado, la ciencia y los servicios públicos. El hospital y la salud pública pasaron de ser el presupuesto a eliminar según las recetas de ajuste del Fondo Monetario Internacional, a convertirse en salvadores posible, creíble, el único amparo ante el tsunami del virus.

Cuando ya debiéramos pensar en cómo serán las sociedades pospandémicas, en cómo reconstruir nuestros países, nuestras sociedades, incluso nuestras soberanías, pareciera que -¡al fin!- las miradas ya no se dirigen al norte.

La tarea es la de redescubrir nuestro sur, mirarnos en nuestro propio espejo, vernos con nuestros propios ojos. Hay que repensar todo: quizá todo el conocimiento adquirido sirva para saber que no va a servir para las próximas décadas, cuando sea necesario olvidarse de la inserción en el mercado mundial, para afianzar una política agroalimentaria que garantice la alimentación y supervivencia de nuestros pueblos.

No podemos seguir con los mismos versos, con las mismas consignas. Hay que comprender que aquel mundo del que hablábamos hasta hace una cuarentena ya no existirá más. La tarea es redescubrirnos desde el sur, el de la solidaridad, las culturas plurales, la innovación humana, la defensa de la naturaleza, partiendo de un nuevo pensamiento crítico para un mundo que será muy distinto al que aún soportamos hoy.

No pensar en oportunidad de negocio, como es la lógica capitalista, sino en la oportunidad de salvar vidas.

Fuente: https://rebelion.org/ante-el-eje-del-mal-viral-repensar-el-sur-ante-el-mundo-muy-diferente-de-la-pospandemia/

Comparte este contenido: