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El daño cerebral del maltrato

El estudio ‘Neuropsicología de la violencia de género’, elaborado por varias profesionales de la Universidad de Granada, muestra de forma científica las secuelas de la violencia machista y puede abrir caminos para su abordaje.

Profesionales de la Universidad de Granada han realizado una investigación para aplicar la Neurociencia y la Neuropsicología Clínica en la lucha contra la violencia machista, evaluando las secuelas cerebrales de esta la violencia. La publicación ‘Neuropsicología de la violencia de género’, de 2023, analiza de forma muy completa las alteraciones cerebrales y neuropsicológicas que sufren las mujeres y niñas y niños supervivientes, campo en el que apenas se ha profundizado, pese al aumento de la visibilización de la violencia machista en los últimos años. “La violencia ejercida contra las mujeres por parte de su pareja o expareja (…) constituye un grave problema de salud pública en nuestra sociedad, ocasionando un mayor riesgo de sufrir importantes problemas de salud en las mujeres que la sufren”, apunta el estudio, firmado por Natalia Hidalgo-RuzzanteJulia C. DaughertyNatalia Bueso-Izquierdo, Inmaculada Teva ÁlvarezJuan Verdejo-Román y Miguel Pérez-García.

La violencia física en mujeres supervivientes se relaciona con múltiples alteraciones neuropsicológicas

La evidencia científica muestra que los cerebros expuestos a violencia resultan alterados, a pesar de que no la reciban de forma directa y ‘solo’ la presencien. Muchas mujeres supervivientes han sufrido traumatismos craneoencefálicos, es decir, golpes en el cráneo. “Casi el 80 por ciento de las lesiones encontradas en mujeres víctimas y supervivientes que acuden a urgencias debido a la violencia de género se presentan en la cabeza, cara o cuello. A pesar de la escasa literatura, se sabe que estas agresiones pueden ocasionar diversos síntomas post-conmocionales, como son dolores de cabeza, mareos, problemas de concentración, insomnio, impaciencia y pérdida de memoria”, recoge el estudio. La documentación científica demuestra que la violencia física en mujeres supervivientes se relaciona con múltiples alteraciones neuropsicológicas que afectan a la atención y concentración, velocidad de procesamiento motor y fluidez, entre otras. La falta de investigación se debe, en parte, a las particularidades de la violencia machista: “Algunas mujeres pueden sentir desconfianza a la hora de informar sobre los daños sufridos, debido al estigma existente sobre las víctimas y a los sentimientos de miedo y vergüenza”. Otras no lo cuentan si no han sido explícitamente preguntadas, a veces porque tienen miedo de las consecuencias que les supondría si su pareja se enterara. “Solo entre el 17 y el 21 por ciento de las mujeres que ha sufrido un traumatismo debido a la violencia ejercida por parte de la pareja busca ayuda médica”, recoge también el estudio, que arrancó en 2009. Dolor de cabeza, problemas de concentración, mareos, insomnio, pérdida de memoria o irritabilidad son secuelas frecuentes de los traumatismos craneoencefálicos.

También los estrangulamientos, que sufren más del 50 por ciento de las mujeres víctimas de violencia de género, tienen un apartado destacado en el estudio. Además de aumentar el riesgo de muerte por situar a la víctima al límite de ser capaz de respirar, esta acción violenta desemboca en múltiples consecuencias psicológicas asociadas, como el miedo a ser matada, depresión, estrés postraumático o ideación suicida.

El llamado trastorno de estrés postraumático (TEPT, o trauma) es la etiqueta diagnóstica más frecuente en mujeres supervivientes, desde el punto de vista psicológico. Lo desarrollan una media de un 64 por ciento de ellas, pero los estudios al respecto son escasos. La repetición es un factor clave en las consecuencias neuropsicológicas del maltrato, ya que sufrir traumatismos durante años, además de padecer eventos emocionalmente impactantes en largos períodos de tiempo y por parte de alguien emocionalmente cercano a la víctima, son condiciones relevantes que precisan de nuevas denominaciones. De ahí que desde 2008 se haya habilitado el nombre trastorno por estrés traumático complejo (o trauma complejo), que incluye los síntomas principales del trauma (re-experimentación del trauma, evitar los recuerdos traumáticos y un sentimiento persistente de amenaza) así como un conjunto adicional de síntomas llamados de alteración en la auto-organización (desregulación afectiva, autoconcepto negativo y alteraciones en las relaciones), cuenta la investigación.

“La exposición crónica al estrés se ha relacionado con alteraciones cerebrales, cognitivas y psicopatológicas”, explica el estudio. Y continúa: “Hasta el momento, los estudios han mostrado que existen unos elevados niveles de cortisol en mujeres supervivientes que desarrollan trastorno de estrés postraumático (TEPT) y/o depresión. Sin embargo, otros estudios recientes han mostrado que la severidad de la violencia sufrida se relaciona con elevados niveles de cortisol, después de controlar los efectos de la depresión y del TEPT”. Además del trauma, diversos trabajos han demostrado que la ansiedad crónica y la depresión contribuyen a explicar las alteraciones neuropsicológicas en mujeres supervivientes. EL trastorno de estrés postraumático se concreta en problemas en la atención, funciones ejecutivas (como planificar, organizar, tomar decisiones, control de impulsos), memoria y otros procesos del sistema nervioso.

Por otra parte, la depresión y la ansiedad también son problemas de salud mental frecuentes en mujeres supervivientes. Dificultades para identificar las propias emociones, disminución de la autoestima, afectación del sueño y la alimentación (anorexia, bulimia), problemas con el consumo de alcohol, miedo generalizado, irritabilidad o trastornos emocionales producidos por el bloqueo se asocian con sufrir violencia de género.

Infancia

La Ley Orgánica 8/2015 reconoce a las niñas y los niños como víctimas directas, ya que sufren las consecuencias de la violencia, algo que se aborda en el estudio. “Además de las mujeres, sus hijos e hijas también se exponen a la violencia de género, ya sea directamente, siendo víctimas de maltrato físico, presiones, insultos y/o vejaciones; al estar presente en la comisión de la violencia; u observando las consecuencias en sus madres, lesiones o daños de la propiedad (la vivienda). Además, los hijos e hijas de mujeres asesinadas por su pareja sufren otro tipo de victimización tras estos asesinatos: pierden a su madre en circunstancias brutales, siendo el culpable el padre u otro miembro de la familia cercana. Múltiples estudios coinciden en señalar que la violencia de género repercute de manera muy negativa en la salud mental de los y las menores que la sufren”, recoge el amplio estudio.

Además de tener más probabilidades de verse inmersa en violencia en su etapa adulta, la infancia testigo de violencia de género “se expone a un sistema de creencias patriarcal y a un estilo de crianza machista que puede ocasionar consecuencias” en su vida. Entre los problemas psicológicos más frecuentes se encuentran la ansiedad, depresión, miedo, ira, desesperanza, fobias, ideación suicida y baja autoestima, así como conductas agresivas o delictivas. En lo referente a lo cognitivo, ven afectada su inteligencia general, velocidad de procesamiento, atención, memoria o comprensión verbal. El porcentaje de niños y niñas con estrés postraumático en la infancia víctima de violencia de género se sitúa en torno al 50 por ciento.

Una de las cuestiones más preocupantes es la transmisión intergeneracional de la violencia de género. En un estudio del año 2013 realizado con 150 diadas madre-hijas a lo largo de diez años, y donde se evaluaba la violencia de género durante tres generaciones, se detectó, por ejemplo, que, si la abuela fue maltratada por su marido, “su hija tenía más probabilidad de ser acosada sexualmente en la infancia y también era más probable que tuviera una relación de violencia con su pareja en la etapa adulta”. Del mismo modo, “si la madre fue sexualmente violentada durante su infancia, se incrementaba el riesgo de que su hija sufriera abuso sexual cuando era niña”. El estudio hablaba también de la maternidad con altos niveles de violencia de género alrededor, lo que conlleva “conductas de crianza menos sensibles por parte de sus madres”. Las consecuencias del maltrato en madres y criaturas, entre las que se encuentran problemas emocionales o altos niveles de estrés, pueden afectar tanto los hijos e hijas, como al vínculo materno-filial y a la propia recuperación familiar: “Un vínculo seguro con la madre es uno de los factores más importantes para lograr paliar los efectos negativos de la exposición al maltrato”.

Esperanza

La amplitud de los daños del maltrato es evidente. Sin embargo, y si es posible hablar de una buena noticia en este ámbito, el cerebro puede recuperarse gracias a su plasticidad. Una evaluación y posterior rehabilitación neuropsicológica individualizada y multidisciplinar puede contribuir a ello, pero las secuelas cognitivas todavía se infravaloran en las intervenciones médicas, lo que puede dificultar los procesos.

La inclusión de la neuropsicología forense en la atención a las mujeres supervivientes permitiría evaluar el funcionamiento cognitivo y conductual y reportar los daños psíquicos. Y aquí aparece otra cuestión destacada en el estudio, vinculada con la responsabilidad y la reparación del daño: al igual que en cualquier otro procedimiento penal, si hablamos de violencia de género deberían poder fijarse “las consecuencias que un proceso traumático ha tenido sobre las facultades mentales de la víctima, y así servir para que la jueza o juez pueda establecer una compensación económica”, como existe en otros delitos en los que hay lesión y la persona responsable está obligada a reparar el daño y compensar por lo perdido y por las secuelas.

“Al igual que en otras causas, como los accidentes laborales o de tráfico, la violencia contra la pareja podría provocar una incapacidad”

La realidad ofrece una panorámica distinta. El estudio confirma que la valoración de la víctima, que no siempre se lleva a cabo, “se utiliza para valorar la credibilidad de su relato, y no para conocer la existencia de posibles secuelas consecuentes al maltrato y optar por indemnizaciones acorde a las mismas”. Y añade: “Es indispensable señalar que una declaración puede ser inconsistente por diversas razones, no necesariamente por engaño deliberado”. Por esto es importante la mirada neuropsicológica que explique las secuelas de la violencia física y psicológica en supervivientes de violencia de género. “Estas secuelas pueden justificar una baja calidad en el relato, no atribuible a la inexistencia o alteración voluntaria de los hechos declarados”, recuerda el estudio. Pese a la evidencia científica, no es habitual incorporar estas variables en una evaluación forense, lo cual deja fuera muchas realidades: “Al igual que en otras causas, como los accidentes laborales o de tráfico, la violencia contra la pareja podría provocar una incapacidad”.

Los agresores

En cuanto a los hombres maltratadores, entre otras cuestiones, el estudio explica que emplean procesos de disociación moral para justificar sus comportamientos y lo hacen minimizando su conducta agresiva, mostrando bajos niveles de culpa y atribuyendo esta a sus parejas: “Con frecuencia se encuentra que los hombres maltratadores indican que su condena se debe a las características personales y de agresividad de la víctima. En definitiva, los maltratadores tienen creencias de superioridad hacia las mujeres y estas creencias les hacen justificar sus comportamientos”.

En las últimas décadas, ha cobrado relevancia la investigación del sistema emocional en hombres maltratadores. “La escasa literatura indica que presentan déficits en la regulación emocional y que estos tienen un papel crucial en los actos violentos contra sus parejas o exparejas”. Dichas complicaciones se combinan con las normas masculinas de dominación, control emocional y autosuficiencia. “Los hombres con dificultades para manejar las emociones tienen más posibilidades de maltratar a sus parejas y tienden a creer que los hombres no deberían compartir sus emociones o pedir ayuda (…). Los hombres maltratado res que sienten que no están cumpliendo las normas tradicionales de género, no regulan las emociones generadas por ese malestar y ejercen violencia contra la pareja”, añade el estudio.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2026/04/el-dano-cerebral-del-maltrato/

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España: El 80% de las mujeres asesinadas por violencia de género en 2025 vivían con su agresor

El perfil de las víctimas es el de una mujer de 47,3 años española (57,1% de los casos), y en el 89,1% de los casos fueron asesinadas en un domicilio. La víctima más joven tenía 19 años y la mayor 86

El último informe sobre víctimas mortales de la violencia de género, publicado por el Observatorio contra la Violencia de Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, cifra en 49 las mujeres asesinadas en 2025, el 80% de las cuales convivían con su agresor. Un porcentaje mucho mayor que el de 2024 (67,3%) y la media de la serie histórica (63%), que inició en 2003.

El estudio, elaborado con los datos suministrados por los juzgados, cuantifica con un feminicidio más los 48 recogidos por la Delegación contra la Violencia de Género, lo que muestra como el número de mujeres asesinadas en 2025 es el mismo que en 2024, 2021, 2020, 2017 y 2016, años con las cifras más bajas desde que hay registros (2003). Lo que nos sitúa en un dramático mínimo de un asesinato cada 7,4 días.

La media de muertes desde 2003 se sitúa en 58,3 al año. Pese a que sigue siendo una cifra lamentable, en la primera década desde que hay registro (2003-2014) la media fue de 65 asesinadas, en los últimos diez años está cifra descendió hasta las 52,4 interanuales. Un descenso que desde el Observatorio insisten en recalcar que es gracias a la aplicación de políticas públicas concretas que protegen a las mujeres.

El perfil de las víctimas es el de una mujer de 47,3 años española (57,1% de los casos), y en el 89,1% de los casos fueron asesinadas en un domicilio. La víctima más joven tenía 19 años y la mayor 86.

En el caso de los asesinos, la edad promedio fue de 49,4 años y en su mayoría eran españoles (63,3%) y el marido de la víctima (45,5%). Únicamente en el 61,2% de los casos fueron detenidos. El agresor más joven tenía 21 años y el mayor 90.

Del total de las víctimas, 11 (22,4%) habían presentado denuncia previa contra su asesino, un porcentaje mucho menor que en 2024 (30,6%) y al del promedio de la serie histórica (25,8%). De las que habían denunciado, siete convivían con su agresor, y ninguna tenía más de 55 años. Cuatro de las víctimas tenían medidas de alejamiento en vigor. Las mujeres que denunciaron el pasado año tenían una edad media 42,4 años. Denunciaron más víctimas extranjeras que españolas (un 23,8% frente a un 21,4%).

El estudio, además, muestra un análisis regional de la situación. Las comunidades autónomas con menor tasa acumulada desde que hay registro son Extremadura (34,6 mujeres), País Vasco (44,6) y Cantabria (46,5), junto a Ceuta y Melilla, la única región sin víctimas en 2025. El 50% de las asesinadas en Galicia y Madrid habían presentado denuncia previa.

Además, el informe dedica un espacio a las muertes por violencia vicaria. Desde 2013, este tipo de violencia le ha costado la vida a al menos 65 menores, en 21 de los casos también se asesinó a la madre de los niños. En 2025, se registraron tres asesinatos de menores a manos de sus padres biológicos o de la pareja de la madre. El mismo número de víctimas que llevamos ya este año.

Según el espacio Efeminista, hasta el 26 de marzo, ya han sido confirmadas 14 víctimas mortales de violencia de género este año, con ellas ya son 1.357 mujeres asesinadas desde 2003. Tan solo cinco de las víctimas tenían una denuncia previa por maltrato, pese a ello las medidas tomadas por parte de la administración pública han sido insuficientes.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260401/Firmas/52888/violencia-genero-mujeres-asesinadas-parejas-observatorio-2025.htm

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«Todos los migrantes tienen que pagarles a los traficantes de personas, pero de las mujeres se espera que también paguen con sexo»

Esther dormía en las calles de Lagos cuando una mujer se le acercó con la promesa de hacerla salir de Nigeria y conseguirle trabajo y un hogar en Europa.

Esther soñaba con una nueva vida en Reino Unido. Tras ser expulsada de un hogar de acogida, violento y abusivo, ya no tenía motivos para quedarse en Lagos.

Pero cuando dejó el país en 2016, mientras cruzaba el desierto hacia Libia, todavía ni imaginaba el traumático viaje que le esperaba, obligada a ejercer la prostitución y a presentar solicitudes de asilo durante años en diferentes países.

La mayoría de los migrantes irregulares y solicitantes de asilo son hombres –el 70%, según la Agencia Europea de Asilo–, pero el número de mujeres como Esther que han llegado a Europa para solicitar asilo está en aumento.

«Estamos observando un aumento de mujeres que viajan solas, tanto por la ruta del Mediterráneo como por la de los Balcanes», asegura Irini Contogiannis, del Comité Internacional de Rescate en Italia.

El informe de 2024 destacó un aumento anual del 250% en el número de mujeres adultas solteras que llegan a Italia a través de la ruta de los Balcanes, mientras que el número de familias aumentó un 52%.

Las rutas migratorias son notoriamente peligrosas. El año pasado, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registró 3.419 muertes o desapariciones de migrantes en Europa, el año más mortífero registrado hasta la fecha.

Pero para las mujeres, existe la amenaza adicional de la violencia y la explotación sexual, algo que le sucedió a Esther después de ser traicionada por la mujer que le había prometido una vida mejor.

Me encerró en una habitación y trajo a un hombre. Él tuvo sexo conmigo a la fuerza. Yo todavía era virgen», cuenta a la BBC Esther.

«Eso es lo que hacen: viajan a distintos pueblos de Nigeria para elegir chicas jóvenes, llevarlas a Libia y convertirlas en esclavas sexuales», agrega.

«Sus experiencias son distintas y, a menudo, más riesgosas», le dice a la BBC Ugochi Daniels, de la OIM. «Incluso las mujeres que viajan en grupo suelen carecer de protección, lo que las expone a abusos por parte de traficantes, tratantes u otros migrantes».

Los riesgos en el camino

Muchas mujeres son conscientes de los riesgos, pero aun así deciden emprender el viaje, llevando consigo preservativos o incluso implantándose dispositivos anticonceptivos por si son violadas en el camino.

«Todos los migrantes tienen que pagar a un traficante», dice Hermine Gbedo, de la red contra la trata de personas Stella Polare. «Pero a las mujeres se les suele exigir que ofrezcan servicios sexuales como parte de pago».

Gbedo asiste a las mujeres migrantes en Trieste, una ciudad portuaria en el noreste de Italia, que ha sido durante mucho tiempo un cruce de culturas y sirve como importante punto de entrada a la Unión Europea para quienes cruzan desde los Balcanes.

Desde allí, continúan su viaje hacia países como Alemania, Francia y Reino Unido.

Tras cuatro meses de explotación en Libia, Esther escapó y cruzó el Mediterráneo en una lancha de goma, de la que fue rescatada por la guardia costera italiana y llevada a la isla de Lampedusa.

Antes de que se le concediera el estatus de refugiada, Esther solicitó asilo tres veces, debido a que las solicitudes de asilo de personas procedentes de países considerados seguros suelen ser rechazadas.

En aquel momento, Italia consideraba a Nigeria un país inseguro. Pero hace dos años, a medida que los gobiernos de toda Europa empezaron a endurecer sus normas en respuesta a la gran afluencia de migrantes entre 2015 y 2016, cambió esa evaluación.

Desde entonces, las voces que piden mayores restricciones a las solicitudes de asilo no han hecho más que aumentar.

«Es imposible sostener la migración masiva. No hay manera», dice Nicola Procaccini, diputado del gobierno de derecha de Giorgia Meloni. «Podemos garantizar una vida segura a aquellas mujeres que realmente están en peligro, pero no a todas.»

«Tenemos que ser realistas», advierte Rakib Ehsan, investigador senior del centro de estudios conservador Policy Exchange.

«Necesitamos dar prioridad a las mujeres y niñas que están en riesgo inmediato dentro de territorios afectados por conflictos, donde la violación se utiliza como arma de guerra».

Actualmente, esto no ocurre de manera consistente, argumenta, y aunque simpatiza con la situación de las mujeres que enfrentan rutas peligrosas hacia Europa, «la clave es la compasión controlada».

Violencia contra las mujeres

Sin embargo, muchas mujeres procedentes de países considerados seguros aseguran que los abusos que sufrieron por el hecho de ser mujeres han hecho que la vida en sus países de origen se haya vuelto insoportable.

Este fue el caso de Nina, una joven de 28 años, de Kosovo.

«La gente piensa que todo está bien en Kosovo, pero no es cierto», dice. «La situación es terrible para las mujeres».

Nina cuenta que ella y su hermana fueron víctimas de abusos sexuales por parte de sus novios, quienes las obligaron a ejercer la prostitución.

Un informe de 2019 de la OSCE, la organización de seguridad europea, indicaba que el 54% de las mujeres en Kosovo habían sufrido violencia psicológica, física o sexual por parte de una pareja íntima desde los 15 años.

Las mujeres que sufren persecución por motivos de violencia de género tienen derecho a solicitar asilo en virtud del Convenio de Estambul del Consejo de Europa, un derecho que fue respaldado por una sentencia histórica del Tribunal de Justicia de la Unión Europea el año pasado.

El Convenio define la violencia de género como violencia psicológica, física y sexual, e incluye la mutilación genital femenina. Sin embargo, según diversas organizaciones, sus disposiciones aún no se aplican de forma coherente.

«Muchos funcionarios de asilo son hombres con una formación insuficiente para abordar un tema tan delicado [como la mutilación genital femenina], tanto desde el punto de vista médico como psicológico», afirma Marianne Nguena Kana, directora de la Red Europea contra la Mutilación Genital Femenina.

Muchas mujeres ven denegadas sus solicitudes de asilo, explica, basándose en la errónea suposición de que, al haber sufrido ya esta práctica no corren ningún riesgo adicional.

«Hemos oído a jueces decir: ‘Ya has sido mutilada, así que no es peligroso que vuelvas a tu país, porque no te lo pueden volver a hacer'», cuenta Nguena Kana.

Revictimización

En lo que respecta a la violencia sexual, Carenza Arnold, de la organización benéfica británica Women for Refugee Women, afirma que a menudo es difícil de probar, ya que no deja las mismas cicatrices que la tortura física.

Además, Arnold destaca que los tabúes y las sensibilidades culturales de las mujeres dificultan aún más el proceso.

«Las mujeres suelen ser sometidas a un proceso apresurado y es posible que no revelen la violencia sexual que han sufrido a un agente de inmigración que acaban de conocer», explica.

Gran parte de la violencia que sufren las mujeres tiene lugar durante su viaje, según dijo la Organización Internacional para las Migraciones a la BBC.

«Las mujeres suelen huir de la violencia sexual de sus parejas en su país de origen, y luego, durante el viaje, vuelven a sufrir lo mismo», dice Ugochi Daniles.

Este fue el caso de Nina y su hermana en su viaje desde Kosovo, en el que huían de sus parejas maltratadoras para empezar una nueva vida en Italia.

Viajando con otras mujeres, atravesaron a pie los bosques de Europa del Este intentando evitar a las autoridades. Allí, contaron que fueron atacadas por migrantes y traficantes de personas.

Aunque estábamos en las montañas, en la oscuridad, se oían los gritos», recuerda Nina. «Los hombres se acercaban con una linterna, nos la apuntaban a la cara, elegían a quien querían y se las llevaban más adentro del bosque».

«Por la noche, oía a mi hermana llorando, pidiendo ayuda», agrega.

Nina y su hermana contaron a las autoridades italianas que si regresaban a casa, sus exparejas las matarían. Finalmente, se les concedió asilo.

La lucha de Esther por el estatus de refugiada duró mucho más.

Solicitó asilo por primera vez en Italia en 2016, pero tras una larga espera, se trasladó a Francia y luego a Alemania, donde sus solicitudes de asilo fueron rechazadas, ya que, según el Reglamento de Dublín de la UE, se espera que un solicitante de asilo lo haga en el primer país de la Unión Europea al que llega.

Finalmente, se le concedió el estatus de refugiada en Italia en 2019.

Casi una década después de haber abandonado Nigeria, Esther se pregunta si su vida actual en Italia ha valido la pena, debido al sufrimiento que padeció para llegar hasta allí: «Ni siquiera sé por qué vine a este lugar».

https://www.bbc.com/mundo/articles/cwygwn0l247o

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Rita Segato vuelve al origen: Literatura UNAM publica “El camino de regreso”, su primera obra poética

MÉXICO.- La palabra es un territorio de resistencia, y Rita Segato lo sabe desde siempre. Pero ahora, una de las pensadoras feministas más influyentes de América Latina abre una puerta que había mantenido cerrada durante medio siglo: la de su poesía. Literatura UNAM presenta El camino de regreso, el primer libro de versos de la antropóloga argentina, una obra que traza la cartografía íntima detrás de su pensamiento crítico.

Segato, cuyas reflexiones han sido fundamentales para entender la violencia de género, la colonialidad del poder y las fracturas que sostienen al patriarcado, revela aquí su voz más vulnerable. El camino de regreso reúne poemas escritos entre 1974 y la actualidad, un arco temporal que atraviesa exilios, amores, pérdidas, dictaduras y reconstrucciones. Es también, como lo indica el nombre de la colección Trayectos, una ruta vital: la de una mujer que ha pensado el mundo mientras intentaba volver a sí misma.

La historia del libro nació de un gesto mínimo. En la FIL Guadalajara 2024, durante una charla despreocupada, Segato confesó a Julia Santibáñez, directora de Literatura UNAM, que escribía poesía desde joven. Ese comentario, casi accidental, derivó en el rescate de más de cuarenta textos guardados en carpetas y silencios. “Estoy saliendo del clóset”, le dijo Segato. “De ensayista a poeta”. Una frase que lo resume todo: nombrarse, romper el miedo, confiar en el efecto transformador de la palabra propia.

Organizado en siete secciones, el volumen recorre distintas etapas de su vida. Aparecen los poemas marcados por la dictadura y el miedo a la muerte, los escritos del exilio en Venezuela y Brasil donde la autora piensa el desarraigo, y también los textos que celebran la maternidad, el amor y las pequeñas iluminaciones del regreso. En todos ellos late la misma lucidez ética que la ha convertido en referente latinoamericano: la convicción de que la memoria es una herramienta política y la intimidad, un acto de resistencia.

En El camino de regreso, la crítica se vuelve susurro, la denuncia se hace temblor y la teoría encuentra su reverso emocional. Si en sus ensayos desarma las violencias que sostienen el orden social, aquí su voz poética reivindica algo igual de poderoso: el derecho a dudar, a sentir, a recordar, a volver.

El libro ya está disponible en Librerías UNAM y en línea, y será presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025 el 1 de diciembre a las 18:00 horas, en el Salón Juan Rulfo, con la participación de la propia autora junto a Rosa Beltrán y Julia Santibáñez.

Fuente de la información e imagen: https://leviatan.mx/2025

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Cerrar la brecha digital de género sacaría de la pobreza a 30 millones de mujeres, según la ONU

El informe ‘Gender Snapshot 2025’ destaca que la igualdad de género puede lograrse “con inversión y voluntad política”.

 

Cerrar la brecha digital de género es esencial tanto para el crecimiento económico como para construir una sociedad más equitativa. Así lo indica el informe Gender Snapshot 2025 de ONU Mujeres y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, donde si bien destacan avances logrados como el aumento de la escolarización de las niñas, la disminución de la mortalidad materna y la reducción de las tasas de violencia de pareja en los países que cuentan con medidas integrales de protección, también advierten de un retroceso sin precedentes en los derechos de las mujeres con la restricción de espacios para la participación social y la disminución de recursos para la igualdad de género.

 

Por todo ello, la ONU destaca la importancia de que los países inviertan más en igualdad y reduzcan la brecha digital entre hombres y mujeres.

 

“Las inversiones específicas en igualdad de género tienen la capacidad de transformar sociedades y economías. Solo cerrar la brecha digital de género podría beneficiar a 343,5 millones de mujeres y niñas en todo el mundo, sacar a 30 millones de la pobreza para 2050 y generar un aumento estimado de 1,5 billones de dólares (1,38 billones de euros) en el PIB mundial de cara a 2030”, según ha explicado este lunes Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, tras la presentación del informe.

La ONU destaca la importancia de cerrar la brecha digital. (Imagen: Shutterstock)

 

Los conflictos letales afectan más a mujeres y niñas

No obstante, el informe señala que, de continuar la tendencia actual, en 2030 unas 351 millones de mujeres y niñas seguirán en situación de pobreza extrema. Además, destaca que en la actualidad 676 millones de mujeres y niñas viven en zonas expuestas a conflictos letales, la cifra más alta desde la década de los años 90, y que en 2024, 64 millones más de mujeres adultas enfrentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en comparación con los hombres.

 

El estudio, que reúne información de más de 100 fuentes y da seguimiento al progreso de mujeres y niñas en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también advierte de que solo quedan cinco años para cumplir la Agenda 2030, que busca alcanzar la igualdad de género a nivel global. Sin embargo, Li Junhua, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Económicos y Sociales, insiste en que “una acción decidida en cuidado, educación, economía verde, empleo y protección social podría sacar a 110 millones de mujeres y niñas de la pobreza extrema para 2050 y aportar retornos económicos acumulados de 342 billones de dólares”.

 

Bahous, quien recuerda que el 22 de septiembre se cumple el 30º aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, también insiste en que es fundamental dar mayor visibilidad a las voces jóvenes y pide a los líderes mundiales que se comprometan en la protección de los derechos de las mujeres y en una distribución equitativa de los beneficios.

 

https://www.infobae.com/espana/2025/09/15/cerrar-la-brecha-digital-de-genero-sacaria-de-la-pobreza-a-30-millones-de-mujeres-segun-la-onu/

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Cómo empoderar a las mujeres y las niñas de Afganistán para liderar el cambio

Las mujeres afganas han sido despojadas de sus derechos humanos fundamentales, incluido el acceso a la educación, el empleo, la libertad de movimiento y la participación en la vida pública.

 

Al comenzar el nuevo año escolar en Afganistán, casi 400 000 niñas más se ven privadas de educación, lo que eleva el número total de niñas sin escolarizar a 2,2 millones. Este triste hito socava dos décadas de progreso en los derechos de las mujeres, logrados gracias a la lucha incansable de mujeres activistas que reclamaron un lugar en la mesa y aseguraron que sus voces fueran escuchadas.

 

Durante la ocupación de Afganistán por parte de Estados Unidos entre 2001 y 2021, las mujeres afganas sufrieron ciclos de violencia, inestabilidad y avances frágiles. Las mujeres y las familias pagaron el precio en las zonas donde el conflicto era más frecuente.

 

Escuelas fueron cerradas, familias fueron desplazadas y jóvenes estudiantes perdieron sus vidas en medio de las atrocidades inhumanas cometidas.

 

Sin embargo, incluso frente al caos, las mujeres afganas, particularmente en áreas urbanas y semiurbanas, lucharon incansablemente por sus derechos y su merecido lugar en la sociedad. En el pasado, el país tuvo estudiantes, juezas, abogadas, enfermeras obstetras, figuras políticas y muchas otras mujeres contribuyendo en diversos campos.

 

Cómo empoderar a las mujeres y las niñas de Afganistán para liderar el cambio

Abogadas y juezas que huyeron de Afganistán tras la toma del poder por los talibanes en 2021 se reúnen con la presidenta griega Katerina Sakellaropoulou en el Palacio Presidencial, en Atenas, Grecia, el 12 de octubre de 2021.

 

Excluir a las mujeres afganas de la sociedad perjudica a toda la nación. Image: REUTERS/Alkis Konstantinidis

  • En Afganistán, las mujeres han sido sometidas a décadas de políticas opresivas, con breves avances que se han revertido después de 2021.

 

  • Entre las estrategias clave para apoyar a las mujeres afganas se encuentran el uso de la tecnología para proporcionar educación y empleo, la aplicación de condiciones diplomáticas que den prioridad a los derechos de la mujer y la financiación directa de iniciativas dirigidas por mujeres.

 

  • La exclusión de las mujeres de la sociedad perjudica a toda la nación. Apoyar el acceso de las mujeres afganas a la educación, el liderazgo y las oportunidades económicas puede ayudar a lograr la paz y la estabilidad a largo plazo.

 

Las mujeres afganas han sido despojadas de sus derechos humanos fundamentales, incluido el acceso a la educación, el empleo, la libertad de movimiento y la participación en la vida pública.

 

Al comenzar el nuevo año escolar en Afganistán, casi 400 000 niñas más se ven privadas de educación, lo que eleva el número total de niñas sin escolarizar a 2,2 millones. Este triste hito socava dos décadas de progreso en los derechos de las mujeres, logrados gracias a la lucha incansable de mujeres activistas que reclamaron un lugar en la mesa y aseguraron que sus voces fueran escuchadas.

 

Durante la ocupación de Afganistán por parte de Estados Unidos entre 2001 y 2021, las mujeres afganas sufrieron ciclos de violencia, inestabilidad y avances frágiles. Las mujeres y las familias pagaron el precio en las zonas donde el conflicto era más frecuente.

 

Escuelas fueron cerradas, familias fueron desplazadas y jóvenes estudiantes perdieron sus vidas en medio de las atrocidades inhumanas cometidas.

 

Sin embargo, incluso frente al caos, las mujeres afganas, particularmente en áreas urbanas y semiurbanas, lucharon incansablemente por sus derechos y su merecido lugar en la sociedad. En el pasado, el país tuvo estudiantes, juezas, abogadas, enfermeras obstetras, figuras políticas y muchas otras mujeres contribuyendo en diversos campos.

El retroceso de los derechos de las mujeres

Aunque las mujeres y las niñas han experimentado avances en estas dos décadas – con un número cada vez mayor ingresando en el mercado laboral y el sistema educativo –, el regreso del Talibán tras la retirada de EE. UU. en 2021 anuló estos frágiles logros.

 

Ese año, Afganistán ocupó el último lugar entre 156 países en el Informe Global sobre la Brecha de Género y volvió a ser el país con peor desempeño en el índice en 2022 y 2023. En 2024, la falta de datos suficientes impidió que el país apareciera en el informe.

 

Hoy en día, Afganistán ha cambiado el fin de la guerra activa por un régimen definido por la desigualdad y el extremismo. Talibán ha emitido más de 100 decisiones judiciales y órdenes que restringen el derecho a la educación, al trabajo y a la libertad de movimiento.

 

Las políticas de Talibán han creado un sistema de apartheid de género, en el que las mujeres y las niñas son excluidas sistemáticamente de la vida pública.

 

Se les prohíbe asistir a la escuela más allá del sexto grado, se les prohíbe la mayoría de las formas de empleo y se les prohíbe viajar sin un responsable masculino. Para las mujeres afganas que se encuentran dentro del país, hablar en voz alta conlleva el riesgo de ser perseguidas, encarceladas o algo peor.

 

Todas estas restricciones afectan a las esferas social, económica y política del país, exacerbando la situación de inestabilidad. Afganistán es el único país del mundo donde se prohíbe a las niñas seguir estudiando después del sexto grado.

 

A las mujeres se les prohíbe sistemáticamente la mayoría de las formas de empleo y tampoco se les permite viajar sin un hombre que las acompañe. Esta exclusión sancionada por el Estado tiene consecuencias de gran alcance, no solo para las mujeres y las niñas, sino para toda la nación.

Generación perdida

El Banco Mundial estima que la desigualdad de género en los mercados laborales puede reducir el producto interior bruto de un país en más del 20%, y Afganistán no es una excepción. A medida que las mujeres se ven obligadas a abandonar sus trabajos y se les niega el acceso a la educación y a las oportunidades, la economía del país sigue contrayéndoseprofundizando la pobreza y la inestabilidad.

 

Las repercusiones de estas políticas opresivas van más allá de la economía. El retroceso de los derechos de las mujeres ha provocado un fuerte aumento de la violencia de género, el matrimonio infantil y el trabajo infantil.

 

Con las niñas sin escolarizar y las familias sumidas en una pobreza cada vez mayor, muchas recurren a la práctica de casar a sus hijas a una edad temprana o a enviarlas a trabajar en condiciones de explotación. Sin una intervención urgente, la crisis actual amenaza con crear una generación perdida de mujeres y niñas afganas—privadas de sus derechos, su futuro y su voz.

 

A medida que los conflictos han aumentado en todo el mundo, las mujeres, los ninos y las niñas son los que más están sufriendo sus consecuencias. La desigualdad de género está en su punto más alto de la historia, especialmente en los estados frágiles y asolados por conflictos.

 

Los entornos posconflicto también suponen una prueba de fuego para los compromisos globales con la igualdad de género. Afganistán, ahora a menudo clasificado como una nación en situación de posconflicto, sigue siendo uno de los países más marginados en términos de derechos de la mujer. Sin embargo, esto también ofrece una oportunidad crucial para que la comunidad internacional apoye los esfuerzos locales para desmantelar las disparidades de género arraigadas.

 

«Los jóvenes, como poderosos impulsores del cambio, tienen un papel crucial en garantizar que las mujeres afganas sean incluidas y empoderadas en todos los aspectos de su trabajo»

Recuperar el progreso

Los gobiernos y los distintos actores globales pueden jugar un papel fundamental para ayudar a las mujeres afganas a reclamar sus derechos y materializar sus aspiraciones a través de las siguientes acciones:

1. Aprovechar la tecnología para proporcionar acceso digital seguro y oportunidades digitales

Los avances tecnológicos ofrecen un salvavidas vital para las mujeres y niñas afganas, porque les ayudan a superar las barreras impuestas por las restricciones que sufren. Los gobiernos, las organizaciones internacionales y el sector privado pueden jugar un papel crucial en la expansión del acceso a herramientas digitales seguras y asequibles que permitan a las mujeres afganas conectarse con el mundo exterior.

 

A través de plataformas encriptadas y espacios en línea seguros, las mujeres pueden continuar su educación, acceder a servicios de salud, ganarse la vida a través del trabajo remoto y participar en redes globales—todo mientras protegen su privacidad y seguridad en un entorno cada vez más represivo.

 

2. Dialogar diplomáticamente con condiciones que se centren en los derechos de las mujeres

El compromiso diplomático y fundado en principios con las autoridades de Afganistán debe ser estratégico y condicional. Cualquier proceso político, ayuda al desarrollo o flexibilización de las sanciones debe estar vinculado a parámetros claros que restablezcan el acceso de las mujeres afganas a la educación, el empleo y la vida pública.

 

Apoyar los procesos que permitan a las mujeres afganas participar en la toma de decisiones, la gobernanza y la vida económica no es opcional—es esencial para la paz y la estabilidad a largo plazo.

3. Financiar iniciativas dirigidas por mujeres y abordar la falta de datos

Las organizaciones encabezadas por mujeres están a la vanguardia de los esfuerzos para ofrecer educación, atención médica y oportunidades económicas en circunstancias extraordinariamente difíciles. Financiar directamente estas iniciativas garantiza que los recursos lleguen a quienes comprenden las necesidades sobre el terreno, ya que más mujeres han recurrido al emprendimiento en el país.

 

Al mismo tiempo, existe una falta crítica de datos confiables sobre la situación de las mujeres y las niñas en Afganistán. Llenar este vacío de datos es esencial para diseñar políticas e intervenciones efectivas que respondan a sus realidades.

 

Catalizadores del cambio

Los jóvenes, como poderosos impulsores del cambio, tienen un papel crucial en garantizar que las mujeres afganas sean incluidas y empoderadas en todos los aspectos de su trabajo.

 

Al alzar sus voces y tomar medidas para apoyar a las mujeres en Afganistán a través de programas educativos y de desarrollo profesional u otras iniciativas de promoción, los jóvenes pueden ayudar a transformar la injusticia en oportunidad y convertirse en catalizadores de un cambio positivo y duradero.

 

Un mundo sin mujeres instruidas es una nación privada de todo su potencial. Las mujeres preparadas transforman las sociedades: fortalecen las familias, mejoran los medios de vida y lideran con resiliencia, pasión y determinación.

 

Cuando las mujeres se ven privadas de educación, quedan expuestas a ideologías extremistas y sistemas de dominación masculina que perpetúan la opresión, socavan la economía y limitan la representación política a las voces de unos pocos.

 

Por lo tanto, es un imperativo moral y una responsabilidad compartida de jóvenes, feministas y gobiernos de todo el mundo solidarizarse con las mujeres afganas. El futuro de Afganistán y la esperanza de un mundo más justo y equitativo dependen de ello.

 

https://es.weforum.org/stories/2025/04/empoderar-a-las-mujeres-y-ninas-de-afganistan-para-liderar-el-cambio/

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Violencia machista: el impacto en la salud mental

Las consecuencias psicológicas del maltrato incluyen depresión, ansiedad, estrés postraumático y mayor riesgo de suicidio entre las mujeres. Los hijos e hijas pueden tener consecuencias similares y, además, interiorizar un modelo de aprendizaje de la violencia.

El telediario se hace eco, también los periódicos y diarios digitales, de noticias –o apenas sucesos–complementadas con algunos actos públicos o declaraciones variadas. Los feminicidios se han convertido en parte de la parrilla informativa, pero eso no evita que las cifras sigan aumentando. Desde 2003, año en que comenzaron los registros oficiales, cerca de 1.300 mujeres han sido asesinadas por violencia de género (esto es, la ejercida por sus parejas y exparejas). Se trata de un problema social que conlleva graves consecuencias de salud a distintos niveles, porque a ese elevado número se le añaden otras miles de mujeres que, incluidas en registros o no, con denuncias hacia los maltratadores o sin ellas, conviven en sus casas con la violencia machista y con menores.

Los feminicidios constituyen, generalmente, el último escalón de una ristra de violencias sostenidas en el tiempo –física, psicológica, sexual, económica–. Violencias que, aunque no lleguen a al extremo del asesinato, y sin necesidad de que incluyan una agresión física, conllevan numerosos daños tanto para las mujeres como para las hijas e hijos.

«La violencia de género tiene consecuencias catastróficas para la salud en el presente, en el futuro y en el bienestar de las mujeres y menores a su cargo. Deteriora la salud física, psicológica, sexual, reproductiva y social de las víctimas, a veces de modo irreparable, y empobrece sus vidas. Sus efectos pueden persistir después de salir de la relación de maltrato». Esta afirmación, extraída del artículo científico «Consecuencias para la salud de la violencia contra la mujer por la pareja», publicado recientemente en la revista Elsevier, pone de manifiesto que el «después» del maltrato implica cuestiones de importancia a las que es preciso atender. En el artículo, las doctoras Marina Tourné García, Sonia Herrero Velázquez y Ascensión Garriga Puerto hacen especial hincapié en la violencia psicológica porque, aun siendo la más invisibilizada, la más difícil de detectar y la más cuestionada a nivel social, se convierte en «la más destructiva». El abuso emocional destruye la integridad a través de múltiples conductas en las que se entrelazan la degradación, el miedo, la sobrecarga de responsabilidades o la distorsión de lo que está sucediendo alrededor.

Las mujeres se ven obligadas a desarrollar contantemente estrategias de supervivencia, como la alerta continua, la disociación, la huida o la evitación de las relaciones sociales

Las particularidades de la violencia en el ámbito de la pareja la introducen en una dimensión compleja: los comportamientos abusivos se producen en el hogar, un espacio que tendría que servir de refugio y seguridad, y las mujeres se ven obligadas a desarrollar contantemente estrategias de supervivencia, como la alerta continua, la disociación –un mecanismo para desconectarnos de la realidad cuando esta nos desborda–, la huida o la evitación de las relaciones sociales, entre muchas otras. «Cuando hablamos de violencias machistas, estamos hablando, en la mayoría de los casos, de delitos violentos que son vivenciados por las mujeres con un miedo intenso a sufrir un grave daño o, incluso, la muerte, al que se añaden sensaciones de impotencia, desesperanza e incluso indefensión, en cuanto a su incapacidad para escapar de ellos», explica Bárbara Zorrilla Pantoja, psicóloga especializada en la atención a mujeres víctimas de violencia de género.

Ese temor profundo al que hace referencia la psicoterapeuta lo refleja también Camelia Cavadia en su libro Las máscaras del miedo (Omen, 2024), novela en la que explora cómo los traumas de la infancia causados por la violencia de un padre perturban la vida adulta de las hijas e hijos: «El miedo es lo primero que veo. Me espera cada mañana junto a la cama, listo para recibirme en cuanto abro los ojos. Después lo veo sentado sobre mí, a solo unos pocos centímetros de mi cara (…). Delante o detrás de mí, el miedo me acompañará siempre y, aunque haya momentos en los que me olvide de él, habrá otros en los que aparezca en silencio y me indique mediante señales que está allí. A veces serán cortas y afiladas como la punta de un cuchillo y otras largas y pesadas como el carraspeo de una tos contagiosa». Las criaturas que conviven con la violencia machista sufren importantes consecuencias a nivel psicológico –similares o, incluso, más graves que las de sus madres–, además de desarrollar un modelo de aprendizaje de comportamientos violentos en sus relaciones de pareja.

El daño permanece, pues el cuerpo y la mente acumulan las sensaciones y las vivencias. La tensión permanente experimentada durante años en una relación de maltrato que se produce en el hogar puede desembocar en múltiples malestares físicos, como alteraciones cardiovasculares, hipertensión y dolor crónico, pero también en importantes secuelas en la salud mental. «Estudios funcionales han observado diferencias en la activación de áreas cerebrales directamente implicadas en la memoria y en el procesamiento de las emociones», indica el estudio publicado en Elsevier. La depresión, el trastorno de ansiedad generalizado, el estrés postraumático y las ideaciones o actos suicidas son los trastornos más frecuentes entre las mujeres que han vivido violencia en el ámbito de pareja.

El maltrato puede desembocar en malestares físicos como alteraciones cardiovasculares, hipertensión y dolor crónico, pero también en secuelas en la salud mental

El cuerpo tiene memoria y acumula el malestar. En el libro de Cavadia, muchos años después de que su padre estuviera muerto, el personaje principal sigue arrastrando un importante daño: «No se trataba solo del mal estado general, de los ataques de pánico y del infinito cansancio, sino también de la pena de mi alma, del aullido de animal ensangrentado que solo yo escuchaba». Toda esa sangre derramada, esa tristeza acumulada, están pidiendo a voces una necesaria reparación.


El 016 es el teléfono de atención a las víctimas de violencia de género.

Fuente de la información e imagen:    https://ethic.es

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